PLATAFORMA: treinta aos despus.

Hacia la identidad del PSICOANLISIS ARGENTINO

Juan Carlos Volnovich


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A la memoria de
Fany Baremblitt de Salzberg
Jos Bleger
Manuel Braslavsky
Diego Gracia Reinoso
Marie Langer
Rosa Mitnik
Alberto Pargeament

 



INTRODUCCION

Hace ms de treinta aos un grupo pequeo de analistas aceptamos el desafo de hacer camino, al andar por un espacio no transitado y con rumbo incierto. Las huellas que dejamos, cambiaron de manera definitiva el rumbo del psicoanlisis argentino.

Hace casi treinta aos, Plataforma 1 hizo pblica su separacin de la Asociacin Psicoanaltica Internacional y de la APA, su filial Argentina. Nos disponamos, entonces "a ser y hacer otros psicoanalistas". Mas "verdaderos". "Desde aqu en ms (decamos entonces) el psicoanlisis no es la Institucin Psicoanaltica Oficial. El psicoanlisis es donde los psicoanalistas sean, entendiendo el 'ser' como una definicin clara que no pasa por el campo de una ciencia aislada y aislante, sino por el de una ciencia comprometida con las mltiples realidades que pretende estudiar y transformar"2.

Cumplimos con nuestro destino y, hoy en da, como era inevitable, somos "otros" analistas.
Pero, cmo somos? Realmente somos tan "otros"? Mas an: seguimos todos siendo psicoanalistas? Podemos hablar de "nosotros" como de una totalidad, aludir a una identidad que nos agrupe?

En un artculo publicado despus de su muerte (y de dudosa fidelidad al texto original), Jos Bleger nos condenaba: "Eligen la poltica. Abandonan el psicoanlisis" 3, frase que me persigui como un anatema. Estaba claro: la Asociacin Psicoanaltica era EL psicoanlisis, todo el psicoanlisis. Separarse de la Asociacin era, entonces, sinnimo de romper con el psicoanlisis.

No. No lo hicimos. Seguimos siendo psicoanalistas. Nos quedamos fuera de la organizacin, pero dentro de la institucin 4. Y empezamos a recorrer el camino de la historia para llegar, ahora, a conmemorar los treinta aos de aquella gesta que nos invita a reflexionar -a pensarla desde nuestra acuciante actualidad con toda nuestra potencialidad crtica. Pensar sobre las contradicciones productivas que tuvo, sobre sus logros y sus prdidas, sobre sus promesas y sus perversiones.

Pero "conmemorar" no necesariamente significa hacerle concesiones al recuerdo que nos pretende "excombatientes que aoran sus pocas de gloria"5: tentacin de quedar cautivados, aferrados a un "narcisismo nostlgico"6.

Para disponernos a "conmemorar" es necesario empezar por reconocer que tanto el olvido como la memoria nos son necesarios pero que el horror a quedarnos fijados en el pasado no tiene porqu obligarnos a renegar de nuestra Historia. No es deseable alimentar el silencio -quedarnos callados para hacerle el juego al olvido, a esa consagracin neoliberal que todo lo destie- cuando el ocultamiento se apodera del ayer y nos despoja de nuestro patrimonio. No podemos -o no deberamos renegar de nuestra Historia. No deberamos aceptar que Plataforma quede inscripto apenas como un "s, ya lo s...pero an as". Renegacin donde a los que protagonizamos esa aventura se nos presente como momias de un museo coagulado en el tiempo. Tal parece ser que "conmemorar" nos da la posibilidad de recuperar algo de la memoria colectiva. An, la memoria de las derrotas.

Entonces: cmo "conmemorar"?

Alejado del narcisismo nostlgico, distante del cnico jubileo posmoderno, slo me queda construir un abordaje que refleje algo de la infinita complejidad en la que me encuentro, psicoanalista, a treinta aos de Plataforma. "Conmemorar", subordinado a ciertos imperativos que me llevan a ser consecuente con los principios bsicos enunciados en la plataforma de Plataforma, pero sin eludir el conflicto entre fidelidades y traiciones cruzadas, que puede llevar a imponerme el triste papel de seguir cuestionando 7 lo mismo desde entonces.

Tal vez, todo se reduzca a descubrir cul es la ruptura que me permita afirmar una posicin inclaudicable. O, dicho de otra manera: en el contexto actual tiene sentido seguir cuestionando?8 Y si ese "cuestionar" ya no es vigente en qu se ha transformado?

Si hace treinta aos cuestionbamos el psicoanlisis de la institucin oficial (y la abandonbamos), hoy, consecuentes, deberamos cuestionar el psicoanlisis de la institucin imaginaria y, lisa y llanamente, abandonar la practica del psicoanlisis como profesin liberal?9.

S entonces cuestionbamos al psicoanlisis disciplinario, hoy deberamos marcar el "acontecimiento"10 con el anuncio de nuestra adhesin a un psicoanlisis indisciplinado; psicoanlisis ampliado, fecundado por otros saberes, corrido del inconsciente freudiano al inconsciente maqunico, esquizoanaltico, como lo sugieren Deleuze y Guattari? O seguiremos -inquietos, pero convencionales reclamando para nosotros el psicoanlisis de la clnica. El de la clnica ampliada al psicodrama, a los grupos; el de la clnica del traumatismo para los Derechos Humanos, el psicoanlisis en las instituciones asistenciales para los pobres y en la Universidad para todo el mundo?

Para empezar puedo afirmar que no se trata de seguir cuestionando, ni de contraponer "nuestro" psicoanlisis al psicoanlisis de "ellos", los de la A.P.A. Los mltiples entrecruzamientos dejaron atrs, hace tiempo, esas antinomias. Tengo la conviccin que, hoy en da, el problema ya no consiste en descubrir como "nosotros", los psicoanalistas que al irnos elegimos un camino alternativo al de la institucin oficial 11, hemos cumplido bien, mal, tarde, a medias nuestro proyecto. Proyecto de construir un paradigma alternativo capaz de ser confrontado, contrastado, con el modelo de la A.P.A. La historia de estos treinta aos ha querido que los mltiples entrecruzamientos, infinidad de atravesamientos que caracterizaron la expansin catica de nuestra disciplina, tornen imposible y vuelvan innecesaria la tarea de interrogarnos sobre las diferencias y/o las semejanzas que existen entre un psicoanalista de Plataforma y un psicoanalista de la A.P.A.12 Esto sera, caer en una simplificacin insostenible.

Deca que "conmemorar" los treinta aos de Plataforma nos invita a reflexionar a pensar la historia desde nuestra acuciante actualidad con toda nuestra potencialidad crtica. Este ensayo incluye algunas ideas, no sistematizadas, acerca de la pertinencia -y de la impertinencia de proponer a Plataforma como aporte significativo a la identidad del psicoanlisis argentino y su relacin con el psicoanlisis global. Tratar, por lo tanto, sobre la dialctica del fragmento y la totalidad.

