Examen y Poder Disciplinario: Vctor Mercante y Jos Ingenieros
Hctor Mndes
Trabajo monogrfico para "Anlisis de la cultura" I, Maestra de Sociologa de la Cultura, IDAES, Universidad Nacional de Gral. San Martn.
Buenos Aires, 2005
1.- INTRODUCION: EL EXAMEN Y EL PODER DISCIPLINARIO
EN LA PERSPECTIVA DE FOUCAULT.
En el corazn de los procedimientos de disciplina, est el examen. Otra innovacin de la poca clsica que los historiadores de las ciencias dejaron en la sombra (1976:189). Foucault trae el examen a la luz y lo convierte en uno de los momentos cruciales de desarrollo del poder disciplinario[1].
Sin el examen como prctica, no se entiende cmo surgen un conjunto de instituciones que tienen como blanco las tcticas de individualizacin. Desde la perspectiva inaugurada en Vigilar y castigar, el examen va a emerger en toda su importancia.
Se trata, en efecto, de una innovacin. Durante los siglos XVIII y XIX, emerge el poder disciplinario en sustitucin de las antiguas formas del poder soberano. Los individuos van a ser sometidos a una nueva modalidad de integracin a la vida social en las condiciones de la vida urbana, industrial y moderna. Comienzan a tomar forma, sobre nuevos supuestos, las instituciones de encierro. El cuartel, la crcel, el hospital, la escuela, el manicomio se instituyen a travs de una serie de procedimientos de individualizacin que tienen como blanco el cuerpo de los sujetos, como principio organizador la metdica mirada panptica y como finalidad la normalizacin. El poder se invisibiliza y el individuo detalladamente documentado- adquiere un mximo de visibilidad.
El Estado moderno analizado por Foucault desde el foco conceptual de la razn de Estado y de la polica- centraliza los poderes disciplinarios y da lugar a un doble proceso de dominio: el poder disciplinario sobre el individuo y el poder pastoral, la regulacin demogrfica, higinica y moral sobre la poblacin. Omnes et singulatium. Del mismo modo, los procedimientos del examen extendern sus dominios a la indagacin masiva y peridica de grandes masas de poblacin.
Una compleja formacin discursiva impulsa las ciencias del hombre -o se mueve entre sus resquicios- y los conocimientos de la era positiva anunciada por Comte, aportan a la construccin del orden social burgus los prerrequisitos de los procedimientos metdicos, regulares y mecnicos, el equivalente a los procesos maquinizados que gobiernan la organizacin y las relaciones de la fbrica. El examen se vuelve mtodo.
En la pedagoga y la didctica del siglo XX se har abstraccin del examen en las teoras y propuestas metodolgicas de enseanza; se lo trata apenas como una interrupcin peridica en los procesos de aprendizaje escolar, recluida en una disciplina lateral, la evaluacin. Bajo las condiciones del olvido de su gnesis, los poderes presentes en el examen escolar sern sealados por el nuevo foco conceptual inaugurado con Vigilar y castigar. Dice Foucault:
El examen combina las tcnicas de la jerarqua que vigila y las de la sancin que normaliza. Es una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar, clasificar y castigar (1976:189)
El examen lleva consigo todo un mecanismo que une a cierta forma de ejercicio del poder cierto tipo de formacin del saber (1976:192)
Por lo tanto, desglosar las actividades agrupadas en el examen es traer a la superficie una multiplicidad de recursos, procedimientos y tcticas que, en gran medida, condensan los modos de accin del poder disciplinario. Por esa misma razn, las interpretaciones sobre el examen se relacionan estrechamente con temticas que hasta el momento de Vigilar y Castigar - aparecan desconectadas entre s. La extensin de lo que luego Foucault llamara el poder psiquitrico es uno de los hilos conductores para seguir la pista de las relaciones recprocas entre el examen, la invencin de la anormalidad y el tema psiquitrico de la locura.
El examen hospitalario, ms tarde escolar y luego psiquitrico, forense- tiene un carcter ritual. Es inseparable de su acentuada puesta en escena. Este llamativo sesgo teatral va a apelar a las formas del examen mdico, sin llegar a medicalizarse en el sentido estricto del trmino. Es, en alguna medida, una simulacin. No es un dato anecdtico. Segn sostiene Foucault, durante el siglo XIX, el poder psiquitrico extiende abusivamente el imperio de su saber en todos los abordajes del individuo. Ahora bien,
de qu instrumentos dispone la psiquiatra? Precisamente en este punto se encuentra la paradoja del saber psiquitrico en el siglo XIX. Por un lado, l trat de constituirse segn el modelo de la medicina-constatacin, de la investigacin, de la demostracin, busc constituir un saber de tipo sintomatolgico, construy una descripcin de las diferentes enfermedades, etc. Pero, a decir verdad, esto era slo la cobertura y la justificacin de una actividad que se situaba en otro lugar (FOUCALT, cit. en CASTRO, 2004:293))
Ese otro lugar es la necesidad de la defensa de la sociedad mediante el enunciado taxativo de la verdad sobre la normalidad y la anormalidad, sobre la locura y la simulacin.
Los procedimientos del examen escolar van a absorber gran parte de las categoras psiquitricas, las formas exteriores de la indagacin por sntomas y algunos procedimientos de las ciencias naturales; a fines de siglo XIX, el examen integra la novedad la ciencia de la educacin.
En los textos que se analizan a continuacin la Metodologa de Vctor Mercante y Simulacin de la locura de Jos Ingenieros, publicados a principios de siglo XX en la Argentina- los respectivos procedimientos del examen se presentan como derivados y fundamentados en mtodos cientficos. Pero en sus enunciados no hay pruebas, razonamientos, demostraciones ni lecturas de sntomas. Hay, en sustitucin, una sobreabundancia de citas de autoridades cientficas o presentadas como cientficas, una intercalacin constante de cifras y porcentajes. Estos gestos establecen discursivamente el estatuto cientfico de sus afirmaciones. Las reglas que se enuncian refieren, en realidad, procedimientos empricos trabajosamente revestidos de cientificidad discursiva.
Ms all de su frgil densidad conceptual, los textos de Mercante e Ingenieros produjeron efectos de verdad desde un lugar de autoridad cientfica y acadmica. Ejercieron una gran influencia en las decisiones estatales y en la vida pblica. El libro de Mercante se utiliz durante dcadas para la formacin de maestros normales; el de Ingenieros, como fuente de consulta para jueces, peritos mdicos y psiquitricos. Por todas estas razones, el anlisis de los procedimientos del examen expuestos en estos dos textos permite acceder a discursos y prcticas sociales que hablan a travs de estos escritos.
2.- POSITIVISMO Y EXAMEN EN LA ARGENTINA: PASADO Y PRESENTE.
1.-
La marca de los discursos y las creencias que sustentaron la pedagoga y la psiquiatra forense positivistas han influido en la evolucin posterior de la educacin escolar, la medicina y la justicia. Algunas de sus marcas son todava visibles, y otras se han invisibilizado. La lgica profunda que ha organizado los discursos y prcticas escolares a travs del positivismo ha sobrevivido al positivismo pedaggico. Una arqueologa del saber escolar permitira reconocer las presencias de esa lgica profunda en las prcticas escolares actuales, al modo de una capa geolgica sumergida en una compleja estratificacin de significados, mucho de ellos arcaicos.
En este sentido, durante la etapa fundacional de la escuela en la Argentina no se fund un tipo de escuela cuya vigencia se limit al perodo de auge del positivismo. Bajo formas positivistas, se establecieron las bases de larga duracin de una institucin cuya lgica inicial se prolongara mucho ms adelante en el tiempo, a travs de cambios histricos y transformaciones institucionales.
Durante las dcadas finales del siglo XIX, el discurso positivista imper en la filosofa, el derecho, la historia y las nuevas ciencias del hombre: la sociologa, la psicologa, la psiquiatra, la pedagoga y la didctica. Sus postulados cientificistas, empiristas y naturalistas se extendieron, incluso, al terreno de la produccin literaria, como lo atestigua el auge del naturalismo en la novela. Si bien algunas corrientes secundarias disputaron su primaca, los supuestos del positivismo impregnaron la cultura de la poca en Europa (particularmente en Francia e Italia) y en Amrica Latina.
Vinculado a la elite oligrquica modernizante y al proceso de consolidacin del Estado nacin, el positivismo en la Argentina se manifest centralmente bajo la apelacin a ciertas autoridades acadmicas tales como Comte, Darwin y Spencer, el insigne Morel y el genial Lombroso, con un sesgo acentuadamente racista basado en argumentos evolucionistas y biologistas. Su influencia alcanz a los ltimos textos de Sarmiento, atraves casi sin excepciones a todas las producciones discursivas de la Generacin de Ochenta y se prolong en exponentes centrales de la Generacin del Novecientos, como es el caso de Jos Ingenieros. Incluso dej su huella en el materialismo histrico de Anbal Ponce, discpulo y albacea de Ingenieros, cuyos textos se difundieron en los aos treinta del siglo XX.
