La escisin de la Asociacin Psicoanaltica

Argentina de 1972.

"La enfermedad es el capitalismo"

 


Cuestionar parece haber sido la consigna de ruptura con la Asociacin Psicoanaltica Argentina (APA). No slo la estructura desigual de la institucin fue puesta en tela de juicio. O, por lo menos, lo fue en tanto expresaba una sociedad simtricamente desigual. De este modo, acuciados por la experiencia popular del Cordobazo, surgieron algunos grupos disidentes de trabajadores de la salud mental: Plataforma, Documento. Paralelamente, tambin la Federacin Argentina de Psiquiatras (FAP), una entidad gremial, radicalizaba sus posiciones. La prctica psicoteraputica pretenda superar la escotomizacin. Para lograrlo, el psicoanlisis debe ser repensado y, sobre todo, practicado en trminos de una sociedad capitalista, cuya racionalidad responde a los movimientos de los centros de poder.


PRIMERA PLANA entrevist a tres especialistas en el tema (Enrique Pichn Rivire, Emilio Rodrigu y Armando Bauleo), en base a diez preguntas. Solo Documento, que prefiri dar una respuesta de conjunto, con el consiguiente insumo de tiempo, qued fuera de pautas. El doctor Antonio Caparrs caracteriza las notas necesarias de una psicologa nacional y popular.


Este es el cuestionario:

1 El elitismo y verticalismo de las instituciones psicoanalticas tradicionales es producto de la ideologa liberal. Habiendo adoptado valores distintos, de qu modo se organizan, ustedes?

2La teora y tcnica que ahora practican, en qu difiere de la que hacan siendo miembros de la APA?

3Qu idea tiene de la lucha en el campo de la cultura? Cmo se vincula a la lucha social?

4 Como caracterizara esa lucha a nivel de su campo especfico?

5Cmo se puede visualizar la relacin entre los diferentes grupos que trabajan en el campo de la salud mental y cules son sus diferencias?

6Cul es la relacin entre el momento social y econmico argentino y el desarrollo de su ciencia?

7Cmo se incorporan las crisis sociales a la situacin analtica?

8Cmo estructuran ustedes la relacin terapeuta-paciente?

9Cul es su criterio de salud y enfermedad?

10De qu manera colabora el psicoanlisis para llegar al socialismo?



 

ENRIQUE PICHON RIVIERE


64 aos, 3 hijos, mdico psiquiatra, nacido en Ginebra el 25 de junio de 1907. Criado en el Chaco y en Corrientes (Goya). Miembro fundador de la Asociacin Psicoanaltica Argentina, el desarrollo de su pensamiento lo condujo a cuestionamientos en el nivel terico y en el nivel Ideolgico del psicoanlisis ortodoxo y de la institucin psicoanaltica; esto determin su alejamiento de la misma, aunque no su renuncia. Desde hace anos vuelca todo su esfuerzo en el campo de la psicologa social, lo que se vehiculiza a travs de la Escuela de Psicologa Social de Buenos Aires, y la de San Miguel de Tucumn, de las cuales es director.

La lucha que se da en el campo de la cultura, lucha ideolgica, se inscribe entre las manifestaciones de la lucha de clases en la medida en que surge un pensamiento dialctico revolucionario que se replantee los modelos del pensamiento. Estos modelos han sido hasta ahora dominados por una lgica formal y disociante. Esas formas nuevas del conocimiento tienden a totalizar aquello cuyas interrelaciones han sido sistemticamente escamoteadas y oscurecidas por la ideologa dominante: el pensamiento, el sentimiento y la accin.

