Descubr la existencia de este libro fundador en 1978. Desde su publicacin por primera vez en lengua inglesa en 1970, se haba transformado en un clsico en todos los pases donde se lo haba traducido. En 1974 no tuvo en Francia el recibimiento que mereca: unos pocos artculos periodsticos, un programa de televisin -prestigioso pero confidencial-, varias reseas en revistas de psiquiatra. Ni los historiadores, ni los filsofos, ni tampoco los psicoanalistas -de todas las tendencias- prestaron atencin a este acontecimiento.
La obra, editada en Villeurbanne con la cooperacin de la Fundacin Europea de Cultura, tena un formato difcil de manejar y su ttulo oscureca un propsito que, sin embargo, era claro: A la dcouverte de linconscient. Histoire de la psychiatrie dynamique.[1] Slo algunos pocos especialistas de los orgenes del freudismo se interesaron en el libro desde su publicacin en ingls.
En 1972, Henri Ey, que tambin estaba investigando sobre la historia de la medicina, redacta un extenso tratado entusiasta para lEvolution psychiatrique: Por fin un libro! S, un libro, vale decir, una obra que aade algo a nuestro saber y no uno de esos escritos hecho a la ligera o esas divulgaciones o ejercicios de estilo que inundan la literatura psiquitrica y psicoanaltica, y no aportan nada, salvo, quizs, cierta satisfaccin narcisista al autor[2]. Un ao ms tarde, en un ensayo dedicado a los orgenes de la relacin teraputica, Len Chertok y Raymond de Saussure se refirieron a la obra calificndola de monumento a la erudicin[3]. Finalmente, en 1975, en la reedicin de su tesis de 1959 sobre el autoanlisis de Freud, Didier Anzieu tuvo en cuenta las investigaciones de Ellenberger, aunque le reproch su incomprensin de la especificidad freudiana: [...] el autor, con tanta libertad como objetividad, le dedica a Freud, a los primeros grandes disidentes, a Janet, estudios sustentados con detalles precisos, a menudo nuevos, sin vacilar en poner en tela de juicio las ideas adquiridas, las interpretaciones tradicionales. Se ha dedicado sobre todo a reconstruir el mbito intelectual literario y mdico del siglo XIX en lo que respecta al sueo, la hipnosis, ciertas manifestaciones de la locura (desdoblamiento de la personalidad), demostrando que muchas nociones que Freud tuvo el mrito de articular en una teora coherente, estaban en el aire en su poca. Sin embargo, esta perspectiva hace que Ellenberger minimice, e incluso en ocasiones desconozca, la especificidad del descubrimiento freudiano. En todo caso, la teora de la enfermedad creadora, que toma del chamanismo y propone aplicar a Freud y a sus mulos, slo aparece a los psicoanalistas como un empobrecimiento del triple trabajo inconsciente, preconsciente y consciente de creacin, del que Freud nos dej un valioso testimonio[4].
A principios de los aos setenta, la Francia freudiana no estaba preparada para aceptar la propuesta de Ellenberger. En materia de historiografa, los freudianos legitimistas, miembros de la International Psychoanalytical Association (Asociacin Psicoanaltica Internacional, IPA), fundada por Freud en 1910, estaban interesados principalmente en el modelo biogrfico y sus derivados. En primer lugar, en el magnfico monumento que construy Ernest Jones entre 1952 y 1957, cuya traduccin al francs acababa de terminarse[5]. Luego, en diversas narraciones, crnicas, correspondencias y estudios centrados en el entorno de Freud, su familia, su genealoga, sus discpulos, fieles o infieles. En resumen, los legtimos herederos del padre fundador se imaginaban la historia de su origen y de su movimiento, no como una leyenda dorada o una hagiografa, sino como una historia oficial slida y sostenida por archivos. Una historia donde prevaleca la idea de que Freud haba logrado, por el podero de su genio solitario y a costa de un herosmo intransigente, sustraerse a todas las falsas ciencias de su poca para revelar al mundo la existencia del inconsciente.
Del lado de los lacanianos, la actitud con respecto a la historiografa era diferente. Mientras que los freudianos legitimistas veneraban la imagen de un padre original cuya historia ya estaba escrita, es decir: un padre muerto cuya huella poda encontrarse en archivos oficialmente constituidos, los lacanianos se identificaban con la enseanza de un maestro vivo, cuya doctrina se ubicaba bajo el signo del antihistoricismo. Lacan se proclamaba el artesano de un retorno al sentido de Freud. Por ende, condenaba toda idea de neo-freudismo o de revisin de la obra freudiana. A la nocin de superacin, opona la de estructura, preconizando un relevo ortodoxo del texto freudiano. Por consiguiente, sus discpulos se consideraban freudianos porque eran lacanianos. Para ellos, la enseanza del maestro muerto se reencarnaba en la palabra del maestro viviente. Y la presencia de ste vedaba el acceso a una consciencia histrica.
Los freudianos legitimistas vivan pues bajo el imperio de una historia oficial dominada por el modelo biogrfico, mientras que sus homlogos lacanianos, salvo algunas excepciones, no tenan historia constituida: se instruan por rumores, comentarios de textos y transmisin oral. En esas condiciones, ninguna de las dos grandes componentes del freudismo francs de los aos setenta poda acceder al mbito de la historia erudita. Ahora bien, la obra de Ellenberger era constitutiva del advenimiento de una historiografa erudita para la historia del descubrimiento del inconsciente. En ella confluan el aliento narrativo de Michelet, el mtodo positivista de Alfonso Aulard y las dos nociones de utilaje mental y larga duracin de la Escuela de los Annales. A esto se sumaba un estudio de terreno al modo de los etngrafos de los aos veinte.
Henri Frdric Ellenberger naci en Nalolo, Rhodesia, el 6 de noviembre de 1905, descendiente de una familia de misioneros protestantes de origen suizo. Desde su infancia so con ser historiador. Su abuelo paterno, David Frdric Ellenberger, haba llegado a frica del Sur en 1861, haba estudiado la vida de las tribus de Basuto. Su padre, Victor Ellenberger, tena nacionalidad francesa y suiza. Miembro de la Sociedad de Misiones Evanglicas de Pars, fue tanto naturalista como antroplogo. Public numerosos libros sobre la vida indgena. En cuanto a su madre, Evangeline, era hija del pastor Frdric Christol, simpatizante del movimiento pietista y tradicionalista del protestantismo francs[6].
Este ltimo admiraba a otro pastor, Christoph Blumhart, cuyo itinerario ser relatado luego en LHistoire de la dcouverte de lInconscient. Blumhart provena de una familia pobre, y haba pasado de la teologa a la prctica del exorcismo en una regin de la Selva Negra donde florecan las supersticiones. En 1843, en Mttlingen, pequeo pueblo del Wttemberg, haba logrado sanar a una joven poseda, utilizando medios teraputicos que ya anunciaban los de la psicologa moderna: Utilizaba perfectamente, subraya Ellenberger, lo que los terapeutas existencialistas denominan el kairos, es decir: saba elegir el momento ms apropiado para sus intervenciones decisivas[7]. Ms tarde Blumhart lleg a ser, para las multitudes que se agolpaban en torno suyo, una figura carismtica, capaz de sanar a la gente con la palabra y la oracin.
Frdric Christol, el abuelo de Henri Ellenberger, sigui el ejemplo de Blumhart. Al retirarse, luego de una larga carrera como pastor en frica austral, hizo planes para fundar un hogar teraputico en el lmite entre la Picarda y la Isla de Francia. El proyecto fracas debido a un conflicto familiar: Mi abuelo, un hombre excepcional, nunca dej de lamentarlo y hablaba de su proyecto como de una vocacin frustrada. Y esto me hace pensar hoy en las oportunidades histricas perdidas. La ideologa cientfica y positivista que evoqu en mi libro ocup evidentemente todo el terreno sobre el cual habran podido desarrollarse otras formas de psicoterapias. La prctica de una comunidad teraputica cristiana, de la que el pastor Blumhart da un raro ejemplo, hubiera podido ser una de las vas posibles de la medicina del alma. Y, en este sentido, quisiera hacer otra observacin. He mencionado curas por exorcismo practicadas tradicionalmente en medios culturales africanos. Estoy convencido de que si uno de estos brujos o curanderos africanos hubiera logrado sanar a un hombre blanco, -y esta hiptesis no es un disparate- el curso de la historia habra sido muy diferente[8].