En Europa, esta modalidad del positivismo de fines de siglo XIX present similares caractersticas y hubo, de hecho, una estrecha relacin entre los intelectuales locales y los europeos. En el subsuelo comn de las ideas finiseculares confluyeron el Higienismo y la Criminologa como formas activas de intervencin social, basados en argumentos derivados de la Medicina, la Psiquiatra, la Sociologa y la Psicologa como ciencias positivas; el evolucionismo spenceriano y el racismo biolgico; el socialismo determinista y evolutivo, combinados a veces con masonera y espiritismo; una lectura de la historia y de los conflictos sociales como patologas colectivas e individuales; y una moral laica -que fue tambin, dicho sea al pasar, una moral blanca.
Esta formacin discursiva se exterioriz y se apoy en la materialidad de una serie de instituciones y dispositivos que encarnaron la forma del Estado nacin bajo el imperio de la modernidad positivista: el Cdigo Penal, el Registro Civil, el servicio militar obligatorio, la escuela estatal regulada por la Ley 1420, etc. De modo que discurso e intervencin activa y constante en la vida social se realimentaron entre s y sostuvieron la presencia positivista como saber de Estado.
El positivismo es al mismo tiempo una cosmovisin y un programa de accin, que se asume como fundacional tambin en el terreno de las instituciones de la vida social () Imbuido de una disposicin propiamente prescriptiva, dispuesta a intervenir sobre un espacio sobre el que se superponen objetos de conocimiento nace ante todo como prctica o quizs como tecnologa proyectada- y constituye su discurso y sus objetos en el cruce entre pensamiento e institucin: en la asistencia mdica y mental, la clasificacin e intervencin de sobre la criminalidad, los problemas del aprendizaje y la disciplina en la educacin, o, an, en los alcances de un diagnstico psicosocial y psicopoltico dispuesto a sostener y remodelar las funciones del gobernante (VEZZETTi, 1988:13)
Las prcticas del examen, cuya aparicin y desarrollo Foucault situ en Europa entre los siglos XVIII y XIX, se desplegaron de manera sistemtica en la Argentina como parte de la organizacin del Estado nacin y bajo la prdica y la accin de intelectuales positivistas. El examen fue la condicin de existencia de las instituciones carcelarias, manicomiales, castrenses y educativas que se organizan rpidamente durante las dos ltimas dcadas del siglo XIX en la Argentina. De ah que, a travs del examen es posible develar gran parte del sentido de esas instituciones y de su contribucin a la educacin del soberano.
Reconstruir las prescripciones sobre el examen no supone deducir conclusiones sobre lo que realmente sucedi en la vida de las escuelas durante el perodo de mayor incidencia de estos discursos. De todos modos, los residuos y marcas de estas reglas en las prcticas actuales del examen escolar permiten inferir que estas prescripciones produjeron efectos de realidad perdurables. En tal sentido, el pasado positivista encierra algunos de los secretos del presente.
2.-
En la actualidad, el examen constituye hoy una dimensin inseparable de la vida cotidiana en las escuelas primarias y secundarias. Es la condicin de existencia de las instituciones escolares, cuya autoridad sobre cualquier otra forma de transmisin de la cultura y de produccin de sujetos en la sociedad moderna se afirma en el monopolio de la acreditacin (ttulos, diplomas, etc.). Estas credenciales de presentacin a la vida laboral y social requieren la clasificacin de los individuos segn los saberes incorporados. Y esta clasificacin se realiza mediante pruebas y exmenes.
El examen no es slo una constatacin puntual de aprendizajes determinados; implica siempre, de una manera u otra, un veredicto sobre el individuo mismo. Ese veredicto es tanto ms inapelable cuanto se presenta como resultado de la ejecucin de mecanismos impersonales, neutros y fundados en criterios ms o menos objetivos. El sentido comn recela con frecuencia tal objetividad, pero suele centrar sus sospechas en el profesor, no en el examen mismo.
Es conocida la repercusin de las prcticas escolares examinatorias sobre la vida de los individuos: deciden la permanencia o salida de la institucin escolar, su promocin o su calidad de repitente; y se extienden ms all del aprendizaje o el conocimiento examinado para transformarse en un pronstico porque son, de una manera u otra, un juicio sobre la capacidad misma de aprender, sobre la inteligencia y la moral del examinado. As, sus veredictos inciden sobre la construccin de las identidades. Antes de la experiencia escolar y del examen, los individuos no saban que no servan para la matemtica o no estaban dotados para entender la historia o la fsica. Estas comprobaciones de talentos y carencias son aprendizajes escolares tan importantes como la lectura, la escritura y la matemtica e intervienen en la produccin social de la individualidad normalizada.
Ms an, en forma creciente, los resultados del examen escolar de cada individuo en particular han pasado a constituir sumados y promediados para dar cuenta de grandes conjuntos de individuos- una forma de examen colectivo.
Adems, los resultados de grupos de alumnos integran los datos de la evaluacin institucional y de la medicin de los niveles educativos de segmentos de poblacin, o de toda la poblacin como sucede en los censos peridicos de poblacin. El nivel educativo de los padres tambin forma parte de los datos del alumno en las fichas escolares. Tcnicos y especialistas (evaluadores, planificadores, estadsticos, etc.) intervienen en la vida social para constatar la marcha de reformas educativas mediante el examen de los aprendizajes alcanzados. La difusin meditica de los promedios de aprobados y reprobados en los exmenes eliminatorios para ingresar a la Universidad ha vulgarizado una discusin sobre el bajo nivel de los aspirantes. El sistema de evaluaciones peridicas de Universidades y de categorizacin de profesores, con su cadena jerrquica de evaluados evaluadores ha extendido de una manera silenciosa y casi sin resistencias el tejido del poder en el interior de las prcticas acadmicas con una penetracin de la fiscalizacin, desconocida hasta el momento.
Por un conjunto de factores, el examen ha salido del aula y se ha transformado en un dato pblico, un juicio sobre el estado de la poblacin, un argumento para decisiones polticas o para la crtica de esas mismas decisiones.
Esta intervencin del poder del Estado en la vida social podra ser entendida en los trminos de Foucault- como una variante del paso del poder disciplinario que tiene como blanco el individuo, al poder de regulacin que tiene como propsito la intervencin sobre el conjunto de la poblacin. Pero, sobre todo, parece relacionarse con lo que Deleuze comentando a Foucault- design como paso de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control del siglo XX, cuyos integrantes estn sometidos a una difusa y omnipresente forma de examen continuo. "Control" es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconoca como nuestro futuro prximo. Despus de sealar la aparicin de un salario diferencial entre los obreros y empleados, segn evaluacin peridica del rendimiento, Deleuze seala:
El principio modular del "salario al mrito" no ha dejado de tentar a la propia educacin nacional: en efecto, as como la empresa reemplaza a la fbrica, la formacin permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluacin continua al examen. Lo cual constituye el medio ms seguro para librar la escuela a la empresa. (..) El control es a corto plazo y de rotacin rpida, pero tambin continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duracin, infinita y discontinua. () Puede ser que viejos medios, tomados de las sociedades de soberana, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que importa es que estamos al principio de algo. () En el rgimen de las escuelas: las formas de evaluacin continua, y la accin de la formacin permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigacin en la Universidad, la introduccin de la "empresa" en todos los niveles de escolaridad (DELEUZE, 1991:)
La evaluacin continua, lejos de ser una sustitucin del examen, debera ser entendida como la continuidad metamorfoseada del examen en nuevas condiciones histricas. El principio de mirada panptica y de indagacin minuciosa del individuo como forma de disciplinamiento, presentes en el examen, no ha desaparecido, sino que se ha intensificado. Si esto fuera as, la implantacin de las modernas prcticas examinatorias en la etapa fundacional del Estado nacin en la Argentina configurara el basamento y el punto de partida de formas ms actualizadas y en apariencia, pero slo en apariencia, desconectadas de las primeras.
Evaluacin continua de los individuos y las instituciones escolares, peridica evaluacin de la calidad de la educacin, clasificacin constante de los profesores, medicin de los niveles educativos de la poblacin: en el punto de partida o de llegada en algn lugar de la cadena de estas formas de intervencin, medicin y pronstico sobre la poblacin- est siempre el examen escolar.
Las discusiones pblicas y especializadas (en el campo de las ciencias de la educacin) suelen centrarse sobre los resultados, sobre los modos correctos o incorrectos de elaborar o administrar las pruebas o de establecer los equivalentes numricos, o sobre la objetividad o arbitrariedad de quienes examinan, etc. Estas discusiones suponen -y confirman- que la legitimidad y el reconocimiento de la necesidad ordenadora y clasificatoria del examen, se han vuelto universales.
