Notas para una
investigacin sobre ideologa y
psicologa en Argentina (1965-1972)*
Julio Del Cueto y Hernn Scholten
En el marco de la modernizacin cultural que tuvo lugar en el pas luego del derrocamiento del Presidente Pern en el ao 1955 se crean nuevas carreras en el mbito universitario, entre ellas la de psicologa.[1]
El primer director de la carrera de psicologa en la Universidad de Buenos Aires es rpidamente reemplazado por Enrique Butelman quien, respondiendo a las demandas de los estudiantes, propone a Jos Bleger la titularidad de la ctedra Introduccin a la psicologa, el cual tambin se har cargo, unos aos mas tarde, de la ctedras de Psicologa de la personalidad y de un seminario sobre Higiene mental.
Psiquiatra, Psicoanalista perteneciente a la Asociacin Psicoanaltica Argentina, discpulo de Enrique Pichn Rivire y miembro del Partido Comunista, Bleger comenz a cobrar cierta notoriedad a partir de 1958 con la publicacin de su libro Psicoanlisis y dialctica materialista. En esta obra se propona, a partir de las herramientas provistas por el materialismo dialctico, examinar los fundamentos ideolgicos y epistemolgicos del psicoanlisis. Esta obra le valdra la expulsin del Partido Comunista unos aos despus[2], pese a lo cual su postura no dejar de alinearse con el reformismo imperante en dicha agrupacin[3].
En 1963 publicar Psicologa de la conducta y en 1966 Psicohigiene y psicologa institucional y su labor acadmica ocupar un lugar privilegiado en la formacin de la primera camada de psiclogos, los que se reconocern a si mismos como discpulos de Bleger. Los miembros mas destacados de esta generacin fundarn la Asociacin de Psiclogos de Buenos Aires (A.P.B.A.) en 1962.
Paralelamente, Len Rozitchner que obtuvo su doctorado en filosofa a partir de sus estudios en la Facultad de Filosofa de la Universidad de Buenos Aires y en La Sorbona de Paris- dictar en el departamento de psicologa de la Facultad de Filosofa y Letras de la U.N.B.A. una serie de seminarios bajo el ttulo Freud y Marx entre 1964 y 1966. Durante su estada en la Cuba revolucionaria en el ao 1962 escribir Moral burguesa y revolucin, volumen que ser publicado un ao despus y presenta un anlisis detallado de las entrevistas realizadas a los prisioneros norteamericanos que haban participado en la invasin a Baha de Cochinos. A diferencia de Bleger, su enseanza en el mbito acadmico tendr un mayor impacto en el seno de la segunda camada de psiclogos.
Antonio Caparrs, mdico de formacin y miembro del Partido Comunista Argentino hasta comienzos de la dcada del sesenta, dictar en el Departamento de psicologa de la carrera la materia Psicologa II hasta 1966-1967. En 1973 recupera su ctedra y se hace cargo tambien de Desarrollos y silencios de la psicologa en Argentina. Durante los aos sesenta realizar repetidos viajes a la Cuba castrista y su alejamiento del PC encontrar un motivo fundamental en la postura de esta agrupacin poltica frente a los movimientos revolucionarios en Latinoamrica. A diferencia de lo sucedido con Bleger y con Rozitchner, su figura o su enseanza no parecen haber tenido, al menos en el plano de lo estrictamente profesional, la misma relevancia o reconocimiento entre los psiclogos que, ya comenzada la dcada del setenta, comenzaron a marcar su distancia respecto su figura y su prdica[4].
Hugo Vezzetti[5], hace referencia a las tensiones de campo que atravesaron el mbito de la psicologa en Argentina en la dcada del sesenta y comienzos de la dcada del setenta, y presenta las luchas de legitimidad y los procesos de acumulacin de capital simblico que se produjeron alrededor de la ortodoxia inaugurada por Bleger [6]
En este sentido, y como veremos un poco ms adelante, las posturas impugnadoras hacia Bleger y sus discpulos estarn dirigidas no solo hacia su concepcin terica de la disciplina, sino tambin a su propuesta de una particular relacin entre psicologa y sociedad. En efecto, Bleger presenta una disciplina que tiene por funcin intervenir en la sociedad con el objetivo de encaminar los cambios sociales en forma armnica y progresiva, de modo tal que el psiclogo debera convertirse en un autentico agente de cambio[7]. Es esta postura, que como seala Vezzetti se inscribe dentro de la matriz de un marxismo reformista, la que ser fuertemente cuestionada por quienes, a partir de mediados de la dcada del sesenta, desplazaran el acento hacia las propuestas revolucionarias de transformacin social.[8]
En estas disputas de campo, la relacin entre Psicologa e Ideologa se constituir en uno de los ejes de conflicto que estructura una serie de debates que alcanzarn una difusin ampliada a partir de las primeras publicaciones dirigidas exclusivamente por psiclogos.