Al evocar as la historia de su abuelo, Ellenberger, todava en 1993, insista en que si bien el historiador debe restituir escrupulosamente lo que fue y no lo que hubiera podido ser, no puede evitar agregarle a esa parte objetiva de la reconstruccin histrica, una sensibilidad subjetiva unida a vnculos familiares. Y sin duda, la idea de vocacin frustrada se encuentra tanto en la trayectoria de Ellenberger, quien realiz estudios de psiquiatra aunque quera orientarse hacia la carrera de historiador, como en la gnesis de la nocin de neurosis creadora por la cual tratar de demostrar que los grandes pioneros modernos del inconsciente -de Nietzche a Freud-, para acceder a su posicin de fundadores, siempre sufren una crisis del alma, producto de la proximidad de su destino con el de los verdaderos locos: sus semejantes, sus hermanos.
El joven Henri, orientado por su padre hacia la medicina, fue enviado a estudiar a Estrasburgo. All, entre 1921 y 1924, asisti en la universidad a los cursos de quienes, cinco aos ms tarde, iban a encontrarse alrededor de Lucien Febvre y Marc Bloch en la Escuela de los Annales: De lejos, quien ms me impresion fue sin duda Fernand Baldensperger. Especialista de las Luces y del Romanticismo, insista en la importancia de las corrientes culturales que dividen la historia de las artes. Su enseanza me impresion mucho. Mi esfuerzo por describir la historia de la psicologa en funcin de las corrientes culturales se debe, quizs, a esa remota influencia [...]. Recuerdo tambin a Paul Van Thiegem, quien trascenda los nacionalismos y consideraba la cultura como un hecho europeo. En aquella poca, era meritorio defender ese punto de vista. Lucien Fevbre presentaba la historia del Renacimiento que l haba renovado. Uno tena la impresin de que la historia comenzaba con l. Naturalmente le mucho al gran Marc Bloch; probablemente lo o, pero no guardo un recuerdo preciso. En cambio, conservo el recuerdo de Maurice Halbwachs, quin insista en el hecho de que la misma historia poda contarse desde dos puntos de vista: el personal y el colectivo[9].
Tambin en Estrasburgo oy pronunciar por primera vez el nombre de Freud en el curso del temible Charles Blondel. Este profesor de psicologa, amigo de Marc Bloch, era uno de los adversarios ms virulentos de la doctrina freudiana, a la que trataba de obscenidad cientfica: Cuando leo -escriba en 1924- que el seno materno constituye el primer objeto del instinto sexual, no pienso ni un instante en escandalizarme [...] Me pregunto simplemente con curiosidad cul ser en esas condiciones, para los nios criados con bibern, el primer objeto sexual [...]. No es culpa ma si las objeciones que uno se ve llevado a oponer a Freud, a menudo parecen bromas.[10]
Al finalizar sus estudios mdicos, Ellenberger fue a vivir a Pars, donde tom el camino de la psiquiatra. En esta ciudad conoci a Esther von Bachst, una joven de origen ruso-bltico y de religin ortodoxa. Inmediatamente despus de la revolucin de Octubre, haba emigrado a Francia con su hermano Valentin. Como era de origen noble, ya no tena derecho a continuar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Mosc. De modo que haba aceptado, antes del exilio parisiense, un puesto de guarda en el zoolgico. Ellenberger se cas con ella en noviembre de 1930. Tendran cuatro hijos.
Amante de la zoologa y luego de la etologa, Esther publicar relatos sobre los cautivos del zoolgico y varias obras ilustradas sobre la vida de los animales. Ella hizo que Ellenberger se interesara por el estudio comparado del comportamiento animal y humano. En cada uno de sus viajes l pedir visitar, en compaa de su esposa, los tres grandes lugares de encierro urbano: el asilo, la prisin, el zoolgico. Llegar a redactar un estudio sobre los efectos de estas tres modalidades de reclusin[11].
En el hospital Saint Anne, a principios de los aos treinta, transit por la historia de aquella psiquiatra dinmica cuya aventura redactara treinta aos ms tarde. Mientras era interno de los asilos del Sena, en efecto conoci a la nueva generacin de los futuros maestros del movimiento psiquiatro-psicoanaltico francs. Entabl amistad especialmente con Henry Ey y conserv de Jacques Lacan un recuerdo muy vvido. Fue testigo de sus conflictos con Gatan Gatian de Clrambault, terico de la erotomana y del sndrome de automatismo mental, titular de la Enfermera especial; y, en las salas de guardia, intervino en las apasionadas discusiones de sus compaeros sobre el surrealismo, el lenguaje de la locura, los medios de sustraer a los alienados al universo carcelario y a una nosografa basada en la pura organicidad. La tesis de Jacques Lacan sobre la psicosis paranoica, publicada en 1932, sntesis del saber psiquitrico y psicoanaltico de la poca, llam especialmente su atencin: Lacan estudiaba la poesa de los alienados, y pienso que sus investigaciones contribuyeron posteriormente a su concepcin del lenguaje. La tesis de Lacan le aport inmediatamente la celebridad. Es un trabajo difcil de leer, pero slido y bien escrito, en un estilo semejante al de Clrambault [...]. Ms tarde, hacia 1953, cuando yo trabajaba en la Menninger Foundation en Topeka (Kansas), Karl Menninger me pidi que le hiciera un informe sobre la tesis de Lacan, de la cual le haban enviado un ejemplar, ya que se empezaba a hablar mucho de l. Quera conocer el aporte original del trabajo. Realic un minucioso anlisis y se lo entregu. Desgraciadamente Menninger lo extravi, de modo que ese informe se perdi.[12]
En Pars, en 1935, resultaba difcil que un psiquiatra de medianos recursos tuviera una clientela privada fuera del circuito hospitalario. Por esta razn, Ellenberger prefiri la provincia y se instal en Poitiers con el ttulo de especialista en enfermedades nerviosas. Frecuent all al padre de Michel Foucault. Su curiosidad por todas las culturas lo llev a estudiar el folklore, los mitos, las supersticiones y las tradiciones populares de los bosques del Poitou. En consonancia con el espritu misionero que haba heredado, se ocup de los republicanos espaoles, vctimas de la guerra civil e internados en un campo en los alrededores de la ciudad. Con ellos, aprendi a hablar espaol.
Hijo de padres franceses en una colonia inglesa, debera haber tenido nacionalidad francesa. Pero como su padre no haba declarado su nacimiento en el consulado de Francia, tena pasaporte ingls. Sin embargo, despus de casarse, haba adquirido para su mujer aptrida, para si mismo y para sus hijos, la nacionalidad francesa. Por consiguiente, pretenda continuar su carrera en ese pas de adopcin, cuya lengua hablaba perfectamente. Se lo impidi el gobierno de Vichy. En efecto, a partir de 1941, los emigrados que se encontraban en su misma situacin podan ser desnaturalizados[13] y luego deportados. Consciente de la amenaza, decidi ir a vivir a Suiza, pas de sus ancestros, del que conservaba la ciudadana.[14]
Retom sus actividades como psiquiatra en la clnica Waldau de Berna y luego en el hospital Breitenau de Schaffhausen. Paralelamente, se inici en la lengua alemana y la domin rpidamente. De modo que hablaba con fluidez las cuatro lenguas necesarias para cualquier estudio de la historia de la psiquiatra y el psicoanlisis en Europa: ingls, alemn, francs, espaol. A lo cual se sumaba una inmensa cultura en los campos de la antropologa, la etnografa y de las diversas prcticas de psicoterapias multiculturales: las de los brujos, los curanderos, los chamanes, etc.
