La Herencia Psicolgica

Thodule Ribot

1928

 

INTRODUCCION

 

LA HERENCIA FISIOLGICA

 

La herencia es la ley biolgica en virtud de la cual todos los seres dotados de vida tienden a repetirse en sus descendientes; es para la especie, lo que la identidad personal es para el individuo. Por ella, en medio de las incesantes variaciones, hay un fondo que persiste; por ella la naturaleza se copia y se imita constantemente. Considerada bajo su forma ideal, la herencia seria la reproduccin pura y simple de lo semejante por lo semejante. Pero esta concepcin es puramente terica, porque los fenmenos de la vida no obedecen a esta regularidad matemtica, complicndose sus condiciones de existencia ms y ms a medida que nos elevamos del vegetal a los animales superiores y de stos al hombre.

El hombre puede ser considerado en su organismo o en su dinamismo, en las funciones que constituyen su vida fsica o en las operaciones que constituyen su vida mental. Ambas formas de la vida estn sometidas a la ley de 'la herencia'? Lo estn totalmente o parcialmente, y, en este ltimo caso, hasta qu punto?

El lado fisiolgico de esta cuestin ha sido muy bien estudiado; el psicolgico lo ha sido mucho menos. ste es el que nos proponemos estudiar aqu. Pero la transmisin hereditaria de las facultades mentales, considerada en sus fenmenos, en sus leyes, en sus consecuencias y sus causas, est tan ntimamente ligada a la herencia fisiolgica, que es necesario hablar de sta, ante todo. Lo haremos muy brevemente, remitindonos en los pormenores a los tratados especiales. Nos bastar mostrar, con algunos hechos bien claros y bien seguros, que la herencia se extiende a todos los elementos y a todas las porciones del organismo a su estructura externa e interna, a sus enfermedades, a sus caracteres particulares, a sus modificaciones adquiridas.

Lo que se muestra desde luego, aun a las miradas menos atentas, es la herencia de la estructura externa. Este hecho es de observacin vulgar; nada ms comn que oir decir que un nio es el retrato de su padre, de su madre, de sus abuelos. El influjo hereditario puede acusarse en los miembros, el tronco, la cabeza, las uas mismas o el pelo, pero sobre todo en la cara, la expresin o los rasgos de la fisonoma. Los antiguos haban hecho ya esta observacin: de aqu entre los romanos, los Nasones, los Labeonos, los Bucones, los Capitones y otros nombres sacados de un signo hereditario[1]. No es preciso recordar la nariz de los Borbones y el labio de los Habsburgos. Las semejanzas hereditarias pueden descubrir, al primer golpe de vista, el origen de las personas, y han dado lugar algunas veces a los encuentros ms imprevistos y novelescos. Pueden sufrir en el curso de la vida metamorfosis que hacen que el nio se asemeje sucesivamente al padre y a la madre; insistiremos sobre este punto al tratar de la herencia en las pocas correspondientes.

Muchos individuos de alta o de pequea estatura engendran individuos semejantes. Este hecho, consagrado por una larga experiencia, ha sido aprovechado desde hace mucho tiempo por los ganaderos para crear ciertas razas. Este sistema de seleccin, reflexiva y consciente se ha aplicado tambin a la humanidad. El padre de Federico II, Federico Guillermo I, cuya pasin por los colosos era bien conocida, operaba, con respecto al regimiento de gigantes que haba formado, como los ganaderos con sus animales. No toleraba el matrimonio de sus guardias ms que con mujeres de gran estatura.

La herencia existe tambin en todo lo que toca al color de la piel, la forma y el volumen del cuerpo. As, la obesidad es hasta tal punto resultado de una predisposicin del organismo, que con frecuencia se produce a pesar de las privaciones, de la fatiga y de la miseria.

La herencia acta sobre la conformacin interna como sobre la estructura externa. Nada ms positivo que la herencia de la forma, del volumen y de las anomalas del sistema seo; la de las proporciones, en todos sentidos, del crneo, del trax, de la pelvis, de la columna vertebral y de los menores huesos del esqueleto es de observacin diaria y vulgar. Se ha comprobado hasta la del nmero, en ms o en menos, de las vrtebras y de los dientes (Lucas). El sistema circulatorio, el sistema digestivo, el sistema muscular siguen las leyes de transmisin de los dems sistemas internos del organismo. Existen familias en que el corazn y el calibre de los principales vasos son naturalmente muy considerables, otras en las que son relativamente pequeos, otras en que presentan los mismos vicios de conformacin. En fin, y esto nos toca ms de cerca, la herencia rige las proporciones del sistema nervioso. Se manifiesta en las dimensiones generales del cerebro, su principal rgano; es tambin con frecuencia sensible en el volumen y hasta en la forma de las circunvoluciones. Gall lo haba observado y explicaba por este hecho la transmisin de las facultades mentales. Ms adelante tendremos muchas ocasiones de volver sobre este punto para no insistir ms ahora.

La herencia de los elementos internos se realiza para los lquidos del organismo como para las partes slidas: la sangre es ms abundante en ciertas familias y esta superabundancia transmite o puede transmitir, a los diversos miembros, una predisposicin a las apoplejas, a las hemorragias, a las inflamaciones. Se citan algunas familias en que una ligera picadura causaba una hemorragia que nada poda contener.

Y no es slo, como poda creerse, la estructura externa o interna la que es transmisible; caracteres completamente particulares del modo de existencia pasan de padres a hijos. La herencia rige los caracteres subordinados como los caracteres dominantes. As la fecundidad, la duracin de la vida, esas maneras de ser completamente personales, que los mdicos llaman idiosincrasias, se transmiten por la va seminal. Algunos hechos van a demostrarlo.

No se puede dudar del influjo de la herencia sobre el poder de reproduccin. Hay familias notables por su fecundidad y esta fecundidad se propaga, sea por el padre, sea por la madre.

Una madre tiene 24 hijos, de ellos cinco hijas, que entre las cinco dieron a luz 46 nios; una nieta, joven an, llevaba ya 16 partos (Girou). Los hijos, hijas y nietos de un padre y de una madre de 19 hijos, participaron casi todos, dice Lucas, de esta potencia prolifica [2].

En la vieja nobleza francesa, muchas familias han gozado de un gran vigor de propagacin. Anne de Montmorency, con ms de 75 anos, pudo todava, en la batalla de Saint-Denis, romper con su espada los dientes del soldado escocs que le asest el lbimo golpe; era padre de 12 hijos. Tres de sus abuelos, Mateo I, Mateo II y Mateo III, tuvieron entre los tres 18, de los cuales 15 fueron varones. El hijo y el nieto del Gran Conde contaron entre los dos 19, y su bisabuelo, muerto en Jarnac, 10.Los cuatro primeros Guisas tuvieron 43 hijos, de los cuales 30 varones. Aquiles de Harlay, padre del primer presidente, tuvo 9 hijos, su padre 10, su bisabuelo 18. En ciertas familias, esta fecundidad ha durado durante cinco o seis generaciones[3].

