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Norbert
Elas: el individuo y la
sociedad
como proceso.*
Paula Muriel Belmes |
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Quiz no puede llamrsele loco: es slo uno que existe Uno
de los aspectos ms interesantes de la propuesta de Norbert Elias
refiere a su particular visin acerca de la relacin entre lo instintivo
y lo social, relacin que tambin puede leerse en trminos de proceso
individuo-sociedad segn es presentada por este autor en dos obras
fundamentales e inaugurales: La sociedad cortesana (1933) y
El proceso de la civilizacin. Investigaciones sociogenticas y
psicogenticas (1939). Esa problemtica que, con matices diversos,
ha ocupado y preocupado a los autores considerados clsicos en la
sociologa (Karl Marx, Emile Durkheim y Max Weber), asume en Elias
algunos rasgos muy originales que nos interesa destacar. Por ello,
nos proponemos, en primer lugar, presentar los conceptos de individuo y sociedad, tal como pueden
entenderse en la sociologa de Elias con referencia a los postulados
de la sociologa clsica y al ambiente intelectual alemn en general.
Luego, nos ocuparemos de identificar, tomando como base la lectura
que Elias hace de El malestar en la cultura, los puntos de
contacto y distanciamiento con esa obra de Sigmund Freud. Creemos
que en el dilogo entre Elias, la sociologa clsica y la psicologa
freudiana pueden encontrarse elementos que nos permitan pensar la
pertinencia de una sociologa histrica orientada hacia lo que hoy
en da se conoce como historia cultural. La impronta alemana: Estudiar en la Universidad de Heidelberg
en la dcada de 1920 no es un dato anecdtico (tal como lo narra Elias
en su autobiografa intelectual). Esa casa de estudios era quizs
una de las pocas donde la sociologa, ese campo tan reciente y tan
productivo al mismo tiempo, haba prosperado, especialmente, bajo
los auspicios del clan Weber (primero con Max Weber y su hermano
Alfred y, tras la muerte de Max, la labor continuada por su viuda
Marianne Weber). Pero adems el mundo cultural, acadmico y social
en general ya estaba ordenado alrededor de lo que sera el eje de
todos los debates sociolgicos posteriores: la monumental obra de
Karl Marx. A estas fuentes que crearon un ambiente muy particular
se les suma la peculiaridad del debate sobre la modernidad en torno
a las ideas de cultura y civilizacin tal como fueron definidas en
el mbito del romanticismo, el historicismo y la propia sociologa
alemanas. Norbert Elias es un producto intelectual de ese ambiente
como l mismo lo reconoce y reivindica y en las dos obras que analizamos
en este ensayo estas cuestiones aparecen ntidamente. En
orden cronolgico la primera fuente que debemos resear es la referida
a las nociones de cultura y civilizacin que fueron definidas en un
sentido distinto al de otras tradiciones del pensamiento europeo occidental,
en particular, del concepto francs que ser la base del anlisis
de las transformaciones segn propone Elias, quien dedica todo el
captulo primero de El proceso de la civilizacin a estas diferencias.
Brevemente recordaremos aqu algunos de los rasgos tematizados en
torno a Kultur y Zivilisation. La Alemania de los siglos
XVIII y XIX difcilmente pueda considerarse una unidad, su nacionalidad
no se asentaba claramente en un proyecto de nacin definido en trminos
modernos sino que debi recurrir a la tradicin cultural como modo
de diferenciacin frente a los procesos de univesalizacin que avanzaron
de la mano de la Revolucin Francesa y las tropas napolenicas. Alemania
se sumerge en la modernidad a su pesar y esta desdicha estar presente
en todo el proceso de la formacin del estado. La modernidad signific
enormes avances en varios campos: la tcnica, la administracin, la
justicia, la poltica, y estos cambios valorados positivamente, en
especial, en el discurso de la Ilustracin generaron una confianza
inquebrantable en el inevitable progreso de la humanidad. Pero esta
conciencia positiva de valoracin de los cambios, se desdobla y presenta
su cara negativa: la de los riesgos y las prdidas que estos avances
provocan. Jean Jacques Rousseau fue el primero en advertir este doblez
y su pensamiento influir fuertemente en el movimiento romntico alemn.
El
movimiento romntico fue ms que un fenmeno cultural caracterizado
por la crtica a la civilizacin industrial burguesa, constituy una
particular visin del mundo en la cual se reivindicaron valores
tradicionales precapitalistas. Constitudo por los sectores medios intelectuales
y acadmicos alejados de los centros de poder poltico, este movimiento
centr sus esfuerzos en la oposicin entre el universo espiritual de
los valores ticos, morales y estticos frente al mundo del progreso
econmico y tcnico. Su programa fue una propuesta de accin y, al mismo
tiempo, de resistencia frente al avasallante impulso del progreso material.
Johann G. Herder, claro representante de este movimiento, expresar
estas ideas no slo en sus trabajos especficos de recopilacin de cantos
populares (las Volkslieden publicadas en 1778), sino en ideas
ms generales como su decidida defensa de la lengua
alemana como centro de la cultura propia.
