EL PSlCLOGO Y EL PSlCOANLlSlS*

Juana Danis[1]

 

La Revista Argentina de Psicologa (RAP) comenz a salir en el ao 1969. Fue la primera revista escrita, producida y dirigida por psiclogos. Su director durante el perodo 1969-1971 fue el Lic. Ricardo Malf; su Secretario de Redaccin, el Lic. Leonardo Satne y el Comit de Redaccin estaba integrado originalmente por los licenciados Roberto Harari, Catalina D. Saragossi de Sastre y Carlos Sastre.

El primer nmero de la revista se present a travs de una nota editorial muy corta -slo dos prrafos- en donde se destacaba la importancia de los desacuerdos y las polmicas como estructurantes de este nuevo grupo profesional:

 

Obviaremos, por intiles, los habituales augurios y autojustificaciones, para hacer de entrada una advertencia: esta revista reflejar las contradicciones del grupo profesional que las publica.

 

Dentro de estas polmicas que recorrieron las pginas de la revista, nos interesa discutir la protagonizada por dos psiclogos: Juana Danis y Roberto Harari, ya que aborda la compleja relacin entre psicologa y psicoanlisis, sello diferencial de la historia de la profesionalizacin de la disciplina en la Argentina, en un contexto caracterizado por ideales de cambio y de transformacin social.

Juana Danis fue una de las primeras egresadas de la Carrera de Psicologa de la Universidad de Buenos Aires y particip directamente en la fundacin de la Asociacin de Psiclogos de Buenos Aires (APBA). Roberto Harari tambin era Licenciado en Psicologa de la misma Universidad, formaba parte del Consejo de Redaccin de la RAP y, al momento de escribir su artculo, era Presidente de la Asociacin de Psiclogos de Buenos Aires (perodo 1969-1971).

 

No hay psiclogo que en algn momento de su formacin no se haya enfrentado con el problema de su relacin con el psicoanlisis. Algunos se declaran sus enemigos, o actan esta enemistad a travs de diversas formas de rechazo, argumentando generalmente con crticas a un Freud ya superado (y nunca estudiado). Otros, luego de analizarse largos aos, proclaman (o actan) que no hay diferencia entre un psiclogo y un psicoanalista. Este trabajo va dirigido a aquellos que no pertenecen a ninguno de los dos grupos y que buscan su identidad de psiclogos en una modalidad de trabajo profesional, que es afn y a la vez diferente de la labor psicoanaltica. Son varios los caminos que dan acceso a la tarea de diferenciacin de ambas profesiones. Podemos seguir la va histrica o contemplar la actualidad tal como se nos presenta en la ciudad en la que vivimos, o bien reflexionar sobre el sentido y la funcin de estas profesiones. Desde el punto de vista histrico, tanto el psicoanlisis como la profesin de psiclogo (no hay que confundir ciencia con profesin) son productos del mismo siglo, ambos jvenes, expuestos a crticas. ataques, curiosidad por parte del ambiente en el que emergen, ambos con un desarrollo rpido y sorprendente, a pesar de todas las contrafuerzas que los enfrentan. Estrechando nuestra lupa histrica, vemos que la psicologa como profesin es ms joven an que el psicoanlisis aun cuando ambos surgen, existen, se desarrollan, casi paralelamente, y, si bien se unen en muchos puntos, se alejan en otros. En este pas (y ms concretamente en esta ciudad), la diferencia de nacimiento de una y otra profesin abarca unos veinte aos aproximadamente; los primeros psiclogos, egresados de la Universidad de Buenos Aires, casi en su totalidad, son, en algn aspecto de su formacin profesional, hijos de psicoanalistas. Se han analizado y han estudiado psicologa con psicoanalistas. Esta relacin, anloga a la relacin padres-hijos, aclara ya muchas actitudes, muchos conflictos, tanto de unos como de otros. Encontramos de profesin a profesin, toda la gama de sentimientos que caracterizan este vnculo, desde la idealizacin hasta la envidia, desde la competencia hasta la gratitud, last but not least, la dependencia en todas sus formas.

