Tiempo y clase en la modernidad.

Una visin a partir de Elas y Foucault.[1]
Sebastin Bentez Larghi
[2]

 

 

Trabajo monogrfico para "Anlisis de la cultura" I, Maestra de Sociologa de la Cultura, IDAES, Universidad Nacional de Gral San Martn

Buenos Aires, 2005

 

 

Luis Brihuega, Sociedad, trabajo, explotacin, 1970-75, Bolgrafo y rotulador sobre papel, 25 x 21 cm.

 

Introduccin:

Vsteme despacio, que tengo prisa Segn el imaginario popular, estas palabras fueron pronunciadas por un gran emperador a su paje mientras este, en su apuro, no haca ms que retrasar a su amo. Creo que este refrn resume toda una concepcin y una estrategia en torno a la experiencia del tiempo en la modernidad: frente a un contexto donde todo se desenvuelve velozmente, los sujetos se ven paradjicamente constreidos a medir y planear cada una de sus decisiones sin dejarse llevar por sus pulsiones: en tanto hay que actuar con prisa se debe resolver con pausa.

Este trabajo parte de esta reflexin y su temtica se concentra en el estudio de los procesos de constitucin del sujeto moderno a partir del anlisis de una dimensin especfica como la experiencia social y subjetiva del tiempo. Como hiptesis sostengo que los cambios en las concepciones y prcticas del tiempo han sido fundamentales para la constitucin y reproduccin del orden social moderno al permitir una adecuacin aceitada entre la nueva estructura social objetiva y el comportamiento subjetivo del individuo. En este sentido creo que tanto la compresin espacio-temporal y la ampliacin de las redes de interdependencia como el aumento de la velocidad en la que se desarrolla la vida social permiten descifrar el modo en que la cultura moderna se las ingeni para construir un individuo en armona con la sociedad a travs de la correlacin entre tiempo subjetivo y tiempo social. Entonces, se puede esbozar la siguiente conjetura: si en lneas generales, por un lado, la acumulacin capitalista exige que sea posible valorar el tiempo de trabajo - y hacerlo enajenable - permitiendo el clculo y el planeamiento de las inversiones a largo plazo y, por otro lado, la centralizacin y el monopolio (de la violencia, del cobro de impuestos, del dictado de leyes, etc.) estatal supone el control de amplias regiones espaciales de manera simultnea, la necesidad de un registro universal, abstracto y homogneo del tiempo y del espacio tendr su correlato en las formas subjetivas de vivir y pensar estas dimensiones.

Para analizar una cultura es aconsejable abordarla en su funcin de nexo entre la sociedad y los sujetos ya que es en esta relacin entre lo social y lo subjetivo donde los procesos culturales se hacen ms evidentes. En el caso de los autores que aqu analizar, Elas y Foucault, la funcin del sujeto es entendida como una dimensin correlativa y a su vez producida por el proceso cultural. Para ambos, la conformacin de una nueva temporalidad ha jugado un rol protagnico en la construccin de la subjetividad moderna ya sea en tanto expresin de la extensin de la red de interdependencias que obligan al autocontrol y a la postergacin de las pulsiones (Elas) en tanto instrumento del poder disciplinario capaz de imponer ritmos y movimientos tendientes a la espacializacin y el control de los cuerpos (Foucault). Autocoaccin para Elas, coaccin externa para Foucault; ambos enfoques dan cuenta de dos facetas de un mismo proceso: la construccin de subjetividades adecuadas a las necesidades sociales mediante la ordenacin de su dimensin temporal. Y en el lmite, ambos exponen los mecanismos por los cuales la cultura moderna ha transformado al tiempo en un factor de regulacin y de discriminacin as como de ordenamiento y dominacin.

Para llevar adelante este propsito me abocar a la lectura de los siguientes textos: por un lado, El proceso de Civilizacin, Sobre el Tiempo y Deporte y ocio en el proceso de civilizacin, los dos primeros de Norbert Elas y el ltimo de este mismo autor en colaboracin con Eric Dunning; y por otro lado Vigilar y Castigar, El Poder Psiquitrico e Historia de la Sexualidad, todos de Michel Foucault. La hiptesis que guiar estas lecturas comprende a la particular concepcin del tiempo en las sociedades modernas como un elemento principal - productor y efecto simultneamente - de la construccin de un individuo signado por un frreo autodominio de sus pulsiones y simultneamente disciplinado por un entramado de poder que se expande desde diferentes instituciones. En este sentido vislumbro al sujeto moderno comprimido por dos directrices temporales, diferentes pero complementarias, que ameritan y justifican el cruce de ambos autores. Por un lado, la creciente dependencia del individuo respecto al resto de la sociedad (producto de la complejizacin y diferenciacin de la vida social en la modernidad) implica una re organizacin de su economa pulsional que se manifiesta en el desarrollo de una visin de largo alcance anteponiendo la previsin, la anticipacin, el clculo y la proyeccin a las reacciones impulsivas. Por otro lado, la aceleracin de los ritmos en los que se desarrolla la vida social obliga a los sujetos individualizados a incrementar la velocidad de sus decisiones y acciones a un nivel desconocido para la vida premoderna. Entiendo que la temporalidad resultante del cruce de estos preceptos es trascendental para la reproduccin del orden social moderno al formar un preciso engranaje entre los ritmos sociales y los tiempos constitutivos del individuo permitiendo, de esta manera, mantener de forma armnica las estratificaciones sociales y las relaciones de poder. Creo que esta adecuacin se pudo alcanzar gracias a la construccin de una subjetividad acorde al modelo de socializacin moderno mediante dos mecanismos diferentes: el autocontrol y el disciplinamiento externo. Un sujeto que es a la vez civilizado, que reprime sus impulsos y posterga la satisfaccin de sus pulsiones y, simultneamente, es vigilado y controlado por un poder que lo individualiza y lo fragmenta modelando sus gestos y movimientos. Esta adecuacin entre el sujeto y el rol que la sociedad le otorga es esencial para la reproduccin social al propiciar la integracin de todos los individuos en un orden que somete y homogeniza paradjicamente a partir de la contemplacin de las diferencias. En este sentido, analizar el registro del tiempo caracterstico de la modernidad en su complejidad: en primer lugar, como un factor civilizador cuya adopcin diferencial proporciona tanto la distincin social como la dominacin por parte de quienes pueden convertir su modelo particular de postergacin de las pulsiones en un modelo legtimo digno de imitacin por parte del resto de las clases sociales; y en segundo lugar, como un instrumento del poder disciplinario capaz de modelar y controlar el movimiento de los cuerpos de una manera econmica, intensiva e individualizada.

Para ilustrar este recorrido apelar tambin a otros enfoques que desde disciplinas diversas han pensado el tema de la temporalidad en la modernidad. Desde la sociologa, las investigaciones de Elas pueden complementarse con los estudios sobre la modernidad y sus consecuencias realizados por Giddens (2001) que dan cuenta de los procesos ms generales de transformacin en la experiencia del tiempo y el espacio en esa etapa prestando especial atencin a los procesos de desanclaje de las relaciones sociales. Adicionalmente, sern consultados diversos volmenes de la Historia de la vida privada dirigida por Aris y Duby (1992) que, en su innegable deuda intelectual con los trabajos de Elas, han realizado una importantsima investigacin histrica sobre los cambios producidos a nivel de los comportamientos y las prcticas ms subjetivas. Por otro lado, para profundizar la operacin disciplinaria de los cuerpos a travs del tiempo, a los ineludibles textos de Foucault le sumar los anlisis de Thompson (1984) y Coriat (1994) que indagan las transformaciones ocurridas a partir de la generalizacin del uso del cronmetro en las fbricas como tecnologa disciplinaria y la explicacin de corte materialista esbozada por Harvey (1992) acerca de los cambios producidos a nivel cultural a partir de la formidable compresin tmporo espacial de la modernidad.

 

El tiempo en la modernidad: desanclaje y aceleracin.

Una de las grandes transformaciones que distinguen a las sociedades modernas de sus precedentes es, sin duda, la experiencia del tiempo y del espacio. Para describir el modo especfico de concebir y vivir el tiempo en la modernidad debemos analizar, por un lado, los mecanismos de desanclaje de las relaciones sociales y, por el otro, los procesos de aceleracin en los ritmos de acumulacin del capital. Creo que ambos procesos son, en su complementariedad, esenciales para la configuracin de una nueva notacin del tiempo caracterizada por la homogenizacin, la abstraccin y la universalizacin y, consecuentemente, para la conformacin de subjetividades acordes a estos parmetros temporales.