Una de las primeras polmicas en torno a la relacin problemtica entre la psicologa y sus fundamentos ideolgicos se desarroll hacia mediados de los aos 60 y tuvo como protagonistas, junto con Enrique Pichn-Rivire, a las figuras que presentamos con anterioridad: Jos Bleger, Len Rozitchner y Antonio Caparrs. Hemos elegido como objeto de anlisis la primera de las dos mesas redondas, que bajo el titulo Ideologa y Psicologa concreta, se llevaron a cabo en el ao 1965 en la Facultad de Filosofa y Letras de la UBA, cuya transcripcin fue posteriormente publicada en el primer nmero de los Cuadernos de psicologa concreta.
La edicin de los Cuadernos la primera publicacin realizada por un grupo de psiclogos profesionales segn se consigna en el primer nmero de la Revista Argentina de Psicologa- se inicia en el ao 1969 y se extender, a travs de cuatro nmeros, hasta el ao 1972, plantendose como objetivo explicito difundir trabajos que constituyan [] aportes a la tarea simultnea de desarrollo cientfico y des-ideologizacin de la Psicologa[9]
Ideologa y Psicologa concreta es, significativamente, el artculo que abre el primer numero de los Cuadernos. En dicha transcripcin es posible apreciar dos posiciones, hasta cierto punto antagnicas, en cuanto a la relacin entre ideologa y ciencias en general y, ms precisamente, entre ideologa y psicologa o psicologa concreta.
En cuanto a la nocin de ideologa, problemtica de por s, cabe aclarar que la misma no recibe, en esta transcripcin ni en los distintos artculos que componen los cuatro nmeros de esta publicacin, una definicin unvoca y precisa, por lo dems su utilizacin es muchas veces vaga o ambigua[10].
Por otro lado, la referencia a una psicologa concreta, que aparece tanto en el nombre de la revista como en el ttulo de la mesa redonda que estamos analizando, remite rpidamente a la figura de Georges Politzer, filsofo franco-hngaro que realiz una importante crtica de los fundamentos de la psicologa y propuso una psicologa concreta de particulares caractersticas en la Francia de finales de los aos veinte.
Ya desde su Crtica de los fundamentos de la psicologa, Politzer no deja de sealar el fuerte vnculo que une a la psicologa concreta con la tradicin del materialismo dialctico iniciada por Marx y Engels, de modo tal que psicologa concreta y psicologa materialista son, para nosotros, expresiones equivalentes (Politzer, 1965:107). El objeto para una psicologa as definida es el conjunto de los hechos humanos considerados en su relacin con el individuo humano, es decir, en tanto que constituyen la vida de un hombre y la vida de los hombres (Politzer, 1965:118), esto es, el drama humano; el cual no debe ser confundido con la vida interior ni ser pensado como una entidad generalizable y abstracta, sino ms bien como propio y particular de un individuo en una situacin especfica.
Si bien para Politzer la psicologa enteramente cabal solo es posible engastada en la economa y el materialismo [...] representa la verdadera base ideolgica de la psicologa positiva (Politzer, 1965:121), el objetivo de la psicologa concreta no es dar cuenta de la determinacin econmica a la cual los hechos psicolgicos se encuentran sometidos sino ms bien el poner en evidencia esta determinacin a partir de un anlisis exhaustivo de los hechos psicolgicos tal como ellos se presentan.
Ahora bien, la obra de Politzer atraviesa dos etapas bien diferenciadas: los desarrollos presentados ms arriba corresponden a un primer perodo que se ubica hacia finales de la dcada de 1920. A partir de los aos `30, merced a un giro ideolgico que lo acerca al stalinismo, abandona la tarea crtica que vena desarrollando en el mbito de la psicologa y el psicoanlisis y se vuelca a lo que algunos han definido como un economicismo grosero. Este cambio de intereses lo lleva a rechazar de plano a la psicologa y al psicoanlisis, a los que denuncia como ciencias intiles y reaccionarias.
