Michel de Montaigne, Jean-Jacques Rousseau
y los paisajes ocultos de sus almas[*]
Martina Silverio Marenco
INTRODUCCIN
Por medio del presente trabajo, se
pretenden delinear los puntos de coincidencia y discordancias de dos pensadores
y escritores que forman parte de una literatura particular, tarda en la
historia de los gneros literarios, la literatura del yo. Se abordarn obras
de Michel Eyquem
de Montaigne (1533-1592) y de Jean-Jacques
Rousseau (1772-1778) con el fin de mostrar
entrecruzamientos posibles entre dos autores cuyos escritos revelan el
ejercicio sostenido de un anlisis de conciencia con el fin de poder as
describir los paisajes ocultos de su alma.
En la primer parte del trabajo,
pretendemos introducir una breve evolucin del yo en la literatura para as
brindar al lector un panorama amplio que le permita entender lo novedoso de los
Essais de Montaigne
y, luego, de Las Confesiones de Rousseau. Cada uno de
estos escritos puede considerarse un punto sobresaliente en la historia de la
literatura del yo y, por ello, es menester ubicarnos en los caminos que la
subjetividad, como objeto de discurso, recorri para emerger como entidad
autnoma mediante el ejercicio de la introspeccin.
La estructura y contenido de cada uno
de estos escritos demuestran divergencias en el cuerpo de pensamiento de los
autores, as como tambin puntos de contacto. En una segunda parte de nuestro
informe, se pretende elaborar una comparacin minuciosa de aquellas
concepciones de la realidad humana y de su naturaleza. Dichas concepciones se
reflejarn en la tcnica y prctica que estos autores asumen en cada uno de los
mtodos introspectivos. Para lograr nuestro objetivo intentaremos develar, entre
otras cosas, los fundamentos que alimentan la necesidad de contar experiencias
privadas, o de comprender por qu la soledad es fundamental en tal ejercicio.
En fin, este informe pretende
introducirnos hondamente en la interioridad personal de nuestros autores
tomando como premisa que tanto Essais (1580), Las Confesiones
(1782) as como Ensueos de un
Paseante Solitario (1782) constituyen
testimonio de su verdad subjetiva.
PRIMERA PARTE
1- De un Yo en el cosmos a
un Yo en lo ntimo
El perodo helenstico inaugurado con
la muerte de Alejandro Magno en 323 a.c. marca un
cambio en la concepcin occidental del hombre. Antiguamente, reinaba la nocin
aristotlica del hombre como un animal poltico cuya felicidad y plenitud
dependan del ejercicio del deber cvico en la polis. As, la individualizacin quedaba subordinada a la libertad
concedida por la vida poltica y pblica y, por ello, la definicin del hombre
se efectuaba en relacin con los otros y no en el mbito privado. El logos helnico da
cuenta de un hombre subordinado al cosmos, un sistema ordenado y armonioso dotado
de un determinismo soberano sobre cada momento de la vida del individuo. El sujeto
no asume todava una completa autonoma de su persona. De este modo, se llega a
la conclusin de que es imposible la existencia de subjetividad alguna en la
literatura antigua. El yo antiguo slo se expone mediante la narracin de
acciones pblicas pero nunca a travs de la descripcin de una perspectiva
interna. Ms tarde, con la desaparicin de la polis como lugar autnomo, el
hombre deber encontrar su felicidad en formas alejadas de la colectividad.
Para citar un ejemplo de la literatura
correspondiente a este perodo, se podra hacer referencia a Vidas Paralelas
de Plutarco, quin pretende en este libro reunir varias biografas de griegos y
romanos con el objetivo de mostrar el carcter moral de cada personaje. En el
primer prrafo de Vida de Alejandro, el autor indica que: ni es en las acciones ms
ruidosas en las que se manifiestan la virtud o el vicio, sino que muchas veces
un hecho de un momento, un dicho agudo y una niera sirven ms para pintar un carcter
que batallas en que mueren millares de hombres, numerosos ejrcitos y sitios de
ciudades.
Su objetivo no es narrar historias sino
escribir vidas y entiende que el mejor modo de hacerlo es indagar en las
acciones efectuadas, an siendo stas de apariencia trivial.
Posteriormente, el modelo del cosmos
perder vigencia ante el dominio cristiano, a travs del cul se impondr la
idea de un poder universal, sustentado y sostenido en un Dios nico y verdadero.
Tambin, de este modo, la conciencia del hombre queda avasallada ante un
destino exterior y eterno que le impide reconocer la facultad para gobernar su
propia vida. Como fenmeno occidental, y ofreciendo el arquetipo de la
confesin, como una nueva forma de produccin de deseos y de verdades, el
cristianismo brindar el marco adecuado para el desenvolvimiento de diversas
modalidades de escritura pre-autobiogrficas. En El
Advenimiento del yo, Georges Gusdorf
sostiene que, tanto la ley cosmolgica como la teolgica, obstaculizan a la
conciencia de si. Evidencia de esto ltimo son las Confesiones de San Agustn del siglo IV de nuestra era, donde el yo
narrador slo se realiza en relacin a Dios. La interioridad agustiniana no corresponde
en si a lo humano sino a la manifestacin divina.
Ser Montaigne,
con la publicacin de Essais
en 1580, el fundador del ensayo como gnero literario. Ensayos est
constituido por tres tomos en los que se renen una multiplicidad de citas,
ancdotas y ejemplos copiados, todos ellos articulados por impresiones
personales que confieren a esta obra una particularidad muy ntima, aspecto que
el gnero de ensayo conservar en su posterioridad. En el captulo VI del segundo libro, titulado
De la ejercitacin, Montaigne seala que no hay
huella alguna en la historia del gnero literario que se registre como
precedente a su obra, y que si se conocen un par de nombres de filsofos
antiguos que hayan seguido su camino, nunca se sabr si lo han hecho de manera
equivalente a la suya.
Montaigne pretende
trazar un retrato fiel de su propia persona: Si mi objetivo hubiera sido buscar el favor
del mundo, habra echado mano de adornos prestados; pero no, quiero slo
mostrarme en mi manera de ser sencilla, natural y ordinaria, sin estudio ni
artificio, porque soy yo mismo a quien pinto.[2] Por supuesto que la empresa de mostrarse en
su forma natural y ordinaria recibe mltiples acusaciones como la de ser
infructuosa, superficial y de erguirse como atentado al alma cristiana. En
la introduccin a sus Ensayos, Montaigne advierte
que el pblico al cual pretende dirigirse no es otro ms que a sus parientes y
amigos, para que los mismos, mediante este escrito, conserven recuerdos de
rasgos de su humor y carcter tras su muerte.
