El
Papel de la Epistemologa en la
Historiografa Cientfica Contempornea
Georges
Canguilhem
A
quien emprende el examen de las relaciones entre la epistemologa y la historia
de las ciencias se le impone una primera constatacin, y ese mismo hecho es instructivo
para un planteamiento correcto del problema. Es que actualmente disponemos,
sobre esta materia, ms de manifiestos y de programas que de logros. Con
relacin al inventario de las intenciones, la balanza de las realizaciones es
magra.
Frente
a la historia de las ciencias, disciplina que tambin tiene una historia, la
epistemologa se encuentra, a primera vista , en una falsa situacin. Desde el
punto de vista de la cronologa, la historia de las ciencias no debe nada a esa
especie de disciplina filosfica que desde 1854, segn parece, se llama
epistemologa[1]. La Historie
des Mathmatiques de Montucla (1758), la Historie de lAstronomie de Bailly
(1775-1782), el Versuch einer pragmatischen Geschichte der Arzneikunde de Kurt
Sprengel (1792-1803) son obras escritas por fuera de toda referencia a un
sistema de conceptos crticos o normativos. Sin duda, todos estos trabajos
proceden, incluso sin una conciencia reflexiva reivindicada por cada uno de sus
autores, de una conciencia de poca, impersonalmente tematizada en la doctrina
de la perfectibilidad indefinida del espritu humano, que se apoya en una
sucesin muy continua de revoluciones en cosmologa, matemtica y fisiologa,
realizadas por Coprnico, Galileo, Descartes, Harvey, Newton, Leibniz, Lavoiser,
para no anticipar ms que bajo el aspecto de la continuidad el progreso
cientfico por venir. Si Sprengel, en la introduccin a su Historia de la
Medicina, hace expresamente alusin, en la razn de la fecha de 1792, a la
filosofa crtica, lo hace como a una doctrina de la que se ha impregnado
algunos mdicos, con igual ttulo a como en otro tiempo hubo medicinas
dogmticas, empricas o escpticas, y de ningn modo como instrumento nuevo y
eficaz de valorizacin y desvalorizacin de los procedimientos del saber, Sera
pues perfectamente vano reprochar a los historiadores de la ciencias de los
siglos XVIII y XIX no haber utilizado ninguno de los conceptos que los
epistemlogos se esfuerzan hoy en da por hacer valer como reglas de escritura
y composicin para quien practica y produce la historia de las ciencias.
Ahora
bien, entre estos historiadores, aquellos que soportan mal la mirada que el
epistemlogo dirige hacia su disciplina, no dejan de observar que, nutrida ella
misma de historia de las ciencias, la epistemologa no est autorizada para
pretender producir ms de lo que ha recibido y a reformar en principio aquello
de lo que en efecto precede. Esta acrinomia no carece de alguna relacin, vaga
o laxa, con la antigua correspondencia entre disciplina y facultades del alma.
Historia que surge de Memoria. Pero debe preguntarse de qu lado se encuentra
la ambicin ms exorbitante. No es ms pretencioso tomarse por memoria que
pretender emitir un juicio? Del lado del juicio, el error es un accidente posible,
pero del lado de la memoria la alteracin es de esencia. De la reconstitucin
propia de la historia de las ciencias, hay que decir lo que ya se ha dicho de
las reconstituciones en otros dominios de la historia poltica, diplomtica,
militar, etc.-, a saber, que contrariamente a la exigencia de Leopoldo Ranke,
el historiador no podra jactarse de presentar las cosas como ellas realmente
han pasado (wie es elgentlich gewesen)
Se
ha comentado a menudo la opinin de Dijksterhuis, segn la cual la historia de
las ciencias no es solamente la memoria de las ciencias sino tambin el
laboratorio de la epistemologa[2].
Del hecho de que una elaboracin no es una restitucin, se puede concluir que
es legtima la pretensin de la epistemologa de dar ms de lo que ha recibido.
Para ella se trata, al desplazar el polo de inters, de sustituir la historia
de las ciencias por las ciencias segn su historia. Tomar por objeto de estudio
solo cuestiones de fuentes, de invenciones o de influencias, de anterioridad,
de simultaneidad o de sucesin correspondera, en el fondo, a no hacer
diferencias entre las ciencias y otros aspectos de la cultura. Una historia de
las ciencias, pura de toda contaminacin epistemolgica, debera reducir una
ciencia, en un momento dado, por ejemplo la fisiologa vegetal en el siglo
XVIII, a una exposicin de las relaciones cronolgicas y lgicas entre
diferentes sistemas de enunciados relativos a alguna clase de problemas o de
soluciones. El valor respectivo de los historiadores sera entonces medido por
la amplitud de la erudicin y por la fineza del anlisis de las relaciones,
analogas o diferencias, entre los cientficos. Pero esta diversidad de
historias no modificara en nada su relacin comn a aquello de lo que ellas se
diran la historia. La historia pura de la botnica en el siglo XVIII no puede
comprender bajo el nombre de botnica nada ms que lo que los botnicos de la
poca se fijaron como su dominio de exploracin. La historia pura reduce la
ciencia que ella estudia al campo de investigacin que le fue asignado por los
sabios de la poca y al gnero de mirada que ellos dirigieron a este campo.
Pero esta ciencia del pasado es un pasado de la ciencia de hoy en da? He aqu
un primer problema, quizs fundamental. Tratemos de plantearlo correctamente, a
propsito del ejemplo invocado arriba.