La instalacin en Suiza le permiti mucho mejor que en Pars, sumergirse en el corazn de la historia del movimiento freudiano. En efecto, Ellenberger particip activamente en el Crculo jungiano de Zurich y mantuvo conversaciones con Carl Gustav Jung, quien le transmiti la memoria oral de la primera saga freudiana -desde la creacin de la Sociedad Psicoanaltica Vienesa hasta la ruptura de 1913, sin olvidar la fundacin del IPA y los comienzos de la implantacin del psicoanlisis en Suiza en el campo de la psiquiatra y del tratamiento de las psicosis. Esta difusin haba tenido como marco privilegiado la clnica del Burghlzli, cerca de Zurich, donde, a principios de siglo y bajo la direccin de Eugen Bleuler, se haba elaborado una nueva escucha del lenguaje de la locura y una nueva clasificacin de la enfermedad mental en torno a la nocin de esquizofrenia.
En ese mbito de vida, en ruptura con el universo del asilo carcelario del siglo XIX, se haba dado cita toda una generacin de psiquiatras abiertos a las teoras de Freud: Ludwig Binswanger, Alphonse Maeder, Carl Gustav Jung. Ellenberger realiz all numerosas estadas y recogi el testimonio de Manfred Bleuler, quien haba sucedido a su padre como director de la clnica. El dilogo con Binswanger fue igualmente fructfero[15].
Proveniente tambin de una familia de psiquiatras, Binswanger diriga, como lo hiciera su padre, el famoso sanatorio Bellevue, en Kreuslingen, cerca del lago Constanza, donde alguna vez se aloj Nietzche. Despus de realizar estudios en psiquiatra y filosofa, se haba acercado a Freud, a quien permaneci fiel, aunque al mismo tiempo desarroll un enfoque fenomenolgico de la enfermedad mental inspirado en Husserl y Heidegger. En este mismo sanatorio de Bellevue, Ellenberger tendr la oportunidad de descubrir documentos inditos que permitirn reconstruir la historia de Bertha Pappenheim, paciente de Joseph Breuer a fines de siglo que lleg a ser, bajo el nombre de Anna O., el caso de histeria ms famoso de la historia de los orgenes del freudismo. En el primer volumen de su biografa, Ernest Jones revela por primera vez su identidad. Ellenberger llegar ms lejos, deconstruyendo las leyendas y los rumores que an oscurecan su destino.
Habiendo abordado la historia moderna del descubrimiento del inconsciente, a travs de sus mrgenes, sus disidencias y los lugares de ejercicio de su prctica, en una perspectiva radicalmente diferente de aquella, oficial y biogrfica, querida por Jones, Ellenberger no vacil en hacer la experiencia de una cura didctica en 1950. Para ello, eligi el divn del viejo Oskar Pfister, que en esa poca tena 77 aos.
Pastor e hijo de pastor, ste haba mantenido una larga amistad con Freud y un intercambio de correspondencia de una buena treintena de aos. En 1908, en Viena, lo haba conocido por medio de Jung, y permaneci fiel a l en el seno del movimiento psicoanaltico suizo, aunque no por ello adhera al conjunto de su doctrina: Como representante de un cristianismo libre -escriba uno de sus amigos- Pfister era enemigo de toda coaccin dogmtica, pero saba guardar un recibimiento afectuoso a quienes mantenan vnculos interiores con los dogmas.[16]
Pfister era todava un joven pastor cuando haba protestado contra el pecado de omisin de la teologa en relacin con la psicologa. Apoyndose en la doctrina freudiana, y aceptando la tesis del primado de la sexualidad, haba optado por ser pastor del alma (Seelsorger). A Freud, para quien la religin era como una neurosis, le haba opuesto la idea de que la verdadera piedad poda, por el contrario, transformarse en una proteccin contra la neurosis. Freud nunca haba invalidado realmente esta hiptesis. Sin dejar de sostener que el atesmo era necesario para una actitud cientfica, haba escrito estas lneas, que Pfister sola citar: El psicoanlisis en s no es ni religioso ni irreligioso. Es un instrumento sin partido que pueden usar tanto religiosos como laicos, con tal que sea nicamente al servicio de la liberacin de los seres que sufren. Me sorprende mucho que yo mismo no haya pensado en la extraordinaria ayuda que el mtodo psicoanaltico es susceptible de aportar para la cura de las almas; pero sin duda esto se debe a que como soy un villano hertico, todo ese conjunto de nociones me es ajeno.[17]
Indudablemente, Ellenberger comparta algunas de las concepciones de Pfister con respecto a la religin. Sin embargo, l mismo era agnstico. Hombre de las Luces, racionalista convencido y adepto a la idea de que la historia del nacimiento del inconsciente en el sentido moderno es un largo proceso de sustraccin de la locura a la posesin y de la transferencia a la magia, luego al hipnotismo, estaba sin embargo mejor preparado para comprender lo esencial de la doctrina jungiana que los freudianos de la primera y segunda generacin, an sensibilizados por la violenta ruptura de 1913. Por eso, en este libro, encontramos una magistral exposicin del itinerario de Jung en su relacin con Bleuler y con Freud, del conjunto de su doctrina y de su aporte indiscutible al campo de la historia de las religiones. Al no ser ni freudiano ni jungiano, sino ante todo historiador, Ellenberger evita tanto el fanatismo antifreudiano de los representantes del movimiento jungiano como el antijungismo primario de los partidarios de la doctrina freudiana. Tambin examina en detalle la actitud de Jung frente al nazismo demostrando, con el respaldo de documentos, que su colaboracin efectiva fue mnima. Sin embargo, no analiza lo que fue la esencia de esa colaboracin: la adhesin de Jung a una psicologa y una tipologa de los pueblos y las razas que, para su desgracia, lo llev a aceptar la supuesta diferenciacin entre una psicologa denominada aria y otra denominada juda. De all, una aprobacin indiscutible, aunque culpable y defensiva, de las tesis del antisemitismo. El anlisis de Ellenberger debe completarse actualmente sobre este punto. De todos modos, su presentacin del continente jungiano es excelente: la historia personal del autor, su relacin con la tica protestante, su amplio conocimiento de la situacin suiza del psicoanlisis no son ajenos a esta proeza.
A mediados de los aos cincuenta, Ellenberger haba adquirido entonces en el terreno un conocimiento de las condiciones de la implantacin del psicoanlisis en Europa. Ahora necesitaba abrirse a la historia de la dispora freudiana de la entreguerra: aquella de la emigracin de este a oeste, la de un psicoanlisis procedente de Alemania y de Austria, que traa la marca de su judasmo original, perseguido por el nazismo, y luego triunfador en el corazn de una internacional dominada no slo por la lengua inglesa -lengua del exilio- sino tambin por un ideal de adaptacin contrario a sus orgenes romnticos. Un viaje de estudios a los Estados Unidos y el posterior encuentro con Karl Menninger, a partir de diciembre de 1952, le permitir vislumbrar ese momento esencial de la historia del freudismo que luego estudiar consultando los archivos, en Viena, en Berln, y ms tarde en Londres, donde visitar a Jones.
Karl Menninger, nacido en 1893, analizado por Franz Alexander, perteneca al linaje de psiquiatras exiliados de Alemania. En Topeka, Kansas, haba fundado un instituto de psicoanlisis y una clnica donde curaban a los enfermos segn los mtodos del neo-freudismo americano. Tambin Georges Devereux, uno de los fundadores del etnopsicoanlisis, recibir all una enseanza clnica.
As como en 1938 Ellenberger debera haber continuado su carrera de psiquiatra en Francia, lgicamente tambin debera haberse establecido en los Estados Unidos a partir de 1953. En esa fecha, en efecto, fue nombrado profesor en la Menninger School of Psychiatry de Topeka. Pero su esposa, por haber nacido en Rusia, no poda, durante aquel perodo de guerra fra, obtener una visa de permanencia prolongada. De modo que, en 1959, Ellenberger decidi instalarse en Montreal, donde obtuvo la ctedra de criminologa en el Allen Memorial Institute de la universidad de McGill. Quebec, pas francoparlante, ser su ltima tierra de adopcin. All morir el 1 de mayo de 1993, despus de donar sus archivos a la Sociedad Internacional de Historia de la Psiquiatra y el Psicoanlisis (SIHPP) que, para recibirlos, fund un centro que lleva su nombre y cuya sede est en el hospital Sainte-Anne de Pars[18].
En Topeka, haba empezado a dar cursos sobre la historia de los orgenes del freudismo a jvenes estudiantes en formacin que ignoraban absolutamente todo sobre los comienzos del psicoanlisis en Europa, especialmente en Suiza. En 1962, decidi llegar ms lejos: comenz la redaccin de su obra fundamental.
