EL PSICOANLISIS Y LA PROFESIONALIZACIN DEL PSICLOGO (A PARTIR DE EL PSICLOGO Y EL PSICOANLISIS DE JUANA DANlS)*

Roberto Harari

 

 

Toda ciencia sera superflua si la apariencia y la esencia de las cosas se confundiesen.

C. Marx, El Capital.

 

De las ciencias exactas y naturales las ciencias humanas aprendieron que hay que comenzar por negar las apariencias si se aspira a comprender el mundo; mientras que las ciencias sociales extrajeron la leccin simtrica: hay que aceptar el mundo, si es que se pretende cambiarlo.

C. Lvi-Strauss, Criterios cientficos en las disciplinas sociales y humanas.

 

El problema del inconsciente su posibilidad, su situacin, su modo de existencia, los medios de conocerlo y de sacarlo a luz no es simplemente un problema interior de las ciencias humanas que estas se encontraran por azar en su marcha; es un problema que es finalmente coextensivo a su existencia misma. Un elevamiento trascendental devuelto en un develamiento de lo no consciente es constitutivo de todas las ciencias del hombre

M. Foucault, Las palabras y las cosas.

 

 

A guisa de aclaracin.

En su artculo, Danis asevera que no hay psiclogo que en algn momento de su formacin no se haya enfrentado con el problema de su relacin con el psicoanlisis. Este trabajo intenta, precisamente, ahondar la problemtica propuesta en tal artculo quizs, aunque ms no fuese, en su ttulo, contemplando accesibilidades conceptuales divergentes de las postuladas por Danis. Por otro lado, si bien nace como un comentario, prosigue su curso independizndose por momentos para dar pie a una postura que, encontrndose inscripta. en la entraa misma del pensamiento y el quehacer cientfico contemporneos, se halla, empero, ausente en el discurso de Danis. De ah que nos pareciera oportuno incurrir en el a partir del encabezamiento.

El hilo conductor que gua las siguientes reflexiones est, a nuestro entender, muy bien compendiado en el comentario que R. Daniel realiza respecto de los objetivos que persigue la American Psychological Association, que consisten en propender al progreso de la psicologa como ciencia, como profesin y como medio de promocin del bienestar humano. Expresa dicho autor que stos no son tres objetivos desvinculados; por el contrario, se encuentran ntimamente relacionados y son interdependientes. El primer objetivo es bsico y constituye una precondicin para los otros. No se puede cimentar una profesin sobre la opinin, el prejuicio o cualquier observacin casual de la naturaleza humana. Un cuerpo de hechos establecidos, que adquieren un sentido por medio de. la construccin de una teora, es el fundamento sobre el cual se establece la prctica de la psicologa.[i]

Como es de rigor comenzar por el principio, abordemos entonces al ttulo que nombra el articulo de Danis. Se trata de vincular y relacionar al psiclogo, por un lado, y al psicoanlisis, por el otro: as lo indica la conjuncin y. El psiclogo es, sin duda, un profesional, un trabajador en el campo de la salud y de la enfermedad mental. No se nos escapa la imprecisin de los tres ltimos vocablos incluidos en esa escueta definicin los que connotan mucho antes que denotan pero, a los fines de nuestras apreciaciones, no es imprescindible ingresar en descripciones ms exhaustivas y delimitadas. Por su parte el psicoanlisis, tal como lo puntualiza iterativamente Freud a lo largo de su obra, es : a) una teora psicolgica ; b) una terapia de las neurosis, y c) un mtodo de investigacin del psiquismo. Aspectos, desde ya, que no admiten un fcil desacople, pero que con todo no pueden dejar de diferenciarse, puesto que como veremos no guardan necesariamente una relacin de implicacin recproca.

Psicoanlisis es, en consecuencia, un significante que no denota per se profesin alguna. Y para manifestarlo con palabras del propio creador del psicoanlisis, ste es una parte de la psicologa, ni siquiera de la psicologa de los procesos mrbidos, sino simplemente de la psicologa a secas. No representa, por cierto, la totalidad de la psicologa, sino su infraestructura, quiz an todo su fundamento. La posibilidad de su aplicacin con fines mdicos no debe inducirnos en error, pues tambin la electricidad y la radiologa han hallado aplicaciones en medicina, no obstante lo cual la ciencia a la que ambas pertenecen sigue siendo la fsica.[ii]

Deducimos, por tanto, que el campo semntico que barren los significantes psiclogo y psicoanlisis no son ni con mucho superponibles.