Tomado
absolutamente, el concepto de pasado de una ciencia es un concepto vulgar. El pasado es el desvn desordenado de la
interrogacin retrospectiva. Trtese de la figura de la tierra, de la hominizacin
del hombre, de la divisin del trabajo social o del delirio alcohlico de tal
individuo, la investigacin de los antecedentes de la actualidad, ms o menos
expuesta o compendiada, segn los medios y las necesidades del momento, nombra
pasado a su condicin de ejercicio y se la apropia de antemano como un todo de
capacidad indefinida. En este sentido, el pasado de la fisiologa vegetal de
hoy en da comprendera todo lo que personas llamadas botnicos, mdicos,
qumicos, horticultores, agrnomos, economistas han podido escribir, respecto
de sus conjeturas, observaciones o experiencias, de las relaciones entre
estructura y funcin, sobre objetos denominados bien sea hierbas, plantas o
bien vegetales. Podemos hacernos a una idea de esta abundancia, incluso en los
lmites de un recorte cronolgico y poltico, remitindonos al muy til
inventario que Lucien Plantefol ha preparado de los trabajos de los botnicos
franceses en la Academia de Ciencias, con ocasin de su tercer centenario[3].
Pero un inventario de trabajos anteriores a ese momento, es una historia de la
botnica en el sentido en que la botnica misma es en primer lugar una
historia, es decir, una descripcin ordenada de las plantas. La historia de una
ciencia es as el resumen de la lectura de una biblioteca especializada,
depsito y conservatorio del saber producido y expuesto, desde la tableta y el
papiro hasta la cinta magntica, pasando por el pergamino y el incunable.
Aunque se tratase all, realmente, de una biblioteca ideal, ella idealmente es,
por derecho, la integridad de una suma de indicios. La totalidad del pasado
est representada all como una especie de plano continuo dado sobre el cual se
puede desplazar, segn el inters del momento, el punto de partida del progreso
cuyo trmino es precisamente el objeto actual de este inters. Lo que distingue
entre s a los historiadores de la ciencia, es la temeridad o la prudencia de
sus desplazamientos sobre este plano. Puede pensarse que lo que por derecho ha
de esperar la historia de la ciencia de la epistemologa, es una deontologa de
la libertad de desplazamiento regresivo sobre el plano imaginario del pasado
integral. Es por otra parte, en suma, la conclusin de una rigurosa
argumentacin de Suzanne Bachelard, Epistemologie et Histoire des Sciences, que
hay que lamentar que an permanezca oculta en las Actas de un Congreso[4].
Que la actividad del historiador sea retrospectiva le impone lmites pero le
da poderes. El historiador construye su objeto en un espacio-tiempo ideal. Es
de su incumbencia evitar que este espacio-tiempo sea imaginario.
Para
regresar a nuestro ejemplo, los botnicos del siglo XVIII que emprendieron
investigaciones en fisiologa vegetal, buscaron modelos en la fisiologa animal
de la poca y, por este hecho, se dividieron entre fisilogos-fsicos como
Stephen Hales, y fisilogos-qumicos como Jean Senebier y Jan Ingenhousz. Pero
porque la fisiologa vegetal contempornea utiliza mtodos de anlisis qumicos
y tcnicas fsicas, sera por lo menos temerario componer una historia donde la
continuidad de un proyecto ocultara la discontinuidad radical de los objetos y
la novedad radical de las disciplinas llamadas bioqumica y biofsica. Entre la
qumica de la oxidacin y la bioqumica de las oxidaciones enzimticas, la fisiologa
vegetal ha debido primero hacerse fisiologa celular y se sabe muy bien qu
resistencias ha encontrado la teora celular de los organismos- y luego
deshacerse de las primeras concepciones de la clula y del protoplasma para
abordar a nivel molecular el estudio de los metabolismos. En su considerable
History of Biochemistry[5],
Marcel Florkin, tomando de Gaston Bachelard el concepto de ruptura
epistemolgica, muestra que la sustitucin de una fisiologa enzimtica por
una fisiologa protoplasmtica de la nutricin vegetal, ha sido el efecto
terico del descubrimiento por Eduard Bchner del fenmeno de fermentacin
no-celular (1897), incomprendido y por mucho tiempo rechazado por los paladines
del pasteurismo[6].
Se
ve entonces por qu el pasado de una ciencia actual no se confunde con la misma
ciencia en su pasado. Para restablecer la sucesin de las investigaciones,
experiencias y conceptualizaciones, sin las cuales seran ininteligibles los
trabajos de Gabriel Bertrand (1897) sobre la presencia necesaria de los metales
en la constitucin de las molculas de enzimas y sobre el papel de lo que l ha
llamado coenzimas[7], carece de
inters regresar hasta Thodore de Saussure (1765-1845) para comprenderlo en
una historia de la nutricin vegetal. Por el contrario, no deja de ser de
inters remontarse a su contemporneo Brisseau de Mirbel (1776-1854) y a los
orgenes de la teora celular en la botnica para entender la fecundidad
heurstica de la localizacin infra-celular de los objetos de la primera bioqumica
de enzimas. As, en el espacio del ejercicio histrico, se pueden situar en el
mismo lugar acontecimientos tericos significativos o insignificantes, segn un
recorrido discursivo cuyo trmino momentneo debe ser puesto en relacin de
dependencia con puntos de partida conceptualmente homogneos, recorridos cuya
progresin revela una direccin propia.
En
este caso, dir el historiador de la ciencia, no es normal que el objetivo de
la epistemologa no pueda ser alcanzado ms que por el cientfico? No es la
persona competente para indicar cules son los puntos de llegada cuyo inters
cientfico, estimado segn el presentimiento de desarrollos futuros, merece ser
confirmado por la reconstitucin del recorrido discursivo del cual es la
conclusin provisional? La apelacin a este tercer personaje no podra
sorprender o incomodar al epistemlogo. No ignora que hubo y hay cientficos
que se han despreocupado de sus penosas relaciones con la ciencia en acto para
componer historias narrativas de su ciencia en reposo, que ha habido y hay
cientficos que han sabido, con el apoyo de una epistemologa con cuyos
conceptos concuerdan, componer historias crticas, capaces de intervenir
positivamente en el devenir de la ciencia misma. La obra de Ernst Mach, Die Mechanik in ihrer Entwicklung (1883), es un
ejemplo clebre. Su impacto sobre las investigaciones de Einstein es bien
conocido. Se ha constituido en objeto de un estudio histrico epistemolgico en
LHistoire du principe de relativit de Marie Antoinette Tonnelat[8].