Tres artculos de este perodo enunciaban ya los principios metodolgicos que le servirn para escribir la Histoire de la dcouverte de linconscient. El primero, publicado en 1963, Les mouvements de libration mythiques[19], estaba inspirado en trabajos de la etnologa para estudiar los discursos profticos, nativistas, mesinicos, milenaristas o de renovacin mstica: Los temas que proclaman los movimientos -escribe el autor- tienen una notable uniformidad en el mundo. El mito fundamental es el prximo restablecimiento de un orden original, ms imaginario que real, y que en ocasiones se extiende a la naturaleza entera[20]. La interrogacin sobre este tipo de discurso le permita a Ellenberger, as como en cierto modo lo haba hecho Claude Lvi-Strauss, mostrar cmo se constituye, en toda relacin teraputica, la posicin mtica de un maestro al mismo tiempo profeta, chaman y hroe liberador, que reina sobre sus discpulos a travs de la transferencia. A partir de aqu poda construirse un modelo invariante, especfico, de la organizacin de las comunidades teraputicas, desde la Antigedad hasta la poca freudiana. Este modelo poda ser relacionado con todas las formas de transmisin de un saber sobre la cura psquica.
En el segundo artculo publicado el mismo ao, llamado Les illusions de la classification psychiatrique[21], Ellenberger examinaba las diferentes clasificaciones de las enfermedades mentales, efectuadas desde Galeno hasta Benedict Augustin Morel a fines del siglo XIX, pasando por Francis Bacon, Paracelso, Philippe Pinel y Emil Kraepelin. Demostraba que la subjetividad del terico se imprime en las diferentes nosografas, que stas priorizan unas veces la existencia exclusiva y natural de la enfermedad mental y otras veces el ser social del enfermo, y que finalmente oscilan entre idealismo y pragmatismo: o bien la clnica absorbe la teora hasta el punto de que el clnico ya no encuentra el inters de un sistema, o bien la abstraccin conduce a la prdida del contacto con la clnica y, por ende, con la observacin de los hechos.
Para esta tarea, Ellenberger relativizaba el estatuto de la nosografa, y ese distanciamiento no era ajeno a la situacin del discurso psiquitrico a principios de los aos sesenta. La crtica generalizada de la psiquiatra como saber constituido haba comenzado hacia 1959 en Inglaterra, California e Italia en el terreno del asilo. Los movimientos que por entonces proclamaban la antipsiquiatra tenan como punto de anclaje pases donde el psicoanlisis se haba normalizado en un sistema de adaptacin, donde la psiquiatra haba evolucionado hacia un organicismo puro. Por otra parte, los contestatarios llevaban las marcas de una trayectoria que los haba conducido de la lucha anticolonial al transculturalismo y al compromiso militante. Gregory Bateson era antroplogo y David Cooper psiquiatra: ste ltimo haba combatido el apartheid en frica del Sur. Franco Basaglia era miembro del partido comunista italiano. En cuanto a Ronald Laing, se haba vuelto psicoanalista despus de ejercer la psiquiatra en el ejrcito britnico en la India. Para estos rebeldes, la locura no era una enfermedad, sino una historia: la historia de un viaje, de un paso, de una situacin. Y la esquizofrenia era su forma ms acabada, porque traduca en una respuesta delirante el malestar de una alienacin social o familiar.
Aunque era culturalista, Ellenberger no comparta el punto de vista de los antipsiquiatras. Para l, la locura segua siendo una enfermedad, ya fuera del alma o de la psiquis. Su historia no era independiente de la historia de los mtodos que la haban tomado como objeto de observacin. Ellenberger no separaba la historia de las manifestaciones de la locura de la historia de los discursos y los sistemas que, desde tiempos remotos, haban querido pensar la locura. Y por otra parte la antipsiquiatra, que consista en negar la existencia de la locura para hacer de ella una rebelin, reinstitua, a su entender, una nosografa. Ellenberger no poda compartir esta postura y en 1975 dir: Soy anti-antipsiquiatra. Como dos negaciones equivalen a una afirmacin, me considero entonces psiquiatra. Sin embargo, su crtica de las ilusiones de la clasificacin participaba en un mismo movimiento de descentralizacin del saber psiquitrico, de cuestionamiento de sus dogmas y de su pretensin de manejar la historia de la locura humana.
En 1967, durante un simposio en la universidad de Yale, Ellenberger expuso sus principios metodolgicos[22]. En esa fecha, la historiografa psiquitrica produca un giro decisivo. Desde que la psiquiatra se haba vuelto un dominio de saber, se haba historizado bajo la forma de un relato hagiogrfico redactado por los mismos psiquiatras. Los hechos y los gestos de los maestros eran, en general, relatados por el discpulo elegido, quien transformado a su vez en maestro, tena de antemano la seguridad de ver a su discpulo repetir el elogio que l mismo haba pronunciado en el momento de suceder a su propio maestro. Hemos visto que el mbito del psicoanlisis, a travs de la saga jonesiana, tambin estaba investido por ese modelo de transmisin de la historia. Ahora bien, a principios de los aos sesenta, esta tradicin ya haba cado en desuso y, en todas partes, los especialistas la abandonaban en beneficio de un mtodo erudito inspirado a la vez en trabajos de historiadores de las ciencias -Georges Canguilhem en Francia- y del legado de los fundadores de los Annales. A lo cual se aada una perspectiva positivista de establecimiento de los hechos. En el simposio de Yale, las discusiones giraron en torno a estas cuestiones. Atacando tanto a Jones como a la hagiografa psiquitrica, Ellenberger critic el culto de los hroes: Un personaje es tomado como punto central de la perspectiva y toda la historia es percibida a travs de ese punto. El personaje central (ya se trate de Weyer, Pinel, Freud o cualquier otro) es calificado de genio, todos aquellos que estn antes que l de precursores y todos aquellos que vienen despus de discpulos, a menos que sean malvados, traidores o apstatas[23].
A esto, l opuso su mtodo: una sntesis entre la historia positivista, la historia de las mentalidades y la historia de las ciencias al modo anglosajn. Haba que establecer hechos, exponer sistemas de pensamiento, elucidar fuentes. Para el primer punto, Ellenberger distingua cuatro etapas: no dar nada por sentado, verificar todo, reubicar cada cosa en su contexto, trazar una lnea de demarcacin rigurosa entre los hechos y la interpretacin de los hechos. Este ltimo consejo era tanto ms valioso cuanto que los psiquiatras aprendices de historiadores, y ms an los psicoanalistas, siempre haban demostrado en ese mbito una lamentable tendencia a tomar sus fantasmas por la verdad histrica y a interpretar los hechos incluso antes de haberlos establecido: Esto no significa, agregaba Ellenberger, que slo haya que presentar hechos, sobre todo cuando muchos de ellos son inciertos o dudosos. Es legtimo y necesario proponer hiptesis explicativas, pero siempre hay que ser perfectamente consciente del lmite entre los hechos y las hiptesis[24].
Ellenberger daba tambin la definicin de la nocin de psiquiatra dinmica. Tomaba el trmino de Gregory Zilboorg, psiquiatra y psicoanalista de la segunda generacin freudiana, quien haba redactado la primera historia de la psiquiatra en 1941 [25]. Este ltimo presentaba la psiquiatra llamada dinmica como una disciplina dialctica cuyo objetivo haba sido el de secularizar el fenmeno mental, sustrayndolo a la demonologa por un lado, al organicismo (y por ende a la medicina) por el otro. Ellenberger ampliaba la definicin: con l, la psiquiatra dinmica (y el dinamismo) se transformaba en la expresin de una historia de la exploracin del inconsciente y de su utilizacin teraputica. La idea de la secularizacin y de la doble sustraccin se conservaba.
En la misma exposicin, Ellenberger criticaba el uso de las nociones de influencia y de precursor empleadas con frecuencia en la historiografa hagiogrfica y oficial. La primera sugiere que la transmisin de los saberes se efecta slo por medio de la magia de una seal o de una transferencia, la otra supone una concepcin mesinica de la historia segn el esquema precursor/genio/discpulo. Notemos al pasar, con Mark Micale, que podemos considerar que Ellenberger comete un flagrante delito de contradiccin con su propio mtodo: en efecto, no deja de utilizar esas dos nociones que, sin embargo, haba criticado[26] muy bien.