POSMODERNIDAD Y PSICOANALISIS

A quin se acerque hoy en da al psicoanlisis de Buenos Aires le ser difcil disimular el asombro ante tamao despliegue: un psicoanlisis plural domina el cuadro. Psicoanlisis multifactico, atomizado, multiplicado hasta atravesar toda la trama de la cultura; difundido a lo largo y ancho de la escala social, irreverente ante los lmites de clase. Un anlisis ampliado, expandido, elemento esencial en la estrategia particular de numerosos profesionales de la salud, infiltrando la psicologa de la educacin y de las relaciones familiares, desbordando en la psicologa toda que se basa en l para ratificarlo, para criticarlo, para contradecirlo. Para todo, menos para hacer caso omiso de l. Si algn autoritarismo padece es un autoritarismo liberal que permite desarrollar las ms diversas orientaciones para imponer una misma condicin del orden: infinidad de parroquias para una misma iglesia. La jerga psicoanaltica se ha convertido en lenguaje coloquial, en cdigo privilegiado para reflexionar sobre la propia existencia. El psicoanlisis -que antes era de consulta es ahora consumido a domicilio, presencia insoslayable en los medios de comunicacin de masas.

Esta "inteligencia psicoanaltica de masas" 13 muestra una de las caras de la paradoja: la prdida de especificidad, la masificacin, la banalizacin. La otra, un cuerpo terico riguroso, sofisticado, difcil.

Desacralizado, divulgado, vulgarizado, algo ha cambiado. Un reconocimiento social de tal magnitud no puede darse sin una profunda transformacin en la naturaleza de su objeto.

Esta diseminacin posmoderna? de nuestra disciplina, el respeto por las diferencias, la descentralizacin democratizadora, coexiste junto a las formas ms concentradas de acumulacin de poder y centralizacin transnacional. As es: somos testigos de un proceso por el cual los sectores hegemnicos controlan el psicoanlisis y monopolizan los bienes simblicos como nunca antes lo haban podido hacer. La homogeneizacin de la cultura psicoanaltica aportada por los medios coexiste con la diversificacin extrema de pequeos universos simblicos. Diversidad que est al servicio de la fragmentacin; nueva forma de segmentacin de pblicos que implica toda una reorganizacin del mercado simblico con entrecruzamientos muy complejos. Esta segmentacin de pblicos -paradjicamente uniformados por un discurso homogneo va fomentando, tambin, una atomizacin indetenible del conjunto de la comunidad cientfica; comunidad cientfica que cada vez encuentra ms obstculos para identificarse, para solidarizarse, para recuperar la conciencia de totalidad y reorganizarse en consecuencia.
La coexistencia plural deviene, as, en un peligro. Tiende a ignorar lo que nos une o puede unirnos. El relativismo fomenta el aislamiento cuando nos disuade de hacer el esfuerzo para aproximarnos al "otro" y aprender de l (an, de lo que no nos gusta de l). Cada parroquia lacaniana, por ejemplo, ignora lo que ocurre en la otra vecina, pero no lo que pasa en Pars.
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LA HISTORIA

Fue en "El Porvenir de una Ilusin"15 donde Freud pronostic que llegara el momento (este, el nuestro, es "el momento") en que la humanidad iba a ser testigo de como la racionalidad occidental -las ciencias ocuparan el lugar de las ilusiones religiosas: las iran desplazando. En pocas palabras, como la verdad y la razn iran pertrechando al ser humano de un saber que -al liberarlo de la naturaleza le permitiran resignar su dependencia de las ilusiones msticas.

Freud opuso a la religin, la ciencia y, de esa manera, enfrent la razn a la irracionalidad, la verdad al error y a las mentiras. Freud, que en "El Porvenir de una Ilusin" tema que el psicoanlisis acabe vencido por la religin, mal podra haber sospechado que sera como una religin que el psicoanlisis alcanzara el xito, y que su triunfo -tal vez no por casualidad tendra su sede en la Argentina.
El psicoanlisis, as, comenz siendo "la gesta de un singular pionero"
16 y continu siendo una secta. Es con el advenimiento de la modernidad tarda 17 que se transform en iglesia 18. En efecto, nada se opone a caracterizar a la institucin psicoanaltica como sectaria en el largo perodo que va desde su gestacin, hasta el momento de expansin ampliada, cuando se transform en iglesia. A pesar de las pocas coincidencias que haba entre Freud y el pequeo grupo de discpulos que lo rodeaba -a pesar de las diferencias que hubo en el origen de "nuestro" psicoanlisis entre una Marie Langer y un Angel Garma o un Enrique Pichon Riviere, por ejemplo lo que todos tenan en comn era su posicin estructural de sectarios, es decir la sorprendente similitud con que reaccionaban ante la oposicin externa y la hereja interna. En virtud de su estructura exclusiva, la secta psicoanaltica sustent un cdigo moral y tico opuesto al que afirmaba el resto de la sociedad. Como en toda secta, para defenderse de los ataques reales o imaginarios del "afuera", los psicoanalistas organizados centripetamente en la Asociacin Psicoanaltica Internacional y en su filial argentina, necesitaban vigilar y controlar de manera integral la personalidad de sus miembros. La obligatoriedad del anlisis individual por el que tenan -y an tienen que atravesar los candidatos a miembros de la secta; la obligacin de analizarse con Miembros Didactas -esto es, psicoanalistas que pertenecen a la cpula de la pirmide jerrquica garantizaba, as, la pureza e incondicionalidad de sus miembros. Pero el fundamento de la secta psicoanaltica fue la adhesin y la lealtad inclaudicable a la doctrina, a los principios tericos del grupo y a los intereses de la institucin.

As creci y as se desarroll el psicoanlisis como secta, con un cuerpo terico original y sofisticado, capaz de subvertir a los saberes consagrados y amenazando estallar los propios lmites de lo que hasta el momento se consideraba "ciencia". El psicoanlisis creci y se desarroll hasta convertirse en iglesia, alternando un modelo organizativo que reforzaba, a veces, su carcter religioso, salvacionista y redentor; otras, su carcter cientificista y casi siempre, una vocacin aristocratizante.
En la Argentina, el Grupo Plataforma -que se separ en 1971 de la Asociacin Psicoanaltica oficial jug un papel fundamental en la ruptura del sectarismo, en el inicio del expansionismo psicoanaltico y en la enunciacin de una nueva tica
19.
Deca que Freud pronostic, a principios del siglo, que llegara el momento en que la racionalidad occidental -las ciencias ocuparan el lugar de las ilusiones religiosas
20. Pues bien, Freud se equivoc en su profeca. Se equivoc porqu en la sociedad cambi lo que se entenda por modernidad. Abandonamos el evolucionismo que esperaba la solucin de los problemas sociales por la simple secularizacin de las prcticas. Hoy concebimos -por lo menos en Amrica Latina una articulacin mucho ms compleja entre las tradiciones religiosas y las modernidades. El espacio de la cultura actual alberga un pastiche 21 heterogneo donde se superponen mltiples lgicas del desarrollo, donde coexisten varios modelos de modernidad, desiguales y, a veces, contradictorios.

Plataforma oper la transformacin de la secta en iglesia. Dio inicio a la etapa final del monopolio de la Asociacin Psicoanaltica Argentina. Abri el campo a un proyecto de expansin disciplinario. Inaugur el reino de la diversidad. En ltima instancia, anunci el auge lacaniano.

La obra de Lacan, formidable relectura de la obra de Freud se convirti, en parte, en la recuperacin de un espacio protegido, refugio inmejorable para el ejercicio de esa noble profesin de librepensador; logr postularse como una micro cultura de resistencia, opuesta a la devastacin intelectual y tica del despotismo y el terrorismo de Estado.