Qu epistemlogo no suscribira la declaracin liminar por medio de la cual se
rechaza cierta manera de escribir la historia: A riesgo de decepcionar a
ciertos especialistas, afirmamos pues que no existe una autntica e
imperfectible Relatividad de la que nos propusiramos buscar el esquema en los
primeros desarrollos de las teoras cientficas. Ningn bosquejo imperfecto
pero prometedor espera, bajo el velo de ignorancias y prejuicios, una suerte de
investidura. Esta idea misma es antirrelativista....Nacida en la confusin del
aristotelismo moribundo, renovada por las contradicciones ligadas a un
inasequible ter, la idea de la Relatividad parece cada vez ms ligada a lo que
la sigue que a lo que la precede[9].Visin
innovadora, ella aclara su propio camino e incluso, en gran medida, define los
rodeos y determina la profundizacin.[10]
Pero
reconocer la existencia y el valor de una historia epistemolgica compuesta por
cientficos,[11]debe
implicar para el epistemlogo el renunciamiento al tipo especfico de su
relacin con la historia de las ciencias, con el pretexto de que una relacin
anloga se puede restaurar entre el cientfico y la historia, para el mayor
beneficio de sta? O bien el epistemlogo debe mantenerse como tercero en
discordia, haciendo valer que si la relacin es aparentemente del mismo tipo,
la motivacin que la instituye, en su propio caso y en el caso del cientfico,
es fundamentalmente diferente?
En
una obra muy reciente, La philosophie silencieuse ou Critique des philosophie
de la science, Jean-Toussanit Desanti[12],
habiendo primero tomado nota de la actual ruptura del vnculo de las ciencias
con la filosofa, se pregunta por la pertenencia de los problemas planteados
por el filsofo el epistemlogo- al cientfico concerniente a sus vas y
medios de produccin de conocimientos. Dado que el discurso filosfico no es
productor de conocimientos, queda descalificado el filsofo para discurrir
acerca de las condiciones de su produccin?
Es necesario decidirse a no decir nada de las ciencias, salvo que
ellas se producen a s mismas? Es necesario que la tarea crtica, que consiste
en anular los discursos interiorizantes y reproductores, exige una instalacin
en el contenido de los enunciados cientficos. Esta instalacin no puede ser
ms que una prctica. He ah una parte, y no la menor, de la enseanza de
Gaston Bachelard. O bien nos callamos sobre una ciencia, o bien hablamos desde
su interior, es decir, practicndola.[13]
Pero hay que practicar y practicar. Si es en el sentido en que deca Descartes
que practicaba su mtodo en las dificultades matemticas,[14]
puede parecer que esta especie de prctica productiva no est al alcance del
filsofo, que sera uno de los exploradores del ejrcito de cientficos. Queda
entonces que practicar una ciencia, para el epistemlogo, corresponde a imitar
la prctica del cientfico tratando de restituir los gestos productivos de
conocimiento, por medio del frecuente estudio de los textos originales en los
que el productor ha dado explicacin de su conducta[15].
Dado
que en su conducta terica un investigador no se puede abstener de interesarse
en la franja inmediatamente anterior de las investigaciones del mismo orden, y
puesto que un borde tambin est bordeado y as sucesivamente, el inters por
la ciencia en su historia, incluso si no est muy extendido entre los
cientficos, debe ser reconocido como natural. Pero porque es interior a la
heurstica, este inters no podra extenderse a antecedentes muy alejados. El
alejamiento es aqu de orden conceptual ms que cronolgico. Tal matemtico del
siglo XX no podra sentirse ms interesado por Arqumedes que por Descartes.
Adems, el tiempo es evaluado, y no se le podra acordar la misma importancia
al progreso de la teora y a la investigacin retrospectiva.
A
diferencia del inters histrico del cientfico, el del epistemlogo no puede
ejercerse sino con dedicacin exclusiva o al menos con prioridad. Es un inters
de vocacin y no de complemento. Pues su problema es llegar a abstraer de la
historia de la ciencia, en cuanto es una sucesin manifiesta de enunciados, ms
o menos sistematizados, con pretensin de verdad, el recorrido ordenado
latente, solo ahora perceptible, cuyo trmino provisional es la actual verdad
cientfica. Pero porque es principal y no auxiliar, el inters del epistemlogo
es ms libre que el del cientfico. Su apertura puede compensar su relativa
inferioridad en la posesin y el uso retro-analtico de los productos de un
saber de punta. Por ejemplo, el inters de Sir Gavin de Beer por una relectura
de Charles Darwin,[16]
paralela a la publicacin (1960-1967) de los Note-books on Transmutation of
Species, fue en parte motivado y esclarecido por sus trabajos embriolgicos,
orientados a la revisin de las concepciones pre-darwiniana y darwiniana de la
relacin embrin-ancestro. Pero cuando Camille Limoges,[17]
en su estudio La selection naturelle, se apoya en inditos de Darwin,
publicados y comentados por Sir Gavin de Beer, para responder a la afirmacin,
sostenida varias veces desde hace un siglo, segn la cual deba a la lectura de
Malthus la condicin de elaboracin del concepto capaz de coordinar
inteligiblemente el conjunto de sus observaciones, se trata de una ptica
completamente distinta. Lo que Limoges discute es la utilizacin del concepto de
influencia, concepto vulgar de la historiografa usual. Lo que busca ilustrar,
a partir del ejemplo de Darwin, es cierto modo de interrogacin de los textos,
que no otorga privilegio a aqullos en los cuales el autor ha credo el deber
de explicarse a s mismo. La puesta en relacin polmica del nuevo concepto de
seleccin natural y del anterior concepto de economa natural permite a C.
