Ensayos, de Montaigne: crticas
e impugnaciones a su hablar de s
Juana Park
INTRODUCCIN
El presente trabajo persigue, como objetivo principal, el detenerse a analizar ciertas cuestiones que figuran en la clebre obra Ensayos, de Michel Eyquem (ms conocido como seor de Montaigne) que suscitaron fulminantes impugnaciones de parte de otros dos grandes pensadores franceses: N. Malebranche (con su captulo de De la recherche de la vrit titulado Du livre de Montaigne), por un lado, y Blaise Pascal (con sus Penses), por el otro. Fundamentalmente, se recabarn los puntos de la obra de aquel primer ensayista que tanto escandalizaron a estos otros dos escritores franceses que, tanto el uno como el otro, dedicaron pginas enteras de sus libros a atacar despiadadamente a aquel hombre que, alguna vez, fuera alcalde de la ciudad francesa de Burdeos.
Bien es sabido que el seor de Montaigne, con sus Ensayos, fue el primer hombre en la historia occidental que convirti a su yo en un objeto de discurso, osando llenar todo un libro con lneas que no hacen ms que hablar de s mismo; de hecho, bien se conoce que este hombre lleg a tomar la decisin de recluirse en su morada procurando encontrar la absoluta soledad para dedicar sus horas a dejar un extenso y minucioso registro de su propia y particular manera de ser. Sin embargo, valdra la pena invertir algo de nuestro tiempo en tratar de comprender las razones que movieron, tanto a Malebranche como a Pascal a contrariar tanto al primer escritor que creyera que su persona era digna de exhibirse y pasar a ser el nico tema de todo un libro. Por otra parte, se intentar mostrar al lector, adems, por qu varias de las acusaciones que emprendieron estos dos crticos contra Montaigne pierden su fundamento si se escudrian las pginas de los Ensayos ms detalladamente y de una manera ms profunda. Se pretende demostrar por qu consideramos que varios de los argumentos que esgrimieron estos dos escritores contra el ensayista resultan ser errneos si se leen los Ensayos con una mayor minuciosidad.
En la primera seccin de este escrito se pasar a analizar la dada Malebranche-Montaigne, para luego continuar, en la seccin segunda, con el estudio de la discusin Pascal-Montaigne.
DE CMO MALEBRANCHE IMPUGNA EL HABLAR DE S DE MONTAIGNE EN SU DE LA RECHERCHE DE LA VRIT
Una de las ms importantes acusaciones con las que Malebranche abate a Montaigne es la supuesta contradiccin que cree encontrar entre los dichos y los hechos del ensayista. Los Ensayos de Montaigne comienzan con una Advertencia al lector, donde el autor se asegura de dejar sentado que, con la escritura de su libro, no persigue ningn fin trascendental, sino slo familiar y privado[1]; l mismo se encarga de dejar claro que lo que busca con su obra no es, de ninguna manera, ni la gloria ni la fama, sino que, simplemente, desea que, una vez difunto l, sus parientes y sus amigos puedan disponer de un medio para llegar a aprehender los rasgos de su ser de una manera ms fiel que aqulla a la que tuvieron acceso cuando l an se encontraba con vida; adems, Montaigne previene a su posible lector y le hace saber que las pginas que siguen a aquella advertencia lo tienen como contenido, pura y exclusivamente, a l, razn por la cual las personas no deberan desperdiciar su valioso tiempo leyendo cosas tan banales y frvolas como aqullas que l pasa a presentar. Sin embargo, Malebranche afirma que Montaigne no es ms que un hipcrita que, habiendo afirmado todo esto con falsa modestia, no hace, luego, ms que exhibirse sin pudor ante el pblico, buscando su adoracin: Ces paroles ne font que le condamner; car sil et cru que ce ntait pas raison quon employt le temps lire son livre, il et agi lui mme contre le sens commun en le faisant imprimer. Ainsi, on est oblig de croire, ou quil na pas dit ce quil pensait, ou quil na pas fait ce quil devait.[2]. Pero, antes bien, podra decirse que poca es la perspicacia de este religioso, quien no alcanza a comprender la sutil irona de la que su adversario hace uso para burlarse de aqullos que, como Malebranche, considerasen aberrante el hablar de s mismo. Con su crtica, este sacerdote, tal vez, demuestre ser una de aquellos espritus singulares y excelentes a los que, sarcsticamente, hace referencia Montaigne: ...si estos Ensayos fuesen dignos de ser juzgados, bien podra ocurrir, a mi parecer, que no gustasen mucho a los espritus comunes y vulgares, ni tampoco a los singulares y excelentes; aqullos no los entenderan suficientemente, y stos los comprenderan de sobra.1. Por el contrario, puede decirse que Montaigne era bien consciente de la utilidad que podan llegar a presentar las escrituras sobre sus propias experiencias de vida: ...lo que sirve para mi provecho acaso pueda, tambin, servir para el de otros.2