En el simposio, record finalmente las dos mayores dificultades que enfrenta el psiquiatra deseoso de transformarse en historiador: El ignora habitualmente los mtodos de la historiografa cientfica y, peor an, en ocasiones llega a ignorar que los ignora. El psiquiatra promedio a menudo adhiere a una escuela de psiquiatra dinmica y se impregna con la enseanza de esta escuela a tal punto que le resulta muy difcil juzgar en forma imparcial teoras y prcticas de otras escuelas, e incluso hechos relativos a la historia de esas escuelas[27].
Ellenberger postulaba all un principio esencial de la constitucin de la historia erudita: la necesidad para el historiador de alejarse de su formacin de origen. Por otra parte, l mismo haba efectuado ese rito de paso, cultivando una suerte de exilio permanente. Ejerca la psiquiatra, pero no perteneca a ninguna escuela precisa; era historiador del freudismo, pero no formaba parte de ninguna asociacin legitimada por el IPA. En cuanto a su anlisis didctico, lo haba realizado en condiciones ajenas a los cnones de las diferentes comunidades. Por la singularidad de su itinerario, Ellenberger escapaba entonces al sistema de filiaciones propias a la corporacin psiquitrica-psicoanaltica. Al no poder ser identificado como el discpulo de un maestro o como el heredero de una doctrina transmitida por pura relacin transferencial, fue visto como jungiano por los freudianos, como freudiano por los jungianos, como janetiano por los adlerianos, como psiquiatra por los psicoanalistas, y como criminlogo por los psiclogos. Marginalidad, distanciamiento, situacin fronteriza: estos fueron los determinantes fundamentales de su identidad de historiador.
Mientras que Ellenberger continuaba su largo camino hacia la historia del descubrimiento del inconsciente, otro hombre, Ola Andersson, publicaba en 1962, en Estocolmo, el primer estudio erudito sobre la historia de los orgenes del freudismo. Lo redact en lengua inglesa con el ttulo Study in the Prehistory of Psychoanalysis. The Etiology of Psychoneuroses (1886-1896)[28]. Nacido en 1921 y analizado por Esther Lamm, Andersson perteneca a la tercera generacin de freudianos del IPA. Alejada de Freud y forzada a emigrar por el ascenso del nazismo en Europa, la segunda generacin no tuvo otro horizonte ni otra patria ms que la dispora freudiana constituida en organizacin. Y es en el seno de la tercera generacin del IPA, heredera ella misma de ese psicoanlisis en exilio, donde se desarrollarn las ltimas grandes controversias en torno a la interpretacin y a la transmisin de la obra del padre fundador: regreso a Freud en Francia, conflictos entre kleinianos y anna-freudianos en Inglaterra, desarrollo de la Ego Psychology y del neo-freudismo en USA[29]. El nacimiento de una historiografa freudiana erudita, como reaccin al modelo biogrfico, era el corolario de esa disputa de interpretacin.
Responsable de la traduccin de las obras de Freud en sueco, Andersson no era mdico. En la universidad de Uppsala ocupaba la ctedra de pedagoga, y permaneci toda su vida integrado al IPA. Sin embargo, al pasar a la historia, emprendi un proceso de exilio interior que lo condujo a revisar una parte de las leyendas fabricadas por Jones sobre las relaciones de Freud con Jean Martin Charcot, Hippolyte Bernheim, Josef Breuer y Theodor Meynert. La obra trataba las diferentes concepciones de la histeria y del hipnotismo a fines de siglo, la elaboracin de los conceptos de defensa y represin, y finalmente el papel del pensamiento de Johann Friedrich Herbart en la elaboracin de la doctrina freudiana.
Tres aos ms tarde, en el congreso del IPA de Amsterdam, Andersson present la verdadera historia de Emmy von N. Desde la publicacin por Freud y Breuer de los Etudes sur lhystrie, se le atribua a esta paciente la invencin de la escena psicoanaltica. Segn la leyenda transmitida por la historia oficial, haba sido curada de su histeria despus de que Freud utilizara con ella, por primera vez, el mtodo llamado catrtico. El 1 de mayo de 1889, en una crisis de pnico, ella lo haba intimado, dndole la orden de alejarse de ella y de no moverse: Qudese tranquilo. No me hable. No me toque[30]. Haba instaurado entonces, se deca, las prohibiciones necesarias a una tcnica de la cura basada en la suspensin de la mirada, en la ausencia de todo contacto carnal y en el abandono del dilogo. Gracias a ella, el mdico haba podido transformarse en psicoanalista colocndose fuera de la vista del enfermo, renunciando a tocarlo, obligndose a escucharlo.
Ola Andersson invalidaba este mito original revelando la identidad y la vida de Fanny Moser, la verdadera Emmy von N. Ella no slo no haba inventado la escena del psicoanlisis moderno -aunque la frase fuera autntica- sino que nunca fue curada de su neurosis ni por Freud, ni por sus sucesivos mdicos. En cuanto a su personalidad, tena poca relacin con la ficcin reconstruida para las necesidades del caso. Fanny era sin duda ms melanclica que histrica, y su vida menos edificante que la de la leyenda. Ola Andersson tuvo consciencia de infringir una prohibicin sacando a la luz la identidad de una mujer cuyo destino era mtico. Por este motivo l opt por no publicar su estudio, que no apareci sino hasta 1979, despus de que los herederos de Fanny Moser redactaran ellos mismos una obra sobre el tema.
Ellenberger rindi homenaje al pionero sueco comentando sus investigaciones[31]. Pero sobre todo, siguiendo su ejemplo, hizo de la encuesta y del levantamiento del anonimato a propsito de los relatos del caso un principio fundamental de la historiografa erudita. Ninguna historizacin de las doctrinas, de las ideas, de los sistemas de pensamiento era posible a su entender sin identificacin -y demitificacin- de los verdaderos enfermos que sirvieron de cas princeps en el itinerario de los maestros del descubrimiento del inconsciente. Encontraremos entonces en este libro, maravillosamente relatadas, las vidas mltiples de esas personas annimas -en general mujeres- que por sus sntomas y sus pasiones fueron las comadronas de los estudiosos y de sus teoras. Desde la famosa Fralein Oesterlin de Anton Mesmer a la Dora de Freud, pasando por la Blanche Wittmann de Jean Martin Charcot y la Madeleine Lebouc de Pierre Janet, nada nos escapa de este compendio en el largo curso del sufrimiento femenino, transformado ms tarde por los surrealistas en emblema de la belleza convulsiva.
Ellenberger postula como tesis central de su libro la existencia de una divergencia de fondo entre la historia del descubrimiento y de la teorizacin del inconsciente por un lado, y la historia de su utilizacin prctica y teraputica por otro. Las dos corrientes evolucionan en forma separada, alejndose o aproximndose, sin llegar nunca a fusionarse. La primera historia comienza con las intuiciones de algunos filsofos de la Antigedad y contina con las de los grandes msticos. Es entonces cuando la nocin de inconsciente se precisa con Leibniz, luego se desarrolla en el siglo XIX con Schopenhauer, Nietzsche y los trabajos de la psicologa experimental: los de Johann Herbart, Hermann Helmholtz y Gustav Fechner. En cuanto a la segunda historia, se remonta a la noche de los tiempos, desde el arte del brujo y del chaman hasta la confesin cristiana, pasando por las tcnicas psicolgicas de la Antigedad.
A propsito de la terapia, Ellenberger distingue dos mtodos: el primero consiste en provocar en el paciente el surgimiento de fuerzas inconscientes, bajo la forma de crisis, posesin o sueos; la segunda hace nacer el mismo proceso en el mdico. De la cura centrada en el enfermo surge histricamente la neurosis de transferencia en el sentido freudiano, mientras que, de la cura centrada en el terapeuta deriva el principio del anlisis didctico. Este hereda en efecto la enfermedad inicitica, confirindole al chaman su poder de cura, luego la neurosis creadora, tal como lo vieron y describieron, a fines del siglo XIX, los pensadores modernos del descubrimiento del inconsciente: de Nietzsche a Freud, pasando por Jung, Janet y Adler.