Est generalmente reconocido que la longevidad depende mucho menos de la raza, del clima, de la profesin, del gnero de vida y de la alimentacin, que de la transmisin hereditaria. Si se consultan los tratados especiales que se han escrito sobre este punto, se ver que los centenarios se encuentran tanto en la raza negra como en la blanca, en Rusia y en Escocia como en Italia y en Espaa, entre los que cuidan mucho su salud como entre los que llevan una vida dura.

Hechos anlogos se encuentran entre los prisioneros y aun entre los forzados. La vida media depende evidentemente del lugar, de la higiene, de la civilizacin; pero la longevidad individual est completamente desligada de stas condiciones. Todo demuestra que una vida larga depende de una potencia interna de la vitalidad, puesto que esos individuos privilegiados la traen al nacer. Est tan profundamente impresa en su naturaleza, que se revela en todos los atributos de la organizacin [4]. Esta forma de la herencia ha sido observada desde hace mucho tiempo en Inglaterra, donde las Compaas de seguros sobre la vida, investigan, por medio de sus agentes, los datos sobre la longevidad de los ascendientes de la persona que desea el seguro.

Hay, en cambio, muchas familias, en que los cabellos blanquean desde la primera juventud, casi desde la infancia, y en que la energa de las facultades fsicas e intelectuales se amortigua muy temprano. Es tan frecuente la muerte precoz, que slo un reducido nmero de sus individuos puede sustraerse a fuerza de precauciones. En la familia de Turgot apenas se pasaba de la edad de 59 aos; y el hombre que la ha hecho clebre, viendo acercarse esta poca fatal, a pesar de la apariencia de una buena salud y de un gran vigor de temperamento, hizo observar un da que haba llegado el momento de poner orden en sus asuntos y de acabar un trabajo que haba comenzado, porque en su familia, se mora a esa edad. Muri, en efecto, a los 53 aos.

La inmunidad de que gozan ciertas familias para las enfermedades contagiosas, y en particular para la viruela, est bien comprobada.

La herencia puede transmitir la fuerza muscular y las diversas formas de la actividad motora. Haba en la antigedad familias de atletas. La lista de los vencedores en los juegos olmpicos, hace notar Galton, era cuidadosamente llevada en Elea. Si se hubiera conservado nos ofrecera curiosos documentos para la herencia. Notar al menos este hecho: una mujer, arriesgando su vida, asisti a los juegos; fue absuelta porque se encontr que su padre, su hermano y su hijo haban sido vencedores[5]. Los ingleses tienen familias de pugilistas. Las investigaciones de Galton sobre los luchadores y sobre los remeros, demuestran que los vencedores pertenecen en general a un corto nmero de familias que tienen una fuerza y una agilidad hereditarias[6]. En cuanto a la actividad motora, importante sobre todo en los caballos, la experiencia ha demostrado hace mucho tiempo a los carreristas que la rapidez en la carrera, como los vicios del movimiento, o los tics, se transmiten. En la especie humana, hay familias cuyos miembros tienen casi todos una habilidad y una gracia exquisita en sus movimientos. La herencia ha transmitido con frecuencia el talento de la danza; se encuentra un ejemplo de ello en la familia de los Vestris.

Lo mismo pasa con la voz. Cada animal tiene la voz propia de su especie; pero los caracteres individuales mismos se transmiten; asi la tartamudez, el gangueo y el tartajeo. Las familias de cantantes son numerosas y hay otras rebeldes a la meloda.

La herencia de las anomalas de la organizacin est bien comprobada. Una de las ms extraas y ms conocidas es la de Edward Lambert, cuyo cuerpo, excepto la cara, la palma de las manos y la planta de los pies, estaba revestido de una especie de caparazn de excrescencias crneas, que sonaban unas contra otras.

Tuvo seis hijos, y todos, al cumplir las seis semanas, presentaron la misma singularidad. El nico que sobrevivi la transmiti, como su padre, a todos sus hijos, y esta transmisin, que iba de varn a varn, continu asi durante cinco generaciones[7].El albinismo, el raquitismo, ciertas cojeras, la ectrodactilia y la polidactilia, el labio leporino, en suma, todas las desviaciones del tipo que resultan, sea de un exceso, sea de una detencin de desarrollo orgnico, son transmisibles por la via seminal, y tales hechos son interesantsimos en cuanto demuestran que el tipo individual est sometido a la ley de herencia lo mismo que el tipo especifico.

Anomalas adquiridas durante la vida por accidente pueden transmitirse. Un hombre herido en la mano derecha, despus de su curacin qued con un dedo deformado: tuvo varios hijos con ese dedo torcido[8].Las deformaciones artificiales son transmisibles; tres pueblos del Per, los Aymars, los Huancas y los Chinchas, tenan cada uno su modo particular de deformar la cabeza de los nios, y esta deformacin se conservaba despus. Los esquimales, dice M. de Quatrefages, cortan la cola a los perros que enganchan a los trineos; los cachorros de estos perros nacen con frecuencia sin cola.

Los experimentos bien conocidos de Brown-Squard han demostrado que un desorden funcional, como la epilepsia, producido artificialmente, puede transmitirse.

Operaba sobre conejos de Indias sanos y practicaba en ellos ciertas lesiones nerviosas (semiseccin de la medula) que dan por resultado accesos epilpticos. El animal curaba; pero los hijos que engendraba durante su periodo morboso eran epilpticos[9].

Pero puede deducirse de aqu que las desviaciones del tipo especfico, que las anomalas de toda especie, estrabismo, miopa, atrofia o hipertrofia de los miembros, quedan fijas para siempre? O bien, no tienen una herencia restringida y temporal? La cuestin es muy debatida[10]; porque estos desrdenes individuales unas veces se transmiten y otras no. La experiencia parece demostrar, sin embargo, que hay una tendencia hacia la vuelta al tipo primitivo.

As, en la familia Colburn, que ha presentado uno de los casos ms curiosos de sexdigitismo (los miembros de esta familia tenan un dedo supernumerario); esta anomala dur cuatro generaciones; pero, dice Burdack, la anomala fue decreciendo constantemente. En la generacin primera estaba en relacin de 35 a 1; en la segunda, de 14 a 1; en la tercera, de 3 1/4 a 1. La vuelta al tipo normal operaba, pues, rpidamente[11].

La transmisin seminal de las modificaciones adquiridas est muy restringida algunas veces, aun cuando se encuentre en ambos genitores. Un sordomudo casado con una sordomuda tienen hijos que pueden oir y hablar. La necesidad de la circuncisin entre los judos, demuestra que una modificacin adquirida y repetida frecuentemente puede no ser hereditaria. Las desviaciones del tipo, despus de haber durado algunas generaciones, vuelven al estado normal, de suerte que muchos naturalistas afirman que la regla es que los accidentes no se perpetan.

