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La ilusión de un porvenir.
Marie Langer y la relación entre psicoanalisis y ciencia ficción Claudio Farfan |
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Hemos entendido siempre a la ciencia ficción como un género literario que, promediando el siglo XX, alcanza un nuevo impulso, casi en coincidencia con el fin de las guerras. Muerta la idea del progreso infinito por la vía de la técnica, este nuevo genero popular pero con serias pretensiones de amalgamar conocimiento, advertencias, moral y formas de enfrentar el salto al vacío del abandono de las tradiciones decimonónicas, resultó atractivo también en el Buenos Aires de la década de los 60 y reveló una cara poco conocida del psicoanálisis cuando sus más importantes figuras lo asociaron a éste. Por qué habrían de cruzarse los caminos de la cienciaficción y del psicoanálisis? Quienes justificaban ese apareamiento hacían hincapié en la manera en que, a primera vista, ambas cobijan a la ficción como conjetura fantástica que actualiza temores o sentimientos. Ambos reconstruyen el pasado y escudriñan el futuro. El psicoanálisis aparece como otros logros científicos reclamando un lugar en el futuro, aportando el costado de ciencia que soporta las conjeturas acerca del futuro, haciendo lugar a las fantasías que reclaman alguna expresión. La propia Marie Langer da algunas explicaciones al respecto, en algunas obras que recorreremos en este trabajo; la intención es mostrar cómo se cuela el psicoanálisis en el debate a que da lugar la "fantaciencia", a título de qué y, de ser posible, justificar al mismo tiempo las intenciones de quienes pusieron expectativas en tan particular apareamiento. En "CIENCIA FICCION- Realidad y Psicoanálisis" (1) escrito en colaboración con Eduardo Goligorsky, Marie Langer proporciona también algunas pistas que justifican el interés de psicoanalistas por leer y escribir ciencia-ficción. Más allá de la declarada atracción que sobre los psicoanalistas ejercía el género, vale la pena desentrañar porqué la legitimidad de ese interés se apoya en algo más que la lectura aficionada, para poner de manifiesto una posibilidad de intervención desde lo cultural. En este texto Langer desmenuza algunas hipótesis y plantea otras, cuyo recorrido nos permitirá ubicar este interés compartido por Langer y varios de sus colegas de la APA.Nos valdremos también de un cuento escrito por la propia Langer, titulado, "El cambio", que ha sido incluido en una antología dirigida por Emilio Rodrigué (y doblemente prologada por éste y por Dalmiro Sáenz) (2) ; pero lejos de tener por este texto el interés del crítico literario, lejos también de la mirada compasiva o apologética, la propuesta será examinar, llamar a la relectura del cuento, como válida expresión de las ilusiones, temores e implícitas expectativas de las generaciones fundacionales del psicoanálisis en la Argentina. El cuento no sólo parece resumir estas preocupaciones: no solo hace un recorrido de las expectativas que el propio grupo profesional tenía respecto a las posibilidades que se abrían para el psicoanálisis, sino que parece avalar por su construcción la pretensión de presentar a la ciencia-ficción como ocasión de expresión en linguae psicoanalítica los sentimientos de una generación que se intuía a sí misma como puente entre dos abismos: un pasado abolido y un futuro incierto.