Otra acusacin que el sacerdote dirige contra Montaigne se refiere a la vanidad: Malebranche encuentra, en quien fuera el creador del ensayo, un hombre completamente vanidoso que no hace ms que tenerse a s como objeto de todas sus reflexiones y estudios para luego comunicarle al mundo un tedioso reporte de aquellos mismos estudios: Le livre de Montaigne contient preuves si videntes de la vanit et de la fiert de son auteur, quil parat peut-tre assez inutile de sarrter les faires remarquer; car il faut tre bien plein de soi-mme pour simaginer, comme lui, que le monde veuille bien lire un assez gros livre, pour avoir quelque connaisance de nos humeurs.3. No obstante, Montaigne sera capaz de responder a esta querella con el argumento siguiente: si fuera cierto que tomarse a s mismo como el tema de un libro fuera, realmente, un vicio, no por eso debera ocultrselo, pues esto no constituira otra cosa que un acto en contra de la verdad; si pensar en s mismo es, segn dicen algunos, un defecto tan importante, el intentar ir en contra de l, coartando el discurso sobre s y callando lo que se tiene para decir de la propia persona, slo contribuira a violar la verdad. Segn el ver de Montaigne, si dirigir las reflexiones a s mismo es una falta tan grave, no se la debe disimilar, sino que se la debe exponer como imperfeccin que se tiene: La opinin general considera como vicioso el hablar de s mismo por odio a la vanagloria que parece ir siempre unida a los propios testimonios; en vez de limpiar las narices del muchacho, esto se llama desnarigarle. [...] Encuentro mayor mal que bien en ese remedio. Ms aun, cuando fuera cierto que, necesariamente, signifique presuncin el hablar de s mismo, no debo yo, siguiendo mi designio principal, rechazar la accin que acusa esa viciosa cualidad, puesto que sta reside en m, ni debo tampoco ocultar mi falta, en la cual no slo incurro, sino que hago profesin de ella.1. Montaigne sostiene que la aversin que se tiene al hablar de s mismo no es ms que la prueba fehaciente de que, en dosis moderadas, se puede sacar provecho de aquel acto: Mas si he de expresar mi manera de ver, entiendo que es errnea la costumbre que condena el vino porque muchos se emborrachan; no puede abusarse sino de las cosas que son buenas...2. Este ensayista considera que el prohibirle a una persona el hablar de s es anlogo a ordenarle al arquitecto hablar de las construcciones, no segn sus ideas, sino conforme a las del vecino; segn ciencia ajena, no conforme a la suya.3
Por su parte y por otro lado, el sacerdote Malebranche ataca a Montaigne afirmando que ste peca de soberbia al estar dispuesto a desnudar, sin vergenza alguna, las imperfecciones de su ser, en lugar de esconderlos, enrojecido por el pudor: Cest donc une vanit et une vanit indiscrte et ridicule Montaigne, de parler avantageusement de lui-mme tous moments. Mais cest une vanit encore plus extravagante cet auteur de dcrire ses dfauts4. Segn el entender de Malebranche, Montaigne llega, incluso, a hacer alarde de sus defectos, en lugar de lo que, para l, sera lo correcto (es decir, humillarse a causa de ellos): ...cest un orgueil insupportable que de tirer vanit de ses dfauts, au lieu de sen humilier. Jaime mieux un homme qui cache ses crimes avec honte, quun autre qui semble les publier avec effronterie...5. Pero pareciera que este religioso no acaba de caer en la cuenta de que ese acto de esconder las fallas del ser, al entender de Montaigne, violara la verdad: ...las imperfecciones que son en m ordinarias y constantes, sera traicin extirparlas.1. Montaigne no quiere ms que retratarse a s mismo desde todas las perspectivas posibles, sin importar si esto traer a colacin el verse obligado a exponer las imperfecciones: Presntome en pie y tendido; de frente y de espaldas; a derecha e izquierda y en todas mis actitudes naturales.2; Me siento hambriento de exteriorizarme y nada me importa a qu precio, siempre y cuando me sea dado hacerlo por manera