El padre sifiltico y el padre seductor. Acerca de dos versiones freudianas del padre[1].
Mauro Vallejo
Una de las tareas ms difciles para los abordajes histricos reside en la eleccin de las unidades temporales a utilizar, y en la creacin de las modalidades de escansin que para tal fin se efectuarn, pues va de suyo que mediante dichas operaciones se constituyen los objetos mismos de la preocupacin historiogrfica. En tal sentido, Michel Foucault ha apelado en dos ocasiones a la categora de simultaneidad para dilucidar la raigambre histrica del saber freudiano, sealando la contemporaneidad del surgimiento del saber psicoanaltico con dos acontecimientos correspondientes a registros dismiles. Por un lado, el ao 1900 es no slo la fecha de la tan mentada aparicin del libro sobre los sueos, sino tambin el momento de la edicin de las Investigaciones Lgicas de Husserl; doble tentativa por arribar a la relacin de consustancialidad del hombre con sus significaciones[2]. Por otro lado, una segunda coincidencia temporal retendr nuestra atencin a lo largo de este escrito. Se trata esta vez de la casi perfecta simultaneidad de la enunciacin de las teoras freudianas y de las sanciones de las principales medidas legislativas conducentes a la proteccin de la infancia de los maltratos familiares[3].
Las referidas figuras de la simultaneidad serviran no slo para elaborar un prolijo relato histrico de las superficies de inscripcin y desenvolvimiento del pensamiento psicoanaltico, sino que podran asimismo dibujar una estricta divisoria de aguas entre los ya cannicos estilos de escritura historiogrfica del pasado de la disciplina freudiana. Tendramos as, por una parte, las versiones que, insistiendo en la novedad freudiana de la definicin del inconsciente, retratan en estricta clave hagiogrfica los pasos del descubrimiento o las peripecias de la iluminacin. Del otro flanco, quedaran el conjunto de trabajos histricos que en su afn crtico-revisionista transforman a los conceptos de la teora freudiana en los pasos de una lograda campaa de falseamiento o que hacen de ellos los simples instrumentos de una estrategia de normalizacin. Podra caracterizarse a esa dupla a travs de una parodia que no haga quiz otra cosa que degradar el dilogo ms bello: alguno de ellos dice Tu nas rien vu Hiroshima. Rien; el otro, ofuscado, agrega Jai tout vu. Tout[4].
Prosiguiendo la sugerencia de Michel Foucault, retomaremos la ltima de las coincidencias temporales, pues entendemos que ella nomina una serie de hechos que colaboran para una mejor comprensin de dos de las problematizaciones freudianas respecto del padre. Atender a la forma en que algunos sectores de los textos de Sigmund Freud pertenecen a las estrategias de familiarizacin de fines del siglo XIX conlleva un recupero de algunos tramos de la obra freudiana concernientes a algunas figuras del padre normalmente relegadas a un olvido del cual puede afirmarse que resulta al menos dudoso.
En primera instancia, una investigacin en curso de la cual no podemos aqu ms que brindar algunos resultados, nos ha conducido a la certeza de que la historia inicial de la disciplina psicoanaltica debe ser considerada a la luz de su comparacin con aquel paradigma psiquitrico conocido como la teora de la degeneracin. Pues dicho contraste permite a la vez comprender de manera ms acabada las prcticas con las cuales el psicoanlisis estableci una inicial disrupcin; y posibilita tambin sopesar la existencia de mltiples resabios de un dilogo que no siempre se sald con una radical e irrecuperable ruptura. En tal sentido, una primera modalidad de la paternidad que es posible hallar en la teora freudiana contina con total fidelidad, y con idnticos trminos, las obsesiones de la medicina degeneracionista. Pues el fundador del psicoanlisis expres en varias oportunidades su hiptesis de que los descendientes de padres sifilticos presentaban una constitucin especial que los predispona en gran medida al desarrollo de trastornos psicopatolgicos[5]; por otra parte, sabemos por el testimonio de su principal bigrafo que el mdico viens no abandon jams dicha postura[6]. El padre sifiltico es una de las figuras del padre en Freud, y las innumerables referencias que en l delatan una aceptacin del paradigma heredo-degeneracionista de las cuales no podemos aqu ms que hacer una mencin- dan cuenta de que el saber freudiano tuvo formas de plantear las relaciones y transmisiones generacionales que hoy nos son ajenas, y respecto de las cuales la relectura lacaniana no puede sino desconocer o tergiversar intentando vanamente retraducirlas en trminos de deseo parental o marcas significantes. Cualquiera que conozca las actas de las reuniones de la sociedad de Viena sabe de ello.
