Michel Foucault y Louis Althusser:
Aproximaciones a un Contrapunto Terico
Luca Ariza
Al leerte, no creo reconocerme.
de decir desde hace algunos aos ya me vena de ti
y de lo que permanentemente me enseabas.
En tus libros, me muestras la direccin en la cual,
en lneas generales, yo zigzagueaba, pero que haba tomado,
porque tu lo habas abierto ante mi y delante de mi
Carta de M. Foucault a L. Althusser, 24 de enero, 1966[1].
pas a las suyas, incluso algunas de mis formulaciones.
Pero (y esto ha de subrayarse en la medida en que concierne
a su propia personalidad filosfica) en su pensamiento y en su pluma,
incluso el sentido de los trminos que ha tomado de m
se ha transformado en algo profundamente diferente
del que yo les atribua
L. Althusser, A letter to the translator en For Marx, 1969[2].
El propsito del presente ensayo es producir una lectura del trabajo terico de Michel Foucault, y para ello, poner su obra en contrapunto con la de Louis Althusser. La aplicacin de este mtodo, del que es verosmil esperar una aceptacin retrospectiva imposible por parte del propio objeto de esta evaluacin crtica, se basa y encuentra sus razones justificativas en la propia obra de Michel Foucault. En efecto, aplicar al autor de la idea de la arqueologa del saber el mtodo del contrapunto implica, en primer lugar, responsabilizarse por un conjunto de preguntas centrales, a saber qu es una obra? qu es una teora? qu es un concepto?[3]. O tambin la identificacin de estas unidades implica inmediatamente que el pensamiento se ha alineado con una forma del quehacer terico que opera en base al ordenamiento de la dispersin, presente entre un conjunto de escritos que la costumbre obliga a designar como el trabajo de Foucault?. O, por el contrario, la apreciacin que singulariza no olvida que ese gesto se fortalece a s mismo cuanto ms ha dado cuenta de los distintos niveles, etapas, intereses y mtodos en la obra de Foucault?.
La idea de poner en contrapunto a Foucault parte por lo tanto de un escenario: el de la produccin terica francesa entre las dcadas del 50 y el 70 del siglo XX, y opera sobre la base del intento, congruente con las aspiraciones de al menos una parte de la obra del propio Foucault, de construir una serie ms, de las muchas posibles, entre experiencias tericas diferentes y prximas a la vez. En efecto, teniendo en cuenta aquel mapa de ideas, y algunas indicaciones metodolgicas presentes en el propio trabajo de Foucault, este escrito no se orienta nicamente al esfuerzo de envolver bajo un mismo signo lo que en el contrapunto terico entre M. Foucault y L. Althusser parece responder a una lgica interna semejante, al desarrollo del mismo principio bajo nombres diferentes, a la secuenciacin de lo que aparece como distinto. Por el contrario, y ms all de que el sealamiento de los puntos de contacto y las fuentes de comunicacin entre uno y otro sea hecho donde aquellos sean detectados, el propsito del contrapunto se inspira ms bien en la idea de la especificacin terica. Esto es, a contramarcha de una lectura que, segn Louis Althusser, operara contrastando un texto consigo mismo para hacer surgir en l lo que no dice al decir algo, propongo s partir de la idea de que no existe una definicin sino donde hay una diferencia[4]. Ello implica, tal como entiendo la idea de contrapunto terico, que esa diferencia es producida como tal poniendo dos textos en este caso, dos conjuntos de textos, ms o menos atribuibles a una obra cada uno, esto es, a la obra de M. Foucault y a la obra de L. Althusser- en una relacin terica y comparativa, que opere de forma que cada uno de los dos conjuntos de textos funcione como medida del otro. As retomo, reformulando apenas, las premisas de lo que para Althusser es la primera lectura que Marx realiza sobre los textos de la economa clsica (esto es, que la diferencia y la especificidad de un texto se marcan en l a partir de su comparacin con otro texto, que les es exterior) para derivar de ella consecuencias diferentes y valorarlas de distinta manera[5]. Pues para Althusser, este nivel elemental de la primera lectura, realizada entre dos textos en relacin de exterioridad mutua, produce como consecuencia una mera constatacin de las presencias y las ausencias en el segundo texto (subordinado), que es sometido a la crtica por medio del primer texto, epistemolgicamente jerarquizado. Sin embargo, en mi idea, ninguno de los dos conjuntos de textos posee prerrogativas epistemolgicas sobre el otro, en la medida en que tanto el texto de Foucault como el de Althusser se encuentran en el mismo nivel en cuanto a los alcances de su visin, es decir que, histricamente contemporneos y no unidos por una relacin retrospectiva, se hallan en dilogo con interlocutores semejantes y problemas tericos y polticos simtricos, dentro de un mismo campo filosfico y de una misma episteme[6]. Esto no implica, no obstante, que sean desmarcadas las influencias de uno sobre otro, de libro a libro, de idea a idea. Como los dos autores han reconocido, a lo largo de su produccin terica ambos se vieron mutuamente influenciados. Con todo, lo que espero encontrar a travs de su puesta en contrapunto es, como se ha indicado, la produccin de una diferencia, ms que las limitaciones de uno de los dos conjuntos de textos en cuanto a su capacidad explicativa y su visin reducida para dar cuenta de lo real, puestas de manifiesto a travs del otro conjunto jerarquizado. En este sentido, proyectndose cada uno sobre el otro como su medida, puestos en una relacin simtrica de igualdad en cuanto a sus capacidades y a sus crditos epistemolgicos, su contrapunto permite asistir al proceso de dos discursos que se imponen mutuamente desde fuera, cuya consecuencia no es mostrar la ceguera-error de uno y la agudeza del ver[7] que acierta en el otro. Se trata simplemente de un proceso revelador de las distancias, y por eso mismo, de un recurso en la especificacin terica de lo que cada uno de los dos conjuntos de textos y especialmente el de Foucault- dice.
Poner en contrapunto a Foucault es por lo tanto intentar dar cuenta de sus propias prcticas discursivas en el marco de las relaciones que esas prcticas mantienen con otras. Esto es, de qu forma esas relaciones entre prcticas discursivas como las de M.
Foucault y L. Althusser- no exactamente simtricas pero cercanas, coadyuvan en la formacin de figuras epistemolgicas, y quizs tambin de lo que podramos llamar ciencias humanas. En qu sentido, a su vez, es posible detectar la incidencia de las interrupciones[8] entre diferentes y sucesivas reglas de uso de un mismo concepto, y averiguar si tales quiebres dan lugar a transformaciones epistemolgicas fundacionales o, por el contrario, a la continuidad bajo otros nombres de los mismos fundamentos. Anotar, por lo tanto, la heterogeneidad de la episteme, constituida por prcticas discursivas colindantes, distintas y superpuestas, ms que la homogeneidad del desarrollo de una misma racionalidad manifestada en formas mltiples.
El objetivo es, entonces, desplegar el espacio de una dispersin[9] a partir del contrapunto entre prcticas discursivas. Sobre la base de esta intencin declarada, la puesta en dilogo de dos autores opera sobre el trasfondo de una misma reaccin, manifestada de formas diferentes, a la sustanciacin del sujeto tramitada por las filosofas de la conciencia, as como ante el problema del humanismo que stas traan aparejado como su correlato ms o menos inmediato. De acuerdo a esto, esta argumentacin se desarrollar a lo largo de un nico eje central: las consideraciones de Foucault sobre el poder y de Althusser sobre la ideologa, as como del concepto terico de sujeto/individuo sobre las que tales elaboraciones se apoyan.
M. Foucault y L. Althusser: las influencias, la contemporaneidad y sus efectos
Desde luego que, si el objetivo era poner en contrapunto a Foucault para producir comparativamente la hondura y el alcance de sus intervenciones, se podra muy bien haber orientado el anlisis al estudio de los efectos, a una recopilacin de la efectividad del discurso de Foucault en cuanto a su capacidad para reorganizar el mapa de las ciencias humanas que se dio de forma posterior a su trabajo. Esta actividad podra muy bien haber arrojado algunas claves de la incidencia de su(s) discurso(s) en los modos en los cuales la historia, la sociologa, la lingstica, la antropologa, etc., hicieron ciencia a partir de l.
No obstante, es claro que tal investigacin slo permitira dar cuenta de lo que, por su influjo, se organiz a partir de la escritura de Foucault, y no, en todo caso, aquello por lo cual Foucault se distancia de sus antecesores y contemporneos, es decir, aquello contra lo cual Foucault escribi y polemiz. Dar cuenta de este programa, si es que puede llamarse as, es un objetivo que excede en toda medida a este trabajo. Pero el presente esfuerzo s se inscribe ms dentro de este segundo conjunto de premisas que dentro del primero. En efecto, lo que se intenta marcar aqu es el conjunto complejo de distancias y cercanas, de interrupciones y relaciones que la especificidad del discurso de Foucault estableci con las ciencias humanas que le eran predecesoras y contemporneas. De forma particular, pero no azarosa, me interesa marcar esas afiliaciones y distanciamientos con quien fuera su maestro y amigo a lo largo de casi cuarenta aos. Tal eleccin posee al menos dos justificaciones objetivas y una razn de relevancia, que paso a desarrollar:
1) Louis Althusser y Michel Foucault compartieron una larga relacin intelectual y amistosa que fue el contexto necesario para el intercambio de ideas y de influencias tericas[10], en un sentido no unilateral ni privado de fuertes disidencias polticas e intelectuales[11]. Reencontrados despus de la guerra en 1946 en la Ecole normale, mantuvieron una relacin de maestro y discpulo a lo largo del perodo 1949-1950, mientras Foucault preparaba el examen de la agregacin que rendir -con resultados negativos, pese a todas las expectativas optimistas sostenidas por Althusser- en 1950. El mejor alumno de su clase, Foucault es el elegido de Althusser cuando ste le confa un curso sobre las ciencias humanas que aquel retendr mientras prepara su tesis y el examen de la nueva agregacin, y hasta que parta a Suecia como lector de francs, en 1955. Es una poca en la que Foucault est impregnado de la influencia marxista de su profesor y sus discpulos, contra la cual reaccionar aos ms tarde (1977) acusando a Althusser y su grupo de exonerar los crmenes del stalinismo retrocediendo y recreando al marxismo-verdad (el del verdadero Marx) en lugar de reconocer los errores del stalinismo-error. De una parte, entonces, las cuestiones epistemolgicas en torno a cmo se constituye el campo de los objetos a travs de los cuales una ciencia plantea una ruptura con lo que hay antes que ella, sern una fuente permanente de contacto entre Althusser y Foucault. Pero desde otro punto de vista, el marxismo al cual Foucault estar fuertemente ligado en sus inicios como intelectual, adhiriendo al Partido Comunista y sosteniendo en uno de sus primeros escritos importantes, Enfermedad mental y personalidad (1954), la idea de
una psicologa materialista (pavloviana) en oposicin al avance del psicoanlisis- ser una cuestin que con los aos ir acrecentando las rigideces y los desacuerdos entre ambos autores, especialmente tambin a partir de la negacin de Foucault del marxismo en tanto revolucin epistemolgica (Althusser) y su clasificacin, junto a la economa burguesa, como producto de la misma episteme (moderna).
