Psicoanlisis freudiano*

Stephen Jay Gould

 

W. M. Wheeler, estudioso de insectos sociales y uno de los bilogos ms perceptivos y mejor educados de nuestro siglo, tena poca simpata por la psicologa victoriana. Se regocijaba en Freud, Jung, Adler, Jones y Ferenczi y expresaba su complacencia en una alocucin de 1917, Sobre los instintos. De la escuela vieja escribi:

 

Despus de leer cuidadosamente durante los pasados veinte aos una pequea librera de psicologas de rosas de agua del tipo acadmico y notando cmo sus autores ignoraban o apenas insinuaban la existencia de tan estupendos y fundamentales fenmenos biolgicos teles como hambre, sexo y miedo, yo no debera disentir con, digamos, un crtico imaginario recin llegado de Marte, que podra expresar la opinin de que muchos de estos trabajos se leen como si hubiesen sido compuestos por seres que han sido nacidos y alimentados en un criadero, castrados en la temprana infancia, y alimentados por cincuenta aos continuamente a travs de un tubo con una caudal de lquido nutricio de una composicin qumica constante.

 

Sin embargo, entremedio de estas alabanzas para Freud, leemos una nota de

delicada precaucin un rea donde Wheeler senta que quiz Freud estuviera pretendiendo demasiado de la biologa evolutiva: En nada est mejor visto el corage de los psicoanalistas que en su uso de la ley biogentica. Ellos efectivamente emplean aquel gran slogan biolgico del siglo diecinueve con tal falta de temor, que hace que los tmido bilogos del siglo veinte se queden sin aliento.

Sigmund Freud tena dos razones fuertes para una predisposicin favorable hacia la doctrina de Haeckel. El fue, antes que nada, formado como un bilogo durante la era de su dominacin. En segundo lugar, era un Lamarckiano devoto y se mantuvo como tal durante toda su larga vida (ver pgina 80-88 para ver por qu la recapitulacin encuentra una justificacin casi automtica bajo la nocin lamarckiana de herencia). En su ltimo trabajo Moiss y la religin monotesta (1939) Freud se mantuvo firme a pesar de que la biologa evolutiva haba abandonado la creencia favorita de l: Adems, nuestra situacin es dificultada por la actitud presente de la ciencia biolgica, que no quiere saber nada de la herencia, en los descendientes, de unos caracteres adquiridos. Nosotros, por nuestra parte, con toda modestia confesamos que, sin embargo, no podemos prescindir de este factor en el desarrollo biolgico.

Freud era un recapitulacionista devoto y as lo deca claramente y a menudo: ...cada individuo repite abreviadamente en su infancia, de alguna manera, el desarrollo todo de la especie humana... (De las Conferencias de Introduccin al Psicoanlisis de 1916); o Una proporcin parecida gobierna la relacin entre ontognesis y filognesis. La primera puede considerarse como una repeticin de la filognesis en la medida en que esta no es modificada por un vivenciar ms reciente. Por detrs del proceso ontogentico se hace notar la disposicin filogentica. (del prefacio de 1914 a la tercera edicin de Tres Ensayos de Teora Sexual, 1905). Exposiciones como estas han sido citadas antes como testimonios aislados de la conviccin de Freud. Pero el rol central de la recapitulacin en la totalidad de su sistema ha sido notado raramente (agradezco a Frank Sulloway y Robert McCormick de Harvards History of Science Department por guiarme a traves de esta literatura y por identificar claramente el rol de la recapitulacin en el pensamiento de Freud. Ver Sulloway [en prensa] para ms detalles y para una evaluacin general de las influencias biolgicas en Freud).

