Lmites del lenguaje de la fraternidad para la escritura de la historia del psicoanlisis. Dos ejemplos vieneses[1].
Mauro Vallejo
A nadie sorprende ya que se utilice con total desenvoltura el lenguaje de la filiacin para describir las instituciones psicoanalticas. La creacin de nuevas sociedades, el desmembramiento de las antiguas, las defecciones que una y otra vez alteran la paz frgilmente alcanzada, se enuncian partiendo de trminos que sugieren ver all los retornos o las reduplicaciones de mecanismos que la teora ha imputado a la mtica horda primitiva, a la masa o la clula familiar.
Resulta muy difcil sopesar la pertinencia de esos esquemas, sobre todo cuando no queda claro en ningn momento si aquello que es afirmado por tales enunciados es del orden de la simptica analoga o posee el estatuto de calculable reproduccin. Que se trate de uno u otro conlleva consecuencias importantes; pero en ningn caso puede obviarse la pregunta por las ventajas de aplicar esas grillas de inteligibilidad a los acontecimientos que estn en juego. No obstante, una cosa es indudable: merced a una lgica que no dudo en llamar ingenua, se tiende a yuxtaponer la distancia temporal con la seguridad con la cual se confa en los trminos filiatorios. Es decir, cuanto ms tempranos los hechos analizados, con mayor despreocupacin y holgura se echa mano al lenguaje de la horda a la hora de relatar el pasado del movimiento psicoanaltico. No es ocasin de demostrarlo, pero tanto las pginas de Jones como las de Roustang, as como las de Roudinesco y Rodrigu, estn atravesadas por ese singular adagio: tanto mayor la cercana con los primeros actos, tanto ms apropiado transcribir esos eventos con las hiptesis del banquete totmico, del culto al lder o de la hermandad.
Es evidente que estas observaciones no son ajenas a un cuestionamiento acerca de la conveniencia de la utilizacin de los conceptos psicoanalticos en aras de investigar el pasado de ese mismo saber. Sin embargo, dejaremos de lado esa discusin, para en cambio efectuar algunas disquisiciones sobre los primeros integrantes del movimiento psicoanaltico. Lo haremos a travs de un doble movimiento; por una parte, mediante un anlisis detallado del lugar que Freud reservara a sus colegas vieneses en algunos de sus escritos. Por otra parte, merced al comentario de una fascinante biografa sobre Freud escrita por uno de sus primeros aclitos, extraamente olvidada, sospechosamente desaparecida de los anaqueles de la historiografa, y recuperada hace poco tiempo. En tal sentido, se podra decir que haremos un recorrido por ciertas lneas de tensin que atraviesan a esos primeros hermanos del prolfico saber; pero utilizar ese lenguaje tan desgastado; apelar a esas categoras tan hogareas, no hara sino dejarnos desarmados para entrever lo que all realmente suceda.
De Breuer a Jung, o los diez aos de una fingida soledad.
Las fuentes a las cuales tiene acceso actualmente, le permiten al historiador ensayar relatos muy pormenorizados acerca de los primigenios intentos por construir un movimiento psicoanaltico. As, se ha podido reconstruir con una precisin encomiable la serie de pactos, cautelas y especulaciones gracias a los cuales Freud logr deshacerse de sus dos principales rivales en el seno de la Sociedad Psicoanaltica de Viena, Alfred Adler y Wilhelm Stekel[2]. De nada servira temer que esos ensayos se sustentan en la bsqueda de alguna terrible perfidia de la mente freudiana; totalmente vano sera atribuir a esos trabajos el deseo de desacreditar la honradez de Freud[3]. Se trata, en cambio, de aprehender que ms vale recurrir a los vocabularios de la batalla y la estrategia, y no tanto a los de la fratra o la horda, con el fin de dar cuenta de la constitucin y consolidacin de esos grupos psicoanalticos.