2) Por otro lado, es necesario destacar cmo las influencias tericas mutuas entre Foucault y Althusser a la vez se corresponden y se distancian. Por un lado, ambos leen y producen por lo menos durante un perodo- en el mismo mapa cultural, poltico y filosfico francs y europeo entre el fin de la II Guerra Mundial y los diez aos siguientes a Mayo del 68. Por otro, las influencias tericas de cada uno son de distinto carcter, siendo las de Althusser mucho menos dispersas (se trata fundamentalmente de la lectura de Spinoza, el marxismo, el estructuralismo y el psicoanlisis lacaniano), mientras que las influencias de Foucault son un tanto ms heterogneas: el marxismo y el estructuralismo, sobre todo en sus primeros escritos, aunque en ellos est presente tambin la lectura de Heidegger y de Merleau-Ponty[12]. A estas influencias se suman en Foucault el importantsimo impacto de la filosofa nietzscheana en el conjunto de su obra, la lectura del estructuralismo del propio Althusser y del de Lvi-Strauss y su etnologa, Georges Dumzil, Jacques Lacan, Roland Barthes, a la vez que la escuela de Frankfurt, los estudios epistemolgicos de Canguilhem y Bachelard y la escuela historiogrfica de los Anales, entre otros[13]. Sin embargo, ms all de estas diferencias en las influencias recibidas, es justo destacar el fuerte punto de contacto que exista entre Foucault y Althusser, que de la mano del estructuralismo pensaba su oposicin a las llamadas filosofas del sujeto, representadas principalmente por Jean-Paul Sartre[14]. Las dos formas una althusseriana, la otra foucaultiana- del anti-humanismo, si bien con fuertes divergencias, constituyen una misma reaccin a la filosofa existencialista, personalista, y humanista[15].
3) En cuanto a la razn de relevancia, es de destacar que tal contrapunto terico puede colaborar a iluminar y de hecho, all se orienta- no slo los puntos de contacto entre la especificidad del estructuralismo/marxismo del Foucault de la primera etapa (Historia de
la locura, El Nacimiento de la clnica) y el estructuralismo/marxismo althusseriano, algo que por lo dems se agotara en su evidencia, sino tambin los puntos de contacto y los ejes de disidencia entre Althusser y el Foucault de una segunda etapa, marcada por la influencia de Nietzsche, y caracterizada a partir de 1970 por una concepcin ms positiva del poder[16].
El poder, el individuo, la ideologa, el sujeto: tres puntos de un dilogo conflictivo
Si tal como se mencion ms arriba un punto fuerte de contacto entre Althusser y Foucault ha sido su posicionamiento terico-poltico en contra de las llamadas filosofas de la conciencia o filosofas del sujeto, en tanto stas llevan implcita o explcitamente a una teorizacin de la historia, de la cultura o de lo social como productos de un sujeto sustancializado ms o menos dotado de voluntad, intencin histrica y sentido colectivo[17], resulta por dems interesante resaltar cmo en ambos autores tal postura epistemolgica se despliega a partir de un desarrollo terico que tiene como uno de sus ejes articuladores la reflexin, precisamente, sobre el sujeto. Esto es, Foucault y Althusser, productos a su vez de un determinado medio intelectual donde la pregunta por los procesos de constitucin subjetiva capta crecientemente mayor relevancia, producen cada uno a su manera, y dentro de lo que podramos llamar una formacin discursiva, un giro decisivo en la teorizacin sobre la problemtica del sujeto. Destacando la capacidad interpelante de una ideologa que es en y por los sujetos, as como los vnculos formales de sta con la estructura del inconciente (Althusser), o historizando la aparicin del poder, que en el siglo XIX se conforma como un mecanismo a la vez crecientemente individualizante y normalizador (Foucault)[18], estos dos tericos han aportado, desde sus respectivos marcos de anlisis, categoras de una singular potencia para reorganizar el mapa conceptual a travs del cual es susceptible de teorizacin de la cuestin del sujeto, su relacin con la historia y con el inconciente.
Por otra parte, es de destacar que los tres puntos que se desarrollan a continuacin constituyen algo as como los ejes que condensan (por lejana o similitud) la productividad
de un contrapunto entre Foucault y Althusser. En efecto, si bien varios de los elementos de las teorizaciones, sobre el poder y sobre la ideologa respectivamente, exceden con mucho lo que ser abordado en este trabajo, lo que se expone a continuacin puede dar cuenta, de lo central en las caracterizaciones sobre el poder y sobre la ideologa, (y por ello mismo) ser una superficie provechosa para la inscripcin de un conjunto de diferencias.
Por ltimo, y como no podra ser de otro modo, los ejes que se abordarn en esta argumentacin conforman una red ms o menos articulada de consideraciones. Esto es, en muchos casos podrn observarse relaciones directas o proporcionales, e incluso reversos geomtricos, en el planteamiento de ciertas cuestiones. Tal repeticin no tiene el objetivo de volver a dar cuenta de lo dicho, sino por el contrario de mostrar lo dicho bajo un ngulo diferente, e intentar poner de manifiesto, tal como lo hicieran tantas veces Michel Foucault y Louis Althusser, la intangibilidad de lo evidente.
1) El sentido del concepto de productividad en las concepciones sobre el poder y la ideologa. En efecto, un rpido examen sobre estas consideraciones arroja una primera consecuencia, central en ambos planteos: ni el poder ni la ideologa parecen responder por lo menos no de forma exclusiva- a la lgica espontnea con la que los caracteriza parte de la teora social (as como el sentido comn). Es decir, por un lado, la idea del poder como un mero mecanismo represivo, jurdico-poltico, prohibitivo, y por otro la idea de la ideologa como una mera falsa conciencia[19] o mixtificacin, ambas concepciones exclusivamente negativas, limitan (o son incluso sustancialmente diferentes) de los aportes foucaultianos y althusserianos. En este sentido, hay que destacar que una de las mayores contribuciones de la teora del poder de Foucault, as como de la de la ideologa de Althusser, es haber invertido un arraigado esquematismo, proveniente de diversas tradiciones tericas, en la teorizacin sobre el poder y la ideologa. Ambos son algo ms que meros mecanismos represivos o mixtificadores, y en todo caso, algo ms aunque tambin lo son- que simples instrumentos del control social. El poder y la ideologa (aunque mucho ms en este ltimo caso) poseen la importante caracterstica de ser fundamentalmente habilitadores, fuentes de una determinada potencia (aunque ms no sea la potencia vital para vivir y morir cada da) del sujeto. El giro profundo en estos planteos es que de ellos resulta una capacidad ampliada y una poderosa eficacia otorgada a las concepciones del poder y de la ideologa, en la medida de que ambos se encuentran involucrados con el deseo[20]. Ahora bien es del mismo tipo la facultad habilitante en estos dos conceptos? hasta qu punto podemos decir que el poder es fundamentalmente productivo? en qu medida podemos decir que la ideologa es radicalmente licenciante? de qu formas se involucran la productividad del poder y de la ideologa con el deseo?.
Para Louis Althusser, la productividad de la ideologa est asociada de una forma a la vez ms estrecha y ms precisa- con su capacidad de constituir individuos en sujetos. Esto es, la hiptesis terica de la existencia de individuos pre-subjetivos permite contrastar este estado anterior al ingreso en lo simblico con los efectos de la interpelacin ideolgica que inviste al individuo con las caractersticas de lo humano. Para Althusser, por lo tanto, la ideologa en tanto interpelacin que garantiza que un hombre o una mujer puedan vivir entre otros como sujetos, resulta primordialmente habilitadora. Sin esta interpelacin, la vida pre-simblica es muda y ausente de toda significacin. Ser interpelado implica en primer lugar poder hablar respondiendo a la llamada ideolgica, es decir, convertirse en un ser aceptable y capaz de vivir en el mundo y en relacin con l. Sin la ideologa, ningn ser es distinguible por otros como sujeto, es decir, carece de reconocimiento. Para ste ser, el mundo no sera un lugar habitable y de hecho su propia vida tampoco sera una vida capaz de ser vivida, en tanto este ser sera paradjicamente culpable de una radical ausencia de ser. Desde un punto de vista estrictamente narcisista, aunque implique un sujetamiento ideolgico ineliminable (esto es, una radical ausencia de libertad), el ser social provisto por la ideologa resulta fundamental puesto contra el horizonte de la descomposicin subjetiva. Es en este sentido elemental, pero a la vez extremadamente poderoso, con el cual Althusser seala la potencia de la interpelacin ideolgica. Por lo tanto, si bien Althusser analiza la operatoria ideolgica en relacin con su funcionamiento en el marco de las instituciones estatales histricas, es cierto por otro lado que este planteamiento de la ideologa como aquel discurso primordial que llama al individuo a la subjetivacin, y que es radicalmente irrecusable, tiene el efecto de ontologizar la existencia ideolgica de los sujetos, en tanto la vida subjetiva no es vivible por fuera de la interpelacin ideolgica.
Ahora bien, aqu surge un primer punto de distanciamiento con Foucault, pues si bien su historizacin del poder lo vuelve identificable como tal en sus diversas manifestaciones histricas, la nocin del poder no tiene esta potencia constitutiva y omnihistrica que s tiene la nocin de ideologa de Althusser. En su versin histrica ms productiva, el poder disciplinario intensifica, cualifica, ejercita y supervisa el cuerpo, lo transforma en dcil y til, acrecienta sus aptitudes y aumenta la dominacin que se ejerce sobre l. Comparada con la descuartizacin pblica que haca su antecesor (el poder soberano)[21], el moderno poder disciplinario recompone en una unidad un cuerpo previamente desarticulado. Pero sin embargo, as descripto el poder disciplinario no encamina una explicacin de la constitucin subjetiva que sea aplicable al sujeto como tal, deslindndose de sus condicionamientos histricos. Esto es, la transhistoricidad del proyecto althusseriano, en contraposicin con la historicidad del de Foucault, afecta en el centro de la cuestin del sujeto, en tanto lo que se hace inconmensurable entre uno y otro a travs del problema de la historia es precisamente el planteo de la constitucin subjetiva. Pues para Foucault se trata en todo caso de las transformaciones entre un poder soberano dirigido sobre todo al castigo de los sujetos jurdicos, hacia un poder disciplinario y regulatorio orientado tanto a la conformacin de un individuo dcil como a la produccin de un sujeto moderno y confesional, atravesado por las tecnologas del yo.
