VIII. MS
ALL DE LA TEORA DE LA SEDUCCIN
Despus de abandonar el "Proyecto", Freud volvi a insistir en
las interpretaciones psicolgicas de los fenmenos neurticos. Como en sus
primeros artculos sobre la histeria, esta insistencia en la psicologa se
acompa de una continua mencin de la necesidad, en ltima instancia, de
explicaciones fisiolgicas de algunos aspectos de la neurosis; sostena ahora,
en particular, que una teora completa de las neurosis no poda formularse sin
una mayor comprensin de la fisiologa sexual. Sin embargo, sigui centrando
sus propios esfuerzos en sus explicaciones psicolgicas de las neurosis y, a lo
largo de la siguiente dcada (1896-1905), modific y elabor considerablemente
dichas explicaciones. En este sentido, lo ms importante fue el abandono de la
teora de la seduccin, el desarrollo de nuevos conceptos relativos a la
sexualidad infantil, y la revisin radical de sus opiniones sobre los
mecanismos psicolgicos de formacin de sntomas en las neurosis.
LA DIMENSIN FISIOLGICA EN CURSO: LA FISIOLOGA SEXUAL Y EL CONCEPTO DE
"TOXINAS SEXUALES"
Despus
del "Proyecto", las referencias ulteriores de Freud a la necesidad de
atisbos fisiolgicos en ciertos aspectos de las neurosis se referan por lo
general a cuestiones de fisiologa sexual. Estos problemas que haban servido
de motivacin para el "Proyecto" continuaban sin solucin, y Freud
segua pensando que slo la fisiologa sexual poda brindar soluciones. Segua
creyendo que la neurastenia y la neurosis de angustia entraaban anormalidades
en la disposicin de la excitacin sexual somtica. Asimismo, segua
deduciendo, a partir de las semejanzas clnicas entre las diversas neurosis y
de la frecuente combinacin de neurosis en individuos enfermos, que la excitacin
sexual somtica tambin debe desempear un papel central en las psiconeurosis.*
as pues, no haba dejado de creer que en ltima instancia se requerira una
fisiologa de la excitacin sexual somtica para una comprensin completa de
tales enfermedades. Lo ms importante es que Freud segua manteniendo que slo
una fisiologa tal poda explicar cmo es posible que la pubertad cambie una
vivencia neutral o aun placentera en un recuerdo penoso que conduce a la
represin. Freud escribi en el "Manuscrito K" (lo. de enero de
1896): "Mientras no dispongamos de una teora correcta [del proceso
sexual], quedar irresuelto el problema del origen del displacer que acta en
la represin".[1]
Freud sugiri ulteriormente que la produccin corporal de
sustancias qumicas relacionadas con el funcionamiento sexual, o "toxinas
sexuales", es la clave de la fisiologa de los procesos sexuales, y
sostuvo repetidas veces que dichas toxinas tambin son la clave de una
fisiologa de las neurosis.
Las teoras que relacionaban las anormalidades neurolgicas
y psiquitricas con la actuacin de "toxinas" endgenas eran bastante
comunes durante la ltima parte del siglo XIX -tendencia sealada por Freud en
una resea sobre un libro escrita en 1895, donde alude a las hiptesis
"muy difundidas hasta ahora de que [ciertas enfermedades nerviosas]
entraan una toxificacin".[2]
Las toxinas, tanto las exteriores como las endgenas, solan ser identificadas
como la causa de procesos patolgicos en la medicina de aquella poca, y la
difusin general de tales teoras fue sin duda alguna un importante factor en
la conformacin de las opiniones de los neuropsiquiatras. Pero probablemente la
principal inspiracin de tales teoras en neuropsiquiatra fuese la observacin
de cambios neurolgicos y psiquitricos causados por intoxicantes tales como el
alcohol, el hachs y los opiceos. Las semejanzas entre los efectos de estas
drogas y los sntomas de varios trastornos neuropsiquitricos sugeran
claramente a los observadores que estos ltimos bien podan ser el resultado de
alguna autointoxicacin. Una opinin particularmente comn era que las toxinas
endgenas, o "autointoxicantes", son el residuo de procesos
metablicos normales, y que se vuelven patgenas cuando se permite su
acumulacin, ya sea debido a una excrecin insuficiente, o bien a la
sobreproduccin. Por ejemplo, muchos autores atribuan la neurastenia al exceso
de esfuerzo, y proponan frecuentemente que este exceso de trabajo lleva a las
neurosis al inducir una actividad metablica excesiva en los msculos y
nervios, que a su vez causa un exceso de produccin de los residuos metablicos
musculares o neuronales. Segn esta tesis, los productores metablicos
acumulados obstaculizan el funcionamiento normal del sistema nervioso y de este
modo inducen los sntomas de la neurastenia.
La difusin de estas teoras de la autointoxicacin es evidenciada por
la extensa literatura contempornea sobre urianlisis como instrumento de
investigacin en los trastornos neuropsiquitricos. Se esperaba llegar a descubrir
anormalidades en la excrecin de los residuos metablicos mediante el anlisis
de la orina de los enfermos neuropsiquitricos, permitiendo adentrarse en los
procesos qumicos que subyacen a sus dolencias.
Las diversas discusiones sobre las toxinas inductoras de neurosis y de
psicosis en la literatura neuropsiquitrica no solan atribuir ninguna
importancia especial a la sexualidad o identificar las toxinas sexuales como la
causa del proceso patolgico. No obstante, estas teoras ejercieron probablemente
alguna influencia en las opiniones de Freud sobre el papel de las toxinas
sexuales en las neurosis. En todo caso, Freud recurri a las similitudes entre
los sntomas neurticos y los de la intoxicacin narctica para apoyar su
interpretacin toxicolgica de las neurosis.
Sin embargo, un factor ms importante en la conformacin de las nociones
de Freud acerca de las toxinas fue el trabajo contemporneo en endocrinologa,
en particular las investigaciones sobre la funcin del cuerpo tiroides en la
enfermedad de Graves. Algunos de los investigadores interesados en la
enfermedad de Graves -adems de haber observado, por supuesto, los signos y
sntomas comunes tales como la exoftalma y otras anormalidades oftlmicas, el
bocio tiroideo, la transpiracin excesiva, el pulso rpido y una tasa
metablica elevada- haban prestado particular atencin a los cambios
neurolgicos y psicolgicos y haban sugerido que la enfermedad es
esencialmente una anomala del sistema nervioso. Las autopsias no evidenciaban
ningn cambio patoanatmico en el sistema nervioso, pero se supona que el
sndrome es una neurosis -esto es, una enfermedad que entraa una funcin
nerviosa anormal sin cambios anatmicos. El nerviosismo, la irritabilidad y la
labilidad emocional hallados en la enfermedad de Graves resultaban parecidos a
los sntomas histricos, y esta semejanza era citada en apoyo a la teora
neurtica. Charcot y sus colaboradores en la Salptrire parecen haber sido los
principales defensores de esta opinin. Pero en 1887 esta tesis fue puesta en
tela de juicio por Paul Moebius, un neurlogo de Leipzig, en un artculo que
fue de los primeros en sugerir que la enfermedad de Graves es causada en
realidad por cambios patolgicos en el cuerpo tiroides. En un segundo artculo,
publicado en 1891, Moebius desarroll ms su teora del tiroides y present una
extensa refutacin de la teora de la neurosis. Estaba dispuesto a conceder que
la enfermedad de Graves pareca afectar a personas con "sistemas nerviosos
inestables" y surgir en "familias neuropticas", pero insista
en que slo poda entenderse en trminos de anormalidades del cuerpo tiroides.[3]
La extirpacin quirrgica de los bocios tiroideos se practicaba desde
haca algunos aos, y en muchos casos
haba producido un sndrome que se reconoca como una forma de enfermedad
surgida naturalmente descrita por primera vez en 1874 y llamada mixedema en 1878. La produccin
quirrgica del mixedema pronto sirvi para establecer el punto de vista de que
la enfermedad surgida naturalmente debe ser causada por una insuficiencia
tiroidea. Una dcada ms tarde, Moebius construy un argumento relativo al
papel del cuerpo tiroides en la enfermedad de Graves con base en los paralelos
clnicos establecidos entre la enfermedad de Graves y el mixedema:
Si se compara la enfermedad [de Graves]
con el mixedema, se encuentra una serie de puntos coincidentes. Ambas
enfermedades son crnicas, por regla general sin fiebre, llevan a la caquexia
[osea, consuncin], suelen ser fatales, afectan principalmente a mujeres de
edad madura. El tiroides est enfermo en ambas, la actividad cardiaca se
modifica, la conducta psquica se altera, y se manifiestan trastornos
dermatolgicos.
Sin
embargo, prosegua Moebius:
Por otro lado, el cuadro de la mixedema
es en cierto sentido el opuesto al de la enfermedad [de Graves]. En una, el
cuerpo tiroides crece, en la otra se encoge; en una se produce una aceleracin
de la actividad cardiaca, de la otra una aminoracin,... en una, un incremento
de la exhitacin mental y la irritabilidad nerviosa, en la otra una apata y
lentitud.[4]
La
conclusin a la que llegaba Moebius era que, en vista de que la mixedema se
debe a una prdida de la funcin tiroidea, la enfermedad de Graves debe
entraar una sobreactividad del tiroides: l fue el primero en presentar esta
teora. En su segundo artculo, Moebius citaba pruebas adicionales de su tesis,
incluyendo indicaciones recientes de que la extirpacin quirrgica del tiroides
puede inducir una mejora de la enfermedad de Graves.
En aquella poca, no se saba a ciencia cierta lo que haca exactamente
el tiroides. Pero durante los aos ochenta se emprendieron numerosos
experimentos con la implantacin de la sustancia tiroidea y la inyeccin de
extractos tiroideos, tanto en animales cuyos tiroides haban sido extirpados
quirrgicamente como en seres humanos que padecan mixedema, y el xito de
estos experimentos en la resolucin de los sntomas de insuficiencia tiroidea
bast para difundir la nocin de que la actividad tiroidea normal debe basarse en
los productos qumicos segregados por la glndula. Muchos de los que apoyaban
la opinin de Moebius interpretaron en adelante los sntomas de la enfermedad
de Graves como ciertos efectos toxicolgicos causados por una secrecin
excesiva de toxinas tiroideas.
Moebius haba escrito mucho sobre la histeria y su trabajo era muy
apreciado por Freud, quien en cierto momento se refiere a l como "la
mejor mente entre los neurlogos". La primera vez que Freud cita el
trabajo de Moebius sobre la enfermedad de Graves es en su traduccin de las Leons du mardi de Charcot (1892-1894).
En una nota al pie de pgina acerca de la presentacin de un enfermo de dicha
enfermedad, Freud critica a Charcot por su excesiva insistencia en la herencia:
La sobrestimacin [de Charcot] del papel desempeado
por el factor de la herencia tambin puede explicar el hecho de que, en el caso
de la enfermedad de Graves, Charcot no mencione el rgano en cuyos cambios,
como poderosas indicaciones nos lo indican, debemos buscar la verdadera causa
de la afeccin. Me refiero, por supuesto, a la glndula tiroides y... cabe
mencionar el excelente artculo de Moebius acerca de la enfermedad de Graves en
el Deutsche Zeitschrift fr
Nervenheilkunde, 1, (1891).[5]
Cuando, en
1894 y 1895, Freud comenz a vincular la patognesis de sus cuatro principales
neurosis -neurastenia, neurosis de angustia, histeria y neurosis obsesiva- con
vivencias sexuales y la disposicin de la excitacin sexual somtica, ms bien
que con factores hereditarios, el papel de las toxinas tiroideas en la
enfermedad de Graves proporcion un prototipo til para elaborar una fisiologa
de las neurosis. Naturalmente, se saba perfectamente en aquella poca que
varios rganos, incluyendo los genitales, producen secreciones que influyen profundamente
en la sexualidad. As pues, haba una base considerable para postular la existencia de toxinas responsables de la
generacin de excitacin sexual somtica. La funcin secretoria de los
testculos haba sido defendida por autores desde hacia un siglo, y a partir de
1849 numerosos experimentos vinieron en apoyo de esta hiptesis. Los fisilogos
observaron, por ejemplo, que si un animal es castrado y sus testculos son
implantados en alguna otra parte del cuerpo, se puede seguir dando un desarrollo
sexual normal, lo cual indica que el factor que interviene es una sustancia
qumica segregada por el rgano.
Los genitales no eran los
nicos rganos a los que se les atribua la produccin de toxinas que influyen
en la vida sexual. Para 1886, el sndrome de acromegalia haba sido
estrechamente asociado con anormalidades de la secrecin pituitaria, y la
ausencia de menstruacin, la prdida de libido, y la atrofia de las gnadas que
acompaan la enfermedad se interpretaban como una indicacin de que las toxinas
pituitarias desempean un papel determinante en el desarrollo sexual. El
crecimiento del cuerpo tiroides durante la pubertad, la menstruacin y el
embarazo haba sido observado desde haca siglos, y se haba asociado con
frecuencia esta glndula con los rganos genitales femeninos. Cuando los
experimentos indicaron que el tiroides acta principalmente como un rgano
secretorio, muchos mdicos supusieron que sus secreciones deban desempear un
papel en la fisiologa sexual. Esta opinin fue fortalecida por la observacin
de que las mujeres enfermas de mixedema sufren de un sangrado menstrual
prolongado y excesivo, y que el cretinismo -sndrome que durante algunos aos
haba sido asociado con la mixedema y al cual se le haba atribuido igualmente
una insuficiencia tiroidea - se acompaa de un retraso en el desarrollo sexual.