El discurso lacaniano se expandi en la Argentina como misin jesutica pero mal haramos, esta vez, en reducirlo al claro ejemplo de un barroco transplantado. Este discurso furioso, impugnador y nuevo, ha prendido en las mrgenes crticas y violentas de una gran superficie, espacio excntrico, borde para un neobarroco sudamericano de origen ya que el discurso lacaniano subvierte el orden instituido como la elipsis de Kepler rompe y descentra el perfecto crculo de Galileo. De ah su xito en la creacin de un espacio para la superabundancia y el desperdicio. Porque el discurso lacaniano, ese exceso neobarroco, amenaza, juzga, parodia la economa burguesa basada en la administracin tacaa o, como suele decirse, racional de bienes. Contrariamente al lenguaje comunicativo, econmico, austero, reducido a su funcionalidad (lenguaje destinado a servir de vehculo a una informacin), la jerga lacaniana se complace en el suplemento y en la desmesura. Es justo all donde confluye con la identidad de la cultura latinoamericana a la que, generosamente, se suma.

Contra el imperativo del homo faber que nos pretende ser-para-el-trabajo, el discurso lacaniano ms que trabajo es juego, prdida, desperdicio, placer, transgresin de lo utilitario; transgresin de ese nivel denotativo, directo y "natural" del lenguaje que est, siempre, en cumplimiento de su funcin de consumo y acumulacin. All donde se trate de malgastar, dilapidar, derrochar lenguaje en funcin del placer -en esa ertica retrica del erotismo triunfa el discurso elidente del psicoanlisis lacaniano.

Fue as como una multitud de jvenes analistas fascinados por el estilo barroco de Lacan se lanzaron -cual ejrcito de templarios a invadir los espacios pblicos.
Qu mandato cumplen?

Cul es su misin?

Tal parece ser que asumen el trabajo de sostener un escenario simblico donde llevar a cabo las transgresiones al discurso autoritario, siempre dentro de las instituciones que neutralizan su accin y anulan su eficacia para que no perturben el orden general de la sociedad.

Cul sera, entonces, el lmite de estas innovaciones psicoanalticas en el seno de un sistema de salud reaccionario y represor? Hasta que punto no son incorporadas y cooptadas estas irreverencias, estas herejas, fundadas en sacrilegios rituales? Cmo hacer para que no queden reducidas a la condicin de desacralizaciones sacralizantes, prcticas que slo escandalizan a los creyentes?


HACIA LA IDENTIDAD DE "NUESTRO" PSICOANLISIS


En los comienzos de la dcada del 70 Plataforma parti de la A.P.A. con un discurso psicoanaltico que no exclua el marxismo y que -en algunos casos (solo algunos)- unido al peronismo triunfante, denunciaba el neocolonialismo cultural pretendiendo un psicoanlisis "nacional y popular". Hoy en da me sera imposible sostener esa propuesta. No es que ignore los efectos del colonialismo y del neocolonialismo cultural que, por supuesto, incluye al psicoanlisis sino porque la universalidad de la ciencia y la fragmentacin de la realidad proponen un cuadro de situacin mucho ms complejo.

No obstante, creo que sigue teniendo sentido oponer un frente a la dispersin y a la fragmentacin que nos debilita, la que nos impide reconocernos en nuestra produccin original; la que hace obstculo para que podamos registrar nuestra identidad. En definitiva, tiene sentido resignarnos, "ser" -estar- psicoanalistas argentinos.
La crisis de los metarrelatos, de los discursos totalizadores, no tiene porqu impedirnos pensar en proyectos que permitan reunir experiencias dispersas, trabajos diseminados. No tiene porqu impedir el encuentro -"el buen encuentro" que nos ayude a descubrirnos en nuestras diferencias.

El posmodernismo como norma cultural hegemnica del capitalismo tardo 22 introdujo la idea de la sociedad fragmentada, desagregada, individualista y parcializada. Pero una cosa es la descripcin de nuestra segmentada realidad y otra, muy distinta, la celebracin cnica de esa situacin y la descalificacin de todo intento por pensar de nuevo la totalidad. La totalidad sigue existiendo, solo que de una manera diferente a la que pudimos pensar hace treinta aos. Tanto existe la totalidad, como existen las transnacionales y los medios que ejercen su influencia de manera global. Solo que ahora, parecera, la totalidad existe unicamente para ellos.
Repensar los grandes discursos totalizadores significa despojarnos de la ingenuidad de entonces, resignar una concepcin de la Historia que nos vea a los psicoanalistas luchando contra el Imperialismo, comprometidos con el proletariado triunfante
23. Significa abandonar la utopa de una Patria Grande Bolivariana que nos convocaba a todos para la unidad latinoamericana detrs de un solo objetivo y con una misma lengua. Hoy en da -justamente por la razones que impone la democratizacin de nuestras sociedades y no porque as lo quiere una cultura posmoderna pienso que es bueno agudizar esas diferencias, aceptar la descentralizacin, reconocer la diversidad. Pero, al mismo tiempo, es necesario juntarnos y darnos la posibilidad de volver a pensar la unidad. No soldarnos, pero s solidarizarnos. Hacer estallar las cpsulas que nos impiden reonocernos. Desactivar el dogmatismo que nos aisla. Recuperar o gestar, en definitiva, nuestra identidad. Identidad de psicoanalistas argentinos, latinoamericanos. Lugar desde donde volver a pensar la realidad integralmente, con posmodernismo includo.
La identidad posmoderna de un psicoanalista argentino se construye con fragmentos, con ideales libertarios como los de Plataforma, con influencias transnacionales como las de la I.P.A. , de la E.O.L. o Convergencia, con restos de la represin que dejaron los aos de plomo. Es, en todo caso, el resultado de un proceso mucho ms complejo y contradictorio que el que pudiera pensarse para un psicoanalista que se form en un lugar, en un tiempo histrico determinados. Complejsimo proceso del que emerge un cuerpo desdibujado que poco tiene que ver con la afirmacin tradicional de valores basados en su carcter localista. Poco tiene de "autctono" y mucho menos de ser todos iguales al modelo.
La bsqueda de una identidad para los psicoanalistas argentinos elude la intencin de postular un modelo extico, extravagante, digno de ser visitado o mostrado como fenmeno tpico "venido de Indias". Lo escencial de un psicoanalista argentino, por ejemplo, no est dado por haber transitado por un perodo histrico determinado, en un lugar determinado. Menos an por la aceptacin -como modelo de identificacin de ciertas figuras carismticas que an nos quedan de las "pocas de gloria"
24 y que vendran a llenar el vaco de poder que se gener por la propia fragmentacin y multiplicacin de las pirmides institucionales que la posmodernidad impuso.

El proyecto de Plataforma, las viejas utopas, se inscriben en la memoria colectiva y su recuperacin se torna ineludible para garantizar el presente y el futuro. Sin embargo no propongo, aqu, rescatar los relatos paradigmticos de los 70 para completar lo interrumpido o ponerlos nuevamente en vigencia. S, reelaborar las viejas utopas y garantizar la continuidad real en este presente que es otro, muy distinto de aquel en cuyo seno aparecieron.