Estamos, pues, bien lejos de la ley as formulada por Lamarck: todo cuanto la naturaleza ha hecho adquirir o perder a los individuos por influjo de las circunstancias a que su raza se encuentra durante mucho tiempo expuesta, sta lo conserva por la generacin en los nuevos individuos que de ella provienen, con tal de que los cambios adquiridos sean comunes a ambos sexos o a los que han producido nuevos individuos.

Sin embargo, estas dos opiniones opuestas, cada una de las cuales tiene hechos que alegar en su favor, son conciliables, si se observa que hay modificaciones que, por su naturaleza misma, estn en lucha con su medio, y cuyas condiciones de existencia se hacen por tanto ms y ms difciles; mientras que hay otras que, acomodndose bien, pueden fijarse por una seleccin, sea natural, sea artificial (como en el arte de la cria de ciertos animales); y que as todo concurre a borrar las primeras y a perpetuar las segundas. Indico de pasada esta dificultad: volveremos a encontrarla a propsito de la herencia psicolgica y la trataremos ms ampliamente.

Nos falta hablar de una ltima forma de la herencia, la de las enfermedades. La observacin parece tan antigua como el origen de la medicina; es de todas las pocas, de todos los lugares, de todos los pueblos. Los mdicos griegos distinguan ya las enfermedades hereditarias (nosit xlhroymixat). En los tiempos modernos, sin embargo, la herencia morbosa ha suscitado discusiones de toda especie entre los mdicos. Sera ajeno a nuestro asunto y a nuestra competencia hablar aqu de ellas. Limitmonos a hacer notar que la cuestin parece hoy absolutamente juzgada, en cuanto al fondo, por el hecho de que los adversarios ms declarados de la herencia morbosa admiten, si no la herencia de la enfermedad misma, al menos la de una predisposicin para contraera. Se encontrarn, en la obra de Lucas sobre la herencia y en todos los libros de medicina, hechos bastante numerosos y bastante claros para permitir conclusiones.

Esta rpida exposicin fisiolgica basta para demostrar que la ley de la herencia rige todas las formas de la actividad vital, lo que, por lo dems, est generalmente conocido y admitido. Sucede lo mismo en el orden psicolgico? Esto es lo que ahora nos toca examinar, comenzando por el estudio de los hechos.

 

 

PARTE PRIMERA

 

Los hechos

 

Qu monstruo es el que, en esta gota de semilla, de que todos somos producto, lleva en s las impresiones, no de la forma corporal solamente, sino de los pensamientos e inclinaciones de nuestros padres? (MONTAIGNE.)

 

 

CAPTULO PRIMERO

 

LA HERENCIA DE LOS INSTINTOS

 

Cuando se habla de instintos, la primera dificultad es la de entenderse; porque, sin querer dar aqu, lo cual sera largo, una enumeracin completa de los diversos sentidos de tal palabra en el lenguaje usual, se encuentran tres por lo menos entre los naturalistas y filsofos, que estn, sin embargo, ms obligados a la precisin que el vulgo. O bien se entiende por instinto la accin automtica, casi mecnica, probablemente inconsciente, de los animales para alcanzar un fin, determinado por su organizacin y sus caracteres especficos. O bien instinto es sinnimo de deseo, inclinacin, tendencia; as se habla de buenos y malos instintos, del instinto del robo o del asesinato, etc. O bien, en fin, se comprenden bajo el nombre de instinto todos los fenmenos psquicos que se producen en el animal, todas las formas de actividad mental inferiores a la del hombre. Este ltimo sentido de la palabra es debido evidentemente al deseo de no conceder inteligencia a las bestias y se ha venido as a confundir, contra toda razn, con los impulsos ciegos e inconscientes, los actos conscientes, resultado para cada animal de su experiencia individual y, por consecuencia, anlogos a los que llamamos inteligentes, tratndose de nosotros mismos.

Aunque, en mi opinin, el instinto y la inteligencia son una sola y misma cosa y no hay entre ambos trminos ms que una diferencia de grado y no de naturaleza, no tomar aqu la palabra instinto ms que en su primer sentido, el nico que me parece exacto y conforme a su etimologa. Necesitaramos, para mayor precisin, comenzar por establecer una buena definicin. Desgraciadamente todava no se ha encontrado. Se puede, sin embargo, definir con Hartmann un acto conforme a un fin, pero sin conciencia del fin; o bien contentarse diciendo con Darwin que un acto, que no podramos realizar sino con ayuda de la reflexin y del hbito, cuando es realizado por un animal, sobre todo muy joven y sin ninguna experiencia o cuando se realiza de la misma manera por muchos individuos, sin que parezcan darse cuenta del fin, es, en general, considerado como instintivo.

No tenemos que examinar aqu la larga y difcil cuestin de los instintos. Algunas palabras, sin embargo, son necesarias para entenderse sobre este asunto y para demostrar ms tarde en qu medida la herencia contribuye a su formacin.

El instinto es para nosotros una accin refleja compuesta. Mientras que en el reflejo simple una sola impresin es seguida de una sola contraccin; mientras que en las formas ms desenvueltas de la accin refleja una simple impresin va seguida de una combinacin de contracciones, en las que distinguimos bajo el nombre de instinto, una combinacin de impresiones va seguida de una combinacin de contracciones.[12].

El punto embarazoso consiste en que no es en absoluto posible dejar de conceder a estos reflejos compuestos ciertos caracteres que los aproximan a los fenmenos puramente psquicos. La perfecta aprobacin de los medios que el animal emplea para conseguir un fin determinadoy, en ciertos casos, un fin lejano, del que no ha tenido ni tendr jams la percepcin actualnos parece como el resultado de una actividad mental. Los insectos que depositan cerca del huevo los alimentos de cierta naturaleza, propios para alimentar una larva que no nacer, sino despus de su muerte, nos parecen dotados de previsin. Con razn o sin ella, encontramos alguna analoga entre su conducta y la que nosotros tendramos en semejantes circunstancias, entre sus actos y entre ciertos otros que nosotros no podemos ejecutar sino conscientemente. As el instinto, nos parece, de una parte como el resultado de una actividad psquica, de otra como el resultado de un automatismo perfecto, de un puro mecanismo que excluye todo acto de conciencia.

Creo que esta dificultad se simplificara un poco si se consintiera en considerar los estados de conciencia por lo que son, por un simple acompaamiento de ciertos procesos nerviosos. Si se considera la conciencia como la esencia, como la propiedad fundamental del alma, todo se vuelve oscuro; si se la considera como un fenmeno que tiene condiciones de existencia propias, todo se aclara. El estado de conciencia no es en realidad ms que un acto complejo que supone un estado particular del sistema nervioso; esta accin nerviosa no es accesoria, sino parte integrante del hecho; es la base, la condicin fundamental; desde que se produce, el hecho existe en s mismo; desde que la conciencia se une, el hecho existe por s mismo: la conciencia le completa, le acaba, pero no le constituye.

Admitida esta hiptesis, averigemos cmo se puede concebir la naturaleza del instinto.