El examen postula su autoridad en la objetividad y neutralidad de sus procedimientos, lo que supone el desconocimiento o el olvido de sus formas ms o menos arbitrarias. Los procedimientos del examen pueden aparecer como inocuos, neutros y objetivos, y sostenerse en su presunta cientificidad, en la medida en que son abstrados de la trama de relaciones de poder presentes en todas las formas de evaluacin. Por lo tanto, situar el anlisis del examen dentro del proceso histrico de su aparicin en la escuela contribuye a reintegrarlo a la realidad concreta de las prcticas sociales dentro de las cuales existe y de las relaciones de poder que estn en su base.
3.- LA METODOLOGA DE VICTOR MERCANTE
La Metodologa[2] de Vctor Mercante es un conjunto de prescripciones que supone a los actos de la enseanza y del aprendizaje como un engranaje regido por leyes, al modo de una verdadera mquina de ensear[3]. Es un recetario para disciplinar y normalizar nios y adolescentes, pero tambin una forma de control y regulacin del maestro mismo como agente ejecutor del disciplinamiento. En el texto de Mercante, el examen est entrelazado ntimamente con las acciones de enseanza; es una enseanza en s misma: a travs de las prcticas del examen, se educa.
La escuela pasa a ser una especie de aparato de examen ininterrumpido que acompaa en toda su longitud la operacin de la enseanza ()El examen no se limita a sancionar un aprendizaje; es uno de los factores permanentes, subyacentes, segn un ritual de poder constantemente prorrogado (FOUCAULT, 1976:191)
El buen encauzamiento de los poderes de la palabra requiere segn Mercante- un trabajo pedaggico cuyo blanco es el cuerpo de los nios y que comienza con la escritura.
Con la escritura se trata -dice elocuentemente Mercante- de formar la mano. Al servicio de esa formacin, se pone una maquinaria en accin, que incluye las reglas sobre el cuaderno. Las dimensiones del cuaderno deben ser 15 x 17 cm., papel satinado, blanco mate y rayado en azul en
dos lneas (color subido) ms las adicionales (color tenue) cuando los elementos (asta, ojales) las exijan, auxiliadas por un sistema bien combinado de punteados, guas que lleven la mano y la obliguen el movimiento correcto (97) [4]
Los cuadernos cuadriculados son la base para el aprendizaje de una letra uniforme y comn. Se aprende a escribir bajo la cuadrcula y las reglas que prescriben: el espacio entre dos lneas ser de 3 milmetros, pues es contrario a las leyes del hbito comenzar a ejercitarse en trazos de un centmetro para reducirse, gradualmente, a la dimensin normal (98) Cada letra en una cuadrcula, y segn cada tipo de letra (la letra minscula ocupa un slo espacio, pero la t, la b un espacio y medio, etc.) Tamao, largo, ancho y disposicin de cada letra en el rengln, enmarcado en lnea superior e inferior segn precisiones del tipo: la distancia entre ambas lneas es igual al doble de la que hay entre la lnea de encabezamiento y la base. Bajo la mirada atenta del maestro, esta ejercitacin produce finalmente, por imitacin reiterada del dibujo de una letra conocida como letra normal.
Para la letra normal es necesario trabajar el cuerpo del alumno que escribe. Por eso hay detalladas prescripciones sobre la manera de sentarse, sobre la manera de tomar la pluma, sobre la posicin de la mano en el pupitre y durante la escritura. El cuerpo, casi recto. Cabeza ligeramente inclinada. Brazos apoyados en el pupitre de manera simtrica. Lnea de los hombros paralela a la del banco. Posicin de la mano sobre el papel. Posicin y movimiento de cada uno de los dedos de la mano, la lnea del ndice paralelo al hombro y formando un ngulo de 45 grados con el papel, el borde del pupitre debe alcanzar el apndice xifoideo del esternn.
Este adiestramiento no se reduce al tipo de letra, sino al aprendizaje del auto-control del cuerpo, regulado tambin por la materialidad del cuaderno:
los caracteres usados en estos cuadernos exigen que se tome la pluma suavemente entre el pulgar, algo plegado sobre su primera articulacin, el ndice, sensiblemente encorvado, y el mayor, sobre cuya extremidad se apoya el portaplumas, comprimido por los dos primeros. El anular debe estar plegado en su segunda articulacin hacia la palma de la mano de tal modo que sus falanges anteriores no impiden la aproximacin del mayor al meique (104)
Ahora bien, este procedimiento que he citado con alguna extensin porque ilustra la atencin prestada al control sobre los pequeos detalles- es, a su vez, parte de un engranaje mayor y de una enseanza diferente: la inscripcin en el nio las adecuadas disposiciones corporales para percibir y emocionarse del modo adecuado. En este sentido, una leccin de enseanza de la lectura y la escritura es, sobre todo, una leccin moral. Es la construccin de cuerpo dcil, la inscripcin corporal de una moral. Baste sealar que el paso de la lectura mecnica a la lectura expresiva tiene su remate en la declamacin. En la declamacin, la mmica sirve para ensear el modo adecuado de emocionarse.
Al principio debern, en vez de un trozo, gesticular una frase, un pensamiento para asociar sin esfuerzo la palabra al movimiento. Negros nubarrones oscurecan el cielo: dirige la vista hacia lo alto; describe un arco extenso con la mano; los ojos contrados y el rostro misterioso (169)
Veamos ahora el examen. Antes de trazar un plan de enseanza, es preciso realizar una indagacin de los defectos a corregir. Esta definicin del examen, es reveladora. Ensear es esencialmente corregir, torcer, contrariar la naturaleza del nio y el adolescente para llevar a un ser deformado por los malos hbitos -o por los rasgos heredados- a una cierta normalidad.
Este tipo de examen clasifica los errores o anomalas de los individuos y, eventualmente, a los individuos mismos. La clasificacin resultante de estos procedimientos no se orienta por categoras pedaggicas o didcticas; apela siempre a categoras de la psicologa, la psiquiatra, la criminologa o, simplemente, la moral vigente.
Cada leccin y cada paso de la enseanza estn acompaados por las indicaciones de las anomalas ms frecuentes, las posibles deficiencias, las seales eventuales de una anormalidad latente o inadvertida. El examen es as la indagacin de una normalidad sospechosa. Se puede tomar, entre otros, el ejemplo de las reglas del examen de la lectura.
El examen de lectura debe realizarse con cada alumno en forma individual, al que se asla y se coloca en condiciones de laboratorio.
El sujeto se examinar en un recinto donde no estn presentes sino el maestro y sus ayudantes, colocado a varios metros de distancia y leyendo de pie (1932:147).
Se le dice al alumno que lea el fragmento de un texto; luego, que lo repita varias veces: lo ms rpido posible y lo ms lento posible. Cada ayudante se concentra en la observacin y registro de ciertos aspectos. Despus, los datos se cruzan y se elabora la planilla donde consta: tiempo de lectura, voz, modulacin, pausas oportunas e inoportunas, puntuacin, respiracin, etc. En la planilla de cada alumno hay que incluir las anomalas: disartrias, dislalias, etc. Con respecto al uso de la voz, hay que estar atento a detectar la hiperfona, el hablar en voz muy alta, pero tambin sobre el hablar en voz baja o hipofonia: caracterstica de ciertos malestares, del tmido, del pusilnime, del triste, del deficiente. Y tambin sobre el timbre inadecuado o parafona y los casos de voz en falsete, aflautada, mujeril, cavernosa. Y tambin el hablar disciplicente, el nasalismo, la ganguera, la voz eunocoide.
Es oportuno recordar aqu lo sealado por Foucault, a propsito de la importancia otorgada en el examen a
esas pequeas tcnicas de notacin, de registro, de constitucin de expedientes, de suposicin en columnas y en cuadros (que) han permitido el desbloqueo epistemolgico de las ciencias del individuo (FOUCAULT, 1976:195)
Por otra parte, la planilla reproduce el modelo tradicional de la documentacin administrativa. El examen deja tras de s
un archivo entero tenue y minucioso que se constituye al ras de los cuerpos y de los das. El examen que coloca a los individuos en un campo de vigilancia los sita igualmente en una red de escritura; los introduce en todo un espesor de documentos que los captan y los inmovilizan (FOUCAULT, 1976: 193)
Se trata de una ciencia de los procedimientos, bajo el presupuesto de las patologas.
Una vez concluido el examen y establecidos los defectos y anomalas, se elabora el plan correctivo. Ese plan consiste en ejercicios de respiracin, solfeo, lectura caminando pronunciando la a, la boca exageradamente abierta, repeticin de la misma palabra diez veces en tonos distintos.
