El
Gobierno del Alma
La
formacin del yo [self]* privado**
Introduccin
No
creo que debamos considerar al Estado moderno como una entidad que se ha
desarrollado por encima de los individuos, ignorando lo que son y aun incluso
su propia existencia, sino, por el contrario, como una estructura muy
sofisticada en la que los individuos pueden integrarse con una condicin: que
su individualidad debe configurarse de una forma nueva, y someterse a un
conjunto de patrones muy especficos[1].
Michel
Foucault, 1982
Nuestras vidas ntimas, nuestros
sentimientos, deseos y aspiraciones, parecen ser esencialmente personales. Al
vivir en un tiempo en el estamos rodeados de la informacin pblica sobre
problemas que se presentan como abrumadores -guerra, hambrunas, injusticia,
pobreza, enfermedades, terrorismo- nuestros estados mentales, las experiencias
subjetivas y las relaciones intimas se ofrecen quizs como el nico lugar donde
encontrar nuestros yoes privados reales. Es, sin duda, muy cmodo sustentarse
por tal creencia. Pero sta es profundamente engaosa.
Nuestras personalidades,
subjetividades y relaciones no son cuestiones privadas, si esto significa que
no son objetos del poder. Por el contrario estn intensamente gobernadas.
Quizs siempre lo estuvieron. Las convenciones sociales, el escrutinio de la
comunidad, las formas legales, las obligaciones familiares y los mandatos
religiosos han ejercitado un intenso poder sobre el alma humana en tiempos
pasados y en distintas culturas. La conducta, el habla y la emocin han sido
examinados y evaluados a partir de los estados internos que ellos manifiestan,
y se ha intentando alterar lo visible de la persona actuando sobre su mundo
interior invisible. Los pensamientos, sentimientos y acciones pueden parecer el
propio tejido y la constitucin del yo ntimo, pero estn socialmente
organizados y administrados hasta en sus ms pequeos detalles.
Sin embargo, la gestin del yo
contemporneo se distingue, al menos, en tres cuestiones. Primero, las
capacidades personales y subjetivas de los ciudadanos han sido incorporadas al
mbito y las aspiraciones de los poderes pblicos. Esto no slo se vincula con
el nivel de las especulaciones polticas abstractas, sino tambin con el nivel
de las estrategias sociales y polticas y de las instituciones y tcnicas de
administracin y regulacin. Aunque sera demasiado decir que nuestros
gobernantes interpretaron sus tareas enteramente o en buena medida en trminos
de la vida interior de los ciudadanos, la subjetividad ha entrado en los
clculos de las fuerzas polticas sobre el estado de la nacin, sobre los
problemas y posibilidades que enfrenta un pas, sobre prioridades y polticas.
Los gobiernos y los partidos de todo el espectro poltico han formulado
polticas, preparado maquinarias, establecido burocracias y promovido
iniciativas para regular la conducta de los ciudadanos, actuando sobre sus
capacidades y predisposiciones mentales.
La manifestacin ms obvia ha sido
el complejo aparato que focalizado sobre el nio: el sistema de bienestar
infantil, la escuela, es sistema de justicia juvenil y la educacin y
vigilancia de los padres. Pero la regulacin de las capacidades subjetivas se
ha infiltrado de forma extensa y profunda en nuestra existencia social. Cuando
los ministros y los funcionarios, los informes oficiales y cosas similares, se
preocupan con eficiencia militar y piensan en trminos de ajustar al hombre al
trabajo, cuando interpretan la productividad industrial en trminos de
motivacin y satisfaccin del trabajador, o cuando se plantea el problema
social del crecimiento del divorcio en trminos del estrs psicolgico del
matrimonio, el alma de los ciudadanos ha entrado directamente en el discurso
poltico y en la prctica de gobierno.
En segundo lugar, la administracin
de la subjetividad se ha convertido en una tarea central para la organizacin
moderna. Las organizaciones han venido a llenar el espacio entre la vida
privada de los ciudadanos y las preocupaciones publicas de los gobernantes.
Oficinas, fbricas, aerolneas, colegios, hospitales, prisiones, ejrcitos y
escuelas, todas implican una administracin calculada de las fuerzas y poderes
humanos para alcanzar los objetivos de la institucin. Muchos ingredientes
claramente se incluyen en la gestin de la vida de las organizaciones. Pero en
menor o mayor extensin, jefes, comandantes militares, educadores y otros ahora
estn obligados a ocuparse de la subjetividad del empleado, del soldado o del
alumno para alcanzar sus objetivos. Cuando el ejrcito, por ejemplo, busca
minimizar la indisciplina y el derrumbe en las tropas y aumentar la eficacia en
el combate, por la va de la ubicacin racional de los individuos en las
actividades en funcin del conocimiento de su inteligencia, personalidad o
aptitudes, la subjetividad humana se ha convertido en un elemento clave para el
poder militar. Es cuando los industriales buscan incrementar su productividad y
la armona a travs de la adaptacin de las prcticas de trabajo, a la luz de
las consideraciones sobre la dinmica de grupo, que la intersubjetividad se ha
vuelto central para la autoridad gerencial. La vida de las organizaciones,
puede decirse, ha asumido una tendencia psicolgica.
En tercer lugar, hemos presenciado
el nacimiento de una nueva forma de saber experto, un saber experto sobre la
subjetividad. Toda una familia de nuevos grupos profesionales se propag, cada
uno afirmando su virtuosismo respecto del yo, en clasificar y medir la psiquis,
en predecir sus vicisitudes, en diagnosticar las causas de sus problemas y
prescribir remedios. No solo los psiclogos clnicos, ocupacionales,
educacionales- sino tambin trabajadores sociales, gerentes de personal,
oficiales que supervisan la libertad condicional, consejeros y terapeutas de
diferentes escuelas y filiaciones, han basado su pretensin de autoridad social
en su capacidad para entender los aspectos psicolgicos de las personas y
actuar sobre ellos, o para aconsejar a otros cmo actuar. Los poderes cada vez
ms diversos de estos ingenieros del alma humana parecen manifestar algo
profundamente novedoso en las relaciones de autoridad relativas al yo.
Estas nuevas formas de pensar y
actuar no solo incumben a las autoridades. Nos afectan a cada uno de nosotros,
en nuestras creencias personales, deseos y aspiraciones, en otras palabras, en
nuestra tica. Los nuevos lenguajes que para construirnos, entendernos y
evaluarnos a nosotros mismos y a otros han transformado la forma en que
interactuamos con nuestros jefes, empleados, colegas, esposos, esposas,
amantes, madres, padres, nios y amigos. Han sido reconstruidos nuestros mundos
de pensamiento, nuestras formas de pensar y hablar de nuestros sentimientos,
nuestras esperanzas secretas, nuestras ambiciones y desilusiones. Nuestras
tcnicas para manejar nuestras emociones han sido reformadas y el propio
sentido de nosotros mismos ha sido revolucionado. Nos hemos convertido en seres
intensamente subjetivos.
Los estudios que siguen intentan
rastrear algunas de las formas en las que, en las sociedades modernas, se
acuerda en dar un rol central a estos aspectos subjetivos de la vida de los
individuos en tanto conducen su comercio con el mundo, con otros y con ellos
mismas. Las investigaciones que llevo a cabo tratan de describir las
condiciones dentro de las cuales han tomado forma nuevas redes de poder, las
esperanzas y los miedos que se encuentran detrs de ellas, las nuevas formas de
pensar y de actuar que han sido introducidas en nuestra realidad. Mi enfoque
difiere de aquellos que se han hecho mas influyentes en la literatura
sociolgica reciente[2]. Esta
literatura se caracteriza por el uso de un limitado grupo de tropos
interpretativos y crticos: el empresariado moral de los grupos profesionales;
la medicalizacin de los problemas sociales; la extensin del control social;
la naturaleza ideolgica de las pretensiones del conocimiento; los intereses
sociales de los cientficos; las ciencias psicolgicas como legitimadoras de la
dominacin. Este paradigma de la socio-crtica, si se me permite el trmino, efectivamente
resalta aspectos significativos sobre el surgimiento de estos nuevos
conocimientos y estas nuevas tcnicas. Pero encuentro esta perspectiva sobre
las relaciones entre las ciencias psicolgicas, las profesiones psicolgicas y
la organizacin del poder poltico, limitada en varios aspectos.
La socio-crtica implica que este
conocimiento de la vida subjetiva es, en un sentido significativo, falso o
deficiente; incluso, afirma que quizs es debido a su falsedad que puede tener
un rol en los sistemas de dominacin. El conocimiento, en otras palabras, es
evaluado en trminos epistemolgicos. Mi inters y preocupacin es diferente.
No con la verdad, en algn sentido filosfico, sino con las formas en que los
sistemas de verdad son establecidos, la forma en que los enunciado son
producidos y evaluados, con los aparatos de verdad los conceptos, las
reglas, autoridades, procedimientos, mtodos y tcnicas a travs de los cuales
las verdades son realizadas. Me intereso en los nuevos regmenes de verdad instalados
por los saberes sobre la subjetividad, las nuevas formas de decir cosas
plausibles sobre otros seres humanos y sobre nosotros mismos, la nueva
distribucin de aquellos que pueden hablar la verdad y aquellos que estn
sujetos a ella, en las nuevas formas de pensar sobre lo que podra hacerse con
ellos y con nosotros.
La socio-crtica implica que las
ciencias psicolgicas y sus practicantes son socialmente efectivos en tanto
participan en la dominacin de la subjetividad de los individuos. La subjetividad
aqu aparece como un dato esencial; las sociedades debern ser evaluadas segn
el grado en que se la reprime o se la respeta. Me gustara formular la pregunta
inversa: Cmo es que la subjetividad misma se ha transformado, en sus
diferentes apariencias y concepciones, en la medida de los sistemas polticos y
las relaciones de poder? Las relaciones entre poder y subjetividad, desde esta perspectiva, no estn confinadas a las
de constriccin o represin de la libertad del individuo. De hecho, las caractersticas
distintivas del conocimiento y del saber experto modernos sobre la psiquis
tienen que ver con su rol en la estimulacin de la subjetividad, promoviendo la
auto-inspeccin y la conciencia de uno mismo, formando deseos, buscando
maximizar las capacidades intelectuales. Todo esto resulta fundamental para la
produccin de individuos libres para elegir, cuyas vidas se vuelven valiosas
en la medida en que estn imbuidas de sentimientos subjetivos de un placer
significativo[3].
La socio-crtica ve al conocimiento
y las tcnicas psicolgicas como soportes de relaciones de poder. Quizs es
as, pero su rol es ms fundamental de lo que esto implica. Esta forma de
pensar no logra captar los nuevos efectos que producen, las conexiones
novedosas que establecen entre los propsitos de las autoridades y los
proyectos individuales de vida. Por lo tanto, su rol es mucho ms que la
legitimacin de poder. Forjan nuevos alineamientos entre las racionalidades y
tcnicas de poder y los valores y ticas de las sociedades democrticas.
La socio-crtica tiende a insinuar
que los orgenes y el xito de esos conocimientos y tcnicas puede ser
explicado en trminos de la funcionalidad que tiene para el Estado. Yo veo las
cosas de una forma algo diferente. En lugar de hablar en trminos de Estado,
prefiero hablar en trminos de gobierno. El gobierno, en el sentido en el que
uso este trmino, no se refiere a las acciones de un sujeto poltico
calculador, ni a las operaciones de los mecanismos burocrticos y la gestin
del personal. Describe, ms bien, una forma del intento de alcanzar fines
sociales y polticos actuando de forma calculada sobre las fuerzas, actividades
y relaciones de los individuos que constituyen una poblacin[4].
Durante los siglos XIX y XX, los territorios nacionales de Europa y Estados
Unidos han sido atravesados con programas para la gestin y reconstruccin de
la vida social en funcin de producir seguridad para la propiedad y las
riquezas, beneficios y eficiencia para la produccin, virtud pblica, tranquilidad
e incluso, felicidad. Y la subjetividad se ha
convertido en un recurso vital para la administracin de los asuntos de la
nacin.
La gubernamentalidad, como Michel
Foucault la denomin, se ha convertido en el suelo comn de todas las formas de
racionalidad poltica modernas en tanto interpretar las tareas de los
gobernantes en trminos de una supervisin calculada y una maximizacin de las
fuerzas de la sociedad. La gubernamentalidad es el conjunto constituido por
las instituciones, los procedimientos, anlisis y reflexiones, los clculos y
las tcticas que permiten ejercer esta forma tan especfica y compleja de
poder, que tiene como meta principal la poblacin[5].
Para todos los sistemas de gobierno occidentales desde el siglo XVIII, la
poblacin ha aparecido como el terreno del gobierno par excellence. No se trata del ejercicio de la soberana, si bien
sta juega una parte. No se trata de la gestin de la vida de la nacin como si
fuera una familia, si bien la familia en s misma es un instrumento vital de
gobierno, sino de la regulacin de los procesos propios de la poblacin, las
leyes que modulan su bienestar, salud, longevidad y su capacidad para emprender
guerras y para comprometerse con el trabajo, etc. Ms que el Estado extendiendo
su dominio en la sociedad a travs de la extensin de su aparato de control,
necesitamos pensar en trminos de la gubernamentalizacin del Estado una
transformacin de las racionalidades y las tecnologas para el ejercicio de la
dominacin poltica.