real y verdadera...3. De hecho, debe aclararse que Montaigne se mostr renuente, incluso, a corregir sus errores de redaccin y ortografa a medida que avanzaba en la confeccin de sus Ensayos por considerar que esto alterara la fiel imagen de s que l estaba tratando de ir armando: En efecto, repongo, pero yo corrijo los errores de inadvertencia, no los que me son habituales. No es as como hablo generalmente? Acierto, de este modo a representarme con viveza? Esto me basta. Hice lo que me propuse: todo el mundo me reconoce en mi libro y a mi libro en m.4; ...yo no me curo de ortografa (ordeno, solamente, que sigan la antigua), ni de puntuacin tampoco; soy poco experto en una y en otra. [...] Quien conozca cun poca es mi laboriosidad, y quien sepa que nunca me desvo de mi manera de ser, creer fcilmente que dictara de nuevo, de mejor gana, otros tantos Ensayos como llevo escritos, mejor que resignarme a repasar stos para hacer esa correccin pueril.5 Montaigne afirma que no hay virtud a que acompae la falsedad, y la verdad jams sirve de argumento al error6, de modo que nunca, por bueno que sea el fin perseguido, se debe mentir u ocultar la verdad. Este ensayista asegura que, tanto pretender aparentar ser ms de lo que se es, como lo contrario (llenarse de falsa modestia para simular ser humilde) son errores en los que se cae, de ordinario; segn este autor, lo ptimo es apreciarse y exhibirse ante los dems tal cual se es: Si me tuviera por bueno o por sabio, lo proclamara a voces. Colocarse por bajo de lo que en realidad se es, tngalo por torpeza y no por modestia; empequeecerse es cobarda y pusilanimidad [...] Proclamar de s mismo ms de lo que realmente se es no siempre es presuncin, a veces es torpeza: complacindose en traspasar la medida de lo que se es, se cae en el indiscreto amor de s mismo, el cual, a mi manera de ver, constituye el fundamento de este vicio.1
Otra impugnacin que Malebranche lanza contra Montaigne se refiere al orgullo y la actitud vanagloriosa que cree ver en la forma en que el autor de los Ensayos se ofrece a la vista de los dems mortales: Si cest un dfaut de parler souvent de soi, cest une effronterie, ou plutt une espce de folie que de se louer tous moments, comme fait Montaigne...2. No obstante, Montaigne no percibe ningn pecado en el hecho se redactar sus ensayos tenindose como tema a s mismo; de hecho, hace ver cmo un filsofo con tanto renombre, como es Scrates, no haca nada distinto a lo que Montaigne realiza con la escritura de su obra: De qu habla Scrates ms ampliamente que de l, ni adnde encamina las conversaciones de sus discpulos sino a platicar de sus respectivas personas?3. Este ensayista francs considera que el impedirle a las personas el hablar de s mismas es coartarles la capacidad de pensamiento de la que son dueas: El remedio supremo para curarlo [al vicio] es practicar, precisamente, lo contrario de lo que aqullos ordenan, los cuales, al prohibir hablar de s mismo, consiguientemente, prohiben el pensar en s mismo.4; Si el mundo se queja porque yo habl, de m, demasiado, yo me quejo
porque l ni siquiera piensa en s mismo.1. Michel Eyquem no ve ninguna afrenta en el hecho de tomarse como objeto de sus estudios, pues si es un pecado el sentirse orgulloso de s mismo, este orgullo tiene su asiento en la mente; la lengua no puede tener de l sino una parte ligersima.2
Otra cuestin que Malebranche le achaca a Montaigne es la supuesta falta de fundamentos de sus razonamientos: En effet, il na point des principes sur lesquels il fonde ses raisonnements, et il nas point dordre pour faire les dductions de ses principes. Un trait dhistoire ne prouve pas, un petit conte ne dmontre pas; deux vers dHorace, un apophtegme de Clomnes ou de Csar, ne doivent pas persuader des gens raisonnables: cependant ces Essais ne sont quun tissu de traits dhistoire, de petits contes et de bons mots, de distiques et dapophtegmes.3. Pero pareciera que este sacerdote no lleg a comprender que Montaigne jams se propuso, en lo ms mnimo, hacer otra cosa ms que donar sus opiniones de una manera prudente, de acuerdo con lo que le dictaba su propia experiencia de vida: En fin, toda esta pepitoria que yo emborrono aqu no es ms que un registro de las experiencias de mi vida...4; No traigo yo aqu a colacin mis doctrinas, sino mi particular experiencia, y no debe censurrseme si la explano...5.