El psicoanlisis es, en primer lugar, una ciencia como tal, teora con su objeto de estudio especfico: el inconsciente. Y como bien apunta Danis (aunque lo escribe entre parntesis): (no hay que confundir ciencia con profesin). Claro que incluye esta afirmacin en medio de un discurso donde se lee, por ejemplo, que se abocar a la tarea de diferenciacin de ambas profesiones (entindase: la de psiclogo y la de psicoanalista) y a reflexionar sobre el sentido y la funcin de estas profesiones, o a la elucidacin de todo aquello que haga a la diferencia ms profunda entre las dos profesiones, ya que ambas tienen como meta trabajar con personas y sus problemticas, etc. Por ende, pese a sus buenas intenciones de no confundir ciencia con profesin, Danis cae en un presuroso y fragmentarizante reduccionismo por el que se homologan, como trminos intercambiables, psicoanlisis y psicoanalista. As, todo el trabajo traza su trama a partir de esta confusin lgico-conceptual, quizs porque la matriz comparativa de profesin a profesin resulte menos engorrosa para el mtodo del empirismo ingenuo que nimba el artculo comentado.

Si estamos concordes con la cita de Daniel (v. s.), concluiremos que no es posible reflexionar en lo ms mnimo acerca de ambas profesiones si no examinamos previamente aquello que el titulo del trabajo propone. (Ttulo que, a juzgar por su contenido, hubiese sido ms feliz: El psiclogo y el psicoanalista). Y reflexionar a un nivel terico fundante, aqul al que diriga sus miras Freud, el nivel de la infraestructura, del fundamento, viendo cmo se desprende de ello, cual fruto maduro, la profesin de psiclogo.

A tal efecto, aceptaremos en primera instancia la va histrica, sobre la que discurre Danis, si bien de manera distinta. Qu era, qu hacia, qu poda un psiclogo con anterioridad al advenimiento del psicoanlisis? Politzer nos lo dice con su elocuencia habitual: si le preguntis (al psiclogo) en qu consiste su ocupacin, os hablar de la vida interior... pero guardaos de expresar el deseo de penetrar ms adentro en el conocimiento del hombre, pues para curaros de parecidas esperanzas romnticas, os enviar a un laboratorio de psicologa experimental para que concibis una idea de la ciencia tal cual debe ser ... el psiclogo no sabe nada y no puede nada... el psiclogo se conduce tan burdamente ante el hombre como el ltimo de los ignorantes, y, lo que es curioso, su ciencia no le sirve cuando se enfrenta con el objeto de su ciencia, sino exclusivamente cuando se halla entre sus cofrades ...su ciencia no pasa de ser ciencia de discusin, critica.[iii]

El grito de guerra objetivista del conductismo pareci insuflar un hlito renovador y revolucionario al agonizante cuerpo doctrinario y nocional de la psicologa clsica, modificando presuntamente y de consuno, el saber y el poder del psiclogo. Vana expresin de deseos. Al poco de andar del conductismo, se revelaron sus falencias y aporas y, especialmente, el inesperado parentesco de sangre que guardaba con la psicologa subjetivista tradicional, segn lo destacara Politzer. Es que tanto unos como otros partan de la nocin implcita cuya base estaba signada por toda una epistemologa y una metodologa propias de que el hecho psicolgico debe ser un hecho perceptivo. Entonces nos vemos forzados a elegir entre la alternativa clsica de la percepcin interna o de la percepcin externa, o recurrir a ambas al mismo tiempo.[iv] Pero qu iban a saber y a poder, a poder y saber tales psiclogos, si queran adherirse a la objetividad de lo manifiesto, interno o externo? Cmo, si de acuerdo con las citas del epgrafe, no eran cientficos, si no les preocupaba indagar lo latente de la apariencia? Triste olvido de una tradicin del pensamiento occidental, que Pags comenta arguyendo que como en la poca de Platn, el terico busca lo slido tras lo precario, lo invariable detrs de lo mvil, lo intrnseco detrs de lo extrnseco, lo real detrs de lo aparente.[v] Triste olvido, en fin, que nos trae el recuerdo tanto de aqullos que se dicen psiclogos cuando, en puridad, slo procuran el mero establecimiento de correspondencias descubiertas y pblicas entre los sucesos, como el de aquellos otros que proceden a instituir como ciencia (?) el producto de literarias descripciones fenomnicas acerca de estados de nimo, como la gana, por ejemplo. Tanto unos como otros, en su ciego peregrinaje por los senderos de las precisiones manifiestas y ostensibles, yerran el camino al no poder trascender la comprensin de sentido comn o convencional, preado ste como est de tradiciones, prejuicios y opiniones que, obviamente, slo desembocan en lesas inexactitudes.