Por desanclaje se entiende el despegar de las relaciones sociales de sus contextos locales de interaccin y reestructurarlas en indefinidos intervalos espacio-temporales. (Giddens, 2001: 32) Para Giddens, uno de los elementos principales de los cuales deriva el dinamismo caracterstico de la modernidad es la separacin entre tiempo y espacio. La sociedad moderna se diferencia de sus antecesoras al desvincular el tiempo del espacio, el cuando del donde. La difusin del reloj (y luego la homologacin mundial del calendario) permiti alcanzar una medida estandarizada y vaca del tiempo desconectndolo de los acontecimientos naturales y posibilitando una precisa designacin de las zonas del da. Diversas razones otorgan importancia a la separacin del tiempo y espacio para el dinamismo de la modernidad. En primer lugar, es condicin fundamental para los procesos de desanclaje cortar las conexiones que existen entre la actividad social y su anclaje en las particularidades de los contextos de presencia abriendo as un abanico de posibilidades de cambio al liberar de las restricciones impuestas por hbitos y prcticas locales. (Giddens, 2001: pg. 31) En segundo lugar, porque permite la organizacin racionalizada de la vida social, posibilitando a las instituciones modernas combinar lo local con lo global y abarcar con sus decisiones a millones de personas. Finalmente, la separacin del tiempo y del espacio da lugar a la apropiacin de un pasado unitario y aceptado mundialmente (aunque susceptible de diferentes interpretaciones); condicin necesaria para la historicidad caracterstica de la modernidad que se apropia de la historia para la accin y la experiencia.

David Harvey, desde un enfoque materialista, seala que las transformaciones en la experiencia del tiempo y del espacio obedecen a los cambios en las prcticas sociales del modo de produccin capitalista, es decir, la produccin de mercancas. Estas transformaciones influyen, a su vez, en los esquemas conceptuales y culturales que intentan representar la realidad. En este sentido, Harvey analiza las en su momento disruptivas representaciones tmporo espaciales de la Ilustracin y luego del Modernismo como correlatos de la compresin del tiempo y el espacio producida por la acumulacin capitalista y su particular modo de desarrollo mediante la destruccin creativa de las fuerzas productivas. De esta forma, tanto la concepcin del tiempo como una flecha que avanza indefinidamente hacia adelante y la representacin cartogrfica del espacio basada en el perspectivismo individualista (pilares de la cosmovisin de la Ilustracin) como las utopas modernistas que proyectaban el tiempo y el espacio externos como figuras perfectas y armoniosas permitiendo la libre expresin de los tiempos y espacios subjetivos ms ntimos corresponden, segn Harvey, a fases particulares en el desarrollo capitalista donde las condiciones materiales del tiempo y el espacio se modifican sustancialmente. Harvey utiliza la nocin de compresin espacio-temporal para dar cuenta de los procesos que generan una revolucin de tal magnitud en las cualidades objetivas del espacio y del tiempo que nos obligan a modificar, a veces de manera radical, nuestra representacin del mundo. Segn el autor, la palabra compresin es adecuada porque la historia del capitalismo se ha caracterizado por una aceleracin en el ritmo de la vida, con tal superacin de barreras espaciales que el mundo a veces parece que se desploma sobre nosotros [y] los horizontes temporales se acortan hasta el punto de convertir al presente en lo nico que hay (el mundo del esquizofrnico), [por ello] debemos aprender a tratar con un sentido abrumador de compresin de nuestros mundos espaciales y temporales (Harvey, 1992: 267) En primer lugar, la concepcin abstracta, homognea y universal del tiempo y del espacio de la llustracin rompa con el parroquialismo y la supersticin medievales que conceba al lugar como algo autnomo de las relaciones sociales y de la comunidad y sin lmites territoriales precisos donde las rutinas tradicionales de la vida cotidiana se mantenan en la infinitud e incognoscibilidad de un tiempo duradero. El perspectivismo y la cartografa geomtrica permitieron llegar a una visin global de todo el planeta apareciendo as como una totalidad cognoscible mientras que la invencin del cronmetro tambin tuvo implicancias totalizantes para el pensamiento y la accin respecto al tiempo considerndolo cada vez ms como una divisin mecnica fijada por la oscilacin del pndulo, la flecha del tiempo era concebida como lineal, hacia delante y tambin hacia atrs. (...) En este tipo de esquema temporal era posible ver la retrodiccin y la prediccin como proposiciones simtricas y formular un fuerte sentido de potencialidad para controlar el futuro. (...) Quizs an ms importante sea la significacin de esta concepcin del tiempo homogneo y universal con respecto a las nociones de la tasa de ganancia (el retorno sobre el activo de capital en la unidad de tiempo, segn Adam Smith), los tipos de inters, el salario por horas y otras magnitudes fundamentales para la toma de decisiones capitalistas. (Harvey, 1992: 279-280) Sin embargo, las sucesivas crisis de hiperacumulacin capitalista y las quiebras del dinero ficticio fueron transformando estas concepciones a medida que demandaban acelerar la rotacin de los capitales y expandir los mercados para su explotacin. Las innovaciones tcnicas, la introduccin de tecnologas y nuevas formas de organizar la produccin (como por ejemplo la lnea de montaje introducida por Ford a principios del siglo XX) tendieron a generar una aceleracin en los ritmos de produccin repercutiendo indefectiblemente en las vivencias del tiempo y del espacio y provocando una crisis en sus representaciones. En este sentido, para Harvey, las diferentes corrientes del modernismo intentaron dar cuenta de estas modificaciones en la experiencia del tiempo y del espacio a partir de la industrializacin, la aparicin de medios de comunicacin como la radio, el cine, la fotografa, etc.

Ambos procesos, desanclaje y aceleracin, separacin y compresin espacio-temporal, refieren a las transformaciones en la experiencia del tiempo social en la modernidad. Esto servir de marco general para emprender la investigacin en torno a los modos en que estos cambios en la temporalidad fueron formando mediante la autocoaccin y la coaccin externa los tiempos subjetivos. Es a partir de este punto donde se puede empezar a indagar los mecanismos mediante los cuales se fue consagrando y legitimando una nocin universal, abstracta y totalizante del tiempo capaz de construir subjetividades acordes a los imperativos de la sociedad moderna y sus relaciones de poder.

 

Tiempo y civilizacin.

En El Proceso de la Civilizacin Norbert Elas vincula estrechamente las transformaciones que dieron paso al surgimiento del estado absolutista y sus efectos sobre el espacio social como un factor decisivo para comprender una nueva forma de organizar las pulsiones y de dividir los comportamientos. Al monopolizar el uso de la fuerza alcanzando la pacificacin del espacio social y al producir una formacin social novedosa como la corte, donde las interrelaciones subjetivas se tornan mucho ms estrechas y se complejiza la red de interdependencias, se va generando un cdigo de comportamientos primero entre los cortesanos pero que luego se ir expandiendo al resto de las capas sociales mucho ms coercitivo que instituye una nueva manera de estar en sociedad, caracterizada por el control ms severo de las pulsiones, el dominio ms firme de las emociones y la extensin de la frontera del pudor (Chartier, 1992: 22) La creciente complejizacin de las relaciones sociales, la ampliacin del entramado de interdependencias y la mayor demanda de autocontrol que esta situacin impone al individuo producen un cambio en la experiencia subjetiva del tiempo. A medida que avanza el proceso civilizador, las decisiones ya no son tomadas impulsiva e intempestivamente como respuesta a los estmulos naturales ms prximos y primarios sino que cada resolucin es previamente puesta a prueba teniendo en cuenta un sin fin de acciones del resto de las personas y previniendo sus posibles consecuencias de largo alcance. A la hora de actuar los impulsos no son atendidos inmediatamente y las pulsiones son postergadas por el clculo y la previsin. La vida en la corte es muy enredada y el mtodo ms eficaz para acumular prestigio social es a travs del respeto de las normas de civilidad poniendo la sabidura al servicio del conocimiento de las acciones y pensamientos de los otros y, ms an, de uno mismo. La vida cortesana promueve el desarrollo de una psicologa prctica que somete toda accin al ms estricto autocontrol delimitando aquello que puede ser dicho y hecho en pblico y reprimiendo todo aquello que debe reservarse para los fueros ms ntimos. De esta forma, la creciente proximidad externa entre los sujetos tiene como correlato una profunda divisin al interior del individuo. Los dispositivos psquicos que responden del control permanente de las pulsiones, que sitan automticamente cada conducta en la esfera, pblica o privada, que le corresponde, instalan en el interior de cada cual las disciplinas que la norma social exige, transformando de este modo las coacciones impuestas desde el exterior por las autoridades o la comunidad en una estrecha red de autocoacciones (Chartier, 1992: 23)

