Del desarrollo a la evolucin en el siglo XIX*
VI.-
Subordinacin del concepto de epignesis al concepto de evolucin de las
especies: Darwin (1859)
Ninguna especulacin
sobre las afinidades entre las Formas vivientes puede conducir a un
transformismo radical, mientras estas Formas (especies, tipos ideales) sigan
siendo concebidas como realidades trascendentes sin las cuales el individuo no
puede tener una existencia biolgica definida. Incluso la epignesis de los
embrilogos, cuando confirma analogas ya sospechadas o cuando revela entre las
Formas pasajes imprevistos, no elimina nunca el principio por el cual la
evolucin es una propiedad reservada nicamente al individuo.
O bien esta evolucin
es interpretada como una ilustracin parcial, a escala embrionaria, de la
serie animal y de sus grados de perfeccin, o bien los estados transitorios,
las amalgamas entre Formas, tal como las que obtiene Et. Geoffroy
Saint-Hilaire, aparecen como monstruosidades o anomalas incapaces de
constituir estructuras diferenciables y transmisibles. No observamos aqu una suerte de alquimia de las especies,
sino una teratologa experimental, que provoca hipo- o para- evoluciones.
Incluso las anomalas por exceso deben ser tomadas como superabundancias hipertlicas o nocivas que no
constituyen un progreso real. Por ltimo, si la doctrina de von Baer descarta a propsito del embrin toda referencia a una
serie unilineal de Formas adultas, es para subordinarlo a un sistema: aquel de
los grados de organizacin propios de su tipo. La hiptesis de un pasaje
posible entre una especie y otra no se encuentra aqu reforzada, al contrario.
No hay entonces entre ellas ms que relaciones indirectas, de orden ms bien
lgico. Luego, cuando las especies se parecen, es porque son diferenciaciones
diversas, pero independientes, de un mismo esquema
estructural que no debe concebirse como un ser real.
De este modo,
reencontramos siempre una
representacin de alguna manera anloga. Su variante ms caracterstica es la serie de las especies, con su
plan de composicin nico y su jerarqua, cuyo lmite superior aparece marcado
por la perfeccin del hombre. Pero aun si se borra el principio de una escala
nica o el de una seriacin de las especies, persiste el postulado de un
sistema de las Formas al que toda vida, incluso embrionaria, alude, y cuyos estadios son grados de perfeccin:
este sistema posee en s en su unidad armnica- su razn de ser, e incluye toda posibilidad biolgica.
♣
Este crculo de conceptos
slo puede
ser quebrado
si la subordinacin del individuo al tipo es invertida. Dada esa inversin, la especie no conserva
ms que una existencia nominal, pero por medio de la filiacin de los
individuos deviene concebible una gnesis real de las Formas y, con ella, una
ampliacin de la idea de evolucin.
Se sabe que esta inversin se opera
en Darwin bajo una perspectiva muy diferente sobre el mundo
viviente. Las consideraciones de Geoffroy Saint-Hilaire, de Serres, de von Baer
sobre el parentesco de las formas se referan siempre a hechos anatmicos,
teratolgicos o embriolgicos: no se sala del dominio de la Morfologa. Lo que
es progresivamente ms persistente y distintivo en Darwin es una perspectiva geogrfica:
geologa, geografa de las especies, cambios geogrficos y su accin posible
sobre los seres vivos Su vocacin intelectual no se origina acaso en un viaje
que le permite, en suma, hacer sobre el terreno una exploracin de las
especies bastante anloga a la que el mismo Lamarck no haba hecho ms que en
el Museo? En Darwin, un ser vivo aparece como un ser cuya realidad total
desborda una estructura que no puede reflejarlo plenamente: una especie se
define tambin por funciones vegetativas o de relacin, ligadas a cierto modo
de vida que implica un medio particular, y que se expresa, en el animal, en
hbitos e instintos.
Precisamente, esta
referencia al medio plantea algunas paradojas a la morfologa. Porqu, en primer lugar, las analogas de
estructura que revela una clasificacin anatmica controlada por las secuencias
embriolgicas corresponden menos de lo que esperaramos a las analogas en la
funcin o la utilizacin: No es acaso muy remarcable que la mano del hombre
hecha para agarrar, la garra del topo destinada a escarbar la tierra, la pata
del caballo, la aleta de la marsopa y el ala del murcilago estn todos
construidos sobre el mismo modelo y encierren huesos similares, situados en las
mismas posiciones relativas? (O. E., 512).[1]
Es casi una regla: las formaciones anatmicas ms estrechamente ligadas al tipo
de vida de la especie son a menudo menos caractersticas para su ubicacin
clasificatoria que las
partes rudimentarias o poco tiles directamente (O. E., 490 ss.). Problema del mismo tipo:
Cmo comprender que la gnesis del ser viviente sea a veces tan poco
previsible a partir de su estructura adulta? Hacia el fin del Origen de las
Especies, Darwin pregunta aproximadamente: Por qu hay una embriologa? (O.
E., 522-523) Por qu la historia del embrin es, segn las especies, tan
desigualmente rica en rodeos en relacin a lo que ser el adulto? Estas dos
oposiciones entre estructura profunda y estructura adaptada, entre forma
terminada y estadios embrionarios- no tienen acaso una relacin oculta, si es cierto que
a veces los caracteres embriolgicos son una mejor referencia para la Sistemtica que los caracteres adultos (O.
E., 494)?
La
referencia al medio revela tambin la inconsistencia de toda escala universal
de perfeccin o de acabamiento en biologa. En su ms precisa acepcin, la perfeccin era una
propiedad intrnseca de la Forma, deducida de su grado de semejanza al hombre.
Ahora bien, este criterio no puede de ninguna manera coexistir con el de la
adaptacin al medio, incluso si se reserva al puro morflogo, porque este ltimo le retira a aqul casi toda significacin,
si es cierto que la estructura de un ser viviente es la de un ser que debe
vivir. La
tradicin hablaba mucho de adaptacin pero, en general, para maravillarse de
que fuese siempre tan exacta. Su consideracin tampoco se refera al problema de la
jerarqua de las especies, ni para suprimirlo ni para facilitarle una solucin. Por el contrario, los principales
transformistas del siglo XIX, meditan sobre la inadaptacin relativa de los
seres y sobre los cambios ms o menos costosos que pueden reducirla. Esta
dualidad entre las exigencias de las condiciones de vida y las estructuras
profundas del ser viviente, que ya hemos sealado, confirma un principio fundamental, tanto en Darwin como en
Lamarck: entre la vida y su medio no hay un acuerdo preestablecido. En este
sentido al menos, el transformismo de ambos es profundamente dualista. Pero adems, la concepcin misma que
Darwin se hace del medio y del ajuste al medio, relativizando al mximo la
adaptacin, coloca su doctrina exactamente en oposicin a las filosofas
biolgicas fundadas sobre la idea de perfeccin.
En el Origen de las
Especies (Cf. sobre todo caps. 3 y 4), lo esencial no es casi nunca el
medio fsico, ni incluso el medio alimentario. Es sobre todo la cercana de los
rivales y de los agresores, y la adaptacin se expresa menos en la satisfaccin
de las necesidades que en un hecho demogrfico, a saber: tener descendientes cada vez ms numerosos o, al menos, en nmero no decreciente. Se sigue que no se
podra estar en s adaptado o no. No podemos constatar ms que la
adaptacin de un ser en ciertos lugares, en relacin con ciertos entornos y en
ciertas condiciones. Nadie, comprendido el hombre, est biolgicamente adaptado
a todo, y seres rudimentarios pueden estar muy bien ajustados a ciertos
contextos de existencia (O. E., 134-135). La adaptacin al medio de
referencia sin duda no tiene un grado ptimo (rapidez o fuerza no tienen
lmites biolgicos concebibles) y no puede ser tenida jams por definitiva. Su
precariedad est ligada a la virtual inestabilidad del medio darwiniano, en el
que los seres vivientes y sus desplazamientos, incluso mnimos, pueden, por un
juego de interdependencias complejas, poner de pronto nuevamente en cuestin a
la adaptacin. De este modo si los gatos desaparecen o aparecen en un pueblo,
esto puede afectar la supervivencia del trbol rojo (los gatos comen a los ratones, que destruyen los nidos de
los abejorros, que contribuyen a la polinizacin del trbol rojo (O. E., 79-80).