El primer intento de asociar la investigacin del inconsciente con su uso teraputico comienza con las experiencias de Franz Anton Mesmer. Este le quita a los exorcistas la explicacin de los fenmenos irracionales, a costa de inventar la falsa teora del magnetismo animal. Es as el iniciador de la primera psiquiatra dinmica que culmina con Charcot. Surge entonces, sobre las ruinas de un magnetismo transformado en hipnotismo, la segunda psiquiatra dinmica. A la hipnosis, prefiere mtodos menos brbaros, donde el paciente participa conscientemente en su tratamiento. Se divide en dos escuelas: el anlisis psicolgico de Pierre Janet, centrado en la exploracin del subconsciente; el psicoanlisis de Freud, basado en la teora del inconsciente. La corriente freudiana da origen a dos orientaciones divergentes: la psicologa individual de Alfred Adler y la psicologa analtica de Carl Gustav Jung.
Como conclusin, Ellenberger subraya que la paradoja principal de esta segunda psiquiatra dinmica, cuya historia l detiene en 1940, sin describir la situacin francesa, es que al separarse infinitamente en escuelas opuestas rompe el pacto fundador que la vinculaba al ideal de una ciencia universal nacida de las Luces, para volver al antiguo modelo de las sectas grecorromanas de la Antigedad.
Hay que comparar LHistoire de la dcouverte de linconscient con otro gran libro fundador, publicado nueve aos antes pero terminado en 1958: Histoire de la folie lge classique[32] de Michel Foucault. Filsofo de formacin, primero haba llevado a cabo un trabajo de historiador de larga duracin. En 1954, en una obra intitulada Maladie mentale et personnalit[33], planteaba la constitucin de la nocin de enfermedad mental. Segn l, los diversos enfoques del fenmeno de la locura haban evolucionado, desde la Antigedad, desde una representacin naturalista a una explicacin existencial. Foucault propona entonces un modelo evolutivo muy prximo del de Ellenberger. Para l, la historia de la locura se confunda con la historia de la mirada sobre la locura. Para los griegos, el loco era el Energumeno, para los latinos el Cautivo, para los cristianos el Demonaco. Con el Renacimiento esta historia se transformaba en la de una sustraccin progresiva de la locura y de su clnica al universo del religioso. Conduca a la alienacin del fin del siglo XVIII. Nacida con Pinel, la nosografa psiquitrica construa al hombre alienado privndolo de su humanidad y de su personalidad. Como Ellenberger, Foucault se interesaba en Hermann Rorschach y visit a Ludwig Binswanger en la clnica Bellevue; redact por otra parte una introduccin a Rve et existence[34].
Sin embargo, entre 1955 y 1958, renunci a ser historiador de la psiquiatra en el sentido clsico. Y su lectura de la obra de Freud tuvo un papel esencial en el vuelco que lo conducira a la redaccin de la Historia de la locura. Encontramos su huella en un artculo de 1957 donde Foucault resaltaba que el descubrimiento freudiano del inconsciente haba transformado por completo el horizonte de la psicologa y de la filosofa de la consciencia, al punto de hacerlas aparecer como un sistema de defensa[35]. Sabemos cmo sigue: en lugar de escribir una historia de las formas de enfermedad mental en trminos continuistas, redact en Suecia, sin encontrar a Andersson y con la ayuda de los archivos de la biblioteca Carolina Rediviva, un libro nietzscheano, inspirado en la nocin de parte maldita tomada de Georges Bataille. Foucault propona la hiptesis de un sistema de particiones: la locura no era natural al hombre, no exista desde tiempos remotos, no era ms que la historia cultural de una particin incesante entre una locura en estado bruto y una locura razonada: particin entre el desatino y la locura, particin entre la locura amenazante de los cuadros de Bosch y la locura domesticada del discurso de Erasmo, particin luego entre una consciencia crtica -la de los alienistas-, donde la locura se transforma en enfermedad, y una consciencia trgica, encarnada en la creatividad, como en Goya, Van Gogh o Artaud. Y para concluir, particin interna en el cogito cartesiano: la locura entonces se excluye del pensamiento en el momento en que deja de poner en peligro los derechos del pensamiento[36]. Foucault situaba la posicin freudiana de manera paradjica: entre una consciencia crtica y una consciencia trgica, entre Pinel y Nietzsche, entre el discurso de la locura razonada y el enunciado de la locura salvaje.
Nada estaba ms alejado del mtodo intelectual de Ellenberger que el giro foucaultiano. Y sin embargo esos dos libros tenan como punto en comn el fundar, con un intervalo de diez aos, una historiografa erudita de la psiquiatra, de la psicologa, del psicoanlisis y del descubrimiento del inconsciente. Uno era como el negativo del otro y ambos describan, en simetra inversa, la historia de la relacin entre el discurso de la locura y la apropiacin de ese discurso por la razn. Ambos daban tambin a la obra freudiana un lugar en la historia de las ciencias -como tambin por otra parte el de Andersson- apartado del modelo biogrfico, que todava dominaba en aquella poca. Ellenberger comparta con Foucault y Thomas Mann la idea de que Freud era en alguna medida el ltimo heredero del Romanticismo: un sabio de la Aufklrung oscura como dir ms tarde Yirmiyahu Yovel, un pensador en todo caso atravesado por la divisin entre el cogito y la locura[37].
Otro punto de encuentro contradictorio entre Ellenberger y Foucault: la nocin de sistema de pensamiento. El primero la utiliz en 1970 en una perspectiva clsica. Para l, se trataba de mostrar que las doctrinas estn constituidas como sistemas cuya historia hay que presentar en el orden cronolgico y cuyos elementos hay que explorar en sus propios trminos y no en los de las otras doctrinas[38]. nica manera del historiador para elucidar las fuentes y explicar el laberinto de las interacciones entre hechos, sistemas, hombres, instituciones. En sntesis, Ellenberger sentaba las bases de una historia total en la cual la subjetividad de los pensadores deba ser referida a la elaboracin del sistema mismo, al precio de mostrar que este sistema era tambin el resultado de una interaccin con otros sistemas, segn un proceso autnomo que escapa a la subjetividad de los pensadores.
En esa misma poca, Michel Foucault recurri a la misma nocin proponiendo la creacin en el College de Francia de una ctedra de historia de los sistemas de pensamiento. Pero su ptica era completamente diferente. En efecto, para Foucault los sistemas de pensamiento son las formas en las cuales, en una poca determinada, los saberes se singularizan, encuentran su equilibrio y entran en comunicacin. Dicho de otro modo, en la perspectiva foucaultiana, hacer la historia de los sistemas de pensamiento equivale a interrogar las condiciones del conocimiento y el estatuto del sujeto que conoce. No hacer simplemente la historia de los hombres que piensan y de los sistemas que se entrecruzan, sino eliminar la idea de que el sujeto es dueo de los pensamientos. Contrariamente a Ellenberger, Foucault quera construir una historia sin naturaleza humana, una historia cuyo fundamento escapara al cogito cartesiano. Y aquella concepcin de la historia la haba puesto en prctica espontneamente al redactar la Historia de la locura[39].
En 1973, Ellenberger encontr a Foucault en Montreal en un coloquio que giraba en torno a la cuestin: Hay que internar a los psiquiatras? Manifest mucha estima por sus trabajos que sin embargo nunca haba tenido en cuenta en sus investigaciones. En el coloquio, declar que la antipsiquiatra era un nihilismo que haba permitido corregir positivamente las polticas tradicionales de encierro. Veamos el recuerdo que conserv, veinte aos ms tarde, de lo que fue, entre Foucault y l, la historia de un imposible dilogo: La llegada de Michel Foucault a Montreal caus incidentes bastante ridculos. Tres personas iramos a buscarlo al aeropuerto: un dirigente de la Sociedad de Psiquiatra, yo y el profesor Maurice Dongier de la Universidad McGill. Este ltimo quiso acaparar al orador invitado y mostr una incorreccin que rozaba la insolencia. Interpel a Foucault sobre la antipsiquiatra, tema amplio y vago que estaba muy de moda. Focault eludi: Yo no soy ni psiquiatra, ni antipsiquiatra. Se vio obligado a improvisar un discurso que fue taquigrafiado en directo. Foucault, furioso, prohibi su publicacin[40].