Con la entrada de la poblacin en el
pensamiento poltico, el gobierno toma como sus objetos fenmenos como el
nmero se sujetos, sus edades, su longevidad, sus enfermedades y tipos de
muertes, sus hbitos y vicios, sus tasas de reproduccin. Las acciones y los
clculos de las autoridades estn dirigidas a nuevas tareas: cmo maximizar las
fuerzas de la poblacin y de cada uno de sus individuos, como minimizar sus
problemas, como organizarlos de la forma ms eficiente. El nacimiento y la
historia de los conocimientos de la subjetividad e intersubjetividad estn
ligados intrnsecamente con los programas que descubrieron para gobernar
sujetos necesitaban conocerlos. Las preguntas que plantea la gubernamentalidad
marcaron el territorio en el que vendran a jugar un rol clave las
ciencias psicolgicas, con sus sistemas
conceptuales, innovaciones tcnicas,
modos de explicacin y formas de las prcticas del experto.
Dos aspectos del gobierno son de
particularmente significativas para entender la parte que estas ciencias han
jugado en la vinculacin de la vida subjetiva e intersubjetiva con los sistemas
de poder poltico. El primero es que el gobierno depende del conocimiento. Por
un lado, para gobernar a una poblacin es necesario aislar un sector de la
realidad e identificar ciertas caractersticas y procesos propios, para
hacerlos notorios, decibles, pasibles de escritura, para dar cuenta de ellas
segn ciertos esquemas explicativos. El gobierno, entonces, depende de la
produccin, circulacin, organizacin y autorizacin de verdades que encarnan
lo que lo que debe ser gobernado, que lo hacen pensable, calculable y
practicable.
Por otro lado, gobernar una
poblacin requiere un tipo distinto de conocimiento. Para hacer ciertos
clculos sobre una poblacin es necesario resaltar algunas de sus
caractersticas
como
material en bruto de clculo, y se requiere informacin sobre ella. El
conocimiento adquiere aqu una forma fsica; se requiere la transcripcin de
ciertos fenmenos -como un nacimiento, una muerte, un casamiento, una
enfermedad, el nmero de personas que viven en tal o cual casa, sus tipos de
trabajo, sus dietas, bienestar o pobreza-, en un material sobre el cual pueda
trabajar el clculo poltico. El clculo, en otras palabras, depende de
procesos de inscripcin que traducen el mundo en registros materiales:
reportes escritos, dibujos, mapas, cartas y, sobre todo, nmeros[6].
La invencin de programas de
gobierno implic necesariamente una avalancha de nmeros impresos, que
hicieron que la poblacin fuese calculable, al transformarla en registros
durables y transportables, que podan ser acumulados en las oficinas de los
funcionarios, que podan ser sumados, restados, comparados y contrastados.
Estas tcnicas de inscripcin fueron bautizadas con el nombre de estadstica.
Desde el siglo XVII, pasando por los siglos XVIII y XIX, la estadstica
ciencia del Estado- comenz a transcribir los atributos de la poblacin de tal
modo que pudieran entrar en los clculos de los gobernantes. La cantidad de
habitantes, sus edades, sus lugares de domicilio y sus formas de habitarlos,
sus empleos, sus nacimientos, enfermedades y muertes todo esto fue anotado y
trascripto. Se transformaron en cifras que se reunan en lugares centralizados;
la poblacin incontrolable fue procesada en formas que podan ser utilizadas en
discusiones polticas y decisiones administrativas.
La transformacin de la poblacin en
nmeros que podan ser utilizados en los debates y clculos polticos y
administrativos iba a extenderse, a partir del siglo XIX, a nuevos dominios.
Las sociedades de estadstica de Gran Bretaa se dedicaran a la compilacin de
listas y tablas de ordenamiento domstico, de tipos de empleo, dieta, y grados
de pobreza y necesidad.[7]
Y se construyeron topografas morales de la poblacin, haciendo mapas de la
pobreza, la delincuencia, el crimen y la locura, en trminos espaciales y
temporales, y sacando todo tipo de conclusiones sobre los cambios en las tasas
de patologa, sobre sus causas y las medidas necesarias para mejorarlas. Las
capacidades de los sujetos comenzaron a ser pertinentes para el gobierno, y
empezaron a estar disponibles en una nueva forma.
La dependencia del gobierno respecto
del conocimiento, en estos dos sentidos, nos permite apreciar el rol que la
psicologa, la psiquiatra y las dems ciencias psi desempearon dentro de
los sistemas de poder en los cuales los sujetos humanos han estado inmersos. El
sistema conceptual ideado dentro de las ciencias humanas, los lenguajes de
anlisis y explicacin que fueron inventados, las formas de hablar sobre la
conducta humana que constituyeron, proveyeron los medios gracias a los cuales
la subjetividad y la intersubjetividad
pudieron entrar en los clculos de las autoridades. Por un lado, las
caractersticas subjetivas de la vida humana pudieron convertirse en elementos
inteligibles para la economa, la organizacin, la prisin, la escuela, la
fbrica y el mercado de trabajo. Por otro lado, la misma psique humana se ha
convertido en un dominio posible para el gobierno sistemtico en funcin de
objetivos sociopolticos. Educar, curar, reformar, castigar sin duda estos
son viejos imperativos-, pero los nuevos vocabularios provistos por las
ciencias de la psiquis permiten la articulacin de las aspiraciones de gobierno
en trminos de una gestin experta de las profundidades del alma humana.
Las ciencias psicolgicas jugaron
otro rol clave, en la mediada en que proveyeron los medios para registrar las
propiedades, las energas y las capacidades del alma humana. Permitieron que
los poderes humanos se transformaran en material que provey las bases para el
clculo. El examen constituy el modelo para todos los dispositivos
psicolgicos de registro.[8]
El examen combin el ejercicio de la vigilancia, la aplicacin de un juicio normalizador
y la tcnica de registro material para producir signos calculables de
individualidad. Cada uno de los mecanismos de examen de las ciencias
psicolgicas de los cuales el diagnstico psiquitrico y el test de
inteligencia son dos paradigmas provey
un mecanismo para conceptualizar la subjetividad como una fuerza calculable. El
examen no solo hace visible la individualidad humana, sino que la ubica en una
red de escritura, transcribe los atributos y sus variaciones en formas
codificadas, permitiendo que sean acumulados, sumariados, promediados y
normalizados en sntesis, documentados. Dicha documentacin sobre la psiquis
permiti que los elementos de la vida de cualquier individuo que fueran
pertinentes para las autoridades pudiesen ser reunidos en un expediente,
conservados en un archivo, o transmitidos a un lugar centralizado donde las
caractersticas de los individuos podan ser comparadas, evaluadas y juzgadas.
Los registros pueden ser reunidos para un conocimiento de las caractersticas psicolgicas
de la poblacin como un todo, lo cual puede a su vez ser utilizado para
calibrar un individuo en relacin con esa poblacin. El registro psicolgico de
la individualidad permite que el gobierno opere sobre la subjetividad. La
evaluacin psicolgica no es solamente un momento en un proyecto
epistemolgico, un episodio en la historia del conocimiento: al hacer
calculable la subjetividad, hace dciles a las personas y conduce a que se
pueda actuar sobre ellas y que ellas
puedan actuar sobre s mismas - en
nombre de sus capacidades subjetivas.
De este modo, las innovaciones en el
conocimiento han sido fundamentales para los procesos por los cuales el sujeto
humano ha entrado en las redes de gobierno. Se han inventado nuevos lenguajes
para hablar sobre la subjetividad humana y su pertinencia poltica, se han
formulado nuevos sistemas conceptuales para calcular las capacidades y las
conductas humanas, y se han construido nuevos dispositivos para inscribir y
calibrar la psique humana e identificar sus patologas y sus normalidades.
Estas formas de conocimiento han hecho posible la elaboracin de tecnologas
humanas: ensambles de fuerzas, mecanismos y relaciones que permiten actuar
desde un centro de clculo una secretara de gobierno, la oficina de un
gerente, el despacho donde se planifica una guerra sobre las vidas subjetivas
de hombres, mujeres y nios[9].
Las tecnologas humanas incluyen la
organizacin calculada de las fuerzas y capacidades humanas junto a otro tipo
de fuerzas naturales, biolgicas, mecnicas- y artefactos maquinas, armas- en
redes funcionales de poder. Dentro de tal composicin se renen elementos que,
a primera vista, puede pensarse que pertenecen a distintos rdenes de realidad:
diseos arquitectnicos, equipos y dispositivos tecnolgicos, profesionales,
burocracias, mtodos de clculo, inscripciones, procedimientos de reforma y
similares. En ste sentido, el conocimiento terico hace que el alma sea
pensable en trminos de una psicologa, una inteligencia, una personalidad, y,
por lo tanto, permite que ciertos tipos de accin se vinculen con ciertos tipos
de efectos. Las tcnicas, desde la distribucin de los edificios hasta la
estructura de los horarios, organizan a los humanos en el espacio y el tiempo
para lograr ciertos resultados. Las relaciones de jerarqua, desde la edad
hasta las calificaciones y acreditaciones acadmicas, ubican a los individuos
en cadenas de mando y dependencia, autorizando a algunos a dirigir y obligando
a otros a obedecer. Los procedimientos de motivacin, desde los mandatos
morales hasta los sistemas de pago, dirigen las conductas de los nios,
trabajadores o soldados hacia ciertos fines. Los mecanismos de terapia y de
reforma proveen los medios gracias a los cuales las tcnicas de autorregulacin
pueden ser reformuladas de acuerdo a
los principios de la teora psicolgica. Cuando se forman redes, cuando los
relevos, las traducciones y las conexiones vinculan las aspiraciones de las
cpulas polticas con modos de accin sobre las personas, se establecen
tecnologas de la subjetividad que permiten que las estrategias de poder se
infiltren en los intersticios del alma humana.
Dichas tecnologas de subjetivacin
ramificadas han tenido consecuencias radicales para la vida econmica, la
existencia social y la cultura poltica. Pero esto no nos exige situar su
origen o sus principios explicativos en el Estado o ver estos eventos como la
implementacin de un programa inventado racionalmente o coherentemente para
asegurar la dominacin de clase. Tal como lo ha propuesto Michel Foucault,
necesitamos colocar el azar en el lugar que le corresponde en la historia. Las
innovaciones no se han producido frecuentemente para hacer frente a grandes
amenazas al orden poltico, sino a pequeos problemas locales, incluso
marginales. Los programas para perfeccionar o cambiar las formas en que las
autoridades piensan o abordan los problemas surgen a veces de un aparato
poltico centralizado, pero generalmente son formulados por otras fuerzas y
alianzas: clrigos, filntropos, doctores, policas, abogados, jueces,
psiquiatras, criminlogos, feministas, trabajadores sociales, acadmicos,
investigadores, jefes, trabajadores, padres. Para hacer efectivos estos
programas, algunas veces, ha sido necesario crear legislacin, y otras veces ha
supuesto la construccin de nuevas ramas del aparato poltico, pero tambin el
trabajo de organizaciones de caridad, fundaciones, trusts, cmaras patronales,
sindicatos, iglesias o colegios profesionales. Las innovaciones realizadas han
sido a veces el fruto de inventos radicalmente nuevos, pero otras veces
implicaron usos ad hoc, combinaciones
y extensiones de los marcos tericos y tcnicas existentes. Este tipo de
innovaciones espordicas a menudo no llegaron a nada, fracasaron o fueron
abandonadas o superadas. Otras han prosperado, extendindose a otros
lugares y problemas, e implantndose
como entramados de pensamiento y accin estables y duraderos. Dentro de estas
pequeas historias, un patrn ms amplio ha cobrado forma, en cuya red todos nosotros,
hombres y mujeres modernos, nos hemos enredado.
Por esta razn, las ciencias
psicolgicas han estado ntimamente ligadas con los programas, los clculos y
las tcnicas para el gobierno del alma. El desarrollo de las ciencias
psicolgicas en el siglo XX ha abierto nuevas dimensiones para nuestro
pensamiento. Simultneamente, ha hecho posibles nuevas tcnicas de
estructuracin de nuestra realidad para producir fenmenos y efectos que slo
ahora pueden ser imaginados. La traduccin de la psiquis humana en trminos
relativos a la esfera del conocimiento y al mbito de la tecnologa, hace
posible el gobierno de la subjetividad de acuerdo con normas y criterios que
fundamentan su autoridad en un conocimiento esotrico pero objetivo.
Los conocimientos psicolgicos se
referan, con seguridad, a problemas que surgieron en circunstancias sociales
especficas; pero estas circunstancias no predestinaban ni determinaban por
ellas mismas los tipos de soluciones propuestos. Los sistemas conceptuales, las
filosofas explicativas y las convenciones sobre la evidencia y la prueba
ejercieron sus propios efectos, transformando los problemas y preguntas
iniciales y al retroalimentando sus lenguajes de clasificacin, discusin y
evaluacin, al articularlos dentro del debate social. Por supuesto, como tantos
comentaristas han reconocido, la psicologa como disciplina est lejos de ser
homognea: est resquebrajada por sus escuelas competidoras y motorizada por la
rivalidad entre modelos explicativos incompatibles, tcita o explcitamente
basados en filosofas opuestas. Esta diversidad y heterogeneidad de la
psicologa ha sido una de las claves de su incesante capacidad inventiva en el
nivel conceptual y de la amplitud de su aplicabilidad social. Lejos de socavar
sus pretensiones de verdad, ha permitido una diferenciacin fructfera en sus
puntos de aplicacin, lo que le permiti operar con una diversidad de contextos
y estrategias para el gobierno de la subjetividad diferentes formas de
articular el poder social con el alma humana.