Malebranche, perniciosamente, asegura que el nico objetivo que persigue el libro de Montaigne es conseguir un poco de diversin, algo de esparcimiento, encontrar un pasatiempo o procurarle algo de placer a los lectores (Il est vrai quon ne doit pas regarder Montaigne dans ses Essais comme un homme qui rasonne, mais comme un homme qui se divertit, qui tche de plaire, et qui ne pense point enseigner...1); sin embargo, debemos tener en claro que buscar o brindar entretenimiento tampoco constituyeron los mviles que movieron a Montaigne a escribir sus Ensayos. Montaigne, con su obra, slo aspiraba a dejar un registro de las opiniones que emita acerca de diversos temas de acuerdo a su buen sentido; l mismo escribi: Yo no enseo ni adoctrino, lo que hago es relatar.2
Adems, podemos agregar que Malebranche vuelve a equivocarse cuando afirma, con vehemencia, que el conocimiento que el ensayista tiene sobre el espritu humano es harto mediocre (Il me semble que ses plus grands admirateurs le louent dun certain caractre dauteur judicieux et loign du pdantisme, et davoir parfaitement connu la nature et les faiblesses de lesprit humain. Si je montre donc que Montaigne, tout cavalier quil est, ne laissa pas dtre aussi pdant que beaucoup dautres, et quil na eu quune connaissance trs mdiocre de lesprit...3), pues el autor de los Ensayos jams pretendi extraer verdades universales de los hombres (y mucho menos de su espritu). Montaigne no quera sino hablar de s mismo como ser humano particular, entre muchos otros; nunca anhel proveer un modelo extrapolable al resto de los mortales, ni crey haber encontrado verdades generales: A semejanza de los que plantean cuestiones dudosas para que sean debatidas en las escuelas, propongo aqu ideas informes e indecisas, no para dejar sentada la verdad, sino para buscarla.4
Montaigne se inmuniza contra cualquier posible crtica a su hablar de s cuando nos hace saber que l arrib a la decisin de hablar de su singularidad, de l como persona particular, una vez que cay en la cuenta de que no haba asunto del que l tuviera un mejor y ms acabado conocimiento. l compara su hablar de s con el discurso que da un experto sobre algn tema de la disciplina en la que se especializa, y no ve motivo por el cual, si un perito tiene ms que permitido dar a conocer sus pensamientos sobre la materia que le ms le atae, l mismo no pueda explayarse en desnudar su yo, que, en definitiva, es aquello de lo cual tiene una mayor comprensin: Pero, al menos, voy de acuerdo con la disciplina en que jams ningn hombre trat asunto que mejor conociera ni entendiera que yo entiendo y conozco el que he emprendido; en l soy el hombre ms sabio que existir pueda.1; Que los historiadores nos suministren la historia, ms segn la reciben que como la consideran. Yo, que soy soberano de la materia que trato y a que nadie debo dar cuentas...2; Yo me estudio ms que ningn otro asunto: yo soy mi fsica y mi metafsica.3.
Para ir finalizando con esta seccin, puede agregarse que Montaigne se provee, en sus Ensayos, de una ltima arma con la cual defenderse que aqullos que, como Malebranche, pudiesen condenar su hablar de s: Montaigne garantiza que el acostumbrarse a hablar de uno mismo trae aparejada una ventaja nica, que consiste en fortalecer el sentido moral que se tiene. Montaigne asegura que todos aquellos que tengan como hbito el darse a conocer completos se vern compelidos a no realizar, jams, actos impdicos que sean indecibles e inconfesables. Segn Montaigne, si se tiene como regla el escupir, siempre, la absoluta verdad de cada uno, cada quien se ver impedido de llevar a cabo acciones que sean tan condenables que ni siquiera se puedan contar: ...quien se obliga a decirlo todo, obligarase, igualmente, a no hacer nada de aquello que estuviera obligado a callar.1; En conclusin, yo me impuse osar decir todo cuanto me atrevo a hacer; y me disgustan hasta los pensamientos mismos cuando son impublicables.2.
