Higiene mental tradicional e

higiene mental racional

Gregorio Bermann

 

 

 

Fuente:

Bermann, Gregorio: La salud mental y la asistencia psiquitrica en la Argentina, Buenos Aires, Paids, 1965.

 

 

"Es mucho ms importante que el magistrado dedique sus esfuerzos a la formacin de buenos ciudadanos, que no al castigo y represin de los malhechores".

Juan Luis Vives

 

La higiene mental en la Argentina ha seguido las normas vigentes en el movimiento fundado por Clifford Beers y Adolph Meyer. Pueden consultarse sus actividades hasta 1930 en los artculos de Arturo Ameghino, Fernando Gorriti y Gregorio Bermann. Se haba dedicado especial atencin a la lucha contra el alcoholismo, habiendo sido sus campeones Emilio R. Coni, Augusto Bunge, Vctor Delfino, Alicia Moreau y otros. Domingo Cabred haba fundado en 1902 la Liga Antialcohlica Argentina. Bajo su influencia, se concedi excesiva importancia al etilismo en la etiologa de la alienacin. As, de los 28.035 pacientes que ingresaron al Hospicio de las Mercedes, que diriga Cabred, entre 1891 y 1917, la etiologa alcohlica figura en 11.102 casos; es decir, un 39,6 I% (!).

En diciembre de 1930 se fund la Liga Argentina de Higiene Mental, bajo la presidencia de Gonzalo Bosch. Se pro-pona realizar: 1, una tarea de divulgacin; 2, instalacin de dispensarios y fundacin de una escuela de visitadoras sociales; y 3, de desarrollo de sus actividades, entre las cuales la fundacin, en 1938, del Instituto Neuropsiquitrico, una de las primeras escuelas mdico-pedaggicas gratuitas para anormales. Atendi tambin enfermos nerviosos y mentales en sus tres dispensarios; en 1943, poca de su apogeo, recibi 1.800 enfermos de primera vez, y evacu un total de 12.816 consultas. Salvo en Rosario, las tentativas de fundar filiales en otras ciudades, han abortado. En 1962 el Estado declar a la Liga de Higiene Mental de utilidad pblica, asignndole recursos que facilitarn su desempeo. Sus actividades constan en el "Boletn de Salud Mental", rgano de INSM, dirigido por Alberto de Zabaleta.

Hace un cuarto de siglo prosper la eugenesia, y una de sus variantes, la biotipologa. Sus propugnadores proclamaban con Keyserling que "la hora actual del mundo es la hora de la Eugenesia". Juan Antonio Senillosa, Carlos Bernaldo de Quirs, Donato Boccia, se interesaron por el mejoramiento de las futuras generaciones, principalmente mediante la seleccin de los caracteres hereditarios. Ahora apenas se recuerda la eugenesia, y mucho menos la biotipologa.

En otros aspectos, fue importante el inters que se prest al cuidado y prevencin de las alteraciones de conducta en los menores, y numerosas las instituciones que se crearon con este objeto. A esto ya nos hemos referido en la parte dedicada a la asistencia psiquitrica infantojuvenil.

La confusin entre asistencia a los alienados e higiene mental ha viciado desde su origen las actividades por la salud mental. En el mismo Ao Mundial de la Salud Mental (196o), las preocupaciones de los organismos oficiales y privados se concentraron principalmente en los problemas asistenciales. Cuando hemos sealado las fallas y errores metodolgicos que hacan mtica la eficacia de la higiene mental en uso, subrayamos su falta de espritu y rigor etiolgico: "Los mdicos deberamos estar habilitados a ello en mximo grado por el poderoso impulso a la investigacin de las causas y condiciones de las enfermedades, en todos sus grados y aspectos, que penetra todo el aprendizaje y la prctica mdica. Y, sin embargo, no suele ser as. Apenas salimos del cuadro profesional, los mdicos a veces pensamos irracionalmente, como nios, como nios desamparados y desorientados." En el mismo sentido se pronuncia el Jefe de la Seccin Higiene Mental de la Organizacin Mundial de la Salud, G. R. Hartgreaves, cuando se refiere al sectarismo en higiene mental, que es, dice, una especie de miopa paralizante. Si es relativamente sencillo llevar adelante un programa de higiene mental en un municipio, la tarea es enormemente ms difcil y compleja en escala nacional, "pues exige una transformacin radical de muchos de los aspectos de la estructura social y de muchas de las prcticas seguidas por la sociedad entera". Buen ejemplo de ello son las observaciones regidas por Jos Bleger para la higiene mental en la provincia de Santiago del Estero, y de Hctor Lestani, en la del Chaco.