Limoges situar la ruptura entre la antigua y la nueva historia natural a nivel
de la revisin del concepto de adaptacin, tomado ahora en sentido aleatorio,
en el cuadro de observaciones de orden biogeogrfico o, como se dir en lo
sucesivo, ecolgico.[18]
El
inters epistemolgico en la historia de las ciencias no es nuevo. Acabamos de
decir que es cuestin de vocacin. Bien mirada, la epistemologa no ha sido ms
que histrica. En el momento en que la teora del conocimiento ha dejado de
fundamentarse en una ontologa, incapaz de dar cuenta de nuevas referencias
adoptadas por nuevos sistemas cosmolgicos, es en los actos mismos del saber
que ha debido buscar no sus razones de ser sino los medios para realizarlos. En
el segundo prefacio (1787) a la Crtica de la razn pura, Kant se apoya en una
historia de las ciencias, matemtica y fsica, resumida en algunas lneas, para
justificar su proyecto de invertir la relacin entre lo conocido y el conocer.
En los comentarios de este prefacio se insiste tradicionalmente sobre la
pseudo-inversin copernicana y se olvida, sin razn a nuestro parecer, el
sentido innovador de los trminos con los que Kant define el motor de lo que l
llama las revoluciones de las tcnicas del pensamiento (Denkart). La matemtica
inicialmente Thales o algn otro- debe producir (hervorbringen) sus objetos de
demostracin; la fsica inicialmente Galileo y Torricelli- debe producir
(hervorbringen) sus objetos de experiencia como efecto de un preceder de la
razn, es decir de sus iniciativas. Si Kant ha credo que era posible abstraer
de los productos de las ciencias de la poca una tabla de las obligaciones y de
las reglas de produccin de conocimiento que l consideraba definitiva, esto
mismo es un hecho cultural de la poca. Cuando se piensa la historia de la
ciencia bajo la categora del progreso de las luces, es difcil entrever la
posibilidad de una historia de las categoras del pensamiento cientfico.
Hay
apenas necesidad de decir que al unir tan estrechamente el desarrollo de la
epistemologa a la elaboracin de los estudios de la historiografa cientfica,
nos inspiramos en la enseanza de Gaston Bachelard.[19]
Los conceptos bsicos de esta epistemologa son ahora bien conocidos, quizs
incluso sufren de una vulgarizacin que hace que a menudo se los comente o se
los discuta, sobre todo en el extranjero, en forma trivializada, asptica
podra decirse, privada de la potencia polmica original. Estos conceptos son,
recordmoslos, los de nuevo espritu cientfico, obstculo epistemolgico,
ruptura epistemolgica, historia de las ciencias caducada o sancionada. Son las
traducciones de comentarios crticos especialmente los de Dominique Lecourt-
ms bien que las traducciones de su obra epistemolgica misma, las que han
hecho conocer a Bachelard a los lectores de lengua italiana, espaola, alemana
e incluso inglesa. Si tuvisemos que indicar un texto en el cual el propio
Bachelard condensa su investigacin y su enseanza, citaramos de buena gana
las pginas de conclusin de su ltimo trabajo epistemolgico, El materialismo
racional.[20] En este
texto la tesis de la discontinuidad epistemolgica del progreso cientfico es
sostenida con argumentos tomados de la historia de la ciencia en el siglo XX,
de la pedagoga de las ciencias, de la necesaria transposicin de su lenguaje.
Bachelard termina por medio de una nueva variacin sobre la pareja
verosmil-verdico. La ciencia contempornea est hecha de la investigacin de
hechos verosmiles y de la sntesis de leyes verdicas. La veracidad o el
decirlo-verdadero de la ciencia, no consiste en la reproduccin fiel de alguna
verdad inscrita desde siempre en las cosas o en el intelecto. Lo verdadero es
lo dicho del decir cientfico. En qu reconocerlo? En lo que no es jams dicho
primariamente. Una ciencia es un discurso normado por su rectificacin crtica.
Si este discurso tiene una historia cuyo curso cree reconstituir el
historiador, es porque es una historia cuyo sentido debe reactivar el
epistemlogo ...Todo historiador de las ciencias es necesariamente un
historigrafo de la verdad. Los acontecimientos de la ciencia se encadenan en
una verdad acrecentada sin cesar...
Tales momentos del pensamiento arrojan una luz recurrente sobre el pasado del
pensamiento y de la experiencia.[21]
Es esta iluminacin recurrente la que debe impedir al historiador tomar la persistencia
de trminos por identidades de conceptos, las invocaciones de los hechos de
observacin anlogos por parentescos de mtodos y de interrogacin y, por
ejemplo, hacer de Maupertius un transformista o un genetista antes de tiempo[22].
Se
ve toda la diferencia entre la recurrencia entendida como jurisdiccin crtica
sobre el pretrito de un presente cientfico, con la garanta, precisamente
porque es cientfico, de ser superado o rectificado, y la aplicacin
sistemtica y cuasi-mecnica de un modelo standard de teora cientfica que
ejerza una especie de funcin de polica epistemolgico sobre las teoras del
pasado. Lo que el padre Joseph T. Clark ha llamado el mtodo de arriba abajo en
historia de las ciencias[23]
consistira en apoyarse en la seguridad, dada por la filosofa analtica de la
ciencia, de que la ciencia ha logrado ahora su madurez, de que el modelo lgico
de la produccin de nuevos resultados futuros continuar siendo lo que es. De
manera que el trabajo del historiador, provisto de un tipo acabado de teoras,
consistira en preguntar a las teoras del pasado las razones de su falta de
madurez lgica. Un modelo definitivo actual, retroactivamente aplicado como
clave universal, no es una proyeccin selectiva de luz sobre el pasado, es una
especie de ceguera para la historia. Es lo que Ernest Nagel ha objetado a esta
tesis.[24]
Imaginando, por ejemplo, cmo Coprnico habra podido superar ciertas
limitaciones de su teora si hubiera formalizado todas sus suposiciones, se
confunde la posibilidad lgica y la posibilidad histrica. Nagel piensa que
Clark da prueba de una confianza dogmtica en la filosofa analtica de la
ciencia.