Por lo tanto, es necesario destacar cmo la productividad de la ideologa y del poder, si bien elemento central de ambas concepciones, se encuentra drsticamente atravesada por la mayor o menor apropiacin del mtodo historiogrfico en la teorizacin, en tanto el planteo ms deshistorizado de Althusser ocasiona que la capacidad productiva de su concepto de ideologa tenga efectos de un alcance diferente alrededor de la cuestin del sujeto[22].
Si pensamos con Althusser, si bien el poder disciplinario y regulatorio de Foucault produce individuos que son cuerpos dciles y sujetados a travs de la inclinacin permanente a la narracin del secreto de s mismos, es cierto tambin que estos individuos parecen detentar al menos cierto grado de subjetivacin, a partir del cual se hace posible la operatoria del poder. En efecto, la maquinaria objetivante del poder disciplinario, o el dispositivo subjetivante de la sexualidad, actan y producen sobre la base de cierta individualidad previa que no es mera superficialidad corporal, sino que posee algn grado de aceptacin del poder que se le ejerce. Esto es, la existencia subjetiva sobre la que se ejercen los mecanismos disciplinadores o regulatorios est involucrada en la confirmacin de ese ejercicio. Y esto en la medida de que el poder acta productivamente tambin en tanto establece una alianza secreta y sustancial con el placer y el deseo[23]. De acuerdo a esto, el poder opera sobre un deseo predispuesto, pero ese deseo est ya constituido como tal. Es decir, este deseo es el resultado de la interpelacin ideolgica, de la interposicin de la Ley y de la creacin del inconciente. La respuesta althusseriana al problema de la posibilidad del poder sera que la ideologa o el mundo simblico garantizaran la produccin del individuo en tanto sujeto, y el poder sera aquel conjunto de dispositivos que actuaran sobre un sujeto ya constituido o interpelado, y por lo tanto poseedor de cierto deseo sobre la base de cuya articulacin con el poder ste ltimo tendra sus chances de actuar. Es en este sentido que puede decirse que la concepcin de la productividad de la ideologa de Althusser tiene alcances diferentes que la de la productividad del poder en Foucault, en tanto el primero postula la existencia subjetiva como el resultado de la actuacin de la Ley y de la ideologa, es decir, postula que no puede haber sujeto antes de esa operacin, mientras que la teora de la productividad del poder en Foucault apunta no a dirimir cmo es posible que los hombres lleguen a ser sujetos dotados de mundo simblico, sino ms bien cmo es que ese mundo simblico y cultural opera sobre esos individuos, no para darles la existencia (puesto que ya la tienen), sino para transformarlos, subjetivarlos, objetivarlos, hacerlos seres de obediencia y de confesin. De acuerdo a esto, el punto clave en la diferenciacin del sentido de la productividad en las nociones de poder e ideologa es que cuando Althusser da a su ideologa un sentido productivo, lo hace en la medida de que sta posee la facultad de introducir sujetos al mundo simblico, es decir, de producir en los individuos su inconciente y su deseo como tal para convertirlos en sujetos a partir de la interposicin de la Ley de Cultura, de sealar el radical abismo que separa la biologa de la cultura al dotarlos de existencia humana cuando eran simples animales[24]. Para Foucault, por otro lado, la productividad de la nocin de poder no se encuentra en esta capacidad transhistrica como la de la ideologa para producir sujetos (iguales en tanto seres simblicos) en cualquier sociedad dada, sino ms bien en la facultad del poder para producir formas histricas de subjetividad. Lo que subyace a esta nocin de poder de Foucault es que los individuos, o los sujetos, no son inherentemente algo (por ej. seres simbolizados) ms all de cmo esa simbolizacin se manifieste, sino que por lo pronto la subjetividad es principalmente un conjunto de comportamientos, disposiciones y seguimiento de normas ritualizadas de accin histricas, allende las cuales no existe ninguna cualidad que sea compartida por todos los sujetos, es decir, que defina al sujeto como tal, ms all de sus condicionamientos. De hecho, para Foucault, la nocin de individuo es de origen moderno[25], y por lo tanto se encuentra puesta en duda como un concepto capaz de articular tericamente toda la experiencia de las sociedades humanas, mientras que la idea de sujeto es en s misma, a la vez, histrica (en tanto concepto) y el producto de determinadas experiencias y formas de organizacin.
Por lo tanto, as como la productividad es un elemento central de la definicin de ideologa de Althusser, es la idea de productividad inherente a la definicin de poder? O por el contrario, habra que pensar que en la medida de que el componente de productividad en el concepto de poder se desarrolla en Foucault a partir del anlisis preciso de sus condiciones histricas de surgimiento, el poder no es simplemente productividad? (aunque en la modernidad s lo es en un grado bastante alto). Esto supondra pensar que la productividad del poder en Foucault no es una cualidad inherente a ste (como s lo es en el concepto de ideologa), sino ms bien una cierta
manifestacin histrica del poder, una forma histrica de aparicin del poder, que en tanto es histrica es tambin sustituible. As, lo que podramos postular es que en todo caso en los siglos XVIII y XIX el poder se volvi productivo, y no que lo fue o lo ser para siempre. O mejor dicho, que la nocin de productividad tiene un sentido especfico al tratarse de poder disciplinario, vinculado con la cualidad de ste para intensificar el cuerpo y la inclinacin confesional.
A nivel del estudio del deseo, la productividad de la ideologa althusseriana reside en su capacidad para constituir el deseo sobre el trasfondo de una existencia sin Ley de Cultura. All donde no hay ms que biologa o naturaleza, el efecto de la interpelacin en tanto Ley Simblica es producir el inconciente y el deseo como su correlato. De forma diferente, la productividad del poder de Foucault se ancla ms bien en la facultad del poder para articularse con el placer y el deseo, en la forma particular en la cual el poder inviste al sujeto de deseo, inviste el deseo (previo, existente) del sujeto, produciendo a travs de esa articulacin una subjetividad confesional.
Siguiendo a Foucault, la crtica de ste al psicoanlisis representa tambin la respuesta que ste dara a la teora de la interpelacin althusseriana. Esta sera que la concepcin que hace coincidir la Ley con el origen del deseo hace coincidir simtricamente a la Ley con el poder, y por lo tanto sigue presa de una concepcin jurdico-poltica y represiva del poder. La respuesta de Foucault al concepto de ideologa de Althusser sera que ste opera una sustancializacin de los sujetos, en tanto estos existiran primero (por medio de la interpelacin) para luego entrar en combate o en armona[26]. El genealogista construido por Foucault no busca identidades sustanciales (no histricas) como sujetos, sino que busca la emergencia de los sujetos en el campo de batalla (es decir, en la historia). En este sentido, la crtica de Foucault a Althusser es justa en tanto para el segundo la batalla es el combate por la vida o la muerte humanas, es decir, que la batalla marca el abismo entre una vida humana o no humana (simblica o no simblica), mientras que para Foucault la batalla donde esos sujetos se dirimen es la historia, y no el antes de la historia, porque la historia no tiene tal tiempo anterior[27]. La principal paradoja de la ocurrencia de esta crtica es desde ya que all donde ambas concepciones (la de la ideologa y la del poder) pueden ser caracterizadas como giros cruciales en teora social, en tanto producen una reorganizacin de las formas negativas en las cuales el poder y la ideologa eran concebidos anteriormente, la respuesta de Foucault a Althusser, es que su consideracin de la ideologa sigue presa de una nocin negativa y poco productiva del poder. Por supuesto que el problema fundamental en este desencuentro terico se basa en que Althusser y Foucault hablan de cosas distintas al hablar de poder y de ideologa.
2) El papel de la visibilidad y de la invisibilidad en los conceptos de poder e ideologa. Quizs debido a su contexto de produccin terica cercano, tanto en Althusser como en Foucault puede encontrase una lgica similar, aunque con diferentes matices, ligada a la estructuracin de un campo terico donde las nociones de visibilidad/ invisibilidad juegan un papel central. Esto es particularmente importante en el caso del poder y la ideologa, en tanto la distribucin de un juego de posibilidades en torno a la visibilidad o invisibilidad remite directamente a la existencia o no de ocasiones para la crtica social. En efecto, las series cambiantes de visibilidad/invisibilidad producen el conjunto de oportunidades (para el sujeto resistencial y/o o para la teora social) de sealar o identificar la operatoria del poder o de la ideologa. Con todo, ambas series tienen un sentido diferente en Althusser y en Foucault. Para el primero, la articulacin entre visibilidad/invisibilidad es estructural, mientras que no lo es para el segundo. Esto es, para Althusser la ocurrencia de la serie de lo visible mantiene una relacin estructural con la ocurrencia de la serie de lo invisible[28]. Aquello que la teora social puede identificar en un texto como el nivel de la visibilidad o de lo que aparece en escena, da cuenta (dada su relacin estructural) de lo no azaroso de la exclusin que ese texto opera sobre lo que entonces se proyecta como su invisible. Lo que un texto no ve es porque ve otra cosa que para ser vista necesita silenciar una parte de s misma. Lo que una produccin no ve es porque produce alguna cosa que no podra ser producida si algo de ella misma no fuera convertido en secreto. El orden de lo invisible, lo que no aparece en escena, es por lo tanto el oculto estructural de lo visible.
