Definir el papel de
la psiquiatra en el mundo actual es a la vez un desafo y una tarea
formidable. Al tratar de hacerlo, encontramos los obstculos que impone la
propia experiencia -tanto en la psiquiatra como en el mundo. Se trata entonces
del punto de vista personal sobre el papel que la psiquiatra podra o debera
cumplir. Dicha tarea se ve afectada no slo por las limitaciones de la
experiencia individual, sino que ser matizada por el propio optimismo o el
pesimismo, por la confianza o la falta de fe que uno tenga, tanto en la
psiquiatra como en el catico mundo actual.
Para alguien como yo, que tiene una
fe enorme en las contribuciones potenciales de la psiquiatra, el ttulo
escogido tiende a estimular fantasas expansionistas. Quizs deberamos limitar
nuestra discusin al mundo occidental e, incluso all, nuestro conocimiento
sobre la psiquiatra es ultramicroscpico. Son muy pocos, ciertamente, los que
poseen suficiente informacin si es que alguno de nosotros la tiene como
para plantear hiptesis sobre el papel de la psiquiatra en gran parte del
mundo. Debemos reconocer que existen inmensas reas geogrficas que contienen
millones de habitantes que nunca han odo hablar de la psiquiatra. Deberamos
ser humildes, considerando que entre los 400.000.000 de habitantes de China,
probablemente, no haya ni siquiera diez mdicos con alguna clase de
entrenamiento en nuestra especialidad. La proporcin para el continente africano,
probablemente, sea an menor. Pero en estos das de internacionalismo, en que
nuestro pas ha finalmente asumido ciertas responsabilidades sobre otras partes
del globo no deberamos los psiquiatras estar alertas a la tendencia
internacional?
Mi
concepcin del papel de la psiquiatra, incluso en nuestro mundo inmediato, el
continente norteamericano, implica un inmenso programa. El mero intento de
definirlo es inquietante debido a la responsabilidad que implica para cada uno
de nosotros. Mi impresin es que muchos psiquiatras podran verse alterados al
considerar nuestras responsabilidades potenciales sobre esas extensas reas que
nos son menos conocidas o familiares. Casi todos nosotros ya estamos agobiados
por una pesada carga. Cualquier carga adicional es una amenaza a nuestro
equilibrio personal, ms an si esa carga requiere cambios o innovaciones. Para
muchos de nosotros, es ms cmodo permanecer aislados en nuestros claustros o
en nuestras torres de marfil, donde podemos continuar tratando a una parte del
creciente nmero de pacientes que se nos acercan. Pero una comparacin del
papel actual con el papel potencial de la psiquiatra debiera impulsarnos a
reconsiderar nuestras prioridades para la inversin de nuestras muy limitadas
fuerzas humanas.
La psiquiatra
es una ciencia mdica, pero tambin es, por necesidad, una ciencia social. El
psiquiatra, ms que el profesional de cualquier otra disciplina mdica, debe
preocuparse por la situacin social de sus pacientes. En ninguna otra
especialidad existe la necesidad rutinaria de considerar los antecedentes
ambientales, la modificacin de ese medioambiente y de las relaciones
personales involucradas. El psiquiatra debe entonces, necesariamente,
interesarse en nuestras unidades sociales - la familia, la comunidad, el
estado. En la prctica cotidiana de la psiquiatra civil, el especialista
promedio raramente se orienta personalmente en esta direccin. Puede que haga
recomendaciones al paciente o a su familia para impulsar determinados cambios.
Ocasionalmente, con la ayuda de un trabajador social psiquitrico, quizs
instrumente cambios ambientales. Un pequeo nmero ha incursionado en los
campos sociales de la criminologa, la penologa y la industria. Por otra
parte, por necesidad y sin opcin, la psiquiatra en el ejrcito tuvo que
actuar, literalmente, en el campo, ms que limitarse al tratamiento en el
hospital o el consultorio. La situacin demand nuestros servicios en la
seleccin, la clasificacin y la asignacin de personas; requiri nuestra
preocupacin por la moral y la toma de medidas preventivas, as como tambin
exigi nuestro trabajo en instituciones correccionales y en criminologa, tanto
como en el tratamiento.
Como antecedente para definir el
papel actual de la psiquiatra, puede que sea til que nos confrontemos
francamente con nuestra posicin de 1941, cuando fuimos lanzados a la crisis
mundial. A pesar de las lecciones aprendidas en la Primera Guerra Mundial y el
gran incremento de conocimientos en los siguientes 25 aos, estbamos tan poco
preparados a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, como lo habamos estado en
1917. La psiquiatra se encontraba lejos de ser totalmente aceptada por las
autoridades militares e incluso por muchos de nuestros confrres* mdicos.
No slo carecamos de presencia, sino que tambin nos faltaban planes.
Sufrimos, junto con toda la medicina, el no tener voz en las altas esferas. No
tenamos la capacidad poltica necesaria para formular polticas mdicas. Hace
tres aos, Alan Gregg[1]
nos dijo amablemente, pero de manera desafiante, que carecamos de un frente
organizado y que nuestra desarticulacin era especialmente autodestructiva.
Para algunos de nosotros, estos hechos se volvieron dolorosamente claros
durante nuestra experiencia en la guerra.
An ms,
carecamos de un conocimiento verificado sobre mtodos de seleccin, de
asignacin, tratamientos y, por sobre todo, de prevencin. Muchos de nosotros
no conocamos siquiera las funciones o las contribuciones potenciales de
nuestros compaeros, los trabajadores sociales psiquitricos y los psiclogos
clnicos. Finalmente, la psiquiatra careca completamente de aceptacin y
comprensin por parte del pblico general. Durante gran parte de la guerra
luchamos en todos los frentes, contra la ignorancia, los prejuicios y las ideas
errneas.
Conseguimos
la atencin del comando militar, en parte- y quizs en gran parte- debido a las
excesivas prdidas que se produjeron en las fuerzas armadas a causa de
problemas de personalidad. Cerca de 2.000.000 de hombres fueron rechazados por
trastornos psiquitricos a nivel de la conscripcin y slo en el ejrcito ms
de 500.000 hombres fueron dados de baja por trastornos de personalidad. Junto
con las bajas de la marina, esta cifra asciende a un nmero considerablemente
mayor a 600.000 hombres. Fuimos convocados para explicar estas prdidas y para
tomar prontas medidas para reducirlas. Fue la necesidad, una vez ms, la que
nos oblig a ir mucho ms all del papel tradicional del psiquiatra de
diagnstico y tratamiento del individuo enfermo. Espero que hayamos aprendido
algunas valiosas lecciones. Para la mayora de los que tuvimos el privilegio de
la experiencia en servicio, nuestros horizontes, en cuanto a la responsabilidad
de la psiquiatra, se han expandido enormemente.