[1]
La afirmacin de un mundo de valores compartidos,
frente al poder disgregante que ejerce sobre los lazos afectivos el
industrialismo, es contenida en el concepto de cultura que destaca los
rasgos individualizantes de cada formacin nacional. stas estaran
provistas de un centro articulador propio que las hara incomparables
entre s: su lengua, literatura, religin, mitos y rituales son vistos
como los elementos de un organismo vivo que define y diferencia a una
cultura de otras. El terreno para la transmisin y afirmacin de esta
especificidad ser la educacin y, asimismo, desde all se naturalizar
la oposicin entre cultura y civilizacin hasta tal punto que, como
seala Elias Unos los han legado a otros, hasta que se han convertido
en instrumentos utilizables para expresar las experiencias comunes y
para tratar de entenderse. As se convirtieron en palabras de moda,
en conceptos corrientes del lenguaje cotidiano de una sociedad determinada,
con lo cual no slo acabaron respondiendo a la necesidad de expresin
del individuo, sino tambin de un colectivo cuya historia ha cristalizado
en ellos y en ellos sigue resonando (1993; pp. 60). Pero
esta cristalizacin en el lenguaje ser contextualizada por Elias
en la particular configuracin de la sociedad alemana que la posibilit
y reubicar la oposicin cultura-civilizacin en su gensis histrica
retrotrayndola hacia la peculiar oposicin social interna entre una
nobleza cortesana francoparlante y seguidora de las pautas de comportamiento
de la corte francesa y una capa de intelectuales de clase media excludos
de la poltica y del mundo cortesano. En Francia las cosas sern muy
distintas y por ello, la gensis de la idea de civilizacin reunir
y no separar a cortesanos e intelectuales. Sin embargo, en ambos
modos se tratar de un proceso que tender a generar mecanismos de
autocontrol naturalizados ms all de que responda al nombre de civilizacin
o de cultura. Un problema con historia:
la relacin individuo sociedad
Mencionbamos al comienzo la otra fuente
concurrente en la formacin de un acadmico alemn en las primeras
dcadas del siglo XX; la sociologa. Ser el propio Elias quien reconozca
estas tradiciones en sus libros pero siempre desde la idea
que el pensamiento tiene la obligacin de ascender en la escala de
la conciencia a partir de un distanciamiento, que en este socilogo
se resume en el concepto de configuracin. En La sociedad cortesana
aparece una definicin muy clara de lo que debemos entender por configuracin
y porque puede constituir un salto hacia adelante en la investigacin
sociolgica. El problema central se expresa, para nuestro autor, en
dos perspectivas contrapuestas: una que considera a la sociedad como
algo extraindividual y la otra que postula al individuo como algo
extrasocial. En ambas se privilegia una exterioridad constitutiva
y, al mismo tiempo, opresiva que slo se sostiene en relaciones de
dominacin unidireccionales. Para Elias, ambas perspectivas son ficticias
ya que ningn fenmeno histrico puede existir por fuera de los individuos
que lo protagonizan y constituyen y ningn individuo puede ser considerado
tal fuera de la sociedad a la que pertenece; en sus palabras: El concepto de configuracin sirve para
expresar esta situacin.(1996; pp. 31).
Sin embargo, estas apreciaciones son a posteriori porque
en Elias no encontramos un aparato conceptual extenso que constituya
una teora general de lo social en abstracto. El salto hacia adelante
que impulsa con sus investigaciones tiene la caracterstica de estar
centrado en las fuentes, que son ledas desde una formalizacin mnima
formada por unas pocas nociones muy abiertas, como la de figuracin.
En La sociedad cortesana, este especial estudio sobre la corte
como modelo de asociacin (en trminos weberianos), gran parte de
la descripcin y de la argumentacin se centra en las Memorias
de Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon y El proceso de la civilizacin
recorre con minuciosidad numerosos textos sobre buenos modales,
obras literarias y otras fuentes que se van uniendo a lo largo de
la obra con un dbil hilo, el mnimo posible, para no ahogar a las
fuentes y caer en los viejos errores de la predominancia de uno de
los dos polos: el social o el individual. Las
discusiones con las propuestas sociolgicas e histricas que aparecen
en estos libros se encuentran concentradas en las introducciones de
ambos y las menciones a otros autores y a sus teoras explicativas
sobre los fenmenos son mnimas y, en general, son confinadas a las
notas. La principal crtica que hace Elias a las corrientes sociolgicas
es su insistencia en la exterioridad de los procesos sociales respecto
de los sujetos y a la historia su ignorancia de los procesos por centrarse
en los individuos. Pero su lectura es sesgada e incompleta. Con el
nico que discute ms abiertamente es con Max Weber en La sociedad
cortesana, pero sorprendentemente no se menciona a Durkheim, y
Marx es mencionado slo una vez en este libro y su teora criticada
someramente en algunos pasajes (aunque parece ms una crtica al determinismo
econmico de algunas corrientes marxistas que al propio Marx). En
El proceso de la civilizacin la discusin es con Talcott Parsons
pero no se extiende ms all de la ubicacin que sealramos antes,
en tanto que, el Bosquejo de una teora de la civilizacin (resumen
que aparece al final del libro) es la nica propuesta con intencin
formalizante. Con
respecto a la historia, la crtica de Elias se orienta hacia la produccin
de un tipo de conocimiento histrico que incluso para esa poca ya
empezaba a estar cuestionado, el que se centraba en la narracin
de los actos de los poderosos. Segn Roger Chartier (quien dedica
un captulo de El mundo como representacin a La sociedad cortesana) en Elias las crticas
a la ciencia histrica se orientan hacia la superacin de tres problemas:
el primero es la asignacin de un carcter nico a los elementos que