Si
es fcil distinguir la recurrencia del mtodo llamado de arriba abajo, no lo es
menos distinguir la normalidad, caracterstica segn Bachelard de actividad
cientfica,[25] de lo que
llama Thomas Kuhn ciencia normal.[26]
A pesar de cierto nmero de contactos entre las dos epistemologas,
especialmente en lo que concierne a la estimacin de las pruebas de
continuidades la ciencia por medio de la enseanza y los manuales, hay que
convenir que los conceptos de base que parecen de la misma familia, de hecho no
se remontan al mismo linaje. Esto lo ha visto y lo ha dicho el padre Franois
Russo en un artculo bien documentado, Epistmologie et Histoire des Sciences,[27]
dnde a pesar de ciertas reservas concernientes a la reivindicacin de
superioridad a veces propia de la historia epistemolgica, el autor descubre en
Kuhn un desconocimiento de la racionalidad especficamente cientfica. No
obstante el cuidado con que pretende conservar de la enseanza de Sir Karl
Popper la necesidad de la teora y su prioridad sobre la experiencia, Kuhn no
logra repudiar la herencia de la tradicin lgico-empirista, e instalarse
decididamente en el terreno de la racionalidad, de la que esta epistemologa
parece sin embargo obtener sus conceptos claves de paradigmas y ciencia normal.
Pues paradigma y normal suponen una intencin y actos de regulacin, son
conceptos que implican la posibilidad de un desfasaje o de un despegue con
relacin a aquello que regulariza. Ahora bien, Kuhn les hace jugar esta funcin
sin proporcionarles los medios, no reconocindoles ms que un modo de
existencia emprica como hechos de cultura. El paradigma es el resultado de una
eleccin de usuarios. Lo normal es lo comn, en un perodo dado, a una
colectividad de especialistas en una institucin universitaria o acadmica. Se
cree habrselas con conceptos de crtica filosfica, cuando se est a nivel de
la psicologa social. De ac el embarazo de que es testimonio el Postfacio a la
segunda edicin de la Estructura de las revoluciones cientficas, cuando se
trata de saber lo que conviene entender por verdad de la teora.
Por
el contrario, cuando Bachelard habla de norma o de valor es porque, tratndose
de la ciencia de su predileccin, la fsica matemtica, identifica teora y
matemticas. Es un matematismo que se constituye en la osamenta de su
racionalismo. En matemticas no hay lo normal sino lo normado. Contrariamente a
los herederos, ms o menos directos u ortodoxos del logicismo empirista,
Bachelard piensa que las matemticas tienen un contenido de conocimiento, a
veces efectivo, a veces latente, en el cual es depositado, momentneamente, su
progreso. En este punto, Bachelard se encuentra con Jean Cavaills, cuya
crtica al logicismo empirista no ha perdido nada de su vigor y de su rigor.
Despus de haber mostrado, contra Carnap, que el encadenamiento matemtico
posee una cohesin interna que no se deja atropellar: lo progresivo es de
esencia...,[28] Cavaills
concluye, sobre la naturaleza de este progreso: Ahora bien, uno de los
problemas esenciales de la doctrina de la ciencia es que justamente el progreso
no es aumento de volumen por yuxtaposicin, subsistiendo lo anterior con lo
nuevo, sino revisin perpetua de los contenidos por profundizacin y tachadura.
Lo que est despus es ms que lo que haba antes, no porque lo contenga e
incluso lo prolongue, sino porque sale necesariamente de ste y lleva en su
contenido la marca cada vez ms singular de su superioridad[29].
En
razn de las especialidades cientficas fsica, matemticas y qumica de las
sntesis calculada- en cuyo campo fue inicialmente elaborado, el mtodo
histrico de la recurrencia epistemolgica no podra ser considerado como una
llave maestra. Sin duda, de una especialidad bien trabajada, bien practicada,
en la inteligencia de sus actos generadores, se puede abstraer reglas de
produccin de conocimientos, reglas susceptibles de extrapolacin prudente. En
este sentido el mtodo puede ser ampliado ms bien que generalizado. Pero no se
lo puede extender a otros objetos de la historia de las ciencias sin una
ascsis preparatoria de la delimitacin de su nuevo campo de aplicacin. Por
ejemplo, antes de importar a la historia natural en el siglo XVIII las normas y
procedimientos del nuevo espritu cientfico, convendra preguntarse a partir
de qu fecha se puede identificar en las ciencias de los seres vivos alguna
fractura[30]conceptual
de un efecto revolucionario igual al de la fsica relativista o la mecnica
cuntica. Parece que esta fractura es apenas reconocible en la poca de la
recepcin del darwinismo[31]
y que , si lo es, lo es bajo el efecto recurrente de transformaciones
ulteriores, la constitucin de la gentica y la bioqumica macromolecular.
