Dispersin
de la psicologa
Carlos
Sastre
Fuente:
Sastre Carlos, La psicologa, red ideolgica,
Buenos Aires, Tiempo Contemporneo, 1974
La novela caracterstica, "psicolgica", propende a ser informe. Los rusos y los discpulos de los rusos, han demostrado hasta el hasto que nada es imposible: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, personas que se adoran hasta el punto de separarse para siempre, delatores por fervor o por humildad... Esa libertad plena acaba por equivaler al pleno desorden. Por otra parte, la novela "psicolgica" quiere ser tambin novela "realista": prefiere que olvidemos su carcter de artificio verbal y hace de toda vana precisin (o de toda lnguida vaguedad) un nuevo toque verosmil.
Jorge Luis Borges, Prlogo a "La invencin de Morel".
Si las reflexiones relativas a la distincin y a la articulacin entre ciencias e ideologas propuestas en la exposicin precedente no han sido vanas, ellas nos permitirn ahora afirmar que la pregunta por la constitucin terica de la psicologa no puede plantearse como un cuestionamiento generado a partir de una prctica cientfica especfica, sino como el propsito crtico de desenmascarar y desembrozar la constitucin de un capo ideolgico seudocientfico. La psicologa, coleccin y entrecruzamiento de discursos que se contradicen, carente de un instrumental terico y tcnico unitario que delimite un objeto propio de conocimiento, dominada por el efecto de reconocimiento, siempre dispuesta a abrirse hacia todos los temas y a caer sobre innmeros objetos reales sealados por el sentido comn, dotada de lenguajes semnticamente vagos y peligrosamente seductores gracias a su familiaridad con las representaciones espontneas de sus usuarios, constituye un paradigma de las ideologas seudocientficas segn las cuales la sociedad burguesa sistematiz el saber en el campo de las disciplinas destinadas al anlisis d la vida humana.
Es harto conocida la eclctica dispersin reinante bajo la engaosa sntesis que el trmino "psicologa" sugiere. Se reconoce habitualmente que la psicologa abarca numerosas escuelas y orientaciones, pero pocas veces se extraen las consecuencias de esta comprobacin. Sucede que el rtulo "psicologa" adscribe de antemano una identidad comn a estas variaciones, supone anticipadamente que en tanto todas ellas conforman el campo de la disciplina, una esencia comn las recorre. El trabajo que nos proponemos es inverso: examinar la materia discursiva que compone este cuerpo despedazado, para determinar as qu justifica suponer una disciplina cientfica all donde slo se ofrece la dispersin de un campo ideolgico. De otro modo, el "supuesto teleolgico" que asegura la final unificacin de la psicologa, obtura toda posibilidad de captar su verdadera constitucin. Hoy por hoy, se reconoce que la psicologa no ha alcanzado el imaginario ideal de esa unidad, pero rara vez se duda de que progresa hacia l, aproximndose as a ocupar su sitial en la academia de las ciencias constituidas. Lo que no se pone en cuestin, por lo general, es la existencia anticipada de ese lugar y destino que la espera. Una operacin primordial pretende encarnar esta creencia: la "integracin". Es que, en efecto, una vez supuesto ese todo imaginario, la disgregacin de sus partes aparece como un fenmeno aleatorio, no constitutivo, y superable merced a la voluntad de unir retazos aportados por una u otra escuela. El conocimiento cobra as la forma de una suma de materiales discursivos, heterogneos en apariencia, pero secretamente unidos por una identidad esencial, supuesta como destino y forzada a cada paso.
Por nuestra parte, lejos de proponernos la integracin de la psicologa, nos proponemos su desarticulacin conceptual, y en vez de suponer una esencia comn a las variaciones discursivas que abarca su campo, intentaremos captar la estructura que lo define. Un modelo posible para dicha conceptualizacin es concebir a esta estructura como una red o malla, tejida por el entrecruzamiento de discursos. Red abierta a su combinacin con diversas formaciones ideolgicas (filosficas, polticas, profesionales, etc.), pero que presenta un cierto ncleo resistente, que tiende a cohesionar su campo y juega en l como formacin ideolgica dominante. Este ncleo se constituye por la condensacin de recortes de la teora psicoanaltica con la filosofa fenomenolgica y el humanismo marxista.
Se trata de la psicologa concreta, que como supuesta superacin de las limitaciones de la psicologa clsica, alienta centralmente en el proyecto de unificar a la psicologa. Como lo destaca Didier Deleule "no se da una clase de psicologa general que no se inicie con un recuerdo de la crtica politzeriana y un homenaje dedicado a la sagacidad del filsofo"[1]. Ms all de las discrepancias entre escuelas y del reconocimiento explcito que se haga o no de la deuda de la psicologa con el pensamiento de Politzer, es indudable que su proyecto anima a la ideologa dominante en la psicologa actual. Consecuentemente con esta postura, hemos destinado los dos captulos siguientes al anlisis de la psicologa de la conducta, punto de interseccin y condensacin de una versin mutilada del psicoanlisis con el pensamiento fenomenolgico, en la cual se prolonga y se completa el proyecto politzeriano; y al anlisis de la formacin ideolgica que hemos denominado "la psicopatologa del hombre alienado", punto de interseccin de la antropologa filosfica feuerbachiana que orienta una lectura humanista de Marx, con varios recortes intencionados de la teora psicoanaltica.
Pero antes de adentramos en el anlisis de estas formaciones ideolgicas dominantes, ser conveniente echar una mirada sobre otros sectores del campo de la psicologa, justamente sobre esas formaciones no-dominantes, aparentemente olvidadas hoy, cuya impotencia para dar respuesta, siquiera en apariencia, a los problemas generados en la prctica de la psicologa, les depar el descrdito de los profesionales. Lo que se suele llamar "psicologa clsica" ha ampliado su espectro: quin no coloca, hoy en da, tan lejos a un Watson como a un Wundt de las teoras que orientan la prctica de la psicologa?
Dnde encontrar una escuela ortodoxamente reflexolgica o gestaltista? Estos, y otros pensamientos, se han tornado ya "clsicos", en el sentido peyorativo en que suele hablarse de "psicologa clsica", aludiendo as, con un trmino inadecuado, a lo que se considera perimido. Como lo ha destacado Georges Canguilhem, "Si se llama psicologa clsica a aquella que se pretende refutar, es necesario decir que en psicologa hay siempre clsicos para alguien"[2]. Estos clsicos, sin duda, han sido ya integrados; por exclusin o por sumacin han arrojado sus efectos en la psicologa actual, pero alientan escasamente como orientaciones puras e independientes. Su anlisis, sin embargo, no ser tarea vana: nos indicar los problemas en cuya solucin se gest la psicologa, y si nos muestra que aquellas fueron seudosoluciones o falsos problemas, ello enriquecer nuestra comprensin de la problemtica actual, al hacernos visible que ella no es sino una nueva respuesta fallida a tales preocupaciones tradicionales.
Canguilhem, en el artculo citado, al iniciar su respuesta a la pregunta qu es la psicologa? , comienza por demostrar que la tesis de la "unidad de la psicologa", preconizada por Lagache, es inconsistente en s misma, y da lugar a la pregunta por la historia de la psicologa. Se trata, entonces, de descubrir un orden histrico, esto es, una articulacin lgica y temporal que arroje alguna luz sobre la trabazn de discursos que componen la disciplina. Teatro de cortesas unificantes y de enfrentamientos irreductibles, la psicologa es un rico escenario transitado por personajes plenos de seduccin. Discursos ideolgicos, discursos de posicin, sin duda de estos personajes se trata, pero en su materialidad textual se escucha tambin la voz de los hombres que hablaron en y para cada uno de ellos.
Iniciaremos nuestro recorrido en el origen cierto de la tradicin naturalista, con Aristteles, que vio en el alma un objeto natural, cuando ya Hipcrates, el mdico, haba escrito, a propsito de la epilepsia: "Ninguna enfermedad es ms sagrada ni ms humana que otra; todas tienen una causa natural sin la cual no pueden producirse."[3] Esta posicin expresa el pensamiento naturalista que habra de alentar a lo largo de los siglos en el empirismo de la prctica mdica. Prctica sobre el cuerpo humano, compelida por la esperanza de restituir la salud perdida. Esta tradicin naturalista buscar en el cuerpo del hombre, asidero al alcance de la experiencia mdica, el alma del hombre. Claro est que, segn cmo la busque, este pensamiento alcanzar tanto el profesionalismo psiquitrico como la investigacin neurofisiolgica cientfica. Volveremos muy pronto sobre esta corriente de pensamiento, para considerar las distinciones interiores al campo de la ideologa naturalista aplicada al anlisis de los procesos psquicos. Pero no sin advertir previamente que para abordar el alma existen tambin otros caminos.
Puesto que analizamos una formacin ideolgica especfica, pretendidamente cientfica, eliminaremos de nuestras consideraciones los que ofrecen la magia y la religin, pero no podremos ignorar los que propuso la filosofa racionalista, puesto que estn en las bases originarias de la psicologa. La empresa cartesiana de conocimiento del mundo por la razn encuentra la primera realidad existencial indudable en el reconocimiento de un ego que piensa: "ergo, existe". Este reconocimiento que el yo hace del alma, sustancia pensante, calificada por la razn, es inmediato e indudable, a diferencia del que alcanza de la sustancia extensa, que abarca el cuerpo, calificado por las leyes de la mecnica. Puesto que este ego es solidario y copartcipe de un Dios, idea innata, y funda en esta alianza su acceso a la verdad, obturando as el reconocimiento de la eficacia de lo estructurante, leeremos, con Lacan, en el "Wo es war, soll Ich werden" freudiano la rplica conveniente al cogito de Descartes[4].
Ahora bien, en la frmula cartesiana se reivindic oportunamente tanto al sujeto como al verbo. La intuicin del yo, por una parte, el privilegio de la razn, por la otra. Alternativas que se expresan paradigmtica y respectivamente en el empirismo de Locke, Berkeley y Hume, y en el idealismo trascendental de Kant. Recordaremos en este punto el desafortunado decurso terico del empirismo psicologista: oponindose, en Locke, al innatismo cartesiano, reivindica la experiencia como fuente del sujeto, para desembocar, en Hume, en el reconocimiento de que la fugacidad de la experiencia sensible disuelve toda posible experiencia de la unicidad de ese yo que se pretende fundar. Buscando el origen de las ideas en su relacin puntual con impresiones sensibles, Hume se ve llevado a considerar las de "sustancia", "existencia" y "yo" como ideas ficticias y a sostener, en ruptura con la lgica y con las ciencias, que todo conocimiento del mundo es por igual mera creencia. La paradoja del empirismo psicologista reside en que su concepcin del sujeto emprico conduce a la disolucin tanto del mundo objetivo, fuente de la experiencia, como del propio sujeto de la experiencia.
Situaremos, en cambio, el pensamiento kantiano en el punto en que lo puso Freud respecto de su obra: "Del mismo modo que Kant nos invit a no desatender la condicionalidad subjetiva de nuestra percepcin y a no considerar nuestra percepcin idntica a lo percibido incognoscible, nos invita el psicoanlisis a no confundir la percepcin de la conciencia con el proceso psquico inconciente que toma como objeto."[5] El idealismo trascendental kantiano, al descubrir las condiciones de toda experiencia del sujeto, (recordemos, adems, que estas condiciones constrean an a la razn matemtica y fsica de su poca), hace imposible la psicologa como ciencia, puesto que sta pretendera tomar como objeto aquello que es la condicin trascendental de toda ciencia[6]. En Kant la psicologa encuentra a la muerte por primera vez, consecuentemente a la muerte gnoseolgica que barre tanto el yo divino del racionalismo como el yo sensitivo del empirismo, variantes ideolgicas de las cuales se aliment la psicologa en sus orgenes como supuesta ciencia humana. La profunda crisis provocada en la psicologa por el pensamiento kantiano reorganiz el campo ideolgico y dio lugar a distintas orientaciones que intentaron salvar a la disciplina siguiendo diferentes caminos.
