Michel Foucault: La gubernamentalidad

Fuente: "La «governamentalit" ("La «gouvemementalit"; curso del College de France, ao 1977-1978. Seguridad, territorio y poblacin, 4 leccin, 1 de febrero de 1978), Aut-Aut, n 167-168, septiembre-diciembre de 1978, pgs. 12-29.

 

A travs del anlisis de algunos dispositivos de seguridad, haba intentado ver cmo aparecan los problemas especficos de la poblacin, y al mirar estos problemas un poco ms de cerca, inmediatamente me vi remitido al problema del gobierno. Se trataba, en suma, en estos primeros cursos, de articular la serie seguridad-poblacin-gobierno. Ahora quisiera hacer brevemente el inventario de este problema del gobierno.Nunca han faltado, ni en la Edad Media, ni en la Antigedad grecorromana, esos tratados que se presentaban como Consejos al prncipe relativos a la manera de conducirse, de ejercer el poden de hacerse aceptar y respetar por sus sbditos; consejos para amar a Dios, obedecer a Dios, hacer aceptable en la ciudad de los hombres la ley de Dios... Pero resulta bastante sorprendente que a partir del siglo XVI y en el perodo que va desde mediados del XVI hasta finales del XVIII, veamos desarrollarse, florecer, toda una serie muy considerable de tratados que ya no se ofrecen exactamente como Consejos al prncipe ni como Ciencia de la poltica, sino que, entre el consejo al prncipe y el tratado de ciencia poltica, se presentan como artes de gobernar. El problema del gobierno estalla en el siglo XVI, simultneamente, a propsito de situaciones diferentes y heterogneas y bajo aspectos muy diversos. El problema, por ejemplo, del gobierno de s mismo. La vuelta al estoicismo gira, en el siglo XVI, en torno a esta reactualizacin del problema: cmo gobernarse a s mismo?. Problema igualmente del gobierno de las almas y de las conductas -y tal ha sido, sin duda, todo el problema de la pastoral catlica o protestante-. Problema asimismo del gobierno de los nios, que constituye la gran problemtica de la pedagoga tal como aparece y se desarrolla en el siglo XVI. Y finalmente -slo quiz finalmente-, gobierno de los Estados por los prncipes. Cmo gobernarse, cmo ser gobernado, cmo gobernar a los dems, por quin se debe aceptar ser gobernado, qu hacer para ser el mejor gobernante posible. Me parece que todos estos problemas son, en su intensidad v en su multiplicidad tambin, muy caractersticos del siglo XVI; y esto en el cruce de dos procesos, por decir las cosas muy esquemticamente. Sin duda se trata del proceso que, al deshacer las estructuras feudales, va articulando, va instalando los grandes Estados territoriales, administrativos, coloniales; y adems, tiene lugar un movimiento distinto, que, por otra parte, no carece de interferencias con el primero, y que con la Reforma, y despus la Contrarreforma, vuelve a poner en cuestin la manera bajo la que se quiere ser espiritualmente dirigido en esta tierra hacia la propia salvacin.Movimiento, por un lado, de concentracin estatal; movimiento, por otro, de dispersin y de disidencia religiosas: es ah, creo, en el cruce entre esos dos movimientos, donde se plantea, con esa particular intensidad del siglo XVI, el problema de cmo ser gobernado, por quin, hasta qu punto, con qu fines, por qu mtodos. Es una problemtica del gobierno en general.En toda esta inmensa y montona literatura sobre el gobierno que se inaugura o, en todo caso, irrumpe en mitad del siglo XVI y que va a extenderse hasta finales del siglo XVIII, con la mutacin que intentar sealar a continuacin, querra aislar simplemente algunos puntos notables. Querra sealar los puntos relativos a la definicin misma de lo que se entiende por el gobierno del Estado, lo que llamaramos, si les parece, el gobierno bajo su forma poltica. Para ello creo que lo ms sencillo sera sin duda oponer esa masa de literatura sobre el gobierno a un texto que, del siglo XVI al XVIII, no ha dejado de constituir; para esa literatura del gobierno, una especie de punto de repulsin, explcita o implcita, con relacin al cual, por oposicin o por rechazo, se sita la literatura del gobierno: este texto abominable es evidentemente El prncipe de Maquiavelo[1]. Resultara interesante volver a trazar las relaciones que tuvo con todos los textos que lo siguieron, criticaron o rechazaron.Es preciso, en primer lugar, recordar que El prncipe de Maquiavelo no fue pronto abominado, sino que, al contrario, fue honrado por sus contemporneos y sus inmediatos sucesores, y honrado, de nuevo, justo a finales del siglo XVIII o, ms bien, a principios del XIX, en el momento en que, precisamente, va desapareciendo la literatura sobre el arte de gobernar. El prncipe de Maquiavelo reaparece a principios del siglo XIX, fundamentalmente en Alemania, donde es traducido, presentado y comentado por gente como A. W. Rehberg[2], H. Leo[3], Ranke[4] y Kellermann. Otro tanto ocurre en Italia, en un contexto que habra que analizar: un contexto que era, por una parte, el de Napolen, pero tambin el que cre la Revolucin francesa y el problema de la revolucin en los Estados Unidos: cmo y en qu condiciones se puede mantener la soberana de un soberano sobre un Estado? Igualmente aparece con Clausewitz el problema de las relaciones entre poltica y estrategia. Del mismo modo, se ha de sealar la importancia poltica, manifestada por el propio Congreso de Viena, en 1815, de las relaciones de fuerzas y del clculo de dichas relaciones como principio de inteligibilidad y de racionalizacin de las relaciones internacionales. Se ha de tener en cuenta, por ltimo, el problema de la unidad territorial de Italia y de Alemania, pues sabemos que Maquiavelo haba sido precisamente uno de los que trat de definir bajo qu condiciones se poda efectuar la unidad territorial de Italia.En este clima es en el que va a reaparecer Maquiavelo a principios del siglo XIX. Pero es cierto que en ese lapso, entre el honor que se le hizo a Maquiavelo a principios del siglo XVI y este redescubrimiento, esta revalorizacin de principios del XIX, hubo una larga literatura anti-Maquiavelo, en parte bajo una forma explcita: toda una serie de libros que, en general por otra parte, proceden de medios catlicos, a menudo incluso de los jesuitas; por ejemplo, el texto de Ambrogio Politi[5], Discusiones sobre los libros que un cristiano debe detestar. Asimismo, se encuentra el libro de alguien que tiene la desdicha de llevar el apellido de Gentillet y el nombre de Innocent: Innocent Gentillet escribi uno de los primeros antimaquiavelos, que se llama Discurso sobre los medios de bien gobernar, contra Nicols Maquiavelo[6]; cabe incluir tambin, ms tarde, en la literatura explcitamente antimaquiavlica, el texto de Federico II de 1740[7]. Pero, a su vez, hay toda una literatura implcita que est en posicin de plagio y de oposicin sorda a Maquiavelo. Por ejemplo, el libro ingls de Thomas Elyot, publicado en 1580, que se titula El gobernador[8] el libro de Paruta sobre La perfeccin de la vida poltica<[9]; y quizs uno de los primeros, sobre el que, adems, me detendr, el de Guillaume de La Perrire, El espejo poltico, publicado en 1567[10].Tanto si este clima anti-Maquiavelo es manifiesto como si es larvado, lo que aqu es importante es que no tiene simplemente funciones negativas de barrera, de censura, de rechazo de lo inaceptable; la literatura anti-Maquiavelo es un gnero positivo, que tiene su objeto, sus conceptos, su estrategia, y como tal, en esta positividad, es como me gustara enfocarla.