La adaptacin no est quizs verdaderamente protegida ms que en islas o en lagos,
sitios privilegiados de las especies endmicas, no porque posean una
geografa original, sino porque constituyen dominios relativamente cerrados. La
adaptacin est tanto menos asegurada en su porvenir cuanto ms vasto y ms abierto es el territorio (cf. P. Ej. O. E.,
77). Ms an, las posibilidades de adaptacin de una especie a su medio pueden
no ser nicas: amenazada en el contexto de un cierto tipo de vida, ella puede
reencontrar a veces un sitio si consigue modificar su estilo de existencia. Los
sitios vacantes en un lugar dado, segn la terminologa de Darwin, no son
espacios libres sino ms bien sistemas de vida (hbitat, modo de alimentacin, de ataque, de
proteccin) tericamente posibles y an no practicados.
Al tiempo que la idea de
una jerarqua biolgica de los individuos o de las Formas pierde su fundamento
anterior, los caracteres esenciales de las variaciones, tal como Darwin los
toma en consideracin, privan a esas Formas de su status tradicional. En primer
lugar, la idea de pequea variacin es aqu ms radical que en Lamarck, para quien las diferencias entre
individuos no son innatas y separan menos a los contemporneos entre s que a
los ancestros de sus descendientes. Segn esto, las variaciones no apareceran
en condiciones ideales de adaptacin. Darwin, lo sabemos, parte al contrario
del hecho de que unos congneres, adaptados o no, son siempre desde cierto
punto de vista diferentes entre s. Esta diferencia, normal en cierto modo, no
puede compararse con las singularidades que acaparaban clsicamente la atencin
de los bilogos: monstruosidades e hibridaciones. Incluso I. Geoffroy Saint-Hilaire, cuando en su clasificacin de
las anomalas incluye bajo el nombre de variedades unas heterogeneidades
benignas en extensin anatmica o incidencia funcional, permanece ms ac del
concepto darwiniano. Las diferencias entre esas variaciones y el carcter usual seguan siendo de ocurrencia
excepcional (gigantismo, msculo suplementario, arteria desdoblada, etc. Cf. Historia
general y particular de las anomalas, 1832). Darwin insiste, al
contrario, sobre la imposibilidad de trazar en la mayor parte de los casos un
lmite neto entre carcter usual y variacin evolutiva. De aqu que elija tomar como ejemplo caracteres
mesurables (largo del pico de un ave, p. ej.), es decir variables biolgicas tericamente continuas. Estas
pequeas variaciones que se acumulan lentamente, por seleccin natural o
artificial, en una misma direccin- constituyen el nico medio para concebir en
la transmutacin de las formas una continuidad que juega, en el sistema de
Darwin, un rol esencial en ms de un sentido. De este modo, los pasajes
graduales dejan de ser privilegio de la embriologa. Subrayando su frecuencia y
su omnipresencia en las especies actualmente observables y, sobre todo, el alcance de sus
efectos acumulativos, Darwin elimina el axioma de la irreductibilidad de las
Formas vivientes que un transformismo de las variaciones bruscas[2]
podra haber justificado.
Resulta tambin
remarcable que estas pequeas variaciones sean diferencias de detalle.
Podemos imaginar singularidades, incluso mnimas, que afectaran la forma en su
totalidad. Entonces, aunque Darwin no haya admitido jams la estricta disyuncin de los
caracteres y haya tomado en cuenta frecuentemente las variaciones
correlativas (O. E., 12-16; 155-161;
231, etc.), coloca como principio de su teora unas variaciones fragmentarias
(Cf. P. Ej. 230-231), como son las particularidades biolgicas usuales. Esta
tendencia a la descomposicin de los tipos en rasgos poco solidarios se
reencuentra, por otra parte, en su concepcin de la herencia. De este modo se esfuma un segundo aspecto
clsico de las formas vivientes: su indivisibilidad. La epignesis se introduce
en el
concepto de
especie: de una a la otra, el pasaje se opera por modificaciones parcelarias
relativamente independientes.
Por ltimo, estas
variaciones son imprevisibles. En general, sus causas nos son desconocidas (O. E., 144 y 178), y, llamativamente, no
resultan en general del contacto con el medio o del ejercicio. Sin duda,
ciertas condiciones hacen que las variaciones resulten ms frecuentes (la
domesticacin, O. E., 144). Sin duda, sobre una forma dada, en un
momento dado, las variaciones parecen afectar ms a los caracteres adquiridos
recientemente por la especie, y hacerlo preferentemente en el sentido en que la
evolucin ya se ha introducido (O. E., 163-167). Pero eso no permite
predecirlas mejor. En todo caso, si tenemos en cuenta todas las variaciones,
tiles o no, que sobrevienen efectivamente sobre una forma dada y si
intensificamos idealmente cada una de ellas por acumulacin, es el tipo entero
el que aparece indefinidamente e indiferentemente plstico, tal como lo sugiere adems la produccin de ciertas especies
domsticas por parte de los criadores (el perro, p. ej.). Cuando hacemos abstraccin de la accin
eliminadora del medio, no hay razones biolgicas para que las formas
evolucionen en determinada direccin ms que en otra o se detengan o bifurquen aqu ms que
all. Esta contingencia, que distingue la doctrina de Darwin de cualquier otro
transformismo, era necesaria para que desapareciera toda justificacin a priori de las estructuras o de las
especies: la Vida no tiene ni plan ni preferencias, ella no tiende hacia
nada, ni siquiera hacia su propia conservacin. Son los azares del medio los
que negativamente la orientan y, por momentos, la estabilizan. De este modo la
apariencia de predeterminacin, la imagen de un cambio sostenido por
estructuras trascendentes - tan difcil de eliminar enteramente de la
embriologa - es radicalmente excluida del devenir de las especies.
Slo esta triple negacin
de la irreductibilidad, la indivisibilidad y la predeterminacin de las especies, que en Darwin es a la vez ms esencial y ms convincente
que en Lamarck, iba a permitir interpretarlas enteramente en trminos de evolucin y extender
definitivamente
el concepto de desarrollo fuera del estudio del individuo. Sin embargo, una serie de
hechos particulares impedan a Darwin ver en la historia de las especies la
simple transposicin, a la escala de las generaciones y de los siglos, de una
epignesis de tipo embriolgico.
En primer lugar, el
desarrollo embriolgico refiere a un individuo nico y cualificado. Sin duda,
hacia mediados del siglo, an se discierne mal el sujeto del desarrollo (a se
que se desarrolla). Esta invariante de las transformaciones embriolgicas no
puede ser asimilada a la superficie y al volumen (como en un despliegue), ni a
la estructura adulta (como en un agrandamiento). Pero por referencia a los
progenitores y por anticipacin del final del proceso, se puede decir si se est desarrollando
una paloma o un lobo. Para un segmento pasado y restringido de la historia de
las formas vivientes, podemos tambin, en ltima instancia, decir que es la
especie A la que evoluciona hacia la especie B. Pero aqu los jalones mismos
estn en movimiento: no hay puntos fijos ms que para comodidad del lenguaje. A
escala de la evolucin universal cualquier referencia de este tipo es
imposible. Por otra parte, el mundo viviente no se desarrolla a la manera de un
solo ser colectivo. El conjunto de las Formas, en un momento dado, deja, en
Darwin, de poseer una arquitectura provista de unidad interior. Entre dos tipos
coexistentes, la relacin es sobre todo de compatibilidad, no ya absoluta sino
local. La vida sobre la tierra se presenta como una suma de faunas y de floras
relativamente independientes, de fronteras a veces mviles o permeables. Las
superficies geogrficas no pueden alojar ms que una suerte de caos o, en el
mejor de los casos, armonas extrnsecas de orden ecolgico, equilibrios
provisorios entre poblaciones. Ms all de esta pseudo-unidad en el instante, para el
universo de Darwin subsiste una unidad
reducida de ah en ms a su mnimo, a saber: la de una filiacin continua, en un
sentido a la
vez
genealgico (todas las especies derivan del mismo tronco) y quasi matemtico (pequeas variaciones
elementales). Por
esta unidad se
explica la relativa persistencia de los tipos y planes de organizacin: ella no
es el sustrato o el fundamento de la historia; ella no es ms que la
consecuencia.
Se presiente entonces que
la velocidad del cambio no puede ser la misma para el individuo en vas de
formacin que para su especie. La duracin de un devenir embrionario posee una
suerte de plenitud y de necesidad interna, cuyo ndice es la constancia
para una forma dada. Ahora bien, la historia de la especies no es la de un
sistema aislado en evolucin. Ella se inscribe, en apariencia, en un tiempo
realmente ms creador que el de la embriologa, porque se trata de una aventura
imprevisible, donde la va seguida por una especie se crea por su progresin
misma. Pero,
por otra parte, en este universo parcelado en sistemas abiertos a otros
sistemas y donde todos los cambios no sobrevienen ni se llevan a cabo ms que por azar,
el tiempo no tiene un valor propio; l no es ni la fuente ni la medida del cambio. La idea de un
ritmo interno a la evolucin en general es extranjera al darwinismo autntico:
la sola duracin del tiempo no puede nada por ella misma... Se sostuvo que yo acordaba
al elemento del tiempo un rol preponderante en la transformacin de las
especies, como si todas las formas de la vida debieran necesariamente soportar
modificaciones en virtud de algunas leyes innatas. La duracin del tiempo slo
es importante...
porque otorga mayores probabilidades para la aparicin de las variaciones ventajosas, y porque permite que
ellas se
acumulen o se fijen. La duracin del tiempo contribuye tambin a aumentar la
accin directa de las condiciones fsicas de la vida en su relacin con la
constitucin de cada organismo (O. E., 112-113). Para especies que hayan
encontrado localmente un tipo de existencia apropiado a su supervivencia, el
tiempo no tendr ms que un rol conservador, en tanto las circunstancias no se
modifiquen.