El dominio experto sobre la
subjetividad se ha vuelto fundamental para nuestras formas contemporneas de
ser gobernados y de gobernarnos a nosotros mismos. Esto no se debe a que los
expertos se confabularon con el Estado para atrapar, controlar y condicionar
sujetos. Las polticas liberales democrticas ponen lmites a las
intervenciones coercitivas directas en las vidas de los individuos por parte
del Estado; por ello, el gobierno de la subjetividad requiere que las
autoridades acten sobre las elecciones, deseos, valores y conductas del
individuo de forma indirecta. El dominio experto provee esta distancia esencial
entre los aparatos formales de las leyes, los tribunales y la polica, y el
moldeamiento de las actividades de los ciudadanos. No logra sus efectos a
travs de la amenaza de violencia o de represin, sino por la persuasin
inherente a sus verdades, gracias a las ansiedades estimuladas por sus normas y
en virtud de la atraccin ejercida por las imgenes de la vida y del yo que nos
ofrece.
Los ciudadanos de la democracia
liberal han de regularse a s mismos; los mecanismos de gobierno los conciben
como participantes activos en sus vidas. Ya no se piensa que el sujeto poltico
est motivado por el mero clculo de los placeres y dolores. El individuo ya no
es, en lo que concierne a las autoridades, el mero poseedor de capacidades
fsicas que deban ser organizadas y dominadas a travs de la implantacin de
parmetros morales y hbitos de conducta. Sea en el hogar, en el ejrcito o en
una fbrica, los ciudadanos piensan activamente, desean, sienten y hacen, se
relacionan con otros en trminos de estas fuerzas psicolgicas, y son afectados
por las relaciones que otros tienen con ellos. Tal sujeto-ciudadano no debe ser
dominado para satisfacer los intereses del poder, sino que debe ser educado e
incitado a una especie de alianza entre los objetivos y ambiciones personales y
los logros o actividades socialmente o institucionalmente valorados. Los
ciudadanos modelan sus vidas a travs de las elecciones que hacen sobre la vida
familiar, el trabajo, el ocio, el estilo de vida, la personalidad y sus modos
de expresin. El gobierno trabaja a distancia sobre estas elecciones,
forjando una simetra entre los intentos de los individuos de hacer una vida provechosa
para s mismos, y los valores polticos de consumo, beneficio, eficiencia y
orden social. Es decir que el gobierno contemporneo opera a travs de una
infiltracin delicada y minuciosa de las ambiciones de regulacin en el
interior mismo de nuestra existencia y de nuestra experiencia como sujetos.
Debido a esto, las tecnologas de la
subjetividad existen en una especie de relacin simbitica con lo que uno
podra denominar tcnicas del yo: las formas en que estamos capacitados para
actuar por medio de lenguajes, de criterios varios y de tcnicas que se nos
ofrecen sobre nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestros pensamientos, y
nuestras conductas con el fin de lograr felicidad, sabidura, salud y
realizacin.[10] A travs de
la auto-inspeccin, la auto-problematizacin, el auto-monitoreo y la confesin,
nos evaluamos a nosotros mismos segn los criterios provistos por otros. A
travs de la auto-reforma, la terapia, las tcnicas de cambio corporal, y del
moldeamiento calculado del habla y la emocin, nos ajustamos nosotros mismos
por medio de tcnicas propuestas por los expertos del alma. El gobierno del
alma depende de que nos reconozcamos a nosotros mismos ideal y potencialmente
como cierto tipo de personas; admitamos el descontento generado por un juicio
normativo sobre lo que somos y podramos llegar a ser, y la incitacin a
superar esta discrepancia siguiendo el consejo de los expertos en el manejo del
yo.
Al hacer de la subjetividad el
principio de nuestra vida personal, de nuestros sistemas ticos, y de nuestras
evaluaciones polticas, lo irnico es que creamos que, libremente, estamos
eligiendo nuestra libertad. Si los estudios que siguen tienen un objetivo
subyacente, es el de contribuir a la escritura de una genealoga de esa
libertad.
Captulo uno
La Psicologa
de la Guerra
Toda guerra, sin duda, se lleva a
cabo dentro de la mente de los combatientes tanto como sobre su carne y dentro
de su territorio. En la Segunda Guerra Mundial, esta batalla por la mente
incluy, no solo a los soldados, sino tambin a los civiles. Pas a ser
competencia de organizaciones especiales, expertos y tcnicos. La guerra
produjo nuevas formas de pensar el funcionamiento de las organizaciones en
trminos de ingeniera humana; el uso racional del factor humano en la
administracin de las instituciones y la sociedad se present como una
posibilidad urgente y real. La guerra tambin hizo surgir nuevos modos de
construir la vida institucional, en trminos de relaciones humanas y el
grupo. Las relaciones emocionales y personales entre los individuos se
hicieron centrales para las teoras y las prcticas psicolgicas. Se inventaron
formas de calibrar factores psicolgicos como personalidad y actitud,
produciendo nuevas formas de calcular las relaciones entre la subjetividad
humana y los objetivos administrativos, no solo en la milicia, sino tambin en
las fbricas, la familia y la poblacin en general. En el proceso, se
establecieron nuevas relaciones entre psiclogos, psiquiatras, antroplogos y
socilogos, y se establecieron nuevas bases sobre las cuales estas disciplinas
pudieran colaborar. Las innovaciones conceptuales y prcticas que fueron
hechas, las tecnologas que fueron inventadas, y los expertos que las
comprendieron y las usaron, tuvieron un impacto mayor en el mundo de posguerra1.
Est ampliamente aceptado que la
experiencia de la guerra condujo a cambios importantes en la Inglaterra de
posguerra, estimulando la expansin de la maquinaria del Estado y la
planificacin econmica, y renovando las polticas sociales que se asociaron a
las reformas de 19452*. Algunos autores, sin embargo, han
mostrado su escepticismo sobre si estos cambios fueron, en un sentido
significativo, resultado de los
eventos de la guerra, argumentando que sucedieron como respuesta a procesos de
desarrollo social ms fundamentales; la guerra pudo haberlos cristalizado, pero
no los inici3. An as, la mayora
acuerda que la guerra provoc innovaciones tecnolgicas y el desarrollo de
recursos cientficos para objetivos sociales y nacionales. La ciencia y la
tecnologa suelen ser entendidas, en este contexto, como ciencias naturales e ingeniera fsica4.
Pero las transformaciones en el rol social de las ciencias humanas, y las implicaciones de la experiencia de la guerra en la
ingeniera humana, fueron al menos
tan significativas como las anteriores. Su impacto en nuestras vidas cotidianas
ha sido an ms profundo.
La discusin sobre la guerra en
trminos psicolgicos es actualmente una rutina: las causas psicolgicas de la
guerra, la psicologa del conflicto y del combate, los efectos sobre los
estados psicolgicos de los combatientes, de los sobrevivientes del campos de
concentracin y los civiles, y las consecuencias psicolgicas de la guerra para
el desarrollo de la cultura5. En una
direccin diferente, el estudio de Peter Watson sobre los usos y abusos
militares de la psicologa revel un continente enorme y escondido de la
psicologa militar, desarrollado en mayor medida desde el fin de la Segunda
Guerra Mundial, y concentrado, para el bloque occidental, en Fort Bragg,
Carolina del Norte, base para la escuela especial de guerra del ejrcito de
EE.UU. l encontr que:
Todo
lo que poda pensarse desde la psicologa de la estructura celular de las
insurgencias subterrneas a los efectos psicolgicos de las armas, desde la
seleccin de hombres para trabajar detrs de la lneas enemigas a las formas de
inducir la desercin, desde las formas de evitar que los hombre huyan
cobardemente de la batalla a cmo evitar que se les lave el cerebro, desde
tests para seleccionar descifradores de cdigos al uso de fantasmas para acosar
campesinos tribales ha sido investigado implacablemente y en detalle, as
como se extrajo de la investigacin psicolgica relevante todas las
aplicaciones militares que pudiesen llegar a tener6.
Watson busca mostrar cmo algunos de
estos desarrollos pudieron hacer ms probable la guerra, cmo otros desarrollos
son problemticos porque involucran el engao o el dao de los sujetos, cmo
otros involucran la deshumanizacin del enemigo o la desbrutalizacin del
asesinato, y en general, cmo el debate libre y abierto de las implicancias
polticas y ticas de la psicologa militar es evitado mediante un secreto
obsesivo.
Nadie puede dudar de lo
significativo de tales cuestionamientos. Sin embargo, mi inters sobre las
relaciones de la psicologa con la guerra es distinto. No se trata tanto de ver
cmo la psicologa alter la naturaleza de la guerra, sino cmo, al
involucrarse en la Segunda Guerra Mundial, la naturaleza de la psicologa y su
relacin con la vida social fueron alteradas, cmo la experiencia de la guerra
ha transformado nuestras formas de pensar e intervenir sobre la organizacin de
los seres humanos, tanto dentro de las esfera militar como en las no militares.
Estas transformaciones no fueron
slo un producto de las biografas personales. No obstante, una mirada sobre
los volmenes de A History of Psychology
in Autobiography [Una Historia de la Psicologa en Autobiografas] revelan
el grado en el que varias de las figuras principales de la psicologa de
posguerra estaban involucradas en el trabajo de guerra7. En lo que concierne a EE.UU., las
relaciones varan de lo bizarro a lo fundamental. B.F. Skinner, por ejemplo,
recibi una subvencin de defensa en 1944 para un proyecto en el que intent
entrenar palomas para que guiaran misiles hacia sus blancos; Jerome Bruner
trabaj en una unidad monitoreando transmisiones extranjeras para proveer
informacin sobre las intenciones y la moral del enemigo8. De las figuras que participaron en el
trabajo de largo alcance en el Departamento de Relaciones Sociales, aparecido
luego de la guerra, Gordon Allport estaba involucrado centralmente en el
estudio de la moral civil, Samuel Stouffer encabez la investigacin sobre las
actitudes del soldado norteamericano, Henry Murray dirigi el equipo de
evaluacin de la Oficina de Servicios Estratgicos y Clyde Kluckhohn fue
codirector de la Divisin de Anlisis de la Moral Extranjera en Washington9. En cuanto a Gran Bretaa, Donald
Broadbent, Philip Vernon y Hans Eysenck estn entre los psiclogos de posguerra
ms influyentes, cuyas carreras, en sus momentos iniciales, fue delineada por
las tareas de la guerra psicolgica en el ms amplio sentido. Aubrey Lewis,
Tom Main, Maxwell Jones y otras figuras claves en el movimiento por una nueva
psiquiatra social, desplegada luego de la guerra y que integraba temas de
psicologa social, psiquiatra y psicoanlisis, tambin estuvieron involucrados
en los problemas mentales de la guerra10.
Lo mismo puede decirse de quienes
reformaron la clnica Tavistock y fundaron el Instituto Tavistock de Relaciones
Humanas inmediatamente despus de la guerra. La formacin intelectual y la
vocacin social de John Bowlby, J.R. Rees, Henry Dicks, Elliot Jaques y muchos
otros fueron forjadas en el estudio de la guerra y sus consecuencias. Las
transformaciones que trajo la posguerra en las racionalidades y las tecnologas
para el gobierno del alma humana son imposibles de entender sin reconocer las formas
en que la experiencia de la guerra transform el aparato conceptual, las
prcticas tcnicas y las aspiraciones profesionales de los que estuvieron
involucrados.
Esta experiencia fue dividida en un
nmero de reas relativamente distintas seleccin y entrenamiento de personal
militar, las actitudes de los guerreros, la moral en el frente domstico, la
propaganda, los problemas de la produccin industrial en tiempos de guerra, el
soldado neurtico, los militares que retornan. Pero dos cuestiones las atraviesan
a todas: la necesidad de de utilizar sistemticamente el factor humano y la
psicologa de grupo. Para poder apreciar por completo la novedad de estas
cuestiones, es necesario relacionarlas con el rol previo de la psicologa en la
guerra.
Antes de la Segunda Guerra Mundial,
la participacin de los profesionales psi de Gran Bretaa y EE.UU. en los
problemas de la guerra era limitada. En la Primera Guerra Mundial emergieron
dos asuntos de considerable significacin. El primero fue el uso de tests de
inteligencia en la seleccin de reclutas. La prehistoria de la evaluacin de la
inteligencia en EE.UU. ha sido ampliamente discutida, como tambin sus
relaciones con el movimiento eugensico y sus bases e implicaciones racistas11. Los propulsores del uso militar de los
tests de inteligencia acordaron que podran realizar tres tareas cruciales:
segregar y eliminar los mentalmente incompetentes; clasificar a los hombres de
acuerdo a su capacidad mental y seleccionar hombres competentes para puestos
que requieran un alto nivel de responsabilidad12.
Hacia el final de la guerra parecieron haber obtenido un xito considerable. Se
desarrollaron los famosos grupos de tests de inteligencia alfa y beta el
primero requera de la habilidad lectora, el segundo era no verbal- y para 1918
su uso se haba extendido a toda el ejrcito. En el curso de la guerra los test
fueron administrados a aproximadamente 1.750.000 reclutas; en ms de 7.800
casos se recomend el rechazo por inferioridad mental y ms de 19.000 fueron recomendados
para batallones de trabajo o de desarrollo*.
Robert Yerkes, presidente de la American Psychological Association [Asociacin
Norteamericana de Psicologa] al comienzo de la guerra y figura lder en el
movimiento eugensico, que haba hecho la propuesta inicial para el programa de
tests, afirm que esto demostraba la viabilidad de la evaluacin a gran escala,
que poda producir un gran incremento en la eficiencia de las grandes
organizaciones y ahorrar millones de dlares.
Franz Samelson ofrece una evaluacin
mas mesurada sobre el rol de la psicologa en las fuerzas armadas
norteamericanas en la Primera Guerra Mundial13.
