Para una esttica
de la recepcin de las ideas psicolgicas*
Alejandro Dagfal
Resumen
El objetivo de
este trabajo es abordar algunas cuestiones metodolgicas que plantean las
historias de la psicologa realizadas en los pases llamados perifricos. En
particular, la posicin no central de estos ltimos pone a menudo de relieve
el problema fundamental de la recepcin de las ideas acuadas en los centros de
mayor produccin terica. Sin embargo, se trata de una mera copia, de una
asimilacin pasiva de influencias remotas? Para responder a este
interrogante, haremos un breve repaso de la nocin de recepcin, tal como fue concebida por la teora de la comunicacin
literaria de Hans Robert Jauss (inscripta en la tradicin hermenutica
alemana), y tal como ha sido utilizada en los ltimos aos en la historiografa
de la psicologa argentina. Finalmente, a travs de un ejemplo, trataremos de
mostrar el provecho que implica adoptar la categora de recepcin,
articulndola a otros conceptos propios de enfoques histrico-crticos, como
los de inters intelectual, problemtica
y campo.
The goal of this work is to
focus on some methodological issues aroused by the histories of psychology
elaborated in the so called peripheral countries. Particularly, the non central position of the latter often
underlines the fundamental problem of the reception of the ideas created
in centers of higher theoretical production. Nevertheless, is it only the case
of a mere copy, of a passive assimilation of remote influences? To answer
this question, we will make a brief review of the notion of reception,
such as it was conceived by the theory of literary communication of Hans Robert
Jauss (inserted in the German hermeneutical tradition), and as it has been used
during the last years in the historiography of Argentine psychology. Finally,
by the means of an example, we will try to show the profit of adopting the
category of reception, combining it with other concepts proper of critical
historical approaches, such as those of intellectual interest, problematic
and field.
Introduccin
La esttica de la recepcin, conocida
tambin como escuela de Constanza, se ha ido transformando, a partir de 1966,
en una teora de la comunicacin literaria. El objeto de sus investigaciones es
la historia literaria definida como un proceso que implica siempre tres
factores: el autor, la obra y el pblico. Es decir, un proceso dialctico, en
el cual el movimiento entre produccin y recepcin pasa por la intermediacin
de la comunicacin literaria. De este modo, la nocin de recepcin es entendida en el doble
sentido de acogida (o apropiacin) e intercambio. Por lo dems, la nocin de esttica no se refiere ya a una ciencia
de lo Bello, ni a las viejas preguntas sobre la esencia del arte, sino a un
problema descuidado durante mucho tiempo: cmo aprender algo acerca del arte a
travs de la expresin artstica misma, a travs de la consideracin histrica
de la prctica esttica que, con las actividades de produccin, recepcin y comunicacin,
est en la base de todas las manifestaciones del arte?
As comenzaba la
ponencia que Hans Robert Jauss present en 1979 en el Noveno Congreso de la
Asociacin Internacional de Literatura Comparada. Jauss, uno de los tericos
ms importantes de esa escuela, retomaba entonces los argumentos de la
tradicin hermenutica en general y de la filosofa de Hans-Georg Gadamer en
particular. En 1981, la revista Punto de
Vista presentaba en la Argentina una traduccin de ese trabajo, aclarando
que, debido a inapelables decisiones editoriales o al xito de las modas
literarias, la esttica de la recepcin no haba gozado en castellano de una
difusin equivalente a la que dcadas antes haba tenido la estilstica, o a la
que en ese momento tenan la crtica estructuralista y post-estructuralista
francesas.[1]
Sin embargo, cabe preguntarse, cul es la pertinencia de todo este debate, en
apariencia interno al campo de las letras, para una historia de las ideas
psicolgicas?