Por ltimo, el desarrollo
embrionario haba sido concebido siempre como un progreso: perfeccin creciente
para los partidarios de la serie animal unilineal; terminacin gradual de un
ser cada vez ms diferenciado, segn von Baer. La evolucin que sugiere el darwinismo no tiene un trmino
previsible,
luego, no conoce acabamiento alguno Si ella es progreso, en qu sentido lo es? El criterio de
la superioridad ha cambiado: es el incremento de la capacidad de sobrevivir. De
ah, sobre todo, la
imposibilidad de jerarquizar unas Formas coexistentes si su respectiva
supervivencia es duradera. No hay progreso de la hormiga a la golondrina, y
el ojo del salmn o del cuervo no es inferior, adaptativamente, al del
chimpanc. El progreso en el sentido de Serres no tiene lugar aqu Qu decir
entonces del progreso en el sentido von Baer? Darwin busca, en la mayor medida
posible, reencontrar por sus propias vas los conceptos de las disciplinas
biolgicas limtrofes. Ahora bien, los bilogos de ese tiempo hablan con
convencimiento de organizaciones inferiores o superiores en sentido absoluto.
Darwin no disimula su embarazo respecto a
este punto de vista. Con o sin referencia a la estructura del hombre, los
criterios de los morflogos carecen de claridad y de concordancia: Es casi
imposible definir lo que entendemos por organizacin elevada (O.E.,
522; Cf. tambin, p. ej., 133). De este modo, ciertos naturalistas consideran
como ms elevados en la escala a aquellos [peces] que, como el tiburn, se acercan ms a los anfibios,
mientras que otros naturalistas consideran como ms elevados a los peces seos
o telesteos[3] porque son
realmente ms pisciformes y difieren ms de otras clases de vertebrados (O.E., 131-132; Cf.
413-414). Von Baer ha propuesto, a pesar de todo, el mejor hilo conductor: el
criterio de von Baer parece ser el que se aplica ms generalmente y el mejor, a
saber, la extensin de la diferenciacin de las partes del mismo ser, y la
especializacin de estas partes para las diferentes funciones, a lo que
agregara: en el estado adulto; o, como dira Milne-Edwards, el
perfeccionamiento de la divisin de trabajo fisiolgico (O. E., 133). Para Darwin este progreso
de las estructuras en diferenciacin y en complicacin es evidentemente una consecuencia
indirecta del progreso adaptativo, ya que la diferenciacin
constituye una ventaja. Se proponen para esto dos explicaciones conjuntas. Por un lado, la
competencia por la vida es tanto ms severa cuanto que los seres vivientes son
ms similares (O.E., 82-84); en general la posibilidad de sobrevivir va entonces a la par de una
heterogeneidad creciente de los grupos animales y vegetales. Dado que esta diferencia
entre las Formas implica a menudo una
cierta diferenciacin interna de cada una de
ellas, ligada a su especializacin, el esquema de desarrollo embrionario por
diferenciaciones sucesivas introducido por von Baer tiene por contraparte en
Darwin la evolucin por divergencia, por ramificaciones reiteradas de los
linajes (O.E., 413). Por otra parte, deviene un axioma de la fisiologa
contempornea que la divisin del trabajo fisiolgico aumenta el rendimiento de
un organismo: esta divisin (junto con la complicacin de las estructuras que
acarrea) es
entonces una
superioridad en s. Dicho esto, la historia de las especies coincide con semejante proceso
de diferenciacin slo de manera bastante grosera. Darwin niega que su doctrina implique como condicin necesaria el
progreso de la organizacin (O.E., 413). Formas poco diferenciadas
pueden permanecer sumamente estables, si han encontrado un medio adecuado (O.E.,
134-136; 412). Y la aptitud para sobrevivir mejor puede no asociarse ms que a
un detalle sin importancia anatmica o fisiolgica (color protector de ciertos
insectos (O.E., 91); a veces a la pequeez misma o a un capricho de la
seleccin sexual.
El progreso, definido
segn los criterios darwinianos estrictos, es ms constante? Sin duda, la
supervivencia del ms apto, tratndose de individuos tomados en un lugar y un
momento dados o de generaciones cercanas en el tiempo, es una regla sin
excepciones. Pero estos progresos circunstanciales y relativos son
automticamente totalizables en un Progreso universal y absoluto, que tornara
todo el pasado de la Vida radicalmente inferior a su presente? Los
paleontlogos de la poca admitan, en su mayora, la superioridad absoluta de
las especies actuales sobre las especies fsiles (O.E., 412); y Darwin
mismo escribe: Si pudiramos hacer competir, en condiciones climticas casi
idnticas, a los habitantes de la poca ecena y a los del mundo actual,
stos predominaran sobre los primeros (Ibd., ns). Sin embargo, subsisten algunas dificultades. La
superioridad slo podra ser una relacin lgicamente transitiva (C superior a
B, y B superior a A, entonces: C superior a A) a condicin que todas las cosas
permanezcan iguales en todos los casos. Pero el progreso biolgico no procede por una simple
adicin de aptitudes suplementarias a los caracteres anteriores; las
innovaciones se acompaan a menudo de regresiones. Adems, las condiciones exteriores al organismo pueden
cambiar tambin con el curso del tiempo, as como lo hacen de un lugar a otro.
Si aqu (por ejemplo, en presencia de determinados competidores) una Forma es
superior a otra, no se sigue de all que lo sea en todas partes. Y si C es
superior a B en determinada fecha, no se puede concluir que, en su momento, haya sido superior
a A (ulteriormente eliminada por B). La hiptesis propuesta por Darwin ms
arriba (en condiciones casi idnticas) supone resuelta esta dificultad. Es
verdad que el curso del tiempo y la impermeabilidad siempre imperfecta de las
fronteras tienden a uniformizar las circunstancias. Pero la objecin no est
enteramente descartada. Si lo estuviera, no slo no observaramos estas
retrogradaciones de organizacin de las que Darwin admite la eventualidad (O.E.,
136, 412), sino que, adems, lo anterior (en el tiempo) estara siempre desaparecido. No veramos coexistir a
veces, en las mismas zonas, vertebrados superiores e inferiores, o incluso los
tres rdenes inferiores de mamferos, es decir los marsupiales, los desdentados
y los roedores... (con) numerosas especies de monos (O.E., 135-136). En
pocas palabras, no hay progreso ms que en el sentido relativo de una aptitud
para sobrevivir hic et nunc. Es slo indirecta y someramente que esto
acarrea progresos de la organizacin, o incluso progresos de la aptitud
absoluta para sobrevivir. Darwin mismo subray el quiebre entre este cuadro de
la historia de las especies y aqul que resulta, en Lamarck por ejemplo, de la afirmacin de
una tendencia innata y fundamental de todos los seres organizados hacia la
perfeccin (O.E., 124).
A partir de Darwin, los
conceptos de desarrollo y de evolucin parecen poder integrarse a teora
positiva de las especies; pero a condicin de una modificacin de sus
respectivos contenidos. Y dado que, en esta teora, la embriologa devendr una
secuela de la evolucin de las especies, estos conceptos se encontrarn afectados en su propio dominio de
origen. El desarrollo de las Formas vivientes contiene eminentemente a
cualquier otro desarrollo biolgico y fija el sentido fundamental de esta
nocin.
