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En 1958, Jos
Bleger, un todava no muy conocido psiquiatra santigueo, miembro de la
Asociacin Psicoanaltica Argentina (APA) y del Partido Comunista Argentino
(PCA), publicaba a travs de la editorial Paids el libro Psicoanlisis y
dialctica materialista. All intentaba examinar el psicoanlisis para
depurarlo de sus imperfecciones tericas y fundar en l una nueva psicologa.
Su operacin iba en sentido contrario de la de Wilhelm Reich, que treinta aos
antes haba tratado de sexualizar la poltica valindose del psicoanlisis.
Bleger, en cambio, siguiendo las huellas de Politzer, se propona
des-sexualizar el psicoanlisis para construir una psicologa que fuera
compatible con el materialismo dialctico.[1] Si bien esa tarea recin se completara en Psicologa de la conducta,
publicada en 1963, su obra anterior permite apreciar mejor el proceso de
construccin y legitimacin de la trama discursiva que implicara el proyecto
blegeriano, de la cual en su trabajo posterior slo puede verse el resultado
final, de una manera ms apretada y con el estilo de un manual. En Psicoanlisis
y dialctica materialista ya se encontraban esbozadas tres preguntas que
muy claramente atravesaran la obra de nuestro autor: qu es la psicologa, qu
es un psiclogo, y cmo se articulan la teora y la praxis psicolgica, la
disciplina y la profesin. Las tres preguntas las respondera incluyendo de
manera central al psicoanlisis e influido por su ideologa marxista. Si bien
su propsito explcito era el de brindar la posibilidad de nuevos caminos a
los que se inician en la psicologa y la psiquiatra (p. 10), a lo largo de
poco menos de doscientas pginas no se terminaba de identificar categricamente
como psiquiatra, como psicoanalista ni como marxista. Lo verdaderamente
llamativo es que para enunciar su discurso se posicionaba claramente dentro
de la psicologa, apostando a un campo acadmico incipiente en el marco del
cual sera una figura casi excluyente durante cerca de dos dcadas. En tal
sentido, nos interesa explorar los efectos que tuvo esta obra en la
conformacin de ese campo, cuya pluralidad inicial aparece hoy empaada por la
hegemona que ms tarde logr el psicoanlisis, que se impuso de una forma tan
rpida como generalizada. Con ese fin, seguiremos algunos de los mltiples
debates que tuvieron lugar despus de la publicacin del libro, poniendo el
nfasis en sus implicancias para la construccin de esa nueva psicologa de
base psicoanaltica ms que en los aspectos ideolgicos de las disputas que,
en gran medida, se situaron en el seno
del marxismo vernculo.
En definitiva, examinaremos las circunstancias que
posibilitaron que Bleger no llegara en 1959 a la carrera de psicologa de la
UBA como un cuasi ignoto psiquiatra santiagueo que daba clases en Rosario,
sino como un miembro de la APA que haba adquirido relevancia y visibilidad,
entre otras cosas, a travs de una serie de polmicas de carcter pblico, que
llegaron incluso a trascender ms all del Atlntico. Por otra parte, ese libro
que traa bajo el brazo (su carta de presentacin a la hora de hacerse cargo de
la ctedra de Introduccin a la Psicologa en 1959), fue lo que le
vali, adems de un progresivo alejamiento del PCA y el recelo de la APA, la
adhesin de los estudiantes de las flamantes carreras de psicologa, que nunca
fueron afines a las ortodoxias institucionalizadas. Ellos estuvieron ms que
dispuestos a recibir con los brazos abiertos a alguien que, de manera
carismtica, les ofreca una versin del psicoanlisis articulable con otros
saberes en boga y, por sobre todo, con un claro compromiso poltico.
Este trabajo va en la misma direccin de
otros en los que ya hemos postulado que, en el corto perodo entre la creacin
de las carreras de psicologa, a fines de los 50, y mediados de los aos 60
se produjeron en nuestro pas diversas confrontaciones y disputas (no slo
tericas) en el campo de la psicologa, cuyo resultado sera determinante para
el desarrollo de la disciplina y la profesin hasta nuestros das (Dagfal,
1998).
El libro de Bleger,
publicado por la editorial Paids en 1958 y reeditado en 1963, fue recibido con
fra indiferencia por la comunidad psicoanaltica, pero gener un profundo
malestar en el seno de la izquierda ortodoxa, lo cual sealara el inicio de un
camino sin retorno que, aos ms tarde, culminara con la expulsin de su autor
de las filas del Partido Comunista (Vezzetti, 1991 y 1998; Ulloa, 1992; L.
Bleger, 1992).[2] Al igual que Bleger con Freud, no nos proponemos hacer un anlisis
ideolgico del libro, sino un estudio histrico de los elementos discursivos
que empezaron a definir esta particular concepcin de una psicologa
psicoanaltica, cuya pregnancia en el medio acadmico argentino llega hasta
nuestros das. Ya desde el prlogo, Bleger dejaba en claro tanto su carcter de
discpulo de Enrique Pichon Rivire como la importancia de la ideologa
personal en la escritura de una obra que defina como introductoria al
psicoanlisis. A su vez la conceba, en tono autobiogrfico, como el fruto de
seis o siete aos dedicados totalmente a estudiar, investigar, aprender y
utilizar el psicoanlisis en todas las direcciones de la prctica ms exigente:
libros, clases, seminarios, tarea teraputica, enseanza y el propio
psicoanlisis. (p. 9). Esta cita aporta datos de no poca importancia, ya que
marca desde un principio el lugar que asignaba Bleger a la prctica analtica
(ya sea en el rol de analista o en el de paciente) como algo indisociable de la
enseanza, el estudio y la investigacin del psicoanlisis, del mismo modo que,
en consonancia con sus ideas marxistas, la teora no poda permanecer separada
de la praxis. En la introduccin, titulada Epistemologa y psicoanlisis,
nuestro autor se propona examinar los a priori conceptuales con los que
trabaj Freud, la estructura de los supuestos con los que elabor su teora, lo
que defina, en trminos pichonianos, como su esquema referencial. Esta tarea
no era emprendida como una especulacin in abstracto, sino como
exigencia del trabajo en el campo operacional concreto, que reclamaba la
utilizacin del materialismo dialctico para hacer ms lcida la experiencia
misma (p. 20). Considerando que la dialctica ya estaba presente en los hechos
del campo operacional del psicoanlisis, Bleger pretenda utilizar el
materialismo dialctico como herramienta de abordaje. No obstante, su objetivo
no era interrogarlo en tanto fenmeno social e ideolgico, segn una tradicin
de larga data en el marxismo, sino estudiarlo como campo especfico de
conocimiento que inclua aspectos epistemolgicos que le eran inherentes. Para
l, el psicoanlisis era bsica y fundamentalmente una psicologa que deba
ser estudiada como tal y en la prctica concreta. (p. 26). Como toda teora
y en particular como toda teora psicolgica implicaba un trasfondo
ideolgico, con cuya crtica poda quedar satisfecho el marxista, a condicin
de que no fuera psiclogo. Sin embargo, apoyndose en citas de Marx, Engels,
Lenin y Mao, consideraba que el psiclogo marxista deba ir ms all de esa
posicin de observador externo: estaba obligado a entrar en la psicologa psicoanaltica,
ya que el psicoanlisis no se supera declarndolo falso, negativo, irracional
o idealista; slo puede ser superado dialcticamente con el Aufhebung
hegeliano (p. 27). De este modo, no alcanzaba con negarlo redondamente, sino
que era menester asimilarlo de manera crtica para poder llegar finalmente a
una sntesis superior, y a esta tarea dedicara Bleger gran parte de su vida.
En el primer
captulo de su libro, dedicado al filsofo hngaro-francs y hroe de la
resistencia Georges Politzer, de manera un tanto forzada lo ubicaba como
psiclogo, pese a que sera difcil referirse a l en esos trminos, ya que
slo se dedic especficamente a la psicologa en los primeros aos de su obra
(1924-1929).
Psiclogo no fue en l nunca sinnimo de
gabinete o de tejedor de especulaciones. Tampoco fue el psiclogo de tcnica o
de profesin, sino ms bien el crtico de la psicologa y el psiclogo de una
vida vivida con plenitud (p. 30).
En todo caso, si
algo lo autorizaba a calificar a Politzer de psiclogo, era su profunda
crtica del psicoanlisis y las psicologas de su poca, que en su obra
temprana haba estado destinada a fundamentar el proyecto de una psicologa
cientfica concreta (que sugestivamente dejara inconcluso luego de su adscripcin
al comunismo). Bleger trat de condensar estas dos etapas haciendo de l,
retrospectivamente, un ejemplo de psiclogo y militante, cuando en rigor de
verdad ambos roles no se haban dado de manera simultnea sino sucesiva, y
difcilmente podan conciliarse sin caer en una contradiccin histrica. Para
Bleger, empero, no haba contradiccin sino continuidad a lo largo de la obra
politzeriana. En la primera etapa se haba enfrentado con la psicologa que
encierra, inaugura y desarrolla el psicoanlisis, mientras que en la segunda,
su trabajo se haba centrado en la ubicacin filosfica y poltica del
psicoanlisis, con la crtica a su sociologa y a su contenido ideolgico (p.
31). De este modo, entre el Politzer de 1928 y el de 1939, entre la Critique
des fondements de la psychologie y Le fin de la psychanalyse, no haba
contradiccin sino continuidad de enfoques complementarios. En todo caso, la
segunda etapa no era ms que una superacin dialctica de la primera, una
negacin constructiva.[3]
Curiosamente,
nuestro autor tambin se defina a s mismo como psiclogo, un tanto
elpticamente y de manera impersonal:
Es fcil negar todo en la psicologa, pero
no se es psiclogo estando fuera del trabajo concreto en la psicologa, ni se
es tampoco psiclogo porque se tenga razn en lo que se rechaza o se niega; se
es psiclogo en lo que se afirma y sostiene en una tarea desarrollada
prcticamente dentro del terreno mismo de la psicologa. (p. 100).
Considerando la
trayectoria de Bleger, que l mismo se haba encargado de destacar en el
prlogo, y la tarea que se propona desarrollar en este libro, ms que una
identidad profesional pareca estar definiendo su propio lugar de enunciacin,
legitimndose para hablar de la psicologa desde una posicin que no implicara
extraterritorialidad. De otro modo, resultara difcil de explicar este inters
prematuro por la definicin del psiclogo, si se tiene en cuenta que en el
momento en que escriba estas lneas recin estaban ingresando los primeros
estudiantes en la carrera de psicologa de Rosario (la primera en crearse en el
pas, en 1956), por lo que el debate sobre esa cuestin recin se iba a
plantear cuatro o cinco aos ms tarde. De cualquier manera, sera precisamente
ese tema el que generara el mayor rechazo de psiquiatras como Lrtora y
Cabral, que se opondran taxativamente a esta necesidad de meterse en el
campo operacional de la psicologa y el psicoanlisis para poder criticarlos.