Enteramente depurado de su leyenda, el Freud de Ellenberger es un verdadero sabio de fines del siglo XIX, comprometido con la aventura de la modernidad. Aprehendido en la plenitud de su potencial intelectual, su ferocidad, sus dudas y por ltimo la certeza de su genio, accede a un destino excepcional. Este Freud es entonces, tambin y al mismo tiempo, un Freud de un historiador de las ciencias, es decir un fundador que slo puede alcanzar la verdad porque transita permanentemente en el error, hasta el punto de que abraza, para asimilarlas, rechazarlas o transformarlas, las teoras ms extravagantes de su poca, especialmente en el campo de la sexualidad. Es decir, lo contrario del Freud de Jones, presentado como un hroe capaz de vencer las falsas ciencias de su tiempo para pisar finalmente el suelo virgen de un planeta del inconsciente nunca explorado antes que l.
Este retrato de Freud no envejeci, y los mltiples trabajos de historia erudita, dedicados desde hace diez aos al medio viens de los aos 1880-1900, no hacen ms que confirmar la deslumbrante narracin de Ellenberger, que reconoce tambin su lugar a Pierre Janet, atribuyndole a veces demasiados desaciertos a Freud en el conflicto entre los dos sabios. Pero era muy necesario hacer emerger del olvido a este autntico representante de la psiquiatra dinmica, hostil a las tesis freudianas.
Sin embargo, Ellenberger jams resuelve el problema de la ruptura efectuada por Freud (o ms bien por su pensamiento) en la elaboracin de una teora innovadora del inconsciente, la sexualidad y la clnica. Dicho de otro modo, l slo puede sumergir la obra freudiana en la larga duracin de la historia del descubrimiento del inconsciente a costa de desconocer la nocin de ruptura tal como se emplea en la tradicin francesa de la historia de las ciencias -desde Gaston Bachelard hasta Michel Foucault pasando por Georges Canguilhem.
El rechazo concertado de esta nocin fue lo que llev a la historiografa americana, heredera de la obra de Ellenberger, a la va de lo que hoy denominamos la escuela revisionista[41]. A partir de una crtica de las posiciones de Jones, sta ha llegado a negar la idea misma de que Freud sea el iniciador de una concepcin nueva del inconsciente y la sexualidad. De all, un antifreudismo en ocasiones tan fantico como la idolatra freudiana que se pretenda denunciar. La obra principal de esta corriente es la de Frank J. Sulloway, publicada en 1979: Freud biologiste de lesprit[42].
Ellenberger demuestra que, para pensar su descubrimiento, Freud construy el mito del hroe solitario (retomado luego por sus bigrafos) y exager la hostilidad del medio cientfico de su poca contra su doctrina. Ampliando esta tesis, Sulloway llega a afirmar que Freud no fue ms que el portavoz de la ciencia de su poca. En cuanto a su pensamiento, no sera ms que la expresin de un biologismo disfrazado de psicologa: una criptobiologa. A partir de un examen exacto de las doctrinas sobre la sexualidad de fines del siglo XIX, el autor suprime entonces toda nocin de ruptura fecunda en el mbito de la historia de las ciencias: anulacin de la idea misma de un posible giro en beneficio de la larga duracin de las races, de los prstamos, de las recurrencias. De all una deriva antifreudiana.
Hay que oponer a esta argumentacin una interpretacin diferente del mismo fenmeno: a fines del siglo pasado, todos los especialistas de la subconsciencia y de las enfermedades nerviosas haban reconocido la importancia del factor sexual en la etiologa de las neurosis. Entonces Freud no era un hroe solitario. Pero fue el nico que efectu una sntesis fecunda de todas las corrientes para traducir la evidencia biolgica en un nuevo lenguaje conceptual. Y si le fue necesario, como lo subraya Ellenberger, inventar un mito para pensar su descubrimiento, es porque la construccin del mito es indispensable para la subjetividad cientfica.
Que Ellenberger no haya necesitado del concepto de ruptura para integrar la obra freudiana a la larga historia del descubrimiento del inconsciente, no impide que hoy pueda aportarse a este libro una cierta perspectiva foucaultiana.
Notas:
* Historiadora, doctora en letras, directora de investigacin en la Universidad Pars-VII, encargada de conferencias en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales, vicepresidenta de la Sociedad Internacional de Historia de la Psiquiatra y del Psicoanlisis.
[1] A fines de 1990, envi a Henri F. Ellenberger un cuestionario donde solicitaba detalles sobre su vida, su formacin y sus encuentros con ciertos intelectuales. Me respondi en marzo de 1991. Luego, gracias a las notas que su hijo -Michel Ellenberger- tom en Montreal los das 29 de octubre y 1 de noviembre de 1992, pude obtener nuevos detalles que utilic en esta presentacin. Agradezco a Michel Ellenberger su amabilidad, su paciencia y su atencin a todos mis interrogantes.
En la respuesta que me envi, con motivo de la publicacin de su libro en francs, Henri Ellenberger declara que en su momento se haba puesto en contacto con Jean Delay, quien diriga una coleccin de obras de psiquiatra en la PUF (Presse Universitaire Franaise), donde podra haber sido traducida su obra. Pierre Pichot, colaborador de Jean Delay, aconsej a Henri Ellenberger que la tradujera l mismo al francs. De modo que la cuestin termin all. Esta es la explicacin que Pierre Pichot me dio sobre el tema, el 5 de noviembre de 1993: Por experiencia saba yo que era muy difcil que el editor aceptara un libro que debe traducirse, ms an tratndose de un libro de historia. Usted sabe mejor que nadie que los editores, en general, argumentan que los libros de historia de la medicina se venden muy poco [...], y que ste era muy voluminoso. Si, efectivamente suger a Ellenberger que primero tradujera su texto al francs [...], fue porque pensaba que su nica posibilidad de conseguir un editor era dndole un manuscrito listo para imprimir. Esta respuesta muestra muy bien que, en 1970, en Francia, no estaban dadas las condiciones para que una obra como esa fuera reconocida en justo valor.
Respecto de la acogida de la obra en Francia, podr leerse: Freud en perspectiva, entrevista del autor por Jacques Mousseau en Psychologie, 27,1972, p. 35-42; entrevista en LExpress, 23 de octubre- 6 de abril de 1975; programa Un certain regard, ORTF, 16 de diciembre de 1972. Entre octubre de 1975 y enero de 1976, Henri Ellenberger fue profesor invitado de psicologa en el Laboratorio de Psicologa Patolgica de la Universidad de Pars-V.
[2]. Henri EY, A propos de la dcouverte de linconscient, Evolution psychiatrique, 1, 1972, p.227-272.
[3]. Len Chertok y Raymond de Saussure, La Naissance du psychanalyste, Paris, Payot, 1973.
[4]. Didier Anzieu,L Auto-Analyse de Freud, Paris, PUF, 1975, vol.1, p.12.
[5]. Ernest Jones, La Vie et l Oeuvre de Sigmud Freud, 3 vol., Paris, PUF, 1958, 1961, 1959.
(Para la edicin inglesa: 1953, 1955, 1957)
[6]. Ver Mark S. Micale, Preface y Acknowledgements, en Henri F. Ellenberger, Beyond the inconscious (recopilacin de artculos), Princeton University Press, New Jersey, 1993; Victor Ellenberger, Sur les hauts plateaux de Lessouto: notes et souvenirs de voyages, Pars, Socit des missions evangliques, 1930; Frederic Christol, L Art dans Afrique australe, Pars, Berger-Levrault, 1911. Evangeline Ellenberger, Les pierres crieront, edicin privada, 1963.
[7]. Henri F. Ellenberger, Respuestas al cuestionario, ver nota 1.
[8]. Ibid.
[9]. Ibid
[10]. Charles Blondel, La Psychanalyse, Pars, Alcan, 1924. Ver sobre este tema, Elisabeth Roudinesco, Histoire de la Psychanalyse en France, Pars, Seuil, 1986, vol.1.