Aquellos lenguajes se condicen muy bien con el fenmeno que ahora pasaremos a evaluar, el cual atae a las pginas de diversos escritos freudianos. En efecto, cmo explicar la obstinacin puesta por Freud en tergiversar unos datos histricos al parecer sin importancia, si no es a travs de una toma en consideracin de sus estrategias de difusin y sus polticas de reclutamiento? Nos estamos refiriendo a la reiterada decisin de Freud de declarar que el final de su aislamiento y ostracismo se produjo recin en 1906 o 1907. Siendo que las reuniones vienesas de los mircoles se iniciaron a fines de 1902, y teniendo en consideracin los espordicos discpulos que Freud haba podido alistar luego de su ruptura con Breuer (nombremos solamente a Emma Eckstein y Felix Gattel)[4], qu razn, si no sus insistentes intentos por seducir a la psiquiatra suiza, permitira aclarar los deslices que ahora comentaremos?
La primera aparicin del rasgo que aqu nos interesa se produce nada menos que en uno de los escritos ms polticos de Freud. De hecho, en su trabajo de 1914 referido a la historia del movimiento analtico, el autor afirmar que ...el psicoanlisis es creacin ma, yo fui durante diez aos el nico que se ocup de l...[5]. Tal y como veremos dentro de unos instantes, el decenio al que alude de esa forma est constituido por el perodo comprendido entre las desavenencias con Breuer y el inicio de los contactos con la Suiza de Jung y Bleuler. Por el momento, urge sealar que la sentencia recin citada contradice diversos pasajes del mismo escrito, en los cuales Freud menciona con exactitud la fecha de comienzo de las reuniones de los mircoles.
La siguiente ocasin en que la mentada denegacin del grupo viens se produce, es particularmente valiosa, puesto que en el gesto mismo en que Freud se erige en nico participante de la nueva disciplina, queda muy en claro qu momento sita l como el fin del asilamiento. En uno de los dos artculos escritos para una enciclopedia, titulado Psicoanlisis, y redactado en el ao 1922, Freud sostiene: Ms o menos hasta donde lo llevamos expuesto, el psicoanlisis avanz merced al trabajo del que esto escribe, quien, durante ms de un decenio, fue su nico sostenedor. En 1906 los psiquiatras suizos Eugen Bleuler y Carl G. Jung empezaron a participar activamente en el anlisis[6]. Es decir que la entrada en escena de los colaboradores suizos es, segn Freud, el acto que concluye su soledad, producindose de ese modo a nivel del relato freudiano un borramiento de la participacin de los vieneses, los cuales sern nombrados slo como uno de los grupos integrantes de la Asociacin Internacional.
En Breve informe sobre el psicoanlisis, escrito al ao siguiente y publicado en 1924, Freud vuelve a decir que fue el nico en practicar y desarrollar el psicoanlisis por ms de un decenio luego de la creacin de la asociacin libre[7]. Una cita de uno de los prrafos siguientes no deja margen de duda en lo concerniente al sentido en juego en dicha sentencia: La acogida que se le depar en el mundo cientfico fue, no obstante, poco amistosa. Durante casi un decenio nadie prest atencin a los trabajos de Freud. Hacia 1907, un grupo de psiquiatras suizos (Bleuler y Jung, en Zurich) se ocuparon del psicoanlisis...[8].
En la clebre Presentacin autobiogrfica, editada en 1925, Freud vuelve a mencionar al grupo viens como primer compaero de ruta[9], mas sigue existiendo una contradiccin respecto de las fechas, pues nuevamente repite que durante ms de un decenio luego de su ruptura con Breuer no tuvo discpulo alguno[10]. En otro escrito del mismo ao, Las resistencias contra el psicoanlisis, Freud reitera el aislamiento de un decenio: Tras ser ignorado por completo durante un decenio, de pronto pas a ser objeto del inters ms universal...[11]. Por ltimo, el periplo se cierra con el escrito para la Enciclopedia Britnica, de 1926. En el apartado dedicado a las peripecias externas del psicoanlisis, el autor reduplica la negacin de la participacin temprana del crculo viens, tal y como ya lo haba hecho en el anterior texto para una enciclopedia y en Breve informe sobre el psicoanlisis. Una vez ms la aparicin del inters de los suizos viene a reemplazar cualquier mencin a los prematuros aclitos de su ciudad de residencia: El psicoanlisis, cuyos comienzos pueden marcarse con dos fechas (Breuer y Freud, Estudios sobre la histeria, 1895; Freud, La interpretacin de los sueos, 1900), no despert al principio inters ninguno entre los mdicos y el pblico. En 1907 se inici la colaboracin de un grupo de psiquiatras suizos, de Zurich, dirigidos por E. Bleuler y C. G. Jung[12].