Si la objetividad del dato perceptivo no pasa de ser ms que una ilusin, ya que a tan desafortunados resultados conduce, preciso es reconocer que se debe situar en la base de la ciencia psicolgica, un acto de conocimiento de estructura ms elevada que la simple percepcin... [y que consiste en] la percepcin complicada por una comprensin... consiguientemente, el hecho psicolgico no es un dato simple : como objeto de conocimiento, es esencialmente construido.[vi] Prrafo de Politzer a nuestro entender decisivo, que grafica la profunda conmocin ontolgica y epistemolgica que signific el nacimiento del psicoanlisis. Este es, en efecto, el que al hacer del inconsciente su objeto de estudio, funda en psicologa el proceder descripto: el dato no es un dato simple, objetivo, sino que es construido por el psiclogo.

Nueva ubicacin del observador en el espacio epistemolgico, rejerarquizacin de la construccin de modelos, replanteo de la funcin de la inferencia en el proceso del conocimiento cientfico. Y, si todo esto ha sido posible por hacer del inconsciente el objeto de estudio del psicoanlisis, es de lamentar, a todas luces, la confusin en que incide Danis cuando afirma que dicho objeto es el ser humano en tratamiento. Reafirma, de tal manera, su escotomizacin o desconocimiento ese Freud ya superado (y nunca estudiado) al que alude Danis? del cuerpo de conocimientos tericos que instituyen y permiten la prctica psicoanaltica, la cual hace de la cura su objetivo, su propsito. Propsito nicamente viable si los conceptos que fundamentan su prctica han sido rigurosamente demostrados, en tanto, como cualquier ciencia, el psicoanlisis faculta al ejercicio de una prctica por la existencia de una teora, de la que aqulla es un momento subordinado. [vii]

Mas el error que comete Danis no vale slo por s, sino por las insospechadas consecuencias que trae aparejadas. En su urgencia por consignar supuestas diferencias en la prctica, en el quehacer manifiesto de ambas profesiones, olvida la advertencia de Lacan: La tcnica no puede ni ser comprendida ni, por tanto, correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundamentan.[viii] Puesto que, desconociendo los conceptos que fundamentan, que infraestructuran la labor del psiclogo, Danis llega a caracterizar a esta ltima diciendo que la investigacin de lo inconsciente, aun cuando su tentacin sea muy grande, no ser reconocida como su principal misin; tampoco la excluir de su trabajo, ya que sin la comprensin del aura invisible que rodea las conductas manifiestas, no entender a stas y no llegar a comunicarse verdaderamente con las personas que lo consultan. Es decir, que la investigacin de lo inconsciente por parte del psiclogo est connaturalmente sancionada por un juicio moral, ya que tentacin denota la posibilidad de acceder a una fuente de placer anhelado pero prohibido. Prohibicin que, si es violada, consuma un pecado. Original modalidad de definir los trminos de una prctica cientfica a travs de la apelacin a las apetencias y preferencias de los practicantes, imprecada moralmente. Pero, con todo, an queda un lugar para el inconsciente, que es el aura invisible, cuya indagacin debiera tener su sitio en el quehacer del psiclogo. Es condicin parcial, pero necesaria, mas no suficiente. En tal sentido, la postura de Danis pareciera ser abarcadora e integradora, cuando en s no es ms que una mezcla indiferenciada de objetos, prcticas, roles, teoras... y opciones. En su apotegma, el psiclogo debe minimizar la importancia de la investigacin de lo inconsciente, puesto que si se excede en su inters, se har psicoanalista. Y si todos los psiclogos as lo hicieren, no habra ms psiclogos: todos se haran psicoanalistas. De ah el discurso antedicho, que trata de salvar cautelosamente distancias profesionales incurriendo en objetos y objetivos hbridos que desnaturalizan y esclerosan la teora. Una cosa es la teora analtica que hace del ser humano en tratamiento su objeto, y otra cosa es la teora analtica que entienda, como deca Freud, que el empleo del anlisis para la terapia de las neurosis es slo una de sus aplicaciones y quiz venga el porvenir a demostrar que no es siquiera la ms importante.* De todos modos, seria injusto sacrificar a una aplicacin todas las dems, por la simple razn de que aqulla roza el crculo de los intereses mdicos.[ix] Porque los secretos del psicoanlisis, como acota Althusser, slo la teora los detenta como en toda disciplina cientfica.[x] Y esos secretos-conocimientos del psicoanlisis no estn indefectiblemente imbricados a la cura (prctica); y ms an: no se instrumentan nicamente para consolidar tcnica/s psicoteraputica/s. Pues entonces, qu obsta para que el psiclogo caiga en la tentacin de investigar el inconsciente en seres humanos fuera de un tratamiento psicoterpico?.* Adems: es que es posible que, en tanto psiclogo, pudiese hacer otra cosa? Para decirlo sin ambages: no. No slo no es posible, sino que la investigacin del inconsciente es la condicin que instaura y autoriza su quehacer, que lo valida y legaliza cientficamente. Es lo nico que le permitir comunicarse verdaderamente con las personas que lo consultan, como dice Danis. Porque si no, cul es el saber y el poder que distingue al psiclogo de quien lo consulta? Cul es el saber y el poder que el psiclogo concedera al consultante? Acaso devolvera al cliente los mismos materiales que ste ha construido por s mismo, mostrndose en consecuencia vacuo y superfluo? Obviamente, no: buscar construir un dato que resulte de la investigacin del aura inconsciente (?) del cliente. Ya que si tomamos ingenuamente al pie de la letra las afirmaciones del sujeto de observacin, nuestro mtodo flota en la estratosfera de la consciencia, y se llama introspeccin. Si por el contrario, capturamos del sujeto su discurso doble y nico, inconsciente y verbal,[xi] nuestro mtodo se nominar relato, segn la propuesta de Politzer. As, a partir del psicoanlisis, el psiclogo trasciende la convencionalidad de la significacin del relato;[xii] traspasa la observacin pura y simple para depositarse sobre la interpretacin del inconsciente, que se exhibe y se oculta inscripto en el discurso relatado y significativo. Este es el acto epistemolgico que Politzer reclamaba, que implica y supera tanto a la percepcin interna como a la percepcin externa, que da carta de ciudadana cientfica a la psicologa.