Qu encontramos en esta literatura anti-Maquiavelo, explcita e implcita? Por supuesto, encontramos en negativo una especie de representacin anquilosada del pensamiento de Maquiavelo; se da o se reconstruye un Maquiavelo adverso, del que por otra parte se tiene necesidad para decir lo que se quiere decir. Cmo se caracteriza a este prncipe ms o menos reconstituido contra el que se combate?En primer lugar, por un principio: en Maquiavelo, el prncipe est en relacin de singularidad, de exterioridad, de trascendencia con respecto a su principado. El prncipe de Maquiavelo recibe su principado, sea por herencia, sea por adquisicin, sea por conquista; de cualquier modo, no forma parte de l, le es exterior. El vnculo que le une a su principado es o bien de violencia, o de tradicin, o incluso un vnculo que ha sido establecido por la transaccin de tratados y la complicidad o el acuerdo de otros prncipes, poco importa. De todos modos, es un vnculo puramente sinttico: no hay pertenencia fundamental, esencial, natural y jurdica entre el prncipe y su principado. Exterioridad, trascendencia del prncipe, ste es el principio. Corolario del principio: en la medida en que esta relacin es de exterioridad, es frgil, y no dejar de estar amenazada. Amenazada desde el exterior por los enemigos del prncipe que quieren tomar o retomar su principado; desde el interior igualmente, pues no hay razn a priori, razn inmediata para que los sbditos acepten la autoridad del prncipe. En tercer lugar; de este principio y de este corolario se deduce un imperativo: que el objetivo del ejercicio del poder va a ser; por supuesto, mantener; reforzar y proteger este principado, entendido no como el conjunto constituido por los sbditos y el territorio, el principado objetivo, si se quiere, sino como la relacin del prncipe con su posesin: ese territorio que ha heredado o que ha adquirido y los sbditos que le estn sometidos. Este principado, como relacin del prncipe con sus sbditos y con su territorio es lo que se trata de proteger; y no directa o fundamentalmente el territorio y sus habitantes. El vnculo frgil del prncipe con su principado es lo que el arte de gobernar; el arte de ser prncipe presentado por Maquiavelo, debe tener como objetivo.Al mismo tiempo, esto trae consigo para el libro de Maquiavelo la consecuencia de que el modo de anlisis va a tener dos aspectos. Por una parte, se tratar de sealar los peligros: de dnde vienen, en qu consisten, cul es su intensidad comparada: cul es el mayor; cul es el ms dbil. Y en segundo lugar; se tratar de determinar un arte de manipular las relaciones de fuerzas que van a permitir al prncipe actuar de modo que su principado como vnculo con sus sbditos y con su territorio pueda estar protegido. En lneas generales, digamos que El prncipe de Maquiavelo, tal como se muestra en filigrana en estos diferentes tratados, explcita o implcitamente abocados al antimaquiavelismo, aparece esencialmente como un tratado de la habilidad del prncipe para conservar su principado. Creo que este tratado de la habilidad del prncipe, del savoirfaire del prncipe, es lo que la literatura anti-Maquiavelo quiere sustituir por algo distinto, y en relacin, de nuevo, con lo que es un arte de gobernar: ser hbil en conservar su principado no es, en absoluto, poseer el arte de gobernar.En qu consiste el arte de gobernar? Para intentar sealar las cosas en su estado an tosco, tomar uno de los primeros textos de esta gran literatura antimaquiavlica, el de Guillaume de La Perrire, que data de 1555, que se titula El espejo poltico, que contiene diversas maneras de gobernar.En este texto, muy decepcionante si se compara con el de Maquiavelo, vemos sin embargo bosquejarse ciertas cosas que son, creo, importantes. En primer lugar, qu entiende La Perrire por gobernar y gobernador; qu definicin da? Dice expresamente en su texto: Gobernador puede ser llamado todo monarca, emperador, rey, prncipe, seor, magistrado, jueces y semejantes[11]. Como La Perrire, otros, al tratar tambin del arte de gobernar; recordarn regularmente que se dice del mismo modo gobernar una casa, nios, almas, una provincia, un convento, una orden religiosa, una familia.Estas observaciones, que parecen ser y que son indicaciones de puro vocabulario, tienen de hecho implicaciones polticas importantes. Se trata de que, en efecto, el prncipe, tal como aparece en Maquiavelo o en las representaciones que de l se dan, es por definicin -ste era un principio fundamental del libro tal como era ledo- nico en su principado, y en una relacin de exterioridad y de trascendencia con respecto a l. Mientras que ah se ve que el gobernador; la prctica del gobierno son, por una parte, prcticas mltiples, porque mucha gente gobierna: el padre de familia, el superior de un convento, el pedagogo y el maestro con relacin al nio o al discpulo. Hay, pues, muchos gobiernos respecto de los cuales el del prncipe gobernando su Estado no es ms que una de las modalidades; y por otra parte, todos esos gobiernos son interiores a la sociedad misma o al Estado. En el interior del Estado es donde el padre de familia gobernar a su familia, donde el superior de un convento gobernar a su convento. Se dan, por tanto, a la vez, pluralidad de formas de gobierno e inmanencia de prcticas de gobierno respecto al Estado, multiplicidad e inmanencia de estas actividades, que se oponen radicalmente a la singularidad trascendente del prncipe de Maquiavelo.Por supuesto, entre todas esas formas de gobierno entrecruzndose, entreverndose en el interior de la sociedad, en el interior del Estado, hay una forma muy particular de gobierno que es la que se trata precisamente de identificar: dicha forma particular es la que se aplicar al Estado entero. Y as, intentando hacer la tipologa de las diferentes formas de gobierno, en un texto un poco posterior a aqul al que me refera -que data exactamente del siglo siguiente-, Franois de La Mothe Le Vayer; en una serie de textos pedaggicos para el Delfn, dir que en el fondo hay tres tipos de gobierno que competen cada uno a una forma de ciencia o de reflexin particular: el gobierno de s mismo que compete a la moral; en segundo lugar; el arte de gobernar una familia como es debido, que compete a la economa y, por ltimo, la ciencia de gobernar bien el Estado, que compete a la poltica[12]. Respecto a la moral y a la economa, es evidente que la poltica tiene su singularidad, y La Mothe Le Vayer indica de modo claro que la poltica no es exactamente ni la economa ni la moral.Creo que lo que importante aqu es que a pesar de esta tipologa, aquello a lo que se refieren estas artes de gobernar; lo que postulan siempre es una continuidad esencial de la primera a la segunda y de sta a la tercera. Mientras que la doctrina del prncipe o la teora jurdica del soberano intentan continuamente marcar con claridad la discontinuidad entre el poder del prncipe y cualquier otra forma de poder; cuando se trata de explicar; de hacer valer, de fundar esta discontinuidad, entonces en estas artes de gobernar; se debe intentar sealar la continuidad, continuidad ascendente y descendente.Continuidad ascendente, en el sentido de que quien quiera poder gobernar el Estado debe en primer lugar saber gobernarse a s mismo; despus, a otro nivel, gobernar a su familia, a su bien, a su dominio, y, finalmente, llegar a gobernar al Estado. Esta especie de lnea ascendente es la que va a caracterizar todas esas pedagogas del prncipe que son tan importantes en esta poca y de las que La Mothe Le Vayer ofrece un ejemplo. Para el Delfn, escribe, en primer lugar; un libro de moral, despus un libro de economa, y finalmente un tratado de poltica[13]. La pedagoga del prncipe es la que va, pues, a asegurar esta continuidad ascendente de las diferentes formas de gobierno.Inversamente, tenemos una continuidad descendente en el sentido de que, cuando un Estado est bien gobernado, los padres de familia saben gobernar bien su familia, sus riquezas, sus bienes, su propiedad, y los individuos tambin se conducen como es debido. Esta lnea descendente, que hace que el buen gobierno del Estado repercuta hasta en la conducta de los individuos o la gestin de las familias, es lo que se empieza a llamar en esta poca precisamente la polica.La pedagoga del prncipe asegura la continuidad ascendente de las formas de gobierno, y la polica la continuidad descendente. Vemos que, en todo caso, en esta continuidad, la pieza esencial tanto en la pedagoga del prncipe como en la polica, el elemento central, es ese gobierno de la familia al que justamente se le llama economa.El arte del gobierno, tal como aparece en toda esta literatura, debe responder esencialmente a esta pregunta: cmo introducir