DE CMO PASCAL IMPUGNA EL HABLAR DE S DE MONTAIGNE EN SUS PENSES
Cuando Blaise Pascal afirma que la naturaleza aquello que se llama amor propio consiste en no amarse ms que a s mismo y a considerar nicamente su propia persona (La nature de lamour-propre et de ce moi humain est de naimer que soi.1), podra pensarse que este filsofo est dirigiendo un duro ataque contra Montaigne, quien admiti, sin tapujos, que haca mucho tiempo que no haca ms que dedicar su tiempo a reflexionar sobre s (Hace ya algunos aos que no tengo sino a m mismo por objeto de mis reflexiones, que no examino ni estudio otra cosa que mi propia persona, y si a veces mis pensamientos y miras se dirigen a otro lugar, lo hago slo por aplicarlo sobre m o en m, para provecho personal.2). Pero veamos que, en el caso de Montaigne, no se da aquello de Pascal predice que ha de sucederle a todo aqul que ose dirigir sus pensamientos slo hacia s: segn este religioso, el que detenga su mirada en s mismo, para estudiarse, caer en la cuenta de que est lleno de imperfecciones, mire desde donde se mire, y este descubrimiento de los propios defectos llevar al hombre, a su vez, a sentirse miserable y despreciable (Mais que fera-t-il? Il ne sauroit empcher que cet objet quil aime ne soit plein de dfauts et de misres: il veut tre grand, et il se voit petit; il veut tre heureux, et il se voit miserable; il veut tre parfait et il se voit plein dimperfections; il veut tre lobjet damour et de lestime des hommes, et il voit que ses dfauts ne mritent que leur aversion et leur mpris.3. Al ver de Pascal, este develamiento de las propias faltas y fallas har que el dirigir la mirada hacia s se vuelva un acto insoportable; es as como el hombre intentar, a toda costa, ocultar y esconder estas imperfecciones que moran en l y evitar, tambin, que se los recuerden; de este modo se cae en una suerte de farsa en la que cada uno no slo no quiere reconocer su falta de perfeccin ante la mirada ajena (Cest sans doute un mal que dtre plein de dfauts; mais cest encore un plus grand mal que den tre plein de dfauts et de ne les vouloir pas reconnatre...1; ...nous hassons la vrit, on nous la cache; nous voulons tre flatts, on nous flatte; nous aimons tre tromps, on nous trompe.2), sino que, tambin, se siente inclinado a no echar demasiada luz sobre los defectos de prjimo, por miedo a encolerizarlo, hiriendo su amor propio (Il y a diffrents degrs dans cette aversion pour la vrit; mais on peut dire quelle est dans tous en quelque degr, parce quelle est inseparable de lamour-propre. Cest cette mauvaise dlicatesse qui oblige ceux qui sont dans la ncessit de reprendre les autres, de choisir tant de dtours et de tempraments pour viter de les choquer. Il faut quils diminuent nos dfauts, quils fassent semblant de les excuser, quils y mlent des louanges et de tmoignages daffection et destime.3). Es as como Pascal cree que el hombre se trasforma, inexorablemente, en un ser totalmente hipcrita, dispuesto a callar la verdad a condicin de que su amor propio no se vea herido: Lhomme nest donc que dguisement, que mesonge et hypocrisie, et soi-mme, et lgard des autres. Il ne veut pas quon lui dise la vrit, et il vite de la dire aux autres...4. No obstante, resaltemos que Montaigne, en lo ms mnimo, intenta disfrazarse, simular, aparentar; de hecho, l mismo dice, en su advertencia al lector, que si le fuera permitido pintarse totalmente desnudo, con gusto lo hara. Montaigne es un asiduo amante de la verdad: no slo, a lo largo de las pginas de sus Ensayos, no se cansa de mostrarnos lo flojo y mediocre que es su ser, lo poco laborioso que es l y cun dbil es su alma (por ejemplo: Mi presencia, ignorante y distrada como es...1; ...puesto que mi principal ocupacin en la vida consiste en pasarla blandamente, y ms bien desocupada que atareada...2), sino que, tambin, nos asegura, adems, que su aborrecimiento por la falsedad y por la mentira es tal que lo llevara, una vez difunto, a levantarse de su tumba si se llegase a anoticiar de que se dijera algo que no es cierto sobre su persona (Yo no dejo nada que desear y adivinar de m. Si sobre m ha de hablarse, quiero que se hable verdadera y justamente: muy gustoso volvera del otro mundo para desmentir a quien me haga otro distinto de como fui, aun cuando fuese para honrarme.3).