En Sobre el tiempo, Elas seala que la regulacin del tiempo es uno de los medios fundamentales de orientacin de la accin humana en tanto permite inscribir y ordenar los diferentes fenmenos del acontecer en el continuum grande y cambiante del mundo al mismo tiempo natural y social (Elas, 1997: 16) De esta forma, las determinaciones del tiempo responden a la necesidad de encontrar pautas normalizadas de referencia, con cuyo auxilio se pueden cotejar de modo indirecto con la secuencia de otro proceso, los fenmenos no directamente comparables, puesto que las dichas pautas representan la repeticin no del mismo, sino de otro proceso igual (Elas, 1997: 20) Ahora bien, en las sociedades ms evolucionadas, a medida que avanza el proceso civilizador, estas determinaciones van cobrando un matiz particular ya que los fenmenos a relacionar son cada vez ms amplios y diferenciados y, consecuentemente, crece la necesidad de una orientacin cada vez ms precisa de la accin humana. En este sentido, la experiencia del tiempo en las sociedades ms avanzadas se diferencia de las anteriores por la continuidad que le otorga una medicin abstracta del tiempo basada en el reloj y el calendario, quienes conforman una retcula rigurosamente subdividida en unidades temporales trabadas entre s: las horas, los das, los meses, los aos, etc. Es por ello que Elas se aboca a comprender las relaciones entre la estructura de una sociedad que posee una imprescindible e inevitable red de determinaciones temporales, y la estructura de una personalidad que tiene una finsima sensibilidad y disciplina del tiempo (Elas, 1997: 16)

Los dos movimientos civilizadores que producen una ampliacin de las interdependencias - el movimiento de racionalizacin y el de organizacin de los impulsos internos - conllevan una concepcin social y subjetiva del tiempo a largo plazo. Sin embargo, el mismo proceso de civilizacin genera la sensacin de un tiempo individual subjetivo separado del tiempo social objetivo. Por un lado, pareciera existir una experiencia social marcada por tenaces exigencias y regulaciones temporales que responden a las lgicas del Estado moderno y de la sociedad industrial por las cuales es necesario sincronizar un nmero cada vez mayor de actividades y transacciones. De esta forma, se elabor una red temporal y espacial continua y uniforme que sirvi de marco de referencia a toda la vida social. (Varela y lvarez-Uria, 1997: 145) En este sentido, Elas remarca la correlacin entre las modificaciones en la experiencia del tiempo y la sociognesis y psicognesis del proceso civilizador: En dos palabras: es diferente la regulacin del tiempo necesaria para vivir en una comunidad relativamente indiferenciada y autnoma de cazadores o agricultores con doscientas personas como mximo de la que se requiere en una gran comunidad industrial de muchos miles o incluso millones de personas. En el primer caso, todo lo que la comunidad necesita son unas cuantas seales puntuales e intermitentes del paso del tiempo, tales como la salida del sol por las maanas, la puesta del sol por las tardes o la llegada visible de la luna nueva. En el segundo, los miembros de la comunidad requieren para orientarse y regular su conducta artilugios que midan el tiempo minuto a minuto. Pierden el autobs si se retrasan dos segundos! Para la vida que lleva la mayora de ellos no basta con un reloj pblico en una esquina cercana; casi todos llevan reloj de pulsera. Viven entre medidores del tiempo de fcil alcance que regulan su conducta da y noche. Para ellos, lejos est el tiempo en que a una persona bien regulada le bastaba or el repicar de las horas del reloj de la torre de una iglesia prxima. (Elas, 1992: 35) Por otro lado, cabe preguntarse cmo influye el proceso de civilizacin en la regulacin de la conducta y de la sensibilidad en trminos de la temporalidad subjetiva. Elas afirma que se va construyendo un tiempo subjetivo que es percibido como un tiempo individual propio de cada uno y separado del tiempo social objetivo. Se trata de una concepcin del tiempo centrada en el individuo que curiosamente coexiste con una tendencia social, cada vez ms afinada, a determinar, medir y diferenciar los ritmos temporales a los que los sujetos se tienen que someter. La coaccin que el tiempo ejerce desde fuera, representada por relojes, calendarios u horarios de trenes, ostenta en estas sociedades las propiedades que fomentan las coacciones que se impone a s mismo el individuo. La presin de dichas coacciones es relativamente poco apremiante, mensurada, equilibrada y pacfica, pero omnipresente e inevitable. En este sentido la regulacin social del tiempo que empieza a individualizarse muy pronto, contribuye a afirmar la inevitable conciencia personal del tiempo. La voz interior que pregunta por el tiempo, est presente en todas partes (...) De este modo, individuos dotados de una conciencia del tiempo enraizada, tan global y tan omnipresente, entienden difcilmente que otros hombres carezcan de la siempre despierta compulsin de preguntar por el tiempo. Esta individuacin de la regulacin social del tiempo porta en s de una forma casi paradigmtica, los rasgos de un proceso civilizador. (Elas, 1997: 32-33) En El proceso de civilizacin, se muestra como la creciente complejizacin y diferenciacin de la sociedad, la mayor proximidad y profundidad en las relaciones sociales as como la agudizacin de la competencia por el prestigio social, se revelan en el alargamiento y mediatizacin de la secuencia temporal en la que se piensa y se acta, haciendo del clculo, la anticipacin, la previsin y el autocontrol de las pulsiones las pautas vitales ms eficaces para la vida en sociedad. Elas entiende al tiempo social como un factor de racionalizacin del mundo moderno. El tiempo social moderno consiste en una particular regulacin temporal caracterizada por el hecho de que las acciones deben incorporar secuencias temporales mucho ms largas: lo que uno decide hoy depende de las consecuencias muy lejanas que de ello se puedan deducir y de tiempos que ya no dependen slo de la naturaleza (las cosechas, las puestas del sol, etc.) sino del tiempo de los dems, de un entrecruzamiento y proyecciones de tiempos producto de todo un conjunto de interrelaciones. Por lo tanto la secuencia temporal se torna cada vez ms larga, compleja y mediada. De esta forma, en la dimensin del tiempo se evidencian los elementos principales de la civilizacin: 1- imposicin de movimientos a largo plazo; 2- aumento de la diversificacin, la complejidad y el autocontrol. A medida que las relaciones tiempo espacio se amplan indefinidamente y las relaciones sociales se van desanclando de los lugares fsicos ms prximos, la red de dependencias en la que se encuentra inmerso el individuo es cada vez ms compuesta y variada intimndolo a una previsin mayor de sus acciones, es decir, a una renuncia pulsional en favor del clculo, la reflexin y el planeamiento.