En cuanto a mi campo especfico, advierto la presencia de esa lucha a travs de una incipiente revolucin terica, revolucin caracterizada por los modos de aproximacin a la problemtica de la relacin entre estructura socioeconmica y vida psquica, indagacin de la operacin de las ideologas en el inconsciente, procesos de socializacin. Hablo de revolucin incipiente porque se trata, hasta ahora, del intento de ubicar el problema en sus premisas adecuadas: la psicologa social es una disciplina en proceso de construccin. La carencia ms lacerante en el campo del quehacer psicolgico, o la mxima expresin de la incidencia de la ideologa dominante, se advierte en el nivel de los criterios de salud y enfermedad. En cuanto a la prctica teraputica, cmo puede ser revolucionaria? Para responder a esto apelo a la que caracterizamos como "tarea", entendida esta como el abordaje y elaboracin de los miedos que configuran la resistencia al cambio, rompindose as una pauta estereotipada y disociativa que funciona como factor de estancamiento en el aprendizaje de la realidad o punto disposicional de la enfermedad. En la tarea correctora, el sujeto realiza un salto cualitativo, se personifica y establece un vnculo operativo con el otro. Si el terapeuta confunde pretarea con tarea entra en el juego d la enfermedad y la acta. El terapeuta entra en pretarea, cae en una impostura de la Tarea, por resistencias propias al "ser consciente" al proyecto, lo que son resistencias ideolgicas a la praxis. Insertarse como agente en un proceso corrector significa trabajar con un paciente y su grupo inmediato, para instrumentarlo a travs de esa tarea comn hacia el logro de una lectura crtica y operativa de la realidad. "La cura" se trata no de la adaptacin pasiva, aceptacin indiscriminada de normas y valores, sino del rescate en otro nivel, de la denuncia y la crtica implcitas en la conducta desviada (enfermedad) para establecer, a partir de all, una relacin dialctica, mutuamente modificadora con el medio. Este es el criterio de salud con el que operamos.

En cuanto a cmo se incorporan las crisis sociales a la situacin analtica yo respondera con otra pregunta: cmo pueden no incorporarse a esa situacin? Estn presentes, lo sepan o no, terapeuta y paciente. La ltima pregunta se refiere a de qu manera el psicoanlisis colabora para el advenimiento del socialismo. Ante esto yo quisiera sealar un malentendido que amenaza tener peligrosas consecuencias: si bien todo hecho humano es un hecho poltico, la revolucin social no pasa por la psicologa.

 



EMILIO RODRIGUE


Psicoanalista, ex APA, casi ex presidente de la Federacin Argentina de Psiquiatras regional, miembro de PLATAFORMA, novelista, actor "de tercera clase".

Considero que primero debemos sacarnos el peso de encima. Aun cuando uno est en la cspide de la pirmide, el artefacto pesa. Y sigue pesando cuando uno sale y, aparentemente liberado, tiende a repetir el proceso. Me apenara mucho que algo de eso comenzara a ocurrir en los grupos nuevos.

En mi caso personal, el replanteo terico y tcnico se inici antes de mi ruptura con la APA. Una vez realizada la ruptura, no puedo sealar un campo revolucionario en la aplicacin tcnica de la teora. Eso lo constato incontrovertiblemente con mis pacientes. Que sienten que yo estoy cambiado, pero no tanto.

He notado de un tiempo a esta parte lo cismtico, la lucha tendencial donde cada uno ve ms claro su parte, y ms oscura la parte del otro. A veces, la izquierda, poticamente hablando, es una mi... Habra que revisar si esa crisis misma no es un sntoma prerrevolucionario...

Ojal por medio de entrevistas psicoanalticas, nosotros pudiramos aliviar los estragos que produce la represin. A nivel tcnico sera emplear e inventar recursos para neutralizar da a da al sistema. A nivel terico producir conocimientos en torno a temas como el miedo, la represin, el odio. Y adems de todo esto, hacer de la propia vida cotidiana un campo especfico en revisin constante.
En el mbito que conozco el de los trabajadores de la salud mental, por encima de las peleas actuales espero y creo que los diferentes grupos (entre los que Plataforma y Documento son los ms conspicuos) se encaminen a la accin, ya que las similitudes son ms importantes que las diferencias. La sangre ya lleg al ro, pero no se registraron muertos. Y por suerte, es ms fcil conversar con los heridos.

En cunto al momento social y econmico argentino? En este momento la lucha es si dentro del peronismo o dentro de los movimientos marxistas. Uno implica el riesgo del populismo, el otro el riesgo del sectarismo. Sectarismo y populismo estn convirtiendo al campo de la cultura en una bolsa de gatos.

