Michel de Montaigne, Jean-Jacques Rousseau

y los paisajes ocultos de sus almas[*]

Martina Silverio Marenco


INTRODUCCIN

 

Por medio del presente trabajo, se pretenden delinear los puntos de coincidencia y discordancias de dos pensadores y escritores que forman parte de una literatura particular, tarda en la historia de los gneros literarios, la literatura del yo. Se abordarn obras de Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) y de Jean-Jacques Rousseau (1772-1778) con el fin de mostrar entrecruzamientos posibles entre dos autores cuyos escritos revelan el ejercicio sostenido de un anlisis de conciencia con el fin de poder as describir los paisajes ocultos de su alma.

En la primer parte del trabajo, pretendemos introducir una breve evolucin del yo en la literatura para as brindar al lector un panorama amplio que le permita entender lo novedoso de los Essais de Montaigne y, luego, de Las Confesiones de Rousseau. Cada uno de estos escritos puede considerarse un punto sobresaliente en la historia de la literatura del yo y, por ello, es menester ubicarnos en los caminos que la subjetividad, como objeto de discurso, recorri para emerger como entidad autnoma mediante el ejercicio de la introspeccin.

La estructura y contenido de cada uno de estos escritos demuestran divergencias en el cuerpo de pensamiento de los autores, as como tambin puntos de contacto. En una segunda parte de nuestro informe, se pretende elaborar una comparacin minuciosa de aquellas concepciones de la realidad humana y de su naturaleza. Dichas concepciones se reflejarn en la tcnica y prctica que estos autores asumen en cada uno de los mtodos introspectivos. Para lograr nuestro objetivo intentaremos develar, entre otras cosas, los fundamentos que alimentan la necesidad de contar experiencias privadas, o de comprender por qu la soledad es fundamental en tal ejercicio.

En fin, este informe pretende introducirnos hondamente en la interioridad personal de nuestros autores tomando como premisa que tanto Essais (1580), Las Confesiones (1782) as como Ensueos de un Paseante Solitario (1782) constituyen testimonio de su verdad subjetiva.


PRIMERA PARTE

 

1- De un Yo en el cosmos a un Yo en lo ntimo

 

El perodo helenstico inaugurado con la muerte de Alejandro Magno en 323 a.c. marca un cambio en la concepcin occidental del hombre. Antiguamente, reinaba la nocin aristotlica del hombre como un animal poltico cuya felicidad y plenitud dependan del ejercicio del deber cvico en la polis. As, la individualizacin quedaba subordinada a la libertad concedida por la vida poltica y pblica y, por ello, la definicin del hombre se efectuaba en relacin con los otros y no en el mbito privado. El logos helnico da cuenta de un hombre subordinado al cosmos, un sistema ordenado y armonioso dotado de un determinismo soberano sobre cada momento de la vida del individuo. El sujeto no asume todava una completa autonoma de su persona. De este modo, se llega a la conclusin de que es imposible la existencia de subjetividad alguna en la literatura antigua. El yo antiguo slo se expone mediante la narracin de acciones pblicas pero nunca a travs de la descripcin de una perspectiva interna. Ms tarde, con la desaparicin de la polis como lugar autnomo, el hombre deber encontrar su felicidad en formas alejadas de la colectividad.

Para citar un ejemplo de la literatura correspondiente a este perodo, se podra hacer referencia a Vidas Paralelas de Plutarco, quin pretende en este libro reunir varias biografas de griegos y romanos con el objetivo de mostrar el carcter moral de cada personaje. En el primer prrafo de Vida de Alejandro, el autor indica que: ni es en las acciones ms ruidosas en las que se manifiestan la virtud o el vicio, sino que muchas veces un hecho de un momento, un dicho agudo y una niera sirven ms para pintar un carcter que batallas en que mueren millares de hombres, numerosos ejrcitos y sitios de ciudades.


[1]


Su objetivo no es narrar historias sino escribir vidas y entiende que el mejor modo de hacerlo es indagar en las acciones efectuadas, an siendo stas de apariencia trivial.

Posteriormente, el modelo del cosmos perder vigencia ante el dominio cristiano, a travs del cul se impondr la idea de un poder universal, sustentado y sostenido en un Dios nico y verdadero. Tambin, de este modo, la conciencia del hombre queda avasallada ante un destino exterior y eterno que le impide reconocer la facultad para gobernar su propia vida. Como fenmeno occidental, y ofreciendo el arquetipo de la confesin, como una nueva forma de produccin de deseos y de verdades, el cristianismo brindar el marco adecuado para el desenvolvimiento de diversas modalidades de escritura pre-autobiogrficas. En El Advenimiento del yo, Georges Gusdorf sostiene que, tanto la ley cosmolgica como la teolgica, obstaculizan a la conciencia de si. Evidencia de esto ltimo son las Confesiones de San Agustn del siglo IV de nuestra era, donde el yo narrador slo se realiza en relacin a Dios. La interioridad agustiniana no corresponde en si a lo humano sino a la manifestacin divina.

Ser Montaigne, con la publicacin de Essais en 1580, el fundador del ensayo como gnero literario. Ensayos est constituido por tres tomos en los que se renen una multiplicidad de citas, ancdotas y ejemplos copiados, todos ellos articulados por impresiones personales que confieren a esta obra una particularidad muy ntima, aspecto que el gnero de ensayo conservar en su posterioridad. En el captulo VI del segundo libro, titulado De la ejercitacin, Montaigne seala que no hay huella alguna en la historia del gnero literario que se registre como precedente a su obra, y que si se conocen un par de nombres de filsofos antiguos que hayan seguido su camino, nunca se sabr si lo han hecho de manera equivalente a la suya.

Montaigne pretende trazar un retrato fiel de su propia persona: Si mi objetivo hubiera sido buscar el favor del mundo, habra echado mano de adornos prestados; pero no, quiero slo mostrarme en mi manera de ser sencilla, natural y ordinaria, sin estudio ni artificio, porque soy yo mismo a quien pinto.[2] Por supuesto que la empresa de mostrarse en su forma natural y ordinaria recibe mltiples acusaciones como la de ser infructuosa, superficial y de erguirse como atentado al alma cristiana. En la introduccin a sus Ensayos, Montaigne advierte que el pblico al cual pretende dirigirse no es otro ms que a sus parientes y amigos, para que los mismos, mediante este escrito, conserven recuerdos de rasgos de su humor y carcter tras su muerte.

