PSICOANLISIS Y MARXISMO
Armando Surez
11 Conferencias dictadas en la Ciudad de Mxico por Radio Universidad de Noviembre de 1965 a Enero de 1966.
Nota: La presente es la versin realizada de la trascripcin de las grabaciones de audio de las transmisiones radiales. En algunos casos no fue posible transcribir algunas frases o palabras debido a problemas de grabacin en las cintas, o de la diccin del propio Dr. Surez.
Agradecemos al Dr. Juan Diego Castillo el habernos proporcionado copias de las grabaciones y autorizado la trascripcin y publicacin en este espacio.
Conferencia 1
El tedioso deber que el burgus medio se ha impuesto de leer diariamente los peridicos, se ve de cuando en cuando recompensado por algn hallazgo interesante, hace poco por ejemplo, pudimos ver con sorpresa y admiracin un artculo del padre Lemercier sobre la aplicacin del psicoanlisis a todo un monasterio de benedictinos. En este artculo se mencionaba a Darwin, Marx y Freud conjuntamente, y se apelaba a la conciencia cristiana para que asimile y contine la revolucin antropolgica inaugurada por estos tres pensadores. Y no es casual la reunin de estos tres nombres. Partiendo de tres puntos de vista diferentes pero complementarios; la filognesis, la sociognesis y la ontognesis del hombre, los tres han impreso su sello al pensar contemporneo que ya no puede dejar de ser un pensamiento evolutivo, histrico-gentico y explcita o implcitamente dialctico.
El evolucionismo de Darwin tard en imponerse a la conciencia cientfica. No en vano inflinga, como seal Freud, una ofensa implacable al narcisismo humano, pero hoy en da, por mas que contine la discusin sobre los mecanismos de la evolucin, nadie piensa seriamente en negar el hecho de la evolucin de las especies y el origen animal del hombre. El pensamiento de Marx y de Freud no ha obtenido todava un tal reconocimiento unnime, aunque las huellas de su influjo puedan verse por doquier. Su obra, dejando aparte las insuficiencias reales e inevitables, sigue siendo piedra de escndalo para la mayora, ellos han ofendido el narcisismo humano a un nivel ms alto an, han ofendido el narcisismo del supery.
El marxismo ha inspirado un vasto movimiento poltico-social y econmico bajo cuya esfera de influencia se encuentra mas de media humanidad y que es un espectro que amenaza a la humanidad restante, que no puede ignorarlo aunque lo pretenda. El psicoanlisis no puede reclamar para s una tal vigencia histrico-social, su esfera de influencia se ha extendido justamente al mundo no comunista, aqu es tab, y aun dentro de l al sector burgus. A travs de los productos culturales de la burguesa sin embargo el psicoanlisis ha logrado penetrar en la mentalidad del hombre occidental en una medida no alcanzada hasta ahora por ninguna otra ideologa cientfica. La obra de Karl Marx, ms all de su contribucin cientfica a la historia de la economa y la sociologa, es una larga meditacin sobre el hombre alienado de su naturaleza y de sus potencialidades, y un esfuerzo, una praxis orientada a dar a luz un hombre nuevo, emancipado y dueo de su historia. Su punto de partida fue la reflexin crtica sobre la filosofa hegeliana, su enfoque inicial no poda ser pues mas total, se trataba de ir incluso ms all de Hegel, parndole sobre los pies y prolongando su dialctica, pero no ya como una dialctica de las ideas, sino de los hechos histricos. Hasta aqu los filsofos se preocuparon de interpretar el mundo, desde ahora lo importante es cambiarlo. Tal es su programa y el sentido profundo de su praxis. Apenas abandonadas las aulas de la universidad, entr de lleno en la actividad pblica como periodista y poltico, y toda su vida desde entonces fue una serie de polmicas, exilios, actividades de organizacin y propaganda y un incesante estudio para fundamentar sus tesis cientficamente. "Ser radical, -escribi una vez-, es ir a la raz, y la raz es el hombre." Volver el hombre a s mismo, reencontrarlo y recobrarlo es su obsesin, pero para ello es necesario erradicar las causas de su alienacin, los factores que han hecho de l un objeto pasivo de la historia, una cosa, una mercanca y un fetiche.
El punto de partida de Freud, en cambio, es mucho ms limitado. No es el hombre en la totalidad de sus dimensiones, sino el hombre enfermo y ms particularmente el neurtico, el hombre mentalmente alienado. Freud descubre que el sntoma neurtico tiene un sentido, que es la produccin simblica y desfigurada de un conflicto interior, conflicto de cuya existencia no es conciente el enfermo. La conducta del neurtico no est motivada solo por sus objetivos conscientes y deliberados, sino por impulsos inconscientes, he ah un primer descubrimiento, tras l vienen otros. Ese conflicto tiene una historia que se remonta a la mas remota del enfermo, el anlisis de los sueos, de los actos fallidos, del chiste y de otras manifestaciones de la vida cotidiana, le hacen ver que los dinamismos descubiertos en la neurosis, no son algo exclusivo de estas, sino que son procesos generales del psiquismo humano. Lo patolgico aparece como una exageracin cualitativa de lo normal, la analoga entre los sueos y los mitos primitivos, entre ciertos tipos de neurosis y entre ciertos tipos de religin, y en general entre la mentalidad infantil y entre la mentalidad primitiva, le llevaron a estudiar los terrenos de la etnologa, de las ciencias de la religin, y de la historia de la cultura. Lo que haba comenzado siendo una teora psicopatolgica extrada de la observacin y la prctica clnicas acab convirtindose en una Weltangschauung, una concepcin total del hombre y su historia, con la misma ambicin totalitaria que poda descubrirse en la intensin del joven Marx.
En la obra de Marx y Freud, a pesar de tantas diferencias, hay muchos rasgos comunes; en primer lugar, ambos estudian al hombre desde una perspectiva histrico-gentica, parten los dos del evolucionismo darwiniano. Freud haciendo hincapi en el destino biolgico y Marx en el sociolgico. En uno y otro, el hombre aparece vctima de su propia creacin; de la cultura en Freud, de la economa en Marx. En segundo lugar, ambos han partido del anlisis de la anormalidad para comprender al hombre. Freud de la patologa clnica, Marx de la que podramos llamar "patologa social". El hombre socialmente enajenado y el hombre mentalmente alienado. En tercer lugar tanto uno como otro han develado la importancia decisiva de las subestructuras que determinan el ser y el comportamiento de las estructuras humanas; las ideologas en el plano social, como las racionalizaciones en el individual, sirven para enmascarar las motivaciones y los condicionamientos profundos, econmicos e instintivos. De ah que la praxis marxista, tanto como la psicoanaltica se alcen como crticas desenmascaradoras. En cuarto y ltimo lugar, tanto el marxismo como el psicoanlisis pretenden ser una praxis, es decir, un saber aplicado en una accin reflexiva que se modifican al modificar el objeto.
Freud nace en 1856, es decir, ocho aos despus de la publicacin del Manifiesto Comunista, Marx muere en 1883, diecisis aos antes de las primeras publicaciones de Freud sobre la histeria. Cuando Freud comienza a abordar las cuestiones de la filosofa de la cultura, el marxismo es ya un movimiento articulado conducido por un partido poltico internacional que tiene a veces que sacrificar no pocos principios a las exigencias del oportunismo y de la propaganda. El psicoanlisis es en cambio una praxis aun no duea de s, titubeante y en plena fiebre de descubrimiento, que trata de articularse en un sistema cientfico homogneo, utilizando instrumentos conceptuales pertenecientes a otra mentalidad. Ninguno de estos movimientos poda ignorar al otro, ambos luchaban y luchan por el alma del hombre, una confrontacin se impona desde el principio.
La oposicin del propio Freud frente al marxismo fue mas bien escptica y poco clarividente, aunque nunca excluy el dilogo. Uno de sus primeros discpulos, Wilhelm Reich, fue marxista activo. A partir de los aos veinte es cada vez mayor el nmero de los que, siempre en minora, simpatizan con el marxismo y que intentan entablar un dilogo y establecer un puente. Hacia el final de la dcada de los treinta aparece tambin una serie de revisionistas del freudismo algunos de ascendencia europea, pero casi todos residentes en los Estados Unidos donde el psicoanlisis alcanza un xito cientfico y social sin precedentes. El pretendido biologismo de Freud es sustituido por un culturalismo que en principio parecera ms idneo para dialogar en un plano comn con el marxismo. Dentro de la lnea ortodoxa freudiana hay mas bien un esfuerzo constante por explicitar el contenido sociolgico esencial pero implcito en los descubrimientos de Freud y por esta va ciertos intentos de aproximacin al marxismo. De este aspecto histrico hablaremos en nuestra prxima conferencia.
La actitud de los marxistas, ha sido en conjunto mucho ms desconfiada, la lnea ortodoxa del Partido Comunista, que se proclama heredero exclusivo y custodio celoso de la autntica doctrina marxista, ha rechazado desde el principio y en forma inapelable el psicoanlisis, apenas en los ltimos aos, parece esbozarse un tmido cambio de actitud. Ha sido en los pases no dominados por el comunismo, donde han surgido marxistas, ms o menos abiertos, que han encarado el psicoanlisis con un espritu de dilogo y comprensin.
Tanto el psicoanlisis como el marxismo, son praxis histricas a las que amenaza un doble peligro: el dogmatismo en lo terico y la institucionalizacin ortodoxa en lo prctico. Ambos han hecho la experiencia; un pensamiento inicialmente revolucionario se convierte pronto en secta reaccionaria. El germen revolucionario no ha muerto en ninguna de las dos, ni en el Partido Comunista ni en el psicoanlisis ortodoxo, pero la necesidad de una autocrtica constante es imperiosa en ambos movimientos, esa autocrtica es la condicin previa de todo dilogo.
No pretendemos trazar aqu una historia completa de las relaciones entre marxismo y psicoanlisis, ni mucho menos pronunciar un juicio definitivo sobre su posible compatibilidad o incompatibilidad. Sobre el marxismo en s, adems nuestro juicio sera el de un profano, nuestra praxis es la praxis psicoanaltica. Lo que intentaremos, es presentar algunos de los esfuerzos ms significativos realizados hasta la fecha, tanto por parte de los marxistas, como por parte de los psicoanalistas para llegar a una comprensin mutua.
Freud dijo una vez, que el psicoanlisis poda liberar al paciente de su miseria neurtica pero que no poda liberarlo de la miseria de su condicin humana, el psicoanalista tiene que contentarse en la mayora de los casos, con liberar al paciente de sus sntomas y de su angustia y readaptarle a la sociedad. Hay muchos que hacen de esta necesidad una virtud y proclaman a este mundo como el mejor de los mundos posibles, pero se necesita estar ciego para no ver que vivimos en un mundo inhumano y neurotizante, y que los esfuerzos de los psicoanalistas son impotentes para cambiarlo. Evidentemente, este mundo no ha sido creado por los psicoanalistas tampoco, la cuestin est en tomar conciencia de hasta que punto somos cmplices, hasta que punto estamos apuntalando con nuestras reducciones psicolgicas o con nuestro silencio, una serie de estructuras sociales y de ideologas opresivas e injustas. La confrontacin con el marxismo, puede llevar a los psicoanalistas a un saludable examen de conciencia, a una mejora de su praxis y a una visin, ms sincera y clara de su responsabilidad social. Al hombre marxista, la confrontacin con el psicoanlisis podra revelarle el sentido profundo de lo que dice Marx cuando pide que el educador sea educado; los troquelados de la infancia gravitan sobre toda la vida del hombre, an del hombre comunista, y nada puede liberarle totalmente de ellos.
En la conferencia siguiente examinaremos el punto de vista personal de Freud sobre el marxismo y los primeros ensayos de sociologa psicoanaltica, las insuficiencias de esta sociologa saltan a la vista y justifican en parte los intentos de los revisionistas, la obra de estos ltimos es ms conocida hoy en da que la del propio Freud, de forma que no nos demoraremos mucho en sus posiciones, trataremos luego de algunas crticas negativas hechas a Freud desde el lado marxista, consagraremos despus algunas conferencias a tratar el problema de las relaciones del hombre en la cultura, sobre las que Herbert Marcuse a escrito un libro admirable y terminaremos por hacer un balance provisional de las tareas y perspectivas que se nos abren y sobre las que Igor Caruso ha proyectado luces decisivas.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 2
Armando Surez
Como decamos en nuestra conferencia anterior, la elaboracin de la teora psicoanaltica es posterior en mas de medio siglo a la elaboracin del marxismo. Para saber lo que el psicoanlisis piensa del marxismo, lo lgico sera, consultar primero, a su fundador.
Parece que el juicio de este debera de ser definitivo e inapelable, pero para que fuera as, debera cumplirse al menos dos condiciones: en primer lugar, debera Freud estar perfectamente informado del sentido exacto de las tesis marxistas, y en segundo lugar, debera ver claramente todo el alcance y todas las implicaciones de sus propios descubrimientos. Ahora bien, ninguna de estas dos condiciones se ha cumplido. La primera pudo darse de hecho, pero vamos a demostrar inmediatamente que no ocurri as. La segunda hubiera implicado casi un milagro histrico y en sucesivas conferencias veremos hasta que punto las intuiciones de Freud desbordaron siempre, en este como en otros puntos, su conceptualizacin.
Freud se pronunci varias veces, pblicamente, a lo largo de su vida sobre el marxismo, siempre lo hizo confesando lo deficiente de su informacin, fue en sus Nuevas conferencias de introduccin al psicoanlisis redactadas en 1932 donde expuso mas in extenso su pensamiento al respecto. Vamos a reproducir y comentar algunas de sus afirmaciones: "Las investigaciones de Carlos Marx - escribe- sobre la estructura econmica de la sociedad y la influencia de las distintas formas de economa sobre todos los sectores de la vida humana, han logrado en nuestra poca, una indiscutible autoridad. Naturalmente yo no puedo saber en que medida aciertan y en que otra yerran. Algunas tesis de la teora marxista me han causado profunda extraeza, tales como las que la evolucin de las formas sociales sera un proceso natural y las de que las mutaciones sobrevenidas en la estratificacin social, surgen, unas de otras, en la trayectoria de un proceso dialctico. No estoy muy seguro de haber comprendido exactamente estas afirmaciones, que adems no parecen nada materialistas, si no ms bien, un residuo de aquella oscura filosofa hegeliana por cuya escuela paso tambin Marx."