I Comencemos por desplegar algunas ideas acerca de cómo explica y justifica Marie Langer el interés que cruza los caminos de psicoanálisis y ciencia-ficción, a partir del texto coescrito con Goligosky. Una vez ubicadas estas justificaciones, podrá apreciarse cómo la ciencia-ficción ofrecía el lugar no sólo para una suerte de especulación precientífica sino, además, como posibilidad de elaboración, de puesta en palabras de los temores y fantasmas de la época. Qué tenían en común ciencia-ficción y psicoanálisis? En este artículo Langer destaca que ambas reconstruyen el pasado y escudriñan el futuro: "Tótem y tabú" y "Moisés y el monoteísmo" darían cuenta del interés del psicoanálisis por el pasado, mientras que "El malestar en la cultura" y "El porvenir de una ilusión" harían lo propio desde conjeturas acerca del futuro. Es decir, que, amén de apelar a la categoría de "pasado" como eje del rescate de contenidos subjetivos que se sobreentendía propio de la técnica psicoanalítica, además de remitir al mito allí donde el ojo de la historia no alcanzaba, el psicoanálisis aportaba su mirada para dar cuenta de futuros posibles. Despejando toda posibilidad de sobresimplicar a Freud, M.Langer apelará también al propio Freud para legalizar algunos puntos de vista que conectaban intereses literarios y científicos. En "La creación poética y la fantasía" Freud decía que las fantasías inconscientes aparecían traducidas por el poeta, en un lenguaje aceptable para los demás, abandonando la atemporalidad de proceso primario, para adquirir lo que Langer llama "el sello del momento". Vale la pena detenerse aquí, en este rasgo al que sólo agregará luego - quizá con la intención de ejemplificar este "sello" - el rasgo también común de "un amargo humanismo, mezcla de pesimismo y de fe en la humanidad" que trasuntan tanto psicoanálisis como ciencia-ficción: qué es este "sello del momento"?. Quiere decir algo así como la marca de la época; las contradicciones, las luchas y los logros de una época. Y también, agreguemos, los temores y las ilusiones del hombre del siglo XX frente a su porvenir incierto, desasido ya del proyecto de la modernidad, abofeteado en su narcisismo, preocupado por las posibilidades y el desmanejo que generaba la creciente tecnificación. Al igual que el juego del niño, la ensoñación diurna o el síntoma, el relato de ciencia-ficción llevaba la marca de la época, al tiempo que alertaba sobre sus errores, con el fin altruista de evitar la catástrofe, de ayudar a elaborar lo que el futuro depositaba a las puertas del presente.
II Ahora bien, cuáles son los supuestos que en la ficción subyacen como aportes científicos del psicoanálisis?, Cuál es el sello de este momento que merece ser reflejado en la ficción desde la mirada del psicoanálisis, cuáles los alertas? Básicamente, en "Ciencia ficción, realidad..." y, para comenzar por el final de este artículo, Marie Langer considera a la ciencia-ficción como oportunidad de poner sobre la mesa un puñado de situaciones del campo social, resultantes del "progreso" y portadoras del sello del momento, sobre los que el psicoanálisis estaba llamado a expedirse:
Como al pasar y a modo de consejo, Langer nos avisa que "el cambio se impone y significará un progreso enorme, siempre que lo manejemos adecuadamente". Cerremos aquí entonces el recorte de temas que la mirada del psicoanálisis acomoda como temores implícitos, junto a la plausibilidad del fin del mundo merced a una catástrofe producida por el hombre y la imaginería de base científica que abrían los viajes espaciales. Antes de pasar revista a los rasgos que de este recorte se ejemplifican con "El cambio", dediquemos un tramo de este recorrido a desmenuzar este resumen: un punteo que en parte nos será de utilidad para la relectura del cuento y en parte quedará planteado sólo como muestra del terreno de intercambio recíproco entre psicoanálisis y ficción, entre realidad y fantasía, entre la legalidad científica y el derecho a la fantasía ilimitada a partir de este cruzamiento.