Mientras que Georges Gusdrof le atribuye a los Ensayos de Montaigne la condicin de autobiografa desordenada, Erich Auerbach en Mimesis, la representacin de la realidad en la literatura occidental niega que stos constituyan una obra autobiogrfica. El ensayo presenta caractersticas particulares de espontaneidad y azar, sigue un ritmo interno propio que hace viable la comunicacin del espritu del autor. Preciso es reconocer que el hombre es cosa pasmosamente vana, variable y ondeante, y que es bien difcil fundamentar sobre l juicio constante y uniforme[3]. No hay idea de identidad personal en Montaigne mas que la de un ser fragmentario en el tiempo, ondulante. Yo no puedo formular ninguno [juicio] sobre m mismo que sea concluyente,  sencillo y slido, sin confusin y sin mezcla, tampoco resumirlo en una palabra: Distingo es el trmino ms universal de mi lgica[4]. Del mismo modo, en el apartado Del arrepentimiento del tercer libro, Montaigne explica: Yo no pinto el ser, pinto solamente lo transitorio[5]. Sus escritos mostrarn una reflexin de s mismo en parcelas, no pretendern exhibir su ser, sino su siendo. Con estas afirmaciones se demuestra que es insostenible atribuirle a los Ensayos de Montaigne la condicin de surgir como autobiografa. Si se indaga en referencias etimolgicas, la palabra autobiografa proviene de la unin de tres palabras del idioma griego, estas son: ατός autos= "propio", βίος bios= "vida" y γράφειν grafos= "escritura"[6] y por ello, hace referencia a una operacin de escritura que una persona realiza sobre su propia vida para unificar las experiencias vividas en un conjunto que integre su yo personal. De este modo, Montaigne estara anulando el proceso lineal del tiempo que caracteriza al relato autobiogrfico.

Es su deber mostrar su esencia -ondulante- , y no slo exponer simples acciones o gestos, ya que las acciones de mi vida tienen mayor relacin con la fortuna que conmigo mismo () son muestras de una parte del individuo y no de la totalidad del mismo[7] y del mismo modo afirma no es de ningn modo cuerdo ni sensato el juzgarnos solamente por nuestras acciones exteriores, es preciso introducir la sonda hasta lo ms recgnito de nuestra alma[8]. Asimismo, Montaigne entiende que no puede haber una definicin de su persona y escribe como habla: El hablar de que yo gusto es un hablar sencillo o ingenuo, lo mismo cuando escribo que cuando hablo; un billar sustancioso y nervioso, corto y conciso[9]. Peter Burke, en Montaigne, realiza un anlisis de la esttica de los Ensayos. All, resalta el rechazo evidente que Montaigne establece en relacin a la prosa de Cicern. La de ste ltimo jams deja al lenguaje y al pensamiento sin control, mientras que la prosa de Montaigne es lo opuesto, concisa y desordenada. En De los libros, captulo X del tercer libro, Montaigne se refiere a la obra de Cicern: Si le leo durante una hora, lo cual es mucho para m, y trato luego de recordar la sustancia que he sacado, casi siempre lo encuentro vano, pues al cabo de ese o no llego an a los argumentos pertinentes al asunto de que habla[10]. En otro captulo, titulado Consideraciones sobre Cicern (captulo XXXIX del primer libro), afirmar que su modo de escribir es inverso al de la extravagancia retrica: Mi estilo es naturalmente familiar y festivo, pero de forma que me es peculiar; impropio para las pblicas negociaciones, como mi conversacin; demasiado conciso, desordenado, cortado, particular, y nadie ms inhbil que yo para escribir cartas de ceremonia de esas que no tienen mayor sustancia de la que la que encierra un bello amalgamamiento de palabras corteses[11] En la pgina siguiente y refirindose a stas cartas, l declara: ()las transcribo nunca. Las empiezo de buen grado, sin plan; la primera frase engendra la segunda. Las cartas que ahora se redactan ms se componen de adornos y prefacios que de ideas[12]

Los Ensayos constituyen as, un conjunto heterogneo de observaciones y pensamientos de lo ocurrido en su mundo circundante, que vienen a salvar o a compensar la falta de unidad en la persona de Montaigne, ya que la nica forma de descifrarse a s mismo, es respetando la cualidad ms caracterstica del hombre: su inconstancia. Soy yo mismo el contenido de mi libro[13] y, al mismo tiempo, Mi libro es uno[14], el seor de Montaigne se constituye a travs de su discurso, adviene l mismo slo en calidad de autor. No busco otro fin distinto al de trasladar al papel lo que dentro de m siento, que acaso ser distinto maana, si enseanzas nuevas modifican mi manera de ser[15] y de aqu que llamar Essais[16] a sus escritos, como intento de perseguir su unidad personal. l no buscar simplemente contar sus experiencias, sino fundarse a s mismo en el acto de escritura. Su libro resulta una bsqueda, un ensayo que no tiene un plan previsto: Quien conversa vulgarmente y escribe de modo diestro declara que su capacidad reside en mi lugar de donde la toma, no en l mismo. Un personaje, sabio no lo es en todas las cosas; mas la suficiencia en todo se basta, hasta en el ignorar vamos conformes y en igual sentido, mi libro y yo.[17] De este modo y partiendo del hecho de que la escritura construye eso mismo que explora, el s mismo, se entiende que Montaigne jams corrige su libro Yo aado siempre pero no enmiendo nunca[18].

Segn Georges Gurdorf el momento histrico de Montaigne es la mutacin renacentista de valores[19], la prioridad de la relacin a Dios se ve debilitada ante la multiplicidad de modos de leer e interpretar la Biblia[20] y los nuevos descubrimientos cientficos han quebrantado la idea del cosmos tradicional. El examen de conciencia del individuo constituir una nueva sabidura del repliegue interno. Los Ensayos son testimonio literario de este nuevo centro de valor de la existencia humana, el yo ntimo que sentar un precedente para el surgimiento de las psicologas del siglo XVIII, con Maine de Biran como principal representante. La lectura de Gusdorf muestra cmo stas psicologas, que profundizan en un yo de la conciencia para si y opuesta a la exterioridad, recogen la tradicin filosfica iniciada por Montaigne, basada en el recogimiento interior y la indagacin de la propia espiritualidad. An as, consideramos importante destacar que el objetivo de Montaigne jams consisti en presentar un escrito de contenidos filosficos: Yo no soy filsofo[21], dir l de la manera ms patente e inequvoca. Una vez ms, con esta afirmacin, Montaigne rectifica que l no pretende meditar acerca de contenidos universales del mundo o de Dios, sino que sus reflexiones de la esencia humana quedarn restringidas a los lmites de su propia alma.