Evidentemente nosotros si podemos estar seguros de que Freud no comprendi nada de la dialctica hegeliana-marxista, hecho que es tanto ms sorprendente cuando que el pensamiento de Freud es en su propia sustancia profundamente dialctico. Tendremos ocasin de verificar esto en nuestras reflexiones posteriores, citamos aqu solo un pasaje muy significativo a este respecto. En la Contribucin a la historia del movimiento psicoanaltico (1914) refiere una discusin que tuvo lugar en una sesin de la Asociacin Psicoanaltica Vienesa y en la que se atribuye a Alfred Adler las siguientes palabras: "Cuando preguntamos de donde procede la represin, se nos contesta que de la civilizacin, pero si luego interrogamos sobre el origen de esta ltima, se nos remite a la primera, no se trata pues sino de un juego de palabras". Freud comenta estas palabras con lo siguiente: "Una pequesima parte del ingenio empleado por Adler para revelar las artes defensivas de su carcter nervioso, hubiera sido suficiente para demostrarles la poca consistencia de cada argumentacin, basta advertir que la civilizacin reposa sobre las represiones de generaciones anteriores y que cada nueva generacin se le plantea la labor de conservar tal civilizacin llevando a cabo las mismas represiones, recordemos aqu, a un nio que se hech a llorar quejndose de que se burlaban de l, porque al preguntar de donde venan los huevos, se le respondi que de las gallinas y cuando luego pregunt que de donde venan las gallinas, le contestaron que de los huevos y sin embargo, su informador le haba contestado la verdad y no con un juego de palabras". Qu otra explicacin puede tener este prrafo de Freud sino una explicacin dialctica? Pero sigamos con el juicio de Freud sobre el marxismo:
"La fuerza del marxismo - escribe - no estriba manifiestamente en su interpretacin de la historia ni en la previsin de porvenir que en ella funda, sino en la perspicassima demostracin de la influencia coercitiva que las circunstancias econmicas de los hombres ejercen sobre sus disposiciones intelectuales, ticas y artsticas. Con ello, se descubri toda una serie de relaciones y dependencias totalmente ignoradas hasta entonces. Pero no se puede admitir que los motivos econmicos sean los nicos que determinen la conducta de los hombres en la sociedad. Ya el hecho indudable de que las razas, pueblos y personas diferentes, se conduzcan distintamente en las mismas circunstancias econmicas excluye el dominio nico de los factores econmicos. No se comprende, en general, como es posible prescindir de los factores psicolgicos, en cuanto se trata de reacciones de seres humanos vivos, pues no es solo que los tales hubieran ya de participar en el establecimiento de aquellas circunstancias econmicas, si no que tampoco bajo su rgimen, pueden hacer los hombres otra cosa que poner en juego sus impulsos instintivos originarios, su agresividad, su necesidad de amor y su tendencia a conquistar el placer y evitar el displacer."
Freud interpreta aqu el pensamiento marxista de acuerdo con la mas extendida y banal de sus falsificaciones, y reprocha a Marx un monismo que le ha sido reprochado a l con tanta o tan poca razn a propsito de su biologismo. Evidentemente que el maestro de Viena se encontraba aqu bajo el influjo irresistible de factores ideolgicos y clasistas, que le hacan escotomizar la realidad del tema en discusin. Es verdad que siempre se mostr abierto a la rectificacin. En 1937 R.L. Quarrel(?) le critic el haber afirmado que para el marxismo los cambios sociales solo se deben a fuerzas econmicas y le inform que Marx y Engels han admitido que su anlisis del papel que desempean los factores econmicos no excluye la accin de los factores psicolgicos. He aqu como respondi Freud: "S que mis comentarios sobre el marxismo no prueban de mi parte, ni un amplio conocimiento, ni una comprensin correcta de las obras de Marx y Engels. Despus, he ledo con verdadera satisfaccin, que ninguno de los dos autores ha negado la influencia de las ideas ni de los factores del supery. Esto quita valor al contraste entre marxismo y psicoanlisis que yo crea que exista." Freud crey que el marxismo debera ser completado. "Si alguien pudiera indicar al detalle, como estos distintos factores, la disposicin instintiva humana en general, sus variantes raciales y sus connotaciones culturales, se conducen bajo las condiciones de la ordenacin social, de la actividad productiva, y de las posibilidades adquisitivas, si alguien pudiera hacerlo as, completara el marxismo, haciendo de l una verdadera sociologa. Pues tampoco la sociologa, que trata de la conducta del hombre en la sociedad, puede ser otra cosa que psicologa aplicada. En rigor, no hay mas que dos ciencias: la psicologa pura y aplicada, y la historia natural." Aqu se muestra Freud, una vez mas, preso de esquemas mentales pertenecientes a una poca de positivismo cientfico, al que el psicoanlisis tena que desbordar. Una vez mas, niega lo mejor de sus propios descubrimientos y se pone en contradiccin consigo mismo. Un marxista podra siempre objetar: "Pero, es que existe una conducta humana fuera de la sociedad?"
En verdad Freud mismo daba la respuesta en su Psicologa de las masas y anlisis del yo (1921) cuando escribi: "En la vida anmica individual, aparece integrado siempre, efectivamente, el otro, como modelo, objeto, auxiliar, o adversario, y de este modo, la psicologa individual es al mismo tiempo y desde un principio, psicologa social; en un sentido amplio, pero plenamente justificado."
El psicoanlisis lleva en s mismo el peligro del psicologismo como el marxismo amenaza efectivamente a reducir todo al interjuego de los factores econmicos. Mientras no se reconozca la complementariedad dialctica entre la psicologa y la sociologa, el problema quedar insoluble. Efectivamente, Freud reduce la sociologa a psicologa social. Pero una sociologa objetivista, -y el marxismo lo es por antonomasia- se resistir siempre a una tal reduccin. Para una sociologa objetivista como ha sealado Bastide, "los hechos sociales no pueden explicarse sino por otros hechos sociales antecedentes, y nunca, ni aun en ltimo anlisis, por hechos psquicos"; pero hasta donde es posible distinguir un hecho psicolgico de un hecho social?
En Esquema del psicoanlisis (1938) Freud afirma al comienzo de su parte sistemtica: "Psicoanlisis, es el nombre, primero, de un mtodo para la investigacin de procesos anmicos no accesibles de otro modo; segundo, de un mtodo teraputico de las perturbaciones neurticas basado en tal investigacin; y tercero, de una serie de conocimientos psicolgicos as adquiridos, que van constituyendo una nueva disciplina cientfica". Los dos primeros aspectos, investigacin y teraputica, constituyen la praxis psicoanaltica, indudablemente la aportacin ms genial de Freud. El tercer aspecto, es el mas complejo y no se puede considerar como un todo homogneo.
Hay en la psicologa psicoanaltica una serie de conceptos operacionales que son homogneos con la materia de la praxis psicoanaltica, esto es, con la experiencia vivida en la situacin psicoanaltica; pero, hay toda una serie de conceptos que han sido tomados en prstamo a otras ciencias, constituidas en sistema de referencia privilegiado. La fsica mecanicista de Helmholtz, el evolucionismo darwiniano y la biologa de Weismann entre otros, constituyen lo que Freud llam la metapsicologa del psicoanlisis. Tales son, sus teoras sobre el aparato mental y sus instancias psquicas, Ello, Yo y Supery, sobre los instintos y sus destinos, sobre la tpica y dinmica del inconsciente, etc., etc.
Este sistema de referencia, absolutamente inocuo cuando se toma como simple recurso heurstico para orientar y para ordenar la praxis, tropieza con no pocas dificultades cuando se pretende concederle un rigor cientfico sin criticar sus bases y su alcance epistemolgico. Cuando esta metapsicologa se extiende hasta hacerla explicar el acontecer social humano, este intento implica la introduccin de nuevos postulados, mas criticables aun que los anteriores. El psicoanlisis no ha dejado de ofrecer desde el principio el flanco a la crtica justamente por eso. El error de muchos crticos ha sido, sin embargo el pensar que el psicoanlisis haba que tomarlo o rechazarlo en bloque, o bien, que se poda corregir sus deficiencias sistemticas inspirndose en principios ajenos al propio mtodo psicoanaltico. Tales han sido, a nuestro parecer, los camino recorridos por las crticas marxistas ortodoxas, y por otras escuelas psicolgicas por una parte, y por los revisionistas del psicoanlisis por la otra.
Efectivamente, tanto Freud como la vieja guardia del psicoanlisis, tendan a hacer de la psicologa psicoanaltica una sociologa de inspiracin biolgica. Nadie puede negar los mritos alcanzados por muchos de estos investigadores a la hora de explorar los mecanismos psicolgicos que han posibilitado la existencia y el funcionamiento de instituciones sociales tales como el totemismo, la magia, ritos religiosos, etctera. Ferenczi, por ejemplo, intento deducir la gnesis del capitalismo, -pisando en esto peligrosamente el terreno de los marxistas- a partir de las vicisitudes del instinto parcial ligado a las funciones excretoras, o bien, aadi una ampliacin y un correctivo a su explicacin proponiendo el tomar en cuenta las tendencias captativas orales. Ambos suponan, con Freud, la herencia de los caracteres adquiridos; idea que dicho sea de paso, es tambin muy cara a los cientficos soviticos.
Roheim pas por encima de estas dificultades eliminando en parte el lastre del biologismo mecanicista y demasiado ingenuamente evolucionista de Freud. La fecundidad del mtodo patolgico de explicacin, es decir, el transferir la explicacin de los mecanismos neurticos a la formacin de las instituciones sociales, llevaba consigo sus riesgos; uno de ellos, era el prestarse a las interpretaciones mas arbitrarias, a abandonarse al juego de las asociaciones libres. Lo que unos interpretaban como resultado del trauma del nacimiento, otros lo hacan derivar del narcisismo, y otros, en fin, del complejo de Edipo.
Estas y otras dificultades contribuyeron muy poderosamente a que, all por los aos treinta y tantos, se desarrollara un movimiento revisionista del psicoanlisis, cuya gnesis y significacin procuraremos esbozar en nuestra prxima conferencia.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 3
Armando Surez
Como indicbamos ya en la conferencia anterior, hacia el final de los aos 30 se produjo principalmente en los EE.UU. un movimiento reformista dentro del psicoanlisis, sus portavoces fueron en su mayora emigrantes europeos. Justamente uno de los factores que determinaron este cambio de orientacin fue la constatacin de que la configuracin fenomenolgica de las neurosis en los Estados Unidos era diferente a la que estaban acostumbrados a ver en Europa. Un cambio as, se dijeron, no poda provenir sino de factores culturales. Otro de los factores que precipitaron este movimiento fue la crtica realizada por los antroplogos. Los etnlogos, en efecto, adoptaron en un principio una actitud escptica y desdeosa frente al psicoanlisis. En gran parte, se trataba desde luego de resistencias afectivas, pero haba tambin muchas razones cientficas para mirar con reservas la intromisin del psicoanlisis en el campo de la etnologa. Hubo un momento sin embargo en que algunos etnlogos que miraban con simpata al mismo se propusieron someterlo a una prueba examinndolo a la luz de los nuevos hallazgos. Tales fueron, entre otros, Bronislaw Malinowski, Margaret Mead, Ralph Linton y otros. Los resultados fueron en parte negativos y en parte positivos. En el punto que pusieron mas insistencia fue en la negacin de la universalidad de los complejos psicoanalticos y especialmente en el complejo de Edipo, cuya universalidad era aparentemente postulada por el biologismo freudiano. Para Kardiner, uno de los revisionistas mas conspicuos, el punto de vista gentico de Freud estaba viciado por una aplicacin ingenua del principio de Hekel segn el cual el individuo recapitula en la ontognesis la filognesis de la especie, por eso el complejo de Edipo no era solo el fenmeno nuclear de la neurosis, sino el complejo nuclear en torno al cual estaban dispuestos concntricamente todos los dems factores de la organizacin social y de la cultura. Esta proposicin, dio carcter definitivo a la analoga; "los procesos en el individuo y los procesos en la sociedad eran semejantes, mas aun, idnticos. El individuo tiene un complejo de Edipo, la sociedad lo tiene tambin y lo ms probable es que este se base en algn hecho ocurrido en el pasado remoto de la especie, lo mismo que en la historia del individuo". Es evidente que Freud se propona llenar los requisitos de una teora de la recapitulacin y no deduca su conclusin de los hechos. Y como quiera que no se dispona de hechos, se invent un mito cientfico, as calificado por el propio Freud, para satisfacer la necesidad. Para la sociologa, sigue diciendo Kardiner, la consecuencia ms grave de esta teora fue tal vez lo limitado del uso que permita hacer de los datos procedentes de la antropologa. Habiendo sido Freud uno de los primeros psiclogos que descubri y describi con infinito cuidado las reacciones del nio ante las influencias del medio ambiente, insiste en desarrollar el punto de que tanto las represiones como la materia reprimida estn filogenticamente determinadas de antemano. Siguiendo la orientacin elegida por Freud, se hace imposible la investigacin ulterior en el campo de la psicologa social y la tarea del investigador se reduce a confirmar meramente la tesis establecida. Esta crtica est sin duda justificada, por lo que se refiere a determinados rasgos explcitos en la orientacin freudiana pero deja en la sombra justamente otros implcitos, pero no menos reales, que compensan dialcticamente estas deficiencias. La renuncia al concepto de instinto, como concepto operatorio, supone su sustitucin por otros conceptos, -necesidades, afectos, por ejemplo-, aparentemente mas flexibles y matizados, pero que dejan el problema sin resolver.
Qu cosa son esos factores sociolgicos y culturales a los que apelan Kardiner y otros culturalistas? En Karen Horney y Harry Stack Sullivan el revisionismo es aun mas radical e impone un desplazamiento decisivo del acento de lo biolgico a lo cultural, de lo infantil a lo actual interpersonal. Hay en ellos juntamente un cierto optimismo respecto a las capacidades creadoras de la personalidad y a la constructividad de lo social. La sensacin de inseguridad y de soledad aparecen como el motor de las neurosis, pero estas neurosis son una reaccin a las condiciones sociales del medio ambiente. De toda esta generacin de psicoanalistas culturalistas es sin duda Erich Fromm el que goza de mayor audiencia y el que ha acometido la labor mas ambiciosa: realizar una sntesis de un cierto existencialismo humanista, el psicoanlisis y el marxismo. Su amplia cultura histrica, la vastedad de sus intereses intelectuales y su estilo vivs y elegantsimo le han valido una difusin que supera en muchos medios a la del propio Freud. No habla en el leguaje esotrico habitual a los analistas y domina la tcnica del anlisis sociolgico, aqu en Mxico es especialmente conocido, lo que nos dispensa de demorarnos mucho en la exposicin de sus puntos de vista.
La obra de Erich Fromm se distribuye en tres periodos: uno psicoanaltico mas o menos ortodoxo, otro de elaboracin histrico-sociolgica y filosfica de su psicoanlisis humanista y un ltimo periodo todava en despliegue en el que parece superar lo anterior en direccin a una mstica emparentada con el budismo zen. De sus primeras contribuciones psicoanalticas Fromm trata de liberar la teora de Freud de su identificacin con la sociedad actual, de precisar las nociones psicoanalticas que revelan la conexin entre las estructuras instintivas y las econmicas y de indicar las posibilidades concretas de superar nuestra civilizacin patriarcal y autoritaria. A partir de su obra El miedo a la libertad se aparta ya decididamente de la ortodoxia freudiana para construir su propio sistema, rechaza la teora de los instintos y se propone una transposicin de los hechos observados por el psicoanlisis en un registro en parte filosfico, en parte psico-social. El hombre se encuentra desgarrado por una serie de dicotomas de las cuales unas son existenciales, inmanentes a la condicin humana y otras histricas, productos de una determinada organizacin histrico-social. Las diferentes estructuras sociales troquelan diferentes tipos de carcter social pero en la medida que estas estructuras no responden a las necesidades humanas fundamentales, alienan al hombre y provocan en l una serie de reacciones caracterolgicas que l describe como mecanismos de evasin. Erich Fromm rechaza la metapsicologa freudiana de los instintos, de las instancias psquicas, del principio de placer y de la tpica del inconsciente. Retiene las nociones de los mecanismos de defensa, en parte bajo la forma de mecanismos de evasin y la creencia en la irracionalidad y el dinamismo psquico del inconsciente, cree que el hombre es un ser social por naturaleza y no forzado por la cultura, piensa que la civilizacin no tiene solo una funcin represiva, sino creadora, y defiende tambin una serie de ideales humanistas de justicia, libertad e igualdad como ideales autnticos y no como l le atribua a Freud como simples racionalizaciones o ilusiones fundadas en distintos(?). Fromm ha realizado un anlisis penetrante y estremecedor de la sociedad capitalista, de sus contradicciones y de los diferentes mecanismos de evasin y caracteres improductivos que fomentan al hombre contemporneo. Como solucin se decide por un socialismo humanista o en otra frmula por un comunitarismo humanista. No se ha limitado Fromm a revisar el psicoanlisis sino que ha realizado tambin una crtica del socialismo, sobre todo en su versin marxista. Fromm se considera sinceramente marxista y a defendido con no poca valenta la figura y el mensaje autnticos de Marx contra la histeria anticomunista burguesa en los EE.UU. Ha reivindicado el humanismo de Marx y se ha identificado con su programa de emancipacin del hombre y por la superacin de todas sus alienaciones. "Marx, -dice-, postulaba que las condiciones materiales determinan el modo de produccin y de consumo y que este a su vez determina su organizacin socio-poltica, su modo de vivir y finalmente su modo de pensar. La incomprensin generalizada de esta teora consisti en interpretarla como si Marx hubiera dicho que la lucha por la ganancia era el principal mvil del hombre. Ahora bien, el concepto que Marx tena de la importancia del factor econmico no era un concepto psicolgico, a saber: como motivacin econmica en un sentido subjetivo. Era un concepto sociolgico en el cual el desenvolvimiento econmico era la condicin objetiva del desenvolvimiento cultural. Su principal crtica del capitalismo era precisamente que haba motivado al hombre por la preponderancia de los intereses econmicos. Marx con su mtodo dialctico super el materialismo del siglo XIX y cre una teora verdaderamente dinmica y totalista basada en la actividad del hombre y no en su fisiologa."
