QU ES UN PSICOLOGO?*
A
fines de los aos 50 y a principios de los 60 se instal en nuestro pas una
disputa entre el campo mdico psiquitrico y las recin creadas carreras de
psicologa por el ejercicio de la psicoterapia. Al no estar reglamentada la
profesin del psiclogo, la formacin clnica (y en particular la
psicoanaltica) que se imparta a los estudiantes amenazaba con poner en
peligro la exclusividad del ejercicio de la psicoterapia por parte de los
mdicos. Se gener as una polmica que tuvo distintos ribetes en cada ciudad,
produciendo divisiones y realineamientos dentro del mismo campo psiquitrico,
toda vez que muchos de los profesores de las carreras de psicologa eran
mdicos, y algunos incluso (como era el caso de Bleger) pensaban que los
psiclogos deban estar autorizados para curar por medios verbales. Marcos
Victoria, por el contrario, pese a haber sido el primer director (y uno de los
artfices) de la creacin de la Carrera de Psicologa de la UBA, era un acrrimo
enemigo de la intromisin de los psiclogos en el campo de la enfermedad. En
este caso, en 1960, trataba de incidir por medio de su columna semanal en el
diario La Razn, en un debate que se haba generado en la ciudad de La Plata en
1959, cuando la Facultad de ciencias Mdicas solicit al Consejo Superior de la
UNLP que suprimiera la rama clnica del ciclo superior de la carrera de
psicologa, por considerar que la prctica de la psicologa clnica implicaba
un ejercicio ilegal de la medicina. Para 1965, cuando Marcos Victoria public
su libro (en el que reproduca sus viejos artculos), los debates sobre este
tema ya estaban prcticamente clausurados. Si bien se haba alcanzado en los
hechos un cierto consenso sobre las incumbencias del psiclogo en el rea
clnica, de derecho, la reglamentacin de la profesin an debera esperar dos
dcadas.
Hace algunos aos, en un libro clsico, un destacado psiclogo
norteamericano, Klineberg, declaraba que la psicologa poda ofrecer mucho ms
de lo que ordinariamente se cree. Y agregaba: "La dificultad no reside
tanto en una falta de realizacin cuanto en una falta de aceptacin general o
de reconocimiento de sus realizaciones. "Los psiclogos (terminaba) han
construido una buena casa, pero no han sido capaces de venderla... y, en cierto
sentido, no lo han intentado nunca.
Pero la dificultad que Klineberg no menciona comenz realmente fuera de
la Psicologa cientfica y de los crculos cientficos; se origin con los
charlatanes pseudo-cientficos, con los monederos falsos de la Psicologa. Una
muchedumbre de propietarios apresurados de un predio rpidamente valorizado ha
echado arena sobre los ojos del publico, ha mezclado los conocimientos vlidos
con las interpretaciones arbitrarias y ahora la gente no distingue bien entre
psiclogos capaces y astrlogos, quiro-videntes, hipnotizadores, graflogos,
diagnosticadores de vocaciones, mdicos sin clientela, psicoanalistas
preocupados por tenerla o, simplemente, aficionados con cierta facilidad de
redaccin. El dao mayor pertenece, por supuesto, a los repetidores sin ninguna
cultura mdico biolgica y a los estudiantes universitarios con lecturas
sumarias y mucho desparpajo.
El primer trabajo que hay que emprender es proporcionar al vasto pblico
interesado conocimientos precisos y bsicos. Con ello, aparecer una visin
exacta de lo que debe ser el psic61ogo en el momento presente. Una vez
realizada esta tarea de limpieza, ocurrir con el falso psiclogo lo mismo que
pasa con el curandero cuando enfrenta en las sociedades civilizadas al mdico
diplomado. Ninguna comparacin resultar viable. El psiclogo deja de ser un
ser mgico, un adivinador del porvenir, para convertirse en un intermediario
obligado entre las verdades cientficas inobjetables y la inmensa masa de los
problemas particulares en los individuos y en la sociedad. Como el mdico, el
psiclogo ha de practicar un arte de slido basamento emprico; va a
interpretar y aplicar lo que sabe y ha aprendido con maestros responsables.