Mientras
que Georges Gusdrof le
atribuye a los Ensayos de Montaigne la condicin de
autobiografa desordenada, Erich Auerbach en Mimesis, la representacin de la realidad en
la literatura occidental niega que stos constituyan una obra autobiogrfica.
El ensayo presenta caractersticas particulares de espontaneidad y azar, sigue
un ritmo interno propio que hace viable la comunicacin del espritu del autor.
Preciso es reconocer que el hombre es cosa pasmosamente vana, variable y
ondeante, y que es bien difcil fundamentar sobre l juicio constante y
uniforme[3]. No hay
idea de identidad personal en Montaigne mas que la de
un ser fragmentario en el tiempo, ondulante. Yo no puedo formular ninguno
[juicio] sobre m mismo que sea
concluyente, sencillo y slido, sin confusin y sin mezcla, tampoco
resumirlo en una palabra: Distingo
es el trmino ms universal de mi lgica[4]. Del
mismo modo, en el apartado Del arrepentimiento del tercer libro, Montaigne explica:
Yo no pinto el ser, pinto solamente lo transitorio[5]. Sus
escritos mostrarn una reflexin de s mismo en parcelas, no pretendern
exhibir su ser, sino su siendo. Con estas afirmaciones se
demuestra que es insostenible atribuirle a los Ensayos de Montaigne
la condicin de surgir como autobiografa. Si se indaga en referencias
etimolgicas, la palabra autobiografa proviene de la unin de tres palabras
del idioma griego, estas son: αὐτός autos= "propio", βίος bios= "vida" y
γράφειν grafos=
"escritura"[6] y por
ello, hace referencia a una operacin de escritura que una persona realiza
sobre su propia vida para unificar las experiencias vividas en un conjunto que
integre su yo personal. De este modo, Montaigne estara
anulando el proceso lineal del tiempo que caracteriza al relato
autobiogrfico.
Es
su deber mostrar su esencia -ondulante- , y no slo exponer simples acciones o
gestos, ya que las acciones de mi vida tienen mayor relacin con la fortuna
que conmigo mismo () son muestras de una parte del individuo y no de la
totalidad del mismo[7] y del
mismo modo afirma no es de ningn modo cuerdo ni sensato el juzgarnos
solamente por nuestras acciones exteriores, es preciso introducir la sonda
hasta lo ms recgnito de nuestra alma[8].
Asimismo, Montaigne entiende que no puede haber una
definicin de su persona y escribe como habla: El hablar de que yo gusto es un
hablar sencillo o ingenuo, lo mismo cuando escribo que cuando hablo; un billar
sustancioso y nervioso, corto y conciso[9]. Peter Burke, en Montaigne, realiza un anlisis de la esttica de los Ensayos.
All, resalta el rechazo evidente que Montaigne
establece en relacin a la prosa de Cicern. La de ste ltimo jams deja al
lenguaje y al pensamiento sin control, mientras que la prosa de Montaigne es lo opuesto, concisa y desordenada. En De los
libros, captulo X del tercer libro, Montaigne se
refiere a la obra de Cicern: Si le leo durante una hora, lo cual es mucho
para m, y trato luego de recordar la sustancia que he sacado, casi siempre lo
encuentro vano, pues al cabo de ese o no llego an a los argumentos pertinentes
al asunto de que habla[10]. En
otro captulo, titulado Consideraciones sobre Cicern (captulo XXXIX del
primer libro), afirmar que su modo de escribir es inverso al de la
extravagancia retrica: Mi estilo es naturalmente familiar y festivo, pero de
forma que me es peculiar; impropio para las pblicas negociaciones, como mi
conversacin; demasiado conciso, desordenado, cortado, particular, y nadie ms
inhbil que yo para escribir cartas de ceremonia de esas que no tienen mayor
sustancia de la que la que encierra un bello amalgamamiento de palabras
corteses[11]
En la pgina siguiente y refirindose a stas cartas, l declara: ()las
transcribo nunca. Las empiezo de buen grado, sin plan; la primera frase
engendra la segunda. Las cartas que ahora se redactan ms se componen de
adornos y prefacios que de ideas[12]
Los
Ensayos constituyen as, un conjunto heterogneo de observaciones y
pensamientos de lo ocurrido en su mundo circundante, que vienen a salvar o a compensar
la falta de unidad en la persona de Montaigne, ya que
la nica forma de descifrarse a s mismo, es respetando la cualidad ms
caracterstica del hombre: su inconstancia. Soy yo mismo el contenido de mi
libro[13] y, al
mismo tiempo, Mi libro es uno[14], el seor
de Montaigne se constituye a travs de su discurso,
adviene l mismo slo en calidad de autor. No busco otro fin distinto al de
trasladar al papel lo que dentro de m siento, que acaso ser distinto maana,
si enseanzas nuevas modifican mi manera de ser[15] y de
aqu que llamar Essais[16] a sus
escritos, como intento de perseguir su unidad personal. l no buscar simplemente
contar sus experiencias, sino fundarse a s mismo en el acto de escritura. Su libro resulta una bsqueda,
un ensayo que no tiene un plan previsto: Quien conversa vulgarmente y escribe
de modo diestro declara que su capacidad reside en mi lugar de donde la toma,
no en l mismo. Un personaje, sabio no lo es en todas las cosas; mas la
suficiencia en todo se basta, hasta en el ignorar vamos conformes y en igual
sentido, mi libro y yo.[17] De este
modo y partiendo del hecho de que la escritura construye eso mismo que explora,
el s mismo, se entiende que Montaigne jams corrige
su libro Yo aado siempre pero no enmiendo nunca[18].