Para aventurar una
respuesta, puede agregarse que, en 1994, Hugo Vezzetti presentaba un panorama
de la historia de la psicologa en la Argentina en los siguientes trminos:
Ahora bien qu es lo argentino en esta
historia? Los autores y los modelos de conocimiento son europeos en general y
franceses en particular. Frente a esto se suele acentuar la dependencia y la
idea de la mera copia. El problema es ms amplio que el de una historia de la
psicologa y tiene que ver con la cuestin de la conformacin de un pensamiento
y una cultura nacionales. Aqu interesa resaltar la categora de recepcin: una apropiacin activa que
transforma lo que recibe. [2]
Dos aos despus,
tambin Hugo Vezzetti presentara una historia del freudismo en la Argentina
haciendo estas salvedades:
Un punto de articulacin es la insistencia
en la dimensin de la recepcin, una apropiacin [] que no es meramente
reproductiva sino que reconstituye su objeto segn la problemtica que
subtiende las operaciones de lectura. Las lecturas colocan al texto en el marco
de una tradicin, lo incluyen en un mbito de experiencia o se sirven de l
para impulsar un nuevo horizonte de problemas, para trastocar alguna regin del
sentido comn o para establecer nuevas formas de relacin con el pblico.[3]
Vale decir que, de
manera un poco tautolgica, ya hemos esbozado una respuesta a la pregunta
planteada ms arriba: el debate de la categora de recepcin es pertinente para
una historia de las ideas psicolgicas porque, de hecho, ya ha sido utilizada
en la historiografa reciente de la disciplina. Ahora bien, ms all de las
declaraciones de principios, sigue en pie la cuestin de determinar cul ha
sido el verdadero provecho de transpolar este concepto de la teora de la
comunicacin literaria a la historia de la psicologa. En tal sentido,
comenzaremos por resear algunas de las precisiones que Hans Robert Jauss
aportaba sobre la esttica de la recepcin a lo largo de los aos 70.
La esttica de la recepcin y la historia de la literatura
El mismo Jauss
apuntaba que, traducido al ingls y al francs, el trmino Rezeptionsstetik haba dado lugar a la utilizacin de trminos
poco apropiados (reception aesthetics y
esthetique de la rception,
respectivamente). Afortunadamente, en castellano no sucede lo mismo, ya que el vocablo recepcin es particularmente propicio para expresar el doble
sentido, activo y pasivo, de su homlogo alemn. La recepcin importa entonces
un acto de doble faz que incluye el efecto producido por la obra de arte y el
modo en que su pblico la recibe.[4]
Por esta va, la esttica de la recepcin restituye todo su valor a la funcin
activa del lector, considerando que, a lo largo de la historia de la
literatura, han sido los lectores quienes de manera sucesiva han concretizado
el sentido de las obras, por no decir que lo han fijado, o incluso establecido.
Por ello, podra hasta decirse que la historia de la literatura no es ms que
la historia de las interpretaciones de los textos, a condicin de entender por
interpretacin un intercambio de experiencias, un dilogo de preguntas y
respuestas, de acuerdo con este doble aspecto de la recepcin que ya hemos
sealado. Sin embargo, esto que hoy aparece como evidente a la luz de los
desarrollos tericos de las ltimas dcadas, no lo era en absoluto hace treinta
aos. Hasta ese momento, la teora literaria marxista, tratando de dar cuenta
de la materialidad del hecho literario, reduca la experiencia esttica a una
mera superestructura derivada de las relaciones de produccin, toda vez que el
arte no poda ser concebido sino como un reflejo de lo real. La teora
formalista, por el contrario, tratando de rescatar el carcter autnomo de la
literatura haca abstraccin de las condiciones histricas de la experiencia
esttica. Si bien propona una historia de la literatura basada en la evolucin
de sistemas sincrnicos, no llegaba a situarla en el seno de una historia
social ms general. En ese marco, el rescate de la funcin activa del lector
toma un relieve singular, ya que permite el pleno reconocimiento del hecho obstinadamente
rechazado de que la funcin de la obra de arte no es slo la de representar lo real, sino tambin la de crearlo.[5]
Es innegable que
la literatura tiene muchas veces una funcin anticipatoria, ya que acta como
incitacin esttica, planteando preguntas que prefiguran la posibilidad de
nuevas experiencias de la realidad, a las que otras obras pueden dar respuesta.[6]
Es en ese sentido que la literatura puede crear nuevas realidades, empezando
por generar sus condiciones de posibilidad, ampliando los horizontes de la
experiencia, formando la sensibilidad esttica y renovando la percepcin. Y
aqu podramos trazar un paralelo entre las tradas obra-autor-pblico y
mensaje-emisor-receptor, de la teora de la comunicacin. La recepcin de una
obra por parte del pblico, al igual que la recepcin de un mensaje, da lugar a
una respuesta, aunque ms no sea el silencio o la indiferencia. A su vez, la
respuesta ante una obra bien puede ser el simple placer esttico, la toma de
distancia crtica o incluso un acto de creacin, es decir, la produccin de
otra obra, de tal manera que el receptor se transforma tambin en productor,
teniendo la posibilidad de romper con las normas establecidas y de forjar
nuevos cnones estticos.