Por ltimo, mencionaremos que una de las tantas crticas que Pascal dirige a Montaigne se relaciona con la propensin de este ltimo a confesarse ante un pblico de lectores, y no ante un sacerdote, quien, por su parte, est obligado a cumplir con el deber que determina la inviolabilidad del secreto de confesin (La religion catholique noblige pas dcouvrir les pchs indiffremment tout le monde: elle souffre quon demeure cach tous les autres hommes, mais elle en excepte un seul qui elle commande de dcouvrir le fond de son cur et de se faire tel quon es. Il ny a que ce seul homme au monde quelle nous ordonne de dsabuser, et elle loblige un secret inviolable, qui fait que cette connaissance est dans lui comme si elle ny toit pas.4. Sin embargo, Montaigne podra replicar a esto con lo siguiente: Todos son discretos en la confesin, cuando debieran serlo en la accin: el arrojo de pecar se ve, en algn modo, compensado y embarazado por el atrevimiento de la confesin...1. Segn Montaigne, no hay persona ms capacitada que l mismo para juzgar sus actos: Yo tengo mis leyes y mi corte para juzgar de m mismo, a quienes me dirijo ms que a otra parte; yo restrinjo mis acciones con arreglo a los dems, pero no las entiendo sino conforme a m.2; La condenacin que yo de m mismo ejecuto es ms viva y ms rgida que la de los jueces, los cuales no me consideran sino conforme a la regla de la obligacin comn; la obligacin que mi conciencia me impone es ms estrecha y ms severa.3
Con la escritura de este trabajo, se cree haber probado, de manera convincente y con suficiente solidez, por qu se podra afirmar que algunas de las crticas e impugnaciones que emprendieron N. Malebranche y B. Pascal contra el hablar de s de Montaigne (en sus Ensayos) son refutables con los contenidos de esos mismos ensayos.
Esperamos haber dejado bien sentadas las bases sobre las cuales sostenemos que las respuestas a esas querellas de esos dos religiosos se encuentran en las mismas lneas aquella obra tan revolucionaria y significativa (as como tan grandemente imputada). Creemos haber brindado las pruebas de por qu Malebranche comete un error al acusar a Montaigne de soberbio, vanaglorioso y pedante, del mismo modo que suponemos haber demostrado por qu, para Montaigne, el dirigir la mirada hacia su propia persona con el objetivo de estudiarse no trae aparejada, como consecuencia, ese sentimiento de miseria al que, segn Pascal, es inevitable arribar siempre que no se haga ms que pensar en s mismo.
[1] Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, El autor al lector, pgina 1.
[2] Estas palabras no hacen ms que condenarlo; porque si l crey que no haba razn para que se empleara el tiempo en leer su libro, l actu en contra del sentido comn hacindolo imprimir. As, estamos obligados a creer, o que l no dijo que lo pensaba, o que no hizo lo que deba. N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 267.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro I, captulo LV, pgina 267.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 322.
3 El libro de Montaigne contiene pruebas tan evidentes de la vanidad y el orgullo de su autor que parece, tal vez, intil detenerse a remarcarlas; porque hace falta estar bien lleno de s mismo para imaginarse, como l, que el mundo quiera leer un libro bastante gordo para tener un conocimiento de nuestros humores N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 266.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pginas 322 y 323..
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 323.
3 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 323.
4 Es, entonces, una vanidad, y una vanidad indiscreta y ridcula de Montaigne, el hablar presuntuosamente de s mismo en todo momento. Pero es una vanidad todava ms extravagante de este autor el describir sus defectos. N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 268.
5 ...es un orgullo insoportable el ufanarse de los defectos, en lugar de humillarse. Prefiero un hombre que oculta sus crmenes con vergenza a otro que parece publicarlos con descaro... Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 269.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo V, pgina 248.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo IX, pgina 312.
3 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo V, pgina 220.
4 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo V, pginas 248 y 249.
5 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo IX, pginas 331 y 332.