[11]. Conversacin con Michel Ellenberger el 24 de octubre de 1993. Ver bibliografa.
[12]. Henri F. Ellenberger, Respuestas al cuestionario. Sobre los recuerdos de Henri F. Ellenberger a propsito de Jacques Lacan, ver Elisabeth Roudinesco, Jacques Lacan. Esquisse de une vie, histoire d un sistme de pense, Pars, Fayard, 1993, p.38. Jacques Lacan, De la psychose paranoaque dans ses rapports avec la personnalit, Pars, Seuil, 1975.
[13]. Ver sobre este tema Bernand Laguerre, Les dnaturaliss de Vichy. 1940-1944, Vingtime-sicle, 20, octubre-diciembre 1988, p.3-16.
[14]. Conversacin con Michel Ellenberger, citada. Valentin de Bachst se incorpor a la Resistencia en 1940.
[15]. Ver Henri F. Ellenberger La vie et loeuvre de Hermann Rorschach (1884-1922), in Les Mouvements de libration mythique et autres essais sur lhistoire de la psychiatrie, Montreal, Quinze/Critre, 1978.
[16]. Citado por Anna Freud en Sigmund Freud, Correspondance avec le pasteur Pfister 1909-1939, Pars, Gallimard, col. Tel, 1991, p.11. Ver tambin Mireille Cifali, Freud pdagogue?, Pars, Interditions,1982.
[17]. Sigmund Freud, Correspondance avec le pasteur Pfister, op.cit.,P.12
[18]. La Sociedad Internacional de Historia de la Psiquiatra y de la Psicologa fue fundada en 1983 por Jacques Postel, Claude Qutel y Michel Colle. Actualmente est presidida por Ren Major. Olivier Husson es responsable del Centro de Documentacin Henri Ellenberger y director de publicacin de su boletn.
[19]. El ttulo de este artculo se tom para la publicacin de la recopilacin de artculos de Henri F. Ellenberger dedicada a la historia de la psiquiatra, op.cit.
[20]. Ibid.
[21]. Henri F.Ellenberger, Les illusions de la classification psychiatrique in Les mouvements de libration mythique, op.cit.,p.93-117.
[22]. Henri F. Ellenberger, Mthodologie dans lhistoire de la psychiatrie dynamique, en Les mouvements de libration mythique,op.cit.,p.117-131.
[23]. Henri Ellenberger, Histoire dAnna O. Etude critique avec documents nouveaux, en Les mouvements de libration mythique, op.cit.,p.181.
[24]. Mthodologie... loc.cit.,p.125. Mark Micale cita la declaracin de Ellenberger sobre el antipsiquiatrismo,op.cit.,p.68.
[25].Gregory Zilboorg, en colaboracin con George W. Henry, History of Medical Psychology, New York, Norton, 1941. Ver tambin George Mora, The Americans Historians of Psychiatry: Albert Deutsch, Gregory Zilboorg, Georges Rosen, in Wallace et Pressley, Essays in the History of Psychiatry,New York, Grune and Stratton, 1965.
[26]. Mark Micale, op.cit.
[27]. Mthodologie...,loc.cit., p.120.
[28]. Publicado por Svenska Bokfrlaget/Norstedts, 1962. Este libro fue traducido al francs por Jacques Sdat. Pero sigue esperando un editor. Ola Andersson muri en 1990.
[29]. Le debo estas informaciones a Per Magnus Johansson quien prepara un trabajo de investigacin sobre Ola Andersson. Sobre la cuestin de los orgenes, ver Jacques Nassif, Freud, linconscient, Pars, Galile, 1977. Sobre la cuestin de las generaciones en la historia del freudismo, ver Elisabeth Young-Bruehl, Anna Freud, Pars, Payot, 1991, y Elisabeth Roudinesco, Jacques Lacan....., op.cit.
[30]. Sigmund Freud y Joseph Breuer. Etudes sur lhystrie, Pars, PUF, 1967. Tesis retomada por Ernest Jones en el primer volumen de su biografa de Freud.
[31]. Ola Andersson A supplement to Freuds case history of Frau Emmy von N. in Studies on Hysteria (1895).Publicado en 1979 en The Scandinavian Psychoanalytic Review, Copenhague, Munksgaard,1, volumen 2. Ver tambin Henri F. Ellenberger Lhistoire dEmmy von N. Etude critique avec documents nouveaux in Les Mouvements de libration mythique, op.cit,p.205-229.
[32]. El ttulo original de 1961 era Folie et draison, histoire de la folie lge classique. Esta primera edicin, agotada actualmente, llevaba un corto prefacio que Michel Foucault suprimir en la edicin de 1972 (Gallimard). Tuve oportunidad de mostrar cmo fue la recepcin del libro de Michel Foucault, durante la publicacin de los actos del coloquio de la SIHPP dedicado al trigsimo aniversario de su aparicin, el 23 de noviembre de 1991. Ver Penser la folie. Essais sur Michel Foucault, coll., Pars, Galile,1992.
[33]. Pierre Macherey fue el primero en recalcar que Foucault no slo haba cambiado la concepcin de la locura entre 1954 y 1961, sino que haba modificado su texto de 1954 para la reedicin de 1962 en funcin de su nueva concepcin, eliminando de este modo su postura anterior. Cf. Michel Foucault, Maladie mentale et psychologie, Pars, PUF,1952 y 1962; Pierre Macherey Aux sources de lhistoire de la folie: une rectification et ses limites, Critique, nmero especial Foucault 471-472, agosto-septiembre 1986.
[34]. Michel Foucault, Introduction a Rve et existence de Ludwig Binswanger, Pars, Descle De Brouwer, 1954.
[35]. Michel Foucault, La recherche scientifique et la psychologie in Des chercheurs franais sinterrogent, Orientation et organisation du travail scientifique en France, dit par Morre, Toulouse, Privat, 1957.
[36]. Didier Eribon demostr cun importante fue en el itinerario intelectual de Foucault el encuentro con la sociedad sueca. En el corazn de la noche sueca efectu el giro que lo condujo a abandonar la historia de la psiquiatra por la de la locura: Suecia -dir- pasaba en esa poca por un pas libre. Muy pronto descubr que ciertas formas de libertad tienen los mismos efectos restrictivos que una sociedad represora. (Citado en Michel Foucault, Pars, Flammarion,1989,p.26.)
[37]. Tambin es la posicin de Jean-Paul Sartre en esa poca cuando redacta Le Scnario Freud, Pars, Gallimard, 1984, presentado por Jean Bernard Pontalis. Ver tambin Elisabeth Roudinesco, Sartre lecteur de Freud, Les Temps modernes, 531/533, octubre-diciembre 1990, p.589-613. Yirmiyahu Yovel, Spinoza et autres hrtiques, Pars, Seuil, coll. Libre examen, 1991.
[38]. Mthodologie....,loc.cit.,p.120.
[39]. Titres et travaux de Michel Foucault (plaqueta realizada para la candidatura en el Collge de Francia). Reporte de Jean Vuillemin para la creacin de una ctedra de historia de los sistemas de pensamiento, Collge de Francia, asamblea de profesores del 30 de noviembre de 1969. Textos publicados por Didier Eribon en Michel Foucault, Pars, Flammarion, coll. Champs,1991, p.362-376.
[40]. Henri F. Ellenberger, Respuestas al cuestionario. Sobre este episodio me falta el testimonio de M. Dongier.
[41]. El trmino debe tomarse aqu en el sentido clsico de una revisin historiogrfica, es decir de la crtica de una ortodoxia dominante. Nada que ver sin duda con el revisionismo negacionista, doctrina segn la cual el genocidio practicado por la Alemania nazi en contra de los judios y los gitanos no habra existido y sera un mito, una fabulacin, una estafa. Ver sobre este tema Pierre Vidal-Naquet, Les Assassins de la mmoire, Pars, La Dcouverte, 1987, p.108.
[42]. Frank J. Sulloway, Freud biologiste de lesprit, Pars, Fayard, 1981. Prefacio de Andr Bourguignon.
Fuente:
Roudinesco, Elisabeth:
Presentacin a Henry Ellenberger, Histoire de la dcouverte de lInconscient, Paris, Fayard, 1994.
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