Sin embargo, Bleger se refera a Politzer como psiclogo, pese a que, segn
vimos, nunca haba ejercido la psicologa de manera prctica sino que la haba
criticado desde el plano terico, lo cual deja en claro que, en ese momento, su
utilizacin del trmino psiclogo responda ms a una estrategia discursiva
que a una clara concepcin profesional.
La tarea emprendida por Politzer en la Critique
implicaba para nuestro autor extraer lo que haba de real en el psicoanlisis,
ms all del idealismo de sus supuestos tericos. En cierto modo, as como
Lenin, siguiendo a Marx, haba planteado que era necesario poner a Hegel de
pie (ya que en virtud de su idealismo y sus postulados clasistas estaba patas
para arriba), el filsofo hngaro-francs haba iniciado un enderezamiento de
Freud que era necesario completar. Esa rectificacin del psicoanlisis haba
comenzado por poner de manifiesto lo que tena de concreto, rechazando la
realidad ontolgica de entidades tales como la vida interior o el
inconsciente. Histricamente, el saber psicolgico clsico se haba diferenciado
del saber prctico por haber ignorado la realidad concreta, suplantndola por
una segunda realidad compuesta por funciones psquicas que se constituan en
herederas del alma. Esta trasposicin del plano de lo real al de lo espiritual
se haba dado a travs del realismo, la abstraccin y el formalismo, que
triplemente traicionaban la realidad concreta. El realismo daba un ser a las
entidades constitutivas de la supuesta vida interior; la abstraccin
sustitua la realidad por actores impersonales, y el formalismo retena la
forma, pero la vaciaba de contenido individual. (p. 45). No obstante,
Politzer vea en la psicologa moderna un abandono de esos vicios; en
particular, en el psicoanlisis, el conductismo y la Gestalttheorie (a
los que Bleger agregaba, un poco tmidamente y casi por compromiso, la
reflexologa), por lo que, para fundamentar su proyecto, pretenda dedicar un
tomo a la crtica de cada una de esas corrientes. En el tomo dedicado al
psicoanlisis el nico que llegara a escribir, propuso el drama como
objeto concreto para una psicologa cientfica, en reemplazo de la conducta,
que descarnada de todo lo humano y considerada mecnicamente haba derivado
en una fisiologa (p. 37). Ms all de sus resonancias romnticas, en su acepcin
politzeriana (no del todo precisa) el concepto de drama englobaba tanto la
conducta como la vida interior, e implicaba tomar los hechos psicolgicos en
primera persona, como segmentos de la vida de un individuo particular, que,
como tales, eran inseparables de aqulla. Este concepto vena a responder de
manera afirmativa a una pregunta fundamental por la necesidad de la existencia
de la psicologa misma: Hay un conjunto de hechos reales que justifican la
introduccin de una ciencia psicolgica en el conjunto de las ciencias que se
ocupan del hombre? (pp. 38-39). A su vez, rechazaba todo animismo que
pudiera leerse detrs de esta definicin. Lo verdaderamente relevante no eran
los datos de la conciencia (mediatos o inmediatos) ni una original forma de la
percepcin (interna o externa) sino los hechos reales y concretos. Sin embargo,
tambin era necesario situar el drama en su determinacin estructural, ya que
segn Politzer,
la psicologa toda no es posible sino enclavada en la economa, y es por
ello que la psicologa presupone los conocimientos adquiridos por el
materialismo dialctico y debe constantemente apoyarse sobre ellos. Es entonces
el materialismo dialctico la verdadera base ideolgica de la psicologa
positiva (Politzer, 1929)[4].
Esta aseveracin
contundente mereca una aclaracin adicional de parte de Bleger,
particularmente interesado en resguardar el lugar de la subjetividad: que la
psicologa estuviera enclavada en la economa no implicaba que la estructura
determinase de manera directa y causal a la superestructura, ya que entre las
relaciones de produccin y los hechos psicolgicos de un sujeto haba que
considerar todo un escalonamiento de intermediarios dialcticos
recprocamente interactuantes, cuya omisin desembocara en una explicacin
mecanicista (p. 40-41). Era precisamente esta preocupacin por conciliar
marxismo y subjetividad la que llevaba a Bleger a la obra de Politzer, quien a
su vez haba utilizado el psicoanlisis como va regia para acceder al drama
de lo humano. En particular, la Traumdeutung le haba permitido estudiar
el sueo como un hecho del sujeto (p. 48) cuyo anlisis, al igual que el de
los sntomas, no poda sino realizarse en primera persona. En tal sentido,
interpretar no era ms que hallar el significado, lo cual implicaba explicar
tanto el sueo como el sntoma en funcin de la vida concreta del sujeto
(p. 49). As, el psicoanlisis, poniendo de manifiesto la vida dramtica del
individuo, haba operado una ruptura con la psicologa clsica, que slo
conceba abstracciones en tercera persona bajo la forma de funciones anmicas y
causas impersonales. Sin embargo, en sus elaboraciones metapsicolgicas
posteriores, Freud haba vuelto a caer en esos mismos errores. Haba tomado el
contenido manifiesto, el relato significativo inherente a una dialctica
individual, como el resultado de la accin de entidades ontolgicamente
preexistentes en un supuesto aparato psquico. Pero, para Bleger, justamente
aqu resida el mrito de Politzer:
[...] es el de haber sealado el punto crucial del
psicoanlisis en el cual sus descubrimientos se mistifican y el hallar en las
teoras idealistas los hechos en los cuales las mismas se basan. Los errores de
Freud sobrepasan, por otra parte, la explicacin en el plano estrictamente
individual; con sus errores, Freud representa una etapa necesaria en la
psicologa (p. 53).[5]
En resumen, ms all
de la simple crtica ideolgica, Politzer haba comenzado a extraer del
psicoanlisis el saber concreto que su prctica traa aparejado. Las
teorizaciones idealistas de Freud, que no eran ms que un momento histrico en
el progreso de lo real, no invalidaban su aporte para una psicologa
verdaderamente cientfica. La clnica del psicoanlisis, cuyos descubrimientos
haban sido confirmados ms tarde por la reflexologa, haba introducido por
primera vez a la dialctica en el campo de la psicologa, permitindole
apropiarse de su objeto de estudio: la dramtica. Restaba entonces culminar la
revisin del psicoanlisis y en eso consista el legado politzeriano que Bleger
se aprestaba a retomar en los siguientes trminos:
Esta tarea tiene que ser terica y prctica;
prctica detallada volviendo a recorrer los caminos que recorri Freud, volver
a sus experiencias, fundir este trabajo parcial en la teora y prctica de la
dialctica materialista; volver a plantear, de retorno, la tarea terica y
prctica en la psicologa (p. 62).
Claramente, el
programa blegeriano segua los pasos del de Politzer, con un recorrido que
pasaba por el psicoanlisis para desembocar en la psicologa, de modo tal que
la revisin y crtica del psicoanlisis slo tenan sentido en relacin con la
construccin de una nueva psicologa, cuyos fundamentos tericos recin iba a
terminar de sistematizar en su obra ms destacada, Psicologa de la conducta,
publicada en 1963.[6]
En los captulos subsiguientes, Bleger se dedicara
en primer lugar a examinar con mayor detenimiento los esquemas referenciales
utilizados por Freud, bsicamente, la fsica mecanicista y el evolucionismo,
extrayendo las consecuencias que la utilizacin de esos marcos tericos haba
tenido para el psicoanlisis, a saber, la reduccin de los fenmenos a
trminos de materia y fuerza (p. 67) y
el empleo del mtodo histrico-gentico, que implicaba el estudio de la
conducta en cuanto proceso, en su origen, desarrollo y transformacin (p. 84).
Llegaba de este modo al estudio de lo que denominara psicologa dinmica,
trmino que encerraba una ambivalencia: por un lado, tena un significado ligado
al evolucionismo, que comprenda el estudio de los fenmenos psicolgicos como
procesos, y, por el otro, un sentido que remita al estudio de las fuerzas que
determinaban los hechos psicolgicos. Entre estas dos acepciones se encontraba
el abismo que separaba a la dialctica de la lgica formal. Mientras que la
comprensin de la conducta como proceso permita un adelanto en el campo
operacional, en el manejo de los hechos, su reduccin a un interjuego de
fuerzas (las pulsiones) implicaba una transposicin terica que se apartaba de
lo concreto basndose en un realismo ontolgico que no era ms que una de las
formas del idealismo. La revolucin freudiana radicaba para l en esa primera
acepcin de la psicologa dinmica, que delimitaba el fenmeno psicolgico como
proceso, separando psicologa de metafsica a travs del concepto de conducta.
En este punto, la operacin de lectura que Bleger realiz con Freud parece ms
lagacheana que politzeriana, aunque las citas a Lagache no tengan en este texto
el lugar de privilegio que s ocuparan en la Psicologa de la conducta.
Precisamente, esta interpretacin del psicoanlisis en trminos
comportamentales vena siendo elaborada en Francia por Lagache desde 1948,
diciendo que era necesario desplazar su objeto de exploracin, reemplazando el
estudio del inconsciente por el anlisis de la conducta (Lagache, 1948). Un ao
despus, llegara incluso a sostener que la unidad de la psicologa slo podra
alcanzarse planteando a la conducta como su nico objeto, ms all de las
diferencias metodolgicas que pudieran existir entre los distintos abordajes
psicolgicos (Lagache, 1949). Pero Lagache, a diferencia de Politzer, no tena
ninguna relacin con el marxismo ni propona una epistemologa realista basada
en el materialismo dialctico.