Una higiene mental racional deber tomar en cuenta las condiciones de vida, de nutricin, de vivienda, de trabajo, de los miembros de la colectividad, y de sta en su totalidad, y no slo en forma esttica, sino en las condiciones de transformaciones bruscas que est sufriendo el pas entero. "Expresin de estas transformaciones sealbamos son algunas de nuestras ciudades tentaculares, en cambio tumultuoso, que presentan junto a hermosos barrios residenciales, rascacielos de vidrio y aluminio y perfectas autopistas, barrios con callejuelas tortuosas y casas semicoloniales y villas miserias ; zonas altamente industrializadas en medio de regiones agrcolas misrrimas ; gente viviendo harapienta y hacinada en ranchos y conventillos, en pases ricos; coexiste la abundancia insolente con masas subnutridas y subdesarrolladas ; en contraste con lites culturales sofisticadas, porcentajes inauditos de analfabetismo; campos, minas y ciudades llamando a gritos los brazos que los trabajen, y legiones de desocupados; instituciones democrticas, a menudo inestables, conviven con dictaduras sangrientas y oprobiosas. Todo un mundo fluido, anrquico, contradictorio, en constante cambio, que influye fuertemente sobre la marcha, el ritmo y las transformaciones de fondo de los grupos sociales y de los individuos."

Es fcil trazar programas "ideales" para mejorar la salud mental, tomndolos de modelos extranjeros. Pero, y los recursos, la organizacin, el personal, el nivel cultural, los planes educativos, las caractersticas de la poblacin? En un folleto del Departamento de Salud Mental de Massachusetts, de 1962, se seala que el 10 % del presupuesto total se dedica a la salud mental, y eso, en el mismo informe se establece que es la mitad de lo que las necesidades exigen. Vale la pena hacer constar que en 1930, el 19,84 % de dicho presupuesto estaba destinado a ese objeto. Y en nuestro pas? Vase en el acpite "Presupuesto" la miseria de los recursos.

El programa de salud mental que figura a la cabeza de la Declaracin de Principios de las Naciones Unidas establece que, puesto que los males de la humanidad anidan en la mente de los hombres, hay que modificar su mentalidad. Fijar en las alteraciones emocionales, en los prejuicios y en la ignorancia la causa de las desdichas y anormalidades de conducta, en vez de buscarlas en las condiciones concretas de existencia de individuos y pueblos, es caer en extraviada falacia. Un programa de reforma moral o de educacin sanitaria no puede surtir los efectos deseados, si persisten o se agravan los males de una estructura social patogentica.

El contingente principal de nuestros enfermos, decamos en la inauguracin del I Congreso Argentina de Psiquiatra, "est formado por compatriotas nuestros, los de Latinoamrica, expoliados, despojados, pillados, engaados, desgarrados, tanto los proletarios como los de las clases burguesa u oligrquica. La alienacin y desnaturalizacin del hombre, en sentido

filosfico, social y religioso, estn consustanciadas con las neurosis y psicosis, as como con los otros aspectos de las reacciones patolgicas. En este sentido es sorprendente que nuestros antecesores y contemporneos no hayan profundizado la ntima relacin entre la alienacin, y la enajenacin en sentido filosfico y social, que es uno de los problemas centrales de la filosofa, a partir de Hegel. Cmo es de extrao que slo ahora empecemos a comprender que cuanto peores las condiciones de vida, ms duro el colonialismo, mayor la realidad y la amenaza de la guerra, con todas sus horrorosas consecuencias, tanto ms grave es el problema de las enfermedades nerviosas y mentales, as como el de la misma gente normal! Cmo va de bracete la lucha por la desalienacin con la de la liberacin del hombre!"

La salud mental no es simplemente un problema mdico, por calificada que sea la psiquiatra que lo encare, sino tambin social, econmico, poltico, moral. La persona humana busca no slo la satisfaccin de sus necesidades corporales, sino de sus valores morales y espirituales. Si stos son frustrados, es, presa fcil de perturbaciones neuromentales. Deca uno de los prceres argentinos, Esteban Echeverra: "Hacer obrar a un pueblo en contra de condiciones particulares de su ser como pueblo libre, es malgastar su actividad, es desviarlo del progreso, es encaminarlo al retroceso". Y esto es lo que est su-cediendo con el nuestro.

Las relaciones humanas que no estn basadas en el respeto de la persona, fsica y moral, en sus derechos fundamentales, en la solidaridad y comprensin, son corruptoras y llevan a la infelicidad. Slo puede haber salud mental si tales derechos son respetados, si el ser es restaurado como nico objeto de la sociedad, como un fin en s mismo y para los dems, en la que participe en forma activa y responsable.

Sanitaristas, especialistas en higiene mental, estadistas, han planteado vigorosamente la relacin de la estructura econmica y social con la salud, y han planificado los caminos para alcanzarla. Pero lo que no han evaluado es la tremenda movilizacin de fuerzas humanas que sera necesaria para ir conquistando y organizando la salud mental. Esta movilizacin de todos los estratos de la poblacin slo puede lograrse mediante una conmocin social, por una accin verdaderamente revolucionaria. La experiencia ha puesto en evidencia que slo ella puede abrir el camino al ms poderoso motor en las conquistas sanitarias: la liberacin de las fuerzas de la salud; en nuestro caso, de la salud mental.

Un programa racional de higiene mental tendr que preocuparse por detectar y atender debidamente las alteraciones nerviosas y mentales; realizar su profilaxis en los niveles debidos; y, sobre todo, liberar las fuerzas de la salud mental, inhibidas, prisioneras 'y distorsionadas por una estructura social claramente patogentica[1].