En consecuencia,
el lector tiene una funcin de seleccin respecto de la tradicin con la que se
confronta: puede apropiarse del pasado (incluyendo las interpretaciones
realizadas por otros lectores) o puede rechazarlo y tratar de superarlo. En
cualquiera de los dos casos, la interpretacin que realice ser forzosamente
parcial, ya que estar limitada por su propio punto de vista, por su propia
perspectiva, como veremos a continuacin. En suma, es en esta concepcin
dialctica (en el sentido de dilogo, de preguntas y respuestas, de problemas y
soluciones), en esta interaccin entre produccin y recepcin, en este
intercambio continuo entre autores, obras y pblicos, donde reside la
originalidad de la esttica de la recepcin.[7]
El recurso a la
interpretacin ubica a esta teora en el plano de las ciencias del sentido,
haciendo profesin de fe hermenutica. Ahora bien, la concretizacin del
sentido de una obra, la interpretacin de un texto, en suma, la conjuncin
entre el efecto propio de una obra y
su recepcin activa por parte del
lector no se realiza en el vaco, sino que responde a todo un sistema de
referencias objetivamente formulable que modula la disposicin del lector
frente a dicha obra.[8] Jauss,
basndose en la nocin husserliana de horizonte de lo vivido, llama a este sistema
de referencias horizonte de expectativas,
y lo considera como el fruto de una experiencia intersubjetiva. Este concepto
de horizonte, precisamente, es central para la esttica de la recepcin, e
implica una doble biparticin en los planos diacrnico y sincrnico. Por un
lado, permite una continua puesta en relacin del presente y el pasado, ya que
se aplica tanto al lector (en el momento que interpreta un texto) como al autor
(en el momento en que lo escribe), lo cual abre a una continua tensin entre el
texto del pasado y el horizonte del presente. Por otra parte, diferencia un
horizonte de expectativas de tipo social, ms general (sostenido por una
precomprensin de la realidad cotidiana, del mundo y de la vida) y un horizonte
ms propiamente literario, regido por los cdigos estticos de la literatura de
la poca, por las normas especficas del gnero y por las formas cannicas de
relacionar ficcin y realidad. De este modo, en el proceso de recepcin, el
sentido de una obra surge de una doble fusin
de horizontes, que continuamente pone en relacin dialctica al presente
con el pasado y a la literatura con la sociedad. Y es en este punto que la
esttica de la recepcin aporta algo nuevo respecto de las teoras literarias
ms tradicionales, resituando la interpretacin en una dimensin histrica y
social, sin por ello despojar al hecho literario de su especificidad esttica.
Por otra parte, la
repercusin de la esttica de la recepcin -y la de su parienta cercana, la
teora de la comunicacin literaria de la Escuela de Berln Oriental- se debi
en cierta medida a la coincidencia de su aparicin con el comienzo de la
declinacin del paradigma estructuralista, hasta entonces dominante en las
ciencias del hombre. Para el estructuralismo, la nocin de estructura no era en
absoluto dependiente de la dimensin social, y sus efectos de sentido, a partir
de sistemas de signos cerrados y sin sujeto, carecan de nexos con su situacin
de produccin y recepcin. Dicho esto, como contraste, es conveniente destacar
que la esttica de la recepcin comparte ciertos rasgos de las teoras
postestructurales desarrolladas por la crtica literaria francesa posterior a
1968, tales como la nocin de obra abierta, la reintroduccin del sujeto y la
revalorizacin de la funcin de transformacin social del texto literario. Sin
embargo, las teoras francesas, de manera reflexiva, hacen surgir el sentido
del texto mismo, mientras que las alemanas explican su constitucin continua a
travs de la interaccin, es decir, a travs de la actividades de produccin y
recepcin literarias. Se pasara as de la experiencia subjetiva del autor a
una relacin intersubjetiva (la relacin dialgica entre el texto, sus
receptores y los receptores entre s).[9]
La esttica de la recepcin y la especificidad de las ideas
psicolgicas.