Resulta
difcil, sino imposible, clasificar la accin humana en la guerra en trminos
psiquitricos. Tal efusin patolgica de agresin y destructividad bien podra
ser vista como una psicosis. Han terminado las manifestaciones francas de la
matanza causada por esta clase de guerra, pero se necesitara el mximo
optimismo para considerar la presente situacin del mundo como una fase de
recuperacin. A nivel nacional e internacional nuestras relaciones estn
marcadas por la tensin, la desconfianza, las suspicacias y el egosmo. No
podemos desconocer el sufrimiento fsico y emocional que afecta a la mayora de
las personas en el mundo actual, an cuando ese sufrimiento ocurra a miles de
millas de nosotros. Los avances en la ciencia fsica - como el que representan
la bomba atmica o la televisin- han progresado mucho ms all que nuestros
avances en materia social, al punto que nuestra propia existencia est
peligrosamente amenazada. Hemos aprendido cmo eliminar espacio y aniquilar
vidas pero todava estamos muy retrasados en el aprendizaje de la vida en
comn.
Durante la guerra,
tuvimos frecuentes ocasiones de contrastar la labor del psiquiatra en la vida
civil con su labor en combate. En la vida civil, el psiquiatra procura
comprender y tratar reacciones anormales frente a situaciones normales. En la
vida militar, procura comprender y tratar reacciones normales frente a
situaciones anormales. Uno podra preguntar seriamente si la condicin de
nuestro mundo no coloca ahora a muchos de nosotros, constantemente, en
situaciones anormales frente a las cuales estamos respondiendo con reacciones
normales, an cuando stas son, de acuerdo a todos los criterios anteriores,
patolgicas. Frente a un mundo tan turbulento uno podra legtimamente
preguntarse qu es una reaccin normal?
Si se
acerca el microscopio al mundo cercano al hogar encontramos evidencias de
diferentes formas de inadaptacin humana. Empecemos por la familia. Es evidente
que grandes cambios estn teniendo lugar en su organizacin y en su estructura.
La tremenda cantidad de rechazos para el servicio militar y la gran cantidad de
bajas psiquitricas del ejrcito, nos hicieron sentir que algo deba estar
radicalmente mal en las experiencias tempranas y en el desarrollo de un gran
sector de la juventud norteamericana. El estado actual de la familia ha sido
descrito como en crisis, y a menos que la tendencia se revierta, se ha
pronosticado que la familia, tal como la conocemos, se desintegrar para el fin
de siglo. Como evidencia de esto, se presenta el hecho de que el 44 % de
nuestras familias no tiene hijos y un 22 % ms tiene slo un hijo.[2]
En 1945 se registr un divorcio por cada dos matrimonios en reas urbanas y un
divorcio por cada tres matrimonios en todo el pas. En cifras, el divorcio
aument de aproximadamente 250.000 casos en 1937 a ms de 500.000 casos en
1945.[3]
Antes de la guerra, aproximadamente once millones de mujeres trabajaban fuera
de sus hogares; dos millones y medio ms deseaban o necesitaban trabajar. En
marzo de 1944 haba ms de diecisis millones de mujeres trabajando fuera su
hogar, siete millones de las cuales estaban casadas.[4]
Habra total acuerdo
entre los psiquiatras en afirmar que el desarrollo saludable del nio depende
de que las tempranas experiencias familiares provean afecto, buenos ejemplos y
seguridad. Las cifras antes expuestas muestran que los hogares, cada vez ms,
no logran proveer tales condiciones. Estas cifras no incluyen la cantidad de
millones, an desconocida, de separaciones temporales y de ruptura de hogares
que la guerra produjo en Estados Unidos y en el mundo. La institucin familiar
debe ser tomada seriamente como objeto de estudio por parte de aquellos que se
dicen interesados en la salud mental.
Podemos
alejar nuestro microscopio de la familia hacia muchas otras reas de la
inadaptacin humana. Se estima que el costo del delito en Estados Unidos es de
entre diez y dieciocho billones de dlares al ao.[5]
Esto es seis veces ms de lo que gastamos en educacin pblica. Nuestros
superpoblados penales, reformatorios y crceles nos cuestan ms de $
100.000.000 por ao. La Federal Bureau of Investigation [FBI, Agencia Federal
de Investigaciones] inform [6]
que el ndice de crmenes en 1946 bati todos los records de la ltima dcada,
ms de un milln y medio fueron cometidos durante ese ao. Aproximadamente
120.000 menores pasaron por las cortes en 1945[7].
Que el comportamiento implicado en el crimen y la delincuencia es evidencia de
inadaptacin es otro punto sobre el que habra casi un total acuerdo entre los
psiquiatras.
Uno se ve forzado a
asumir que la mayora de nuestros ciudadanos, incluidos los psiquiatras,
desconocemos totalmente las atroces condiciones en las que se encuentran
nuestros penales, reformatorios y crceles. Esto sucede a pesar de que muchos
de nosotros pensamos que debera haber poca diferencia entre el hospital
psiquitrico y el reformatorio. Ambos deberan ser instituciones para el
examen, tratamiento -y en algunas instancias detencin permanente- de
individuos con ineptitudes comportamentales, trastornos de la personalidad,
inadaptacin social y mentes enfermas.
Adems de
la delincuencia y el crimen, hay todava otras evidencias de la inadaptacin de
las masas. Los usos y costumbres estn cambiando. No hay duda de que las
relaciones sexuales extra-maritales han aumentado significativamente. Sobre
este punto nos faltan estadsticas vitales pero sabemos que los casos de
enfermedades venreas, informados por primera vez en el sector continental de
los Estados Unidos, indicaron que el nmero de casos de gonorrea se duplic
entre 1941 y 1946 de 191.000 a 370.000.[8]
Alguien ha sido lo suficientemente valiente como para estimar que el
alcoholismo cuesta anualmente $750.000.000 y est en constante crecimiento[9].
Difcilmente podamos estar orgullosos en Estados Unidos del hecho de que el 4,5
% de todos los hombres examinados en la conscripcin eran deficientes mentales.
Cerca del 4% de nuestra poblacin en 1940 no estaba escolarizado y el 10 %
tena menos de 4 aos de escolarizacin.[10]
Muy al margen de estas
evidencias directas de inadaptacin, hay una lista igualmente larga de
situaciones, actitudes y prcticas que estn produciendo gran estrs e
infelicidad a millones de norteamericanos. En teora, los psiquiatras pueden
limitarse al diagnstico y tratamiento de pacientes en consultorios y
hospitales, aislados de la vida de la comunidad. Pueden -y algunos lo hacen-
ignorar los problemas sociales que llevan a los pacientes a consultarlos.