III Consignemos de pasada dónde se inscribe esta pretensión entre didáctica y admonitoria, de una imaginería de base científica, como herramienta de intervención desde el campo académico, disciplinar, científico o simplemente cultural: es indudable que la "necesidad" de intervenir, de "aportar" desde lo científico al campo social, es una convocatoria que atravesó la década de los '60, en particular en la Argentina. La idea de que el progreso del hombre había avasallado y tomado por asalto al hombre mismo tenía varios antecedentes, pero la década convocaba a sustentar el cambio social con ineludibles aportes científicos y sobre todo con el aporte de intelectuales "comprometidos" con su realidad social.(3) Sin embargo, éste no era el espíritu que campeaba en el naciente grupo que intentaba institucionalizar la práctica del psicoanálisis, grupo que apenas alzaba la voz en lo público, preocupado más por las luchas y crecimientos intestinos que por el mandato del intelectual frente al cambio social. Aún así, lo que podría llamarse el espíritu de la época no deja de estar presente en este rasgo de preocupación que halla su expresión en el género sciencefiction. Sin embargo, otras posibilidades acuden a asistirnos: hay que recordar que Langer tenía tras de sí un pasado de militancia comunista, de brigadista de la República española, de judía exiliada, que era siempre convenientemente silenciado por ella, habiendo privilegiado al psicoanálisis cuya formación había interrumpido en Europa. Pugnaba por expresarse también este aspecto silenciado de Langer en las pretensiones de hacer lugar al cambio social en estas preocupaciones?, Esta convocatoria al psicoanálisis a ofrecerse como base científica era tributaria del "psicoanálisis como ideología para cambiar la sociedad", especie de solución de compromiso que ayuda a entender las inflexiones en la vida de Marie Langer, por momentos enfrascada en el progreso de una practica burguesa y por momentos - y hasta su muerte - absolutamente comprometida con una visión rupturista con esa practica y esa sociedad?..(4) Aún con estas dudas y como forma de retomar el hilo propuesto, resulta menester destacar la originalidad y el acierto de Marie Langer, en vincular al psicoanálisis en esta suerte de "convocatoria", esto que ella describe como un aporte a la "conciencia" y a la discusión de los cambios señalados ut supra (en especial, las relaciones entre los sexos, el cambio en la familia y la disociación entre procreación y sexo). Mas aún, en el artículo citado, Langer amplía la convocatoria a explicar las consecuencias de lo que llama el cambio en lo instintivo, tanto desde la ciencia como desde la ficción. Si "Maternidad y sexo" fue su aporte "desde la ciencia", por qué no expedirse desde la ficción? No sólo la psiquiatría en el siglo XIX había encontrado ya en la "sociedad en movimiento" la causa del incremento de las neurosis. Ya en 1825 Goethe caracterizaba al progreso industrial como una tempestad en ciernes, de curso inalterable "que estallará sobre nosotros y nos golpeará...Imaginad el vacío que había sido poblado por seres vivos durante siglos y que ahora recae en su aridez primitiva..." Una especulación a futuro cargada con el espanto de su presente. También a mediados del siglo XIX el poeta Heine expresaba su asombro, frente a "las máquinas que impresionan como hombres y los hombres que impresionan como máquinas". Marie Langer apelará a quien fuera su didacta en Austria, Richard Sterba, quien ya emigrado a EEUU le aporta la idea de que así como el arte es la expresión de la problemática de la época, la neurosis tiene el "sello del momento". Sterba difiere, dice Langer, del punto de vista sustentado por Freud en "La moral sexual civilizada y la nerviosidad moderna". Allí Freud atribuía como fuente principal de la nerviosidad a la represión sexual que supone la civilización, dejando al progreso y a la tecnificación como causa secundaria. Sterba en cambio postula que la creciente tecnificación y progreso civilizador habían reemplazado a la represión sexual como base de la neurosis moderna por una "prohibición de sentir", de "acallar los sentimientos": en suma, la civilización como causa del bloqueo afectivo. Ya en "El malestar en la cultura" Freud daba por sentado que la felicidad del hombre no aumentaba forzosamente con la civilización: grandes masas le son hostiles y se sienten frustrados por ella, quien a cambio exige, además, una renuncia de tipo pulsional. Cabría agregar a este punteo previo tres desarrollos que abonan la síntesis que, ciencia ficción mediante, expresa temores de la segunda mitad del siglo XX:
Agregará también que, como curiosidad, la homosexualidad no aparece en los cuentos de ciencia-ficción. Pero, ya este punteo nos habilita a entrar con ojos de la época en el cuento anunciado.