En segunda instancia, la reubicacin de la disciplina psicoanaltica en el concierto de medidas que redefinan las estrategias de abordaje de los asuntos familiares, nos permite analizar uno de los captulos ms problemticos del desarrollo de la teora freudiana: el presunto abandono de la teora de la seduccin. Sin la toma en consideracin de la coincidencia temporal del Edipo y las medidas protectoras de la infancia, permanecen en la ms profunda oscuridad las particularidades del acontecimiento de la seduccin, de las cuales no es la menos llamativa la vacilacin freudiana para poder dar cuenta de lo sucedido. En qu residira la ambigedad de Freud en el asunto? Recientes anlisis de los textos freudianos esclarecen en gran medida diversas particularidades acerca de dicho suceso de la construccin del edificio terico de Freud[7]. Por una parte, sabemos que la hiptesis de la efectividad etiolgica de los atentados sexuales se formula entre los aos 1895 y 1897, explicitndose principalmente en tres escritos de 1896; tras su refutacin en la clebre carta a Fliess del 21 de septiembre de 1897, Freud la retoma an en dos misivas de diciembre del mismo ao. El abandono definitivo debe aguardar hasta 1899, aunque no ser sino en 1905 cuando por vez primera Freud declara en un escrito la falsedad de sus tempranas nociones. De todas formas, Freud nunca neg que la seduccin pudiese desempaar un papel en la produccin de neurosis, tal y como podemos observar a partir de un enunciado perteneciente a su Presentacin autobiogrfica de 1925. A qu obedeca la demora del viens por hacer pblico el reconocimiento de su error?
No habr acaso que hallar un indicio de solucin en la estofa misma de la creacin de la teora de la seduccin? Pues es momento ya de reconocer que resulta poco probable que Freud haya elaborado su teora de la seduccin a partir de la ingenua escucha de unos relatos en los cuales sus pacientes narraban atentados sexuales sufridos en su infancia. Esas jvenes daban a su mdico aquello que ste quera, decan aquello que l deseaba escuchar, confesaban eso sin lo cual aquel no cejara en perseguirlas. La teora de la seduccin es menos el nombre de una de las etapas de un neutral desarrollo epistmico que el ttulo de una de las trampas en que el primer psicoanlisis se vio arrojado. Es el equivalente al nivel del gabinete viens y sin testigos de la treta en que Charcot cay y de la cual su renombre no pudo jams recuperarse. Por un lado, los desarrollos de Esterson y de Webster son suficientemente concluyentes en el sentido de indicar que los mismsimos textos freudianos demuestran que las escenas de seduccin eran reconstrucciones e interpretaciones que Freud haca a partir de sus preconcepciones tericas, y no, tal y como ste afirmar en sus posteriores recuentos, espontneos decires de muchachas desgarradas. Todos esas historias no hacan otra cosa que colmar eso que Freud, en el clmax del sinceramiento, llamaba ...mi deseo de sorprender a un padre como provocador de una neurosis, poniendo as punto final a mis dudas todava persistentes (carta del 31-5-97). Apenas si podemos esconder nuestra sonrisa al escucharlo decir que En la poca en que el principal inters se diriga al descubrimiento de traumas sexuales infantiles, casi todas mis pacientes mujeres me referan que haban sido seducidas por su padre (Conferencia 33: la feminidad).
Basta repasar la correspondencia con Fliess y los escritos que le son contemporneos para leer hasta el hartazgo la repeticin del mismo patrn de esperanzas puestas por Freud en los frutos de la teora de la seduccin, y la similar obstinacin que aquel confesaba aplicar en hallar en los relatos de sus pacientes confirmaciones a sus conceptos. Por tal razn, hay que hacer una lectura literal de una frase como la que sigue: Bajo el esforzar a que los someta mi procedimiento tcnico de aquella poca, la mayora de mis pacientes reproducan escenas de su infancia cuyo contenido era la seduccin sexual por un adulto (...) Cuando despus hube de discernir que esas escenas de seduccin no haban ocurrido nunca y eran slo fantasas urdidas por mis pacientes, que quiz yo mismo les haba instilado, qued desconcertado un tiempo (Presentacin autobiogrfica)
A dicha evidencia cabe agregar otros rasgos que apuntan tambin a sealar la ambigedad de las reinterpretaciones que Freud hizo, incluso desde muy temprano, de los pormenores de la teora de la seduccin. En tal sentido, existe una franca diferencia en las primeras formulaciones de dicha teora, en las cuales se sealaba como seductores tanto a maestros como a hermanos o nodrizas, sin casi mencin a los padres, y las ulteriores alusiones a la misma, en las que Freud, sin que medie explicacin, afirma que el seductor era siempre el padre de la vctima. Por otro lado, Webstern demuestra con total claridad que Freud confesaba en su correspondencia no haber logrado la curacin de ninguno de los pacientes mencionados en los textos sobre la seduccin, curacin que en stos ltimos era esgrimida como confirmacin de la exactitud de sus nociones.
Por ltimo, y en otro orden de cosas, no podramos repetir la pertinente pregunta de Esterson que interroga sobre la razn por la cual luego de disuelta la teora de la seduccin los pacientes dejaron de proferir esos relatos que supuestamente anteriormente hacan sin esfuerzo? Si esas historias eran slo fantasas edpicas, si en esas quejas no deban orse sino las seales del complejo nuclear, por qu misteriosa causa nunca nadie ms habl de seducciones infantiles?