En una carta de 1897 a Fliess, antes de que hubiera formalizado la teora de los estadios psicosexuales, Freud arguye que la represin durante la ontogenia tarda de la estimulacin olfatoria en la sexualidad infantil tiene una base filtica:

Que en la represin coopera algo orgnico, lo he vislumbrado a menudo; que se trata del abandono de anteriores zonas sexuales, ya pude referrtelo una vez, agregndote que, para mi contento, me top tambin en Moll con una idea semejante. Privalim {dicho en privado}, no cedo a nadie la prioridad de la ocurrencia; en m esa conjetura se enlaz al alterado papel de las sensaciones olfativas: la marcha erecta, nariz levantada del suelo, con ello se vuelven repugnantes -por un proceso que yo todava, desconozco- ciertas sensaciones propias de la tierra que antes interesaban.

 

Freud, ms tarde, relacion la sexualidad anal y oral de la infancia con un ancestro cuadrpedo, antes de que la visin se transformara en el sentido dominante y eclipsara la dependencia previa en el olor y el gusto. En los Tres Ensayos de 1905, Freud escribi que los estadios orales y anales casi parecieran como si estuvieran volviendo sobre sus pasos hacia tempranas formas de la vida animal; la idea no est del todo fuera de circulacin en los crculos psicoanalticos modernos ver Yazmajian, 1967, p. 219). An ms tarde, Freud tena esto para decir sobre el desarrollo ontogentico de la lbido y el yo: Ambos estn al final de la herencia, son recapitulaciones abreviadas que todo ser humano ha atravesado desde sus primeros das por largos perodos de tiempo.[1]

Freud reconoca una diferencia esencial entre su recapitulacin mental de ideas y comportamientos y la recapitulacin fsica de Haeckel de morfologas ancestrales. La diferencia se transform en un argumento esencial en su teora de la neurosis. Las recapitulaciones fsicas son estadios transitorios; son reemplazados por formas subsecuentes (en realidad su material es remoldeado para producir los estadios posteriores). Pero los estadios de la mente pueden coexistir; aparecen en un orden filtico adecuado durante la ontogenia, pero un estadio arcaico no se desvanece para abrirle camino a uno posterior. Los estadios ms tempranos estn caractersticamente reprimidos en el adulto sano, pero no necesitan desaparecer. La ncleo reprimido primitivo contina residiendo en el cerebro adulto. Freud provee una metfora grfica para este concepto en El malestar en la cultura (1930). Imagnense la Roma moderna con todos sus edificios perfectamente preservados desde los das de Rmulo hasta ahora. Imposible, por supuesto, porque dos objetos materiales no pueden ocupar el mismo lugar. Pero los fenmenos mentales pueden corresponderse con esta visin de una ciudad verdaderamente eterna: Las fases anteriores del desarrollo no se han conservado en ningn sentido; han desembocado en las posteriores, a las que sirvieron de material. El embrin no es registrable en el adulto (...) As llegamos a este resultado: semejante conservacin de todos los estadios anteriores junto a la forma ltima slo es posible en lo anmico, y no estamos en condiciones de obtener una imagen intuible de ese hecho.

La teora general de Freud sobre la neurosis y el psicoanlisis descansa sobre esta idea de la recapitulacin mental. La energa sexual (lbido) est limitada en cantidad. Puede quedar fijada compulsivamente a niveles de desarrollo anteriores a la madurez por eventos traumticos en la infancia temprana: Hace tiempo que se ha vuelto patrimonio comn saber que las vivencias de los primeros cinco aos cobran un influjo de comando sobre la vida, al que nada posterior contrariar (1939). ...la gnesis de la neurosis dondequiera y siempre se remonta a impresiones infantiles muy tempranas (1939). Las neurosis, por lo tanto, son expresiones de la energa sexual apropiada para los nios pero normalmente reprimida e invalidada en los adultos. Surgen slo porque los tempranos estadios mentales sobreviven en los adultos (aunque normalmente en estado reprimido). As, en todo cuanto constituye una aberracin fijada respecto de la vida sexual normal, no pudimos menos que discernir una cuota de inhibicin del desarrollo y de infantilismo (1905, 1962 ed., p. 136). Las neurosis no slo son una retencin anormal de estadios propios de la niez; tambin representan la expresin de tendencias ancestrales un atavismo para ser esquivado en cualquier lectura progresista de la evolucin. El psicoanlisis apunta a solucionar el tema de la neurosis por medio de la reconstruccin y la comprensin de sus causas infantiles: Si ustedes quieren, pueden caracterizar al tratamiento psicoanaltico slo como una educacin retomada para superar restos infantiles.