Respecto de la interpretacin, es bien conocido que su utilizacin en el psicoanlisis clnico busca hacer consciente lo inconsciente como gusta repetir Freud, para que de tal manera, el individuo enfermo acceda a la curacin. Danis se ocupa de esta hiptesis y sostiene que no se ha verificado a pesar de que el individuo en cuestin cambia. En ese contexto, pareciera concebir que la interpretacin es un recurso tcnico predilecto del psicoanlisis, y de eficacia dudosa. Por ende, puede deducirse que si en lugar de interpretar el psiclogo meramente aconsejase, repitiese significados del cliente con otros significantes, o instrumentase otros recursos similares, no cabra objecin alguna. En esa tentacin se puede caer, no en la de penetrar ms y ms en lo inconsciente, segn amonesta una vez ms la autora. Y con esto, no pretendemos denostar toda la gama de procedimientos tcnicos que sean otra cosa que la verbalizacin de una interpretacin; por el contrario, intentamos situar a todos ellos en la base fundante de la interpretacin. Es decir que a partir de la construccin de una interpretacin que en primera instancia ser una verbalizacin interior[xiii] del psiclogo, ste escoger el recurso tcnico ms apropiado y el momento ms oportuno para trasmitirle a su cliente la comprensin que ha logrado acerca de su propio acaecer psicolgico. En consecuencia, le efectuar interpretaciones, sealamientos, preguntas, le dar informacin y asesoramiento, le sugerir la realizacin de tareas manuales o de un roleplaying, de acuerdo con el encuadre y los objetivos propuestos. Pero sus miras seguirn siendo: hacer consciente lo inconsciente. Si no lo entendemos as, profesionalmente caemos en un caos improvisador y accionamos permanentemente en emergencia.