De forma diferente, para Foucault, la serie de lo visible/invisible se vincula en primer lugar con una cuestin metodolgica, que encomienda al mtodo genealgico no buscar las leyes subyacentes sino analizar los discursos y prcticas al nivel superficial como forma de acceso a lo profundo. Se trata por lo tanto de una mirada de lo superficial que descubre as a la idea de lo profundo como una construccin cultural, como la que durante el siglo XIX haca del sexo la clave oculta de la identidad. El genealogista es quien descubre que aquello que era considerado lo ms profundo se muestra y posee sentido en las prcticas ms superficiales[29]. Mientras que para Althusser la verdad de un discurso est dada por la articulacin en l de un visible con su invisible, la verdad en Foucault no es sinnimo de lo invisible, sino ms bien de lo visible, del significado no inmediato pero accesible en lo superficial. Foucault comparte el primer presupuesto de la hermenutica de la sospecha, esto es, que los actores individuales no tienen acceso al sentido de sus prcticas y discursos, es decir, que si bien atribuyen a stos un significado, ste es distorsionado. Sin embargo, no est de acuerdo con la segunda premisa de la hermenutica de la sospecha, que es que tal distorsin sea producida por una verdad oculta correspondiente a esas prcticas y discursos. Es decir, acepta que algo del orden de lo visible posee un sentido visible distorsionado y un sentido invisible verdadero, slo que ste ltimo no es el producto de un estrato subterrneo fuente de la verdad de las prcticas, ni tampoco es la causa (ausente) del sentido visible. Esto es, de forma opuesta a Althusser, el sentido de lo visible no est estructuralmente articulado con el sentido de lo invisible, sino que ese sentido invisible existe en el mismo nivel de superficialidad que las prcticas visibles pero no es su condicin de posibilidad, ni es directamente accesible (y slo lo es a partir de lo que Dreyfus y Rabinow llaman la analtica interpretativa[30]).
Dada esta disposicin metodolgica, lo fundamental en el anlisis que Foucault hace del poder es que no intenta precisamente dar cuenta de unas prcticas subterrneas invisibles en las prcticas visibles y cotidianas de poder, algo que por otro lado s es lo que organiza la hiptesis represiva, sino interpretar las prcticas cotidianas como poseyendo un sentido invisible en su superficialidad. Es decir, all donde la hiptesis represiva organiza un conjunto de prcticas de lectura del presente que se proponen descubrir lo que un poder opresor oculta (las prcticas del sexo), la analtica interpretativa se propone leer en una superficie de produccin (por ejemplo, en la hiptesis represiva) una determinada articulacin que permanece invisible, es decir, que la hiptesis represiva es una produccin del mismo poder para enmascararse a s mismo. Lo central de este anlisis es que la verdad (la articulacin especfica saber/poder) no radica en lo oculto (un sexo invisible y reprimido) sino fundamentalmente en lo visible, en la hiptesis represiva que se transparenta permanentemente a s misma. Si el sexo es el oscuro abismo sin fondo que la hiptesis represiva pretende sacar a la luz de un poder radiante y omnipresente, la hiptesis represiva en s misma es el conjunto de prcticas que tomadas en su pura superficialidad son interpretadas analticamente bajo una nueva luz, descubriendo en ellas un sentido antes invisible[31]. En este sentido, la estructuracin de lo visible y lo invisible no se articula en Foucault con una serie simtrica entre lo superficial y lo profundo, sino que puesto que ni en los sujetos ni en los discursos ni en las prcticas hay profundidad, lo visible y lo invisible deben ser atribuidos a diferentes rdenes de interpretacin del sentido, dentro del nivel de las prcticas superficiales y visibles.
Por lo tanto, as como la ideologa althusseriana es efectiva all y slo all donde es invisible, la causa ausente slo manifestada en sus efectos, es necesario pensar la eficacia del poder disciplinario y regulatorio como articulada con la serie de lo visible[32]. Si bien esta es una hiptesis que contradice la lectura acreditada de Foucault en cuanto a la invisibilizacin progresiva que supone el poder disciplinario respecto del poder soberano, creo que el contrapunto con Althusser permite en este caso arribar a nuevas conclusiones respecto de este punto. El problema, en todo caso, es la visibilidad o invisibilidad del sentido atribuido a esas prcticas de poder que son por otro lado muy transparentes. El poder disciplinario crea el orden de lo visible. Del poder disciplinario emerge un espacio de observacin, donde los individuos observan y son observados. La prctica de la mirada es una forma especfica de vinculacin entre el poder disciplinario y el individuo, y el origen y la direccin de la mirada estn articulados por el poder. El poder se impone y
produce a travs de la eficacia de su mirada, pero tambin dejndose ver. Por primera vez en la historia, mirar es catalogar e individualizar. Si el instrumento y el objeto del ejercicio del poder es el cuerpo bajo observacin, las prcticas de poder son las que son visibles en primer lugar, en tanto son la fuente de la mirada. Lo son a travs de la creacin de un espacio de observacin. La lgica del ver donde todos se miran es en primer lugar la lgica del poder. Observars porque yo te observo es la mxima del poder disciplinario. El poder disciplinario se diferencia del poder soberano en que atena las instancias de su auto-exhibicin, pero esto no supone su invisibilizacin. Si el poder soberano era obsceno en la mostracin brutal de s mismo al basar su eficacia en la representacin escnica, donde el cuerpo castigado era la pura excusa de su ostentacin, es cierto que el poder disciplinario transforma el nfasis de esta relacin al desplazar la atencin hacia los objetos sobre los cuales opera, los cuerpos y el efecto de la disciplina, los individuos. Pero si el poder disciplinario invierte el nfasis previo del poder soberano y busca atenuar la visibilidad de s mismo, no lo logra realmente. La puesta en escena de rituales de poder, de observacin, de examen, de ejercitacin, supone en primer lugar que el poder sigue operando bajo la luz de la mesa de diseccin, sigue siendo visible y haciendo de la visibilidad la fuente de su eficacia. Al disponer objetos bajo su mirada, el poder se ve a s mismo en primer lugar, y tambin se muestra como tal: el poder slo es tolerable con la condicin de enmascarar una parte importante de s mismo, esto es, el poder encubre una parte (y slo una parte) de s mismo.
En este sentido y a propsito de su visibilidad, las concepciones del poder y de la ideologa son diametralmente opuestas. En efecto, son las prcticas de poder visibles y reconocibles en tanto prcticas de poder para los propios individuos involucrados en su ejercicio? La respuesta es que s, que lo son con mucha frecuencia. La escuela, la fbrica, la oficina, son espacios donde los sujetos involucrados pueden verse a s mismos como ncleos ms o menos estables de una red de poder existente por prcticas, esto es, los sujetos se reconocen como sujetos de poder. El hecho de que para Foucault el poder genere resistencia no es ms que la prueba ms fehaciente de este hecho. Entonces, si las prcticas de poder son susceptibles de interpretacin como lo que son, y si los sujetos se identifican como ncleos en el entramado de poder, dnde radica por lo tanto la distorsin del sentido, el significado invisible de esas prcticas visibles? La distorsin radica en que lo que no puede interpretarse inmediatamente a partir de las prcticas mismas es que son los mismos sujetos los que existen en y por esas prcticas, que sin esas prcticas el sujeto moderno no sera lo que Foucault dice que es. Sin embargo es esto lo mismo que ocurre con la ideologa? Por supuesto que no, en la medida de que la invisibilidad de la produccin ideolgica tiene una relacin estructural con la visibilidad del reconocimiento de los sujetos en la ideologa.
Las prcticas de poder son reconocibles como lo que son? La respuesta es afirmativa. A su vez, los sujetos involucrados reconocen que su existencia individual est envuelta en esas prcticas. Por lo tanto, no hay relacin estructural entre la invisibilidad del poder y su eficacia productiva. Por el contrario, para Althusser, la eficacia de la ideologa, esto es, el reconocimiento del sujeto como sujeto, en la evidencia del sujeto, radica en su necesario desconocimiento en tanto produccin ideolgica, radica en que los sujetos no puedan auto interpretarse como productos de una interpelacin. Al reconocerse como sujetos evidentes y obvios por s mismos, el ritual de reconocimiento ideolgico produce estructuralmente un desconocimiento de la produccin ideolgica, esto es, una invisibilizacin de la operatoria ideolgica como tal[33].
3) Meticulosos rituales de poder y efectivos rituales ideolgicos. Ciertamente, tanto para M. Foucault como para L. Althusser el concepto de ritual es una nocin clave en la explicacin del poder y de la ideologa en cuanto operatorias productivas, tal su carcter como hemos analizado ms arriba. Lo central al poner en contrapunto este concepto es comprender el giro terico fundamental, atribuible a ambos autores, en cuanto a la consideracin del poder y de la ideologa como mecanismos cuya lgica operativa es bsicamente material. En efecto, el gesto metodolgico estratgico de Foucault es rastrear el funcionamiento del poder en las microprcticas y las tecnologas polticas cotidianas como forma de acceso privilegiada a una racionalidad del poder que no es directamente transparente en los discursos del poder como ley[34]. En este sentido, la mirada de Foucault, concentrada sobre la materialidad del poder, supone una transformacin cabal de los modelos tericos tradicionales de comprensin del poder. De la misma forma Althusser introduce, retomando a Pascal[35], una nueva ptica en las consideraciones sobre la ideologa, que segn su expresin pretenden combatir la ideologa de la `idea` y de la ideologa[36], a partir de la caracterizacin de la ideologa como aquellas ideas que tienen una existencia material (y no un existencia ideal o espiritual). De esta manera, la ideologa queda as definida como el conjunto de ideas que existe en actos, que estn insertos en prcticas, reglamentadas a su vez por rituales inscriptos en determinados aparatos ideolgicos de estado.
Como salta a la vista, lo que resulta medular en el contrapunto del concepto focaultiano con el althusseriano de ritual, es la idea de que tanto en una como en otra concepcin esa nocin corrientemente tan extraa a la filosofa la nocin de cuerpo- se halla de alguna manera involucrada en la eficacia de estos mecanismos. Resulta indudable, por lo tanto, que tanto la caracterizacin del poder como la de la ideologa comportan de forma constitutiva- alguna referencia central (explcita o implcita) al papel que el cuerpo (histrico o no, dependiendo del concepto usado en cada caso) pueda jugar en cada una de estas operatorias. Para Foucault, el cuerpo es el elemento donde acta el poder disciplinario. ste opera seccionando e individualizando cada parte del cuerpo, privando a ste de su significacin, volvindolo mudo y autmata. El cuerpo est por ello empapado de politicidad[37], y sta se dirime tambin en el sometimiento del cuerpo para transformarlo en cuerpo til, econmicamente productivo. En Foucault, por ltimo, el cuerpo es una funcin central de la moderna interrelacin entre el poder y el saber, lo que l llama las tecnologas polticas del cuerpo.