Algunos actan as porque ya estn sobrecargados con la cantidad de pacientes
que atienden. Otros lo hacen porque se sienten impotentes para realizar
cualquier cambio o no saben como abordar estos problemas de ms largo alcance.
Probablemente estos problemas se pueden resolver y, formando un frente unido,
la psiquiatra podra estudiar y ofrecer algunas soluciones
constructivas. stas podran no ser efectivas, podra suceder incluso que no
sean aceptadas. Sin embargo, algunos de nosotros sentiramos que por fin
habramos aceptado la responsabilidad de atacar activamente las llamadas
neurosis sociales que son una verdadera amenaza para nuestros pacientes,
nuestras familias y para nosotros mismos.
Actualmente,
en EEUU, el primer lugar entre todas las neurosis sociales lo ocupa el fenmeno
muy extendido de los prejuicios y la discriminacin hacia las personas por su
color o por su religin. El fanatismo y la intolerancia, la tesis de la
"supremaca blanca, los prejuicios antisemitas, las prcticas
discriminatorias y las actitudes hostiles entre catlicos y protestantes, estn
presentes en diversos grados en todos los sectores de EEUU. Los canadienses
estn bien al tanto del carcter potencialmente explosivo del problema
franco-canadiense. Como psiquiatras no slo somos conscientes de estos
prejuicios y resentimientos, en tantos los vemos en nuestros pacientes, sino
que tenemos adems la oportunidad de aprender mucho acerca de su dinmica y por
lo tanto de su significacin. Como grupo no podemos recomendar ningn paso
constructivo para la reduccin de este problema?
Indudablemente,
sabemos, como psiquiatras, del efecto que el desempleo causa sobre la salud
mental. Se estima con algn margen de variacin que del 60% al 80% de las
personas desempleadas manifiestan signos definitivos de enfermedad mental. En
la mayora de esos casos el padre aparece como un fracasado ante a los ojos de
su esposa, sus hijos, sus amigos, su comunidad e incluso ante s mismo. Ms
trgico es el efecto en los nios. El desempleo se vuelve entonces un problema
de la salud mental que afecta, siempre, a dos generaciones. Los psiquiatras han
prestado poca atencin a los problemas de desempleo, excepto en los casos
aislados de pacientes atendidos de forma gratuita. Nuestros trabajadores
sociales psiquitricos estn mucho ms familiarizados con los efectos de la enfermedad
mental en el grupo familiar No es sta otra rea en la deberamos poder
ofrecer consejos calificados, con la esperanza de que el Estado y la
autoridades federales podran llegar a prestarnos atencin?
Ninguno
de nosotros puede desconocer la infelicidad y afliccin causada por la falta de
viviendas que hace imposible tener un hogar o hallar una vivienda adecuada a
muchos veteranos y antiguos trabajadores de la poca de la guerra. En 1946
hemos construido 500.000 hogares pero necesitbamos 3.200.000.[11]
El desarreglo resultante, el hacinamiento y la friccin familiar unidos
comportan un enorme costo emocional.
La lista
podra continuar casi indefinidamente huelgas y sus concomitantes prdidas
econmicas tanto para las familias como para la comunidad; 350.000 personas que
cada ao resultan incapacitadas de forma permanente a causa de accidentes;[12]
nuestro sistema de chanchullos polticos y de mafias privadas, presentes en
tantos estados y comunidades. Last but not least, ninguna persona
razonable puede desconocer la ansiedad e inseguridad causadas por nuestras muy
endebles relaciones internacionales.
Uno
podra preguntarse qu tiene que ver todo esto con la psiquiatra? Como grupo
de cientficos expertos que se interesan y preocupan por la manera en que los
hombres piensan, sienten y se comportan, es lgico suponer que estas
enfermedades sociales deberan hallarse entre nuestras principales
preocupaciones.
Rodeados
como estamos por estas vastas evidencias de inadaptacin e infelicidad humanas,
debemos examinar el papel de la psiquiatra tal como se nos presenta en este
momento. Qu ha hecho? Qu est haciendo? Cul es su estatus en relacin con
el mundo? Nuevamente por necesidad debemos restringir nuestro examen a los
EEUU.
En la American Psychiatric Association
[Asociacin Psiquitrica Americana, APA] contamos con aproximadamente 4.000
miembros de los EEUU y Canad. Hay, quizs, mil mdicos ms formndose en este
campo. Algo ms del 60 % de este grupo est dedicando todos sus esfuerzos al
tratamiento de unos 625.000 pacientes en instituciones estatales y federales.
Estos mdicos son responsables por los pacientes del 38 % de todas las camas de
hospital en los Estados Unidos[13]
a un costo directo de aproximadamente $300.000.000 al ao. Sin embargo, se ha
estimado, con variaciones,[14]
que en este momento necesitamos entre 10.000 y 14.000 psiquiatras preparados.
El Dr. Paul Hawley[15]
seal que podra usar todos los psiquiatras de primera lnea disponibles hoy
en Estados Unidos para satisfacer las necesidades actuales de la Administracin
de Veteranos. El Dr. Daniel Blain[16]
ha indicado que cuenta en este momento con alrededor de 600 profesionales
trabajando en sus puestos, pero que necesita tres veces esa cantidad y que en
doce aos necesitar siete veces esa cantidad. Todos ellos sern requeridos
para el tratamiento directo de pacientes. Muy aproximadamente, tenemos
cubierta, actualmente, alrededor de una dcima parte de nuestras necesidades de
personal en psicologa clnica y trabajo social psiquitrico mientras que la
proporcin es an menor en enfermera psiquitrica.
Muchos de
nosotros creemos que la mayora de los problemas psiquitricos menores podran
y deberan ser atendidos por los mdicos clnicos y por los especialistas de
otros campos de la medicina. Sin embargo, en el ejrcito, me impresion
repetidamente el hecho de que slo un pequeo porcentaje de oficiales mdicos
tena el suficiente conocimiento psiquitrico como para llevar a cabo cualquier
tratamiento. A pesar de las asombrosas cifras de incidencia de las enfermedades
emocionales, nuestras escuelas mdicas todava asignan un promedio del 4 % del
total de horas curriculares a la enseanza de la psiquiatra. En ninguna
escuela mdica es considerada como una materia bsica junto con anatoma,
fisiologa y patologa.
La psiquiatra ha dado pasos vacilantes en
el rea de la salud pblica. En cinco estados hay slo un psiquiatra en el
departamento de salud. En otros siete existe un programa de higiene mental
dependiente de un departamento o divisin independiente dentro del estado. En
otros cinco estados, la psiquiatra forma parte del Department of Public
Welfare [Departamento de Bienestar Pblico]. Sin embargo, debe reconocerse que
en ninguno de ellos la psiquiatra ha logrado grandes avances. En muy pocos de
ellos existen esfuerzos directos tendientes a la prevencin de la enfermedad
mental. Cerca de dos tercios de nuestros estados no tienen otro programa
psiquitrico que el de los hospitales estatales.
