La Herencia Psicolgica
1928
LA
HERENCIA FISIOLGICA
La
herencia es la ley biolgica en virtud de la cual todos los seres dotados de
vida tienden a repetirse en sus descendientes; es para la especie, lo que la
identidad personal es para el individuo. Por ella, en medio de las incesantes
variaciones, hay un fondo que persiste; por ella la naturaleza se copia y se
imita constantemente. Considerada bajo su forma ideal, la herencia seria la
reproduccin pura y simple de lo semejante por lo semejante. Pero esta
concepcin es puramente terica, porque los fenmenos de la vida no obedecen a
esta regularidad matemtica, complicndose sus condiciones de existencia ms y
ms a medida que nos elevamos del vegetal a los animales superiores y de stos
al hombre.
El
hombre puede ser considerado en su organismo o en su dinamismo, en las
funciones que constituyen su vida fsica o en las operaciones que constituyen
su vida mental. Ambas formas de la vida estn sometidas a la ley de 'la
herencia'? Lo estn totalmente o parcialmente, y, en este ltimo caso, hasta
qu punto?
El
lado fisiolgico de esta cuestin ha sido muy bien estudiado; el psicolgico lo
ha sido mucho menos. ste es el que nos proponemos estudiar aqu. Pero la
transmisin hereditaria de las facultades mentales, considerada en sus
fenmenos, en sus leyes, en sus consecuencias y sus causas, est tan
ntimamente ligada a la herencia fisiolgica, que es necesario hablar de sta,
ante todo. Lo haremos muy brevemente, remitindonos en los pormenores a los
tratados especiales. Nos bastar mostrar, con algunos hechos bien claros y bien
seguros, que la herencia se extiende a todos los elementos y a todas las
porciones del organismo a su estructura externa e interna, a sus enfermedades,
a sus caracteres particulares, a sus modificaciones adquiridas.
Lo
que se muestra desde luego, aun a las miradas menos atentas, es la herencia de
la estructura externa. Este hecho es de observacin vulgar; nada ms
comn que oir decir que un nio es el retrato de su padre, de su madre, de sus
abuelos. El influjo hereditario puede acusarse en los miembros, el tronco, la
cabeza, las uas mismas o el pelo, pero sobre todo en la cara, la expresin o
los rasgos de la fisonoma. Los antiguos haban hecho ya esta observacin: de
aqu entre los romanos, los Nasones, los Labeonos, los Bucones,
los Capitones y otros nombres sacados de un signo hereditario[1].
No es preciso recordar la nariz de los Borbones y el labio de los Habsburgos.
Las semejanzas hereditarias pueden
descubrir, al primer golpe de vista, el origen de las personas, y han dado
lugar algunas veces a los encuentros ms imprevistos y novelescos. Pueden
sufrir en el curso de la vida metamorfosis que hacen que el nio se asemeje
sucesivamente al padre y a la madre; insistiremos sobre este punto al tratar de
la herencia en las pocas correspondientes.
Muchos
individuos de alta o de pequea estatura engendran individuos semejantes. Este
hecho, consagrado por una larga experiencia, ha sido aprovechado desde hace mucho
tiempo por los ganaderos para crear ciertas razas. Este sistema de seleccin,
reflexiva y consciente se ha aplicado tambin a la humanidad. El padre de
Federico II, Federico Guillermo I, cuya pasin por los colosos era bien
conocida, operaba, con respecto al regimiento de gigantes que haba formado,
como los ganaderos con sus animales. No toleraba el matrimonio de sus guardias
ms que con mujeres de gran estatura.
La
herencia existe tambin en todo lo que toca al color de la piel, la forma y el
volumen del cuerpo. As, la obesidad es hasta tal punto resultado de una
predisposicin del organismo, que con frecuencia se produce a pesar de las
privaciones, de la fatiga y de la miseria.
La
herencia acta sobre la conformacin interna como sobre la estructura
externa. Nada ms positivo que la herencia de la forma, del volumen y de las
anomalas del sistema seo; la de las proporciones, en todos sentidos, del
crneo, del trax, de la pelvis, de la columna vertebral y de los menores
huesos del esqueleto es de observacin diaria y vulgar. Se ha comprobado hasta
la del nmero, en ms o en menos, de las vrtebras y de los dientes (Lucas). El
sistema circulatorio, el sistema digestivo, el sistema muscular siguen las
leyes de transmisin de los dems sistemas internos del organismo. Existen
familias en que el corazn y el calibre de los principales vasos son
naturalmente muy considerables, otras en las que son relativamente pequeos,
otras en que presentan los mismos vicios de conformacin. En fin, y esto nos
toca ms de cerca, la herencia rige las proporciones del sistema nervioso. Se
manifiesta en las dimensiones generales del cerebro, su principal rgano; es
tambin con frecuencia sensible en el volumen y hasta en la forma de las
circunvoluciones. Gall lo haba observado y explicaba por este hecho la
transmisin de las facultades mentales. Ms adelante tendremos muchas ocasiones
de volver sobre este punto para no insistir ms ahora.
La
herencia de los elementos internos se realiza para los lquidos del organismo
como para las partes slidas: la sangre es ms abundante en ciertas familias y
esta superabundancia transmite o puede transmitir, a los diversos miembros, una
predisposicin a las apoplejas, a las hemorragias, a las inflamaciones. Se
citan algunas familias en que una ligera picadura causaba una hemorragia que
nada poda contener.
Y no es slo, como poda creerse, la
estructura externa o interna la que es transmisible; caracteres completamente
particulares del modo de existencia pasan de padres a hijos. La herencia rige
los caracteres subordinados como los caracteres dominantes. As la fecundidad,
la duracin de la vida, esas maneras de ser completamente personales, que los
mdicos llaman idiosincrasias, se transmiten por la va seminal. Algunos
hechos van a demostrarlo.
No
se puede dudar del influjo de la herencia sobre el poder de reproduccin. Hay
familias notables por su fecundidad y esta fecundidad se propaga, sea por el
padre, sea por la madre.
Una madre tiene 24
hijos, de ellos cinco hijas, que entre las cinco dieron a luz 46 nios; una
nieta, joven an, llevaba ya 16 partos (Girou). Los hijos, hijas y nietos de un
padre y de una madre de 19 hijos, participaron casi todos, dice Lucas, de esta
potencia prolifica [2].
En
la vieja nobleza francesa, muchas familias han gozado de un gran vigor de
propagacin. Anne de Montmorency, con ms de 75 anos, pudo todava, en la
batalla de Saint-Denis, romper con su espada los dientes del soldado escocs
que le asest el lbimo golpe; era padre de 12 hijos. Tres de sus abuelos,
Mateo I, Mateo II y Mateo III, tuvieron entre los tres 18, de los cuales 15
fueron varones. El hijo y el nieto del Gran Conde contaron entre los dos 19, y
su bisabuelo, muerto en Jarnac, 10.Los cuatro primeros Guisas tuvieron 43
hijos, de los cuales 30 varones. Aquiles de Harlay, padre del primer
presidente, tuvo 9 hijos, su padre 10, su bisabuelo 18. En ciertas familias,
esta fecundidad ha durado durante cinco o seis generaciones[3].