La declamacin el punto escolar ms alto de la lectura expresiva es tambin un procedimiento correctivo. Aunque, por supuesto, en la mmica declamatoria acechan otra vez las patologas. El maestro debe permanecer atento a la hipersemia, demasiada gesticulacin, a la hiposemia o poca gesticulacin y a la asemia, ausencia de gesticulacin propia de jvenes de voluntad dbil y en general, a la gesticulacin errnea del inexperto y poco educado
Como se advierte en esta ltima expresin, el individuo bien educado es aquel que, entre otras cosas, sabe la gesticulacin adecuada. Para ello, hay que practicar lo que despus se ha denominado la pedagoga del esfuerzo: la imposicin trabajosa de un comportamiento, venciendo las resistencias del alumno. Es en ese sentido que, en otro momento, Mercante advierte previsoramente:
Los alumnos tienen vergenza de leer as. Esta auto-inhibicin ser vencida con trabajo (153)
El procedimiento del examen est presidido por la certeza de la normalidad precaria los nios normales. El primer captulo de su Metodologa es, en este sentido revelador; est dedicado a trazar la lnea divisoria entre normalidad y anormalidad. La
Metodologa est destinada a la enseanza de los normales. Para los que no lo son, est la educacin especial o enmendativa en otro tipo de instituciones y mediante otros procedimientos. Segn la declaracin inicial del tratado, quienes estn fuera de la normalidad integran el amplio y heterogneo conjunto de los deficientes.
Son tipos deficientes los ciegos, sordo mudos, dbiles, idiotas, cretinos, imbciles, degenerados, delincuentes precoces, inestables, psicastnicos, etc.
Sin embargo, esta operacin de deslinde no concluye, sino que prosigue con los normales. Parte de los anormales antes citados
constituye cierto porcentaje en las escuelas (para normales) por cuanto los reglamentos no han ordenado, hasta ahora, una clasificacin que permita formar grupos homogneos, sin esa promiscuidad funesta al desarrollo tranquilo de las aptitudes psicomorales y a la eficacia de los mtodos (1932:2)
Al final del libro de Mercante hay un Vocabulario de tecnicismos empleados; sobre un total de 83 palabras, 58 designan distintos fenmenos patolgicos, hecho tanto ms significativo cuando se recuerda que esta Metodologa est destinada a la educacin de los normales.
El tema de la promiscuidad y de la confusin, de la mezcla entre autnticos y falsos normales, es equivalente a la preocupacin por la confusin entre la locura autntica y simulada en las crceles y manicomios, como se expone ms adelante, a propsito de Ingenieros. Es una preocupacin de poca, que pone en juego la eficacia clasificatoria de las ciencias positivas. Rodolfo Senet haba comunicado, en la misma poca, la gravedad de la confusin en las escuelas[5]. Despus de creada esta gran categora de la anormalidad- dice Foucault- la gran familia indefinida y confusa de los anormales atemoriza de forma obsesiva a las gentes de finales de siglo XIX (1996: 61)
La normalidad, en el sentido estricto del trmino, slo est al final de un recorrido de normalizacin pedaggica basada en estmulos enrgicos. Dice Mercante:
la mayor parte de los alumnos pertenecen al tipo pasivo (indolente) que se mueven bajo la accin de estmulos enrgicos, obligados por algo que, contrariando sus hbitos de inercia, los vuelva activos. El maestro no debe forjarse ilusiones (1932:71)
De este modo, el conjunto de los normales es objeto de una cuidadosa vigilancia que regula el proceso de produccin del cuerpo dcil y de la adaptacin al medio. Mientras esto no se haya logrado, de los nios normales es esperable sin forjarse ilusiones- la manifestacin de una serie abrumadora de defectos que ingresan en un amplio espectro de las patologas. Se podra decir que para Mercante como para otros pedagogos positivistas- educar es des-patologizar.
La vigilancia constante para identificar la aparicin de algn sntoma de anormalidad funciona como una profeca auto cumplida puesto que ya, previamente, se han definido como patologas muchos de los errores comunes de todo proceso de aprendizaje. Algunos ejemplos, extrados de diferentes pasajes del texto, lo confirman:
El sujeto, ntese bien, puede ser un afsico motriz y resultar su ortografa perfecta2 (195)
La neurastenia, la anemia, estados patolgicos accidentales, esfuerzos inacostumbrados de los sentidos, la incomprensibilidad, la fatiga incapacitan para atender despus de cierto tiempo, si estmulos enrgicos no lo vitalizan (199).
A las patologas de la atencin segn Morel apropesia, hipopresia, hebet, atencin involuntaria- le sigue la enumeracin de las ecofasias.
Las ecofasias son, por lo comn, de carcter regresivo y sntoma de inestabilidad mental: slo a ellas dbense la mayor parte de los errores ortogrficos respecto a letras ( 202)
El uso indebido de las haches indica un perodo de crisis evolutiva (211)
La mayor parte de los errores de la primera prueba se deben a desconocimiento de significado y a obtusidad auditiva (213)
Bajo tales condiciones, la normalidad parece designar ms bien un tipo ideal, un paradigma de perfeccin absoluta segn un patrn que rara vez se alcanza. Al respecto, seala Foucault que a medida que el poder se vuelve ms annimo y ms funcional, aquellos sobre los que se ejerce tienden a estar mas fuertemente individualizados (1976:197). Entonces, aparecen las vigilancias, observaciones y medidas comparativas que tienen cada vez ms por referencia la norma y las desviaciones. As, todos los esfuerzos de individualizacin se centran
en el nio ms que en el adulto, en el enfermo ms que en el hombre sano, en el loco y el delincuente ms que en el normal y el no delincuente (FOUCAULT,1976:197)
En tal sentido, el adulto sano, normal y legalista sera una abstraccin, un punto de referencia normativa. A tal punto que, incluso cuando este individuo adulto es estudiado por todas la ciencias y tcnicas psi,
es siempre buscando lo que hay en l todava de nio, la locura secreta que lo habita, el crimen fundamental que ha querido cometer (FOUCAULT, 1976: 198)
La normalidad nunca est del todo instalada en los individuos reales. El maestro - modelo de la normalidad que deben alcanzar los alumnos- tambin est amenazado por sus propios errores, que lo alejan del comportamiento modlico. Por eso, adems del exhaustivo repertorio de errores y anomalas de los alumnos, la Metodologa enuncia los errores del maestro. Los trminos que los designan apelan a previsibles terminologas patolgicas. El captulo VII de la Metodologa est enteramente dedicado a detallar un total de 53 defectos en los que suelen incurrir los maestros poco experimentados: 9 defectos en preguntas y respuestas, 11 defectos en el uso de las ilustraciones, 6 en el uso del lenguaje, 17 en los procedimientos, ms otros 10 no incluidos en los anteriores. El maestro debe mirar y mirarse.
En la disciplina, son los sometidos quienes tienen que ser vistos. Su iluminacin garantiza el dominio del poder que se ejerce sobre ellos. El hecho de ser visto sin cesar, de poder ser visto constantemente, es lo que mantiene en su sometimiento al individuo disciplinario. Y el examen es la tcnica por la cual el poder () en lugar de imponer su marca a los sometidos, mantiene a stos en un mecanismo de objetivacin (FOUCAULT, 1976:192)
A travs de esta coleccin de errores del maestro normal, es posible leer tambin el modelo de clase normal. Este modelo, a cada instante amenazado, requiere una vigilancia constante del maestro sobre los alumnos y sobre s mismo. Las indicaciones revelan hasta qu punto la presencia de la mirada que examina, controla, corrige y sanciona est diseminada en todos los pliegues de lo que sucede en el aula.
Uno de los errores consiste en
comenzar el interrogatorio sin la atencin de todos los alumnos, con voces destempladas o habiendo sobre los pupitres, cuadernos, papeles, libros, lpices, poderosos elementos de distraccin en cualquier momento dbil de la clase (84)
Otro error es comenzar la leccin con frases tales cmo quien puede o recuerda, ya que
fomentan el hbito de levantar la mano por cualquier motivo () de alzarse del banco. Se produce indisciplina; se pervierte la atencin; el maestro, en vez de cuatro preguntas por minutos, hace dos y rompe la unidad (77)
Cuando el maestro ensea,
la clase debe ser absolutamente pasiva a fin de no perturbar los tres o cuatro minutos de atencin intensa con preguntas inoportunas y respuestas que retarden la explicacin del caso (79)
4.- SIMULACION DE LA LOCURA DE JOSE INGENIEROS
Detrs de los procedimientos examinatorios prescriptos por Mercante est la sospecha de una anormalidad latente o inadvertida. En La simulacin de la locura de Jos Ingenieros, la sospecha que preside el examen es el de una anormalidad simulada. En ambos casos, el individuo aparece revestido por un error o una mentira que slo el examen cientfico puede traer hacia la verdad.
En el caso de Ingenieros, el examen ya no es pedaggico, el interrogatorio ya no es didctico. El dispositivo apunta ahora a superar, quebrar o desenmascarar la astucia del simulador. No se trata de un problema menor, sino del delincuente, que finge para evitar el castigo por su delito. Es una cuestin de defensa social. Segn la terminologa de poca, la sociedad debe defenderse de los sujetos antisociales.