Conviene
pues admitir como indispensable un buen uso de la recurrencia y la educacin de
la atencin a las rupturas. A menudo cree el investigador de las rupturas, a la
manera de Kant, que un saber cientfico se inaugura con una ruptura nica,
genial. A menudo tambin el efecto de ruptura es presentado como global,
afectando la totalidad de una obra cientfica. Sin embargo, habra que saber
distinguir, en la obra de un mismo personaje histrico, rupturas sucesivas o
rupturas parciales. En una trama terica ciertos hilos pueden ser completamente
nuevos, mientras que otros son tomados de viejas texturas. Las revoluciones
copernicana y galileana no se hicieron sin conservacin de herencia. El caso de
Galileo es ejemplar. Tanto en el artculo Galileo y Platn[32]
como en los Estudios Galileanos[33],
Alexander Koyr ha indicado dnde se sita, segn l, en la obra de Galileo, la
mutacin[34] decisiva
que lo hace irreductible a la mecnica y a la astronoma medievales. Pues la
elevacin de la matemtica aritmtica y geometra- a la dignidad de clave de
inteligibilidad para las cuestiones de fsica significa el retorno de Platn
por encima de Aristteles. La tesis es suficientemente conocida como para
dispensarnos de insistir en ella. Pero al evocar, a justo ttulo por otra
parte, un Galileo arqumedeo tanto como platnico, no abusa Koyr de la
libertad de recurrencia?[35]
Y no sobreestima un poco el efecto de la ruptura galileana al presentarla como
repudio a todo aristotelismo? Sobre este punto, no est autorizado Ludovico
Geymonat a afirmar en su Galileo Galilei[36]
que Koyr ha borrado con mucha facilidad, en su interpretacin, todo lo que
conservaba Galileo de la tradicin aristotlica al exigir a la matemtica
reforzar la lgica? Koyr se ve pues corregido en el mismo punto donde l
correga a Duhem cuando escriba: La aparente continuidad en el desarrollo de
la fsica, de la Edad Media a los Tiempos Modernos (continuidad que han
subrayado tan enrgicamente Caverni y Duhem), es ilusoria... Una revolucin
bien preparada es no obstante una revolucin.[37]
Carecera
a este propsito de inters preguntarse por las razones que han hecho de Duhem,
aun ms que de Koyr, en materia de historia y de epistemologa, el
interlocutor francs privilegiado de los historiadores y los epistemlogos
anglosajones de ascendencia analtica?No ser que la fidelidad de Duhem a los
esquemas aristotlicos, cuando estudia la estructura de las teoras
cientficas, se acomoda mejor a los descendientes del empirismo lgico de lo
que lo hace el materialismo histrico de Koyr y sobre todo el matematismo
militante de Cavaills y de Bachelard?[38]
Y
no es paradjico que sea propio de una epistemologa de tipo discontinuista el
justificar plenamente la pertinencia de una historia de las ciencias inspirada
por una epistemologa de la continuidad? Pues si entre ellos hay discordancia
sobre la relacin de las normas de validacin del pasado cientfico, ellos es
como consecuencia de una eleccin diferente del campo de aplicacin. La
epistemologa de las rupturas conviene al perodo de aceleracin de las
ciencias, perodo en el cual el ao e incluso el mes han llegado a ser la
unidad de medida del cambio. La epistemologa de la continuidad encuentra su
objeto de preferencia en los comienzos o en el despertar de un saber. La
epistemologa de las rupturas no desprecia en manera alguna a la epistemologa
de la continuidad, ni siquiera cuando ironiza sobre los filsofos que no creen
sino en ella. Bachelard comprende a Pierre Duhem y soporta mal a Emile
Meyerson: En suma, he aqu el axioma de la epistemologa planteada por los
continuistas: puesto que los comienzos son lentos, los progresos son continuos.
El filosofo no va ms lejos. Cree intil vivir los tiempos nuevos, los tiempos
donde precisamente los progresos cientficos estallan por todas partes,
haciendo estallar necesariamente la epistemologa tradicional.[39]
Capaz
por un lado de hacer justicia a una forma de historia de la ciencias que no
condena ni excluye al sobrepasarla, pero sobre otro segmento de la diacrona,
la historia segn el mtodo epistemolgico de la recurrencia es, por otro
lado, capaz, por el hecho de sus conceptos y sus normas, de anticipar y
legitimar su eventual superacin?
Es
sin duda evidente que el progreso cientfico por ruptura epistemolgica impone
la refundacin frecuente de la historia de una disciplina que no puede
considerarse exactamente la misma, puesto que bajo un mismo nombre usual,
perpetuado por inercia lingstica, se trata de un objeto diferente. Por fuera
de la personalidad de sus autores, no es nicamente por el volumen de
conocimientos acumulados que La logique du vivant (1970) de Francois Jacob
difiere de la segunda edicin (1950) de la History of biology de Charles
Singer;[40]
lo es por el hecho del descubrimiento de la estructura de la ADN (1953) y de la
introduccin en biologa de nuevos conceptos, sea bajo trminos conservados
como organizacin, adaptacin, herencia, sea bajo trminos inditos como
mensaje, programa, teleonoma.
Pero
la cuestin no es refundacin; lo es de desuso y quizs incluso de muerte.
Entre los epistemlogos franceses de la joven generacin, hay dos maneras
diferentes de tomar sus distancias con relacin a esta especie de historia de
las ciencias. La primera consiste en denunciar la ilusin epistemolgica y en
enunciar un relevo poniendo fin a una usurpacin de funcin. La segunda
consiste en decir que la historia de las ciencias an est por nacer.
Dominique
Lecourt, autor de exgesis minuciosas, penetrantes, comprensivas de la obra de
Gaston Bachelard, en el ltimo estudio que le consagra, bajo el ttulo del El
da y la noche,[41]
ingeniosamente trata de demostrar que Bachelard no ha logrado tomar conciencia
del motor y del sentido de sus anlisis epistemolgicos, que ha permanecido
prisionero de las implicaciones idealistas de la filosofa de las ciencias,
aplicando a las producciones del saber un mtodo de juicio vertical, aunque
todas sus conclusiones tienden a reforzar las tesis del materialismo
dialctico. Puesto que la produccin de saberes es un hecho de la prctica social,
el juicio de estos saberes en cuanto a su relacin con sus condiciones de
produccin dependen de hecho y por derecho a la teora de la prctica poltica,
es decir del materialismo marxista repensado por Althusser y su escuela.
Ciertamente se acordar que si esto es as, la pretensin de interseccin
vertical de la ciencia por la epistemologa debe caer. Pero se preguntar
primeramente si es posible conservar el nombre de ciencia para un gnero de
producciones del cual la vertical de interseccin (o ms exactamente dicho, la
ltima instancia dominante) es la poltica, sustituyendo a la antigua polaridad
de lo verdadero y lo falso la nueva polaridad de la conformidad y de la
desviacin con relacin a una lnea. Se preguntar despus cmo un concepto
fundamental de una epistemologa ilusionista, el de ruptura, aumentado en su
poder por la invencin del trmino corte, puede sostener una reinterpretacin
del marxismo, en su constitucin como ciencia de la historia, en cuyo nombre es
rechazada la epistemologa como una ilusin.