Primeramente hay un estado inicial que consiste en una percepcin visual, olfativa, auditiva, en una sensacin visceral u orgnica. Las sensaciones de este ltimo orden llegan a desempear el papel principal en los instintos relativos a la generacin, a la nidificacin, al cuidado de los pequeos: en los invertebrados, por lo que a esto se refiere, todo se reduce a conjeturas; pero las modificaciones psquicas que se producen en los vertebrados durante la estacin de los amores, permiten deducir modificaciones anlogas, al menos en los insectos. Este estado inicial debe ir acompaado de conciencia; no se concibe sin ella; es, en un sentido estricto, de naturaleza psquica.

Consideremos ahora los instintos en su ltimo trmino: en los actos, en los resultados a que tienden. Todava aqu es difcil no admitir un estado de conciencia, sobre todo en el caso en que la actividad del animal deba recorrer varias fases, cada una de las cuales no es una etapa respecto del resultado final.

Quedan los estados intermedios entre la sensacin inicial y el acto final; es decir, aquel mecanismo de una complejidad con frecuencia extraordinaria que constituye propiamente el instinto y que es de una naturaleza tan enigmtica. Yo me inclino a creer que lo ms frecuente en estos casos tpicos en que la organizacin es perfecta, es que no exista conciencia alguna. Esta afirmacin parecer menos sorprendente si se recuerda lo que se ha dicho antes: que nada es indispensable ms que los procesos nerviosos; que importa poco que la conciencia desaparezca si los procesos nerviosos, que son los equivalentes fisiolgicos de los estados de conciencia, subsisten; que hasta es conveniente que sta desaparezca, porque su ausencia hace el automatismo ms perfecto. Evidentemente, en su origen, todo instinto, simple o complejo, ha sido una forma cualquiera de la actividad psquica; pero que gracias a las repeticiones perpetuas del individuo y sus descendientes, se han establecido en el sistema nervioso del animal disposiciones permanentes, conexiones estables entre diversos elementos anatmicos: el instinto se ha comprobado, se ha organizado. A medida que los diversos estados fisiolgicos, desde un principio acompaados de conciencia, han llegado a ser ms rpidos[13], mejor coordinados, la conciencia se ha alejado de ellos de tal suerte que este mecanismo tan regular no representa hoy ms que la conciencia apagada.

Es necesario indicar que estas consideraciones son aplicables a todos los instintos, tanto a los ms sencillos como a los ms complejos? Estos, en efecto, no se deben tomar en conjunto. Es preciso no olvidar que estn formados por adiciones sucesivas, durante generaciones innumerables, por la coordinacin, fusin e integracin de los instintos simples, y que cada nueva adquisicin ha sido fijada por la misma transformacin de un proceso consciente en un proceso automtico.

Adems, si, como es lo ms frecuente, el instinto, fuera de sus dos puntos extremos, consiste en un proceso inconsciente, puramente fisiolgico, es verosmil que en ciertos casos vaya acompaado de algn grado de conciencia. Tales son los instintos ms complejos cuya coordinacin no es siempre perfecta. En general siempre que hay adaptacin de condiciones nuevas, duda, indecisin, perplejidad en el animal, es imposible que no se produzcan estados de conciencia. En el instinto sucede como con el hbito: ste atraviesa un periodo de conciencia antes de llegar al automatismo perfecto y pierde su perfeccin, a medida que la conciencia reaparece.

No hay, pues, razn para suponer, como Cuvier, que los animales tienen en su sensorium imgenes o sensaciones constantes que les determinan a obrar del mismo modo que las sensaciones ordinarias y accidentales lo hacen comnmente. En realidad, no hay innato ms que la relacin entre las modificaciones de la sensibilidad externa o interna y ciertos procesos organizados en el sistema nervioso del animal, y este innatismo resulta de una transmisin hereditaria.

En resumeny sin insistir en una cuestin que no hemos de tratar aqu, cada instinto complejo se convierte en una coordinacin de instintos simples, cada instinto simple se reduce a un hbito hereditario.

 

 

II

 

Aunque la divisin de los instintos en naturales y adquiridos no tiene razn alguna de ser, en ltimo anlisis, podemos adoptarla a ttulo provisional y para claridad de la exposicin.

Los instintos llamados primitivos son aquellos cuyo perodo de organizacin se remonta a los tiempos prehistricos. Los documentos escritos o figurados, por antiguos que sean, nos indican la mayor parte de las especies actualmente vivas ya provista de los instintos que les conocemos y cuyos principales caracteres, segn los partidarios de la fijeza de las especies, son los siguientes:

El instinto es innato, es decir, anterior a toda experiencia individual. Mientras la inteligencia se desenvuelve lentamente y por una acumulacin de experimentos, el instinto es perfecto de primera intencin.

El pato empollado por una gallina va derecho al agua; la ardilla antes de saber lo que es el invierno hace provisin de avellanas. El pjaro nacido en una jaula, puesto en libertad, se construye un nido semejante al de sus padres, con los mismos materiales y en la misma forma.

La inteligencia tantea, ensaya, se equivoca, cae en el error y se corrige de l. El instinto tiene una seguridad mecnica; funciona al modo de una mquina. De aqu su carcter inconsciente, no conoce ni el objeto que pretende, ni los medios que ha de emplear; no tiene que comparar, juzgar, ni escoger. Todo parece como conducido por un pensamiento, sin que nada llegue al pensar.

El instinto parece inmutable. No parece que, como la inteligencia, crezca y disminuya, gane y pierda. No se perfecciona. Si no permanece absolutamente invariable, no varia ms que dentro de limites reducidos, y se puede decir que, en los instintos, la inmutabilidad es la regla y las variaciones son la excepcin.

Tales son los caracteres admitidos de ordinario; y aunque alguno de ellos no est al abrigo de la critica, aunque alguno no sea absolutamente verdadero, son suficientemente exactos para distinguir los instintos de los dems fenmenos psicolgicos.

El instinto as entendido es transmisible? Est sometido a la ley de la herencia? Evidentemente. La herencia de los instintos est fuera de duda. El animal hereda disposiciones psquicas de sus autores del mismo modo que la constitucin fisiolgica. El naturalista tiene en cuenta los caracteres primeros, como los segundos. Le parece tan esencial que una abeja extraiga el polen de las flores, construya celdas donde depositar su miel, como el que tenga mandbulas, seis patas y cuatro alas. Una abeja obrera, que tenga los instintos de la hormiga, le parecer tan extrao como el que tenga ocho patas y litros. Hay en el animal dos funciones principales: una que conserva al individuo, la nutricin; otra que conserva la especie, la generacin. Esta transmite los instintos como las formas fsicas; la generacin es tan espiritual como material. El castor transmite a sus pequeos los caracteres anatmicos y fisiolgicos del mamfero roedor, sus instintos constructores y su talento de arquitecto.