Si el tema de la simulacin de la locura haba tenido en Charcot una atencin dirigida hacia los enigmas del fenmeno de la histeria, rpidamente deriva a una problemtica del Derecho Penal y de la administracin carcelaria. El tema apasiona y obsesiona a los criminlogos y psiquiatras de todo el mundo en esa poca; las citas de Ingenieros remiten a una gran cantidad de nombres de autoridades cientficas, encabezados por Morel y Lombroso[6].
Todas las afirmaciones de Ingenieros reposan sobre la amplia y difusa figura de la locura, que integra el capitulo de la anormalidad y que, con frecuencia, se inserta en la categora de la delincuencia. Un examen atento del uso de las tipificaciones en Ingenieros permitira identificar desplazamientos del plano biolgico al psiquitrico, de ste al criminolgico o, simplemente, al orden moral. Lo que une estas diferentes formas de clasificar a los individuos estudiados es el hecho de que en todos ellos, por causas diferentes, se manifiesta la inadaptacin social. La locura es una anormalidad psquica tal que hace al individuo inadaptado para vivir en su medio social (144)[7]
Se trata de diferenciaciones mentales que vuelven antisocial el comportamiento del individuo. Ahora bien, el comportamiento del delincuente es tambin antisocial y se explica, por lo tanto, por alguna anomala, por lo general -dice Ingenieros- las correspondientes a degenerados tpicos y delincuentes natos. Pero no toda anomala es locura en el sentido clnico legal, es decir, con caractersticas tales que autoricen a dictaminar la irresponsabilidad penal.
La intervencin mdico-psiquitrica criminolgica opera as en una delicada y resbaladiza zona de la anormalidad, en la que el delincuente est fuera de la normalidad pero dentro de la responsabilidad penal, donde la locura para obtener el beneficio de la irresponsabilidad penal suele ser simulada, y esta simulacin se entiende como signo de no normalidad.
Los simuladores de la locura estn todos afectados por histerismo, epilepsia, alcoholismo o predispuestos a neuropatas hereditarias. Es una excepcin que el sujeto cuerdo simule estar alienado (148)
La sntesis de tal situacin es expuesta por Ingenieros en los siguientes trminos:
El delincuente simulador suele presentar las anomalas psicolgicas comunes a los delincuentes; pero como ellas no confieren la irresponsabilidad legal, simula formas clnicas de alienacin que en el concepto de la ley implican la irresponsabilidad penal (149)
Ante tal complejidad, la ciencia positiva debe auxiliar a la justicia para discriminar las anomalas propias de todo delincuente, las que se encuadran dentro de la definicin de la locura y las de aquellos que la simulan. La distribucin de los sujetos en las crceles, en los manicomios y en los manicomios criminales (129) -institucin sta ltima sntesis de la crcel y el manicomio- es un procedimiento donde que pone en juego la racionalidad de la justicia y de las instituciones de encierro.
En Buenos Aires, a comienzos de siglo, los delincuentes de quienes se presume locura al momento de intentar o realizar un delito
son enviados al Servicio de Observacin de Alienados (policial) y desde all directamente al manicomio o a la justicia penal. Los delincuentes a quienes se procesa, si presentan signos de locura, son reconocidos por dos peritos del Cuerpo Mdico de Tribunales, en la crcel misma o en la seccin de alienados delincuentes del manicomio general. Los ya condenados, si enloquecen, son examinados por los mdicos de la crcel y por los de Tribunales, transfirindoseles a la seccin especial del Hospicio (131)
El examen a cargo de los peritos psiquitricos o de los mdicos de la crcel esta resumido en un conjunto de prescripciones expuestas en el Capitulo IX de La simulacin de la locura. En el capitulo X, se completa la indicacin sobre los procedimientos de examen con el anlisis y comentario de los llamados recursos especiales. En el Captulo IX, se enuncian los mtodos estrictamente cientficos; en el X, los empricos, la mayora de los cuales son rechazados por Ingenieros.
El examen psiquitrico incluye el estudio de la herencia, el sexo, la edad, los antecedentes patolgicos individuales. Estos datos no sirven para extraer conclusiones, dice Ingenieros. Tampoco sirve demasiado el examen somtico para diferenciar al autntico alienado del simulador, a pesar de que, en lneas generales, los estigmas morfolgicos de la degeneracin abundan ms en los primeros que en los segundos (320)
Qu resta, entonces? Algunos indicios. Es esencial establecer el momento y la forma de aparicin de los sntomas de la locura, ya que en los simuladores emergen siempre en forma repentina y posterior al delito. Tambin es fundamental el seguimiento de la evolucin clnica, ya que los simuladores suelen poner en escena, por desconocimiento, distintos cuadros clnicos, incompatibles entre s.[8]
Pero, por sobre todo, el perito debe orientarse por la mmica, la mirada, las formas de hablar y de escribir del alienado real o simulado. Llegado a este punto, el procedimiento del perito y las herramientas conceptuales y metodolgicas puestas a su disposicin comienzan a parecerse cada vez ms al examen escolar y recuerdan varias de las afirmaciones de Vctor Mercante.
Por ejemplo, las observaciones de Mercante sobre la gesticulacin normal y las formas de mirar para emocionarse en el momento adecuado (la vista hacia lo alto, el rostro misterioso, etc.) pueden ser relacionadas con estas indicaciones del examen psiquitrico criminolgico:
La importancia de la mmica fisionmica ya sea emotiva o ceremonial- es muy grande para el diagnstico, si es observada por un hbil psiclogo. Un surco, una desviacin o una contractura, que no coincidan con las ideas o sentimientos expresados, pueden denunciar la falsedad (329)
Despus se alude a la famosa mirada del loco: en los alienados tiene la fama de ser caracterstica o, por lo menos, anormal (330) El simulador no sabe imitar estas miradas, y durante su actuacin sigue atentamente con los ojos las reacciones del perito.
La mirada escrutadora sobre el cuerpo del sujeto se extiende al examen del lenguaje y la escritura, otros tantos elementos para identificar al autntico alienado, ya que en l estn presentes o ms acentuadas las deficiencias y anomalas del lenguaje. El repertorio de manifestaciones del lenguaje que formula Ingenieros es la contrapartida de los rasgos de normalidad enunciados por Mercante para el arte del buen decir y la escritura correcta, y se corresponden puntualmente con las anomalas a detectar en los alumnos. El cortejo de dislalias, disartrias, disfasias, lentitud de diccin, ecolalias, monofrasias, sorderas verbales y agrafias que haba desfilado ya en la Metodologa de Mercante vuelve a aparecer aqu triunfalmente para auxiliar al perito frente al desafo que le impone el loco verdadero o simulado.
Cada gesto y cada mirada deben coincidir con las ideas o sentimientos expresados, de la misma manera que los modos de hablar deben coincidir con el modelo escolar.
En los simuladores de estados delirantes pueden encontrarse a veces errores gramaticales en la diccin, pero tienen carcter constante e irregular; en los verdaderos paranoicos tienden a sistematizarse (334)
A los modos correctos de tomar la pluma y escribir segn las reglas de Mercante antes citadas - se le oponen, como una rplica en negativo, los modos del autntico alienado:
puesta la pluma en sus manos, la dejan caer, la rompen o la mantienen inmvil, clavando la punta en el papel (333)
En el lenguaje escrito ocurre lo mismo que en el hablado; los errores de redaccin del simulador difieren de los del alienado (335)
el manaco har su escrito con irregularidades, borrones, tropiezos de la pluma, renglones entrecortados y sin paralelismo; el melanclico escribir en lneas descendentes (335)
La escritura es el lugar donde el loco y el simulador se delatan. En el mismo sentido, la escritura de los deberes en la casa delata al nio y al ambiente familiar. El maestro lee en ellos los rastros de la individualidad y las marcas de las costumbres de sus padres. Se hace as una idea de las patologas a combatir. Al recoger el deber dado el da anterior, el maestro profetiza Mercante- podr constatar que se entrega
una exuberante variedad de papeles () una acabada idea de desorden y de la necesidad de hbitos contrarios; el deber presentado en papel de cuentas, en hojas cuadriculadas o arrancadas de un tirn del cuaderno () y por ltimo, manchados con grasa o con las impresiones del pulgar y el ndice de la mano que no se lava a menudo (72)
Para Mercante, la atencin en los alumnos debe ser constantemente vigilada ya que es -como se seal antes- dbil e inconstante en los nios no educados. Segn Ingenieros, el descenso del poder de atencin es uno de los indicadores de muchas enfermedades mentales:
verbigracia, los dementes, los confusos mentales, muchos degenerados psicastnicos, idiotas melanclicos, maniacos, etc. (341)
Pero la fluctuacin de la atencin es un tema especficamente escolar, ya que histricamente recin apareci como problema en las condiciones del aula. La normalizacin de la atencin supone un paso exitoso y completo por la socializacin escolar y una inscripcin en el cuerpo de las reglas del aula. As, el examen criminolgico puede examinar como posibles patologas los efectos de la educacin escolar, o la ausencia de sta. Y en cierto momento, el examen psiquitrico criminolgico puede transformarse en el examen escolar, tal como surge del siguiente ejemplo:
-Cunto son 5 por 5?