En una imagen particularmente grfica Freud evoc el carcter ancestral del comportamiento neurtico: Con el neurtico se est como en un paisaje prehistrico, por ejemplo en el jursico. Los grandes saurios rondan todava, y los equisetos crecen como palmas (notas escritas en 1938, impresas en 1963). Freud ha sostenido que las diferencias relativas a la anormalidad mental podran reflejar los diferentes estadios ancestrales (= perodos de la niez) en los cuales la lbido se fija. Deberamos poder ordenar a las neurosis en un orden filtico. En 1915 le escribi a Ferenczi: histeria de angustia histeria de conversin neurosis obsesiva demencia precoz paranoia melancola mana Esta serie parece repetir filogenticamente un origen histrico. Lo que ahora son neurosis alguna vez fueron fases en la condicin humana (en McCormick, 1973).

De hecho Freud no se ech atrs en completar el sistema racapitulatorio de sus creencias. En las extraordinarias palabras finales de su informe sobre el caso Schreber Freud redescubri el cudruple paralelismo de la clsica recapitulacin: el nio, el salvaje moderno, nuestros ancestros primitivos, y los adultos neurticos, todos representan el mismo estadio filtico el primitivo como ancestro verdadero, el salvaje como un sobreviviente moderno, el nio como una recapitulacin del ancestro adulto en trminos Haeckelianos, y el neurtico como un nio fijado (= primitivo):

 

Y opino en que muy pronto llegar el tiempo en que se pordr ampliar una tesis que los psicoanalistas hemos formulado hace ya mucho, agregndole a su contenido vlido para el individuo, entendido ontogenticamente, el complemento antropolgico, de concepcin filogentica. Hemos dicho En el sueo y en la neurosis reencontramos al nio, con las propiedades de sus modos de pensar y de su vida afectiva. Completaremos: Tambien hallamos al hombre salvaje, primitivo, tal como l se nos muestra a la luz de la arqueologa y de la etnologa

A partir de esta conviccin Freud se embarc en su proyecto ms ambicioso sobre la recapitulacin: nada menos que la reconstruccin de la historia de la humanidad a partir de informacin psicolgica tomada del desarrollo de los nios y de los neurticos. Freud frecuentemente argumentaba que el desarrollo general libidinal de los individuos recapitula una secuencia de estadios en la historia de la civilizacin. Compar el narcisismo de los nios con una creencia primitiva en el poder y personificacin de los pensamientos (animismo), el apegamiento sexual a los progenitores (complejo de Edipo) con el desarrollo de la religin monotesta, y el dominio maduro del principio de realidad con el desarrollo posterior de la fase cientfica de la civilizacin.

 

Si nos estuviera permitido ver en la demostracin de la omnipotencia de los pensamientos entre los primitivos un testimonio del narcisismo, podramos atrevernos a comparar los estadios de desarrollo de la cosmovisin humana con las etapas del desarrollo libidinoso del individuo. Entonces, as en el tiempo como por su contenido, la fase animista correspondera al narcisismo, la religiosa a aquel grado del hallazgo de objeto que se caracteriza por la ligazn con los padres, y la fase cientfica tendra su pleno correspondiente en el estado de madurez del individuo que ha renunciado al principio de placer y, bajo adaptacin a la realidad, busca su objeto en el mundo exterior (1913)

 

Pero Freud tena en mente algo mucho ms especfico para la recapitulacin como una gua para la reconstruccin de la historia de la humanidad. Desde la existencia de dos fenmenos coordinados en series diferentes del triple paralelismo el complejo de Edipo (con su preservacin en los neurticos) y el totemismo de los salvajes Freud hizo una incursin intrpida en la antropologa psicolgica.

