La peste, el psiconanlisis
y los psicoanalistas[1]
Hugo Vezzetti
Una
pequea escena mtica que tiene a Freud por protagonista es evocada hasta el
hartazgo por algunos psicoanalistas, quienes parecen encontrar en ella una
clave interpretativa del destino del psicoanlisis en el mundo. La escena
habra tenido lugar en setiembre de 1909 en la cubierta del vapor George Washington que haca su entrada al puerto de Nueva York. Se ve a Freud en un plano medio, rodeado por la
atenta presencia de Jung y Ferenczi,
con la estatua de la Libertad a la vista y en el fondo las masas verticales de
la isla de Manhattan. Sigmund
el Conquistador llega por fin al Nuevo Mundo y en ese preciso momento, habra
dicho para la Historia: "No saben que les traemos la peste".
La
escena es falsa e inverosmil y sin embargo ha terminado por ser ms
"verdadera" que los hechos que la desmienten. Veamos, en primer
lugar, las fuentes disponibles para reconstruir el acontecimiento. En efecto,
Freud lleg a Nueva York en las circunstancias aludidas
y Jung dej escrito su testimonio del comentario de
Freud que, en esta versin, habra sido: "Qu sorpresa van a llevarse
cuando oigan lo que tengo que decir!"(1). Ninguno de los muchos bigrafos
de Freud menciona la ancdota de la "peste". No hay ningn documento
que la respalde, incluyendo los archivos, las memorias y la abundante
correspondencia de los involucrados, es decir Freud, Jung,
Ferenczi.
Cul ha
sido, entonces, el origen de esta leyenda ejemplar? Lacan
la transmiti en ocasin de su conferencia, dictada en Viena en 1955, "La
cosa freudiana", y la respald en un testimonio que el propio Jung le habra transmitido, solo a l, en una visita
realizada el ao anterior.(2) Por qu Jung habra
omitido esa parte del relato en sus memorias para confirselo slo a Lacan?. La conclusin se impone: o
bien ste escuch lo que quera o bien que directamente invent el episodio. El
sentido de la pequea historia era claro en la exposicin de Lacan. Contrariamente a la ilusin freudiana el
psicoanlisis norteamericano haba prevalecido en el "movimiento" y
habra terminado por borrar el potencial supuestamente revulsivo de la obra
freudiana. Ante todo, es claro que la figura de un Freud social y culturalmente
subversivo estaba muy lejos de la que el maestro viens haba cultivado, como
un hombre de ciencia que, para la posterioridad, aspiraba a verse reunido con
Newton y Darwin. Pero, en todo caso, la historia apcrifa revelaba ms a Lacan que a Freud. Por una parte, al situar en ese contacto
originario con los EE.UU. el comienzo de un
malentendido y de una desviacin, resaltaba su propio papel en la lucha contra
la organizacin psicoanaltica internacional dominada por las corrientes
norteamericanas. Identificado a la "causa" del psicoanlisis, al dar
a conocer esa leyenda autoexaltante en la ciudad de
Viena agregaba una carga simblica especial a la bandera del "retorno a
Freud". Pero, por otra parte, en el gesto contestatario y excesivo que
prometa la peste, Freud quedaba asociado, a contrapelo de la representacin
que siempre ofreci de su obra, a esa voluntad propiamente esttica, nacida de Bataille y de la experiencia surrealista, que alimentaba la
obra y la actuacin pblica de Lacan.
Ahora
bien, si la ancdota cobra sentido en ese contexto de la enseanza de Lacan, cuarenta aos atrs y si, en todo caso, pudo
encontrar una extraordinaria difusin en el clima contestatario de los '70,
qu significa hoy, adems de la inercia intelectual y las carencias conocidas
para pensar la historia y la situacin contempornea del psicoanlisis? Por
qu un grupo significativo de psicoanalistas, que por lo dems suelen ser
vecinos perfectamente adaptados a las normas de la respetablidad
burguesa, podran complacerse en ocupar el lugar imaginario de propagadores de
la peste?
La
utopa de la "revolucin freudiana", que era sin duda ajena al
"movimiento" fundado por Freud, haba nacido desde la primera
posguerra, en condiciones culturales y polticas muy particulares. La aventura
surrealista, por una parte, y las bsquedas freudomarxistas,
por otra, alimentaron esa vertiente alternativa que, ante todo, enfrentaba la
modalidad instituda en las asociaciones
psicoanalticas y resista el destino de un psicoanlisis mdico o el de una
disciplina incorporada a los estudios universitarios en psicologa o ciencias
humanas. Ese fue el contexto de la expansin de un psicoanlisis crtico, en
las condiciones nicas de la cultura intelectual francesa que enmarcaron la
empresa intelectual de Jacques Lacan.
En
Buenos Aires, como es sabido, la recepcin de Lacan
encontr sus condiciones en zonas del campo intelectual que desde bastante
antes se haban mostrado permeables a los cruces del psicoanlisis con las
ciencias sociales, la filosofa y el discurso poltico. Se hace difcil pensar
en el itinerario intelectual de Masotta, por ejemplo,
si no se lo sita en una trama que inclua a Pichon Rivire, a Bleger y a diversas
experiencias de "refundacin" del psicoanlisis fuera de la
institucin oficial. La fractura de la Asociacin Psicoanaltica Argentina, en
1971, se daba en un clima de radicalizacin en el que la primera recepcin de Lacan coincidi por un tiempo, va Althusser,
con el proyecto de una relectura marxista del freudismo. En fin, no es posible
sintetizar un perodo histrico denso de acontecimientos y de consecuencias;
pero en todo caso en esas condiciones el pequeo mito que prometa la peste
poda condensar la promesa de un psicoanlisis orientado por el espritu
-poltico y esttico- de la vanguardia.
Pero
extrado de ese clima de poca, el significante de la "peste" perdura
como un resto arqueolgico, o como un tic "militante" que no traspasa
las fronteras del propio crculo de iniciados. Ausente la trama compleja que
comunicaba al psicoanlisis con la cultura y la poltica, quedan los rituales
de la identidad grupal y el repliegue autosuficiente sobre la organizacin. Y
en esas condiciones, que son las de un campo psicoanaltico escasamente
comunicado con los problemas de la vida pblica, la peste ha completado el crculo
y parece haber encontrado el significado en bruto de un encierro socialmente
vaco.
[Pgina/12,
27/8/98]
___
(1) Me atengo a la reconstruccin propuesta por Emilio Rodrigu, Sigmund Freud. El siglo del psicoanlisis, Buenos Aires,
Sudamericana, 1996, t.1, p.519.
(2) E. Roudinesco, Jacques Lacan,
Paris, Fayard, 1993, p.349.