La recepcin de la obra de Politzer en nuestro pas fue impulsada, principalmente, por Jos Bleger a travs de diversos artculos, libros e incluso con la traduccin de gran parte de su obra.
Frente a quienes tendan a rechazar de plano al psicoanlisis por sus implicaciones ideolgicas, Bleger sostuvo que el mismo es, bsica y fundamentalmente, una psicologa, una prctica concreta y un campo especifico de conocimiento con caractersticas particulares que no se supera declarndolo falso, negativo, irracional o idealista (Bleger, 1958: 24). En todo caso, el abordaje crtico debe centrarse en el examen y esclarecimiento de los supuestos, tcita o explcitamente admitidos, es decir, el examen de la estructura ntima con la que se elabora la teora y se describen y denominan los hechos (Bleger, 1958: 21). Es por ello que considera paradigmtica a la obra de Politzer, puesto que es en ella donde se habra realizado con mayor profundidad esta clase de estudio.
En este sentido, sita a Politzer en el lugar de modelo a seguir por el modo ejemplar en que trabaja con la ideologa en el campo cientfico:
Politzer... hizo un estudio muy desarrollado, muy actual de la psicologa clsica, que no es ese tipo de estudio ideolgico que estamos acostumbrados a ver mucho en los ltimos aos, donde con decir `reaccionario ya esta todo dicho; con decir que no conoce la dialctica esta enterrado. (Bleger, Caparrs, Pichn-Rivire, Rozitchner, 1969: 18-19)
Es este primer Politzer totalmente original en sus concepciones, renovador de la psicologa y que efecta una critica verdaderamente productiva, el que ser reivindicado tanto por Bleger como por E. Pichn-Rivire en la mesa redonda de 1965 a la que hicimos referencia anteriormente.
Estos autores, si bien no dejarn de sealar la estrecha imbricacin que existe entre el nivel ideolgico y el campo cientfico, pondrn un nfasis especial en la necesidad de diferenciar claramente entre ambos niveles:
... desde la ideologa vemos una cosa, pero desde el campo cientfico tenemos un desarrollo que tambin tenemos que respetar. (Op. cit, 1969: 20)
De lo que se trata, seala Bleger, es de poner en correlacin la posicin ideolgica general y la tarea desarrollada en un campo cientfico especfico. La critica ideolgica debe estar dirigida al anlisis de los supuestos implcitos en un campo cientfico particular. De esta manera se desarrolla dicho campo, constituyndose en el fundamento de una intervencin sobre la sociedad. El anlisis de la realidad desde un punto de vista ideolgico es, a todas luces, insuficiente ya que hay una praxis del campo cientfico que tiene que ser respetada, sino resultan psiclogos automutilados (Ibdem). En este sentido, segn Bleger, al adherir a un economicismo grosero Politzer se habra mutilado en funcin de una ideologa. De esta manera, los dos ltimos escritos de Politzer son considerados por Bleger la expresin de la mutilacin stalinista del humanismo que coloca a la economa en un lugar privilegiado para la comprensin de la realidad.
Aunque con distintos matices, Len Rozitchner y Antonio Caparrs mantendrn una posicin bastante diferente de la de Bleger en torno a la figura de Politzer y a la relacin entre ideologa y psicologa concreta. La ideologa, indicar Rozitchner, es la que provee el marco racional en el cual una determinada clase o grupo cobra conciencia de s misma; se trata, en ltimo trmino, de la expresin conceptual de los lmites de esa clase o grupo en el seno de una estructura ms amplia. El problema para el psiclogo consistira en determinar la significacin de una conducta dentro del marco ms amplio del contexto ideolgico. Hay dos vas a partir de las cuales el psiclogo podra resolver dicho problema: tratar de aprehender en que medida la conducta del sujeto es o no coherente con respecto a su ideologa, o, por el contrario, intentar comprender el problema de la verdad en la relacin que el hombre mantiene con el mundo a travs de la ideologa (Op. cit., p. 14). En el primer caso, no hay ningn anlisis ni cuestionamiento del nivel ideolgico mismo, mientras que en el segundo se introduce la cuestin de la verdad o falsedad de la ideologa.