Segn
Georges Gurdorf el momento
histrico de Montaigne es la mutacin renacentista de
valores[19],
la prioridad de la relacin a Dios se ve debilitada ante la multiplicidad de
modos de leer e interpretar la Biblia[20] y los
nuevos descubrimientos cientficos han quebrantado la idea del cosmos
tradicional. El examen de conciencia del individuo constituir una nueva
sabidura del repliegue interno. Los Ensayos son testimonio literario de
este nuevo centro de valor de la existencia humana, el yo ntimo que sentar un
precedente para el surgimiento de las psicologas del siglo XVIII, con Maine de Biran como principal
representante. La lectura de Gusdorf muestra cmo
stas psicologas, que profundizan en un yo de la conciencia para si y opuesta
a la exterioridad, recogen la tradicin filosfica iniciada por Montaigne, basada en el recogimiento interior y la
indagacin de la propia espiritualidad. An as, consideramos importante
destacar que el objetivo de Montaigne jams consisti
en presentar un escrito de contenidos filosficos: Yo no soy filsofo[21], dir
l de la manera ms patente e inequvoca. Una vez ms, con esta afirmacin, Montaigne rectifica que l no pretende meditar acerca de
contenidos universales del mundo o de Dios, sino que sus reflexiones de la esencia
humana quedarn restringidas a los lmites de su propia alma.
2-
Sentimentalismo en el Siglo de las Luces?
Siguiendo
la lectura de Gusdorf podemos sostener que la
consagracin de la literatura del yo no se dar hasta la publicacin de las Confesiones
de Rousseau en 1782. Al igual que Montaigne,
Rousseau viene a desconcertar a una sociedad del
siglo XVIII gobernada por la era de la Razn. Es Descartes quin en el siglo
anterior haba abierto una nueva visin cientfica y metodolgica del mundo, en
la que predominara la prctica de la racionalidad, por sobre la experiencia,
en la construccin de un conocimiento verdadero.
Con el
proyecto de contar su vida, Rousseau se confiesa ante
un pblico, convirtindolo en juez de los hechos y acciones de su vida. Promete exponer todo de s, hasta tal punto,
que asegura la inexistencia de una empresa semejante en la historia de la literatura
y, a la vez, la imposibilidad de un imitador en la posteridad. Rey me instaba
respetuosamente haca mucho tiempo a que escribiese las memorias de mi vida.
Aunque hasta entonces no fuesen muy interesantes por los hechos, yo conoca que
podan llegar a serlo por la franqueza que era capaz de usar. Luego agrega: resolv
formar con ellas una obra nica, por su veracidad sin ejemplo, a fin de que a
lo menos una vez siquiera pudiese verse a un hombre tal como es interiormente.
Siempre me haba redo de la falsa sinceridad de Montaigne,
quien, fingiendo confesar sus defectos, pone gran cuidado en no atribuirse sino
aquellos que tienen carcter agradable[22] Punto
de ruptura en la literatura del yo: por primera vez alguien asegura el acontecimiento
de la verdad total. Esto es as ya que an Montaigne
acepta un resto de pudor en su escritura Si hubiera yo pertenecido a esas
naciones que se dice que viven todava bajo la dulce libertad de las primitivas
leyes de la naturaleza, te aseguro que me hubiese pintado bien de mi grado de
cuerpo entero y completamente desnudo.[23]
Erich Auerbach en la obra previamente sealada, expone este
recato por parte de Montaigne cuando explica que ste
se priv de ofrecer un gran nmero de testimonios cristianos que avalaran su
concepcin de la unidad entre cuerpo y espritu (la tradicin agustiniana,
luego retomada por Pascal, combate las tendencias dualistas de la poca). Esto
fue as porque Montaigne era un hombre prestigioso,
instruido bajo la religin catlica y deba circunscribirse a las reglas de la
convivencia de su sociedad. No hay que olvidar el momento histrico de la
publicacin de sus Ensayos: el trat de ser moderado y condescender a los dos
bandos enfrentados de la doctrina cristiana.
Por otro lado
y retomando la historia de la literatura
europea, reconocemos en las Confesiones de Rousseau
la publicacin de la primer autobiografa. Jean Starobinski,
crtico literario suizo, explica en su escrito Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo: [Rousseau] va a extender en la duracin biogrfica una
verdad global que el sentimiento posee de una sola vez. Va a dejar que se
deshaga en una multiplicidad de instantes () su unidad y sencillez, para
mostrar () como ha llegado a ser lo que es.[24]
A diferencia de Montaigne, la identidad personal, para Rousseau,
es una y la verdad sobre s mismo llega de modo inmediato a travs el examen de
conciencia. El sentimiento predomina ante la razn: Parece que mi corazn y mi
cabeza no pertenecen a un mismo individuo. El sentimiento, ms rpido que una
centella, se apodera de mi espritu; pero, en vez de iluminarle, me quema y me
deslumbra[25]
La subjetividad inevitablemente aflora de manera transparente pero sta verdad
queda escondida ante la mirada ajena. De este modo, Rousseau
escribir para un pblico pstumo (la primera edicin de Confesiones se
publica en 1782, a cuatro aos de su fallecimiento) con el fin de un
reconocimiento que provenga desde el exterior y logre unificar la personalidad
del autor a travs de la lectura de sus mltiples acontecimientos vividos. Por
ste fin ltimo Rousseau ve la necesidad de decirlo
todo sin dejar nada reservado para s: Slo una cosa tengo que temer en esta
empresa: y no es decir demasiado o decir mentiras, mas no decirlo todo y callar
verdades.[26]
La lectura de Confesiones nos
ensea las ilusiones infantiles, juventud ambulante y marginalidad de un hombre
maduro que intenta mostrar al desnudo todas las enfermedades y pensamientos que
lo aquejan, para as atribuir al lector el compromiso de arribar a conclusiones
justas sobre su persona. Es coherente con stas aseveraciones la manera en termina su obra: He dicho la verdad; si hay
quien sepa algo contrario a lo que acabo de exponer, aun cuando fuese mil veces
probado, no sabe sino mentiras e imposturas () cualquiera que, aun sin haber
ledo mis obras, examinando por sus propios ojos mis sentimientos, mi carcter,
mis costumbres, mis inclinaciones, mis placeres, mis hbitos, pueda creerme un
malvado, es un hombre digno de la horca.[27] La
transparencia del corazn es inmediata para Rousseau
y no tiene duda sobre su verdad pero mientras no es acogida por los otros es,
paradjicamente, una transparencia velada y solitaria. () Slo ser
transparente en acto cuando tenga un testigo a quin aparecer como
transparente.[28]
Observamos en las
Confesiones de Rousseau un punto culminante del
proceso de laicizacin que la confesin sufre a travs de los siglos. La
literatura del yo se vio primariamente enriquecida por una gran cantidad de
textos biogrficos ofrecidos por el pietismo luterano. Su modelo de
espiritualidad pondera la necesidad de una experiencia de conversin personal mediante
el examen de conciencia, una confesin ante Dios. Las Confesiones de San
Agustn demuestran el fundamento de la unidad personal pietista: su relacin a
Dios. Las Confesiones [de Rousseau] estn muy lejos
de las Confesiones tal como fueron concedidas por San Agustn. Aqu no
encontramos la doble acepcin de la palabra-reconocimiento de la obra de Dios
y confesin de los pecados seguidas de contricin[29] Ana
Mara Holzbacher explica que las biografas
concedidas por el pietismo son biografas de la conversin y es en regla con
este gnero que Rousseau muestra en sus Confesiones
la estructura trilgica de Gnesis (infancia feliz, cada en la juventud,
redencin final). Asimismo, San Agustn no se juzga sino que espera el juicio
divino mientras que son los hombres quienes tienen la tarea de juzgar a Rousseau quien, por otro lado, ya ha enunciado un veredicto
sobre su persona: l es inocente.