La tradicin verdadera es la que ha ido cambiando. No la que permanece inalterable, ligada a la nostalgia. Ser consecuente con los viejos ideales -apostar a la identidad de los psicoanalistas argentinos supone reconocer en los titubeos y contradicciones de las nuevas generaciones de psicoanalistas informales, el lugar posible de esa produccin original. Tal vez es all donde se encuentre el grmen de la verdadera identidad, en la produccin asistemtica, desprolija, "ilegal" de los psicoanalistas informales 25. Y no solo all. Debemos, tambin, perseguir la originalidad de la cultura psicoanaltica en el proceso de apropiacin masiva, en el consumo y la refuncionalizacin del psicoanlisis que les llega a las masas. Qu psicoanlisis consumen los "sectores populares" y cmo se apropian de l? Cmo asumen, incorporan y elaboran los "sectores populares", los "consejos" psicoanalticos que inundan los medios? Cul es la recepcin, en ltima instancia, del discurso psicoanaltico? Entender este proceso puede aclarar algo sobre la pertinencia o impertinencia de los proyectos psicoanalticos asistenciales, de las polticas de formacin y reproduccin de agentes, de las estrategias universitarias y del futuro de las teoras implicadas 26.

Entender este proceso puede, tambin, ayudarnos a derrumbar mitos sobre las necesidades de los "sectores populares" y las caractersticas de "aplicacin" del psicoanlisis. .
Entonces, tiene sentido buscar un perfil particular, una contribucin especfica, del psicoanlisis argentino?
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Para empezar a responder debera poner en duda la imgen que tiende a mostrar "nuestro" psicoanlisis como un eco diferido y deficiente del psicoanlisis europeo. Despus, tener en cuenta la dificultad que surge al descubrir la multiplicidad de paradigmas psicoanalticos que circulan en nuestro medio y la mutacin permanente de los mismos. Ms an: Cmo definir el perfil de una prctica, justamente (des)dibujada por la intensa interaccin con la metrpoli?
No voy a caer en el feroz provincianismo de tomar a Europa como parmetro -referencia nica para marcar las semejanzas o las diferencias que nos constituyen, pero no estara de ms tener en cuenta como perciben los protagonistas del psicoanlisis metropolitano nuestras relaciones entre el psicoanlisis que propongo, por ahora, llamar tradicional y el psicoanlisis actual.
Vctima de lo que algunos autores han definido como un modernismo exuberante con una modernizacin deficiente, Amrica Latina se ha visto presionada por los pases centrales (sobre todo en la economa y en la poltica), para que se integre al desarrollo moderno. Siempre, por supuesto, en posicin de subordinacin. No obstante, en la cultura -y pienso que tambin en psicoanlisis prefieren -sino aquel mimtico, ecollico, que niega la diferencia nuestro rostro ms tradicional. Esto se advierte en la mayora de las publicaciones realizadas durante estos aos en Estados Unidos y en Europa. Los argentinos hemos logrado entrar en el mercado editorial del Primer Mundo pero no tanto por nuestra creatividad reciente sino por las obras consagradas, representativas de nuestra "pasada" poca de gloria.
Tal parece ser que los europeos y los norteamericanos nos vuelven a descubrir. As, en la obra de Enrique Pichon Riviere, en Simbiosis y Ambiguedad que Jos Bleger escribi en 1968, en Maternidad y Sexo que Marie Langer public en 1951, encuentran la ocasin para sorprenderse por nuestras producciones especficas, por nuestras creaciones originales y por nuestras contradicciones histricas. El inters que sucita Plataforma -parte de cuya epopeya se plasm en los Cuestionamos entra dentro de esa curiosidad. No cabe duda que esto responde a la intencin sincera de los psicoanalistas metropolitanos de salir al encuentro de producciones distintas, guiados por motivos que no solo tienen que ver, ahora, con el afan de conquistar nuevos mercados, o con las ansias de dominio colonizador. Pero esta iniciativa que admite prcticas diversas a las que habra que rescatar para estudiar y revalorizar, corre el riesgo de reparar solo en lo aleatorio de las mismas. Reparar solo en un pintoresquismo exterior que describe caractersticas intercambiables para convalidar diferencias insalvables. Cuando el centro descubre que hay varios psicoanlisis, y no uno solo, parecera que ha llegado el momento de reconocer el fin de un ferreo monopolio, sea este imaginario o real. De sbito resulta posible que haya otros; que en el propio centro haya otros centros.
En realidad ese reconocimiento no descarta la permanencia de un poder hegemnico sostenido, tambin, por las producciones alternativas pero, s as fuera -s la hegemona cultural se hubiera perdido, s la soberbia y la insolencia hubieran dejado paso a la humildad, a una creciente sensibilidad hacia las diferencias y a una tolerancia a los "otros" esto no hace otra cosa que anticipar el advenimiento del eclecticismo -por no mencionar el tan pregonado pluralismo en el que se diluyen las identidades.

Sin embargo, de lo que aqu se trata es de reflexionar sobre los lmites de ese reconocimiento respetuoso a (nos)otros. Se trata aqu de reflexionar sobre cmo, de un eurocentrismo implacable que nos ignoraba o nos conquistaba (pero que no nos reconoca) se est pasando a esta democracia del contacto, a las maravillas de la proximidad, a la aceptacin de una produccin perifrica en una suerte de coexistencia pacfica y uniforme. "Vale todo" en el que un humanismo democrtico se despliega para reverenciarse ante las iniciativas locales, las identidades regionales, las particularidades convalidadas. En una palabra, lo singular como annimo.
Se trata aqu de reflexionar, al fin, sobre cul es el momento en el que, por un desliz, la aceptacin de las diferencias se reduce a la indiferencia.
Deca que hemos logrado entrar en el mercado editorial del Primer Mundo fundamentalmente por las obras representativas de nuestra "pasada" poca de gloria. Todo hara pensar que la ubicacin del psicoanlisis argentino en el campo ampliado de la cultura mundial est avalado por la fuerza de su historia, ms que por el torrente irrefrenable de su creatividad actual.

Sirve el reconocimiento de esa Historia para fortalecer nuestra presencia, para disputar un lugar y una legtima reflexin dentro de las teoras contemporneas?
Es que nuestra fortaleza reside solo en lo viejo, en lo tradicional, en la salvaguarda del pasado?


PSICOANALISIS DEL CENTRO Y DE LA PERIFERIA

El psicoanlisis argentino es un producto traducido y transculturado. La "traduccin" es el sistema de mediaciones 28 por va de la cual Amrica Latina busc resolver, frecuentemente, la distancia entre el centro y la perifera 29, entre el texto (la modernidad europeo-dominante) y la lectura (la refuncionalizacin crtica de sus signos importados segn cdigos locales).

Para cualquier periferia dependiente de los circuitos de organizacin, distribucin y circulacin del psicoanlisis metropolitano, el desafo terico es saber cmo interpretar la complejsima va de la transferencia de conocimientos.
S se pretende seguir empleando la metfora de la traduccin, como imagen de la operacin intelectual tpica de las elites psicoanalticas de nuestra periferia respecto del centro, es necesario reconocer que suele ser todo el campo el que opera como matriz de traduccin
30. Por precaria que sea la existencia de ese campo, de ese contexto particular, es innegable que funciona como escena de reelaboracin; como estructura reordenadora de los modelos traducidos. Por eso no sera arriesgado suponer que la importacin de un discurso moderno como el psicoanlisis, antes que desnacionalizador, haya sido el responsable de aportar un impulso definitivo para nutrir el repertorio simblico necesario para la construccin de la identidad nacional de "nuestra" cultura. As, podramos afirmar que -an los psicoanalistas locales adictos o ecollicos del psicoanlisis francs estn lejos de ser meros imitadores de textos importados y, mucho menos, pueden ser acusados de colonizar nuestra cultura 31.