Ttem y Tab (1913) tiene el subttulo, Algunas concordancias en la vida anmica de los salvajes y de los neurticos. La va de la eleccin de objeto lo ha llevado (al nio) hasta su objeto de amor, por regla general, a travs de la imagen de su madre y quiz tambin de su hermana. A pesar de que un nio normal se libera de estos anhelos cuando madura, el neurtico con su infantilismo psquico no lo hace. Freud compara este comportamiento neurtico con un patrn normal en los salvajes donde los anhelos incestuosos alrededor de los machos adultos normales permanece tan fuerte que los tabes deben ser establecido para prevenir la satisfaccin (esto es, los adultos salvajes retienen el estadio transitorio juvenil de los nios blancos civilizados): Por eso no carece de importancia que los pueblos salvajes puedan mostrarnos que tambin sienten como amenazadores, y dignos de las ms severas medidas de defensa, esos deseos incestuosos del ser humano, ms tarde destinados a la condicin de inconcientes.

Ahora, los salvajes son primitivos vivientes y deben comportarse como lo hicieron nuestros ancestros: Podemos reconocer en su vida psquica una imagen muy bien conservada de un estadio temprano de nuestro desarrollo. Qu es lo que podemos inferir acerca de la historia de la humanidad a partir de la existencia del tab del incesto en los salvajes, y las doctrinas asociadas del totemismo (identificacin del clan con un animal sagrado que debe ser protegido y reverenciado todo a lo largo del ao, salvo en un da sagrado en que puede ser comido; tabes estrictos en los machos en contra de las relaciones sexuales con mujeres del clan totmico), y de la recurrencia del totemismo y tabes en el complejo de Edipo de nuestros nios. De hecho Freud expuso su tendencia recapitulatoria en el prefacio a Ttem y Tab: En este libro se intenta colegir el sentido originario del totemismo desde sus huellas infantiles, los asomos de l que afloran en el desarrollo de nuestros propios nios.

En sntesis (y con todo lo que esto tenga de absurdo), Freud plante que el grupo humano social original fue la horda patriarcal, dominada por un macho dominante, el padre. El padre dominaba a todas las mujeres y tena derecho sexual sobre ellas. Un da, sus hijos excluidos se juntaron para matarlo y devorarlo. Pero estuvieron tan aquejados de culpa por el hecho del parricidio que renunciaron al contacto sexual con las mujeres del clan e identificaron su padre asesinado con un animal que poda ser reverenciado y no daado. Sin embargo una vez al ao ellos celebraban su acto de liberacin en la fiesta totmica; porque ese da el animal representando su padre poda ser asesinado y consumido.

 

Si el animal totmico es el padre, los dos principales mandamientos del totemismo, los dos preceptos-tab que constituyen su ncleo, el de no matar al ttem y no usar sexualmente a ninguna mujer que pertenezca a l, coinciden por su contenido con los dos crmenes de Edipo, quien mat a su padre y tom por mujer a su madre, y con los dos deseos primordiales del nio, cuya represin insuficiente o cuyo nuevo despertar constituye quizs el ncleo de todas las psiconeurosis.

 

Para que nadie imagine que el complejo de Edipo recaa slo en antiguos miedos o perduraba sobre hijos sojuzgados y no en el hecho mismo del parricidio, Freud termin su libro insistiendo que el acto primigenio del asesinato haba ocurrido. Citando el comentario del Fausto a St. John, escribi: Im Anfang war die Tat (En el principio fue la accin).

 

As, para concluir esta indagacin que hemos realizado en apretadsima sntesis, querra enunciar este resultado: que en el complejo de Edipo se conjugan los comienzos de religin, eticidad, sociedad y arte, y ello en plena armona con la comprobacin del psicoanlisis de que este complejo constituye el ncleo de todas las neurosis, hasta donde hoy ha podido penetrarlas nuestro entendimiento. Se me aparece como una gran sorpresa que tambin estos problemas de la vida anmica de los pueblos consientan una resolucin a partir de un nico punto concreto, como es el de la relacin con el padre.