Est
generalmente reconocido que la longevidad depende mucho menos de la
raza, del clima, de la profesin, del gnero de vida y de la alimentacin, que
de la transmisin hereditaria. Si se consultan los tratados especiales que se
han escrito sobre este punto, se ver que los centenarios se encuentran tanto
en la raza negra como en la blanca, en Rusia y en Escocia como en Italia y en
Espaa, entre los que cuidan mucho su salud como entre los que llevan una vida
dura.
Hechos anlogos se encuentran entre los
prisioneros y aun entre los forzados. La vida media depende evidentemente del
lugar, de la higiene, de la civilizacin; pero la longevidad individual est
completamente desligada de stas condiciones. Todo demuestra que una vida larga
depende de una potencia interna de la vitalidad, puesto que esos individuos
privilegiados la traen al nacer. Est tan profundamente impresa en su
naturaleza, que se revela en todos los atributos de la organizacin [4].
Esta forma de la herencia ha sido observada desde hace mucho tiempo en
Inglaterra, donde las Compaas de seguros sobre la vida, investigan, por medio
de sus agentes, los datos sobre la longevidad de los ascendientes de la persona
que desea el seguro.
Hay,
en cambio, muchas familias, en que los cabellos blanquean desde la primera
juventud, casi desde la infancia, y en que la energa de las facultades fsicas
e intelectuales se amortigua muy temprano. Es tan frecuente la muerte precoz,
que slo un reducido nmero de sus individuos
puede sustraerse a fuerza de precauciones. En la familia de Turgot
apenas se pasaba de la edad de 59 aos; y el hombre que la ha hecho clebre,
viendo acercarse esta poca fatal, a pesar de la apariencia de una buena salud
y de un gran vigor de temperamento, hizo observar un da que haba llegado el
momento de poner orden en sus asuntos y de acabar un trabajo que haba
comenzado, porque en su familia, se
mora a esa edad. Muri, en efecto, a los 53 aos.
La
inmunidad de que gozan ciertas familias para las enfermedades contagiosas, y en
particular para la viruela, est bien comprobada.
La
herencia puede transmitir la fuerza muscular y las diversas formas de la
actividad motora. Haba en la antigedad familias de atletas. La lista de los
vencedores en los juegos olmpicos, hace notar Galton, era cuidadosamente
llevada en Elea. Si se hubiera conservado nos ofrecera curiosos documentos
para la herencia. Notar al menos este hecho: una mujer, arriesgando su vida,
asisti a los juegos; fue absuelta porque se encontr que su padre, su hermano
y su hijo haban sido vencedores[5].
Los ingleses tienen familias de pugilistas. Las investigaciones de Galton sobre
los luchadores y sobre los remeros, demuestran que los vencedores pertenecen en
general a un corto nmero de familias que tienen una fuerza y una agilidad
hereditarias[6]. En cuanto a
la actividad motora, importante sobre todo en los caballos, la experiencia ha
demostrado hace mucho tiempo a los carreristas que la rapidez en la carrera,
como los vicios del movimiento, o los tics, se transmiten. En la especie
humana, hay familias cuyos miembros tienen casi todos una habilidad y una
gracia exquisita en sus movimientos. La herencia ha transmitido con frecuencia
el talento de la danza; se encuentra un ejemplo de ello en la familia de los
Vestris.
Lo
mismo pasa con la voz. Cada animal tiene la voz propia de su especie; pero los
caracteres individuales mismos se transmiten; asi la tartamudez, el gangueo y
el tartajeo. Las familias de cantantes son numerosas y hay otras rebeldes a la
meloda.
La
herencia de las anomalas de la organizacin est bien comprobada. Una de las
ms extraas y ms conocidas es la de Edward Lambert, cuyo cuerpo, excepto la
cara, la palma de las manos y la planta de los pies, estaba revestido de una
especie de caparazn de excrescencias crneas, que sonaban unas contra otras.
Tuvo
seis hijos, y todos, al cumplir las seis semanas, presentaron la misma
singularidad. El nico que sobrevivi la transmiti, como su padre, a todos sus
hijos, y esta transmisin, que iba de varn a varn, continu asi durante cinco
generaciones[7].El
albinismo, el raquitismo, ciertas cojeras, la ectrodactilia y la polidactilia,
el labio leporino, en suma, todas las desviaciones del tipo que resultan, sea
de un exceso, sea de una detencin de desarrollo orgnico, son transmisibles
por la via seminal, y tales hechos son interesantsimos en cuanto demuestran
que el tipo individual est sometido a la ley de herencia lo mismo que el tipo
especifico.
Anomalas
adquiridas durante la vida por accidente pueden transmitirse. Un hombre herido
en la mano derecha, despus de su curacin qued con un dedo deformado: tuvo
varios hijos con ese dedo torcido[8].Las
deformaciones artificiales son transmisibles; tres pueblos del Per, los
Aymars, los Huancas y los Chinchas, tenan cada uno su modo particular de
deformar la cabeza de los nios, y esta deformacin se conservaba despus. Los
esquimales, dice M. de Quatrefages, cortan la cola a los perros que enganchan a
los trineos; los cachorros de estos perros nacen con frecuencia sin cola.
Los
experimentos bien conocidos de Brown-Squard han demostrado que un desorden
funcional, como la epilepsia, producido artificialmente, puede transmitirse.
Operaba
sobre conejos de Indias sanos y practicaba en ellos ciertas lesiones nerviosas
(semiseccin de la medula) que dan por resultado accesos epilpticos. El animal
curaba; pero los hijos que engendraba durante su periodo morboso eran
epilpticos[9].
Pero
puede deducirse de aqu que las desviaciones del tipo especfico, que las
anomalas de toda especie, estrabismo, miopa, atrofia o hipertrofia de los
miembros, quedan fijas para siempre? O bien, no tienen una herencia
restringida y temporal? La cuestin es muy debatida[10];
porque estos desrdenes individuales unas veces se transmiten y otras no. La
experiencia parece demostrar, sin embargo, que hay una tendencia hacia la
vuelta al tipo primitivo.
As,
en la familia Colburn, que ha presentado uno de los casos ms curiosos de
sexdigitismo (los miembros de esta familia tenan un dedo supernumerario); esta
anomala dur cuatro generaciones; pero, dice Burdack, la anomala fue
decreciendo constantemente. En la generacin primera estaba en relacin de 35 a
1; en la segunda, de 14 a 1; en la tercera, de 3 1/4 a 1.
La vuelta al tipo normal operaba, pues, rpidamente[11].
La
transmisin seminal de las modificaciones adquiridas est muy restringida
algunas veces, aun cuando se encuentre en ambos genitores. Un sordomudo casado
con una sordomuda tienen hijos que pueden oir y hablar. La necesidad de la
circuncisin entre los judos, demuestra que una modificacin adquirida y repetida
frecuentemente puede no ser hereditaria. Las desviaciones del tipo, despus de
haber durado algunas generaciones, vuelven al estado normal, de suerte que
muchos naturalistas afirman que la regla es que los accidentes no se
perpetan.