Para Elas, las perspectivas de larga duracin se observan en la formacin de una conciencia de la propia edad, indita en las sociedades premodernas. La inscripcin de la propia vida en una lnea de tiempo, la asuncin de su pasado, la conciencia de su presente y la proyeccin de su futuro solo van apareciendo a medida que las relaciones sociales se complejizan y los roles sociales se diversifican. Varios autores (Giddens, Bauman, Sennett) describen como el abandono de la organizacin estamental de las sociedades premodernas liberaron a las personas de todas las ataduras sociales que le determinaban la posicin y el rol a cumplir en la vida social durante toda su vida. Esta liberacin produjo que los individuos se vieran despojados de toda determinacin pero consecuentemente tambin de toda certeza. Las transformaciones ocurridas en la modernidad obligan a cada uno a ser el forjador de su propio destino; la historia no queda ya definida de una vez y para siempre de acuerdo al lugar social de nacimiento sino que cada uno debe ir construyndola con el transcurso del tiempo. Es en este punto donde la historicidad se presenta como un rasgo distintivo de la modernidad. Cada individuo y grupo social tiene la necesidad de pensarse a s mismo constantemente y teniendo en cuenta no solo un momento especfico sino planeando la totalidad de su vida. En este sentido, medir y regular el tiempo de una determinada forma implica, no slo relacionar los acontecimientos de un modo especfico, sino tambin percibirlos y vivirlos de un modo particular. La categora de identidad personal y la percepcin de la propia vida como un continuum estn, pues, en ntima relacin con el hecho de que en nuestras sociedades no slo se mide el tiempo con una puntual exactitud, sino que adems es percibido socialmente como un flujo que va del pasado al presente y del presente al futuro. (Varela y lvarez-Uria, 1997: 145) Veamos un ejemplo. Estudiando los ritos de la vida privada burguesa, Anne Martin-Fugier hace hincapi en los modos de registrar el tiempo que pasa y seala la costumbre de escribir diarios ntimos como uno de los mecanismos para escandir el tiempo. Hablando del diario de una joven burguesa de Grenoble dice muy pronto su diario se convertir en una referencia. Al escribirlo, esta mujer se crea una historia. Y al inscribir el presente entre el pasado y el futuro, estructura su propia vida. El presente es lo que menos aparece, porque se transforma inmediatamente en pasado y objeto de referencia (Martn-Fugier, 1992: 201)

Por otra parte, la masificacin del uso del reloj y del calendario dan cuenta de la necesidad de una homogenizacin en los registros del tiempo, condicin esencial para la coordinacin de un entramado social cada vez ms diferenciado pero a la vez ms interdependiente. As las coacciones externas que obligan a articular los tiempos de uno a los de los otros se correlaciona con las coacciones internas cuyo mandato pareciera ser: hay que ser puntuales calculadamente. Una persona civilizada ya no atiende a los horarios por miedo a las represalias y las sanciones que el resto de la sociedad le puede aplicar sino que a esta altura el mandato de respetar los tiempos de los dems se ha internalizado de tal forma que cada uno vive el ser puntual como una autoexigencia.

La concepcin del tiempo como un recurso tambin expresa el avance del proceso civilizador. La idea del tiempo como algo que vale (el tiempo es oro), que se puede gastar o invertir y que hay que hacerlo de la forma ms eficaz posible nos habla de una representacin de la dimensin temporal acorde al desarrollo del mercado como mbito de intercambio social donde todos los tiempos particulares se igualan y se distribuyen. Desde Marx y Weber se sabe que el capitalismo se organiza en torno a la posibilidad de la medicin, el clculo y la previsin del tiempo de produccin y circulacin de las mercancas. De all la necesidad de establecer patrones temporales homogneos para toda la poblacin. La homogenizacin, sin embargo, no resulta un impedimento para el surgimiento de tiempos diferenciados dentro de la vida social. La divisin entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio representa otro correlato de la civilizacin donde la homogeneidad se alcanza conteniendo y respetando las diferencias funcionales. En Deporte y ocio en el proceso de la civilizacin Elas es muy claro: existen configuraciones que cubren todos los tiempos haciendo que las diferencias se complementen. Analizando las prcticas de ocio de la sociedad moderna, Elas entiende al deporte como un proceso ampliado y distanciado de la experiencia inmediata, por el cual se logra postergar nunca aniquilar las pulsiones a travs de una satisfaccin mimtica. De esta forma, el deporte se convierte en una prctica ritualizada consistente en la simulacin de un enfrentamiento que genera mediante la escenificacin de la competencia una tensin productora de goce. Lo especfico del deporte proviene justamente de este carcter mimtico que permite la generacin de tensiones y emociones fuertes pero siempre enmarcada dentro de firmes controles a la violencia fsica. Ahora bien, Elas afirma que ms all de la divisin funcional que existe entre ambos tipos de tiempos el de ocio y el de trabajo ambos estn atravesados por una configuracin que hace de ellos tiempos complementarios. Esta configuracin que abarca a toda la temporalidad moderna responde a todos los aspectos que vinimos sealando respecto al proceso civilizador: una extensa red de interdependencias que mediante la competencia real o simulada, cubre todos los tiempos implantando hbitos mentales que dan forma a una temporalidad de la conciencia comn tanto para el trabajo como para el ocio: la bsqueda de la meta postergada. Sin embargo, las diferencias funcionales entre ambos tiempos tambin son esenciales para el desarrollo armnico del proceso civilizador. En este sentido y a diferencia de Freud Elas sostiene que ocio y trabajo lejos de contraponerse se complementan para lograr el equilibrio pulsional que este sistema de regulaciones exige para la vida civilizada. Dicha complementariedad obedece al hecho de que en estas sociedades, mientras, por un lado, las rutinas de la vida, sea pblica o privada, exigen que la gente sepa contener con firmeza sus estados de nimo y sus pulsiones, afectos y emociones, por el otro, las ocupaciones durante el ocio permiten por regla general que stos fluyan con ms libertad en un espacio imaginario especialmente creado por estas actividades, el cual en cierto modo trae a la memoria aspectos de la realidad no recreativa. (...) Mientras la excitacin es severamente reprimida en el ejercicio de lo que comnmente consideramos las cuestiones serias de la vida (...) muchas actividades recreativas nos proporcionan un escenario ficticio para hacernos sentir una excitacin que imita de algn modo la producida por situaciones de la vida real, aunque sin los peligros y riesgos que sta conlleva. (Elas, 1992: 57)

 

 

 

Tiempo y disciplina.

En la obra de Michel Foucault nos encontramos con otra visin del tiempo y de su rol en la modernidad. Este deja aqu de representar una coaccin internalizada producto de la complejizacin y diferenciacin de las relaciones sociales para ser concebido como un medio a travs del cual un nuevo tipo de poder, el disciplinario, comienza a operar sobre los cuerpos. El tiempo penetra el cuerpo, y con l todos los controles minuciosos del poder (Foucault, 2001: 156) Lejos de constituir un factor regulador auto -conciente de los impulsos individuales, el tiempo social se impone externamente regulando gestos y movimientos, asignando ritmos, controlando velocidades y sancionando demoras y derroches.

Para Foucault, con el poder disciplinario[3] se inaugura una temporalidad novedosa el tiempo disciplinario producto de una organizacin reticular del espacio y del tiempo; se trata de redes continuas y totalizadoras que cubren con una lgica unificada toda la vida social constituyendo una trama homologable y permanente que atraviesa todos los lugares y todos los momentos. Es justamente sobre esta particular reticulacin que el poder ejerce un control permanente y global a travs de diferentes mtodos; a estos mtodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujecin constante de sus fuerzas y les imponen una relacin de docilidadutilidad, es a lo que se puede llamar las disciplinas. (Foucault, 2001: 141)