Si se quisiera
aplicar las categoras de la esttica de la recepcin a una historia de las
ideas psicolgicas debera comenzarse por asumir que se trata de una
transpolacin de dominios, ya que entre los textos pertenecientes al campo
literario y aquellos que provienen del campo de la psicologa existen toda una
serie de diferencias. En primer lugar, es necesario reconocer que en los textos
literarios prima una voluntad de transmisin eminentemente esttica, mientras
que en los textos psicolgicos lo que suele querer comunicarse son los
principios de una teora o las particularidades de una prctica. Sin embargo,
aun cuando la dimensin esttica no quede en primer plano, no puede negarse
que, incluso en los textos de tipo terico, ella juega un papel insoslayable.
Aunque el simple placer esttico no sea su objetivo principal, la produccin y
recepcin de este tipo de textos tambin estn condicionadas por los cnones
literarios de cada poca, que determinan en el lector una cierta afinidad o un
rechazo que no pueden explicarse solamente por razones inherentes a los
contenidos tericos. Es que en el estilo de enunciacin de las ideas, en su
articulacin, en su forma misma, ya hay en juego algo del orden de lo esttico
que, independientemente del contenido propiamente dicho, favorece o no la
aceptacin de determinados enunciados. En trminos piagetianos, no se puede
asimilar algo que no tenga ningn tipo de relacin con los esquemas ya
adquiridos. Tal aprehensin, en la prctica, sera imposible, toda vez que la
incorporacin de lo nuevo slo es factible en el marco de lo viejo, a travs de
las categoras de lo ya conocido. Pero, al mismo tiempo, ms all de los
aspectos cognitivos que implica esta cuestin, el objeto de conocimiento
plantea tambin un carcter afectivo, que lo vincula a una carencia, a una
espera, a una cierta tensin a la cual viene a dar una respuesta satisfactoria
y novedosa.
Por diversas
razones, en cada momento histrico, en cada lugar, el gusto del pblico est
ms preparado para recibir algunos conceptos, para adoptar ciertas teoras. Y
es evidente que la constitucin de ese gusto, la formacin de esa sensibilidad,
es el resultado de una experiencia esttica intersubjetiva, que entre otros
factores responde a la literatura, tanto psicolgica como no psicolgica. Por
este sesgo, en el que el horizonte de expectativas articula aspectos estticos
y cognitivos que trascienden al campo literario, puede resultar provechosa la
utilizacin de la categora de inters
intelectual, extrada de la sociologa histrica del conocimiento. Este
concepto, que debemos a Kurt Danziger, busca dar cuenta de la estructura
intencional transindividual que caracteriza a una disciplina, toda vez que son
sus objetivos, sus propsitos, sus intereses, en definitiva, los que determinan
su lugar respecto de otras disciplinas.[10]
Pero, al mismo tiempo, esos intereses permiten establecer las normas de
evaluacin de la produccin de los miembros de esa disciplina. Es decir, los
intereses intelectuales permiten una doble legitimacin: por un lado, en virtud
de ellos, una disciplina puede obtener el reconocimiento y la legitimacin de
otras comunidades disciplinares u otros actores sociales (como el Estado, por
ejemplo).