Pero, de la misma manera que la epignesis comprobada del individuo no haba
impuesto al espritu la epignesis de los tipos[4], la reaccin de la idea de devenir de las
especies sobre la idea de la formacin de los individuos no era, a decir verdad, inevitable. Ella exiga
a la vez garantas empricas y mediaciones tericas. En efecto, hacan falta en
primer lugar datos paleontolgicos. En von Baer, Darwin no poda encontrar nada
perentorio en favor de una teora de la descendencia. El hecho de que embriones
de diversos vertebrados, por ejemplo, sean casi indiscernibles en sus primeros
estadios, puede interpretarse como ndice de una real unidad de estructura y no
como la prueba de un origen idntico, teniendo en cuenta que los estadios
comunes a la ramificacin, en rdenes o clases, tienen un carcter rudimentario (diferenciacin
incompleta) que vuelve problemtica su existencia en el estado separado. Von
Baer subraya, por otra parte, que dichos estadios no tienen equivalente entre
los adultos observables. De todas maneras, lo hemos visto, la filosofa
biolgica de von Baer, fundada sobre la irreductibilidad de los tipos de
organizacin, exclua un transformismo radical. Darwin iba por ms, y parece
indudable que encontr inspiracin en los escritos de Agassiz, que al fin de
cuentas era un creacionista sin matices: Las formas extintas y que se remontan
a un pasado muy recndito se parecen... a veces, en el estado adulto, a los
embriones de especies actuales de la misma clase. Agassiz llega incluso a
hacer de ello una ley universal de la naturaleza cuya verdad ser, espero, demostrada en el porvenir (O.E.,
531). Sabemos que Agassiz, en la conclusin de sus Investigaciones sobre los
peces fsiles (1833-1843), haba afirmado (1849) un triple paralelismo
entre las especies fsiles sucesivas, los estadios embrionarios de las especies
actuales y el orden jerrquico de las Formas vivientes. Desde esa base, Darwin
poda interpretar las diferenciaciones progresivas en el embrin (cuyo
contenido era de una generalidad decreciente en el interior de los rdenes, de
las familias, de los gneros) como alusiones a ancestros desaparecidos, cada
vez menos lejanos y cada vez ms especficos. De este modo, por otra parte, se
reconciliaban dos esquemas opuestos: por un lado, la evolucin procede por divergencia (como, segn von Baer, embriones hasta
determinado momento anlogos se separan en el curso de su desarrollo, para
distinguirse cada vez ms), pero, por otro, sus etapas corresponden a Formas adultas (como en la serie
unilineal de Serres). Se comprende que Darwin, en las ediciones sucesivas del Origen
de las Especies, haya otorgado siempre el ms grande inters a la ley de Agassiz (cuya
influencia sobre l puede percibirse desde el Sketch de 1844), a pesar
de las crticas de las que no dejaba de ser objeto, y que se haya regocijado al
ver a Fritz Mller, en 1864, aportarle el refuerzo de su autoridad[5].
A pesar de esto, no es
consecuencia inmediata del
transformismo en general que el embrin deba constituir en el estado de larva
o en el estado adulto un retrato ms o menos borroso del ancestro comn a todos
los miembros de una misma clase (O. E., 531-532). Sabemos que para dar
cuenta de esto Darwin debe introducir dos hiptesis que segn l concuerdan con
los hechos conocidos (O.E., 524-525). En primer lugar, la fecha en la
que sobrevienen las variaciones evolutivas no es indiferente. En Lamarck, estas
variaciones no podan ser anteriores a los contactos activos del ser viviente,
en estado libre, con su medio. Darwin debe, al contrario, postular ese retraso
como un principio, y afirmar que ellas apenas se manifiestan antes del fin del
desarrollo embrionario o larvario. La segunda hiptesis concierne a la
herencia: hace falta que los caracteres transmitidos a los descendientes
aparezcan a la misma edad que en los ancestros. De este modo, el desarrollo individual podr, en teora,
reproducir literalmente la historia de la especie. Pero Darwin concede que
tanto las excepciones a un principio como al otro no pueden despreciarse. Hay
innovaciones que surgieron mucho antes de la edad adulta, y que son
seleccionadas desde ese estadio (ellas representan, p.ej., una ventaja para la
vida larvaria: O.E., 523-524; 530-531). En este caso, la intrusin de
caracteres nuevos slo deja intacta la primer parte de la reproduccin
embriolgica de la historia de la especie. Por otra parte, perturbaciones del mismo
tipo pueden resultar de una infraccin al segundo principio, es decir, de la
aparicin demasiado precoz de un carcter heredado. En otro lugar (Cap. 6), Darwin sita en el momento de la
madurez sexual y
en sus
variaciones otra fuente posible de desajuste entre el pasado de la especie y
sus huellas en el presente. Esta idea era de Cope: la aceleracin de la madurez sexual
(larvas fecundadas) puede acarrear, en los descendientes, la alteracin del
tipo adulto, as como su retraso puede introducir rasgos seniles hasta entonces
extranjeros al patrimonio de la especie (O.E., 203).
Aunque sea una memoria
fiel o aproximativa, la vida del embrin no es incapaz de proveer un contenido
original. Y si no reencontramos en la evolucin darwiniana de las especies
todas las propiedades atribuibles al desarrollo del individuo, puede verse
cmo, a la inversa, el devenir mltiple, confuso, contingente, sin ritmo y sin
trmino de las Formas vivientes puede conducir, en la gnesis individual, a una
suerte de escenario estereotipado, simple y sin tiempos muertos, orientado por
una suerte de destino irresistible. Fragmentada, esta historia universal parece
comportar conclusiones naturales; ella deviene unilineal por eliminacin de los
linajes paralelos o divergentes; los estancamientos son suprimidos y los
episodios esenciales subsisten solos. De este modo, se disipan simultneamente
los dos misterios de la Morfologa: tanto los caracteres estructurales
profundos como el detalle de la elaboracin embriolgica remiten al pasado,
y no pueden ser comprendidos a partir de situaciones y funciones actuales. La
vida debe desaparecer o encontrar en ciertas modificaciones azarosas, el medio para utilizar,
en un presente al cual no estaba destinado, un pasado cargoso pero
irreductible, al cual el ser debe sus bases y su naturaleza misma. Pero esto
suscita otra paradoja: en el momento en que la historia de la vida toma forma, en la sntesis
embriolgica,
pierde toda su inteligibilidad intrnseca. No slo la razn de ser de cada
estadio no est en sus antecedentes ni en sus resultados, sino que tampoco se
encuentra en el medio actual de la vida embrionaria. Cambios que haban
afectado el ser total de los ancestros, que significaban la eliminacin radical
de ciertas Formas por otras y que tenan su origen en relaciones complejas de
existencia, se expresan en la continuidad de un simple devenir morfolgico
aparentemente gratuito: se tratara entonces de
un drama en un lugar ignorado, y del que conoceramos nicamente las rplicas
de un solo personaje. En este sentido, las investigaciones de embriologa
causal (tal como las que iniciaba, p. ej., Geoffroy Saint-Hilaire), ligadas a
la autonoma de la embriologa, corran el riesgo de ser puestas en cuestin
por la revolucin darwiniana.
VII.-
La ley biogentica fundamental: Haeckel
Entre Wolff y Darwin, lo hemos visto, una
inversin de sentido se impuso
progresivamente: la significacin epigenetista parece definitivamente adquirida
cuando se efecta, en 1859, la unin entre la embriologa y la concepcin
transformista de un parentesco entre las especies. En este sentido, la obra sistemtica y vulgarizadora de Haeckel
parece constituir, a primera vista, el trmino completo de la historia de este
concepto. El enunciado de la Ley biogentica fundamental, que afirma como principio universal un paralelismo entre
la ontognesis y la filognesis, parece constituir efectivamente la expresin
ms rigurosa de estas elaboraciones progresivas. Este sentimiento de trmino,
de madurez de doctrina, es reforzado adems por la
creencia en que la ley enunciada por Haeckel sera la culminacin de una
elaboracin que pasara por E.R.A. Serres, K.E. von Baer y Fritz Mller,
creencia que se expresa por el uso frecuente de la expresin: ley de
Serres-Mller-Haeckel para designar a la Ley fundamental, tambin
denominada teora de la recapitulacin.
Por otra parte, Haeckel ha percibido y
expresado la marcha de este
movimiento histrico: Podemos distinguir fcilmente, escribe[6],
tres fases principales en el desarrollo
de los estudios sobre la ontognesis humana. La primera... comprende todo el
perodo preparatorio de las investigaciones embriolgicas y se extiende desde
Aristteles a C.F. Wolff en el ao 1759, ao en que aparece la Teora
generationis, que sienta las bases para la nueva ciencia. La segunda fase
dur justo un siglo, es decir, hasta la publicacin en 1859 de la obra de
Darwin sobre el Origen de las
especies, que transform esencialmente la biologa en general y la
ontogenia en particular. El tercer perodo comienza solamente con Darwin.