Pero, ante todo, por qu esta intencin? Es que los cientficos, en su experimentacin sobre la naturaleza, descubren la presencia efectiva, la intrusa existencia de lo psquico dentro de sus respectivas ciencias: la experiencia, en efecto, no coincide exactamente con la razn fsico-matemtica, arroja una diferencia que slo puede ser computada como efecto de la estructura del sujeto. Trastorno en el conocimiento cientfico de la realidad, lo psquico se torna inquietante y altamente merecedor de atencin. Se intentar, entonces, aplicar a su abordaje los recursos que ofrecen las ciencias: as, Herbart preconizar la matematizacin de las relaciones entre representaciones y Fechner importar dispositivos para dar a la sensacin un tratamiento fsico-matemtico que permita formular leyes de esta diferencia o inadecuacin entre lo externo y lo interno. Se comprender que el proyecto de Herbart y de Fechner slo en apariencia es tributario del pensamiento de Kant: aceptando la adhesin de ste a la razn lgica y matemtica que encontraba su aplicacin eficiente en la fsica clsica, contradice a Kant en tanto pretende salvar a la psicologa mediante el recurso de convertirla en una "fsica del sentido externo"[7]. Ms tarde, una mejor lectura de Kant orientar las bsquedas de la fenomenologa de Husserl: no se tratar en ella de la importacin de dispositivos de la fsica, sino de la aplicacin rigurosa de la lgica. El proyecto terico de la psico-fsica, en cambio, en ruptura subrepticia con el pensamiento kantiano, debe ser puesto en continuidad efectiva con el empirismo ingls, del cual toma el objeto, sensaciones e ideas, para aplicarle no ya la reflexin, sino la experimentacin fisicalista como mtodo. Esta continuidad se hace evidente en la psicologa experimental de Wundt, que manteniendo esta delimitacin del objeto, combina la reflexin del sujeto sobre sus ideas, obtenidas en la introspeccin, con la medicin de sus sensaciones mediante dispositivos tomados de la psico-fsica. Ahora bien, se notar que estos post-kantianos se definen en su sumisin a la razn lgico-matemtica y slo aspiran a lograr su aplicacin eficaz a los procesos psquicos. Una alternativa muy distinta es la que inaugura la obra de Maine de Biran, al postular una psicologa como "ciencia del sentido ntimo"[8].
Ser til, ante todo, destacar cul es el contexto discursivo en el cual este autor forja su posicin: por una parte, va a oponerse al idealismo trascendental de Kant; por otra parte, se definir en la crtica del racionalismo cartesiano, dominante en la filosofa francesa, y en especial, en el rechazo del mecanicismo de Lamettrie, Cabanis y Condillac; que toman el modelo que Descartes preconizara para el anlisis de la vida animal, la mquina, para aplicarlo al hombre, no ya al cuerpo. Contra la concepcin kantiana del espacio y el tiempo, consistente en una construccin lgica de estas formas a priori, Maine de Biran reivindica la posibilidad de reconocer su gnesis en la experiencia subjetiva. No ser necesario, entonces, un anlisis crtico para determinarlas, sino la observacin de la experiencia interior, a los efectos de obtener un primer elemento sobre el cual edificar la psicologa como ciencia. Este primer elemento, a su vez, Maine de Biran no habr de extraerlo tomando como punto de partida la duda metdica de Descartes, que cumple la funcin gnoseolgica de pretender renunciar al sentido comn como fundamento del saber, sino, por el contrario, de una intuicin que supone abarcar tanto el cuerpo como el alma desde el interior. Esta intuicin no se obtiene por la aplicacin de la razn lgico-matemtica a los procesos psquicos, pero posee un carcter de evidencia, anloga a la que atribuye a los juicios de la matemtica. El "hecho primitivo" en posicin del cual nos pone la intuicin es la tensin entre el esfuerzo de la voluntad, propio del alma, y la resistencia de lo orgnico, propia del cuerpo; de esta tensin nace el movimiento del sujeto, movimiento muscular, pero que tiene su causa en el yo que desea. As, Maine de Biran opondr la frmula "je veux" a la frmula cartesiana "je pense", opondr su romanticismo a la filosofa racionalista. Llamado "el primero de los existencialistas", este autor cumpli la desafortunada misin de fundar la psicologa a partir del sentido que el sujeto intuye en su experiencia; para l, "es necesario estudiar las operaciones psicolgicas por referencia al sujeto, es necesario ver las relaciones que sostiene consigo mismo. (...) Considerarlo como un objeto es condenarse a dejar escapar lo que hay de ms ntimo, y es perder la originalidad que puede pretender la verdadera psicologa"[9]. Si esta postura parece una anticipacin y una fundacin de la lnea de pensamiento que se expresa en la psicologa concreta de Politzer, con la crtica a la "cosificacin" de .lo psquico, ms interesante an es comprobar que todas las crticas que Maine de Biran dirige a la psicologa de su poca no son otras que las reiteradas por Politzer. Vase, por ejemplo, sus crticas a la ideologa mecanicista, a los mtodos fisiologistas, y a los mtodos introspectivistas elementalistas en psicologa: "Maine de Biran habla de una experiencia intima del acto de querer, experiencia que opone a todo conocimiento que se pueda alcanzar desde el exterior y que nos haga percibir la volicin como un objeto. Estudiar la voluntad desde el punto de vista fisiolgico ser, precisamente, tratarla como objeto; (...) la introspeccin, tal como la han practicado los psiclogos desde Bacon, trata igualmente al yo como objeto"[10]. Contra la mirada naturalista que abarca el cuerpo desde el exterior, Maine de Biran postula la intuicin que lo revela como cuerpo vvido, significado por el yo desde el interior; contra toda posible reflexin escptica y dubitativa inicial, Maine de Biran postula un sujeto positivo originario. "Referencia a un sujeto", he aqu lo que este autor reclama a la psicologa; como veremos, no es otro el reclamo de Politzer. Ms an, el pecado de "abstraccin" adjudicado por Politzer a la psicologa clsica, no difiere esencialmente de la postura de Maine de Biran al respecto: "la introspeccin corriente habla de facultades, de causas, de potencias; pero, qu entiende por ellas? Puras abstracciones, ttulos de clases, sin valor real"[11].
Situado en el realismo de sentido comn por obra de su rechazo de la duda metdica de la razn, adherido al sujeto emprico gracias a su desprecio de la lgica trascendental, Maine de Biran inaugura una tendencia que cien aos ms tarde Bergson considerar "la va por la cual la metafsica deber marchar definitivamente", y que alcanzar a Politzer, aparente crtico de Bergson, sometido sin embargo a su pensamiento. Tambin, por su insistencia en el carcter "activo" de la mente[12] , por su reconocimiento de que la intuicin impone formas armonizantes a la sensibilidad[13], podran buscarse en Maine de Biran algunos antecedentes de la concepcin de los procesos psquicos sustentada por la psicologa fenomenolgica de Brentano y sus seguidores de la psicologa de la forma. No es la intencin de nuestro trabajo explorar sistemticamente todos estos puntos de contacto, aunque volveremos sobre algunos de ellos, pero s sealar que Maine de Biran inaugura en la psicologa una modalidad de pensamiento que desde entonces se enlaza indisolublemente .a sus bsquedas y la afecta profundamente. La bsqueda de la significacin de los actos por referencia a un sujeto activo, nico e individual, este proyecto caro a Maine de Biran resultar central en la psicologa moderna.
Antes de seguir adelante, ser de utilidad recapitular brevemente lo expuesto. Hemos indicado hasta aqu varias lneas de pensamiento, que desarrollndose en sus orgenes ms o menos separadamente, convergen en las diversas combinaciones discursivas que ofrece la psicologa moderna. Una ideologa naturalista, una psicologa fisicalista, y una psicologa romntica, se han esbozado en estos albores de la disciplina. Sucesivas combinaciones de stos y otros elementos se muestran en las formaciones ideolgicas que fueron sumndose en su composicin. Retomemos ahora, a efectos de continuar ese anlisis el examen de la ideologa naturalista y de sus puntos de contacto con diversas tendencias.
La concepcin de lo psquico como funcin de la estructura corporal, funcin considerada probablemente tan perecedera como esa estructura, alent, como hemos dicho, tanto el empirismo de la prctica psiquitrica como investigaciones cientficas en el campo de la neurofisiologa. Ahora bien, investigaciones como las que desembocan en el descubrimiento del centro del lenguaje por Broca o de los reflejos condicionados por Pavlov, para citar slo dos jalones revolucionarios, constituyen bsquedas ideolgicamente orientadas por el naturalismo y el evolucionismo, ajenas al campo de la psicologa, puesto que se cumplen en el seno de disciplinas cientficas autnomas, pero que arrojan efectos de desigual importancia en la psicologa. En efecto, as como la importacin de dispositivos fisicalistas conduce a la psicologa experimental a una "va muerta" dado que disuelve lo psquico tal como se ofrece a la intuicin, sin poder reconstituirlo luego, as ciertas corrientes en psicologa, pretendiendo apoyar sus ideologas sobre los xitos de la neurofisiologa, alcanzan tambin callejones sin salida. Paradigma de estas extrapolaciones es la reflexologa de Rubinstein, que sustenta que "Tampoco es preciso correlacionar desde el exterior la actividad psquica con el cerebro, con su actividad nerviosa material; la propia actividad psquica es, a la vez, una actividad nerviosa (una actividad nerviosa superior)"[14].
Se comprende cul es el escollo que se procura salvar aqu: al no poder ofrecer una hiptesis precisa de las relaciones entre actividad cerebral y actividad psquica, y al haber hecho de esta relacin el centro de su exposicin ideolgica, Rubinstein se ve forzado, finalmente, a hacer desaparecer la distincin, a condensar los trminos que se propuso articular. Un reflexlogo menos serio y ms audaz, en cambio, como Sviadosch, opt directamente por localizar las diversas enfermedades mentales en distintos "puntos enfermos de la corteza cerebral", con lo cual cumpli ms aplicadamente con el dogma reflexolgico a la vez que demostr involuntariamente el carcter imaginario de esta psicologa.