IV "La ciencia ficción me recuerda a lo que se ha dicho
de la alquimia. Emilio Rodrigué (5) A modo de prólogo de "El cambio", nada mejor que unas palabras de uno de sus prologuistas. El mismo Rodrigué nos introduce a sus propias justificaciones y dice que la semilla del libro fue plantada en el troley 302, en intercambios con Marie Langer, en los que ella logró interesarlo en los primeros intentos grupalistas, en el concepto de homo gestalt, robado a partir de un desarrollo que el escritor de ciencia ficción Theodor Sturgeon realiza en "Más que humano", una novela en la que se contaba las peripecias de un grupo formado por un bebé de tres años, mogólico pero con una memoria prodigiosa, dos hermanas mellizas que volaban y poseían del don de la telekinesis y otros prodigios. Rodrigué destaca también la ilustración más dramática de la identificación proyectiva en el cuento "La pradera" de Ray Bradbury, en el que unos padres abandonan la crianza de sus hijos en manos de una casa tecnificada que traducía los pensamientos de los niños, quienes enterados de que los padres han decidido demasiado tarde abandonar esa vida y retomar una antigua y poco tecnificada vida, hacen que unos leones nacidos de su imaginación se los devoren. En general, los cuentos que incluye esta antología son de, al menos, un dudoso valor artístico, por lo que sólo nos interesan como construcciones a partir de las cuales se genera un campo de intervención y se expresa una convocatoria, además de dar lugar a fantasmas que formaban parte de un clima de época y que constituían el sello del momento (tal como se ha expuesto hasta el momento). Fantasmas, climas y sellos. "El cambio" relata en primera persona el descubrimiento de Selma, pronta a ser una madre soltera, de los papeles de trabajo y el diario íntimo de su terapeuta, Aline Apfelbroot. Ha llegado a manos de Selma una tesis de Aline acerca de la terapia que domina en ese hipotético futuro: el psicomodelismo. La propia Aline ha sido psicomodelada desde la niñez, merced al tratamiento diario con psicodrogas de efecto prolongado, un gran logro de la neopedagogía del siglo 2 de la era atómica o siglo XX, gestora de ciudadanos perfectos de una sociedad que valora negativamente y trata de evitar que sus hijos sucumban a ...los sentimientos. La abuela de Aline había sido psicoanalista en la segunda mitad del siglo XX, quien discrepaba furiosamente con la madre de Aline y con este tipo de tratamientos, que ahorraban nostalgias y desamparos. No obstante esta abuela influyó en la decisión de Aline de dedicarse a la psicotécnica y al psicomodelismo. Su desempeño y la llegada de Selma como paciente registradas en el diario precipitan la trama del cuento, del que retomaremos aspectos ejemplares que lo complementan; vale lo expuesto como núcleo central. Fantasmas, clima y sellos del momento. Vale partir de la idea que transmite el cuento en general. Se trata de un futuro "desafectado". La ficción transmite un alerta sobre la consumación de un proyecto post-modernidad asociado a la era atómica, en el que el psicoanálisis ha sido dejado de lado, superado por portar en la propia técnica la necesidad de esos afectos básicos que los habitan. Selma sólo encontrará términos como Transferencia, contratransferencia o regresión en la tesis de Aline, y ésta a su vez en los papeles de trabajo y en las historias clínicas de su abuela. Es sin duda un "mundo feliz", para apelar al clásico de A. Huxley. Langer incluye como ironía a un tal Adaptasmo de Rotterdam como autor favorito de la carrera de psicomodelismo, remedo del Erasmo de Rotterdam que había hecho un "Elogio de la locura". Estas ideas de una tal sociedad se expresan ya en los desarrollos cuya índole desmenuzamos en el punto III de este trabajo: una era que se sitúa en relación al desarrollo industrial y que lleva el atributo de ser "atómica", hablan de los miedos que atravesaban los debates sobre la sociedad y de los temores acerca del papel que le tocaba al mundo psi en este mundo posible, como tecnología de control y adaptación social. Hay en el cuento una toma de posición respecto de esto último, ya que la derrota del psicoanálisis en una sociedad como la descripta, parece una suerte de contestación a quienes pudieran concebir que el análisis suponía fines adaptativos a la sociedad. La nueva sociedad desecharía al análisis porque "insumía mucho tiempo y era un proceso doloroso" para reemplazarlo por el rejuvenecimiento y el imprinting, una suerte de derivación de las investigaciones de psicología animal, asociadas a los desarrollos de la etología trabajada tal como la conocemos por Konrad Lorenz. Estas son las tecnologías destinadas a dejar atrás lo "salvaje" de la sociedad preatomica: reimprinting y dosis diaria de psicodroga. Al extender el análisis de esto último, no se puede dejar de relacionarlo con la lucha particular que Marie Langer y el grupo de Escobar (6) mantuvieron contra las experiencias con LSD, promovidas por Alvarez de Toledo durante su turno de presidencia en la APA y cuyos desarrollos