Si dirigimos nuestra mirada a lo fenomnico de la coexistencia actual entre psicoanalistas y psiclogos, vemos claramente algunas diferencias y, quizs. con menos claridad, similitudes, ya que estas ltimas se detectan ms en la dimensin actitud psicolgica, dimensin menos material y por lo tanto menos visible y mensurable que la dimensin que abarca disimilitudes en la cobranza, en el contrato con personas que vienen a consultar y en la relacin entre colegas.

El grupo de psicoanalistas aparece a nuestros ojos de psiclogos como un grupo ms cerrado, ms coherente, ms leal entre s que el grupo de psiclogos cuyos los son comentados siempre con cierto paternalismo ambivalente por parte de los psicoanalistas. Los los los asustan por un lado y por el otro los tranquilizan, ya que son de los de afuera. Como padres que en determinado momento, frente a una pelea de sus hijos tal vez exclamen: chicos, cuidado!, pero permiten la pelea, siempre que los chicos los dejen en paz.

Habr un sentido diferente en la base de las dos profesiones? Para encontrar una respuesta, veamos colocndonos a distancia de ambas cmo aparece su manifestacin grupal en la sociedad.

El grupo de los psicoanalistas, lejano, casi no se ve al ojo del observador pblico. Trabajan en el silencio de sus consultorios, en las mentes de sus pacientes, en las relativamente escasas publicaciones de su revista y en los comentarios intra e inter-grupos (psiclogos-psicoanalistas).

Los psiclogos hacen ms ruido social sin duda. Aparece una ley que pblicamente los restringe en su trabajo teraputico Se produce la intervencin de la Facultad que por dos aos crea un cese casi total de la enseanza de la psicologa, con la amenaza constante, en forma de rumor, de la desaparicin de la carrera. Se publican noticias en diarios y revistas que hablan de importantes investigaciones de psiclogos en otras partes del mundo. Y los psiclogos, dnde estn? Se sabe de su existencia, se sabe que es un grupo inquieto, toda persona conoce algn psiclogo; pero como grupo es como si necesitara que la comunidad clame por l a travs de referencias que tienen un signo ms bien provocativo y de castigo para que conteste con un presente.

Los psiclogos tambin estn en silencio, pero parecera que ste es un silencio distinto del de los psicoanalistas. Su presencia es reclamada por la sociedad en forma de medidas que se toman, noticias que se difunden, rumores que se alimentan. Creo que esto no es casual, sino que tiene que ver con la diferencia ms profunda entre las dos profesiones, ya que ambas tienen como meta trabajar con personas y sus problemticas.

Cuando el Psicoanlisis empieza a tomar forma, a ser un trabajo circunscripto y determinado por un encuadre especial, su objeto, el ser humano en tratamiento, empieza a bifurcarse en dos aspectos: uno es la curacin de su enfermedad psquica, el otro es la investigacin del sentido, inconsciente para l, de sus conductas. La hiptesis, segn la cual si se hace consciente lo que es inconsciente, el hombre enfermo se transforma en sano, no se ha verificado. Lo que s podemos postular como resultado de esta hiptesis de trabajo es que el hombre que investiga con ayuda de un psicoanalista lo que le es inconsciente, ampla su horizonte, y al hacerlo, este hombre cambia. El cambio en l puede estar diametralmente opuesto a lo que fue la idea de cura en quien particip en el proceso.

Lo que falta para que dicha hipottica curacin se d es un proceso de anlisis y sntesis tan difcil que pocas veces se logra, ya que implica, por lo menos tericamente, la revisin de los innumerables vnculos que el sujeto ha tenido con personas de su mundo ambiental, empezando por los que son los ltimos (presentes), hasta llegar a los primeros, ya no presentes sino fantasmticos. La frase bblica de ... los ltimos sern los primeros, alcanza actualidad viva en cada sesin psicoanaltica. Y quines son realmente los primeros y quines los ltimos en la actualidad del self de un ser humano?