De la misma manera, el conductismo de Watson es tambin una psicologa pensada desde la ideologa naturalista, pero que combina la extrapolacin de la neurofisiologa con la de la biologa: ante la imposibilidad de vincular cientficamente lo psquico como objeto de la intuicin con la lectura biolgica del cuerpo, opta por hacer desaparecer el psiquismo en una reduccin absoluta. Claro que Watson no se equivocaba cuando escribi: "Nadie, salvo yo, cree en la naturaleza enteramente fsico-qumica de toda respuesta, de la ms simple a la ms compleja"[15]. Sus seguidores, es cierto, no tardaron en echar mano a la condensacin de otras corrientes de pensamiento psicolgico, gracias al artificio verbal de denominar conducta a la conciencia. Sin duda, la lectura ms interesante del pensamiento de Watson es la que se ocupa de su ideologa. Tal la que produce Didier Deleule[16], quien seala que ante la tradicional oposicin alma-cuerpo, Watson propone la nueva oposicin organismo-medio y las nociones que de ella se derivan. Respuestas y estmulos, individuo y sociedad, innato y adquirido son los trminos en juego en una teorizacin que alimenta por igual la psicologa animal y las ilusiones de marxistas como Pierre Naville[17]. Como lo destaca Deleule, el uso del modelo biolgico no es inocente: lo funda una presupuesta analoga entre el medio natural y el medio social, que slo puede apoyarse a su vez en la conviccin de que no existe ruptura entre naturaleza y sociedad. Ahora bien, si la adaptacin regula la revelacin del organismo al medio natural y esta relacin es anloga a la que el individuo mantiene con el medio social, a la psicologa conductista no le cabe otro destino que poner su bagaje nocional y sus recursos tcnicos al servicio del proyecto ideolgico de adaptar. Es que en este punto alcanzamos la combinacin de una de las variantes de la ideologa naturalista, que venimos siguiendo en su desarrollo, con la ideologa poltica dominante en el mundo industrial del capitalismo. Sin embargo, antes de internarnos en el anlisis de esta ideologa adaptacionista, presente tambin en casi todas las prcticas y teorizaciones de la psicologa moderna, ser conveniente volver atrs una vez ms, y retomar el examen de la ideologa naturalista, no ya en la investigacin neurofisiolgica y biolgica cientficas, ni en sus extrapolaciones reflexolgicas y conductistas, sino en esa tradicin que hemos denominado el empirismo de la prctica mdica.
Pondremos un jaln de relevante importancia a este respecto en la figura de Pinel, que influido por los mecanicistas franceses, en especial por su amigo Cabanis, y por el ideario poltico racionalista de la Revolucin Francesa, tom partido, retomando la tradicin hipocrtica, contra la an vigente "teora de la posesin" y logr convertir a la locura en objeto legtimo y exclusivo de la prctica mdica. Considerando al asilo el principal instrumento teraputico, Pinel no se contenta con clasificar las enfermedades mentales, sino que clasifica efectivamente a los sujetos enfermos, separndolos por pabellones segn sus respectivas sintomatologas, y creando talleres para los convalescientes'[18]. En esta llamada "revolucin psiquitrica" dos aspectos merecen ser remarcados. En primer trmino, que se crea, con la prctica psiquitrica en el asilo, un espacio de experimentacin, cuyo objeto son los alienados y cuyos mtodos abarcan todos los recursos empricos de los cuales los mdicos pueden echar mano; esta experimentacin sobre seres humanos abre las puertas tanto al salvajismo psiquitrico, que contina hasta nuestros das, armado de toda clase de recursos torturantes, como a las perspicaces investigaciones de la escuela de Nancy, ctedra mdica de ciencias an consideradas "ocultas", donde Freud obtuvo la prueba positiva de la eficacia de lo inconciente. En segundo trmino, esta prctica psiquitrica est alentada por un propsito: devolver al sujeto, desde su lugar de enfermo, segregado, a su lugar de trabajador, integrado. Debe recordarse que, como lo ensea Foucault: ". . . la relacin entre la prctica de la internacin y las exigencias del trabajo no est definida, ni mucho menos, por las exigencias de la economa. Una visin moral la sostiene y lo anima. ( ... ) El prisionero que puede y que quiere trabajar ser liberado; no tanto porque sea de nuevo til a la sociedad, sino porque se ha suscrito nuevamente al gran pacto tico de la existencia humana"[19]. El mdico toma posesin del asilo, desplazando al cura, y la institucin se especializa en la reclusin de los locos, despus de haber sido por ms de un siglo una suerte de crcel en la cual se rene indiscriminadamente a indigentes, perversos, delincuentes y psicticos. Y con el asilo, el mdico hereda una moral, portadora de los efectos de la instancia econmica, pero no atada puntualmente a ellos: no se trata de reintegrar al loco para disponer de un trabajador ms, sino de suprimir ese desvaro que impugna prcticamente la regla a la cual debe ajustarse el ciudadano. De ah la importancia de esos talleres, punto de articulacin de la enfermedad, signada por la malfica y subversiva ociosidad, con la salud, definida por la aceptacin del bien, encarnado en la nueva legislacin racional. La reforma de Pinel, efecto localizado de la revolucin burguesa, significa el nacimiento de la psiquiatra como profesin liberal destinada a articular el llamado y la coercin que el nuevo orden social dirige a sus marginales.
El espacio de experimentacin as fundado encontr sus ms sutiles cultores en la escuela francesa de psiquiatra: Charcot, y ms an, Libault y Bernheirn, quienes a diferencia de Pinel, influido por el mecanicismo, reciben en cambio la influencia de la psicologa del sentido ntimo de Maine de Biran y renen as, en su prctica, la ideologa naturalista mdica que los induce a buscar explicaciones causales de los trastornos mentales con el reconocimiento de la necesidad de comprender el sentido de la accin del sujeto. En este punto, en articulacin y en ruptura con estas tradiciones es que debe ser puesto el descubrimiento freudiano. No examinaremos en este trabajo el pensamiento de Freud en profundidad, por cuanto lejos de pertenecer al campo de la psicologa, por el contrario est en ruptura con ella y la muestra prescindible, pero ser interesante acotar que las lneas de pensamiento que venimos siguiendo hasta aqu encuentran en el psicoanlisis freudiano su crtica y su articulacin conveniente. En efecto, si Freud retoma el modelo de la fsica no es para favorecer la invencin de dispositivos tcnicos y experimentales, sino para buscar en los principios ms generales de la termodinmica un modelo de las leyes reguladoras de los procesos psquicos; si respeta a la lgica trascendental kantiana es porque descubre, a su vez, un campo trascendental, dotado de su propia lgica, constitutivo y determinante de la experiencia; si no se priva de volver su mirada hacia el cuerpo, altera la mirada mdica disectora y lo descubre como cuerpo libidinal; si no renuncia al sentido ntimo, al mismo tiempo sita al yo como lugar del efecto de sentido, disolvindolo como causa; si hereda el espritu naturalista y evolucionista de un Brecke no ser para extrapolar la fisiologa, sino para abordar lo psquico con una metodologa que se quiere rigurosa y demistificante; si trabaja el problema de la relacin entre el sujeto y la cultura, ser para inaugurar una prctica que al dejar hablar al deseo inconciente, no garantiza en la cura ninguna adaptacin convencional a los requerimientos del medio social.
En la obra de Pierre Janet, forjador del trmino "psicologa de la conducta", en la de Alfred Binet, creador de los tests mentales, ambos contemporneos de Freud, puede encontrarse, en cambio, un pensamiento que retoma a la psiquiatra clsica, la conjuga con el conductismo adaptacionista y hace de la psicologa lo que Canguilhem denomina una "biologa del comportamiento humano". Disciplina abocada a la clasificacin y control social tanto de los desviados (enfermos mentales, delincuentes) como de los normales, a los cuales se hace necesario "tasar[20] en virtud de su competencia y sus aptitudes. Ambas prcticas, sobre los normales y sobre los anormales, estn guiadas por un propsito comn: desarrollar recursos que manipulen la eficiencia del sujeto en el sistema social, reintegrando a los marginados y distribuyendo hbilmente a los integrados. Sin embargo, el control social exige algo ms: interpelar al individuo en ese territorio que la sociedad burguesa reconoce orgullosa-mente a cada uno, la subjetividad. Tanto la psicologa clnica como la psicologa social se gestan al servicio de este propsito, y reciben para ello un eficaz auxilio en el aporte fenomenolgico a esta problemtica. Antes de profundizar ms en esta psicologa es necesario ocupar-nos, siquiera brevemente de la psicologa fenomenolgica; como veremos, ella nos conducir a la psicologa concreta de Politzer y a sus interlocutores, en especial, a la obra de Bergson.
Situar la psicologa fenomenolgica supone retrotraer una vez ms nuestro recorrido, para fijar la distancia que media entre la conciencia trascendental kantiana y el yo puro de Husserl. Nos contentaremos con sealar que all donde Kant descubra una lgica trascendental, entendida como condiciones a priori de la experiencia, Husserl procura obtener un yo puro o trascendental, entendido como conciencia actual. Si el yo psicolgico, alienado en la actitud natural en la cual se percibe como opuesto al mundo y encarndolo segn una intencionalidad prctica y valorativa, es un modo de existir, el yo puro, producto de la reduccin fenomenolgica e instrumento de la intuicin eidtica que capta las esencias, es tambin una modalidad de la existencia. All donde Kant situaba las restricciones de la experiencia, la fenomenologa pretende instaurar otra experiencia, la del yo puro, que despojado de todo juicio derivado de la actitud natural relativo a la existencia y esencia de los objetos, percibe al mundo como inmanente a l, descubre que la oposicin de la conciencia y el mundo es aparente, que en el nivel del yo puro esta oposicin se resuelve en la distincin entre acto y contenido. Se sigue la indicacin de Brentano: la con-ciencia debe ser concebida como actividad de intencionar su objeto, y por lo tanto toda psicologa abocada al inventario de los contenidos de la conciencia deja de lado la esencia de los procesos psquicos. En cierto sentido, podra decirse que Freud fue ms kantiano que los fenomenlogos: no intent situar al sujeto en el campo trascendental. Inversamente, puede decirse tambin, como lo ha sealado Oscar Masotta, que "las bsquedas fenomenolgicas concluyen all donde comienza el campo del descubrimiento freudiano", pues pertenecen al orden del preconciente. Ahora bien, si la produccin de un yo puro es ajena al pensamiento kantiano, la concepcin de la conciencia como actividad organizadora no lo es, y por este rasgo doctrinario es que suele rendirse homenaje a la psicologa fenomenolgica. Veamos, entonces, como se expresa esta postura cuando se especifica y se transforma en psicologa experimental y en psicologa clnica.
Los fundadores de la psicologa de la forma, Wertheimer, Kehler, Koffka, contemporneos y discpulos de Husserl, intentaron dar a estos conceptos un tratamiento experimental. Si bien recibieron las crticas de Husserl por sus tesis ms psicologistas, como la pretensin de Wertheimer de reducir el silogismo a una estructura de figura-fondo[21] , es indudable que se ocuparon en investigar la conciencia concebida como devenir intencional, para determinar las formas puras que la conciencia imprime al mundo, ms all de toda experiencia cultural. Aceptando la demarcacin tradicional de los procesos psquicos, esto es, las funciones mentales, los psiclogos gestalistas las estudiaron como actividades, y obtuvieron sus propias leyes, en especial, relativas a la percepcin, la memoria y el aprendizaje. Leyes descriptivas, que suscitan, por lo tanto, el problema de la gnesis y determinacin de las estructuras que describen. Se notar que sta es la primera alusin a las "leyes de la psicologa" que introducimos en nuestro trabajo. Ms all de las distancias y oposiciones entre sus respectivos modos de produccin de conocimientos, que hemos ido indicando e intentaremos sistematizar ms adelante, algunas de las escuelas que conforman la psicologa han postulado ciertas leyes. As, la formulacin que provee Fechner a las observaciones iniciales de Weber, segn la cual "la sensacin aumenta en progresin aritmtica a Medida que el estmulo aumenta en progresin geomtrica"[22] ; por su parte, la psicologa elementalista, explorando los contenidos de la conciencia, formula leyes de sus relaciones, de la asociacin de ideas por contigidad, semejanza, frecuencia, etc.[23] ; la psicologa de la forma, a su vez, produce leyes relativas a las constricciones que la actividad psquica impone a los estmulos. Dado que el carcter legal suele ser considerado uno de los rasgos distintivos del conocimiento cientfico ser necesario situar el status de estas leyes.