Michel
Serres deja una constancia de ausencia. Todo el mundo habla de historia de las
ciencias. Como si existiera. Ahora bien, yo no la conozco.[42]
En historia de las ciencias, de las es indefinido partitivo. Hay historia de
la geometra, de la ptica, de la termodinmica, etc., por lo tanto, de
disciplinas definidas por un recorte que las vuelve insulares, exteriores las
unas a las otras. Ahora bien, sera necesario que de las sea un indefinido
global, para que la historia de las ciencias fuese aquella de la juntura
general del saber como tal y no desintegrado[43].
Entonces solamente el saber como formacin podra ser puesto en relacin con
otras formaciones en la historia general. Segn Michel Serres, la historia de
las ciencias es vctima de una clasificacin que se acepta como un hecho de
saber cuando el problema es saber de qu hecho procede, cuando habra que
emprender primero una historia crtica de las clasificaciones.[44]
Aceptar sin crtica la particin del saber antes del proceso histrico donde
se va a desarrollar este conjunto, es obedecer a una ideologa. El uso de
estos ltimos trminos podra parecer que implican una referencia al marxismo,
pero el contexto no permite decidir sobre ello.[45]
De todos modos, se har notar que la epistemologa de Gaston Bachelard ha
encontrado semejante problema, antes de que se le hubiera hecho a la historia
de las ciencias el reproche de ignorarlo. La mayor parte de Racionalismo
aplicado est constituida por interrogantes sobre las causas y el valor de la
divisin en distintas regiones de la organizacin racional del saber" y
sobre las relaciones de los racionalismos regionales con un racionalismo
integrante.
Los
textos polmicos que acabamos de citar mereceran, evidentemente, cada uno por
su lado, una exposicin menos sucinta y un examen menos rpido. Pero nos ha
parecido justo indicarlos en la medida en que uno y otro prometen a la nueva
historia de las ciencias relaciones ms fecundas que las que a menudo mantienen
con la epistemologa. Aun cuando sean crticas respecto a los programas de los
que dijimos, al comienzo de este estudio, que son ms numerosos que los logros,
son ciertamente eso, programas. Hay pues que sumarlos a los dems. Esperando
los logros.
Notas:
[1] Cf. J. F. Ferrier, Institutes of Metaphysics. Epistemologa fue
inventada para ser opuesta a ontologa.
[2] La
Historia de la Ciencia constituye no solo la memoria de la ciencia sino tambin
su laboratorio epistemolgico. "The origins of
clasical Mechanics", en Critical Problems in History of Science,
edited by Marshal Clagett. (1959; 2da. Ed Madison, 1962)
[3] Institut de France, Acadmie des Sciences. Troisims Centenaire,
1666-1966, II, Historie de la Botanique, por Lucien Plantefol, Paris,
Gauthier-Villars, 1967.
[4] XIIe Congres International dhistorie des sciences, Paris, 1963: Colloques,
textes des rapports, Albin Michel, 1968; pp. 39-55.
[5] A History of
Biochemistry, part I and II, Elsevier,
Amsterdam-London-New York, 1972; part III (History of the identification of the
Science of Free Energy in Organisms), 1975 Cf. Introduction: The Emergence
of Biochemistry, pp 1-20.
[6] Op. Cit., part III, p 29: Kholer (J. Hist. Biol.,
5 /1972/, 327) ha analizado la recepcin del descubrimiento de Bchner por los
crculos cientficos de su tiempo. Tiene en cuenta no solo los aspectos
intelectuales sino tambin los aspectos sociales... Como lo seala Kholer, lo
que provey Bchner fue ms que un hecho o una teora; fueron los bases de un
nuevo sistema conceptual.
[7] Ibid, p. 191-193
[8] Paris, Flammarion, 1971
[9]
Subrayado por nosotros (G. C.)
[10] Op. Cit., p 13.
[11] Por ejemplo La logique du vivant, une histoire de lheredit, por
Franois Jaob, Premio Nobel (paris, Gallimard, 1970).
[12] Paris, Editions du Seuil, 1975.
[13] Op. Cit., p. 108
[14] Discours de la Mthode, 3 parte.
[15] Cf.
Desantil; op. cit., p.17: se sabe que Kant se puso a trabajar en fsica
matemtica. Pero no como lo hicieron Newton, dAlaraberr, Euler, Lagrange o
Laplace y muchos otros. Su relacin con la obra cientfica no fue ya una
relacin de interioridad como la que tuvo Leibniz con la matemtica o la
lgica.
En su obra, Raisonnement exprimental et
recherche toxicologiques chez Claude Bernard, D Grrack ha mostrado que
determinacin crtica puede sacarse de la confrontacin entre los apuntes de
laboratorio y los cuadernos de notas donde el cientfico se esfuerza por
racionalizar a posteriori sus pasos experimentales.
[16] Charles Darwin, Evolution by Natural Selection,
London, 1961.
[17] Director de lInstitut dHistoire et de Politique de la Science
lUniversit de Montral.
[18] Una comparacin anloga, concerniente a la obra de Pasteur, podra hacerse
entre el estudio de Ren Dubos, Louis Pasteur, Free Lance of Science
(London, 1951) y el de Franois Dagognet, Mthodes et doctrine dans loeuvre
de Pasteur (Paris, P.U.F., 1967). Una comparacin crtica de estos dos
estudios, desde el punto de vista del mtodo en historia de las ciencias, fue
hecha por Nils Roll-Hansen en un artculo titulado: Louis Pasteur, A case
against reductionst historiography (Brit. J. Phil. Sci., 25 /1972/, 347-361).