Para Bleger, la
teora psicoanaltica se haba apartado de las bondades de su prctica merced a
una desarticulacin de la dialctica, que bsicamente poda explicarse a
partir de la utilizacin, por parte de Freud, de la lgica formal para dar
cuenta de lo real, lo que a su vez haba resultado en teorizaciones basadas en
la separacin y el aislamiento de trminos antinmicos que en los hechos
correspondan a procesos dialcticos. El problema haba sido que el maestro
viens se haba topado con la dialctica de lo real sin contar con los
elementos conceptuales apropiados para abordarla. As fue que en sus primeros
tiempos descubri la alienacin, la contradiccin y el conflicto inherentes a
la conducta, pero no pudo ms que teorizarlos en trminos de fuerzas y
energas, desarticulando todo movimiento dialctico de acuerdo con el
materialismo mecanicista imperante en su poca. La unidad de la conducta fue
fragmentada en conceptos antitticos separados, que a su vez fueron
transformados en elementos formales constituyentes de un supuesto aparato
psquico. De tal modo, la disyuntiva no slo se daba como habitualmente se
sostena entre materialismo e idealismo, sino entre materialismo dialctico y
materialismo mecanicista. No obstante, sobre el final de su obra, Freud se
haba percatado de su error y haba vuelto a abordar la conducta a partir de lo
concreto, en clave dramtica, retornando a la consideracin de la persona total
a partir de una psicologa del yo.
En el caso de la teora de las pulsiones, la meta
de nuestro autor era reelaborar las abstracciones elucidando los movimientos
reales y concretos que se escondan detrs de las formulaciones animistas o
idealistas (p. 99). Con ese propsito, Bleger planteara la
necesidad de estudiar el concepto de fuerza. Por ms que Freud las hubiera
hecho depender del soma, las pulsiones no remitan al materialismo sino al
animismo. El concepto de fuerza, tomado de la fsica de la cual derivaba su
presunta objetividad haba sido utilizado bajo el nombre de instinto [pulsin]
como explicacin causal y no para una descripcin fenomnica. De este modo se
ubicaba a una abstraccin derivada de una sensacin subjetiva en el lugar de
una causa objetiva pero intrapsquica. En este punto, siguiendo a Pichon Rivire,
Bleger se vala de la teora del campo de Kurt Lewin para corregir a Freud: la
conducta ya no dependa de fuerzas interiores, sino de la estructura de un
campo en el que el objeto se hallaba en relacin con su medio. Aproximndose al
final, Bleger retomara en detalle la teora de las pulsiones como un caso
particular de la transposicin del movimiento dialctico de la conducta en
movimiento mecnico. Alegaba que Freud traspona las contradicciones y
oposiciones que haba descubierto en la conducta (sadismo-masoquismo,
activo-pasivo, placer-displacer, sujeto-objeto) explicndolas a partir de un
cierto nmero de fuerzas elementales. En consecuencia, la tarea que propona
realizar era la de una reduccin de esa trasposicin para volver a la dramtica.
No se trataba de una reduccin
eidtica, como en el caso de la fenomenologa, sino de algo as como una epoch
dialctica que aspiraba a reencontrar los distintos trminos de la estructura
de la conducta all donde Freud haba interpuesto el artificio de un aparato
psquico.
Para dar cuenta del
divorcio entre la teora y la prctica psicoanalticas, Bleger apelaba a la
categora politzeriana de dramtica, que opona a la dinmica que ya hemos
examinado. Sin embargo, la dramtica tal como era definida por nuestro autor no
era exactamente la dramtica de Politzer, que, segn mencionramos, era un
concepto bastante impreciso. En este punto Bleger apelaba a su propio arsenal
de referencias tericas, construyendo una nocin compleja a travs de una Aufhebung
que combinaba el psicoanlisis con la fenomenologa y la psicologa
contempornea. En principio, la dramtica era la descripcin, comprensin y
explicacin de la conducta en funcin de la vida del paciente, en funcin de
toda su conducta (p. 113). Era lo que, de hecho, hacan los psicoanalistas en
su prctica al comprender e interpretar, reduciendo la conducta a
motivaciones, hechos y situaciones, en trminos concretos de vida humana (p.
113). No obstante, la teora se haba apartado de ese camino, adoptando
explicaciones abstractas de tipo dinmico, que reemplazaban la dialctica de lo
real por conceptos como el de pulsin, de tipo mecnico. Para Bleger, la
dramtica poda admitir diversas teoras, siendo la pulsional la menos
apropiada. Tomando al primer Freud (en Ana O., por ejemplo) deduca que los
sntomas podan explicarse claramente como el emergente de una situacin,
apelando para ello a la teora de las relaciones objetales. En este sentido, el
Freud de la teora de las pulsiones iba a ser corregido, por un lado, por el
Freud decimonnico de las neurosis actuales y por los postfreudianos que
pusieron de relieve la relacin de objeto (Klein, Balint, Spitz, etc.). Por
otro lado, Kurt Lewin aportaba la teora del campo, que serva para dar an
mayor importancia al punto de vista actual por sobre los enfoques
histrico-gentico y dinmico privilegiados por Freud. Bleger destacaba tambin
la importancia del aqu-ahora-conmigo como situacin concreta en la que
transcurra la sesin analtica y que daba su sentido a los sntomas, por
oposicin a las explicaciones que se basaban de manera excluyente en las
fantasas y fijaciones de la historia del sujeto.
En definitiva, la
dramtica blegeriana terminaba acercndose ms a una versin aggiornada de
la lectura pichoniana de los conceptos de vnculo y campo psicolgico que a la
categora de Politzer, que estaba ms ligada a la descripcin de la experiencia
vivida de la fenomenologa y la psicologa comprensiva. Este deslizamiento
entre dramtica y campo, que se produca en el plano de la
teora, tambin se acompaaba de una redefinicin de la praxis psicoanaltica
en trminos pichonianos.[7] En este sentido, la relacin entre analista y analizando se planteaba
como una relacin dialctica en espiral, siendo el analista un agente activo
en forma inevitable, y no un puro observador, como en las ciencias
naturales (p. 134-135).[8] Paralelamente, este cambio de posicin implicaba una reduccin de la
importancia del mtodo histrico-gentico, ya que los sntomas comenzaban a
aparecer ms como emergentes situacionales que como resultantes del pasado
del sujeto. As, las interpretaciones deban basarse en los hechos concretos
tal como son dados en la conducta, prescindiendo de trminos tcnicos o
construcciones abstractas (p. 138). Estas modificaciones, explicadas por
nuestro autor como parte de un proceso evolutivo en la historia del
psicoanlisis, venan a evidenciar que se haba producido un cierto divorcio
entre la teora y la prctica. Mientras la prctica se manejaba cada vez ms en
el plano de la dramtica, la teora se segua formulando en trminos dinmicos.
En consecuencia, se haca necesario adecuar la teora a las exigencias de la
prctica, introduciendo la dimensin social que implicaba la sesin psicoanaltica
entendida como una relacin bipersonal, como una totalidad o configuracin
dinmica inserta en una situacin. Aqu las referencias se multiplicaban, y
Bleger apelaba tanto a Dewey como a Ortega y Gasset y a von Uexkll para forjar
el concepto de anlisis situacional, segn el cual eran las condiciones
operantes en cada momento de una situacin dada las que hacan que las
conductas del paciente y del terapeuta emergieran como necesarias. De este
modo, el emergente situacional se presentaba como algo nuevo y original, y no
como exteriorizacin de algo ya dado. Una vez ms, la referencia a Pichon
Rivire era explcita: siguiendo su concepcin sobre las reas de la
conducta, para nuestro autor la historia del psicoanlisis haba empezado por
centrarse, de manera sucesiva, en la mente y el cuerpo, para terminar por
incluir al mundo externo, es decir, a la dimensin social.
En cuanto a la
ortodoxia marxista, Bleger rompa osadamente con sus postulados, ya que sus
trabajos sobre psicologa se quedaban
[...] en el plano de las declaraciones
doctrinales, repitiendo las frases de Marx y Engels sobre la funcin del
cerebro como base material del fenmeno psicolgico, sin poder entrar realmente
a elaborar una psicologa (p. 156).
Si bien admita los
progresos de la neurofisiologa, para nuestro autor, la psicologa dialctica y
materialista deba asentarse sobre el fenmeno de la alienacin. Puede leerse
entre lneas que de aqu se deduca un rechazo de la pertinencia de la
reflexologa (que ni siquiera era mencionada) para dar cuenta de este fenmeno,
tarea para la que el psicoanlisis pareca mucho mejor posicionado. En esa
direccin, Bleger examinara al primer Freud, y en una rara combinacin de
kleinismo y materialismo dialctico tomara la conversin histrica como
enajenacin de una parte del cuerpo, una escisin del yo, fenmeno que
asociaba con la divisin esquizoide (p. 164). Luego, ilustrara de manera
abundante la trasposicin mecanicista que implicaron la primera y segunda
tpica y la teora de las pulsiones, para volver finalmente al tema de la
alienacin y la escisin del yo, pero en el Compendio de psicoanlisis, de
1938. Planteaba que all la neurosis operaba como la lgica formal,
solucionando una contradiccin (de la conducta) por medio de una escisin (del
yo), proceso que se complementaba con la represin (es decir, la alienacin) de
uno de los trminos antagnicos.
Finalmente, Bleger
terminaba proponiendo una psicopatologa basada en el fenmeno social de la
alienacin, cuyos efectos sobre el hombre describa como aislamiento,
incomunicacin, sensacin de vaco, despersonalizacin y automatizacin. A
partir de all, siguiendo una vez ms a Melanie Klein y a Pichon Rivire,
planteaba que la divisin esquizoide, subyacente en la estructura de toda
conducta, era la contrapartida psicolgica de la alienacin. En ella el sujeto
proyectaba determinadas cualidades en ciertos objetos, que a su vez se
enajenaban, pudiendo referirse la psicopatologa a la modalidad de los vnculos
del sujeto alienado con los objetos enajenados (p. 192). As, el estudio
psicopatolgico no era ms que una reduccin fenomenolgica del proceso de la
alienacin, ya que todas las neurosis se asentaban en su equivalente
psicolgico: la divisin esquizoide (p. 194). Hasta aqu, el libro de Bleger.
En 1959, en la
seccin Correspondencia de la revista Acta Neuropsiquitrica Argentina
(de cuyo comit de redaccin Bleger era miembro), se produjo uno de los debates
a los que dio lugar el libro que acabamos de comentar. El psiquiatra Adolfo
Lrtora, tambin miembro del PCA, profesor en la Facultad de Medicina de la
UNLP y futuro profesor de la Carrera de Psicologa de la misma Universidad, en
una carta dirigida a los directores de la publicacin, rechazaba de plano las
ideas de nuestro autor, apoyndose tambin en los escritos de Politzer. No
obstante, se basaba en los escritos posteriores a su adscripcin al comunismo en
1929, tanto para criticar al primer Politzer como para descalificar a Bleger,
quien, segn l, no era ms que otro de los profetas del freudo-marxismo, que
desconoca que entre Marx y Freud no poda haber jams una conjuncin sino una
disyuncin excluyente. Detrs de un contenido aparente marxista se esconda
un contenido latente: el arsenal ideolgico de la reaccin que buscaba
vaciar al marxismo de su carcter materialista y revolucionario (Lrtora,
1959: 334). El psicoanlisis no slo no era un pensamiento de vanguardia,
una conquista progresiva de la humanidad, la verdadera revolucin efectuada
por Freud, como pretenda Bleger, sino que tampoco era una psicologa. Y aqu
radicaba el ncleo ms virulento de la crtica de Lrtora al psiquiatra
santiagueo:
Ignora que la psicologa no es la recproca
masturbacin mental psicoanaltica, sino la teora y prctica de la ingeniera
del alma infanto-juvenil progresista! (p. 334).