 

Su ltimo libro, Moiss y la religin Monotesta, es una representacin ms especfica del mismo escenario. Moiss era un egipcio de nacimiento que se gan su lugar con los judos e intent liberarlos de su sojuzgamiento. Pero fue asesinado en rebelin por su gente adoptada, quienes en su terrible culpa lo hicieron profeta de un nico y omnipotente dios y crearon lo altos ideales tico que an motivan nuestra civilizacin Judeo-Cristiana.

Si la recapitulacin nos permite redescubrir un pasado inobservable, no nos guiara en predecir el futuro an no experimentado? En su ensayo de 1930, El malestar en la cultura, Freud establece algunas analogas lgubres entre la maduracin de los individuos y las condiciones del hombre en las sociedades crecientemente complejas y modernas ya que el desarrollo de la civilizacin es un proceso especial comparable a la maduracin normal del individuo[2]. Tal como un hombre maduro debe sublimar sus tempranos requerimientos de agresin y dominacin, as tambin todos los miembros de la sociedad reprimen una creciente cantidad de instintos biolgicos para poder vivir armoniosamente en un mundo ms poblado, urbanizado y unido socialmente: Si el desarrollo cultural presenta tan ampla semejanza con el del individuo y trabaja con los mismos medios, no se est justificado en diagnosticar que muchas culturas -o pocas culturales-, y aun posiblemente la humanidad toda, han devenido neurticas bajo el influjo de las aspiraciones culturales?

Los simpatizantes, y luego rivales, de Freud aceptaron su creencia central en la recapitulacin, pero le dieron diferentes usos. C. G. Jung, por ejemplo, apoy fuertemente la recapitulacin a lo largo de toda su extensa carrera. Escribi en 1912:

 

Toda esta experiencia nos sugiere que hagamos un paralelo entre el pensamiento fantstico y mitolgico de la antigedad y el pensamiento similar que tienen los nios, entre las razas humanas inferiores y los sueos. Este tren de pensamientos no nos es extrao, sino que nos es familiar a travs de nuestro conocimiento de anatoma comparada y de historia del desarrollo, que nos muestra cmo la estructura y funcin del cuerpo humano son resultado de una serie de cambios embrionarios que corresponden a cambios similares en la historia de la raza. Por lo tanto est justificada la suposicin de que la ontognesis corresponde, en psicologa, a la filognesis. En consecuencia, debe ser cierto, tambin, que el estado del pensamiento infantil en la vida psquica del nio, tanto as como los sueos, no son sino una vuelta de los antiguos y la prehistoria (1916).

Treinta aos despus, mucho despus de que los bilogos hubieran abandonado la ley biogentica, Jung reafirm su apoyo con algunas palabras muy sabias sobre los usos del pasado en la educacin:

 

La niez, sin embargo, es un estado del pasado. Tal como recapitula el embrin en desarrollo, en cierto sentido, nuestra historia filogentica, as tambin la psique del nio revive la leccin de la temprana humanidad como la denomin Nietzche. El nio vive en un mundo pre-racional, y sobre todo pre-cientfico, el mundo de los hombres que existieron antes que nosotros. Nuestras races descansan en ese mundo y todo nio nace de esas races. La madurez lo aleja de sus races y la inmadurez lo retrotrae a ellas. El conocimiento de los orgenes universales construye el puente entre el mundo del pasado perdido y abandonado y el todava largamente inconcebible mundo del futuro. Cmo deberamos entender el pasado, cmo deberamos asimilarlo, a no ser que estemos en posesin de la experiencia humana que el pasado nos ha legado? Desposedos de esto estamos sin races y sin perspectiva, sin defensa a merced de cualquier novedad que el futuro nos pueda presentar.