Nos encontramos, pues, desde el principio una masa innumerable de hechos psicolgicos, los actos instintivos rigurosamente sometidos a las leyes de la transmisin hereditaria. Y es suficiente un poco de reflexin para ver cun vasto es el dominio del instinto: los invertebrados parecen estar completamente reducidos a esta forma de la actividad mental. En la rama de los vertebrados, las clases inferiores, peces, batracios, reptiles, pjaros, no pueden, con la mayor frecuencia, vivir, atacar, defenderse, conocer sus enemigos, ms que por medio de sus instintos. En fin, en los mamferos y aun en el hombre, el instinto disminuye gradualmente, pero no desaparece. Asi su dominio es tan extenso como el de la vida animal y este dominio tan vasto est regido por las leyes de la herencia.

Puesto que es claro y admitido por todos que la herencia es regla invariable de la transmisin de los instintos, es intil acumular aqu ejemplos que lo apoyen. La tenacidad de los instintos es tan grande y su transmisin hereditaria tan segura, que se la ve algunas veces sobrevivir, durante siglos, a las condiciones de existencia a que estaban adaptados. Tenemos, dice Darwin[14], razones para admitir una conservacin bastante duradera de hbitos primitivos aun despus de una domesticacin prolongada. Asi, vemos, como rasgo original de la vida del asno en el desierto, la gran repugnancia que siente al atravesar la ms pequea corriente de agua y el placer con que se revuelca en el polvo. El camello que est domesticado desde largo tiempo, siente la misma repugnancia a atravesar un arroyo. Los cerdos jvenes, aunque bien domesticados, se tapan cuando estn asustados y tratan de esconderse aun en una plaza desnuda y descubierta. Los pavitos, y aun los pollos, cuando la madre da la seal de peligro, se salvan y tratan de esconderse, como hacen las perdices jvenes y los faisanes, para que la madre pueda echar a volar, cosa que, domesticada, no puede hacer. El nade almizclado, en su pas, se cuelga y anida frecuentemente en los rboles; y nuestros nades almizclados, en estado domstico, aunque muy indolentes, aman de colgarse de los muros, hrreos... Sabemos que aunque abundante y regularmente nutrido, el perro oculta, con frecuencia, lo mismo que el zorro, la comida que le sobra; le vemos tambin sobre la alfombra dar vueltas largo tiempo sobre s mismo como para pisar la hierba del sitio en que se va a acostar... Encontramos, por ltimo, en el placer con que los carneros y los cabritos se agrupan en montn y juegan sobre el pequeo pedazo de tierra que encuentran a su alcance, los vestigios de sus antiguos hbitos alpinos.

Los perros y los gatos domsticos, como sus semejantes en estado salvaje, escarban para tapar sus inmundicias, aun all donde la falta de arena y polvo hacen esta operacin intil. Pero esto es la supervivencia de un hbito hereditario.

Varios naturalistas han sealado, aun en el hombre, la persistencia de instintos en estado rudimentario. Para expresar el desdn ensea los dientes caninos; para expresar la clera, la dentadura completa, aunque el hombre civilizado no tenga intencin, al mostrar sus armas, de espantar un enemigo[15]. La violenta espiracin que hacemos oir en un acto de furor no tiene razn de ser, pero responde a lo que en caso semejante se produce en los animales carniceros.

 

 

III

 

En lugar de insistir intilmente sobre la herencia de los instintos naturales y primitivos, parece ms curioso investigar si los instintos adquiridos son transmisibles. Hemos dicho ms arriba, al exponer, siguiendo lo dicho por F. Cuvier y Flourens, los caracteres generalmente atribuidos a los actos instintivos, que ninguno es rigurosamente exacto. As, pues, el instinto no es nunca invariable. El castor cambia, segn las circunstancias, el lugar y la forma de su habitacin y de constructor se hace minero. La abeja puede modificar el plan de sus construcciones y sustituir sus celdas exagonales por cavidades pentagonales. En la isla de Gorea, las golondrinas permanecen en ella todo el ao, porque el calor del clima les permite encontrar alimentos en todo tiempo. En muchas especies, la manera de construir el nido puede variar segn la naturaleza del suelo, la situacin y la temperatura del pas. Es cierto que el instinto no es un instrumento tan flexible como la inteligencia; no puede, como sta, adaptarse a todos los medios, plegarse a todas las circunstancias, variar y modificar su accin de mil maneras: pero es modificable en ciertos lmites cuando se somete a influjos poderosos y duraderos.

Dos causas principales producen estas variaciones: el medio y la domesticacin. El clima, el suelo, el alimento, los peligros habituales que rodean al animal, las impresiones que recibe, modifican su organismo y, por consecuencia, sus instintos. La accin del hombre es todava ms poderosa sobre l que la de la naturaleza; por la educacin le acostumbra y le habita a sus necesidades o a sus placeres. No tratamos, por otra parte, de investigar aqu cmo se producen estos instintos adquiridos o modificados. La nica cuestin que tenemos que examinar es sta: son hereditarios? La experiencia responde afirmativamente; hechos numerosos demuestran que los instintos adquiridos se conservan y transmiten por la herencia, como los instintos naturales. He aqu algunos:

G. Leroy dice que en los sitios en que se hace una guerra encarnizada a los zorros, los zorros jvenes, antes de haber podido adquirir alguna experiencia, se muestran, desde su primera salida de la madriguera, ms avisados, ms astutos, ms recelosos que lo son los viejos en sitios en que no se ponen cepos. Explicaba esto por la hiptesis de la existencia de un lenguaje en los animales. F. Cuvier tiene razn al relacionar este hecho con la herencia de las modificaciones adquiridas del instinto. No se puede dudar que el instinto de miedo sea adquirido en muchos animales salvajes y transmitido a su descendencia. Knight[16], que se ha dedicado durante sesenta anos, a continuadas observaciones sobre este orden de hechos, dice que en este intervalo las costumbres de la chocha han sufrido grandes cambios en Inglaterra, y que el miedo al hombre durante este periodo, ha llegado a ser mucho ms poderoso, por su transmisin a travs de una serie de generaciones. El mismo autor ha encontrado cambios de costumbres anlogos en las abejas. Darwin ha dicho que los animales que habitan islas desiertas adquieren poco a poco miedo al hombre, a medida que experimentan nuestros medios de destruccin. En Inglaterra, dice, los pjaros grandes son ms montaraces que los pequeos, sin duda porque han sido en todas partes, y siempre, mucho ms perseguidos por el hombre. La prueba de que esta diferencia no obedece a otra causa es que, en las islas deshabitadas, los pjaros grandes no son ms medrosos que los dems[17].

Cuando el animal es educable, es decir, cuando sus instintos primitivos pueden ser modificados, es necesario todava, por lo general, de tres a cuatro generaciones para fijar los resultados de la educacin e impedir la reaparicin de los instintos salvajes. Si se intenta que empollen las ocas domesticadas huevos de patos salvajes, stos, apenas salidos del cascarn, obedecen al instinto de su raza y echan a volar, y si se consigue retener algunos para la reproduccin, es necesario esperar algunas generaciones antes de obtener patos domsticos. Las yeguas libres o salvajes se prestan a observaciones del mismo gnero. No se doman, sino con mucho trabajo, los productos de estas yeguas, y aun as, despus de haber sido domados, son todava ms indciles que los caballos nacidos en estado domstico.