Ms all de la
reduccin del psicoanlisis al estatuto de onanismo intelectual, llama la
atencin la definicin de la psicologa en trminos que habran sido ms dignos
del perodo stalinista. De cualquier modo, la disputa se centraba en dnde
deba fundarse una psicologa verdaderamente materialista y dialctica, a lo que
el psiquiatra platense responda segn los lineamientos de la ortodoxia del
partido, es decir, postulando la necesariedad de la reflexologa. En tal
sentido, reclamaba para Pavlov el lugar de hroe positivo que Bleger haba
dado al primer Politzer, a quin a su vez desechaba acusndolo de
existencialista. Para l, al tirar por la borda las teoras del inconsciente y
la libido sexual, Bleger haba reducido el psicoanlisis a un psicoanalismo
dramalgico, que no era freudismo sino existencialismo (p. 339). En sus
comienzos, Politzer se haba basado en la trascendencia y el subjetivismo
intuicionista de Dilthey, Spranger, Husserl y Heidegger; Pavlov, por el
contrario, encarnaba el materialismo dialctico en materia de psicologa (p.
338). Por lo tanto, la personalidad deba definirse como conjunto sistemtico
de estereotipos dinmicos, es decir, como un conjunto de reflejos
condicionados adquiridos a travs de la experiencia concreta o con la ayuda del
lenguaje entendido como un segundo sistema de sealacin. El comportamiento
implicaba una continuidad entre la ontopsicognesis, es decir, la formacin de
los reflejos condicionados, y la filognesis, ya que aqulla se asentaba sobre
los reflejos absolutos comunes a la especie. Entre psicologa y fisiologa no
haba ninguna muralla china, cosa que Bleger haba ignorado al excluir a la
reflexologa del campo de la psicologa, definindola como una mera
neurofisiologa. Sin embargo, haba dejado una puerta abierta a una
articulacin posible, diciendo que as como la reflexologa haba confirmado la
clnica aportada por el psicoanlisis,
por otra parte, deba completarse con la psicologa y la psicoterapia
para ser consecuente consigo misma (Bleger, 1958: 121). Lrtora se encargara
de cerrar esa puerta, negando de manera categrica toda relacin posible entre
pavlovismo y psicoanlisis, y pidiendo a los psicoanalistas que desecharan su
psicologa y su psicopatologa sin cerebro.
En este punto,
Lrtora se situaba en una lnea dura en lo que respecta a la relacin entre
reflexologa y psicoanlisis en nuestro pas, a diferencia de muchos
psiquiatras que, desde ambos bandos, lo haban precedido en una posicin ms
dialoguista. Ya en 1942, ngel Garma, poco antes de fundar la Asociacin
Psicoanaltica Argentina, haba dedicado un captulo de su libro El
psicoanlisis, presente y perspectivas, a la exploracin de las
vinculaciones entre las dos teoras.[9] En 1944, Konstantin
Gavrilov, profesor de psicologa en la Universidad de Tucumn e inmigrante
ruso, haba publicado El problema de las neurosis en el dominio de la
reflexologa, donde se acentuaba el paralelismo entre Freud y Pavlov a
travs de una interpretacin reflexolgica de las neurosis y las psicosis. Como
muestra irrefutable de acercamiento, el prlogo haba sido escrito por el mismo
Pichon Rivire, quien daba cuenta de que, a travs de sus ensayos
psiquitricos, la reflexologa se haba acercado a los problemas de la
psicologa profunda. Si bien entre psicoanlisis y reflexologa haba discordancias
filosficas, Pichon consideraba que las resistencias mutuas deban ser
vencidas, tanto las de carcter ideolgico (de los psicoanalistas hacia los
reflexlogos) como las de tipo emocional (de los reflexlogos hacia los
psicoanalistas). En 1952, en Teora y prctica del narcoanlisis, el
joven Bleger haba tratado de fundamentar ciertos puntos de la teora del
narcoanlisis en trminos de la fisiologa del sistema nervioso, explicando,
por ejemplo, la catarsis como un caso de reactividad ultraparadojal. En 1953,
Gavrilov citado por el mismo Lrtora, haba publicado El psicoanlisis a
la luz de la reflexologa, como un intento de fundamentar desde el
pavlovismo los descubrimientos del psicoanlisis, y de correlacionar ambas
doctrinas con los conceptos biolgicos de la poca. Finalmente, Gregorio
Bermann, el ilustre psiquiatra cordobs que se vanagloriaba de haber sido el
primero que en el pas, desde 1920, ha practicado el psicoanlisis, tanto como
de haberlo abandonado y objetado pblicamente, terminara terciando en la
disputa entre Bleger y Lrtora (Bermann, 1960: 108). Si bien agradeca la
crtica de Lrtora y comparta la mayor parte de sus reparos ideolgicos (segn
veremos ms adelante), consideraba que haba que salir al paso de los pavlovistas
dogmticos que afirman que la psicologa comienza y termina con la fisiologa
del sistema nervioso superior (p. 117). Luego de rescatar los descubrimientos
de Pavlov y considerar la reflexologa como una autntica revolucin
cientfica, valindose de la obra de Shakespeare, no dejaba de sealar que
aunque la fisiologa del sistema nervioso pudiera dar cuenta del sonambulismo y
la ceguera de la mujer de Macbeth, no poda seguir las infinitas y
complejsimas peripecias del acontecer humano (p. 120). No obstante, esto no
quera decir que Bermann rescatara la dramtica, sino tan solo que pensaba que
la fisiologa no poda reemplazar a la psicologa. El psicoanlisis, por su
parte, era todava para l la psicoterapia ms estructurada y, por ende, la ms
enseada. Sin embargo, haba llegado el tiempo de una nueva psicoterapia
racional, que utilizara tanto los hallazgos psicoanalticos como los
descubrimientos de Pavlov, por lo que se lamentaba de que Bleger slo se
hubiera perdido en las calles ciegas del psicoanlisis en vez de sumarse a
las filas de los arquitectos de los tiempos nuevos (p. 116).
En su
respuesta a Lrtora, Bleger volva a insistir sobre la importancia de la
prctica concreta por oposicin a la esterilidad de las discusiones tericas,
desembocando nuevamente en una definicin del psiclogo y la psicologa:
La psicologa exige conocimientos muy vastos, pero
no se es psiclogo por lo que se sabe de filosofa, epistemologa,
antropologa, etctera, sino que se es psiclogo cuando se trabaja en un campo
definido con la psicologa. La dicotoma entre lo que se hace y las teoras y
conocimientos que se esgrimen es flagrante [...] Me interesa insistir frente a
los jvenes que se sienten atrados por la psicologa que slo sern psiclogos
haciendo de la psicologa un oficio [...] (Bleger, 1959: 478).
Una vez ms, con su
estrategia retrica, hbilmente Bleger se autodefina como psiclogo en razn
de su prctica, mientras que dejaba a su contrincante el lugar del crtico puro
que slo se empeaba en un debate terico, pero nada deca acerca de su
accionar. Incluso, instaba a los jvenes a apropiarse de la psicologa haciendo
de ella un oficio, cosa que seguramente provocaba mayor adhesin que la
definicin lertoriana de la psicologa como teora y prctica de la ingeniera
del alma infanto-juvenil progresista. De hecho, Lrtora apenas pasara
fugazmente por la Carrera de Psicologa de La Plata, siendo su alejamiento una
consecuencia directa del rechazo que gener en los estudiantes de las primeras
promociones, que lo calificaban de psiquiatrn (Delucca, 1998). Cuando en
1963 public su libro Refundamentacin de la psiquiatra, debi hacerlo
por cuenta propia, ya que, probablemente, ninguna editorial estuvo dispuesta a
aceptarlo. Con expresiones tales como el anticientismo reaccionario
psicoanalista (p. 11), el nazi Heidegger (p. 7) y dualismo
antirracionalista de lo ms burdo y rampln (p. 7), trataba de desechar las
teoras que, a su entender, haban florecido a causa de la crisis de la
psiquiatra, haciendo reverdecer actitudes mentales medievales (p.6). La
dicotoma era clara: por un lado en su vertiente psicoanaltica o existencial
haba un antirracionalismo instistivista, inconscientista, emocionalista,
afectivista y subjetivista. Por el otro, Pavlov haba construido una nueva
teora del hombre, objetiva y racional, que lo defina como un ser vivo
cortical con segundo sistema de sealacin (p.9), un animal con una estructura
dinmica (compuesta por reflejos condicionados) que haba desarrollado la
facultad de conocerse a s misma. Si lo psquico se defina en trminos
crtico-cerebrales, el psicoanlisis, que era un mtodo de estudio del
diencfalo, no poda ser su va de acceso. Ms bien por el contrario, el nico
camino apropiado era el de la fisiologa experimental reflexolgica. A tal
punto eran extremas las apreciaciones contenidas en el libro, que, Guillermo
Vidal, el director de Acta, que en 1959 haba publicado su debate
con Bleger, hizo una resea profundamente negativa, que daba cuenta del
aislamiento en que haba quedado una posicin tan intransigente como la de
Lrtora. Calificaba su lucha contra los molinos de viento del psicoanlisis y
el existencialismo como una faena tan esforzada como intil (p. 89), que no
dejaba salvacin posible a excepcin de la reflexologa pavloviana. Para Vidal,
su falta de respeto por las ideas del otro (cosa que Bleger haba denominado
ms acadmicamente como la estructura de su crtica), lo dejaba fuera de la
ciencia.