No obstante, nada nos autoriza a pensar esta importacin como sencilla e inocente. Una de sus complejidades se expresa en la dificultad por apropiarse de la teora universal a sabiendas que forma sistema con la normativa del centro. Cmo evitar, entonces, una rendicin incondicional a las gramticas de autoridad del centro? Cmo aduearse de las categoras tericas puestas en circulacin por las metrpolis sin que eso signifique plegarse a las jerarquas del poder central?
En las ltimas dcadas, el poder psicoanaltico de la metrpoli ha experimentado mltiples trastrocamientos de su eje y funcin bajo el registro posmoderno del estallido (o des-centramiento) del centro como polaridad fija y unitaria. De ah que el fenmeno de la transferencia de conocimientos se haya visto, tambin, afectado por la ambigedad surgida ante la crisis de la centralidad. La heterogeneidad, la fragmentacin y la atomizacin del discurso central han tenido efectos en la periferia. Mientras el proyecto de la modernidad domin en la cultura, el centro -en tanto origen y fundamento de irradiacin psicoanaltica universaliz el paradigma dominante. La metrpoli que irradiaba su luz de sabidura y conocimientos hacia una periferia sombreada reserv, a las elites locales ilustradas, la tarea de administrar el Modelo traducido y pontificar sobre los atrasos y avances referidos al mismo.

Centro y periferia sellaron, as, su histrica relacin de jerarqua y dependencia en la dupla original-copia que transcribe el dogma de la colonizacin cultural: el original como sentido primero y nico depositado en el centro, y la copia como reproduccin mimtica en lengua subordinada. En el imaginario social de la modernidad, el peso del Modelo como original -su valor como ncleo de la razn, la verdad y el poder descansa, por supuesto, en la supremaca del origen como jerarqua fundacional.

Pero ocurre que con la prdida de la fe en los absolutos de la racionalidad, el desmembramiento del centro de la modernidad, algo empieza a cambiar en la periferia. Sera demasiado apresurado afirmar que el derrumbe del fundamento (mono-eurocentrista) de una universalidad hasta ahora fuera de sospecha, ayudara a liberar, finalmente, a la periferia de la tirana del Modelo como ejemplaridad de sentido. Pero no es disparatado preguntarse, Cmo se redefine la operacin de traducir para una lectura perifrica, un texto que ya no es el texto nico y fundante de la modernidad del centro, sino que ahora es el texto plural y diseminado de la posmodernidad (del descentramiento)?

Es decir: Cmo se trata a un texto que en si mismo rebate el supuesto de que los textos se rigen monolgicamente por una razn duea de si misma y legitimadora de certezas?

S, pienso que tomar el texto posmoderno en la positividad de su discontinuidad, en la precariedad de su sentido, en la debilidad de su pensamiento, pudo haber sido til como recurso antifundamentalista para la periferia. Una buena oportunidad para desalinearse del Modelo.

El espacio cedido por la discontinuidad, la fragmentariedad, la transitoriedad de los signos centrales invitara a que la periferia los ocupe con un proyecto poscolonial de descolonizacin en la medida que permita liberarse de la sujecin a las totalidades jerrquicas. Sin duda que la profunda crtica al poder del saber nico en algo ayuda ya que la diseminacin del sentido en cuanto multiplicidad y diversidad revoca el mito originario de una voz cannica que basa su autoridad en la huella fundacional del texto.

No obstante, hasta el polismico discurso lacaniano -descuartizado por los disidentes en fragmentos que se pretenden a si mismos fracciones totalizantes (y, porqu no, la teora derrideana de la deconstruccin)- est expuesto a reapropiaciones monocntricas del concepto en la medida que es fetichizada en la periferia como expresin catedrtica de la incontrovertible superioridad de la cultura francesa. As, las teoras acerca de la "muerte del autor" (Lacan, Foucault, Barthes) estn expuestas a ser antologizadas por una tradicin de firmas con prestigio local que consagra la exclusividad de los nombres y, sobre todo, el renombre. El mismsimo discurso posmoderno que afirma la crisis de los metarrelatos puede sonar para nosotros como metarrelato de la crisis si no se abre a la heterogeneidad de lo mltiple-diferente. La exaltacin del respeto por las diferencias, la pasin por la alteridad 32 que conduce la tica del psicoanlisis, parece no tener la fuerza suficiente para clausurar la conflictiva complejidad de eso "mltiple-diferente".
Ni la teora del "fragmento", ni la prctica de la "fragmentareidad", ni mucho menos la idealizacin de lo efmero, son ejercicios desdeterminados (indeterminados). Productos que puedan manipularse con independencia de los condicionamientos materiales que regulan los juegos del lenguaje administrados por el poder central. Estos condicionamientos metropolitanos garantizan, por ejemplo, que la teora posmoderna del "fragmento" se reciba en la periferia con todo el prestigio de su previa consagracin en la metrpoli. Es como si, al final, las virtudes antiautoritarias y antitotalitarias del discurso conservaran su carcter desptico.
Hace un tiempo, Jacques Alain Miller
33 nos daba un buen ejemplo de esto. Refirindose al futuro de la ciencia y aludiendo a la medicina cuyos das estaban, para l, contados, deca: "Percibo, as, la estructura del porvenir. Puedo anticiparlo, por un lado se desarrollarn los especialistas de la estructura molecular. Por el otro, los psicoanalistas. Entre los dos, nada. Este es el paisaje que se est dibujando".
Y, ms adelante, despus de afirmar que hay una sola prctica que podra llamarse verdaderamente atea, y esta es el psicoanlisis, afirmaba: "No debe pensarse que existe un imperialismo del psicoanlisis. El psicoanlisis puede asumir sin problemas su lugar. Su reducido lugar. Pero all donde est lo suyo, slo l reina. Es como el Dios de los judos, no es el Dios de todos, pero all donde reina, reina solo."
Pues bien, he aqu una disciplina (en realidad es solo un fragmento, aunque hegemnico, de una disciplina) que ilustra la autonoma relativa de un dominio del saber con la metfora de la hegemona absoluta de una religin monotesta. He aqu un saber que sume en la "nada" a quin no la profesa; y he aqu un psicoanalista que profetiza el reinado universal de su deidad.



TRADUCCIONES.
TRANSCODIFICACION DEL DISCURSO PSICOANALTICO.

LADINO Y NEOBARROCO

 

Dnde buscar la originalidad del discurso psicoanaltico argentino?

Dnde intentar descubrirlo?

Arriesgo una respuesta: en las operaciones terico-discursivas instrumentadas por la periferia no slo para construir frases propias con un vocabulario y una sintaxis recibida sino, tambin, para subvertir las interpretaciones codificadas por los pactos de lectura hegemnica, desvindolos hacia resignificaciones locales tan rebuscadas, barrocas -y hasta perversas como el propio giro posmoderno.
Desde siempre experto en las transcodificaciones del bricolage terico (la construccin de modelos sobre la base de residuos o deshechos de otras construcciones) el psicoanlisis local usa la "cita" del discurso hegemnico para resignificar operaciones locales autodirigidas. Operaciones que conquistan, a veces, la atencin del destinatario metropolitano porqu fingen compartir su mismo vocabulario (la simulacin, la parodia, el reciclaje y la apropiacin mimtica) para luego revertir sus trminos en una suerte de contra-mmica. De ah que su ser ladino vertebre la identidad de "nuestro" psicoanlisis.
La condicin de psicoanlisis ladino
34 debera hacernos pensar que cuando los locales hablan el lenguaje de la metrpoli, solo relativamente estn sacrificando su jerga local o traicionando su propia produccin para rendirse al culto del mercado psicoanaltico hegemnico. Ms bien parecera que la lectura perifrica desva las frmulas de origen hacia cruces no programados por la semntica del centro. Cuando la periferia usa (y abusa de) la mecnica posestructuralista de la "cita" para desarticular los mitos del sentido indiviso e infinito, no es solo para romper, a la manera de Derrida, con el artefacto filosfico de la totalidad metafsica. La "cita" tambin nos sirve para desactivar la clausura eurocentrista de una tradicin legitimada por autorreferencia y nos sirve para confrontarla a contextos heterogneos que desequilibran su patrn monocultural.