 

 

2- Sentimentalismo en el Siglo de las Luces?

Siguiendo la lectura de Gusdorf podemos sostener que la consagracin de la literatura del yo no se dar hasta la publicacin de las Confesiones de Rousseau en 1782. Al igual que Montaigne, Rousseau viene a desconcertar a una sociedad del siglo XVIII gobernada por la era de la Razn. Es Descartes quin en el siglo anterior haba abierto una nueva visin cientfica y metodolgica del mundo, en la que predominara la prctica de la racionalidad, por sobre la experiencia, en la construccin de un conocimiento verdadero.

Con el proyecto de contar su vida, Rousseau se confiesa ante un pblico, convirtindolo en juez de los hechos y acciones de su vida. Promete exponer todo de s, hasta tal punto, que asegura la inexistencia de una empresa semejante en la historia de la literatura y, a la vez, la imposibilidad de un imitador en la posteridad. Rey me instaba respetuosamente haca mucho tiempo a que escribiese las memorias de mi vida. Aunque hasta entonces no fuesen muy interesantes por los hechos, yo conoca que podan llegar a serlo por la franqueza que era capaz de usar. Luego agrega: resolv formar con ellas una obra nica, por su veracidad sin ejemplo, a fin de que a lo menos una vez siquiera pudiese verse a un hombre tal como es interiormente. Siempre me haba redo de la falsa sinceridad de Montaigne, quien, fingiendo confesar sus defectos, pone gran cuidado en no atribuirse sino aquellos que tienen carcter agradable[22] Punto de ruptura en la literatura del yo: por primera vez alguien asegura el acontecimiento de la verdad total. Esto es as ya que an Montaigne acepta un resto de pudor en su escritura Si hubiera yo pertenecido a esas naciones que se dice que viven todava bajo la dulce libertad de las primitivas leyes de la naturaleza, te aseguro que me hubiese pintado bien de mi grado de cuerpo entero y completamente desnudo.[23]

Erich Auerbach en la obra previamente sealada, expone este recato por parte de Montaigne cuando explica que ste se priv de ofrecer un gran nmero de testimonios cristianos que avalaran su concepcin de la unidad entre cuerpo y espritu (la tradicin agustiniana, luego retomada por Pascal, combate las tendencias dualistas de la poca). Esto fue as porque Montaigne era un hombre prestigioso, instruido bajo la religin catlica y deba circunscribirse a las reglas de la convivencia de su sociedad. No hay que olvidar el momento histrico de la publicacin de sus Ensayos: el trat de ser moderado y condescender a los dos bandos enfrentados de la doctrina cristiana.

Por otro lado y retomando la historia de la literatura europea, reconocemos en las Confesiones de Rousseau la publicacin de la primer autobiografa. Jean Starobinski, crtico literario suizo, explica en su escrito Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo: [Rousseau] va a extender en la duracin biogrfica una verdad global que el sentimiento posee de una sola vez. Va a dejar que se deshaga en una multiplicidad de instantes () su unidad y sencillez, para mostrar () como ha llegado a ser lo que es.[24]

A diferencia de Montaigne, la identidad personal, para Rousseau, es una y la verdad sobre s mismo llega de modo inmediato a travs el examen de conciencia. El sentimiento predomina ante la razn: Parece que mi corazn y mi cabeza no pertenecen a un mismo individuo. El sentimiento, ms rpido que una centella, se apodera de mi espritu; pero, en vez de iluminarle, me quema y me deslumbra[25] La subjetividad inevitablemente aflora de manera transparente pero sta verdad queda escondida ante la mirada ajena. De este modo, Rousseau escribir para un pblico pstumo (la primera edicin de Confesiones se publica en 1782, a cuatro aos de su fallecimiento) con el fin de un reconocimiento que provenga desde el exterior y logre unificar la personalidad del autor a travs de la lectura de sus mltiples acontecimientos vividos. Por ste fin ltimo Rousseau ve la necesidad de decirlo todo sin dejar nada reservado para s: Slo una cosa tengo que temer en esta empresa: y no es decir demasiado o decir mentiras, mas no decirlo todo y callar verdades.[26]

La lectura de Confesiones nos ensea las ilusiones infantiles, juventud ambulante y marginalidad de un hombre maduro que intenta mostrar al desnudo todas las enfermedades y pensamientos que lo aquejan, para as atribuir al lector el compromiso de arribar a conclusiones justas sobre su persona. Es coherente con stas aseveraciones la manera en termina su obra: He dicho la verdad; si hay quien sepa algo contrario a lo que acabo de exponer, aun cuando fuese mil veces probado, no sabe sino mentiras e imposturas () cualquiera que, aun sin haber ledo mis obras, examinando por sus propios ojos mis sentimientos, mi carcter, mis costumbres, mis inclinaciones, mis placeres, mis hbitos, pueda creerme un malvado, es un hombre digno de la horca.[27] La transparencia del corazn es inmediata para Rousseau y no tiene duda sobre su verdad pero mientras no es acogida por los otros es, paradjicamente, una transparencia velada y solitaria. () Slo ser transparente en acto cuando tenga un testigo a quin aparecer como transparente.[28]

Observamos en las Confesiones de Rousseau un punto culminante del proceso de laicizacin que la confesin sufre a travs de los siglos. La literatura del yo se vio primariamente enriquecida por una gran cantidad de textos biogrficos ofrecidos por el pietismo luterano. Su modelo de espiritualidad pondera la necesidad de una experiencia de conversin personal mediante el examen de conciencia, una confesin ante Dios. Las Confesiones de San Agustn demuestran el fundamento de la unidad personal pietista: su relacin a Dios. Las Confesiones [de Rousseau] estn muy lejos de las Confesiones tal como fueron concedidas por San Agustn. Aqu no encontramos la doble acepcin de la palabra-reconocimiento de la obra de Dios y confesin de los pecados seguidas de contricin[29] Ana Mara Holzbacher explica que las biografas concedidas por el pietismo son biografas de la conversin y es en regla con este gnero que Rousseau muestra en sus Confesiones la estructura trilgica de Gnesis (infancia feliz, cada en la juventud, redencin final). Asimismo, San Agustn no se juzga sino que espera el juicio divino mientras que son los hombres quienes tienen la tarea de juzgar a Rousseau quien, por otro lado, ya ha enunciado un veredicto sobre su persona: l es inocente.