Desde principios de
los aos 30, el tema de la psicoterapia, es decir, de la cura por medios
verbales haba pasado a ser el denominador comn de los intentos de renovacin
del campo psiquitrico en nuestro pas. El paradigma heredo-degenerativo, que
en diferente grado haba orientado a Ingenieros, Ponce y Mouchet, por caso, ya
haca varios lustros que haba comenzado a tambalear a partir de la crisis del
positivismo, por lo que la fijeza que haba caracterizado a las enfermedades
mentales de antao iba dando paso una concepcin ms funcional, en la que el
medio y la biografa tenan un lugar preponderante. En ese entonces, surgieron
desde los intelectuales de izquierda de la medicina diversas iniciativas que,
en nombre de la psicoterapia, tendan a conjugar mltiples corrientes (como el
psicoanlisis que ya se transformaba en la cura verbal por antonomasia, la
reflexologa, la fenomenologa existencial, la caracterologa y la psicologa
social) en la bsqueda de una recomposicin de la unidad del campo que cada vez
pareca ms lejana.[10] En ese marco eclctico, Jorge Thnon y Gregorio Bermann fueron dos de
los primeros cultores del freudismo en la izquierda verncula. Jorge Thnon ya
desde 1928 haba retomado el olvidado tema de la hipnosis a partir de su
prctica clnica hospitalaria. Discpulo de Arturo Ameghino, Jos Borda y
Christofredo Jakob, rompi con sus predecesores al apartarse de la locura
centrando su inters en las neurosis y, por consiguiente, en el psicoanlisis.
No obstante, a partir de 1935 iniciara un derrotero que, en virtud de su
compromiso poltico con el marxismo, lo alejara cada vez ms de Freud y lo
acercara a la reflexologa. En 1963, en una obra de madurez titulada Psicologa
dialctica, terminara desechando por completo las tesis psicoanalticas
por falaces e imaginarias (Thnon, 1963: 14). Al mismo tiempo, intentara
sintetizar una psicologa general en clave reflexolgica, para terminar
proponiendo una psicoterapia racional bastante eclctica, que si bien inclua
dentro de la psicologa aplicada la conceba como una rama de la medicina. Ms
adelante veremos el lugar de Thnon en la recepcin de la obra de Bleger en el
seno del PC.
Por su parte,
Gregorio Bermann, a quien ya hemos mencionado, haba sido uno de los pocos
argentinos en conocer a Freud personalmente, adems de Nerio Rojas y Vctor
Mercante.[11] Discpulo de Ingenieros y fundador de la revista Psicoterapia,
Bermann haba tenido una trayectoria en parte equiparable a la de Politzer: su
temprana afinidad con las teoras freudianas, notoria en los contenidos de la
revista, se haba visto opacada a partir de su compromiso militante, que lo
llevara a Espaa a defender el rgimen republicano. A su regreso, seguira un
derrotero parecido al de Thnon, cada vez ms crtico respecto del
psicoanlisis y ms cercano a la reflexologa, en virtud de su proximidad con
el Partido Comunista. Ya en 1948, consecuente con su compromiso con el
materialismo dialctico, Bermann iba a prologar los Principios elementales
de filosofa de Politzer (Vezzetti, 1996). Un ao despus, se iba a hacer
eco de la crtica del psicoanlisis que en Francia haba emprendido un notorio
grupo de jvenes psiquiatras pertenecientes a la izquierda intelectual (afines
a la revista La Pense, de la cual Politzer haba sido co-fundador en
1939), que cobr estado pblico a travs de un documento titulado La
psychanalyse, idologie ractionnaire, publicado en La Nouvelle Critique,
rgano de los intelectuales comunistas. En realidad, dicho documento, que
retomaremos ms adelante, haba sido ms bien una autocrtica realizada a
instancias de la direccin del Partido Comunista Francs, que por esos tiempos,
con acciones de ese tipo mostraba su alineamiento con el stalinismo del PCUS
(Roudinesco, 1993). Pocas semanas despus, Bermann comentara de manera
entusiasta esta empresa que desde el materialismo dialctico e histrico, a su
juicio, evidenciaba la crisis del psicoanlisis, poniendo el nfasis en su
naturaleza individualista y clasista. Para ello, ya en esa poca, se basaba en
la obra del ltimo Politzer (Bermann, 1949). Curiosamente, la nica respuesta
al artculo de Bermann provendra del campo literario. Arturo Capdevila, cuya
fe en el ilustre viens se haba cimentado en el medio artstico (e incluso lo
haba llevado a dedicarle un libro titulado Consumacin de Sigmund Freud,
un poema dramtico en el cual lo comparaba con Coln, por ser un verdadero
hroe que haba descubierto los misterios del Yo), le recordaba a Bermann su
carcter de precursor del psicoanlisis, de sacerdote y apstol de este nuevo
Dios (Capdevila, 1949). Bermann, en su respuesta, no renegaba de su pasado
freudiano ni de los mritos de su viejo maestro, cuyo mtodo deca seguir
utilizando en parte; no obstante, haba logrado rectificarse, adoptando la
posicin natural a travs de un largo y fatigoso camino (Bermann, 1949).
Esta apretada
sntesis sobre la
psicoterapia en la cultura de izquierda
viene al caso para resaltar dos cuestiones. Por un lado, resulta evidente que
los problemas que Bleger abord en su libro de 1958 ya tenan una larga
historia en nuestro pas. Tanto la articulacin crtica entre psicoanlisis y
marxismo como la referencia a Politzer no eran de suyo originales, as como
tampoco lo era su inters por la psicoterapia. Por otra parte, se hace evidente
la histrica estrechez de los lazos de la intelectualidad argentina con el
pensamiento francs, en particular, en esa franja de la izquierda comprometida
con la renovacin del campo psiquitrico. No obstante, el libro de Bleger s
tuvo un aspecto poco comn: logr insertarse en los debates que en Francia
tenan lugar en torno de esas cuestiones, contrariando la direccin tradicional
en materia de transmisin de ideas, que usualmente se realizaba desde el centro
hacia la periferia. A fines de los 50, parte del grupo de jvenes psiquiatras
que en los 40 publicaba en La Pense (como Bonaff y Follin), se haba
nucleado en torno de la revista La Raison, dirigida por Henri Wallon,
quien, junto con Louis Le Guilland haba sido su co-fundador en 1950. Si bien
la revista pretenda consagrarse a una psicopatologa cientfica, es decir,
de base reflexolgica, tena una lnea editorial menos dogmtica que la Nouvelle
Critique y cada vez menos antifreudiana. Por iniciativa de ese grupo,
durante 1959 y 1960 tuvieron lugar una serie de debates sobre el tema de la
psicoterapia desde la perspectiva del materialismo dialctico, para lo cual la
referencia a autores como Politzer, el mismo Wallon y Ren Zazzo era casi
obligada. No obstante, que en esos debates se tuviera en cuenta el libro de
Bleger no deja de llamar la atencin.
En uno de los dos
trabajos principales, Problemas de psicoterapia, Bquart y Muldworf buscaban
elaborar las bases tericas y las modalidades prcticas de una psicoterapia
concreta. A diferencia de Bleger, su lugar de enunciacin se situaba
enteramente dentro del campo de la psiquiatra, y no se proponan construir una
nueva psicologa. Sin embargo, al igual que l, desde el materialismo
dialctico se basaban en la obra de Politzer para rescatar el psicoanlisis, al
que consideraban como mtodo teraputico y doctrina psicolgica antes que como
antropologa o ideologa (p. 20). Definan la psicoterapia en trminos
janetianos, como una aplicacin de la ciencia psicolgica, como una
utilizacin teraputica de nuestro conocimiento psicolgico del hombre
(Bquart y Muldworf, 1961: 22). Al mismo tiempo, narraban una historia de la
psicoterapia que comenzaba en el nivel del sentido comn, en el que la
prctica se fundaba en la intuicin y el conocimiento adquirido de manera
espontnea, en la observacin no mediatizada por la reflexin que slo
revelaba significaciones convencionales. A esa etapa le haba seguido, como
superacin dialctica, una fase de psicoterapia emprica, que de manera
eclctica se esforzaba por introducir el determinismo de las ciencias. Haciendo
uso de diversos aportes (de la psicologa aplicada, la sociologa y la
fisiologa, por ejemplo), pona el nfasis en la eficacia sintomtica, siendo
Pierre Janet uno de sus ms fieles exponentes. Finalmente, la sntesis mayor se
haba logrado a travs de las psicoterapias regidas por la situacin
teraputica, a saber, el psicoanlisis freudiano y la analtica existencial,
caracterizados por la investigacin de una relacin intersubjetiva entre el
mdico y el paciente. Siguiendo a Politzer, afirmaban que el psicoanlisis
haba servido para brindar a la psicoterapia un abordaje directo de la
dramtica, y, coincidiendo nuevamente con Bleger, sealaban la brecha entre una
prctica analtica concreta que destacaban y la degradacin terica a que haba
sido sometida. Una vez ms, la sustantivacin de los hechos psquicos y la
cosificacin del drama haban apartado al psicoanlisis del plano de lo
concreto. Con una actitud pragmtica se haban adoptado diversos conceptos
abstractos por su pretendido valor operativo ms que por su contenido o su
valor de verdad. Por lo tanto, se haca para ellos necesario un esfuerzo de
renovacin que apuntara en la direccin de una psicoterapia realmente concreta.
En ese sentido, juzgaban que la esencia de la psicoterapia era la
situacin psicoteraputica, ncleo irreductible que daba fundamento a la unidad
por encima de la diversidad de formas y apariencias. El psicoanlisis haba
cometido el error de transformar esta dialctica intersubjetiva en una realidad
intrasubjetiva, aislando al enfermo de sus determinaciones sociales,
bsicamente econmicas e ideolgicas. La enfermedad deba entenderse como una
desorganizacin de la funcin de relacin que regulaba las distintas
modalidades de interaccin del individuo con su medio. Por lo tanto, los
sntomas tenan una significacin que poda y deba interpretarse a partir de
esa funcin particular, en trminos de la vida cotidiana, adecuados a la
situacin dramtica y no a especulaciones tericas. Colocar el nfasis en la
funcin de relacin conduca a una psicologa en primera persona del plural ms
que en la tercera del singular, a una psicologa del nosotros ms que a una
del Ello. La psicoterapia implicaba a su vez una reeducacin relacional,
una readaptacin del individuo a su medio, y una toma de conciencia progresiva,
una superacin de lo emocional por lo relacional. La situacin teraputica
era un campo de significaciones que el terapeuta deba ser capaz de
reorganizar, elaborando un proyecto en el cual el paciente a lo largo del
tratamiento tena que tomar parte cada vez ms. Y aqu la referencia al
existencialismo (y a Sartre en particular) era absolutamente explcita.