Pero, ante todo, qu es una ley cientfica? Hasta un epistemlogo positivista como Wisdom, seala que "... algunos enunciados poseen la especiosa apariencia de ser expresiones de ley, cuando en realidad slo expresan una: cierta coleccin de observaciones."[24] Por nuestra parte, de acuerdo a los fundamentos expuestos pginas atrs, sustentaremos la posicin de que no hay ley cientfica sin pertinencia de ese juicio universal a una estructura terica constituyente de un objeto propio de conocimiento. Y destacaremos que cuando este objeto terico se constituye es que se opera ese efecto que Popper reconoce como propio de "una hiptesis genuina": resulta abarcadora de hechos de una clase diferente de los que la hiptesis estaba llamada a explicar. En efecto, es en su exportacin fructfera y develadora que se prueba el poder explicativo de un juicio universal. La psicologa de la forma enunci sistemticamente un conjunto de aproximadamente cincuenta leyes de la percepcin y luego ces de producirlas. Cabe que nos cuestionemos si ello obedeci a que haban agotado su objeto o su ingenio. Variaciones sobre un mismo tema; estas leyes slo pueden ser evaluadas en una lectura que las ponga en relacin con los efectos que produjeron en el campo terico y prctico de la psicologa. Las leyes producidas por la psico-fsica, la psicologa introspectivista, la psicologa de la forma, adolecen de la desdichada cualidad de limitarse a describir fenmenos, razn por la cual no tienen fuerza explicativa alguna, y por este motivo no resultan exportables. Slo una teora transforma la co-variancia de los hechos en leyes cientficas, que explican los hechos, al mostrarlos como efectos de una causa. No todas las leyes son leyes causales, pero todas las leyes cientficas son pertinentes a un cuerpo terico explicativo. Para la teora del aparato psquico, las leyes de la psicologa de la forma caben en la "1" de Boltrafio[25] . En cambio, a la psicologa como campo ideolgico, estas leyes la afectan profundamente. Toda suerte de ideologas de la totalidad, algunas muy alejadas del pensamiento de los psiclogos de la forma, reivindicaron su autoridad legal para sus fines. La totalidad del hombre, de la persona, de la experiencia, por una parte, pero tambin un cierto no‑elementalismo que, inferido al saber, alimenta la integracin persistente de la heterogeneidad. En cuanto a la prctica profesional de la psicologa, tambin se vi afectada profunda y eficazmente por el gestaltismo. La descripcin gestltica del comportamiento facilita su control: las experiencias de Zeigarnik sobre tareas inconclusas suelen citarse como algunas de las ms aplicables y fructferas hiptesis gestlticas: se trata de una aplicacin a la psicologa del trabajo; y el anlisis de la percepcin, qu ha nutrido sino el diseo de objetos-mensajes seductores para las masas? De ah que las posiciones gestaltistas puedan coexistir armnicamente con las hiptesis psico-sociales del "new look in psychology", que describen las variaciones de la actividad perceptual cotejndolas con datos que describen la situacin social del sujeto de la experiencia. Una misma metodologa transita estas bsquedas: componen la psicologa experimental. Consiste en disear un estmulo con precisin (cuantitativa en el caso de la psico-fsica, cualitativa en la psicologa introspeccionista y en la de la forma) y aplicarlo a un sujeto ignoto, pues no se articulan las variaciones de su respuesta a una teora del sujeto. Se trata siempre de la psicologa concebida como conocimiento de la diferencia entre lo externo y lo interno (sensacin, huella o acto, segn se trate de cada una de las escuelas que comparamos).
La dificultad de estos procedimientos reside en que pretenden hacer brotar la interioridad del cotejo de las variaciones concomitantes de las dos exterioridades que componen la reaccin estmulo-respuesta. De resultas de lo cual el sujeto que se intenta inferir se construye como una duplicacin especulativa de los supuestos contenidos en el diseo de la reaccin. Esta crtica, que creemos vlida para toda la psicologa experimental, alcanza, segn Lacan, inclusive a la psicologa gentica de Piaget. En efecto, desde cierto punto de vista, esta corriente est en continuidad con la psicologa de la forma; se eleva de la percepcin al pensamiento en cuanto al objeto, y pretende conocer sus estructuras articulndolas con su gnesis, pero recibe buena parte de su arsenal metodolgico de la experimentacin gestltica. Sin embargo, la psicologa gentica puede ser situada tambin como un punto de interseccin ms complejo, signado por los puntos de contacto que la comn tendencia estructuralista traza entre la neurofisiologa, la lingstica, la etnologa. Nuestro conocimiento de las leyes generales del espritu humano es lo bastante fragmentario como para que podamos permitirnos el lujo de renunciar a los aportes de la psicologa gentica, que configura en el campo de la psicologa la excepcin de un discurso original y riguroso, y en consecuencia, estimulante. Que no es imposible, sino fructfero, trabajar su posible articulacin con el discurso freudiano, se demuestra para nosotros en el valor y el inters de las investigaciones de Spitz.
Volviendo ahora sobre la psicologa experimental propia-mente dicha, creemos pertinente destacar que el sujeto, no apresado como objeto en el hecho construido, es, en cambio, artfice de la construccin. La psicologa experimental supone un sujeto cmplice, que informa de la variacin de sus sensaciones, de sus recuerdos o de sus actos. Ms an, en el caso de la psicologa de la forma, para probar experimentalmente la reestructuracin del campo perceptual se apela a un esfuerzo del sujeto de la experiencia[26]. Emerge as una suerte de "perceptor entrenado", homlogo del tradicionalmente abominado "introspeccionista entrenado". Como el conocimiento de lo psquico opera primordialmente por la irona, no es de extraar que el psicoanlisis freudiano pusiera sus bases experimentales en el silencio del estmulo y en el desprecio de la complicidad manifiesta del sujeto de la experiencia. All donde hay teora del sujeto, se anula el sujeto emprico y se recorta el material significante.
Ante este cuestionamiento, ausencia de una teora del sujeto, la psicologa fenomenolgica ha propuesto varias respuestas alternativas, tanto en el mbito de la teora psicolgica general como en el ms especfico de la psicologa clnica. Merleau Ponty, por ejemplo, introduce un sujeto fisiolgico, que garantiza por isomorfismo la reproduccin de las formas. Continuando el pensamiento en este sentido de los fundadores de la escuela gestaltista, va en busca de esa garanta a la fsica, la fisiologa, la psicologa conductista y reflexolgica, y an, la psicologa evolutiva de Wallon[27]. Pero estas descripciones no le entregan clave alguna para descifrar el sentido de lo vivido, de modo que se ve obligado a limitarse a proclamar que este sentido est presente en la conducta, y consecuentemente con ello, a limitarse a bordar filosofa especulativa sobre los descubrimientos neurofisiolgicos, como cuando observa que " ...slo hay en el sistema nervioso hechos globales"[28] , olvidando que los hechos slo existen para el mtodo que los interroga, que no pueden ser signados en su univocidad por una filosofa que cree nombrar lo real. Este discurso no ilumina la neurofisiologa, as como sta no lo auxilia en su bsqueda del sentido.
En la psicologa comprensiva de Dilthey, en la psicopatologa de Jaspers, en los primeros trabajos de Sartre, pueden encontrarse exponentes de una psicologa fenomenolgica que busca situar al sujeto sin hacerse sierva de otras ciencias o de otras tendencias en psicologa.
Reivindicando como Bergson la intuicin como mtodo, muy prximo a la concepcin de Maine de Biran por el nfasis puesto en el aspecto volitivo de esa intuicin, Dilthey se opone a toda psicologa naturalista, entendiendo por tal la que opera segn hiptesis causales que relacionan exteriormente los hechos. Estas construcciones intelectuales, que arrojan utilidad en las ciencias de la naturaleza, no deben importarse a las ciencias del espritu. La psicologa debe captar los fenmenos dados en conexin vivida internamente y plena de sentido. Se pretende fundar una psicologa descriptiva, no explicativa, que capte la esencia de los procesos psquicos, entendidos como el curso temporal de las vivencias. De aqu que la psicopatologa de Jaspers, subsidiaria de estas tesis, pueda apropiarse todo el fatigoso empirismo de la descripcin psiquitrica tradicional, y coronarlo con la afirmacin de que la enfermedad mental es una manera de existir en el mundo, una vivencia que debemos comprender como fenmeno humano de libertad, no explicar como una anormalidad causalmente determinada. El primer trabajo de Sartre, La trascendencia del ego, ofrece la versin caricaturesca de esta psicopatologa, versin propia de una filosofa especulativa que extrema la nota: "Podemos formular entonces nuestra tesis: la conciencia trascendental es una espontaneidad impersonal. Se determina en la existencia a cada instante sin que se pueda concebir nada antes de ella. De este modo cada instante de nuestra vida consciente nos revela una creacin ex-nihilo. No un arrancamiento nuevo, sino una existencia nueva.
Hay algo de angustiante para cada uno de nosotros cuan-do queremos alcanzar sobre el hecho esta creacin inapresable de existencia de la que nosotros no somos los creadores. En este plano el hombre tiene la impresin de escaparse incesantemente, de desbordarse, de sorprenderse en una riqueza siempre inesperada; y una vez ms se encarga al inconciente de dar cuenta de ese sobrepasamiento del Yo (Moi) por la conciencia. De hecho el Yo (Moi) no puede nada sobre esta espontaneidad puesto que la voluntad es un objeto que se constituye para y por esta espontaneidad. La voluntad se dirige a los esta-dos, a los sentimientos o a las cosas, pero no se vuelve jams sobre la conciencia. Se comprende muy bien esto en algunos casos en que se ensaya querer una conciencia (yo quiero dormirme, no quiero pensar ms en eso, etc.). En estos diferentes casos es preciso por esencia que la voluntad sea mantenida y conservada por la conciencia radicalmente opuesta a la que ella quera hacer nacer (si yo quiero dormirme, permanezco despierto, si no quiero pensar en tal o cual acontecimiento, pienso precisamente por eso en l). Nos parece que esta espontaneidad monstruosa est en el origen de numerosas psicastenias. La conciencia se espanta de su propia espontaneidad porque la siente ms all de la libertad. Esto se puede comprender claramente con un ejemplo de Janet. Una muchacha casada tena terror, en cuanto su marido la dejaba sola, de asomarse a la ventana e interpelar a los transentes al modo de las prostitutas. Ni su pasado ni su carcter podan servir de explicacin a semejante temor. Lo que ocurra simplemente era que una circunstancia sin importancia (lectura, conversacin, etc.) haba determinado en ella lo que podra llamarse un vrtigo de la posibilidad. Ella se encontraba monstruosamente libre y esta libertad vertiginosa se le apareca en ocasin de ese gesto que. tena miedo de hacer. Pero este vrtigo no es comprensible ms que si la conciencia se aparece repentinamente a s misma como desbordando infinitamente en sus posibilidades al yo que de ordinario le sirve de unidad".[29]
El carcter flagrantemente irrisorio de esta interpretacin de un hecho psicopatolgico no obedece meramente a la ingenuidad moral o a la falta de perspicacia clnica: es el producto de una posicin terica general.