Retomemos
y recordemos lo previamente expuesto acerca de Montaigne
para relacionarlo con nuestro segundo autor: Es una empresa ms difcil de lo
que parece el seguir una marcha tan insegura como la de nuestro espritu,
penetrar las profundidades opacas de sus repliegues internos, escoger y fijar
tantos incidentes menudos y agitaciones distintas, al par que una ocupacin
nueva y extraordinaria que nos arranca de los quehaceres mundanos, e
incontestablemente de los ms graves [30]. Su yo
es de carcter proteico, metamrfico, por lo cual reina la opacidad del yo al
yo. Lo amorfo de su subjetividad la hace, de algn modo, inalcanzable. El
carcter mvil de las experiencias determinan su modo de escritura: l no
explica sus acciones ya que stas jams podrn calificar a quin las realiza: Puede
dejarse sentado en conclusin, que en las acciones humanas es difcil el dar
preceptos atinados cuyo fundamento sea la razn: el azar juega un papel
importante en todas ellas.[31] Punto
de discordancia con Rousseau: ste ltimo s narrar
sus acciones ya que la opacidad slo se sita en relacin a la mirada de los
otros. Su subjetividad de ningn modo se le presenta como inaccesible, todo lo
contrario, se le revela tal cul es.
Jean Starobinski entiende que la transparencia que caracteriza
los sentimientos rousseaunianos en nada contrara el
ideal de su siglo. El Iluminismo quiere armonizar el instinto con la razn de
tal forma que a sta ltima se le atribuya la verdadera naturaleza del hombre; Rousseau, presentar la superioridad del sentimiento sobre
la razn. Finalmente, el resultado ltimo es el mismo: la autoridad intelectual de la razn y la primaca moral
del sentimiento son con el mismo derecho armas ideolgicas de la burguesa pre-revolucionaria.[32] Esto es
as ya que el Iluminismo francs pretende culminar con el Antiguo Rgimen
monrquico apelando al uso de la razn como gua de todas las acciones. Un Rey
con autoridad divina ya no se adecua a las ideas el Siglo de las Luces. Las
teoras del contrato social (Rousseau- El Contrato
Social -1762) influirn notablemente en una burguesa con un poder econmico
cada vez ms acrecentado y brindarn lineamientos tericos para la llamada Revolucin
Francesa.
En el siguiente apartado se
profundizar en las concepciones de la naturaleza humana de ambos autores para
entender cul es el motor que los lleva a escribir sobre si mismos. Slo de
este modo entenderemos la cuestin particular de sus escritos.
SEGUNDA PARTE
1- De la naturaleza
Rodolfo Mondolfo
cita a Rousseau en Rousseau
y la conciencia moderna: He dejado, pues, a un lado la razn y he consultado
la naturaleza, es decir, el sentimiento interior que dirige mi creencia
independientemente de mi razn[33]. De
este modo, la naturaleza del sentimiento de la interioridad es inseparable del
sentimiento mstico de la naturaleza. En este sentido, Jean Starobinsky
habla de sinceridad irreflexiva refrindose a la autenticidad del discurso en
las Confesiones de Rousseau. La autenticidad no es
nada ms que una sinceridad que ya no est sujeta a un objeto que la precediese
y al que debiese obediencia, lo que Rousseau busca
con su mtodo introspectivo no es de ningn modo el conocimiento de s, sino el
acceso a lo verdadero sobre s mismo en la entrega total al recuerdo y al
sentimiento.
Por otro lado, en El mundo de
Juan Jacobo Rousseau, Jorge E. Dotti
expone de manera concisa parte del cuerpo terico de las ideas rousseaunianas, que consideramos importante ensear, a fin
de comprender la naturaleza del mtodo introspectivo empleado por Rousseau y reflejado en sus escritos como, por ejemplo, en Ensueos
de un Paseante Solitario. El autor propone que el principio que resume la doctrina
rousseauniana podra ser la naturaleza ha hecho al hombre feliz y
bueno, pero la sociedad lo corrompe y vuelve miserable.[34] La
lectura de los escritos de Rousseau revela que el
significado de naturaleza en el vocabulario rousseauniano
vara y posee mltiples acepciones. Natural se podra relacionar con lo
originario, as como tambin con lo esencial.
Esto es as porque Rousseau considera que el
hombre natural es aqul poseedor de la esencia que lo torna l mismo, lo natural
ser as lo especficamente humano. Contrapone civilizacin y cultura para
explicar que, es en el hombre natural donde se refleja del modo ms claro la
bondad originaria del sentimiento y la relacin directa con la Naturaleza. El
hombre de la naturaleza es un punto de referencia de toda consideracin del
tipo social y moral, no es un ser histrico y real sino una suerte de
abstraccin lgica. En su obra Emilio, Rousseau sealar
el mtodo para llegar a la pureza del hombre natural. Para l, se deber
eliminar las sucesivas contaminaciones aadidas por la cultura ficticia y
artificiosa que resultan en el amor propio, siempre egosta[35].
No nos adentraremos en la
doctrina filosfica-moral de Rousseau ya que no es el
objetivo del presente trabajo desplegar sus desarrollos socio-polticos ni sus
planes pedaggicos. Simplemente debe quedar
aprehendido que, la naturaleza significa exigencia de libertad y de
desarrollo integral del hombre.[36] Entonces,
cuando Rousseau se sumerge en su propia interioridad,
no hace otra cosa que buscar el ideal de libertad del hombre para as acceder
al sentimiento de comunin con la Naturaleza. En el sptimo paso de Ensueos
de un Paseante Solitario Rousseau declara: No
medito, no sueo nunca ms deliciosamente que cuando me olvido de m mismo.