Estamos,
pues, bien lejos de la ley as formulada por Lamarck: todo cuanto la
naturaleza ha hecho adquirir o perder a los individuos por influjo de las
circunstancias a que su raza se encuentra durante mucho tiempo expuesta, sta
lo conserva por la generacin en los nuevos individuos que de ella provienen,
con tal de que los cambios adquiridos sean comunes a ambos sexos o a los que
han producido nuevos individuos.
Sin
embargo, estas dos opiniones opuestas, cada una de las cuales tiene hechos que
alegar en su favor, son conciliables, si se observa que hay modificaciones que,
por su naturaleza misma, estn en lucha con su medio, y cuyas condiciones de
existencia se hacen por tanto ms y ms difciles; mientras que hay otras que,
acomodndose bien, pueden fijarse por una seleccin, sea natural, sea
artificial (como en el arte de la cria de ciertos animales); y que as todo
concurre a borrar las primeras y a perpetuar las segundas. Indico de pasada
esta dificultad: volveremos a encontrarla a propsito de la herencia psicolgica
y la trataremos ms ampliamente.
Nos
falta hablar de una ltima forma de la herencia, la de las enfermedades.
La observacin parece tan antigua como el origen de la medicina; es de todas
las pocas, de todos los lugares, de todos los pueblos. Los mdicos griegos
distinguan ya las enfermedades hereditarias (nosit xlhroymixat). En los tiempos modernos, sin
embargo, la herencia morbosa ha suscitado discusiones de toda especie entre los
mdicos. Sera ajeno a nuestro asunto y a nuestra competencia hablar aqu de
ellas. Limitmonos a hacer notar que la cuestin parece hoy absolutamente
juzgada, en cuanto al fondo, por el hecho de que los adversarios ms declarados
de la herencia morbosa admiten, si no la herencia de la enfermedad misma, al
menos la de una predisposicin para contraera. Se encontrarn, en la obra de
Lucas sobre la herencia y en todos los libros de medicina, hechos
bastante numerosos y bastante claros para permitir conclusiones.
Esta
rpida exposicin fisiolgica basta para demostrar que la ley de la herencia
rige todas las formas de la actividad vital, lo que, por lo dems, est
generalmente conocido y admitido. Sucede lo mismo en el orden psicolgico?
Esto es lo que ahora nos toca examinar, comenzando por el estudio de los
hechos.
Qu monstruo es el que,
en esta gota de semilla, de que todos somos producto, lleva en s las
impresiones, no de la forma corporal solamente, sino de los pensamientos e
inclinaciones de nuestros padres? (MONTAIGNE.)
Cuando
se habla de instintos, la primera dificultad es la de entenderse; porque, sin
querer dar aqu, lo cual sera largo, una enumeracin completa de los diversos
sentidos de tal palabra en el lenguaje usual, se encuentran tres por lo menos
entre los naturalistas y filsofos, que estn, sin embargo, ms obligados a la
precisin que el vulgo. O bien se entiende por instinto la accin automtica,
casi mecnica, probablemente inconsciente, de los animales para alcanzar un
fin, determinado por su organizacin y sus caracteres especficos. O bien
instinto es sinnimo de deseo, inclinacin, tendencia; as se habla de buenos y
malos instintos, del instinto del robo o del asesinato, etc. O bien, en fin, se
comprenden bajo el nombre de instinto todos los fenmenos psquicos que se
producen en el animal, todas las formas de actividad mental inferiores a la del
hombre. Este ltimo sentido de la palabra es debido evidentemente al deseo de
no conceder inteligencia a las bestias y se ha venido as a confundir, contra
toda razn, con los impulsos ciegos e inconscientes, los actos conscientes,
resultado para cada animal de su experiencia individual y, por consecuencia,
anlogos a los que llamamos inteligentes, tratndose de nosotros mismos.
Aunque,
en mi opinin, el instinto y la inteligencia son una sola y misma cosa y no hay
entre ambos trminos ms que una diferencia de grado y no de naturaleza, no
tomar aqu la palabra instinto ms que en su primer sentido, el nico que me
parece exacto y conforme a su etimologa. Necesitaramos, para mayor precisin,
comenzar por establecer una buena definicin. Desgraciadamente todava no se ha
encontrado. Se puede, sin embargo, definir con Hartmann un acto conforme a un
fin, pero sin conciencia del fin; o bien contentarse diciendo con Darwin que
un acto, que no podramos realizar sino con ayuda de la reflexin y del hbito,
cuando es realizado por un animal, sobre todo muy joven y sin ninguna
experiencia o cuando se realiza de la misma manera por muchos individuos, sin
que parezcan darse cuenta del fin, es, en general, considerado como
instintivo.
No
tenemos que examinar aqu la larga y difcil cuestin de los instintos. Algunas
palabras, sin embargo, son necesarias para entenderse sobre este asunto y para
demostrar ms tarde en qu medida la herencia contribuye a su formacin.
El
instinto es para nosotros una accin refleja compuesta. Mientras que en
el reflejo simple una sola impresin es seguida de una sola contraccin;
mientras que en las formas ms desenvueltas de la accin refleja una simple
impresin va seguida de una combinacin de contracciones, en las que
distinguimos bajo el nombre de instinto, una combinacin de impresiones va
seguida de una combinacin de contracciones.[12].
El
punto embarazoso consiste en que no es en absoluto posible dejar de conceder a
estos reflejos compuestos ciertos caracteres que los aproximan a los fenmenos
puramente psquicos. La perfecta aprobacin de los medios que el animal emplea
para conseguir un fin determinadoy, en ciertos casos, un fin lejano, del que
no ha tenido ni tendr jams la percepcin actualnos parece como el resultado
de una actividad mental. Los insectos que depositan cerca del huevo los
alimentos de cierta naturaleza, propios para alimentar una larva que no nacer,
sino despus de su muerte, nos parecen dotados de previsin. Con razn o sin
ella, encontramos alguna analoga entre su conducta y la que nosotros
tendramos en semejantes circunstancias, entre sus actos y entre ciertos otros
que nosotros no podemos ejecutar sino conscientemente. As el instinto, nos
parece, de una parte como el resultado de una actividad psquica, de otra como
el resultado de un automatismo perfecto, de un puro mecanismo que excluye todo
acto de conciencia.
Creo
que esta dificultad se simplificara un poco si se consintiera en considerar
los estados de conciencia por lo que son, por un simple acompaamiento de
ciertos procesos nerviosos. Si se considera la conciencia como la esencia, como
la propiedad fundamental del alma, todo se vuelve oscuro; si se la considera
como un fenmeno que tiene condiciones de existencia propias, todo se aclara.
El estado de conciencia no es en realidad ms que un acto complejo que supone
un estado particular del sistema nervioso; esta accin nerviosa no es
accesoria, sino parte integrante del hecho; es la base, la condicin
fundamental; desde que se produce, el hecho existe en s mismo; desde que la
conciencia se une, el hecho existe por s mismo: la conciencia le completa, le
acaba, pero no le constituye.
Admitida
esta hiptesis, averigemos cmo se puede concebir la naturaleza del instinto.