As pues, exista un material considerable que volva verosmil la teora
toxicolgica de la excitacin sexual.[6]
Pero la enfermedad de Graves proporcionaba, por aadidura, un ejemplo de
toxinas que provocan sntomas parecidos a los de las neurosis (por ejemplo,
nerviosismo, irritabilidad, labilidad emocional). Por consiguiente, segn
Freud, esto constitua la prueba ms firme de que la patognesis de las
neurosis puede imputarse a la actividad de toxinas.
En una discusin sobre la
angustia escrita en abril de 1896, Freud observa: "Siempre pens que la
neurosis de angustia - como todas las neurosis en general - deba ser un estado
fundamentalmente txico, y a menudo pens en la similitud sintomatolgica de la
neurosis de angustia con la enfermedad de [Graves]".[7]
Durante los siguientes diez aos, cita en varias ocasiones la funcin tiroidea
y la enfermedad de Graves como modelos para afirmar que una explicacin
completa de las neurosis debe tomar en cuenta la fisiologa de las toxinas
sexuales.
Los intercambios de Freud con
su amigo Wilhelm Fliess tambin influyeron en sus opiniones sobre las toxinas
sexuales. Las teoras que asociaban las neurosis con la excitacin sexual
somtica fueron desarrolladas independientemente de Fliess, as como el enlace
entre la excitacin sexual somtica y las toxinas sexuales. En su
correspondencia con Fliess, Freud alude repetidas veces el enfoque toxicolgico
como su propia idea. Sin embargo, Fliess tambin construy teoras relativas a
las toxinas sexuales y su trabajo aport varios detalles importantes al modelo
de Freud. Adems, el trabajo de Fliess sirvi para convencer a Freud acerca de
la exactitud de sus propias interpretaciones toxicolgicas, y Freud expres en
varias ocasiones la esperanza de que las contribuciones de Fliess acabaran por
volver factible una fisiologa de las neurosis. En marzo de 1896, le escriba a
Fliess: "Ahora ya me atrevo a creer que comprendo la neurosis de angustia;...
una intoxicacin que requiere el fundamento fisiolgico de un proceso orgnico.
Es de esperar que ese rgano enigmtico (el tiroides, o cualquiera que sea) no
tardar en dejar de ser desconocido para ti". Y algunos meses ms tarde:
"Angustia, quimismo y cuestiones semejantes: quiz seas t quien me
provea el firme basamento necesario para dejar de explicarlo todo
psicolgicamente y para dedicarme a fundarlo fisiolgicamente!" [8]
Las teoras de Wilhelm Fliess relativas a las toxinas sexuales aparecen
en un libro titulado Die Beziehungen zwischen Nase und weiblichen
Geschlechtsorganen, publicado en 1897.[9]
En artculos anteriores, Fliess haba presentado pruebas clnicas de que las
anormalidades nasales pueden originar neurosis reflejas; esto es, tales anormalidades
pueden provocar cambios fisiolgicos en los nervios que inervan la nariz, y
estos cambios pueden repercutir en todo el sistema nervioso. La bibliografa
otorrinolaringolgica de la poca le presta considerable atencin a esta
nocin. Pero los conceptos de neurosis refleja, incluyendo las interpretaciones
de la histeria y de la neurastenia como neurosis reflejas, se asociaban las ms
de las veces con anormalidades genitales, y, por esta razn,
Fliess haba considerado la posibilidad de una relacin especial entre la nariz
y los rganos genitales. Haba citado fenmenos tales como la hinchazn de los
turbinados nasales (protuberancias seas en la nariz) durante la menstruacin,
y casos en que la menstruacin se acompaa de sangrado de la nariz, como pruebas
de tal relacin.[10] En su libro
de 1897, Fliess vuelve a proponer ese enlace entre la nariz y los rganos
genitales, pero ahora discute tambin los vnculos entre los genitales y otros
sistemas de rganos. Fliess mantiene que un gran nmero de procesos tanto
normales como patolgicos siguen pautas cclicas, y que en las mujeres con
menstruacin estos ciclos coinciden con el ciclo menstrual. Llega a la
conclusin de que los cambios cclicos, basados en factores particularmente
relacionados con la vida sexual, desempean un papel determinante en toda la
fisiologa humana. Fliess sustenta su argumento con numerosos historiales
clnicos de enfermedades cclicas. Propone que existen dos ciclos bsicos, uno
caracterstico de las hembras y otro de los varones. Ambos tipos se encuentran
en todas las personas, pero uno domina segn el sexo. Adems, Fliess insiste en
que tales pautas cclicas estn presentes desde la infancia y no emergen
simplemente con la madurez sexual. Sugiere que desempean un importante papel
en la niez determinando pautas de crecimiento.
Estos ciclos, segn Fliess, se basan en toxinas peridicamente
segregadas. Como prueba de la verosimilitud de su teora, observa que varios
rganos secretorios son conocidos como productores de toxinas que tienen
amplios efectos fisiolgicos y guardan una relacin particular con la
sexualidad. Fliess seala la glndula pituitaria y los sntomas sexuales de la
acromegalia, y tambin menciona las relaciones entre la sexualidad y el cuerpo
tiroides, incluyendo los cambios sexuales en la mixedema y la enfermedad de
Graves.
Fliess cita varios sntomas que constituyen pruebas particularmente
convincentes de la existencia y de la importancia fisiolgica de las toxinas
sexuales peridicas, y sobre este punto Fliess echa mano del trabajo de Freud.
En una discusin sobre la angustia, por ejemplo, Fliess habla de la angustia
que acompaa diversas intoxicaciones - tales como el envenenamiento agudo con
nicotina o con colquicina- como prueba de que la angustia es causada por la
accin de toxinas. Pero seala que Freud ha logrado vincular la ansiedad con la
excitacin sexual somtica. Por ltimo, Fliess afirma que la angustia suele
sobrevenir en ciclos. (Seala de modo parenttico que Freud haba sido retado
por Leopold Loewenfeld a que reconciliara este modelo cclico ampliamente
reconocido con la teora freudiana de la etiologa sexual de la neurosis de
angustia).[11] Fliess
llega a la conclusin de que existen pruebas muy convincentes del papel de las
toxinas sexuales peridicas en la generacin de la angustia.
Fliess tambin alude a los dolores de cabeza o hemicrnea. La jaqueca
haba sido el tema de numerosos intercambios entre Fliess y Freud.[12]
Segn el enfoque de Freud, la jaqueca deba vincularse con la excitacin
sexual, con una patognesis anloga a la de la neurosis de angustia. En un
manuscrito sobre la hemicrnea, que envi a Fliess probablemente a principios
de 1895 ("Manuscrito I"), presentaba varias observaciones que
enlazaban las jaquecas con la sexualidad: la hemicrnea casi no existe en la
niez ni en la vejez, coincide con la menstruacin en muchas mujeres, cesa en
forma tpica durante el embarazo. Tambin observaba que sobreviene de manera
peridica. Freud conclua: "De todo esto parece desprenderse que la hemicrnea
representa un efecto txico producido por el estmulo de la sustancia sexual
cuando sta no puede hallar una descarga suficiente".[13]
Fliess presenta esencialmente los mismos argumentos que Freud desarroll en su
manuscrito, vinculando la hemicrnea con su concepto de toxinas sexuales
peridicas.
Freud ley el manuscrito del libro de Fliess en marzo de 1896, y crey
que su amigo estaba realizando importantes progresos hacia una teora completa
de las toxinas sexuales. Intent utilizar el concepto de Fliess de periodicidad
en varias ocasiones durante los aos siguientes. Freud se mostraba
particularmente entusiasmado por la nocin de Fliess sobre la bisexualidad, su
afirmacin de que las toxinas masculinas y femeninas se encuentran en todas las
personas; este concepto se volvi parte de la propia teora de Freud sobre las
toxinas sexuales. La influencia de los modelos de Fliess puede observarse, por
ejemplo, en una carta escrita por Freud en diciembre de 1896: "No puedo
dejar de expresar la presuncin de que el distingo entre neurastenia y neurosis
de angustia, que establec clnicamente, se halla relacionado con la existencia
de las dos sustancias [peridicas masculina y femenina].[14]
El trabajo de Freud durante la dcada posterior a la terminacin del
"Proyecto" contiene varias observaciones sobre las toxinas sexuales.
Pero si bien volvi de continuo al tema, considerndolo potencialmente esencial
para un entendimiento cabal de las neurosis, Freud nunca intent en realidad
formular una teora de la fisiologa sexual y su papel en las neurosis. Sigui
considerando semejante teorizacin fisiolgica demasiado especulativa para
arrojar resultados muy fructuosos en el futuro previsible, y prefiri en cambio
concentrar sus esfuerzos en modificar y elaborar sus interpretaciones
psicolgicas de las neurosis.
FREUD Y SU
EXPLICACIN CLINICA DE LAS NEUROSIS
En varias
cartas escritas a finales de 1895, cuando an se hallaba trabajando en las
teoras fisiolgicas del "Proyecto", Freud compara sus dificultades
en desarrollar una explicacin fisiolgica de las neurosis con su aparente
xito en formular una "explicacin clnica" vlida y completa. Se
estaba refiriendo principalmente a su teora de que el factor clave en las
obsesiones y en la histeria es algn trauma sexual que sobreviene durante la
niez y es reprimido ulteriormente. Freud crea que su experiencia clnica
haba establecido firmemente esta teora, y que sta era segura a pesar de las
dificultades que haba tenido en dilucidar el mecanismo fisiolgico de la represin:
"Hice un hato de todos mis manuscritos [psicofisiolgicos] y los arroj a
una gaveta... La explicacin clnica de la histeria, empero, sigue en pie; es
hermosa y simple, y quiz me resuelva a anotarla para ti muy en breve". En
otra carta, despus de haber reconocido la insuficiencia de sus modelos
fisiolgicos, aade: "Quiz deba conformarme, a la postre, con la
aclaracin clnica de las neurosis".[15]
Conforme fue abandonando sus esfuerzos por construir teoras
fisiolgicas completas, Freud se concentr cada vez ms en elaborar su
explicacin clnica. Dedic su atencin, en particular, a esclarecer la
relacin entre los traumas sexuales infantiles del enfermo y sus ulteriores
sntomas neurticos.
Cuando Freud formul por vez primera su teora de las vivencias sexuales
infantiles en 1895, distingui entre la etiologa de la histeria y de las
obsesiones, sugiriendo que la primera es la consecuencia de un suceso infantil
pasivo, sea indiferente o penoso, y las segundas el resultado de una
experiencia activa y placentera. Freud crea que el enfermo de obsesiones haba
sido inicialmente vctima de un ataque sexual, y que esto haba ocasionado un
despertar sexual prematuro, llevando ulteriormente a inducir a otro nio al
juego sexual. Pero insista en que es especficamente esta ltima experiencia
lo que explica la ulterior neurosis obsesiva del nio. Esta distincin entre
las causas de las obsesiones y las de la histeria result ser el modelo
evidenciado en sus anlisis de enfermos neurticos. Adems, la etiologa
atribuida a las obsesiones pareca arrojar ms luz sobre la fuente de ciertos
sntomas obsesivos especficos. Los sentimientos de insuficiencia personal y de
culpabilidad eran de los sntomas ms importantes manifestados por los enfermos
obsesivos de Freud, y l interpretaba estos sntomas como un eco de las
emociones asociadas con los recuerdos reprimidos de los enfermos sobre sus
ataques sexuales infantiles contra otros nios.
En el "Proyecto", Freud propone que la represin slo
sobreviene cuando el recuerdo de un suceso genera ms displacer que el propio
suceso. Insista en que esto slo puede ocurrir en el caso de vivencias
sexuales infantiles: debido a los peculiares cambios somticos y psicolgicos
que acompaan la pubertad, una vivencia sexual infantil que tan slo era
ligeramente desagradable, o neutra, o aun deleitable, puede sin embargo generar
considerable displacer al ser recordada posteriormente. Si bien no logr
desarrollar una explicacin fisiolgica de este fenmeno, Freud continu respaldando
su modelo, y la formulacin es repetida en varias ocasiones en el ao
consecutivo a la terminacin del "Proyecto". Con respecto a las
obsesiones, Freud mantiene que el displacer que se desarrolla despus de la
pubertad y desencadena la represin se manifiesta principalmente en forma de
autorreproches por la agresividad infantil. Sugiere que el sentimiento de falta
de valor y de culpabilidad que caracteriza el sndrome es una transformacin de
tales sentimientos de autorreproche.
Esta interpretacin de la relacin entre el suceso patgeno y los
sntomas ulteriores en la neurosis obsesiva es mucho ms directa que cualquier
relacin semejante que Freud poda definir entre las fuentes y los sntomas de
la histeria, y observa en varias ocasiones que el curso clnico de las
obsesiones presenta un cuadro ms claro para l que el de la histeria. Por
consiguiente, en sus numerosas discusiones acerca de las neuropsicosis (o
psiconeurosis) durante este periodo, Freud alude principalmente a las neurosis
obsesivas para ilustrar los mecanismos de formacin de sntomas. Las ms
importantes de estas discusiones aparecen en un manuscrito enviado a Fliess el
1o. de enero de 1896 ("Manuscrito K"), y en un artculo presentado
para su publicacin en febrero de 1896, titulado "Nuevas observaciones
sobre las neuropsicosis de defensa".