Estos mtodos consisten en: a) La distribucin de los cuerpos en el espacio mediante distintas tcnicas como la clausura, la divisin y zonificacin analtica del espacio, la asignacin de una funcin especfica a cada clula y su inscripcin en una serie que establece rangos y clasificaciones. De esta forma, cada cuerpo puede ser individualizado, observado, registrado y analizado en sus particularidades y en todos sus detalles. Para ello, la tecnologa principal ha sido la construccin de cuadros donde cada unidad puede ser ubicada en un espacio particular que la clasifica y la hace inteligible y plausible de control. Por lo tanto, el poder disciplinario es isotpico ya que tiende a cubrir, operar y atravesar todos los lugares con una lgica unificada. Como resultado se obtiene una multiplicidad ya no catica ni peligrosa sino ordenada, controlada y, por lo tanto, til. Por otro lado, esta espacializacin de los cuerpos permite ejercer un control continuo y total de los mismos, donde cada elemento puede ser observado en detalle e individualizado. En este sentido, la escritura y el registro de todo lo que cada uno dice y hace resultan fundamentales para el ejercicio de la vigilancia y la punicin correctiva.[4] b) El control de la actividad basado en una nueva economa del tiempo. A travs del establecimiento de una rtmica del tiempo, controlado y cronometrado, se busca constituir un tiempo ntegramente til, de buena calidad. Un tiempo cuyas principales virtudes deben ser la exactitud, la aplicacin y la regularidad. El tiempo disciplinario es un programa que organiza al propio acto desde adentro, lo descompone en sus diversos elementos asignndole a cada uno de ellos una direccin, una amplitud, una duracin y un orden dentro de una sucesin cronolgica. Por otro lado, se exige una correlacin entre cada gesto y el movimiento global del cuerpo para que nada permanezca ocioso logrando la mayor eficacia y rapidez de todos los movimientos. A su vez, el poder requiere una articulacin entre cuerpo y objeto amarrando uno al otro y construyendo as los procesos y las operaciones desde adentro; la funcin del poder disciplinario es menos de extraccin del producto final que de vnculo coercitivo con el aparato de produccin. (Foucault, 2001: 157) Finalmente el control de la actividad se completa a travs de una descomposicin, fraccionamiento y subdivisin del tiempo para intensificar el uso de cada instante como si fuera inagotable y acelerar al mximo cada operacin. Esta matriz atraviesa y se implementa en las ms diversas instituciones, desde la prisin y el ejrcito hasta la fbrica y la escuela: cada instante que transcurra estaba lleno de actividades mltiples, pero ordenadas; y por otra parte, el ritmo impuesto por seales, silbatos, voces de mando, impona a todos unas normas temporales que deba acelerar el proceso de aprendizaje y ensear la rapidez como virtud (Foucault, 2001: 158) c) La seriacin del tiempo. Las disciplinas se convierten en aparatos para sumar y capitalizar el tiempo. Para ello descomponen el tiempo en trmites separados y ajustados; los organizan analticamente en sucesiones de elementos simples que se combinan segn una complejidad creciente; se somete a cada trmite o segmento a una prueba especfica; se disponen series de series con rangos y recorridos progresivos. En estos procedimientos la tecnologa estelar es el ejercicio que impone a los cuerpos tareas a la vez repetitivas y diferentes, pero siempre graduadas. El ejercicio sirve para economizar el tiempo de la vida, para acumularlo en una forma til, y para ejercer el poder sobre los hombres por medio del tiempo as dispuesto (Foucault, 2001: 166) d) La composicin de fuerzas para obtener un aparato eficaz a travs de: la colocacin y articulacin de un cuerpo con respecto a los otros; el ajuste cronolgico entre los gestos y movimientos de los diferentes cuerpos de manera tal que la mxima cantidad de fuerzas pueda ser extrada de cada cual y combinada en un resultado ptimo; y el establecimiento de un mando claro y preciso.

Respecto a este ltimo punto podemos establecer un cruce entre el poder disciplinario descrito por Foucault y las relaciones capitalistas de produccin analizadas por Marx. En el captulo XI del libro 1 de El Capital, Marx desarrolla el concepto de cooperacin como fase inicial de la produccin de plusvala relativa. Como bien sabemos, sta depende del aumento en la productividad e intensidad de la explotacin del tiempo de la fuerza de trabajo. Marx llama cooperacin a la forma del trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos con arreglo a un plan en el mismo proceso de produccin o en procesos de produccin distintos, pero enlazados (Marx, 1973: 281) Esta reunin produce que el resultado obtenido sea mayor a la sumatoria de los productos que cada trabajador obtendra individualmente. Este aumento de la productividad responde a un cambio en la organizacin del trabajo: la simple existencia de una masa de obreros coordinados permite distribuir entre diversos brazos y, por tanto, ejecutar simultneamente las diversas operaciones, acortndose con ello el tiempo de trabajo necesario para la fabricacin del producto total. (Marx, 1973: 283) Esta intensificacin de la fuerza productiva se logra por diferentes vas: el aumento de la potencia mecnica del trabajo; la reduccin de las distancias geogrficas que permite la anulacin de tiempos muertos; la puesta en accin de mucho trabajo en poco tiempo para aprovechar los momentos crticos; el fomento de la emulacin entre los obreros; y la economizacin de los medios de produccin a partir de su utilizacin colectiva. Ahora bien, esta reunin de obreros asalariados slo es posible si existe un capital que los emplee a todos, con lo cual es preciso que ste concentre grandes cantidades de medios produccin. Por ello, con la cooperacin de muchos obreros asalariados, el mando del capital se convierte en requisito indispensable del propio proceso de trabajo, en una verdadera condicin material de la produccin. Hoy, las rdenes del capitalista en la fbrica son algo tan indispensable como las rdenes del general en el campo de batalla (Marx, 1973: 286) El mismo Foucault cita a Marx (Foucault, 2001: 180) para establecer esta correlacin entre la unidad de mando y la funcin de direccin, vigilancia y enlace ejercida despticamente por el capital. Foucault comparte esta visin militar del mando a partir del concepto de tctica, el arte de construir, con los cuerpos localizados, las actividades codificadas y las aptitudes formadas, unos aparatos donde el producto de las fuerzas diversas se encuentra aumentado por su combinacin calculada (Foucault, 2001: 172); sin embargo, l no lo circunscribe nicamente a la fbrica capitalista, sino que se preocupa por su ejercicio a lo largo de todo el cuerpo social. A pesar de ello, esta correspondencia resulta de gran inters para el propsito de este trabajo ya que se trata de una correspondencia entre dos tipos de acumulacin: de hombres y de tiempos por un lado, y de capital, por el otro. Y como condicin para el desarrollo dialctico de ambos, la disciplina que, ejercida mediante la superposicin de cuerpos y fuerzas, logra un mejor control y disciplinamiento de la fuerza de trabajo permitiendo una explotacin y expropiacin acrecentada de su tiempo.

En este sentido, el panptico representa para Foucault la tecnologa disciplinaria por excelencia. Su capacidad para espacializar, clasificar y ordenar los cuerpos de manera tal que su vigilancia est permanentemente garantizada implica a su vez una temporalidad particular. Esto obedece, por un lado, a los tiempos propios en que el poder puede ejercerse y, por otro lado, a los efectos temporales que este ejercicio produce. Como dijimos, el poder disciplinario y en esto la tecnologa panptica es fundamental permite una vigilancia y un control permanente de los cuerpos; es decir, se establece una mecnica por la cual en ningn momento la vigilancia deja de ejercerse. Esto es posible gracias a que bajo la estructura panptica el que est sometido a un campo de visibilidad, y que lo sabe, reproduce por su cuenta las coacciones del poder; las hace jugar espontneamente sobre s mismo; inscribe en s mismo la relacin de poder en la cual juega simultneamente los dos papeles; se convierte en el principio de su propio sometimiento (Foucault, 2001: 206) De esta manera no quedan lagunas temporales en las cuales el poder no se est ejerciendo; en ningn momento el individuo deja de sentirse observado y coercionado. El poder disciplinario produce as un tiempo continuo y homogneo. Asimismo, con el panoptismo el poder ser vuelve ms rpido, ms ligero y ms eficaz. En cuanto a los efectos que produce este mecanismo en la experiencia temporal se observa un perfeccionamiento en el logro de los objetivos buscados por la disciplina al aumentar la productividad y la docilidad de los cuerpos. Por un lado, el dispositivo panptico mediante una espacializacin ms detallada de los cuerpos permite un control ms eficaz de los gestos, los ritmos y los tiempos, facilitando la evaluacin detallada de los desempeos y la comparacin y acumulacin de los tiempos individuales (en la fbrica esto resulta fundamental para el clculo de los jornales y salarios y tambin para la articulacin entre las tareas y los tiempos de cada parcela del aparato de produccin) Adems, el sistema panptico permite una ordenacin de las multiplicidades humanas con el menor costo posible (tanto econmico como poltico) y simultneamente permite alcanzar los resultados deseados con la mayor intensidad y la mxima expansin aumentando la docilidad y la utilidad de todos los elementos del sistema por los medios ms rpidos y ms econmicos. De esta forma se puede extraer de los cuerpos el mximo de tiempo y de fuerzas utilizando mtodos de conjunto: el control de horarios y de los usos del tiempo, la educacin colectiva, los ejercicios, la vigilancia global y detallada, la escritura, el examen y las sanciones. Por lo tanto, el tiempo disciplinario permite anticiparse a la falta, intervenir de antemano antes del mismo acto si es posible, y esto por un juego de vigilancia, de recompensas, de castigos, de presiones, que son infra-judiciales (Foucault, 2003: 10), para encauzar, modelar, corregir y normalizar los comportamientos.