Por otra parte,
los intereses intelectuales delimitan el dominio dentro del cual trabajan los
integrantes de una comunidad disciplinar, estableciendo las metodologas a
emplear y los resultados que sern considerados como vlidos. En este sentido,
la categora de inters intelectual sirve para articular factores intra y
extradisciplinares en la produccin y recepcin del conocimiento, superando
clsicas antinomias como la que oponen un contexto social (que acta como
factor externo) a una produccin intelectual que sera especficamente
interna. Resulta evidente que cuando un autor escribe una obra de psicologa,
por caso, lo hace en razn de intereses intelectuales que son a la vez sociales
e idiosincrticos, adems de ser compartidos con su comunidad de pares.
Parafraseando a Jauss, podra decirse que todo autor es en primer lugar un
lector, que como tal est atravesado por la fusin de un horizonte de
expectativas disciplinar y otro horizonte de expectativas ms general,
propiamente social.
Otra categora de
utilidad para la historia de la psicologa, que va en el mismo sentido que las
de horizonte de expectativas e inters intelectual, es la de campo, del socilogo francs Pierre
Bourdieu. Ella busca dar cuenta de la autonoma relativa de una comunidad (cientfica
o intelectual, por ejemplo), respecto de otros grupos y de influencias sociales
ms generales. El campo se define como un espacio complejo, con propiedades y
reglas especficas que constituyen un sistema de relaciones objetivas entre
posiciones adquiridas, donde las ideas, los textos y las prcticas tienen un
valor relativo al carcter posicional de los actores, ya sean estos individuos,
grupos o escuelas.[11]
A su vez, dentro del campo, el acceso a posiciones de autoridad est supeditado
a la acumulacin de un capital simblico especfico, lo cual implica
necesariamente una dinmica de competencia y de lucha por la legitimidad. A
diferencia del interaccionismo simblico, el concepto de campo pone de relieve
el carcter conflictivo de la legitimidad y el reconocimiento, que solo pueden
provenir de los pares que integran el propio campo, quienes a su vez compiten
por la acumulacin de un capital simblico limitado. Esta categora, aplicada a
la historia de la psicologa, permite pensar el carcter especfico de las
ideas y las prcticas de la disciplina, sin por ello perder de vista la
dimensin social, cuya eficacia, sin embargo, resulta mediatizada por la lgica
de las relaciones del propio campo. A su vez, como ya lo sealara Vezzetti, el
concepto de campo abre un camino para abordar las complejidades de la
psicologa, evitando al mismo tiempo los riesgos de la falsa unicidad y del
anarquismo disciplinares a travs de la concepcin de subcampos que ocupan
regiones particulares con propiedades especficas.[12]
Por ltimo, antes
de pasar a los ejemplos, querra destacar otra nocin de Kurt Danziger (1984)
que se complementa con las que ya hemos visto. Me refiero al concepto de problemtica, entendido como un proceso
generador que, como fruto de la interaccin social, plantea problemas comunes a
un grupo determinado. Y aqu cabe hacer una distincin entre problema y
problemtica. Los problemas puntuales remiten ms bien a una dimensin
individual y consciente, en la que los actores se representan aquello que
aparece ante ellos como un obstculo o una dificultad. La problemtica alude en
cambio a una estructura colectiva, patrimonio de un grupo, que es en gran parte
inconsciente, y que constituye el marco dentro del cual los problemas puntuales
se hacen posibles. Una problemtica define los esquemas, las imgenes, las
metforas en trminos de las cuales se formulan los problemas especficos, y
por lo tanto limita la gama de preguntas posibles dentro de su mbito.[13]
Si consideramos con Danziger que las actividades que generan conocimiento
tienen lugar en un contexto de resolucin de problemas, de all se sigue que
los objetos psicolgicos no son el resultado de la invencin de sujetos
individuales, sino que, forzosamente, responden a actividades constructivas realizadas
por grupos que comparten una misma problemtica. Por ello, los verdaderos
sujetos histricos no sern entonces los actores individuales, sino los sujetos
colectivos que acabamos de mencionar.
En resumen, los
distintos conceptos que hemos examinado, a saber, el de horizonte de
expectativas, el de inters intelectual, el de campo y el de problemtica, a
nuestro juicio comparten algunas
caractersticas comunes que los hacen provechosos para una historia de la
psicologa que se pretenda crtica, a saber:
Rompen con las viejas antinomias entre lo social y
lo disciplinar, lo externo y lo interno.