Tanto en el "Manuscrito K" como en las "Nuevas
observaciones sobre la neuropsicosis de defensa", las referencias de Freud
a la neurosis obsesiva aparecen en el contexto de un nuevo modelo general de
formacin de sntomas. Freud afirmaba en el "Proyecto" que la
represin de las vivencias infantiles patgenas empieza poco despus de la
pubertad. Mantena que algn nuevo suceso que recuerda la vivencia infantil
ocurre invariablemente no mucho despus del inicio de la pubertad, y que tal
remembranza de la vivencia infantil desencadena el displacer e induce la
represin. Pero Freud tambin observaba que el cuadro clnico completo de la
histeria surge, por lo general, slo unos cuantos aos despus de la pubertad.
Por lo tanto, Freud distingui en adelante entre dos periodos separados de
represin: uno - que comienza en la pubertad y que sigue la represin inicial
del recuerdo patgeno- durante el cual no hay sntomas o los hay tan slo
comparativamente menores; y otro periodo que abarca la poca de neurosis
manifiesta. Antes del desarrollo de su concepto de defensa, Freud haba
considerado los sntomas histricos como la expresin de ideas que son
constantemente inhibidas por la gente normal, y haba dicho que la histeria
implica el "fracaso" de la inhibicin. Con la formulacin de la
teora de la defensa, insisti en cambio en que las ideas reprimidas en la
histeria son de ndole especial, excepcionalmente penosas para el yo; aun si
estas ideas se manifiestan como sntomas histricos, el hecho de que las ideas
en s permanezcan inconscientes debera interpretarse como el "xito"
de la represin. Ahora, sin embargo, Freud se refiere a la poca entre la
represin inicial de la vivencia infantil y el brote de una neurosis grave como
el periodo de represin exitosa y percibe el desarrollo de una importante
enfermedad como un signo del "retorno de lo reprimido". En este
punto, el yo ya no puede impedir eficazmente toda expresin del material
reprimido, y emerge un compromiso por el cual las ideas permanecen
inconscientes pero cobran expresin simblica en forma de sntomas.
En el "Manuscrito K", Freud presenta el siguiente esquema de la historia natural de una psiconeurosis:
El curso clnico de la neurosis defensiva es, en
general, siempre uno y el mismo:
1) una experiencia sexual
(o una serie de experiencias) que es prematura y traumtica y que debe ser
reprimida:
2) la represin de esta
experiencia en alguna ocasin ulterior que suscite su rememoracin y la consiguiente
formacin de un sntoma primario;
3) una fase de defensa
eficaz que se asemeja al estado de salud normal, salvo por la existencia del
sntoma primario;
4) una fase en la cual
retornan las ideas reprimidas, formndose sntomas nuevos durante la lucha
entre aqullas y el Yo, que constituyen la enfermedad propiamente dicha.[16]
La
neurosis obsesiva brinda la principal ilustracin de este proceso patolgico.
En "Nuevas observaciones sobre la neuropsicosis de defensa" (1896),
Freud expone su esquema de una neurosis obsesiva: "Los sucesos que
contienen el germen de la neurosis se desarrollan en un primer periodo... A
este periodo pone fin la iniciacin... de la 'maduracin sexual. Al recuerdo
de aquellos actos placenteros [infantiles] se enlaza entonces un
reproche". Esto es seguido de la represin y de la formacin del sntoma
primario relativamente inocuo:
Los escrpulos, la vergenza, la
desconfianza en s mismo son sntomas de este orden, con los cuales comienza el
tercer periodo: el de la salud aparente
y, en realidad, de la defensa conseguida.
El perodo siguiente - el
de la enfermedad - se caracteriza por el
retorno de los recuerdos reprimidos... Los recuerdos reanimados y los
reproches de ellos surgidos no pasan nunca a la conciencia sin sufrir grandes
alteraciones, y as, aquello que se hace consciente como representaciones y
afectos obsesivos, sustituyendo para la vida consciente el recuerdo patgeno,
son transacciones entre las
representaciones reprimidas y las represoras.[17]
Dos tipos
de sntomas obsesivos son generados de este modo. El primer tipo, las ideas
obsesivas, entraa una conciencia deformada del recuerdo infantil: los
principales aspectos del recuerdo son reemplazados por material contemporneo
de naturaleza no sexual, y esta rememoracin alterada se convierte en la idea
obsesiva. Un segundo tipo de sntomas implica la representacin consciente del
afecto reprimido -el autorreproche - y no del recuerdo reprimido. Se produce
una vez ms una deformacin, y algn otro afecto displacentero como la
vergenza o la angustia es sustituido por el autorreproche. Freud insiste en
que el psicoanlisis es capaz de reconstruir la gnesis de estas ideas y
afectos obsesivos hasta llegar a su fuente infantil reprimida, demostrando que
dicha fuente es la que da a las obsesiones su intensidad patolgica.
Freud tambin expone otra serie de sntomas, originados en el esfuerzo
del yo por repeler aquellos causados por el retorno de lo reprimido. Segn
Freud, sntomas tales como la conducta compulsiva, o la especulacin obsesiva
sobre temas abstractos y suprasensuales reflejan el intento del yo por luchar
contra las representaciones y los afectos obsesivos. Esta nueva clase de
sntomas es llamada "defensa secundaria". La exposicin de la
neurosis obsesiva en "Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de
defensa" contiene, a guisa de ilustracin, una descripcin de un caso. Se
trata de un nio de once aos que realizaba un complejo ritual al ir a
acostarse:
No se dorma hasta despus de haber contado a su madre, punto por punto, todos los sucesos del da; sobre la alfombra de la alcoba no deba haber ningn trozo de papel ni cosa alguna semejante; la cama haba de estar arrimada a la pared, con tres sillas delante, por el lado opuesto, y con las almohadas colocadas en determinada forma. Por ltimo, antes de decidirse a dormir, el infantil sujeto tena que contraer y estirar violentamente las piernas varias veces y colocarse luego de costado.
Freud hizo
remontar el ritual obsesivo a una vivencia sexual del nio con una niera
varios aos antes del surgimiento de sus sntomas. Freud prosigue:
Cuando, luego, un suceso reciente despert el recuerdo de tales escenas, se manifest este recuerdo, en la conciencia, bajo la forma del ceremonial obsesivo antes descrito, cuyo sentido, fcil de adivinar, fue descubierto y comprobado por el anlisis en todos sus puntos. La cama deba estar arrimada a la pared y tener delante tres sillas por el otro lado para que nadie pudiese tener acceso a ella. Las almohadas deban hallarse colocadas en un orden determinado para que este orden fuese distinto del de la noche del suceso. El contraer y estirar violentamente las piernas responda al acto de separar a la persona echada sobre el sujeto, y la necesidad de ponerse de costado, al hecho de haber yacido entonces de espaldas. La minuciosa confesin ante la madre era la compensacin de haber callado aquellas y otras escenas sexuales... Por ltimo, la limpieza absoluta de la alfombra de la alcoba significaba el deseo de que la madre no tuviera nada que reprocharle.[18]
En su
explicacin de este y de otros casos de neurosis obsesiva, Freud confiaba en
poder explicar prcticamente todos los sntomas del sndrome, y consideraba que
su exposicin de la neurosis obsesiva brindaba un apoyo sustancial para su
teora general de la formacin de sntomas en las psiconeurosis. Freud
consideraba el curso clnico de la histeria y de la paranoia en el contexto del
mismo esquema general, pero no estaba en condiciones de proponer una
explicacin de estas enfermedades tan completa como la formulada para las
obsesiones. No poda presentar, en particular, una relacin clara entre la
experiencia patgena y los sntomas ulteriores en dichas enfermedades. Su
caracterizacin de la histeria como la consecuencia de una vivencia sexual
infantil pasiva, displacentera, arrojaba cierta luz en la sintomatologa:
muchos de los sntomas psicolgicos de la histeria parecan reflejar una
aversin a la sexualidad, y Freud poda explicar esto como la respuesta del
enfermo al trauma infantil reprimido. Pero, segn Freud, los sntomas
histricos ms importantes y caractersticos eran las conversiones somticas;
ahora bien, la distincin entre la histeria y las obsesiones en trminos de
vivencias sexuales infantiles pasivas y activas no explicaba por qu la
represin llevara especficamente en el primer caso a sntomas somticos.
Freud haba propuesto con anterioridad que la histeria slo afecta a personas
que poseen una "capacidad de conversin" innata, pero eso fue cuando
no poda establecer diferencia alguna en los sucesos patgenos que llevan a las
obsesiones y a la histeria. Haba logrado ahora, segn crea, definir cierta
distincin entre las causas de ambas enfermedades; esperaba que un mayor
esclarecimiento de la etiologa particular de la histeria proporcionara
finalmente una explicacin de las conversiones histricas. Los intentos de
Freud por resolver esta dificultad se centraron principalmente en una frmula
que recalcaba la edad del nio en el momento de su vivencia sexual patgena.
Haba mantenido que la agresividad sexual que aparece en el desarrollo de la
neurosis obsesiva debe surgir comparativamente tarde en la infancia y debe ser
precedida por una vivencia pasiva que despierta prematuramente la curiosidad
sexual del nio. Esta hiptesis le haba sugerido la posibilidad que las
experiencias sexuales pasivas que constituyen la gnesis de las neurosis,
incluyendo las que conducen a la histeria, ocurren de manera uniforme a una
edad ms temprana que las experiencias agresivas que llevan a las obsesiones.
Por consiguiente, Freud propona que si se pudiera asociar el suceso patgeno
en la histeria con una edad en que las facultades mentales del nio todava no
estn plenamente desarrolladas, y en que ofrece caractersticamente una
respuesta fsica a todos los estmulos, entonces la explicacin de las
conversiones somticas de la histeria podra deducirse de las caractersticas
del organismo en el momento del suceso patgeno.
Freud present su teora de los traumas infantiles en tres artculos
publicados en la primavera de 1896: "La herencia y la etiologa de las
neurosis", "Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de
defensa" (ambos terminados en febrero de 1896), y "La etiologa de la
histeria" (ofrecido como conferencia en abril y presentado para su
publicacin un mes despus). Los tres exponen la tesis de que la histeria es la
consecuencia de una vivencia pasiva, en tanto que las obsesiones evolucionan a
partir de la agresividad sexual infantil. Pero los dos ltimos artculos
sugieren que la edad del nio en el momento del suceso patgeno tambin es un
factor en la determinacin de cul neurosis se desarrolla.
En los meses siguientes, Freud otorg una creciente importancia a la
edad. En una carta a Fliess del 30 de mayo de 1896, divide la niez en tres
periodos durante los cuales pueden tener lugar las experiencias inductoras de
neurosis: el primero hasta la edad de cuatro aos, el segundo de los cuatro a
los ocho aos de edad, y el tercero comienza entre los ocho y diez aos y dura
hasta el inicio de la pubertad. Freud propone que las escenas que conducen a la
histeria pertenecen a la primera fase, las que producen neurosis obsesiva
ocurren durante la segunda, y las experiencias que producen paranoia en la
ltima fase. Tambin indica que los recuerdos que datan del primer periodo no
son traducidos en imgenes verbales debido al limitado desarrollo mental del
nio hasta los cuatro aos. Como resultado de ello, "la evocacin de una
escena sexual [de esta fase] no lleva a consecuencias psquicas, sino a... la conversin. Este enfoque del problema de las conversiones histricas es
nuevamente desarrollado en otra carta escrita en diciembre de 1896.[19]
La explicacin clnica de las neurosis propuesta por Freud sostena
fundamentalmente que las psiconeurosis se derivan de experiencias sexuales
infantiles y que la naturaleza de estas experiencias determinan cules sntomas
neurticos particulares emergen ulteriormente. Al vincular la emergencia de los
sntomas de conversin histrica con la fase del desarrollo mental del sujeto
en el momento de su vivencia sexual infantil, Freud dio un importante paso
hacia la completa elaboracin de su explicacin clnica. Pero haba otras
dificultades, relacionadas tanto con la etiologa sexual de las neurosis como
con la relacin entre la etiologa y los sntomas, que pronto llevaron a nuevas
revisiones en sus modelos.
LAS FANTASAS
En varias
cartas escritas a Fliess durante la primavera de 1897, Freud introdujo el
concepto de fantasas en su teora de
las neurosis. Observaba que el anlisis de los enfermos neurticos revela
fantasas reprimidas, y sugera que stas se inspiran en experiencias sexuales
infantiles y se construyen con miras a bloquear el recuerdo de tales
experiencias: "Las fantasas son, efectivamente, anteprticos psquicos
erigidos para bloquear el acceso a esos recuerdos. Al mismo tiempo, las
fantasas sirven a la tendencia de refinar los recuerdos, de sublimarlos".[20]
Habindose confrontado con las fantasas de sus pacientes -con ideas reprimidas
que no eran, a todas luces, una rememoracin directa de las verdaderas
experiencias de los pacientes Freud propuso una explicacin que se ajustaba a
su teora en curso. Lleg a la conclusin de que las fantasas deben ser
reelaboraciones imaginarias de las experiencias sexuales infantiles y, por
analoga con la formacin de sntomas, sugiri que tal reelaboracin sirve
probablemente los intereses de la represin. Adems, afirm que las fantasas
reprimidas son formuladas, al igual que los sntomas, como un compromiso entre
el recuerdo patgeno y el yo represor.