Nuestro inters en la interpretacin no se remite, entonces, a discurrir acerca de su eficacia en cuanto proceder tcnico. Centrarse en este nivel de inteleccin de la interpretacin implicara tanto un nuevo descenso al nivel del empirismo ingenuo como la denigracin de un aporte revolucionario de Freud. Este aporte ha puesto sobre sus pies la comprensin del verdadero funcionamiento de la capacidad signalizadora del hombre. En efecto, en tanto el ser humano tiene la capacidad de representarse al mundo, y a si mismo, es que Freud no interpretaba signos sino interpretaciones... la anorexia, por ejemplo, no remite al destete, como el significante remite al significado, sino que la anorexia como sntoma a interpretar, remite a los fantasmas de un mal pecho materno, el cual es en s mismo una interpretacin, un cuerpo hablante. Es por esto que Freud no puede sino interpretar en el mismo lenguaje de sus pacientes lo que sus propios pacientes le ofrecen como sntomas; su interpretacin, es la interpretacin de una interpretacin en los trminos en que esta interpretacin est dada. Y como termina consignando Foucault: el signo, al adquirir esta funcin nueva de ocultamiento de la interpretacin, pierde su ser simple de significante que posea todava en la poca del Renacimiento.[xiv] Tal el caso de la moneda en Marx, tal el caso de las formaciones del inconsciente en Freud. Tal es la senda que transitan hoy por hoy las ciencias humanas: interpretar los sistemas latentes que otorgan coherencia inteligible a lo anrquico manifiesto. Senda prolfera y prolfica cuyos resultados e implementaciones prcticas reconocen la paternidad de la concepcin freudiana. La omisin de este hecho cuando se habla de psicologa obnubila al psiclogo, quien no puede comprender acabadamente que su misin consiste en leer la interpretacin que el signo del sujeto transforma en jeroglfico.

Cuando Freud sustituy la inocua introspeccin por el relato, es notorio que pudo hacerlo en virtud de la capacidad humana de emitir signos verbales. Podrase pensar nuevamente que como es un recurso tcnico adecuado para su finalidad, por ello en la sesin analtica dos interlocutores se hablan. Recurso, en consecuencia, que podramos reputar como fortuito, accidental, casual. Y sin embargo, conlleva un nuevo hallazgo de Freud, quien centra la piedra de toque de una psicologa verdaderamente instalada en un nivel humano al concentrar su atencin y su operacin en la palabra. Lejos han quedado, en esta perspectiva, la psicologa de los perros salivadores y la psicologa del estudio de los tiempos de reaccin (a qu?) laboratoriales. Una nueva definicin y una nueva posicin emergen respecto de los recursos tcnicos y de las posibilidades laborales del psiclogo, si sostenemos con Pontalis que el anlisis se proporciona a s mismo los medios apropiados a su fin; si se realiza nicamente por intermedio de la palabra y pretende descubrir lo que cada uno tiene de ms radical, es porque la raz del hombre es la simbolizacin, y su historia un trabajo de creacin de sentido.[xv] Y esta simbolizacin no atraviesa sin ms ni ms los impolutos escaos de la conciencia; por el contrario, la capacidad representativa hunde su raz en el inconsciente. Pero no simplemente un inconsciente pletrico de instintos, perverso polimorfo, anrquico en medio del frrago enmaraado de necesidades que buscan descargarse alocadamente, sino un inconsciente que ha incorporado reglas, normas y sistemas que se oponen al deseo devenido humano desde la necesidad instintiva biolgica. Este conflicto catapulta el pasaje de la Naturaleza a la Cultura a la Ley del Orden de Lacan, a la Ley de Cultura de Althusser, el pasaje del candidato a hombre, a nio en medio de un mundo de adultos. Conflicto universal que, en fin, da lugar a las deformaciones sistemticas que se aparecen a la consciencia (campo preferido de la fenomenologa) en forma de signos, a partir de los cuales se instaura la meta del cientfico humano: construir la interpretacin subyacente al signo, develar el conflicto entre el deseo y la regla que existe en todo hombre merced a, que ste es un animal simblico.[xvi] Un psiclogo que no haga suya la enseanza del psicoanlisis de que el hombre, segn Pontalis, es un ser de lenguaje, negar la caracterstica diferencial del gnero humano, y podr trabajar sin palabras, o sin saber aquello que las palabras quieren decir y quieren dejar de decir.

Exclusin para el psiclogo, en conclusin, de los animales (orden de lo orgnico a-verbal y por ende a-reglado); de lo fenomnico exclusivo (apariencial y distorsionante); de lo laboratorial (cuando totaliza lo parcial y lo artificial del experimento).