Sostiene que las recomendaciones de los psiclogos fueron un factor
relativamente menor en las tasas de rechazo y despido o en las decisiones sobre
la distribucin. Otros criterios, basados en parmetros militares, parecen
haber sido ms influyentes; haba un escepticismo considerable sobre la
utilidad de los tests. Esto poda verse en, y se reforzaba por, la dbil
posicin estratgica de los mismos evaluadores mentales, quienes no se
encontraban ni en el cuerpo mdico ni en la Oficina del General Adjunto de los
EEUU, sino en el Cuerpo de Salud. Despus del armisticio, no fue impulsada la
evaluacin psicolgica en el ejrcito. Se ha afirmado que, cualquiera haya sido
la forma en que las fuerzas armadas contribuyeron a la ciencia, para los
propsitos militares slo se requera un simple test de seleccin para el
rechazo de los mentalmente incapacitados, el cual no necesitaba ser administrado
por psiclogos entrenados. En 1919 el Departamento de Guerra norteamericano
elimin el servicio psicolgico, y con ste, concluye Samelson, desapareci el
trabajo psicolgico en todo el ejrcito.
Una contribucin de la psicologa,
mucho ms significativa que los test de inteligencia, segn Samelson, fue el
desarrollo de lo que parece a la vez trivial y burocrtico la introduccin de
un sistema de personal especializado. Walter D. Scott, quien era responsable de
la racionalizacin del sistema de personal, recibi la medalla al Servicio
Distinguido luego de la guerra. Bajo su direccin fueron construidas tablas de
requisitos ocupacionales para diferentes unidades y se registraron las
capacidades especializadas de los individuos. El sistema, por lo tanto, posea
la capacidad de combinar unas con otros y distribuir los especialistas
calificados de forma sistemtica y racional en los lugares en que fueran
requeridos.
Samelson comenta sarcsticamente Un
cnico incluso podra decir que la mayor contribucin de los psiclogos a la
empresa de la guerra fue la introduccin de un sistema de etiquetas de
celuloide con cdigos de colores, que indicaban las habilidades ocupacionales
en las tarjetas del personal del ejrcito14.
Pero no debe ser minimizada la significacin de este logro. Una de las mayores
contribuciones de las ciencias psicolgicas a nuestra modernidad ha sido la
invencin de tcnicas que hacen visibles las diferencias y capacidades, al
inventar medios con los que pueden ser inscriptas o anotadas en formas
legibles. El registro rutinario de las capacidades del personal en documentos
permite que el individuo sea simultneamente calculable las capacidades
individuales pueden ser pensadas y planificadas para el funcionamiento de la
vida de la organizacin- y practicable los individuos pueden ser
distribuidos y asignados de forma tal que el uso de sus capacidades minimice el
mal funcionamiento de la maquinaria institucional y maximice su eficiencia o su
productividad. En este sentido las etiquetas coloreadas de celuloide y los
resultados de los tests de inteligencia son equivalentes: ambos traducen la
individualidad humana en el campo del conocimiento y al alcance de la gestin
de la vida institucional. Independientemente del destino de la propia evaluacin
psicologa, la administracin sistemtica del factor humano se ha incorporado a
la agenda de la vida militar15.
En Gran Bretaa no hubo una
evaluacin psicolgica masiva en el reclutamiento de las fuerzas armadas en la
Primera Guerra Mundial. Un pequeo comit de ayuda, rentado, fue elegido por la
subsecccin de psicologa de la British Association para considerar qu tipo de
asistencia psicolgica podan dar en tiempos de guerra; y hubo intentos de
desarrollar tests para capacidades especficas como la visin nocturna para los
pilotos, o para la seleccin de otras especialidades16. Estas aplicaciones militares lograron
poco en los aos de entreguerras. Fue en Alemania donde la psicologizacin de
la guerra en gran escala pareci como una posibilidad. A partir del modelo del
Comit Para la Psicologa norteamericano, organizado por el Concejo Nacional de
Investigaciones en 1917, cuando los EE.UU. ingresaron a la guerra, se
estableci un aparato exhaustivo de psicologa militar entre las dcadas del veinte
y treinta. Para 1936 haba un laboratorio central en el Ministerio de Guerra,
bajo cuya direccin trabajaron laboratorios psicolgicos incluidos en todos los
cuerpos armados. De hecho, si bien en las universidades alemanas haba una
psicologa acadmica respetable, se mantena bajo la gida de la filosofa; se
ha sugerido que la psicologa apenas exista como una disciplina autnoma en
Alemania hasta que la Wehrmacht* le
proporcion una demanda ocupacional especfica17.
Max Simmonheit, a quien Burt se refiri
como el decano de la psicologa militar en Alemania, describi seis tareas de
la psicologa militar: el anlisis del trabajo y la adaptacin de la maquinaria
y el equipo, la caracterologa y seleccin de personal, el entrenamiento, la
moral, la propaganda y la psicologa de las naciones extranjeras, y la conducta
de guerra18. Sin embargo, la
actividad principal de estos psiclogos era el anlisis del carcter o el
diagnstico psicolgico. De forma
creciente, las tcnicas cambiaron y se desplazaron de los tests estandarizados,
privilegiados en Gran Bretaa y los EE.UU., a los diagnsticos del carcter ms
en conformidad con las doctrinas del nazismo. An as, el estatus de los
psiclogos militares no durara demasiado. Por conflictos con los criterios de
los militares o por las disputas sobre algunos candidatos a oficiales
favorecidos por Goering y von Rundstedt, pero no por los psiclogos mismos, el
crecimiento de la psicologa militar alemana sufri un repentino revs. Todas
las secciones psicolgicas del ejrcito y la fuerza area alemanas fueron
disueltas por una orden del alto comando en diciembre de 1941; todos los
documentos relevantes fueron recolectados y destruidos; los psiclogos fueron
reclutados para el servicio militar o encontraron otras ocupaciones19. Pero a pesar de su destino, la
maquinaria de pre-guerra de la psicologa alemana sirvi como una suerte de
ejemplo para los ingleses y los norteamericanos, y regularmente invocada por
los abogados de un dominio experto sobre la psique.
Si la psicologizacin del
reclutamiento y la ubicacin del personal tuvieron momentos difciles en Gran
Bretaa y en los EE.UU. antes de la Segunda Guerra Mundial, haba otra rea de
la guerra donde los desarrollos psicolgicos no sufrieron el mismo retroceso20. Los primeros meses de la Primera
Guerra Mundial vieron un nmero alarmante de vctimas sufriendo, no de las
obvias heridas fsicas, sino de una condicin generalmente llamada shellshock**.
A pesar de las dificultades en la interpretacin de las estadsticas, se ha
estimado que para diciembre de 1914 del 7 al 10 por ciento de las bajas de
oficiales y del 3 al 4 por ciento del resto de las bajas de otros rangos
entraban en esta categora. Se establecieron hospitales especiales para el
tratamiento de los casos de neurosis de combate y algunas estimaciones dan la
cifra de 200.000 bajas del servicio activo como producto de ella21. No obstante, el nmero de casos de
estas neurosis a lo largo de la guerra fue oficialmente estimado en 80.000 y
unos 65.000 ex-militares aun reciban pensiones por invalidez debido a ese
padecimiento hacia 1921.
En lo concerniente a la psiquiatra,
la experiencia de las neurosis de combate tuvo efectos profundos. Numerosos
mdicos jvenes fueron expuestos al trabajo con individuos con sntomas
psiquitricos bien desarrollados, aunque sus antecedentes fuesen aparentemente
normales. Ms an, se dijo que el uso de tcnicas psicoteraputicas derivadas
en forma amplia del trabajo de Freud y Janet, que iban desde la reeducacin
racional, persuasin, sugestin e hipnosis, hasta una especie de psicoanlisis,
dio buenos resultados. Estos trabajos y su xito, tuvieron derivaciones en dos
direcciones22. La primera pareci
sustentar una concepcin dinmica de los procesos psicolgicos, que admita
caractersticas como el inconsciente y la represin, pero refutaba el argumento
freudiano de una etiologa sexual especfica para los trastornos mentales; sta
tendi a ser reemplazada con una teora de instintos mltiples que se entraban
en conflicto entre ellos debido a presiones sociales contradictorias. Esto
ltimo pareci tener un valor de evidencia para la significacin social de los
trastornos mentales menores, y para su tratamiento, que desafiaba de este modo
los enfoques previos sobre la insania grave, que requerira del encierro
prolongado y era considerada generalmente como de un origen orgnico e
intratable. El movimiento de la higiene mental tomara partido por esta causa,
acentuando la importancia de tales desordenes nerviosos funcionales y su rol
en los problemas sociales desde la criminalidad hasta la ineficiencia
industrial, y busc promover la salud mental y el bienestar a travs de
intervenciones tempranas, separadas del tratamiento de pacientes, y con medidas
profilcticas23.
En esta rea de inters
aparentemente perifrica, estaba naciendo una nueva forma de concebir la
relacin entre la locura y la sociedad. Dentro de esta nueva concepcin no
sera ya una cuestin de predisposiciones orgnicas, causas desencadenantes y
perodos de insania virtualmente incurables. La locura fue desde entonces
pensada en trminos de higiene social. La salud mental poda ser mantenida por
medio de una adaptacin adecuada en las condiciones de vida y de trabajo; una
pobre higiene mental y el estrs podan promover la neurosis en un vasto nmero
de personas. Los efectos no eran ya el escndalo social o una florida
sintomatologa, sino la infelicidad, la ineficiencia, la incompetencia, la
inadaptacin y las conductas antisociales. Los efectos que produjo ese enfoque
en la eficiencia institucional fueron considerables. Un asesoramiento
calificado poda prevenir la ineficiencia, reintegrar al inadaptado y promover
la eficiencia y la satisfaccin. Durante los aos de entreguerras estas formas
de pensar y de actuar proliferaron, aunque no dentro de la maquinaria militar
misma. Pero, como veremos, mientras las hostilidades se hicieron concebibles,
posibles y luego inevitables durante la dcada de 1930, las experiencias
psiquitricas de la Primera Guerra Mundial fueron extrapoladas hacia el futuro,
con predicciones funestas sobre los efectos de dichos trastornos nerviosos
funcionales sobre la eficiencia de las fuerzas combatientes y sobre la salud
mental y la moral, tanto de los militares como de los civiles. Ganar la guerra
hubo de requerir un intento concertado de entender y gobernar la subjetividad
del ciudadano.
..................................................
Captulo cuatro
Los Grupos en
la Guerra
El
servicio de psicologa tiene el objetivo positivo de hacer el uso ms efectivo
de los recursos humanos. El servicio de psiquiatra se encuentra ms interesado
en prevenir el derroche de recursos humanos, por lo que otorga prioridad a las
medidas preventivas. En ambas esferas de la actividad, el punto de partida es
el hecho de las diferencias individuales. El objeto tanto para la psicologa
como de la psiquiatra es indagar estas diferencias individuales para que los
inadaptados sean detectados y los compatibles sean ubicados en los lugares
donde puedan funcionar de la forma ms til para el Servicio y de forma
satisfactoria para ellos mismos...en la guerra moderna ya no se trata del
problema de medir a los guardias con la vara1.
Oficina
del Concejo Privado, 1947
El comit de expertos que inform
sobre el servicio psicolgico al final de la guerra enfatiz lo significativo
de la psicologa de las diferencias individuales para el esfuerzo de la guerra.
Pero la atencin que los expertos pusieron sobre el estado subjetivo de las
fuerzas combatientes no solo reviva la estrategia de la evaluacin de la
inteligencia que se haba desplegado en los EE.UU. en la Primera Guerra
Mundial. En primer lugar, las diferencias individuales comprendan la
personalidad tanto como la inteligencia. Pero, en un sentido ms importante,
las mentes del personal en servicio pasaron a ser elementos activos en la vida
de las fuerzas por la va del refinamiento de las nociones de moral y de
actitud. De manera crucial, el rol de individuo fue visto cada vez ms desde la
perspectiva de una entidad ms grande el grupo. El nacimiento del grupo
constituy el efecto mas profundo de la experiencia de la guerra en el gobierno
de la subjetividad2.
Desde el inicio de la guerra, los
procedimientos de seleccin, asignacin, y promocin hicieron uso de criterios
psicolgicos de forma progresiva, buscando actuar por medios administrativos
sobre la eficiencia de las fuerzas combatientes. Los mecanismos fueron tanto
positivos como negativos. La seleccin y asignacin cuidadosa de los individuos
en las tareas pudieron eliminar a aquellos cuya presencia presentaba un peligro
para la eficiencia de los servicios -los defectuosos mentales o los individuos
inestables o no confiables, en los cuales el entrenamiento podra consumir
energa y tiempo intilmente, o que incluso podran hacer peligrar las vidas de
otros si eran ubicados en puestos importantes. Por el lado positivo, la
asignacin apropiada del personal el principio de hacer corresponder al
hombre con el trabajo y al trabajo con el hombre poda minimizar el riesgo de
desorganizacin y maximizar el uso del factor humano. Este principio
ciertamente se aplicaba para la eleccin de los rangos; y an ms para las
promociones al nivel de oficial.