No sucede esto mismo con los mestizos de caballos salvajes y yeguas domsticas, o con los renos domsticos y los renos salvajes, cuyos productos no guardan esta indocilidad y no necesitan tres o cuatro generaciones para perder enteramente las costumbres salvajes de su estado primitivo. Por el contrario, los potros que provienen de padre o madre bien dirigidos, nacen con frecuencia con una aptitud marcada para la equitacin; los picadores han llegado a proponer que no se admita para la reproduccin ms que sujetos ya amaestrados en los circos.

El hombre, en su origen, no ha amaestrado a los animales actualmente domsticos sino a fuerza de trabajo, y sus esfuerzos habran sido infructuosos si la herencia no hubiera venido en su auxilio. Se puede decir que, cuando ha conseguido modificar a su gusto un animal salvaje, hay en la descendencia de este animal como una lucha silenciosa entre dos herencias: una que tiende a fijar las modificaciones adquiridas, otra que tiende a conservar los instintos primitivos. Con frecuencia sta vence, y slo despus de varias generaciones es cuando la educacin puede estar segura de su victoria. Pero lo que se debe sealar en ambos casos es que la herencia conserva siempre sus derechos.

En los animales superiores, que tienen no solamente instinto, sino inteligencia, es muy frecuente ver que las disposiciones mentales manifiestamente adquiridas, se fijan por la memoria hasta el punto de confundirse con el instinto por sus caracteres de ingenuidad y de automatismo. Se ve a perros jvenes quedar en espera la primera vez que se les lanza, y mejor, muchas veces, que otros largo tiempo ejercitados. El salvamento es hereditario en las razas adiestradas con este objeto; como en los perros de pastor la costumbre de dar vueltas alrededor del rebao y de correr tras l.

Knight ha demostrado de una manera experimental que el proverbio bon chien chasse de race es verdadero. Tom precauciones para que los perros jvenes, llevados por primera vez a caza, no pudiesen en nada ser dirigidos por los mayores. Sin embargo, desde el primer da he aqu lo que result. Uno de ellos permaneci temblando de ansiedad, los ojos fijos, los msculos rgidos ante las perdices que sus padres estaban adiestrados a detener. Un perdiguero, perteneciente a una raza adiestrada para la caza de la chocha, supo muy bien, desde su primera salida, conducirse del mismo modo que un perro viejo, evitando los terrenos helados en que es intil buscar la caza, a causa de la ausencia de todo rastro. Por ltimo, un perro ratonero, de raza adiestrada para la caza de garduas, se enfureci la primera vez que se encontr prximo a uno de estos animales, mientras que el perdiguero estaba perfectamente tranquilo[18].

La primera vez que se lleva a un bosque de Amrica a los descendientes de perros educados de larga fecha a la peligrosa caza del tejas, saben como su padre, y sin instruccin alguna, la tctica que tienen que seguir. Adems, estos perros son de origen extranjero, pero aclimatados desde largo tiempo en el valle de la Magdalena. Los perros de otras razas que no saben nada, por vigorosos que sean, son desde luego devorados. Los lebreles de Amrica, en lugar de coger los ciervos saltndoles al cuello, los atacan por el vientre y los tumban del mismo modo que sus antepasados haban sido adiestrados a hacerlo para la caza de las Indias[19].

Asi, pues, la herencia transmite las modificaciones adquiridas como los instintos llamados naturales; siempre hay una diferencia importante que notar: la herencia de los instintos no tiene excepcin; la de las modificaciones ofrece muchas. No sucede esto ms que cuando las variaciones estn slidamente establecidas, cuando habiendo llegado a ser orgnicas forman una segunda naturaleza que ha suplantado la primera, y cuando han tomado, como el instinto, un carcter mecnico: solamente entonces pueden ser transmitidas sin excepcin.

 

 

IV

 

Estos hechos, a los que se podran aadir otros[20], prueban que, en pocas cuya fecha se puede indicar aproximadamente, ciertas disposiciones psquicas han sido adquiridas por los animales. Estas disposiciones, resultado de una variacin espontnea, o de un cambio de medio, o de la experiencia del animal, o de la accin del hombre, han sido fijadas en la raza y no se distinguen casi de los instintos. La antigedad entera no ha admitido que es un instinto natural el que impulsa al perro a ladrar? Y en nuestros das se cree en ello generalmente. Sin embargo, el ladrido y sus variedades son resultado de la domesticacin; son hbitos hereditarios adquiridos y transmitidos por una larga serie de generaciones anteriores que han vivido al lado del hombre. El perro en estado salvaje no ladra: aulla y hace madrigueras.

Desde luego, se presenta una cuestin: si los instintos mucho tiempo considerados como primitivos son adquiridos, a no dudarlo, por qu no ha de decirse lo mismo de los restantes? Qu razones tenemos para creer que, con auxilio de las circunstancias, no se forman todos a su tiempo y despus se fijan y establecen? De este modo todos seran adquiridos y no habra entre ellos diferencias de antigedad.

Este problema no se ha propuesto hasta estos ltimos tiempos, lgicamente trado por el gran debate sobre el origen y la variacin de las especies. Est claro que sobre esta cuestin abierta, vivamente discutida entre los maestros, quiz insoluble, no tenemos la pretensin de decidir nada. No se trata aqu de exponer una hiptesis, sino que, estando fundada esta hiptesis en la herencia y atribuyndole un papel de primer orden, no podemos pasarla en silencio.

Todos saben cmo una teora esbozada en el siglo ltimo, renovada por Lamark, modificada por Darwin y Wallace, se ha extendido rpidamente en nuestros das por todos los pases civilizados. Admite que las especies son variables y estn formadas por la acumulacin de pequeas diferencias que la herencia ha fijado. Los gneros y las especies actualmente existentes, por numerosos que sean, han debido derivarse de tres o cuatro tipos primitivos, quizs de uno solo. Para esto ha bastado con algunas variaciones espontneas. Si stas han sido apropiadas a condiciones nuevas de existencia, si han suministrado al individuo un arma ms para la batalla de la vida, si la herencia las ha transmitido, se ha formado una especie que, bajo la accin continua de las mismas causas, se ha alejado ms y ms del tipo primordial. Las variaciones, la concurrencia vital y la seleccin, el tiempo, la herencia: tales son los factores con cuya ayuda se explican la evolucin de los seres, la formacin y la desaparicin de las especies.