Siento xtasis, extraordinarios embelesos fundindome, por as decir, en el
sistema de los seres identificndome con la naturaleza entera.[37]
La Francia del siglo XVIII
margina la verdad que Rousseau intenta transmitir, y
de este modo, lo confina a otra forma de expresin: su autobiografa. sta,
vendr a ofrecer un elemento de comparacin entre los hombres, ya que l ofrece
una imagen del hombre universalmente vlida. De ste propsito se desprenden
las dos exigencias previamente expuestas: deber decir la verdad, y del mismo
modo, decirlo todo. J. Starobinksy seala al
respecto: la posibilidad de alcanzar lo verdadero reside en esta libertad de
la palabra y el movimiento espontneo del lenguaje[38] Rousseau pretende entregarse por completo al recuerdo y
escribir cronolgicamente los sucesos sin preocuparse por la uniformidad del
texto resultante, y por ello: lo modificar son escrpulos, segn mi humor[39] Aqu
vemos otro punto de discordancia entre los escritos de Rousseau
y los Ensayos de Montaigne. ste ltimo entiende
que una vez publicadas sus obras, ya no se tiene derecho alguno sobre ellas y
por ello aconseja a los escritores que piensen despacio antes de producirse.[40]
Antes de proseguir, cabe destacar
un hito en la vida de Rousseau que repercute
inevitablemente en sus obras literarias. l sufre de delirio de persecucin y
prueba de ello es la lectura de las Confesiones: Vi
varias cosas, y entre otras las islas Borromeas, que
mereceran ser descritas; pero me falta tiempo, me rodean los espas; me veo
obligado a hacer aprisa y mal un trabajo que exige el espacio y la tranquilidad
que me falta[41]
El miedo al arrebato de su manuscrito crece, ya sea por persecuciones reales o
imaginarias, y este hecho cambia de manera drstica la mirada que Rousseau sostiene de los otros. Mientras que al principio
se senta requerido a hablar, luego tiene la impresin que sus adversarios
emplean todos los medios para impedirle que escriba y que sea escuchado[42]. En Ensueos
de un Paseante Solitario se producir de este modo un quiebre en la prctica
de la confesin. Simultneamente, se conserva el objetivo de decirlo todo pero
con un fin diferente: debido a la prdida de esperanzas en mostrar su
transparencia al otro, ya no espera el juicio del pblico y seala que lejos est
en su pretensin encontrar un lector. Los Ensueos sern escritos para
recordar los cortos momentos de delirio y pasin que, paradjicamente, son
aquellos que no dejan huella: Las distracciones de mis diarios paseos se han
llenado a menudo de encantadoras contemplaciones cuyo recuerdo me lastimo de
haber perdido. Fijar por medio de la escritura las que an me vengan a la
mente; gozar cada vez que las relea.[43]
2-
Tranquilos en el fondo del abismo
Una vez enunciados algunos de los
principios rousseaunianos en el punto anterior de
nuestro informe, se podr comprender mejor la caracterstica particular de las
condiciones de produccin de los escritos de Rousseau:
la soledad. Esta caracterstica es compartida por Montaigne,
aunque, como veremos, en calidad diversa.
Haba recibido de la Naturaleza
la sensibilidad contra la cual nada pueden las preocupaciones[44] En la
soledad del estado de la naturaleza, no habra ni deberes ni valores, y por
ello, sta constituira un estado pre-social y
amoral. Le basta el amor de s (sentimiento innato) para conservarse a s
mismo, y lo atempera con la piedad (conciencia intuitiva de la identidad con
sus semejantes en cuanto seres sensibles) De este modo, se entiende la
necesidad de Rousseau de ajustar su modo de vida a
sus principios: Este cario por los objetos imaginarios y la facilidad de
embeberme en ellos acabaron de disgustarme de cuanto me rodeaba y determinaron
este amor a la soledad, que desde entonces jams me ha abandonado.[45] Rousseau entiende la vida en comn con otros hombres como
factor que incide en la disminucin de nuestra libertad ya que la dependencia
creada por las relaciones individualizadas entre los seres humanos nos aleja
del ideal de autosuficiencia.
Tzvetan Todorov,
en su ensayo dedicado a Rousseau, advierte el valor
de ser capaz de distinguir entre una libertad autntica y otra que slo lo es
en apariencia. Indica que el estar sometido a la opinin ajena demuestra la
esclavitud del hombre al hombre desvindolo de su capacidad de autosuficiencia y
alejando el sentimiento de amor de s. Al replegarse sobre el alma y al cortar
las relaciones exteriores que le vuelven exigente, renunciando a las
comparaciones y a las preferencias, se ha contentado con que yo fuera bueno
para m; al volverse entonces amor de m mismo, ha entrado en el orden de la
naturaleza y me ha liberado del yugo de la opinin.[46]
Si recordamos la crtica de Rousseau a la falsa sinceridad de Montaigne,
entenderemos con mayor profundidad el porqu de esta reprobacin. Montaigne se esconde como sujeto de opinin, la verdad que
sus Ensayos buscan queda confinada a lo pblico. De all su pudor y reserva.
En cambio, Rousseau se mantiene alejado de los
influjos de la opinin ajena. En Confesiones cuenta que, en principio, la
vergenza y cobarda le impidieron divulgar sus ideales por ser contrarios a
las mximas de su siglo. Pero cuando en nombrado ganador del premio de la
Academia de Dijon con su Primer Discurso[47], Rousseau dice sentirse un hombre nuevo y resuelve continuar
su transmisin a pesar de la oposicin. Luego, agrega: Nada me pareci tan
grande y bello como el ser libre, virtuoso, superior a la fortuna y a la
opinin, y bastarse a s mismo.[48]
En cuanto a la soledad, Rousseau comienza el primer paseo de Ensueos de un Paseante
Solitario diciendo: Heme aqu, pues, solo en la tierra, sin ms hermano,
prjimo, amigo ni sociedad que yo mismo. El ms sociable y el ms amante de los
humanos ha sido proscrito de ella por un acuerdo unnime.[49] Se ve,
entonces, que Rousseau no ha buscado la incomunicacin;
en sus propias palabras, fueron los otros quienes han roto violentamente todos
los lazos que me ligaban a ellos.[50]
Volvemos a citar un extracto del sptimo paseo: me he vuelto solitario o, como
ellos dice, insociable y misntropo, porque la ms huraa soledad me parece referible
a la sociedad de los malvados que slo se nutre de traiciones y de odio.[51] En este
primer paseo Rousseau declara que ya no hay bien ni
mal que pueda ejercerse sobre su persona; ya no espera nada del mundo ni de los
otros, se encuentra tranquilo en el fondo del abismo.[52] En el
ensayo sealado de T. Todorov, ste aprecia que la insistencia del mismo en
exponer su soledad, como el estado de mayor felicidad, vuelve dudosa cualquier
interpretacin de sta soledad en un sentido literal. Primeramente, todos sus
libros pretenden una publicacin, sea pstuma o inmediata. Cada vez que Rousseau toma su pluma aspira a ser ledo. Por otro lado,
si consideramos que Rousseau procura ser un ejemplo
moralizador, l no puede evitar cierta mediacin con la sociedad que al mismo
tiempo evita. l ama a la humanidad, la soledad es contraria no al estado
natural sino a la naturaleza del hombre tal como existe realmente, es decir, en
sociedad.[53]
De este modo, T. Todorov distingue entre la soledad
literal y la comunicacin limitada, concepto ms apropiado para entender la
lejana de contacto entre Rousseau y sus otros.