Comprenden los problemas histricos en un marco
transindividual e intersubjetivo.
Aspiran a una cierta objetividad, aunque no de
manera ingenua.
Por otra parte,
estos conceptos, adems de ser articulables entre s, resultan compatibles con
una concepcin de la comunicacin del conocimiento que considera los procesos
de produccin y recepcin de manera dialctica, pudiendo dar cuenta as de la
especificidad de la elaboracin del conocimiento psicolgico en pases situados
en la periferia, como es el caso de la Argentina.
A modo de ejemplo,
podramos tratar de aplicar este modelo de manera un tanto esquemtica. Para
ello, trataremos de poner en relacin la obra de dos autores argentinos de los
aos 1960. Me refiero a Luis Mara Ravagnan y a Jos Bleger. A primera vista,
resulta innegable que ambos fueron contemporneos, considerando que en la misma
poca fueron profesores de las carreras de psicologa recin creadas (en 1959
dictaron incluso la misma asignatura, Introduccin a la Psicologa, en La Plata
y Buenos Aires, respectivamente), que publicaron diversos libros y artculos
durante los aos 50 y 60, y que incluso privilegiaron muchas veces las
referencias a los mismos autores franceses, como Maurice Merleau-Ponty y Daniel
Lagache. Sin embargo, a poco que profundicemos el anlisis, se hace evidente
que all se terminan las similitudes entre ambos, ya que si tenemos en cuenta
cules eran las problemticas a las que queran dar respuesta y cules eran sus
intereses intelectuales rpidamente observamos que en realidad pertenecan a
dos pocas radicalmente distintas. En consecuencia, sus horizontes de
expectativas eran totalmente dismiles y buscaban legitimarse en subcampos
diferentes.
Ravagnan era uno
de los miembros ms antiguos del grupo de profesores que intervino en la
creacin de las carreras de psicologa. Llegaba a esta disciplina a partir de
preocupaciones eminentemente tericas derivadas de su formacin filosfica, en
un recorrido que haba comenzado en Bergson para pasar por la caracterologa y
desembocar en la fenomenologa existencial, pero siempre con una marcada
inspiracin neokantiana, como buena parte de su generacin. A su vez, publicaba
con cierta frecuencia en rganos emblemticos de la cultura letrada y liberal,
como el suplemento dominical del diario La
Nacin y en la revista Sur, o
incluso daba conferencias en el Instituto Francs de Estudios
Superiores o en la Escuela Superior de Guerra. Bleger, por el
contrario, era un joven mdico que llegaba a la psicologa desde su formacin
psiquitrica y su pasin por el psicoanlisis. Miembro a la vez de la
Asociacin Psicoanaltica Argentina y del Partido Comunista, haba ganado
notoriedad a travs de un libro polmico en el que trataba de conciliar
psicoanlisis y marxismo. Para ello, se haba inspirado en sus camaradas
franceses con quienes tena un contacto fluido que siendo tambin psiquiatras
rescataban la psicologa concreta de Georges Politzer. Ya en esa poca,
consideraba que la psicologa era bsicamente un oficio que se defina por su
propia prctica.
Si Ravagnan citaba
a Merleau-Ponty y a Lagache, despojaba a la obra del primero de su dialctica y
a la del segundo de su vocacin clnica y profesionalista, para poner al
humanismo existencialista en continuidad con el espiritualismo bergsoniano.
Si Bleger citaba a Merleau-Ponty y a Lagache, los situaba al lado de Politzer y
de Pichon-Rivire para fundar una psicologa de la conducta compatible con el
materialismo dialctico y una psicohigiene que defina a la salud mental como
un problema social. En definitiva, aunque hayan coincidido parcialmente en
tiempo y lugar, mientras que Ravagnan era uno de los ltimos exponentes del
pensamiento de los aos 40, Bleger era uno de los primeros en hacerse cargo de
los problemas que caracterizaran a los aos 60.