Veinticinco.
-4 por 8?
Treinta y dos.
-2 ms 2?
No s 7 5 4
-Cmo sabe multiplicar y no sabe sumar?
No tengo memoria
Y en seguida vuelve a un completo mutismo (348)
Al finalizar el captulo, Ingenieros admite que el conjunto de estos procedimientos, ms o menos cientficos, tienen siempre un valor relativo.
Por eso el perito puede verse precisado a recurrir a medios especiales, directamente encaminados a desenmascarar la simulacin (351).
El capitulo X, dedicado a los recursos especiales, desplaza la escena a un territorio mas controvertido y escasamente cientfico. La esforzada modernidad del examen diagnstico cede su lugar a un conjunto de prcticas que Ingenieros no vacila en designar como inquisitoriales.
Segn el esquema propuesto por Foucault con relacin a la penalidad jurdica, el paso del poder soberano al poder disciplinario est signado, entre otros aspectos, por la tendencia a la disminucin del sufrimiento y a la regulacin de la pena. Sin embargo, la dimensin suplicial no desaparece del todo. La prisin moderna recuerda Foucault- no ha funcionado jams sin cierto suplemento punitivo que concierne real mente la cuerpo mismo: racionamiento alimentito, privacin sexual, golpes, celda (1976:23).
Tal como se desprende inequvocamente del Captulo X, los recursos encaminados a desenmascarar la simulacin persiguen la obtencin de la confesin del sujeto mediante amenazas o suplicios, que tienen como blanco el cuerpo apresado por la institucin y puesto en estado de indefensin frente al perito. En tales condiciones, el examen es una forma complementaria de castigo, con independencia de las posteriores sentencias jurdicas.
Hierros candentes en los pies, corrientes elctricas en el cuerpo, aislamiento, ayuno forzado, palizas, duchas heladas, muertes por exceso o impericia en la administracin de las pruebas: bajo formas autorizadas por la autoridad mdico-legal, los recursos especiales preanuncian algunas de las realidades ms habituales del Estado en el siglo XX.
Estos recursos divdense en cuatro grupos, segn su naturaleza astuta, coercitiva, txica o cientfica (355)
Los recursos astutos complementan el examen psiquitrico y varan segn la conducta del simulador. Consisten en una serie de trucos, algunos de los cuales son el de engaar al sujeto estudiado con comentarios mdicos ante un tercero para observar despus si el supuesto simulador acta los sntomas mencionados en los comentarios. O interrogarlo varias veces para detectar posibles contradicciones en sus respuestas. O, si fingen mutismo, obligarlos a rer con socarroneras apropiadas a su psicologa individual (358).
Con los coercitivos y txicos se ingresa a la verdad secreta de la crcel y el manicomio. La serie es completa, se escandaliza Ingenieros, quien se ve obligado a sealar a cada paso la ineficacia de estos recursos. No obstante, cuentan con el respaldo de muchos tratados y autoridades periciales y psiquitricas de la poca. Algunos de ellos integran la lista de autoridades de la ciencia a los que Ingenieros apela en sus escritos y conferencias.
As, Laurent y Tigres y otros autores recomiendan
duchas fras, prolongadas y frecuentes (Pero) se conocen casos de muerte por congestin pulmonar, debidos al abuso de duchas fras en pleno invierno. Hemos visto fallecer por esa causa a un manaco, sometido a tal tratamiento por un colega poco experto (359)
Mascka y Schlager recomiendan ayunos prolongados, o dietas de pan y agua.
Algunos alienistas han credo ser ms cientficos sometiendo a los sospechosos a la accin de intensas corrientes elctricas (359)[9]
los peritos Brachet, Bieny y Favre aplicaron, con toda crueldad, cauterizaciones (360). Se han prescripto vomitivos, medicaciones nauseabundas, vesicatorios y revulsivos diversos ()
Cita el caso referido en un tratado como ejemplo de procedimiento exitoso, aplicado por psiquiatras de Lyon:
un simulador en estado estuporoso con mutismo, en quien los peritos usaron como piedra de toque las cauterizaciones con termocauterio en la planta de los pies, cediendo el sujeto, despus de siete sesiones (360)
Los recursos txicos -hacer ingerir drogas hipnticas o anestsicas para obtener la verdad- cuentan con una extensa autoridad acadmica.
Monteggia us el opio en altas dosis () El insigne Morel tuvo la debilidad de emborrachar a supuestos simuladores, con el propsito de descubrir su engao (362) Al mismo Morel se debe la prctica de intoxicaciones con ter () En algunos pases los reglamentos de sanidad militar la aconsejan como medio eficaz de descubrir a los reclutas que simulan para eludir el servicio militar (363)
Tambin se ha usado con frecuencia el cloroformo, a pesar del fracaso de centenares de cloroformizaciones infructuosas (363).
A lo largo de este impresionante captulo, Ingenieros rescata slo los recursos astutos y rechaza los dems, aunque se ve obligado a admitir que son usados en silencio por algunos de sus colegas. Su crtica apela en un momento a la crueldad y a la falta de moral profesional, pero la discusin con sus colegas gira fundamentalmente en torno a criterios instrumentales, referidos a la inutilidad o ineficacia de sus resultados: ante el sufrimiento, muchos autnticos alienados se declaran simuladores, y la simulacin prolongada puede derivar en autntica locura. De hecho, los casos clnicos referidos en otro libro de Ingenieros, la Criminologa, dan cuenta de sujetos que se han deslizado a travs de la criba de las categoras psiquitricas, y de otros que han quedado atrapados dudosamente en las clasificaciones. Este peligro social exige una mejor respuesta de la ciencia. As concluye el Captulo X:
En ltima instancia, los nicos mtodos de diagnstico verdaderamente cientficos parecen limitarse al estudio detenido del sujeto, desde el doble punto de vista criminolgico y psiquitrico (374)
Con esta afirmacin, el problema vuelve al punto de partida, ya que la insuficiencia de los medios cientficos es la que autoriza la intervencin de los recursos especiales. La criminologa y la psiquiatra de la poca, al no lograr reconocer en todos los casos a los sujetos tipificados por sus propias clasificaciones, dejan ver inquietantes grietas en los fundamentos positivos del Estado moderno y la razn psiquitrica. Los procedimientos examinatorios imitan al examen mdico sin poder respaldarse en una ciencia definida, incluso en el sentido positivista del trmino. Es la simulacin de un gesto cientfico. En ese sentido, reaparece otra vez el sesgo teatral de la escena del examen y paradjicamente- el delincuente simulador es examinado mediante una suerte de simulacin de la ciencia.
5.- EL EXAMEN COMO CAMPO DE BATALLA
Como se ha mostrado en los puntos anteriores, el examen escolar y el examen psiquitrico criminolgico participan del presupuesto de la sospecha: el examen se vuelve necesario porque no se est ante lo que parece. El sujeto no es o es posible que no sea- normal o loco. Las apariencias de normalidad y de locura son siempre equvocas y, por lo tanto, los procedimientos examinatorios prestan atencin preferencial a las deficiencias y anomalas.
Tanto en uno como en otro caso, el principio que preside y organiza el conjunto de las prcticas examinatorias es el eje normalidad/ anormalidad. Lo importante no es tanto indagar el aprendizaje o el delito, sino clasificar al sujeto mediante su inclusin en algunas de las categoras pre-existentes, que van de la normalidad como modelo ideal a la extrema anormalidad.
La posibilidad de estudiar y examinar a los sujetos tiene como condicin previa la aparicin de las instituciones que separan y renen a los individuos segn categoras que definen a los nios y adolescentes como alumnos y a ciertos sujetos como locos o delincuentes. Bajo las condiciones experimentales del encierro, la pedagoga, la psiquiatra y la criminologa desdoblan esas categoras generales en otras ms especficas (tipos de alumnos, de locos, de simuladores).
Las dos formas de examen se llevan a cabo mediante una retcula de pequeos detalles, que configura una verdadera analtica del cuerpo. Esta mirada panptica no se reduce a la intencin diagnstica, sino que se relaciona con la elaboracin de tcticas pedaggicas, correctivas, penales- que tienen como blanco el cuerpo para disciplinar, corregir, recuperar y normalizar a los sujetos.
Los resultados de ambos tipos de examen son incuestionables e inapelables porque se basan en la autoridad de los procedimientos metdicos de la ciencia. Los pedagogos, psiquiatras y criminlogos son los portadores de la ciencia, segn una escisin que excluye a los sujetos examinados de toda posibilidad de intervenir en tales resultados porque son legos, y su misma racionalidad est en entredicho.
La relacin entre examinador y examinado, entre maestro y alumno, entre perito y delincuente o loco es explcitamente definida por la pedagoga y la psiquiatra como una relacin en la que se contraponen sujetos, intenciones y morales diferentes.