Previamente, se ha enunciado en
el anlisis de Confesiones la certeza de Rousseau
en cuanto a su unidad personal; ahora, la lectura de Ensueos nos demuestra
que ya no tiene esperaza de reunir la transparente subjetividad de los hombres:
Pero yo, desligado de ellos y de todo, qu soy yo mismo? Ve aqu lo que me
queda por buscar. Desgraciadamente, tal bsqueda debe ir precedida de un
intuito a mi posicin. Es sta una idea por la que necesariamente ha de pasar
para llegar de ellos a m.[54] El
examen de s mismo ya no ser una confesin de la verdad para los otros con el
fin de resucitar la capacidad de sentir la inspiracin de la conciencia,
extraviada en la cultura artificial y embarazosa.[55] Ahora,
la indagacin sobre si mismo tendr otra finalidad: Acometo la misma tarea de Montaigne, pero con un objeto completamente contrario al
suyo: l no escribi sus Ensayos sino para los dems y yo no escribo mis
ensoaciones sino para m. Si en mis ms viejos das () permanezco, como
espero, en la misma disposicin en que estoy, su lectura me traer la dulzura
que siento al escribirlas y, haciendo renacer de este modo para m el tiempo
pasado, doblar por as decir mi existencia[56] Rousseau, entonces, busca en aquellos momentos solitarios
donde l es plenamente l mismo, la esencia de su existencia, soy lo que la
naturaleza ha querido.[57]
Resta an presentar la condicin
que Montaigne entiende como fundamental para el
hablar de s, la soledad: El fin ltimo de la soledad es, a mi entender, vivir
sin cuidados y agradablemente () Donde quiera que el alma est ocupada, toda
ella es absorbida; por ser los quehaceres domsticos menos importantes, no
dejan de ser menos importunos.[58] De este
modo, el propsito de la soledad no es otro que recogerse y entrar de lleno en
la posesin de s mismo[59] Reparemos
en que Montaigne lleva la soledad al extremo al
proponer el aislamiento total como el medio indicado para disfrutarla de la
manera ms cmoda y provechosa. El trabajo, ya sea pblico o privado, nos
despoja de nosotros mismos y por ello cita a Tirulo: Se un mundo para ti mismo
en solitarios lugares.[60]
Montaigne erige una crtica a la nobleza
de la Europa del siglo XVI ya que fundamentar la recompensa de las acciones
virtuosas en la aprobacin ajena es aceptar un inciertsimo
y turbio fundamento, sealadamente en un siglo corrompido e ignorante como
ste; la buena estima del pueblo es injuriosa.[61] La
tica dominante de su poca era la del honor, reinaba la ambicin del bien pblico, el amor
propio y la hipocresa. En el apartado del libro primero titulado De la
Soledad Montaigne explica que su filosofa es
sencilla, contraria a la de Cicern y Plinio el joven,
la cul es inseparable de la ostentacin y slo persigue la gloria. La
disposicin de nimo que ms se aparta del retiro, es precisamente la ambicin,[62] as, buscar
la aprobacin y admiracin ajena es excluyente del ejercicio del recogimiento
interno que tanto anhela Montaigne. En el mismo
captulo, transcribe un largo prrafo con las enseanzas de Epicuro y Sneca, y
por ello se podra afirmar que Montaigne toma de los
epicreos y de la filosofa estoica la necesidad de alejarse de las comodidades
materiales para alcanzar la prudencia en el actuar, la tranquilidad y
felicidad.
Ensayar es un estudio sobre si
mismo, toma la condicin humana de la cul todo hombre ofrece evidencia
suficiente para alcanzar una ascesis y experiencia de s mismo. En su
aislamiento y con sus escritos, Montaigne rompe con la
literatura ascensional antigua vigente hasta su poca y ligada a la metafsica.