la economa, es decir; la manera de administrar como es debido a los individuos, los bienes, las riquezas, cmo puede hacerse en el interior de una familia, cmo puede hacerlo un buen padre de familia que sabe dirigir a su mujer; a sus hijos, a sus sirvientes, que sabe hacer prosperar la fortuna de su familia, que sabe procurar para ella las alianzas convenientes, cmo introducir esta atencin, esta meticulosidad, este tipo de relacin del padre de familia para con ella en el interior de la gestin de un Estado?La introduccin de la economa dentro del ejercicio poltico: eso es, creo, lo que constituir el desafo esencial del gobierno. Ya lo es en el siglo XVI y lo seguir siendo en el XVIII. En el artculo Economa poltica de Jean-Jacques Rousseau, se ve cmo sigue planteando el problema en estos mismos trminos, diciendo esquemticamente: la palabra economa designa originariamente el prudente gobierno de la casa para el bien comn de toda la familia[14]. El problema, dice Rousseau, es: cmo podr este prudente gobierno de la familia, mutatis mutandis y con las discontinuidades que se sealarn, ser introducido en el interior de la gestin general del Estado? Gobernar un Estado ser, pues, poner en prctica la economa, una economa a nivel de todo el Estado, es decir; tener con respecto a los habitantes, a las riquezas, a las conductas de todos y cada uno, una forma de vigilancia, de control, no menos atenta que la del padre de familia sobre todos los de casa y sus bienes.Una expresin, por lo dems importante en el siglo XVIII, caracteriza bien esto. Quesnay habla de un buen gobierno como de un gobierno econmico; encontramos en l el momento en que aparece esta nocin, que en el fondo es una tautologa, ya que el arte de gobernar es precisamente el arte de ejercer el poder en la forma y segn el modelo de la economa. Pero si Quesnay dice gobierno econmico, es que la palabra economa, por razones que intentar elucidar; ya est tomando su sentido moderno, y en ese momento ya se muestra que la esencia misma de este gobierno, es decir; del arte de ejercer el poder en la forma de la economa, va a tener como objeto principal lo que ahora llamamos economa. El trmino economa designaba en el siglo XVI una forma de gobierno; en el XVIII designar un nivel de realidad, un campo de intervencin, a travs de una serie de procesos complejos y creo que absolutamente capitales para nuestra historia. En esto consiste, por tanto, lo que es gobernar y ser gobernado.En segundo lugar; tambin en este libro de Guillaume de La Perrire, encontramos el texto siguiente: Gobierno es la recta disposicin de las cosas, de las que uno se hace cargo para conducirlas a un fin conveniente[15]. A esta segunda frase es a la que quisiera aadir una nueva serie de observaciones, diferentes de las que aludan a la definicin misma de gobernador y de gobierno.Gobierno es la recta disposicin de las cosas; querra detenerme en esta palabra, cosas. Cuando nos fijamos en El prncipe de Maquiavelo para ver lo que caracteriza el conjunto de objetos sobre los que recae el poder; nos damos cuenta de que, para Maquiavelo, el objeto, la diana en cierto modo del poder; lo constituyen dos cosas: por una parte, un territorio, y, por otra, la gente que habita dicho territorio. En esto, por lo dems, Maquiavelo no hace ms que retomar para su uso propio y los fines particulares de su anlisis, un principio jurdico que es el mismo por el que se defina la soberana en el derecho pblico, desde la Edad Media hasta el siglo XVI: la soberana no se ejerce sobre las cosas, se ejerce ante todo sobre un territorio, y, por consiguiente, sobre los sujetos que lo habitan. En ese sentido, se puede decir que el territorio es el elemento fundamental tanto del principado de Maquiavelo como de la soberana jurdica del soberano tal como la definen los filsofos o los tericos del derecho. Naturalmente, esos territorios pueden ser frtiles o estriles, pueden tener una poblacin densa, o, por el contrario, dispersa, las gentes pueden ser ricas o pobres, activas o perezosas, pero todos estos elementos no son ms que variables con respecto al territorio que es el fundamento mismo del principado o de la soberana.Ahora bien, en el texto de La Perrire, podemos ver que la definicin del gobierno no se refiere en modo alguno al territorio: se gobierna las cosas. Cuando La Perrire dice que el gobierno gobierna las cosas, qu quiere decir? No creo que se trate de oponer las cosas a los hombres, sino ms bien de mostrar que aquello a lo que refiere el gobierno no es, por tanto, el territorio, sino una especie de compuesto constituido por los hombres y las cosas. Es decir; que las cosas de las que el gobierno debe hacerse cargo son los hombres, pero en sus relaciones, sus vnculos, sus imbricaciones con esas cosas que son las riquezas, los recursos, las provisiones, el territorio, por supuesto, en sus fronteras, con sus condiciones, su clima, su aridez, su fertilidad; son los hombres en sus relaciones con esas diferentes cosas que son los usos, las costumbres, los hbitos, las maneras de hacer o de pensar, y finalmente, son los hombres en sus relaciones tambin con esas otras cosas que pueden ser los accidentes o las desgracias, como el hambre, las epidemias o la muerte.Que el gobierno dirige las cosas entendidas as como intrincaciones de los hombres y de las cosas, creo que fcilmente se confirmara en la metfora inevitable a la que siempre se hace referencia en estos tratados del gobierno, la metfora del barco. Qu es gobernar un barco? Por supuesto, es hacerse cargo de los marineros, pero es hacerse cargo al mismo tiempo del navo, de la carga; gobernar un barco es tambin tener en cuenta los vientos, los escollos, las tormentas, las inclemencias; y esta puesta en relacin de los marineros que hay que salvar con el navo que hay que salvaguardar; con la carga que hay que llevar a puerto, y sus relaciones con todos esos elementos que son los vientos, los escollos, las tormentas, es esta puesta en relacin lo que caracteriza el gobierno de un barco. Otro tanto ocurre con una casa: gobernar una familia, en el fondo, no es esencialmente tener como fin salvar las propiedades de la familia, es esencialmente tener como meta los individuos que componen la familia, su riqueza, su prosperidad; es tener en cuenta los acontecimientos que pueden ocurrir: las muertes, los nacimientos; es tener en cuenta las cosas que se pueden hacer; por ejemplo las alianzas con otras familias. Toda esta gestin general es lo que caracteriza al gobierno y, en relacin con ella, el problema de la propiedad territorial para la familia o la adquisicin de la soberana sobre un territorio slo son, al final, elementos relativamente secundarios para el prncipe. Lo esencial es, por tanto, ese compuesto de hombres y de cosas, el territorio, del que la propiedad, en cierto modo, no es sino una variable.Y todava, ese tema que vemos aparecer en La Perrire, en esta curiosa definicin del gobierno como gobierno de las cosas, vuelve a encontrarse en los siglos XVII y XVIII. Federico II, en su Antimaquiavelo[16], ofrece pginas muy significativas. Dice por ejemplo: comparemos Holanda y Rusia; Rusia es un pas que bien puede tener las fronteras ms extensas de todos los Estados europeos, de qu est hecha? De cinagas, de bosques, de desiertos; apenas est poblada por algunas bandas de gentes que son pobres, miserables, sin actividades y sin industrias. Comprese por el contrario con Holanda: tambin ella est hecha de pantanos, siendo muy pequea, pero en Holanda hay una poblacin, una riqueza, una actividad comercial, una flota, que hacen que Holanda sea un pas importante en Europa, cosa que Rusia apenas est empezando a ser. As pues, gobernar es gobernar las cosas.Vuelvo una vez ms al texto que citaba ms arriba, cuando La Perrire deca: Gobierno es la recta disposicin de las cosas de las que se hace uno cargo para conducirlas a un fin conveniente. El gobierno tiene pues una finalidad, una disposicin de las cosas a conducir a un fin conveniente, y tambin en esto creo que el gobierno se opone muy claramente a la soberana. Por supuesto, la soberana, en los textos filosficos, tambin en los textos jurdicos, nunca ha sido presentada como un derecho puro y simple. Nunca se ha dicho ni por los juristas ni, a fortiori, por los telogos, que el soberano legtimo estuviera autorizado a ejercer su poder; y punto. El soberano debe siempre, para ser un buen soberano, proponerse un fin, es decir; el bien comn y la salvacin de todos.Tomo, por ejemplo, un texto de finales del XVII; Pufendorf dice: [A los soberanos] no se les ha conferido la autoridad soberana ms que para que se sirvan de ella para procurar y mantener la utilidad pblica. Un soberano