Toda esta nueva economa del poder y del tiempo result vital para el desarrollo de los aparatos productivos que comenzaron a surgir en la poca clsica. La disciplina y, ms especficamente, el dispositivo panptico, han sido fundamentales para alcanzar el ajuste necesario entre los cuerpos individuales y el modo de produccin capitalista que comenzaba a expandirse. Para alcanzar esta correspondencia entre acumulacin de hombres y acumulacin de capital fue necesario que al interior del taller imperara no solo un rgido sistema de control y vigilancia sino que tambin result imprescindible realizar una operacin particular sobre los cuerpos. Como ya se ha visto, la disciplina opera mediante la individualizacin y descomposicin de los cuerpos hasta sus mnimos detalles para luego, a partir de su conocimiento y registro, modelar los gestos y articular sus movimientos de manera productiva. De esta manera, en el taller se llev a cabo un fraccionamiento y una parcializacin de los cuerpos apuntando a alcanzar el mayor nivel de rendimiento del aparato productivo; como sostiene Foucault, las mutaciones tecnolgicas del aparato de produccin, la divisin del trabajo y la elaboracin de los procedimientos disciplinarios han mantenido un conjunto de relaciones muy estrechas (Foucault, 2001: 224) Sin dudas, el paradigma productivo que logr la mejor complementacin entre regulacin de los gestos y reglamentacin y sancin de los comportamientos ha sido la administracin cientfica del trabajo desarrollada por Taylor y llevada a la prctica por Ford. Por un lado, la organizacin cientfica del proceso de trabajo consisti en la modelacin de los gestos del obrero por parte del capital mediante la parcelacin y cronometrizacin de sus movimientos. Por otro lado, la cadena de montaje permiti someter el gesto del obrero a una cadencia regulada, fragmentando an ms las tareas y socializando los ritmos de produccin. Este mecanismo produjo una estandarizacin extrema de las tareas generando una completa intercambiabilidad de todos los elementos productivos. En este sentido, la maquinaria, el gran autmata, se transformo en un factor decisivo a la hora de destruir por completo el oficio del trabajador quitndole el control y manejo de los tiempos de produccin. Adems, esta derrota implic la subordinacin poltica del obrero quien, carente ya de todo saber y manejo sobre el proceso productivo, se vio completa y realmente subsumido a las decisiones del capital. A su vez, la automatizacin de la produccin facilit la vigilancia y la sancin al hacer ms evidente cualquier tipo de distraccin y retraso por parte del obrero. Comenz as a ser el propio movimiento de la mquina el encargado de determinar el ritmo normal de produccin y a vigilar y sancionar el comportamiento del obrero que se desviase de esa norma temporal.[5]

En resumen, el poder disciplinario opera sobre los cuerpos, los individualiza depositando sobre ellos la funcin-sujeto es decir, produce cuerpos sujetados y comienza a modelar sus gestos y a imponerle ciertos ritmos. El poder disciplinario se ocupa de que el tiempo individual sea productivamente ocupado para obtener el mayor rendimiento de cada movimiento. En suma, produce cuerpos dciles preparados para una explotacin intensiva de sus fuerzas para que su tiempo pueda ser extrado y acumulado de una forma til.

 

Algunas conclusiones:

Hasta aqu se ha visto el devenir moderno de la relacin sociedad sujeto a travs de las transformaciones en la experiencia del tiempo. Por un lado, se hizo mencin a los procesos de homogenizacin del tiempo social en tanto requisitos indispensables para el ejercicio del monopolio estatal y para el desarrollo de la economa mercantil capitalista. Por otro lado, he puesto la mayor atencin en los modos en que durante la modernidad se logr una armonizacin de la relacin sociedad sujeto a partir de la adecuacin del tiempo individual subjetivo al tiempo social objetivo. Para ello he analizado separadamente los anlisis histricos llevados adelante por Norbert Elas y por Michel Foucault. En primer lugar, observ cmo Elas entiende esta adecuacin como un mecanismo propio del proceso de civilizacin ya que el sujeto construye y percibe el tiempo subjetivo como algo diferente al tiempo social pero que, en tanto resultado de la introyeccin de las redes de interdependencia, implica una temporalidad a largo plazo basada en la previsin, el clculo y la accin planificada. Por su parte, Foucault habla de un tiempo disciplinario para aludir a la temporalidad caracterstica de un poder que, mediante el sometimiento de los cuerpos a los dispositivos disciplinarios, construye al individuo moderno de manera tal que sus movimientos y ritmos respondan y se subordinen a las necesidades temporales de las relaciones sociales existentes. En sntesis, para ambos autores esta adecuacin del tiempo subjetivo al tiempo social se realiza a travs de mecanismos de control control interno o autocontrol para Elas; control externo o disciplina para Foucault permitiendo una homogenizacin pero partiendo justamente de la preservacin de las diferencias funcionales de cada elemento.

En base a esto ltimo, esbozar como conclusin una interpretacin acerca del modo en que ambos mecanismos tuvieron una particular incidencia en la produccin y reproduccin de las jerarquas y relaciones de poder del orden social moderno.

Para entender la relacin entre sociedad e individuo Elas piensa, como vimos, en configuraciones refirindose a todo un entramado de interdependencias dentro del cual el sujeto va constituyendo su yo interior. Esto se refleja en la experiencia del tiempo en tanto cada individuo vive su tiempo subjetivo como separado del tiempo objetivo social pero directamente ligado a l. En este fuero ntimo la planificacin, la previsin de las consecuencias de las propias acciones y de las reacciones del resto de las personas, la inscripcin de la propia vida dentro de una lnea temporal propia, la conciencia de la propia edad y la construccin de proyectos en relacin a ella, etc. constituyen los elementos fundamentales de la temporalidad subjetiva. Y todo ello sucede en estrecha correlacin con un tiempo social regulado cada vez ms a largo plazo de acuerdo a las lgicas de la centralizacin estatal y de la acumulacin capitalista. En este sentido, tanto a nivel social como a nivel subjetivo la planificacin y el clculo van abarcando perodos temporales cada vez ms amplios. Por lo tanto, retomando a Giddens, podemos decir que en la modernidad las relaciones tmporo espaciales se amplan indefinidamente. Sin embargo, esta vivencia subjetiva del tiempo como algo separado del tiempo social no es ms que una sensacin ya que la temporalidad individual est indisolublemente ligada a las configuraciones, es decir, a la red de interdependencias que se tejen entre los diferentes grupos y agentes sociales. Y lo que le interesa justamente a Elas es observar cmo esta particular vivencia del tiempo da cuenta de una configuracin histrica y social determinada de dnde procede la concepcin actualmente tan extendida del individuo como sujeto libre, autnomo y singular, complementaria de esa idea tan extendida de la sociedad en tanto que agregado de individuos. (Varela y lvarez-Uria, 1997: 67) En El proceso de la civilizacin Elas analiza el desarrollo de mecanismos de autorregulacin y postergacin de las pulsiones en tanto internalizaciones de procesos sociales ms amplios. Es decir, observa cmo la complejizacin del entramado social fomenta el desarrollo de un espacio interior, de un aparato psquico configurado de manera tal que oriente, mediante la planificacin y la previsin, las acciones pblicas de cada uno.

Por mi parte, as como en lneas generales Elas se preocupa por la correlacin existente entre las configuraciones sociales y colectivas (cuyo centro reside en la centralizacin del poder y el monopolio de la violencia por parte del estado) y las transformaciones del comportamiento, las formas interiorizadas y subjetivadas de la organizacin pulsional y emocional, en este trabajo intento dar cuenta de esa correlacin centrndome especficamente en la dimensin del tiempo. De esta forma, as como la organizacin y la legitimacin del estado nacin y el desarrollo de la economa mercantil capitalista requirieron de la homogenizacin y el control de los parmetros de concepcin y medicin del tiempo, estableciendo para ello una nica unidad de medida y simbolizndolo como una flecha que permitiese el clculo y la proyeccin, nos encontramos con una temporalidad privada, vivida al interior de cada sujeto como algo separado del tiempo social pero orientada a la adecuacin subjetiva a los patrones temporales caractersticos de las nuevas configuraciones sociales. En este sentido, el tiempo planificado, propio de la previsin, el clculo y la autorregulacin de las pulsiones y emociones est ntimamente correlacionado con los requisitos de las formaciones sociales de la modernidad. Ahora bien, todos estos procesos no se desarrollan sin diferencias ni conflictos sino, por el contrario, es en el interior de esa red de interdependencias donde determinados grupos o sujetos pueden alcanzar mayores oportunidades de poder en relacin a otros. (Varela y lvarez-Uria, 1997: 65) Una de las tesis centrales de la obra de Elas seala que a medida que aumenta el grado de complejidad y diferenciacin de la vida social aumenta la complejidad de la vida interior, es decir, el aparato psquico se va conformando por distintas fuerzas a medida que los mandatos sociales entran en pugna con las pulsiones libidinales. En esta direccin, la autocoaccin y la previsin aparecen ligadas a los requisitos de la creciente divisin del trabajo que tiene como condicin una cierta diferenciacin subjetiva correlativa a la diferenciacin del mundo social. Con ello, el orden social gana en cohesin y homogeneidad ya que a partir del aumento de la variedad van disminuyendo paradjicamente las diferencias. Pero no se trata de las diferencias econmicas sino ms bien de los contrastes en la propia organizacin subjetiva: el autodominio hace que todos seamos ms parecidos a partir de una mayor interdependencia. La interaccin y la competencia propias de una sociedad compleja llevan a esta reduccin de los contrastes basndose justamente en las diferencias; es decir, que esta reduccin no significa necesariamente una igualacin.