Hasta aqu el
trabajo de Bquart y Muldworf, cuyo parecido con el de Bleger resultara
llamativo si no fuera porque el psiquiatra santiagueo haba dejado en claro
que estaba muy al tanto de lo que se publicaba en La Raison, al punto de
que en su libro mencionaba detalladamente una reunin de 1956 en la que se
dispuso retomar y reconsiderar la crtica del psicoanlisis y la fenomenologa
(p. 33-34), justo en el momento en que Kruschev haba denunciado las
atrocidades del stalinismo en el XX Congreso del PCUS y el Partido Comunista
Francs se vea obligado a rever sus posiciones cientficas (Roudinesco, 1993).
Lo novedoso, segn apuntamos, era que el grupo de La Raison hubiera
tomado nota del libro de Bleger, que fue comentado (y criticado) por A.
Fernandez-Zoila, quien lo catalogara como una muestra de otro sincretismo
freudo-marxista (Fernndez-Zoila, 1961: 145). Luego de hacer una breve resea
de la obra Politzeriana (en el marco del freudismo de izquierda en Francia) y
del libro de Bleger, cuestionaba el concepto de lo concreto, porque no
responda a una experiencia directa ni inmediata, sino que era el resultado de
un recorte, del anlisis y la interpretacin, de un proceso de abstraccin que
le da valor y significacin (p. 158). Por lo tanto, el psicoanlisis
supuestamente enriquecido por el estudio de lo concreto as definido no poda
aspirar a un carcter cientfico. Algo similar ocurra con la nocin de drama:
la estructura dramtica de los hechos slo responda a una proyeccin del
sujeto, pero no era un dato originario. En consecuencia, opona al hombre
concreto el hombre total como objeto de una psicologa verdaderamente objetiva,
y a la situacin psicoteraputica entendida por Bleger como sntesis dialctica
la redefina como situacin global. El sincretismo blegeriano, esfuerzo
intil y superfluo (p. 163), sediento de subjetividad (p. 162), una
falsamente psicoanlisis, marxismo y psicologa social lewiniana, por lo que no
constitua una verdadera sntesis. La psicopatologa y la psicoterapia
cientficas deban abordar una materia de estudio objetiva siguiendo un mtodo
tambin objetivo. La interpretacin del inconsciente o de la vivencia
individual no poda aspirar a ese estatuto, al que s lograban acceder las
objetivaciones del espritu humano, mediatizadas por los smbolos de la cultura
(y aqu, extraamente, la referencia era a Lacan). No haba que privilegiar lo
afectivo o lo emocional sino tambin lo cognoscitivo y perceptivo para lograr
una aprehensin de la conducta global, de los actos que daban lugar a
realizaciones y obras de carcter material.
[...] estamos condenados a la aprehensin del hombre total y al estudio de
sus funciones psicolgicas, a travs de sus etapas de elaboracin, objetivadas
en sus manifestaciones en el mundo humano (p. 169).
El psicoterapeuta
tena que agregar al anlisis retrospectivo una sntesis prospectiva que
permitiera al paciente una toma de conciencia activa, y no meramente
contemplativa. En esta direccin, la referencia principal era la psicologa
objetiva, histrica y comparada del poco conocido Meyerson, que a su vez tena
como perspectiva el esclarecimiento del hombre total, que Fernandez-Zoila
opona al hombre concreto de Politzer y Bleger. No obstante, esta postura
antipsicoanaltica no era del todo compartida por Bquart, quien acudira en
auxilio de Bleger a travs de una carta a Fernandez-Zoila, mostrando que el
grupo de La Raison era ms heterogneo de lo que poda suponerse.
Bquart, si bien daba la bienvenida a la concepcin de la significacin
desprendida de lo afectivo y lo emocional, y enclavada en la historia, disenta
en la valoracin del libro de Bleger. Para l, era necesario detenerse
en esa obra escrita en Buenos Aires en 1958, pues
ella se une totalmente a las reflexiones que, con Muldworf, nos esforzbamos en
formular para la misma poca. El parentesco marxista no lo explica todo [...]
pero el parentesco materialista dialctico es aqu, de todas maneras, esencial
(Bquart, 1961: 334).
En general, Bquart
acordaba con Bleger prcticamente en todo, salvo en el reemplazo de la dinmica
freudiana por la concepcin lewiniana, que no terminaba de aceptar. En cambio,
disenta con Fernandez-Zoila en su crtica de lo concreto y el drama. Ms all
de los detalles del debate, este grupo, a fines de los 50, pareca estar ms
empapado de la fenomenologa existencial de Sartre y Merleau-Ponty y de la
epistemologa de Bachelard que de la reflexologa pavloviana o las ideas
biolgicas de Mitchourin y Lyssenko. Bleger, por su parte,
pareca estar ms cerca del pensamiento de ese grupo que del de gran parte sus
propios pares en la Argentina, segn veremos a continuacin.
Para finalizar, haremos un breve repaso de los
avatares de la recepcin del libro de Bleger en el seno del PCA con el fin de
destacar las coordenadas ideolgicas que signaron su proyecto. No obstante,
este anlisis no podra realizarse sin una previa resea de la situacin del
comunismo criollo en esos momentos. La fractura del partido ya se vislumbraba
como inminente y desembocara poco tiempo despus en la prdida de buena parte
de su militancia juvenil por el desmembramiento del Partido Comunista
Revolucionario. Esto implicaba una situacin de retroceso y repliegue, en la
cual era necesario trazar lmites ideolgicos claros para impedir males
mayores, reforzando la autoridad de la direccin y previniendo eventuales
disidencias. Por otra parte, a principios de 1959, la revolucin cubana (que
hasta 1961 rechazara toda vinculacin con el marxismo) apareca como un
fenmeno disruptivo. Por un lado, no poda negarse que los barbudos de la
Sierra Maestra haban ganado una heroica batalla contra el imperialismo en
las mismas puertas del imperio. Por el otro, esta gesta ocurrida en
Latinoamrica, que concitaba una adhesin rotunda de parte de la nueva
izquierda (ms identificada con Gramsci y Sartre que con Lenin), an no daba
muestras de su compatibilidad con la doctrina del partido, por lo que amenazaba
con abrir otro frente conflictivo. En ese marco, las ideas de Bleger,
expresamente dirigidas a la juventud, parecan abonar las desviaciones de la
franja denuncialista del marxismo que vena creciendo tanto dentro como fuera
del partido (fundando luego revistas como Pasado y presente, en Crdoba,
o Contorno, en Buenos Aires) y propiciaba la necesidad de incorporar al
marxismo los aportes del psicoanlisis y la psicologa, as como los de la
sociologa y la antropologa (Tern, 1991). Esta nueva izquierda, adems,
pareca ser cada vez ms popular en el estudiantado universitario, a la vez que
el Che Guevara, rebelde con causa ajeno a toda ortodoxia, se eriga en el
ejemplo de joven revolucionario, y Sartre en el modelo de intelectual
comprometido. La rigidez del PCA, pese a su prosovietismo acrrimo, haba
implicado una marcada lentitud para asimilar los cambios en las posturas
cientfico-filosficas que, como sealramos, el PCF ya vena introduciendo
desde 1956. Ms bien por el contrario, el PCA an pareca sostener posiciones
ms comprometidas con el stalinismo que primaba antes del XX Congreso del PCUS
que con los nuevos tiempos. De este modo, no es de extraar que el tratamiento que se dio al libro de Bleger transitara menos por los
carriles de un debate cientfico que por los de un juicio ideolgico.
Segn dijimos, en
1949, la autocrtica de los psiquiatras aparecida en La Nouvelle Critique haba
venido de arriba, a instancias del PCF que, en tiempos de la guerra fra,
segua a pie juntillas los dictmenes del PCUS. En esos momentos, en la Unin
Sovitica se haba producido una reactualizacin de la teora de las dos
ciencias, elaborada a principios de siglo por Alexander Bogdanov (y criticada
por Lenin),
segn la cual la ciencia slo poda ser burguesa o proletaria, dependiendo de
su naturaleza, su origen, sus mtodos y su finalidad (Roudinesco, 1993: 182).
Despus de la segunda guerra mundial, esta teora haba servido para apoyar las
tesis de Trofime Lyssenko en el campo de la biologa y las de Andrei Jdanov en
el de la cultura. En la perspectiva de este ltimo, el mundo se divida en dos
campos en pugna: el imperialista, bajo dominio norteamericano, y el socialista,
iluminado por la Unin Sovitica. Del mismo modo, la ciencia y la cultura
obedecan a esta misma disyuncin excluyente: o bien eran burguesas o eran
proletarias. Mientras tanto, en Francia, aparecan artculos de neto corte
jdanoviano, juzgando el psicoanlisis a la luz de esas premisas:
Ofensiva general de un
imperialismo acosado que intenta quebrar el auge del movimiento obrero en todo
el mundo. ste es el hecho psicoanaltico en 1949. [...] Es usted
socialista? Entonces usted est a favor del socialismo sovitico. Est usted a
favor del psicoanlisis? Entonces est usted a favor del psicoanlisis estilo
yanqui. Porque usted debe elegir entre cosas reales y no entre la idea que
usted se hace de las cosas (Leclerc, 1949).[12]
Fue en este clima de ideas que se produjo el pedido de
la direccin del PCF a psicoanalistas y psiquiatras como Lebovici, Bonnaf,
Kestemberg y Follin. A pesar de que en Francia eran numerosos los grupos que se
oponan a la proliferacin de las versiones ms adaptativas del psicoanlisis representadas
por la ego psychology, segn los principios enunciados por Jdanov, era
imposible separar la doctrina psicoanaltica de su rpida expansin en Estados
Unidos, ya que esta ltima no era ms que la expresin de su naturaleza de
clase. Otra vez, la revista LHumanit confirmaba el papel tutelar
jugado por la direccin del partido en la confeccin de aquel famoso documento:
Los signatarios [...] tuvieron
que centrar su vigilancia en estos problemas por la ofensiva de la reaccin. En
esto los ayud el Partido. [...] Analizaron primero el contenido de clase de la
doctrina y la prctica psicoanaltica y terminaron reconociendo que el
psicoanlisis, encarado en todos sus aspectos, es un arma de la burguesa, y
que sera falso distinguir, como lo hicieron algunos camaradas en la primera
parte de la discusin, entre la teora y la tcnica psicoanalticas (Annimo,
1949).[13]
Cuando en 1959 el PCA emprendi su tarea de demolicin
con el libro de Bleger, lo hizo en total consonancia con el accionar que haba tenido
el PCF diez aos antes, por lo que el contenido de los prrafos que acabamos de
citar sera de la mayor aplicabilidad. La nica diferencia es que, como ya
hemos visto, en esa dcada haban ocurrido profundos cambios en el campo
socialista cuya repercusin en nuestro medio se demorara un poco ms de lo
acostumbrado. En tal sentido, Bleger debi pagar el precio por su anticipacin,
que a la vez que lo una a sus colegas franceses lo separaba de sus camaradas
en Argentina. Las primeras escaramuzas fueron con algunos psiquiatras como
Csar Cabral (en los Anales de Medicina) y Adolfo Lrtora (en Acta
Neuropsiquitrica, segn vimos). Los ejes de la discusin, otra vez,
pasaban por las antinomias idealismo-materialismo, irracionalismo-racionalismo,
burgus-proletario. No obstante, al igual que en la Francia de 1949, debido a
las razones expuestas, la separacin que Bleger haba planteado entre la
prctica y la teora psicoanalticas, solidaria de la diferenciacin entre
forma y contenido, dramtica y dinmica resultaba inadmisible: una disciplina
burguesa no poda dar lugar a una prctica revolucionaria. De
este modo, mientras Cabral atacaba a Bleger apoyndose en fragmentos
escogidos del documento de La Nouvelle Critique, Bleger se defenda
citando trabajos posteriores de algunos de sus mismos autores, a quienes, dicho
sea de paso, se jactaba de conocer personalmente (Cabral, 1959; Bleger y
Cabral, 1959). En 1959, Cabral todava se apoyaba en Stalin (repudiado por el
PCUS y el PCF) para dar primaca al contenido (la teora) sobre la forma (la
praxis). En cierto modo, en esa misma clave, podra decirse que en el PCA el
contenido del nuevo marxismo pareca no haber logrado romper con la forma
del viejo stalinismo.[14] Esa
brecha implicaba una asincrona en los discursos que determinaba a su vez un
profundo desencuentro en el plano ideolgico. Por otra parte, al igual que en
el debate con Lrtora, Bleger sostena que sus discrepancias con Cabral surgan
de que l trabajaba dentro del campo de la psicologa por su inters en la
investigacin cientfica, mientras que Cabral slo sostena una posicin
filosfica (Bleger y Cabral, 1959). A su vez, la crtica de Cabral terminaba
como la de Bermann: lamentndose porque Bleger se dedicase al psicoanlisis en
vez de desarrollar un sistema psicolgico terico prctico autnticamente
cientfico (Cabral, 1959: 111).