Para Althusser, el cuerpo es esa materialidad capaz de realizar actos concretos, de repetir rituales preestablecidos, de encarnar ideas. El cuerpo como fuerza de trabajo es aquello que a travs de su necesaria reproduccin reproduce aquello otro necesario la ideologa- para el sometimiento a la ideologa dominante. Ahora bien, significa esto que el concepto de ritual y asociado a este, de cuerpo- es similar en Foucault y Althusser? Ms que dar una respuesta simple y contundente a esta pregunta, lo importante es indagar en los matices y las diferentes apropiaciones que ambos autores realizan del concepto de ritual. En efecto, para Foucault el ritual es el mecanismo con el cual opera el poder, mientras que las tecnologas polticas del cuerpo son su localizacin y la microfsica su dinmica. Sin embargo, lo que no puede olvidarse al analizar la idea de ritual en Foucault es que tiene (como no poda ser de otro modo) un carcter histrico: en cada momento de la historia se fija un ritual[38], que constituye meticulosos procedimientos. Los rituales no son invenciones que los sujetos realizan para mejor dominar a otros, sino que son ms bien articulaciones histricas especficas de poder y saber, acciones y mecanismos estandarizados y estabilizados cuya operatoria produce en determinados momentos histricos la produccin de cierto tipo de corporalidad. Y aqu se encuentra el primer punto de diferenciacin con Althusser, en tanto para Foucault es en los rituales de poder donde se da cita una fundamental asociacin histrica del poder con el saber. Los rituales del poder disciplinario incorporan una buena parte de conocimiento en su funcionamiento. No se trata simplemente de intensificar al cuerpo llevando sus capacidades hasta el lmite, sino de que lo que establece el cmo de tal incremento de su vigor es la acumulacin de saber sobre el cuerpo (saber sobre sus lmites, sus potencialidades, sus promesas y sus impedimentos, conocimiento que distingue cuerpo sano de cuerpo enfermo, cuerpo ejercitado del que no lo est, cuerpo que ha llegado a su lmite y cuerpo que todava necesita de intensificacin). De all que las diferencias entre Foucault y Althusser sean radicales en este punto, en tanto los rituales ideolgicos de este ltimo son por antonomasia la localizacin del no-saber, de todo lo que contradice al conocimiento. Y esto en la medida de que para Althusser la ideologa y el saber se excluyen infinitamente, no porque all donde hay ciencia (verdad) no haya ideologa, sino porque esta ltima, tal como hemos visto, existe en y por el sujeto, mientras que la ciencia es ese discurso radical donde el sujeto est ausente[39]. Por lo tanto, all donde la meticulosidad de los rituales est para Foucault fundamentalmente imbricada con el saber, all donde la capacidad de los rituales de poder de descomponer el cuerpo en fragmentos para potenciar el control sobre el cuerpo total es una funcin al menos en parte- de la acumulacin de diferentes ciencias que producen conocimiento sobre un mismo cuerpo, los rituales de Althusser se encuentran, de forma diferente, fundamentalmente distanciados de la verdad y de la ciencia. De hecho, funcionan, es decir, son eficaces, porque se articulan sobre un desconocimiento estructural.
En relacin a lo anterior, y este es un sustancial segundo punto de distanciamiento con Althusser, los rituales de Foucault no son fcilmente identificables en una localizacin especfica. No son las acciones programadas de determinada configuracin institucional.
Las tecnologas polticas del cuerpo, que operan sobre la base de la ritualizacin, no se derivan mecnicamente de la existencia histrica de determinadas instituciones. Se trata ms bien de que semejantes rituales de poder atraviesan microscpicamente distintos tipos de instituciones. Si stas recurren a ellos, esto no significa que los rituales de poder se acoplen mecnicamente con las instituciones, sino que en todo caso es necesario indagar en las formas especficas en las que estos rituales menores se ponen en juego en las instituciones (o para usar una terminologa ms apropiada, las invisten). El panptico y el confesionario son lugares donde tienen ocurrencia los rituales de poder. Pero esto no significa que hablar del panptico y del confesionario sea inmediatamente dar cuenta de las tecnologas polticas del cuerpo cuyo mecanismo la ritualizacin- opera en esas instituciones. De forma diferente, para Althusser los rituales s se encuentran reglamentando un tipo especfico de actos y prcticas, estos son, los que ocurren insertos en los aparatos ideolgicos de Estado. Es decir que, para Althusser, la ocurrencia de los rituales de reconocimiento fundada sobre un estructural desconocimiento, ya que es ideolgica- se da como consecuencia de la insercin de esos rituales en un conjunto de instituciones de Estado, que poseen un vasto alcance y que comparten caractersticas en comn funcionar primordialmente en base a la ideologa y no en base a la represin--.
Ya que para Foucault la historia no es el progreso de la razn universal, sta puede muy bien ser caracterizada como la puesta en escena de rituales de poder, en las sucesivas transformaciones de la dominacin por las que atraviesa la humanidad. En Nietzsche, la genealoga, la historia, Foucault asimila el ritual con la renovacin permanente de la violencia en la historia, amparada por las leyes[40]. Las leyes conforman el entorno necesario para la repeticin de rituales de dominacin. Por ello, hay que dejar de entender la sofisticacin legislativa como el resultado de una progresiva moralizacin de las sociedades y comenzar a comprenderla como la condicin de todas las guerras. En este sentido, Foucault y Althusser se acercan al entender que existe una vinculacin entre el ritual, la ley y la dominacin, pero se alejan cuando analizamos ms detenidamente la especificidad de este vnculo. Para Foucault, especialmente en el texto mencionado, el ritual existe en la medida de que la ley (que no es moral) establece sus condiciones de existencia. Cada poca histrica tiene sus leyes que amparan la repeticin de la violencia, y de ellas se derivan sus meticulosos rituales. Pero para Althusser, el ritual es tan cercano a la ley que se confunde con ella, en la medida de que est reglamentando l mismo los actos y prcticas que se desarrollan en el marco de un aparato ideolgico. El ritual es en efecto la ley a cumplir, lo que hay que hacer, y la fuerza de su interpelacin en tanto ley radica en que es la encarnacin misma de la voluntad del Estado.
Sin embargo, existe un punto fundamental de acuerdo entre el ritual de poder y el ritual ideolgico. Pues si el objeto del primero es el control eficiente del cuerpo, tanto de la parte como del todo, es decir, el ejercicio de un micro poder que hace del cuerpo un territorio a ser manipulado y convertido en cuerpo dcil (econmicamente productivo), el ritual ideolgico es tambin l mismo un proceso de sumisin del cuerpo a un aparato ideolgico bajo control de la ideologa dominante, con el efecto concomitante de garantizar la reproduccin de esa misma ideologa. Y claro est que, en la medida de que el esquema terico de Althusser est pensado en su especificidad capitalista, la reproduccin de la ideologa dominante y el dominio de su prctica significa estrictamente, para Althusser, la reproduccin de la ideologa de la clase capitalista en la fuerza de trabajo, esto es, la reproduccin de sta en tanto fuerza de trabajo competente (diversamente cualificada) y sometida a la ideologa de la clase dominante capitalista. No obstante, la diferencia entre ambos planteos es que el ritual ideolgico althusseriano, al producir el reconocimiento del sujeto en la ideologa (un individuo () reconociendo que es `ciertamente a l` a quin va dirigida la interpelacin[41]), al hacerle cumplir al sujeto ciertos actos y prcticas, lo que hace efectivamente es dar una existencia (material) a ciertas ideas (que no existan previamente en forma ideal en la conciencia del sujeto), que conforman entonces la ideologa del sujeto (esto es, la ideologa de la clase dominante que el sujeto/ fuerza de trabajo reproduce por medio de ese ejercicio ritual). Esto es que, las ideas de la ideologa althusseriana no son previas a la existencia de rituales, ni son por lo tanto ideales, sino que son el producto material de la repeticin de ciertos rituales de reconocimiento.
Ahora bien, de nada de esto se trata cuando se trata de los rituales de poder, pues si bien stos tambin tienen (al igual que la ideologa althusseriana) una articulacin especfica con la necesidad capitalista de contar con fuerza de trabajo dcil y productiva, nada hay en la idea del ritual de poder de Foucault que nos acerque a la nocin de un cierto conjunto de creencias (o ideologa) que seran el producto de esos rituales materiales de poder. Lo que el ritual de poder y el ritual ideolgico comparten es la respuesta corporal automtica[42]. En efecto, ambas caracterizaciones del ritual apuntan al reflejo mecnico
que su operatoria produce.
A su vez, si los rituales foucaultianos de disciplinamiento como forma de control sobre el cuerpo operan en base al fraccionamiento y anlisis de cada parte del cuerpo para su posterior reunin en un cuerpo nico y dcil, los rituales ideolgicos de Althusser operan sobre la base de la existencia de un cuerpo total, que ingresa en los rituales como totalidad y se reconoce a s mismo (y por ende, a su conciencia) como cuerpo totalizado en la ideologa. Pues es evidente que el reconocimiento subjetivo operado en y por el ritual ideolgico althusseriano apunta justamente a (re)producir al sujeto como un sujeto sin partes, a diferencia del ritual de poder, donde cada parte del cuerpo es instumentalizable como locus de un ritual especfico.
4) El poder, la ideologa y la historia. En este punto, resulta fundamental comprender que la relacin conflictiva mantenida por Foucault con el estructuralismo se manifiesta particularmente en su perspectiva radicalmente historizante. Ya que ste trata con prcticas realmente existentes, sus investigaciones no apuntan (como las del estructuralismo) a establecer las condiciones de posibilidad de ocurrencia de ciertas prcticas y discursos, sino que ms bien estudia los efectos que tiene la existencia real de esas prcticas de poder en la subjetividad, as como los encabalgamientos de ciertas prcticas histricas de poder con otro tipo de prcticas. De esta forma, las teorizaciones de Foucault sobre el poder son, como hemos dicho, el producto de la impronta historizante de su metodologa. Por ello, si el poder disciplinario es productivo, lo es en primer lugar por estar articulado con nuevas necesidades histricas, tales como las que el capitalismo tiene de la fuerza de trabajo. Esto no significa decir que esta sea la causa de la transformacin del poder soberano en poder disciplinario, sino ms bien que ciertas nuevas prcticas de control social, surgidas aleatoriamente entre el siglo XVIII y el XIX, terminan articulndose de forma ms o menos contingente con las nuevas necesidades capitalistas.