Pero el concepto de fantasas pona directamente en tela de juicio la
teora de los traumas sexuales infantiles. Freud no lograba discernir la manera
de distinguir claramente si el material sacado en la terapia era fantasa o
recuerdo, poniendo en duda la veracidad de las historias de seduccin contadas
por sus pacientes. Sin embargo, Freud segua respaldando la teora de la
seduccin. Una de las razones era que, en varios casos, las historias de
seduccin referidas por sus pacientes haban sido corroboradas por otras
personas implicadas. Adems, nuevos pacientes seguan refiriendo continuamente
historias similares, y a Freud le parecan convincentes. En una carta escrita
el 28 de abril de 1897 -en medio de sus primeras discusiones sobre las
fantasas- Freud se refiere a una paciente que esa maana le haba informado
que "su padre, un hombre tan noble y respetable en apariencia, sola
acostarla regularmente en su cama entre los ocho y los doce aos, practicando
con ella la eyaculacin externa". La respuesta de Freud era que
"cosas similares y aun peores deban de haber ocurrido en su ms temprana
infancia.[21]
Cuando en su correspondencia menciona las fantasas neurticas, Freud
tambin discute el papel de los "impulsos" sexuales en las neurosis:
"Las estructuras psquicas que en la histeria son objeto de la represin
no son, en realidad, los recuerdos... sino impulsos
derivados de las escenas primarias [esto es, de las experiencias sexuales patgenas]".[22]
Este nuevo acento en los impulsos surgi en gran medida a partir de una
consideracin de la distincin entre la patognesis de las perversiones y la de
las neurosis. Muchos autores situaban el origen de las prcticas sexuales
perversas en los traumas sexuales infantiles del tipo de aquellos asociados por
Freud con las neurosis, y Freud se dedic, por lo tanto, a definir en qu forma
diferan los procesos patgenos para los dos grupos de sndromes. Inicialmente
propuso que la distincin radica en saber si el recuerdo del trauma suscita
ulteriormente displacer y es reprimido. Pero el factor clave en las
perversiones result ser la persistencia de impulsos anormales desencadenados
por la experiencia sexual infantil. Esto sugiri a Freud que, en los casos en
que se desarrollan neurosis, la represin ha de dirigirse primordialmente
contra dichos impulsos anormales y no simplemente contra el recuerdo del suceso
traumtico. Adems, Freud pensaba que siempre poda discernir tales impulsos
sexuales perversos en medio del material reprimido revelado en sus anlisis de
enfermos neurticos.
Pero el examen de la relacin entre las perversiones y las neurosis data
de diciembre de 1896, y sin embargo no fue sino en sus cartas sobre las
fantasas, escritas algunos meses despus, cuando Freud desplaz explcitamente
el acento de los recuerdos reprimidos a los impulsos reprimidos. A mi parecer,
su discusin sobre los impulsos en aquellas cartas tena como objeto
principalmente contrarrestar el enjuiciamiento a la teora de la seduccin
planteado por las fantasas. Freud asevera en la correspondencia que los
impulsos perversos son fciles de discernir en los enfermos neurticos, y
supone, junto con muchos de sus contemporneos, que tales impulsos han de
deberse a alguna experiencia sexual inusitada en la infancia. As pues, esto
implica que, aun si se ponen en duda las historias de seduccin infantil
relatadas por los pacientes, la presencia de los impulsos perversos indica que
s debe haber ocurrido un suceso como el referido.
El nico ejemplo de impulsos infantiles mencionado por Freud es un deseo
de muerte del padre del mismo sexo: "Los impulsos hostiles contra los
padres (el deseo de que mueran) constituyen tambin elementos integrantes de
las neurosis... Parecera que este deseo de muerte se dirige en los hijos
contra el padre y en las hijas contra la madre".[23]
Freud insina claramente que estos deseos de muerte responden a los celos
sexuales y a un deseo de contacto sexual con el padre sobreviviente. La mayora
de las historias de seduccin referidas por sus pacientes neurticos incluan
la seduccin de una hija por su padre. Una vez ms, hay una insinuacin de que,
aun si se pone en duda la veracidad de tales "recuerdos", la
presencia de impulsos perversos tales como aquellos deseos de muerte constituye
una prueba convincente de que ha de haber ocurrido de hecho alguna experiencia
sexual comparable, suficientemente traumtica para suscitar dichos impulsos.
Freud sigui apoyando la teora de la seduccin durante los
siguientes meses. Pero, en una carta escrita a Fliess en septiembre de 1897,
cambi abruptamente su posicin y declar que "ya no creo en mis
neurticos".[24] Freud cita
cuatro razones del rechazo de su teora:
1. Los continuos desengaos en sus intentos de llevar sus
anlisis a una verdadera conclusin, signo de que no posea la verdadera clave;
2. No poda aceptar la insinuacin de que tantos padres fueran culpables de
abusar sexualmente de sus hijos; 3. Haba descubierto que es imposible
distinguir entre la verdad y la ficcin entre las ideas reprimidas sacadas a la
luz por el anlisis; 4. Observaba que aun en las peores psicosis (o sea, en
situaciones en que el yo fracasa rotundamente en sus esfuerzos de represin)
los recuerdos inconscientes nunca logran del todo superar la resistencia del
yo, y por ende pareca dudoso que el tratamiento pudiera superar todas las
resistencias y alcanzara los verdaderos secretos de las experiencias
infantiles.
Tres de estas razones podan haber sido citadas meses antes, mientras
que la cuarta no guarda relacin con ninguno de los comentarios hechos
previamente por Freud y las ulteriores discusiones no abundan en ella, ni
brindan una indicacin clara de por qu fue rechazada la teora de la seduccin
en aquel momento particular. Cabra suponer que los desengaos teraputicos,
las improbables historias de seduccin, y el desafo planteado por el
descubrimiento de las fantasas simplemente haban generado un efecto
acumulativo en ese punto. Pero lo ms probable es que el autoanlisis de Freud
emprendido en las semanas anteriores, fuese el factor determinante[25].
Freud
emprendi su autoanlisis tanto para resolver lo que perciba como rasgos
neurticos de su propia conducta como para someter a prueba de primera mano la
exactitud de sus teoras y de sus mtodos clnicos. El anlisis consista
principalmente en el examen de los sueos. En su primer caso clnico de una
paciente neurtica (Emmy de N.), Freud ya haba intentado considerar el
contenido de los sueos de la paciente como sntomas de su neurosis. Ahora
crea que el origen de los sntomas deba situarse en los recuerdos reprimidos
de sucesos infantiles, y adopta el mismo enfoque en su explicacin de los
sueos.
Freud declar algunos aos ms tarde que haba emprendido su autoanlisis
como respuesta a la muerte de su padre en octubre de 1896, pero no empez a
trabajar intensamente en la tarea sino hasta el siguiente verano. El
descubrimiento de las fantasas neurticas durante la primavera de 1897 sirvi
probablemente para estimular sus esfuerzos de interpretacin de los sueos. El
concepto de fantasas neurticas se derivaba de la observacin de que un gran
nmero de ideas reprimidas se forman, como los sntomas neurticos, a raz de
un compromiso entre los recuerdos reprimidos y el yo represor. Freud haba
pensado durante cierto tiempo que las ideas halladas en los sueos de sus
pacientes estaban construidas del mismo modo, y por consiguiente el
descubrimiento de las fantasas neurticas sirvi para fortalecer sus opiniones
acerca de la naturaleza de los sueos y de su importancia como manifestaciones
de material reprimido.
El autoanlisis de Freud revel ideas e impulsos reprimidos comparables
a los hallados en sus anlisis de enfermos neurticos. Se encontr, en
particular con aquellos impulsos hostiles dirigidos contra el propio padre que
haba considerado anteriormente como prueba de que alguna experiencia
traumtica deba haber ocurrido en la niez. Sin embargo, no lograba recordar
tales experiencias, y tampoco pensaba que hubiesen tenido lugar realmente. Las
conversaciones con su madre, en las que trat de descubrir los sucesos que
subtienden el material reprimido revelado por su autoanlisis al parecer
fortalecieron su idea de que las seducciones del tipo que haba planteado para
sus pacientes nunca haban ocurrido en su propio caso.
Este fue probablemente el principal factor en su rechazo de la teora de
la seduccin. Al enumerar los motivos para rechazar su teora, Freud hace una
referencia indirecta a su autoanlisis. Declara que no poda aceptar la
insinuacin de que "todo los casos obligaban a atribuir actos perversos al
padre, sin excluir al mo". La mencin de su padre indica que Freud haba
descubierto en su autoanlisis ideas reprimidas que haba conectado en otros
casos con abuso paterno. El hecho de que no pudiese encontrar tales pruebas de
abuso en su propio caso lo ayud aparentemente a convencerse de que la teora
de la seduccin era insostenible.
Freud descubri, en cambio, recuerdos de episodios sexuales menos dramticos,
que involucraban a la mujer que haba sido su niera. No da muchos detalles
acerca de esos episodios, pero declara que "ella era mi maestra en cosas
sexuales". Freud parece haber considerado tales sucesos como la verdadera
fuente de sus rasgos neurticos -y no aquellas vivencias sexuales traumticas,
con la participacin, por lo general, del padre del nio, que haba postulado
anteriormente. En una carta a Fliess, declara que fue su niera la fuente de
sus perturbaciones y no su padre.
Sin embargo, las experiencias con su niera no podan explicar los
sentimientos hostiles en contra de su padre, y no poda descubrir un suceso
inusitado cualquiera que hubiese podido inducir tales sentimientos. Freud
recordaba haber visto una vez, hacia los dos aos, a su madre desnuda. En
ausencia de cualquier otra explicacin, llegaba a la conclusin de que esto
debe de haber servido para suscitar impulsos sexuales y generar los celos
contra su padre. Pero tal escena pareca ms bien trivial. Por tanto, Freud
especul que la atraccin sexual infantil por la propia madre y los celos
contra el padre probablemente constituyeran un fenmeno universal.
Estos impulsos, como lo sugiere en una carta a Fliess, surgen en la
temprana infancia y ms tarde son reprimidos en el curso normal del desarrollo:
Tambin en m comprob el amor por la madre y los
celos contra el padre, al punto que los considero ahora como un fenmeno
general de la temprana infancia... Si es as, se comprende perfectamente el
apasionante hechizo del Edipo rey, a
pesar de todas las objeciones radicales contra la idea del destino inexorable
que el asunto presupone... El mito griego retoma una compulsin del destino que
todos respetamos porque percibimos su existencia en nosotros mismos. Cada uno
de los espectadores fue una vez, en germen y en su fantasa, un Edipo
semejante, y ante la realizacin onrica trasladada aqu a la realidad todos
retrocedemos horrorizados, dominados por el pleno impacto de toda la represin
que separa nuestro estado infantil de nuestro estado actual.[26]
Las ideas
e impulsos revelados por el autoanlisis de Freud, y que haba asociado
anteriormente con las seducciones en la niez, son atribuidos ahora a
experiencias menos dramticas con su niera, o bien considerados como normales
y relacionados con acontecimientos triviales. Freud segua pensando que los
impulsos edipianos son anormalmente intensos en nios destinados a desarrollar
graves neurosis y que estos impulsos excesivamente intensos deben ser
desencadenados por sucesos infantiles inusitados que involucran a los padres.
Sin embargo, como la situacin de tales nios era considerada ahora como una
variacin de un fenmeno normal, resultaba verosmil que aquellos sucesos
patgenos fueran, por regla general, experiencias infantiles comparativamente
menores, en lugar de las seducciones que Freud haba postulado primero. Por
consiguiente, estas vivencias sexuales menos dramticas reemplazan a las
seducciones en las frmulas de Freud relativas a la patognesis de las
neurosis.
Al reconocer los impulsos edipianos como fenmenos normales, y al
desplazar el acento de las seducciones a vivencias sexuales menos
espectaculares, Freud sugiere ahora que la patognesis en la psiconeurosis
entraa una interaccin entre las experiencias sexuales y los impulsos sexuales
infantiles normales.
En el contexto de la teora de la seduccin, las fantasas eran
consideradas como una reelaboracin de recuerdos sexuales infantiles cuyo
objeto era reprimir ms eficazmente dichos recuerdos. Ahora, sin embargo, las historias
de seduccin de los enfermos pasan a ser, a su vez, fantasas, y dichas
historias son percibidas como algo ms que una reelaboracin de los sucesos
reales: son un embellecimiento ertico de los sucesos. As, resultaba necesaria
una reevaluacin de la naturaleza de las fantasas. Segn el nuevo modelo
freudiano de patognesis, las psiconeurosis se basan en un impulso normal
intensificado por una experiencia infantil. Freud sostiene ahora que las
fantasas son simplemente manifestaciones psquicas de tales impulsos
patolgicamente intensos. Afirma, por ejemplo, que las historias de seduccin
son el producto de impulsos edipianos anormalmente intensos.