Pero Fromm piensa que Marx cometi un grave error al subestimar las fuerzas irracionales que actan en el hombre y le hacen tener miedo a la libertad y que producen un ansia de poder y destructividad. De este error proceden a su juicio otros tres, en primer lugar el olvido del factor moral en el hombre, Marx, segn Fromm, no vio que personas que no haban sufrido un cambio moral en su vida interior no podan dar vida a una sociedad mejor. En segundo lugar, se equivoc con respecto a las probabilidades de una realizacin inmediata del socialismo. La subestimacin de la destructividad prepar el camino a la destruccin del socialismo que empez con Lenin. El tercer error fue la idea de que la socializacin de los medios de produccin no solo era condicin necesaria sino tambin condicin suficiente para la transformacin de la sociedad capitalista en una comunidad socialista cooperativa. Fromm resume as sus conclusiones: "Los peligros son la guerra y el robotismo cul es la alternativa para esta situacin? Salir de la rutina en que nos movemos y dar el paso siguiente hacia el nacimiento y autorrealizacin de la humanidad. La primera condicin es la abolicin de la amenaza de guerra que pende ahora sobre todos nosotros y paraliza la fe y la ilusin, debemos tomar la responsabilidad de la vida de todos los hombres y desarrollar en estado internacional lo que todos los grandes pases han creado internamente: una participacin relativa en la riqueza y un nuevo y mas justo reparto de los recursos econmicos. Esto debe conducir finalmente a formas de planificacin y cooperacin econmica internacionales, a formas de gobierno mundial y al desarme absoluto, debemos conservar el mtodo industrial. Pero debemos descentralizar el trabajo y el Estado para darle proporciones humanas y permitir la centralizacin nicamente hasta un punto ptimo que es necesario a causa de las exigencias de la industria. En la esfera econmica, necesitamos la codireccion de todos los que trabajan en una empresa y permitir su participacin activa y responsable. Pueden encontrarse las formas nuevas que exige dicha participacin. En la esfera poltica, la vuelta a las asambleas locales, creando miles de grupos pequeos que estn bien formados, que discutan y cuyas decisiones se integren en una nueva cmara baja. Un renacimiento cultural debe combinar la educacin de los jvenes en el trabajo, la educacin de los adultos y un sistema nuevo de arte popular y de ritual secular en todo el mbito de la nacin."
No podemos examinar ahora mas atentamente las tesis y sugestiones de este autor, notemos solo que su intento no ha parecido contentar ni a los psicoanalistas ni a los marxistas. En una conferencia posterior volveremos sobre algunas de las crticas que se le han hecho.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 4
Armando Surez
La actitud del marxismo ortodoxo frente al psicoanlisis ha sido, como indicbamos en nuestra primera conferencia, de un rechazo total y sin escape. Las declaraciones ms o menos oficiales del partido comunista sovitico abundan y son determinantes. En la edicin de 1955 del Breve diccionario filosfico, que traduce en forma coercitiva la lnea del partido en Rusia, el freudismo es definido como "...una tendencia reaccionaria, idealista, esparcida en la conciencia psicolgica burguesa, ahora al servicio del imperialismo, que utiliza estas enseanzas con el propsito de justificar y desarrollar las tendencias instintivas ms bajas y repelentes."
En obras que tratan ex-profeso de temas de psicologa relacionados de alguna manera con el psicoanlisis vemos este juicio repetido con una monotona fatigante. En El problema de la conciencia de Schodelova________[?], por ejemplo, leemos: "En la psicologa del inconsciente se refleja el pesimismo, el cinismo creciente y el misticismo ideolgico del mundo burgus, el carcter irracional general de la vida burguesa, la incapacidad de los tericos del capitalismo de comprender las verdaderas fuerzas motrices del desarrollo social". Evidentemente que estas crticas tienen un cierto fundamento y no estn desprovistas de toda justificacin; sobre este tema volveremos en una de nuestras ltimas conferencias. Pero reducir en bloque todo el psicoanlisis a una ideologa burguesa es un expediente polmico demasiado fcil para ser convincente.
Ha sido el psiclogo comunista norteamericano Harold K. Wells, el que ha tomado sobre s la tarea de demostrar las contradicciones del psicoanlisis y pronunciar su sentencia de muerte. En un libro notable, La quiebra del Psicoanlisis de Freud a Fromm, que pasa por ser la contribucin definitiva del marxismo a esta tarea, Wells se propone hacer un balance total del psicoanlisis, particularmente en lo que concierne a su evolucin en los Estados Unidos. En este balance, por lo dems, el estudio y la crtica de Erich Fromm se llevan la parte del len. El autor demuestra estar mejor informado de lo que es usual entre los crticos marxistas; pero su presentacin de las teoras psicoanalticas es, en general, bastante tendenciosa. Veamos un ejemplo flagrante: En la pgina 120, resumiendo el pensamiento de Erich Fromm, reconoce que para ste el capitalismo ha tenido dos series de consecuencias, unas negativas: inseguridad, __________[?], etctera; y otras positivas, como el aumento de la capacidad productiva. Unas pginas ms adelante, sin embargo, se olvida de este balance, y atribuye a Fromm el considerar el capitalismo como algo absolutamente negativo para [desredimirle?] despus, acusndole de no haber tenido en cuenta los valores positivos del capitalismo, particularmente, el aumento de la capacidad productiva. La honestidad crtica est, en general, ausente de este libro.
El autor pretende interpretar el pensamiento de Erich Fromm mas all de sus afirmaciones explcitas con un "Lo que Fromm quiere decir, es ..." para luego contraponer su propia interpretacin de Fromm a sus textos como contradicciones aniquiladoras de su sistema. Es cierto que el pensamiento de Fromm ha evolucionado, y que la ambigedad de las razones y el sentido ltimo de esta evolucin permiten quiz interpretaciones como la de Wells al menos como conclusiones unilaterales de algunas de sus tesis; pero aqu nos interesa otra cosa: Wells parece querer salvar a veces el humanismo de Fromm, pero a condicin de sacrificar en l todo resto de freudismo.
Para Wells, el sistema de pensamiento ortodoxo freudiano est totalmente libre de contradicciones internas. Es un monumento a la conveniencia creadora de su autor. La lgica interna, el poder y simetra de la teora, sin embargo, se lograron a travs del desconocimiento de gran parte del conocimiento humano consagrado. Se adquiri a costa de la negacin de ciencias tales como la biologa, fisiologa, medicina, antropologa, sociologa, historia y psicologa experimental. La infraccin a la ciencia, ms obvia y clamorosa, fue la doctrina del inconsciente racial, con su mito de la horda primitiva. Esto fue a su juicio, lo que provoc el revisionismo.
Wells hace suyos todos los argumentos de los revisionistas culturalistas contra la doctrina de Freud, pero luego echa en cara a los revisionistas -y quiz en esto tiene en parte toda la razn- la inconsecuencia de rechazar los postulados de Freud y retener partes de su mtodo y de sus conclusiones. Para rebatir el freudismo, Wells se apoya en los factores que condujeron a su revisin por los culturalistas: La experiencia prctica de los analistas, la psicologa experimental acadmica, la investigacin experimental de los postulados psicoanalticos, y finalmente, la antropologa comparada.
Ni los argumentos aducidos por Wells, ni las autoridades citadas, son concluyentes. Para no poner mas que un ejemplo: la antropologa cultural de Bronislav Malinowski, uno de los puntales etnolgicos del revisionismo psicoanaltico, ha sido severamente criticada recientemente por el antroplogo marxista Claude Lvi-Strauss, quien recomienda a los jvenes antroplogos que pasen por un psicoanlisis didctico antes de emprender el estudio de otros pueblos y otras culturas. La objecin radical, proveniente de la antropologa, slo en parte invalida la concepcin freudiana de los instintos. Decir que la cultura y la historia humana son obra de los instintos, es tan cierto, o tan falso, como decir que son obra del cerebro. Ni los instintos ni el cerebro crean ex-nihilo, ni actan desplegando su propia substancia, a un modo idealista, sino el interactuar recproco con la realidad circundante. Realidad que es, ante todo, humana; la realidad de los otros hombres. Para Freud, las vicisitudes de los instintos estn determinadas por la cultura, como lo demostraremos en una conferencia posterior.
Para Wells, como para tantos otros, la piedra de escndalo es la teora de los instintos. Slo que l tiene en cartera, una respuesta mejor, la de la reflexologa: "Las explicaciones de Freud sobre el origen y sentido de los sntomas psicopatolgicos y de los fenmenos culturales, son para l de ndole mitolgica, y pudieran mantenerse con ciertos visos de verosimilitud, gracias a la laguna cientfica existente en el campo de la psicofisiologa y la psicopatologa. Ahora bien, la reflexologa de Pavlov ha venido a llenar esta laguna, dando una explicacin cientfica de los hechos, y por tanto, la explicacin mitolgica de Freud es enteramente superflua y debe ser abandonada como precientfica."
La teora de los instintos, tal como fue formulada, reelaborada y reformulada por Freud a lo largo de cuarenta aos de investigacin, presenta no pocas antinomias, obscuridades y extrapolaciones. Freud mismo la llam una vez, irnicamente, su mitologa. Cuando tratemos el problema de los instintos y la cultura, expondremos una sntesis de esta teora. Aqu vamos a referirnos, solamente, a la cuestin de la legitimidad de su planteo desde el punto de vista biolgico-cientfico.
Es sabido que Pavlov parte del reflejo como unidad elemental de estudio de la conducta, y que distingue reflejos absolutos y condicionados para explicar la complejidad creciente de aquella. Lo que en el animal vena considerndose conducta instintiva, es para Pavlov una cadena de reflejos. Freud, partiendo de la misma idea del reflejo, consider al instinto o pulsin como la unidad bsica de su psicologa dinmica. Para hacerla capaz de servir a sus fines, tuvo que elaborarla conceptualmente de tal forma que incluyera elementos referidos a dos planos: el de la conducta vivida y el de la conducta objetivamente observada. O en otros trminos, el de la experiencia dramtica, y el de la experimentacin fisiolgica. De ah las ambigedades de su teora. Pavlov se mueve aparentemente en un solo plano el de la neurofisiologa y esto le hace ms libre de contradicciones. Pero el precio es sacrificar la vida interior y el drama interpersonal, a la que tmidamente se vuelve a reintroducir de contrabando con la teora de los sistemas de sealizacin, que, por justa y fecunda que sea, implica la misma extrapolacin que cometi Freud.
El concepto de instinto ha sido uno de los conceptos ms confusos de la psicologa. Se le haba hecho servir como pseudo-explicacin para cubrir muchos modos de conducta de los que se ignoraba la causa o el modo de producirse. Una ciencia joven, la etologa, o estudio causal del comportamiento animal comparado, ha venido a clarificar esta nocin, restituirle su sentido genuino y sistematizar sus elementos.
Esta ciencia se propone estudiar al animal no slo ni principalmente en los laboratorios, sino ante todo, en su propio medio ecolgico y en su comportamiento vivido natural. Esta innovacin metodolgica, que separa a esta ciencia del behaviorismo y de la reflexologa, es de un alcance mayor del que se podra suponer a primera vista. La psicologa de laboratorio, de la que psiclogos como Wells intentan prevalerse para rechazar el freudismo, estudia al animal objeto de su estudio en condiciones alienantes para l, porque no son las de su medio natural y pretende hacer que el animal responda a un cuestionario artificial. Los laberintos, cajas de resortes, etc. del laboratorio, no pertenecen al medio ecolgico natural del animal ni pueden proporcionarnos un test adecuado de sus capacidades, porque estas estn ligadas a sus esquemas de comportamiento instintivo. De ah que los etlogos hayan podido sealar y probar muchos errores de medicin y de interpretacin en las observaciones de los experimentalistas, sean reflexlogos o behavioristas. Los crticos marxistas no se dan cuenta de que cometen el mismo error que Marx denunciara en Benham, que tomaba al tendero moderno y en especial al tendero ingls, como prototipo del hombre normal, siendo as que es un hombre alienado por las condiciones econmicas y sociales de su medio. Ahora bien, como ha sealado muy bien Caruso, "la ecologa es para el animal lo que la economa es para el hombre."
La etologa o ciencia del comportamiento animal comparado, no contradice la reflexologa ni el behaviorismo, pero corrige algunas de sus tesis y reduce el valor de sus conclusiones; una de las afirmaciones claves de la etologa es que el comportamiento animal nunca es puramente reactivo, sino que obedece siempre tambin a un factor motivacional. Los etlogos corrigen la teora del reflejo como unidad elemental y nico a priori en la conducta animal en dos sentidos, en primer lugar el estmulo externo no es condicin necesaria ni suficiente para desencadenar una conducta instintiva, lo prueban las conductas o reacciones en el vaco, esto es, comportamientos sin objeto como el del animal en celo que tras un largo perodo de abstinencia sexual realiza toda una serie de comportamientos ritualizados, incluso los movimientos de la copulacin, sin existir el compaero sexual correspondiente. En segundo lugar, los etlogos no admiten que el reflejo sea la unidad ltima o elemental, ni que por tanto el instinto pueda reducirse a una cadena de reflejos. El instinto supone un a priori mas complejo: el esquema innato de comportamiento. E incluye factores motivacionales energticos internos por una parte y por otra factores direccionales desencadenantes externos, estmulos especficos selectivamente percibidos dentro de la complejidad perceptiva que implica la situacin o el objeto del comportamiento. Por otra parte, los etlogos han reconocido otros caracteres fundamentales del instinto, como son su organizacin jerrquica desde el comportamiento apetitivo al consumatorio y el desarrollo ontogentico de los instintos por integracin sucesiva de instintos parciales. Ahora bien, todas estas son justamente intuiciones freudianas aunque su formulacin por El Maestro de Viena fuera deficiente en ms de un aspecto. As lo ha reconocido uno de los mas eminentes etlogos contemporneos, Kortland, que escribe: "Casi todos los problemas que con gran esfuerzo y paciencia se han ido descubriendo en estos ltimos tiempos por los estudiosos de la conducta animal, haban sido ya hace cincuenta aos amalgamados y reunidos por Freud en un sistema de conceptos coherente y comprensible." Cuando Wells pretende demostrar que el freudismo se ha construido con absoluto desprecio de la biologa y de la psicologa experimental, lo nico que demuestra es su propia ignorancia. Cuando tratemos del problema de la relaciones entre enfermedad y sociedad volveremos sobre la crtica de Wells y de los otros psiclogos soviticos. En nuestra prxima conferencia examinaremos algunos intentos de valoracin del psicoanlisis realizados por otros marxistas abiertos.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 5
Armando Surez
Hemos examinado en nuestra anterior conferencia la actitud absolutamente negativa del marxismo ortodoxo ejemplificada en la obra de Wells, veamos ahora otros intentos realizados por marxistas mas o menos abiertos.