[19] Cf. Nuestro artculo Gaston Bachelard en Scientezianti e
Technologici contemporanei, I, pp. 56-57.
[20] Paris, P.U.F., 1953
[21] Le matrialisme rationnel, p. 86.
[22] Cf. La exposicin de Anne Fagot, Le transformisme de Maupertius y
nuestras observaciones en el curso de la discusin, en las Actes de la Joune
Maupertius (crteil, 1 dcembre, 1973), Paris, Vrin, 1975. En Les Science de
la vie aux XVIIe et XVIIIe siecles (1941) E. Guynot llega a escribir: Un
genetista, Maupertius (p. 389)
[23] The philosophy of
science and the history of science, in Critical
Problems in the History of Science (1959; 2 ed., 1962), pp. 103-140
[24] Ibid., pp. 153-161
[25] Lactivit racionaliste de la physique contemporaine
(1951), p. 3 Cf. Igualmente Le
rationalisme appliqu (1919), p. 112: El pensamiento racionalista no
comienza. Regulariza, normaliza
[26] The structure of
Scientific Revolutions, 2 ed., 1970,
Chicago. The Copernican Revolution, 1957, New York
[27] Archives de Philosophie, 37, 4, oct-dec, 1974. Paris, Beauchesne. El padre Russo se refiere
en varias partes a la obra capital sobre la cuestin Criticism and the
Growth of Knowledge, ed. By Lakatos and
Musgrave, Cambridge, 1970. Las tesis de Kuhn son amplia, y en
algunos lugares severamente, discutidas y criticadas all por Popper,
Lakatos, Feyerabend.
[28] Sur la logique et la thorie
de la science, 3 ed. Paris, Vrin, 1975, p.
70
[29] Ibid.,
p. 78
[30] Este
trmino fractura prximo a los de ruptura y desgarrn propios de Bachelard-
es tomado de Jean Cavaills: ...estas fracturas de independencia sucesivas que
cada vez destacan sobre lo anterior el perfil imperioso de lo que
necesariamente viene y para sobrepasarlo (Sur la logique et la theorie de
la science, p. 23).
[31] La
recepcin del darwinismo en Francia fue estudiada, desde la ptica de la
epistemologa crtica, por Yvette Conry en la Introduction du darwinisme en
France au XIXe sicle, Paris, Vrin, 1974.
[32] Etudes dhistoire de la pense scientfique, Paris, Gallimard, 1973, pp.
166-195.
[33] Paris,
Herman, 1940
[34] A
comienzos de los Etudes Galilennes, Koyr declara tomar de Bachelard
este concepto de mutacin, retomado en Galileo y Platn. Es cierto que
en el Nuevo espritu cientfico (1934) y en La filosofa del no (1940) la
discontinuidad epistemolgica es descrita en trminos extrados
metafricamente del vocabulario de la biologa. Estos primeros vocablos han
desaparecido en provecho de ruptura epistemolgica en El racionalismo
aplicado (1949).
[35] En su
tesis de doctorado La philosophie naturelle de Galile (paris, A. Colin,
1962) Maurice Clavelin confirma la validez del modelo arquimideo e impugna la
fecundidad de la invocacin platnica.
[36]
Tovine, Eluaudi 1957. Ver especialmente las pginas 323-336 de la traduccin
francesa (Paris, Robert Laffont, 1968)
[37] Op. Cit. Pp. 171-172
[38] Sobre
la epistemologa de Duhem y sobre sus concepciones de la historia de las
ciencias, cf. Los artculos de Ren Poirier y de Maurice Boudot en Les
Etudes philosophiques, 1967, XXII, N 4
[39] Le materialisme rationnel, p.210
[40] New York, Shuman, 1950. La obra tiene por subttulo A
general introduction to the study of living things. La
primera edicin es de 1934; ha sido traducida al francs: Histoire de la
biologie, Paris, Payot, 1934
[41] Paris, Gramet, 1974
[42] Faire de lhistoire bajo la direccin de J. Le Goff y P. Nora ( Paris, Gallimard, 1974), Tome
II, Nouvelles Approches: Les science; p. 303-323.
[43] Ibid.,
p. 204
[44] En su
estudio sobre Augusto Comte (Histoire de la philosophie 3, Gallimard, 1974),
Michel Serres expresa el mismo pesar por la ausencia de un estudio
crtico de las clasificaciones. Este estudio existe y lo lamentable es que no
haya conocido una mayor difusin. Se debe a Robert Pages:
Problmes de clasification culturelle et documentaire (Paris, Editions
documentaires industrielles et techniques, 1955; impresin roneo)
[45] Se
encuentra la hiptesis de la referencia al marxismo fortificada por un pasaje
de Esthtiques sur Carpaccio (Paris, Herman, 1975)? Habiendo denunciado
el tonto proyecto que consiste en describir lo que pasa en el funcionamiento
del sujeto cognoscente, agrega Michel Serres: Quin se lo ha dicho? Lo ha
visto usted? Dgame a dnde ir para verlo. Ese condicional es un irreal. Las
condiciones de posibilidad estn aqu y all, no dentro de este palacios de
hadas, de esa utopa. Es Kant y su proyecto crtico. Kant y el campo
condicional que Marx ha puesto de pie. En fin, planteado en un suelo
reconocible. El marxismo es una crtica exitosa que no deja soar con
el prncipe encantado(pp. 86-88)
Fuente:
Publicado
originalmente en italiano, "Il ruole de l'epistemologia nella storografia
scientifica contemporanea", Scienza e Technica 76, Annuario della
Enciclopedia della Scienza e della Technica, Milan, Mondadori, 1976. En francs en G. Canguilhem, Idologie et Rationalit
dans l'histoire des sciencies de la vie, Paris, J.Vrin, 1988. La
presente versin fue publicado en Eco. Revista de la Cultura de Occidente,
Bogot, tomo XLI/I, n 247, Mayo 1982.