Esta ltima va introduce importantes modificaciones tanto en la teora como en la prctica del psiclogo. En efecto, en tanto lleva al psiclogo a incluir dentro de la teora el marco ideolgico que determina al paciente y a l mismo, cuestiona los lmites impuestos a la ciencia por la divisin del trabajo capitalista. En otras palabras, el psiclogo, si pretende arreglarle la vida a ese otro, debe incluir en la teora las determinaciones que, procedentes de un marco mucho ms amplio de aquel en el que se desenvuelve habitualmente, pesan tanto sobre la conducta del enfermo como sobre l mismo, solo entonces, afirma Rozitchner, se podr llegar a una verdadera psicologa concreta.
Segn Rozitchner no es suficiente entonces, para constituir una verdadera psicologa concreta, recurrir a la dramtica humana como lo propona Politzer. Si lo concreto es, sostiene el autor siguiendo a Marx, la sntesis de las mltiples determinaciones que constituyen cada objeto, no es entonces algo dado de antemano sino que debe ser construido, es el producto de un proceso, por lo cual una psicologa solo sera concreta en la medida en que apunte a sintetizar e integrar la conducta de un individuo al orden del mundo del cual recibe su verdadera significacin (Op. cit., p. 15).
A partir de esta forma de considerar la relacin entre ideologa y ciencia, Rozitchner sostendr una valoracin diferente a la de Bleger respecto del pasaje de Politzer a la economa ya que no se tratara de una automutilacin sino del pasaje a partir de la necesidad, en el momento crucial que pasaba Europa, de dedicarse al anlisis de los procesos econmicos y a la militancia poltica (Op. cit., p. 27) - a un nivel ms general que engloba y determina tambin a la psicologa.
En trminos similares a los de Rozitchner, Caparrs no considera que Politzer se haya automutilado sino ms bien que haba pasado a otra rea de conocimiento [] ms trascendente, ms importante para lo que se jugaba en ese momento (Op. cit., p. 31). A partir de esto, Caparrs va a privilegiar la figura del militante por sobre la del cientfico profesional:
No basta con ser psiclogo, hace falta ser hombre, como hombre hace falta asumir su momento, su tiempo, su etapa histrica y militar segn determinados objetivos. Y como psiclogo hay que ser un militante que hace psicologa. (Op. cit., p. 32).
Para ello es preciso que el psiclogo se cuestione respecto de sus objetivos, los mtodos que utiliza y, fundamentalmente, su ideologa.
Una psicologa que no se adentre en la comprensin de la ideologa de cada conducta, del hecho humano observado, estar amputando a ste del significado ms profundo que tenga. (Op. cit., p. 35)
Apoyndose en el Marx de los Manuscritos de 1844, Caparrs sostiene la indisolubilidad de la relacin entre ideologa y sujeto: la ideologa modela y motiva el comportamiento, es el fundamento de cualquier conducta individual.
Es por ello que posturas como la de Bleger, afirma Caparrs, que enfatizan la especificidad del campo cientfico resultan peligrosas en la medida en que pueden profundizar la alienacin del psiclogo. El desarrollo cientfico profesional constituye solo una faceta de ese hombre que es una totalidad histrico-social, y nunca deberia superponerse al todo, pues se constituira en una inversin alienante y alienada.
Conclusiones
A partir del desarrollo que hemos presentado, nos parece importante centrar nuestra reflexin sobre una cuestin que ha llamado nuestra atencin: el hecho de que esta Mesa Redonda sea retomada cuatro aos despus en una publicacin dirigida por un grupo de la segunda generacin de psiclogos que se propone des-ideologizar la psicologa.
Suponemos que el sentido de retomar este debate se debe, entre otras cosas, a que el mismo pone de relieve ciertos tpicos que hacia 1969 estaban en pleno proceso de discusin y elaboracin en el campo cultural en general:
La figura del intelectual y su vinculacin con los procesos de transformacin social (intelectual comprometido vs. intelectual orgnico o intelectual revolucionario)
La consideracin de estos procesos de transformacin social en trminos reformistas o revolucionarios[11].