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El padre sifiltico y el padre seductor constituyen dos versiones de la paternidad renegadas del psicoanlisis freudiano, dos incmodas figuras que el pavor de la ortodoxia compele a retraducir en tranquilos caracteres o a esconder bajo la alfombra. Tanto el uno como el otro dan cuenta suficientemente que el saber freudiano fue desde sus inicios una peculiar problematizacin tanto de la transmisin generacional como de los altercados hogareos. Y ello se ejerci mediante la puesta en juego de una extremada preocupacin por la sexualidad. A una prudente distancia de las polticas eugensicas y de los emprendimientos del proteccionismo familiar, la prctica analtica implic un tratamiento novedoso de la cuestin familiar. Siguiendo a Donzelot, podramos afirmar que el psicoanlisis fue de alguna forma un efectivo segmento de la empresa emprendida a fines del siglo XIX en vistas a resolver un problema fundamental: compatibilizar el principio de autonoma familiar con las prcticas de socializacin de los individuos[8]. Reubicar la prctica freudiana en dicho escenario recordando que no es casual que uno de sus primeros decires haya concernido a los nios, la familia y la sexualidad, y sealando que su emergencia coincide con las primeras medidas de proteccin de la infancia, no conlleva de ningn modo sostener que all se acaba la verdad o el alcance de aquella error del cual Donzelot no escapa-, sino que ms bien persigue aprehender las condiciones histricas que abrieron la posibilidad de su enunciacin.
La equivocidad que gobierna la apropiacin freudiana de aquello que suceda en su seno bajo el nombre de teora de la seduccin, as como la ambivalencia que es posible detectar en el posicionamiento por parte de Freud frente a las preocupaciones degeneracionistas, se recortan como los representantes de la imposibilidad de un saber por reconocerse en los entramados histricos a los cuales responda. Sendas vacilaciones son equivalentes al impedimento freudiano merecedor de un anlisis detenido- en dar fe cierta del papel desempeado por la hipnosis y la sugestin en el nacimiento de la tcnica analtica, en tanto que esta ltima dificultad es el envs del escollo del psicoanlisis por definir su posicin en relacin a las prcticas mdicas que le eran contemporneas. Los dos padres freudianos arriba descritos confirman que all, en ese saber entonces naciente, se trataba de una respuesta a las tensiones surgidas dentro de uno de los registros de lo social; y tambin corroboran que uno de los secretos de la efectividad de la propagacin de la nueva disciplina reside en la solucin que propona para la administracin de las transmisiones generacionales al momento en que se volvan caducas los viejos ordenamientos de la familia patriarcal, e intiles y costosos los intentos de reduccin drstica de la autonoma familiar mediante una filantropa invasora.
[1] Publicado en Psicoanlisis y el hospital, ao 15, nmero 30: Paternidad y filiacin, Ediciones del seminario, Noviembre 2006, pp. 32-36.
[2] Cf. Michel Foucault, Introduction, Dits et crits, Tomo I, Gallimard, Pars, 1994, pgina 69.
[3] Cf. Michel Foucault, La voluntad de saber, Siglo XXI, Mxico, 2000, pp. 157-158; Los anormales, FCE, Buenos Aires, 2001, pgina 253.
[4] Cf. Marguerite Duras, Hiroshima mon amour, Gallimard, Pars, 2005. Cursivas en el original.
[5] Cf. Sigmund Freud, Tres ensayos de teora sexual, Obras Completas, Volumen VII, Amorrortu, Buenos Aires, 1999, pp. 215-216; Fragmento de anlisis de un caso de histeria [Caso Dora], op. cit., pp. 20, 66. Dicha hiptesis haba sido sugerida ya en tres escritos de la dcada de 1890: Charcot, Sumario de los trabajos cientficos del docente adscrito Dr. Sgm. Freud y Manuscrito B.
[6] Cf. Ernest Jones, Vida y obra de Sigmund Freud, Tomo III, Ediciones Horme S.A.E., Buenos Aires, 1981, pgina 326. En consonancia con esto ltimo, su analizante J. Wortis da cuenta de que en 1935 Freud segua inclume en su creencia acerca de los efectos deletreos de la sfilis sobre la descendencia (cf. Joseph Wortis, Fragments of an analysis with Freud. A first-hand account, Charter Books, New York, 1963, pp. 132-133).
[7] Cf. Allen Esterson, Seductive mirage, Open Court, Illinois, 1993, pp. 1-31; Frank Sulloway, Freud, biologist of the mind, Harvard University Press, Cambridge, 1992, pp. 313-314; Richard Webster, Por qu Freud estaba equivocado, Ediciones Destino, Barcelona, 2002, pp. 199-240; John Forrester, Seducciones del psicoanlisis, FCE, Mxico, 1995, pp. 45-63, 79-111; Peter Gay, Freud. Una vida de nuestro tiempo, Paids, Buenos Aires, 1989, pp. 123-124.
[8] Cf. Jacques Donzelot, La polica de las familias, Pre-textos, Valencia, 1979, pp. 95-96.