Ahora bien, uno puede preguntarse si la historizacin del conjunto de sus fuentes operada por Foucault constituye un elemento central en su obra, o si por el contrario es un componente ms del trabajo de Foucault, que debe ser sopesado junto a otros piezas de su pensamiento. La respuesta a esta pregunta impacta de manera directa en el contrapunto que puede establecerse entre el trabajo de Foucault y Althusser a propsito del problema de la historia. Si para este ltimo la ideologa es ese discurso fundamental y omnihistrico al que el individuo -que necesita subjetivarse- no puede negarse, la pregunta de Foucault a Althusser indagara en la importancia histrica de ese discurso invariante que es la ideologa. Althusser establece claramente su estructuralismo cuando distingue una teora general de la ideologa (lo que l intenta hacer) de una teora de las ideologas, que en sus palabras se apoya en ltima instancia en una historia de las formaciones sociales, es decir, de los modos de produccin combinados en las formaciones sociales y de las luchas de clases que en ellas se desarrollan[43]. As, para Althusser, las ideologas particulares, al igual que el poder, tienen una historia, situada fuera de ellas mismas pero que les concierne directamente. Pero a su vez, una historia tal de las ideologas depende, en el proyecto althusseriano, de una teora de la ideologa, y sta a su vez de una proposicin fundante: la ideologa no tiene historia[44]. Y esto se debe no a que, en tanto sueo o ilusin, la ideologa estara separada de la historia efectiva de los hombres, sino a que la propia ideologa es una estructura. Esto equivale a decir que la ideologa posee una cualidad estructural que la hace no histrica sino omnihistrica. Y esto significa estrictamente, para Althusser, que la ideologa posee una estructura invariable, eterna a lo largo de la historia, es decir, a lo largo de la lucha de clases, y no que la ideologa sea trascendente a la historia.
Ahora bien, es si para Foucault la historia es la sucesin de la dominacin, en tanto diferentes grupos se apropian de las reglas y normas sociales para someterlas a sus propios designios, Foucault y Althusser tienen un punto en comn al sostener que la historia es precisamente esa batalla entre grupos de hombres, enfrentados en la dominacin de los otros. Sin embargo, para Althusser esa historia de lucha de clases posee como causa ausente la ideologa como estructura (y en tanto tal, en su estricto carcter no-histrico sino transhistrico, invariable a la largo de la historia), mientras que el poder es ms bien esa dominacin de unos hombres sobre otros de forma siempre variable y distinta, es decir, histricamente condicionada. Esto es, para Foucault la historia no es el efecto de una causa estructural ausente, sino ms bien el conjunto de formas cambiantes de poder. De donde se infiere que si la historia como lucha de clases no tiene para Althusser posibilidades de intervenir en la estructura invariable de la ideologa, sino que es ms bien su efecto, la historia como dominacin de Foucault es precisamente ese conjunto de prcticas menores y heterogneas que constituyen formas particulares y contingentes de poder. Ahora bien, significa esto para Foucault que no hay historia ms all de esta caprichosa sumatoria de formas histricas de poder? En principio Foucault estara de acuerdo con esta formulacin, puesto que su opcin metodolgica por la genealoga lo enfrenta a las posiciones de Althusser, al renunciar explcitamente a la bsqueda de leyes subyacentes[45]. En efecto, para Foucault la historia est atravesada por irrupciones contingentes de prcticas y discursos, cuyo surgimiento azaroso las hace acoplarse en capas y series de una legalidad slo atribuible al azar. Entonces, si tanto Althusser como Foucault se sintonizan en su crtica al concepto de historia hegeliana, ya que para ninguno de los dos la historia es el desarrollo de una esencia preestablecida en los orgenes, y cuyo progreso sera identificable en cada una de sus manifestaciones[46], por otro lado el concepto de historia de Foucault y Althusser no es simtrico. All donde Althusser ve una causa ausente que se manifiesta en sus efectos (la historia), es decir, una estructura que determina las posibilidades de articulacin de ciertos elementos, aunque no garantiza que stos se articulen efectivamente as, Foucault ve series y encadenamientos cuya legalidad no es el producto del desarrollo de la razn, sino que es una legalidad que se ha constituido en base a una necesidad irracional[47]. Para Althusser, la idea de necesidad irracional est ms vinculada a la posibilidad de la historia de sobredeterminarse a s misma, produciendo articulaciones especficas y contingentes, sobre la base de una causa ausente estructural que es en ltima instancia la condicin de posibilidad de tales articulaciones. Y por ello, Foucault y Althusser se distancian de la misma forma en cuanto al concepto de totalidad, porque mientras la totalidad para Althusser es el conjunto de articulaciones especficas entre conjuntos de prcticas diferentes (economa, filosofa, artes, etc.), en un momento determinado (es decir, en una coyuntura), para Foucault es necesario suspender todas las instancias totalizadoras en el quehacer historiogrfico. Y esto debido a que la historia jams conforma tales totalidades. Ambos proyectos s se acercan, sin embargo, si abordamos la idea de Althusser de las ideologas particulares e histricas, que siempre traducen posiciones de clase. Estas ideologas particulares son las que en diferentes momentos de la historia, encarnadas en los aparatos ideolgicos respectivos, reproducen las relaciones de produccin dominantes. De la misma manera el poder, si bien no encarnado nicamente ni prioritariamente en instituciones de Estado, es el mecanismo a travs del cual la dominacin pasa de unos grupos a otros, es decir, es el objeto de una disputa y de una resistencia. Asimismo, las ideologas particulares que hacen funcionar a los aparatos ideolgicos de Estado son para Althusser elementos de un combate que es la lucha de clases. Es decir que, si la historia es esa misma lucha de clases, las ideologas particulares son sus manifestaciones histricas[48].
Conclusiones
Las conclusiones de este escrito estn en el cuerpo del texto, es decir, no exceden aquello que he podido decir a partir de los anlisis concretos. En primer lugar, es necesario aclarar que si bien se ha intentado aqu elaborar una comparacin entre el concepto de poder de Foucault y el concepto de ideologa de Althusser, tal contrapunto no ha partido de la idea de que existe en Foucault algo as como una teora unificada o consolidada sobre el poder. Como el mismo autor se encarg de aclarar tantas veces, su intencin no fue nunca elaborar una doctrina sobre el poder, sino ms bien analizar el lugar del poder en relacin a la conformacin de distintos modos histricos de subjetividad. En todo caso, este trabajo ha operado con las concepciones del poder que pueden inferirse de los diversos escritos de Foucault.
En lo referente al punto 1, se ha dado cuenta de los diferentes sentidos atribuidos a la nocin de productividad en las respectivas teorizaciones del poder y de la ideologa. Tal como se ha explicado, la productividad en ambos autores es una idea que permite combatir las tendencias negativas con que se concibe en teora social a la ideologa y al poder. En cuanto a las modalidades que sta adquiere en el pensamiento de Foucault, se ha postulado su historicidad, esto es, la productividad adquirira una forma especfica en el poder disciplinario. El recurso al concepto de productividad permiti a Foucault explicar la gnesis del sujeto moderno a travs de mecanismos disciplinarios que son tambin una intensificacin del cuerpo y del placer de la confesin. La ideologa, por su parte, tendra un carcter productivo omnihistrico, es decir, se postula como un concepto capaz de dar cuenta de los procesos de constitucin subjetiva a lo largo de la historia, y siempre de idntica manera.
Hemos hipotetizado asimismo los dilogos posibles mantenidos entre Foucault y Althusser,
dando cuenta de la crtica de Foucault a la nocin de ideologa como Ley, origen de la constitucin simblica subjetiva, del deseo y del inconciente. Probablemente, para Foucault, tal sincronizacin entre la Ley y la subjetivacin contuvieran peligrosas inclinaciones a la sustancializacin del sujeto en la reflexin. La atribucin de las caractersticas de sustancia al sujeto debe haber significado, para Foucault, la anttesis de sus bsquedas en torno a la constitucin de una metodologa histrica genealgica. Por otro lado, la respuesta de Althusser a Foucault, en todo caso, habra sido que su conceptualizacin del poder no permite explicar los mecanismos a travs de los cuales los individuos ingresan al mundo simblico de la Ley y la cultura.
En lo tocante al punto 2, se ha analizado cmo Foucault y Althusser parecen organizar diferentemente sus reflexiones en torno al problema de la invisibilidad/visibilidad del poder y de la ideologa. Para Foucault, la verdad de cierta configuracin histrica no existe en las prcticas ocultas y profundas, no visibles, sino por el contrario en esas prcticas visibles mismas, slo que no es directamente accesible como tal (necesita de un esfuerzo de interpretacin que ponga de manifiesto su sentido). Mientras tanto, para Althusser, la verdad de cierta estructuracin histrica existe en la articulacin de lo visible de ella misma con su invisible estructural. Foucault entiende a la idea de lo profundo como una construccin cultural. As, Foucault ve a la hiptesis represiva como una produccin visible donde existe una determinada articulacin (poder/saber) que no puede interpretarse directamente, pero que no por ello pertenece al orden de lo profundo, sino ms bien al orden de las prcticas visibles. A su vez, hemos postulado la hiptesis de que el poder disciplinario puede ser pensado no como una instancia de invisibilizacin radical, sino por el contrario como un conjunto de prcticas que si bien suponen una transformacin del orden de la mirada organizado por el poder soberano, no supone una total invisibilizacin (un desconocimiento estructural, en palabras de Althusser) de sus mecanismos. Esta hiptesis, sugerida por un contrapunto fructfero entre Foucault y Althusser, marcha a contramano de la lectura establecida sobre Foucault en este punto. No obstante, el hecho de que el poder genere resistencia puede ser considerado una prueba a favor de esta lectura heterodoxa. Pues si el poder genera resistencia, es porque no es absolutamente confortable, es porque en algn punto su existencia es percibida y visible. Por ltimo, y a propsito de todo lo anterior, se ha analizado cmo la eficacia de la ideologa althusseriana est basada en su invisibilidad o en su desconocimiento estructural, mientras que la eficacia del poder se basa en la visibilizacin (al menos de una parte) de s mismo.