Retomemos y recordemos lo previamente expuesto acerca de Montaigne para relacionarlo con nuestro segundo autor: Es una empresa ms difcil de lo que parece el seguir una marcha tan insegura como la de nuestro espritu, penetrar las profundidades opacas de sus repliegues internos, escoger y fijar tantos incidentes menudos y agitaciones distintas, al par que una ocupacin nueva y extraordinaria que nos arranca de los quehaceres mundanos, e incontestablemente de los ms graves [30]. Su yo es de carcter proteico, metamrfico, por lo cual reina la opacidad del yo al yo. Lo amorfo de su subjetividad la hace, de algn modo, inalcanzable. El carcter mvil de las experiencias determinan su modo de escritura: l no explica sus acciones ya que stas jams podrn calificar a quin las realiza: Puede dejarse sentado en conclusin, que en las acciones humanas es difcil el dar preceptos atinados cuyo fundamento sea la razn: el azar juega un papel importante en todas ellas.[31] Punto de discordancia con Rousseau: ste ltimo s narrar sus acciones ya que la opacidad slo se sita en relacin a la mirada de los otros. Su subjetividad de ningn modo se le presenta como inaccesible, todo lo contrario, se le revela tal cul es.

Jean Starobinski entiende que la transparencia que caracteriza los sentimientos rousseaunianos en nada contrara el ideal de su siglo. El Iluminismo quiere armonizar el instinto con la razn de tal forma que a sta ltima se le atribuya la verdadera naturaleza del hombre; Rousseau, presentar la superioridad del sentimiento sobre la razn. Finalmente, el resultado ltimo es el mismo: la autoridad intelectual de la razn y la primaca moral del sentimiento son con el mismo derecho armas ideolgicas de la burguesa pre-revolucionaria.[32] Esto es as ya que el Iluminismo francs pretende culminar con el Antiguo Rgimen monrquico apelando al uso de la razn como gua de todas las acciones. Un Rey con autoridad divina ya no se adecua a las ideas el Siglo de las Luces. Las teoras del contrato social (Rousseau- El Contrato Social -1762) influirn notablemente en una burguesa con un poder econmico cada vez ms acrecentado y brindarn lineamientos tericos para la llamada Revolucin Francesa.

En el siguiente apartado se profundizar en las concepciones de la naturaleza humana de ambos autores para entender cul es el motor que los lleva a escribir sobre si mismos. Slo de este modo entenderemos la cuestin particular de sus escritos.

 


SEGUNDA PARTE

 

1- De la naturaleza

 

Rodolfo Mondolfo cita a Rousseau en Rousseau y la conciencia moderna: He dejado, pues, a un lado la razn y he consultado la naturaleza, es decir, el sentimiento interior que dirige mi creencia independientemente de mi razn[33]. De este modo, la naturaleza del sentimiento de la interioridad es inseparable del sentimiento mstico de la naturaleza. En este sentido, Jean Starobinsky habla de sinceridad irreflexiva refrindose a la autenticidad del discurso en las Confesiones de Rousseau. La autenticidad no es nada ms que una sinceridad que ya no est sujeta a un objeto que la precediese y al que debiese obediencia, lo que Rousseau busca con su mtodo introspectivo no es de ningn modo el conocimiento de s, sino el acceso a lo verdadero sobre s mismo en la entrega total al recuerdo y al sentimiento.

Por otro lado, en El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Jorge E. Dotti expone de manera concisa parte del cuerpo terico de las ideas rousseaunianas, que consideramos importante ensear, a fin de comprender la naturaleza del mtodo introspectivo empleado por Rousseau y reflejado en sus escritos como, por ejemplo, en Ensueos de un Paseante Solitario. El autor propone que el principio que resume la doctrina rousseauniana podra ser la naturaleza ha hecho al hombre feliz y bueno, pero la sociedad lo corrompe y vuelve miserable.[34] La lectura de los escritos de Rousseau revela que el significado de naturaleza en el vocabulario rousseauniano vara y posee mltiples acepciones. Natural se podra relacionar con lo originario, as como tambin con lo esencial. Esto es as porque Rousseau considera que el hombre natural es aqul poseedor de la esencia que lo torna l mismo, lo natural ser as lo especficamente humano. Contrapone civilizacin y cultura para explicar que, es en el hombre natural donde se refleja del modo ms claro la bondad originaria del sentimiento y la relacin directa con la Naturaleza. El hombre de la naturaleza es un punto de referencia de toda consideracin del tipo social y moral, no es un ser histrico y real sino una suerte de abstraccin lgica. En su obra Emilio, Rousseau sealar el mtodo para llegar a la pureza del hombre natural. Para l, se deber eliminar las sucesivas contaminaciones aadidas por la cultura ficticia y artificiosa que resultan en el amor propio, siempre egosta[35].