no debe tener nada por ventajoso para l si no lo es tambin para el Estado. Ahora bien, en qu consisten este bien comn o incluso esta salvacin de todos, de los que hablan los juristas y que encontramos regularmente invocados, planteados como el fin mismo de la soberana? Si se mira el contenido real que juristas y telogos dan a este bien comn, se ve que hay bien comn cuando los sujetos obedecen todos y sin desfallecer a las leyes, ejercen bien los cargos que se les otorgan, practican bien los oficios a los que estn destinados, respetan el orden establecido, en la medida al menos en que este orden es conforme a las leyes que Dios ha impuesto a la naturaleza y a los hombres. Es decir que el bien pblico es esencialmente la obediencia a la ley, a la ley del soberano en esta tierra, o a la ley del soberano absoluto, Dios. Pero de todos modos, lo que caracteriza el fin de la soberana, ese bien comn, ese bien general, no es finalmente nada distinto de la sumisin absoluta. Esto quiere decir que el fin de la soberana es circular: remite al ejercicio mismo de la soberana; el bien es la obediencia a la ley, de modo que el bien que se propone la soberana es que las gentes le obedezcan. Circularidad esencial que, cualesquiera que sean evidentemente la estructura terica, la justificacin moral o los efectos prcticos, no est tan alejada de lo que Maquiavelo deca cuando declaraba que el objetivo principal del prncipe deba ser mantener su principado; seguimos estando en el crculo de la soberana con relacin a s misma, del principado con relacin a s mismo.Ahora bien, con la nueva definicin de La Perrire, con sus intentos de definicin del gobierno, creo que vemos aparecer otro tipo de finalidad. El gobierno es definido por La Perrire como una manera recta de disponer de las cosas para conducirlas no a la forma del bien comn, como decan los textos de los juristas, sino precisamente a un fin conveniente para cada una de las cosas que hay gobernar. Lo que implica, de entrada, una pluralidad de metas especficas; por ejemplo, el gobierno tendr que actuar de modo que se produzca la mayor riqueza posible, que se proporcione a la gente recursos suficientes, o incluso los mayores recursos posibles; el gobierno, en fin, tendr que hacer que la poblacin pueda multiplicarse; as pues, toda una serie de finalidades especficas que llegarn a convertirse en el objetivo mismo del gobierno. Y, para lograr esas diferentes finalidades, dispondr cosas. Esta palabra disponer es importante. Lo que, en efecto, permita a la soberana alcanzar su fin, la obediencia a las leyes, era la ley misma; ley y soberana se confundan absolutamente una con otra. Por el contrario, aqu no se trata de imponer una ley a los hombres, se trata de disponer las cosas, es decir; de utilizar tcticas ms que leyes, o, como mucho, de utilizar al mximo leyes como tcticas; hacer de modo que, por ciertos medios, tal o cual fin se pueda alcanzar.Creo que tenemos ah una ruptura importante: mientras que el fin de la soberana se encuentra en s misma, y mientras que sta extrae sus instrumentos de si misma bajo la forma de la ley, el fin del gobierno, por su parte, est en las cosas que dirige; hay que buscarlo en la perfeccin, la maximizacin o la intensificacin de los procesos que dirige, y los instrumentos del gobierno, en lugar de ser leyes, van a ser tcticas diversas. Regresin, por consiguiente, de la ley, o ms bien, en la perspectiva de lo que debe ser el gobierno, la ley no es ciertamente el instrumento primordial. Ah de nuevo volvemos a encontrar el tema que ha circulado durante todo el siglo XVII y que est manifiestamente explcito en el siglo XVIII en todos los textos de los economistas y de los fisicratas cuando explican que, ciertamente, mediante la ley no se pueden alcanzar los fines del gobierno.Cuarta observacin, por ltimo: Guillaume de La Perrire dice que alguien que sepa gobernar bien debe tener paciencia, sabidura y diligencia[17]. Qu entiende por paciencia? Para explicar la palabra paciencia, toma el ejemplo de lo que llama el rey de las abejas, es decir; el abejorro, y seala: El abejorro reina sobre la colmena sin tener necesidad de aguijn[18]. Dios ha querido mostrar con ello -de modo mstico, dice- que el verdadero gobernante no debe tener necesidad de un aguijn, es decir; de un instrumento para matar; de una espada, para ejercer su gobierno; debe tener paciencia antes que clera, o ms an, no es el derecho de matar; de hacer valer su fuerza, lo que debe ser esencial en el personaje del gobernante. Y qu contenido positivo dar a esta ausencia de aguijn? Ser la sabidura y la diligencia. La sabidura, es decir no exactamente, como deca la tradicin, el conocimiento de las leyes divinas y humanas, el conocimiento de la justicia y de la equidad, sino precisamente ese conocimiento de las cosas, de los objetivos que se pueden alcanzar; para cuyo logro se debe actuar de un modo determinado, la disposicin que se debe utilizar para alcanzarlos, es ese conocimiento el que va a constituir la sabidura del soberano. Y respecto a su diligencia, es precisamente lo que hace que el soberano, o ms bien, el que gobierna, no deba gobernar ms que en la medida en que se considere y acte como si estuviera al servicio de quienes son gobernados. Y, una vez ms, La Perrire se refiere aqu al ejemplo del padre de familia: el padre de familia es quien se levanta ms temprano que los dems en la casa, quien se acuesta ms tarde que los dems, es quien vela por todo, pues se considera al servicio de su casa.Esta caracterizacin del gobierno es muy diferente de la caracterizacin del prncipe tal como la encontrbamos en Maquiavelo. Ciertamente, esta nocin de gobierno es an muy tosca, a pesar de algunos aspectos novedosos. Pienso que este primer esbozo de la nocin y de la teora del arte de gobernar ciertamente no cay en saco roto en el siglo XVI; no era slo un asunto de tericos de la poltica. Se pueden sealar sus correlatos en lo real. Por una parte, la teora del arte de gobernar estuvo vinculada, desde el siglo XVI, al desarrollo de las monarquas territoriales (aparicin de los aparatos, de los relevos de gobierno, etc.); tambin estaba vinculada a todo un conjunto de anlisis y de saberes que se desarrollaron desde finales del siglo XVI y que alcanzaron toda su amplitud en el siglo XVII, esencialmente el conocimiento del Estado en sus diferentes datos, en sus diferentes dimensiones, en los diferentes factores de su potencia, y a los que se llam precisamente la estadstica como ciencia del Estado. Por ltimo, en tercer lugar; no se puede dejar de poner en correlacin esta bsqueda de un arte de gobernar con el mercantilismo y el cameralismo.Para decir las cosas muy esquemticamente, el arte de gobernar encuentra a finales del siglo XVI y principios del XVII una primera forma de cristalizacin: se organiza en torno al tema de una razn de Estado, entendida no en el sentido peyorativo y negativo que hoy se le da (destruir los principios del derecho, de la equidad o de la humanidad por el slo inters del Estado), sino en un sentido positivo y pleno. El Estado se gobierna segn las leyes racionales que le son propias, que no se deducen de las solas leyes naturales o divinas, ni de los solos preceptos de sabidura y de prudencia; el Estado, como la naturaleza, tiene su propia racionalidad, aunque sea de un tipo diferente. Al contrario, el arte de gobernar; en vez de ir a buscar sus fundamentos en reglas trascendentes, en un modelo cosmolgico o en un ideal filosfico y moral, deber encontrar los principios de su racionalidad en aquello que constituye la realidad especfica del Estado. En las prximas lecciones retomar estos elementos de la primera racionalidad estatal. Pero ya podemos decir que esta razn de Estado ha sido para el desarrollo del arte del gobierno una especie de traba que ha durado hasta finales del siglo XVIII.Hay para ello, creo, algunas razones. Ante todo, razones histricas, en sentido estricto, bloquearon este arte de gobernar. Se trata de la serie de grandes crisis del siglo XVII: la guerra de los Treinta Aos, en primer lugar, con sus estragos y sus ruinas; en segundo lugar; durante toda la mitad del siglo, las grandes revueltas campesinas y urbanas; y por ltimo, al terminar el siglo, la crisis financiera, la crisis de provisiones igualmente, que hipotec toda la poltica de las monarquas occidentales a finales del siglo XVII. El arte de gobernar no poda desplegar; reflejar; tomar y multiplicar sus dimensiones ms que durante un periodo de expansin, es decir; fuera de las grandes urgencias militares, econmicas y polticas que no cesaron de acosar al siglo XVII de principio a fin. Razones histricas slidas y pesadas, si se quiere, que bloquearon