En este trabajo Sartre retorna y critica a Husserl. Por la supresin del Ego trascendental y la afirmacin de la conciencia trascendental, desemboca en la postulacin de una conciencia no limitada por nada trascendente a ella, accesible y capaz de saberse a s misma en tanto pase de conciencia irreflexiva a conciencia reflexionante no posicional de s y finalmente, a conciencia reflexionante posicional de s. El Ego, en tanto, sea propio o ajeno, no ser sino objeto para la conciencia y el conocimiento de uno mismo a lo sumo ms "ntimo" pero no cualitativamente distinto del conocimiento del otro. De este, modo, introspeccin y observacin sern mtodos complementarios, ms an, sern los mtodos en psicologa. Para esta conceptualizacin, la psicopatologa se sita en la tensin establecida entre el fluir espontneo de la conciencia y la voluntad del sujeto, entre la amplitud de las posibilidades de ser-en-el-mundo que ofrece la con-ciencia en su existir y la estrechez convencional del yo. Revelar al sujeto esa libertad, ms an, instarlo a no renunciar a ella, a asumirse, provocar en l, puesto que est condenado a elegir, la eleccin autntica, he aqu las banderas con las cuales aborda al sujeto la psicologa fenomenolgica existencial. Ahora bien, como lo deja entrever Sartre en el texto citado, estas bsquedas estn para evitar recurrir a la hiptesis del inconciente. Para evitar, especficamente, recurrir al psicoanlisis freudiano, que acepta el modelo metodolgico de las ciencias naturales, que peca de ser determinista, causalista, en fin, explicativo. La psicologa fenomenolgica, sin embargo, no puede resistir a la tentacin de anexarse el saber que abre el psicoanlisis: la trasmutacin del inconciente en mala fe, en inautenticidad existencial, est inscripta como el fruto ilegtimo de esta unin vergonzante. Sartre pretende realizar esta anexin sin olvidar sus tesis originales, y pasa as de la exclusin del psicoanlisis a su condensacin con la fenomenologa. En esta operacin, como lo reconoce Ruitenbeek, es la fenomenologa, no el psicoanlisis, quin conserva su identidad: ...me parece que debe reconocerse a la fenomenologa misma el mrito de haber provocado el surgimiento del psicoanlisis existencial".[30]
La condensacin de la psicologa fenomenolgica existencial y el psicoanlisis se expresa en numerosos textos. Sabemos, por su respuesta a las crticas de Binswanger, que Freud fue tajante respect a esta conciliacin: "Siempre me he limitado a la planta baja y el stano del edificio. Usted mantiene que al modificar el propio punto de vista tambin es posible ver el primer piso, en el que habitan huspedes distinguidos como la religin, el arte, etc.... Ya he encontrado un lugar para la religin al colocarla en la categora de las neurosis de la humanidad. Pero probablemente estemos aqu en desacuerdo, y nuestras diferencias slo se allanarn despus de siglos"[31]. Se notar que Freud pone el acento en su concepcin del "espritu" como efecto de una ms baja y oculta estructura, y sita a la filosofa fenomenolgica como una disciplina fascinada en la superficie de la superestructura. Los partidarios del psicoanlisis existencial se aplican, consecuentemente, a invalidar este juicio que les hace tan poco favor, merced a su inversin: sealan que los pacientes actuales, menos reprimidos que las vctimas victorianas, enfrentan "un dilogo interior no reprimido, pero que los aburre": no los acosa lo inconciente sino el sinsentido de la existencia, ms bsico respecto a los epifenmenos que habra descripto Freud; en consecuencia, sitan a la especulacin metafsica sobre la existencia en el lugar de la teora y al psicoanlisis en el nivel de las tcnicas teraputicas[32] Por lo dems, este reconocimiento del valor prctico-tcnico del psicoanlisis no significa sino que se dan el derecho de apelar a procedimientos analticos cuando les resulta conveniente, pero su concepcin de la terapia es radicalmente dismil de la freudiana. Binswanger sostiene que "... ya no se comprende al hombre en trminos de alguna teora, sea mecanicista, biolgica o psicolgica, sino en trminos de una elucidacin puramente fenomenolgica de la estructura total de la existencia como ser-en-el-mundo."[33] Ahora bien, el mismo autor, a pgina seguida, cuando nos ofrece su visin de la psicoterapia, acude a la siguiente metfora: ... el psicoterapeuta podra compararse con alguien que est bien informado, por ejemplo, un gua de montaa, familiarizado con el terreno particular, que intenta regresar al valle con el turista inexperto que ya no se atreve a seguir avanzando ni a regresar"[34] En esta metfora mucho se revela: no hay teora en la psicoterapia, slo experiencia de la vida, puesto que el turista perdido ha extraviado su sentido de la vida y el valle al cual se lo pretende reintegrar es el del sentido comn. Experiencia de la vida del psicoterapeuta que Medard Boss osa denominar ...el modo de vida sano de su psicoterapeuta"[35] , que reencauzar al paciente como producto de la relacin. Observemos, entonces, que la metafsica especulativa sobre la existencia traduce en la lengua filosfica una ideologa que se signa a s misma como la moral de un terapeuta.
Este terapeuta, dueo y seor del sentido de la vida, gran sacerdote de la salvacin de almas descarriadas, ser humano psquicamente sano, es el modelo productivo que constituye la tentacin ideolgica ms frecuente entre los practicantes de la psicoterapia. Esta tentacin la comba-ten las escuelas freudianas de psicoanlisis por el recurso de observar ciertas reglas tcnicas, tericamente fundadas en la hiptesis de que el sentido falta y slo el significante se puede escuchar. Esa tentacin, en cambio, es legitimada por la metafsica existencialista. De ah que su difusin en el campo de las escuelas psicoanalticas no freudianas sea profusa. Sin embargo, los xitos obtenidos por la corriente fenomenolgica en el tratamiento de psicticos, de los cuales la obra de Sechhade es un paradigma no igualado, hacen necesario una salvedad al respecto. La presencia de un "compaero existencial" que lo orienta en la construccin de lo real es un auxilio benfico y eficaz para el psictico, puesto que pretende introducirlo en el sentido comn segn el cual se reconocen los hombres de una cultura. Este mismo procedimiento, ejercido sobre el neurtico, es una ofensa a su ideologa y una estafa a su pretensin de cura. En cuanto a la terapia de psicticos, no es necesario justificar especulativamente la eficacia emprica de una pedagoga permisiva. Por lo dems, se conocen las implicancias que tuvo en el caso de Sechhade la asuncin en profundidad del rol de "compaero existencial": el establecimiento de un vnculo familiar con el paciente (adopcin). Quin da una hora de su tiempo por dinero entrega su trabajo, no su existencia.
La condensacin de la fenomenologa y el psicoanlisis est tambin en la base de la psicologa de la conducta de Lagache, punto de unidad imaginaria de la dispersin efectiva de la psicologa. En un texto histrico para la psicologa, Lagache, psicoanalista, se propone conciliar con el psicoanlisis las tesis sartreanas que hemos comentado[36]. Comenzar por destacar la importancia de estudiar los "mecanismos de liberacin del yo", estableciendo as el puente entre la doctrina fenomenolgica y la a su desviacin de los descubrimientos freudianos le permitir el pasaje: los tericos de la autonoma del yo. De inmediato postular la necesidad de trabajar con "conceptos ms ligados a la prctica" que los propios de la teora analtica: "conciencia, conducta, comunicacin, persona, personalidad, yo". Pero no se nota aqu que con el pretexto de aproximarnos a la prctica se nos conduce a otra teora? Desde all el problema se plantear como la relacin entre la conciencia y el yo sin hacer mencin alguna del inconsciente. Se descubrir as que la conciencia se aliena en el yo, se identifica a l cuando en realidad, "ella lo ha hecho". Y que la "tarea analtica por excelencia" (recordemos que para Freud era "hacer consciente lo inconsciente") reside en posibilitar que se "objetive" el yo para que ste no se interponga entre la conciencia y el otro, permitiendo as la "comunicacin directa y autntica". Donde la supresin de las hiptesis estructurales del psicoanlisis y la devocin por la ciencia liberal desemboca, como es usual, en el moralismo. No ser de extraar entonces que cuando Lagache nos presente un caso clnico nos metacomunique que esta histrica le est mintiendo: "No pasaba nunca de algunas lgrimas bastante discretas: sobriedad del juego", "segn ella", "fingi aceptar, ms que acept". Se vuelve por este camino a la evaluacin de la histeria como mentira, desvaneciendo su sentido de expresin de la verdad como causa material.
Si se duda de esta identidad esencial entre psicologa fenomenolgica y psicoanlisis conductista, vulvase la mirada sobre los herederos del conductismo, los psiclogos clnicos y sociales que, superando las cautelas del original conductismo molar de Holt y Tolman, abrazan abiertamente el pensamiento existencial: Maslow, Allport, Rogers. El adaptacionismo busca y encuentra en el culto metafsico existencial la justificacin de su moral. Maslow afirma "... el colapso total de todas las fuentes de valores fuera del individuo". Muchos existencialistas europeos reaccionan en amplia medida a la conclusin de Nietzche de que Dios ha muerto, y quizs el hecho de que tambin Marx ha muerto. Los norteamericanos han aprendido que la democracia poltica y la prosperidad econmica por s mismas no resuelven ninguno de los problemas bsicos de los valores. Ya no hay lugar adnde dirigirse, como no sea hacia adentro, hacia s mismo, como situacin de valores".[37] Ya el conductismo molar de Tolman, el conductismo social de Weber, continuado en Mead, pensamiento dominante en la escuela americana de psicologa, se haba forjado en la agregacin de la descripcin de la conducta observable y la atribucin a la misma de un sentido. Sentido "mentado" por el sujeto, intencin del sujeto, como pivote para la comprensin de la accin social. Por la mediacin de Weber, la fenomenologa ya haba echado sus bases en el conductismo americano; la introduccin del anlisis existencial completa la condensacin. Y as, Allport promete con optimismo que "...la psicologa norteamericana procurar fundir el dogma existencial en proposiciones verificables".[38] Deleule ha demostrado, con citas de Rogers y Linder entre otros, el desnudo reconocimiento de estos autores sobre el carcter pedaggico y adaptacionista de la prctica psicoteraputica que ejercen[39]. Es que la frmula comn a estas bsquedas es una sola: oficiar de mediadores entre el sentido ntimo y el sentido sancionado socialmente, ese que fija la racionalidad econmica capitalista. Maslow no est slo en su prematuro regocijo por la muerte de Marx: todo Weber est pensando contra Marx. Los buceadores del sentido ntimo se han mostrado, a lo largo de la historia de la psicologa y de la sociologa, inequvocamente reacios a los pensamientos revolucionarios y profundos: contra Kant, contra Marx, contra Freud.
La condensacin entre retazos de fenomenologa, conductismo y psicoanlisis, se opera tambin en el espacio de las tcnicas estandarizadas que sirven a la psicologa clnica y social. Los tests evolucionan desde cuestionarios que miden la informacin y an, el "sentido moral" como atributos pertinentes de la inteligencia, como los de Terman y de Wechsler hasta formas ms depuradas, que miden la adaptacin en un nivel de anlisis ms abstracto, como los de Raven, de Cattell y de Anstey orientados por la psicologa de la forma y el anlisis factorial de Spearman. Estos instrumentos resultan muy tiles en la tarea de clasificacin de los individuos a la cual ya nos hemos referido: miden el rendimiento de un sujeto. Que la respuesta pueda estar viciada por la estructura de la pregunta adviene un problema slo si se pretende el conocimiento del sujeto; por el contrario, si se quiere seleccionar o evaluar fuerza de trabajo, se admitir que sta sea recortada desde el vamos por la maquinaria ideolgica que va a emplearla, maquinaria plasmada inconcientemente en el instrumento. Pero con la anexin de la influencia psicoanaltica, las ambiciones de los testistas se incrementan: ahora ser posible evaluar tambin la personalidad. Los tests de Murray, Rorscharch, Phillipson, entre otros, sealan esta violenta distorsin del pensamiento psicoanaltico, al convertir el silencio del analista en una imagen ambigua y la asociacin del paciente en un rendimiento tipificable en relacin a un paradigma obtenido estadsticamente.
En el mbito de la prctica profesional de la psicologa social estas tcnicas van a coexistir con otras variedades de la condensacin que venimos examinando. Como lo ha mostrado Deleule, el psicodrama de Moreno condensa la estrategia conductista de control con un credo humanista seudopsicoanaltico.