No nos adentraremos en la doctrina filosfica-moral de Rousseau ya que no es el objetivo del presente trabajo desplegar sus desarrollos socio-polticos ni sus planes pedaggicos. Simplemente debe quedar aprehendido que, la naturaleza significa exigencia de libertad y de desarrollo integral del hombre.[36] Entonces, cuando Rousseau se sumerge en su propia interioridad, no hace otra cosa que buscar el ideal de libertad del hombre para as acceder al sentimiento de comunin con la Naturaleza. En el sptimo paso de Ensueos de un Paseante Solitario Rousseau declara: No medito, no sueo nunca ms deliciosamente que cuando me olvido de m mismo. Siento xtasis, extraordinarios embelesos fundindome, por as decir, en el sistema de los seres identificndome con la naturaleza entera.[37]

La Francia del siglo XVIII margina la verdad que Rousseau intenta transmitir, y de este modo, lo confina a otra forma de expresin: su autobiografa. sta, vendr a ofrecer un elemento de comparacin entre los hombres, ya que l ofrece una imagen del hombre universalmente vlida. De ste propsito se desprenden las dos exigencias previamente expuestas: deber decir la verdad, y del mismo modo, decirlo todo. J. Starobinksy seala al respecto: la posibilidad de alcanzar lo verdadero reside en esta libertad de la palabra y el movimiento espontneo del lenguaje[38] Rousseau pretende entregarse por completo al recuerdo y escribir cronolgicamente los sucesos sin preocuparse por la uniformidad del texto resultante, y por ello: lo modificar son escrpulos, segn mi humor[39] Aqu vemos otro punto de discordancia entre los escritos de Rousseau y los Ensayos de Montaigne. ste ltimo entiende que una vez publicadas sus obras, ya no se tiene derecho alguno sobre ellas y por ello aconseja a los escritores que piensen despacio antes de producirse.[40]

Antes de proseguir, cabe destacar un hito en la vida de Rousseau que repercute inevitablemente en sus obras literarias. l sufre de delirio de persecucin y prueba de ello es la lectura de las Confesiones: Vi varias cosas, y entre otras las islas Borromeas, que mereceran ser descritas; pero me falta tiempo, me rodean los espas; me veo obligado a hacer aprisa y mal un trabajo que exige el espacio y la tranquilidad que me falta[41] El miedo al arrebato de su manuscrito crece, ya sea por persecuciones reales o imaginarias, y este hecho cambia de manera drstica la mirada que Rousseau sostiene de los otros. Mientras que al principio se senta requerido a hablar, luego tiene la impresin que sus adversarios emplean todos los medios para impedirle que escriba y que sea escuchado[42]. En Ensueos de un Paseante Solitario se producir de este modo un quiebre en la prctica de la confesin. Simultneamente, se conserva el objetivo de decirlo todo pero con un fin diferente: debido a la prdida de esperanzas en mostrar su transparencia al otro, ya no espera el juicio del pblico y seala que lejos est en su pretensin encontrar un lector. Los Ensueos sern escritos para recordar los cortos momentos de delirio y pasin que, paradjicamente, son aquellos que no dejan huella: Las distracciones de mis diarios paseos se han llenado a menudo de encantadoras contemplaciones cuyo recuerdo me lastimo de haber perdido. Fijar por medio de la escritura las que an me vengan a la mente; gozar cada vez que las relea.[43]

 

2- Tranquilos en el fondo del abismo

 

Una vez enunciados algunos de los principios rousseaunianos en el punto anterior de nuestro informe, se podr comprender mejor la caracterstica particular de las condiciones de produccin de los escritos de Rousseau: la soledad. Esta caracterstica es compartida por Montaigne, aunque, como veremos, en calidad diversa.

Haba recibido de la Naturaleza la sensibilidad contra la cual nada pueden las preocupaciones[44] En la soledad del estado de la naturaleza, no habra ni deberes ni valores, y por ello, sta constituira un estado pre-social y amoral. Le basta el amor de s (sentimiento innato) para conservarse a s mismo, y lo atempera con la piedad (conciencia intuitiva de la identidad con sus semejantes en cuanto seres sensibles) De este modo, se entiende la necesidad de Rousseau de ajustar su modo de vida a sus principios: Este cario por los objetos imaginarios y la facilidad de embeberme en ellos acabaron de disgustarme de cuanto me rodeaba y determinaron este amor a la soledad, que desde entonces jams me ha abandonado.[45] Rousseau entiende la vida en comn con otros hombres como factor que incide en la disminucin de nuestra libertad ya que la dependencia creada por las relaciones individualizadas entre los seres humanos nos aleja del ideal de autosuficiencia.

Tzvetan Todorov, en su ensayo dedicado a Rousseau, advierte el valor de ser capaz de distinguir entre una libertad autntica y otra que slo lo es en apariencia. Indica que el estar sometido a la opinin ajena demuestra la esclavitud del hombre al hombre desvindolo de su capacidad de autosuficiencia y alejando el sentimiento de amor de s. Al replegarse sobre el alma y al cortar las relaciones exteriores que le vuelven exigente, renunciando a las comparaciones y a las preferencias, se ha contentado con que yo fuera bueno para m; al volverse entonces amor de m mismo, ha entrado en el orden de la naturaleza y me ha liberado del yugo de la opinin.[46]

Si recordamos la crtica de Rousseau a la falsa sinceridad de Montaigne, entenderemos con mayor profundidad el porqu de esta reprobacin. Montaigne se esconde como sujeto de opinin, la verdad que sus Ensayos buscan queda confinada a lo pblico. De all su pudor y reserva. En cambio, Rousseau se mantiene alejado de los influjos de la opinin ajena. En Confesiones cuenta que, en principio, la vergenza y cobarda le impidieron divulgar sus ideales por ser contrarios a las mximas de su siglo. Pero cuando en nombrado ganador del premio de la Academia de Dijon con su Primer Discurso[47], Rousseau dice sentirse un hombre nuevo y resuelve continuar su transmisin a pesar de la oposicin. Luego, agrega: Nada me pareci tan grande y bello como el ser libre, virtuoso, superior a la fortuna y a la opinin, y bastarse a s mismo.[48]

En cuanto a la soledad, Rousseau comienza el primer paseo de Ensueos de un Paseante Solitario diciendo: Heme aqu, pues, solo en la tierra, sin ms hermano, prjimo, amigo ni sociedad que yo mismo. El ms sociable y el ms amante de los humanos ha sido proscrito de ella por un acuerdo unnime.[49] Se ve, entonces, que Rousseau no ha buscado la incomunicacin; en sus propias palabras, fueron los otros quienes han roto violentamente todos los lazos que me ligaban a ellos.[50] Volvemos a citar un extracto del sptimo paseo: me he vuelto solitario o, como ellos dice, insociable y misntropo, porque la ms huraa soledad me parece referible a la sociedad de los malvados que slo se nutre de traiciones y de odio.[51] En este primer paseo Rousseau declara que ya no hay bien ni mal que pueda ejercerse sobre su persona; ya no espera nada del mundo ni de los otros, se encuentra tranquilo en el fondo del abismo.[52] En el ensayo sealado de T. Todorov, ste aprecia que la insistencia del mismo en exponer su soledad, como el estado de mayor felicidad, vuelve dudosa cualquier interpretacin de sta soledad en un sentido literal. Primeramente, todos sus libros pretenden una publicacin, sea pstuma o inmediata. Cada vez que Rousseau toma su pluma aspira a ser ledo. Por otro lado, si consideramos que Rousseau procura ser un ejemplo moralizador, l no puede evitar cierta mediacin con la sociedad que al mismo tiempo evita. l ama a la humanidad, la soledad es contraria no al estado natural sino a la naturaleza del hombre tal como existe realmente, es decir, en sociedad.[53] De este modo, T. Todorov distingue entre la soledad literal y la comunicacin limitada, concepto ms apropiado para entender la lejana de contacto entre Rousseau y sus otros.