Hemos privilegiado uno de los sesgos por los cuales leer los pasajes hasta aqu comentados; en efecto, esas aserciones conllevan un desconocimiento de la participacin de los psicoanalistas vieneses en la labor de difusin y construccin del naciente saber; pero implican asimismo, tal y como ya dijimos, un silenciamiento de la contribucin efectuada por otros discpulos y crculos profesionales. En consonancia con esto ltimo, debemos acotar que los enunciados ya referidos acallan la probada relevancia que la logia juda Bnai Brith desempe para la carrera intelectual de Freud, sobre todo en el lapso de diez aos en los cuales habra presuntamente carecido de interlocutores[13].
Una biografa olvidada.
Cerraremos estas pginas a travs de un breve comentario sobre un episodio que tiene a bien reforzar nuestra vindicacin de un lenguaje de la estrategia, en desmedro de uno propio al familiarismo, para dar cuenta de aquel despertar de las organizaciones psicoanalticas. Se trata de la publicacin, en 1930, y en la propia Viena, de una biografa sobre Freud, la cual sufri un llamativo destino: no slo fue olvidada, sino que adems se la tuvo por indita o inexistente hasta su reedicin inglesa realizada en el ao 2005. Por qu un libro sobre el lder viens literalmente desapareci de la memoria de la disciplina? Cmo pudo suceder que un pequeo pero rico escrito abocado a la vida de Freud haya sido borrado de todos lo anaqueles de las bibliotecas psicoanalticas?
Su autor? Isidor Sadger, mdico judo, uno de los primeros discpulos de Freud, integrante de la Sociedad Psicoanaltica de Viena desde 1906 hasta 1933, y prolfico ensayista sobre temas ligados a la homosexualidad. Alan Dundes, el investigador a quien debemos el afortunado rescate de esas pginas, nos informa en su texto introductorio de la suerte corrida por aquel opsculo y su creador[14]. De esas acotaciones retendremos una en particular: durante las dcadas de 1920 y 1930, Ernest Jones estaba extremadamente atento a toda publicacin que atacara al psicoanlisis o a su creador, llegando en ocasiones a intentar prevenir la aparicin de esas embestidas. Sumido en ese desvelo, habra sugerido a Paul Federn, a travs de una carta enviada entre 1933 y 1934, que Isidor Sadger deba ser enviado a un campo de concentracin con el fin de evitar que su libro efectivamente bastante crtico respecto de ciertos rasgos de Freud- saliera a la luz. Es cierto que el panorama no es suficientemente claro, pues no se entiende cmo Jones hablaba en esos trminos de un libro que ya haba sido editado en 1930. La irona del psicoanalista ingls adquiere un tono macabro cuando nos anoticiamos de que Sadger falleci finalmente en el campo nazi de Theresienstadt, en 1942, tres meses luego de su deportacin a pesar de que ste se haba alejado de las filas psicoanalticas en 1933, su trgico final debera alertar de la exactitud de esa leyenda, devenida clebre en nuestro medio, por la cual Lacan sealaba las consecuencias del hecho de que el movimiento internacional haya evitado que alguno de los psicoanalistas falleciera en los campos del nazismo...
Dundes elegantemente descarta una hiptesis que de todas maneras formula, aadiendo que tiene demasiados visos de conspiracin: quiz la guarda freudiana tom tan a la letra la prescripcin de Jones, que se aseguraron de hacer desaparecer todos los ejemplares del libro de Sadger, con el fabuloso saldo de que ningn investigador pudo luego dar con l, hasta el da en que Dundes, a medias rendido, recibi la esperada noticia: una copia descansaba en la Biblioteca de la Universidad de Keio, en Japn.