Al mismo tiempo que el pequeo grupo de psicoanalistas echa cimientos cada vez ms seguros en su investigacin del mundo interno de las personas, los psiquiatras que forman el ms viejo de los grupos afines en el estudio de las personas perturbadas empiezan a utilizar servicios de un grupo nuevo: los psiclogos que como especie de ayudantes de psiquiatras ayudan, por medio de instrumentos nuevos, los tests, a averiguar rasgos de las personas enfermas y sus vnculos conscientes e inconscientes.

Coinciden entonces, en un corte transversal del tiempo, las tres profesiones con ncleos de diferenciacin en sus respectivas tareas. Pero el desarrollo sigue y la ciencia psicolgica al descubrir novedades (o lo que nos parecen novedades), obliga a los que en ella trabajan a cambiar sus enfoques, sus objetos, sus tcnicas.

El hombre enfermo ya no puede ser separado del hombre no-enfermo en la comprensin psicolgica; el hombre enfermo lo es en funcin de otros que lo rodean y lo utilizan; el sano es sano slo por perodos y mientras los enfermos necesitan de su salud. Los trminos salud y enfermedad pierden su vigor esttico y se transforman en . conductas concretas, cambiantes y vinculadas con conductas de otros. La interrelacin humana toma un lugar de primera importancia y esto trae cambios en el trabajo de psicoanalistas, psiquiatras y psiclogos.

Los psicoanalistas se ven llevados a desplazar el foco de inters desde el polo paciente (sus sntomas, sus recuerdos, sus sueos), al doble polo el otro y yo (y lo que sucede entre nosotros) lo que lleva tcnicamente a la exclusividad del trabajo transferencial en el anlisis. Los psiquiatras no pueden quedarse ms con sus viejos conocimientos de psiquiatra descriptiva e incorporan descubrimientos de otras ciencias entre las que el psicoanlisis ocupa su lugar.

Y los psiclogos, hasta aqu meros ayudantes, especialistas en tests, asumen su nuevo rol de investigadores, de consultores, de terapeutas, de psicopedagogos, etc., en diferentes mbitos de la comunidad. Por qu? Porque de la bifurcacin de aspectos antes mencionados se desprendi en el curso de la investigacin psicolgica un tercer aspecto que no es precisamente ni los sntomas de la enfermedad ni las manifestaciones de lo inconsciente, sino el desarrollo natural del hombre que empieza a perfilarse despus de haber visto mejor su deformacin: su infancia, las etapas de ella, la adolescencia, la formacin de la familia, los momentos crticos de cambio en la vida. Esta tercera rama est requiriendo a su vez profundizacin y atencin. Y es segn mi entender ste el momento que obliga al psiclogo a dejar su rol de testista y a asumir un nuevo rol social distinto al del psicoanalista y distinto al del psiquiatra.

Las rivalidades interprofesionales que haban surgido en el momento de interpenetracin confusional, consecuencia lgica del avance de la ciencia psicolgica, se superan en el momento en que una, nueva diferenciacin surge claramente en el horizonte y permite a cada una de ellas desempearse eficazmente en tareas emparentadas y autnomas a su vez.

El psiclogo de hoy, en todo el mundo, ha dejado de ser el testista. Est adquiriendo y no sin tremendos dolores de parto, una. nueva identidad profesional que tiene una nueva utilidad social. En cuanto mtodo, preferencias personales, capacidades personales, etc., puede naturalmente seguir dedicndose a tests, a la investigacin psiquitrica o al psicoanlisis. Quiero aclarar bien que la lnea de demarcacin no corre sobre el nivel de los individuos, sino sobre el nivel de los grupos profesionales. Y no quiero ser mal entendida en el sentido de que un psiclogo no pueda hacer psicoanlisis o tiene menos valor si hace solamente Rorschach, o que un psicoanalista no pueda dedicarse a orientacin psicolgica de madres o formar parte de una institucin a fines de esclarecer conflictos laborales. Incluso pienso que la variacin en el trabajo es saludable para todos y que en muchos casos la profesin elegida no corresponde a las capacitaciones internas ms autnticas.