Taylor y sus continuadores, persiguiendo la adaptacin, la desarticulan en organizacin y racionalizacin de la empresa, por una parte, y en seleccin, capacitacin y motivacin del obrero, por la otra. As, dictados por los objetivos ideolgicos de la clase dominante, nacen los objetos que se da la psicologa laboral. Resulta particularmente interesante mencionar las reflexiones de Deleule relativas a "las crticas humanistas" que se dirigen a esta psicologa laboral. Ellas se centran en el posible "mal uso" de dichos recursos, sin percibir que el uso antecede a los recursos y los constituye internamente. Ante tales crticas, el taylorismo, ideologa menos disfrazada, resulta una suerte de "conciencia cnica de la exacta finalidad de la psicologa moderna y de sus tcnicas". Deleule define a la psicologa como "una ideologa de recambio", que pretende alternativamente "cambiar al individuo para no cambiar el orden social-cambiar al individuo con la esperanza de cambiar el orden social". En el psicodrama de Moreno el desajuste subjetivo, la crisis espiritual, encuentran un supuesto origen en el desequilibrio que nuevas condiciones materiales, dictadas por el progreso tcnico, introducen en las relaciones sociales. Afortunadamente, hay un "ms all" al cual apelar como panacea: la naturaleza humana. Ella guarda, en todos y en cada uno por igual, en tanto que humanos, reservas de "espontaneidad y creatividad". Bastar entonces crear las condiciones, el "teatro" para su descarga controlada y el desajuste ser progresivamente reducido. Allport, entre otros, desarrollando la nocin de "participacin" sumar sus esfuerzos al robustecimiento de esta ideologa. Como lo indica Deleule, la reduccin del conflicto social a supuestas constantes de la naturaleza humana es un recurso de gran valor efectivo, puesto que fascina las conciencias en "la sustitucin de la opacidad de las relaciones de clases por la transparencia de las relaciones humanas". As se conjugan, salvndose mutuamente, las reivindicaciones humanistas y las necesidades del control social.
En los campos profesionales de la investigacin motivacional, de la psicologa institucional, se cumple tambin esta condensacin. Una lectura kleiniana de las instituciones, como la que produce Elliott Jacques, le permite escribir: "Con las tasas mviles, si un obrero no lograba la meta, significaba que perda su bonificacin. En otras palabras l pagaba por cualquier disminucin en su esfuerzo. Con las tasas fijas, sin embargo, tal disminucin significaba que al obrero le era pagado un trabajo que no haba realizado."[40] A Jacques se le pasa .por alto la teora de la plusvala: el cree posible que al obrero se le pague ms de lo que produce. Es verdad que el psiclogo social trabaja siempre sobre y a partir de los supuestos econmicos y polticos vigentes, y que se excluye de su prctica profesional el cuestionamiento de los mismos, requirindole, en cambio, que los reproduzca armonizadoramente en el nivel de la instancia ideolgica. Pero, justamente, el conocimiento de estas reglas inherentes al ejercicio profesional de la psicologa social, vedar al profesional dotado de alguna lucidez la construccin alucinatoria de la realidad de las relaciones sociales que puede leerse en Jacques. No insistiremos en este punto en la crtica de la psicologa social, slo destacaremos que supone desarticular sus nociones a partir del reconocimiento de su carcter de manipulacin poltica. Este es el camino que sealan los excelentes trabajos de Herbert[41] , trabajos tericos que no se detienen en la mera impugnacin ideolgica que apresa a otros intentos crticos, como los de Crozier y Fraisse[42]. No se nos escapa que las consideraciones que venimos desarrollando en estas ltimas pginas podran ser objeto tambin de otra interpretacin. En efecto, por qu leer en la condensacin que examinamos una alianza entre traidores y no la honesta unificacin de la psicologa? No era ste acaso el inspirado proyecto de Politzer, la unificacin de fenomenologa, conductismo y psicoanlisis? Hay que responder que si, pero tambin que no. Si, en tanto el decurso efectivo de la psicologa coincide con las tesis que propugnara Politzer, o si se quiere, en tanto Politzer capt y traspuso discursivamente la tendencia ideolgica que se hara dominante. No, en cuanto Politzer procura distanciarse y oponerse a un enemigo ideolgico, enemigo cuyo pensamiento reina en la psicologa actual. Interroguemos, pues, a Politzer no en sus crticas al psicoanlisis freudiano, mimetizadas luego por la fenomenologa[43] ni tampoco en sus tesis integracionistas, sino en su discurso sobre el enemigo ideolgico, en sus textos crticos dirigidos a su bete noire, el filsofo Henri Bergson.
En su trabajo El bergsonismo, fin de un alarde filosfico[44] , Politzer sita a Bergson como paradigma de un pensamiento filosfico idealista, derechista y burgus. Su psicologa de "la vida interior", en continuidad con la psicologa clsica, constituye para Politzer el enemigo ideolgico en psicologa. Conviene deslindar si el enfrentamiento ideolgico en el campo filosfico y poltico, alcanza a producir efectivamente una crtica terica en el campo de la psicologa. Si la lectura de Politzer subvertiera la problemtica de la filosofa bergsoniana, si abriese un espacio distinto al conocimiento, estaramos en presencia de una crtica terica, de una crtica de aquellas que hemos situado en el descubrimiento de las ciencias. Hemos adelantado pginas atrs nuestra tesis: la crtica de Politzer a la psicologa de Bergson, lejos de romper tericamente con ella, permanece atrapada en su misma problemtica.
Al iniciar el anlisis de esta relacin la primera cuestin que se plantea es el hecho de la relacin misma, es decir, el hecho del inters de Politzer en criticar especficamente a Bergson. Publicada un ao despus que la Crtica de los fundamentos de la psicologa y el psicoanlisis, la crtica a Bergson se anuncia en aqulla obra en los siguientes trminos: "Despus de haber dicho de una vez con toda la claridad posible el sentido en que reprochamos a los psiclogos clsicos haber tomado los hechos psicolgicos por cosas, hemos tenido el cuidado de omitir la comparacin del, significado que este reproche tiene para nosotros con el que tiene para Bergson".[45] Dar cuenta de una diferencia en el seno de esta similitud, he ah la tarea que permanece ausente en la Crtica y que se har presente en El bergsonismo. Vale la pena citar en extensin el comienzo de este trabajo, pues en esos prrafos pueden leerse los puntos de partida de Politzer: "A este filsofo tambin lo hemos admirado nosotros entre nuestros contemporneos. No podra decirse que en algn momento nos hayamos inspirado en l, pero atrados por el entusiasmo de unos y la respetuosa deferencia de otros, vivimos con la idea de que era un gran filsofo. Ms tarde, cuando ya estuvimos comprometidos en un camino que no nos permita guardar la menor simpata por el bergsonismo, conservamos la idea de que, dentro de la pobreza y falta de originalidad de la filosofa francesa contempornea, la tentativa de Bergson tena cierta fuerza, y guardamos tambin, en el fondo de nuestra indiferencia, la idea de que el bergsonismo era una filosofa de primer plano.
Pero terminamos por advertir todo el peligro de esta especie de relativismo. Pues si Bergson hall el secreto en cuestin es porque pretende aportar una filosofa de lo concreto y de la vida o, ms simplemente, porque pretende hacernos apresar directamente lo concreto, al mismo tiempo que la vida. Decir entonces que el bergsonismo es "mejor" que las otras filosofas no puede tener ya significado alguno o puede, debe, tenerlo demasiado. Esto puede significar que, aunque no haya cumplido sus promesas, se lo estima como si lo hubiese hecho, o bien, que es la aceptacin de lo concreto y de la vida tal como l los proporciona. Luego, es visible de inmediato que Bergson contina la tradicin de filsofos que hacen profesin de comprender y que de hecho nada comprenden. La filosofa de Bergson ha sido el celoso aliado del Estado y de la clase del cual es el instrumento. Bergson estuvo abiertamente en favor de la guerra y, de hecho, contra la Revolucin rusa. En ningn momento deja oir la ms mnima palabra de sublevacin: toda su vida, as como las indicaciones que ha dado de su moral, la cual todava no ha nacido ni nacer jams, nos permiten comprender que se ha entregado integralmente a los valores burgueses. Es seguramente de lo concreto y de la vida que se trata. Pero lo concreto y la vida son pues de una naturaleza de tal modo extraordinaria que puede tenerse de ellos la visin justa, expresar esta visin y hasta ensearla, y continuar sin embargo sin comprender nada de lo que pasa en lo concreto y en la vida? Comportndose en todos los asuntos que contemplan lo concreto y la vida como si no se tuviera hacia ellos el ms mnimo sentimiento?"[46] Politzer se propone demostrar que lo concreto de Bergson no es lo concreto, puesto que la comprensin de lo concreto se liga indisolublemente con la ideologa revolucionaria, no siendo combinable con una ideologa reaccionaria. Conviene recordar en este punto las tesis de Bergson. Ante todo, que este filsofo, cuando era un brillante joven de veintids aos sorprendi a sus profesores presentando una severa crtica contra toda psicologa, en la cual calificaba a los psiclogos de "fsico-qumicos del espritu"[47] . Esta postura se comprende si recordamos que en aqul momento an reflexionaba sobre la psicologa como ciencia segn el modelo de ciencia encarnado en las ciencias naturales. Ocho aos ms tarde, en cambio, Bergson optara por distinguir radicalmente ambos modelos de pensamiento, sustentando que "los estados del alma" exigen un abordaje distinto de aqul que las ciencias dirigen a los objetos materiales. El acceso al conocimiento del espritu se alcanza por la intuicin, que capta lo vivido. Esta vida es la duracin concreta de la conciencia, tiempo real que es necesario distinguir de la artificiosa aunque prctica especializacin del tiempo con la cual opera la fsica matemtica. Por este camino, Bergson se opuso crticamente a la concepcin relativista del tiempo, mostrando as hasta qu punto su filosofa es una prisin mutilante para la prctica creadora de las ciencias. Al mismo tiempo, esta filosofa, que legitima el poder de conocer lo real por la intuicin, cobra valor poltico: rechazado en la Sorbonne por los filsofos kantianos, Bergson orientar desde sus cursos en el Collge de France a " ...todo el Pars intelectual y mundano, ... toda una generacin de jvenes cansados de un materialismo mecanicista, que lo ignoran todo del materialismo dialctico, y en sntesis, vidos de reencontrar, en una frescura de recomienzo, el espiritualismo que haba parecido definitivamente arruinado"[48].
Se comprenden as las elogiosas referencias de Bergson sobre Maine de Biran: en su obra las tesis de la ciencia del sentido ntimo se alzan orgullosas una vez ms en el campo filosfico y psicolgico. Esta introspeccin se hace tambin comprensin, y Bergson sustentar el conocimiento del otro en la capacidad de auscultar "a cada individuo para captar la heterogeneidad cualitativa de lo vivido. Es la similitud de su propia posicin con ste pensamiento lo que preocupa a Politzer. Similitud que no podra dejar de percibir, cuando cita este texto de Bergson, en el cual pueden reconocerse las tesis centrales de la psicologa concreta: "El asociacionismo reduce el yo a un agregado de hechos de conciencia, sensaciones, sentimientos e ideas. Pero si el asociacionismo no ve en estos diversos estados nada ms que lo que expresan sus nombres, si no retiene de ellos ms que su aspecto impersonal, podr yuxtaponerlos indefinidamente sin obtener otra cosa que un yo fantasma, la sombra del yo proyectndose en el espacio. Por el contrario, si toma estos estados psicolgicos con la particular coloracin con que se revisten en una persona determinada, coloracin que proviene en cada uno del reflejo de todos los otros estados, entonces, para nada es necesario' asociar muchos hechos de conciencia para reconstituir la persona: ella est enteramente en uno solo de ellos con tal que se sepa elegirlo"[49]. Llmese "segmento de la vida de un individuo particular" a este hecho que se debe elegir y se tendr la psicologa concreta.