 

A pesar de que Jung habl ms elegantemente que Freud sobre su creencia en la recapitulacin, el acercamiento que Jung hizo de ella al psicoanlisis garantiz que l no hiciera mucho uso de la doctrina de Haeckel en ese sistema. El nio, en realidad, recapitula su pasado en una secuencia filtica establecida - pero esto tiene poca relevancia para el estudio y la cura de la neurosis adulta. El nio generalmente desarrolla pocos problemas psicolgicos durante su perodo de recapitulacin. Es dominado por instintos y no entiende el significado de los arquetipos que est experimentando. La lbido no es exclusivamente sexual y las causas de las neurosis no recaen en sucesos de la infancia; las neurosis no representan una fijacin de la energa sexual en un estadio infantil (= ancestral) que debera ser reprimida y superada en el desarrollo normal.

Volvamos a la metfora de Freud para la mente Roma con todos sus edificios intactos. Para Jung slo importa esta disposicin adulta. Los edificios aparecen en una secuencia cronolgica durante la ontogenia, pero ello no es lo importante. La mete del adulto contiene una historia completa de su pasado, como una memoria racial en un inconsciente colectivo. El concepto de Jung es esttico: conocer el orden ontogentico de las memorias raciales no facilita el estudio y la cura de las neurosis. Las neurosis aparecen en los adultos cuando el desarrollo de la completud (y la adaptacin a la sociedad) trastabilla y la lbido es retrotrada al inconciente primitivo, animando arquetipos y colocando al individuo bajo el dominio de formas primitivas. Las neurosis no son estadios infantiles representando un tiempo definido de la historia ancestral, sino eventos del momento que pueden rellamar imgenes de un inconsciente colectivo. El inters de Jung no es la recapitulacin (series ordenadas ontogenticamente de estadios ancestrales), sino el de una nocin general de memoria racial (la posesin esttica de los adultos de una historia racial completa). Tal como dice McCormick: Para Freud los problemas tardos de la vida surgen durante el perodo temprano de racapitulacin cuando las etapas de avance son bloqueadas. Pero para Jung la etapa importante es muy posterior a este perodo... La recapitulacin deja de ser un tema de investigacin para Jung por que los arquetipos existen independientemente de cualquier desarrollo individual.

Si Jung encontr poca aplicacin para la recapitulacin en la prctica, otro de los tempranos seguidores de Freud y posteriores desertores llev la doctrina de Haeckel a alturas inimaginadas de extravagancia y aplicacin Sandor Ferenczi, en su Thalassa, una Teora de la Genitalidad (1924). Ferenczi expuso explcitamente su deseo de importar conclusiones biolgicas a la psicologa, particularmente la versin de teora evolutiva de Haeckel. Adimitindolo abiertamtente Ferenczi escribi Thalassa como partidario de la teora recapitulatoria de Haeckel.

Hoy, grandemente ridiculizado, Ferenczi es conocido como Sr. Vuelta-Al- tero- donde no existe la dolorosa disarmona entre el yo y el medio ambiente que caracteriza la existencia en el mundo externo (mi intencin no es la de paliar el ridculo, sino meramente identificar la base recapitulatoria de la teora de Ferenczi). Ferenczi vio el intercurso sexual como un anhelo por volver a las condiciones ancestrales de reposo en un ocano sin tiempo la tendencia regresiva de Thalassal procurando volver al modo acutico de existencia abandonado en el tiempo primordial. El acto sexual satisface esta necesidad primordial en tres formas: 1) el reposo post-eyaculatorio simboliza la tranquilidad del ocano; 2) el pene (un pez simblico, por decir as) intenta alcanzar a tero (sin embargo slo su secrecin llega) la mujer aqu simplemente pierde; y 3) el producto de la unin pasa su vida embrionaria en un fluido amnitico que representa el ocano ancestral.