La pintoresca ancdota de la biografa de Sadger pondra punto final a esta breve parbola. En sendos casos se trataba de la historia de la Sociedad Psicoanaltica de Viena, institucin que hace las delicias de los anlisis que explotan los conceptos de la horda o la hermandad para relatar la historia de la disciplina. Hemos resaltado desperdigados rastros de estrategias polticas llevadas a cabo por Freud y sus embajadores con un fin oportunamente explicitado: slo los mundanos vocablos de la batalla y la especulacin permiten cernir unos fenmenos que de otra forma pasaran desapercibidos. En el dominio de la historiografa psicoanaltica, los lmites del lenguaje de la fraternidad son demasiado evidentes, sus puntos ciegos tan visibles, que no cabe sino abogar por que un da el pasado de ese saber se escriba respetando las locuciones de la guerra.
[1] Publicado en Psicoanlisis y el hospital, ao 16, nmero 32: Avatares de la fraternidad, Ediciones del seminario, Noviembre 2007, pp. 135-140
[2] Cf. Philip Kuhn, A pretty piece of treachery: the strange case of Dr Stekel and Sigmund Freud, The International Journal of Psycho-Analysis, Volume 79, 1998, Part 6, pp. 1151-1170.
[3] El hecho de que tales investigaciones provengan del tipo de publicacin que las difunde, debera al menos despertar una sospecha: en trminos de erudicin y conocimiento freudianos, no incurre acaso el lacanismo en la ceguera, la ortodoxia y la hagiografa que alguna vez l imput a la IPA? De ser as, qu triste destino para un movimiento que antao se presuma iconoclasta!
[4] Por caso, recordemos que en 1901, Freud haca referencia a toda una escuela de investigadores que habran aceptado y aplicado el psicoanlisis (cf. Sobre el sueo, Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1999, Volumen V, pgina 619).
[5] Sigmund Freud, Contribucin a la historia del movimiento psicoanaltico, O. C., Volumen XIV, pgina 7.
[6] Sigmund Freud, Dos artculos de enciclopedia: Psicoanlisis y Teora de la libido, O. C., Volumen XVIII, pgina 243.
[7] Cf. Sigmund Freud, Breve informe sobre el psicoanlisis, O. C., Volumen XIX, pgina 209: Desde que la hipnosis fue sustituida por la tcnica de la asociacin libre, el procedimiento catrtico de Breuer se convirti en el psicoanlisis, que por ms de un decenio que desarrollado por el suscrito (Freud) solo.
[8] Sigmund Freud, Breve informe sobre el psicoanlisis, O. C., Volumen XIX, pgina 212. Henri Ellenberger, comentando el aislamiento del cual Freud se lamentaba en su autobiografa, afirma que no es claro cundo ubica ste el comienzo y el final de dicha situacin (cf. Henri Ellenberger, El descurimiento del inconsciente, Gredos, Madrid, 1976, pgina 521). A la luz de los fragmentos aqu analizados, comprobamos que es posible determinar con cierta precisin qu signa el fin de tal perodo.
[9] Cf. Sigmund Freud, Presentacin autobiogrfica, O. C., Volumen XX, pgina 45.
[10] Cf. ibd. Esta ambivalencia adquiere en este escrito un tono an ms claro. Freud propone dividir la por entonces breve historia de la disciplina en dos tramos: En el primero, que se extendi desde 1895-96 hasta 1906 o 1907, yo estaba solo y deba hacer por m mismo todo el trabajo. En el segundo tramo, desde los aos mencionados en ltimo trmino hasta hoy, fueron adquiriendo cada vez mayor significacin las contribuciones de mis discpulos y colaboradores... (op. cit., pgina 51).
[11] Sigmund Freud, Las resistencias contra el psicoanlisis, O. C., Volumen XIX, pgina 228.
[12] Sigmund Freud, Psicoanlisis, O. C., Volumen XX, pgina 256.
[13] Cf. Dennis Klein, Jewish origins of the psychoanalytic movement, The University of Chicago Press, Chicago & London, 1985, pp. 69-102, 155-165.
[14] Cf. Introduction, en Isidor Sadger, Recollecting Freud, The University of Wisconsin Press, Wisconsin and London, 2005, pp. vii-lvii.