Muchas de las posiciones que se asuman frente a estos temas se fundamentarn en formas diversas de concebir el marxismo y/o en nuevas lecturas de la obra de Marx (por ejemplo, la que se introduce en nuestro pas a partir de los primeros escritos de Louis Althusser)
Dado el objetivo de este trabajo, nos interesa la forma en que estos problemas parecen traducirse en el mbito ms especfico de la psicologa en relacin con:
La definicin misma de la disciplina y su relacin con la sociedad en la cual los psiclogos desarrollan su prctica.
El valor social de las prcticas psicolgicas, su capacidad de intervenir en los procesos sociales.
En efecto, en la Mesa Redonda de 1965 estas cuestiones aparecen tematizadas, no siempre del todo explcitamente, segn dos posiciones diversas: por un lado, en el canon blegeriano respecto de la disciplina y su valor social a partir de las caractersticas de su mbito de trabajo (la Psicohigiene); por otro, en discursos que enfrentndose a ese canon redefinen los lmites de la Psicologa y relativizan su importancia en relacin con otras prcticas socialmente ms valiosas en cuanto a su potencial transformador, tal como la prctica militante.
Vale la pena preguntarse si no son estos discursos impugnadores, formulados por figuras provenientes de campos tales como la filosofa, la psiquiatra o el psicoanlisis, los que bajo el ropaje de una actualizacin terica, tcnica e ideolgica pretenden recuperar y poner a discusin los editores a partir de este primer nmero de los Cuadernos de Psicologa Concreta.
Esta discusiones y debates, que atravesaron el campo de la psicologa a fines de la dcada del sesenta y principios de los setenta, no se restringen al reducido marco de esta publicacin sino que por el contrario se multiplican bajo diversas formas sobre todo a partir de la aparicin de nuevas revistas especializadas (por ejemplo, la Revista Argentina de Psicologa)- que ms all de su heterogeneidad parecen conjugar la inevitable referencia a Bleger y su reconocimiento como maestro con una cada vez ms explcita impugnacin de su canon.
Bibliografa
Bauleo, A.; Caparrs, A.; Rozitchner, L. (1969): Ideologa y psicologa concreta (II) en Cuadernos de Psicologa Concreta, nmero 2, Buenos Aires, p. 7-32.
Bleger, J.; Caparrs, A.; Pichn-Rivire, E.; Rozitchner, L. (1969), Ideologa y psicologa concreta en Cuadernos de Psicologa Concreta, nmero 1, Buenos Aires, p. 11-41.
Bleger, Jos (1958): Psicoanlisis y dialctica materialista, Buenos Aires, Ed. Paids.
Caparrs, Antonio (1971): Perspectiva Nacional Psicoanlisis o antiimperialismo en Revista Argentina de Psicologa, ao II, nmero 9.
Dagfal, Alejandro (2000): Jos Bleger y los inicios de una psicologa psicoanaltica en la Argentinas de los 60 en Revista Universitaria de Psicoanlisis, nmero 2.
Fidanza, Vilma (1969): Cuadernos de psicologa concreta (resea) en Revista Argentina de Psicologa, nmero 1, Buenos Aires.
Harari, Roberto (1971): [Psicoanlisis] [Stalinismo] en Revista Argentina de Psicologa, ao II, nmero 9.
Malf, Ricardo (1970): Consideraciones criticas sobre aspectos ideolgicos y tcnicos de la practica psicoanaltica habitual. Con motivo de la Axiologa, neutralidad del analista y contratransferencia de Len Ostrov en Revista Argentina de Psicologa, ao I, nmero 4.
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Politzer, Georges (1965): Psicologa concreta. Buenos Aires, Jorge lvarez Editor.
Vezzetti, Hugo (2003): Los comienzos de la psicologa como disciplina universitaria y profesional: debates, herencias, proyecciones sobre la sociedad, Mimeo.
* Una versin resumida de este trabajo fue presentada en las X Jornadas de Investigacin en Psicologa. 14 y 15 de agosto de 2003.
[1] En rigor de verdad, la creacin de la primera carrera universitaria de psicologa del pas fue aprobada por el Consejo Superior de la Universidad del Litoral en abril de 1955, es decir durante los ltimos meses del Gobierno presidido por el Gral. Pern, pero el golpe de estado de setiembre del `55 obligo a su suspensin hasta febrero de 1956, momento en que se reinicia con un nuevo plan de estudios. Un ao despus se crea la carrera en la UNBA y muy poco tiempo despus en otras universidades nacionales.