Esta hiptesis ha arrojado nueva luz sobre los instintos. Siendo en el animal correlativas la constitucin fsica y la constitucin mental, si en el origen no han existido ms que organismos rudimentarios, no ha debido haber ms que instintos muy toscos. Desde luego, el instinto, presentando como el organismo variaciones espontneas, estando sometido como l a las leyes de la concurrencia vital y de la herencia, se debe deducir que si estas causas explican la formacin de las especies, explican tambin la de los instintos. Si una modificacin fsica que adaptando el animal a un medio nuevo, produce una desviacin que puede llegar a ser fija, porque constituye un progreso sobre los estados anteriores, del mismo modo suceder esto en las modificaciones mentales. Toda variacin del instinto que pone al animal en estado de defenderse de nuevos enemigos, de apoderarse de alguna nueva presa, le hace apto para sobrevivir en las condiciones ms complicadas.

Desde el momento en que las especies han sido consideradas como fijas, la cuestin del origen de los instintos no poda presentarse de la misma manera. La especie pareca haber sido colocada en el mundo, despus de hecho, con sus caracteres fsicos y morales. Para la escuela transformista, por el contrario, los instintos actuales son muy complejos y estn formados por la acumulacin lenta del tiempo y de la herencia. Se trat de someterlos a un procedimiento minucioso de anlisis, de descomponerlo capa por capa, de determinar por la comparacin, la induccin y la analoga, los que parecan de formacin ms reciente, de descender desde aqu, paso a paso, hacia las capas ms y ms antiguas, y procediendo siempre as, desde lo compuesto a lo simple, llegar a algunas manifestaciones mentales muy humildes, que pudieran considerarse como la fuente de donde todo ha salido.

As, al principio, un mnimum de actividad psquica, que juega en la vida mental el papel del protoplasma y de la clula en la vida fisiolgica; despus, acciones y reacciones que, por una repeticin constante, se convierten en hbitos, y que son fijados por la herencia; despus, variaciones, que se cambian tambin en hbitos, y se fijan igualmente por la herencia; en una palabra, una suma de hbitos hereditarios: tal es, segn la escuela transformista, la gnesis de los instintos.

Darwin ha desarrollado esta tesis con una ciencia y una habilidad consumadas. Se ha consagrado con valenta a los instintos ms complicados, ms maravillosos, ms inexplicables: a los de la hormiga y de la abeja, esforzndose en demostrar cmo estos fenmenos tan singulares han podido originarse por la seleccin y la herencia de algunos instintos muy sencillos.

Si tomamos la abeja domstica tal y conforme existe ahora, sin compararla con ningn otro animal; si suponemos que desde su origen ha construido sus celdas como hoy, quedaremos confundidos de asombro y sin explicacin posible. Pero si, recurriendo al principio de las transiciones graduales, tratamos de establecer una serie de grados transitorios, la naturaleza misma nos revelar quizs su mtodo de creacin. Comparemos, pues, la abeja, la melipona y el abejorro.

Los abejorros no presentan ms que instintos bastante toscos. Ponen su miel en capullos viejos, a los que aade algunas veces cortos tubos de cera. Otros construyen celdas aisladas de una forma globulosa irregular.

Entre las celdas perfectas de la abeja domstica y la burda sencillez de las celdas del abejorro, se encuentran, como grado intermedio de perfeccin, las celdas de la melipona domstica de Mjico. La melipona es a su vez intermediaria, por su estructura, entre la abeja y el abejorro, pero ms prxima a ste. Construye un panal casi regular, compuesto de celdas cilndricas, en las cuales salen del huevo las larvas, y de algunas celdas grandes destinadas a recibir las provisiones de miel. Estas ltimas son casi esfricas, y estn situadas a una distancia bastante grande unas de otras. Ahora bien, el clculo muestra que si la melipona construyese sus esferas a distancias iguales, y si las hiciese de igual tamao, disponindolas simtricamente en dos filas, resultara una estructura tan perfecta como la del panal de la abeja domstica. Podemos deducir de aqu con toda seguridad, dice Darwin, que si los instintos actuales de la melipona, que no tienen nada de extraordinario, fuesen susceptibles de algunas ligeras modificaciones, este insecto podra llegar poco a poco a construir celdas de una perfeccin tan maravillosa como las de nuestra abeja.

Como la seleccin natural no obra ms que acumulando las ligeras variaciones de organizacin o de instinto que pueden ser ventajosas para el individuo, podemos preguntarnos: cmo son las variaciones sucesivas y graduales del instinto constructor, ms bien que de cualquier otro, las que han formado poco a poco el talento arquitectnico de la abeja domstica? Darwin responde: La abeja debe consumir una gran cantidad de miel para segregar uua pequea cantidad de cera; vive de su miel durante el invierno. Todo lo que produzca un ahorro de cera producir un ahorro de miel, y por consecuencia ser til al porvenir de la colmena. Establecido esto, si se supone que algunos moscones invernan, tendrn necesidad de una gran cantidad de miel; por consiguiente, cualquier modificacin de instinto que los condujera a construir sus celdas lo bastante prximas unas de otras para que tuviesen un tabique medianero, les ahorrara un poco de cera y seria por tanto ventajosa. Sera, pues, cada vez ms conveniente para ellos el construir sus celdas cada vez ms regulares y cada vez ms prximas, como las de la melipona. Por la misma razn sera siempre conveniente para la melipona construir sus celdas todava ms prximas y regulares que hoy, y aproximarse as poco a poco al panal perfecto de la abeja domstica. As se puede explicar el ms maravilloso de todos los instintos conocidos, con ayuda de modificaciones sucesivas, innumerables, pero ligeras, de instintos ms imperfectos cuya seleccin natural hubiese aprovechado[21].

Darwin ha intentado explicar igualmente los instintos esclavistas de ciertas hormigas. Se sabe, por las observaciones de P. Huber, que las hormigas amazonas roban las larvas de las hormigas negro-cenicientas y las convierten en sus esclavas. Incapaces de otro trabajo que la guerra, son alimentadas, llevadas, cuidadas y aun gobernadas por las negro-cenicientas. En Inglaterra las hormigas sanguneas tienen tambin esclavas; las emplean en los trabajos del hormiguero, pero tambin trabajan ellas. Segn Darwin, este instinto se explica as: en su origen las hormigas habrn robado huevos extranjeros para alimentarse con ellos, algunos habrn germinado, y las hormigas extranjeras habrn prestado servicios en la comunidad como trabajadoras. De aqu el instinto de ir a capturar huevos para tener esclavos. Ms tarde, los amos, despus de haber dejado a sus esclavos una parte del trabajo, como las hormigas inglesas, han llegado a deshabituarse de l completamente, como las hormigas suizas.

Despus de la publicacin de la gran obra de Darwin, sus adversarios y sus crticos se han dedicado a recoger con ardor los casos ms difciles. Tales son los instintos de las odyneras y de las cerceris, avispas solitarias que colocan cerca de su huevo insectos vivos, atacados de parlisis por la inoculacin de una gotita de veneno en el ganglio torcico, lo que permite a la larva recin salida del huevo alimentarse con una presa viva. Tales son tambin los instintos de los xilocopas[22], los de los talgalos, gallinceas australianas que no incuban, sino que varias semanas antes de la postura amontonan metros cbicos de hierbas secas y restos vegetales y depositan all sus huevos, que sufren una incubacin artificial, gracias al calor desarrollado por la fermentacin: instinto que est bien fijo en la raza y que no resulta de imitacin, pues han obrado igualmente, en la edad adulta, individuos criados en Pars.