Freud sigue creyendo que las fantasas reflejan recuerdos infantiles en
la medida que, si se descubren y analizan las fantasas reprimidas, pueden
llevar a la rememoracin de importantes sucesos infantiles. Pero ahora se
caracterizan, no solamente como una reelaboracin de recuerdos, sino como una
gratificacin imaginaria de impulsos patolgicos.
Freud tambin indica que las fantasas neurticas no se forman hasta la
pubertad. Esta opinin emanaba de la creencia en que las fantasas reveladas
por la terapia ponen de manifiesto una sofisticacin sexual que va ms all de
la niez, y en que tambin contiene recuerdos que datan de una edad ulterior.
Freud escribi a Fliess en enero de 1899 que las "fantasas son producto
de periodos relativamente avanzados, que desde ese presente se proyectan
retrospectivamente hasta la primera infancia". La misma nocin aparece en
"Los recuerdos encubridores" (1899). En un ensayo escrito en 1905,
declara que las fantasas son "recuerdos imaginarios, fantaseados por lo
general en los aos de la pubertad".[27]
Con el rechazo de la teora de la seduccin, y la modificacin de los papeles
atribuidos a los impulsos y las fantasas, surgi una nueva explicacin clnica
de las psiconeurosis: stas se deben a variantes patolgicamente intensas de
impulsos sexuales infantiles normales. Los impulsos patolgicos son finalmente
reprimidos, pero vuelven a surgir brevemente con el despertar sexual de la
pubertad. En ese momento, se generan las fantasas neurticas. Luego, tanto los
impulsos como las fantasas pasan por un periodo de represin conseguida. Los
impulsos sexuales normales tambin son reprimidos en cierta medida, debido a su
asociacin con el material patolgico. En una fecha ulterior, se produce un
"retorno de lo reprimido" en forma de sntomas.
El nuevo acento en los impulsos, y en las fantasas como derivados de
los impulsos, tambin llev a una nueva definicin de los sntomas neurticos.
Muchos autores haban observado la naturaleza ertica de los ataques histricos
y haban sugerido que tales ataques son manifestaciones de pulsiones erticas;
Freud, influido en parte por dichas observaciones, haba propuesto en varias
ocasiones que los sntomas reflejan deseos. La caracterizacin de las ideas
reprimidas basadas en impulsos sexuales otorg una nueva importancia a este
concepto. El "retorno de lo reprimido" se considera ahora un esfuerzo
por sancionar fantasas reprimidas y por satisfacer impulsos infantiles. El
compromiso entre las ideas reprimidas y el yo represor es visto ahora como un
compromiso entre un impulso sexual y los recelos y los sentimientos de
culpabilidad del sujeto con respecto a dicho impulso. Freud utiliza este
modelo, por ejemplo, en su explicacin de los sntomas de Dora en
"Anlisis fragmentario de una histeria" (escrito en su mayor parte en
1901, y publicado en 1905). Uno de los sntomas de Dora era una tos histrica.
Durante la terapia, Freud descubri impulsos edipianos intensos junto con
fantasas reprimidas del padre de la enferma tocantes a prcticas sexuales
orales-genitales, e interpret la tos de Dora como la expresin velada de
dichos impulsos y fantasas.[28]
En Tres ensayos para una teora sexual
(1905), Freud expuso el principio general de que, en las neurosis, "los
sntomas constituyen la actividad sexual del enfermo".[29]
LA SEXUALIDAD INFANTIL
El rechazo
por parte de Freud de la teora de la seduccin se considera habitualmente como
el punto de partida de su desarrollo de una teora de la sexualidad infantil.
Segn esta opinin, al darse cuenta de que las historias de seduccin de sus
pacientes eran en realidad fantasas, Freud dedujo que debe haber pulsiones
sexuales infantiles que generan tales fantasas, introducindose de este modo
en la sexualidad infantil.
Las propias observaciones de Freud en su ensayo sobre la "Historia
del movimiento psicoanaltico" (1914) alentaron esta interpretacin de la
evolucin de sus ideas:
Bajo la influencia de la teora
traumtica de la histeria, enlazada a los descubrimientos de Charcot, era fcil
inclinarse a dar crdito e importancia etiolgica a las manifestaciones en que
los enfermos mismos atribuan sus sntomas a experiencias sexuales pasivas
sufridas en su primera infancia; esto es, a una temprana seduccin. Cuando esta
etiologa naufrag a causa de su propia inverosimilitud y de su choque contra
precisas circunstancias opuestas, pasamos por una fase de perplejidad. El
anlisis nos haba conducido por un camino correcto hasta tales traumas
sexuales infantiles que sin embargo, no eran ciertos... [Pero] si los
histricos refieren sus sntomas a traumas por ellos inventados, habremos de
tener en cuenta este nuevo hecho de su imaginacin de escenas traumticas, y
conceder a la realidad psquica un lugar al lado de la realidad prctica. No
tardamos, pues, en descubrir que tales fantasas se hallaban destinadas a
encubrir la actividad autoertica de los primeros aos infantiles... Detrs de
estas fantasas apareci entonces la vida sexual infantil en toda su amplitud.[30]
Pero el
concepto de zonas ergenas infantiles, que es un elemento central en la teora
freudiana de la sexualidad infantil, ya haba sido introducido en el contexto
del modelo de la seduccin. Esto indica que es preciso distinguir entre los
aspectos de la teora sexual de Freud que anteceden su reconocimiento de las
historias de seduccin como fantasas, y aquellos otros aspectos que fueron
formulados como respuesta a este descubrimiento.
Freud mencion por primera vez las zonas ergenas infantiles en su
discusin sobre la distincin entre la patognesis de las perversiones y la de
las neurosis. Se sola considerar que las perversiones emanan de los traumas
sexuales infantiles del tipo que Freud asociaba con las psiconeurosis.[31]
En efecto, poco despus de formular su teora de la seduccin, Freud declaraba
en el "Manuscrito K" (enero de 1896): "Cabe apuntar aqu una
digresin de este problema: cmo ocurre que, bajo anlogas condiciones, en
lugar de la neurosis se produzca la perversin o la simple inmoralidad?"[32]
Freud no trat de resolver el problema en aquel momento, pero volvi a esta
cuestin en una carta escrita en diciembre del mismo ao. Freud sugera que el
recuerdo de un trauma sexual infantil a veces suscita placer ms bien que
displacer, cuando se lo rememora despus del desarrollo sexual. En ese caso se
tiene compulsin y perversin en vez de represin y neurosis. Propona que la
eleccin entre placer y displacer se determina en parte por la naturaleza
bsica del nio, y trataba de establecer una relacin entre esto y la teora de
la bisexualidad de Fliess:
Para explicar por qu el resultado [de una
experiencia sexual prematura] es a veces la perversin y otras la neurosis, me
valgo de la bisexualidad universal del ser humano. En un ser puramente
masculino producirase un exceso de descarga masculina en [los puntos de
transicin en el desarrollo sexual],... originndose, en consecuencia, placer, y con ello, la perversin,
mientras que en un ser puramente femenino habra un exceso de sustancia displacentera en esos dos momentos
cronolgicos.[33]
En un caso
dado, la emergencia de la perversin o de la neurosis se decidir por las
cantidades relativas de toxinas masculinas y femeninas descargadas.
Pero Freud tambin sealaba otro factor en la eleccin entre la
perversin y la neurosis al introducir el concepto de zonas ergenas
abandonadas. Afirmaba que la excitacin sexual en la niez est asociada con
muchas zonas del cuerpo que ulteriormente no desempean ningn papel en la
sexualidad, e indicaba que el abandono sexual de dichas zonas debido a los
cambios fisiolgicos normales explica en parte por qu la rememoracin ulterior
de las experiencias infantiles causa displacer e induce la represin. (Freud no
se extendi a este respecto. Pero consideraba el ano como una de esas zonas
ergenas infantiles y crea que las experiencias infantiles que entraan una
estimulacin anal excesiva generan una excitacin sexual. Segn l, la
explicacin de por qu tales experiencias resultan retrospectivamente penosas y
displacenteras, y por qu sus recuerdos son reprimidos, radica en parte en el
abandono fisiolgicamente determinado del ano como zona ergena.) Freud dio a entender
ms adelante que el desarrollo de las perversiones se produce cuando alguna
faceta primitiva de la sexualidad infantil deja de perder su naturaleza
ergena, y afirmaba explcitamente esta opinin en una carta escrita en enero
de 1897. (Freud crea, por ejemplo, que, en el caso de una experiencia infantil
anal ertica, si la zona anal retiene ulteriormente su naturaleza ergena, de
ello resultarn perversiones anales en lugar de neurosis.)
El factor clave en las perversiones era, segn Freud, la persistencia de
impulsos sexuales suscitados por el suceso infantil. Esto pronto le sugiri a
Freud que el punto esencial en las neurosis debe ser la represin de estos
impulsos anormales, y no la mera represin del recuerdo del trauma infantil.
Pero segua pensando que la represin slo ocurre a raz del abandono de las
zonas ergenas implicadas en la experiencia infantil.
La tesis que enlaza las perversiones y las neurosis con las zonas
ergenas infantiles fue desarrollada ms explcitamente en una carta escrita en
noviembre de 1897, varios meses despus de que Freud descartara la teora de la
seduccin:
A menudo he sospechado que algo orgnico
interviene en la represin, y en alguna oportunidad ya pude comentarte que se
trataba del abandono de antiguas zonas sexuales... Ahora bien: las zonas que en
el hombre maduro normal cesan de producir excitaciones sexuales deben ser la
anal y la bucofarngea... En los animales aquellas zonas sexuales conservan su
poder... cuando ello ocurre en el hombre, nos encontramos con la perversin.[34]
La
perversin tambin sobreviene, segn Freud, cuando los traumas sexuales
infantiles slo afectan aquellas regiones que normalmente persisten como zonas
sexuales en la madurez. Pero cuando las zonas estrictamente infantiles son
excitadas por tales traumas, entonces si dichas zonas son abandonadas
ulteriormente en forma normal, surgir la represin y la neurosis.
El concepto de zonas ergenas no es original. Krafft-Ebing, por ejemplo,
escribi en Psychopathia Sexualis
(1886):
Bajo condiciones patolgicas,... otras porciones del
cuerpo... cerca de las mamas y los rganos genitales pueden llegar a ser zonas
"ergenas"...
... En el hombre, desde el punto de
vista fisiolgico, la nica zona "ergena" es el glande del pene y,
quiz, la piel de los testculos.
Bajo condiciones patolgicas, el ano
puede convertirse en zona "ergena";... automasturbacin anal,
pederasta pasiva.[35]
Krafft-Ebing
no interpretaba estas zonas anormales en trminos de una incapacidad de
abandonar las zonas sexuales infantiles. Pero en otra parte mencionaba el
abandono normal del cltoris como zona ergena a favor de la vagina y del
cuello del tero - nocin desarrollada extensamente por Freud ms tarde.
El trmino zona ergena
utilizado por Krafft-Ebing haba sido acuado por el neurlogo parisino Ernst
Chambard en su tesis de doctorado (1881). Chambard, que estaba asociado con la
Salptrire, escribi su tesis sobre la hipnosis en los enfermos histricos, e
introdujo el trmino en el contexto de una discusin de sintomatologa
histrica. En aquella poca, la designacin zona
histergena se utilizaba ampliamente para denotar las zonas del cuerpo cuya
estimulacin sola desencadenar los ataques histricos. La zona ms comnmente
observada era la regin del abdomen encima de los ovarios, y los mdicos
citaban frecuentemente este hecho, junto con la naturaleza ertica de muchos
ataques histricos, como prueba de la etiologa sexual de la histeria. Chambard
introdujo zona ergena como una
variante de zona histergena, en una discusin
sobre las zonas inductoras de ataques en una enferma cuyos ataques eran
particularmente erticos y que adems era ninfmana.[36]
Por supuesto, Freud insista especficamente en las zonas ergenas
infantiles - esto es, en las partes del cuerpo cuya estimulacin en la infancia
se acompaa de un intenso placer sensual y cuya importancia sensual se subsume
ulteriormente en la de los rganos genitales. Por consiguiente, el trabajo de
Krafft-Ebing y de Chambard concerna, en general, la cuestin de la terminologa
y no la de los conceptos. Pero tambin podemos citar autores que precedieron a
Freud en el desarrollo de los conceptos de las zonas sexuales infantiles. El
neurlogo berlins Albert Moll, por ejemplo, hablaba de un instinto primitivo
de "contrectacin" -un deseo de contacto cutneo. Segn Moll, cuyo
trabajo es mencionado por Freud en su correspondencia, este impulso primitivo
surge bastante temprano en la vida y slo paulatinamente, en el curso del
desarrollo, se vuelve un tanto limitado a zonas sexuales especficas del cuerpo
y es asociado con otras metas sexuales.[37]
Un gran nmero de autores ha interpretado el chupeteo como un fenmeno
sexual infantil, y Freud escribi que "ningn observador ha dudado acerca
de la naturaleza sexual de esta actividad". Un pediatra hngaro, S.
Lindner, en un artculo titulado "Das Saugen an den Fingern, Lippen, etc.,
bei den Kindern (Ludeln)" (1879), sealaba casos en que el chupeteo se
acompaa de masturbacin como prueba de la naturaleza sexual del primero.