Si en el campo de la filosofa del conocimiento no debe confundirse la intuicin emotiva, y an, mstica, propuesta por Bergson, con la intuicin volitiva y existencial de Dilthey y con la intuicin intelectual de Husserl[50], nos atreveremos a afirmar que sus consecuencias para la psicologa son esencialmente las mismas. Considerado desde este punto de vista, el pensamiento de Bergson muestra sus coincidencias con la fenomenologa, tanto en la concepcin de lo psquico como actividad que tiende a organizar armnicamente la experiencia, como en la bsqueda del sentido mentado por el sujeto. Podemos volver ahora sobre la crtica que propone Politzer y evaluar sus alcances.
Politzer seala que en tanto Bergson basa su metafsica en su psicologa, es necesario juzgar a sta ante todo. Pero para producir ese juicio no apela al cdigo poltico que orienta su impugnacin inicial del bergsonismo, sino al tribunal emprico de la prctica efectiva de la psicologa: juzgar la psicologa bergsoniana en nombre de "la psicologa que se hace"[51] . Esta naciente psicologa es la que Politzer proyecta, la que podr "exponer el psicoanlisis en trminos de 'gestalt' y de `behaviour'."[52] Estas escuelas, segn Politzer, abordan lo concreto: el psicoanlisis por su perspicacia clnica para dar cuenta de los actos originales del sujeto, pero tambin el conductismo, cuya eficacia se prueba en la psicotcnia. La afirmacin de Politzer segn la cual Watson "aporta una definicin concreta del hecho psicolgico "[53] se comprende si se tiene en cuenta que al rescatar el conductismo como psicologa concreta pone las bases para integrar en sta a la psicologa industrial, cuyo lugar central en la psicologa social no se le escapa. Bergson, a diferencia de estas escuelas, no capta verdaderamente lo concreto, porque
"no ha podido ir ms all de lo concreto en general, es decir a la individualidad, y no ha arribado al individuo".[54] Ahora bien, esto que segn Politzer posee su psicologa y no posee la de Bergson, lo concreto, qu significa para l? Politzer ha escrito: ...lo concreto no es ni frgil ni delicado, ni huidizo ni inapresable,all est con toda su simplicidad y sus dimensiones normales y a Bergson le habra sido suficiente el verlo, como otros lo han visto en psicologa o en otras partes, pero, justamente, Bergson no lo vi".[55] Nada menos que en el tratamiento del concepto que la fundamenta, la crtica de Politzer traiciona a la crtica de Marx, que distingue lo concreto pensado, teora de su objeto, de lo concreto, real que construye la ideologa[56]. Claro que esta interpretacin empirista de lo concreto no es defendible a ultranza, puesto que enajenara totalmente a la creencia en el sentido comn. Politzer sabe que an est por mostrarse cmo apresa lo concreto la psicologa concreta, y por eso se ve obligado a escribir: "El mtodo psicoanaltico no es sino la tcnica que permite profundizar las significaciones de acuerdo con las exigencias de la psicologa concreta, y los diferentes procedimientos que la constituyen deben explicarse desde este punto de vista"[57] La inversin que detectramos en el psicoanlisis existencial encuentra en este texto su precedente: el psicoanlisis es una tcnica, la teora la pone el autor. As, Politzer puede anexarse la asociacin libre, suprimiendo la teora del inconciente. Pero sin teora del inconciente, la asociacin libre deviene una prctica insensata, quizs nociva. Y por lo dems, con qu justificacin una teora ausente, que se promete para el futuro, habr de abarcar al psicoanlisis como una de sus tcnicas? No hay aqu justificacin lgica, sino necesidad discursiva: esta arbitrariedad resuelve la problemtica relacin de la psicologa concreta con lo concreto. El reproche que Politzer dirige a Bergson, limitarse a nombrar lo concreto, tambin le cabe a l. No hay en Politzer construccin materialista y racional del concepto de lo concreto, ni hay en su psicologa construccin concreta de los procesos psquicos.
Como lo ha destacado Deleule, esta falla es inherente al proyecto. Proyecto que, si confiamos en los recuerdos de Lefebvre, el propio Politzer cuestion al advertir la imposibilidad de ... llegar a conciliar realmente en una psicologa coherente, los elementos vlidos segn l de la psicologa. No hallaba el modo de pasar de lo objetivo (behaviorismo, teora del comportamiento) a lo subjetivo (teora de los complejos individuales) ..."[58] En efecto, Politzer, siguiendo explcitamente a Husserl[59] , se resiste a identificar lo psquico con la vida interior, insiste en que el drama no est ni adentro ni afuera, que la psicologa explora un mundo inmanente al sujeto. Pero la postura fenomenolgica general no es fcil de especificar en una integracin terica de las investigaciones desarrolladas por la corriente objetivista y la corriente subjetivista y el axioma no se encarna en esa psicologa "que se hace" y que Politzer eleva a tribunal de la obra de Bergson. En esta disyuntiva, la psicologa concreta de Politzer se sita ms cerca de Bergson que de Watson, pues su rescate del conductismo es intencionado, pero la lectura fenomenolgica y subjetivista del psicoanlisis constituye la mdula de su pensamiento.
Sin duda, entre Bergson y Politzer hay ruptura, pero no terica, sino ideolgico-poltica. Imbuido de una interpretacin inicial del marxismo orientada por esa antropologa filosfica humanista y revolucionaria que impulsara Feuerbach, Politzer condena "todas esas sabiduras que invitan al hombre a profundizarse, cuando de lo que precisamente se trata es de obligarle a salir de su forma actual"[60]. Aqu el discurso poltico del idelogo revolucionario no se disfraza de crtica epistemolgica y, en su pureza, distancia efectivamente el pensamiento de Politzer del de Bergson. Como puede verse, ya en Politzer se esboza la unin de la psicologa de la conducta con el humanismo de la teora de la alienacin, puntos claves de la problemtica de la psicologa moderna, en la cual suplen, respectivamente, la ausencia de la teora del aparato psquico y la ausencia del discurso poltico. De este modo, la psicologa actual realiza prcticamente, en su eclecticismo, el proyecto politzeriano, quizs sin conciencia de ello en la mayora de los psiclogos.
A partir de los datos reseados en la breve historia de la psicologa que hemos expuesto, podemos ahora intentar una clasificacin de las principales formaciones ideolgicas que configuraron esta disciplina. Ante todo, es necesario distinguir la psicologa naturalista de la espiritualista: la primera se caracteriza por aceptar el concepto de ciencia que ofrecen las ciencias de la naturaleza, y por esforzarse en satisfacerlo en sus anlisis de los procesos psquicos; la segunda, en cambio, opta por la distincin epistemolgica entre ciencias de la naturaleza y del espritu, postulando que el abordaje de lo psquico exige implementar un modelo epistemolgico especial. En segundo lugar, debemos distinguir estas formaciones segn sus mtodos, sealando la oposicin entre las psicologas experimentales y las intuicionistas. En tercer trmino, hemos de diferenciarlas, segn la materia prima a la cual atienden, en corrientes objetivistas, subjetivistas e intersubjetivistas. En vista a estos criterios, se observar que en el campo de la psicologa se manifiestan efectivamente las siguientes combinaciones.
La primera combinacin indicada, corresponde a las variadas formas de la psicologa experimental.
Como lo adelantamos pginas atrs, esta corriente se caracteriza por el propsito
de obtener conocimiento de los procesos psquicos mediante el cotejo de estmulos
y respuestas, datos objetivos de los cuales pretende inferir al sujeto. Pero,
en verdad, dicho sujeto no es inferido sino supuesto, en tanto queda definido
por el diseo del estmulo y por las limitaciones y exigencias que ese diseo imprime a
la respuesta. As, segn varen los criterios para disear estmulos y para
evaluar respuestas, distintas psicologas experimentales producen diferentes
sujetos, que no son sino la proyeccin de sus respectivas tcnicas sobre
la caja negra de la mente. Por la imposicin de estmulos fsicos cuantificados
y el registro de respuestas sensibles cuantificables, la psico-fsica produce
un sujeto sensorial, esto es, recortado a nivel de los analizadores u rganos
de los sentidos. El conductismo watsoniano, a su vez, admite en su experimentacin
desde estos estmulos fsicos hasta los lingsticos, pero mantiene el registro
de la respuesta en un nivel de anlisis fisiolgico, si bien ampla el recorte,
al incorporar el conjunto de las reacciones corporales, identificando al
sujeto con su organismo. Por su parte, la psicologa experimental introspectivista
opera con estmulos y respuestas lingsticos, interrogatorio y verbalizacin,
datos que delimitan un sujeto intelectual compuesto por contenidos de conciencia.
Este sujeto, fundamentalmente mnemnico, se opone luego al sujeto activo
y volitivo producido por la psicologa de la forma y el conductismo molar,
obtenido gracias al diseo y presentacin de estmulos incompletos y al registro
de actividades intencionantes. Finalmente, cabe destacar que los tests psicomtricos
y proyectivos significan la incorporacin de estos procedimientos experimentales
al campo de
la psicologa adaptacionista. Los primeros ofrecen un estmulo problemtico
y registran una respuesta concebida como solucin, que ser evaluada cualitativamente
(acierto-error) y cuantitativamente (rendimiento); se supone en este caso
un sujeto racional, susceptible de ser evaluado en relacin a un paradigma
obtenido estadsticamente. Por ltimo, los tests proyectivos configuran un
estmulo ambigo que supone un sujeto capaz de movilizarse afectivamente
y expresar esa afectividad en su interpretacin del estmulo, que a su vez
ser interpretada por el testista. Como lo anotamos antes, estas ltimas
tcnicas sealan la condensacin de la psicologa experimental con recortes
extrapolados del psicoanlisis. Puede observarse que, segn las influencias
que definen sus diseos, la psicologa experimental produce distintos sujetos:
sensible, orgnico, mnemnico, volitivo, racional, afectivo. Muchos y ninguno,
puesto que cada una de estas conceptualizaciones especulativas sobre el sujeto
no constituyen descubrimientos que iluminan su conducta sino meros efectos
del instrumento sobre el concepto.
La segunda combinacin que hemos descripto pretende abarcar tanto el empirismo intuitivo de la prctica mdica tradicional, en especial en su vertiente profesional psiquitrica, como aqullas psicologas clnica y social que instrumentan al psicoanlisis en su prctica adaptacionista. Mdicos naturalistas, que ponen a la enfermedad mental en continuidad con la enfermedad orgnica, psiclogos naturalistas que ponen en continuidad la adaptacin al medio natural y el ajuste al medio social, alimentan esta tendencia con sus prcticas y sus obras. Es de destacar que la relacin mdico-paciente funda necesariamente el abordaje de lo psquico en la intersubjetividad: se trata de examinar el comportamiento del otro, ese sinsentido del sntoma, ponindolo en relacin con el buen sentido comn del mdico. La locura, proceso escurridizo y misterioso, se define por su distancia con la ley, sobre la cual la sociedad burguesa pretende hacer converger los imperativos morales y racionales que une imaginariamente la ideologa liberal. Intersubjetividad, entonces, pero escindida en los territorios contiguos y excluyentes de la locura y la razn, y que da como resultado que una aprese a la otra en la vida social pero no en el conocimiento. Con la anexin del psicoanlisis, en cambio, esta eficacia de control casi policial y meramente exterior al sujeto controlado, gana la posibilidad de interpelarlo en su subjetividad: se rescata el conocimiento psicoanaltico de lo psquico, no para develar el deseo sino para orientar la demanda. Mientras el experimentalismo aporta las tcnicas clasificatorias, la psicologa social manipula a los normales, la psicologa clnica a los anormales. El propsito es claro: la confeccin, el mantenimiento, el reintegro, de un sentido comn. Como lo indicamos pginas atrs, esta psicologa no tarda en integrar tambin dentro de su concepcin naturalista del hombre la tcnica de la comprensin, desgajndola de su primitivo contexto espiritualista.