En una historia de
la psicologa hecha desde la periferia, en la que aparentemente no hay ms que
copia o, en todo caso, un collage eclctico de ideas ya concebidas, el inters
reside justamente en mostrar cmo, detrs de esas supuestas copias o detrs de
esas yuxtaposiciones carentes de valor se esconde todo un horizonte de
expectativas radicalmente distinto del de la obra de origen, enlazado a una
problemtica sociohistrica compleja y singular. Y es justamente este horizonte
de expectativas que es importante reconstruir, esas problemticas a las que dan
respuesta los objetos tericos que es necesario desmenuzar para restituir al
proceso de recepcin su carcter activo. A partir de all podrn entenderse
operaciones de lectura que, en otro tiempo o en otro lugar habran resultado
descabelladas, omisiones imperdonables o sincretismos que habran parecido
ridculos.
Para concluir,
podramos agregar que una historia pensada solamente con las categoras del
centro y del presente no puede sino encontrar que los hechos histricos de la
periferia estn fuera de lugar o fuera de poca, y en consecuencia se
contentar con explicarlos en virtud de un inefable espritu de los tiempos,
de un retraso previsible o de un clima de ideas particular de ese lugar
determinado. Sin embargo, este desfasaje slo podr ser salvado en la medida en
que la historia pueda descentrarse respecto del presente y de la perspectiva de
las metrpolis para dar cuenta del carcter diferencial del tiempo y del lugar
histricos, basndose en categoras que, sin dejar de ser crticas, aspiren a
una cierta objetividad.
*
Publicado en 2004 en Frenia, Revista de
Historia de la Psiquiatra, 5 (1), 1-12). Espaa, ISSN: 1577-7200. Este
artculo es una versin ampliada de un trabajo presentado en el Primer
Congreso hispano-portugus de Psicologa, en Santiago de Compostela,
Espaa, en septiembre de 2000, con el ttulo Algunos problemas metodolgicos
de las historias perifricas .
[1] JAUSS, H. R.
(1981). [1979] Esttica de la
recepcin y comunicacin literaria. Punto
de Vista, 12, 34-40 (traduccin de Beatriz Sarlo).
[2] VEZZETTI, H. (1994). Presentacin. En Vezzetti,
Klappenbach y Ros, La psicologa en la
Argentina (pp. 1-13). Buenos Aires: Centro de Estudiantes de Psicologa, p.
5.
[3] VEZZETTI, H. (1996). Aventuras de Freud en el pas de los argentinos. Buenos Aires:
Paids, p. 9.
[4] JAUSS, H. R.
(1981). [1979], p. 34.
[5] JAUSS, H. R. (1978) Pour une
esthtique de la rception. Pars. Gallimard, p 36.
[6] JAUSS, H. R.
(1978), p 83.
[7] JAUSS, H. R.
(1978), p 35.
[8] JAUSS, H. R.
(1978), pp. 54-57.
[9] JAUSS,
H. R. (1978), p 37.
[10] DANZIGER,
K. (1979) The Social Origins of Modern Psychology. En A. R. Buss (ed.), Psychology in Social Context, (pp.
25-44) New York, Irvington Publishers. Hay
traduccin castellana de Hugo Klappenbach, Los orgenes sociales de la psicologa moderna. Buenos Aires:
Departamento de Publicaciones de la Facultad de Psicologa de la UBA (ficha de
la ctedra I de Historia de la Psicologa).
[11] BOURDIEU, P.
(1976) Le champ scientifique. Actes de la
recherche en sciences sociales, (1/2), 1976. Hay traduccin castellana de Alfonso Buch (1994) El campo
cientfico. Redes, 2 (1), 131-160.
[12] VEZZETTI, H. (1992) El campo de la
psicologa a travs de su historia. Buenos Aires: Departamento de Publicaciones
de la Facultad de Psicologa de la UBA (ficha de la ctedra I de Historia de la
Psicologa).
[13] DANZIGER,
K. (1984) Towards a conceptual framework for a critical history of psychology. En Revista
de Historia de la Psicologa, 5 (1/2), 99-107, p.5.