estudia, el segundo se enfoca en individuos que deciden libremente
sus acciones y el tercero refiere a la explicacin de los cambios
a los actos voluntarios de quienes ostentan el poder. Las consecuencias
para la historia son que se reproduce una secuencia de acontecimientos
inconexos sin referencia a ningn marco contextual que permita eliminar
la arbitrariedad en las explicaciones y se elimina como objeto a los
lazos que establecen los hombres entre s; de este modo, la historia
se pierde en un laberinto de fuentes que terminan siendo interpretadas
pura y exclusivamente desde la ideologa de los actores y no se logra
el distanciamiento necesario para la interpretacin de esos textos
desde una mirada ms general. La
bsqueda de un marco cientfico que permita estudiar el proceso de civilizacin por un lado, y la ausencia en la
sociologa y la historia de un instrumental adecuado para el objetivo
que se propone el autor, por el otro, lo lleva a postular su propia
idea de sociologa que permita detectar simultneamente lo peculiar
y lo regular en las distintas formaciones sociales a travs de la
historia. Su mayor preocupacin es superar la idea de separacin entre
individuo y sociedad y que su concepto de configuracin no opte ni
por la deriva objetivista (la sociedad es todo con independencia de
los indiviudos que la componen) ni por un relativismo subjetivista
que reivindique la accin de un individuo particular por obra de la
gracia o de una capacidad de accin excepcional. Al decir que los
individuos son la configuracin y que sta no existe fuera de ellos,
no se est suponiendo que estamos hablando de individuos concretos,
por el contrario, la configuracin es relativamente independiente
de stos pero no lo es de los individuos en general. Hay aqu una
idea de individuo como sujeto estratgico que opera segn las cadenas
de interdependencia en las que se encuentra entrelazado con el resto
de los individuos pero esos lazos son y se reproducen en el interior
de una configuracin histrica particular que es atravesada por un
proceso general que l llama el de civilizacin. Elias
afirma, en su anlisis de la sociedad cortesana, que los individuos
aparecen como sistemas peculiares abiertos, orientados mutuamente
entre s, vinculados recprocamente mediante interdependencias de
diversa clase y, en virtud de stas, formando conjuntamente configuraciones
especficas (1996;pp.41) Esta caracterstica no supone entonces
que la configuracin pueda explicarse por los individuos que la componen
pero tampoco la idea contraria debe derivarse: el hecho de que
configuraciones idnticas o similares puedan, con bastante frecuencia
y durante mucho tiempo, ser formadas por diversos individuos, no puede
interpretarse como si tales configuraciones tuvieran una especie de
existencia fuera de los individuos (1996; pp.42). La ilusin
que individuo y sociedad son entes separados y de sustancia diferente
es exactamente eso: una ilusin, una apariencia construda en una
configuracin especfica, la contempornea; y es contruda hasta tal
punto que ni siquiera en el lenguaje existe una posibilidad de nominar
a estos procesos de otro modo. Elas insiste permanentemente en que
no debe olvidarse que cuando l habla de individuo y sociedad lo hace
porque esos vocablos resultan irreemplazables pero su significado
siempre deber ser vigilado desde la configuracin especfica a la
que pertenecen. En El proceso de la civilizacin insiste sobre
esta cuestin volviendo sobre los mismos tpicos que haba presentado
en su tesis sobre la sociedad cortesana. El lmite que impone a la
sociologa la idea de un individuo con personalidad cerrada debe superarse
reemplazando esta imagen por la de un individuo con autonoma relativa
por su orientacin hacia y su dependencia de los otros individuos.
En
esta orientacin e interrelacin de los individuos encontramos un
fuerte aire de familia con las ideas de Durkheim quien, desde sus
primeros trabajos, propone una prioridad lgica: la sociedad antecede
a los individuos que se diferencian a partir de ella. El individuo
es, entonces, un ser social modelado por los fenmenos sociales y
soporte biolgico de la conciencia colectiva. El individuo es, adems,
un producto histrico de la divisin del trabajo que ha ido transformando
a travs del tiempo los modos del lazo y la cohesin sociales. Estas
transformaciones pueden identificarse en un registro particular que
es definido como los modos de la solidaridad. Para Durkheim, la solidaridad
indica, en un sentido objetivo y relacional, un determinado tipo de
lazo entre un todo y sus partes. Pero no cabe ninguna duda que lo
que el hombre es vara y, por lo tanto, no puede hablarse de
una esencia inmanente, una humanidad discernible separadamente del
momento de desarrollo de la conciencia colectiva. Esta proposicin
slo se comprende cuando podemos distinguir que el conjunto de reglas
que aparecen fijadas como naturales o desde siempre no lo son
y, sin embargo, al infringirlas sentimos la violencia de la infraccin.
En la sociedad actual, por ejemplo, la idea de paternidad/maternidad
aparece como natural y, aunque se puede demostrar que es una construccin
social, cuando no se cumple con lo que este modo de hacer establece,
dicho incumplimiento se vive como una violacin de lo natural. Pero
en Durkheim hay una distancia entre la sociedad y el individuo, distancia
que se expresa en la exterioridad que los hechos sociales tienen respecto
de la conciencia individual. Para Elas esa exterioridad es inadmisible.
Si Durkheim haba mostrado su osada al afirmar que hasta un hecho
exclusivamente ntimo y privado como el suicidio, poda ser explicado
sociolgicamente en su expresin estadstica, Elas se propone ir
ms lejos an y en el anlisis de la estructura instintiva de los
sujetos se resume este camino. Lo social no es ms una exterioridad
como tampoco el soporte biolgico sigue siendo algo dado e inmutable.