Cmo formar ese profesional, el homo psychologicus de la sociedad
actual? Cmo definir esta nueva silueta, al lado del arquitecto y el abogado,
el sacerdote o el soldado? El padre Gemelli, ya desaparecido, sostena que para
ser un buen psiclogo se necesitaba haber cursado estudios universitarios de
Medicina. Su opinin puede resumirse as: "Durante el curso universitario
de Medicina, el joven adquiere la formacin biolgica, el manejo de las leyes
cientficas. No basta seguir el Profesorado o la Licenciatura en Ciencias Biolgicas,
estudios que conducen a una formacin meramente naturalista y no proporcionan
al estudiante lo que la Medicina da: el acceso al conocimiento del Hombre. La
Medicina es sobre todo indispensable para el psic1ogo que apunta a la
Psicologa Clnica y a la Psicoterapia. Aun es indispensable para quien se
dedica a la Psicologa Industrial. Si el mdico que ahora sale de las
universidades sabe poco a nada de Psicologa, posee en cambio una base
antomofisiolgica que lo capacita para una ulterior formacin psicolgica. Y
agregaba Gemelli: "Pero el joven mdico que se dedica al estudio de la
Psicologa debe superar una crisis para llegar a alcanzar la mentalidad
psicolgica. El razonamiento de Gemelli sobre la formacin mdica del
psiclogo no tiene tanto valor cuando se piensa en psiclogos que se dedican a
problemas escolares o de orientacin profesional. La sociedad de nuestros das
reclama y necesita el psiclogo de formacin universitaria, no el mero
aplicador de tests; un universitario de formacin biolgica, con agudo espritu
crtico para enfrentar tantas escuelas sin base emprica (pienso en el
Psicoanlisis y sus escuelas derivadas), con amplia base de Humanidades y
suficiente experiencia personal, sea mdico o no lo sea (aunque los estudios mdicos
previos dan la mxima garanta de eficiencia). Cuando se habla de homo
psychologicus se piensa en el profesional as formado. Lo mismo que cuando se
habla del mdico, se est descartando al curandero o al enfermero que aplica
inyecciones.
EI primer conflicto serio provocado en todos los pases en que el
psiclogo profesional ha comenzado a actuar, es el conflicto de jurisdicciones
con los mdicos; con los mdicos psiquiatras, por supuesto. Y no ser trata de
problemas cientficos sino speramente profesionales, comerciales, si se
quiere. (Entindase bien: comprar un tarro de aceite o un traje de medida no es
lo mismo que pagar los honorarios de un mdico o el informe de un psiclogo.
Empleo la palabra comerciales para hacerme entender rpido).
El mdico psiquiatra ha presenciado con inquietud la penetracin del
psic6logo en determinados casos de su clientela; primero, en los trastornos de
conducta en los .nios; luego, en las neurosis y psicosis de los adultos. De all
al desembozado ejercicio de la Psiquiatra no hay ms que un paso. Si se piensa
que hace ms de medio siglo que las principales universidades americanas dan
ttulo profesional a los psiclogos, se comprender como el problema no es de
estos aos. Se ha hecho tangible a partir de su repeticin en los dems pases
civilizados.
La discusin se torna candente cuando se toca el tema de la
Psicoterapia. Que tampoco es problema de ahora. Hace ya muchos aos que Freud,
desencantado de los mdicos, sus hostiles colegas, se declar partidario del
ejercicio del Psicoanlisis por los no mdicos, los profanos, que se
demostraban capaces de asimilar la teora y las normas prcticas del
tratamiento psicoanaltico. Todava en muchos pases los psicoanalistas no mdicos
pueden ejercer libremente su profesin. (El nuestro est entre ellos). En
algunos pases europeos comienza a acentuarse la reaccin contra esta poltica
de manga ancha que ha dado lugar a previsibles abusos; pero, la verdad, no hay
uniformidad de esa reaccin en todas partes.