este arte de gobernar.Pienso tambin que este arte de gobernar; formulado en el siglo XVI, se encontr bloqueado en el siglo XVII >por otras razones que podramos llamar, en trminos que no me gustan mucho, estructuras institucionales y mentales. En todo caso, digamos que la primaca del problema del ejercicio de la soberana, a la vez como cuestin terica y como principio de organizacin poltica, fue un factor fundamental en ese bloqueo del arte de gobernar. Mientras la soberana constituyese el problema principal, mientras las instituciones de soberana fuesen las instituciones fundamentales, mientras el ejercicio del poder se reflejase como ejercicio de la soberana, el arte de gobernar no se poda desarrollar de una manera especfica y autnoma, y creo que tenemos un buen ejemplo de ello justamente en el mercantilismo. El mercantilismo fue el primer esfuerzo, iba a decir la primera sancin, de este arte de gobernar; tanto al nivel de las prcticas polticas como de los conocimientos sobre el Estado. En este sentido, cabe decir que el mercantilismo es un primer umbral de racionalidad en este arte de gobernar del que el texto de La Perrire indicaba simplemente algunos principios ms morales que reales. El mercantilismo es la primera racionalizacin del ejercicio del poder como prctica del gobierno; es la primera vez que comienza a constituirse un saber del Estado que pueda ser utilizado como tctica del gobierno; pero creo que el mercantilismo se encontr bloqueado y detenido, precisamente porque se propuso como objetivo esencial la potencia del soberano; cmo hacer de modo, no tanto que el pas sea rico, sino que el soberano pueda disponer de riquezas, pueda tener tesoros, pueda constituir ejrcitos con los que ponga en prctica su poltica? El objetivo del mercantilismo es la potencia del soberano, y los instrumentos que el mercantilismo se da son leyes, ordenanzas, reglamentos, es decir; las armas tradicionales del soberano. Objetivo: el soberano; instrumentos: los mismos que los de la soberana. El mercantilismo intentaba hacer entrar las posibilidades dadas por un arte que reflejaba el del gobierno en el interior de una estructura institucional y mental de soberana que lo bloqueaba.De modo que durante todo el siglo XVII y hasta la gran liquidacin de los temas mercantilistas a comienzos del siglo XVIII, el arte de gobernar qued en cierto modo atascado, atrapado entre dos cosas. Por una parte un marco demasiado amplio, demasiado abstracto, demasiado rgido, que era precisamente la soberana como problema y como institucin; este arte de gobernar intent avenirse con la teora de la soberana: intentaron deducir de una teora renovada de la soberana los principios rectores de un arte de gobernar.Es ah donde intervienen los juristas del siglo XVII cuando formulan o cuando reactualizan la teora del contrato. La teora del contrato ser precisamente aquella con la que el contrato fundacional, el compromiso recproco de los soberanos y de los sbditos, va a ser esa especie de matriz terica a partir de la que se intentarn alcanzar los principios generales de un arte de gobernar. Pero si la teora del contrato, si esta reflexin sobre las relaciones del soberano y sus sbditos, ha tenido un papel muy importante en la teora del derecho pblico -de hecho, el ejemplo de Hobbes lo prueba con evidencia, aunque a fin de cuentas l quera llegar a encontrar los principios rectores de un arte de gobernar-, siempre se ha quedado en la formulacin de los principios generales del derecho pblico.Por una parte, pues, marco demasiado amplio, demasiado abstracto, demasiado rgido, de la soberana, y por otra parte, un modelo demasiado estrecho, demasiado dbil, demasiado inconsistente, que era el de la familia. El arte de gobernar; o bien intentaba alcanzar la forma general de la soberana, o bien -o mejor; al mismo tiempo-, se cea a esa especie de modelo concreto que era el gobierno de la familia. Cmo hacer para que quien gobierna pueda gobernar el Estado igual de bien, de una manera tan precisa y meticulosa como se puede gobernar una familia? Y por eso mismo, se encontraba bloqueado por esa idea de la economa que, todava en esa poca, siempre se refera slo a la gestin de un reducido conjunto constituido por la familia y la gente de la casa. La gente de la casa y el padre de familia por una parte, el Estado y el soberano por otra; de este modo, el arte de gobernar no poda encontrar su dimensin propia.Cmo se produjo el desbloqueo del arte de gobernar? Hay que reinscribir este desbloqueo, como todo bloqueo, en ciertos procesos generales, en concreto en la expansin demogrfica del siglo XVIII, vinculada a la abundancia monetaria, vinculada sta a su vez al aumento de la produccin agrcola segn procesos circulares que los historiadores conocen bien. Al ser ste el marco general, cabe decir; de modo ms preciso que el desbloqueo del arte de gobernar estuvo vinculado a la aparicin del problema de la poblacin. O digamos que hay un proceso bastante sutil -que se debera intentar restituir en detalle- en el que se vera cmo la ciencia del gobierno, la economa que se centraba en algo distinto de la familia, y por ltimo, el problema de la poblacin, estn relacionados unos con otros.A travs del desarrollo de la ciencia del gobierno, la economa se pudo volver a centrar sobre cierto nivel de realidad que ahora caracterizamos como econmico, y, una vez ms, a travs del desarrollo de la ciencia del gobierno fue posible delimitar el problema especfico de la poblacin; pero tambin cabra decir que, gracias a la percepcin de los problemas especficos de la poblacin y al aislamiento de ese nivel de realidad al que llamamos economa, el problema del gobierno pudo por fin ser pensado, reflexionado y calculado, fuera del marco jurdico de la soberana. Y esta misma estadstica, que en el marco del mercantilismo no haba podido funcionar nunca ms que en el interior y en cierto modo en beneficio de una administracin monrquica, funcionando ella misma en la forma de la soberana, esta misma estadstica llegar a ser el factor tcnico principal o uno de los factores tcnicos principales de este desbloqueo.En efecto, cmo va a permitir el problema de la poblacin el desbloqueo del arte de gobernar? La perspectiva de la poblacin, la realidad de los fenmenos propios de la poblacin van a permitir descartar definitivamente el modelo de la familia y volver a centrar esta nocin de economa sobre algo distinto. De hecho, la estadstica que haba funcionado hasta entonces dentro de los marcos administrativos y por tanto del funcionamiento de la soberana, esta misma estadstica descubre y muestra poco a poco que la poblacin tiene sus regularidades propias: su nmero de muertos, su nmero de enfermedades, sus regularidades de accidentes. La estadstica muestra igualmente que la agregacin de la poblacin conlleva efectos propios y que dichos fenmenos son irreductibles a los de la familia. Tales efectos sern las grandes epidemias, las expansiones endmicas, la espiral del trabajo y de la riqueza. La estadstica muestra igualmente que, por sus desplazamientos, por sus maneras de hacer; por su actividad, la poblacin tiene efectos econmicos especficos. La estadstica, al permitir cuantificar los fenmenos propios de la poblacin, hace aparecer su especificidad irreductible al marco reducido de la familia. Excepto para cierto nmero de temas residuales, que pueden ser temas morales o religiosos, la familia va a desaparecer como modelo del gobierno.En cambio, lo que va a aparecer en este momento es la familia como elemento en el interior de la poblacin y como repetidor fundamental de su gobierno. Dicho de otro modo, el arte de gobernar, hasta la irrupcin del conjunto de problemas relativos a la poblacin, no se poda pensar ms que a partir del modelo de la familia, a partir de la economa entendida como gestin de la familia. Por el contrario, a partir del momento en que la poblacin aparececomo algo completamente irreductible a la familia, de repente, sta ltima pasa a un segundo plano con respecto a la poblacin; aparece como elemento en el seno de sta. Ya no es, pues, un modelo; es un segmento, segmento simplemente privilegiado porque, cuando se quiera obtener algo de la poblacin referente al comportamiento sexual, a la demografa, al nmero de hijos, o al consumo, no quedar ms remedio que pasar por la familia. Pero la familia, de modelo, va a convertirse en instrumento; instrumento privilegiado para el gobierno de las poblaciones y no modelo quimrico para el buen gobierno. Este desplazamiento de la familia del nivel de modelo al nivel de la instrumentacin es absolutamente fundamental. Y en efecto, a partir de mediados del siglo XVIII la familia aparece en esta instrumentacin