En su propuesta nada de lo individual existe por fuera de lo social
ni lo social podra ser sin individuos includos sus cuerpos que tambin
sern modelados por la configuracin. Los
problemas que se presentan al confrontar una teora que supone una
separacin entre individuo y sociedad con los datos empricos, slo
pueden quebrarse si se los desarrolla como procesos profundamente
anclados en lo que las fuentes nos ofrecen y si son vistos en su dinmica
histrica (si tuviramos que resumir en una metfora visual esta consigna
eliasiana diramos que la historia es un conjunto de fotografas que
el investigador debe transformar en una pelcula escribiendo el guin
que otorgue movimiento a esas imgenes estticas). Esta operacin
de distanciamiento se vive con violencia (en el sentido durkheimiano)
porque encontramos la idea de individuo naturalizada; segn Elas:
esta ampliacin de los conceptos [individuo y sociedad]
aparece bloqueada por el enorme poder de conviccin que, desde el
Renacimiento, posee en la sociedad occidental la autoexperiencia del
ser humano como ser aislado y encerrado en su propio interior frente
a todo aquello que est fuera (1993; pp.35). La insistencia
en la historicidad del individuo lo lleva afirmar tambin, que no
es posible encontrar un punto cero en la relacin que existe entre
l y los dems, en la valoracin que se hace de la conducta propia
y ajena. La formacin de valores es resultado de la interdependencia
constitutiva y, por lo tanto, es mnima la posibilidad que un individuo
crezca por fuera de ella (quizs slo postulable tericamente). La
interiorizacin de los valores predominantes de una configuracin,
puede observarse en tres tipos de controles bsicos: el control de
los hombres sobre la naturaleza (tecnologa); el control sobre las
relaciones de los hombres entre s mediante la organizacin social
y el nivel de autocontrol que cada uno de los individuos ha llegado
a alcanzar sobre s mismo. Estos
tres indicadores dan cuenta adems, del grado de civilizacin alcanzado.
Para Elias, como para Marx y Durkheim entre otros, la historia occidental
es la historia de la diferenciacin progresiva de las funciones sociales
asociada a los indicadores sealados, a los que se agrega el crecimiento
demogrfico que inevitablemente extiende y aumenta, por lo tanto,
complejiza las cadenas de interdependencia sumando una creciente presin
de la competencia social. Esto significa que no slo las acciones
referidas a otros se modifican sino que tambin se profundiza hasta
tal punto la interdependencia que cada vez son ms los individuos
de los que dependen continuamente los dems para la realizacin de
los actos ms simples y cotidianos.(1993; pp.451) La
configuracin, entonces, es la herramienta que permite entender los
modos de articulacin entre los individuos pero siempre recordando
que sus acciones se encuentran acotadas por la manera peculiar que
adoptan los indicadores ya sealados. Pareciera en este punto que
Elias sucumbe a una perspectiva estructuralista (de hecho es difcil
no hacer esta lectura de sus textos) ya que, a pesar de todos los
recaudos tomados, la configuracin es una estructura cuyos contenidos
cambian pero su forma no. La clave para evitar esta deriva es recordar,
permanentemente, que los conceptos utilizados en la descripcin son,
por llamarlos de alguna manera, de alcance corto, es decir, estn
pensados para dar cuenta de los fenmenos sociohistricos y no para
esbozar ni una teora general de la accin (al estilo de Parsons)
ni una ley explicativa del cambio social (presente tanto en el paradigma
marxista como en el funcionalista); sin embargo, la explicacin del
proceso de civilizacin est muy prxima a ambas y ciertamente es
difcil no leer en Elias una, otra o ambas pretensiones. Si
nos atenemos a algunas de las ideas que aparecen en el Bosquejo
empezando por su ttulo que alude a una teora de la civilizacin-
esa dificultad es ms grande an. All, con referencia al cambio social,
afirma que Esta interrelacin fundamental de los planes y acciones
de los hombres aislados puede ocasionar cambios y configuraciones
que nadie ha planeado o creado. De esta interdependencia de los seres
humanos se deriva un orden que es ms fuerte y ms coactivo que la
voluntad y la razn de los individuos aislados que lo constituyen.
Este orden de interdependencia es el que determina la marcha del cambio
histrico, es el que se encuentra en el fundamento del proceso civilizatorio
(1993; pp.450). Navegar entre la fuerza coactiva de lo social y el
borramiento de la idea moderna de individuo autnomo sofocado por
esa fuerza es el desafo que Elias acepta y en su argumento sobre
lo instintivo y lo social creemos encontrar el mejor ejemplo de este
reto. De los sin-vergenza
al ojo censor: la espiral de la civilizacin.
Elias,
como venimos explicando, parte de una tesis que relaciona la identidad
[2]
individual con la colectiva; para l, no hay ninguna
identidad del yo sin una correspondiente identidad del nosotros.
Esta identidad, adems, es una construccin histrica, un proceso que
fue variando, especialmente, desde la Edad Media en la direccin de
una creciente importancia del yo y una decreciente importancia
del nosotros hasta el punto de generar, para el pensador alemn, la
ficcin literaria, filosfica y sociolgica del homo clausus;
por lo que la expresin la interioridad del ser humano inducira a
errores ya que, la concepcin segn la cual la sociedad es percibida
como la crcel que limita la libertad individual, al verdadero yo
del hombre, olvida que la sociedad es tambin la constructora del individuo
y que esa doble autoconcepcin del yo como un interior en el que uno
es verdadero yo y una mscara exterior en sus relaciones con
los dems, est tambin mediada socialmente y aparece slo en determinadas
etapas del proceso de una civilizacin. Entre
las muchas polmicas en las que puede inscribirse esta tesis, hay
una en particular que nos interesa explorar. Hacia fines de la dcada
de 1930, cuando Elias escribe El proceso de la civilizacin,
ya haban pasado casi diez aos desde la publicacin del ensayo de
Sigmund Freud El malestar en la cultura. Este texto que suscit
variadas reacciones, encontr en Elias a un lector interesado que
nos ha dejado su idea impresa sobre el sentido que l asign a algunas
de las proposiciones de Freud. ste ser el punto que nos interesa
desarrollar. No una interpretacin del texto de Freud sino el modo
en que Elias se apropia de este pensamiento y lo somete a crtica
desde su perspectiva sociolgica. Como expresa Zygmunt Bauman: Poco
despus de la aparicin de El malestar en la cultura,[...]