Se sobreentiende que el psiclogo que quiera trabajar con la tcnica psicoanaltica necesita tener una formacin exhaustiva, consistente en estudios sobre psicoanlisis (y no basta un cronolgico, de Freud), estudios prcticos de psicoanlisis a travs de controles con un psicoanalista y estudios bsicos de psicoanlisis a travs de su propio y largo anlisis. Entonces no estar menos capacitado que un psicoanalista en el ejercicio de esta tcnica.

Pero la tolerancia frente a la variacin en el trabajo y la consideracin de talentos personales, no debe entenderse a una no diferenciacin de las dos profesiones en cuanto a su sentido, que slo perturbara a los miembros de cada una y llevara a guerrillas estriles de competencia en desmedro de la necesidad de ayuda psicolgica que la comunidad en la que vivimos nos reclama por todos lados.

El psiclogo que ha entendido que adems de su identidad personal tiene una identidad profesional como ser social, se dar cuenta perfectamente en qu se diferencia de sus colegas de otras profesiones. Las graves perturbaciones de la personalidad, que forman el campo de trabajo de los psiquiatras, con probabilidad no lo atraern especialmente. Tampoco las excluir de su esfera de inters ya que no puede quedar indiferente frente a las manifestaciones tan importantes de su sociedad que se expresan en forma de enfermedades psicticas.

La investigacin de lo inconsciente, aun cuando su tentacin se muy grande, no ser reconocida como su principal misin; tampoco la excluir de su trabajo, ya que sin la comprensin del aura invisible que rodea las conductas manifiestas, no entender a stas y no llegar a comunicarse verdaderamente con las personas que lo consultan. No pretender curar a las personas ya que esto implica considerarlas enfermas, aun cuando est plenamente consciente de que en el curso de su actividad se curarn mltiples conductas deformadas.

Y as, trabajando con y prescindiendo de encontrar cada vez ms el porqu y el para qu de su aporte especial.

Quizs sea difcil seguirme en el desarrollo de la idea de encontrar la esencia profesional del psiclogo. Pero tengo la esperanza de no estar totalmente equivocada al querer aislar del monto de confusin un ncleo que es realmente pertinente al trabajo del psiclogo. Muchos pensarn en este momento: claro, eso ya lo sabemos, es profilaxis, es higiene mental. S, lo es y es ms que eso. Es la visin de un trabajo profesional, ejercido por un grupo en una sociedad que lo necesita, que lo hace nacer, emerger, desarrollarse y luchar, que lo educa quizs con restricciones y golpes siendo muy coherente con el espritu de educacin que reina en ella: educar con severidad, desconfianza y exigencia de fuerza, para que preste sus conocimiento, su eficacia, a esa misma sociedad, no para curar sus enfermedades sintomticas, no para penetrar ms y ms en lo inconsciente de su conductas, sino, y ah va lo que considero el ncleo del sentido de trabajo de los psiclogos:

Para estar en todos los lugares donde se necesite del especialista que sabe asistir los momentos de cambio. Digo : asistir . E psiclogo asiste los cambios que se dan constantemente, en todos lo niveles, en todos los mbitos, en todo momento ; cambios cmo manifestacin de la vida misma, en la sociedad, en el grupo familiar, en la persona. Cambio implica duelo y duelo implica dolor. El psiclogo debe ayudar a que los cambios, constantes y naturales, se den con menos dolor, con menos ansiedad, con ms comprensin del proceso mismo. As que el psiclogo no crea los cambios, ni los promueve (lo que muchas veces se ha afirmado, segn mi criterio, errneamente), sino que los asiste. Esta comprensin le ayuda en el conflicto que libra en la adquisicin de su identidad. Le da una direccin interna a sus objetivos y protege su autoestima tambaleante por ser tan joven socialmente, tan inseguro de la confianza de los dems, tan confundido en cuanto a lo que es su dimensin.