Debemos
afrontar francamente nuestra responsabilidad de grupo por la prctica
psiquitrica en los hospitales estatales. Desde mi punto de vista, el reciente
develamiento de la situacin en algunos de ellos ha sido muy valioso. Deseara
que tales descubrimientos continuasen insistentemente hasta el momento en que
se despierte la conciencia pblica. Pero, desde la psiquiatra, no podemos
permanecer indiferentes o pasivos pues no somos inocentes frente a esta
situacin. Estamos enfrentados a la paradoja de que en muchos estados hay
excelentes departamentos psiquitricos en la universidad. Cada pocas millas se
encuentra un hospital estatal que puede proporcionar tan slo un mdico para
300 400 pacientes, quiz no cuente con enfermeros graduados y probablemente
con ningn trabajador social psiquitrico o psiclogo clnico. Hasta hace poco
tiempo estas instituciones personificaban la psiquiatra en EEUU. Son todava
el cuerpo de nuestra especialidad a los ojos del pblico Cmo puede el pblico
respetarnos y tenernos confianza cuando nos mantenemos silenciosos frente a
estas condiciones?
Adentrndonos en la inspeccin de nuestro
propio dominio, deberamos clarificar nuestros conceptos sobre las entidades
psiquitricas clnicas para contar as con una mejor comprensin de nuestra
nomenclatura diagnstica. No debiramos ilusionarnos con que nuestra propia
confusin no es sentida y capitalizada por nuestros confrres mdicos.
Todo esto contribuye al malentendido sobre nuestro campo. La incapacidad para
acordar sobre varios conceptos no es tan importante como el hecho de que no
tenemos un conocimiento suficiente sobre el que llegar a un acuerdo.
La psiquiatra ha incursionado en el
abordaje de algunos de nuestros problemas sociales, no obstante, y desafortunadamente,
dichas incursiones han sido muy limitadas. Aunque hace ya treinta aos desde
que un psiquiatra se interes por primera vez en la higiene mental de la
industria, en el presente todava contamos con menos de una docena de
trabajadores de tiempo completo en este campo. A pesar de que Healy[17],
White[18]
y Adler[19]
fueron pioneros en los campos de delincuencia y criminologa hace cerca de
cuarenta aos atrs, contamos con slo diez cortes criminales de adultos con
servicio psiquitrico y probablemente menos de cien psiquiatras ejerciendo en
instituciones criminales. Se ha incrementado la presencia de asistencia
psiquitrica en cortes juveniles pero, desafortunadamente, en la gran mayora
de stas, el servicio se limita a proporcionar diagnstico y no tratamiento.
La psiquiatra ha
incursionado algo en el campo de la educacin acadmica. Esto no se debe tanto
a que los psiquiatras hayan tomado la iniciativa en esta direccin sino a que
algunos educadores inteligentes han buscado la ayuda de la higiene mental. Es
alentador ver el creciente nmero de universidades y secundarios donde el
servicio de consulta de higiene mental est disponible. Existe un nmero
creciente de universidades y escuelas que proporcionan cursos de higiene mental
a sus alumnos. Sin embargo, el nmero de instituciones con tal servicio todava
representa una pequea minora sobre el total.
Cuando analizamos la situacin de la
psiquiatra en la actualidad encontramos una marcada carencia de personal capacitado.
Se carece de conocimiento verificado y se ha prestado mnima atencin y estudio
a los problemas sociales o sus soluciones posibles. Por la fuerza de las
circunstancias, los psiquiatras han estado tan ocupados intentando atender
pacientes, en algunas instancias meramente cuidndolos, que han tenido poco
tiempo para la consideracin de medidas preventivas. Son estos mismos factores
los que han limitado su presencia en la prctica general de la medicina.
Desafortunadamente, muchos de nosotros en las filas de la psiquiatra hemos
usado unas anteojeras que nos fueron impuestas por nuestro trabajo diario.
Nuestra visin ha sido restringida, y a menos que nos hayamos visto forzados a
hacerlo, hemos tomado poco o ningn tiempo para considerar nuestra mayor
responsabilidad por los problemas del mundo en que vivimos.
Como ya he dicho, cualquiera que pretenda
definir el papel de la psiquiatra en el mundo de hoy, slo puede hacerlo en
trminos de las limitaciones de su punto de vista. Tambin he sealado que la
psiquiatra organizada tiene la responsabilidad de delinear sus metas. Esto
slo podra suceder si muchos de nosotros tenemos la voluntad de materializar
nuestros propios pensamientos en esta direccin. Cualquiera sea el valor que
puedan tener, deseo subrayar mis opiniones sobre el papel que la psiquiatra
debera jugar en el mundo.
Nuestra necesidad mayor e inmediata es la de
personal entrenado- psiquiatras, psiclogos clnicos, trabajadores sociales
psiquitricos y enfermeros psiquitricos. No hay contribucin ms grande ni ms
importante para cualquiera de nuestros miembros que comprometerse en la
capacitacin del personal. Debemos reconocer que este trabajo de formacin se
acerca al de una responsabilidad sagrada. Si esperamos contar con psiquiatras que
sean competentes para manejar los problemas cada vez ms complejos que
enfrentamos, necesitan una preparacin intensiva, integrada y bien planeada.
Por experiencia personal, se que hay varias de las as llamadas residencias,
muchas de las cuales se hayan en la lista aprobada, que proporcionan poca
preparacin, no ms que aquella que un hombre puede proporcionarse por sus
propios medios. Una buena capacitacin debe asentarse sobre una base amplia.
Adems del conocimiento sobre la estructura y funcionamiento de la
personalidad, debera proveer al psiquiatra de conocimiento sobre sus colegas
en el trabajo social, la psicologa, la enfermera, la terapia ocupacional, y
cmo usar las habilidades de sus colegas. Debera proporcionar alguna
informacin relativa a las relaciones de la psiquiatra con nuestro mundo
religin, poltica, literatura, arte. Debera, ciertamente, introducir al
estudiante en los problemas y cuestiones sociales del momento. La necesidad de
capacitar al personal tiene la mayor prioridad en la psiquiatra, en este
momento.
Prxima a la de personal, hay una necesidad
primordial de una profunda ampliacin de nuestro cuerpo de conocimientos
verificados. Conocemos muy poco sobre la personalidad normal, acerca de por
qu es o no es normal. No podemos definir adecuadamente una psiconeurosis.