el joven Norbert Elias decidi someter las hiptesis de Freud, presentadas
como lo estaban en una forma intuitiva y de tipo ideal, a la prueba
de la investigacin histrica. [...] Elias demostr que la
represin de los instintos que Freud deduca de la naturaleza de
la modernidad madura era de hecho un proceso histrico que poda fijarse
en un tiempo, un lugar y unas configuraciones socioculturales especficas.(1997;
pp.164) Norbert
Elias, como puede entenderse de lo explicitado antes, arremete contra
la segunda tpica de Freud que postula la presencia del ello, yo y
superyo. Elias la completa incorporndole dimensin histrica. En
la relacin entre los padres y los nios, dir este socilogo, se
modela la emotividad de modo tal que, las palabras de reprobacin
van marcando el comportamiento del nio (psicognesis) y, al mismo
tiempo, dejando la huella de las pautas sociales acerca de los sentimientos
de vergenza y pudor (sociognesis). Por eso la pauta social deviene
fundamento y contexto de las ms diversas configuraciones instintivas
individuales. En el proceso civilizatorio, entonces, se transforma
tambin el aparato psquico. Elias avanza an ms cuando afirma, en
El proceso de la civilizacin, que la situacin que Freud describe
se corresponde con una fase de la civilizacin: la moderna. Dir en
su libro que: El grado relativamente elevado de dualidad del yo,
o de la conciencia que es caracterstica de los seres humanos en esta
fase de la civilizacin y que se manifiesta en conceptos tales como
super yo y subconsciente se corresponde con la dualidad especfica
del comportamiento a la que obliga la vida en esta sociedad civilizada.
(1993;pp.229). Por lo tanto, encontramos que la materia psquica es,
por lo menos aqu, modelada socialmente y que incluso la idea de un
inconsciente como fondo de pulsiones debe ser pensado en trminos
histricos de lo cual concluye que la estructura individual cambia
en correspondencia continua con el cdigo de comportamiento social
y con la estructura de la sociedad. El
problema que se presenta al postular la historicidad del fondo de
pulsiones es que Elias tambin afirma que existe una prediposicin
natural en los hombres, unos impulsos naturales que parecen poder
ser definidos ahistricamente, por ejemplo, el caso de la agresin
que se ejerce y se reprime segn modalidades sociohistricas pero
cuya presencia es permanente. Sin embargo, al afirmar esto ltimo
niega lo anterior. Pareciera que para Elias existiran dos naturalezas,
una propia del ser humano, biolgica y como tal exterior, entendiendo
esta exterioridad como algo no sujeto a la accin del hombre como
agente constructor y reproductor, y una segunda naturaleza, esta s
social, que se mimetiza, escondindose en la primera. Postular, sin
contradecirse en su lgica de anlisis, la existencia de una estructura
biolgica inherente a los humanos donde residiran los instintos de
modo ahistrico y que todo instinto es porque es modelado socialmente,
genera conflictos, especialmente, a la hora de discriminar entre los
instintos como estructura bsica atemporal o como expresiones sociales
modelizadas a travs de la historia. El
conflicto entre una nocin de estructura instintiva bsica natural
y otra social se agudiza, en trminos analticos, en la poca moderna.
Para Elias el problema de integracin del nosotros, la conciencia
de un yo no escindible del nosotros, se asocia con el crecimiento
de la forma histrica individualismo, dificultndose la identificacin
emocional con la humanidad en su conjunto. Este proceso es consecuencia
de la fuerza de imposicin de la configuracin Estado-nacin que ha
modelado en los ltimos siglos la conciencia colectiva y definido,
mediante los enfrentamientos armados con otros Estados nacionales,
los lmites del nosotros frente al ellos. La identificacin e integracin
en un plano superior, la humanidad, se opaca hasta tal punto que se
vuelve invisible tanto para el discurso de la ciencia social como
para los actores mismos y se produce una paradoja: la referencia al
genrico es cada vez ms necesaria e importante en la construccin
y funcionamiento del nosotros pero para la mayora de la gente ese
marco de identidad es prcticamente nulo. La cultura, entonces, aparece
como lugar de la represin del yo verdadero (pensando en esta
definicin como apariencia) pero tambin como nica posibilidad de
existencia humana. El proceso de autocontrol de los instintos se presenta
como un proceso cultural inteligible con un sentido ciego hacia
el futuro pero visible hacia el pasado. La orientacin de la transformacin
del comportamiento y el creciente autocontrol sobre las manifestaciones
instintivas bsicas (miedo, vergenza,
agresin) se dirige hacia una regulacin del aparato psquico
que est determinada por la orientacin de la diferenciacin social,
por la progresiva divisin de funciones y la ampliacin de las cadenas
de interdependencias en las que est imbricado directa o indirectamente
todo movimiento, y por tanto, toda manifestacin del hombre aislado
(1993; pp. 452). El
anlisis de las condiciones histricas de produccin del sentimiento
de vergenza y desagrado, Elias lo correlaciona con la nocin de culpa.