Lindner, que posteriormente fue citado por Freud, refera el caso de una nia
de dos aos que se chupaba una mano mientras se frotaba el cltoris con la
otra. Cuando quiso interferir con la masturbacin, la nia protest:
"Djame en paz, si no, no puedo chupar".[38]
Wilhelm Fliess, en su libro de 1897, tambin consideraba el chupeteo como una
forma de sexualidad infantil. Fliess pensaba que los nios manifiestan
variaciones peridicas en sus hbitos de chupar, y lo interpretaba como prueba
de la operacin de toxinas sexuales peridicamente segregadas.
Freud declaraba que su propia nocin de las zonas sexuales abandonadas
se asociaba con la consideracin de cambios en la importancia sexual de las
sensaciones olfativas, y muchas de sus primeras observaciones sobre las zonas
ergenas infantiles se basan en el papel sexual de los olores en nios y en
animales. Los vnculos entre las funciones olfativas, la sexualidad y las
neurosis presentaban un inters particular para Fliess, y fueron sin duda
alguna el tema de muchos intercambios entre Fliess y Freud. Es probable que
estos intercambios hayan constituido otra importante fuente para las teoras de
Freud sobre las zonas sexuales infantiles.
A raz de su rechazo de la teora de la seduccin, Freud modific sus
opiniones sobre la sexualidad infantil. El cambio ms importante fue haber
reconocido que la manifestacin normal de impulsos sexuales en la temprana
infancia es considerablemente mayor de lo que haba credo hasta entonces.
Cuando introdujo por primera vez la nocin de zonas ergenas abandonadas, Freud
se percataba de numerosas manifestaciones de sexualidad en los nios. Sin
embargo, consideraba que la sexualidad infantil era algo ms potencial que
real, y su expresin persistente era vista como algo patolgico. Esta era
tambin la opinin ms comnmente expresada en Ia literatura mdica
contempornea. La masturbacin en la infancia era un tema frecuentemente
abordado por la literatura, y el chupeteo y otras prcticas infantiles eran
interpretados a menudo como conducta sexual. Pero se supona generalmente que
la masturbacin u otros juegos sexuales desempean un papel muy reducido en el
nio despus de los primeros aos de vida, y que la actividad sexual que
efectivamente tiene lugar es de ndole puramente refleja, mecnica, y no se
acompaa de fenmenos psicosexuales.
Krafft-Ebing, en Psychopatia
Sexualis, escriba que muchos mdicos estn familiarizados con las
manifestaciones de sexualidad en nios pequeitos, y sealaba varios casos de
masturbacin infantil. Tambin sugera que tal conducta puede presentarse en
nios normales. Pero insista en que cuando hay una pauta regular de actividad
sexual patente a lo largo de la infancia, entonces "puede considerarse
siempre como un sntoma que acompaa una condicin constitucional
neuropsicoptica".[39]
Algunos autores, sin embargo, en particular pediatras, consideraban que
la sexualidad manifiesta en la infancia no es forzosamente anormal. Freud cita
ms tarde un artculo a este respecto del mdico viens Wilhelm Stekel,
titulado "Coitus im Kindesalter" (1895).[40]
Pero esta opinin era excepcional.
Cuando un nio daba muestras de una actividad sexual preponderante, su
conducta sola atribuirse a una anormalidad neuroptica hereditaria Otra
explicacin era que el nio haba sido seducido por un adulto u otro nio, y
esta experiencia haba desencadenado un despertar sexual anormalmente precoz.
Al principio, Freud comparta el punto de vista de que la sexualidad agresiva
en la niez era excepcional y requera una explicacin. A esto se debe en gran
medida que, al proponer la teora de los traumas sexuales infantiles asociando
la neurosis obsesiva con una vivencia sexual placentera iniciada por el
enfermo, insistiera en que ste deba haber sido previamente la vctima pasiva
de un ataque que despert prematuramente su curiosidad sexual. Asimismo, Freud
interpret primero sus zonas ergenas infantiles como fuentes potenciales de
excitacin sexual que normalmente no estn despiertas en un grado muy grande.
Consideraba que la emergencia de los impulsos relacionados con dichas zonas era
la consecuencia necesaria de alguna experiencia sexual inusitada, que llevaba a
las perversiones y a las neurosis.
Al reconocer la universalidad de los impulsos edipianos infantiles y
rechazar la teora de la seduccin (1897), Freud adopt el punto de vista de
que existe normalmente una vida psicosexual compleja durante la temprana
infancia y que la sexualidad se expresa normalmente de manera importante
durante este periodo del desarrollo. Afirm, adems, que hay otros aspectos de
la sexualidad infantil fuera de los relacionados con la estimulacin de las
zonas ergenas. En Tres ensayos para una
teora sexual (1905), en donde public por vez primera sus nuevos conceptos
sobre la sexualidad infantil, Freud indica que la excitacin sexual acompaa el
esfuerzo muscular, los estados emocionales intensos, el trabajo intelectual, y
otras situaciones. Tambin considera el fenmeno del exhibicionismo y del
voyeurismo en los nios. Freud escribe, por ejemplo, acerca de la relacin
entre la sexualidad y los estados emocionales:
Es fcil fijar, por observaciones
directas o por investigaciones posteriores, que todos los procesos afectivos
intensos, hasta las mismas excitaciones aterrorizantes, se extienden hasta el
dominio de la sexualidad... pero en tales circunstancias aparece con frecuencia
una sensacin de excitacin que lleva al tocamiento de los genitales o a un
proceso anlogo a la polucin, con todas sus consecuencias perturbadoras.[41]
Freud
segua considerando las zonas ergenas como el principal factor en la
sexualidad infantil, pero pensaba que estos elementos adicionales tambin eran
importantes, tanto para un entendimiento del nio como para una mayor
comprensin de la etiologa de las anormalidades psiquitricas ulteriores. Sin
embargo, a pesar de los mltiples cambios en las opiniones de Freud sobre la
sexualidad infantil, la nueva teora preserva los aspectos esenciales del
modelo desarrollado en 1896 (cuando todava aprobaba el concepto de seduccin).
La existencia de la sexualidad infantil sigue siendo enfocada en su forma
latente, principalmente, al menos despus de los primeros aos de la vida, con
una expresin manifiesta bastante limitada, considerando una conducta sexual
ms preponderante como patolgica. Adems, se sigue atribuyendo el origen de
las perversiones y de las neurosis a un despertar inadecuado de esta sexualidad
infantil latente. Por ltimo, las perversiones siguen siendo interpretadas como
la persistencia en la madurez de las pautas sexuales infantiles, en tanto que
las neurosis son vinculadas al abandono y la represin de este tipo de
sexualidad.
Desarrollando ms su tesis, Freud escribe Tres ensayos para una teora sexual:
Nos pareca... que el nio trae consigo
al mundo grmenes de actividad sexual, y que ya en la absorcin de alimentos
goza accesoriamente de una satisfaccin sexual, la cual intenta luego renovar
de continuo con la conocidsima actividad de la succin. La actividad sexual
del nio no se desarrolla paralelamente a sus otras funciones, sino que despus
de un corto periodo de florecimiento... entra en el llamado periodo de
latencia.[42]
El periodo
de latencia est marcado, en opinin de Freud, por la represin de las formas
infantiles de sexualidad, suceso crucial para el desarrollo sexual normal. (El
significado de represin ha sufrido
una ligera modificacin. Se refiere ahora al abandono normal de las zonas
ergenas infantiles debido a los cambios fisiolgicos, as como a la supresin
de los impulsos sexuales primitivos tales como el voyeurismo o el
exhibicionismo, o aquellos impulsos relacionados con la estimulacin de las
zonas ergenas infantiles. Sobre este punto, Freud no establece una clara
distincin entre las zonas ergenas, por un lado, y los impulsos, por otro, y
su utilizacin de trminos tales como "pulsiones" o "componentes
sexuales" parecen abarcar ambas cosas.) Cuando la sexualidad reemerge en
la pubertad las diversas zonas ergenas y otros elementos primitivos de la vida
sexual son subordinados a la primaca de la zona genital, y la actividad sexual
autoertica, masturbatoria de la niez es reemplazada por una sexualidad
orientada hacia algn objeto. Este es el curso del desarrollo normal. Pero a
veces ocurre que algunos componentes de la sexualidad infantil son extraordinariamente
intensos y no son completamente sublimados durante el periodo de latencia. En
ese caso, estos componentes pueden persistir en la pubertad y convertirse en
parte de la vida sexual adulta del individuo - produciendo, por lo tanto,
perversiones. O bien pueden plegarse en cierto momento a un esfuerzo
excepcional de represin, en cuyo caso la perversin es sustituida por una
psiconeurosis. La neurosis sobreviene porque la represin en esos casos tiene
una eficacia limitada y la perversin logra expresarse en forma de sntomas
neurticos. Por ejemplo, el erotismo oral es, segn Freud, una manifestacin
normal de la sexualidad infantil. Durante el desarrollo normal, la zona oral
pierde su aspecto ergeno y ios impulsos erticos orales son reprimidos. Sin
embargo, si tales impulsos se vuelven excesivamente intensos durante la
infancia, quiz por demasiada estimulacin, la represin normal no se produce.
En ciertos casos, la zona oral mantendr su naturaleza ergena y de ello
resultarn perversiones orales, mientras que en otros casos un erotismo oral
anormalmente intenso ceder ante un esfuerzo de represin excepcional pero slo
parcialmente exitoso, y resurgir ulteriormente en forma de sntomas
neurticos. Freud resume este modelo en ciertos pasajes escritos en 1905: [En Tres ensayos mostr que] las
perversiones correspondan a perturbaciones... por un desarrollo exagerado o
como obsesivo de alguno de aquellos instintos parciales [sexuales]". Pero:
Otro resultado final aparece cuando en
el curso del desarrollo experimentan el proceso de represin algunos de ios
componentes de excesiva energa, debiendo tenerse en cuenta que este proceso de
represin no corresponde por completo a una desaparicin total de los elementos
reprimidos. Los impulsos que sucumben a este proceso [continan] originndose;
pero... un obstculo psquico les impide llegar hasta su fin, rechazndolos
hacia otros caminos, hasta que logren manifestarse en calidad de sntomas.[43]
(Freud
pensaba que la pregunta de por qu las pulsiones infantiles excepcionalmente
fuertes generan perversiones en algunos casos y son reprimidos en otros,
tendra que ser contestada en trminos de factores fisiolgicos innatos, ya que
las pulsiones se basan siempre en algn elemento fsico -tal como una zona ergena-
cuyo abandono o retencin depende de procesos fisiolgicos.)
Las opiniones de Freud tanto sobre la estructura general de la
sexualidad infantil como sobre el mecanismo patgeno de las perversiones y las
neurosis, tal como se encuentran en este modelo, difieren poco de las
expresadas en 1896.
La principal innovacin de los Tres
ensayos para una teora sexual es, por supuesto, el esfuerzo de Freud por
desarrollar una comprensin detallada de la sexualidad infantil normal, y su
inters por este problema procede en ltima instancia de su reconocimiento de
la universalidad de los impulsos edipianos y de su consiguiente apreciacin del
alcance y de la magnitud de los fenmenos sexuales infantiles normales. Pero el
inters de Freud por los detalles de la sexualidad infantil se desarroll
paulatinamente a raz de su generalizacin de los impulsos edipianos y su
rechazo de la teora de la seduccin. En realidad, este inters surgi
solamente cuando Freud volvi una vez ms a insistir en los factores innatos
como la clave de la etiologa de la histeria.
En 1896, Freud crea que los impulsos primitivos extraordinariamente
intensos que aparecen en la patognesis son causados ntegramente por
experiencias sexuales infantiles espectaculares. Una teora del desarrollo normal
-en particular, un reconocimiento de las zonas ergenas infantiles- era
importante tan slo para explicar por qu el recuerdo del suceso infantil, y
los impulsos estimulados por dicho suceso, ocasionan ulteriormente displacer y
represin. El subsiguiente descubrimiento de los impulsos edipianos como
fenmeno normal, junto con el desplazamiento del acento de las seducciones a
vivencias sexuales menos espectaculares, indic que la patognesis de las
psiconeurosis debe explicarse en trminos de una interaccin entre las
experiencias sexuales y los impulsos sexuales infantiles normales. Esto exiga
una mayor comprensin de aquellos impulsos normales, y por consiguiente una
consideracin ms detenida de las diversas manifestaciones de la sexualidad
infantil. Sin embargo, en los meses inmediatamente siguientes al rechazo de la
teora de la seduccin, Freud segua pensando que las experiencias infantiles
eran los factores principales en la patognesis, y sigui insistiendo en tales
experiencias. En su exposicin de las zonas ergenas de noviembre de 1897,
Freud supone que los sntomas asociados con las zonas erticas primitivas
pueden explicarse completamente en trminos de los detalles particulares de una
experiencia sexual patgena, y apenas menciona la expresin normal de tales
zonas. En un artculo publicado en enero y febrero de 1898, "La sexualidad
en la etiologa de las neurosis", se sigue recalcando las experiencias
infantiles que inician el proceso que conduce a las neurosis, y apenas se
menciona, una vez ms, la sexualidad infantil normal.[44]
Sin embargo, al descartar la teora de la seduccin, las vivencias
sexuales que Freud asociaba ahora con las neurosis eran no slo menos
dramticas: tambin eran menos excepcionales. En verdad, apenas diferan de lo
que cabra esperar que ocurriese en el curso de cada infancia. Por
consiguiente, Freud pronto se vio obligado a considerar el problema de por qu
tales experiencias pueden aparentemente conducir a las neurosis en ciertas
personas y dejar a otras indemnes. La solucin pareca radicar en el mbito de
las diferencias innatas en el desarrollo sexual, y Freud escribi despus que
"con la renuncia a esta influencia accidental de la sexualidad recobraban
la supremaca los factores constitucionales y hereditarios".[45]
Este acento en las caractersticas innatas sirvi para incrementar el inters
de Freud por el modelo normal de la sexualidad infantil.