con respecto a la poblacin: campaas sobre la mortalidad, campaas sobre el matrimonio, vacunaciones, inoculaciones. Lo que hace que la poblacin permita el desbloqueo del arte de gobernar es que elimina el modelo de la familia.En segundo lugar; la poblacin va a aparecer como el fin ltimo por excelencia del gobierno: porque, en el fondo, cul puede ser su meta? Ciertamente no la de gobernar; sino la de mejorar el destino de las poblaciones, aumentar sus riquezas, la duracin de su vida, su salud; y los instrumentos que el gobierno se otorgar para obtener estos fines son, de algn modo, inmanentes al campo de la poblacin, ya que esencialmente sobre ella obrar directamente mediante campaas, o ms an, indirectamente mediante tcnicas que permitirn, por ejemplo, estimular; sin que las gentes se den cuenta de ello, la tasa de natalidad, o dirigiendo hacia tal o cual regin, hacia tal actividad, los flujos de poblacin. La poblacin aparece, pues, ms que como la potencia del soberano, como el fin y el instrumento del gobierno. La poblacin va a aparecer como sujeto de necesidades, de aspiraciones, pero tambin como objeto entre las manos del gobierno, consciente frente al gobierno de lo que quiere, e inconsciente tambin de lo que se le hace hacer. El inters, cmo conciencia de cada uno de los individuos que constituye la poblacin, y el inters como inters de la poblacin, cualesquiera que sean los intereses y las aspiraciones individuales de los que la componen, ser el objetivo y el instrumento fundamental del gobierno de las poblaciones. Nacimiento de un arte o, en todo caso, de tcticas y de tcnicas absolutamente nuevas.Finalmente, la poblacin ser el punto en torno al cual se organizar lo que en los textos del siglo XVI se llamaba la paciencia del soberano; es decir; la poblacin va a ser el objeto que el gobierno deber tener en cuenta en sus observaciones, en su saber; para llegar efectivamente a gobernar de modo racional y reflexivo. La constitucin de un saber de gobierno es absolutamente indisociable de la constitucin de un saber de todos los procesos que giran en torno a la poblacin en sentido amplio, eso que se llama precisamente la economa. Muy recientemente les deca que la economa poltica haba podido configurarse a partir del momento en que, entre los diferentes elementos de la riqueza, haba surgido un nuevo tema, que era la poblacin. Al captar esta red continua y mltiple de relaciones entre la poblacin, el territorio y la riqueza, se constituir una ciencia que llamamos la economa poltica, y al mismo tiempo, un tipo de intervencin caracterstica del gobierno, que llegar a ser la intervencin en el campo de la economa y de la poblacin. En resumen, el trnsito de un arte de gobernar a una ciencia poltica, el paso de un rgimen dominado por las estructuras de soberana a un rgimen dominado por las tcnicas del gobierno, tienen lugar en el siglo XVIII en torno a la poblacin, y por consiguiente, en torno al nacimiento de la economa poltica.Con esto no quiero decir en absoluto que la soberana haya dejado de desempear un papel a partir del momento en que el arte de gobernar empez a convertirse en ciencia poltica; ms bien dira lo contrario: que jams el problema de la soberana se plante con tanta agudeza como en ese momento, pues ya no se trataba precisamente, como en los siglos XVI o XVII, de intentar deducir un arte de gobernar a partir de una teora de la soberana, sino, dado que haba un arte de gobernar y que se desplegaba, de ver qu forma jurdica, qu forma institucional, qu fundamento de derecho iba a poder darse a la soberana que caracteriza a un Estado.Lean los dos textos de Rousseau. En el primero cronolgicamente, es decir; en el artculo Economa poltica de la Enciclopedia, vern cmo Rousseau plantea el problema del gobierno y del arte de gobernar constatando precisamente esto -y el texto es muy caracterstico desde ese punto de vista: la palabra economa designa esencialmente la gestin de los bienes de la familia por parte del padre de familia [19]; pero ese modelo ya no debe ser aceptado, aunque fuese una referencia en el pasado. En nuestros das, dice Rousseau, sabemos muy bien que la economa poltica ya no es la economa familiar; y sin referirse explcitamente ni a la fisiocracia, ni a la estadstica, ni al problema general de la poblacin, constata este corte y el hecho de que economa -economa poltica- tiene un sentido completamente nuevo, que ya no se debe circunscribir al viejo modelo de la familia[20]. En todo caso, en este artculo se propone definir un arte del gobierno. Despus escribir el Contrato social, donde el problema ser precisamente saber cmo, con nociones como las de naturaleza, contrato, voluntad general se puede dar un principio general de gobierno que deje espacio, a la vez, al principio jurdico de la soberana y a los elementos por los que se puede definir y caracterizar un arte del gobierno. As pues, la soberana no es en absoluto eliminada por la emergencia de un arte nuevo de gobernar; un arte de gobernar que ha atravesado ahora el umbral de una ciencia poltica; el problema de la soberana no se ha eliminado; al contrario, se ha agudizado ms que nunca.Y en lo que se refiere a la disciplina, cabe decir que tampoco se ha eliminado. Sin duda, su organizacin, su puesta en prctica, todas las instituciones en cuyo interior haba florecido en el siglo XVII y a principios del XVIII, las escuelas, los talleres, los ejrcitos, por supuesto se funden con ella, y no se comprende ms que por el desarrollo de las grandes monarquas administrativas, pero tampoco nunca la disciplina resulta ms importante y ms valorada que a partir del momento en que se intenta gestionar la poblacin. Administrar la poblacin no quiere decir; sin ms, administrar la masa colectiva de los fenmenos o gestionarlos simplemente al nivel de sus resultados globales; administrar la poblacin quiere decir gestionarla igualmente en profundidad, con delicadeza y en detalle.La idea del gobierno de la poblacin agudiza an ms el problema de la fundamentacin de la soberana -pensemos en Rousseau- y tambin agudiza an ms la necesidad de desarrollar las disciplinas (he intentado analizar esta historia de las disciplinas en otra parte)[21]. De manera que es necesario que no comprendamos en absoluto las cosas como la sustitucin de una sociedad de soberana por una sociedad de disciplina, y despus la de una sociedad de disciplina por una sociedad, digamos, de gobierno. Se da, en efecto, un tringulo: soberana-disciplina-gestin gubernamental cuya meta principal es la poblacin y cuyos mecanismos esenciales son los dispositivos de seguridad. En todo caso, lo que quera mostrar era un vinculo histrico profundo entre el movimiento que hace tambalear las constantes de la soberana tras el problema ahora primordial de las opciones de gobierno, el movimiento que hace aparecer a la poblacin como un dato, como un campo de intervencin, como el fin de las tcnicas de gobierno, y en tercer lugar; el movimiento que asla a la economa como campo especfico de realidad y a la economa poltica a la vez como ciencia y como tcnica de intervencin del gobierno en dicho campo de realidad. Creo que es importante reparar en que estos tres movimientos -gobierno, poblacin y economa poltica- constituyen desde el siglo XVIII< una serie slida que, an hoy, no est disociada.Aadir an simplemente unas palabras: si hubiese querido darle un ttulo ms exacto al curso que emprend este ao, seguramente no habra elegido el de seguridad, territorio y poblacin. Lo que ahora querra hacer sera algo que llamara una historia de la gubernamentalidad. Con la palabra gubernamentalidad quiero decir tres cosas. Por gubernamentalidad entiendo el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, anlisis y reflexiones, los clculos y las tcticas que permiten ejercer esta forma tan especfica, tan compleja, de poder; que tiene como meta principal la poblacin, como forma primordial de saber; la economa poltica, como instrumento tcnico esencial, los dispositivos de seguridad. En segundo lugar; por gubernamentalidad entiendo la tendencia, la lnea de fuerza que, en todo Occidente, no ha dejado de conducir; desde hace muchsimo tiempo, hacia la preeminencia de ese tipo de poder que se puede llamar el gobierno sobre todos los dems: soberana, disciplina; lo que ha comportado, por una parte, el desarrollo de toda una serie de aparatos especficos de gobierno, y por otra, el desarrollo de toda una serie de saberes. Por ltimo, creo que por gubernamentalidad habra que entender el proceso o, ms bien, el resultado del proceso por el que el Estado de justicia de la Edad Media, convertido en los siglos XV y XVI en Estado administrativo, se vio poco a poco gubernamentalizado.