Quiero creer que como periferia, cuando nos prestamos a "jugar" un discurso de acuerdo a modelos y leyes promulgadas por el centro, no ignoramos las trampas con que un poder disciplinante y corporativo nos "explota" al tiempo que es incapaz de cualquier solidaridad con nosotros 35. Se trata, ms bien, de prestarnos a un dilogo con el centro; dilogo que viola las fronteras del control metropolitano. Complicidad nuestra con las voces contra-hegemnicas del centro, las que se interesan -democrtica y sinceramente en los otros de lo Otro, en las diferencias de la Otredad 36.

Sera ingenuo quedarse con la evidencia y pensar que cuando la periferia teatraliza la "copia" -la reproduccin, la imitacin como herencia colonial, lo hace para mimetizarse con la esttica posmoderna del simulacro. La periferia exagera el travestismo cultural de la "copia" pero lo hace al mejor estilo de la stira latinoamericana del Modelo a imitar (aunque el Modelo a imitar -el original sea la desacralizacin de los modelos).

Esa burla 37, esa sobreactuacin del doblaje pardico como estratagema -como respuesta estratgica al tradicional dficit de originales y originalidad que nos aqueja (por otra parte, ms imaginario que real) permite afirmar la caracterstica neobarroca38 de nuestra identidad psicoanaltica. Identidad que se liga a una cultura cuya tradicin ha reestilizado, siempre, la mscara como retrica transcultural de la apropiacin; artificio para denunciar y ocultar, carnavalescamente, lo propio.

 

 

EL AMPLIO ESPECTRO DEL PSICOANLISIS ARGENTINO:

LOS MEDIOS

LAS ESCUELAS DE PSICOLOGIA SOCIAL

LAS ASOCIACIONES "OFICIALES"

LAS ESCUELAS LACANIANAS

 

La oposicin entre psicoanlisis de "divulgacin" y psicoanlisis "sofisticado", la oposicin entre "culto" y "popular" ha dominado el cuadro en este proceso de expansin disciplinaria que caracteriz estas tres ltimas dcadas inauguradas por Plataforma.
Mientras el psicoanlisis "culto" conquistaba su lugar a partir de emitir su discurso casi al mismo tiempo que en Pars y casi en la misma longitud de onda
39 -mientras renegaba de sus orgenes kleinianos y locales el psicoanlisis de "divulgacin" ganaba adeptos recurriendo a simplificaciones y apoyndose en las propias tradiciones, Bleger, Pichon Riviere, para el caso. En los extremos, mientras unos estudiaban talmdicamente al ltimo Lacan -acumulando a su lado a Parmnides, a Gdel, a Kojeve, a Hegel, a Heidegger, a Russel, y as sacaban su ganancia otros, difundan a "nuestro" Pichon Riviere y abran infinidad de escuelas para "manicuras, plomeros y cadetes de oficina" 40 cuando no invadan la televisin con versiones "light" 41 y/o demaggicas de un psicoanlisis anacrnico.

Pues bien: defender la identidad de un psicoanlisis que contemple este amplsimo espectro supone algunas aclaraciones.

La predileccin por "nuestras" tradiciones (Pichon Riviere, por ejemplo) lleva a concebir el desarrollo del psicoanlisis como la simple preservacin y administracin de un patrimonio idealizado, que solo tiene en cuenta los adelantos modernos (Lacan, para el caso) para ignorarlos, para rapiarlos, para desvirtuarlos.
Los fundamentalistas, ya se sabe, eligen los bienes simblicos -el conjunto de prcticas tradicionales que distinguen a una comunidad y los absolutizan dogmticamente. En pocas palabras, tratan de rememorar el pasado y custodian los bienes que lo evocan.

En el extremo opuesto se hallan quienes absolutizan el proyecto que nos trajo la modernidad. En un tiempo vieron en el modelo de una A.P.A. monoplica y kleiniana, su camino y luego, con el "desarrollismo", cultivaron un romance productivo en el Servicio de Psicopatologa del Policlnico de Lans que diriga M. Goldemberg 42.

Pronto, verdaderas ansias de estar al da con lo mejor que en el mundo se produca los llev a Pars. All estaba Lacan. Pero no todos fueron a Pars. Meltzer, Bion, Winnicott, porqu no, fueron otras voces escuchadas y consultadas.
Proponer el rescate de la identidad del psicoanlisis argentino supone, justamente, cuestionar el divorcio entre el psicoanlisis de "divulgacin" y el psicoanlisis "sofisticado". La absolutizacin unilateral de una u otra de estas lneas deja de lado la heterogeneidad multitemporal constitutiva de nuestra sociedad y la consiguiente hibridacin cultural que nos determina. Oculta, adems, que la oposicin principal no se da tanto entre "culto" y "popular", sino que se da entre diversos circuitos comunicacionales a los que tienen acceso desigual los diferentes sectores. Circuitos que crean regmenes de inclusin y de exclusin que acentan ms que las diferencias, las desigualdades entre los grupos de diversos recursos.
No es casual, entonces, que en esta tan mentada posmodernidad coexistan y tengan un alto poder de convocatoria escuelas tradicionales (las escuelas de Psicologa Social) y otras que representan la modernidad ms exaltada (las escuelas lacanianas), dando la impresin de una fantstica abundancia en la que las viejas jerarquas ya no existen.

Pues bien, las viejas y las nuevas jerarquas, los viejos y los nuevos rdenes siguen existiendo. Es ms, siguen dando muestra inequvoca de que todo se resume, en ltima instancia, en la manera como las elites agencian y administran la interseccin de diferentes temporalidades histricas y tratan de elaborar con ellas un proyecto global.

Cuando la transnacionalizacin de la economa y de la cultura nos sita en el cruce de mltiples influencias, optar en forma excluyente entre dependencia o nacionalismo, entre modernizacin europea o tradicionalismo local, es solo una manera de simplificar la opaca densidad de nuestra realidad.

Tal vez, deberamos conformarnos con mostrar la complejidad y tratar de explicar el modo como las clases hegemnicas fundan y sostienen su posicin en los mecanismos que les permiten reproducir la estructura social para garantizar su continuidad. As, al situar al psicoanlisis en el conjunto de la formacin social, es imposible eludir la certeza de que, al aceptar las diferencias, se est convalidando una distribucin arbitraria y desigual de los bienes simblicos.

CONCLUSIONES

Comenc recordando que hace ms de treinta aos, un grupo pequeo de analistas aceptamos el desafo de hacer camino, al andar por un espacio no transitado y con rumbo incierto. Dije que las huellas que dejamos, cambiaron de manera definitiva el rumbo del psicoanlisis argentino.