Uno de los primeros intentos llevados a cabo con un autntico espritu de dilogo y comprensin por parte de un marxista se lo debemos al pensador francs George Politzer. Su libro, Crtica de los fundamentos de la psicologa y del psicoanlisis data de 1928; Politzer afirma que Freud es tan sorprendentemente abstracto en sus teoras como concreto en sus descubrimientos, su propsito es establecer las bases de una psicologa concreta, que no se reduzca a una fisiologa de la conducta, que no asle al individuo de sus semejantes ni de su historia, que no se disuelva en el solipsismo idealista de la vida interior ni huya hacia la abstraccin de las entidades espirituales.
Para l, para Politzer, Freud ha dado el primer paso hacia la constitucin de una tal psicologa. La manera en como se plantea el problema del sueo en Freud dice, implica una definicin del hecho psicolgico que desplaza el inters de las entidades espirituales, llevndolo hacia la vida dramtica del individuo. Y el mtodo, tal cual lo concibe Freud, se aleja de la investigacin de la realidad interior para no preocuparse sino del anlisis del drama. Politzer rechaza pues, como es usual en todos los autores estudiados hasta ahora, la metapsicologa freudiana. Para l, la teora de los instintos, de las instancias etc. es pura mitologa, solo acepta del psicoanlisis lo que es praxis, interpretacin de significacin.
Recientemente el psicoanalista argentino Jos Bleger, marxista tambin, partiendo de la crtica de Politzer ha sometido el edificio doctrinal del psicoanlisis a una crtica epistemolgica mucho mas aguda y cerrada an, su libro Psicoanlisis y dialctica materialista es una de las contribuciones mas lcidas al problema de la epistemologa psicoanaltica.
Para Bleger, Freud es muy contradictorio; sin contradiccin no hay desarrollo, no hay proceso de conocimiento. Con el estudio de la conducta como proceso, separa la psicologa de la metafsica que limita al fenmeno psicolgico y esto es lo fundamentalmente original y revolucionario de su obra, pero cuando desarrolla su concepcin dinmica de la psicologa vuelve a retomar contacto cada vez mas intenso con el idealismo metafsico. Con textos aislados de Freud es posible, por este carcter contradictorio de su obra, demostrar que Freud es materialista o idealista, que es un cientfico riguroso o un metafsico, etc., etc.; crticas que por cierto no han escaseado. La obra de Freud debe ser examinada como totalidad y cada parte de la misma en funcin de dicha totalidad.
Es importante en efecto separar conceptualmente el estudio del hecho psicolgico como proceso, del edificio terico que reduce este proceso a un interjuego de fuerzas al que se atribuyen a ltima instancia el origen y el destino de la conducta. Ahora bien, la conducta involucra una dinmica que tericamente se expresa como resultado de la transposicin de la dramtica a vectores de fuerza o a resumidos trminos de referencia descriptivos de relacin. El mito tiene lugar cuando se adjudica vida autnoma a los vectores de fuerza y cuando las correlaciones entre estas fuerzas son comprendidas como causas bsicas y nicas de la conducta, cientficamente se puede decir que la abstraccin dinmica conduce a la creacin del mito cuando:
a) Se asila la dinmica en el contexto dramtico.
b) Se le concede autonoma.
c) La dinmica se ubica al comienzo como causa generatriz de la dramtica y de la conducta total.
Y esto es lo que aconteci, segn Bleger, con la teora de los instintos en el psicoanlisis, pero fue el mismo Freud quien seal el camino de salida cuando reconoci en el instinto cuatro caracteres: fuente, fin, carga y objeto. Mostrando la independencia del objeto con respecto al impulso, inici el conocimiento de las relaciones objetales, con ello dio a nuestro entender el camino para la sistematizacin terica de la dramtica y dinmica de la conducta que no desemboque en la utilizacin del impulso.
La teora de las relaciones objetales traslada el nfasis de la teora psicoanaltica al estudio y comprensin de la dramtica en la conducta, pero de por si y como tal, no involucra ipso facto un cambio en la teora de la dinmica, aunque lo estimula en buena medida.
La teora dinmica debe cambiar no solo de enfoque sino de contenido, una dialctica de la necesidad involucra la dramtica y la teora de los instintos y debe derivarse del conocimiento de la dialctica de la necesidad.
La teora de la dinmica ver ocupado el lugar de la fuerza por el impulso-necesidad integrado en el movimiento de las relaciones objetales, de esta manera la necesidad subjetiva percibida o actuada como impulso en el que se basa la dinmica constituye uno de los elementos de un contexto total que llamamos situacin de necesidad.
El programa que aqu propone Bleger es muy sugestivo pero est aun por realizarse. En nuestra conferencia anterior vimos ya la necesidad de liberar la teora instintiva de Freud de su mecanisismo primitivo y de refundirla con la teora etolgica del instinto. Quedar aun por resolver el problema de las relaciones entre la etologa y la dramtica, en todo caso ya Freud estableci la conexin entre instinto y necesidad al escribir: "...al estmulo instintivo lo denominaremos mejor necesidad (Bedrfnis) y lo que suprime esta necesidad es la satisfaccin (Befriedigung)". Es cierto que, como observa Bleger, con las teoras dinmicas ocurre un cierto abandono de la dramtica, una transposicin, un reemplazo del hecho o acontecer humano por fuerzas manejadas como entidades o cosas en lugar de los hechos humanos.
Pero ya no estamos tan de acuerdo con Bleger cuando afirma que especialmente con la teora de los instintos la concepcin dinmica se sale del campo de la psicologa para abarcar el de la psicobiologa y con ello se ahonda el divorcio entre teora y prctica, entre la dramtica y la dinmica y entre individuo y medio social. Creemos mas bien que este riesgo debe ser afrontado, no vemos la razn de despojar la praxis psicoanaltica de toda base biolgica, Francoise Beson??? en su trabajo Utilization de un modele teorique en psicologuie??? ha propuesto una sugestiva interpretacin epistemolgica, segn l, pueden construirse varios modelos tericos de explicacin psicolgica:
a) Modelos implcitos, que se refieren al sistema privilegiado que constituye el cuerpo humano y su actividad.
b) Modelos explcitos, formalizados, que pueden ser de tres clases:
1.- Reductivos: es decir, que recurren a modelos establecidos por otras ciencias, como la fsica o la fisiologa.
2.- Homogneos: construidos desde dentro de la psicologa misma.
3.- Formales: que buscan en una teora matemtica una tcnica de anlisis y una sntesis.
Segn este esquema la teora freudiana clsica aparece como un esfuerzo por constituir un modelo homogneo en su propio campo psicolgico, pero la identificacin de evidencia, deseo subjetivo y tendencia, comportamiento objetivo de origen orgnico, implica una tentativa de reduccin a un modelo fisiolgico, es decir, un modelo reductivo y aqu es donde hay que buscar la fuente principal de los malentendidos.
Suprimiendo toda referencia fisiolgica, el modelo freudiano sera un modelo realmente homogneo, pero homogneo a la experiencia vivida solo, a la dramtica de Politzer y Bleger, de hecho obtendramos as un modelo de tipo implcito, pero si as puede decirse explicitado, porque hay una utilizacin implcita de este modelo que es nuestra propia conducta y es nuestra experiencia no formalizada el fundamento de nuestra intuicin, pero la situacin analtica es bastante constante y las variables suficientemente controlables para poder explicitarlas y sistematizarlas. Pero esta sistematizacin no excluye a nuestro modo de ver la explicacin de acuerdo con otro modelo explicativo, un modelo reductivo, para establecer un modelo psicolgico reductivo neurofisiolgico, sin embargo, habra que tomar un punto de partida distinto del de Freud que solo dispona de una neurofisiologa esttica, inadecuada para su psicologa dinmica, la etologa podra aqu prestarnos un valioso aporte. El problema por lo dems est muy lejos de ser especfico del psicoanlisis, en realidad es el problema general de las relaciones entre las ciencias y muy particularmente entre las ciencias biolgicas y las ciencias biogrficas.
Freud, dijo una vez que el psicoanlisis no era una weltanschauung, una concepcin del mundo particular, porque si alguna podra tener, esa sera la weltanschauung de la ciencia y esta est todava en paales para constituirse como tal. En esta profesin de fe cientificista hay mucho de espacio positivista de fino nombre, pero hay tambin mucha verdad, el psicoanlisis como praxis no puede buscar su legitimacin fuera de ella misma, de sus resultados y de su enriquecimiento en significacin, pero el psicoanlisis como ciencia, como psicologa cientfica, no puede abstraer enteramente de su referencia a las otras ciencias antropolgicas y biolgicas. El hombre es un ser vivo, un animal social y son tambin vlidas para l las leyes de la biologa, de la astronoma y de la sociologa, cada vez que existe siempre el peligro de la extrapolacin, pero pretender preservar al psicoanlisis de toda contaminacin por parte de la biologa o la neurofisiologa sera un purismo estril.
Los reflexlogos marxistas, rechazan la dramtica de Freud porque no es suficientemente biolgica, no le perdonan el haber abandonado el terreno de la neurofisiologa, para ellos no hay un medio que enlace la reflexologa con la sociologa. Los revisionistas en cambio le encuentran demasiado biolgico y ese biologismo es un estorbo para explicar tanto las relaciones de los individuos con su medio como las transformaciones de este mismo medio.
En resumidas cuentas ni la teora de los instintos ni la reflexologa son artculos de fe respectivamente en el psicoanlisis y el marxismo.
En el marxismo el concepto de alienacin es absolutamente central, la cuestin est, a nuestro modo de ver, en saber si esta alienacin es nicamente un estado objetivo o tambin una condicin subjetiva. El drama del sujeto alienado, la ndole misma de su instrumentacin cientfica, excluye de la reflexologa toda interpretacin dramtica. A Freud se le ha reprochado no tener suficientemente en cuenta los factores sociales e ignorar con ellos la alienacin afectiva, pero es esto verdad?, la teora de Freud sobre la dialctica de la cultura en los instintos podr proporcionarnos quiz una respuesta.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 6
Armando Surez
En 1953, apareci un libro verdaderamente importante sobre el tema que nos ocupa, nos referimos a Eros and Civilization de Herbert Marcuse, recientemente traducido al castellano y editado en Mxico. El autor es un pensador alemn emigrado a los Estados Unidos, marxista abierto y uno de los grandes investigadores del pensamiento hegeliano, en este libro por cierto no aparece citado Marx ni una sola vez, pero todo aquel que conozca el pensamiento marxista reconocer su presencia casi en cada una de sus pginas.
El tema de este libro sobre Freud es tambin el tema central de las preocupaciones de Marx, la alienacin del hombre en la cultura y la aufebung, la superacin, de esa alienacin.
El gran valor de Marcuse consiste precisamente en abordar la obra de Freud justamente por el costado que ha ocasionado ms escndalos entre los socilogos de toda agalla, incluidos los marxistas, por el costado de su metapsicologa y su teora de la pulsin. "En contraste con los revisionistas, dice, y aadimos nosotros, en contraste tambin con los otros crticos marxistas creo que la teora de Freud es en su misma sustancia, sociolgica, y que no se necesita ninguna orientacin cultural o sociolgica para revelar esas instancias. El biologismo de Freud es teora social en una profunda dimensin."
Marcuse no se ha limitado a hacer una brillantsima exposicin de la teora de Freud sobre la cultura y a revelar su profunda dialctica sino que ha prolongado su pensamiento diferenciando conceptos que en Freud solo podan estar implcitos y confusos y que permiten superar el pensamiento radicalmente pesimista del fundador del psicoanlisis. Para entrar en el problema ser preciso que expongamos algunos de los conceptos de la metapsicologa freudiana.
Cuando Freud comenz a tratar y estudiar a sus pacientes histricos tuvo pronto la intuicin de que sus sntomas no era creacin de un estmulo, ni un cuerpo extrao venido de fuera, sino que eran la expresin de un conflicto interno. El conflicto neurtico, era un conflicto de fuerzas y el sntoma la resultante de dos tendencias opuestas. Una tendencia lograba someter a la otra alejndola de la conciencia y de la motricidad, pero esta segunda, lejos de extinguirse o quedar inactiva se abra paso en forma simblica y desfigurada y apareca como una forma de conducta "sentida como un ajeno" o en forma de una modificacin somtica. Tal fue su primer gran descubrimiento, el hecho de la represin y el de la vuelta de lo reprimido en forma de sntoma. Ahora bien, la tendencia reprimida se le manifest con montona insistencia como de naturaleza sexual, pero la sexualidad es un instinto, de ah que su primera explicacin dinmica del conflicto neurtico fuera la de considerarlo como un conflicto entre instintos.
En su monografa sobre los instintos y sus destinos define este concepto con los siguientes caracteres: "Por perentoriedad de un instinto se entiende su factor motor, esto es, la suma de fuerza o la cantidad de exigencia de trabajo que representa. Este carcter perentorio es una cualidad general de los instintos e incluso constituye la esencia de los mismos. Cada instinto es una magnitud de actividad y al hablar negligentemente de instintos pasivos se alude tan solo a instintos de fin pasivo.
El fin de un instinto es siempre la satisfaccin que solo puede ser alcanzada por la supresin del estado de excitacin de la fuente del instinto, pero aun cuando el fin ltimo de todo instinto es invariable puede haber diversos caminos que conduzcan a l, de manera que para cada instinto pueden existir diferentes fines prximos susceptibles de ser combinados o sustituidos entre s. La experiencia nos permite hablar tambin de instintos inhibidos en su fin, esto es, de procesos a los que se permite avanzar cierto espacio hacia la satisfaccin del instinto pero que experimentan luego una inhibicin o desviacin. Hemos de admitir, que tambin con tales procesos se haya ligada una satisfaccin parcial.
El objeto del instinto es aquel en el cual o por medio del cual puede el instinto alcanzar una satisfaccin. Es lo ms variable del instinto; no se haya enlazado a l originariamente sino subordinado a l a consecuencia de su adecuacin al logro de la satisfaccin. No es necesariamente algo exterior al sujeto sino que puede ser una parte cualquiera de su propio cuerpo y es susceptible de ser sustituido indefinidamente por otro durante la vida del instinto, este desplazamiento del instinto desempea importantsima actividad.
Por fuente del instinto se entiende aquel proceso somtico que se desarrolla en un rgano o en una parte del cuerpo y es representado en la vida anmica justamente por el instinto."
A lo largo de su vida Freud modific varias veces su teora sobre los instintos o pulsiones en funcin siempre de nuevos descubrimientos realizados en el terreno de la clnica. En su ltima formulacin reconoce dos grandes grupos de instintos: los sexuales, que rene bajo el nombre de Eros y los de destruccin o agresividad que constituyen el todestrieb o impulso de muerte.