Este
tercer perodo est fuertemente marcado desde su inicio por Haeckel, de modo que deberamos poder describir
aqu una nueva fase, anloga a aquella que
haba transformado, en la fase precedente, la nocin de desarrollo. Sin
embargo, hay una pequea
diferencia: mientras que, de Wolff a Darwin, la concepcin epigenetista se
confirma y expande progresivamente por el encuentro entre las investigaciones
seguidas simultneamente en los dominios de la ontognesis y de la filognesis,
la teora haeckeliana ser por el contrario progresivamente invalidada por
observaciones y descubrimientos posteriores a su enunciado, hecho atestiguado, en particular, por
la publicacin de G. de Beer, en 1929, de un verdadero Anti-Haeckel bajo el
ttulo de: Embriologa y Evolucin.
Pero, si en el terreno de la biologa, la
concepcin haeckeliana del desarrollo es impugnada, por el contrario, su transposicin al terreno de las
ciencias humanas -de una Antropologa general-, tuvo por largo tiempo y tiene tal vez an sus partidarios. Es verdad,
por otra parte, que esta transposicin ha suscitado igualmente reservas, desde
que las ciencias humanas se han
comprometido en la observacin del desarrollo mental bajo la impulsin
del evolucionismo, es decir, desde las ltimas dcadas del siglo XIX.
La concepcin haeckeliana del desarrollo da
as nacimiento a esta tercera fase, que se desarroll sobre dos
terrenos: el de la biognesis del cual tomaba prestadas sus primeras
demostraciones,- y el de la antropognesis, cuya historia ulterior ha marcado
fuertemente. Es entonces a la vez como punto de llegada y sobre todo como punto
de partida que esta concepcin merece
ser estudiada.
♣
En la obra de
Haeckel, la Ley biogentica fundamental es menos la
conclusin inductiva de una investigacin que el principio director de un
sistema universal. Es entonces en este sentido que debemos en primer lugar llamarla fundamental:
ella permite la edificacin de una Antropognesis (1874) destinada a ilustrar y completar una visin monista del
mundo. Esta subordinacin de la biologa a la ideologa es en todos lados
perceptible, sobre todo en el pasaje de las Pruebas del transformismo
(1877) que Haeckel consagra al anlisis de las relaciones entre el monismo, el
transformismo y el darwinismo.
El monismo es la teora
general de la evolucin. Es adems, dice Haeckel, una concepcin filosfica
del universo (que) sostiene que existe en la naturaleza entera un gran proceso
evolutivo continuo y eterno, y que todos los fenmenos sin excepcin... se
reproducen en virtud de una sola y misma ley de causalidad.
El transformismo es la teora
de la descendencia que sostiene que todos los organismos complejos derivan de
organismos simples, que todos los animales y vegetales pluricelulares
descienden de seres unicelulares y que estos son a su vez la posteridad de
organismos rudimentarios an ms simples, de moneras.
La teora de la seleccin,
por ltimo, es propiamente el darwinismo.
Existe una estrecha relacin entre
estas tres grandes teoras, pero sin embargo no debemos confundirlas entre s: el monismo..., teora
universal de la evolucin..., es
la sola y nica teora cientfica que otorga una explicacin racional del
universo; el transformismo cumple este programa de explicacin universal a
nivel de los seres orgnicos; el darwinismo, por ltimo, constituye solamente
uno de los ensayos ms vlidos para especificar relaciones de causalidad entre los fenmenos en la visin monista del
mundo viviente.
El
universo haeckeliano est unificado y terminado. De ah, la homogeneidad
rigurosa entre el desarrollo del individuo y el de la especie que traduce, a la
vez, la unificacin del vocabulario y el enunciado de la Ley.
El desarrollo es en principio la
historia individual del organismo, su ontognesis estudiada por la embriologa
y la metamorfologa. Sin embargo, tambin est constituido por la filognesis,
de la que se ocupan simultneamente la paleontologa y la genealoga. Al
contrario, el trmino Evolucin conviene ms bien, lo hemos visto, a la
concepcin monista en su conjunto.
Establecidas estas distinciones,
podemos enunciar la Ley biogentica fundamental: La ontognesis no es ms que
la recapitulacin sumaria de la filognesis. Debemos traducir ms
explcitamente esta breve frmula como sigue: La serie de formas por las
cuales pasa el organismo individual, a partir de la clula primordial hasta su
pleno desarrollo, no es ms que una repeticin en miniatura de la larga serie
de transformaciones soportadas por los ancestros del mismo organismo desde los
tiempos ms recnditos hasta nuestros das. Lo vemos: la miniatura constituida por el desarrollo ontogentico
reemplaza aqu a la miniatura humana de la preformacin; lo que estaba en el
principio est ahora en el trmino del proceso. La recuperacin misma del trmino
miniatura expresa, en esta sola palabra, la inversin de sentido que se ha
cumplido, en el transcurso de un siglo, en la nocin de desarrollo.
Sin embargo, el
trmino expresa tambin la
rigidez del sistema, que podemos ilustrar con un ejemplo. La metamorfosis de
los batracios constituye para Haeckel un fenmeno que ilumina particularmente
la miniatura ontogentica: La embriologa de la mayor parte de lo
anfibios superiores respeta fielmente hoy en da la filognesis de la clase
entera, y en el comienzo de su vida, saliendo del huevo, cada una de las ranas
de nuestros estanques sufre la misma metamorfosis gradual por la cual han
pasado los vertebrados inferiores de lo perodos devnico y carbonfero, cuando
trocaron su vida acutica en existencia terrestre. Adems, los diversos
grupos de anfibios actuales se detuvieron en diferentes grados de la
filognesis, tal como la reproduce an la embriologa, de acuerdo a lo que
ensea la Ley biogentica fundamental (Antropognesis, p. 392). Entre
estos grupos, encontramos en el grado ms bajo, al orden anfibio de los
sozobranquios que conservan sus branquias durante toda la duracin de su vida
como los peces. A este orden pertenecen el proteo con branquias... y el axolotl
de Mxico.... En el segundo orden, el de las salamandras, las branquias
desaparecen en el adulto, que respira slo por pulmones. La subordinacin
total de la experiencia a la Ley fundamental dicta aqu a Haeckel una posicin
sobre un fenmeno... observado hace alguno aos y que fue por entonces
sensacin. Se trata de la metamorfosis del axolotl observada, en 1865, por
Dumeril. Los zologos vieron en este hecho una suerte de prodigio, aunque cada
rana y cada salamandra soporte una metamorfosis equivalente. No debemos dudar
entonces de la anterioridad filogentica del axolotl en relacin con la
salamandra: la ley del desarrollo es la de la metamorfosis y ella no admite
excepcin.
La concepcin haeckeliana del
desarrollo presenta entonces tres aspectos esenciales: es a la vez
comparatista, paralelista y perfeccionista.
Esta concepcin es comparatista: en
su memoria El estado actual de nuestros
conocimientos sobre los orgenes del hombre (1898), Haeckel expone las
enseanzas de las disciplinas comparatistas: la anatoma comparada es a la vez
la ms vieja y la mejor fundada de estas disciplinas; la fisiologa comparada,
que debera estudiar por ejemplo los puntos comunes entre las funciones
nutritivas o sexuales de los antropoides y de los seres humanos, es, al contrario, abandonada
igual que una psicologa comparada que tendra por objeto estudiar problemas
tales como el del lenguaje animal. El lazo entre estos diferentes rdenes de
investigacin se encuentra en el hecho de que se los coloca al servicio del
transformismo, al cual se intenta sin cesar aportar nuevas pruebas. La
investigacin de las similitudes es entonces una primera regla para estudiar e
interpretar los procesos de desarrollo.
De ah el paralelismo - segn el
trmino mismo de Haeckel- que se expresa en la Ley biogentica fundamental
y que supone, lo vimos, la generalizacin de la nocin de desarrollo, la cual es prcticamente sustituida
por la nocin de evolucin para marcar mejor la correspondencia entre la
historia de los seres vivientes y la del individuo. Sin embargo, cuando faltan prueba directas, es decir,
cuando faltan esos archivos de la creacin que constituyen los documentos
paleontolgicos, la filognesis
aparece en definitiva privilegiada en relacin con la ontognesis, que la
manifiesta y la prueba indirectamente. El conocimiento del desarrollo
ontogentico aparece subordinado al conocimiento del desarrollo filogentico,
as como el conocimiento del hombre aparece subordinado, en las investigaciones
comparativas, al conocimiento del animal.
Este ltimo aspecto introduce la
idea de un perfeccionamiento acelerador del desarrollo. La ley de
recapitulacin implica, en efecto, la acumulacin progresiva de los estadios y por lo tanto, correlativamente, la
abreviacin de la duracin de los estadios de pasaje. La escalada filogentica,
desde los seres ms simples a
los seres ms complejos, es repetida en el desarrollo progresivo y
perfeccionante del individuo: el adulto es ms perfecto que el infante porque
el hombre es ms perfecto que la monera. Pero cuanto ms reciente es este desarrollo, ms rpido es el
atravesamiento de los estadios: las distancias son abreviadas como la duracin
de las transiciones. Lo que expresa la reflexin de F. Engels en la lectura de
la Historia de la creacin y de la Antropognesis: Cuanto ms nos
desarrollamos, ms rpido van las cosas[7].