Sabemos qu fascinacin ejerce hoy el amor o el horror del Estado; sabemos cunto inters se concede al nacimiento del Estado, a su historia, a sus adelantos, a su poder; a sus abusos. Esta sobrevaloracin del problema del Estado la encontramos, creo, esencialmente bajo dos formas. Bajo una forma inmediata, afectiva y trgica: es el lirismo del monstruo fro frente a nosotros; tenemos una segunda manera de sobrevalorar el problema del Estado -y bajo una forma paradjica, pues es aparentemente reductora-: es el anlisis que consiste en reducir el Estado a un nmero de funciones, como por ejemplo el desarrollo de las fuerzas productivas, la reproduccin de las relaciones de produccin; y ese papel, reductor del Estado con respecto a otra cosa, convierte aun as al Estado en absolutamente esencial como meta que hay que atacar y, como es bien sabido, como posicin privilegiada que hay que ocupar. Pero sin duda el Estado, ni a lo largo de su historia ni tampoco actualmente, ha tenido esta unidad, esta individualidad, esta funcionalidad rigurosa, e incluso dira esta importancia; despus de todo, el Estado slo es quiz una realidad artificial, una abstraccin mitificada cuya importancia es mucho ms reducida de lo que se cree. Tal vez lo que es importante para nuestra modernidad, es decir; para nuestra actualidad, no es la estatizacin de la sociedad, sino ms bien lo que yo llamara la gubernamentalizacin del Estado.Vivimos en la era de la gubernamentalidad, que ha sido descubierta en el siglo XVIII. Gubernamentalizacin del Estado que es un fenmeno particularmente retorcido porque si efectivamente los problemas de la gubernamentalidad, las tcnicas del gobierno se han convertido en el nico reto poltico y el nico espacio real de la lucha y de las rivalidades polticas, esta gubernamentalizacin del Estado ha sido sin embargo el fenmeno que le ha permitido sobrevivir. Y es probable que si el Estado existe tal como existe ahora, sea precisamente gracias a esa gubernamentalidad que es a la vez interior y exterior al Estado, puesto que las tcticas de gobierno son las que permiten definir en cada momento lo que le debe y lo que no le debe concernir; lo que es pblico y lo que es privado, lo que es estatal y lo que no lo es. As pues, si les parece, el Estado en su supervivencia y el Estado en sus lmites slo se deben comprender a partir de las tcticas generales de la gubernamentalidad.Y quiz se podra, de una manera completamente global, genrica y, por consiguiente, inexacta, reconstituir las grandes formas, las grandes economas de poder en Occidente de la manera siguiente: en primer lugar; el Estado de justicia, nacido en una territorialidad de tipo feudal y que correspondera a grandes rasgos a una sociedad de la ley -leyes consuetudinarias y leyes escritas-, con todo un juego de compromisos y de litigios; en segundo lugar; el Estado administrativo, nacido en los siglos XV y XVI en una territorialidad de tipo fronterizo y ya no feudal, Estado administrativo que corresponde a una sociedad de reglamentos y de disciplinas; y, por ltimo, un Estado de gobierno que ya no es definido esencialmente por su territorialidad, por la superficie ocupada, sino por una masa: la masa de la poblacin, con su volumen, su densidad, naturalmente con el territorio sobre el que se extiende, pero que no es, en cierto modo, ms que un componente de aqulla. Este Estado de gobierno, que se apoya esencialmente sobre la poblacin, que se refiere a la instrumentacin del saber econmico y la utiliza, correspondera a una sociedad controlada por los dispositivos de seguridad.He aqu, por tanto, algunas consideraciones sobre la articulacin del fenmeno, que considero importante, de la gubernamentalidad. Ahora intentar mostrar cmo esta gubernamentalidad naci, por una parte, a partir de un modelo arcaico que fue el de la pastoral cristiana, en segundo lugar; apoyndose en un modelo o ms bien sobre una tcnica diplomtico-militar; y por ltimo, en tercer lugar; cmo esta gubernamentalidad slo pudo adquirir las dimensiones que tiene gracias a una serie de instrumentos muy particulares, cuya formacin es contempornea precisamente del arte de gobernar; y a los que se denomina en el antiguo sentido del trmino, el de los siglos XVII y XVIII: la polica. La pastoral, la nueva tcnica diplomtico-militar; y finalmente la polica, creo que han sido los tres grandes elementos a partir de los cuales se ha podido producir ese fenmeno fundamental en la historia de Occidente que ha sido la gubernamentalizacin del Estado.