Qu sucede entonces con la reproduccin del orden social, la movilidad social y las luchas y conflictos de clases? Para Elas no hay dudas de que la racionalizacin paulatina y, adems, la transformacin civilizatoria general, se produce en correspondencia permanente con enfrentamientos entre las diferentes clases y asociaciones (Elas, 1992: 493) Esto lleva a preguntar por los mecanismos sociales mediante los cuales ciertos grupos obtienen el dominio y el poder de imponer los modelos de autorregulacin y postergacin de las pulsiones a seguir. En lo que respecta al objeto especfico de este trabajo, se puede observar que la potestad para definir los modos en que se debe experimentar el tiempo planificadamente se puede convertir en un factor de distincin y legitimacin social en tanto que el manejo eficaz de las pulsiones y de las emociones se ha constituido primero en la sociedad cortesana y luego en la sociedad burguesa en una fuente de prestigio social. De esta forma, muchas veces las clases altas intentan retener para s esta capacidad diferenciadora y observan con temor el hecho de que las clases inferiores imiten sus modos de vida. De all el recelo de las capas cortesanas por conservar sus vnculos y el manejo particular de los mismos y luego de la burguesa por hacer de la capacidad para planificar y actuar con un horizonte de largo plazo (tanto en lo que respecta a la administracin capitalista como a la vida privada en trminos de educacin y planeamiento de una carrera) un elemento de diferenciacin y justificacin de su posicin social respecto a la clase obrera. Sin embargo, la tendencia civilizatoria produce finalmente una expansin y difusin de estos modelos hacia el resto de las capas sociales, disminuyendo as los contrastes, aumentando la dependencia de las clases altas respecto a los otros sectores y confirmando el ascenso de los clases medias y bajas. Por lo tanto, para Elas el orden social no est siempre atravesado por relaciones de dominacin donde las clases superiores aplastan e imponen la autocoaccin a los de abajo, sino que son las elites las primeras en las que el proceso de civilizacin produce restricciones y prohibiciones, y a partir de all, de manera dual, se extienden y expanden hacia abajo. Ahora bien, segn Elas existen dos fases en la difusin y expansin de los modelos de comportamiento y de las formas de experimentar el tiempo. Una primera de colonizacin o asimilacin, en la que la correspondiente clase baja ms numerosa se encuentra en ascenso, pero todava est supeditada a la clase alta, fase en la que esta clase se orienta claramente por el ejemplo de la alta y en la que sta impone sus formas de comportamiento consciente o inconscientemente y una segunda fase de rechazo, de diferenciacin o de emancipacin, en la que el grupo ascendente aumenta evidentemente su fuerza social y su autoconciencia, en la que, en consecuencia, la clase alta se ve obligada a una mayor reserva, a un aislamiento ms intenso y en la que se fortalecen los contrastes y las tensiones en la sociedad. (Elas, 1992: 514-515) Por lo tanto, es posible que a veces las diferencias se vean acompaadas por una reduccin de los contrastes permitiendo as una armoniosa reproduccin del orden social mientras que, otras veces, el acento se ponga en los aspectos diferenciadores promoviendo un rechazo por parte de las clases bajas de los modos de regulacin de las emociones y de comportamiento pblico de las clases altas.

Si bien las sociedades modernas tienden, en lneas generales, a funcionar de esta manera, para comprender fehacientemente los modos en que un orden social se constituye y reproduce se debe analizar cada situacin histrica en particular porque, como bien seala Elas, la relacin entre la clase cortesana y la burguesa, por ejemplo, no ha sido igual en Francia que en Gran Bretaa. Por lo tanto, en ciertas ocasiones las clases altas tienen miedo a perder su fuente de prestigio e intentan conservar para s determinadas maneras de vivir el tiempo mientras que en otros momentos ven con agrado o como algo necesario expandir ciertos modos de vida hacia el resto de la sociedad porque conservarlos podra resultar incluso perjudicial. De ah que en ciertas circunstancias la civilizacin es un arma de dos filos (Elas, 1992: 493) Por otro lado, el caso de las clases ascendentes que por lo general imitan y asimilan sin ms los modelos de comportamiento de las clases altas refleja una de las manifestaciones ms peculiares del proceso civilizatorio: los miembros de la clase ascendente elaboran un sper-yo segn el modelo del de la clase dominante y colonizadora (...) esta influencia en el sper-yo por parte de la clase alta hace que surja una forma muy especfica de sentimientos de vergenza y de supeditacin entre la clase ascendente (Elas, 1992: 515-516) Finalmente, podemos encontrarnos con clases bajas sin posibilidades de ascenso que terminan elaborando su propio sper-yo, sus propios modelos de control y canalizacin de las emociones y sus propias formas de experimentar el tiempo y el espacio, rechazando y resistiendo muchas veces a los modelos de las clases dominantes. Por lo tanto, cabe preguntarnos por la suerte que puede correr el orden establecido si estos mecanismos de rechazo se tornan lo suficientemente poderosos para poner en peligro su reproduccin.