Previamente, se ha enunciado en el anlisis de Confesiones la certeza de Rousseau en cuanto a su unidad personal; ahora, la lectura de Ensueos nos demuestra que ya no tiene esperaza de reunir la transparente subjetividad de los hombres: Pero yo, desligado de ellos y de todo, qu soy yo mismo? Ve aqu lo que me queda por buscar. Desgraciadamente, tal bsqueda debe ir precedida de un intuito a mi posicin. Es sta una idea por la que necesariamente ha de pasar para llegar de ellos a m.[54] El examen de s mismo ya no ser una confesin de la verdad para los otros con el fin de resucitar la capacidad de sentir la inspiracin de la conciencia, extraviada en la cultura artificial y embarazosa.[55] Ahora, la indagacin sobre si mismo tendr otra finalidad: Acometo la misma tarea de Montaigne, pero con un objeto completamente contrario al suyo: l no escribi sus Ensayos sino para los dems y yo no escribo mis ensoaciones sino para m. Si en mis ms viejos das () permanezco, como espero, en la misma disposicin en que estoy, su lectura me traer la dulzura que siento al escribirlas y, haciendo renacer de este modo para m el tiempo pasado, doblar por as decir mi existencia[56] Rousseau, entonces, busca en aquellos momentos solitarios donde l es plenamente l mismo, la esencia de su existencia, soy lo que la naturaleza ha querido.[57]

Resta an presentar la condicin que Montaigne entiende como fundamental para el hablar de s, la soledad: El fin ltimo de la soledad es, a mi entender, vivir sin cuidados y agradablemente () Donde quiera que el alma est ocupada, toda ella es absorbida; por ser los quehaceres domsticos menos importantes, no dejan de ser menos importunos.[58] De este modo, el propsito de la soledad no es otro que recogerse y entrar de lleno en la posesin de s mismo[59] Reparemos en que Montaigne lleva la soledad al extremo al proponer el aislamiento total como el medio indicado para disfrutarla de la manera ms cmoda y provechosa. El trabajo, ya sea pblico o privado, nos despoja de nosotros mismos y por ello cita a Tirulo: Se un mundo para ti mismo en solitarios lugares.[60]

Montaigne erige una crtica a la nobleza de la Europa del siglo XVI ya que fundamentar la recompensa de las acciones virtuosas en la aprobacin ajena es aceptar un inciertsimo y turbio fundamento, sealadamente en un siglo corrompido e ignorante como ste; la buena estima del pueblo es injuriosa.[61] La tica dominante de su poca era la del honor, reinaba la ambicin del bien pblico, el amor propio y la hipocresa. En el apartado del libro primero titulado De la Soledad Montaigne explica que su filosofa es sencilla, contraria a la de Cicern y Plinio el joven, la cul es inseparable de la ostentacin y slo persigue la gloria. La disposicin de nimo que ms se aparta del retiro, es precisamente la ambicin,[62] as, buscar la aprobacin y admiracin ajena es excluyente del ejercicio del recogimiento interno que tanto anhela Montaigne. En el mismo captulo, transcribe un largo prrafo con las enseanzas de Epicuro y Sneca, y por ello se podra afirmar que Montaigne toma de los epicreos y de la filosofa estoica la necesidad de alejarse de las comodidades materiales para alcanzar la prudencia en el actuar, la tranquilidad y felicidad.

Ensayar es un estudio sobre si mismo, toma la condicin humana de la cul todo hombre ofrece evidencia suficiente para alcanzar una ascesis y experiencia de s mismo. En su aislamiento y con sus escritos, Montaigne rompe con la literatura ascensional antigua vigente hasta su poca y ligada a la metafsica. Santiago Kovadloff en Montaigne no hace pie hace referencia a aquella subjetividad inconclusa de Montaigne que lo mueve a ensayar en sus escritos: hablar de uno es hablar de lo inviable como certeza, de lo inviable como objeto de saber apodctico.[63] Montaigne habla mucho de s, permanentemente, y por eso se defiende: Si el mundo se queja porque yo habl de m demasiado, yo me quejo porque l ni siquiera piensa en s mismo[64] Montaigne, en su irona es un gran conversador y encuentra en la prctica de la conversacin un deleite particular: encuentro su prctica ms dulce que ninguna otra accin de nuestra vida, por lo cual si yo ahora me viera en la precisin de elegir, a lo que creo, consistira ms bien en perder la vista que el odo o el habla [65]

Por el contrario, Rousseau se considera a si mismo un psimo hablador. Su calidad de pobre parlanchn, segn la describe T. Todorov, es probable que haya ejercido notable influencia en su alejamiento del medio burgus. El poseer facilidad de oratoria era una condicin fundamental para alcanzar el xito social en la burguesa francesa del siglo XVIII. El Libro Duodcimo de Confesiones, escrito entre 1962 y 1965, cuenta de las duras acusaciones que la Iglesia protestante ejerce sobre Rousseau, as como tambin de su intento por reconciliarse con la misma. Rousseau resuelve dirigirse al ministro, el seor de Montmollin, para ser admitido por la institucin protestante y se sorprende cuando ste accede a admitirlo en comunin. Sin embargo, en 1764, se publicara Cartas escritas desde la Montaa, obra que sera inmediatamente censurada por el clero protestante. Por ello, Rousseau es citado ante un consistorio para dar cuenta de su fe e impedir ser excomulgado. A pesar de tener en su favor la proteccin del rey y la autoridad del consejo del Estado, Rousseau no poda mas que balbucear el discurso que haba preparado durante das y aprendido de memoria: Qu poda yo esperar de m, conociendo mi ineptitud para expresarme de repente? [66]