En cuanto al punto 3, es posible indicar cmo, ms all de sus distinciones tericas, el uso del concepto de ritual por Foucault y Althusser permite dar cuenta de la materialidad atribuida por ambos autores al concepto de poder y de ideologa respectivamente. Por ello mismo, el concepto de ritual pone en relevancia el involucramiento del cuerpo con ambos mecanismos. Se ha indicado cmo para Foucault el ritual tiene un carcter histrico y cmo en los rituales de poder disciplinario se da una articulacin entre poder y saber, es decir que para Foucault los rituales incorporan conocimiento en su funcionamiento. Por el contrario, los rituales ideolgicos de Althusser son la localizacin del no-saber, en tanto ideologa y conocimiento se excluyen de manera fundamental. Por otro lado, los rituales de Foucault no se derivan de una pertenencia institucional, ni son la consecuencia de la existencia de determinadas instituciones, sino que ms bien atraviesan microscpicamente instituciones diferentes. De forma diferente, para Althusser los rituales ideolgicos s reglamentan un tipo especfico de prcticas en tanto estn insertos en aparatos ideolgicos de Estado. A su vez, si para Foucault los rituales se siguen de las leyes que dan lugar en la historia a sucesivas formas de dominacin, los rituales de Althusser son prcticamente indiscernibles de las leyes, en tanto se derivan de la voluntad del Estado. Por ltimo, si para ambos autores el ritual es un proceso de construccin de un cuerpo dcil apto para servir como fuerza de trabajo en el capitalismo, el ritual ideolgico althusseriano da lugar (hace existir) a la ideologa con su ocurrencia, mientras que no es este el efecto de los rituales de poder.
Por ltimo, en el punto 4 se ha indagado en la vinculacin del poder y la ideologa con la historia. Si bien estas reflexiones precisan de ulterior refinamiento, es importante destacar que la pregunta por la historia en Foucault es a su vez una pregunta por sus relaciones conflictivas con el estructuralismo. As, se ha visto cmo si el poder tiene historia, tambin la tienen las ideologas particulares que postula Althusser. Sin embargo, la ideologa como tal no posee historia, sino que es una estructura transhistrica. Para Althusser, la historia es en definitiva la lucha de clases, de forma similar en que para Foucault la historia es la sucesin de la dominacin. Sin embargo, la historia althusseriana como lucha de clases es el efecto de una causa ausente, mientras que el poder no es la causa ausente de la historia, sino ms bien es la historia la sumatoria de formas diferentes de poder. Para Foucault, las prcticas de poder tienen en la historia una legalidad contingente, mientras que la contingencia es para Althusser en todo caso el conjunto de articulaciones especficas de ciertos elementos, cuya condicin de posibilidad reside en una estructura ausente.
Como es claro, un punto central que este trabajo no ha abordado sino de forma tangencial es la distancia cualitativa que existe entre la reflexin de Althusser sobre la operatoria de los aparatos ideolgicos de Estado y la teorizacin del poder de Foucault como no operando primordialmente en las instituciones, sino ms invistiendo las instituciones. Este punto no ha sido abordado extensamente aqu porque, entre otras razones, ya ha sido suficientemente discutido en la bibliografa existente sobre el tema. De la misma forma, el proyecto original de este trabajo abarcaba otros puntos de comparacin entre Foucault y Althusser, que nombramos aqu a modo de compromiso futuro: 1) la resistencia como respuesta al poder y a la ideologa; 2) el poder y la ideologa como instancias totalizadoras de la experiencia histrica; 3) la ciencia/ el saber y su relacin con la ideologa y el poder; 4) la crtica de Foucault y la de Althusser al humanismo; 5) el mtodo historiogrfico de Foucault y la crtica de Althusser al historicisimo; 6) el sujeto disciplinado y el sujeto sujetado. Mientras tanto, esperamos que el presente ensayo sirva de avance para estas reflexiones que sern materia de otros trabajos.
Bibliografa:
Althusser, Louis. Ideologa y aparatos ideolgicos del Estado (Notas para una investigacin), en Posiciones, Barcelona, Anagrama, 1977.
Althusser, Louis. Freud y Lacan, en Aparatos ideolgicos del Estado. Freud y Lacan, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visin.
Althusser, Louis y Balibar, Etienne. Para leer El Capital, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 1969
Dreyfus, Hubert L. y Rabinow, Paul. Michel Foucault: ms all del estructuralismo y la hermenutica, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visin, 2001
Eribon, Didier. El pasado es largo, en Michel Foucault y sus contemporneos, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visin, 1995
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Foucault, Michel. La arqueologa del saber, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2004
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Foucault, Michel. Disciplina, en Vigilar y Castigar, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 1989
Tern, Oscar. Discurso, poder y subjetividad, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 1995
[1] En Eribon, D. El pasado es largo, en Michel Foucault y sus contemporneos, Buenos Aires, Nueva Visin, 1995, pg. 313.
[2] Eribon, D. Ibid., pg. 323
[3] Foucault, M. Introduccin, en La arqueologa del saber, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2004, pg.8.
[4] Althusser, L. De El Capital a la filosofa de Marx, en Para leer El Capital, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 1969, pg. 19.
[5] En una primera lectura Marx lee el discurso de su predecesor (Smith, por ejemplo) a travs de su propio discurso. El resultado de esta lectura, donde el texto de Smith es visto a travs del texto de Marx, proyectado sobre l como su medida, no es ms que un resumen de concordancias y discordancias, el descuento de lo que Smith ha descubierto y de aquello en lo que ha fallado, de sus mritos y deficiencias, de sus presencias y de sus ausencias. De hecho, esta es una lectura terica retrospectiva, donde lo que Smith no ha podido ver y comprender aparece solamente como una carencia radical. En Althusser, L., ibid., pg. 23.
[6] Por episteme se entiende de hecho el conjunto de las relaciones que pueden unir, en una poca determinada, las prcticas discursivas que dan lugar a unas figuras epistemolgicas, a unas ciencias, eventualmente a unos sistemas formalizados; el modo segn el cual en cada una de esas formaciones discursivas se sitan y se operan los pasos a la epistemologizacin, a la cientificidad, a la formalizacin; la reparticin de esos umbrales, que pueden entrar en coincidencia, estar subordinados los unos a los otros, o estar desfasados en el tiempo; las relaciones laterales que pueden existir entre unas figuras epistemolgicas o unas ciencias en la medida en que dependen en prcticas discursivas contiguas pero distintas. La episteme no es una forma de conocimiento o un tipo de racionalidad que, atravesando las ciencias ms diversas, manifestara la unidad soberana de un sujeto, de un espritu o de una poca; es el conjunto de las relaciones que se pueden descubrir, para una poca dada, entre las ciencias cuando se las analiza al nivel de las regularidades discursivas. En Foucault, M. La arqueologa del saber, ibid., pg. 323.
[7] Althusser, L., ibid., pg. 24
[8] Foucault, M. La arqueologa del saber, ibid., pg. 5.
[9] Foucault, M. La arqueologa del saber, ibid. pg. 16
[10] A modo de ejemplo de esta reciprocidad en el reconocimiento de las influencias mutuas, incluimos aqu dos citas, la de Foucault a Althusser (La revolucin terica de Marx): En fin, sin duda las escansiones ms radicales son los cortes efectuados por un trabajo de transformacin terica cuando funda una ciencia desprendindola de la ideologa de su pasado y revelando ese pasado como ideolgico, en La arqueologa del saber, ibid., pg. 7, (el subrayado es nuestro), y la de Althusser a Foucault: Lo mismo que quiero reconocer la deuda, evidente o secreta, que nos liga a esos maestros en la lectura de las obras del saber que fueron para nosotros G. Bachelard, y J. Cavaills, y que son hoy da G. Canguilhem y M. Foucault, en Para leer El Capital, ibid., pg. 21.
[11] Para todo el desarrollo siguiente, me baso en la informacin suministrada por Didier Eribon en Michel Foucault y sus contemporneos, ibid. pgs. 295-330
[12] En tanto representantes de una fenomenologa existencialista en oposicin a la fenomenologa trascendental de Kant y posteriormente de Husserl. Eribon, D. ibid.
[13] Dreyfus, H. y Rabinow, P. Michel Foucault: ms all del estructuralismo y la hermenutica, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visin, 2001, pgs. 15-25; Eribon, D. Ibid. pgs. 295-330; Tern O. Discurso, poder y subjetividad, El Cielo por Asalto, Buenos Aires, 1995, pg. 7.
[14] Sin embargo, como bien destaca Didier Eribon, en los aos posteriores a 1968 y en torno de cuestiones polticas, Sartre y Foucault experimentaron un acercamiento que los volvi contemporneos polticos, mientras que Foucault permaneci siendo el contemporneo terico de muchos otros, con quienes se hall enfrentado polticamente. Eribon, D. ibid.
[15] Eribon, D. Ibid., pg. 317
[16] Tern, O. Introduccin, ibid.,
[17] Es preciso desembarazarse del sujeto constituyente, desembarazarse del sujeto mismo, es decir, llegar a un anlisis que pueda dar cuenta de la constitucin del sujeto en la trama histrica, en Foucault, M. Verdad y Poder, citado por Dreyfus, H.L. y Rabinow, P., ibid., pg. 149
[18] mi propsito no ha sido analizar el fenmeno del poder, ni tampoco elaborar los fundamentos de tal anlisis. Por el contario, mi objetivo ha sido elaborar una historia de los diferentes modos por los cuales los seres humanos son constituidos en sujetos, en Foucault, M. El sujeto y el poder, www.elseminario.com.ar, 2000-2001
[19] Es cierto que, sin embargo, el concepto de la ideologa como falsa conciencia comporta al menos un elemento de positividad: si por un lado es negativamente conciencia falsa en la medida de que no es una relacin reflexiva con el mundo, que conoce y sabe que conoce, tambin es cierto que la nocin de falsa conciencia supone un elemento positivo o productivo, esto es, se presenta como capaz de manifestar la verdad sobre el mundo, aunque no lo sea. Cohn, G. Ideologa, en Altamirano, C. (director). Trminos crticos de sociologa de la cultura, Buenos Aires, Paids, 2002 (el subrayado es nuestro). En Althusser, sin embargo, el sentido productivo de la nocin de ideologa se encuentra radicalmente enfatizado, en la medida de que la ideologa no es simplemente el conjunto de textos capaces de presentarse a s mismos como la verdad sobre lo social, sino que se trata de un discurso con capacidad para interpelar y producir sujetos. En Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos del Estado, en Posiciones, Barcelona, Anagrama, 1977.
[20] Foucault supone que si el poder es fuerte es debido a que produce efectos positivos al nivel del deseo y del saber, Tern, O. ibid., pg. 22.