En el contexto de la teora de la seduccin, una fijacin oral
reprimida, por ejemplo, se atribuira a alguna experiencia sexual oral, y no
sera preciso saber nada acerca de la sexualidad infantil fuera del hecho de
que el erotismo oral es uno de sus componentes. Pero en los trminos de la
nueva teora que recalca los factores innatos, Freud pensaba que la produccin
de una fijacin oral slo poda captarse si se tena un conocimiento adecuado
de las vicisitudes normales del erotismo oral durante los primeros aos de la
niez. As, una teora satisfactoria de las neurosis pareca exigir una
descripcin ms detallada de los diversos componentes de la sexualidad infantil
y de su preeminencia en las diferentes fases durante la temprana infancia.
Pero Freud pensaba que el desarrollo sexual infantil slo poda
explicarse en trminos de fisiologa sexual. Por consiguiente, al desplazarse
el acento de las experiencias infantiles a los factores de desarrollo innatos,
la fisiologa cobr mayor importancia para Freud con respecto a las
perspectivas de una explicacin completa de las neurosis.
El
ESTATUTO DE LA FISIOLOGA DESPUS DE 1897
En los
artculos escritos despus de haber descartado su teora de la seduccin, Freud
sigui insistiendo reiteradamente en que la sexualidad infantil se basa en
procesos fisiolgicos y en que dichos procesos desempean un papel esencial en
la etiologa de las neurosis. Observa en varias ocasiones que se sabe demasiado
poco acerca de la fisiologa sexual para formular una teora satisfactoria de
los mecanismos de las neurosis, pero mantiene su opinin anterior de que la
fisiologa sexual es controlada por factores qumicos. En un historial clnico
de una enferma histrica ("Anlisis fragmentario de una histeria"),
escrito inicialmente en 1901 y publicado en 1905, Freud sostiene que:
"Slo la tcnica teraputica es puramente psicolgica. La teora no omite
sealar la base orgnica de la neurosis, aunque no la busque en una alteracin
anatomopatolgica y sustituya la supuesta alteracin qumica inaprehensible
an, por la interinidad de la funcin orgnica".[46]
Freud presenta algunas nociones tentativas con respecto a una fisiologa
de la sexualidad en sus Tres ensayos para
una teora sexual: si una zona ergena es estimulada o si sobreviene algn
otro tipo de excitacin sexual, una sustancia se descompone para producir una
toxina qumica y sta acta sobre el sistema nervioso provocando una excitacin
sexual somtica. Esto es esencialmente una nueva exposicin de sus opiniones
anteriores, y Freud vuelve a citar los efectos sexuales de toxinas conocidas
-en particular las toxinas tiroideas- en apoyo del modelo qumico.
Freud indica que el abandono de los elementos sexuales infantiles en el
curso normal del desarrollo entraa una prdida paulatina de la capacidad de
generar toxinas sexuales por parte de formas de estimulacin anteriormente
eficaces. Los impulsos sexuales infantiles son dirigidos hacia la produccin de
excitacin sexual somtica, principalmente mediante la manipulacin de las
zonas ergenas; por consiguiente, cuando las diversas formas de estimulacin
dejan de generar toxinas sexuales, los impulsos correspondientes tambin son
reprimidos. Freud alude en varias ocasiones al papel de factores psicolgicos -tales
como la vergenza y el asco- como causas de la represin de los impulsos
sexuales primitivos que tienen lugar durante la ltima parte de la infancia (el
"periodo de latencia"). Pero insiste en que estos elementos
psicolgicos son la consecuencia de procesos fisiolgicos:
Durante este periodo de latencia, total
o simplemente parcial, se constituyen los poderes anmicos que luego se oponen
al instinto sexual y lo canalizan, marcndole su curso a manera de dique. Ante
los nios nacidos en una sociedad civilizada experimentamos la sensacin de que
estos diques son una obra de la educacin, lo cual no deja de ser, en gran
parte, cierto. Pero, en realidad, esta evolucin se halla orgnicamente
condicionada y fijada por la herencia.[47]
Freud
mantiene que la represin de las ideas y los impulsos sexuales en las neurosis
tambin resulta de esta represin fisiolgica de los elementos sexuales
infantiles: "La 'defensa', puramente psicolgica, [ha sido sustituida] por
la 'represin sexual' orgnica".[48]
Freud haba afirmado desde 1896 que las situaciones patolgicas ocurren
cuando los componentes de la sexualidad infantil son extraordinariamente
intensos y resisten a la represin normal. (O bien son parcialmente reprimidos
y logran expresarse en forma de sntomas neurticos, o bien no son reprimidos
en absoluto y persisten simplemente como perversiones.) Al descartar la teora
de la seduccin, Freud segua creyendo que las experiencias infantiles pueden
despertar e intensificar anormalmente un componente sexual infantil particular,
pero ahora insista en que deba haber alguna anormalidad fisiolgica innata
que contribuyera a la patognesis. En los Tres
ensayos para una teora sexual,
declara no saber a ciencia cierta cul podra ser la causa de esa anormalidad
innata; pero hace constar que los padres de muchos de sus pacientes haban
sufrido de sfilis antes de casarse, e insina que la enfermedad de los progenitores
acaso tuviera un importante efecto hereditario en el desarrollo de las
psiconeurosis. Esta opinin vuelve a aparecer en su "Anlisis
fragmentario", y el problema de la herencia, que Freud haba tratado de
minimizar cuando formulaba la teora de la seduccin, vuelve a plantearse en su
totalidad. Freud no intenta especular acerca de la manera en que la sfilis o
algn otro factor hereditario puede influir en la fisiologa sexual y conducir
a las neurosis, pero el nuevo inters por la herencia y las referencias a la
sfilis demuestran que el rechazo de la teora de la seduccin se acompae de
una creciente conviccin de la necesidad de explicaciones fisiolgicas.
Para explicar por qu los componentes sexuales infantiles
superdesarrollados llevan en algunos casos a las neurosis y en otros a las
perversiones, Freud recurra al concepto de bisexualidad fisiolgica. La nocin
de que todo el mundo posee el potencial fisiolgico para desarrollar
caractersticas de ambos sexos, y de que, por lo tanto, todo el mundo es
bsicamente bisexual, puede hallarse con frecuencia en los textos mdicos de
finales del siglo XIX. Dicha nocin se basaba en el reconocimiento de
homologas sexuales normales -tales como el reconocimiento del cltoris como un
pene vestigial- as como en la teora de la evolucin y en la observacin de
bisexualidad de los animales simples. Por aadidura, el concepto de
bisexualidad brindaba una explicacin de los casos ocasionales de
hermafroditismo congnito; tal hermafroditismo se atribua simplemente a un
equilibrio normal de los factores masculinos y femeninos. El desarrollo de
caractersticas sexuales secundarias propias del sexo contrario que se produce
despus de la castracin, o a consecuencia de diversos procesos patolgicos,
robusteca las teoras de la bisexualidad fisiolgica. El concepto de
bisexualidad fue ampliamente estudiado en la literatura neuropsiquitrica con
relacin a las explicaciones sobre la inversin sexual (homosexualidad).
Numerosos autores trataron de explicar la inversin como la consecuencia de una
perturbacin congnita en la proporcin de los factores sexuales somticos
masculinos y femeninos. Otros afirmaban que el origen de la inversin puede
situarse en experiencias sexuales traumticas en la infancia. Pero los que se
inclinaban por una explicacin congnita, fisiolgica, sealaban que slo una
pequea proporcin de invertidos tienen historias de trauma infantil, mientras
que mucha gente est expuesta al mismo tipo de experiencias en la niez sin que
por ello se convierta en invertida. Una de las mayores dificultades con las que
se topaba la teora de la bisexualidad era la observacin de que no existe una
correlacin entre la inversin y el hermafroditismo. Sin embargo, se proponan
varias soluciones a este problema. Krafft-Ebing, por ejemplo, sugera que el
aparato sexual consta de componentes genitales, espinales y cerebrales. La
ausencia de hermafroditismo tan slo evidencia un equilibrio masculino-femenino
normal en el componente genital, pero todava puede haber una anormalidad en el
nivel espinal o cerebral. Atribua la inversin a un equilibrio insuficiente
entre los centros sexuales cerebrales masculino y femenino.[49]
Quienes apoyaban las explicaciones fisiolgicas de la inversin podan
haber hablado de bisexualidad fisiolgica sin postular una bisexualidad en la
gente normal. Pero la creencia en una bisexualidad universal estaba tan bien
establecida en la medicina que la mayora de los autores, incluyendo a
Krafft-Ebing, interpretaban la anormalidad fisiolgica de la inversin como la
aberracin de un fenmeno normal. Freud observa en Tres ensayos para una teora sexual que "la mayora de los
autores que refieren la inversin a la bisexualidad tienen en cuenta este
factor, no tan slo en los invertidos, sino asimismo en aquellos individuos que
han llegado a un desarrollo sexual normal, considerando, por tanto, la
inversin como una perturbacin de dicho desarrollo".[50]
La propia nocin de Freud sobre la bisexualidad fisiolgica se basaba en
el concepto de Fliess de dos toxinas sexuales peridicamente segregadas, una
asociada con el desarrollo masculino y otra relacionada con el desarrollo
femenino. Ambas toxinas, segn Fliess, se encuentran en cada individuo, pero en
cada caso domina la toxina propia del sexo del individuo. Hacia finales de
1896, Freud aplicaba la frmula de Fliess para explicar cmo los traumas
sexuales infantiles pueden causar en algunos casos perversiones y en otros
neurosis. Freud haba observado que las ideas sexuales reprimidas descubiertas
en sus anlisis entraaban a menudo perversiones. De ello deduca que, a raz
de un trauma infantil, se produce un conflicto entre dos fuerzas, una que
favorece la emergencia de una perversin y la otra su represin. Observaba que
la mayora de los histricos son mujeres, y crea que es ms probable que las
mujeres repriman el material sexual que los hombres. Por tanto, Freud asociaba
la represin con el factor femenino de Fliess y la perversin con el factor
masculino de Fliess. Propona que en los periodos de transicin sexual, tales
como la pubertad, la rememoracin de los traumas sexuales infantiles provoca la
secrecin de toxinas sexuales, dando placer o displacer segn la fuerza
relativa de las toxinas masculinas y femeninas, respectivamente. Si lo que se provoca
sobre todo es placer, se producen las perversiones; si se genera displacer,
sobrevienen la represin y las neurosis.