Tenemos datos mnimos sobre por qu un conjunto de rganos es preferentemente
escogido sobre otro en el desarrollo de una reaccin neurtica. Tenemos slo un
conocimiento vago de la causa de la esquizofrenia. Si nos vamos a dedicar a los
problemas sociales, cada una de las avenidas que conduzca a cualquiera de ellos
debera ser considerada como una investigacin. La investigacin, como la
enseanza, es un trabajo especializado que requiere habilidades inusuales y una
larga preparacin. En el presente contamos, en todo el campo de la psiquiatra,
con un nmero lastimosamente pequeo de investigadores de tiempo completo.
Los psiquiatras tendrn siempre la mayor
responsabilidad en el tratamiento de la enfermedad mental. Existen varias reas
en este campo que necesitan ser considerablemente perfeccionadas mediante el
desarrollo de mtodos de tratamiento ms cortos y ms efectivos. Necesitamos
reflexionar, junto con los psiclogos clnicos y los trabajadores sociales
psiquitricos, sobre su contribucin a la psicoterapia y luego proporcionarles
la preparacin adecuada. Necesitamos desarrollar mucho ms extensamente de lo
que lo hemos hecho hasta la fecha, nuestro entorno de tratamiento dentro del
hospital. En trminos generales, todava carecemos de especificidad en nuestras
prescripciones respecto de empleo, educacin, recreacin, industria; y sobre
todas las variedades en la lectura, el arte, la msica, la horticultura y
muchas otras actividades. La mayora de nosotros tenemos slo un conocimiento
exiguo sobre lecturas teraputicas, entrenamiento del habla y las aplicaciones
de los principios psiquitricos en la rehabilitacin fsica.
En esta rea de tratamiento, la psiquiatra
comparte con toda la medicina la crisis actual, y quizs recurrente, para
proporcionar el mejor cuidado mdico a los veteranos. Bajo las rdenes de los
generales Bradley[20]
y Hawley[21], un sistema
destacable de tratamiento, del ms alto nivel, ha sido organizado en la
Administracin de Veteranos. Junto con las medidas econmicas actuales del
Congreso, este servicio mdico ha sufrido y enfrenta una potencial regresin al
estado de la preguerra. Las reducciones en asignaciones y personal, frente a
una cantidad creciente de pacientes, desminuirn inevitablemente la moral,
perjudicarn el servicio y provocarn renuncias de los mdicos y del personal
profesional afn. Es imprescindible que los psiquiatras junto con todos los
genuinos amigos de los veteranos discapacitados sealemos, inmediatamente, al
pblico y al Congreso, los resultados de tales recortes en las asignaciones. Si
el Congreso desea proporcionar slo un cuidado mdico mediocre, es su decisin.
Sin embargo, desde la medicina, debemos dejar en claro que la reduccin del
financiamiento, del personal, de los especialistas, de los programas de
enseanza y de los viajes para los supervisores, reducirn drsticamente los
beneficios que han sido previstos para los veteranos enfermos.
Como un
paso adelante para satisfacer la gran necesidad de tratamiento, debemos
priorizar la integracin de la psiquiatra con el resto de la medicina,
particularmente en la currcula de la escuela de medicina. Es nuestra entera
responsabilidad recomendar y dirigir cmo debe ser enseada la psiquiatra.
Tambin es nuestra responsabilidad que los principios psiquitricos impregnen
la enseanza de toda la medicina y que un cuerpo til de conocimiento est a
disposicin de todos los mdicos.
Nuestra Asociacin [se refiere a la
Asociacin Psiquitrica Americana, APA] necesita ser organizada de manera que
permita y estimule a cada miembro a contribuir para la solucin de los
problemas que enfrenta hoy en da la psiquiatra. Apenas podemos esperar algn
progreso cuando algunos de nuestros comits slo se renen una vez, si es que
lo hacen, durante el curso del ao. Y aun en ese caso, puede que no exista
compromiso o finanzas (capital) suficientes
como para iniciar estudios, encuestas o investigaciones sobre los problemas de
los que son nominalmente responsables.
Esto me lleva a mencionar, brevemente, la
organizacin del Group for the Advancement of Psychiatry [Grupo para el Avance
de la Psiquiatra]. Como se evidenci en la reunin del ao pasado, algunos de
nosotros nos sentamos insatisfechos con el progreso de la psiquiatra,
estbamos irritados por nuestras propias limitaciones y por la falta de
oportunidad para sentarnos, pensar y trabajar juntos sobre los problemas que a
todos nos parecan vitales. En aquel tiempo, algunos de nosotros verbalizamos
este sentimiento mutuo pero sentimos que no se justificaba quedarnos con la
crtica o la irritacin. Concluimos que deberamos encontrar maneras y medios
de promover alguna reflexin grupal, indagaciones y estudios. El resultado fue
una conferencia grupal, informal, organizada libremente con el apoyo financiero
del Commonwealth Fund [Fondo Commonwealth], que celebr un congreso de tres
das el ltimo otoo y en breve celebrar un segundo. Nos organizamos en
pequeos comits de trabajo y se pidi a cada miembro que trabajara. Acordamos
sacrificar considerablemente nuestro tiempo y dinero para estudiar problemas
tales como las necesidades de los hospitales estatales, la educacin mdica,
los contactos con grupos legos, la psiquiatra preventiva, el trabajo social
psiquitrico, el tratamiento y otros temas. En este momento hay quince comits
diferentes, cada uno con una responsabilidad especfica. Limitamos los
participantes a los miembros de esta Asociacin. En ningn sentido nuestra
accin signific una revolucin, una secesin o una competencia con esta
Asociacin. Lo fue originalmente, y todava es nuestra esperanza, que los
logros, mtodos y trabajo de este Grupo puedan convertirse en parte integral de
esta Asociacin. Me pareci hace un ao, y me parece an hoy, que cada miembro de
la APA que sea capaz de hacerlo, debera estar contribuyendo al desarrollo y
liderazgo de la psiquiatra ms all del trabajo su cotidiano.
Uno de los papeles esenciales de la
psiquiatra debe descansar en el campo de la prevencin de la enfermedad mental.
Si continuamos confinndonos slo al tratamiento, es inconcebible que podamos
alguna vez cumplir con esa obligacin. Hasta que no hayamos aprendido
efectivamente a prevenir la enfermedad mental no podemos empezar a cumplir con
nuestra responsabilidad. La psiquiatra en la guerra se asent sobre la base de
que el tratamiento era la nica rea y responsabilidad que le concerna a los
psiquiatras. Sin embargo, la experiencia nos ense que nuestra ms grande
contribucin debera haber sido en el campo de la prevencin. Esto implicaba
poner la psiquiatra en el campo y convivir con los soldados, para as aprender
sobre sus problemas, intentar modificar sus tensiones y desarrollar sus apoyos.
Slo ah se poda aconsejar eficazmente a los lderes sobre los factores
inmediatos que afectaban la salud mental. Parecera que la mayor oportunidad
para la psiquiatra consiste en un trabajo similar en los campos de la
educacin acadmica, la salud pblica, la recreacin, la delincuencia y la industria.