Primeramente
hay un estado inicial que consiste en una percepcin visual, olfativa,
auditiva, en una sensacin visceral u orgnica. Las sensaciones de este ltimo
orden llegan a desempear el papel principal en los instintos relativos a la
generacin, a la nidificacin, al cuidado de los pequeos: en los
invertebrados, por lo que a esto se refiere, todo se reduce a conjeturas; pero
las modificaciones psquicas que se producen en los vertebrados durante la
estacin de los amores, permiten deducir modificaciones anlogas, al menos en
los insectos. Este estado inicial debe ir acompaado de conciencia; no se
concibe sin ella; es, en un sentido estricto, de naturaleza psquica.
Consideremos
ahora los instintos en su ltimo trmino: en los actos, en los resultados a que
tienden. Todava aqu es difcil no admitir un estado de conciencia, sobre todo
en el caso en que la actividad del animal deba recorrer varias fases, cada una
de las cuales no es una etapa respecto del resultado final.
Quedan
los estados intermedios entre la sensacin inicial y el acto final; es decir,
aquel mecanismo de una complejidad con frecuencia extraordinaria que constituye
propiamente el instinto y que es de una naturaleza tan enigmtica. Yo me
inclino a creer que lo ms frecuente en estos casos tpicos en que la
organizacin es perfecta, es que no exista conciencia alguna. Esta afirmacin
parecer menos sorprendente si se recuerda lo que se ha dicho antes: que nada
es indispensable ms que los procesos nerviosos; que importa poco que la
conciencia desaparezca si los procesos nerviosos, que son los equivalentes
fisiolgicos de los estados de conciencia, subsisten; que hasta es conveniente
que sta desaparezca, porque su ausencia hace el automatismo ms perfecto.
Evidentemente, en su origen, todo instinto, simple o complejo, ha sido una
forma cualquiera de la actividad psquica; pero que gracias a las repeticiones
perpetuas del individuo y sus descendientes, se han establecido en el sistema
nervioso del animal disposiciones permanentes, conexiones estables entre
diversos elementos anatmicos: el instinto se ha comprobado, se ha organizado.
A medida que los diversos estados fisiolgicos, desde un principio acompaados
de conciencia, han llegado a ser ms rpidos[13],
mejor coordinados, la conciencia se ha alejado de ellos de tal suerte que este
mecanismo tan regular no representa hoy ms que la conciencia apagada.
Es
necesario indicar que estas consideraciones son aplicables a todos los
instintos, tanto a los ms sencillos como a los ms complejos? Estos, en
efecto, no se deben tomar en conjunto. Es preciso no olvidar que estn formados
por adiciones sucesivas, durante generaciones innumerables, por la coordinacin,
fusin e integracin de los instintos simples, y que cada nueva adquisicin ha
sido fijada por la misma transformacin de un proceso consciente en un proceso
automtico.
Adems,
si, como es lo ms frecuente, el instinto, fuera de sus dos puntos extremos,
consiste en un proceso inconsciente, puramente fisiolgico, es verosmil que en
ciertos casos vaya acompaado de algn grado de conciencia. Tales son los
instintos ms complejos cuya coordinacin no es siempre perfecta. En general
siempre que hay adaptacin de condiciones nuevas, duda, indecisin, perplejidad
en el animal, es imposible que no se produzcan estados de conciencia. En el
instinto sucede como con el hbito: ste atraviesa un periodo de conciencia
antes de llegar al automatismo perfecto y pierde su perfeccin, a medida que la
conciencia reaparece.
No
hay, pues, razn para suponer, como Cuvier, que los animales tienen en su sensorium
imgenes o sensaciones constantes que les determinan a obrar del mismo modo que
las sensaciones ordinarias y accidentales lo hacen comnmente. En realidad, no
hay innato ms que la relacin entre las modificaciones de la sensibilidad
externa o interna y ciertos procesos organizados en el sistema nervioso del
animal, y este innatismo resulta de una transmisin hereditaria.
En
resumeny sin insistir en una cuestin que no hemos de tratar aqu, cada
instinto complejo se convierte en una coordinacin de instintos simples, cada
instinto simple se reduce a un hbito hereditario.
Aunque la divisin
de los instintos en naturales y adquiridos no tiene razn alguna de ser, en
ltimo anlisis, podemos adoptarla a ttulo provisional y para claridad de la
exposicin.
Los
instintos llamados primitivos son aquellos cuyo perodo de organizacin se
remonta a los tiempos prehistricos. Los documentos escritos o figurados, por
antiguos que sean, nos indican la mayor parte de las especies actualmente vivas
ya provista de los instintos que les conocemos y cuyos principales caracteres,
segn los partidarios de la fijeza de las especies, son los siguientes:
El
instinto es innato, es decir, anterior a toda experiencia individual. Mientras
la inteligencia se desenvuelve lentamente y por una acumulacin de
experimentos, el instinto es perfecto de primera intencin.
El
pato empollado por una gallina va derecho al agua; la ardilla antes de saber lo
que es el invierno hace provisin de avellanas. El pjaro nacido en una jaula,
puesto en libertad, se construye un nido semejante al de sus padres, con los
mismos materiales y en la misma forma.
La
inteligencia tantea, ensaya, se equivoca, cae en el error y se corrige de l.
El instinto tiene una seguridad mecnica; funciona al modo de una mquina. De
aqu su carcter inconsciente, no conoce ni el objeto que pretende, ni los
medios que ha de emplear; no tiene que comparar, juzgar, ni escoger. Todo
parece como conducido por un pensamiento, sin que nada llegue al pensar.
El
instinto parece inmutable. No parece que, como la inteligencia, crezca y
disminuya, gane y pierda. No se perfecciona. Si no permanece absolutamente
invariable, no varia ms que dentro de limites reducidos, y se puede decir que,
en los instintos, la inmutabilidad es la regla y las variaciones son la
excepcin.
Tales
son los caracteres admitidos de ordinario; y aunque alguno de ellos no est al
abrigo de la critica, aunque alguno no sea absolutamente verdadero, son
suficientemente exactos para distinguir los instintos de los dems fenmenos
psicolgicos.
El instinto as entendido es transmisible? Est
sometido a la ley de la herencia? Evidentemente. La herencia de los instintos
est fuera de duda. El animal hereda disposiciones psquicas de sus autores del
mismo modo que la constitucin fisiolgica. El naturalista tiene en cuenta los
caracteres primeros, como los segundos. Le parece tan esencial que una abeja
extraiga el polen de las flores, construya celdas donde depositar su miel, como
el que tenga mandbulas, seis patas y cuatro alas. Una abeja obrera, que tenga
los instintos de la hormiga, le parecer tan extrao como el que tenga ocho
patas y litros. Hay en el animal dos funciones principales: una que conserva
al individuo, la nutricin; otra que conserva la especie, la generacin. Esta
transmite los instintos como las formas fsicas; la generacin es tan
espiritual como material. El castor transmite a sus pequeos los caracteres
anatmicos y fisiolgicos del mamfero roedor, sus instintos constructores y su
talento de arquitecto.