El problema urgente del psicoanlisis para los grupos nuevos es el estudio de las ideologas en pos de alcanzar una teora de la ideologa. Mientras no la tengamos, se corre un doble riesgo: o se niega lo social como ocurre ahora en la APA, o se lo sobreinterpreta como una ideologa ms sin tener en cuenta las mediatizaciones (con el perdn de la palabra).

Yo creo que est por hacerse una lectura crtica de la antipsiquiatra. Pasando por all incluyendo las crticas al movimiento antipsiquitrico se puede llegar a tener una nocin ms aproximada del loco. La nocin de salud y enfermedad es interdisciplinaria, e incluye, por supuesto, la prctica poltica.

Cmo ltima cuestin, yo me pregunto: De qu manera contribuye el socialismo para llegar a un verdadero psicoanlisis?



ARMANDO BAULEO


Psicoanalista, miembro de PLATAFORMA. Docente, trabaja en el campo de la psiquiatra social, organiza grupos. Est terminando un libro acerca del tema.

En varias oportunidades hemos denunciado en discusiones pblicas y por medio de artculos y trabajos el elitismo y verticalismo de las instituciones psicoanalticas tradicionales. Estas siempre han respondido ms al tipo de normatividad de la sociedad capitalista que al contenido de su funcin. All se daban los juegos de jerarquas, status, rivalidad, vigentes en toda sociedad capitalista. La imagen es: la forma devor al contenido. Una organizacin de otro tipo deber partir de una caracterizacin de la sociedad, en la cual se va a insertar el contenido del pensamiento psicoanaltico, para poder establecer lneas estratgicas y tcticas.

Estas se vinculan, por un lado, con el momento poltico de esa sociedad; por el otro con el cometido de desarrollar lo especfico que hace a su tarea.

Con esto se quiere expresar que en una sociedad con lucha de clases, las organizaciones a nivel de la cultura por ms especfico que sea su campo, al tener en cuenta ese tipo de lucha, se hundirn en las ambigedades de la sociedad de consumo. Frente a la pregunta nmero 2, creo que hay ocultamiento o mala fe al creer que hay un antes y un despus de una fecha. De creer, por ejemplo, que a partir del da en que renunciamos a la APA, ya tenamos teora y tcnicas diferentes, sin ver que esas diferencias ya haban comenzado al estar nosotros en la .APA: ellas posibilitaron la ruptura.

Reformular ambas cosas constituye nuestra actual tarea. No se puede caracterizar una lucha en la cultura sin vincularla con la lucha de clases. Es justamente la lucha de clases la que determina la caracterizacin y la posibilidad de una estrategia y una tctica en el campo de la cultura. En nuestro pas, la lucha se vuelca alrededor del logro de la descolonizacin, de la ruptura con la importacin de modos de vida y de la posibilidad de adquirir una conciencia crtica, como forma clara de saber a favor de qu clase se est en el proceso de liberacin.