Es necesario detenerse en este ltimo aspecto porque es una suerte de condensacin de los anteriores. El territorio del examen es un campo de batalla, una escena de enfrentamiento. La relacin entre maestro y alumno, entre perito y simulador es una relacin de lucha. No es una interpretacin ni una metfora. Son los trminos usados en los textos de Mercante e Ingenieros.
En diferentes captulos de la Metodologa, Mercante define reiteradamente la relacin del maestro y el alumno como una contraposicin constante y nunca del todo resuelta. De un lado, est la actividad, el desalio, el habla, la dispersin y la irregularidad del nio. Del otro, el maestro con su mandato de inculcar en el nio la pasividad, la prolijidad, el silencio, la concentracin y la regularidad. Slo la direccin firme, paciente y experimentada del maestro puede triunfar en esa pugna, extremadamente difcil, puesto que incluye en el campo antagonista no slo al alumno, sino tambin a los padres y el ambiente familiar. En el captulo VI, al hablar de los deberes realizados en la casa, Mercante advierte:
La pereza, contra la que tanto debe luchar la escuela argentina, por ser una caracterstica de los elementos que educa, est favorecida por la accin demasiado abierta del hogar. El nio, valido de la mentira, elude fcilmente la compulsin de un padre que nunca averigua el mecanismo escolar a que est sometido el hijo () Cuando hay un padre que sigue de cerca de sus hijos, cuando el hijo no gobierna sus actos, o no hace lo que se le antoja, a al padre se le importa que se instruya (sic), la tarea de la escuela no tropieza con esa montaa de obstculos que le oponen aquellos hogares para quienes los hijos son hijos de la libertad y la asistencia al aula un simple motivo para sacarse de encima un estorbo (75)
Por su parte, Ingenieros, en el ya citado capitulo X de la Simulacin de la Locura, titula el primer punto con un ttulo significativo: Lucha entre simuladores y peritos.
El delincuente simulador localiza en el perito su lucha contra el ambiente jurdico. Cuando est en su presencia, toda su energa converge en el desempeo de su papel; del xito depende su libertad, cuando no su vida misma, en los pases que conservan la pena de muerte (353)
En tales circunstancias, el perito est obligado a desplegar todas sus aptitudes, impelido por dos fuerzas. Una de ellas es el deber profesional de tutelar la seguridad socia y la otra se deriva de su amor propio de hombre de ciencia (que) le muestra su reputacin en peligro por las maas astutas del simulador (354)
As acaecen esos duelos tenaces entre peritos concienzudos y simuladores inteligentes, donde se cruzan el ingenio y la astucia, sembrando dudas en el perito y desesperacin en el simulador (354)
Tanto en el caso escolar como en el carcelario, se trata de duelos de la voluntad, del ingenio, de la inteligencia. Pero los sujetos enfrentados en estos forcejeos y luchas no lo hacen con armas iguales, sino a travs de una relacin construida por una desigual trama de poder. Los examinadores ejercen un enorme poder institucional, legal, acadmico y en ocasiones, punitivo- sobre sus oponentes examinados. A la coaccin fsica del Estado se agrega el poder constituido como saber. En el momento del enfrentamiento, los contendientes se relacionan desde el saber de unos y desde el no saber de otros. Los examinados son constituidos en esa relacin mediante una clasificacin que los desautoriza a intervenir en su clasificacin, y les quita la posibilidad de la palabra y del ejercicio de la razn.
La autoridad acadmica que quita la palabra lo hace, a veces, en propio beneficio de aquellos a quienes silencia. El pastor sabe mejor que la oveja qu es lo que le sucede, lo que necesita y lo que debe hacerse. Se trata de un principio general que Ingenieros generaliza incluso con relacin al conjunto de los normales:
La cuestin social y sus soluciones son problemas cientficos inaccesibles a los ignorantes, sean ricos o pobres, catlicos o anarquistas. La ciencia es demasiado aristocrtica, exige un poder de comprensin que suele faltar en las mentes incultas (1957:72) [10]
Cul es, en realidad, el tipo de lucha que enfrenta a examinadores y examinados en sus duelos de inteligencia y voluntad? Cul es el objeto de la disputa? Cules sus consecuencias? En todos los casos, se trata de una lucha de unos para imponer y sancionar clasificaciones a otros, y de los intentos de stos por desclasificarse, sea simulando normalidad o locura, sea por cualquier otro medio que les permita filtrarse a travs de la retcula del examen. En este juego de acciones y rplicas, de tcticas y contra tcticas, el objeto en disputa y el efecto a largo plazo del desenlace es bastante claro. Se trata de la definicin del sujeto en la red de relaciones sociales, su ubicacin dentro o fuera de la normalidad, dentro o fuera de algunas de las instituciones de encierro. De ello dependen las formas de inclusin de cada individuo en el mundo laboral, familiar, militar, intelectual, y las modalidades de la atencin pastoral de su vida, su salud, su moral. Bajo el presupuesto de las patologas, y con el destino prefijado para las mayoras, las resistencias son inevitables. Los poderes desiguales- de unos y otros, entran en lucha. Integran esas
relaciones de fuerza mltiples que se forman y actan en los aparatos de produccin, las familias, los grupos restringidos y las instituciones (y que) sirven de soporte a amplios efectos de escisin que recorren el conjunto del cuerpo social. Entonces forman una lnea de fuerza que atraviesa los enfrentamientos locales y los vincula. () Las grandes dominaciones son los efectos hegemnicos sostenidos continuamente por la intensidad de todos esos enfrentamientos (FOUCAULT, 2003:114)
En ese sentido, el examen escolar y el examen psiquitrico criminolgico que hemos expuesto en este trabajo no son las manifestaciones particulares de un poder central que construye de arriba hacia abajo los dispositivos de dominio sobre el conjunto ms o menos inerte de las relaciones sociales. Son el efecto combinado de tcticas disciplinarias que han ido apareciendo histricamente, desarrollndose mediante interacciones y prstamos recprocos, y sosteniendo un efecto de dominacin general, erosionada por diversas -y por lo general, silenciosas- resistencias.
Por eso es posible establecer semejanzas entre los dos tipos de examen aqu analizados. Y por eso, tambin, es posible reconstruir los vnculos entre temticas a referidas a los nios, los delincuentes y los locos aparentemente no ligadas entre s.
Tal como lo demuestran los anlisis de los textos de Mercante e Ingenieros, esas tres figuras estn sostenidas por el hilo conductor del concepto de anormalidad.
Al respecto, dice Foucault:
a partir del libro de Morel (1857) y durante mas de medio siglo, (el concepto de anormalidad es) la justificacin moral y social a todas las tcnicas de identificacin, clasificacin e intervencin sobre los anormales () y de la reorganizacin de una red institucional compleja que, en los lmites de la medicina y la justicia, sirve a la vez de estructura de ayuda para los anormales y de instrumento de defensa de la sociedad (FOUCAULT, 1996:65)
La deteccin, ayuda y proteccin del anormal (y de la sociedad) autorizan a la intervencin fiscalizadora, al examen minucioso, a las acciones de correccin o reforma, en un plano donde la pedagoga y la justicia acusan la impronta dominante de la psiquiatra. Segn la hiptesis de Foucault, el poder psiquitrico bajo cuyo imperio tienden a organizarse decididamente estas prcticas de examen- se generaliza ya a principios del siglo XIX.
Esta generalizacin no se lleva a cabo a partir del adulto sano, sino del nio, y, ms precisamente, a travs de dos figuras infantiles, el idiota y el retardado. Estas dos figuras integran el cuadro de los anormales (con relacin a la normatividad del adulto y a los nios normales), como lo evidencia la exhaustiva enumeracin de Mercante al inicio de su Metodologa. Dice Castro, glosando a Foucault:
La psiquiatra, como poder sobre la locura y como poder sobre lo anormal, va a encontrarse en la obligacin de definir las relaciones que puedan existir entre el nio anormal y el adulto loco (CASTRO, 2004: 293)
El poder psiquitrico, conectado a una serie de regmenes disciplinarios de la poca, tendr a su cargo la prueba de la verdad sobre el sujeto: el dictamen sobre su anormalidad, su locura o simulacin. El trmino francs usado por Foucault -aclara Castro- es preuve (prueba) y tiene un doble sentido:
no se trata necesariamente de una prueba en el sentido de la constatacin emprica o de la demostracin deductiva. Eprevue, en efecto, tiene el sentido de confrontacin, de enfrentamiento, de competicin (CASTRO, 2004:294)
Con relacin a las pericias mdico-legales, Foucault ha sealado que la prueba pericial gir desde el inicio en torno a la figura del individuo perverso y peligroso y se relacion de una manera bastante ostensible con las preocupaciones por el orden social o segn la expresin de poca- la defensa social. Dos aspectos as lo confirman: la reactivacin de categoras morales para la clasificacin de estos individuos, y la atencin preferencial otorgada al caso clnico de los anarquistas.