Nos
encontramos, pues, desde el principio una masa innumerable de hechos
psicolgicos, los actos instintivos rigurosamente sometidos a las leyes de la
transmisin hereditaria. Y es suficiente un poco de reflexin para ver cun
vasto es el dominio del instinto: los invertebrados parecen estar completamente
reducidos a esta forma de la actividad mental. En la rama de los vertebrados,
las clases inferiores, peces, batracios, reptiles, pjaros, no pueden, con la
mayor frecuencia, vivir, atacar, defenderse, conocer sus enemigos, ms que por
medio de sus instintos. En fin, en los mamferos y aun en el hombre, el
instinto disminuye gradualmente, pero no desaparece. Asi su dominio es tan
extenso como el de la vida animal y este dominio tan vasto est regido por las
leyes de la herencia.
Puesto
que es claro y admitido por todos que la herencia es regla invariable de la
transmisin de los instintos, es intil acumular aqu ejemplos que lo apoyen.
La tenacidad de los instintos es tan grande y su transmisin hereditaria tan
segura, que se la ve algunas veces sobrevivir, durante siglos, a las
condiciones de existencia a que estaban adaptados. Tenemos, dice Darwin[14],
razones para admitir una conservacin bastante duradera de hbitos primitivos
aun despus de una domesticacin prolongada. Asi, vemos, como rasgo original de
la vida del asno en el desierto, la gran repugnancia que siente al atravesar la
ms pequea corriente de agua y el placer con que se revuelca en el polvo. El
camello que est domesticado desde largo tiempo, siente la misma repugnancia a
atravesar un arroyo. Los cerdos jvenes, aunque bien domesticados, se tapan
cuando estn asustados y tratan de esconderse aun en una plaza desnuda y
descubierta. Los pavitos, y aun los pollos, cuando la madre da la seal de
peligro, se salvan y tratan de esconderse, como hacen las perdices jvenes y
los faisanes, para que la madre pueda echar a volar, cosa que, domesticada, no
puede hacer. El nade almizclado, en su pas, se cuelga y anida frecuentemente
en los rboles; y nuestros nades almizclados, en estado domstico, aunque muy
indolentes, aman de colgarse de los muros, hrreos... Sabemos que aunque
abundante y regularmente nutrido, el perro oculta, con frecuencia, lo mismo que
el zorro, la comida que le sobra; le vemos tambin sobre la alfombra dar
vueltas largo tiempo sobre s mismo como para pisar la hierba del sitio en que
se va a acostar... Encontramos, por ltimo, en el placer con que los carneros y
los cabritos se agrupan en montn y juegan sobre el pequeo pedazo de tierra
que encuentran a su alcance, los vestigios de sus antiguos hbitos alpinos.
Los
perros y los gatos domsticos, como sus semejantes en estado salvaje, escarban
para tapar sus inmundicias, aun all donde la falta de arena y polvo hacen esta
operacin intil. Pero esto es la supervivencia de un hbito
hereditario.
Varios
naturalistas han sealado, aun en el hombre, la persistencia de instintos en
estado rudimentario. Para expresar el desdn ensea los dientes caninos; para
expresar la clera, la dentadura completa, aunque el hombre civilizado no tenga
intencin, al mostrar sus armas, de espantar un enemigo[15].
La violenta espiracin que hacemos oir en un acto de furor no tiene razn de
ser, pero responde a lo que en caso semejante se produce en los animales
carniceros.
En
lugar de insistir intilmente sobre la herencia de los instintos naturales y
primitivos, parece ms curioso investigar si los instintos adquiridos son
transmisibles. Hemos dicho ms arriba, al exponer, siguiendo lo dicho por F.
Cuvier y Flourens, los caracteres generalmente atribuidos a los actos
instintivos, que ninguno es rigurosamente exacto. As, pues, el instinto no es
nunca invariable. El castor cambia, segn las circunstancias, el lugar y la
forma de su habitacin y de constructor se hace minero. La abeja puede
modificar el plan de sus construcciones y sustituir sus celdas exagonales por
cavidades pentagonales. En la isla de Gorea, las golondrinas permanecen en ella
todo el ao, porque el calor del clima les permite encontrar alimentos en todo
tiempo. En muchas especies, la manera de construir el nido puede variar segn
la naturaleza del suelo, la situacin y la temperatura del pas. Es cierto que
el instinto no es un instrumento tan flexible como la inteligencia; no puede,
como sta, adaptarse a todos los medios, plegarse a todas las circunstancias,
variar y modificar su accin de mil maneras: pero es modificable en ciertos
lmites cuando se somete a influjos poderosos y duraderos.
Dos
causas principales producen estas variaciones: el medio y la domesticacin. El
clima, el suelo, el alimento, los peligros habituales que rodean al animal, las
impresiones que recibe, modifican su organismo y, por consecuencia, sus
instintos. La accin del hombre es todava ms poderosa sobre l que la de la
naturaleza; por la educacin le acostumbra y le habita a sus necesidades o a sus
placeres. No tratamos, por otra parte, de investigar aqu cmo se producen
estos instintos adquiridos o modificados. La nica cuestin que tenemos que
examinar es sta: son hereditarios? La experiencia responde
afirmativamente; hechos numerosos demuestran que los instintos adquiridos se
conservan y transmiten por la herencia, como los instintos naturales. He aqu
algunos:
G.
Leroy dice que en los sitios en que se hace una guerra encarnizada a los
zorros, los zorros jvenes, antes de haber podido adquirir alguna experiencia,
se muestran, desde su primera salida de la madriguera, ms avisados, ms
astutos, ms recelosos que lo son los viejos en sitios en que no se ponen
cepos. Explicaba esto por la hiptesis de la existencia de un lenguaje en los
animales. F. Cuvier tiene razn al relacionar este hecho con la herencia de las
modificaciones adquiridas del instinto. No se puede dudar que el instinto de
miedo sea adquirido en muchos animales salvajes y transmitido a su
descendencia. Knight[16],
que se ha dedicado durante sesenta anos, a continuadas observaciones sobre este
orden de hechos, dice que en este intervalo las costumbres de la chocha han
sufrido grandes cambios en Inglaterra, y que el miedo al hombre durante este
periodo, ha llegado a ser mucho ms poderoso, por su transmisin a travs de
una serie de generaciones. El mismo autor ha encontrado cambios de costumbres
anlogos en las abejas. Darwin ha dicho que los animales que habitan islas
desiertas adquieren poco a poco miedo al hombre, a medida que experimentan
nuestros medios de destruccin. En Inglaterra, dice, los pjaros grandes son
ms montaraces que los pequeos, sin duda porque han sido en todas partes, y
siempre, mucho ms perseguidos por el hombre. La prueba de que esta diferencia
no obedece a otra causa es que, en las islas deshabitadas, los pjaros grandes
no son ms medrosos que los dems[17].
Cuando
el animal es educable, es decir, cuando sus instintos primitivos pueden ser
modificados, es necesario todava, por lo general, de tres a cuatro generaciones
para fijar los resultados de la educacin e impedir la reaparicin de los
instintos salvajes. Si se intenta que empollen las ocas domesticadas huevos de
patos salvajes, stos, apenas salidos del cascarn, obedecen al instinto de su
raza y echan a volar, y si se consigue retener algunos para la reproduccin, es
necesario esperar algunas generaciones antes de obtener patos domsticos. Las
yeguas libres o salvajes se prestan a observaciones del mismo gnero. No se
doman, sino con mucho trabajo, los productos de estas yeguas, y aun as,
despus de haber sido domados, son todava ms indciles que los caballos
nacidos en estado domstico.