En todos los campos la lucha se desarrolla en un juego permanente de explicitacin terica y de accin prctica. Pero, sin una clara ideologa clasista, aquel desenvolvimiento se puede transformar en profesionalismos, desarrollismos, teoricismos o practicismos. Los nuevos grupos deben caracterizarse por sus planteos programticos, para no caer en oportunismos ocasionales. El grupo Plataforma tiene su planteo programtico, una organizacin y acciones concretas a llevar a cabo. Dentro del gremio de los trabajadores de la salud mental como fuera de l. Nuestro momento social y econmico da para dos tipos de situaciones: la ambigedad que otorga a la difusin y desenvolvimiento en la mera profesin las caractersticas o los atributos que corresponden a un movimiento de liberacin, y la posibilidad actual de injertarse en una conciencia clasista hasta donde fueran tiles los instrumentos de la especificidad en el movimiento de liberacin. Que el movimiento de liberacin determine al intelectual su tipo de insercin. Con respecto a la relacin terapeuta-paciente, aparece, claro, la crisis social. Llevando este problema al interior de la prctica analtica: ste aparece manifiesto cuando un paciente no puede tratarse por carencia de recursos econmicos. Pero tambin aparece de una manera latente la reproduccin en el modo de relacin interpersonal, la inscripcin de lo social. La crisis social aparece representada en diferentes manifestaciones, sntomas y contenidos de los sueos. Estamos abocados a la revisin de las diferentes tcnicas, todo lo que hace a la relacin terapeuta-paciente est siendo revisado. Los criterios de salud y enfermedad que parecan tan claros y naturales, son una ilusin ptica derivada de la ideologa de la clase dominante. Fann lo demostr a nivel de las enfermedades mentales, delirios y alucinaciones, pero los ltimos estudios en la misma clnica demuestran la estrecha relacin existente entre la explotacin dada en el plano econmico y material a nivel social y la vinculacin, a veces tortuosa, con la enfermedad somtica individual. De aqu que los criterios de salud y enfermedad, tan distantes que parecan del problema poltico, emergen sobredeterminados por l. Es necesaria mucha pedantera para contestar la ltima pregunta acabadamente. Nuestras aspiraciones, utopas, fantasas nos dicen muchas cosas, pero slo podremos responder desde el campo de la realidad: estamos comenzando a ejercitar formas de colaboracin hacia el socialismo.

 

SILVIA RODRGUEZ EDMUNDO RESSEL

 

 

 

HACIA UNA PSICOLOGA NACIONAL Y POPULAR

Antonio Caparrs

 

 

Un sistema neocolonial-imperialista, tal cual padece nuestro pas, se apropia de una parte importante de la riqueza producida por nuestros trabajadores gracias a ser los dueos de los medios de produccin y del aparato del poder poltico. Naturalmente que para ello necesitan violentar, reprimir a cuantos intervienen en el proceso productivo, para obligarlos a dicha explotacin.

La represin puede ser fsica. Pero es un recurso extremo. Existen otras innumerables formas de violentacin encubierta, en mayor o menor medida, destinadas a que los explotados acepten esa situacin.

Una forma esencial consiste en enturbiar la realidad y, como consecuencia, hacer que la misma se visualice con sentido diferente al que realmente tiene. Un aspecto clave es conseguir que si el trabajo realizado supone una carga y una carencia de gratificacin por s mismo otras motivaciones sean las que induzcan a trabajar. De esta manera, con finalidades diferentes, los explotadores consiguen que los explotados realicen las metas por ellos buscadas.

El trabajo la actividad fundamental del hombre, con la cual va creando su mundo social no representa una gratificacin para el que lo realiza por el hecho mismo de realizarlo, sino la manera de obtener los medios para satisfacer sus necesidades y deseos fuera de la actividad productiva; de esta manera, se generan dos campos en la vida del hombre: uno, el de la produccin, donde realiza su trabajo, y otro, el extraproductivo, llamado tambin privado, en donde en principio puede obtener gratificaciones mediante lo que ha obtenido con el trabajo. De esta manera, generando necesidades y deseos en el campo extralaboral, se lo obliga a incluirse en el campo laboral para encontrar los medios que permitan satisfacerlas. Esas necesidades y deseos varan notablemente segn las capas que consideremos, as como de acuerdo al momento histrico y la especfica estructura de un sistema social determinado. No pueden ser iguales para los Estados Unidos que para la Argentina actual.

Pero en el campo extralaboral se cumplen tambin otras funciones necesarias para el sistema social. Fundamentalmente, y durante un lapso importante, como ser los primeros aos de la vida, se prepara a los hombres para que funcionen segn las pautas, normas, valores, actitudes, que el sistema necesita que tengan cuando pasen a actuar vidas autnomas. Ello implica una comprensin de la realidad que se realiza segn los parmetros que las clases dominantes imponen.

No se trata, pues, de que la dinmica socio-econmica se identifique con las motivaciones particulares, de cada hombre. Lo que ocurre es que en cada hombre se han ido inculcando valores, sentimientos, deseos, comprensin del mundo, los que no slo le permitirn incluirse despus en las modalidades socio-econmico-polticas existentes, sino que en ellas es donde se encuentra preparado para funcionar.