Las lecciones extradas de la psiquiatra
preventiva en el ejrcito enfatizaron tres factores capitales en el
mantenimiento de la salud mental. El primero, y el ms importante, fue que la
calidad del liderazgo era una causa de, o prevena, la enfermedad mental.
Aprendimos que el desarrollo de actitudes racionales positivas hacia el trabajo
a ser realizado, es decir la motivacin consciente, poda ser de gran ayuda en
el trabajo. Sin lugar a dudas, una buena motivacin era un factor importante
para el mantenimiento de la salud mental y una motivacin pobre era seguida
de un incremento del nmero de bajas psiquitricas. El desarrollo de una
identificacin con un grupo, que provocaba un sentimiento de orgullo y
proporcionaba seguridad, satisfaccin y una unidad de propsitos, era
extremadamente importante para la salud mental. Era evidente que estas
lecciones elementales que se aplicaban al mantenimiento de la salud mental
individual en el ejrcito podan aplicarse a la familia, al grupo, a la
comunidad y a la nacin. Uno de los propsitos principales de la psiquiatra
preventiva debera ser el constante intento de educar a los padres y a todos
los lderes sobre la importancia de desarrollar personas maduras, en la lnea
del desafo que Brock Chisholm[22]
nos dej en sus Conferencias William Alanson White.
La psiquiatra preventiva debe preocuparse
por la causa y alivio de la enfermedad mental- neurosis, psicosis, trastornos
del carcter. Debe encontrar la manera de reducir los numerosos sntomas de las
enfermedades sociales enumerados previamente delincuencia, crimen, divorcio,
analfabetismo, deficiencia mental. Debera preocuparse desde luego por el
desempleo forzoso, los prejuicios, la discriminacin, las huelgas y los
accidentes.
La psiquiatra debera otorgar una alta prioridad
a sus esfuerzos para proporcionar a la persona media informacin psiquitrica
que pueda aplicar a sus propios problemas. Como he intentado indicar
previamente, el gran nmero de bajas psiquitricas durante la guerra llam la
atencin sobre la necesidad de la educacin pblica en el campo de la higiene
mental. El pblico requiere esta educacin. Si se la brinda adecuadamente
podra ser de gran ayuda. Muy posiblemente puede que esa educacin incremente
el nmero de pacientes que busca la ayuda de un psiquiatra, del mismo modo en
que una campaa sobre cncer o tuberculosis incrementa el nmero de pacientes
que consultan al mdico por estos problemas. Sin embargo, el propsito de tal
educacin pblica debera ser, desde luego, proporcionar al hombre medio una
mejor comprensin de su propia salud mental y ensearle cmo fortalecerla y
mejorarla.
La psiquiatra en Estados Unidos debe
internacionalizarse en sus intereses y trabajar con psiquiatras del exterior.
Algunos aos atrs fue creada una organizacin internacional de higiene mental
y estn en pie los planes para reactivarla. La American Psychoanalytic
Association [Asociacin Psicoanaltica Americana] siempre ha sido parte de la
Internacional Psychoanalytic Association [Asociacin Psicoanaltica Internacional].
Con la creciente necesidad actual de un punto de vista mundial, deberamos
jugar un papel vital en cualquier esfuerzo internacional de la psiquiatra,
tanto a travs del United Nations Health Comittee [Comit de Salud de las
Naciones Unidas] como de una organizacin psiquitrica internacional.
Gracias a la visin del Dr. Frank
FremontSmith[23] de la
Josiah Macy, Jr. Foundation[24],
tenemos como invitado en este encuentro al Dr. J. R. Rees[25]
de Londres quien est aqu para despertar nuestro inters en un congreso
internacional de psiquiatra que se celebrar en Inglaterra el prximo ao. Mi
impresin es que nuestra mejor contribucin a la United Nations Health
Organization [Organizacin de Salud de las Naciones Unidas] se podra hacer a
travs de una organizacin internacional de psiquiatra.[26]
Alcanzar todos estos objetivos puede parecer
una tarea imposible. Pero pueden abordarse slo si cada miembro individual de
la organizacin est dispuesto a contribuir. Es esencial que la organizacin le
proporcione los medios para que esta contribucin pueda llevarse a cabo.
Adems, tal programa para la psiquiatra exige un inmenso apoyo a travs de la
comprensin del pblico y de respaldo financiero.
El estmulo ms inmediato y concreto para el
desarrollo ulterior de la psiquiatra ha venido de la Nacional Mental Health
Act [Acta Nacional de Salud Mental][27],
patrocinada por el United States Public Health Service [Servicio de Salud
Pblica de los Estados Unidos]. De esta fuente una considerable suma de dinero
estar disponible inmediatamente, junto con la promesa de una cantidad ms
grande para los aos prximos.
Durante aos el Nacional Comittee for Mental
Hygiene [Comit Nacional para la Higiene Mental] ha liderado la promocin de
una mejor comprensin de la salud mental en la escena nacional. La
recientemente conformada National Mental Health Foundation [Fundacin Nacional
de Salud Mental] est abogando por las necesidades de nuestros hospitales
estatales y particularmente por el mejoramiento de la asistencia en sala. En la
Menninger Foundation,[28]
estamos dedicando todo nuestro esfuerzo a la enseanza y a la investigacin.
Todos en psiquiatra estamos en gran deuda con las distintas fundaciones
generales que tanto han hecho por nosotros y expresamos la esperanza de recibir
su apoyo continuadamente.
Esta seccin del programa de esta convencin
se encuentra bajo los auspicios del grupo ms recientemente organizado para el
apoyo de la psiquiatra la Psychiatric Foundation [Fundacin Psiquitrica].[29]
Desde hace mucho tiempo se sabe que para ejercer liderazgo en nuestro campo
nuestra propia Asociacin necesitaba mucho ms apoyo econmico que el que poda
ser obtenido de las cuotas de los miembros. Estimulados por esta necesidad, un
pequeo grupo de miembros, a travs del trabajo personal de Austin Davies[30],
ha lanzado la Psychiatric Foundation. Es mi ferviente esperanza que su
desarrollo sea apoyado y acelerado para permitirle lanzar los programas que se
acuerden en la APA.
Debemos
dejar en claro al pblico- y a la profesin- que todos los esfuerzos de las
diversas Fundaciones son intentos cooperativos por atender los inmensos
problemas que tenemos por delante; ninguna de estas variadas empresas est en
competencia con las otras.