Quizs subsistan an dudas acerca del porqu de dichas exclusiones. Una nueva vuelta de espiral permitir aproximarse a sus fundamentos de otra manera. Existen, como es bien sabido, estudios sobre psicologa animal o de los animales: psiclogos que estudian, por ejemplo, el aprendizaje centrando su mirada en los inciertos devaneos de una rata en una caja o en un laberinto; psiclogos que estudian la comunicacin de las abejas y pretenden descubrir el lenguaje que las mora; en fin, psiclogos que amputan o mutilan miembros de animales para investigar las secuelas ulteriores que tal procedimiento suscitara en los objetos de experimentacin. Ahora bien, cualquiera de todos ellos se encuentra legtimamente habilitado para deslizar su quehacer por esas vas; slo que, cuando lo hacen, han dejado de ser psiclogos. Y esto es as porque el psiclogo es un cientfico humano que en su condicin de tal se ocupa de humanos. Esta estrecha definicin puede resultar hasta tautolgica, cul es su fundamento? Es dable hallarlo en la hiptesis de los niveles de integracin, concepto vapuleado y discutido en nuestro medio, pero cuya utilidad hermenutica es indudable. Es posible que las infaustas ideas que al respecto han circulado entre nosotros (v.g.: postular como niveles de integracin al psicolgico, axiolgico, etc.), se deban al relegamiento de una obra fundamental de L. Goldmann de 1952 en la que ya distingua que si hay que reconocer, en el universo, la existencia de tres maneras de ser cualitativamente diferentes, la manera inerte, la viva y la consciente, debe haber tambin diferencias cualitativas entre los mtodos respectivos de las ciencias fsico-qumicas, biolgicas y humanas.[xvii] Esta lcida afirmacin que disipa !as dudas acerca de la paternidad de estas ideas nos arroja de pleno en la consideracin inmediata de dos problemas: el primero es que al investigar la manera viva (orgnica) se est investigando y construyendo cualitativamente otro objeto que aquel que se investiga, construye y modifica operativamente al ocuparse de la manera consciente (o capaz de consciencia). En consecuencia, si el psiclogo accede al nivel humano, si su objeto se encuentra al nivel de la palabra-signo de interpretaciones inconscientes de la lucha entre el deseo y la regla, no hay la menor posibilidad de conceder que en un animal se estudian procesos simplificados, aislados, hipertrofiados, etc., de como se dan en los hombres. O de suponer que la diferencia es cuantitativa. No. Simplemente, no hay extrapolacin posible: constitutivamente pertenecen a rdenes cuyas posiciones no son intercambiables. El psicoanlisis, en cambio, no hesita y ofrece al psiclogo su objeto instalado en el nivel de especificidad ontolgicamente correcto, incitndole a tratar con personas en su quehacer profesional.

Esto nos conduce al segundo problema derivado de la proposicin de Goldmann, que consiste en el indisoluble himeneo que consagra la unin entre el nivel de integracin y el mtodo de estudio que le es nsito. Si esto es as, no existe un mtodo erigido como cartabn decisivo para sellar un discurso como cientfico o no, sino que el mtodo cientfico preservar sus rasgos diferenciales acomodndose y reubicndose de acuerdo al objeto al que se aplique. Por excesiva comodidad epistemolgica, los psiclogos intentaron, de inicio, acometer el proceder inverso: acomodar el objeto al mtodo. Y el mtodo es el correspondiente a las ciencias exactas y naturales, del cual no procuraron aprender como dice Lvi-Strauss en la cita del epgrafe para retraducirlo, sino que lo transportaron mecnicamente cual lecho de Procusto en el que acunaron un hombre inexistente, en una situacin falsa, sometido a estmulos inslitos de laboratorio. Un hombre no cotidiano ni entero. Pero as alimentaban las esperanzas de una exactitud mensurable y de una objetividad precisa, sin interferencias indeseables por parte del observador. He aqu, sin embargo, que ni la mismsima Fsica pudo contener ese modelo dechado de asepsia: as lo demostraron, sin ir muy lejos, Heisenberg y Niels Bhr, entre otros. Se comprende, en tal sentido, la apodctica afirmacin de Sartre: la nica teora del conocimiento que puede ser vlida hoy en da es la que se funda sobre esta verdad de la microfsica : el experimentador forma parte del sistema experimental. Es la nica que permite apartar toda ilusin idealista, la nica que muestra al hombre real en medio del mundo real.[xviii] Todo lo cual reenva al concepto reiterado aqu en distintos pasajes acerca de que la tarea del observador cientfico no es registrar la objetividad de un fenmeno del que deba extraarse, sino que consiste en construir una realidad no dada perceptible y ostensiblemente a partir del material bruto de observacin. El observador cientfico, para decirlo an de otro modo, participa en la gestacin, en la consumacin misma del dato. Su presencia enfrentada pero imbricada al objeto es necesaria e insoslayable. Por lo antedicho, que es escuetamente el sostn epistemolgico universal de la ciencia, resulta aberrante conceptuar como conocimiento psicolgico a aquel que se origina del contacto de un hombre con aparatos de cobre y latn o de la repeticin fatigante de slabas sin significado. Si nuestro saber pretende ser totalizador y aludir a seres humanos concretos en situaciones humanas concretas, debemos rescatar el sentido plenamente positivo de la afirmacin algo escptica de Lvi-Strauss, y ver en la interseccin de dos subjetividades el orden de verdad ms prximo al que pueden aspirar las ciencias humanas, cuando hacen frente a la totalidad de su objeto.[xix] Con lo cual el saber del etnlogo converge sinrgicamente entre otros con el del psiclogo, quien adopta este proceder de la prctica psicoanaltica que investiga detallada, minuciosa y exhaustivamente la mentada interseccin de dos subjetividades. Proceder quizs equivocadamente nombrado en psicologa como mtodo clnico, ha sido desarrollado por primera vez como sistemtica por el psicoanlisis, que de esta forma funda e inicia la estrategia metodolgica para el quehacer del psiclogo como cientfico humano. Estrategia desembozadamente a-experimental, que no requiere para su validacin cientfica el forzado mote de cuasi-experimental con el que algunos autores necesitan ornarla. Autores que parecieran no poder deponer todava su cientificismo naturalista, que no se resignan a comprender que, como afirma Hesnard, el fundamento de toda psicologa (reside) en el vinculo interhumano natural.[xx]