Pocas semanas
despus, el debate llegara a la Comisin Nacional de Asuntos Culturales del
PCA, convocada expresamente en virtud de que el libro haba generado
numerosas crticas que haban sido recibidas por la direccin de Cuadernos
de Cultura (rgano del PCA). Como tales crticas se referan a problemas
relativos a la orientacin poltica e ideolgica del camarada Bleger, y no
meramente a aspectos tcnicos o profesionales, la Comisin estim necesario
concederle el derecho a la discusin previa (Espectador, 1959: 79). En este
caso, el papel que en Pars les haba tocado desempear a La Nouvelle
Critique y a LHumanit, recaa sobre los Cuadernos de Cultura.
Una vez ms, un autor annimo (que firmaba como Espectador) daba cuenta de
los pormenores de una autocrtica que se haba producido con la ayuda del
Partido.[15] En la
reunin, adems de Csar Cabral, participaron, entre otros, Hctor Agosti (prominente
miembro del partido, de orientacin nacionalista),[16] Jorge
Thnon, Jos Itzigsohn (psiquiatra reflexlogo que sucedera a Bleger en Introduccin
a la Psicologa, y a E. Butelman en la direccin de la carrera) y
otros camaradas especializados en psiquiatra.[17]
La discusin transcurri por los carriles previsibles,
con Cabral repitiendo en gran parte los argumentos publicados en los Anales,
junto con Thnon y Agosti impugnando la empresa blegeriana. Ms all de los
remanidos argumentos sobre el carcter reaccionario del psicoanlisis a partir
de su utilizacin en pro de la poltica cultural del adversario (p. 87) y la
diatriba sobre el hombre aislado, recostado en un divn, por oposicin al
hombre concreto, visible y audible, que vive y trabaja (p. 86), se planteaba
una cuestin doctrinaria ms profunda en torno de los conceptos de dialctica y
alienacin. Para Cabral, en el freudismo no haba dialctica, slo conflictos
estticos que carecan de dinmica y desarrollo, presuponiendo una confrontacin
mecnica entre dos fuerzas opuestas y nunca una unidad dialctica de
contradicciones (p. 80). Para Thnon, si Bleger encontraba la dialctica en el
campo restringido de la prctica analtica, era porque haba aplicado el mtodo
dialctico dejando de lado la concepcin del mundo inherente al marxismo, es
decir, el materialismo histrico. En resumen, conclua Agosti, Bleger adoptaba
la dialctica pero abandonaba el materialismo marxista, acercndose a
posiciones como la de Merleau-Ponty (o la de Sartre, agregamos nosotros,
teniendo en cuenta sus desarrollos posteriores). En este sentido, lo que estaba
en juego era la pureza filosfica de la doctrina marxista, que estaba siendo
amenazada por esos cruces, cada vez ms frecuentes, con el idealismo de la
fenomenologa existencial. Para colmo de males, segua Agosti, Bleger haba
hecho hincapi en el concepto de alienacin, que era la clave de la revisin
humanista del marxismo que por vas diversas haban emprendido figuras como
Erich Fromm y el mismo Merleau-Ponty, rescatando los escritos tempranos de
Marx. Ese camino desembocaba para l en el hombre y su circunstancia
de Ortega y Gasset (citado por Bleger) y no en el hombre concreto en las
condiciones concretas de la explotacin capitalista (p. 92). Frente a todo
esto, haba acuerdo unnime en que no caba ms que desechar el psicoanlisis
(por ms que estuviera de moda en Europa y Estados Unidos) y adoptar la
reflexologa como base segura para una psicologa materialista y dialctica.
Sin embargo, haba diferentes matices; mientras que Cabral, Thnon y Agosti
sostenan la posicin ms dura, Itzigsohn se conformaba con cuestionar, no muy
categricamente, la referencia acrtica al concepto de campo operacional de
Kurt Lewin y a la teora de las relaciones objetales para reemplazar los
aspectos criticados de Freud (p. 81).
Aunque las intervenciones de Bleger en todos estos
debates (tanto en los Anales como en Acta y en la Comisin de
Asuntos Culturales) parecen no haber sido demasiado complacientes con la
ortodoxia de sus rivales, el espectador Cabral se empeaba en mostrarlo
sumiso y autocrtico, reconociendo que
[...] una militancia ms
activa en el Partido ayudar al autor a superar debilidades ideolgicas y a
encontrar una salida correcta en el campo concreto de la psicologa
(Espectador, 1959: 78).
No obstante, el mismo Bleger, a diferencia de Lebovici y
Bonaff en 1949, se encargara de dejar en claro, tanto con sus escritos como
con sus actos, que no estaba dispuesto a acatar pasivamente ese tipo de
directivas.
[...] se me hace aparecer [en Cuadernos de
Cultura] argumentando en forma infantil y sugiriendo cosas que yo no he
dicho. Incluso dando a creer que estoy en vas de retractarme de mi libro y de
mi posicin. Espectador, que firma dicho comentario, hace muy poco honor a la
verdad, reduciendo un debate de alto vuelo intelectual al nivel de una
amonestacin digna de la escuela primaria (Bleger, 1959: 479).
La suerte de Bleger dentro del PCA estaba echada. En
1962, cuando public su artculo Psicoanlisis y marxismo en Cuestiones de
Filosofa, no slo no se retract de las ideas vertidas en su libro sino
que las profundiz respondiendo puntualmente a las objeciones de sus crticos
(Bleger, 1962). As, retomara en distintos planos las relaciones posibles
entre psicoanlisis y marxismo y tratara de situar su propia obra. El suyo no
haba sido otro intento freudo-marxista, segn alegaban sus camaradas, ya que
l reservaba ese apelativo para los casos en que se trataba de convertir el psicoanlisis
en una concepcin del mundo o en una ideologa, integrndolas dentro del marxismo. Pero esta extensin indebida
de una teora cientfica no haba sido privativa del psicoanlisis. Del mismo
modo, el darwinismo haba sido aplicado al campo de las relaciones sociales, lo
cual no invalidaba su valor cientfico. Tambin cuestionaba la crtica
confusa y contradictoria que desde el marxismo se haba formulado contra el
psicoanlisis y la psicologa en general, tratando a esta ltima de ciencia idealista
(por la falta de materialidad de los procesos psicolgicos) y de disciplina
reaccionaria (por sus aplicaciones en el comercio, la industria y la represin
poltica). Por ltimo, declaraba que el marxismo, como mtodo y como
ideologa, no slo no reemplazaba la psicologa sino que la exiga. No
obstante, esta psicologa no poda construirse sin el respaldo de las
condiciones histrico-sociales, lo cual habra implicado una utopa y un salto
al vaco. Deba basarse en el psicoanlisis, una etapa histrica necesaria
que no se puede pasar ni por encima ni por debajo, sino por dentro (p. 34-35).
Esta era una crtica directa a sus camaradas psiquiatras, cuyo intento por
fundar una psicologa dialctica en la reflexologa careca de la insercin
cultural y de la tradicin acadmica que en occidente ostentaba el
psicoanlisis. En cuanto a sus colegas franceses, reafirmaba su defensa de la
psicologa concreta y la dramtica politzerianas, calificando la crtica de
Fernandez-Zoila de empirismo grosero y resaltando sus propias coincidencias
con las posiciones de Bquart y Muldworf. En definitiva, consideraba que las
relaciones entre psicologa, psicoanlisis y dialctica materialista
constituan un problema an abierto, que deba encararse por distintos caminos.
De ninguna manera la variedad
y la divergencia son nocivas y peligrosas, ni dentro de la ciencia ni dentro
del marxismo, sino que ms an, son imprescindibles dentro de ambos (p. 36-37).
Ese mismo ao, un viaje a la Unin Sovitica lo llevara
a presenciar la persecucin racial de la que eran vctima los judos. A su
regreso, la publicacin de un artculo sobre el tema le permitira terminar de
constatar que para el PCA la variedad y la divergencia dentro del marxismo s
eran nocivas y peligrosas. Tras un enconado debate, Bleger sera expulsado
del partido (Ulloa, 1992; L. Bleger, 1992).[18]
Comentarios finales
En 1963 Bleger publicara Psicologa de la conducta,
su obra consagratoria, donde plasmara el proyecto de una nueva psicologa
que sus maestros (Politzer y Pichon Rivire) apenas haban logrado esbozar.
