INSTITUCIONES PSICOANALITICAS EN LAS DICTADURAS MILITARES
Sumisin conformista a los poderes[i]

A partir de la escalofriante historia del psicoanalista brasileo que, adems, era torturador, el autor examina el papel que instituciones profesionales, bajo el amparo de un apoliticismo, cumplieron en dictaduras militares.

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Dictadura: En 1979, psicoanalistas argentinos trataron de que una declaracin de la IPA sobre derechos humanos no afectara a la dictadura.

Tortura: La Asociacin Psicoanaltica Internacional (IPA) apoy a la entidad brasilea que haba encubierto a un psicoanalista torturador.

Por Hugo Vezzetti *

La publicacin del libro de Helena Besserman Viana No se lo cuenten a nadie ofrece la oportunidad de comenzar a hablar sobre las relaciones del psicoanlisis con las dictaduras, en Brasil y en la Argentina. Se trata de una obra publicada por la editorial Polemos y debida a la iniciativa de Juan Carlos Stagnaro, que lleva un subttulo, Poltica del psicoanlisis frente a la dictadura y a la tortura, y, si bien se refiere a Brasil, haca esperar una recepcin ms extendida en los medios argentinos. Ms an, poda esperarse que sirviera a la discusin y a un trabajo necesario de revisin y, propiamente, de memoria colectiva sobre el papel de instituciones y figuras del psicoanlisis argentino durante el ominoso perodo del terrorismo de Estado. Sin embargo, hay que decirlo, el libro (del cual esta seccin de Pgina/12 se ocup en su oportunidad) no parece haber tenido mayores repercusiones en las diversas organizaciones y capillas del psicoanlisis porteo. Fue necesario que Ren Major (autor de un excelente Prefacio a la obra) incluyera el tema en alguna de sus conferencias en Buenos Aires y en la convocatoria a la reunin de los Estados Generales del Psicoanlisis para que el episodio alcanzara nuevamente alguna difusin. La historia que relata el libro se refiere al caso de un analista en formacin que en 1973, en los aos de la dictadura brasilea, era mdico en un centro de detencin y tortura. La denuncia correspondiente, impulsada en su momento por la psicoanalista autora del libro, se conoci internacionalmente porque fue incluida por Marie Langer en Cuestionamos 2, publicado en Buenos Aires pocos aos antes de la irrupcin de nuestra dictadura. Pero lo ms revelador del episodio vino despus. La denuncia involucraba a un analista didacta, el doctor Leo Cabernite, que era uno de los boss (si se me permite una licencia en el uso de trminos propios de las jerarquas mafiosas) de la Sociedad Psicoanaltica de Ro de Janeiro. Y el primer captulo de la historia termin (hay que sorprenderse?) con un proceso contra la analista que haba hecho pblica esa denuncia, quien fue expulsada de la entidad psicoanaltica a la que perteneca. Restablecida la democracia en Brasil y comprobada la veracidad de la denuncia, se produjo una situacin inslita: el doctor Cabernite fue sancionado por graves violaciones a la tica por la asociacin mdica regional mientras era defendido hasta las ltimas consecuencias, por ms de veinte aos, por su sociedad psicoanaltica.Lo ms importante (y lo que permite abrir cierta comparacin con el caso argentino) es el modo en que el episodio puso a prueba de una manera profunda la posicin y la accin de las instituciones psicoanalticas bajo regmenes dictatoriales. Ante todo puso a prueba la sensibilidad y el compromiso tico de la IPA, la organizacin internacional de psicoanlisis, enfrentada a un caso tan claro y flagrante de violacin de derechos humanos y amparo a la tortura. Y hay que decir que la prueba no tuvo un resultado favorable para la institucin: la IPA tard ms de veinte aos en tomar alguna resolucin. Recin en 1996, y a pesar de la iniciativa y compromiso personal del entonces presidente, el argentino Horacio Etchegoyen, con la investigacin y la sancin de la denuncia, la IPA termin otorgando un respaldo ambiguo a la posicin de la psicoanalista que valientemente haba hecho pblico ese hecho aberrante, al mismo tiempo que otorgaba su apoyo a la sociedad de encubridores