♣
Hicimos ms arriba, y en reiteradas
oportunidades, alusin a la extraa combinacin de anacronismo y contrasentido
que recubre la denominacin de ley Serres-von Baer-Mller-Haeckel,
aplicada a la ley de recapitulacin de la filognesis por la ontognesis. Que los manuales de enseanza, incluso
superiores, perpeten semejante confusin de conceptos y semejante ignorancia
de los textos, no es sino uno de los ndices de la situacin en Francia de la historia de las
ciencias en general y de la historia de la biologa en particular. La oposicin
radical de puntos de vista entre Serres y Haeckel fue establecida por Henri
Daudin, con admirable rigor, hace ya un tercio de siglo[8].
En el caso de von Baer hemos visto cmo l mismo, en el momento de la difusin
del darwinismo, se defendi de haber dicho una sola palabra en favor de la
teora de la descendencia. Pero es al mismo Fritz Mller (1821-1897), autor de Fr Darwin (1864), al que hay que
guardarse de tomar como un precursor de Haeckel. Si bien es cierto que Mller fue uno de los primeros en pensar que
ciertos desarrollos de crustceos pueden ser tomados como documentos histricos
del pasado morfolgico de la especie, tambin es cierto que admiti que el desarrollo
del individuo puede a veces superar, despus de haberla reproducido, la
sucesin de estadios ontogenticos de su ancestro o bien alejarse de ella cada vez ms
netamente. En este sentido, G. R. Beer not
que Mller se emparentaba a Serres por un lado y a von Baer por el otro, mucho
ms que a Haeckel, dado que,
contrariamente a este ltimo, Mller fundaba la filognesis sobre la
ontognesis[9], porque,
segn l, es por particularidades sobrevenidas en su desarrollo propio que un
adulto n 2 poda ser conducido a diferir de un adulto n 1, su ancestro, y que
una nueva forma vena a adjuntarse a la serie
de las formas anteriores. Haeckel, acabamos de verlo, inverta esta relacin,
limitando a la vez la filognesis a la acumulacin sucesiva de las formas adultas
y la ontognesis a la herencia de esta acumulacin. As Haeckel explicaba el
futuro por el pasado, sin tener en cuenta el presente, es decir, las diferencias de los medios exteriores de vida propios
del ancestro y de su descendiente.
A fin de cuentas, Haeckel, sacerdote
del darwinismo, abola en su enseanza uno de los aspectos caractersticos del
transformismo darwiniano, la imprevisibilidad de la aparicin de las formas
vivientes. Sin duda, la ley biogentica fundamental inverta la relacin, establecida
por las viejas teoras de la evolucin, entre los conceptos de desarrollo y de
miniatura. En la embriologa preformacionista, la miniatura individual contena
por anticipado su desarrollo futuro. No hay entonces futuro para un organismo
cuya formacin est preformada. En la embriologa haeckeliana, la miniatura
individual reflejaba, con retroactividad, el desarrollo pasado de su linaje.
Pero no hay futuro para un organismo recapitulador. De este modo, el
evolucionismo haeckeliano conservaba curiosamente el concepto de
predeterminacin del organismo, es decir, la negacin del tiempo biolgico.
Es por este flanco que la teora haeckeliana va a ser derrotada, y sobre el
terreno mismo que ella se haba arrogado anexar a la jurisdiccin de la
Antropognesis monista, el de la psicologa, ya que la psicognesis debe
prolongar linealmente la biognesis: Es por completo de la misma manera que la
admirable actividad intelectual del hombre ha emergido gradualmente, a travs
de los miles de aos, de la grosera inteligencia de los vertebrados inferiores,
y el desarrollo psquico de cada nio no es sino una breve repeticin de esta
evolucin filogentica.
VIII.-
Filognesis y psicognesis: Fiske, Preyer, Baldwin.
La importancia formadora del tiempo aparece
desde el instante en que se intenta
comprender el sentido de la educacin y,
a partir de all, el de la infancia. La nocin de un desarrollo mental
se elabora por cierto a partir de una visin evolucionista de la
vida, pero que no es necesariamente conforme a la de Haeckel. En este
punto, puede decirse que otra
perspectiva, posible a partir de Darwin, fue trazada a partir de 1871 por John
Fiske (1842-1901)[10].
He aqu un esfuerzo por descubrir la
significacin de la infancia, que no es electivamente la infancia del hombre,
sino ms bien un fenmeno que
aparece a un cierto nivel en el
orden de los seres vivos. Fiske sita la infancia en la filognesis. Hay
animales que no estn acabados
en el momento de su nacimiento; algunos estn sometidos a una maduracin orgnica
previa al ejercicio de las funciones correspondientes. Particularmente el
hombre. Fiske reencuentra aqu, sin referirse a l sin embargo, un anlisis de Buffon concerniente a las
diferencias entre simio y hombre que la comparacin de sus infancias permite
explicar[11].
J. Fiske
parte de esta constatacin: los animales superiores tienen una infancia y
este hecho parece ser el producto de la evolucin. Es se un hecho observable:
la vida psquica de los animales ms inferiores consiste en algunos actos simples
que tienden a la procuracin de alimento y a la evitacin del peligro, y
tenemos la costumbre de clasificar a estos actos como intuitivos...
Si
remontamos la escala animal hasta arribar a las aves y a los mamferos
superiores, vemos comenzar un cambio muy interesante y muy remarcable... Los
actos que el animal lleva a cabo en el curso de su vida devienen mucho ms numerosos, mucho ms variados y mucho ms complejos.
Son entonces repetidos con menos frecuencia en el curso de la vida de cada
individuo. Consecuentemente, la disposicin a llevarlos a cabo no est
completamente organizada en el sistema nervioso del embrin antes del nacimiento. El corto perodo de existencia
prenatal no brinda un tiempo suficiente para la organizacin de hbitos y
capacidades tan numerosas y complejas.
La primera consecuencia de lo anterior es el inacabamiento del organismo en el
momento del nacimiento, en lo que concierne a la organizacin de su
comportamiento (el anlisis no se hace aqu en el terreno anatomo-fisiolgico):
El proceso que, en los animales inferiores, est terminado antes del
nacimiento, se ve prorrogado en los animales superiores hasta la poca que
sigue al nacimiento. De ah, el estado de dependencia propio de la infancia:
los inicios en la vida no son los de una criatura que nace madura; son al contrario, los de un nio que demanda un tiempo de
vigilancia y ayuda.[12].
A este proceso de aparicin
evolutiva de una infancia se le agrega
un segundo proceso, que constituye, de alguna manera, la segunda ley de este
desarrollo filogentico: la evolucin produce una prolongacin cada vez ms
pronunciada de este perodo de aprendizaje de modo que el hombre es el ser viviente de infancia ms prolongada.
Por ltimo, este producto de la
evolucin, la infancia, deviene un factor de evolucin. La infancia juega un
rol en la evolucin del hombre[13].
La seleccin natural explicara un perfeccionamiento progresivo, pero no este
salto que parece constituir la aparicin del hombre. Es necesario ver aqu la
accin de una transformacin del cerebro ms que del conjunto anatmico:
zoolgicamente la distancia entre el hombre y el chimpanc es pequea;
psicolgicamente la distancia ha devenido tal que no tiene medida. El otro
factor invocado por Fiske es la necesidad de una familia, cuya aparicin
estara determinada por la excepcional prolongacin de la infancia humana.
Notemos, por ltimo, que Fiske parece aqu, cuando aborda el problema del
origen del hombre, querer situarse en una perspectiva ms cercana a Wallace que
a Darwin. La conclusin es aqu expresa: Es la infancia, escribe Fiske, la que
hace del hombre lo que es.
Sin embargo, el anlisis
filogentico de Fiske, aunque explica el
aspecto de la ontognesis psquica en el hombre, no se ampla hacia una
teora de la correspondencia, y por lo
tanto no desemboca en ninguna ley susceptible de ser erigida en modelo.
Esto es lo que explica que la ley fundamental de Haeckel conserve su ascendente
sobre observadores sin embargo sensibles a sus dificultades de aplicacin.
♣
La observacin rigurosa del
desarrollo mental y la elaboracin de conceptos que permiten dar cuenta de l
comienza con la difusin del transformismo, es decir, despus de 1859. En el perodo anterior existen sin duda elaboraciones tericas sobre este mismo
problema. El ejemplo ms conocido es sin duda la parte psicogentica del Emilio
de Rousseau (1761), que constituye de hecho una transposicin del punto de
vista preformacionista. El desarrollo no hace aqu sino actualizar las
posibilidades que estn en germen en la naturaleza humana, como la historia
de los hombres actualiza lo que estaba en potencia incluso antes del
advenimiento de la humanidad.