Al proponer esta frmula que asocia las perversiones y las neurosis con
toxinas masculinas y femeninas, Freud tambin sugera que la eleccin entre
perversin y neurosis depende de que la vivencia sexual infantil incluya o no
zonas ergenas que ms tarde son abandonadas o reprimidas. Cuando Freud empez
a recalcar el papel de los "impulsos", volvi a exponer esta tesis en
el sentido de que el factor clave en la patognesis es la intensidad anormal de
los impulsos sexuales; estos impulsos persisten o son reprimidos segn que los
elementos somticos dominantes de la sexualidad infantil -tales como las zonas
ergenas- persistan o sean reprimidos. Freud indic ulteriormente que esto se
determina, una vez ms, por la fuerza relativa de los factores masculino y
femenino, siendo el segundo responsable de la represin. La persistencia de los
impulsos infantiles durante el periodo de la latencia se manifiesta ante todo
por una actividad autoertica masturbatoria, y en Tres ensayos Freud caracteriza esta masturbacin como masculina y
su cesacin como femenina: "Con referencia a las manifestaciones sexuales
autoerticas y masturbaciones pudiera decirse que la sexualidad de las nias
tiene un absoluto carcter masculino".[51]
En su "Anlisis fragmentario", considera la represin por parte de su
paciente de su conducta masturbatoria como "la frontera entre dos fases de
[su] vida sexual, de carcter masculino la primera y femenino la segunda".[52]
Freud propone una explicacin tentativa de por qu la represin de los impulsos
infantiles intensos se asocia con la feminidad. Argumenta que en las mujeres el
autoerotismo primario infantil implica la masturbacin clitordea. Pero en la
pubertad el cltoris es abandonado como zona ergena en favor de la vagina, y,
por consiguiente, los impulsos infantiles intensos tendern a desaparecer. En
los hombres, en cambio, la principal zona ergena de la niez sigue siendo el centro
de la sexualidad en la edad adulta, y hay, por lo tanto, mayores probabilidades
de que persistan los impulsos infantiles:
Cuando la transferencia de la
excitabilidad ergena desde el cltoris a la entrada de la vagina queda
establecida, ha cambiado la mujer la zona directiva de su posterior actividad
sexual, mientras que el hombre conserva la suya sin cambio alguno desde la
niez. En este cambio de las zonas ergenas directivas, as como en el avance
represivo de la pubertad que echa a un lado la virilidad infantil, yacen las
condiciones principales para la facilidad de adquisicin de la neurosis de la
mujer, especialmente de la histeria. Estas condiciones estn ligadas, por
tanto, ntimamente con la esencia de la feminidad.[53]
Pero Freud sigue insistiendo en que una completa comprensin de las
fuerzas femenina y masculina que intervienen en la conformacin de las neurosis
y de las perversiones debe derivarse de una mayor comprensin de la
bisexualidad fisiolgica -en particular, de una mayor comprensin de las
toxinas sexuales de Fliess. En 1898 Freud escribe a Fliess: "Yo me
precipit literalmente sobre tu acentuacin de la bisexualidad, idea tuya que
cuento entre mis temas ms importantes, desde el da de la 'defensa' ". Y
en 1901:
En la medida en que puedo preverlo, mi
prximo trabajo se llamar La
bisexualidad humana... necesitar mantener contigo una larga y seria
discusin. La idea misma es tuya... As, quiz deba tomar prestadas an otras
cosas de ti... con lo que la parte anatmico-biolgica, bastante magra en mis
manos, alcanzara, sin duda, una conveniente expansin.[54]
Adems de
las cuestiones referentes a los procesos sexuales infantiles normales y a las
respuestas masculina y femenina a los impulsos perversos, el rechazo de la
teora de la seduccin tambin plante otros problemas que parecan exigir
soluciones fisiolgicas. Por ejemplo, no resultaba claro, una vez ms, lo que
determina que una neurosis particular se desarrolle en respuesta a una
situacin patgena. Al suprimir el acento en los traumas sexuales a raz del
abandono de la teora de la seduccin, las soluciones anteriores que
establecan una correlacin entre las diferentes neurosis y los diferentes
tipos de traumas sexuales, o entre aqullas y la edad en que ocurra el trauma,
dejaron de parecer vlidas. Freud resolvi el problema volviendo a su concepto
anterior de "capacidad de conversin": en condiciones patolgicas, la
histeria se desarrolla en las personas que poseen una capacidad
neurofisiolgica de convertir la excitacin psquica en sntomas somticos; en
aquellas que carecen de tal capacidad, emerge alguna otra neurosis. Sin
embargo, Freud utiliza ahora el trmino de "colaboracin somtica" en
vez de "capacidad de conversin".[55]
Pero los problemas claves seguan siendo aquellos relacionados con la
fisiologa sexual. Esto es cierto no tan slo para las psiconeurosis, sino
tambin para las neurosis simples -neurastenia y neurosis de angustia. Freud
segua asociando la neurastenia con una deficiencia de la excitacin sexual somtica
y la neurosis de angustia con una desviacin de la excitacin sexual somtica
fuera de sus cauces normales de expresin. Todas las neurosis, en su opinin,
slo podan ser explicadas cabalmente gracias a una mayor comprensin de la
fisiologa sexual. Freud escribi en 1905:
Si se quieren tener en cuenta los
descubrimientos psicoanalticos, ha de afirmarse que la esencia de [las
neurosis] reposa en perturbaciones de los procesos sexuales, de aquellos
procesos orgnicos que determinan la produccin y el empleo de la libido
sexual. En ltimo trmino, no podemos por menos de representarnos estos
procesos como de orden qumico, viendo as en las neurosis [simples] los
efectos somticos, y en las psiconeurosis, adems, los psquicos de los
trastornos del metabolismo sexual. La analoga de las neurosis con los
fenmenos de intoxicacin y de abstinencia, consecutivos al uso de ciertos
alcaloides, y con la enfermedad de [Graves]... se impone clnicamente.[56]
No
obstante, los principales esfuerzos de Freud siguieron dedicndose a
desarrollar interpretaciones psicolgicas de las neurosis, y no dej de creer
que, dado el estado del conocimiento en aquel tiempo, seria ftil enfocar
modelos fisiolgicos.
* El trmino psiconeurosis, que designa la histeria, las obsesiones y las
neurosis conexas, fue utilizado por vez primera por Freud en el
"Proyecto". Para finales de 1896, psiconeurosis
haba reemplazado el trmino anterior de neuropsicosis.
[1] Freud, "Manuscrito K", Los orgenes, Obras Completas, t. III,
p. 3534.
[2] Freud, Resea de "Eine neue
Theorie ber die Ursachen einiger Nervenkrank-heiten, insbesondere der Neuritis
und der Tabes de L. Edingel, Wiener
klinische \ Rundschau 9 (1895): 27-28.
[3] Moebius, "Ueber das Wesen der
Basedow'schen Krankheit", Centralblatt
fr Nervenheilkunde 10 (1887); 225-229; "Ueber die Basedow'sche
Krankheit". Deutsche Zeitschrift fr
Nervenhezlkunde 1 (1891): 400-443.
[4] Moebius,
"Ueber die Basedow'sche Krankheit", p. 439.
[5] Freud,
"Preface and Footnotes to Charcot", pp. 139-140.
[6] Los datos sobre
la historia de la endocrinologa son de Fritz Lieben, Geschichte der
Physiologischen Chemie (Hildesheim, 1970), 12, "Die Hormone", pp.
655-711.
[7] Freud a Fliess, 2 de abril de
1896, Los orgenes, Obras Completas, t. III. p. 3543.
[8] Freud a Fliess, 1 de marzo
de 1896, 30 de junio de 1896. Los orgenes, ibid., pginas 3542 y 3548.
[9] Fliess, Die
Beziehungen zwischen Nase und weiblichen Geschlechtsorganen (Leipzig y Viena,
1897).
[10] Fliess, "Die nasale
Reflexneurose", p. 392.
[11] Freud se refiere a esta exigencia de
Loewenfeld en una carta a Fliess, 1 de marzo de 1896, Los orgenes, Obras Completas, t. III. p. 3542.
[12] La hemicrnea es discutida en varias
cartas a Fliess publicadas por primera vez en Max Schur, Freud: Living and Dying (Nueva York, 1972).
[13] Freud, "Manuscrito I", sin
fecha, Los orgenes, Obras Completas,
t. III, p. 3514.
[14] Freud a Fliess, 6 de diciembre de 1896,
Los orgenes, Obras Completas, t.
III, p. 3555.
[15] Freud a Fliess, 8 de noviembre de 1895,
8 de diciembre de 1895, ibid., pp.
3524 y 3526.
[16] Freud, "Manuscrito K". ibid.. pp. 3534-3535.
[17] Freud, "Nuevas
observaciones", Obras Completas,
t. I, pp. 289-290.
[18]
Ibid., p. 291, n. 179.
[19] Freud a Fliess, 30 de mayo de 1896;
Freud a Fliess, 6 de diciembre de 1896, Los
orgenes, ibid., t. III, pp. 3544-3547 y 3551-3556.
[20] Freud. "Manuscrito L".
adjunto a la carta a Fliess del 2 de mayo de 1897, ibid. pp. 3566-3568.
[21] Freud a Fliess, 28 de abril de 1897, ibid., p. 3565.
[22] Freud a Fliess. 2 de mayo de 1897, ibid.
[23] Freud, "Manuscrito N",
adjunto a la carta a Fliess del 21 de mayo de 1897, ibid., pp. 3573-3575.
[24] Freud a Fliess. 21 de septiembre de 1897. ibid p. 3578 [El texto ingls reza:
"I no longer believe in my neurtica"
(ya no creo en mi neurtica), en
tanto que la traduccin espaola ha puesto: "ya no creo en mis
neurticos", lo cual, a mi parecer, quiere decir otra cosa (T.).]
[25] Alexander Schusdeck, en un artculo
titulado "Freud's 'Seduction Theory': A Re-construction" (Journal
of the History of Behavioral Sciences 2 [1966]: 159-160), ha sugerido que
el factor que determin el rechazo de la teora de la seduccin por parte de
Freud fue un cambio reciente en su mtodo clnico. Schusdeck afirma que la
tcnica de la presin sobre la frente - procedimiento mediante el cual Freud
colocaba su mano en la frente del paciente asegurndole que recordara algn
suceso olvidado, crucial para su enfermedad - alentaba el descubrimiento de
historias de seduccin. Schusdeck sostiene que el cambio a la libre asociacin
como principal tcnica clnica fue lo que finalmente permiti a Freud reconocer
tales historias como fantasas. ( Los artculos y la correspondencia de Freud
no indican ninguna fecha precisa para el abandono del procedimiento de la presin:
tan slo sealan que esto ocurri entre 1893 y 1904.) Hay algunas observaciones
de Freud que parecen apoyar la tesis de Schusdeck. En particular, Freud declara
en su "Autobiografa" (Obras
Completas, t. III, p. 2776) que "bajo la presin del procedimiento
tcnico que entonces usaba, reproducan la mayora de mis pacientes escenas de
su infancia cuyo contenido era su corrupcin sexual por un adulto". Sin
embargo, es probable que el cambio en la tcnica ocurriera paulatinamente y que
fuera tanto un resultado de las modificaciones en la teora como una causa de
tales modificaciones. El procedimiento de la presin de la mano sobre la frente
fue desarrollado porque Freud crea que alguna experiencia traumtica deba
radicar en el origen de las neurosis y que al descubrir la vivencia patgena se
llegara a una cura. Este procedimiento siempre fue combinado con elementos de
libre asociacin, utilizados particularmente para tratar de extraer recuerdos
de sucesos infantiles de los sueos, fantasas e impulsos revelados durante la
terapia. Con el rechazo de la teora de la seduccin, la mera revelacin de las
vivencias sexuales infantiles ya no pareca garantizar una cura; y fue
probablemente en este punto cuando la insistencia particular en descubrir
recuerdos cedi su lugar a un creciente inters por la libre asociacin per se,
con objeto de aprender ms acerca de la naturaleza de los sueos, las fantasas
y los impulsos neurticos.
[26] Freud a Fliess. 15 de octubre de 1897. Los orgenes, ibid.,, t. III, p. 3584.
[27] Freud a Fliess, 3-4 de enero de 1899. ibid., t. III, p. 3613; Freud, "Los
recuerdos encubridores" (1899), ibid.,
t. I, pp. 330-341; Freud, "Mis opiniones acerca del rol de la sexualidad
en la etiologa de la neurosis" (1906), ibid.. t. II, p. 1240.
[28] Freud, "Anlisis fragmentario de
una histeria" (1905), ibid., t.
I, p. 958.
[29] Freud, Tres ensayos para una teora sexual (1905), ibid., t. II, pp. 1169-1237.
[30] Freud, "Historia del movimiento
psicoanaltico" (1914), ibid.,
t. II, p. 1901.
[31] Un ejemplo de ello es la explicacin de
Binet de los fetiches en tudes de
psychologie exprimentale: le fetichisme dans lamour (Pars, 1888).
[32] Freud. "Manuscrito K", ibid., t. III, p. 3534.
[33] Freud a Fliess, 6 de diciembre de 1896.
ibid., pp. 3554-3555.
[34] Freud a Fliess, 14 de noviembre de
1897, ibid., p. 3589.
[35] Krafft-Ebing, Psychopathia Sexualis.
p. 31.
[36] Ernst Chambard,
"Du somnambulisme en gnral; nature, analogies, significa-tion
nosologique et tiologique avec sept observations de somnambulisme
hystrique" (Tesis, Facultad de Medicina de Pars, 1881).
[37] Moll, Die contrre Sexualempfindung, 2a
ed. (Berln, 1893); Moll, ntersuchungen
ber die libido sexualis (Berln, 1897).
[38] S. Lindner,
"Das Saugen an den Fingern, Lippen, etc., bei den Kindem (Ludeln),
Jahrbuch fr Kinderheilkunde 14 (1879): 68-91.
[39] Krafft-Ebing, Psychopalhia Sexualis, pp. 37-38.
[40] Wilhelm Stekel,
"Coitus im Kindersalter", Wiener
medizinische Bltter 18 (1895): 247-249.
[41] Freud, Tres ensayos, Obras
Completas, t. II, p. 1213.
[42] Ibid.,
p. 1230.
[43] Freud, '"Mis opiniones", ibid., p. 1242: Freud, Tres ensayos, ibid., p. 1234.
[44] Freud, "La sexualidad en la
etiologa de las neurosis" (1898), ibid.,
t. I, pp. 317-329.
[45] Freud, "Mis opiniones", ibid., t. II, p. 1241.
[46] Freud, "Anlisis
fragmentario", ibid., t. I. p.
997.
[47] Freud, Tres ensayos, ibid., t. II, pp. 1197-1198.
[48] Freud, "Mis opiniones", ibid., p. 1242.
[49] Krafft-Ebing, "Zur Erklrung der
contrren Sexualempfndung", Jahrbcher
fr Psychiatrie 12 (1894): 338-365; 13 (1895): 1-16.
[50] Freud, Tres ensayos, ibid., t. II, p. 1177, n. 636.
[51] Ibid., p. 1223.
[52] Freud. "Anlisis fragmentario", ibid., t. I, p. 978, n. 529.
[53] Freud, Tres ensayos, ibid., t. II. p. 1224.
[54] Freud a Fliess, 4 de enero de 1898, Los orgenes, ibid., t. III, p. 3596;
Freud a Fliess, 7 de agosto de 1901, ibid.,
p. 3651.
[55] Freud, "Anlisis
fragmentario", ibid., t. I, p.
997, etctera.
[56] Freud, "Mis opiniones", ibid., t. II, p. 1242.