Para Freud, la culpa est en el origen de una cultura. En todos los
mitos que remiten siempre al origen remoto de la cultura est presente
un pasaje de la naturaleza a la cultura en trminos de distanciamiento,
restriccin e interdiccin; por lo tanto, los procesos de la cultura
suponen siempre para el sujeto una operacin de sustitucin: donde
haba una pulsin se estructura un rasgo de carcter permanente. En
este sentido, para Freud, la pulsin nunca desaparece sino que encuentra
vas derivadas. La cultura aparece as asociada a la capacidad de
sublimacin ya que los impulsos se derivan hacia algo socialmente
aceptable. Desde este punto de vista la base de la cultura es la coartacin
de las pulsiones. La problemtica del anlisis de la cultura, en Freud,
parte de postular el antagonismo inevitable entre las exigencias pulsionales
y las normativas culturales. Freud dir que dado que el sujeto est
impulsado por exigencias de realizacin imposible por las restricciones
culturales, en l reside un enemigo de la cultura; por lo tanto, el
orden debe ser impuesto. Este antagonismo entre cultura y naturaleza
no existe en la propuesta de Elias pero slo en el plano de esa segunda
naturaleza: la social. En la primera, la biolgica, el argumento freudiano
podra haber sido aceptado plenamente, pero la distincin entre las
dos naturalezas no est en Elias, la hacemos nosotros y l, cuando
lee a Freud, lo hace desde el supuesto de no contradiccin entre una
estructura biolgica y una social siempre historizadas.
Para
no traicionar el propio mtodo sociolgico de Elias debemos remitirnos
a las fuentes para rastrear esta dualidad entre lo instintivo puro
(primera naturaleza) y lo instintivo social (segunda naturaleza).
En La sociedad cortesana, el autor encuentra el mejor ejemplo
para comprender los rasgos de la sociedad moderna. Esta sociedad es
entendida como un rgimen de prestigio y competencia en el que las
prohibiciones, es decir, la autocoaccin y la expectativa que el otro
se autocoaccione estn basadas en el clculo racional y se encuentran
reguladas por un conjunto de operaciones destinadas a mantener cierto
equilibrio en la distribucin de los favores reales, nicos dadores,
en esta configuracin, de prestigio. Como seala Chartier (1992),
la definicin de la corte como sociedad, es decir, una especial configuracin
de relaciones sociales reguladas por determinados cdigos de comportamiento
y, al mismo tiempo, una sociedad dotada de una corte y organizada
a partir de ella, es una manera distintiva de definir a este objeto
histrico puesto que lo eleva al status de formacin social, es decir,
una particular configuracin que se reproduce en el tiempo y que slo
es accesible a travs de su expresin paradigmtica: la corte de Luis
XIV. En
la determinacin de la formacin por comportamiento es donde encontraremos
apariciones de esta dualidad que sealbamos. Los fundamentos de la
sociedad cortesana, siguiendo nuevamente a Chartier, seran tres principios
paradjicos: primero, es una configuracin donde la mayor diferencia
social se manifiesta en la mayor proximidad espacial; segundo, el
ser social del individuo se identifica totalmente con la representacin
que se da l mismo o le otorgan los otros y tercero, la superioridad
social se afirma en la sumisin poltica y simblica. (1992; pp.97-98).
De estos tres fundamentos el segundo y el tercero son el espacio de
expresin de la modelacin de instintos y la incorporacin de pautas
de comportamiento justo en el lmite entre la autocoaccin y la represin
por la mirada del otro. Por qu sealamos esto? Porque, justamente,
en la descripcin de las diversas actividades que se desplegaban en
la corte es donde vemos la aparicin de una definicin fuerte, por
parte de Elas, de la marca social sobre los instintos; por ejemplo,
en el captulo sobre etiqueta y ceremonial se narran los rituales
del despertar del rey y de la reina. En ese momento, se sucedan una
serie de procedimientos que tenan lugar en el dormitorio de los reinantes
y que involucraban a varios nobles, la familia y los ayudas. Cada
grupo cumpla una funcin precisa. En este encadenamiento de tareas,
el rey era desvestido (su ropa de cama) y vestido a la vista de los
participantes quienes eran honrados con la posibilidad de vestirlo
o estar cerca de l o bien, despreciados o rebajados negndoseles
tales derechos El hecho de que el rey se quitara la camisa de
noche y vistiera la de da era, sin lugar a dudas, una funcin necesaria,
pero adquira en seguida, como se ha visto, un sentido distinto en
el contexto social. El rey haca de ella, para los nobles involucrados
un privilegio que distingua a estos sobre los dems (1996; pp.115). En
esta distincin o desprecio se jugaba lo que el individuo era porque
su ser se identificaba con la representacin que de l mismo era otorgada
por otros, en este caso, el rey. La conducta, entonces, deba orientarse
segn la mirada de los otros que otorgaban y retiraban el prestigio
que era el que, por posicin, marcaba su existencia social. En este
contexto, el pasaje del control exterior hacia la autocoaccin era
imprescindible para la supervivencia del sujeto en esa sociedad y
aqu aparece por primera vez, el clculo racional aplicado a la represin
de los instintos y al autocontrol en funcin de la expectativa que
el otro tambin acte del mismo modo. Pero estamos siempre navegando
en la dualidad, porque el autocontrol presupone la existencia de ciertos
impulsos naturales que es necesario reprimir y, al mismo tiempo,
la existencia social (nica existencia posible para Elas) instala
inmediatamente la imposibilidad de pensar cualquier impulso como preexistente
o innato puesto que el humano es tal si est modelado por lo social.