[21] Si bien Foucault parece referirse en muchas oportunidades al poder soberano, al poder disciplinario y a las sociedades de control como momentos histricos sucesivos, es importante tener presente que si asumiramos el rechazo foucaultiano a las formas tradicionales de periodizacin histrica, deberamos pensar a estos diferentes tipos de manifestacin histrica del poder como formas histricas predominantes ms que como formas cuyo agotamiento respectivo da paso a la forma siguiente: () en la historia de las ideas, del pensamiento y de las ciencias, la misma mutacin () ha puesto en duda las posibilidades de la totalizacin. Ha trado la individualizacin de series diferentes, que se yuxtaponen, se suceden, se encabalgan y se entrecruzan, sin que se las pueda reducir a un esquema lineal, Foucault, M. La arqueologa del saber, ibid., pg. 12
[22] La cuestin de la utilizacin del mtodo historiogrfico y/o del alcance histrico en las teorizaciones sobre el poder y la ideologa ser abordada con mayor profundidad ms adelante en este mismo trabajo.
[23] la persona examinada era investida con una especfica forma de placer: toda esta cuidadosa atencin, estas acariciantes extorsiones respecto de los ms mnimos detalles, estas opresivas exploraciones. El examen mdico, la investigacin psiquitrica, el informe pedaggico y los controles familiares pueden tener por objetivo global y aparente negar todas las sexualidades errticas o improductivas; de hecho funcionan como mecanismos de doble impulso: placer y poder. El poder mdico de penetracin y el placer del paciente por la evasin se seducen mutuamente. En Dreyfus, H.L. y Rabinow, P. Ibid., pg. 204.
[24] El psicoanlisis se ocupa, en sus nicos supervivientes, de otra lucha, de la nica guerra sin memorias ni registros que la humanidad finge no haber librado jams, la que cree haber ganado siempre por anticipado, simplemente porque para ser tal la humanidad debe haber sobrevivido a esa guerra, y vivir y darse a luz como cultura en la cultura humana: guerra que a cada momento se libra en cada uno de sus retoos, los cuales, proyectados, deformados, rechazados, cada uno para s mismo, en la soledad y contra la muerte, deben recorrer la larga marcha forzada que convierte a larvas de mamfero en nios humanos, en sujetos. Althusser, L. Freud y Lacan, en Aparatos ideolgicos del Estado. Freud y Lacan, Ediciones Nueva Visin, Buenos Aires, pgs. 82-83.
[25] En todo caso, una cosa es cierta: que el hombre no es el problema ms antiguo ni el ms constante que se haya planteado el saber humano. Al tomar una cronologa relativamente breve y un corte geogrfico restringido la cultura europea a partir del siglo XVI- puede estarse seguro de que el hombre es una invencin reciente, Foucault, M. Las ciencias humanas, en Las palabras y las cosas. Una arqueologa de las ciencias humanas, Mxico D.F., Siglo XXI Editores, 1971,pg. 375
[26] Dreyfus, H.L. y Rabinow, P. Ibid., pg. 138
[27] Que ese pequeo ser biolgico sobreviva (...) tal es la prueba que todos los hombres, adultos, han sobrellevado: son para siempre amnsicos, los testigos, y frecuentemente las vctimas de esa victoria, que llevan en lo ms sordo, es decir en lo ms clamoroso de s mismos, las heridas, dolencias y fatigas de ese combate por la vida o la muerte humanas. (...) Tampoco es sorprendente que la historia, la sociologa o la antropologa se encuentren fuera de su mbito, ya que se ocupan de la sociedad, por tanto de la cultura, es decir de lo que ya no es ese animalito, que slo llegar a ser humano despus de atravesar el espacio infinito que separa a la vida de lo humano, a lo biolgico de lo histrico, en Althusser, L. Freud y Lacan, ibid., pg. 83. Y tambin: los sujetos no existen primero para despus entrar en combate o en armona. En la genealoga, los sujetos emergen en el campo de batalla y desempean sus papeles all, all y slo all. El mundo no es un juego que simplemente enmascara una realidad ms verdadera que existe detrs de la escena. Es tal cual aparece. Esa es la profundidad de la revelacin genealogista, en Dreyfus, H.L. y Rabinow, P., ibid., pg. 138
[28] Ni lo invisible aqu, ni lo visible, estn en funcin de la vista de un sujeto: lo invisible es el no-ver de la problemtica terica sobre sus no-objetos; lo invisible es la tiniebla, el ojo cegado de la reflexin sobre s misma de la problemtica terica cuando atraviesa sin ver sus no-objetos, sus no-problemas, para no mirarlos (...) podemos quizs dar un paso ms y mostrar que entre este visible y este invisible as definidos puede existir una cierta relacin de necesidad. Lo invisible de un campo visible no es, en general, en el desarrollo de una teora, cualquier cosa exterior y extraa a lo visible definido por ese campo. Lo invisible est definido por lo visible como su invisible, su prohibicin de ver: lo invisible no es simplemente, volviendo a la metfora espacial, lo exterior de lo visible, las tinieblas exteriores de la exclusin, sino las tinieblas interiores de la exclusin, interior a lo visible mismo puesto que es definida por la estructura de lo visible. Althusser, L. Para leer El Capital, ibid., pg. 31
[29] Dreyfus, H.L. y Rabinow, P. Ibid., pgs. 135-136
[30] Dreyfus, H.L. y Rabinow, P. Ibid., pgs. 152-153.
[31] Foucault ha establecido claramente el concepto de la hiptesis represiva como una impostura que ha de ser denunciada (...) su objetivo es proporcionar una genealoga de cmo lleg a conformarse la hiptesis represiva y cules son las funciones que cumple en nuestra sociedad. Lee los variados componentes de la hiptesis represiva, no como evasiones, sino como partes fundamentales de la moderna interaccin de verdad y poder que est tratando de diagnosticar. Dreyfus, H.L. y Rabinow, P., ibid., pg. 160. Por qu reducir los dispositivos de dominacin nada ms al procedimiento de la ley de prohibicin? Razn general y tctica que parece evidente: el poder slo es tolerable con la condicin de enmascarar una parte importante de s mismo, Foucault, M. Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2003, pg. 105
[32] En esto, diferimos con la segunda parte de la lectura que Dreyfus y Rabinow hacen de Foucault en este punto, ya que para ellos en las formas tradicionales de poder, como la del soberano, el poder se hace visible a s mismo, brota al exterior, se pone constantemente en exposicin (...) El poder disciplinario invierte esta relacin. Ahora, es el poder en s mismo el que busca invisibilizarse. Dreyfus, H.L. y Rabinow, P. Ibid., pg.189
[33] Aquellos que estn dentro de la ideologa se creen por definicin fuera de ella: uno de los efectos de la ideologa es la negacin prctica del carcter ideolgico de la ideologa, por medio de la ideologa: la ideologa nunca dice soy ideolgica (...) la inmensa mayora de los (buenos) sujetos funcionan bien por s mismos, es decir, por la ideologa. Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos del Estado (notas para una investigacin), ibid., pg. 115
[34] Dreyfus, H.L. y Rabinow, P., ibid., pg. 216.
[35] Debemos a la dialctica defensiva de Pascal la maravillosa frmula que nos permitir dar la vuelta al esquema nocional de la ideologa. Pascal dice aproximadamente: `Poneos de rodillas, moved los labios para rezar, y creeris`. Por consiguiente, Pascal da vuelta escandalosamente al orden de las cosas, Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos del Estado (notas para una investigacin), ibid., pg. 109
[36] Alhusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos del Estado (notas para una investigacin), ibid., pg. 106
[37] Pero podemos, indudablemente, sentar la tesis general de que en nuestras sociedades, hay que situar los sistemas punitivos en cierta economa poltica del cuerpo: incluso si no apelan a castigos violentos o sangrientos, incluso cuando utilizan los mtodos suaves que encierran o corrigen, siempre es del cuerpo del que se trata () el cuerpo est directamente inmerso en un campo poltico; las relaciones de poder operan sobre l una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de l unos signos, Foucault, M. Vigilar y castigar, pg. 32
[38] Foucault, M. Nietzsche, la genealoga, la historia, en Tern, O. Michel Foucault. Discurso, poder y subjetividad, ibid., pg. 82
[39] () iniciar un discurso que intente romper con la ideologa para atreverse a ser el comienzo de un discurso cientfico (sin sujeto) acerca de la ideologa, Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos de Estado (notas para una investigacin, ibid., pg. 114
[40] Foucault, M. Nietzsche, la genealoga, la historia, en Tern, O. ibid., pg. 82
[41] Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos de Estado (notas para una investigacin, ibid., pg. 115
[42] El esquema panptico es un intensificador para cualquier aparato de poder: garantiza su economa (en material, en tiempo); garantiza su eficacia por su carcter preventivo, su funcionamiento continuo y sus mecanismos automticos, Foucault, M. Vigilar y castigar, ibid., pg. 209. Por otro lado, sin embargo, Foucault ha afirmado en alguna parte que El funcionamiento automtico del poder como operacin mecnica no es en absoluto la tesis de Vigilar y castigar, citado por Dreyfus H.L. y Rabinow, P., ibid., pg. 223
[43] Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos de Estado (notas para una investigacin), ibid., pg. 100
[44] Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos de Estado (notas para una investigacin), ibid., pg. 100
[45] Dreyfus, H.L. y Rabinow, P. Ms all del estructuralismo y la hermenutica, ibid., pg. 135
[46] Lo que caracterizaba a esta historia cuando menos lo que puede definirla, en sus rasgos generales, por oposicin a la nuestra- es que, al ordenar el tiempo de los humanos segn el devenir del mundo () o, a la inversa, al extender justo hasta las menores parcelas de la naturaleza el principio y el movimiento de un destino humano () se conceba una gran historia lisa, uniforme en cada uno de sus puntos que entraaran una misma deriva () un mismo ciclo, todos los hombres y con ellos a las cosas, los animales, todo ser vivo o inerte, Foucault, M. Las ciencias humanas, en Las palabras y las cosas, ibid., pg. 356.
[47] Tern, O. Introduccin, en Michel Foucault. Discurso, poder y subjetividad, ibid., pg. 31
[48] los Aparatos Ideolgicos de Estado son () susceptibles de ofrecer un campo de accin objetivo a las contradicciones que expresan, bajo formas unas veces limitadas, otras extremadas, los efectos de los choques entre la lucha de clases capitalista y la lucha de clases proletaria, as como sus formas subordinadas, en Althusser, L. Ideologa y aparatos ideolgicos de Estado (notas para una investigacin), ibid., pg. 90.
Trabajo monogrfico para "Anlisis de la cultura" I, Maestra de Sociologa de la Cultura, IDAES, Universidad Nacional de Gral San Martn, Buenos Aires, 2005.