La participacin psicolgica en el
reclutamiento y la asignacin no fue aceptada con los brazos abiertos en las
fuerzas britnicas. A pesar de la experiencia norteamericana, las
recomendaciones del comit oficial de encuestas, y el hecho de que 120.000
personas an reciban pensiones o haba recibido subvenciones finales por
discapacidades psiquitricas producto de la Primera Guerra Mundial alrededor
del 15% de todas las discapacidades pensionadas se le prest poca atencin a
la seleccin de personal en los aos de entreguerras. En lugar de eso, el
Ministerio de Pensiones expres la intencin de no otorgar pensiones para casos
de neurosis desarrollados durante el servicio activo, pero s de proveer
tratamiento, esperando de sta forma combatir la posibilidad de una epidemia de
neurosis de guerra3*. En abril de 1939, J. R. Rees de la
Clnica Tavistock y Alec Rodger del Instituto Nacional de Psicologa Industrial
[NIIP] presentaron un memorndum a las autoridades mdicas en la Oficina de
Guerra donde proponan una experiencia preliminar para evaluar la contribucin
de la evaluacin psicolgica y psiquitrica a la velocidad y calidad del
entrenamiento de los conscriptos4. Este
memorndum diriga la atencin, no slo a las experiencia previas de los
servicios de combate, sino tambin a los resultados de la investigacin en
psicologa industrial, que haba intentado demostrar la contribucin de las
psiconeurosis a la prdida de das laborales y la pobre eficiencia industrial,
as como mostrar el valor de los test de aptitudes especiales en la asignacin
de individuos a tares especializadas5.
No est claro porqu el proyecto fue
rechazado, Aunque Rees remarca que los psiquiatras eran usualmente acusados de
ser de la quinta columna**, por
asistir a aquellos que queran evadir el servicio6.
Sin embargo, en septiembre de 1939, Rees fue invitado a participar como
consultor en el ejrcito en su pas; Henry Yellowlees fue designado consultor
para las Fuerza de Expedicin Britnicas y luego del comienzo de la guerra su
labor fue seguida fuera en el extranjero por un pequeo grupo de profesionales.
Desde abril de 1940 la participacin de la psiquiatra en el ejrcito aument,
primero con la designacin de psiquiatras de comando asignados a los cuarteles
mdicos de cada comando en Gran Bretaa y poco mas tarde, en 1941, con la adscripcin
de hasta quince psiquiatras de rea para cada uno de estos comandos. La marina
tambin estableci un servicio psiquitrico de forma temprana en la guerra; la
fuerza area hizo menos, aunque public
un nmero de estudios basados en las caractersticas de aquellos derivados a
neuropsquitricos. Para nuestros propsitos, la experiencia del ejrcito es la
ms significativa7.
Virtualmente, tan pronto los
psiquiatras de comando fueron designados, comenzaron a reclamar un sistema de
seleccin de reclutas. Ronald Hargreaves, que tambin fue previamente miembro
de la clnica Tavistock, llev a cabo experimentos con J.C. Raven usando el
test Penrose-Raven de matrices progresivas y otros tests. El Profesor Godfrey
Thompson, quien alent tempranamente la evaluacin en grupo, cooper con los
psiquiatras de comando en Escocia. Para 1940, la evaluacin haba sido
introducida en algunos establecimientos y unidades, en los que la mayor parte
del trabajo fue hecho por Eric Farmer, del Laboratiorio Psicolgico de Cambridge,
y Alec Rodger. Una mayor presin por parte de Rees y Hargreaves eventualmente
logr establecer un Comit de Asesoramiento sobre Evaluacin Mental, a
principios de 1941, compuesto por el profesor J.H. Drever junto con el Dr. C.S.
Meyers de la NIIP y el Dr. S.J.F.
Philpott. Para junio de 1941 un
Directorio de Seleccin de Personal fue conformando bajo las rdenes del
General Adjunto.
Un sistema de evaluacin de la inteligencia fue introducido en
todas los centros de reclutamiento; se usaron las Matrices Progresivas, bajo la
supervisin de psiclogos industriales, y todos los evaluados como mentalmente
lerdos o retrasados fueron derivados a psiquiatras. Pronto, fueron los
psiquiatras, antes que los oficiales en comando, los que los que hacan las
recomendaciones sobre la asignacin de estos hombres. Hacia 1942, un nuevo
programa de admisin fue introducido, en el que todos los hombres ingresantes
al ejrcito eran llevados a un Cuerpo de Servicios Generales, donde estaban
sujetos a una serie de tests de inteligencia y aptitud, eran entrevistados por
personal entrenado de seleccin de oficiales y derivados a psiquiatras si
quedaban en el grupo ms bajo de seleccin; all se ubicaban los tartamudos,
los que tenan una historia de enfermedad mental o de educacin especial, los
que presentaban conductas anormales, tests con resultados atpicos, o los que
mostraban una aparente falta de tendencia de combate. Alrededor del 14% del
total de la admisin fueron derivados a un psiquiatra, quien poda recomendar
el traslado a un rea no combatiente o a una seccin armada o desarmada de lo
Cuerpos Pioneros, la admisin en un hospital, o el rechazo. Ms tarde, en tanto
la maximizacin de los recursos humanos se hizo crtica, el trabajo de
seleccin y asignacin se extendi a los centros de seleccin de ejrcito, en
los que se reciba a los inadaptados
del ejrcito y de otras fuerzas8.
El Directorio de Seleccin de
Personal no era el nico preocupado por segregar a los imbciles y los
inestables. Los objetivos no eran solo negativos sino tambin positivos. En
palabras de Rees:
El
Directorio de Seleccin de Personal ha emprendido un trabajo de anlisis
completo de las multitudinarias tareas en las diferentes armas del Servicio, y
como resultado, ha sido capaz de presentar los estndares de inteligencia y
otras aptitudes necesarias para cada trabajo, proveyendo de esta manera una
base para la correcta asignacin de puestos a los hombres en proporciones
determinadas para cada tipo de unidad. La realizacin de este trabajo produjo
un cambio revolucionario en la utilizacin del potencial humano por parte del
Ejrcito y ha establecido un estndar que con seguridad ser aplicado en la
industria y en la vida social en el mundo de posguerra. La correspondencia de
un hombre con el trabajo adecuado es un medio valioso de la profilaxis
psiquitrica tan importante como otros que puedan ser proyectados9.
Esta cuestin sera continuada con
entusiasmo en los EE.UU. en el perodo inmediato de posguerra. El General
Dwight Einsenhower, luego presidente de los EE.UU., estableci un Proyecto de
Conservacin de los Recursos Humanos en la Universidad de Columbia, con el
patrocinio de organizaciones tan variadas como la Fundacin Ford, la General
Electric, la Corporacin de Radio Americana, Coca-Cola, Standard Oil, y la
compaa de alfombras Bigelow-Sanford. Einsenhower estaba estimulado por su
propia experiencia de escasez de mano de obra durante la campaa en el norte de
frica y en el escenario europeo de la batalla de Bulge [Ardenas]; saba, al
mismo tiempo, que un gran nmero de jvenes norteamericanos estaban siendo
rechazados del servicio militar o estaban siendo prematuramente despedidos
debido a que se juzgaba que no tenan las cualidades mentales ni emocionales
para hacer de ellos buenos soldados. Alrededor de veinte millones de de hombres
fueron examinados en cuanto a su idoneidad para el servicio militar, de los que
catorce millones fueron enlistados, y hubo registros no slo de los resultados
de sus evaluaciones, sino tambin detalles de su desempeo en la vida militar y
algunas indicaciones sobre como se desempeaban en la vida civil antes del
enrolamiento y luego del rechazo. El proyecto Columbia se propona hacer un
anlisis de estos registros del personal de guerra como una base para la
planificacin hacia el futuro, no slo de las fuerzas armadas, sino de la
nacin en su conjunto.
El proyecto, dirigido por el
profesor Eli Ginzberg, public estudios basados en estos anlisis10. Sus conclusiones fueron que las
fuerzas armadas pagaron un alto precio por su falta de conocimiento de las
caractersticas del conjunto del potencial humano, de sus futuros
requerimientos, del potencial de los reclutas, y de la capacidad de aquellos
que muestran deficiencias para llevar a cabo adecuadamente ciertas tareas
particulares o mediante una asistencia especifica. En particular, la seleccin
era inadecuada si no estaba acompaada de un entrenamiento y una asignacin
apropiada para adecuar al individuo a la organizacin, de forma tal que pueda actuar
eficientemente. Esto haba sido insuficientemente reconocido. El resultado
haba sido para el ejrcito la prdida de dos millones y medio de hombres, el
equivalente de cincuenta divisiones. La leccin era clara: una poltica
organizacional poda mejorar el desempeo de las grandes organizaciones en la
medida en que tomara en cuenta la personalidad y la motivacin. El uso pleno de
los recursos de la nacin requera,
entonces, de parte del gobierno, de una poltica de recursos humanos concebida
y organizada en trminos psicolgicos.
Posteriormente, durante la guerra,
un proyecto de investigacin fue de gran importancia para el desarrollo de
tcnicas psicolgicas las encuestas de actitud en las tropas norteamericanas
conducidas por la rama de investigaciones de la Divisin de Informacin y
Educacin del Departamento de Guerra norteamericano. Este estudio, dirigido por
Samuel E. Stouffer, public sus resultados en
cuatro volmenes, en 1949 y 1950, bajo el ttulo general de Estudios de Psicologa Social en la Segunda
Guerra Mundial11. Esta rama de
investigacin llev a cabo unas 200 a 300 encuestas en gran y pequea- escala
durante la guerra a pedido de otros departamentos. Estas implicaban a las
actitudes en asuntos como la guerra, los servicios mdicos, los asuntos
civiles, el ocio, los trabajos militares, los negros, el reclutamiento de
mujeres y los procedimientos de desmovilizacin.
El trabajo de esta rama de
investigacin pareca mostrar que lo que era crucial, desde el punto de vista
de la direccin apacible de una organizacin y de la moral de los individuos,
no era tanto las caractersticas objetivas de una situacin, sino la relacin
subjetiva del individuo con su situacin. Lo significativo del concepto de
actitud fue que captaba esta relacin subjetiva. Permita que los mltiples
gustos y prejuicios del individuo pudieran ser pensados en la forma de un valor
dentro de un pequeo nmero de dimensiones. La inscripcin de la actitud fue
hecha a travs de un nuevo dispositivo para la calibracin mental: la escala.
La escala era la tcnica de construccin de preguntas de forma tal que la
respuesta de un individuo a un tem particular permita que pudiesen ser
predichas sus respuestas a otros tems de una dimensin particular. La tcnica
de la escala, desarrollada en trabajo hecho por Rensis Likert y Louis Guttman a
partir del proyecto de Stouffer, permiti que una nueva dimensin subjetiva de
la condicin humana entrara en la esfera del conocimiento y la regulacin. El
desarrollo correlativo del concepto de actitud y de la tcnica de la escala
abri esta dimensin para la gestin; las actitudes pudieron ser investigadas,
medidas, inscriptas, informadas y calculadas, iluminando las decisiones
administrativas. El conocimiento de las actitudes hizo posible concebir un modo
de administracin en la cual el soldado poda simultneamente estar satisfecho
y ser eficiente, ser eficiente por estar satisfecho.
Pareca que esta satisfaccin tena
poco que ver con el compromiso del soldado hacia los objetivos de la guerra.
Stouffer y sus investigadores no pudieron encontrar en sus sujetos soldados
ningn pensamiento claro, y menos aun una creencia, acerca de los principios
sobre los que se estaba llevando a cabo la guerra. Lo que era crucial para el
mantenimiento de la moral y la eficiencia era el grupo:
El
grupo en su carcter informal, con sus lazos interpersonales cercanos, tena
dos funciones principales en la motivacin en el combate: estableca y reforzaba estndares de conducta grupales y apoyaba y sostena al individuo bajo
estresores que de otra manera no sera capaz de soportar12.
Por ende, la conducta durante el
combate pareca ser una cuestin de fortaleza de los vnculos entre el soldado
y sus compaeros, fortalecida por la lealtad al liderazgo inmediato, ms que
provenir de principios irreales y distantes o de las causas de la guerra.
Paradjicamente, el soldado norteamericano se movilizaba exactamente por las
mismas fuerzas que su enemigo alemn, cuya principal motivacin, de acuerdo a
la interpretacin de Shils sobre sus investigaciones con Dicks, tambin
derivaba de su lealtad a su grupo primario y su lder, antes que al ejercito en
su conjunto o a las autoridades superiores13.
Con el descubrimiento del grupo primario como el elemento clave en las relaciones
entre el individuo y la organizacin, los cientficos sociales norteamericanos,
en la guerra, reforzaron las tesis que los psiclogos industriales
norteamericanos haban elaborado en la dcada del 30: la gestin en el
ejrcito, como en la fbrica, se lograba actuando sobre los lazos del grupo
primario y alineando a los individuos por medio de este mecanismo con los
objetivos de la organizacin14. La
psicologa social poda convertirse en una ciencia de la administracin.
En un nivel ms rutinario e
inmediato, la investigacin psicolgica poda intervenir en decisiones
militares muy detallada, en tanto la motivacin y la satisfaccin parecan ser
un producto de los asuntos y exigencias de la existencia diaria: el estatus, el
confort, la mnima exposicin al peligro, y el entrenamiento para asistir al
individuo luego de su baja en el servicio. La investigacin sobre la actitud
permiti que esos propsitos generales fueran especificados en trminos
apropiados para la administracin: como organizar el ocio, donde ubicar a las
mujeres o los negros, como evitar el descontento por medio de una cuidadosa
secuencia de fases de la desmovilizacin. El saber experto psicolgico se
convertira en la clave de la armona organizacional.
El estado psicolgico de los
oficiales no era menos importante que el de los reclutas. La seleccin de
oficiales comenz a plantearse como un problema en los primeros aos de la
guerra15. En primer lugar, haba mucha
preocupacin por la aparentemente elevada tasa de crisis psiquitricas entre
los oficiales, como resultado, se crea, del nombramiento de hombres con
historias de inadaptacin o trastornos neurticos. En segundo lugar, haba una
alta tasa de rechazo en las unidades de formacin de cadetes, en palabras de
Rees: nos encontrabamos a la deriva una vez que el suministro de hombre
jvenes de las universidades y de las escuelas pblicas comenzaba a escasear.