El psicoanlisis ha sealado correctamente que la ltima metapsicologa de Freud esta basada en un concepto esencialmente nuevo de los instintos. Los instintos o pulsiones ya no son definidos en trminos de su origen y su funcin orgnica, sino como una fuerza determinante que otorga al proceso de la vida, una direccin definida considerndolos como principios de la vida.
El conjunto de las pulsiones instintivas constituyen lo que Freud llam el ello o id, considerando ya el psiquismo desde un punto de vista estructural tpico-dinmico. Como la descarga de estas pulsiones, o la percepcin de estos impulsos implica un contacto con la realidad, con un objeto del instinto, y este contacto supone la entrada a un juego de una serie de pulsiones de percepcin y control, el ello origina a travs de la ontognesis del individuo una nueva formacin mediadora entre el ello y el mundo objetivo que en parte se opone al ello y en parte posibilita y organiza su descarga en forma de conducta; esta nueva formacin es el yo o ego, una de sus funciones consiste precisamente en perseguir las posibilidades reales de satisfaccin que ofrece la realidad externa para decidir luego que pulsiones han de descargarse y cuales han de extinguirse o agotarse. Ahora bien, las posibilidades de satisfaccin instintiva estn reducidas no solo por la limitacin real de los objetos y situaciones gratificantes sino por una serie de limitaciones artificiales impuestas por la sociedad que a travs de los padres prohibe o reduce tales satisfacciones. Dentro del yo se instala as como precipitado de influencias sociales un nuevo sistema selectivo para decidir sobre los impulsos a los que se podr acceder y sobre aquellos a los que habr que resistir, aplazar o modificar. Tal es muy simplificada la teora de las tres instancias del aparato psquico. En una consideracin no mitolgico-mecanicista sino dramtica de acuerdo con Politzer, no habra aqu instancias sino factores motivacionales de la conducta en funcin de la historia del individuo y de su situacin con el medio, pero sigamos.
Para Freud pues, la conducta humana est siempre alimentada por los instintos, pero la configuracin concreta de esta conducta depende de la organizacin del yo y del supery, es decir de la distribucin de esa energa que impone la realidad social secundaria. Esto nos lleva hacia otro par de conceptos metapsicolgicos. Para el fundador del psicoanlisis el acontecer psquico esta dominado por dos principios, el principio del placer y el principio de realidad. Las pulsiones o instintos tienden de por s a la descarga inmediata, descarga que implicara objetivamente una disminucin de tensiones y subjetivamente la sensacin de placer.
Los instintos tienden en ultima instancia al placer inmediato, pero como quiera que no siempre el objeto adecuado est a la disposicin del individuo, este tiene que aprender a renunciar totalmente o a aplazar la satisfaccin de sus instintos, es la realidad la que impone estas renuncias y limitaciones en mil formas. En el ello domina absolutamente el principio del placer, la tendencia a la descarga inmediata de las pulsiones instintivas y con ella la consecucin del placer; el yo por el contrario obedece al principio de realidad y a su introduccin social especifica del supery. Para lograr un compromiso entre ambos principios o en otras palabras para lograr finalmente el placer y evitar el dolor teniendo en cuenta la realidad a la vez gratificante y frustrante, el yo debe desarrollar una serie de tcnicas de domesticacin, filtrado, desplazamiento y transformacin de las pulsiones del ello, tales son los mecanismos de defensa del yo: represin, introyeccin, proyeccin, anulacin, desplazamiento, condensacin, sublimacin, regresin, etc. Tales mecanismos son otras tantas formas de distribucin de la energa instintiva cuando no se la puede dar salida en una descarga directa e inmediata.
De estos mecanismos instintivos hay dos particularmente interesantes para los objetos de nuestra serie: la represin y la sublimacin. Ambos suponen un cierto bloqueo de una tendencia instintiva, pero mientras la represin mantiene mediante una contracarga o bloqueo constante la tendencia alejada de la conducta consciente, la sublimacin canaliza la energa de esa tendencia hacia otro tipo de objetos dentro de una conducta social a travs de mecanismos de desplazamiento e identificacin.
Evidentemente la metapsicologa freudiana esta cargada de mecanisismo, empirismo y solipsismo idealista y ya advertimos en conferencias anteriores lo criticable que es esta construccin desde el punto de vista epistemolgico. Marie Choasi.......??? observaba una vez que este modelo pulsional freudiano es un modelo hidrulico y nosotros nos encontramos ahora en plena era atmica. Pero era necesario exponer siquiera sucintamente estos conceptos para comprender el pensamiento freudiano sobre la dialctica de la civilizacin, aparentemente tan alejada de la dialctica materialista y sin embargo tan profundamente afn a ella en el fondo, como lo a mostrado brillantemente Herbert Marcuse. A pesar de moverse en un marco social e ideolgicamente individualista el concepto del hombre que tiene Freud no es el de un individuo abstracto aislado, el ello es ya una formacin filogentica que ha acumulado en s, en cierto modo todas las experiencias de la especie, el yo se forma a base de identificaciones y proyecciones en contraposicin a un no-yo y el supery es a todas luces un sedimento social; si para Freud el comienzo de la vida mental est caracterizado por el narcisismo primario, no olvidemos que este narcisismo implica ya a la madre como parte del propio yo del lactante, yo que constituye mas bien una unin dual madre-nio, a esto se refera probablemente Piaget cuando hablaba de un narcisismo sin matriz; aunque Freud prisionero de los hbitos mentales de su tiempo y su formacin cientfica, acentuada siempre en lo biolgico y en lo individual, su genio de observador atentsimo y agudo, le hizo ver siempre tan bien el otro polo dialctico de lo intersubjetivo y lo real. Pero de esta dialctica de la cultura hablaremos justamente en nuestra prxima conferencia.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 7
Armando Surez
En nuestra conferencia precedente, vimos algunos de los conceptos que constituyen la metapsicologa freudiana y que nos habrn de servir para entender mejor su teora sobre la dialctica de la civilizacin. En su obra El malestar en la cultura (1929), Freud se plantea la cuestin de cual pueda ser la finalidad apetecida por el hombre y se la plantea no sin cierta perplejidad. "Si no tiene sentido el preguntarse por la finalidad de la vida animal, por qu habra de tenerlo la cuestin sobre el fin de la vida humana?" Sea como fuere, Freud da por sentado que el hombre aspira a la felicidad, felicidad que no se le revela inicialmente sino como placer en el sentido pleno de la palabra.
El hombre aspira a la felicidad, pero todo en el microcosmos como en el macrocosmos se conjura contra esta aspiracin; su propio cuerpo, efmero y vulnerable, destinado a la decadencia y a la muerte, la naturaleza exterior implacable e indiferente a su dicha y finalmente los otros hombres que rivalizan con l, se le imponen, le explotan o lo abandonan. Homo homini lupus.
Para el hombre entonces el evitar el dolor acaba por desplazar a segundo trmino la bsqueda del placer como tarea y fin de la vida. La prosecucin de la felicidad tendra como modelo el amor sexual, pero "nunca estamos menos protegidos contra el dolor y mas expuestos a la desdicha que cuando amamos."
El sumum analogatum de la dicha, el placer que mas profundamente sacude al hombre hasta sus races es para l el placer sexual y el hombre se hara una imagen de la felicidad en funcin de esa dicha sensible; a pesar de las derrotas constantes que sufre esta aspiracin a la felicidad, la mayora de los hombres persigue aun la dicha por el camino del amor, pero la felicidad no es un valor cultural; el hombre que vive en la cultura, que la ha creado para ser posible esta dicha, ha creado con ello tambin un instrumento que se opone a la dicha con una fatalidad inexorable, cmo surge esta dialctica fatal?
Para Freud, cultura es la suma de los instrumentos e instituciones producidas por el hombre para protegerlo de la naturaleza y para regular las relaciones interhumanas, el dominio sobre la naturaleza gracias a la tcnica, a seguido aparentemente un progreso creciente y parece que en este orden es posible esperarlo todo, pero Freud es mas bien escptico con respecto a la contribucin que los adelantos tcnicos hayan podido hacer para traer la felicidad al hombre, los obstculos que se oponen a esta felicidad provienen ms bien de la propia cultura como convivencia humana civilizada.
La convivencia humana solo es posible cuando la comunidad es mas fuerte que el individuo y puede imponrsele en forma de derecho; la libertad individual no es un bien cultural, el progreso de la cultura le impone, incluso a esta libertad individual, restricciones crecientes contra las que el individuo se levanta con una constancia solo comparable a su intimidad. Por qu? Porque la libertad individual ejercida en funcin de la bsqueda de la felicidad supondra la absoluta libertad instintiva y esta libertad acabara muy pronto con la comunidad.
La cultura esta construida sobre la renuncia a los instintos, presupone la no satisfaccin, opresin, represin, de pulsiones muy poderosas. La vida social humana tendra dos orgenes complementarios; por una parte la necesidad del trabajo en comn para luchar contra la naturaleza hostil y todopoderosa y por otra la permanente incitacin de la sexualidad no sometida en el hombre a los ciclos habituales en los otros animales. La mujer se sentira vinculada al hijo a lo largo de su desamparada infancia y el hombre se sentira vinculado a la mujer por su indigencia sexual permanente, la cultura pues seria hija de Eros y de Anank.
El amor es el padre de la cultura, primero en forma de amor sexual entre hombre y mujer, luego en forma de ternura familiar, amor instintivo inhibido en su fin, instinto sublimado y finalmente en forma de amistad y solidaridad para con los otros compaeros de trabajo. Pero si el amor est en la raz de la cultura no deja de estar tambin en oposicin con ella.
"El amor sexual, -escribe Freud-, es una relacin entre dos personas en las que una tercera solo puede ser superflua o perturbadora y en cambio la civilizacin esta fundada en las relaciones entre grupos humanos mas vastos, cuando una relacin amorosa est en su mxima altura no hay lugar para interesarse en el mundo circundante, la pareja de amantes es suficiente en s misma y ni siquiera necesita al nio que tengan en comn para ser felices, en ningn otro caso Eros revela el centro de su ser, su propsito de hacer uno a partir de muchos, pero cuando lo ha alcanzado del modo proverbial ha travs del amor de dos seres humanos no desea ir mas all.
La familia a su vez se rehusa a ceder sus miembros a la comunidad y la mujer que representa los intereses de la familia y la vida sexual trabaja tambin en contra de la cultura que aleja al hombre de la familia y confisca en su favor las energas sexuales; pero hay mas, el hombre junto a sus instintos sexuales y amorosos da pruebas igualmente de tendencias agresivas; estas tendencias son aun mas enemigas de la cultura, de la vida social humana y para reprimirlas y canalizarlas la cultura se ve obligada a poner barreras progresivas a la vida sexual con la esperanza de establecer relaciones libidinosas inhibidas en su fin, esto es, sublimadas entre los hombres, relaciones libidinosas que pudieran contrarrestar sus impulsos agresivos."
La sublimacin es un destino impuesto a los instintos por la cultura, Freud es mas bien pesimista respecto al valor de los resultados, no cree en la desaparicin total de la agresin. "Es posible, -escribe-, unir a una gran masa de hombres con los lazos del amor siempre que queden otros contra los que puedan aquellos exteriorizar su agresin."
El podero de estos instintos agresivos es demasiado evidente para el que contemple la historia humana con atencin y su oposicin al propsito de la cultura es no menos evidente.
Parte de estos instintos ha sido canalizada en la lucha contra la naturaleza, parte se ha ejercido directamente bajo justificaciones ideolgicas creadas por la misma cultura, el ms poderoso medio para contrarrestarlos creado por esta cultura sin embargo ha sido la interiorizacin o introyeccin de la agresividad en forma de un supery tirnico e implacable; este supery, precipitado de todos los tabes y restricciones contra los instintos sexuales y agresivos, descarga su agresividad contra el yo, siendo precipitado y heredero de la autoridad vigilante y punitiva exterior; este juez interior, el supery, espa cualquier movimiento de protesta del oprimido yo y es mas implacable que su antecesor, aunque sea quiz en mayor medida sobornable, la agresividad que no se ha podido exteriorizar contra el opresor externo se convierte por identificacin con l, en sentimiento de culpabilidad y en necesidad de autocastigo. El sentimiento de culpabilidad es expresin y producto de la ambivalencia radical de las relaciones humanas, el amor por el progenitor, cuya prdida se teme mas que cualquier cosa, impone la renuncia a determinados placeres instintivos, pero esa renuncia provoca inevitablemente la agresividad contra el padre prohibidor, odio que incapaz de exteriorizarse por el mismo motivo acaba convirtindose en remordimiento, en agresin contra el yo rebelde y parricida.
Lo que tiene lugar inicialmente frente al padre se reproduce despus frente a la comunidad cultural y su prescripciones y autoridades, pero, y aqu lo trgico de la dialctica de la consciencia moral, si al principio la renuncia segua a los sentimientos de culpabilidad, la relacin pronto se invierte, cada nueva renuncia provoca nuevos sentimientos de culpabilidad, el mas santo es el que se siente mas culpable. El crecimiento de las exigencias culturales implica un crecimiento paralelo del sentimiento de culpabilidad, de la angustia ante este supery socialmente troquelado.
Puesto que la cultura obedece a un impulso ertico interior que pide que se ate a la humanidad dentro de una cerrada masa entretejida, solo puede lograr su propsito por medio de su vigilancia para fomentar un sentimiento de culpa cada vez mayor, el que empez en relacin con el padre termina en relacin con la comunidad. Si la civilizacin es un inevitable curso de la comunidad como conjunto, una intensificacin del sentido de culpa resultante del innato conflicto de ambivalencia, de la eterna lucha entre la inclinacin hacia el amor y la muerte, estar inextricablemente unido con l hasta que quiz el sentido de culpa alcance una magnitud que los individuos difcilmente podran soportar; pero aqu aparece un nuevo aspecto de la dialctica fatal de la cultura, la restriccin de los instintos sexuales acaba vengndose de s mismo. Freud defini la sexualidad como la tendencia a extraer placer de todas las zonas del cuerpo, la sexualidad infantil con su pervertibilidad polimorfa, muestra en su promesa esta capacidad y esta bsqueda de obtener placer de todas las zonas del cuerpo a travs de una serie de instintos parciales. Pero la cultura impone la sublimacin parcial y forzosa de todos los instintos pregenitales y aun a los instintos genitales los encierra bajo diferentes tabes que excluyen mltiples objetos posibles: los propios familiares, el otro sexo e incluso, dentro de nuestro ideal occidental de familia monogamica, cualquier otro compaero sexual que no sea la propia mujer o el propio marido. Subordinando adems esta tendencia al placer a la funcin reproductora. Pero todas estas restricciones debilitan al Eros constructor de la cultura y la desexualizacin al debilitar al Eros desata los impulsos destructivos; la cultura, organizada bajo el signo de la renuncia se precipita por su propia dialctica hacia la autodestruccin.
"Los impulsos animales, -comenta Marcuse a este respecto-, se transforman en instintos humanos bajo la influencia de la realidad externa, pero la realidad que da forma a estos instintos as como a sus necesidades y satisfacciones es un mundo socio-histrico, el paso de un rgimen de vida instintivo a otro de vida civilizada es el paso del principio del placer al principio de realidad; se ha argido que el concepto de Freud de principio de realidad oblitera este hecho convirtiendo las contingencias histricas en necesidades biolgicas, su anlisis de la transformacin represiva de los instintos bajo el impacto del principio de realidad, generaliza convirtiendo una especfica forma histrica de la realidad en la realidad pura y simple. Esta crtica es vlida, pero su validz no anula la verdad de la generalizacin de Freud en el sentido de que una organizacin represiva de los instintos yace bajo todas las formas histricas del principio de realidad en la civilizacin."