La tercera combinatoria presentada corresponde a la psicologa del sentido ntimo, tal como se expresa en el idealismo de Maine de Biran y de Bergson. Espiritualista, por su rechazo del concepto de ciencia encarnado en las ciencias naturales, reivindica para la psicologa un procedimiento de captacin directa y evidente de su objeto. La intuicin, mero tanteo empirista de sentido comn en la segunda combinatoria expuesta, se ve elevada en este caso a operacin gnoseolgica primordial. El sujeto investigador y el objeto investigado se identifican: la observacin de la experiencia interior aporta el sentido de los procesos psquicos, que no es sino su referencia al yo como causa. De ms est decir que este procesamiento intuitivo de la materia prima subjetiva es lgicamente anterior y fundante del reconocimiento de la intersubjetividad como relacin en la cual ejercitar la comprensin. Porque se intuye el propio yo se hace posible pasar de la mera descripcin de la conducta del otro a la comprensin de sus vivencias. Lo cual nos pone en presencia de la cuarta combinacin de nuestro esquema.
En efecto, si toda psicologa clnica y toda psicologa social adaptacionistas (segunda combinacin) apelan a una materia prima intersubjetiva, ello obedece a las exigencias de sus prcticas respectivas; en la cuarta combinatoria, en cambio, la consideracin de la intersubjetividad se deriva de posiciones tericas y metodolgicas fundamentales, como lo hemos expuesto al examinar la psiquiatra y la psicologa clnica de raigambres fenomenolgicas. Se trata de pasar de la descripcin, ya sea de la conducta del otro, obtenida en la observacin, ya sea del curso temporal de sus vivencias, obtenido en la comunicacin, a la comprensin del otro, de su vivencia, del sentido de su comportamiento. La intuicin del propio yo y la analoga fundada en la percepcin del cuerpo del otro son las armas gnoseolgicas que permiten este pasaje. Cuando, a su vez, la comprensin as obtenida es puesta en relacin con un paradigma considerado la esencia humana, cuando ese otro es evaluado en su comparacin con el ideal que define la antropologa filosfica, accedemos a la problemtica de la alienacin, concebida como diferencia entre la conciencia y libertad esenciales y el desconocimiento y sujecin reconocibles en la existencia. Desembocamos as en el humanismo, que abre una lectura conjunta del psicoanlisis y del marxismo; lectura a cuya crtica hemos destinado el captulo subsiguiente de este trabajo.
Estamos ahora en condiciones de extraer algunas conclusiones de nuestro anlisis. Ante todo, que no hay tal cosa que sea la psicologa: mltiples psicologas, calificadas por sus distancias epistemolgicas y metodolgicas, por la diversidad de las materias que procesan y, consecuentemente, por la discontinuidad de los productos que arrojan, se han manifestado a lo largo de este anlisis. Esta multiplicidad es, sin duda, agrupable, pero slo a condicin de recordar que las abstracciones as obtenidas conservan en su seno elementos heterogneos, que se oponen entre s al ser considerados en otras dimensiones. Y an si nos limitamos a cotejar los productos que corresponden a los cuatro grupos o formaciones ideolgicas principales que hemos examinado finalmente, observaremos que, nuevamente, el sujeto se desdobla. La psicologa experimental teje especulaciones sobre el sujeto que reciben su orden desde los supuestos implicados en sus propios instrumentos; la psicologa adaptacionista define al propio sujeto como un instrumento manipulable; la psicologa subjetivista hace de l una interioridad casi inefable; la psicologa fenomenolgica y humanista lo presenta desgarrado entre su esencia supuesta y su existencia efectiva. Distintos modos de produccin, distintos productos, eso es todo lo que ofrece el disperso campo de las psicologas. En esta perspectiva la orgullosa tesis de la unidad de la psicologa se revela como el imaginario espejo, que pretende anular el horror de un cuerpo despedazado. En el captulo siguiente hemos intentado un anlisis en profundidad de uno de los principales exponentes de esta posicin en nuestro medio.
Como lo planteamos al iniciar estas reflexiones, sostenemos que existe en el campo de la psicologa una ideologa dominante: la caracterizamos por su pretensin de obtener una teora por medio de la condensacin de escuelas, y por su desplazamiento del humanismo, cuyo lugar pertinente es la ideologa poltica, al campo de una teora del sujeto. Estas operaciones lgicas que componen la ideologa dominante en psicologa responden a sus motivos : esta disciplina est, como lo indica Deleule, para ocultar en la transparencia de las relaciones humanas la opacidad de las relaciones de clase; pero tambin, hemos de aadir, para ocultar en la transparencia del sentido la opacidad del sujeto para s mismo
[2] G. Canguilhem, Q'est-ce que la psychologie? , en Etudes d'histoire et philosophie des sciences, Vrin. 1970. pg. 373.
[3] Cf. J. Fauvet, Historia de la medicina, Eudeba, 1968, pg. 20; tambin E. H. Ackerknecht, Breve historia de la psiquiatra, Eudeba, 1968, pg. 22.
[4] J. Lacan, La ciencia y la verdad, en Lectura estructuralista de Freud, pgs. 349-350.
[5] S Freud, Lo inconciente, en Metapsicologa, T. IX, Rueda, 1943, pg. 160.
[6] Canguilhem, op. cit., pg. 373.
[7] Idem, pg. 370.
[8] Idem, pg. 373.
[9] R. Vancourt, La thorie de la connaissance chez Maine de Biran, Aubier, 1944, pg. 350.
[10] Idem, pg. 349.
[11] Idem, pg. 350.
[12] Idem, pg. 59.
[13] Idem, pg. 15.
[14] S. L. Rubinstein, El ser y la conciencia, Pueblos Unidos, 1960, pg. 431.
[15] P. Fraisse, La evolucin de la psicologa experimental, en Historia y mtodo de la psicologa experimental, Paids, 1972, pg. 62.
[16] Deleule, op. cit.
[17] P. Naville, La psychologie du comportement, Gallimard, 1963; Psychologie, marxisme, matrialisme, Marcel Riviere, 1948.
[18] Ackerknecht, op. cit., pgs. 68-78.
[19] M. Foucault, Historia de la locura en la poca clsica, Fondo de Cultura Econmica, 1967, pgs, 65-68.
[20] Canguilhem, op. cit., pgs. 376-381.
[21] M. Merleau Ponty, La fenomenologa y las ciencias del hombre, Nova, 1964, pgs. 71-75. Vase tambin J. Piaget, Psicologa de la inteligencia, Psique, 1960, pg 85.
[22] E. Heldbreder, Psicologas del siglo XX, Paids, pg 81.
[23] W. Wolff, Introduccin a la psicologa, Fondo de Cultura Econmica, 1961, pgs. 174-176.
[24] J. O. Wisdom, La explicacin hipottico-deductiva, Cuadernos de epistemologa N 10, Universidad de Buenos Aires, 1963, p. 5.
[25] Cf. S. Freud, Sobre el mecanismo psquico del olvido, T XXII, Rueda, 1956, pgs. 477-483.
[26] Cf. J. F. Lyotard, La fenomenologa, Eudeba, 1960, pg. 32.
[27] Cf. M. Merleau Ponty, La estructura del comportamiento, Hachette, 1957; La fenomenologa y las ciencias del hombre, Nova, 1964; El problema de la percepcin del prjimo en el nio, Papiro, 1969.
[28] M. Ponty, La estructura del comportamiento, pg. 81.
[29] J. P. Sartre, La trascendencia del Ego, Calden, 1968, pg. 74-75.
[30] H. M. Ruitenbeek, Prefacio a Psicoanlisis y filosofa existencial, Paids, 1965, pg. 10.
[31] Ruitenbeek, Encuentro del psicoanlisis y la filosofa existencial, en dem, pg. 17.
[32] Idem, pg. 18. Verse tambin en la misma obra, P. Tillich, Existencialismo y psicoterapia, pg. 29, y E. Kahn, Una evaluacin del anlisis existencial, pg. 232.
[33] L. Binswanger, Anlisis existencial y psicoterapia, en dem p. 38.
[34] Idem, pg. 39.
[35] M. Boss. Anlisis del "Dasein" y psicoterapia, en dem, pg. 99.
[36] D. Lagache, La fascinacin de la conciencia por el yo, Revista Centro, N 13, 1959. Cf. tambin al respecto O. Masotta, La fenomenologa de Sartre y un trabajo de Daniel Lagache, Revista Centro N 13, 1959, o en Conciencia y estructura, J. lvarez, 1969.
[37] A. Maslow, Qu nos ofrece la psicologa existencial, en Psicologa existencial, Paids, 1963, pg. 61.
[38] G. Allport, Comentario sobre los captulos anteriores, en dem, pg. 110.
[39] Deleule, op. cit., pgs. 136-146.
[40] E. Jacques, Los sistemas sociales como defensa contra la ansiedad persecutoria y depresiva, Publicacin N 74 del Depto. de Psicologa, U.B.A., pgs. 9-10.
[41] T. Herbert, Reflexiones sobre la situacin terica de las ciencias sociales, y de la psicologa social en particular; Notas para una teora general de las ideologas, ambos en El proceso ideolgico, 2a. ed., Tiempo Contemporneo, 1973.
[42] M. Crozier, La fabricacin de hombres, Deucalin, 1954.
[43] Cf. M, Ponty, La estructura del comportamiento, pgs. 247-260.
[44] G. Politzer, Psicologa concreta, J. Alvarez, 1965, Cap. III.
[45] G. Politzer, Crtica de los fundamentos de la psicologa y el psicoanlisis, Dvalos y Hernndez, 1964, pg. 14.por el bergsonismo, conservamos la idea de que, dentro de la pobreza y falta de originalidad de la filosofa francesa contempornea, la tentativa de Bergson tena cierta fuerza, y guardamos tambin, en el fondo de nuestra indiferencia, la idea de que el bergsonismo era una filosofa de primer plano.
[46] Politzer, Psicologa concreta, pgs. 141-142.
[47] M. Barthlemy-Madaule, Bergson, Presses Universitaires de France, 1968, pg. 3-4.
[48] Idem., pg. 7.yo a un agregado de hechos de conciencia, sensaciones, sentimientos e ideas.
[49] Politzer, Psicologa concreta, pg. 164.
[50] Cf. al respecto M. Garca Morente, Lecciones preliminares de filosofa, Losada, 1952, pgs. 41-48.
[51] Politzer, Psicologa concreta, pg. 146.
[52] Politzer, Crtica..., pg. 15.
[53] dem, pg. 27.
[54] Politzer, Psicologa concreta, pg. 162.
[55] Idem, pg. 161.
[56] K. Marx, Introduccin general a la crtica de la economa poltica, Pasado y Presente, 1968, pgs. 50-52.
[57] Politzer, Crtica..., pg. 87.
[58] H. Lefebvre, El existencialismo, Capricornio, 1954, pg. 38.
[59] Politzer, Psicologa concreta, pg, 143.
[60] Politzer, Crtica..., pg. 27.