Es aqu, quizs, donde el enfoque foucaultiano puede resultar de gran ayuda para comprender cmo esos rechazos son doblegados. Como se ha visto, mediante los mtodos disciplinarios el poder modela los cuerpos hacindolos tiles, dciles y apropiados para un determinado aparato productivo. Para ello, se establece una temporalidad original propia de la sociedad disciplinaria en tanto el poder es ejercido constante y homogneamente, es decir, la totalidad del tiempo de la vida es vigilado y modelado sin interrupciones. Por otro lado, las operaciones a travs del tiempo la imposicin de ritmos, la ejercitacin de los movimientos, la normativizacin de las velocidades, la sancin de las demoras y los despilfarros constituyen los mecanismos fundamentales mediante los cuales se construye el individuo moderno acorde con los requisitos de dicho aparato. En sntesis, el establecimiento de una temporalidad propia del poder disciplinario y la individualizacin de los cuerpos mediante la operacin sobre el tiempo han sido fundamentales para la produccin de sujetos productores; proceso que histricamente se evidenci en la destruccin de la figura del campesino y en la construccin del obrero libre individual durante la llamada acumulacin originaria En ese momento histrico preciso, se puede dejar de lado el anlisis de Elas en tanto la pregunta que se impone es hasta qu punto las condiciones materiales a las que se vieron arrojados todos esos campesinos expulsados de sus tierras hubiesen permitido asimilar o imitar un sistema de autocoacciones basado en la planificacin y la previsin. Tal como describe E. P. Thompson, dadas las condiciones de los primeros obreros libres pareciera que el mecanismo de adecuacin de esos cuerpos a cierto orden social no podra haber sido otro que el disciplinamiento y el control externo. En entornos ms consolidados en las crecientes zonas de manufactura y de trabajo libre la vida misma avanza por un camino cuyos peligros y accidentes no pueden prescribirse ni evitarse por medio de la previsin: las fluctuaciones de la incidencia de la mortalidad, de los precios, del desempleo, se experimentan como accidentes externos que no se pueden controlar; en general, la poblacin trabajadora tiene poco sentido proftico del tiempo: no planea seguir tal o cual carrera ni fundar una familia, ni ve que le espere tal o cual forma de vida, tampoco ahorra los ingresos semanales cuando son altos, ni proyecta comprar una casita de campo, ni jams en la vida tomarse unas vacaciones (Thompson, 2000: 25) En este sentido, creo que la reproduccin social se puede sustentar muchas veces sencillamente en la adecuacin de los cuerpos a los tiempos sociales, es decir, en su subordinacin a determinado proyecto poltico-econmico, compensando la ausencia de autocontroles y de canalizacin de las pulsiones mediante una red de dispositivos disciplinarios que hicieron aparecer al individuo como realidad histrica, como elemento de las fuerzas productivas, como elemento tambin de las fuerzas polticas (...) un cuerpo sujetado atrapado en un sistema de vigilancia y sometido al procedimiento de normalizacin (Foucault, 2003: 14) La persecucin a aquellos que en las postrimeras del capitalismo eran clasificados como vagabundos como as tambin la ubicacin de todos aquellos individuos que llegaban a las ciudades habiendo perdido todos sus referentes de conducta y organizacin del mundo, pareciera responder ms a un tipo de adecuacin a los tiempos del sistema productivo y poltico basado en las coacciones externas, el ejercicio, la vigilancia, la espacializacin y el registro individual que a una adecuacin a partir de la introyeccin de un mandato a ser puntuales calculadamente y a cumplir horarios estrictos. Es decir, la ruptura y el abandono de los patrones temporales ligados a los ritmos de la naturaleza y a una organizacin colectiva de la vida estuvieron ms bien basados en la imposicin externa y muchas veces violenta de nuevos patrones temporales tal como describe el mismo Thompson en Tradicin, revuelta y conciencia de clase o, en el extremo, como seala Todorov en La conquista de Amrica, a travs de la imposicin de nuevos sentidos y modos de concebir el tiempo como mecanismo de destruccin, colonizacin y sometimiento de las culturas precolombinas. Ms an, se puede decir que el capitalismo se apoya en esta correlacin entre tiempos individuales impuestos por la disciplina y los tiempos sociales de la propia dinmica productiva. Se trata, por un lado, de una correlacin entre la lgica del mercado (consistente en: la distribucin social del trabajo, la produccin y las mercancas mediante el tiempo de trabajo socialmente necesario y en la acumulacin de capital como expropiacin del tiempo de trabajo ajeno) y la disciplina como poder ejercido sobre el tiempo de la vida, sobre su empleo, su distribucin y su acumulacin. Por otro lado, se trata de una correlacin entre las necesidades de intensificar y acelerar el ritmo de la fuerza de trabajo que tiene el capital para crear ms valor en el mismo tiempo de trabajo y extraer de esta forma una cantidad mayor de plustrabajo de los obreros, y las disciplinas como dispositivo que modela el manejo de los tiempos, que consagra a la velocidad como virtud y subordina los cuerpos a ciertos ritmos de produccin.

Para finalizar se puede afirmar que el orden social moderno, caracterizado por la centralizacin del estado y por el modo de produccin capitalista, se reproduce gracias a la adecuacin de los sujetos a las relaciones sociales y de poder existentes. Como se ha visto, se trata de una adecuacin producida por la complementacin de dos directrices temporales que, cada una a su manera, hacen compatible el tiempo individual subjetivo con el tiempo social objetivo. En este sentido, creo que tanto el tiempo planificado surgido de la autorregulacin de los impulsos como el tiempo disciplinario impuesto por los dispositivos disciplinarios atraviesan todo el espacio social. El desarrollo social moderno caracterizado por la complejizacin creciente de las interdependencias y por ciertos mecanismos de movilidad social ha producido una extensin del comportamiento civilizado hacia todos los sectores sociales. Por otro lado, la relevancia que cobraron los dispositivos disciplinarios y con ellos las instituciones disciplinarias durante el siglo XIX y gran parte del XX, muestra que la sujecin e individualizacin de los cuerpos y su sometimiento a ciertas pautas temporales han sido fundamentales para el sostenimiento de las relaciones de poder que rigen a la sociedad moderna. De alguna u otra forma todos estamos, por un lado, sometidos al poder disciplinario en tanto nuestros ritmos responden a los tiempos que marcan el movimiento social y, por otro lado, nunca dejamos de autocontrolar nuestros impulsos y nuestras emociones en la medida que hemos introyectado estos modos de comportamiento que otorgan eficacia y legitimidad a la posicin social ocupada. Sin embargo, esto no significa que el orden social moderno sea igualitario y sin diferencias ya que siempre existen determinados grupos sociales que cuentan con los mejores recursos tanto para apropiarse y definir en primera instancia los modelos de autorregulacin como para ubicarse ms favorablemente frente a los dispositivos disciplinarios. En definitiva, la modernidad consiste en estar en el momento justo y en el lugar indicado para ser una persona adecuada.

 

 

 

Bibliografa:

-  Aris P. Y Duby G. (1992) Historia de la Vida privada, Madrid, Volumen 5, Taurus.

-  Bauman, Z. (1999) Globalizacin Consecuencias Humanas; Buenos Aires, FCE

-  Coriat B. (1994) El taller y el cronmetro, Mxico, Siglo XXI.

-  Chartier R. (1992) El proceso de cambio en la sociedad de los siglos XVI-XVIII; en Aris P. Y Duby G. (1992) Historia de la Vida privada, Volumen 5, Madrid, Taurus.

-  Elas N. (1989) El proceso de civilizacin, Mxico, FCE.

-  Elas N. (1992) Deporte y ocio en el proceso de la civilizacin, Mxico, FCE.

-  Elas N. (1997) Sobre el tiempo, Mxico, FCE.

-  Giddens A. (2001) Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza.

-  Foucault, M. (2003) El poder psiquitrico. Cursos del colegio de Francia (1973-1974), Clase del 21 de noviembre de 1973, Traduccin de Nancy Montemurro y corregida por Pablo Pavesi.

-  Foucault M. (2001) Vigilar y Castigar, Bs. As., Siglo XXI.

-  Foucault M (2000) Historia de la sexualidad. Tomo 1 La voluntad de saber, Mxico, Siglo XXI.

-  Martn-Fugier A. (1992) Los ritos de la vida privada burguesa; en Aris P. Y Duby G. (1992) Historia de la Vida privada, Volumen 5, Madrid, Taurus.

-  Harvey D. (1992) La condicin de la posmodernidad, Buenos Aires, Amorrortu.

-  Todorov, T. (1997) La conquista de Amrica. El problema del otro, Mxico, Siglo XXI.

-  Thompson E. P. (2000) Costumbres en comn, Barcelona, Crtica.

-  Thompson E. P. (1984) Tradicin, revuelta y conciencia de clase, Barcelona, Crtica.

-  Varela, J. y lvarez-Uria, F. (1997) Genealoga y sociologa, Buenos Aires, El cielo por asalto.



 

Notas:

[1] Una versin reducida de este trabajo fue presentada como ponencia en las III Jornadas de Jvenes Investigadores del Instituto Gino Germani, desarrolladas en la Fac. de Cs Sociales de la UBA, septiembre 2005 y se encuentra publicada en el CD de las Jornadas.

[2] Lic. en Sociologa, Becario de posgrado Conicet, IIGG, FSOC, UBA; Maestrando en Sociologa de la Cultura, IDAES, UNSAM.

[3] Por poder disciplinario, yo no entiendo otra cosa que una cierta forma de algn modo terminal, capilar del poder, un ltimo relevo, una cierta modalidad por la cual el poder poltico, los poderes en general vienen, en el ltimo nivel, a tocar los cuerpos, morderlos, para tener en cuenta los gestos, los comportamientos, los hbitos, las palabras, la manera en la cual todos esos poderes concentrndose hacia la base hasta tocar los cuerpos individuales en s mismos, trabajan, modifican, dirigen lo que Servan llamaba las fibras blandas del cerebro (Foucault, 2003: 2)

[4] La disciplina, con su exigencia de visibilidad, su constitucin de itinerarios genticos, esta especie de continuum jerrquico que la caracteriza, recurre necesariamente a la escritura. Primero, para asegurar la notacin y el registro de todo lo que pasa, de todo lo que hace el individuo, de todo lo que dice; luego, para transmitir la informacin de abajo hacia arriba, a lo largo de la escala jerrquica y, finalmente, para poder volver siempre accesible esta informacin y asegurar el principio de omnivisibilidad (Foucault: 2003; 8)

[5] Para profundizar sobre la combinacin entre produccin capitalista y disciplina ejercida por el taylorismo y el fordismo Ver Coriat (1994).