En
otro prrafo significativo, cuando trabaja sobre la gnesis del romanticismo
aristocrtico, volvemos a encontrar esta doble naturaleza humana:
El enmascaramiento de los impulsos espontneos, el blindaje y
transformacin de los elementales movimientos del sentimiento, no
tiene ciertamente en el marco de la sociedad cortesana la misma forma
y estructura que en las pacficas capas medias que estn educadas
[...] El blindaje no es todava tan global y automtico como en las
sociedades trabajadoras (1996; pp.318). La idea de enmascaramiento
nos hace pensar que el grado de civilizacin alcanzado en la sociedad
cortesana es producto de un proceso de ocultamiento de los sentimientos
naturales que antes se expresaban libremente y que ahora deban
ser transformados y controlados en virtud de la necesidad de posicionarse
en determinado lugar de prestigio social. Pero, si la modelacin de
los instintos es histrica e incluso la propia estructura instintiva
se transforma, pensar en trminos de mayor o menor libertad supondra
colocar al sujeto en un lugar donde existi un yo verdadero
y libre, sin ataduras ni represiones y que hoy, en la sociedad contempornea,
est totalmente replegado y su control automatizado, hasta tal punto,
que sus apariciones son siempre reprimidas y sancionadas. Este razonamiento
va en contra de todo lo que el propio Elas critica a la sociologa
y al psicoanlisis. No slo porque para l no hay ningn yo verdadero
sino que ni siquiera hay un individuo como oposicin a sociedad y
el modo actual de nominar lo social en lo individual (yo y superyo)
es eso: una nominacin producto de la actual configuracin. Pero l
insiste en este tipo de afirmaciones donde la vida anterior a la modernidad
era ms libre. En el Proceso de la civilizacin, cuando describe
las transformaciones de la agresividad dice: (en la sociedad medieval)
Los impulsos, las emociones, se manifestaban de un modo ms libre,
ms inmediato y ms abierto que en las pocas posteriores. nicamente
nosotros que tenemos un sentido mayor de contencin, de la moderacin,
del clculo y que hemos interiorizado en nuestra vida emotiva los
tabes sociales como si fueran autocoacciones (1993;pp.238) Aunque
en ambas sociedades hay una exigencia de dominio de las emociones,
el carcter diferenciado que asumen estas pautas en una y otra configuracin
est marcado por una mayor libertad y el uso de esta caracterstica
para diferenciar a una y otra formacin social nos sigue pareciendo
conflictiva. En
ambos libros (La sociedad cortesana y El proceso de la civilizacin)
se insiste en un enfoque que considere
al entramado emotivo de los individuos como una totalidad que es posible
aprehender desde la idea de proceso expresada en las nociones de psicognesis
y sociognesis. Con anterioridad mencionamos una forma de concebir
los procesos psicogentico y sociogentico. Pero estos procesos tambin
pueden ser entendidos, de manera complementaria, como el espacio de
delimitacin del habitus psquico engendrado por una configuracin,
el primero; y, como los principios de estructuracin de una configuracin
social dada, el segundo (Chartier, 1992; pp.103). La pregunta es si
estos procesos son simultneos y tienen el mismo estatuto o si alguno
tiene privilegios sobre el otro. Si el entramado emotivo es una totalidad integrada
en la que la distincin entre individuo y sociedad no es ms que una
ilusin, entonces cul es la necesidad de dar cuenta de dos procesos
separados en su nombre y su funcin pero juntos en su actuar. Creemos
que slo puede justificarse esta operacin por la existencia de esa
base natural sobre la que se adhiere de forma inseparable la naturaleza
social. Elas dice que No hay duda de que el espritu
humano tiene unas leyes propias a las que cabe considerar naturales
y en el marco de las cuales se da el proceso histrico, al que aqullas
abren el campo e imponen lmites (1993; pp.200). Las comillas
en naturales son del autor y nos obligan a preguntarnos por qu aparece
esa marca en el texto. La explicacin vuelve a residir en la idea
que lo natural y lo histrico son procesos inseprables y que dada
la imposibilidad de marcar un momento cero o inicial de pasaje de
lo natural a lo social, lo
que consideramos como instintos o sentimientos naturales siempre han
estado modelados por lo social, por lo tanto, nunca han sido naturales. En
el anlisis de la constitucin de los sentimientos de vergenza y
de desagrado, Elas seala
que estas formas de sensibilidad son, hasta
cierto punto, configuraciones de la naturaleza humana en condiciones
sociales de cierto tipo y, a su vez, influyen como un elemento ms
en el proceso socio-histrico (1993; pp.200); entonces: si la
naturaleza humana asume determinadas formas en condiciones sociales
diversas, parecera que la sociognesis precede a la psicognesis
pero otra vez, el lmite para esta afirmacin se encontrara en la
imposibilidad de encontrar el momento de pasaje. Sobre este punto,
este autor es categrico: No existe el punto cero de la historicidad,
as como tampoco hay punto cero de la sociabilidad, de la vinculacin
social de los seres humanos. [...] Por lo que se refiere a
las funciones psquicas de los seres humanos es indudable que los
procesos naturales y los procesos histricos actan inseparablemente
(1993;pp. 200). La
dualidad entre lo instintivo natural y lo instintivo social slo es
observable en el anlisis sociohistrico que se hace en ambos libros
y pensamos que su resolucin es imposible porque no hay en el objetivo
del autor tal pretensin ya que significara caer en las misma trampas
en las que haban incurrido la sociologa y el psicoanlisis. Otra
es la historia cuando leemos el Bosquejo. Este ltimo captulo
del Proceso de la civilizacin podra considerarse sin muchos
problemas un libro aparte. La sla idea de formular una teora de
la civilizacin lo compromete con la postulacin de cierto aparato
conceptual que, inevitablemente, tiende a independizarse de la historia.