y publicación generaron un escándalo de proporciones, que termina con la salida de Fontana de APA en solidaridad con Perez Morales a quien la institución le niega la membresía titular como modo de punición ejemplar. Los temores que generaban los usos de drogas en los llamados tratamientos prolongados, sumados a los temores de una intervención de autoridades públicas frente a la posibilidad de una denuncia por alguna inconducta de algún miembro de APA, a lo que podemos agregar las rencillas institucionales puertas adentro de la profesión, hacían de ello un tema que atravesaba la pertenencia, la pertinencia y la misma lucha del campo intelectual del psicoanálisis. (7) Hay otra referencia a lo "salvaje" en el inicio del cuento, cuando Selma comenta su inminente maternidad de soltera y dice "tal como si yo fuera una salvaje que no hubiera aprendido a controlar sus sentimientos y su cuerpo". Qué mejor que ejemplificar con este párrafo lo que intuimos que Langer postulaba como "sello del momento"? Ese breve renglón condensa todas las preocupaciones que se encontraban en la base de varios de los trabajos de "Maternidad y sexo"; en las preocupaciones por las consecuencias esperables de la disociación entre procreación y sexo; el rasgo de progreso del control de la natalidad que deja atrás la idea de mujer (y familia) tradicional que se realiza teniendo muchos hijos. No dejaba de tener "actualidad" referirse a las acusaciones que recibían quienes consideraban un rasgo de progreso y de abandono de lo subdesarrollado el control de la pobreza a través del control de la cantidad de nacimientos, debate en el que Langer se expedía por la soberanía de la mujer sobre su cuerpo, antes que por una definición de corte político. "Sentir, qué es sentir?, se había preguntado Aline de niña". Trasluce de éste y otros detalles la idea de un camino de progresiva desafección con base en la tecnificación de la lactancia. Hay dos referencias al respecto. Primero, el progresivo camino que hace Aline en el descubrimiento de los afectos que trasuntan los "historiales" de su abuela: amor, ternura, nostalgia, culpa, voracidad, acallados por las psicodrogas. Segundo, cuando hace referencia a cuán difícil le será reencontrarse y despertar esos sentimientos con el fin de experimentar con esos sentimientos y descubre que a pesar de disminuir paulatinamente las dosis de droga diaria, esos sentimientos ni siquiera llegaron a desarrollarse, ya que generaciones enteras de sus "desadaptados" pacientes, han sido masivamente condicionados ya desde la primera mamadera: "las generaciones de hoy no tenían la posibilidad de desarrollar sentimientos ni, por eso, de reprimirlos posteriormente". Cuando finalmente Aline haga un rescate del psicoanálisis, gracias a la aparición de Selma cuyo principio de vida ha sido un tanto distinto, un poco a la antigua, quedarán consagrado este lugar tan singular que la disciplina tiene para Langer, en particular en ese momento. La búsqueda de los vestigios del amor y del odio tempranos eran un indudable sello del kleinismo, tanto como la invocación final del cuento que apela a la idea de una buena madre para Aline, quien nacerá de nuevo de una Selma singular, cuya principal virtud para ser elegida como ocasión de cambio es ser, justamente, desadaptada. Sellos, climas y fantasmas. Un fantasma recorre el cuento y anuncia la victoria de la clase desadaptada y el retorno de la militancia reprimida de Langer. Este nuevo viraje se hace evidente en dos cuestiones más o menos explícitas. Una de ellas es el hilo que une al psicoanálisis con la posibilidad de cambio y de la posibilidad de hacer consciente lo adormecido por el progreso y lo domeñado por la tecnificación. Y la otra, que justifica agregar a la lista de obsesiones de su tiempo, al menos para un sector del campo del psicoanálisis, la vinculación entre psicoanálisis y marxismo. Cuando Aline toma en tratamiento a Selma ha y un hecho que termina de captar la atención y define la decisión en la admisión: " 'Es usted de Vagora?, me preguntó con voz suave, de uno de los pocos lugares subdesarrollados que siguen existiendo? '. En ese momento el ambiente se aclaró. Un rayo oblicuo de sol invernal atravesó la pared de cristal e iluminó su cara". Un rayo de la lucha de clases atraviesa el cuento, la esperanza vive aún en la posibilidad de cambio que portan aquellos que son el último eslabón del desarrollo. Justamente Marie Langer, que forma parte de esa generación de intelectuales que puso a las clases medias porteñas en el centro de los debates acerca de las mutaciones culturales en la Argentina de los '60, deja caer también, como al descuido propio de la ficción de imaginación ilimitada sobre un porvenir de ilusión, la ilusión de una sociedad distinta, más cercana a los fantasmas, luchas y temores que atravesaron su propia vida.
Notas:
Fuente: Trabajo presentado por Claudio Farfan en el Seminario Psicología y psicoanalisis en la Argentina en la decada del `60. Dictado por Hugo Vezzetti, Hernán Scholten y Cynthia Acuña |