Hay un punto inatacable en la resistencia de los mdicos a permitir la
entrada de estos intrusos: es la existencia de la responsabilidad mdica. El
psiclogo no est vinculado por ningn juramento hipocrtico al ejercicio de su
profesin. El mdico, s; y debe responder ante la justicia, llegado el caso,
por los errores cometidos, que pueden acarrear daos considerables o la muerte
de su enfermo. Una resolucin inconsulta de la Universidad de La Plata,
destinada a facilitar el ejercicio de la profesin a los futuros psiclogos que
egresen de sus aulas, los autoriza a ejercer la psicoterapia por medios
verbales. Habrn pensado las autoridades de esa casa de estudios que un
psiclogo inexperto (y a quien no obliga ningn juramento mdico) puede
provocar el suicidio de un deprimido ansioso por una conducta teraputica mal
conducida? Habrn pensado lo que puede ocurrir en el seno de una familia, uno
de cuyos miembros presenta trastornos de conducta, con la entrada de una
psic1oga improvisada (eso ocurre todos los das entre nosotros), sin la debida
experiencia para afrontar situaciones psicosociales complejas y que ponen a
prueba a los mdicos ms fogueados? En esas circunstancias, hemos visto
producirse divorcios y acentuarse crueles disensiones familiares; nios se han
fugado de sus hogares, despus de escuchar palabras imprudentes o consejos
librescos mal explicados a los interesados. Pero la falta de responsabilidad de
los psiclogos de pacotilla no se detiene all. Con la introduccin de las
tcnicas de psicoterapia a psicosis, antes consideradas inalcanzables por esos
medios, aqu, en nuestro pas, los nos mdicos han encontrado un filn til. Si
algunos mdicos han exagerado (en otras partes del mundo lo mismo que aqu) su
audacia y no siempre con resultados positivos (eso corre por cuenta de su
responsabilidad), los improvisados psiclogos han ido ms all, con riesgo para
todo el mundo.
Hace tiempo encontr caminando por las calles de Buenos Aires a un
peligroso alienado que conoca, acompaado por un psiclogo que de los tests
haba pasado al ejercicio de la Medicina e intentaba iniciar con l algn nuevo
tratamiento... Situaciones como esa provocan no slo la alarma sino a la
indignacin de los psiquiatras. Y no son excepcionales en nuestro medio, a
pesar de que hasta ahora no ha egresado ningn psiclogo de las universidades
argentinas.[1]
ste es un error que conviene destruir desde el principio. Nadie que no
sea mdico tiene derecho a curar, con medios fsicos o con medios psicolgicos.
Si el mdico estudia Psicologa, mejor para l. Tendr la autoridad mxima para
ejercer la Psiquiatra. Pero el psiclogo no es mdico. Y carece de autoridad
cientfica y profesional para ejercer la psicoterapia por medios verbales,
segn el errneo concepto sancionado por la Universidad de La Plata. La labor
del psiclogo es otra. Y ser enormemente til en la sociedad contempornea.
Esto lo analizaremos ms adelante.
Se ha podido creer en algn momento, recordando los conflictos
suscitados entre los mdicos y los psiclogos, que existen entre ellos
incompatibilidades insolubles. Y esto es un lamentable error. Pues ha sido el
mdico precisamente quien ha propuesto la creacin de la nueva especialidad,
quien ha reclamado la presencia de un auxiliar que haga ms firme su
diagnstico, ms preciso su tratamiento. En otra oportunidad recordamos cmo en
algunos pases esperemos que el nuestro no sea uno de ellos la presencia del
psiclogo ha motivado recelos, susceptibilidades, agrias discusiones. Tratemos
de poner claridad en esta situacin. Nadie gana prolongando una situacin que
perjudica a todos.
Pero lo que aqu digamos en adelante no toca sino
tangencialmente a la situacin entre nosotros. La asistencia psiquitrica
argentina secreto a voces es un pavoroso problema, algo que nos avergenza y
que tratamos de ocultar en presencia de los extranjeros. Una combinacin de
desidia, de desaliento, de irresponsabilidad y de ignorancia. El empuje de
quienes trataron, despus de la Revolucin Libertadora, de convencer a los
poderes pblicos parece haberse agotado, ante la muralla levantada por la
indiferencia. Soluciones que resultaban salvadoras como el traslado del
Hospital Neuropsiquitrico a un lugar fuera de Buenos Aires fueron
descartadas. Las actuales salas asistenciales, en su inmensa mayora escasas y
psimamente dotadas, continan sin mdicos ni enfermeros, repletas de
pacientes. Todos los adelantos de la asistencia psiquitrica en estos ltimos
cincuenta aos estn ausentes de ellas; o no pasan, cuando existen, de
iniciativas personales, obra de mdicos jvenes, no conformistas, verdaderos
hroes que gastan los ltimos cartuchos antes de abandonar una lucha estril.