El esfuerzo de Elas se concentra en no caer en esta trampa epistemolgica
que l tanto critica pero la necesidad de explicar lo obliga a formalizar
en cierta medida, los hallazgos surgidos del anlisis de las fuentes
y all la doble naturaleza de la estructura instintiva se expresa
cabalmente. No es que no comprendamos su premisa biolgica, segn
la cual, determinadas funciones slo son posibles porque existen unas
formas que las posibilitan, por ejemplo, podemos hablar porque nuestra
laringe tiene ciertas caractersticas o podemos reir porque los msculos
faciales lo permiten pero hablamos porque hay otros humanos y remos
porque lo risible es social, cultural e histricamente determinado.
Sin embargo, en estos casos, encontramos un sustrato material claro
donde lo biolgico es un soporte que permite la instalacin de determinadas
funciones que son sociales y aqu no hay doble naturaleza: lo biolgico
es condicin de posibilidad para lo social. En
el caso de instintos como la agresin o el miedo el sustrato biolgico
se complica. Aqu no hay materialidad posible, nadie ha descubierto
an donde est el rgano que nos hace ms o menos agresivos o miedosos
y si estos sentimientos slo aparecen en comunidad, el trazado del
lmite entre lo natural y lo social es imposible, pero insistimos
en que Elas se mueve a ambos lados de la frontera y aunque siempre
se incline un poco ms hacia lo social, esa base natural ahistrica
que l tanto criticaba reaparece sin cesar, ms an cuando formaliza
sus explicaciones en una teora sobre la civilizacin, por ejemplo
en la siguiente cita: cuando nos acercamos a la idea de la historicidad
fundamental de los seres humanos, observamos con toda claridad la
regularidad y la peculiaridad estructural de la existencia humana,
siempre igual a si misma. (1993; pp.489). Primer elemento: hay
una existencia humana siempre igual a s misma cul es, la social
o la natural? Aqu no se aclara y segn venimos analizando: ambas
y ninguna. Cuando critica al psicoanlisis porque enfoca a las estructuras
psquicas del hombre contemporneo como si fuesen algo que no ha sufrido
proceso histrico alguno, agrega que: En esta elaboracin terica
es donde suele parecer como si la orientacin de los seres humanos
por medio de los impulsos inconscientes tuviera forma y estructura
propias, con independencia de la situacin relacional del individuo
concreto, con independencia tambin de la forma y la estructura de
las dems funciones de orientacin de la organizacin espiritual y
como si tuviera asimismo mayor importancia que stas para la existencia
humana. No se distingue entre la base instintiva, ruda y natural,
que quiz no cambie mucho a lo largo de la historia de los hombres,
y las estructuras y los canales cada vez ms slidos que orientan
las energas psquicas de cada individuo en sus relaciones con los
dems desde el primer da de su vida (1993; pp.495). La cita
es larga pero contundente: el individuo concreto slo puede ser conceptualizado
en una perspectiva relacional (social) y su base instintiva, natural,
que quizs no cambie mucho a travs de la historia no se distingue
de la estructuracin social. Por lo tanto, el sujeto siempre es histrico
y su estructura instintiva tambin. Podramos
seguir citando ejemplos de esta presencia de una alternancia entre
una definicin social pura y una definicin mixta natural/social.
Quizs, simplemente nuestro conflicto surja del grado de autoconciencia
en el que estamos inmersos y en el que nuestra coraza civlizatoria
(como la llama Elas) nos lleva a experimentar y, como consecuencia
lgica, a interpretar el mundo como algo exterior y a nuestro yo
como algo interior impidindonos entender que no hay tal yo
y que incluso las expresiones que entendemos como ms primarias son
producto de que somos pura y exclusivamente seres sociales. Dejaremos
a Elas la ltima palabra en este asunto los hombres [...]
ya no se experimentan a s mismos
en medio del mundo y de los hombres, como una creatura entre
otras, sino cada vez ms como individuos, cada uno de los cuales se
enfrenta por s mismo, por as decirlo, en el interior de su coraza,
a todos los otros seres y cosas, tambin a todos los dems hombres,
como a lo que existe fuera de su propia coraza, y por sta se encuentra
separado de su propio interior (1996; pp.335). Quizs debamos salir de nuestra coraza
y enfrentar el hecho que somos simplemente uno ms en este mundo social.
BIBLIOGRAFA:
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e intrpretes. Sobre la modernidad, la posmodernidad y los intelectuales.
Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.
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representacin, Barcelona, Gedisa.
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de brujo a la escalada reflexiva: El problema de la historia en la
sociologa de Norbert Elias; en: Cuadernos del CISH, ao 4,
nmero 5, La Plata, primer semestre de 1999, pp. 11-39. * Instituto de Altos Estudios Sociales
- Universidad Nacional de General San Martn (IDAES-UNSAM), Maestra en Sociologa de la Cultura
y Anlisis Cultural Anlisis de la cultura I, Prof.
Hugo Vezzetti. Monografa final
[1]
En la descripcin
de la gnesis de la distincin entre cultura y civilizacin que
hace Elias en el captulo primero de El proceso de la civilizacin,
el tema de la creciente incorporacin de vocablos provenientes del
francs en el considerado buen uso de la lengua y la valoracin
negativa del alemn como idioma brbaro muestran la importancia
que tiene este tema en el proceso de construccin de la nacionalidad
alemana.
[2]
La definicin de identidad en Elias
no remite a ningn metaconcepto y/o nocin de la construccin de
la misma sino que es simplemente usada en el sentido de cualidad
de lo idntico. |