Este libro tendra un destino muy distinto del que, segn vimos, tuvo su libro
anterior. Bleger ya no estaba sujeto a los cuestionamientos del PCA y era el
profesor ms reconocido de la Carrera de Psicologa de la UBA al menos por los
estudiantes a la que haba llegado en 1959. Durante varios lustros, Psicologa
de la conducta se transformara en el texto cannico para el estudio de las
asignaturas tericas, y la obra de Bleger en referencia obligada para muchos
psiclogos egresados de las carreras argentinas y de otros pases de
Latinoamrica. En ese trabajo, Bleger proporcionaba una sntesis eclctica en
la que Daniel Lagache (y no Politzer) era su principal referencia. Por
consiguiente, el objeto de la psicologa era la conducta (y ya no el drama),
segn el proyecto de unidad concebido por el psiclogo y psicoanalista francs,
que ya anteriormente haba sido adoptado por Pichon Rivire. A travs de
Lagache, el conductismo y el neoconductismo hacan su aparicin, pero
contrapesados por la versin del comportamiento elaborada por Janet y Piron.[19]
Merleau-Ponty y el primer Foucault podan ser citados sin temor a represalias
ideolgicas, al igual que decenas de autores de la ms diversa extraccin, como
Skinner y Bergson, Sartre, Piaget y Fromm. No obstante, hemos mostrado cmo, ya
en su libro anterior, la obra de Politzer y las enseanzas de Pichon Rivire
bsicamente las referencias a Melanie Klein y Kurt Lewin haban dado a Bleger
un bagaje conceptual que funcionara como subsuelo terico para su obra
posterior. La conducta de 1963 tendra mucho del drama de 1958. Sera la
conducta de un hombre concreto, mucho ms permeada por las ideas del marxismo
y la fenomenologa existencial que lo que Lagache hubiera deseado. El
psicoanlisis y la dialctica materialista seguiran siendo la matriz del
pensamiento blegeriano, moldeando su concepciones sobre la teora, la prctica
y la epistemologa psicolgicas.
En 1958, al escribir Psicoanlisis y dialctica
materialista, nuestro autor se haba apropiado por adelantado de un campo
que lograra conquistar aos ms tarde, no sin antes tener que pagar el precio
de su osada a travs de varias disputas con sus colegas y camaradas. El
anlisis de esa obra permite empezar a dar cuenta del viraje que se produjo en
nuestro pas entre 1957 y mediados de los 60, perodo durante el cual el
psicoanlisis adquiri el lugar de privilegio que, hasta hoy en da detenta en
amplias franjas del mbito acadmico universitario de la Argentina. En los
debates que hemos comentado, el psicoanlisis, la fenomenologa existencial y
la reflexologa ya se perfilaban como las tres corrientes tericas que
dominaran el espectro de la psicologa argentina en los aos 60. La historia
individual y la sexualidad infantil, la experiencia vivida y el reflejo
condicionado se constituan en claves interpretativas que no necesariamente se
excluan entre s. Sin embargo, el componente ideolgico apareca como un
organizador metaterico privilegiado, que daba un valor agregado a determinadas
concepciones por sobre las dems y reclamaba, para algunos (como Pichon y
Bleger), aportes de la antropologa cultural y la psiquiatra social
norteamericanas o, para otros, la adopcin de la reflexologa pavloviana.
Bleger, que haba ledo a Lenin en francs, tampoco poda ocultar su afinidad y
su cercana con la intelectualidad parisina, protagonizando una disputa entre
un comunismo pro-ruso esclerosado, que se resista a desprenderse de su lastre
stalinista y un marxismo renovado a la francesa, que se apresuraba en abrazar
la razn dialctica de Sartre y no se esforzaba en disimular sus coqueteos con
el existencialismo. En medio de todos estos avatares, construa una versin de
la psicologa que, segn lo que pareca ser en Francia y Estados Unidos el
espritu de los tiempos, deba basarse en el psicoanlisis pero no poda
conformarse con l si quera tener algn impacto en el plano social. De todos
modos, cabe preguntarse qu quedaba del psicoanlisis freudiano en esa
psicologa de base psicoanaltica que tan rpidamente se impondra en nuestro
medio, dejando de lado el inconsciente y la teora pulsional. Tampoco pareca
quedar demasiado del kleinismo, al concebirse las fantasas, en clave vincular,
como interiorizaciones de relaciones sociales la Mead o la
Lewin. Lo cierto es que ya en 1958 Bleger se posicionaba como psiclogo y
se diriga a los futuros psiclogos. Podra haberse contentado con permanecer
en el campo de la psiquiatra y desde all pensar en una nueva psicoterapia,
como sus colegas franceses. Sin embargo, decidi proponer una nueva psicologa
en la que la teora y la prctica se articularan de tal manera que poco
tuvieran que ver con el campo mdico. Aos ms tarde, en Psicohigiene
y psicologa institucional (1965), establecera los principios de un
proyecto profesional para los psiclogos, segn el cual la juventud (que ya en
1958 haba descripto como ms atrada por el psicoanlisis que por ninguna otra
corriente psicolgica) slo deba utilizar el psicoanlisis operativo al
servicio de una prctica comunitaria inspirada en la higiene mental, y no
ejercitarlo de manera individual en la clnica privada. Completara de esta
manera una tarea que, siete aos antes, haba definido en trminos dialcticos
como de una estrecha vinculacin de la teora con la prctica. Marcos Victoria, su
antecesor en Introduccin a la Psicologa y primer director de la
carrera, era un frreo defensor de las incumbencias profesionales de los mdicos
en el campo de la psicoterapia, y conceba un rol profesional para el psiclogo
absolutamente dependiente del del mdico. En esas circunstancias, en que las
ideas de Victoria eran compartidas por no pocos profesores y autoridades de las
nuevas carreras, no resulta difcil comprender por qu el discurso blegeriano
fue rpidamente incorporado por los estudiantes. Implicaba a la vez una
delimitacin de la disciplina y la posibilidad de adquirir una identidad
profesional no subordinada.
En 1963 Jorge Thnon completara su Psicologa
dialctica, al tiempo que Bleger publicaba su Psicologa de la conducta y
Lrtora su Refundamentacin de la psiquiatra. Los tres libros
implicaban sntesis tericas que definan lneas cuyo xito sera muy dispar:
Thnon nunca entr en las carreras de psicologa y tendra cada vez menor
influencia dentro de la psiquiatra. Lrtora debi irse de la Carrera de
Psicologa de La Plata ante el rechazo de los estudiantes, terminando su
carrera profesional en el hospital neuropsiquitrico de Melchor Romero y su
carrera acadmica en la Facultad de Ciencias Mdicas. Bleger, por su parte, se
erigi en referencia obligada para ms de una generacin de psiclogos. Tres
aos despus, en 1966, Jos Itzigsohn, que haba tenido un rol menor en la
reprimenda ideolgica del 59, sera director de la Carrera de Psicologa y
se permitira prologar elogiosamente el libro que contena la traduccin de los
debates del grupo de La Raison, en los que Bquart y Muldworf ensalzaban
al mismo Bleger que l haba criticado (Itzigsohn, 1966). Respetando la
tradicional dcada de demora, as como la Francia del 56 no haba sido la
misma que la del 49, la Argentina del 66 ya no sera la misma que la del 59.
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[1] Este cambio en el psicoanlisis implica
explicar la sexualidad por la vida y no la vida por el sexo, segn una nota al
pie en la pgina 49.
[2] Salvo su amigo Fernando Ulloa (1959), que
le dedic una resea elogiosa en las pginas de Acta Neuropsiquitrica,
el resto de la comunidad psicoanaltica no se molest en comentar el libro de
Bleger.
[3] No obstante, aos despus, dira que el
Politzer de 1928-1929 ya era marxista, mientras que en 1939 haba devenido
stalinista (Bleger, 1966).
[4] Citado (y traducido) por Bleger (1958)
39-40.
[5] La italizacin es de Bleger.
[6] En ese libro, que haca las veces de
manual (destinado en principio a cubrir las necesidades surgidas de la
enseanza en la ctedra de Introduccin a la Psicologa, en la carrera
de psicologa de la UBA), retomaba el programa planteado en 1958. En
particular, se afianzaba all la referencia a Daniel Lagache y a su bsqueda de
la unidad de la psicologa, postulando (a diferencia de Politzer) a la conducta
como objeto, pero manteniendo no obstante su epistemologa realista. Vase
Vezzetti (1998).
[7] Este deslizamiento sera objetado tanto por
sus crticos como por los que comulgaban con sus ideas, segn veremos ms
adelante.
[8] La italizacin es de Bleger.
[9] Para una buena sntesis de este tema, vase
Gavrilov (1960).
[10] Para un completo tratamiento de este tema
vase Vezzetti (1996).
[11] Bermann y Rojas visitaron a Freud en 1930,
segn indica Vezzetti (1996). La fecha de su encuentro casual con Mercante, si
bien es anterior, resulta difcil de precisar, ya que l mismo no la menciona
en su propio relato de los hechos, en su libro La paidologa, de 1927.
[12] Citado por Roudinesco (1993) 185.
[13] Citado por Roudinesco (1993) 188-189
[14] Curiosamente, sin nombrarlo, Cabral citaba
tambin al primer Lacan, tomando su comparacin del anlisis con una paranoia
dirigida para reafirmar su crtica sobre la mistificacin a la que conduca
(Bleger y Cabral, 1959).
[15] Hugo Vezzetti pudo constatar en una
comunicacin personal que ese Espectador no haba sido otro que Csar Cabral
(Vezzetti, 1991).
[16] Ese mismo ao Agosti haba publicado dos
libros: El mito liberal y Nacin y cultura, en los que trataba de
rescatar una tradicin democrtica nacional (encarnada por Moreno, Echeverra y
Sarmiento) diferencindola de la tradicin liberal oligrquica (Tern, 1991:
64-65).
[17] Itzigsohn tambin sera profesor en la
Carrera de Psicologa de la UNLP durante varios aos.
[18] Si bien Leopoldo Bleger, hijo de nuestro
autor, sita la fecha de la expulsin en 1962, Vezzetti (1991) la ubica en
1961. De todos modos, es muy probable que el artculo publicado en 1962 en Cuestiones
de Filosofa haya sido escrito antes de ese suceso y haya contribuido en
esa direccin.
[19] Para un tratamiento de la tradicin
comportamental francesa vase Dagfal, 1997.