No
sucede esto mismo con los mestizos de caballos salvajes y yeguas domsticas, o
con los renos domsticos y los renos salvajes, cuyos productos no guardan esta
indocilidad y no necesitan tres o cuatro generaciones para perder enteramente
las costumbres salvajes de su estado primitivo. Por el contrario, los potros
que provienen de padre o madre bien dirigidos, nacen con frecuencia con una
aptitud marcada para la equitacin; los picadores han llegado a proponer que no
se admita para la reproduccin ms que sujetos ya amaestrados en los circos.
El hombre, en su origen, no ha amaestrado a los animales actualmente domsticos sino a fuerza de trabajo, y sus esfuerzos habran sido infructuosos si la herencia no hubiera venido en su auxilio. Se puede decir que, cuando ha conseguido modificar a su gusto un animal salvaje, hay en la descendencia de este animal como una lucha silenciosa entre dos herencias: una que tiende a fijar las modificaciones adquiridas, otra que tiende a conservar los instintos primitivos. Con frecuencia sta vence, y slo despus de varias generaciones es cuando la educacin puede estar segura de su victoria. Pero lo que se debe sealar en ambos casos es que la herencia conserva siempre sus derechos.
En
los animales superiores, que tienen no solamente instinto, sino inteligencia,
es muy frecuente ver que las disposiciones mentales manifiestamente adquiridas,
se fijan por la memoria hasta el punto de confundirse con el instinto por sus
caracteres de ingenuidad y de automatismo. Se ve a perros jvenes quedar en
espera la primera vez que se les lanza, y mejor, muchas veces, que otros largo
tiempo ejercitados. El salvamento es hereditario en las razas adiestradas con
este objeto; como en los perros de pastor la costumbre de dar vueltas alrededor
del rebao y de correr tras l.
Knight
ha demostrado de una manera experimental que el proverbio bon chien chasse de
race es verdadero. Tom precauciones para que los perros jvenes, llevados por
primera vez a caza, no pudiesen en nada ser dirigidos por los mayores. Sin
embargo, desde el primer da he aqu lo que result. Uno de ellos permaneci
temblando de ansiedad, los ojos fijos, los msculos rgidos ante las perdices
que sus padres estaban adiestrados a detener. Un perdiguero, perteneciente a
una raza adiestrada para la caza de la chocha, supo muy bien, desde su primera
salida, conducirse del mismo modo que un perro viejo, evitando los terrenos
helados en que es intil buscar la caza, a causa de la ausencia de todo rastro.
Por ltimo, un perro ratonero, de raza adiestrada para la caza de garduas, se
enfureci la primera vez que se encontr prximo a uno de estos animales,
mientras que el perdiguero estaba perfectamente tranquilo[18].
La
primera vez que se lleva a un bosque de Amrica a los descendientes de perros
educados de larga fecha a la peligrosa caza del tejas, saben como su padre, y
sin instruccin alguna, la tctica que tienen que seguir. Adems, estos perros
son de origen extranjero, pero aclimatados desde largo tiempo en el valle de la
Magdalena. Los perros de otras razas que no saben nada, por vigorosos que sean,
son desde luego devorados. Los lebreles de Amrica, en lugar de coger los
ciervos saltndoles al cuello, los atacan por el vientre y los tumban del mismo
modo que sus antepasados haban sido adiestrados a hacerlo para la caza de las
Indias[19].
Asi,
pues, la herencia transmite las modificaciones adquiridas como los instintos
llamados naturales; siempre hay una diferencia importante que notar: la
herencia de los instintos no tiene excepcin; la de las modificaciones ofrece
muchas. No sucede esto ms que cuando las variaciones estn slidamente
establecidas, cuando habiendo llegado a ser orgnicas forman una segunda
naturaleza que ha suplantado la primera, y cuando han tomado, como el instinto,
un carcter mecnico: solamente entonces pueden ser transmitidas sin excepcin.
Estos hechos, a
los que se podran aadir otros[20],
prueban que, en pocas cuya fecha se puede indicar aproximadamente, ciertas
disposiciones psquicas han sido adquiridas por los animales. Estas
disposiciones, resultado de una variacin espontnea, o de un cambio de medio,
o de la experiencia del animal, o de la accin del hombre, han sido fijadas en
la raza y no se distinguen casi de los instintos. La antigedad entera no ha
admitido que es un instinto natural el que impulsa al perro a ladrar? Y en
nuestros das se cree en ello generalmente. Sin embargo, el ladrido y sus
variedades son resultado de la domesticacin; son hbitos hereditarios
adquiridos y transmitidos por una larga serie de generaciones anteriores que
han vivido al lado del hombre. El perro en estado salvaje no ladra: aulla y
hace madrigueras.
Desde
luego, se presenta una cuestin: si los instintos mucho tiempo considerados
como primitivos son adquiridos, a no dudarlo, por qu no ha de decirse lo
mismo de los restantes? Qu razones tenemos para creer que, con auxilio de las
circunstancias, no se forman todos a su tiempo y despus se fijan y establecen?
De este modo todos seran adquiridos y no habra entre ellos diferencias de
antigedad.
Este
problema no se ha propuesto hasta estos ltimos tiempos, lgicamente trado por
el gran debate sobre el origen y la variacin de las especies. Est claro que
sobre esta cuestin abierta, vivamente discutida entre los maestros, quiz
insoluble, no tenemos la pretensin de decidir nada. No se trata aqu de
exponer una hiptesis, sino que, estando fundada esta hiptesis en la herencia
y atribuyndole un papel de primer orden, no podemos pasarla en silencio.
Todos saben cmo
una teora esbozada en el siglo ltimo, renovada por Lamark, modificada por
Darwin y Wallace, se ha extendido rpidamente en nuestros das por todos los
pases civilizados. Admite que las especies son variables y estn formadas por
la acumulacin de pequeas diferencias que la herencia ha fijado. Los gneros y
las especies actualmente existentes, por numerosos que sean, han debido
derivarse de tres o cuatro tipos primitivos, quizs de uno solo. Para esto ha
bastado con algunas variaciones espontneas. Si stas han sido apropiadas a
condiciones nuevas de existencia, si han suministrado al individuo un arma ms
para la batalla de la vida, si la herencia las ha transmitido, se ha formado
una especie que, bajo la accin continua de las mismas causas, se ha alejado
ms y ms del tipo primordial. Las variaciones, la concurrencia vital y la
seleccin, el tiempo, la herencia: tales son los factores con cuya ayuda se
explican la evolucin de los seres, la formacin y la desaparicin de las
especies.