Los programas de salud mental han atravesado, pues, varias etapas. Hay aquellos que limitan an el problema a la asistencia de los alienados, en el sentido clsico: esta es su prehistoria. Despus se entendi como la relacin estrecha entre las alteraciones nerviosas y mentales propiamente dichas, y formas de patologa social: reacciones antisociales, delincuencia, suicidio, toxicomana; desintegracin familiar. Posteriormente, se extendi el programa a 'las dificultades 'en las relaciones interpersonales: en la; familia; trabajo, en el orden- pblico, 'etc. Ahora comprende todo cuanto en el orden personal -y colectivo afecta la plena capacidad de hombres y mujeres para vivir en armona los unos con los otros, trabajar, aprender, comunicarse, amar, - crear, disfrutar la vida en sus diversos aspectos, ' sensoriales artsticos, intelectuales. As comprendida, en su sentido ms amplio, la salud mental es la salud misma, conforme a la definicin de la O.M.S. ' Se confunde con la salud, con la poltica de la salud y con los ms altos fines en la direccin y organizacin de las naciones.

En este mundo cambiante y fluido, que crece y se expande, con caractersticas caticas o anrquicas, sin seguridad ni paz, los problemas de la salud mental han adquirido enormes pro-porciones. En una especie de desfile dantesco, psiquiatras y psicohigienistas describen la variedad creciente de desadaptados o "marginales" en los ms diferentes aspectos o estratos, con las consiguientes reacciones antisociales e interpersonales. En anteriores perodos de una presunta "paz ' social", psiquiatras sensatos consideraban como una seal de salud mental la adaptacin al orden vigente. La psiquiatra norteamericana, particularmente, considera hoy las enfermedades psquicas como una patologa de la desadaptacin, como desajustes emocionales. En una polmica con Nerio Rojas subray cmo y en qu medida el sistema de vida norteamericano es francamente patogentico, tal vez el ms patogentico de los existentes, opuesto, por lo tanto, a una buena salud mental. La doctrina norteamericana de los desajustes emocionales es reflejo de estas condiciones anormales.

Nuestro punto de vista se ubica en la antpoda. Como seala Gilda de Romero Brest, ser persona, ahora, en nuestro pas, implica la capacidad de desadaptarse, de abandonar los estereotipos conductales, de vencer la rutina, para responder a los cambios necesarios, y urgentes. No slo en el orden normativo individual, naturalmente, sino tambin en la estructura que condiciona los pensamientos y las reacciones personales. Esta formulacin es la ms alejada del simplismo que se pueda imaginar. Cul es el lmite entre una inadaptacin o desadaptacin justificada que desalienice al sujeto, y la patolgica, sea por alteraciones de la personalidad o por causas orgnicas? Cuestin sta que en la mayora de los casos el buen clnico discriminar sin dificultad. En otros ser evidente que la salud mental est en el coraje de llevar adelante y de crear nuevas formas de convivencia para una mejor existencia y supervivencia. Tal vez esta puede ser la doctrina y la accin de los psiquiatras e higienistas mentales de la Argentina, y de Latinoamrica, su signo en la marcha hacia la liberacin, hacia la plena dignidad del hombre. Porque, como dice vigorosamente Robert Oppenheimer : "Nosotros, los cientficos, tenemos obligaciones, ms all del ejercicio de nuestra profesin. Estamos obligados a desempear un papel en el mantenimiento o adaptacin de nuestras instituciones humanas. Si es necesario, hemos de reconsiderarlas a fin de que se adapten mejor a esos imperativos ticos sin los cuales no hay verdaderos hombres."

Ya llegar, en una etapa posterior, el periodo en que la Salud consistir en la readaptacin a las condiciones de vida de una sociedad normalmente constituida, y a la rehabilitacin de los desajustados.

 



[1] En septiembre de 1963 se reuni en Buenos Aires el Segundo Seminario Latinoamericano de Salud Mental, con la asistencia de 36 especialistas de la Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Per, Uruguay y Venezuela, de un grupo de observadores de instituciones conexas de Estados Unidos, Mxico, Uruguay y Venezuela, y de los Consultores Paul Sivadon, Paul V. Lemkau, Jos Horwitz y John Eberhardt. Jorge Velasco Alzaga, asesor regional en Salud Mental de la Oficina Sanitaria Panamericana, que fue el iniciador y animador, tuvo en ste, y en el anterior Seminario, parte principal. Cada uno de los paises participantes present su informe. Estos son documentos fundamentales, y quienes estn interesados en salud mental y asistencia psiquitrica no podrn dejar de estudiar su contenido. en particular el Informe Final que los sintetiza. En su Introduccin se destacan las serias dificultades que ofrece en Latinoamrica el estudio y solucin de estos problemas, especialmente en lo que se refiere a la profilaxis. "La gravedad de esta situacin y sus implicaciones, dice, hacen necesario tomar una actitud que permita resolverla sin postergaciones Para ello es indispensable estudiar el problema en sus races y proyecciones, sistematizarlo y organizar su solucin mediante planes operativos al alcance de las reales posibilidades de cada pas, utilizando los caminos ms eficientes y econmicos".