Si l justifica la organizacin represiva de los instintos por la irreconciliabilidad entre el principio del placer original y el principio de realidad, tambin expresa del hecho histrico de que la civilizacin ha progresado justamente como dominacin organizada. Precisamente porque toda la civilizacin ha sido dominacin organizada, el desarrollo histrico asume la dignidad y la necesidad de un desarrollo biolgico universal.
El carcter ahistrico de los conceptos freudianos contiene as los elementos de su opuesto, su sustancia histrica debe ser recapturada, pero no agregndole algunos factores sociales, como lo hacen las escuelas neofreudianas estructuralistas, sino desenvolviendo sus propios contenidos. Aqu reside a nuestro parecer la gran contribucin de Marcuse; l ha sabido distinguir cosas que en Freud no estaban sino de un modo implcito y confuso, para elucidarlas Marcuse a propuesto una duplicacin de conceptos. Junto a la opresin bsica hay que colocar a la opresin suplementaria y junto al principio de realidad el principio de rendimiento, pero esto ser el objeto de nuestra prxima conferencia.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 8
Armando Surez
En nuestra anterior conferencia veamos como Freud consideraba el paso del principio del placer al de realidad propuesto por la cultura como algo necesario, y cmo este paso implicaba el renunciar a la satisfaccin de muchas necesidades y el trabajo forzado para encauzar la agresividad, conseguir los medios de subsistencia y mantener la cohesin social. Pero la Anank, la indigencia, o como aparece en la versin espaola de la obra de Marcuse, la escasez, ha sido organizada a travs de la civilizacin aunque de muy diferentes maneras, de tal modo que no ha sido distribuida colectivamente de acuerdo con las necesidades individuales, ni la obtencin de bienes ha sido organizada para satisfacer mejor las necesidades que se desarrollan en el individuo; en lugar de esto la distribucin de la escasez lo mismo que el esfuerzo por superarla, la forma de trabajo, han sido impuestas sobre el individuo, primero por medio de la violencia y subsecuentemente por una utilizacin del poder ms racional; sin embargo sin que importe cuan til haya sido para el progreso del conjunto, est racionalizacin permaneci como la razn de la dominacin. Y la conquista gradual de la escasez estaba inextricablemente unida con el inters de la dominacin y conformado por l. En contraste, la dominacin es ejercida por un grupo o un individuo particular para sostenerse y afirmarse a s mismo en una posicin privilegiada, esta dominacin no excluye al progreso tcnico, material e intelectual, pero solo concibe lo como un producto inevitable de las circunstancias mientras busca preservar la escasez, la necesidad y el constreimiento irracionales.
Los diferentes modos de dominacin del hombre y la naturaleza dan lugar a varios formas histricas del principio de realidad, por ejemplo, una sociedad en la que todos los miembros trabajan normalmente para vivir requiere otras formas de opresin que una sociedad en la que el trabajo es la obligacin exclusiva de un grupo especfico, similarmente la represin se da diferente en una magnitud de un grado equivalentes al hecho de que la produccin social este orientada por el consumo individual o por la ganancia, al hecho de que prevalezca una economa de mercado o una economa planificada, al hecho de que la propiedad sea privada o colectiva. Estas diferencias afectan la esencia del principio de realidad porque cada forma de principio de realidad debe expresarse concretamente en un sistema de instituciones y relaciones, leyes y valores sociales, que transmiten y refuerzan la requerida modificacin de los instintos. Este cuerpo del principio de realidad es diferente en los distintos niveles de la civilizacin, mas aun, aunque cualquier forma del principio de realidad exige un considerable grado de magnitud de control represivo sobre los instintos, las instituciones histricas especficas del principio de realidad y los intereses especficos de la dominacin introducen controles adicionales sobre y por encima de aquellos indispensables para la sujecin humana civilizada. Estos controles adicionales que salen de las instituciones especficas de dominacin son los que llamamos represin sobrante u opresin complementaria. "A lo largo de la historia la civilizacin que conocemos, -prosigue Marcuse-, el constreimiento instintivo reforzado por la escasez o indigencia vital ha sido intensificada por el constreimiento reforzado por la distribucin jerrquica de la escasez y el trabajo; el inters de la dominacin agrega represin sobrante o suplementaria a la organizacin de los instintos bajo el principio de realidad, el principio del placer fue destronado no solo porque militaba contra el progreso de la civilizacin sin mas, sino tambin porque militaba contra aquella civilizacin cuyo progreso perpeta la dominacin y el esfuerzo."
Freud parece reconocer este hecho cuando compara la actitud de la civilizacin ante la sexualidad con la de una tribu o una seccin de la poblacin que a obtenido el poder de explotar el resto para su propio provecho. El temor a una revuelta entre los oprimidos llega a ser entonces un motivo para imponer regulaciones todava ms estrictas. Es aqu donde Marcuse ha hecho una contribucin fundamental al estudio de la verdadera naturaleza de nuestra cultura a la luz de la filosofa de Freud y aunque sin nombrarlo en continuidad con el pensamiento de Marx. En efecto, al descubrir que todo proceso de civilizacin implica una opresin esencial o bsica para promover la inclinacin de los instintos pero que hasta ahora a ejercido tambin una opresin suplementaria o represin sobrante en inters de la clase dominante, Marcuse a denunciado la verdadera naturaleza del principio de realidad prevaleciente en nuestra civilizacin, este principio de realidad histrico es de hecho un principio pragmtico de rendimiento.
El principio de rendimiento, de actuacin en la versin espaola, que es el que corresponde a una sociedad adquisitiva y antagnica en constante proceso de expansin, presupone un largo desarrollo durante el cual la dominacin ha sido cada vez mas racionalizada; durante un largo tiempo los intereses de la dominacin y los intereses del conjunto coinciden, la provechosa utilizacin del aparato productivo satisface las necesidades ........?de los individuos. Para una vasta mayora de la poblacin la magnitud y la forma de satisfaccin esta determinada por su propio trabajo, pero su trabajo est al servicio de un aparato que ellos no controlan, que opera como un poder independiente al que los individuos deben someterse si quieren vivir y este poder se hace ms ajeno conforme la divisin del trabajo llega a ser mas especializada.
Los hombres no viven sus propias vidas, sino que realizan funciones preestablecidas, mientras trabajan no satisfacen sus propias necesidades y facultades sino que trabajan enajenados, ahora el trabajo ha llegado a ser general y por tanto tiene las restricciones impuestas sobre la libido, el tiempo de trabajo que ocupa la mayor parte del tiempo de vida individual es un tiempo doloroso porque el trabajo enajenado es la ausencia de gratificacin, la negacin del principio del placer.
La libido es desviada para que acte de una manera socialmente til dentro de la cual el individuo trabaja para s mismo solo en tanto que trabaja para el aparato y est comprometido en actividades que por lo general no coinciden en sus propias facultades y deseos.
La represin una vez internalizada puede confundirse con la normalidad; el conflicto entre la sexualidad y la civilizacin se despliega con este desarrollo de la dominacin. Bajo el imperio del principio de rendimiento, el cuerpo y la mente son convertidos en instrumentos del trabajo enajenado, solo pueden funcionar como tales instrumentos del rendimiento enajenado, el resto del tiempo es libre para s mismo; ahora bien la mayora de la gente no dispone sino de cuatro horas de libertad la mayor parte de su vida. Este tiempo libre estar potencialmente disponible para el placer, pero el principio del placer est fuera del tiempo en el sentido de que no sufre el desmembramiento temporal del placer ni su distribucin en pequeas dosis separadas, una sociedad gobernada por el principio de rendimiento debe imponer por necesidad tal distribucin, porque el organismo debe ser entrenado para la enajenacin en sus mismas races, en el ego del placer; mas aun, el control del ocio se realiza a travs de la jornada de trabajo por el aburrimiento y rutina del trabajo enajenado, esto requiere que el ocio sea una relajacin y una recreacin de energa para el trabajo, ahora bien, cuando la represin se hace mas generalizada tanto mas racional e internalizada se vuelve en forma de conciencia de rendimiento, la represin desaparece del horizonte subjetivo absorbida por el gran orden objetivo de las cosas, en el proceso de integracin de la sexualidad bajo la primaca de la genitalidad hay una sublimacin forzada, socialmente opresiva de los instintos parciales, la libido se concentra en un parte del cuerpo dejando casi todo el resto libre para ser usado como instrumento de trabajo, la reduccin temporal se duplica con una reduccin espacial y se triplica con una reduccin funcional, la sexualidad no debe ser buscada por s misma como fuente de placer sino como funcin reproductora, contra esta regimentacin y reivindicando desesperadamente el principio de placer se levantan las perversiones sexuales, objeto por esto de los mayores tabes sociales. Las perversiones se sitan fuera del principio de rendimiento y desafan su base porque erigen la sexualidad como fin y no como medio al servicio de la reproduccin.
Marcuse se encara con la dialctica freudiana de la cultura segn la cual todo progreso en la cultura se paga y se mantiene con un aumento de sentimiento de culpabilidad y la declara consecuencia, no de la oposicin radical entre el principio de placer y el de la realidad, sino como una consecuencia del principio de rendimiento.
Marcuse propone examinar el problema a la luz de la imagen de una civilizacin no represiva. El trabajo no tiene por que ser ineluctablemente un trabajo forzado, el juego y la creacin artstica estn ah para demostrar que es posible un trabajo sostenido por intereses libidinales sublimados libremente.
La dialctica freudiana entre civilizacin y sentimiento de culpa ocasionado por la represin, depende de la relacin entre la opresin bsica necesaria para la convivencia humana y la opresin sobrante o suplementaria exigida por el inters del rgimen o clase dominante para su propia perpetuacin, pero esta relacin a su vez depende del grado en que se haya dominado a la naturaleza y en que la lucha por la existencia absorba la mayor parte de las energas y aqu es donde ve Marcuse la salida, la aufebung, de esta dialctica. "Cuanto mayor es el dominio de la naturaleza por medio del trabajo, y cuanto menos necesario es este trabajo por la economa que realiza la tcnica, mayor ser la energa disponible para la satisfaccin de los instintos. La dimensin e intensidad de la represin instintiva alcanzan su significado total solo en relacin con el grado de libertad histricamente posible, la excusa que hasta ahora tena la represin organizada de los instintos, a saber la Ananqu, el desequilibrio entre las necesidades humanas y los medios naturales para satisfacerlos est en trance de desaparecer, pronto podrn satisfacerse las necesidades humanas con un mnimo esfuerzo. La pobreza de tantas masas humanas ya no es el resultado de la desproporcin entre necesidades humanas y recursos naturales, sino el resultado de una distribucin social basada en el principio de rendimiento en inters de los grupos dominantes, es cierto que cuanto ms se acerca la posibilidad de liberar al individuo ms se extreman las restricciones impuestas para preservar ese orden establecido, pero esta dialctica lleva en s el germen de su propia superacin, las fuerzas liberadas del Eros acabaran por vencerlo."
Marcuse traza entonces los rasgos de un tal futuro que no sera una regresin a un estado prehistrico sino el fruto de una civilizacin madura, no se trata de una liberacin de todas las perversiones sino justamente una transformacin total de las relaciones del hombre con su propio cuerpo y con sus semejantes, una erotizacin de todo el cuerpo y de todas las relaciones humanas. No podemos seguir aqu a Marcuse en estas perspectivas fascinantes que coinciden en lo fundamental con la escatologa marxista proporcionndole una dimensin psicobiolgica nueva; el autor se basa en sus anlisis de la fantasa y en la dimensin esttica del hombre para establecer la posibilidad y los caracteres fundamentales de esta utopa.
En todo caso la gran leccin de Marcuse es habernos convencido de que la teora freudiana de la cultura a pesar de su formulacin en trminos aun muy marcados por el sello mecanicista y positivista y todava muy teida de pesimismo, es todo menos una ideologa reaccionaria, en cierto sentido esa teora es la acusacin mas implacable a nuestra civilizacin y a su principio de rendimiento basado en el trabajo alienado, si ha habido una tendencia reaccionaria, habra que descubrirla mas bien entre los revisionistas del freudismo, pero de este problema nos ocuparemos en nuestra prxima conferencia.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 9
Armando Surez
El libro de Marcuse, Eros y civilizacin, que venimos comentando, finaliza con una severa crtica a los revisionistas neofreudianos tales como Harry Stack Sullivan, Karen Horney, Clara Thompson y Erich Fromm. He aqu como fundamenta su actitud: "Fromm ha dedicado un admirable ensayo a las condiciones sociales de la terapia psicoanaltica, en el que muestra que la situacin psicoanaltica (entre el analista y el paciente), es una expresin especfica de tolerancia burguesa-liberal, y como tal, depende de la existencia de esa tolerancia en la sociedad. Pero detrs de la tolerante actitud del analista neutral, se esconde el respeto por los tabes sociales de la burguesa. Fromm traza la efectividad de estos tabes en el mismo centro de la teora freudiana en la posicin de Freud hacia la moralidad sexual. Con esta actitud Fromm contrasta otra concepcin de la terapia, formulada por primera vez quiz por Sandor Ferenczi, de acuerdo con la cual el analista rechaza los autoritarios tabes patriarcales y entra en una posicin mas bien positiva que neutral con el paciente. La nueva concepcin es caracterizada principalmente por una afirmacin incondicional de la aspiracin a la felicidad del paciente y la liberacin de la moral de configuracin ligada con los tabes.
Sin embargo, -prosigue Marcuse-, con estas demandas, el psicoanlisis se enfrenta a un inevitable dilema. La aspiracin a la felicidad, si se afirma verdaderamente, agrava el conflicto con una sociedad que solo permite una felicidad controlada, y la exposicin de los tabes morales extiende este conflicto hasta convertirlo en un ataque a los fundamentos vitales que protegen a la sociedad. Esto puede ser practicable todava en un ambiente social donde la tolerancia es un elemento constitutivo de las relaciones personales, econmicas y polticas, pero pone en peligro la mera idea de la curacin e incluso la misma asistencia del psicoanlisis cuando la sociedad no puede permitir ya esa tolerancia. La actitud afirmativa hacia la aspiracin a la felicidad se haya practicable, entonces, solamente si la felicidad y el desarrollo productivo de la personalidad son redefinidos para que puedan ser compatibles con los valores prevalecientes o lo que es lo mismo si son internalizados e idealizados. Y esta redefinicin debe a continuacin provocar un debilitamiento del contenido explosivo de la teora psicoanaltica, lo mismo que su explosiva crtica social. Si ste es en realidad el camino que ha tomado el revisionismo, esto se debe a la dinmica social objetiva del perodo; En una sociedad antiliberal, la felicidad individual y el desarrollo productivo estn en contradiccin con la sociedad; si son definidos como valores a realizarse dentro de esa sociedad, se convierten por s mismos en valores represivos."
He ah que Marcuse denuncia el revisionismo neofreudiano como una ideologa conformista, este reproche alcanza en realidad ms bien a revisionistas como Sullivan, en parte tambin a Karen Horney y con ms razn aun a los psiclogos de las Human relations, y podramos aadir, no menos a los reflexlogos rusos. Desde el momento en que Sullivan, por ejemplo, considera que todo aquel que rompe con su pasado y se levanta contra el orden constituido es sospechoso de psicopata, agresividad mal compensada etc., y que se hace de la adaptacin social el non plus ultra de la normalidad mental se esta canalizando la represin social existente y haciendo del conformismo un ideal.