Todos miramos con orgullo las victorias
fenomenales de la medicina preventiva. El mundo ya no est ms maldecido por la
viruela, el clera, la fiebre amarilla o la tifoidea. Ya no hay epidemias
mundiales de estas enfermedades Hay alguna esperanza que la medicina, a travs
de su Cenicienta, la psiquiatra, pueda dar un paso adelante para ofrecer su
esfuerzo teraputico a un mundo tan lleno de infelicidad e inadaptacin y de
diversos grados de desintegracin social? Puede nuestro intenso estudio del
individuo llevarnos a una mejor comprensin de su ambiente, de las fuerzas
sociales que afectan su vida? Y puede esta comprensin, si se pone a
disposicin de los lderes correctos, ser de ayuda para aliviar las
enfermedades sociales? Quizs algunos psiquiatras podran responder esto
negativamente. Mi propia y fuerte conviccin es que la psiquiatra puede ayudar.
Algunos de mis confrres que respondern en negativo podran hacerlo por la idea
equivocada de que este programa puede ser un intento de promocionar en exceso
la psiquiatra. Mi punto de vista siempre ha sido que uno no puede promocionar
en exceso el valor de un producto verificado, excepto en trminos de capacidad
de entrega. Al trazar las lneas de este programa, no he tenido intencin de
vender la psiquiatra excepto a nosotros mismos. Siento fuertemente que no
estamos siquiera en posicin de entregar mucha de la informacin disponible que
podramos reunir. Mi intencin ha sido dirigir nuestro pensamiento a un
horizonte ms amplio y exhortar a aceptar nuestra responsabilidad en orden a contribuir
a la comprensin y a la teraputica de los problemas de infelicidad e
inadaptacin que existen hoy en el mundo. Para hacerlo debemos aumentar nuestro
personal capacitado. Debemos extender nuestras fronteras de conocimiento.
Debemos cristalizar nuestras metas. Nuestra organizacin requerira que algunos
de nuestros grupos investigaran problemas especficos, recolectasen datos,
aplicaran nuestro conocimiento y produjeran un programa de accin. Necesitamos
desarrollar ms nuestra habilidad poltica y mdica como para que nuestros
hallazgos y recomendaciones puedan ser presentados a los lderes de la alta
administracin, en muchos campos de actividad Podemos y deberamos
comprometernos a esto? Ya no podemos evadir una decisin sobre este asunto.
*
Colegas; en francs en el original. [N. del T.]
[1] Alan Gregg (1890-1957) () ejerci la
medicina durante un ao con la Harvard Medical Unit anexa a la armada britnica
durante la Primera Guerra Mundial. En 1919, comenz su carrera () en la
Rockefeller Foundation, como Director Asociado de la Divisin de Educacin
Mdica (1922-1930), Director de la Divisin de Ciencias Mdicas (1930-1951), y
Vicepresidente de la Fundacin (1951-1956). Pas su carrera profesional
recorriendo el mundo en bsqueda de posibles usos de los recursos de la
fundacin para la investigacin mdica. Estaba especialmente interesado en
psiquiatra y salud mental. Fue reconocido por convencer a los mdicos de
tratar la enfermedad mental como una enfermedad especfica y no como un estado.
Promovi tambin la idea de la Gran Medicina, el uso de una constelacin de
especialistas mdicos y paramdicos que ayuden al clnico en el cuidado de los
pacientes. Asimismo, promovi un importante aspecto de la salud pblica, el
papel de planes de seguro prepago voluntarios que bajaban los costos y
promovan el acceso a la atencin mdica. Citado en: United States National Library of Medicine,
Finding Aid to the Alan Gregg Papers, 1900-1957. Disponible
en: <http://www.nlm.nih.gov/hmd/manuscripts/ead/gregg.html>,
2 nd November 2006. (Consulta en lnea 7 de enero de 2007). [N. del T.]
[2] Editorial, Life
Magazine, March 24, 1947.
[3] Jenkinson, B. L.. Marriage and Divorce in the
United States: 1937-1945. Vital Statistics Reports V. 23, N 9, 10 de Sept.,1946
[4] A Womans Place is Where? Talk It Over,
publicado por National Institute of Social Relations, Washinton, D.C. Series
G-107, 1946.
[5] Morris, A. Crimonology,
New York: Longmans, Gren & Co., 1983, p. 20. [Billones
significa aqu miles de millones. N. Del T.]
[6]
Press Release, Mar. 5, 1947
[7]
Estadsticas de las Cortes de Menores para 1944-45. U. S. Childrens Bureau of Federal Security Agency,
Washington, D.C.
[8]
Cifras obtenidas del U.S Public Health Service, 1946.
[9] Bowman, K.M. Presidential Address. Am. J. Psychiat., 103:1-17, July 1946.
[10] Bureau of Census. Series
P-10, N 8, Apr. 23, 1942.
[11] Wanted At home. Talk It Over,
publicado por el National Institute of Social Relations, Washington, D.C.
Series G-103, 1946.
[12] Rusk, H.A. The
Forgotten Casualty: The Disable Civilian. New York Times Magazine May 12,
1940.
[13]
Basado en las cifras dadas en el nmero de Hospital de la J. A. M. A. 130:1073, Apr. 20, 1946.
[14] Felix, R. H. Annual
Meeting of Mass. Soc. For Mental Hygiene, Jan. 24, 1946; Rennie, T. A. C.:
Ment. Hygiene 29: 644-690, Oct. 1945.
[15] Hawley, P. R. Neuropsychiatric
Problems of the Veterans Administration. Milt, Surg. 99:759-762, Dec. 1946.
[16]
Fue Jefe de los Servicios Neuropsiquitricos para Veteranos hasta 1948 cuando
fue nombrado Director mdico de la Asociacin de Psiquiatra Americana. [N. del
T.]
[17]
William Healy (1869-1963), psiquiatra y criminalista pionero que estableci la
primera clnica de orientacin para nios en Estados Unidos en 1909. Fue un
defensor del abordaje grupal y del trabajo con nios traumatizados tendiente al
desarrollo de una narrativa que de cuenta del pasado y propicie su aceptacin.
Fue uno de los fundadores y el primer presidente de la American Orthopsychiatric
Association y ayud a introducir el pensamiento freudiano en los Estados
Unidos. Entre las contribuciones realizadas al campo de la criminologa se
encuentran su libro The Individual
Delinquent de 1915 y su teora multifactorial de la delincuencia que
ampli la visin de esta disciplina, alejndola del acento europeo sobre los
factores genticos. Healy desarroll una elaborada metodologa que implicaba el
estudio del acusado por varios especialistas. Asimismo, reform los
correccionales basado en su investigacin en diferentes instituciones para
delincuentes. Informacin extrada de Pubmed. Disponible en lnea en:
<http://www.ncbi.nlm.nih.gov/entrez/query.fcgi?cmd=Retrieve&db=PubMed&list_uids=6389674&dopt=Abstract>.
[N. del T.]