Ustedes dirn: muy bien, pero en qu se manifiesta concretamente la pretendida diferencia en el sentido profesional? El psicoanalista tambin est interesado en los cambios igual que el psiquiatra. ste quizs no basta para diferenciar sus trabajos. Yo contestara que si la idea es clara, la accin que le corresponde demostrar la diferencia, sutil en muchos casos, evidente en otros. Voy a tratar de dar algunos ejemplos para aclarar el punto de vista.

Me consulta una pareja que tiene el problema de no poder vivir juntos y querer seguir conviviendo al mismo tiempo: si yo tengo una formacin psicoanaltica no evitar profundizar la comprensin del vnculo transferencial que se da entre la pareja y yo, y les esclarecer los roles que jugamos. Pero teniendo dentro de m no slo al psicoanalista que reconoce estos fenmenos, sino siendo fundamentalmente psiclogo, pensar en el pasado y el futuro de esta pareja. Ver los obstculos externos e internos que hacen que esta pareja piense y sienta que no pueden vivir juntos (o separados) y la orientar a travs de todos los requisitos que estn a mi alcance para comprender su situacin. No le dar consejos como: Ustedes deberan hacer esto o no hacer lo otro. Pero no vacilar en aumentar el radio de sus conocimientos a travs de ejemplos, a travs de posibilidades de solucin, a travs de la expresin de lo ms temido por ellos. Me centrar fundamentalmente en los pormenores del momento de cambio. Cmo ser en su imaginacin y por lo tanto dentro de ellos ya la situacin de separados? Cmo ser para ellos el haberse quedado juntos, despus de esta crisis? Les dibujar las dos situaciones con los datos que ellos han trado, para que contemplen, vean... Si me llama una institucin hospitalaria, donde un grupo de profesionales quiere crear la funcin de orientar a madres en grupo, ir, ver, escuchar, esclarecer el cambio que significa dicho trabajo dentro de la institucin para sta y para las personas deseosas de efectuarlo. Tratar de ver por qu surge esa decisin, con qu ilusiones surge, cul es la realidad y sus medios, cul el yunto que ms ayuda requiere.

Si me consultan por la enuresis de un chico, ver la familia, cmo es su actitud frente a las manifestaciones del hijo, por qu el hijo contesta de esa manera y cules son las posibilidades .de la familia de prescindir de este sntoma. ,Cules sern las consecuencias ms probables de la eliminacin del sntoma? Muy posiblemente les informar sobre la utilidad de un psicoanlisis para uno de ellos, los derivar a un psicoanalista o a un psiclogo para el tratamiento especial. Con estos ejemplos trat de aclarar en qu consiste para mi modo de ver la esencia del ser psiclogo en su quehacer prctico y en su actitud interna frente al trabajo. Repito que si el psiclogo ha adquirido los conocimientos tericos y prcticos de la tcnica psicoanaltica, no deja de ser un buen psiclogo si trabaja como lo hace un psicoanalista. Ya Freud ha aclarado con bastante precisin las dudas .obre el psicoanlisis profano, y lo que decide en pro o en contra no es el ttulo de mdico, de psicoanalista o de psiclogo.

Pero s deja de ser un buen psiclogo si se contenta con su trabajo psicoanaltico y ms si pretende ser un psicoanalista. Es psiclogo en la medida en que queda abierto frente a todos los pedidos, que le llegan por parte de la comunidad, de ayudar en momentos de cambio, sea donde sea, trtese de instituciones, de familias, de grupos, de individuos, sin honorarios prefijados y ms all de sus horarios completos. No puede darse dentro de este punto de vista por ejemplo, el caso muy frecuente entre los psicoanalistas de no tener hora hasta de aqu a dos aos...