Estaban acostumbrados a elegir individuos cuya procedencia y opiniones les eran
familiares. Ahora se encontraban en aguas desconocidas: aceptaban para la
formacin a muchos que podran fallar y rechazaban a muchos que podran tener
xito. Esto impuls la sospecha, ya existente, de que las preferencias de clase
estaban influenciando las decisiones de las promociones, lo que produca daos
en la moral y en las solicitudes de promocin. Dado el reconocimiento de la
importancia del liderazgo para la felicidad, el bienestar y la eficiencia de
las unidades de combate, algo tena que hacerse.
Rees y Eric Wittkower, tambin de la
Tavistock junto con el psiquiatra de comando escocs T.F. Rodger, llevaron a
cabo experimentos desde 1941 que condujeron a un sistema permanente de Juntas
de Seleccin de la Oficina de Guerra [WOSBs] en 1942, junto con el Centro de
Investigacin y Entrenamiento que investig formas de mejorar las tcnicas.
Cada comit contaba con un presidente un oficial superior del ejrcito y
asesorado por un psiquiatra, un oficial de evaluacin militar y un psiclogo o
un sargento evaluador. Los candidatos eran investigados durante un perodo de
tres das, durante los cuales llenaban un cuestionario biogrfico y mdico, se
les administraban varios tests de inteligencia y personalidad, eran
entrevistados por el presidente o su ayudante y se les daban una serie de conferencias
y evaluaciones prcticas a cargo del oficial de evaluacin militar. Una parte
era entrevistada por un psiquiatra.
El rol del psiquiatra en las WOSBs
era polmico16. Originalmente los
psiquiatras entrevistaban a todos los candidatos y daban una opinin sobre los
resultados de los tests psicolgicos, aunque no se limitaban a identificar a
los inestables, sino que actuaban tambin como expertos generales en la
personalidad17. Si bien las primeras
restricciones en los procedimientos provinieron de la falta de personal
entrenado y de problemas con el nmero de candidatos, haba una hostilidad mas
profunda por parte de muchos oficiales del ejrcito. Se pensaba que los
psiquiatras ejercan una influencia desproporcionada con su estatus, que
estaban recomendando el rechazo de candidatos adecuados sobre la base de
creencias exageradas sobre la importancia de cosas tales como la
adaptacin sexual, y que cualquier
beneficio que podra haber surgido de sus actividades era superado por los
efectos dainos del resentimiento despertado en los candidatos, no solo por sus
preguntas a veces insensibles sino tambin por su propia presencia. Como
resultado de tales crticas, su rol fue reducido a entrevistar aquellos
potencialmente anormales; cuando la guerra termin, el Comit Crocker, que
investig el trabajo de las WOSBs, recomend que no eran necesarios como
miembros permanentes de las Juntas. A pesar de esto, una nueva posibilidad se
present en la agenda: el psiquiatra no como un guarda de los lunticos, sino
como un gua acreditado en el territorio de la subjetividad, un asesor
multi-propsito para la utilizacin del factor humano en la vida institucional.
En lo que les concierne a los
psiclogos, la evaluacin estaba a la orden del da. Pero la falta de psiclogos
entrenados signific que la mayora del trabajo de evaluacin fue llevado a
cabo por sargentos entrenados que actuaban como asistentes de los psiquiatras,
quienes interpretaban los resultados de las evaluaciones. El grueso de los
psiclogos profesionales estaba confinado a los centros de investigacin y
entrenamiento; tenan mayores dificultades para encontrar un punto de apoyo
efectivo dentro de los procedimientos institucionales que los psiquiatras,
mejor calificados por ser mdicos. Pero esto no era debido slo a que eran un
pequeo nmero y tenan un bajo estatus en general. Tambin se deba a que la
adecuacin de los oficiales pareca ser preponderantemente un asunto de
carcter y personalidad., y estos aspectos de la vida psicolgica haban probado
ser resistente a la cuantificacin en el perodo de preguerra18.
La guerra misma permiti que esto cambiara, principalmente por el
trabajo hecho en EE.UU19.
Grandes poblaciones estaban disponibles para la investigacin psicolgica, la
financiacin era abundante, y podan ser aplicadas tcnicas avanzadas de
estadstica. Los resultados de este trabajo, como el Inventario Multifsico de
Personalidad de Minnesota [MMPI], que meda atributos histricos, neurticos y
esquizoides, y el Cuestionario de Personalidad de Diecisis Factores de
Cattell, llegaron tarde para la accin en la guerra. Sin embargo, hicieron por
la personalidad lo que las evaluaciones hicieron por la inteligencia
permitieron que stas sean visualizadas, materializadas, inscriptas, calculadas
y administradas.
Mientras los EE.UU. provean las
tcnicas para la estandarizacin de la personalidad, Gran Bretaa innov en el
uso de situaciones reales para la evaluacin de la capacidad la observacin
de los candidatos mientras hacan las variadas tareas asignadas. La
racionalidad psicolgica de esto se apoya en parte en la influencia de los
enfoques de la teora del campo de los psiclogos sociales norteamericanos, en
particular Lewin y Moreno20.
Pareca ser que las caractersticas que todos los oficiales exitosos posean no
eran cualidades constantes del individuo, y que stas eran independientes del
contexto. El liderazgo no era una cualidad inherente del individuo que poda
ser demostrada tanto en los tests como en la vida real21. La personalidad estaba organizada como
un todo, un sistema de tensiones o necesidades que interactuaban dinmicamente
entre las demandas variables de las diferentes situaciones. La cualidad de
oficial debera, por ende, ser analizada y evaluada en trminos de los principales
roles a los que los futuros oficiales estaran llamados a ocupar: el ms
crucial era el liderazgo en pequeos grupos, capaz de darle una direccin al
grupo y mantener su cohesin y su solidaridad contra las fuerzas disruptivas
internas y externas.
Esta forma de razonar llev a
Wilfred Bion a inventar su famoso test del grupo sin lder. El propio relato
de Bion merece ser citado en extenso:
La
esencia de la tcnica que fue desarrollada, que se ha convertido en la base de
las tcnicas de seleccin en muchos campos, fue proveer un marco de trabajo en
el que los oficiales seleccionadores, incluyendo a los psiquiatras, podan
observar la capacidad de un hombre para mantener relaciones personales en una
situacin de presin que lo tentaba a relegar los intereses de sus compaeros
para defender los suyos propios. La situacin tena que ser tomada de la vida
real. La situacin de presin y la tentacin de dar rienda suelta a sus
ambiciones ya estaba ah (...) El problema era capitalizar el campo emocional existente
en funcin de probar la calidad de las relaciones del hombre con sus compaeros
(...) La tarea efectiva del test permaneca bajo un manto de invisibilidad para
los oficiales evaluadores que estaban presentes (...) No era un test
artificial, sino una situacin de la vida real que deba ser observada esto
es, la forma en la cual las capacidades de un hombre para las relaciones
personales se sostiene bajo la presin del miedo al fracaso o de los deseos de
xito personal, tanto propias como de los otros 22.
El concepto de grupo se
transformara en el principio organizador del pensamiento psicolgico y
psiquitrico con respecto a la conducta individual. Desde los aos de la guerra
en adelante, la vida social e institucional fue concebida cada vez ms como un
conjunto de relaciones emocionales intersubjetivas, el interjuego entre
solidaridades sociales y dinmicas individuales de personalidad. Lo que estaba
en cuestin no eran los rasgos estticos del carcter, sino las formas en las
que los individuos resolvan los conflictos personales en el contexto de las
decisiones, las direcciones y la cohesin del grupo. La invencin del grupo,
la concepcin de las relaciones socialeso humanas como determinantes clave
de la conducta fue la leccin psicolgica y psiquitrica ms consistente de la
experiencia de la guerra.
El enfoque sobre la evaluacin
desarrollado en los WOSBs sera exportado a los EE.UU., donde la evaluacin
situacional sera la base de las tcnicas usadas por la Oficina de Servicios
Estratgicos norteamericana para la seleccin de personal, bajo la direccin de
Henry Murray23. Mas an, operando en
estos trminos, el dominio experto psiquitrico tambin pudo tambin
transformar las tcnicas para el entrenamiento y el manejo de los soldados. En
esto la solidaridad era la clave. Los soldados no seran entrenados para pelear
eficientemente por la va de inculcarles un odio hacia el enemigo o
endurecindolos hasta el salvajismo mediante la exposicin a grandes cantidades
de sangre. Ciertos condicionamientos a los rigores de la guerra podran ayudar
como la inoculacin de la batalla en los que se los expona gradualmente a
explosiones de bombas y sonidos. Pero el espritu de una unidad de combate
dependa ampliamente de otras cosas. Lo que era crucial eran los lazos
psicolgicos y las relaciones entre sus miembros, la solidaridad del grupo. No
era cuestin de disciplina externa, de obedecer ordenes y seguir reglas. Era
una cuestin de disciplina interna, del orgullo de cada individuo en orden a su
grupo, de su sentimiento de vala y pertenencia, y del valor y significado de
sus propias contribuciones a la vida del grupo. La eficiencia del conjunto fue
interpretada en trminos de las relaciones psicolgicas de sus miembros, lo que
produca simultneamente una nueva forma de indagar y representar la eficiencia
probable de un conjunto de individuos dirigidos a una tarea, as como una nueva
forma de regularla y maximizarla.
Esto tambin fue la duradera
significacin de las variadas experiencias de rehabilitacin de soldados que
padecan sntomas psiconeurticos y de los prisioneros de guerra que
retornaban, desarrolladas por Bion, John Rickman, y Tom Main y Maxwell Jones
los principales protagonistas de la psiquiatra social que despegara en el
perodo de posguerra24. Bion y
Rickman fueron designados en 1943 en el Hospital Militar Northfield, cerca de
Birmingham, para encargarse de ciertas condiciones que escapaban al control en
el ala de entrenamiento. Rickman utiliz la discusin de grupo para hacer
hincapi, a los mismos pacientes, sobre las relaciones del individuo con el
grupo, y desarroll el concepto de espritu de buen grupo como objetivo del
proceso. El grupo necesitaba un propsito comn; deba reconocerse, sus lmites
y su posicin, la funcin y contribucin de cada individuo en l; deba
desarrollar la capacidad de enfrentar y afrontar el descontento que hay dentro
del mismo grupo.
Bion busc producir hombres que se
respetaran a si mismos y socialmente adaptados, capaces de aceptar
responsabilidades; lo hizo a travs de unir a los individuos del pabelln en un
grupo haciendo frente a un problema comn25.
Decidi que el problema a enfrentar era precisamente la existencia de la
neurosis que amenazaba el xito del trabajo de rehabilitacin de la
institucin. Debido a esto, el grupo mismo fue persuadido de abordar la
discapacidad neurtica como un problema comn que destrua la felicidad y la
eficiencia. El entrenamiento impartido en el rea de capacitacin se convirti,
de hecho, en un curso de entendimiento y resolucin de problemas en las
relaciones interpersonales. Por esta va, el grupo mismo sera capaz de
resolver los sntomas neurticos de sus miembros y llevarlos a un estado de
responsabilidad personal.
Las tcticas de Bion eran actuar
sobre las conductas de los hombres a travs de la manipulacin de las
relaciones de autoridad en la sala. La neurosis se hizo por primera vez visible
al relajar el marco autoritario que haba proporcionado tanto el marco de la
vida comunitaria como la estructura que se resista a l. Cuando los hombres
mismos tuvieran que tomar responsabilidades para organizar tareas y para
definir y disciplinar a los desviados, aprenderan que la perturbacin no se
enraizaba en la autoridad, sino en
sus relaciones psicolgicas con la
autoridad. Cuando el grupo se diera cuenta de los orgenes psicolgicos de la
angustia, podra desplegar todas sus energas en una auto-curacin. Es difcil
exagerar las implicaciones conceptuales, tcticas y estratgicas de esta forma de
pensar para la actividad teraputica en los aos de posguerra. La cura ya no
yaca en las manos de otro, sino que estaba introyectada en los mismos
enfermos, que se curaran bajo la autoridad del experto.
A pesar de que este experimento
termin en seis semanas, fue seguido de un segundo experimento de Northfield.
En ste, Main busc producirlo lo que denomin comunidad teraputica, en la
cual el hospital sera usado:
no
como una organizacin dirigida por mdicos segn sus propios intereses de logar
una mayor eficiencia tcnica, sino como una comunidad con el objetivo
inmediato de la participacin plena de todos sus miembros en la vida diaria y
en el objetivo probable de la resocializacin de los individuo neurticos para
la vida en la sociedad comn (...) una organizacin estructurada espontnea y
emocionalmente (ms que dictada mdicamente) en la que se compromete todo el
personal y los pacientes26.
Para tal reforma tecnolgica, el
rgimen institucional fue definido como un sistema de relaciones que sera ms
emocional que tcnico. Tambin hubo un viraje en las relaciones con el dominio
experto. El rol del mdico ya no fue de direccin sino de interpretacin. Todos
los circundantes al enfermo pacientes, domsticos, enfermeros fueron
incluidos dentro del campo de la enfermedad y de su cura. Las relaciones
sociales de la vida en grupo se concibieron no slo como un medio de
tratamiento de la neurosis, sino tambin como el campo donde la neurosis deba
manifestarse e incluso poda ser estimulada: el origen de la neurosis sera
descubierta en si misma en los problemas de las relaciones sociales.