La falta de ngel para la conversacin confina a Rousseau a sus plantas y a sus libros. Ya desde pequeo, ste encuentra devocin por la lectura: No s lo que hice hasta los cinco o seis aos, ni cmo aprend a leer. Recuerdo slo mis primeras lecturas y el efecto que me causaban; desde entonces juzgo que empiezo a tener conciencia de m mismo () pronto creci el inters de tal manera, que nos pasbamos las noches de claro en claro, leyendo alternativamente, sin dejar el libro hasta su conclusin.[67] Rousseau comparte esta pasin con Montaigne, as como tambin, la preferencia por la lectura de Plutarco. El cuarto paseo de Ensueos de un paseante solitario comienza diciendo: Del pequeo nmero de libros que an leo a veces, Plutarco es el que ms me atrae y me aprovecha. Fue la primera lectura de mi infancia, ser la ltima de mi vejez; es casi el nico autor al que nunca he ledo sin sacar algn fruto[68]. Del mismo modo, Montaigne en sus apartado Del los libros afirma: Cuanto a los autores en que la enseanza va unida al deleite, en los cuales aprendo a poner orden en mis ideas y en mi vida, los que ms me placen son Plutarco, desde que Amyot lo traslad a nuestra lengua, y Sneca el filsofo.[69]

De esta simpata a la lectura, se desprender una nueva diferencia entre Montaigne y Rousseau. En el aislamiento de lo alto de su torre y entre su inmensa biblioteca, Montaigne pasa sus das en dilogo nicamente con el legado escrito de los muertos. Por otro lado, donde Rousseau encuentra el sentimiento de su existencia es en aquella comunicacin limitada que lo acerca a un estado de xtasis y goce de s mismo. En el quinto paseo, Rousseau cuenta su estancia en la isla de San Pedro y asegura que aqul fue el momento de mayor felicidad de su vida. Esto es as porque en su estada l lograr entregarse de lleno a la ociosidad y acceder a ste estado pleno en sus paseos y reflexiones solitarias. All, sus libros permanecen en cajas cerradas, y reemplaza papeles por flores y heno: Seguir con los libros en las cajas y carecer de escritorio constitua, en especial, una de mis mayores delicias[70] A nuestro entender, el quinto paseo expone del modo ms claro la propuesta de T. Todorov de comprender la soledad rousseauniana como comunicacin limitada. Su soledad es en compaa: todas las maanas despus de desayunar junto a su esposa, se marchaba slo con el proyecto de realizar un inventario con la descripcin de todas las plantas de la isla. Al cabo de dos horas volva para ir con el receptor de la mansin, su mujer y Teresa (la esposa de Rousseau) en un paseo conjunto. Del mismo modo paseaban todos juntos por las noches y ocasionalmente se organizaban fiestas como, por ejemplo, con el motivo de celebrar la fundacin de una pequea colonia de conejos en una de las islas pequeas. Vemos, entonces, que la soledad de Rousseau podra equipararse a una concepcin de la misma ms prxima a la nuestra. Su soledad implica un vaivn de ida y vuelta, de s mismo a la sociedad y viceversa.

Queda claro, entonces, que Rousseau no aspira a la soledad absoluta. El aislamiento total sera un estado ms prximo al nivel de soledad que Montaigne pretende alcanzar en lo alto de su torre.

 

 


COMENTARIOS FINALES

Desde lo alto de su torre colmada de libros, as como desde la lejana de sus bosques, Montaigne y Rousseau se mostraron al mundo a travs de sus escritos al literaturizar los paisajes ocultos de sus almas. A modo de gua, el lema dlfico concete a ti mismo parece guiar su prctica de introspeccin y desembocar en producciones literarias inditas para sus pocas.

No obstante, con el presente trabajo, se cree haber podido demostrar que los puntos de contacto entre Jean-Jacques Rousseau y Michel de Montaigne van mucho ms all de ser ejemplos paradigmticos en la historia de la literatura del yo. Lo peculiar de sus escritos responde a modos nicos y originales de concebir la realidad humana y su naturaleza.

Por ello, an siglos despus de muertos, Montaigne y Rousseau continan despertando pasin y ejerciendo notable influencia en quienes se acercan a su lectura.

 


BIBLIOGRAFIA

 

Bibliografa Primaria

 

  Montaigne, Michel de: Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier Hermanos, 1899 (1850).

  Plutarco, Vidas Paralelas, Ediciones Electrnicas digitalizadas por www.imperivm.org

  Rousseau, Jean-Jacques: Las Confesiones, Mxico, Coedicin del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Editorial Ocano, 2004 (1782)

  Rousseau, Jean-Jacques: Ensueos de un Paseante Solitario. Ediciones electrnicas digitalizadas por www.librodot.com

 

 

Bibliografa Secundaria

 

  Auerbach, Eric: Mimesis, la representacin de la realidad en la literatura occidental, Mexico, Fondo de Cultura Econmica, 1960.

  Burke, Peter: Montaigne, Madrid, Alianza Editorial, 1985

  Corominas, Joan: Diccionario Crtico Etimolgico Castellano e Hispnico, Madrid, Editorial Gredos, Volumen I, 1991

  Dotti, Jorge E.: El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Buenos Aires, Centro Editor de AmricaLlatina, 1980

  Gusdorf, Georges: Naissance de la Consciente Romantique au Siecle des Lumiers,, Payot, 1976.

  Holzbacher , Ana Mara: Las Confesiones de J.J. Rousseau: una obra entre dos gneros, en Anuario de la Sociedad Espaola de Literatura General y Comparada N 4, 1981.

  Kovadloff, Santiago: Montaigne no hace pie en Cuadernos Hispanoamericanos N 646, Madrid, Grfica Varona S.A, 1994

  Mondolfo, Mondolfo: Rousseau y la conciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba, 1962.

  Starobinki, Jean: Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, Madrid, Editorial Taurus, 1983.



[1] Plutarco, Vidas Paralelas, Ediciones Electrnicas digitalizadas por www.imperivm.org

[2] Michel de Montaigne: El autor al lector en Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899 (1580), tomo I, pgina 1.