Esta
hiptesis ha arrojado nueva luz sobre los instintos. Siendo en el animal
correlativas la constitucin fsica y la constitucin mental, si en el origen
no han existido ms que organismos rudimentarios, no ha debido haber ms que
instintos muy toscos. Desde luego, el instinto, presentando como el organismo
variaciones espontneas, estando sometido como l a las leyes de la concurrencia
vital y de la herencia, se debe deducir que si estas causas explican la
formacin de las especies, explican tambin la de los instintos. Si una
modificacin fsica que adaptando el animal a un medio nuevo, produce una
desviacin que puede llegar a ser fija, porque constituye un progreso sobre los
estados anteriores, del mismo modo suceder esto en las modificaciones
mentales. Toda variacin del instinto que pone al animal en estado de
defenderse de nuevos enemigos, de apoderarse de alguna nueva presa, le hace
apto para sobrevivir en las condiciones ms complicadas.
Desde
el momento en que las especies han sido consideradas como fijas, la cuestin
del origen de los instintos no poda presentarse de la misma manera. La especie
pareca haber sido colocada en el mundo, despus de hecho, con sus caracteres
fsicos y morales. Para la escuela transformista, por el contrario, los
instintos actuales son muy complejos y estn formados por la acumulacin lenta
del tiempo y de la herencia. Se trat de someterlos a un procedimiento
minucioso de anlisis, de descomponerlo capa por capa, de determinar por la
comparacin, la induccin y la analoga, los que parecan de formacin ms
reciente, de descender desde aqu, paso a paso, hacia las capas ms y ms
antiguas, y procediendo siempre as, desde lo compuesto a lo simple, llegar a
algunas manifestaciones mentales muy humildes, que pudieran considerarse como
la fuente de donde todo ha salido.
As,
al principio, un mnimum de actividad psquica, que juega en la vida mental el
papel del protoplasma y de la clula en la vida fisiolgica; despus, acciones
y reacciones que, por una repeticin constante, se convierten en hbitos, y que
son fijados por la herencia; despus, variaciones, que se cambian tambin en
hbitos, y se fijan igualmente por la herencia; en una palabra, una suma de
hbitos hereditarios: tal es, segn la escuela transformista, la gnesis de
los instintos.
Darwin
ha desarrollado esta tesis con una ciencia y una habilidad consumadas. Se ha
consagrado con valenta a los instintos ms complicados, ms maravillosos, ms
inexplicables: a los de la hormiga y de la abeja, esforzndose en demostrar
cmo estos fenmenos tan singulares han podido originarse por la seleccin y la
herencia de algunos instintos muy sencillos.
Si
tomamos la abeja domstica tal y conforme existe ahora, sin compararla con
ningn otro animal; si suponemos que desde su origen ha construido sus celdas
como hoy, quedaremos confundidos de asombro y sin explicacin posible. Pero si,
recurriendo al principio de las transiciones graduales, tratamos de establecer
una serie de grados transitorios, la naturaleza misma nos revelar quizs su
mtodo de creacin. Comparemos, pues, la abeja, la melipona y el abejorro.
Los
abejorros no presentan ms que instintos bastante toscos. Ponen su miel en
capullos viejos, a los que aade algunas veces cortos tubos de cera. Otros
construyen celdas aisladas de una forma globulosa irregular.
Entre
las celdas perfectas de la abeja domstica y la burda sencillez de las celdas
del abejorro, se encuentran, como grado intermedio de perfeccin, las celdas de
la melipona domstica de Mjico. La melipona es a su vez intermediaria, por su
estructura, entre la abeja y el abejorro, pero ms prxima a ste. Construye un
panal casi regular, compuesto de celdas cilndricas, en las cuales salen del
huevo las larvas, y de algunas celdas grandes destinadas a recibir las
provisiones de miel. Estas ltimas son casi esfricas, y estn situadas a una
distancia bastante grande unas de otras. Ahora bien, el clculo muestra que si
la melipona construyese sus esferas a distancias iguales, y si las hiciese de
igual tamao, disponindolas simtricamente en dos filas, resultara una
estructura tan perfecta como la del panal de la abeja domstica. Podemos deducir
de aqu con toda seguridad, dice Darwin, que si los instintos actuales de la
melipona, que no tienen nada de extraordinario, fuesen susceptibles de algunas
ligeras modificaciones, este insecto podra llegar poco a poco a construir
celdas de una perfeccin tan maravillosa como las de nuestra abeja.
Como
la seleccin natural no obra ms que acumulando las ligeras variaciones de
organizacin o de instinto que pueden ser ventajosas para el individuo, podemos
preguntarnos: cmo son las variaciones sucesivas y graduales del instinto
constructor, ms bien que de cualquier otro, las que han formado poco a poco el
talento arquitectnico de la abeja domstica? Darwin responde: La abeja debe
consumir una gran cantidad de miel para segregar uua pequea cantidad de cera;
vive de su miel durante el invierno. Todo lo que produzca un ahorro de cera
producir un ahorro de miel, y por consecuencia ser til al porvenir de la
colmena. Establecido esto, si se supone que algunos moscones invernan, tendrn
necesidad de una gran cantidad de miel; por consiguiente, cualquier
modificacin de instinto que los condujera a construir sus celdas lo bastante
prximas unas de otras para que tuviesen un tabique medianero, les ahorrara un
poco de cera y seria por tanto ventajosa. Sera, pues, cada vez ms conveniente
para ellos el construir sus celdas cada vez ms regulares y cada vez ms
prximas, como las de la melipona. Por la misma razn sera siempre conveniente
para la melipona construir sus celdas todava ms prximas y regulares que hoy,
y aproximarse as poco a poco al panal perfecto de la abeja domstica. As se
puede explicar el ms maravilloso de todos los instintos conocidos, con ayuda
de modificaciones sucesivas, innumerables, pero ligeras, de instintos ms
imperfectos cuya seleccin natural hubiese aprovechado[21].
Darwin
ha intentado explicar igualmente los instintos esclavistas de ciertas hormigas.
Se sabe, por las observaciones de P. Huber, que las hormigas amazonas roban las
larvas de las hormigas negro-cenicientas y las convierten en sus esclavas.
Incapaces de otro trabajo que la guerra, son alimentadas, llevadas, cuidadas y
aun gobernadas por las negro-cenicientas. En Inglaterra las hormigas sanguneas
tienen tambin esclavas; las emplean en los trabajos del hormiguero, pero
tambin trabajan ellas. Segn Darwin, este instinto se explica as: en su
origen las hormigas habrn robado huevos extranjeros para alimentarse con
ellos, algunos habrn germinado, y las hormigas extranjeras habrn prestado
servicios en la comunidad como trabajadoras. De aqu el instinto de ir a
capturar huevos para tener esclavos. Ms tarde, los amos, despus de haber
dejado a sus esclavos una parte del trabajo, como las hormigas inglesas, han
llegado a deshabituarse de l completamente, como las hormigas suizas.
Despus
de la publicacin de la gran obra de Darwin, sus adversarios y sus crticos se
han dedicado a recoger con ardor los casos ms difciles. Tales son los
instintos de las odyneras y de las cerceris, avispas solitarias
que colocan cerca de su huevo insectos vivos, atacados de parlisis por la
inoculacin de una gotita de veneno en el ganglio torcico, lo que permite a la
larva recin salida del huevo alimentarse con una presa viva. Tales son tambin
los instintos de los xilocopas[22],
los de los talgalos, gallinceas australianas que no incuban, sino que varias
semanas antes de la postura amontonan metros cbicos de hierbas secas y restos
vegetales y depositan all sus huevos, que sufren una incubacin artificial,
gracias al calor desarrollado por la fermentacin: instinto que est bien fijo
en la raza y que no resulta de imitacin, pues han obrado igualmente, en la
edad adulta, individuos criados en Pars.