Al mismo tiempo, un experimento
paralelo se estaba desarrollando con una tecnologa anloga27. En 1942, Pat Wood, un cardilogo, y
Maxwell Jones, un psiquiatra, se convirtieron en directores conjuntos de una
unidad de cien camas para el tratamiento del sndrome de esfuerzo. La unidad
de neurosis Mill Hill fue uno de los dos establecimientos para el tratamiento
de las neurosis de guerra organizado por el Ministerio de Salud con personal
proveniente del hospital Maudsley. Mientras las otras unidades utilizaban
tratamientos de corto plazo como la insulina modificada, la abreaccin mediante
el uso de ter, la narcosis continua y el narco-anlisis, en Mill Hill se pona
nfasis en la aplicacin de concepciones psicolgicas y sociolgicas de
tratamiento.
Los investigadores concluyeron,
luego de un examen cardiolgico detallado, que el sndrome de esfuerzo falta
de aliento, palpitaciones, dolor en el lado izquierdo del pecho, vrtigo
postural, ocasionales ataques de desmayo y fatiga - no estaba relacionado con una enfermedad cardiaca. Por el
contrario, fue considerada como una dolencia psicosomtica. Se desarroll todo
un trabajo de discusin, que involucraba a los enfermeros, para explicar a los pacientes los mecanismos
fisiolgicos que producan sus sntomas, en la bsqueda de aliviar la ansiedad
que exacerbaba el problema y de cambiar las actitudes de los pacientes hacia
sus sntomas. Estos grupos de discusin pronto se expandieron y comenzaron a
tratar temas surgidos de la vida en el pabelln y en cualquier otro lugar;
tomaron la forma de discusiones grupales y, frecuentemente, se hicieron
dramatizaciones de los problemas. Gradualmente pareci que la totalidad de la
vida hospitalaria poda afectar la enfermedad, provocando un deterioro en la
condicin o la participacin teraputica. Ms an, las reacciones de los
pacientes hacia la comunidad hospitalaria reflejaban sus reacciones hacia la
comunidad exterior. Por lo tanto, esta ltima poda ser alterada si se
intervena sobre las reacciones de los pacientes. Haba nacido la psicoterapia
de grupo.
Estas nociones de la patologa como
un fenmeno grupal y la cura como un asunto de rehabilitacin de individuos
asocializados fueron luego desarrolladas en las unidades que se establecieron
para los prisioneros de guerra que regresaban. Esto fue parte de la tarea
masiva de reubicacin laboral llevada a cabo por el Ministerio de Trabajo
cuando la guerra termin. Se establecieron veinte unidades civiles de
reubicacin con el objetivo de rehabilitar ex-prisioneros de guerra para la
vida civil. En estas comunidades transitorias para la reconexin social, Adam
Curle, Eric Trist y Tommy Wilson extendieron y refinaron los anlisis y las
tcnicas que ms tarde seran aplicadas a las terapias de grupo del perodo de
posguerra28. Maxwell Jones fue
designado responsable de la unidad creada en el Southern Hospital, Dartford, en
Kent, y volvi a emplear los procedimientos desarrollados en Mill Hill,
buscando adems conectar la comunidad transitoria con la comunidad local
adyacente. Mientras que antes la rehabilitacin haba sido un mero complemento
de la terapia conducida por otros medios
- mediando entre la vida bajo el dominio de la medicina y la vida como
un asunto privado ahora se trasformaba en un continuo con la intervencin
teraputica misma, de hecho pas a ser la esencia de sta. La vida relacional
del grupo se haba transformado tanto en el campo de la enfermedad como en el
dominio de la cura.
Estos procedimientos se extendieron
ms all de los prisioneros guerra retornados, hacia muchas otras categoras de
individuos socialmente desajustados. Los problemas de los trabajadores
discapacitados motiv el establecimiento de un elaborado aparato social en el
perodo inmediato de posguerra29. El
Acta (de Empleo) de Personas Discapacitadas fue aprobada en 1944. A comienzos
de 1950 casi un milln de personas fueron registradas como discapacitadas,
haba 366 oficinas de reubicacin para discapacitados de tiempo completo y
1.405 de media jornada y veinte unidades de rehabilitacin industrial ubicadas
en las grandes ciudades, que incluan talleres con condiciones similares a las
fbricas. En lo concerniente al Comit Asesor Nacional de Empleo del
Discapacitado, el aspecto ms complicado del problema era el grupo irreductible
de desempleados crnicos. Mientras que solo unas 50.000 personas discapacitadas
fueron calificadas como casos psiquitricas, para este grupo irreductible, cualquiera
fuese su diagnstico, el desempleo haba llevado al desarrollo de actitudes
antisociales. A partir de esto, el problema pas a ser psiquitrico, un
problema de inadaptacin que requera rehabilitacin.
El Centro de Rehabilitacin de
Roffey Park haba utilizado el tratamiento comunitario para trabajadores
industriales inadaptados con cierto xito; la Unidad de Neurosis Industrial en
el hospital Belmont fue creada en 1947 para investigar mtodos de tratamiento y
reubicacin de este grupo irreductible a
fin de retroalimentar la planificacin general para la rehabilitacin de
trabajadores ineficientes o inadaptados. Desde toda Inglaterra se reciba una
poblacin de neurticos desempleados crnicos que inclua psicopatas
incapacitantes o agresivas, personalidades esquizoides, esquizofrenias
tempranas, adicciones a drogas diversas, perversiones sexuales y psiconeurosis
crnicas. A esta poblacin heterognea y poco prometedora, unificada slo por
su ineficiencia y su desajuste, le fueron aplicada todas las tcnicas
comunitarias destinadas a restablecer en el neurtico la adaptacin a su
medioambiente en funcin de mantener una eficiencia funcional A travs de estos
dispositivos los desviados sexuales, criminales, industriales o sociales, cuyas
conductas se interpretaban ahora como una manifestacin de un trastorno de
personalidad subyacente, seran devueltos a un estado de adaptacin en el cual
podran funcionar sin problemas dentro de los regmenes institucionales que
antes haban perturbado.
En los aos inmediatos al fin de la
guerra, los problemas de la reconstruccin econmica insertaran las cuestiones
del grupo en el corazn del debate econmico, de las prcticas gerenciales y de
la innovacin psicolgica. Las capacidades mentales no slo podan alinearse
con los roles institucionales, sino que pareci que la patologa organizacional
poda ser prevenida y la eficiencia poda ser promovida al actuar sobre las
relaciones psicolgicas que atravesaban la vida de la organizaci. La
solidaridad y la moral podan ser producidas por medios administrativos. El
grupo se haba transformado en un medio crucial para conceptualizar la conducta
social del individuo, para analizar la eficiencia de todas las formas de
prctica social, para promover la satisfaccin individual y la eficiencia
organizacional, y para conducir la empresa de la cura.
Un vasto territorio haba sido
descubierto y sera explorado en el perodo de posguerra: los expertos de la
subjetividad y la intersubjetividad buscaran revindicar sus derechos en todas
las instituciones de la sociedad.
*En 1945 se realizaron elecciones generales, en las que el Partido Laborista derrot a los conservadores, conducidos por W. Churchill, y a los liberales. Obtuvo la mayora en el parlamento e inici una reforma estatal, creando instituciones como el Servicio Nacional de Salud (National Health Service), entre otras. [N. del T.]
* Batallones de servicio alternativo o no pago, creados especficamente para individuos no deseables o no confiables para el servicio militar regular. [N. del T.]
* Fuerzas
armadas alemanas, reorganizadas en 1935 [N. del T.].
**Trmino acuado por el psiquiatra Charles Myers en 1915, para referirse a un sndrome compuesto de palpitaciones, irritabilidad, falta de concentracin y perturbaciones emocionales. Fue denominado en castellano Neurosis de Combateo Fatiga de Combate. En 1919 Freud se ocupara del tema y denominara el sndrome como kriegsneurose, traducido y difundido luego como war neurosis o neurosis de guerra [N. del T.].
* Ver N. de T.
anterior.
** La expresin, acuada durante la Guerra Civil espaola, refiere a civiles o militares que simpatizan o accionan a favor de un pas que no es el propio. [N. de T.]
* El trmino self puede ser traducido como yo o si mismo. Tanto self como yo remiten a diversas corrientes del pensamiento psiconanaltico, en tanto que si mismo es un concepto de larga tradicin filosfica. Rose no parece referirse especficamente a ninguna de stas acepciones. El trmino ser traducido como yo [N. del T.].
** Fuente: Governing
the soul. The shaping of the private self, London and N. York, Routledge, 1990: Introduction,
cap.1, The Psychology of War, cap. 4,Groups at war.
Traduccin: Luciano Garca
Introduccin
[1] M. Foucault, The subjet and the power, Eplogo de H. Dreyfus y P.
Rainbow, Michel Foucault: Beyond
Structuralism and Hermeneutics, Brighton: Harvester, 1982, p. 214. [Hay traduccin castellana,
Foucault, M. El sujeto y el poder, en Hubert L. Dreyfus, Paul Rainbow, Michel Foucault: mas all del
Estructuralismo y la Hermenutica, Buenos Aires, Nueva Visin, 2001.
Tambin hay una traduccin en
www.elseminario.com.ar].
[2] Como lo he discutido en
otro lugar. Calculable minds and manageable individuals, History of the human sciences 1: (1998): 179-200. Me he apoyado en este
artculo para lo que sigue.
[3] Cf. J. Meyer, The self and the life course: Institucionalization and
its effects, en A. Srensen, F. Weinert y L. Sherrod (eds.), Human development and the Life Course,
Hillsdale, NJ: L. Erlbaum, 1986. Me he apoyado en las ideas de Meyer para lo que
sigue.
[4] Michel Foucault ha dado la
consideracin ms iluminadora acerca de este asunto. En
particular, ver The History of Sexuality.
Vol. 1: An introduction, Londres: Allen Lane, 1979, especialmente la parte
5; tambin sus ensayos On governamentality, I&C, 6 (1979), 5-22, y Omnes et Singulatim: Towards a
criticism of political reason, en S. McMurrin (ed.), The Tanner Lectures on Human Values, Vol. 2, Utah: University of
Utah Press, 1981. [Hay
traduccin castellana de los siguientes textos, M. Foucault, Historia de la sexualidad 1, La voluntad de
saber (1979), Buenos Aires, Siglo XXI, 2002; Omnes et singulatim: hacia
una crtica de de la razn poltica (1981), en Tecnologas del yo y otros textos afines, Barcelona: Paids-ICE,
1995; La gubernmentalidad(1978), en Esttica,
tica y Hermenutica. Obras Escenciales, vol. 3, Barcelona, Paids, 1999.
Tambin hay una traduccin de este ltimo en www.elseminario.com.ar]. Sobre la
discusin de la relacin con la nocin de polica, ver J. Schumpeter, History of the Economical Analysis, New
York: Oxford University Press, 1954, y P. Pasquino, Teatrum politicum. The genealogy of capital police and the state of prosperity, Ideology and Consciousness, 4 (1978):
41-54.
[5] Foucault, On Governamentality, op. cit., p. 20
[6] Sobre las estadsticas, ver Pasquino, op.cit., y I. Hacking, Biopower
and the avalanche of printed numbers, Humanities
in Society 5 (1982):279-95. Sobre la inscripcin y el clculo ver B.
Latour, Visualization and cognition: thinking with hands and eyes, en H.
Kushlick (eds.), Knowledge and Society,
Vol 6., Greenwich: JAI Press, 1987.
[7] Sobre la historia de las sociedades de estadstica en Gran Bretaa ver
P. Abrams, The origins of British
sociology, 1834-1914, Chicago, Il.: University of Chicago Press, 1968; y M.
J. Cullen, The Statistical Movement in early Victorian Britain, Hassocks,
Sussex: Harvester, 1975.
[8] M. Foucault, Discipline and
Punish: The Birth of Prison, Londres: Allen Lane, 1977, pp. 184 -92. [Hay traduccin castellana, Vigilar y Castigar: El Nacimiento de la
Prisin (1975). Buenos Aires: Siglo XXI, 2002, pp. 189-97].
[9] Mi discusin sobre las
tecnologas se basa en el trabajo de Bruno Latour, Michael Callon y John Law.
Vanse sus contribucines en J. Law (ed.) Power, Action and Belief, Londres:
Routledge & Kegan Paul, 1986.
[10] Ver, especialmente, M. Foucault Technologies of the self, en L.
Martin, H. Gutman, y P. Hutton (eds.) Technologies
of the self, Londres: Tavistock, 1988; y M. Foucault, The subject and the
power op. cit. [Hay
traduccin castellana, Tecnologas del yo
y otros textos afines, Barcelona: Paids-ICE, 1995.]
Captulo 1: La
Psicologa de la Guerra.
1 Algunos de los asuntos que emergieron durante la guerra sern tratados
en otros captulos. En particular el anlisis de los intereses psicolgicos que
surgieron en relacin a la productividad industrial durante los aos de guerra
sern discutidos en la segunda parte.
2 Dos
ejemplos primordiales son A. Marwick, Britain
in the Century of Total War, Londres: Boldly Head, 1968; y P. Addison, The Road to 1945, Londres: Macmillan,
1974.
3 Por
ejemplo, H. Pelling, Britain and the
Second World War, Londres: Collins, 1970, p. 270 y A. Calder, The Peoples War, Londres: Panther, 1969,
p. 15, ambos citados en A. Marwick, War and Social Change y the Twentieth
Century: a comparative study in Britain, France and the Unites States,
Londres: Macmillan, 1974.
4 Hay notables excepciones, las cuales sern discutidas a lo largo del
captulo.
5 Sobre la guerra y la naturaleza humana ver K. Lorenz, On Agression, Londres: Methuen, 1966; E.
Wilson, Sobre la Naturaleza Humana, Cambridge: Harvard University Press,
1978; y Brigadier Sheldon Bidwell, Modern
Warfare, Londres: Allen Lane, 1973. Sobre los efectos de la guerra en los
capturados en el conflicto, ver P. Watson, War
on the Mind, Londres: Hutchinson, 1978. Sobre la guerra como un evento
psicolgico dentro de la cultura, ver Marwick, op. cit.