Ahora bien, todo sucede como si la
introduccin progresiva del concepto de epignesis en la historia de la
embriologa hubiera permitido la economa de una transformacin igualmente
lenta y progresiva en la concepcin del desarrollo mental. Parece que es sin
transicin que este estudio presupone la epignesis en Preyer y Baldwin, que
son generalmente considerados como los fundadores del estudio de la
psicognesis. Su comn referencia a Darwin pero ms particularmente la
formacin biolgica de Preyer, cuyo Die Seele des Kinder no es sino la
prolongacin de una Embriologa muestra bastante bien de qu modo
se opera este pasaje, y que se efecta sin transicin.
Resta la herencia haeckeliana: ella est
igualmente presente en estos dos autores que perciben sin embargo las
dificultades de su uso. Es visible en efecto que esta herencia marca los
primeros trabajos emprendidos en
este dominio. As, desde 1876 -es decir dos aos despus de la publicacin de
la Antropognesis de Haeckel-, en
un clebre artculo publicado en el
primer nmero de la Revue philosophique sobre la adquisicin del
lenguaje en los nios y en la especie humana, H. Taine declara: En general,
el nio presenta en estado pasajero los caracteres mentales que se reencuentran
en estado fijo en las civilizaciones primitivas, aproximadamente como el
embrin humano presenta en estado pasajero caracteres que se reencuentran en
estado fijo en las clases de animales inferiores[14].
Wilhelm Preyer (1841-1897) es profesor asociado, como Haeckel y en
la misma poca, en la Universidad de Jena. Adems, comienza su carrera con
trabajos de biologa y ms precisamente de embriologa; publica por ltimo Die
Seele des Kinder (1881), su principal obra de psicologa gentica,
explicando que aborda los problemas del desarrollo mental slo a partir de los del desarrollo
fsico, como su prolongacin. Es
sin embargo visible, en una lectura de la obra, que este estudio del nio abre
nuevas perspectivas a las teoras del desarrollo.
Las primeras observaciones generales de
Preyer conciernen al inacabamiento
del hombre en el momento de su nacimiento: En el hombre, el nmero de
asociaciones posibles entre la vista y los movimientos musculares coordinados
es tan grande, comparado al nmero de asociaciones posibles en el animal en el
momento del nacimiento, que no le es posible desarrollarse ms que en el curso
de una larga infancia, de un largo perodo despus del nacimiento... No es ms
que a partir de la sexta semana, tal como lo ha mostrado O. Binswager, que se
encuentran clulas ganglionares completamente desarrolladas en el cerebro del
nio. Es tambin en esta poca cuando,
segn Sernoff, se desarrollan las circunvoluciones. De este modo, no slo el
cerebro humano contina desarrollndose despus del nacimiento, sino que,
adems, slo se diferencia
despus de l, y no es sino en el doceavo mes que presenta signos morfolgicos
caractersticos (El alma del nio, p. 56). El traductor relev aqu, en
nota, el parentesco evidente entre las observaciones de Preyer y las de Fiske.
Esto es igualmente vlido para un pasaje de E. von Hartmann (1872), citado
por Preyer: En el hombre, el neonato parece no traer nada con l y tener que aprender todo; de hecho, al
contrario, l trae todo, o al
menos infinitamente ms que el
animal equipado y presto desde la salida del huevo, pero lo trae en estado imperfecto, porque lo
que tiene para desarrollar en l es tan considerable que, al trmino de nueve
meses de vida embrionaria, no pueden
existir, de ese bagaje, ms que grmenes. Estos grmenes, estas
disposiciones, se desarrollan y maduran a medida que el cerebro del nio se
perfecciona por la experiencia. Preyer resume as este primer punto: Como el
animal nace ms maduro que el neonato humano, ha arribado inconcientemente ms
temprano al punto al que este ltimo no llega sino ms tarde, gracias a su
experiencia personal y de una manera conciente. (p. 57).
En Die Seele des Kinder, Preyer no
enuncia tan netamente como Haeckel o como Taine, la Ley que implicaba la
recapitulacin, en el comportamiento infantil, de las etapas sociogenticas.
Sin embargo, la hiptesis es aceptada: Las observaciones sobre los actos en cuestin (sentarse, mantenerse de
pie, reptar, correr, marchar, saltar, trepar, arrojar) y que se observan de modo parecido en todos los nios,
muestran que estos actos... no han sido aprendidos. Nuestros ancestros debieron
encontrar en estos movimientos una utilidad particular; ellos han pasado
al estado de movimientos habituales, y se han transmitido hereditariamente (p.
233).
Podemos observar que esta concepcin del
desarrollo parece oscilar entre los dos polos expresados, en la misma poca, y como dos corrientes provenientes
del darwinismo, por las obras de Haeckel y de Fiske. Por una parte, el
desarrollo individual es concebido como una repeticin y su elaboracin es
filogentica. En la otra perspectiva, al contrario, la filognesis biolgica es
fuente de una indeterminacin creciente que deja al nio en el momento del
nacimiento casi sin equipamiento. Esto parece bastante poco conciliable con la
idea de una filognesis mental que informa y determina el comportamiento del
nio en curso de desarrollo. La observacin de este desarrollo se acomoda as
bastante mal al cuadro previo provisto por la Ley fundamental, y el pasaje del
orden de la vida al orden del psiquismo parece preparar una reelaboracin del
concepto.
♣
En el captulo introductorio a su estudio Mental
Development in the Child and the Race (1895), Baldwin comienza por subrayar
la relacin entre el progreso o incluso la aparicin- de la psicologa
gentica y el xito creciente de la idea de la evolucin. En la psicologa
tradicional, debamos descomponer
la totalidad el hombre en las
manifestaciones de su infancia, y, si ciertos fenmenos no aparecan ms que en
la conciencia del adulto, debamos tenerlos por presentes en la conciencia del
nio, aunque escapando a nuestros medios de investigacin. Esta vieja
argumentacin se parece bastante a la de Haller objetando a Wolff que la
no-percepcin de los elementos preformados en el embrin no era la prueba de su
no-existencia. En los dos casos, es la oposicin entre la preformacin y la
epignesis lo que constituye el
fondo del debate.
La nica diferencia se refiere al hecho de que la embriologa epigenetista precede al transformismo, mientras que la
psicognesis epigenetista lo supone. Baldwin subraya este orden. Habiendo recordado
la concepcin preformacionista de la infancia agrega: La idea de evolucin ha
invertido todo eso. En lugar de una sustancia inmvil tenemos una actividad que
crece y se desarrolla.
Pero la influencia del evolucionismo no se limita a la elaboracin de estas
perspectivas sobre las relaciones entre la conciencia infantil y la conciencia
adulta, sino que conduce, en
efecto, a plantear tambin el problema de la filognesis. Como Haeckel, Baldwin
utiliza la nocin de desarrollo para abordar tanto el problema filogentico
como el de la ontognesis: Adoptando una distincin empleada en la
terminologa biolgica, llamaremos ontognesis al desarrollo mental del
individuo, y denominaremos filognesis al desarrollo de la raza o al desarrollo
de la conciencia en toda la serie animal. Hay ah de alguna manera una
innovacin, o al menos una transposicin: extender el significado del trmino: psicologa de la raza a
toda la historia de la conciencia viviente. El problema que plantea esta
ciencia es entonces el del desarrollo filogentico. Admitir esto es admitir entonces la
posibilidad de desarrollo del espritu a travs de las series animales. Se deber poder entonces, en funcin
de la Ley biogentica fundamental, reconstruir el desarrollo
filogentico a partir de un estudio ontogentico: Deduciremos las fases de la
historia de la raza de las del desarrollo del individuo. Por otra parte esta deduccin es posible por la recapitulacin,
es decir, por el reflejo de las
fases de la historia de la raza en cada desarrollo individual. Reconoceremos el
plan del desarrollo paralelo de las
dos series de hechos consideradas
como los elementos de un hecho nico cuya historia es la historia de la raza, y
estamos absolutamente convencidos de que descubriremos ese plan
en la historia del individuo. Baldwin precisa adems que esta transposicin de
la Ley desde el orden
biolgico al orden mental est fundada sobre la Analoga de desarrollo:
Los bilogos competentes consideran la hiptesis evolucionista como
particularmente verificada por la embriognesis. El embrin individual pasa por
una serie de estados cuyas formas diversas recuerdan las fases actualmente
reconocidas en el desarrollo de las series animales. Una analoga similar
parece poder establecerse en el sujeto de la conciencia.