La necesidad de que los hombres acten, piensen y sientan de determinada manera en un pas concreto y en un momento dado de su historia, se va transmitiendo desde las estructuras globales de la sociedad a aquellas otras intermedias, cuyo ejemplo ms claro es la familia. De manera tal que stas sean microclimas donde los roles que se jueguen sean el aprendizaje de aquellos otros que luego se han de actuar en la vida adulta. As, el autoritarismo paterno no deriva slo del autoritarismo del sistema, sino de la necesidad de que el nio, segn crece, vaya aceptando la actitud sumisa ante la autoridad de su lugar de trabajo o del aparato poltico represor. Y, si pese a todos los intentos para mejorar la formacin escolar, la actividad de aprendizaje de los nios en las escuelas representa para ellos una obligacin ms o menos dura y difcil, es porque esa tarea escolar los va a ir preparando para que el trabajo adulto pueda ser aceptado con esas mismas caractersticas. Evidentemente, una enseanza realizada de manera tal que constituye una gratificacin para quienes la reciben producira un grave conflicto cuando, terminada, sea necesario realizar un trabajo que de por s mismo, como hemos dicho, nada tiene de gratificante.

En este exageradamente sinttico esquema hemos de decir que los modelos de conducta que la sociedad va inculcando durante el desarrollo del nio tienen una gama amplia de matices y que, inclusive, pueden producir efectos contrapuestos que constituirn desadaptaciones a la sociedad. Entre otras cosas, porque en el medio familiar se modela a un nio conforme a los valores y metas en ese momento existentes. Pero que, en una sociedad que est sufriendo cambios rpidos e importantes, pueden provocarle una desubicacin, por ejemplo, veinte aos ms tarde, cuando sean otras las condiciones de vida.

Por todo lo que hemos dicho, no puede hablarse de etapas en el desarrollo del nio constantes y universalmente vlidas, tales como las propuestas por el psicoanlisis (fases oral, anal, complejo de Edipo, etc.). La psicologa debe descubrir el sentido de las conductas de los individuos en funcin de los requerimientos de una sociedad determinada y especfica.

Por eso, cuando se habla de las motivaciones ms profundas y stas se refieren a las relaciones ms primitivas del nio con su entorno familiar, no se est planteando sino, en todo caso, la envoltura que vehiculiza a los valores, modelos, etc., sociales que la dinmica familiar inculca. Y lo mismo puede decirse de los llamados mecanismos de defensa, por ejemplo, que no son formas innatas del individuo, sino el aprendizaje y la internalizacin de las formas represivas que el sistema impone.

Nos hemos referido al psicoanlisis, porque es la corriente de ms amplia difusin en nuestro medio. Sin duda que el psicoanlisis, y especialmente Freud, han hecho aportes empricos importantes; pero la estructura misma de su teora y prctica, al no trasponer el horizonte de los mbitos ms restringidos en que se mueve el individuo, no puede sino reacondicionar a ste a sus actuales condiciones de vida a lo que el sistema hoy le est demandando. Y desde luego no podemos dejar de sealar que el psicoanlisis, al transplantar desde los pases metropolitanos y segn la escuela ms en boga los modos de comprender al hombre, no puede dejar de ser una forma ms de colonizacin cultural y mental.

Ante ello, la nica manera de crear una psicologa cientfica es mediante el camino que hemos sealado: el de la estructura ideolgica de cada conducta cotidiana, segn las condiciones especficas y el tiempo preciso de un pas dado. Esto es, la nica psicologa cientfica es la que estudia los modos especficos que se inculcan desde un sistema social determinado en cada nacin.

Si lo que queremos es comprender la psicologa de nuestro pueblo ser necesario investigar cmo se dan entre nosotros los modelos y valores preponderantes, la concepcin de la vida, los deseos, las actitudes y los modos en que se hacen carne en cada individuo. Por eso, lejos de ser poco rigurosa, la psicologa nacional y popular ha de ser la nica verdaderamente cientfica.

 


 
Fuente:
Revista primera Plana, mayo de 1972

 

Versin digital:

http://www.cartapsi.org/mexico/esci72.htm