Los
transformistas, por su parte, han sostenido la lucha en todos los puntos, produciendo
hechos, oponiendo argumentos de todas clases, aproximando los instintos
complejos a otros ms sencillos y ms fcilmente explicables. La dificultad del
problema disminuira mucho si se pudiese establecer de una manera completa e
incontestable la filiacin de las especies animales, su rbol genealgico. Este
resultado no se ha conseguido todava. Aun cuando lo hubiese sido, todava
haba lugar a conjeturas en la determinacin de los instintos. Slo se puede
dar un bosquejo probable de su evolucin. Ser siempre imposible explicar los
instintos actuales en sus variedades y sus complicaciones infinitas. Los data
son inaccesibles, y aun suponiendo que se consiguiesen no se podran obtener de
una manera completa[23].
Qu
debemos pensar, pues, en definitiva de esta solucin sobre el origen de los
instintos? No tenemos que juzgarla aqu; esto caera fuera de nuestra
competencia. Tal cuestin est ligada con la del origen de las especies, y la
ciencia no la ha decidido todava. Lo conseguir? No se puede negar que cada
da el transformismo gana terreno. Si algn da se justificase completamente la
hiptesis de Darwin, ser preciso admitir entonces que todos los instintos son
adquiridos, que lo que es estable actualmente fue variable en su origen, que
toda estabilidad proviene de la herencia que conserva y acumula, y que, en la
formacin de los instintos, su papel es soberano.
En
resumen, en la hiptesis que considera a los instintos como fijos o como si no
variasen ms que dentro de estrechos limites, la herencia es simplemente conservadora.
En
la hiptesis transformista, la herencia es realmente creadora, pues sin
ella, seria imposible la formacin de los instintos propiamente dichos, aun
poco complicados, por no poderse transmitir ninguna modificacin adquirida.
[1] P. Lucas, Trait phylosophique et physiologique
de lhrdit naturelle, 2 vol. Pars, 1847-1850, t. I, p. 195.
[2] Lucas, op.
cit, t. I, p. 246.
[3] Benoiston de Chteauneuf, Mmoire sur la dure
des familles nobles en France, 1846.
[4] Lucas, I. p. 256 y siguientes.
[5] Galton, Hereditary
Genius, 1869, p.335.
[6] Ibid, pgs. 305 y 312.
[7] Philosophical Transactions, vol. XVII y vol. XLIX.
[8] Para otros
hechos de la misma naturaleza, vanse Darwin, De la variation des animaux ef
des plantes, t. II, cap. XII, y Haeckel, Historie de la cration
naturelle, p. 158.
[9] Para
el pormenor vase Archives de physiologie, 1871-1872.
[10]
Sobre este debate, desde el punto de vista fisiolgico, vase los Bulletins
de la Socit danthropologie, t. I, p. 339, y en particular p. 551 y
siguientes; t. II, De 1'hrdit des anomalies.
[11] Burdack, Physiologie,
t. II, p. 251. Vase tambin Darwin, op. cit, t. II, pgs. 12 y 60.
[12] H. Spencer, Principes de psychologie, t. I. p. 462 y siguientes. Sealaremos que el reflejo simple, tal como se
define en los tratados de psicologa es, hablando con propiedad, una concepcin
puramente esquemtica: no existen en realidad ms que las asociaciones ms o
menos complicadas de reflejos.
[13] Ya hemos demostrado en otra parte,
que la duracin de un estado es una condicin necesaria de la conciencia.
[14] Darwin, Variation, etc., I, 192.
[15] Schneider, Der
thierische Wille, 1880, V., pg. 411 y siguientes. Darwin, De lexpression
des motions, parsim.
[16] Knight, On the hereditary propensities of animals (Philos.
Trans., 1837, pg. 363).Diversos hechos recogidos por Weisseborn, prueban
que la prudencia llega a ser instintiva en las avutardas, cuando estos pjaros
habitan una comarca en que los cazadores son numerosos. (Milne Edwards, t. XIII, pg. 458.)
[17] Darwin, Origine des espces, cap. VIII.P. Lucas, II, 482.
[18] Knight, op. cit.
[19] Roulin, Annales des sciences naturelles, t.
XVI, 27.
[20] Darwin, La
descendance de l'homme, etc., t. I, pg. 43.
[21] Darwin, Origine des especes, cap. VII, par. 8.Segn O. Schmidt, Hermann Mller haba demostrado que
en los caracteres fsicos de las diferentes especies de avispas, abejas rapaces
y abejas que existen actualmente, se hallan todos los grados de transicin que
permiten representarse y reconstruir la evolucin de estos seres en el curso de
los siglos; que las mismas especies ofrecen en sus hbitos o instintos la misma
transicin, segn las circunstancias y los rganos, de lo simple a lo compuesto
y a lo artificial, y que, aun la ms alta complicacin de esta maravillosa
actividad, debe considerarse como el resultado de una evolucin, sin que haya
necesidad de hacer intervenir una solucin per saltum, (Les sciences
naturelles et la philos. de I'Inconsciente, traduccin francesa, pg. 47.)
[22] El
xilocopa es un abejorro de gran tamao que, en el momento de la puesta, ataca
encarnizadamente un pedazo de madera muerta y con sus mandbulas hace en l un
agujero que profundiza primero en direccin horizontal y despus descendiendo
oblicuamente, de manera que practique una larga galera cuya extremidad
inferior no est separada de la superficie de la madera ms que por una delgada
capa de tejido leoso. Una vez terminada esta operacin, el xilocopa recorre el
campo recogiendo el polen de las flores, que va a depositar en el fondo de su
galera para alimentar a la futura larva. Sobre este montn de polen pone un
huevo. Despus, con ayuda de su saliva y del serrn sacado del agujero, forma
una pasta destinada a cerrar completamente la cmara ocupada por el huevo y su
almacn de vveres. Hecho esto, nuevo trabajo de aprovisionamiento de polen,
postura de un segundo huevo, cierre de esta segunda cmara: lo mismo con un
tercer huevo. Despus, una vez cerrada la galera, la madre no se ocupa ya de
los huevos durante el poco tiempo que le queda de vida, pues muere casi en
seguida. Los huevos se abren; las larvas son vermiformes. Cuando han terminado
su desarrollo, la mayor, que ocupa el piso inferior, sale de su cmara
perforando la corteza, nunca el techo. Slo entonces el habitante de la celda
siguiente perfora su tabique para seguir el camino abierto por su hermano mayor
(Milne Edward, Leons sur la physiologie et lanatomie compare de lhomme
et des animaux, t. XIII, p. 467. En esta obra se encontrar un gran nmero
de hechos anlogos, pgs. 471, 528, 503, 533.
[23] Herbert Spencer, Principes de psychologie, t. I, prrafo 194-198.