Si bien nos hemos propuesto de inicio no abordar la problemtica comparativa entre psiclogo y psicoanalista, es preciso establecer ahora ciertos hitos para proseguir estas reflexiones. El psiclogo puede, desde ya, trabajar como psicoanalista, conveniente y suficientemente capacitado. Pero puede y como dice Danis: debera trabajar en todas y cada una de las situaciones cotidianas donde conviven e interaccionan seres humanos, esclareciendo los conflictos inconscientes habidos y/o por haber. Esas situaciones slo podrn ser indagadas, previa sectorizacin y jerarquizacin de objetivos, a travs y por medio de la teora psicoanaltica, que es la que facultar al psiclogo tanto para la construccin del dato encuadrado en funcin de los objetivos, como para la consolidacin de una accin tcnica concorde a los mismos. De aqu surge la eficacia real del psiclogo para poder abordar y operar correctoramente sobre su objeto en campos planificados especiales: psicopedagoga clnica, orientacin vocacional y profesional, entrenamiento en el rol, traslados habitacionales comunitarios, seleccin de personal, grupos operativos de diversa ndole, etc. Estas son algunas de las aplicaciones del anlisis que Freud (v.s.) ya predijo que pueden ser tanto o ms importantes que su aplicacin a la terapia de las neurosis.

Cmo entiende todo esto Danis? Ella considera que el psiclogo lleva hacia los muchos las verdades, peligrosas y valiosas que en forma de descubrimientos valiossimos los psicoanalistas obtienen en su tarea bicorporal (cura) y que en manos de los psiclogos esas verdades han perdido quizs algo de su estado de pureza pero estn suficientemente elaboradas para aguantar la amalgama con la realidad social. Esta situacin, adems, debe ser protegida durante cierto tiempo, en virtud de que el futuro de las dos profesiones indica una separacin de tareas y de miras. En verdad, la separacin de tareas y de miras que Danis desea amparar es la de la disociacin del pensamiento y la accin, par indisoluble que el psicoanlisis conquist y ofrend para la psicologa y para los psiclogos. Segn la autora, en cambio, los psicoanalistas piensan y los psiclogos accionan. El grupo privilegiado psicoanalistas resigna sus conocimientos puros en sus delegados en la realidad social, quienes los contaminan o corren el riesgo de hacerlo al instrumentarlos fuera de su prstino marco de procedencia. Por si no fuese bastante el anlisis de clase de estas ideas, por las cuales se condena gratuitamente al psiclogo durante cierto tiempo a una pretendida proletarizacin intelectual por parte de los psicoanalistas, es preciso agregarle el prejuicio mentalista que dimana. As, en la condicin de sumisin y espera en que Danis procura situar al psiclogo (accin) en relacin al psicoanlisis (pensamiento), olvida que Wallon demostr hace aos que los seres humanos circulamos del acto al pensamiento no menos que del pensamiento al acto. Como lo puntualiza Sartre, no situamos los orgenes de la accin en la toma de conciencia, no vemos en ella un momento necesario de la accin: la accin se da sus propias luces cuando se va cumpliendo.* Lo que no obsta para que esas luces aparezcan en y por la toma de conciencia de los agentes, lo que implica que se haga necesariamente una teora de la consciencia.[xxi]

Por otra parte, estos ltimos conceptos de Danis que hemos transcripto revelan los resabios de la nombrada concepcin cuasiexperimental (idealizada) de la tcnica psicoanaltica y trasuntan desconfianza por los descubrimientos que el psiclogo realiza en su quehacer.