Los transformistas, por su parte, han sostenido la lucha en todos los puntos, produciendo hechos, oponiendo argumentos de todas clases, aproximando los instintos complejos a otros ms sencillos y ms fcilmente explicables. La dificultad del problema disminuira mucho si se pudiese establecer de una manera completa e incontestable la filiacin de las especies animales, su rbol genealgico. Este resultado no se ha conseguido todava. Aun cuando lo hubiese sido, todava haba lugar a conjeturas en la determinacin de los instintos. Slo se puede dar un bosquejo probable de su evolucin. Ser siempre imposible explicar los instintos actuales en sus variedades y sus complicaciones infinitas. Los data son inaccesibles, y aun suponiendo que se consiguiesen no se podran obtener de una manera completa[23].

Qu debemos pensar, pues, en definitiva de esta solucin sobre el origen de los instintos? No tenemos que juzgarla aqu; esto caera fuera de nuestra competencia. Tal cuestin est ligada con la del origen de las especies, y la ciencia no la ha decidido todava. Lo conseguir? No se puede negar que cada da el transformismo gana terreno. Si algn da se justificase completamente la hiptesis de Darwin, ser preciso admitir entonces que todos los instintos son adquiridos, que lo que es estable actualmente fue variable en su origen, que toda estabilidad proviene de la herencia que conserva y acumula, y que, en la formacin de los instintos, su papel es soberano.

En resumen, en la hiptesis que considera a los instintos como fijos o como si no variasen ms que dentro de estrechos limites, la herencia es simplemente conservadora.

En la hiptesis transformista, la herencia es realmente creadora, pues sin ella, seria imposible la formacin de los instintos propiamente dichos, aun poco complicados, por no poderse transmitir ninguna modificacin adquirida.

 

 



[1] P. Lucas, Trait phylosophique et physiologique de lhrdit naturelle, 2 vol. Pars, 1847-1850, t. I, p. 195.

[2] Lucas, op. cit, t. I, p. 246.

[3] Benoiston de Chteauneuf, Mmoire sur la dure des familles nobles en France, 1846.

[4] Lucas, I. p. 256 y siguientes.

[5] Galton, Hereditary Genius, 1869, p.335.

[6] Ibid, pgs. 305 y 312.

[7] Philosophical Transactions, vol. XVII y vol. XLIX.

[8] Para otros hechos de la misma naturaleza, vanse Darwin, De la variation des animaux ef des plantes, t. II, cap. XII, y Haeckel, Historie de la cration naturelle, p. 158.

[9] Para el pormenor vase Archives de physiologie, 1871-1872.

[10] Sobre este debate, desde el punto de vista fisiolgico, vase los Bulletins de la Socit danthropologie, t. I, p. 339, y en particular p. 551 y siguientes; t. II, De 1'hrdit des anomalies.

[11] Burdack, Physiologie, t. II, p. 251. Vase tambin Darwin, op. cit, t. II, pgs. 12 y 60.

[12] H. Spencer, Principes de psychologie, t. I. p. 462 y siguientes. Sealaremos que el reflejo simple, tal como se define en los tratados de psicologa es, hablando con propiedad, una concepcin puramente esquemtica: no existen en realidad ms que las asociaciones ms o menos complicadas de reflejos.

[13] Ya hemos demostrado en otra parte, que la duracin de un estado es una condicin necesaria de la conciencia.

[14] Darwin, Variation, etc., I, 192.

[15] Schneider, Der thierische Wille, 1880, V., pg. 411 y siguientes. Darwin, De lexpression des motions, parsim.

[16] Knight, On the hereditary propensities of animals (Philos. Trans., 1837, pg. 363).Diversos hechos recogidos por Weisseborn, prueban que la prudencia llega a ser instintiva en las avutardas, cuando estos pjaros habitan una comarca en que los cazadores son numerosos. (Milne Edwards, t. XIII, pg. 458.)

[17] Darwin, Origine des espces, cap. VIII.P. Lucas, II, 482.

[18] Knight, op. cit.

[19] Roulin, Annales des sciences naturelles, t. XVI, 27.

[20] Darwin, La descendance de l'homme, etc., t. I, pg. 43.

[21] Darwin, Origine des especes, cap. VII, par. 8.Segn O. Schmidt, Hermann Mller haba demostrado que en los caracteres fsicos de las diferentes especies de avispas, abejas rapaces y abejas que existen actualmente, se hallan todos los grados de transicin que permiten representarse y reconstruir la evolucin de estos seres en el curso de los siglos; que las mismas especies ofrecen en sus hbitos o instintos la misma transicin, segn las circunstancias y los rganos, de lo simple a lo compuesto y a lo artificial, y que, aun la ms alta complicacin de esta maravillosa actividad, debe considerarse como el resultado de una evolucin, sin que haya necesidad de hacer intervenir una solucin per saltum, (Les sciences naturelles et la philos. de I'Inconsciente, traduccin francesa, pg. 47.)

[22] El xilocopa es un abejorro de gran tamao que, en el momento de la puesta, ataca encarnizadamente un pedazo de madera muerta y con sus mandbulas hace en l un agujero que profundiza primero en direccin horizontal y despus descendiendo oblicuamente, de manera que practique una larga galera cuya extremidad inferior no est separada de la superficie de la madera ms que por una delgada capa de tejido leoso. Una vez terminada esta operacin, el xilocopa recorre el campo recogiendo el polen de las flores, que va a depositar en el fondo de su galera para alimentar a la futura larva. Sobre este montn de polen pone un huevo. Despus, con ayuda de su saliva y del serrn sacado del agujero, forma una pasta destinada a cerrar completamente la cmara ocupada por el huevo y su almacn de vveres. Hecho esto, nuevo trabajo de aprovisionamiento de polen, postura de un segundo huevo, cierre de esta segunda cmara: lo mismo con un tercer huevo. Despus, una vez cerrada la galera, la madre no se ocupa ya de los huevos durante el poco tiempo que le queda de vida, pues muere casi en seguida. Los huevos se abren; las larvas son vermiformes. Cuando han terminado su desarrollo, la mayor, que ocupa el piso inferior, sale de su cmara perforando la corteza, nunca el techo. Slo entonces el habitante de la celda siguiente perfora su tabique para seguir el camino abierto por su hermano mayor (Milne Edward, Leons sur la physiologie et lanatomie compare de lhomme et des animaux, t. XIII, p. 467. En esta obra se encontrar un gran nmero de hechos anlogos, pgs. 471, 528, 503, 533.

[23] Herbert Spencer, Principes de psychologie, t. I, prrafo 194-198.