[2] Para un anlisis mas completo de la psicologa psicoanaltica de Bleger y su disputa con el Partido Comunista vase: Dagfal, Alejandro: Jos Bleger y los inicios de una psicologa psicoanaltica en la Argentina de los 60 en Revista Universitaria de Psicoanlisis, nmero 2, 2000.
[3] Respecto de este tpico, vase la entrevista a Carlos Altamirano en Javier Trmboli (entrev.): La izquierda en la Argentina, Ediciones Manantial, 1998, p.13-41.
[4] Vase, por ejemplo, el artculo de Roberto Harari: [Psicoanlisis] [Stalinismo], Nuevo Hombre, 14, 1971 en respuesta a Antonio Caparrs (Perspectiva Nacional. Psicoanlisis o antiimperialismo, Nuevo Hombre, 10, 1971). Reproducidos en Revista Argentina de Psicologa, Ao II, Numero 9, 1971.
[5] Vezzetti, Hugo: Los comienzos de la psicologa como disciplina universitaria y profesional: debates, herencias, proyecciones sobre la sociedad, Mimeo, 2003.
[6] Construy as [Bleger] la agenda para la renovacin de la disciplina y la construccin de la profesin para la primera generacin, incluso para quienes se opondrn explcitamente a su programa; con Bleger o contra Bleger, esos sern los tpicos que van a dominar la produccin terica y la discusin de los psiclogos durante el resto de la dcada. (Vezzetti, Hugo: Op. Cit., p. 4)
[7] Tarea fundamental para Bleger quien expresa: Yo he dicho y sigo diciendo como verdad: si la carrera de Psicologa se ha creado para formar psicoterapeutas, la carrera de Psicologa es un fracaso y no nos sirve para nada. (Bleger, Caparrs, Pichn-Rivire, Rozitchner, 1969: 30)
[8] Vase Sarlo, Beatriz: La batalla de las ideas (1943-1973). Buenos Aires, Editorial Ariel, 2001
[9] Presentacin en Cuadernos de Psicologa Concreta, ao 1, nmero 1, 1969, p. 9.
[10] Ello implica no pocas dificultades ante el tema que rige esta exposicin, y nos exige una delimitacin de, por lo menos, algunas de estas definiciones y usos.
En algunos casos ideologa parece referir al conjunto de ideas y valores de un grupo social (clase social, partido poltico, institucin, corporacin) por medio del cual dicho grupo construye su visin del mundo y se constituye, simultneamente, como sujeto social. En este sentido la ideologa puede ser falsa o verdadera, el primer caso correspondera a la ideologa de la clase dominante o ideologa burguesa, la que tendera a reproducir las relaciones de dominacin existentes, en el segundo caso se referira a la ideologa del proletariado, cuyo objetivo seria trastocar las antedichas relaciones.
En otros casos el termino ideologa parece aludir a un sistema de creencias opuesto al conocimiento cientfico y que se caracterizara por su inadecuacin en la representacin de la realidad. No obstante tambin las teoras cientficas, en tanto productos sociales, podran ocultar aspectos ideolgicos que llevaran a presentar como universal y necesaria una realidad que es, en si misma, particular y arbitraria, favorecindose de este modo las relaciones de dominacin. De lo anterior se desprendera la necesidad de proceder a un anlisis de las teoras cientficas que permita desenmascarar sus aspectos ideolgicos.
Finalmente, parece existir un uso ms particularizado del trmino ideologa el cual referira a las representaciones y valores que un individuo, en tanto sujeto social, se forja de su lugar y funcin en la estructura social.
[11] Una presentacin y desarrollo ms amplios de estas temticas pueden encontrarse, entre otros, en Gilman, Claudia: Entre la espada y el fusil, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003; Tern, Oscar: Nuestros aos sesentas, Buenos Aires, Puntosur, 1991; Sigal, Silvia, Intelectuales y poder en la dcada del sesenta, Buenos Aires, Puntosur, 1991; Sarlo, Beatriz: Estudio preliminar en La batalla de las ideas (1943-1973). Buenos Aires, Editorial Ariel, 2001.