Este reproche extendido a Erich Fromm ya no nos parece tan justo. Wells y Marcuse llegan a conclusiones crticas opuestas a propsito de este autor. Wells critica en Fromm el no ver nada bueno ni positivo en el capitalismo, Marcuse por el contrario lo acusa de salvar lo peor de ese mismo capitalismo, sus ideologas represivas y narcotizantes. Posiblemente Fromm presente elementos para ambas interpretaciones, pero es difcil aceptar las dos como verdaderas. En ltima instancia la crtica de Marcuse se funda en una negacin radical de toda trascendencia y este es un punto que tambin en Marcuse podra ser discutido. Sin dar un juicio definitivo sobre el asunto, al fin y al cabo la aportacin de Fromm no se ha concluido, es interesante el razonamiento de Marcuse sobre la alternativa en que se encuentra el revisionismo. Si se acepta con Fromm como finalidad del psicoanlisis el promover el desarrollo ptimo de las potencialidades personales y la realizacin de una individualidad, una de dos, o se define la personalidad y la individualidad en trminos de sus posibilidades dentro de una forma establecida de civilizacin y entonces su realizacin es para la inmensa mayora equivalente al xito en la adaptacin, o se las define en trminos de su contenido trascendente, incluyendo sus potencialidades negadas por la sociedad por encima y por debajo de su existencia actual. En este caso, su realizacin llevara a una transgresin ms all de las formas establecidas de la civilizacin y a formas radicalmente nuevas de personalidad e individualidad incompatibles con las prevalecientes.
Hoy esto significara curar al paciente para convertirlo en un rebelde o, lo que es lo mismo, en un mrtir. El concepto revisionista vacila entre estas dos definiciones. Fromm resucita todos los valores eternamente elogiados de la tica idealista, como si nadie hubiera demostrado sus caractersticas conformistas y represivas, habla de la realizacin productiva de la personalidad, el cuidado, la responsabilidad y el respeto a nuestros semejantes, del amor productivo y de la felicidad, como si el hombre pudiera practicar realmente todo esto en nuestra sociedad y todava permanecer sano, lleno de bienestar en una sociedad que el mismo Fromm describe como una sociedad de enajenacin total, dominada por las relaciones de inters del mercado.
En la medida en que esta presuncin es justa, mi impresin es que nos alcanza a todos en algn grado porque todos defendemos algn ideal y por muy utpico que este sea es de algn modo producto de la civilizacin en la que vivimos y de la que procedemos. Wells acusa a Fromm de querer salvar a nuestra sociedad neurtica por medio del psicoanlisis humanstico y ltimamente por la sabidura del Zen, lo que supondra que el analista es el nico sano en la sociedad capitalista y que est puede ser curada haciendo pasar a sus miembros por el consultorio de aqul. Naturalmente Fromm no ha dicho nunca semejante disparate, es cierto que despus de haber descrito con un rigor y una minuciosidad implacables los males del capitalismo y su hondo enraizamiento en el carcter social, propone despus un ideal de amor de justicia y de solidaridad sin que se vea claro como de lo uno puede surgir lo otro. Fromm propone algunos ensayos ya en marcha, como los realizados por Elton Mayo en los talleres Haltward de Chicago o las comunidades de trabajo en Francia e incluso l propone las directrices de una transformacin poltica y cultural, pero l mismo se da cuenta de lo limitado y problemtico de estos medios. Es ms fcil proponer el diagnstico de la sociedad que encontrar el remedio. Pero quien tiene ese remedio en la mano? No el psicoanalista desde luego, el peligro est para l justamente en creer que puede transformar la sociedad por medio del individuo concreto e incluso cambiar el individuo concreto mucho ms all de lo que permite la sociedad.
La praxis psicoanaltica tiene muy limitadas posibilidades, sera una intolerable infraccin querer convertirla en una praxis social directa, el psicoanalista se encuentra aqu ante un callejn sin salida, sabe que la sociedad influye en los trastornos neurticos de su paciente pero ni puede sacar a ste de la sociedad, ni transformar directamente a la sociedad. Esto plantea el problema de las relaciones entre enfermedad mental y sociedad. Para los psiclogos marxistas tipo Wells el problema es un pseudo-problema, la enfermedad mental, sea orgnica o funcional, es una enfermedad del cerebro como rgano fsico de la vida anmica. La sociedad no es fuente de experiencia traumtica sino cuando fuerza demasiado sistemas nerviosos peculiares con lo que se produce un estado patofisiolgico crnico. Hasta cierto punto podramos estar hasta aqu de acuerdo con Wells, pero Wells pretende apoyarse en la ciencia de la actividad nerviosa superior para oponerla a la teora freudiana de la psicognesis, como si Freud hubiera afirmado jams que la actividad mental fuera otra cosa que un movimiento complejsimo del sistema nervioso.
Cuando Freud intenta explicar la gnesis de las neurosis por la dinmica del inconsciente y de la represin, esta intentando resolver un problema que Wells y los reflexlogos escamotean pura y simplemente; el problema de la etiopatognesis. Un ejemplo lo aclarar: Es raro que una parlisis histrica coincida en todas sus manifestaciones clnicas con una parlisis orgnica aunque a veces puede plantear problemas de diagnstico diferencial, pero aun cuando clnicamente coincidieran, el psicoanlisis afirma: primero, que en un caso hay una destruccin anatmica de los centros nerviosos o de las vas responsables de la motricidad y en el otro no hay trastorno anatmico detectable, segundo que en un caso la causa de esa lesin ha sido un agente txico o mecnico y en el otro una experiencia emocional traumtica, o una serie de microtraumas, que ha sido psquicamente elaborada mediante un proceso de conversin somtica. En fin, la toma de conciencia y la abreaccin del afecto ligado al trauma pueden hacer desaparecer la parlisis histrica, mientras el conocimiento pleno de las lesiones txicas o mecnicas sufridas por el sistema nervioso no podran hacer desaparecer una parlisis orgnica. Wells acepta como terapia incluso la hipnosis. Pero no se ve que explicacin puede dar de la hipnosis y de su eficacia teraputica si niega el dinamismo inconsciente. El psicoanlisis no cura por sugestin ni por mandato hipntico sino por la toma de conciencia de las motivaciones inconscientes patgenas. La prueba del carcter patgeno de estas motivaciones inconscientes es que los trastornos desaparecen en cuanto se hacen concientes y se integran a la estructura de la conciencia. Si a priori se rechaza el mtodo psicoanaltico y sus resultados se ahorra uno todo el problema, claro est, pero en el fondo, en Wells hay un rechazo mas radical. El de la psicologa como ciencia del comportamiento humano significativo o en la terminologa de Politzer como dramtica. Al reservar a la sociologa todo el terreno de las significaciones crea entre la sociologa y la ciencia de la actividad nerviosa superior una solucin de continuidad insalvable y convierte la reflexologa en una psicologa reificada.
Este enfoque de la psicologa implica despojar el concepto de la alienacin de todo contenido humano, de toda realidad subjetiva y vivida, para convertirla en una pura condicin objetiva, a lo sumo como un reflejo ideolgico en la conciencia. Wells opina que en el enfoque psicoanaltico se considera que el hombre es motivado por compulsin, no por reactividad. El hombre ama y teme, odia y manifiesta hostilidad no porque reaccione frente a los rasgos amables temibles odiosos y antitticos de su medio, sino porque est internamente obligado a sentir as por los mecanismos intrapsquicos que funcionan dentro de su mente inconsciente. Ahora bien, decir que el hombre ama lo amable y odia lo odioso es en primer lugar una tautologa que no explica nada, en segundo lugar, desde luego escamotear el problema esencial.
Una psicologa puramente reactiva no puede explicar los fenmenos universales de la ambivalencia y la racionalizacin y en ltima instancia conduce a una explicacin idealista de la alienacin. Porque las instituciones alienantes, bien sea la propiedad privada o cualesquiera otras no han cado del cielo, han sido instituidas por el hombre, por hombres concretos que consideraron amable el explotar a sus semejantes. Si lo que es amable para el perro no es amable para m es porque mis necesidades son distintas que las del perro, son las necesidades las que hacen amables los objetos y no a la inversa y si estas necesidades no pudieran ser frustradas no existira probablemente el odio, y si al menos la agresividad pudiera descargarse sin inhibiciones no existiran las enfermedades ni la mala conciencia ni el sometimiento.
Marx dijo una vez que la ciencia sera superflua si el aspecto de las cosas coincidiera exactamente con su esencia. Wells se queda en la pura apariencia y pretende presentarla como ciencia. La reduccin neurofisiolgica de la neurosis por muy justificada que est no elimina la necesidad de proporcionar una explicacin del fenmeno al nivel de la dramtica de la experiencia vivida. Pero a este nivel es preciso una explicacin dinmica, -sin tensin ni conflicto interior no habra sufrimiento-, y sociogentica, -este conflicto tiene un origen en las vicisitudes de las necesidades que implican esencialmente al hombre-. En nuestra prxima conferencia seguiremos aun con este problema de las relaciones entre enfermedad e infancia.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 10
Armando Surez
Es curioso observar como pueden converger las conclusiones de dos enemigos ideolgicos que parten de premisas diametralmente opuestas. En una discusin mantenida en torno del problema del marxismo en relacin con el psicoanlisis por la revista americana Montly Review en 1959, varios psicoanalistas ortodoxos y especialmente el Dr. Kris pretendieron absolver al capitalismo de toda responsabilidad en la gnesis de los trastornos mentales. "Todos nosotros, -escribe el Dr. Kris-, vivimos en un sistema de monopolios capitalistas y solo el quince por ciento sucumbe a sus presiones y a su macrolocura, el resto subsiste aferrndose al microsentido comn en nuestra cultura." Pues bien este es exactamente el mismo argumento empleado por Harry K. Wells contra Erich Fromm. En esta discusin por cierto, el economista marxista Paul Barain sali por los fueros de Marx y de Freud contra sus interpretes ortodoxos. "Porque, -afirma-, ni la sociologa de Marx ni la psicologa de Freud tienen como objetivo principal el estudio de la patologa social y psquica con miras a localizar enfermedades sociales y psquicas que requirieran una terapia especfica y pragmtica, por lo menos en este sentido Marx y Freud transitaban un mismo camino. Ambos trataban de comprender las excrecencias patolgicas visibles de la existencia social en su relacin con la norma estadstica, buscaban discernir de la condensada y hasta dira exagerada manifestacin del sufrimiento la menos intensa pero universal ansiedad encubierta tras la aparente calma de la vida cotidiana. Consideradas estas excrecencias como excepciones deplorables que pueden ser explicadas y si es posible curadas, puede ser una legtima preocupacin de lo que Kris denomina empirismo clnico, pero por cierto es totalmente inconducente no profundizar en los problemas fundamentales. Lejos pues de referirnos exclusivamente al quince por ciento de nosotros que enloquece, el problema es precisamente comprender la naturaleza de la cultura a la que permanece aferrada el ochenta y cinco por ciento restante, la cultura que produce un breakdown mas o menos violento de solo el quince por ciento y la mas o menos soportable miserie psychologique del ochenta y cinco por ciento restante." Y Barain aade anotando en la misma lnea crtica de Marcuse: "A medida que las posibilidades objetivas de liberacin del excesivo trabajo de la explotacin, aumentan, a medida que crece el abismo entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la miseria impuesta por el orden capitalista, la funcin represora de las instituciones capitalistas en la cultura se tornan cada vez mas represoras, los mecanismos que refuerzan el ajuste, la conformidad y la pasividad, se vuelven cada vez mas elaborados y mas penetrantes. Cuanto mayor es la comprensin de que las potencialidades objetivas de la sociedad dependen de la capacidad de los individuos para captar la oportunidad histrica, mas se fortifica el sistema, oscureciendo y confundiendo los problemas, rechazando la existencia misma de tales potencialidades y complacindose en el cultivo de un sentimiento de satisfaccin producido por una pseudo-felicidad, pseudo-amor, pseudo-productividad, con las que pueda lograrse dentro del orden capitalista."
Pero la sociedad, aun la sociedad capitalista no es una neurosis. Igor Caruso, uno de los mas lcidos psicoanalistas contemporneos a planteado el problema a nuestro modo de ver en sus justos trminos. En su obra Soziale aspekte der psychoanalyse cita la definicin de salud mental propuesta por el Congreso de Higiene Mental celebrado en Londres en 1948 que reza: "La salud mental esta constituida por el desarrollo ptimo de las posibilidades fsicas, intelectuales y emocionales del individuo, en tanto que no contrara el de los otros". Caruso comenta: "En primer lugar tal definicin es sobre todo negativa, limitativa". Despus aborda el problema social sin confesrselo pero lo deja sin tentativa de solucin. "Por poco injusta que sea una sociedad cmo conciliar el desarrollo ptimo de los oprimidos con el de los opresores? Cul es el optimum del desarrollo en un esclavo de una sociedad esclavista? De un 'colonizado' en una sociedad colonialista? De una mujer en una sociedad patriarcal? El optimum de los opresores es mantenido en detrimento del optimum de los oprimidos. (...) La neurosis, la psicopata, -contina Caruso-, son maneras de ser del individuo en respuesta a alienaciones biolgicas y sociales. Es cierto que hay 'neurosis colectivas', respuestas irracionales de grupos a situaciones objetivas, el miedo, el odio, el embrutecimiento, el pnico, etc. Pero una estructura social no se reduce a un tal estado del alma generalizada. (...) El capitalismo no es una neurosis, es una estructura social anacrnica e injusta. Emplear impropiamente el trmino de neurosis para designar una estructura social, es entregarse a vagas analogas y contribuir a hacer abortar la accin social adecuada reemplazndola por acciones de higiene. La estructura social no es una neurosis, a lo sumo es neurotizante, porque ciertas condiciones objetivas favorecen los procesos neurticos, pero para que de latentes se conviertan en manifiestos, es preciso que exista una conspiracin bio-psicolgica. Su existencia es ciertamente favorecida por una situacin humana, pero no es un resultado ineluctable directo, lo que ofrece, gracias a dios, oportunidades para modificar esta estructura social con ayuda de una accin apropiada sin tener que pasar previamente por el consultorio del psicoanalista.
Los factores sociales aumentan o disminuyen la resistencia psico-biolgica del organismo sin por eso crear la neurosis, su influencia es mediata por intermedio de las instituciones culturales cuya organizacin esta determinada por las fuerzas histrico-econmicas mismas. Primeramente las organizaciones desfavorables aumentan las disposiciones a la neurosis; labilidad, formacin especfica del carcter, etc., que forman el terreno de la neurosis eventual. En segundo lugar, se manifiestan por frustraciones tpicas que alcanzan al individuo en su desarrollo. Estas frustraciones sufridas a travs de la familia encontrarn un terreno especficamente preparado; en tercer lugar la organizacin de las instituciones determina en cierta medida las formas de expresin, la fenomenologa de las neurosis".