El psicoanlisis, en fin, constituye un quehacer intelectual totalizador que enfrenta y est en pugna con los intereses creados por el establishment para sostener una psicologa academicista, conciencialista o de ratoneras, desde la cual se piense acerca de ideas o del hombre puro, o acerca de animales, pero no acerca de hombres con retos que se desconocen concretamente y que, al conocerse pueden ser un peligro potencial.

lnters en re-cubrir lo cubierto, antes que en des-cubrirlo. Inters, por tanto, , de desvincular al psiclogo del psicoanlisis, para mianiatar y amordazar su mensaje, plagado de luces ante las cuales algunos hombres como gnero persisten en convencernos acerca de la tierna bondad de las tinieblas. Sera conveniente para ellos que hiciesen suyas las palabras que Saint-Exupry adjudica a su Principito: Lessentiel est invisible pour les yeux, rpta le petit prince, a fin de se souvenir.

 



* El artculo de Danis fue publicado en la Revista Argentina de Psicologa, ao 1, N 1, sept. 1969, pgs. 75-82, mientras que el de Harari fue publicado en la misma revista, ao 1, N 3, marzo 1970, pgs. 147-159. Este último fue republicado como primer captulo del libro Textura y abordaje del inconsciente, Trieb, Buenos Aires, 1977.

[i] Daniel, Robert (ed.): Contemporary Readings in General Psychology, Houghton Mifflin Co., Boston, 1965, pg. 1 (el subrayado es de Harari).

[ii] Freud, Sigmund: Apndice a El anlisis profano, Obras Completas, Santiago Rueda Editor, Bs. As., 1955. T. XXI, pg. 230.

[iii] Politzer, Georges: Crtica de los fundamentos de la psicologa: el psicoanlisis, Jorge Alvarez, Bs. As., 1966, pgs. 41, 42, 43.

[iv] Politzer, Georges: op. cit., pg. 221.

[v] Pags, Robert: El vocablo estructura y la Psicologa Social. En: Bastide, Lvi Strauss et al. Sentidos y usos del trmino Estructura en las Ciencias del Hombre, Paids, Bs. As., 1968, pg. 76.

[vi] Politzer, Georges: op. cit., pg. 223.

[vii] Althusser, Louis: Freud y Lacan. En: Althusser, Lagache, Foucault, M. Ponty, Psicoanlisis, Existencialismo, Estructuralismo, Papiro, Bs. As., 1969, pg. 82 y sig.

[viii] cit por Auzias, J.: El estructuralismo, Alianza, Madrid, 1969. pg. 146.

* El subrayado es de Harari.

[ix] Freud, Sigmund: El anlisis profano, Obras Completas (cit.), T. Xll, pg. 70.

[x] Althusser, Louis: op. cit., ibid.

* Desde ya, y en un todo de acuerdo con Danis en este respecto, tambin puede y debe hacerlo si encara la realizacin de una psicoterapia.

 

[xi] Althusser, Louis: op. cit., pg. 89.

[xii] Politzer, Georges: op. cit., pg. 96.

[xiii] Baranger, Willy: Problemas del campo psicoanaltico (en colaboracin con Madelaine Baranger), Kargieman. Bs. As. 1969, pgs. 256-257.

[xiv] Foucault, Michel: Nietzsche, Freud, Marx. En: Althusser et al. (op. cit.), pgs. 110-111.

[xv] Pontalis. J. B.: Vigencia de Sigmund Freud, Siglo Veinte, Bs. As., 1957, pginas 66/67.

[xvi] Cassirer, Ernst: Antropologa Filosfica, Fondo de Cultura Econmica, Mxico 1965, pgs. 45/9.

[xvii] Goldmann, Lucien: Las ciencias humanas y la filosofa, Nueva Visin, Bs. As., 1967, pg. 108.

[xviii] Sartre, Jean-Paul: Crtica de la Razn Dialctica. Losada. Bs. As., 1963. Tomo l, libro l, pg. 37.

[xix] Lvi-Strauss, Claude: Antropologa estructural, Eudeba, Bs. As., 1968. pg. XXV (introduccin).

[xx] Hesnard, A.: Psicoanlisis del vnculo interhumano, Proteo, Bs. As., 1968, pg. 12.

* Subrayado en el original.

[xxi] Sartre, Jean-Paul: op. cit., bid.