En estas condiciones, la presencia del psiclogo, el lujo de el diagnstico
preciso que implica, entre otras cosas, su cooperacin, parecen descuidables.
(Ms valiera luchar para que nuestros alienados, por lo menos, estn bien
alimentados y vestidos, y que cada cual cuente con cama donde dormir. Y esto ya
es mucho). Pongmonos en el mejor de los casos y esperemos que algn da el
alienado argentino tenga al lado del psiquiatra, el psiclogo. Cul ser su
tarea?
Lo primero que tuvieron que hacer los psiclogos fue aplicar los tests a
los enfermos, trabajo que no siempre tiene tiempo de hacer el psiquiatra. Y,
para comenzar, los testas de nivel mental, la evaluacin en cantidad de las
funciones intelectuales, la memoria, el juicio, el capital adquirido por la
educacin, el vocabulario, su conducta en tareas ordenadas dentro de tiempos
prefijados, su aptitud para concebir totalidades. Como las disminuciones
intelectuales, congnitas o adquiridas, se dan en mucha parte de los enfermos,
se comprende la importancia de la tarea. De una mayor complejidad y
responsabilidad son los tests proyectivos que, diestramente aplicados e
interpretados, pueden arrojar luces decisivas sobre la personalidad estudiada.
Considerando adems los antecedentes y las reacciones durante el
interrogatorio, un psiclogo sagaz puede poner a punto una completa historia
psicolgica de inapreciable valor para el mdico, ms si se la completa con
informaciones provenientes de familiares y allegados. En los grandes institutos
norteamericanos, el staff (estado mayor) de una sala psiquitrica, incluye
obligadamente al psiclogo, junto al clnico general y a otros auxiliares como
el neurocirujano, el radilogo, etc. Se comprende as cun agudo y
preciso resultar el diagnstico, cun acertado el pronstico y cun adecuada
la teraputica.
La mayor parte de los mtodos auxiliares de tratamiento (terapia por el
trabajo, por el arte, por ejemplo) estn all en manos de psic1ogos de ambos
sexos, profundamente identificados con los psiquiatras. El psicosociolgico,
por su parte, tiene un lugar reservado en el estudio de las dolencias donde los
factores sociales resultan llamativos: alcoholismo y otras toxicomanas,
fricciones raciales o laborales, y otras fricciones dependientes de la
estructura econmica o poltica de la colectividad. Traslade el lector desde la
clnica de adultos a la clnica psiquitrica infantil esta mltiple y compleja
labor y comprender las obligaciones que aguardan al psiclogo si coopera con
el mdico. Y nada digo si colabora con l en los servicios abiertos para neurticos,
en directo contacto con la normalidad cotidiana y con sus problemas. O cuando
dirige y coordina la labor de las visitadoras sociales, que estudian las
perturbaciones mentales en los lugares mismos donde se originan.
Como auxiliar del mdico, el psiclogo debe cumplir una misin propia; y
asombra or que se haya pensado en complicarla an ms, sustituyendo a quien
debe secundar. Mientras dirig el Departamento de Psicologa de la Universidad,
intent explicar a los alumnos la tarea meritsima que debern desempear
cuando se graden, si se dedican a la Psicologa Clnica que, hay que
recordarlo, es apenas una provincia de la Psicologa Aplicada. No creo haberlo
conseguido. Todava hay all profesores demagogos de ambos sexos (funestas
consecuencias de un rgimen ya anticuado de gobierno) que engaan a los
inocentes alumnos con una ilusoria profesin rival de la Medicina, que les
permitir ejercer, curando neurticos y psicticos, mediante la psicoterapia
por medios verbales, segn reza la peregrina disposicin de la Universidad de
La Plata.
* Extrado de Victoria, Marcos (1965) Psicologa para todos. Buenos Aires: Losada (pp. 19-31). Se trata de tres breves artculos publicados en La Razn durante 1960, titulados: Qu es un psiclogo?; El psiclogo contra el mdico y El psiclogo aliado del mdico.
[1] Esta afirmacin no vale en 1964; pero an ahora el problema deontolgico contina sin solucin.