6 Watson, op. cit., p. 15.
7 Ver las entradas en los volmenes relevantes de A History of Psychology in Autobiography, San Francisco, CA:
Freeman.
8 Watson, op. cit., p. 22.
9
Ver. P. Buck, Adjusting to military life: the social sciences go to war, en
Merrit Roe Smith (ed.), Military
Enterprise and Technological Change, Cambridge, MA: Massachusetts Institute
of Technology, 1985.
10 El
mejor repaso para Gran Bretaa es probablemente Robert H. Arenfeldt, Psychiatry in the British Army in the Second
World War, Londres: Routledge & Kegan Paul, 1958.
11 El estudio de Leon Kamin es el ms influyente entre aquellos que
acusan a los fundadores del movimiento de los tests mentales norteamericano de
racismo y seudo-cientificidad. Franz Samelson sugiere que la evidencia es ms
ambigua: no solo los psiclogos tuvieron un menor impacto social de lo que se
suele suponer en la aprobacin de las leyes racistas de inmigracin, sino que
muchos de los ellos no estaban interesados o eran ambivalentes sobre la
cuestin de la raza, y definitivamente no estaban involucrados en la invencin
o falsificacin de datos para convenir con prejuicios. De hecho, criticaron a
otros, como Brigham, quien si sac conclusiones de evidencia errnea y a partir
de extrapolaciones. Ver L. Kamin, The Science and the Politics of the I.Q., Harmondsword: Penguin,
1977; y F. Samelson, Putting psychology on the map: ideology and intelligence
testing, en A. R. Buss (ed.), Psychology
in Social Context, New York: Irvington, 1979.
12 Esta consideracin sobre los tests de inteligencia en el ejrcito de
los EE.UU. debe mucho al trabajo de Franz Samelson citado antes.
13 Samelson, op.cit.
14 Ibd., p.144
15 Discuto estos procesos con mayor detalle en dos artculos,
Individualizing psychology, en J. Shotter y K. Gergen (eds.), Texts of Identity, Londres: Sage, 1989;
y Calculable minds and manageable individuals, History of the Human Sciences: 179-200. Ms en general, sobre el
rol de los dispositivos de inscripcin en la regulacin social, ver B. Latour,
, Visualization and cognition, en H. Kulic (ed.), Knowledge and Society: Studies in the Sociology of Culture Past and
Present, Vol. 6, Greenwich, CT: JAI Press, 1986.
16 C.
Burt, Psychology in war: the military work of American and German
psychologists, Occupational Psychology 16
(1942): 95-110; P. Vernon and J. Parry,
Personnel Selection in the British Forces, London: London University Press,
1949.
17 Sobre la cuestin general de la disciplinarizacin de la psicologa,
ver mi artculo Calculable Minds, citado anteriormente.
18 M.
Simmonheit, Wehrpsychologie: Ein Abriss
ihrer Probleme und politischen Forgelungen, Berlin: Bernard aun Graefe,
1933, examinado en Burt, op. cit. Ver tambin la contribucin de
Ansbacher a C. Pratt et al., Military Psychology: a Selected Bibliography, Psychoilogical Bulletin 38 (1941):
309-510; y D. Davis, Post-mortem on German applied psychology, Occupational Psychology 21 (1947),
105-10.
19 Davis, op cit.
20 Doy mas detalles sobre los debates sobre el Shell-shock y sus
consecuencias en The Psychological
Complex, Londres: Rouledge & Kegan Paul, 1985, pp. 180-91. y en
Psychiatry: the discipline of mental health en P. Miller y N. Rose (eds.), The Power of Psychiatry, Cambridge:
Polity, 1986. Una presentacin muy til se encuentra en M.
Stone, Shell-shock and the psychologists, en W.F. Bynum, R. Porter, y M.
Shepherd (eds.), The Anatomy of Madness,
Vol. 1, Lodres: Tavistock, 1985. Ver tambin P.J. Lynch, The exploitation of
courage, M. Phil thesis, University of London, 1977, y War Office, Report of the Committee of Enquiry into
Shell Shock, Londres: HMSO, 1922.
21 Ver Stone, op cit., p. 249,
para una discusin sobre las estadsticas.
22 Por ejemplo, ver las
contribucines a Hugh Crichton Miller, ed.,
Functional Nerve Disease: An Epitome of War Experience,
Londres: Oxford University Press, 1922, y la discusin en mi Psychological Complex, op cit.
23 Rose, ibid.
Captulo 4: Los Grupos en la Guerra.
1
Privy Council Office, The Work of
Psychologists and Psychiatrists in the Services: Report of an Expert Committee,
Londres: HMSO, 1947. El comit experto de nueve personas inclua al director general de cada
servicio, junto con Lord Moran (el mdico de Churchill), los profesores F.C.
Bartlett de Cambridge, D.K. Henderson de Edimburgo, A.W. Walters de Reading y
el Dr. Aubrey Lewis, director clnico del hospital Maudsley.
2 Sumado al reporte citado arriba, una aproximacin anodina a los temas
discutidos en esta seccin se encuentra en el captulo sobre medicina
psicolgica en el relevante volumen de la historia oficial: V.Z. Cope (ed.), Medical Services Medicine and Pathology,
History of the Second World War, United Kingdom Civil Series, Londres: HMSO,
1952. Otras dos aproximaciones muy tiles que se focalizan en la psiquiatra
pero tambin sobre cuestiones generales son J. R. Rees, The Shaping of Psychiatry by War, Londres: Chapman and Hall, 1945,
y R.H. Ahernfeldt, Psychiatry in the
British Army in the Second World War, Londres: Routledge & Kegan Paul,
1958.
3 Ahernfeldt, op cit., p. 15
4 Ibid., p.31.
5 Este trabajo se discute en la parte II.
6 Ahernfeldt, op cit.
7 Los detalles completos de del empleo del personal psicolgico en las
diferentes ramas del servicio psicolgico britnico de 1943 aparecen el
apndice I del Report of an Expert
Committe, citado anteriormente. En cuanto a los psiclogos entrenados
profesionalmente, el Departamento Naval emple un director psiclogo y diez
psiclogos industriales. El director de seleccin de personal en el
Departamento del General Adjunto, en la Oficina de Guerra, tena 19 psiclogos
en su personal (junto a un pequeo nmero en otros departamentos mdicos y de
investigacin), y el Ministerio Areo emple cuatro asesores civiles. Sin
embargo haba 1.500 no-psiclogos que recibieron una capacitacin psicolgica
limitada y que fueron empleados en los programas de evaluacin en varias ramas
del servicio. No discuto aqu el rol del psiclogo en la seleccin de personal
para tareas especializadas, como operacin de radares, el desarrollo de tests
de aptitud especficos para tales tareas y el trabajo en factores especficos
como la temperatura y los perodos de descanso que pueden influenciar el
rendimiento. El laboratorio de psicologa de Cambridge y el trabajo durante la
guerra de Donald Broadbent fueron
importantes en esto. Vase la contribucin de Broadbent a G. Lindzey y G.
Murphy, A History of Psychology in
Autobiography, Vol. 7, San Francisco, CA: Freeman, 1980.
8 Ahernfeldt, op cit., pp. 40 en adelante. El trabajo tambin se
extendi a otras tareas, como por ejemplo la seleccin de paramilitares. Un
esquema similar fue desarrollado por el Departamento Naval para la seleccin de
los recursos humanos de la Fuerza Naval Real Alec Rodger de la NIIP era el
psiclogo director en este lugar. Ver A. Rodger, The
work of the Admiralty psychologists, Occupational
Psychology 19 (1945): 132-39. Para una exposicin que da detalles de los
diferentes procedimientos de evaluacin
y clasificacin usado por los psiclogos, ver P.E. Vernon y J.B. Parry, Personnel Selection in the British Forces,
Londres: University of London Press, 1949.
9
J.R. Rees, Three years of military psychology in the United Kingdom, British Medical Journal 1 (1943): 1-6;
citado en Ahernfeldt, op cit., p. 50.
10 El
sentido de esto puede verse en lo siguiente: E. Ginzberg, J.L. Herman y S.W.
Ginzburg, Psychiatry and Military
Manpower Policy: A Reappraisal of the experience in World War II, Nueva York:
Columbia University Press, 1953; E. Ginzberg y D.W. Bray, The Uneducated, Nueva York: Columbia University Press, 1953; E.
Ginzberg, J.K. Anderson, S.W. Ginzburg y
J.L. Herman, The Ineffective
Soldier: Lessons for Management and the Nation, Nueva York: Columbia University Press, 1959.
11 S.A. Stouffer et al., Volume 1: The American Soldier: Adjustment During Army Life, Nueva
York, Wiley, 1949 ; Volume 2: The
American Soldier: Combat and its Aftermath, Nueva York, Wiley, 1949; Volume 3 : Experiments in Mass
Communications, Nueva York, Wiley, 1950; Volume 4: Measurement and Prediction, Nueva York, Wiley, 1950. Estos estudios han sido muy
discutidos, por ejemplo, en John Madge, The Origins of Scientific Sociology,
Londres: Tavistock, 1963
12
Stouffer, op. cit. Vol. 2, pp. 130-31.
13
E.A.Shils, The study of the primary group, en H.D. Lasswell y D. Lerner
(eds), The Policy Sciencies Recent
Developments in Scope and Methods, Palo Alto, CA: Standford University
Press, 1951, p. 64. Cf. la buena discusin de este material en C. Sofer, Organizations in Theory and Practice,
Londres: Heinemann, 1972.
14 Ver la discusin del trabajo de Elton Mayo en el Captulo 6.
15 Para una discusin sobre la seleccin de oficiales, ver Ahernfeldt,
op. cit., Cp. 3; Vernon y Parry, op. cit., Cp. 4; B.S. Morris, Officer
selection in the British army, Occupational
Psychology 23 (1949): 219-34. Para el trabajo
norteamericano, ver Office of Strategic Services Assessment Staff, Assessment of Men, Nueva York: Reinhart,
1948.
16 Los detalles sobre estas disputas aparecen en Ahernfeldt, op. cit.,
pp. 62-76.
17 Las tcnicas de entrevista psiquitricas fueron desarrolladas por J.D.
Sutherland, quien era psiclogo y psiquiatra y era miembro del primer comit
experimental, y Eric Trist, mas tarde psiclogo director en el Centro de
Investigacin y Entrenamiento. Ver Rees, op. cit. p. 71.
18 Ver
N. Rose, The Psychological Complex,
Londres: Rouledge & Kegan Paul, 1985, y N. Rose, Psychiatry: the
discipline of mental health, en P. Miller y N. Rose (eds.), The power of psychiatry, Cambridge:
Polity, 1986, pp. 63-64.
19 Sin embargo, el trabajo de Eysenck sobre la factorizacin de la
personalidad y su evaluacin se llev a cabo en Inglaterra, en el Mill Hill
Emergency Hospital. Esto se discute en el captulo 17.
20 K.
Lewin, Dynamic Theory of Personality, Nueva York: McGraw Hill, 1935; K.
Lewin, Principles of Topological Psychology, Nueva York: McGraw Hill,
1936; J.L. Moreno, Who Shall Survive? A new approach to the problem of human
interrelations, Washington, D.C.: Nervous and Mental Diseases Publishing
Co., 1934.
21 Ahernfeldt, op. cit., p. 61.
22
W.R. Bion, The leaderless group project, Bulletin
of the Menninger Clinic, 10 (1946): 77-81. La tcnica y sus desarrollos se discuten en
Ahernfeldt, op. cit., p. 60 y siguientes, y en Vernon y Parry, op. cit., p. 61
y siguientes. Para los desarrollos tericos de Bion ver su Experiences in
groups, Human Relations, Vols. 1-4,
reimpreso en Experiences in Groups,
Londres: Tavistock, 1961. [Hay traduccin castellana, W.R. Bion, Experiencias
en Grupo, Buenos Aires, Paids, 1941].
23
Office of Strategic Services Assessment Staff, Assessment of Men, Nueva York: Reinhart, 1948.
24 Los
prrafos que siguen se basan en mi captulo, Psychiatry: the discipline of
mental health, en Miller y Rose op. cit., y P. Miller y N. Rose, The
Tavistock programme: governing subjectivity and social life, Sociology, (1988): 22, 171-92. Ver W.R.
Bion y J. Rickman, Intra-group tensions in therapy: their study as the task of
the group, Lancet 245, 27 de
noviembre de 1943, pp. 678-81. Cf. las reflexiones del propio Bion en su Experiences in Groups, op. cit., y en F.
Kraupl Taylor, A history of group and administrative therapy in Great
Britain, British Journal of Medical Psychology
31 (1958): 153-73.
25 Para una buena discusin, ver Sofer, op. cit., pp. 203-6.
26 T.
Main, The hospital as a therapeutic institution, Bulletin of the Menninger Clinic 10 (1946): 67.
27 Ver M. Jones, Social Psychiatry,
Londres: Tavistock, 1952. [Hay
traduccin castellana, M. Jones, Psiquiatra Social, Buenos
Aires, Editorial Escuela, 1962].
28 Por
ejemplo, ver A.T.M. Wilson, M. Doyle y J. Kelnar, Group techniques in a
transitional community, Lancet 1
(1947): 735-38, y A. Curle, Transitional communities and social reconnection:
a follow-up study of the civil resettlement of British prisioners of war, Human Relations 1 (1947): 42-68.
29 Jones, op. cit.