Santiago Kovadloff en Montaigne
no hace pie hace referencia a aquella subjetividad inconclusa de Montaigne que lo mueve a ensayar en sus escritos: hablar
de uno es hablar de lo inviable como certeza, de lo inviable como objeto de
saber apodctico.[63] Montaigne habla mucho de s, permanentemente, y por eso se
defiende: Si el mundo se queja porque yo habl de m demasiado, yo me quejo
porque l ni siquiera piensa en s mismo[64] Montaigne, en su irona es un gran conversador y encuentra
en la prctica de la conversacin un deleite particular: encuentro su prctica
ms dulce que ninguna otra accin de nuestra vida, por lo cual si yo ahora me
viera en la precisin de elegir, a lo que creo, consistira ms bien en perder
la vista que el odo o el habla [65]
Por el contrario, Rousseau
se considera a si mismo un psimo hablador. Su calidad de pobre parlanchn,
segn la describe T. Todorov, es probable que haya
ejercido notable influencia en su alejamiento del medio burgus. El poseer
facilidad de oratoria era una condicin fundamental para alcanzar el xito
social en la burguesa francesa del siglo XVIII. El Libro Duodcimo
de Confesiones, escrito entre 1962 y 1965, cuenta de las duras acusaciones
que la Iglesia protestante ejerce sobre Rousseau, as
como tambin de su intento por reconciliarse con la misma. Rousseau
resuelve dirigirse al ministro, el seor de Montmollin,
para ser admitido por la institucin protestante y se sorprende cuando ste
accede a admitirlo en comunin. Sin embargo, en 1764, se publicara Cartas
escritas desde la Montaa, obra que sera inmediatamente censurada por el
clero protestante. Por ello, Rousseau es citado ante
un consistorio para dar cuenta de su fe e impedir ser excomulgado. A pesar de tener en su favor la proteccin
del rey y la autoridad del consejo del Estado, Rousseau
no poda mas que balbucear el discurso que haba preparado durante das y
aprendido de memoria: Qu poda yo esperar de m, conociendo mi ineptitud
para expresarme de repente? [66]
La falta de ngel para la
conversacin confina a Rousseau a sus plantas y a sus
libros. Ya desde pequeo, ste encuentra devocin por la lectura: No s lo que
hice hasta los cinco o seis aos, ni cmo aprend a leer. Recuerdo slo mis
primeras lecturas y el efecto que me causaban; desde entonces juzgo que empiezo
a tener conciencia de m mismo () pronto creci el inters de tal manera, que
nos pasbamos las noches de claro en claro, leyendo alternativamente, sin dejar
el libro hasta su conclusin.[67] Rousseau comparte esta pasin con Montaigne,
as como tambin, la preferencia por la lectura de Plutarco. El cuarto paseo de
Ensueos de un paseante solitario comienza diciendo: Del pequeo nmero de
libros que an leo a veces, Plutarco es el que ms me atrae y me aprovecha. Fue
la primera lectura de mi infancia, ser la ltima de mi vejez; es casi el nico
autor al que nunca he ledo sin sacar algn fruto[68]. Del
mismo modo, Montaigne en sus apartado Del los
libros afirma: Cuanto a los autores en que la enseanza va unida al deleite,
en los cuales aprendo a poner orden en mis ideas y en mi vida, los que ms me
placen son Plutarco, desde que Amyot lo traslad a
nuestra lengua, y Sneca el filsofo.[69]
De esta simpata a la lectura, se
desprender una nueva diferencia entre Montaigne y Rousseau. En el aislamiento de lo alto de su torre y entre
su inmensa biblioteca, Montaigne pasa sus das en
dilogo nicamente con el legado escrito de los muertos. Por otro lado, donde Rousseau encuentra el sentimiento de su existencia es en
aquella comunicacin limitada que lo acerca a un estado de xtasis y goce de
s mismo. En el quinto paseo, Rousseau cuenta su
estancia en la isla de San Pedro y asegura que aqul fue el momento de mayor
felicidad de su vida. Esto es as porque en su estada l lograr entregarse de
lleno a la ociosidad y acceder a ste estado pleno en sus paseos y reflexiones
solitarias. All, sus libros permanecen en cajas cerradas, y reemplaza papeles
por flores y heno: Seguir con los libros en las cajas y carecer de escritorio
constitua, en especial, una de mis mayores delicias[70] A
nuestro entender, el quinto paseo expone del modo ms claro la propuesta de T. Todorov de comprender la soledad rousseauniana
como comunicacin limitada. Su soledad es en compaa: todas las maanas
despus de desayunar junto a su esposa, se marchaba slo con el proyecto de
realizar un inventario con la descripcin de todas las plantas de la isla. Al
cabo de dos horas volva para ir con el receptor de la mansin, su mujer y
Teresa (la esposa de Rousseau) en un paseo conjunto.
Del mismo modo paseaban todos juntos por las noches y ocasionalmente se
organizaban fiestas como, por ejemplo, con el motivo de celebrar la fundacin
de una pequea colonia de conejos en una de las islas pequeas. Vemos,
entonces, que la soledad de Rousseau podra
equipararse a una concepcin de la misma ms prxima a la nuestra. Su soledad
implica un vaivn de ida y vuelta, de s mismo a la sociedad y viceversa.
Queda claro, entonces, que Rousseau no aspira a la soledad absoluta. El aislamiento
total sera un estado ms prximo al nivel de soledad que Montaigne
pretende alcanzar en lo alto de su torre.
COMENTARIOS
FINALES
Desde
lo alto de su torre colmada de libros, as como desde la lejana de sus
bosques, Montaigne y Rousseau
se mostraron al mundo a travs de sus escritos al literaturizar los
paisajes ocultos de sus almas. A modo de gua, el lema dlfico concete a ti
mismo parece guiar su prctica de introspeccin y desembocar en producciones
literarias inditas para sus pocas.
No
obstante, con el presente trabajo, se cree haber podido demostrar que los
puntos de contacto entre Jean-Jacques Rousseau y Michel de Montaigne van mucho ms
all de ser ejemplos paradigmticos en la historia de la literatura del yo.
Lo peculiar de sus escritos responde a
modos nicos y originales de concebir la realidad humana y su
naturaleza.
Por
ello, an siglos despus de muertos, Montaigne y Rousseau continan despertando pasin y ejerciendo notable
influencia en quienes se acercan a su lectura.
BIBLIOGRAFIA
Bibliografa Primaria
Montaigne, Michel de: Ensayos,
Pars, Casa editorial Garnier Hermanos, 1899 (1850).
Plutarco,
Vidas Paralelas, Ediciones
Electrnicas digitalizadas por www.imperivm.org
Rousseau, Jean-Jacques: Las Confesiones, Mxico, Coedicin del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes y Editorial Ocano, 2004 (1782)
Rousseau, Jean-Jacques: Ensueos de un Paseante Solitario. Ediciones electrnicas
digitalizadas por www.librodot.com
Bibliografa Secundaria
Auerbach, Eric: Mimesis,
la representacin de la realidad en la literatura occidental, Mexico, Fondo de Cultura Econmica, 1960.
Burke, Peter: Montaigne, Madrid, Alianza Editorial, 1985
Corominas, Joan: Diccionario
Crtico Etimolgico Castellano e Hispnico, Madrid, Editorial Gredos, Volumen I, 1991
Dotti, Jorge E.: El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Buenos
Aires, Centro Editor de AmricaLlatina, 1980
Gusdorf, Georges: Naissance de la Consciente Romantique
au Siecle des Lumiers,,
Payot, 1976.
Holzbacher , Ana Mara: Las Confesiones de J.J. Rousseau:
una obra entre dos gneros, en Anuario de
la Sociedad Espaola de Literatura General y Comparada N 4, 1981.
Kovadloff, Santiago: Montaigne
no hace pie en Cuadernos Hispanoamericanos N 646,
Madrid, Grfica Varona S.A, 1994
Mondolfo, Mondolfo: Rousseau y la conciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba, 1962.