Haeckel haba admitido a la placenta como un ejemplo primario de cenognesis una excepcin a la recapitulacin. Despus de todo, ningn ancestro adulto pudo haber vivido en una charca artificial creada por su propia piel. Pero Ferenczi argumenta que el tero de la mujer es un ocano recapitulado (eso es, por supuesto, un sinsentido en cualquier contexto, salvo en el simblico- sin embargo Ferenczi parece soportar una interpretacin literal). l compara las contracciones del amnios durante el embarazo con los ciclos de la marea del mar; hasta plantea que la secrecin ertica genital de las mujeres tiene bases ocenicas: el olor de la vagina viene de la misma sustancia (trimetilamina) que genera la descomposicin del pescado:

 

Si el profesor Haeckel tuvo el coraje de plantear la ley bsica biogentica de la recapitulacin en estadios de desarrollo embrionario de la historia evolutiva de las especies (palingnesis), por qu no podramos ir nosotros ms lejos y asumir que, asimismo, en el desarrollo de los medios de proteccin de los embriones (que hasta este tiempo ha sido considerado como el paradigma de la cenognesis) est contenida una parte de la historia de las especies Las estructuras para la proteccin de las clulas germinales no son creaciones nuevas, y por lo tanto tampoco pertenecen a la cenognesis, sino que al contrario ellas tambin representan una especie de recapitulacin- la recapitulacin, expresamente, de las situaciones medioambientales que fueron experimentadas durante el desarrollo de las especies.

 

Pero Ferenczi no fren en la comparacin recapitulatoria del ocano y el tero. Si el intercurso sexual expresa un anhelo por retornar al ocano tranquilo, su esfuerzo simblico puedo no slo ser en pos de una piscina pasada, sino an en pos de la tranquilidad ltima del mundo precmbrico sin vida. El deseo de muerte es en s mismo una memoria de nuestros ancestros inorgnicos: Tenemos representado en la sensacin del orgasmo no slo el reposo del estado intrauterino, la existencia tranquila en un medio ambiente ms amigable, sino tambin el reposo de la era antes de que la vida se originara, en otras palabras, el reposo similar a la muerte caracterstico del mundo inorgnico.

De este modo el ciclo recapitulatorio comienza en el coito (= esfuerzo hacia la muerte = la tierra antes de la vida) seguida por el embarazo (= el amanecer de la vida). El feto luego comienza su vida embrionaria repitiendo los estadios tempranos de un pasado ameboide. El nacimiento rerpresenta la colonizacin de la tierra por los tetrpodos (a pesar de que cualquier bilogo Haeckeliano hubiese argumentado que los estadios anfibios o reptiles han sido ampliamente superados para ese momento). Cranlo o no, el perodo de latencia que sigue a la sexualidad infantil recapitula la era de hielo de nuestro pasado filtico. (Sin embargo si uno se pregunta por qu no nos extinguimos por no copular durante los tiempos fros, Ferenczi nos asegura que la era de hielo slo redireccion algunos de nuestros impulsos genitales para el desarrollo de actividades intelectuales y morales ms altas)

Pocos movimientos intelectuales han tenido tanta influencia (desde la conciencia nacional hasta las conversaciones de copetn) como la teora psicoanaltica del siglo XX. He intentado plantear que estas teoras no pueden ser valoradas adecuadamente o incluso comprendidas sin reconocer sus nexos con la ley biogentica. Sin embargo, hasta ahora, estos nexos han sido mencionados raramente por que muy pocos psiclogos e historiadores tienen algn indicio del impacto de la doctrina de Haeckel. Millones de vidas han sido influenciadas o moldeadas por teoras pulidas bajo la luz de una herramienta bsica para cualquier pensador iluminado del siglo XIX tardo: la recapitulacin. No puedo ofrecer mejor testimonio de la influencia de Haeckel ni mejor demostracin de por qu nos compete estudiar y entender esta doctrina abandonada.



* Texto original: Stephen Jay Gould, Ontogeny and phylogeny, The Belknap press of Harvard University press, 1977, USA. Captulo: 5 Pervasive Influence, apartado sobre Psicoanlisis freudiano.

Traduccin: Joaqun Areta

 

[1] No se menciona el lugar de la cita.

[2] Gould parafrasea parcialmente a Freud en este prrafo, cuando en realidad este ltmo se pregunta sobre qu valor tiene esa afirmacin y qu otro problema hay que abordar para esclarecerlo (ltimo prrafo del apartado III). N.T.