A lo largo de este texto volqu, de manera poco rigurosa y desordenada, algunas ideas sobre el devenir del psicoanlisis en la Argentina e insist en la necesidad de reflexionar de manera crtica acerca de nuestra acuciante actualidad; necesidad de pensar, en ltima instancia, sobre las contradicciones productivas que tuvo, sobre sus logros y sus prdidas, sobre sus promesas y sus perversiones.
Anunci que, trabajando sobre la dialctica del fragmento y la totalidad, iba a sostener a Plataforma como responsable de un aporte significativo a la identidad del psicoanlisis argentino, ladino y neobarroco, y a su relacin con el psicoanlisis global.
Terminar, entonces, apelando a continuar el camino inaugurado y a reconstruir nuestra memoria histrica para poder as, ocupar el siglo que iniciamos con un psicoanlisis ms maduro, que despliegue toda su potencialidad ante el desafo de las otras disciplinas y que haga valer su propia capacidad para generar nuevas ideas.

 

 



Notas:

 

1.       Plataforma produjo dos hechos trascendentes: la renuncia a la A.P.A. de un grupo de miembros que se desplegaban a lo largo de la pirmide jerrquica, y la autodisolucin del grupo al ao de haber renunciado. No me atrevera a evaluar cul de las dos "rupturas" ha sido ms significativa.

2.       Declaracin del Grupo Plataforma. En Langer, Marie: Memoria, Historia y Dilogo Psicoanaltico. Folios Ediciones. Mxico. 1981.

3.       Bleger, Jos: "La Asociacin Psicoanaltica Argentina, el psicoanlisis y los psicoanalistas. En Revista de Psicoanlisis: 1973:2. Buenos Aires.

4.       Institucin, en el sentido que le da C. Castoriadis (Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto. Gedisa, Barcelona, 1988). "Magma de significaciones imaginarias", concepto que trasciende el de organizacin en la medida que no se agota en los aspectos formales, en los edificios. De lmites provisorios y siempre expuestos a ser desplazados, la institucin es, al mismo tiempo, contexto que nos incluye y texto que nos constituye.

5.       La imagen es de Marta De Brassi.

6.       Villamor, Carlos: "Angustia y coraje en tiempos de nostalgia y cinismo. En Desbordar. 1992:4. Buenos Aires.

7.       Cuestionamos I yII. Tal el ttulo de la compilacin que realizaron Marie Langer y Armando Bauleo.

... Cuestionamos. Compilacin de Marie Langer. Ed Bsqueda. Bs. As. 1987.

8.       La permanente duda acerca de nuestras certezas, la crtica constante a cualquier consagracin del saber, el anlisis de la implicacin y de la sobreimplicacin, es parte inherente de la prctica psicoanaltica. No obstante una posicin desvastadoramente crtica impedira transmitir nada a los miembros de la comunidad cientfica. En definitiva cuestionara su propia existencia. Remito a Safouan, Moustapha: La palabra o la muerte. De la Flor. Bs As. 1994.

9.       Tal como lo propone Gregorio Baremblitt en la "Carta del Profesor Sigmund Freud para el libro 'Cuestionamos, veinte aos despus'", que nunca fue editado ni publicado.

10.    En el sentido de Deleuze, G: El pliegue. Paidos. Buenos Aires. 1989.

11.    Dudo al afirmar esto. Tal vez, ms que elegir un camino alternativo al romper con la A.P.A., nos subordinamos al mandato de extender el psicoanlisis y desarrollar una estrategia expansionista en el campo ampliado de la cultura. En otras palabras: hasta que punto nuestra renuncia no fue ms que una expulsin encubierta con un mandato preciso?; mandato que iba en contra de la organizacin como secta pero a favor de la institucin como iglesia.

12.    Ignoro como trabaja un psicoanalista de la A.P.A. si es que el tal psicoanalista existe. Ms bien tiendo a pensar en la multiplicidad de individualidades imposibles de ser reducidas a un modelo. Por otra parte, acepto que haber pertenecido al grupo Plataforma nos ha marcado de manera insoslayable, pero nada me autoriza a pensar que los psicoanalistas de Plataforma tengamos alguna caracterstica que nos diferencie en bloque, del resto. Justamente, por haber sido marcados diferentemente. Plataforma no existe ms que en el imaginario social.

13.    Castel, Robert: La gestin de los riesgos. Anagrama.Barcelona. 1984. Castel entiende por "inteligencia psicoanaltica de masas" la transmutacin de una teora difcil y exigente en comn denominador de todo un medio cultural.

14.    Estamos africanizados. Quin haya viajado por el frica sabe que para ir de un pas fronterizo a otro, a menudo es ms fcil hacerlo va Europa. Uno de los graves problemas de la pluralidad y el respeto por las diferencias es como esta conspira contra la integracin y la comunicacin horizontal, contrastando con su conexin vertical -y, subalterna- con Pars.

15.    Freud, S: El porvenir de una ilusin. Ed Biblioteca Nueva Madrid. 1948.

16.    Baremblitt, Gregorio: La institucin del psicoanlisis. Su panorama actual. Su crisis y su futuro. En Lo Grupal. Ed. Bsqueda. Bs. As. 1983.

17.    No voy a introducirme aqu en la oposicin valorativa entre modernidad y posmodernidad. Tampoco quiero mantener mi oposicin a quienes consideran que el psicoanlisis es el ltimo de los grandes discursos emancipadores que aun no ha sido criticado verdaderamente. Remito, en todo caso, a:
Volnovich, Juan Carlos: Psicoanlisis, Posmodernidad y Poltica. David y Goliath. 20 Aniversario de CLACSO. Ao XVII. Nro. 52. Septiembre de 1987.
Volnovich, Juan Carlos: La Psychanalyse en Amerique Latine. En, Societ Francaise. Nmero 23. Pars. 1987.

Volnovich, Juan Carlos: Psicoanlisis de los 90. Re-vuelta a los 70. En. Revista Casa de las Amricas. No 181. La Habana. Cuba. 1990.

Volnovich, Juan Carlos: Psicoanlisis Argentino: 20 aos sin Plataforma. Nuevo Sur.
Volnovich, Juan Carlos: Psiquiatra Transcultural y Folklrica.
Volnovich, Juan Carlos: Neutralidad, compromiso, desencanto e implicacin de un psicoanalista en las instituciones pblicas. En, Terapias. Bs. As. Ao 1:4. 1992.

18.    Cuando digo "secta" lo hago entendiendo por secta a un conjunto de personas que se han discriminado en el cuerpo de la sociedad para formar un grupo limitado y exclusivo que rechaza las normas inclusivas de la sociedad- y que proclaman la adhesin a un sistema de ideas, de valores y de reglas de conducta.
A diferencia de las "iglesias" que acogen en su rebao tanto al santo como al pecador, la secta est constituida, solamente por los puros. La secta es exclusiva tanto como la iglesia es inclusiva.

Con todo, con lo dicho no quisiera sumarme a las categoras weberianas que tipifican y contrastan los modelos ideales de secta y de iglesia. Afirmaciones que encuentran una ruptura -ms que una continuidad- entre estos dos modos de organizacin y que, a veces, oponen las caractersticas especiales de la secta a las de la iglesia. Si, coincidir con Lewis Coser (Las instituciones voraces. Fondo de Cultura Econmico. Mxico. 1974) en la diferencia que establece entre las sectas y las iglesias con las "instituciones totales" que describi Erwing Goffman (Asylum. Anchor Books. Garden City. N.Y. 1961).