Starobinki, Jean: Jean-Jacques
Rousseau, la transparencia y el obstculo, Madrid,
Editorial Taurus, 1983.
[1] Plutarco, Vidas Paralelas,
Ediciones Electrnicas digitalizadas por www.imperivm.org
[2] Michel de Montaigne: El autor al lector en Ensayos, Pars,
Casa editorial Garnier hermanos, 1899 (1580), tomo I,
pgina 1.
[3] Michel de Montaigne: Por diversos caminos se llega a semejante fin en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 3
[4] Michel de Montaigne: De la inconstancia de nuestras acciones en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 285.
[5] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 181
[6] Diccionario Crtico Etimolgico Castellano e Hispnico por Joan Corominas, Madrid, Editorial Gredos, Volumen I, 1991.
[7] Michel de Montaigne: De la ejercitacin en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 323.
[8] Michel de Montaigne: De la inconstancia de nuestras acciones en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 287
[9] Michel de Montaigne: De la educacin de los hijos de Diana de Foix, condesa de Gurson en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 126
[10] Michel de Montaigne: De los libros en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 354
[11] Michel de Montaigne: Consideraciones sobre Cicern en Ensayos, op.cit., tomo I,, pgina 198
[12] Ibid. pgina 199
[13] Michel de Montaigne: El autor al lector en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 1.
[14] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 330.
[15] Michel de Montaigne: De la educacin de los hijos de la seora Diana de Foix, condesa de Gurson en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 106.
[16] Essayer significa probar, intentar de en la lengua francesa.
[17] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 181
[18] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., 1899, tomo III, pgina 330
[19] Gusdorf, Georges: El Advenimiento del yo en Naissance de la Consciente Romantique au Siecle des Lumiers, Paris Payot, 1976, pgina 322.
[20] La Reforma protestante del siglo XVI produjo una gran crisis en la Iglesia Catlica la cul se vio debilitada ante la prdida de numerosos fieles y respondi con la llamada Contrarreforma o Reforma Catlica. La doctrina catlica qued as dividida en catlicos y protestantes.
[21] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 317.
[22] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones, Mxico, Coedicin del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Editorial Ocano, 2004 (1782), Libro Dcimo, pgina 472
[23] Michel de Montaigne: El autor al lector en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 1.
[24] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, Madrid, Editorial Taurus, 1983, pgina 233-234
[25] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op.cit, Libro Tercero, pgina 100
[26] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. cit., Libro Cuarto pgina 159
[27] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. Cit, Libro Duodcimo pgina 600
[28] Jean Starobinki: Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit., pginas 226-227
[29] Ana Mara Holzbacher: Las Confesiones de J.J.
Rousseau: una obra entre dos gneros, en Anuario de
la Sociedad Espaola de Literatura General y Comparada N 4, 1981 ,
paginas 105-114
[30] Michel de Montaigne: De la ejercitacin en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 322.
[31] Michel de Montaigne: Maana ser otro da en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 309
[32] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit., pgina 229
[33] Michel de Montaigne: carta de 1758, citado por Rodolfo Mondolfo: Rousseau y la conciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba, pgina 37
[34] Rousseau citado por Jorge E. Dotti en: El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, 1980, pgina 26
[35] Jorge E. Dotti: El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina S.A., 1980, pgina 37
[36] Rodolfo Mondolfo Rousseau y la conciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba, 1962, pgina 47
[37] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Ediciones electrnicas digitalizadas por www.librodot.com, pgina 40
[38] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit., pgina 240
[39] Rousseau citado por J. Starobinksi en: Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op. cit., pgina 240
[40] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 330
[41] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. Cit, Libro Sptimo pgina 295-296
[42] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit, pgina 236
[43] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos
de un Paseante Solitario. Op. Cit.,
pgina 4
[44] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. Cit., Libro Sptimo pgina 286
[45] Ibid,
pgina 35
[46] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 48
[47] En 1749 la Academia de Dijon ofrece un premio al mejor ensayo que resuelva si el progreso de las ciencias y de las artes habra contribuido a corromper o depurar las costumbres. Ante esta consigna, Rousseau participa con su Discurso sobre las ciencias y las artes, el cul es galardonado y permite a su autor alcanzar la fama como intelectual. Contrario a lo que respondera el Siglo de las Luces, Rousseau ofrece una crtica al egosmo y lujos modernos de la cultura elitista de su poca. En este Primer Discurso aparece por primera vez la idea de cierta corrupcin introducida por la civilizacin a una inocencia del estado natural del hombre.
[48] Jean Jacques Rousseau: Las Confesiones, Libro Sptimo, Op. Cit, pgina 325
[49] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos
de un Paseante Solitario. Op. Cit.,
pagina 1
[50] Ibid,
pgina 1
[51] Ibid,
pgina 40
[52] Ibid, pgina 4
[53] Tzvetan Todorov: El individuo solitario en Frgil Felicidad. Un ensayo sobre Rousseau, Barcelona, Ed. Gedisa, 1986, pgina 57
[54] Ibid, pgina 1
[55] Rodolfo Mondolfo: Rousseau y la conciencia moderna, Op, Cit., pgina 38
[56] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos
de un Paseante Solitario. Op. Cit.,
pgina 5
[57] Ibid,
pgina 6
[58] Michel de Montaigne: De la soledad en Ensayos, op.cit, tomo I, pgina 186
[59] Ibid, pgina 187
[60] Tirulio citado por Montaigne en: Ensayos, op.cit., tomo I, , pgina 188
[61] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 183
[62] Michel de Montaigne: De la soledad en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 192
[63] Santiago Kovadloff: Montaigne no hace pie en Cuadernos Hispanoamericanos N 646, Madrid, Grfica Varona S.A, 1994
[64] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit, tomo III, pgina 181
[65] Michel de Montaigne: Del arte de platicar en Ensayos, op.cit, tomo III, pgina 292
[66] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op.Cit, Libro Duoccimo pgina 573
[67] Ibid, pginas 6
[68] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 18
[69] Michel de Montaigne: De los libros en Ensayos, Op.Cit., tomo II, pgina 353
[70] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 21-28
[*] El
presente trabajo fue realizado en el marco del Seminario Breve Historia del Yo,
dictado por el Dr. Pablo Pavesi, ctedra I Historia
de la Psicologa, Facultad de Psicologa, UBA.