Tal como el psicoanalista no debera abandonar el encuadre fijo que le impone su especialidad, no debera atender a una persona dos veces por semana en lugar de cuatro o cinco veces, no debera eternizar un tratamiento cuando se hayan disuelto los sntomas, no debera incluir a los familiares en momentos crticos, etc. (y si aparezco muy rgida en la aplicacin de los debera en este momento, es slo en funcin de mi intento de aclarar la diferencia existente y profunda en el sentido de las dos profesiones); el psiclogo puede y debe hacer todas estas cosas (excepto en los casos donde el contrato lo comprometa como psicoanalista), y no porque necesite de dinero o porque pueda trabajar con menos rigor o porque es un profesional de menos categora, sino porque ha comprendido que su profesin es intrinsecamente, en su cualidad ms psicolgica, ser partero de los cambios en la comunidad en la que vive. Y como tal, necesariamente su encuadre va a ser ms elstico, ms amplio, ms colorido que el de su colega psicoanalista. Si esto se entiende como un menos en la tcnica, es un grave error. Todos sabemos de nuestra praxis que existe lo que llamamos actuacin (acting-out) como falla del trabajo. La elasticidad de un psiclogo no debe coincidir con una tendencia a la actuacin. Junto con sus decisiones rpidas y variadas, tal como las necesita tomar un partero para acelerar o lentificar el proceso del parto, el psiclogo tiene que controlar la situacin en la que trabaja con su conciencia pulida al mximo posible ; guardar distancia de quien requiere de sus servicios el mximo posible, aumentando la cercana emptica al mximo posible. O sea estar sobre el filo de la navaja en cada momento, en cada giro novedoso que toma la situacin. Mientras ms sepa de psicoanlisis y de s mismo a travs de su propio anlisis, y menos se confunda con el psicoanalista, mayor va a ser su eficacia.

El futuro de las dos profesiones indica una separacin de tareas y de miras, aun cuando el producto de ambas recaiga en beneficio del mismo objeto: el hombre y sus vnculos humanos, ms conscientes, ms maduros.

Las ltimas publicaciones en el rea de la investigacin psicoanaltica (por ejemplo: Bion, Meltzer) muestran cada vez ms un nivel de profundizacin que llega a ser inaccesible para el intelecto del hombre comn y corriente; tomando las formas de un lenguaje simblico que siempre ha caracterizado en la historia humana a pequeos grupos cuya misin fue transmitir verdades no entendidas por muchos. La sociedad necesita de este grupo para que siga aportando descubrimientos valiossimos, precisa protegerlo durante cierto tiempo cerrando su contorno y necesita de quienes lleven estas verdades, peligrosas y valiosas, para hacerlas suficientemente digeribles a los muchos. El psiclogo, en sus diversos campos de trabajo, con sus diversos mtodos y tcnicas, tiene entre su bagaje instrumental los conocimientos psicoanalticos, para ser aplicados y conocidos por todos. Han perdido quizs en sus manos algo de su estado de pureza pero estn suficientemente elaborados para aguantar la amalgama con la realidad social. l trabaja en la trinchera del afuera, su ngulo de trabajo lo acerca a los del socilogo, a los del antroplogo y tiene que descubrir lo suyo a la par de verificar en la vida de todos los das lo que otros descubren en la semioscuridad del hombre abierto a sus secretos.

 



* Publicado en la Revista Argentina de Psicoanlisis, ao 1 N 1, septiembre de 1969, pgs 75-82.

[1] Naci en 1922 en Checoslovaquia. Desde 1952 es ciudadana argentina.

Licenciada en Psicologa en la UBA curs, adems, estudios de Psicologa en la Universidad de Chile. Miembro fundador de la APBA. Miembro adherente de la Asociacin de Psicloga y Psicoterapia de grupos. Particip en numerosos congresos y ha publicado artculos de su especialidad, entre ellos: La utilizacin del instrumento Rorschach en el psicodiagnstico, Self y Yo, La tcnica de Rogers. Trabaja en Psicologa Clnica.