Por lo tanto,
puede decirse que la
filognesis mental est marcada por cuatro pocas: La primera es la de los procesos mentales rudimentarios,
placer y dolor ... es la poca afectiva, la segunda es la poca de la
representacin simple, de la memoria, de la imitacin, de la accin defensiva y
del instinto; la tercera es la de la representacin compleja, de la
coordinacin motriz completa; por ltimo, la cuarta es la poca del
pensamiento, de la reflexin, de la afirmacin del yo, de la organizacin
social, de la cooperacin.
En la serie animal estas cuatro pocas
corresponden a:
1
La mayor parte de los invertebrados (insectos y otros);
2 Los vertebrados inferiores;
3 Los vertebrados superiores;
4 El hombre.
Ahora bien, esas pocas se reencuentran en el desarrollo del
nio: El nio debuta, en sus
experiencias prenatales y postnatales,
por sensaciones vagas de placer y de dolor y por las primeras adaptaciones
motrices que de stas se derivan. Pasa por un perodo de percepcin de los objetos
y de reacciones correspondientes por sugestin, imitacin, etc. Deviene ms o
menos apto para cuidarse a s mismo y adquiere imaginacin y voluntad; despus,
en ltimo lugar, aparece el hombre reflexivo, el ser social y moral.
A pesar de estas analogas entre dos series
de desarrollo, Baldwin subraya los puntos que anulan el estricto paralelismo
de dos procesos:
1) Ciertas
fases o pocas de desarrollo necesarias para el progreso de los ancestros
devienen intiles para los descendientes. En el desarrollo individual, ciertas
fases del desarrollo de la raza estn definitivamente ausentes. Por ejemplo,
mientras que un simio al que arrancamos el centro cortical de la vista
reencuentra esta funcin gracias al uso de otros centros que eran visuales para
sus ancestros, para el hombre esta transferencia ya no es posible. El centro
filogentico que habra podido suplir al centro visual actual ya no es ms movilizable; no existe ms y el proceso
regresivo de adaptacin ya no es posible. En otros trminos: Los animales
pueden llevar a cabo movimientos que parecen voluntarios con un aparato
nervioso que sera incapaz de producirlos en el hombre y en el nio. Lo cual quiere decir que el hombre, en
su crecimiento individual, no pasa por esta fase de desarrollo durante la cual
esta funcin es llevada a cabo
por simples ganglios. Ms an,
debemos reconocer en estos hechos, dice Baldwin, una violacin del principio
de recapitulacin, dado que estos hechos sugieren necesariamente algunas modificaciones a la doctrina
ontogentica, estableciendo que ella abrevia considerablemente la filognesis;
2) Para introducir la
segunda correccin aquella que se apoya sobre el anlisis del crecimiento
infantil- Baldwin se refiere en primer lugar a los anlisis de J. Fiske: La
influencia del perodo extra-uterino de la infancia sobre el desarrollo
completo del individuo es de una importancia capital, tal como lo demostr
Fiske... Hoy en da, los bilogos admiten un perodo correspondiente de
circunstancias modificantes y poderosamente influyentes; se trata del perodo prenatal, que no es por
otra parte ms que la primera fase de la infancia. Entre los dos perodos, la
relacin se invierte en el curso de la evolucin: Aunque para las
criaturas de instinto los dos perodos infantiles son cortos, el perodo
prenatal es relativamente largo, y para los seres inteligentes, aunque los dos
perodos sean largos, el perodo prenatal es relativamente corto. De ah esta
consecuencia, que Balwin no formula explcitamente: la prematurez del
nacimiento, cuya relacin con la larga duracin
de la maduracin puede percibirse aqu.
3) Otra causa de
excepcin a la ley biogentica fundamental: Las variaciones espontneas o
fortuitas, descubiertas
por Weismann
(1894); un embrin colocado en situaciones nuevas tendr una supervivencia
tanto ms asegurada cuanto ms se desve de la serie evolutiva que representa
otras condiciones de desarrollo. Baldwin indica sin embargo, en este lugar de
su anlisis crtico, que Sadgwick se esforz, en 1894, en hacer coincidir la
recapitulacin con los hechos conocidos de variacin, as como por otra parte
lo hizo Weissman.
4) La ltima objecin se refiere a los escasos
conocimientos en el dominio de la ontognesis mental: Cmo podemos decir algo
acerca de la recapitulacin en la conciencia, si no sabemos casi nada de la
ontognesis mental y sabemos tan poco de la psicologa individual? Cmo
comparar el desarrollo del nio con el de la serie animal, si ignoramos todo
acerca de su conciencia durante las diferentes fases de su desarrollo
intelectual?.
♣
Podemos decir entonces,
para concluir, que desde los ltimos aos del siglo XIX vemos a la psicognesis
comprometerse en vas que se alejan bastante, nos parece, de aquellas que Haeckel asignaba a todo estudio
del desarrollo. El evolucionismo marca los primeros trabajos de los
psicogenetistas, pero un evolucionismo ms cercano a Fiske que a Haeckel. Esto
en lo que concierne al aspecto general del desarrollo. Mientras que para
Haeckel segn la frmula de Engels- ms nos elevamos y ms rpido van las cosas,
debe decirse que el estudio de la infancia demuestra, al
contrario, que ms lentamente van las cosas. Por otra parte, la influencia
del medio actual est aqu fuertemente marcada, una vez ms hay all una concepcin del
desarrollo ms darwiniana que haeckeliana. Concepcin netamente epigenetista,
que opone el instinto a la inteligencia y parece as acordar un lugar ms
importante, en la ontognesis, al aprendizaje que a aquello que Gesell denominar ms
tarde la maduracin.
* Fuente:
Canguilhem, G.; Lapassade, G.; Piquimal, J.; Ulmann J.; Du dveloppement
levolution au XIX sicle. Presses Universitaires de France. 1
ed. 1962; 2. ed., 1985.
Traduccin: Lic. Federico Corniglio.
Revisin: Dr. Pablo Pavesi.
[1] O. E. designa la traduccin francesa del Origin
of the Species, en la edicin definitiva de Ed. Barbier (Costes edit.,
Paris, 1921).
[2] Pudimos sostener la compatibilidad del
concepto de especie jordiano con
la teora de las mutaciones. (En una
seccin no traducida de este trabajo, N. del T.)
[3] Los peces telesteos son peces con el
esqueleto parcial o totalmente osificado. (N. del T.)
[4] Excepto,
lo vimos, en el caso de Spencer; pero no se trata propiamente de un bilogo.
[5] Cf. G. de Beer, Darwin and Embriology, en
Barnett, S. A. (ed.): A century of Darwin, London, 1958, pp.153-.172 ; y J.
Oppenheimer, An Embryological Enigma in the Origin of Species, en Bentley Glass et al. (eds.): Forerunners of Darwin, Baltimore, 1959, pp. 292-322.
[6] Anthropognie, trad. Fr., Reinwald ed., 1877,
p.31.
[7] F. Engels, Manuscrits pour la
dialectique de la nature (1874), en Dialectique de la Nature.
[8] Cf. Apndice D. (En una seccin no traducida de este trabajo, N. del T.)
[9] Embryologie et volution, trad. J.
Rostand, Legrand dit., 1933, p. 22.
[10] The meaning of infancy. Hasta donde sepamos, M. Jean Rostand fue el primero en
sealar en Francia el parentesco entre
la teora de Fiske y la teora de la fetalizacin del hombre propuesta por Bolk
(Das problem der Menschwerdung, 1926). Cf. Les grands courants de la
biologie, Paris, Gallimard, 1951, p. 237, n. 2.
[11] Histoire naturelle, Animaux sauvages,
la nomenclature des singes. J.
Dewey ha remarcado que, si bien la
importancia caracterstica en la especie humana de la prolongacin de la
infancia fue subrayada antes de Fiske, fue l quien propuso su primera
interpretacin sistemtica (Democracy
and Education, N. Y., 1917, p. 54, n. 1).
[12] John
Fiske, The destiny of man (1884); La destine de lhomme, trad.
Ch. Grolleau, Paris, 1904. Cf. P. 29-36 de la traduccin francesa.
[13] John
Fiske, The meaning of Infancy, cap. II: The part played by infancy in
the evolution of Man, The Univ. Press, Cambridge, U.S.A, 1899.
[14] El ao siguiente, Darwin,
habiendo ledo el artculo de Taine, se decide a publicar A biographical
sketch of an infant (Mind, julio, 1877), cuya traduccin es publicada
el mismo ao por la Revue scientifique
bajo el ttulo de Esquisse du developpement mental chez un jeune enfant.
Las primeras observaciones del desarrollo del nio comienzan en ese momento. No
puede dejar de notarse que, en su Esquisse,
Darwin no hace uso de la ley fundamental.