 

NOTAS

[1] Maquiavelo (N.), Il Principe, Roma, 1532 (trad. cast.: El prncipe, Madrid, Alianza, 1981).

[2] Rehberg (A. W.), Das Buch von Frsten, Hannover, 1910.

[3] Leo (H.), Die Briefe des Florentinischen Kanzlers, Berln, 1826.

[4] Ranke (L. von), Historisch-politische Zeitschrift, Berln, 1832-1833.

[5] Politi (L.), Dispulationes de libris a christiano detestandis, 1542 (en religin, el Padre Ambrosio Catarino de Siena).

[6] Gentillet (I.), Discours sur les moyens

[7] Federico II, Anti-Machiavel, ou Essai de critique sur Le Prince de Machiavel, La Raya, 1740.

[8] Elyot (T.), The Boke Named the Governour, Londres, 1531.

[9] Paruta (P.), Della perfezione della vita politica, Venecia, 1579.

[10] De La Perrire (G.), Le Miroir politique, contenant diverses manires de gouverner et policer les rpubliques, Pars, 1555.

[11]De la Perrire (G.), op. cit., edicin de 1567, pg. 46.

[12] De La Mothe Le Vayer (E), L'conomique du Prince, Paris Courb 1653.

[13] De La Mothe Le Vayer (E), La Gographie et la Morale du Prince, Pars, Courb, 1651; L'conomique du Prince, Pars, Courb, 1653; La Politique du Prince, Pars, Courb, 1653.>[14]Rousseau, (J.-J.), Discours sur l'conomie politique (1755), en uvres completes, t. III, Pars, Gallimard, col. Bibliotheque de la Pliade, 1964, pg. 241 (trad. cast.: Discurso sobre la economa, Madrid, Tecnos, 1985, pg. 3).

[15] De La Perrire (G.), op. cit., edicin de 1567, pg. 46.

[16] Federico II, op. cit. (en L'Anti-Maquiavel, ed. crtica de C. Fleischauer, en Studies on Voltaire and the Eighteenth Century, Ginebra, E. Droz, 1958, Vol. V., pgs. 199-200).

[17] Todo gobernador de Reino o Repblica debe tener en s necesariamente sabidura (sagesse) paciencia y diligencia (op. cit., 1567, pg. 46). El texto de Foucault ofrece suficientes argumentos para recordar que la sagesse es asimismo cordura y sensatez, una sabidura prctica, una efectiva prudencia. (N. del ed.)

[18] Todo gobernador debe tambin tener paciencia, al modo del rey de las abejas que no tiene aguijn, en quien la naturaleza ha querido mostrar msticamente que los reyes y gobernadores de Repblica deben usar hacia sus sbditos mucha ms clemencia que severidad, y mucha ms equidad que rigor, ibid.

[19] Esta palabra (...) no significa originariamente ms que el prudente y legtimo gobierno de la casa, para el bien comn de toda la familia (op. cit., pg. 241; trad. cast.: pg. 3).

[20]Cmo podra asemejarse el gobierno del Estado al de la familia, cuyo fundamento es tan distinto? (...) Con razn se ha distinguido la economa poltica de la economa particular, y no teniendo el Estado nada en comn con la familia (...), no podran las mismas reglas de conducta convenir a ambos, ibd., pgs. 241 y 244 (trad. cast.: pgs. 3 y 7).

[21] Foucault (M.), Surveiller et Punir. Naissance de la prison, Pars, Gallimard, 1975 (trad. cast.: Vigilar y castigar Madrid, Siglo XXI, 3 ed., 1978).