Los revisionistas del freudismo son menos prudentes que el propio Freud que limitaba el concepto de neurosis al drama familiar. En efecto, la sociedad es neurotizante a travs de sus instituciones de base, a travs de la familia, el destino del nio, del cual el adulto har su historia, est determinado por sus experiencias infantiles, la familia es el lugar de paso de la naturaleza a la cultura, del destino psicolgico al sociolgico, la familia es el troquel que modela las reacciones del nio y le trasmite los ideales, tabes, exigencias y oportunidades de la sociedad. La familia forma el supery del nio, le impone frustraciones especficas, debilita o refuerza sus defensas y le proporciona modelos de identificacin. Pero la familia refleja la sociedad en torno y est la refleja a ella a su vez. La familia reacciona a las condiciones ambientes y modela al nio en funcin de las mismas. A las estructuras sociales injustas y opresivas la familia responde con reacciones neurticas o psicopticas cuando no con autnticas neurosis racionalizadas despus con las ideologas y mistificaciones dominantes en ese perodo histrico.
Caruso acepta con Lvi-Strauss que la sociedad es una estructura de intercambios: "El modo de produccin y de intercambio de los valores culturales en curso en una sociedad dada determina la estructura de las instituciones, es evidente que la distribucin de los instrumentos y los productos del trabajo desempea aqu el papel principal. Los hechos culturales se evaluaron por la manera como ha sido distribuido, obtenido y compensado el trabajo necesario para crearlos." Adirindose a Herbert Marcuse, Caruso distingue tambin una opresin fundamental y otra suplementaria ejercidas por la sociedad. "El depsito cultural, -escribe-, destilado por las sublimaciones de las generaciones, exige para sobrevivir y crecer nuevas producciones culturales y por consiguiente nuevas sublimaciones". De hecho, la sociedad no espera que el individuo se encuentre en condiciones de sublimar libremente, sino que le constrie a asumir su papel cultural reprimiendo las satisfacciones inmediatas de la vida.
Tal es la opresin fundamental ejercida por la sociedad en inters de la cultura, pero, una parte de la energa as atesorada es desviada de su objetivo directo para asegurar la persistencia de la estructura concreta de una sociedad dada, es decir, la supervivencia de un modo de dominacin en uso dentro de esta sociedad, porque una sociedad correspondiente a una etapa histrica, confunde su estructura contingente con la necesidad absoluta de una sociedad de derecho divino o natural. Caruso ve as la dialctica del desarrollo social, "la marcha de la evolucin social, marco de la psicognesis individual, recorre una espiral dialctica volviendo sobre los puntos recorridos pero en un plano mas elevado, desde el comienzo, el hombre es presa de la alienacin, porque el mundo en torno a l y en l no puede serle enteramente transparente. La reificacin es el precio de la objetivacin, la cual a su vez es la garanta del conocimiento, toda liberacin se paga con alienaciones y toda alienacin contiene en germen un medio de liberacin, el progreso extraordinario de la civilizacin fue evidentemente en parte el fruto de la explotacin mas dura del hombre por el hombre que la humanidad haya conocido jams, pero ha hecho inevitable tambin el retorno a s mismo del hombre hasta entonces reificado, as, los proletarios, los pueblos colonizados, las mujeres, los adolescentes, todos los subdesarrollados y alienados comienzan a darse cuenta de su soberana en cuanto personas y no estn dispuestos a dejarse despojar an debiendo pagar su liberacin con nuevas alienaciones ms o menos pasajeras."
Caruso reprocha con razn a los opositores marxistas del psicoanlisis el haber ignorado totalmente su naturaleza dialctica. "En cuanto tcnica de investigacin, -dice-, el psicoanlisis se basa en las relaciones concretas y totalizantes del enfermo con el medio, la novedad de la tcnica psicoanaltica consiste en que estudia al hombre en tanto que modificndose y modificando el mundo, est es su diferencia fundamental con todas las otras tcnicas anteriores en psicologa, no es una contemplacin desde el exterior sin compromiso para los incautados. Al psicoanlisis le es esencial el carcter fundamental de la dialctica, a saber: ser necesariamente una praxis modificadora de las relaciones recprocas entre sujeto y objeto en una perspectiva histrica y totalizadora. Es cierto que el psicoanlisis histrico no ha sido una dialctica consciente de s mismo ni completo, pero una dialctica mecnicamente infalible es una contradiccin, toda dialctica tiene que ser social porque el hombre no existe ni se desarrolla fuera de la sociedad."
El psicoanlisis es social desde el momento en que toma conciencia, del hecho de que dentro de su perspectiva propia analiza intercambios sociales, la reduccin unilateral de lo social a lo psicolgico es bienvenida para el opresor, ciertamente las interrelaciones con el mundo son un producto de lo vivido, y esta evidencia es psicolgica a travs de lo social, pero ante todo es social a travs de lo psicolgico, lo social es la superestructura de los esquemas de comportamiento ms profundos, filogenticos del hombre, pero el psiquismo ontogentico es la superestructura de las condiciones objetivas en que se ha llevado a cabo su desarrollo.
Una reduccin metodolgica a las causas, es siempre necesaria en todo anlisis del acontecer humano, esta reduccin dar resultados mas o menos psicolgicos o mas o menos sociolgicos en funcin de los objetivos prximos que se quieran cambiar, reformar al hombre ante todo para que reforme l a la sociedad o reformar a la sociedad ante todo para que ella reforme al hombre, esta segunda tarea ha sido asumida por el marxismo, la primera debera ser el destino del psicoanlisis, cul es pues la funcin del psicoanlisis en la sociedad y cmo puede cumplirla? Tal ser el tema de nuestra prxima conferencia.
PSICOANLISIS Y MARXISMO
Conferencia 11
Armando Surez
A lo largo de estas conferencias hemos analizado algunas de las crticas que se han dirigido al psicoanlisis desde la corriente del pensamiento marxista y algunos intentos realizados por los psicoanalistas de extender la sociologa psicoanaltica hasta ponerla en continuidad con el marxismo. Es justamente en el campo de la sociologa donde podan afrontarse ambas corrientes, porque considerndola como psicologa, el marxismo no podra hacer otra cosa frente al psicoanlisis que denunciar su estructura ideolgica clasista o considerarlo como un sector de la ciencia y dejar a los cientficos que lo discutieran.
Los psiclogos marxistas de estricta obediencia han opuesto la reflexologa al psicoanlisis sin darse cuenta de que ambas son producto de la burguesa, de la ciencia burguesa de principios de siglo, ambas mecanicistas y positivistas, con la ventaja para el psicoanlisis de constituir una praxis humana y de carcter profundamente dialctico, aunque de una dialctica no consciente de s. Los psiclogos marxistas abiertos se han quedado con la dramtica y han rechazado la metapsicologa y la dinmica de Freud, lo que nos parece definitivo en su contribucin es la distincin de planos, pero no parece que deba excluirse, aun y con todos los peligros de extrapolacin que implica, todo intento de fundamentacin biolgica del psicoanlisis. Tanto en uno como en otro caso, los objetantes muestran tanta vulnerabilidad en sus posiciones como puede achacrsele al psicoanlisis, por otra parte es injusto considerar a este como un bloque doctrinal monoltico, cuando es y ha sido desde el comienzo una ciencia en desarrollo dialctico, alimentada y corregida incesantemente por la praxis clnica. El expediente ms comn y decisivo utilizado por los marxistas para desembarazarse de una concepcin antropolgica cualquiera, consiste en denunciarla como una ideologa, esto es, como una justificacin a posteriori de una serie de intereses econmicos y de clase.
El psicoanlisis ha sido ya desde Lenin, calificado como una ideologa de la burguesa decadente, aunque ya muchos marxistas comienzan a darse cuenta de la insuficiencia de este recurso, sigue siendo el argumento decisivo contra el psicoanlisis y el motivo de su prohibicin en los pases socialistas. Marcuse ha mostrado que a pesar de todas las apariencias y todos los compromisos con el positivismo idealista burgus, la antropologa cultural de Freud es todo, menos reaccionaria, es mas revolucionaria y radical que todas las otras y la acusacin mas despiadada a la civilizacin presente y a su principio de rendimiento enajenante. Con todo, es absolutamente cierto que el psicoanlisis ha nacido en un medio burgus, como casi todas las ciencias hasta ahora, dnde est la cultura proletaria? Qu tanto los psicoanalistas como los pacientes objeto de su praxis directa son burgueses y que inevitablemente a de sufrir el condicionamiento de sus orgenes y de su ubicacin social.
Sera absurdo por parte del psicoanalista negar que el hecho de que l en tres horas de trabajo psicoanaltico gane lo mismo que un campesino o un albail en todo un mes de trabajo no tenga la menor influencia sobre su manera de pensar, como sera absurdo pretender que la condicin burguesa de sus pacientes no tiene influencia sobre la gnesis y la fenomenologa de sus neurosis. Si reconocemos esto, afirma Caruso, seremos mas libres y no reificaremos lo que tiene que quedar abierto, el psicoanlisis es en primer lugar una terapia, pero responde tambin a una crisis en el seno de una sociedad dada y de una etapa social determinada. Es en efecto medicina, pero tambin sntoma de una capa social.
El psiquiatra marxista Muldworf ha distinguido lo que hay de ideologa en el psicoanlisis y lo que hay de respuesta cientfica a necesidades especificas, reconoce que el psicoanlisis al valorar las relaciones interindividuales en su praxis, a posibilitado la fundacin de una psicoterapia dinmica, pero al confundir las relaciones intercolectivas con las interindividuales ha cometido una transgresin de gneros y se ha mostrado poco dialctico. Muldworf pone un ejemplo: "El Sr. X se excita cuando tiene que hablar con su patrn, ciertamente transfiere a su patrn un nexo edpico aun no disuelto, sin embargo, su patrn no es solamente un padre para su fantasa inconsciente, sino justamente su patrn, y el Sr. X precisamente un obrero suyo. Sus intereses son en gran parte antagnicos y la relacin de dependencia es real, ambos son representantes de intereses colectivos y representantes de determinadas clases en una estructura social concreta. En efecto, si multiplicamos las relaciones meramente interindividuales por un numero x no tendremos ya por eso relaciones intercolectivas." De ah, que en la praxis psicoanaltica sea ya imprescindible, si no se quiere escotomizar un sector importante de la motivacin humana reprimiendo lo que debe hacerse consciente, el anlisis de las relaciones intercolectivas y de las ideologas que las racionalizan. Naturalmente que esto implica el autoanlisis por parte del psicoanalista de su ideologa de clase. Recientemente se han realizado estudios sobre este punto que han venido a confirmar lo que se supona, esto es, que la ideologa del psicoanalista es por termino medio la de la clase media burguesa. Y aqu surge, incluso en un pas relativamente unitario socialmente, como es el caso de los EE.UU., cierta inseguridad e incomprensin, por consiguiente cierta ineficacia de la labor del psicoanalista frente a pacientes de clases inferiores. Tambin la formulacin diagnstica y pronstico dependen hasta un cierto grado, tanto de la clase social del paciente como de la del mdico, naturalmente que el xito o las posibilidades de xito dependen correlativamente de esos factores. Sartre observa con razn que para los marxistas la historia del hombre y con ella el peligro de su alienacin y su falta de libertad empieza con la relacin del salario y del trabajo, el hombre nace cuando recibe su primer salario. Para el psicoanlisis por el contrario, parece como si el factor social, la injusticia social, la pobreza y la opresin no existiera en lo absoluto o fueran condiciones extrnsecas. En el marxismo el nio no existe o es un adulto en miniatura, en el psicoanlisis el adulto es un nio grande. La ignorancia recproca del psicoanlisis y marxismo no puede sino perjudicar a ambas praxis.
El marxismo, bien sea que acepte la metapsicologa freudiana, su psicologa dinmica y su mtodo teraputico y de investigacin, bien sea que la rechace en todo o en parte, no puede dejar de tener en cuenta, so pena de mistificarse a s mismo, el gran descubrimiento de Freud, que el adulto es hijo de su propia infancia y que los troquelados de est duran a travs de todas las vicisitudes posteriores del individuo.
Un futuro mejor de la humanidad solo podr alumbrarse si la accin social se proyecta sobre dos puntos de aplicacin: la transformacin de las estructuras econmico sociales y la modificacin radical de la educacin. Hasta donde nuestra informacin alcanza, este segundo punto no ha sido tomado suficientemente en cuenta por los marxistas, los pocos intentos verdaderamente radicales de reforma educativa que conocemos no se han llevado a cabo en pases socialistas ni por socialistas, sino en pases capitalistas, tales son entre otros los ensayos de Sumerhill en Inglaterra y la experiencia de los Kibutz en Israel, ambos inspirados en la idea de una educacin no represiva. Por lo poco que podemos saber, la educacin en los pases socialistas est basada en estmulos competitivos, y particularmente en Rusia es especialmente pacata ? y sexualmente reprimida. Esto puede deberse a muchos factores tcticos y estratgicos en la evolucin del sistema, pero hay que contar con que los troquelados quedan y no basta un cambio de orientacin en la poltica para eliminarlos.
Justamente la existencia y la tenacidad de estos troquelados, puede explicar en parte que no se pueda esperar la realizacin del socialismo en el lapso de una generacin. Pero la hipoteca que nuestro dogmatismo, nuestro odio y nuestro resentimiento carga sobre la nueva generacin, prolongar la tarea mas all quiz de lo que nuestra propia culpabilidad exige. De nada servir remover las barreras de clase que se interponen entre los hombres, si se ha enajenado previamente al nio de s mismo, de su cuerpo y de sus sentidos, imponindole un principio de rendimiento en beneficio del aparato revolucionario y de cualquier otro ideal. Por su parte, el psicoanalista debe tomar conciencia de su papel en la sociedad, Wells da a este propsito cifras que deberan constituir para los psicoanalistas el punto de partida para un examen de conciencia saludable. En EE.UU. un porcentaje estadsticamente muy significativo de los cuadros dirigentes de la sociedad, ha pasado ya por el consultorio de los psicoanalistas o de psicoterapeutas psicoanalticamente inspirados. Evidentemente que sera absurdo atribuir la guerra de Vietnam a los psicoanalistas, pero cabe preguntarse hasta que punto el psicoanlisis se ha detenido ante el anlisis de las ideologas quedndose en el nivel de los complejos individuales.
No se trata evidentemente de hacer del psicoanlisis un instrumento de propaganda poltica burguesa o antiburguesa, el psicoanalista derogara su propia ley si pretendiera imponer a sus pacientes una determinada ideologa. Pero a travs de los fenmenos de la transferencia y la contratransferencia tiene lugar una osmosis, aun en el plano ideolgico, difcilmente controlable, pero que por eso mismo sera necesario examinar y analizar.
Caruso ha formulado el estado de la cuestin con su habitual penetracin: "A travs de la crtica del destino familiar, el psicoanlisis puede tomar conciencia de su funcin social, velada bajo un vocabulario pseudo-biolgico y mecanicista. No se trata de recaer en el error de los que quieren construir una nueva sociedad por el psicoanlisis, o conservar la antigua por el psicoanlisis. Se trata ms bien, de que el psicoanlisis se dirige a los hombres y los llama a escoger su actitud social hacindoles que tomen conciencia de la que no han escogido voluntariamente".
En ltima instancia, los psicoanalistas pertenecen a la clase de los beneficiarios de un sistema social a todas luces injusto, no lo han creado ellos ciertamente, pero la cuestin es la de tomar conciencia de hasta que punto ellos pueden contribuir con su complicidad o su silencio a mantenerlo. Si en su praxis, con frecuencia tienen que resignarse a eliminar la miseria neurtica para dejar al hombre frente a frente con la miseria de su condicin humana, deben ser conscientes de hasta que punto esta miseria humana es todava una consecuencia de circunstancias histricas superables y en esa medida asumir la responsabilidad intelectual de luchar contra los factores ideolgicos que mantienen ese estado de cosas.
Versin digital: http://www.cartapsi.org/mexico/psimar1.htm