[18]
William A. White (1870-1937) form parte de la reforma legal impulsada por el
American Institute of Criminal Law and Criminology para establecer el significado
de demencia que produjo luego de 10 aos de discusiones entre mdicos y
abogados un modelo legal que resultaba inadecuado para la mayora de los
psiquiatras. En 1923, White public su libro Insanity and the Criminal Law donde defina que "Demencia es
puramente un concepto legal y significa irresponsabilidad o incapacidad de
hacer un testamento o de entrar en una relacin contractual y que la ley se
confunda con la enfermedad, asunto que la psicologa y la neuropsiquiatra
deban definir. Definicin extrada
de: Janet A. Tigre, "Whats in a Name?": A Brief Foray into the
History of Insanity in England and the United States, en The Journal of American
Academy of Psychiatry and the Law Online, vol.33, n2, 2005, p. 252-258. Disponible
en lnea en:< http://www.jaapl.org/cgi/content/full/33/2/252>.
[N. del T.]
[19]
Herman M. Adler (1876-1936) fue director del Instituto para la Investigacin de
Jvenes y primer asesor criminalista para el Estado de Illinois desde 1917
adems de realizar importantes estudios sobre los problemas de disciplina en la
armada norteamericana. [N. del T.]
[20]
Omar Nelson Bradley (1893-1981) alcanza el grado de general en el ao 1941,
cuando los Estados Unidos entran en la guerra como consecuencia del ataque
japons a Pearl Harbor. Incorporado a la lucha directa, en la primavera de 1943
dirige el 2. Cuerpo de Ejrcito que ocupa la importante base naval de Bizerta
en el norte de Africa. Asimismo, con su accin impulsa el desembarco y
liberacin de la isla de Sicilia. En el mes de junio de 1944 comanda las
fuerzas norteamericanas que desembarcan en las costas de Normanda. A
continuacin libera la regin de Bretaa, empuja a la Wehrmacht desde el sur
-lo que facilita la liberacin de Pars- y llega hasta el Rin. Una vez en el
interior del territorio alemn, prosigue su marcha y establece contacto con los
soviticos de Koniev en las orillas del Elba. Tras la guerra, Omar Bradley
llegara a ocupar los cargos de Presidente del Comit de jefes de Estado Mayor
de los tres ejrcitos, as como de representante de los Estados Unidos en el
Comit de Defensa de la OTAN. Retirado del Ejrcito en 1953, muri como general
de cinco estrellas en el ao 1981, citado en Artehistoria. Disponible en lnea en: < http://www.artehistoria.com/batallas/personajes/7065.htm>.
Asimismo, este general form parte de la Veterans Administration. [N.
del T.]
21
Paul Hawley fue Jefe de Ciruga durante la Segunda Guerra Mundial en Europa y
luego gracias al General Bradley fue nombrado Director de Medicina de la
Veterans Administration. Hawley condujo la formacin de un departamento
separado al de medicina para tratar las incapacidades no relacionadas a
cuestiones militares como tambin la creacin de becas para estudiantes y
profesores en los hospitales de la Veterans Administration. Informacin
obtenida de la pgina del United States Department of Veterans Affaire.
Disponible en lnea en: http://www1.va.gov/opa/feature/history/history5.asp
[N. del T.]
[22]
El Dr. George Brock Chisholm (1896 - 1971) propona que los nios deban crecer
tan intelectualmente libres del medio como fuese posible, independientes de los
prejuicios morales, polticos y religiosos de sus padres. Al finalizar la
Segunda Guerra Mundial, fue nombrado secretario ejecutivo de la Organizacin
Mundial de la Salud y en una conferencia titulada The Re-establishment of
Peacetime Society propona que slo la gente madura puede mantener una
organizacin y estabilidad social maduras en la que yace la esperanza de evitar
el caos y la masacre mundiales, tambin defina la madurez como la capacidad
para cooperar: trabajar con otros. La persona madura es flexible, puede mostrar
respeto por el tiempo, las personas, las circunstancias. Puede mostrar
tolerancia, puede ser paciente y, por sobre todo, posee las cualidades de
adaptabilidad y compromiso, en: The Radical Roots of the World Health
Organization (WHO). Disponible en lnea en: <http://www.crossroad.to/Quotes/globalism/chisholm.htm>,
consultado el 25/11/06, donde se extraen prrafos de Brock Chisholm, Psychiatry
(February, 1946) p. 7, 9-10, 16, 18. [N. del T.]
[23]
Presidente mdico de la Josiah Macy, Jr. Foundation y junto con Rees fue
Presidente de la World Federation of Mental Health. [N. del T.]
[24]
Es una fundacin estaba dedicada hasta 1945 a la investigacin relacionada con
los traumas de la guerra, la geriatra desrdenes psiquitricos. [N. del T.]
[25]
Psiquiatra interesado en los problemas de las psiconeurosis y los abordajes
sociolgicos de la salud mental. Fue el Presidente de la World Federation of
Mental Health y Consultor psiquiatra de la armada britnica durante seis aos.
Informacin obtenida en:
<http://bmb.oxfordjournals.org/cgi/issue_pdf/frontmatter_pdf/6/4.pdf> [N.
del T.]
[26]
Se refiere al Tercer Congreso
Internacional de Higiene Mental reunido en Londres, en 1948; en l se cre la World
Federation for Mental Health [Federacin Mundial para la Salud Mental]. [N
del T.]
[27]
El 3 de Julio de 1946, el presidente Truman firma el Acta Nacional de la Salud
Mental que estableca la creacin de un Instituto Nacional de Salud Mental,
adems de buscar mejorar la salud mental de los ciudadanos norteamericanos por
medio de la investigacin, la preparacin y la asistencia por medio de
programas de salud mental estatales. [N. del T.]
[28]
La Fundacin Menninger fue creada por los doctores William, Karl y Charles
Menninger en Topeka, Kansas en 1925. Un ao ms tarde establecieron la Escuela
Southard para nios. Durante los aos 1930 realizaron programas de capacitacin
para psiquiatras, psiclogos y otros profesionales de la salud mental. La
Escuela de Psiquiatra Mdica Menninger se cre en 1946: su propuesta era un
tratamiento bio- psico- social focalizado en la salud total del paciente que
integraba las perspectivas mdica, psicodinmica, familiar y evolutiva. [N. del
T.]
[29]
Fundacin dependiente de la APA, creada para recolectar fondos. [N. del T.]
[30]
Fue contratado por la APA desde 1932 hasta 1948. [N. del T.]
* Fuente: W.C. Menninger,
The role of psychiatry in the world today (1947), The American Journal of Psychiatry, vol. 151, n 6, June 1994, p.
75-81.
Traduccin:
Lic. Mara Laura Ferrari y Lic. Maia Szerman.
** Profesor de psiquiatra de The Menninger Foundation School of Psychiatry y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Kansas, Topeka, Kansas