Las categoras morales usadas por el discurso mdico-legal eran la anttesis de las que definan al buen alumno, al buen trabajador y al buen soldado. Una de esas categoras es la de pereza. Significativamente, es tambin la pereza lo primero que el maestro debe combatir en los nios, segn la expresin de Mercante antes citada.
Con respecto a la preocupacin por los delincuentes anormales constituidos por los anarquistas de principios de siglo XX, toda una serie de argumentos pseudo cientficos proliferaron en la poca, a los que no fueron ajenas las divagaciones de Lombroso e Ingenieros. El no reconocimiento de la autoridad configuraba una extraa patologa, que daba lugar a un juego de interpretaciones paralelo a las represiones del Estado. Hay que recordar que los nios indisciplinados integraban una de las tres figuras de la anormalidad que se haba filtrado en las escuelas para normales, segn la tremenda afirmacin del Prlogo de Senet.
A esta altura del anlisis, es preciso detenerse y volver al punto de partida. La pregunta por el sentido del examen como lucha cuenta ahora con algunos elementos para elaborar una respuesta. Se trata, a partir de esos elementos, de no incurrir en un reduccionismo que ignore particularidades, trayectorias diferentes, controversias especficas en el campo escolar y en el campo psiquitrico criminolgico. Su elaboracin excede el marco de este trabajo, que, en todo caso, esboza una direccin posible de investigacin.
BIBLIOGRAFIA
CASTRO, E
2004 El vocabulario de Michel Foucault Prometeo y Universidad Nacional de Quilmes: Buenos Aires
CUNEO, D
1955 Jos Ingenieros en El romanticismo poltico Ediciones Transicin: Buenos Aires
FOUCAULT, M.
1986 Por qu hay que estudiar al sujeto en Alvarez Ura, F. y Varela, J. (Ed.) Materiales de sociologa crtica La Piqueta: Madrid
1989 Vigilar y castigar Siglo XXI:Buenos Aires
1996 La vida de los hombres infames Caronte Ensayos: La Plata
2003 Historia de la sexualidad. 1- La voluntad de saber Siglo XXI: Buenos Aires
2005 El poder psiquitrico
INGENIEROS, J.
1918 Simulacin de la locura, Volumen 2 de Obras completas revisadas y anotadas por Anibal Ponce, Ediciones L.J. Rosso: Buenos Aires
1918 Criminologa, Volumen 7 de Obras completas revisadas y anotadas por Anibal Ponce, Ediciones L.J. Rosso: Buenos Aires
1957 La psicopatologa en el arte Vol. 3 de Obras Completas Elmer Editor: Buenos Aires
MERCANTE, V.
1932 Metodologa, primera parte Cabaut y Cia Buenos Aires
SENET,R.
1988 Psicologa infantil, Prefacio (1911) en VEZZETTI, H El nacimiento de la psicologa en la Argentina Puntosur: Buenos Aires
TERAN, O.
1986 Jos Ingenieros o la voluntad de saber en En busca de la ideologa argentina Catlogos: Buenos Aires
VEZZETTI, H.
1988 Estudio preliminar en El nacimiento de la psicologa en la Argentina Puntosur: Buenos Aires
Notas:
[1] El presente trabajo es una primera aproximacin al tema. No he ledo los textos Mercante e Ingenieros desde una lectura previa de Foucault. En algn sentido, ha sido a la inversa: las relecturas de Mercante y de Ingenieros me permitieron volver una y otra vez a textos de Foucault y profundizar as en la comprensin de las ricas sugerencias y perspectivas de anlisis a los que incitan sus interpretaciones. Durante la elaboracin de este trabajo, las lecturas de Foucault iluminaron los textos de Mercante e Ingenieros tanto como stos iluminaron las afirmaciones de Foucault. En un proceso circular de idas y vueltas en torno a los mismos textos, las lecturas paralelas hicieron hablar a unos y a otros de una manera cada vez ms significativa.
As como Foucault relaciona en la genealoga de esta forma disciplinaria- el examen del enfermo en el hospital y el examen pedaggico en la escuela, he credo posible comparar a ste ltimo con el examen psiquitrico criminolgico.
Este trabajo es aporte a la necesaria -y todava inexistente- discusin en el campo de las ciencias de la educacin acerca de los fundamentos del examen. Como parte de esa discusin, se impone replantear una historizacin que remite sin ms al pasado el conjunto de discursos y prcticas generadas por el positivismo pedaggico. Adems de situar el momento histrico de aparicin de los textos de Mercante e Ingenieros, la breve referencia al positivismo en la Argentina que precede al anlisis de los textos, intenta llamar la atencin sobre la necesidad de una revisin genealgica de la escuela en la Argentina.
El trabajo est centrado en ms en el examen escolar que en el psiquitrico criminolgico; ello se debe, exclusivamente, a mi mayor desconocimiento de este segundo aspecto, sobre todo en lo referido a su evolucin posterior.
Mercante e Ingenieros no son aqu los protagonistas solitarios de los textos analizados; debera entenderse este trabajo como una lectura del discurso social del positivismo a travs de los textos de Mercante e Ingenieros. Los dos hablan desde su poca y son hablados por su poca.
Esa poca, en muchos aspectos, todava es la nuestra.
[2] La Metodologa fue usada desde comienzos de siglo y durante dcadas para la formacin de generaciones de maestras y maestros normales. El libro todava estaba en vigencia durante la dcada del treinta (la edicin citada aqu es de 1932). La autoridad cientfica de Mercante desde su ctedra y su laboratorio en la Facultad de Ciencia de la Educacin de la Universidad de La Plata- ejerci una enorme gravitacin acadmica y poltica sobre la educacin primaria y la escuela normal. Gran parte del discurso pedaggico del positivismo argentino est condensado y sistematizado en la Metodologa.
[3] La expresin fue usada por primera vez, elogiosamente, por Sarmiento en 1848. En Educacin popular comenta con entusiasmo la organizacin de la escuela moderna en Europa y Norteamrica, y usa para ello dos metforas de larga repercusin en la Argentina: la escuela como templo de saber y la escuela como mquina de ensear.
[4] Las citas de Mercante pertenecen al mismo libro, Metodologa, por lo que slo se indica el nmero de pgina. Todas las negritas son mas.
[5] En el Prlogo a su Psicologa infantil (1911), Senet comenta las conclusiones de varios congresos internacionales de criminologa donde se abord la criminologa infantil y dice: los exmenes practicados por Philip, Legros, Garnier y Boncour, constatan que el 50% de los nios indisciplinados, viciosos o delincuentes son degenerados ms o menos tpicos, para los cuales se hace necesario una educacin racional adecuada, es decir, no pueden quedar librados a los medios educativos empleados para los normales (en VEZZETTI, 1988: 125)
[6] Ingenieros har su tesis de doctorado sobre el tema, y el texto ser traducido y ledo en varios idiomas. Volver en casi todos sus escritos sobre el tema. La simulacin es uno de los ejes de su Criminologa. En Psicopatologa del arte incluye un curioso ensayo destinado a denostar la figura de Ulises en La Odisea de Homero por haber incurrido en la simulacin de la locura para evadir su obligacin de ir a la guerra de Troya y por la inmoralidad de su astucia.
[7] Las citas de Ingenieros pertenecen a Simulacin de la locura, por lo que slo se da cuenta del numero de pgina. Todas las negritas son mas.
[8] Es muy importante la observacin de Ingenieros sobre el carcter de la representacin teatral de los simuladores: son los actores y autores de su propia puesta en escena. A las escenas de curacin analizadas por Foucault con relacin a las presentaciones pblicas de Charcot en Salpetriere, habra que agregar estas escenas donde la locura se finge o se representa- a s misma. Los mdicos y peritos, dice Ingenieros, forman el pblico de expertos ante una versin defectuosa del simulador, que construye una caricatura de la locura, de modo similar a lo que hacen los novelistas y dramaturgos.
[9] El uso de estas tcticas de confesin en delincuentes que no dicen la verdad sobre s mismos convierte a la praxis de los peritos psiquitricos que creen ser ms cientficos en un aporte moderno a las artes mltiples de la tortura incluida la picana elctrica- y vuelve a insinuar los complejos vnculos entre modernidad y Estado totalitario.
[10] El rechazo a las masas no se limita a sus atributos intelectuales deficientes, sino que incluye tambin argumentaciones estticas. La plebe es el mal gusto. La multitud dice Ingenieros- no comprende la Belleza, no siente la vida; siglos de ignorancia y de esclavitud inhiben su enaltecimiento, que es perezoso. No es viril. No es altiva. Desconoce la armona de los puros recortes de las lneas; su retina es indiferente al iris suavsimo de las lneas, a la serena dilucin de los apagados semitonos. Ante el ritmo suave no vibra; ni corren escalofros por sus carnes cuando suenan las altas sinfonas. Su alma infantil e ineducada prefiere el estruendo de las toscas fanfarrias, la tumultuosa verbijeracin de la loa tribunalicia, el miraje engaador de seductoras fantasas igualitarias (Cit. por DUNEO, 1955:76)