que la haba perseguido por hacerlo. Ahora bien, en el episodio hay que distinguir el hecho aberrante, excepcional, del psicoanalista torturador y su poderoso protector, de las condiciones bastante ms habituales y propias de las solidaridades cerradas (filomafiosas, si se quiere) que impidieron una resolucin ms adecuada del hecho. No es llamativo, para una indagacin y un juiciosobre la dimensin tica y poltica de las instituciones del psicoanlisis, que la sociedad mdica, a partir de principios tradicionales de la moral hipocrtica, haya sido capaz de resolverlo mucho mejor? En efecto, investig los hechos, y una vez comprobadas las responsabilidades decidi prohibir el ejercicio de la medicina al mencionado psicoanalista. Y no deja de ser igualmente significativa la respuesta del doctor Cabernite: la sancin no le incumba porque, como todos saben, el psicoanlisis no forma parte de la medicina.Si del psicoanlisis argentino se trata, no ha habido denuncias parecidas entre nosotros: ningn psicoanalista, mucho menos de la jerarqua, ha quedado involucrado en episodios de tortura. Significa eso que podemos quedarnos tranquilos y concluir que las instituciones tradicionales del psicoanlisis argentino han pasado con merecimiento la prueba de la dictadura? Nada es menos seguro si se atiende, no a la complicidad con la tortura sino al encubrimiento resultante de esas solidaridades. En este punto, esa ficcin autofundante de extraterritorialidad que el psicoanlisis ha alimentado desde sus orgenes parece reunirse, a veces, con una voluntad institucional de autopreservacin a cualquier precio. Y la historia del psicoanlisis, incluso en vida de Freud, bajo el nazismo, muestra al respecto sus luces y sus sombras. De un lado la Sociedad Psicoanaltica Alemana que acept, con la participacin de su presidente Ernest Jones, excluir a sus miembros judos para preservar, precaria e ilusoriamente, la existencia de la entidad. Del otro, la sociedad holandesa, en la que todos los miembros renunciaron solidariamente como un modo de rechazar tal imposicin.Para terminar, la situacin del psicoanlisis argentino bajo la dictadura no estuvo ausente de las reuniones internacionales de la IPA: en el Congreso de 1979, en Nueva York, la sociedad australiana propuso que la organizacin produjera un pronunciamiento pblico sobre la violacin de los derechos humanos en nuestro pas. El Comit Ejecutivo asumi que se trataba de rumores (en 1979!) y que no era justo mencionar a un pas cuando sin duda haba tambin otros en los que se violaban los derechos humanos; el resultado fue una declaracin que condenaba esas violaciones en ciertos lugares geogrficos para los que incluso se evitaba emplear el trmino pases. Ren Major menciona en su Prefacio este otro acontecimiento que concierne a la relacin de la IPA con los derechos humanos, y que en su oportunidad fue objeto de un anlisis esplndido de Jacques Derrida (ver Gopsychanalyse, en J. Derrida, Psych. Inventions de lautre, Paris, Galile, 1987; traducida al ingls en American Imago, 1991) que nunca fue ni traducido ni mencionado (que yo sepa) por ninguna de las entidades argentinas. Hace falta decir que en aquella oportunidad, en Nueva York, los psicoanalistas argentinos presentes estuvieron entre los que con ms ahnco bregaron para que esa declaracin sin mencin de pases quedara anulada en sus efectos posibles? En todo caso, bajo el amparo de un apoliticismo que supuestamente quiere servir a la defensa de la institucin (y que se confunde fcilmente con el aislamiento y con un encierro obtuso en las solidaridades endogrupales), lo que ha dominado es la sumisin conformista a los poderes de facto. Finalmente, si hay un encuentro posible del legado freudiano con las tradiciones emancipatorias, el libro de Helena Besserman Viana tiene el mrito de indicar un camino: de eso, de lo silenciado y de lo encubierto, es justamente de lo que se debe hablar.* Historiador del psicoanlisis y la psicologa. Profesor de la UBA. Miembro del consejo de direccin de la revista Punto de Vista.

 



[i] Artculo publicado en Pgina/12, 7/10/99.