[3] Michel de Montaigne: Por diversos caminos se llega a semejante fin en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 3

[4] Michel de Montaigne: De la inconstancia de nuestras acciones en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 285.

[5] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 181

[6] Diccionario Crtico Etimolgico Castellano e Hispnico por Joan Corominas, Madrid, Editorial Gredos, Volumen I, 1991.

[7] Michel de Montaigne: De la ejercitacin en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 323.

[8] Michel de Montaigne: De la inconstancia de nuestras acciones en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 287

[9] Michel de Montaigne: De la educacin de los hijos de Diana de Foix, condesa de Gurson en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 126

[10] Michel de Montaigne: De los libros en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 354

[11] Michel de Montaigne: Consideraciones sobre Cicern en Ensayos, op.cit., tomo I,, pgina 198

[12] Ibid. pgina 199

[13] Michel de Montaigne: El autor al lector en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 1.

[14] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 330.

[15] Michel de Montaigne: De la educacin de los hijos de la seora Diana de Foix, condesa de Gurson en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 106.

[16] Essayer significa probar, intentar de en la lengua francesa.

[17] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 181

[18] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., 1899, tomo III, pgina 330

[19] Gusdorf, Georges: El Advenimiento del yo en Naissance de la Consciente Romantique au Siecle des Lumiers, Paris Payot, 1976, pgina 322.

[20] La Reforma protestante del siglo XVI produjo una gran crisis en la Iglesia Catlica la cul se vio debilitada ante la prdida de numerosos fieles y respondi con la llamada Contrarreforma o Reforma Catlica. La doctrina catlica qued as dividida en catlicos y protestantes.

[21] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 317.

[22] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones, Mxico, Coedicin del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Editorial Ocano, 2004 (1782), Libro Dcimo, pgina 472

[23] Michel de Montaigne: El autor al lector en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 1.

[24] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, Madrid, Editorial Taurus, 1983, pgina 233-234

[25] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op.cit, Libro Tercero, pgina 100

[26] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. cit., Libro Cuarto pgina 159

[27] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. Cit, Libro Duodcimo pgina 600

[28] Jean Starobinki: Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit., pginas 226-227

[29] Ana Mara Holzbacher: Las Confesiones de J.J. Rousseau: una obra entre dos gneros, en Anuario de la Sociedad Espaola de Literatura General y Comparada N 4, 1981 , paginas 105-114

[30] Michel de Montaigne: De la ejercitacin en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 322.

[31] Michel de Montaigne: Maana ser otro da en Ensayos, op.cit., tomo II, pgina 309

[32] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit., pgina 229

[33] Michel de Montaigne: carta de 1758, citado por Rodolfo Mondolfo: Rousseau y la conciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba, pgina 37

[34] Rousseau citado por Jorge E. Dotti en: El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, 1980, pgina 26

[35] Jorge E. Dotti: El mundo de Juan Jacobo Rousseau, Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina S.A., 1980, pgina 37

[36] Rodolfo Mondolfo Rousseau y la conciencia moderna, Buenos Aires, Eudeba, 1962, pgina 47

[37] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Ediciones electrnicas digitalizadas por www.librodot.com, pgina 40

[38] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit., pgina 240

[39] Rousseau citado por J. Starobinksi en: Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op. cit., pgina 240

[40] Michel de Montaigne: De la vanidad en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 330

[41] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. Cit, Libro Sptimo pgina 295-296

[42] Jean Starobinki: Los problemas de la autobiografa en Jean-Jacques Rousseau, la transparencia y el obstculo, op.cit, pgina 236

[43] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 4

[44] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op. Cit., Libro Sptimo pgina 286

[45] Ibid, pgina 35

[46] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 48

[47] En 1749 la Academia de Dijon ofrece un premio al mejor ensayo que resuelva si el progreso de las ciencias y de las artes habra contribuido a corromper o depurar las costumbres. Ante esta consigna, Rousseau participa con su Discurso sobre las ciencias y las artes, el cul es galardonado y permite a su autor alcanzar la fama como intelectual. Contrario a lo que respondera el Siglo de las Luces, Rousseau ofrece una crtica al egosmo y lujos modernos de la cultura elitista de su poca. En este Primer Discurso aparece por primera vez la idea de cierta corrupcin introducida por la civilizacin a una inocencia del estado natural del hombre.

[48] Jean Jacques Rousseau: Las Confesiones, Libro Sptimo, Op. Cit, pgina 325

[49] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pagina 1

[50] Ibid, pgina 1

[51] Ibid, pgina 40

[52] Ibid, pgina 4

[53] Tzvetan Todorov: El individuo solitario en Frgil Felicidad. Un ensayo sobre Rousseau, Barcelona, Ed. Gedisa, 1986, pgina 57

[54] Ibid, pgina 1

[55] Rodolfo Mondolfo: Rousseau y la conciencia moderna, Op, Cit., pgina 38

[56] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 5

[57] Ibid, pgina 6

[58] Michel de Montaigne: De la soledad en Ensayos, op.cit, tomo I, pgina 186

[59] Ibid, pgina 187

[60] Tirulio citado por Montaigne en: Ensayos, op.cit., tomo I, , pgina 188

[61] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit., tomo III, pgina 183

[62] Michel de Montaigne: De la soledad en Ensayos, op.cit., tomo I, pgina 192

[63] Santiago Kovadloff: Montaigne no hace pie en Cuadernos Hispanoamericanos N 646, Madrid, Grfica Varona S.A, 1994

[64] Michel de Montaigne: Del arrepentimiento en Ensayos, op.cit, tomo III, pgina 181

[65] Michel de Montaigne: Del arte de platicar en Ensayos, op.cit, tomo III, pgina 292

[66] Jean-Jacques Rousseau: Las Confesiones. Op.Cit, Libro Duoccimo pgina 573

[67] Ibid, pginas 6

[68] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 18

[69] Michel de Montaigne: De los libros en Ensayos, Op.Cit., tomo II, pgina 353

[70] Jean-Jacques Rousseau: Ensueos de un Paseante Solitario. Op. Cit., pgina 21-28



[*] El presente trabajo fue realizado en el marco del Seminario Breve Historia del Yo, dictado por el Dr. Pablo Pavesi, ctedra I Historia de la Psicologa, Facultad de Psicologa, UBA.