6 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VII, pgina 324.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VII, pgina 324.
2 Si es un defecto hablar seguido de s, es un descaro, o una especie de locura el elogiarse en todo momento, como hace Montaigne... N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres-libraires diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 268.
3 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 323.
4 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 324.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo II, pgina 181.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 324.
3 En efecto, l no tiene principios sobre los cuales fundar sus razonamientos y no sigue un orden para hacer las deducciones de sus principios. Unas lneas de una historia no prueban, un pequeo cuento no demuestra; dos versos de Horacio, un apotegma de Clemenes o de Csar no deben persuadir a las personas razonables; sin embargo, estos Ensayos no son ms que un puado de fragmentos de historias, de pequeos cuentos y de buenas palabras, de dsticos y de apotegmas. N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 264.
4 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Casa editorial Garnier hermanos, Pars, 1899, tomo II, libro III, captulo XIII, pgina 439.
5 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 322.
1 Es verdad que no se debe ver a Montaigne, en sus Ensayos, como un hombre que razona, sino como un hombre que se divierte, que procura agradar, y que no piensa en ensear... N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 264.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo II, pgina 182.
3 Me parece que sus ms grandes admiradores [de Montaigne] lo elogian por tener un cierto genio de autor juicioso y alejado de la pedantera, y por conocer perfectamente la naturaleza y las debilidades del espritu humano. Si yo muestro, entonces, que Montaigne, todo desembarazado como es l, no deja de ser tan pedante como muchos otros, y que l no tiene ms que un conocimiento muy mediocre del espritu... N. Malebranche: De la recherche de la vrit, Paris, Garnier frres libraires-diteurs, 1910, livre seconde, troisime partie, chapitre V, page 265.
4 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro III, captulo LVI, pgina 269.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo II, pgina 182.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo IX, pgina 312.
3 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo XII, pgina 432.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo V, pgina 219.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo V, pgina 219.
1 La naturaleza del amor propio y del yo humano es no amarse ms que a s y no considerarse ms que a s. Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, page 234.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo I, libro II, captulo VI, pgina 322.
3 Pero, qu har el? No podr impedir que este objeto que l ama est lleno de defectos y de miserias: l quiere ser grande, y se ve pequeo; l quiere ser feliz, pero se ve miserable; l quiere ser perfecto, y l se ve lleno de imperfecciones; l quiere ser el objeto de amor y de la estima de los hombres, y ve que sus defectos no merecen ms que su aversin y su desprecio. Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, page 234.
1 Es, sin duda, un mal el estar lleno de defectos, pero es an un mal ms grande el estar repleto de ellos y no querer reconocerlos. Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, page 235.
2...odiamos la verdad, y nos es escondida; queremos ser adulados, y se nos adula; amamos estar engaados, y se nos engaa. Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, page 237.
3 Hay diferentes grados dentro de esta aversin a la verdad; pero se puede decir que ella se halla, en todos, en algn grado, porque ella es inseparable del amor propio. Es esta mala delicadeza la que obliga, a aqullos que se encuentran en la necesidad de reprender a los otros,a elegir tantos rodeos y atenuaciones para evitar ofenderlos. Hace falta que ellos aminoren nuestros defectos, que finjan excusarlos, que los mezclen con alabanzas y pruebas de afecto y estima. Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, page 236.
4 El hombre no es ms que artificio, embuste e hipocresa, tanto en s mismo como para con los otros. l no quiere que se le diga la verdad... Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, page 237.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo IX, pgina 316.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo IX, pginas 316 y 317.
3 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo IX, pgina 349.
4 La religin catlica no obliga a descubrir los pecados indiferentemente a todo el mundo: ella admite que permanezcamos ocultos a la vista de todos los otros hombres, pero excepto a la de uno solo, a quien ella le encarga el descubrir el fondo de nuestro corazn y de hacernos ver tal cual somos. Slo hay un solo hombre en el mundo que nos ordena desengaar, y ella lo obliga a un secreto inviolable, que hace que ese conocimiento est en l como si no lo estuviera. Blaise Pascal: Penses, Paris, Librarie Garnier Frres, s.f., article XIX, paragraphe IX, pages 235 et 236.
1 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo V, pgina 219.
2 Michel Eyquem (seor de Montaigne): Ensayos, Pars, Casa editorial Garnier hermanos, 1899, tomo II, libro III, captulo II, pgina 184.