19.    Pavlovsky, Eduardo: El porvenir de nuestra ilusin y la prctica ideolgico-poltica. En, Acto psicoteraputico II. tico. Bs.As. 1986.

20.    Contra los pronsticos freudianos, comenzamos un siglo y un milenio con una ciencia universal increblemente desarrollada, y las religiones antes que desaparecer- van ganando adeptos. Van creciendo las adhesiones irracionales, las sectas, las creencias, el amor a los dioses. Ms aun: en el seno de las prcticas cientficas convencionales retornan las peores consecuencias de la alienacin y el despotismo. Y, en el seno de los movimientos religiosos, junto a una estructura francamente autoritaria, aparecen, tambin, indicios democrticos, intenciones libertarias, organizaciones autogestivas profundamente crticas. As, no son pocos los autores que reconocen en algunas iglesias alternativas, ciertas iniciativas de lo que seran nuevas formas de militancia, la inauguracin de espacios de poder resistentes a los discursos totalitarios. Espacios que estaran, claro est, siempre acotados por la interaccin contradictoria con las iglesias hegemnicas.

21.    "Pastiche" es un concepto que le debemos a Thomas Mann (Doktor Faustus) quin, a su vez, lo tom de Adorno. Este ltimo lo utiliz para aludir a las dos vas de expresionismo musical de avanzada: la planificacin innovadora de Shoenberg con el dodecafonismo, y el eclectisismo irracional de Stravisnky.

22.    Jameson, F: El posmodernismo como norma cultural hegemnica del capitalismo tardo. Revista Casa de las Amricas. La Habana. Cuba.

23.    Vezzetti, Hugo: texto para el libro "Cuestionamos, veinte aos despus" que nunca fue editado ni publicado.

24.    Si bien coincido con M. Saphouan (op.cit) cuando afirma que "no existe sociedad humana que no descanse en la filiacin, es decir en la inscripcin de sus miembros en un linaje paterno o materno" (pag.105) -y esto no solo es vlido para la "sociedad humana" sino tambin para la sociedad de psicoanalistas, "esa inscripcin se hace por la intermediacin de un nombre, pero no hay necesidad alguna de que ese nombre sea el del padre".

25.    En realidad, no aludo aqu a la produccin o a la reproduccin de psicoanalistas sino a la produccin y a la reproduccin de una comunidad cientfica como sistema social, con las relaciones sociales que establecen, con sus interacciones, y en cuyo seno los individuos desarrollan su existencia no agenos a una masa crtica.

26.    No es muy diferente lo que propona Guattari: poco importa si las asociaciones, las escuelas psicoanalticas desaparecen y hasta si la propia profesin de psicoanalista desaparece, siempre y cuando el anlisis del inconsciente subsista como prctica y segn modalidades novedosas. Pero, en este caso, no se tratara de un inconsciente de especialistas, sino de un campo al cual cada uno pudiera tener acceso sin ncesidad de preparacin alguna; territorio abierto por todos lados a las interacciones sociales y econmicas, directamente ligado a las grandes corrientes histricas y, por ende, no exclusivamente centrado en los conflictos de familia, en el Edipo. Guattari aspiraba a que el anlisis del inconsciente devenga asunto de todos. Pero, para eso, el psicoanlisis tendra que renovar su mtodo, diversificar su abordaje, enriquecerse en el contacto con otros campos de la creacin. En resmen: "hacer excatamente lo contrario de lo que el psicoanlisis oficial hace".

Es el inconsciente maqunico que corresponde al esquizoanlisis y que participa de los ms diversos flujos y materiales. "La designacin de los individuos en los puestos de produccin no solo depende de los medios de coercin o del sistema de remuneracin monetaria. Depende, fundamentalmente, de las tcnicas de modelizacin de los agenciamientos inconscientes operados por los equipamientos sociales, por los medios de comunicacin de masas, por los mtodos psicolgicos de adaptacin de cualquier tipo. Solo la recuperacin de las mquinas tcnicas por las mquinas deseantes, lo que yo denomino una 'revolucin molecular', permitirn liberar a las masas de reproducir las relaciones de dominacin". (Guattari,F: El inconsciente maqunico y la Revolucin Molecular. Mxico. 1981)

27.    Tiene sentido buscar la identidad cultural del psicoanlisis argentino? En otras palabras: Existimos, nosotros? En Calibn, (Revista Casa de las Amricas, 1971:68. La Habana, Cuba.) Roberto Fernnez Retamar afirma que "poner en duda nuestra cultura es poner en duda nuestra propia existencia".

28.    Barbero, Jess Martn: De los medios a las mediaciones. Editorial G. Gili. Barcelona. 1987.

29.    El concepto de "centro y perifera" fue introducido por Ral Prebisch en un estudio econmico que realiz para la CEPAL , en 1949. Estos trminos tericos -centro, periferia- sugieren que en la economa global existen dos tipos de pases y que las relaciones entre ellos se caracterizan por una creciente desigualdad.
Por mi parte, adelanto que "europeo"no es sinnimo de central, tanto como "argentino" no es sinnimo de perifrico. Da cuenta de esto el hecho de que en los pases pobres hay ms ciudades "millonarias" que en los pases ricos. (Samuel Chameki: "Un tercio de la humanidad vive en tugurios. El Correo de la UNESCO. Junio de 1976.)

Subscribo, adems, lo que afirma Remi Hess (Centro y Perifera. Ed Privat. Toulouse). Me refiero a la manera en que los profesionales, los intelectuales, aceptan por delegacin actualizar el centro en la periferia. Esta actualizacin toma la forma de la gestin de equipamientos del poder central: la ocupacin de los territorios del control social. Una casta de privilegiados controla, en nombre del Estado, lo que debe ser enseado y los que debe ser omitido respecto del saber social.

As, queda claro que el poder central que en un principio era localizable en el nivel nacional- se encuentra desplazado cada vez ms en el lejano nivel supranacional. El poder central se ha vuelto perifrico al encontrar nuevos lugares de concentracin de poder. As, existe la tendencia a organizar bolsones de centralidad en la periferia; bolsones en los que se reedita el poder desptico del centro.

30.    Altamirano, C. Sarlo,B: Literatura/Sociedad. Hachette. Buenos Aires, 1983.

31.    Ricoeur, Paul: Appropiation. Hermeneutics and the Human Sciences Cambridge University Press. 1992.

32.    Roustang, F.:La eficacia del psicoanlisis. Diarios Clnicos. Bs.As. 1990.

33.    Miller, J.A: Recorrido de Lacan. Ed Manantial. Bs.As.

34.    El trmino "ladino"se usa en Amrica Central -sur de Mxico- para referirse a los indios ms aculturados respecto de la sociedad criolla dominante. Tambin se llama as a los mestizos que viven en pueblos de indios. Constituyen un estrato social superior al resto. En Argentina, la expresin adquiri un tono peyorativo que alude a la presunta doblez de intenciones del gaucho (anagrama de "guacho": hijo sin padre que lo reconozca).
Segn la Sapiens, Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana "dcese del que habla con facilidad varios idiomas". Pero, tambin, "taimado, sagaz, astuto".

35.    Sergio Rodrquez denunci esta "explotacin" en la Revista Psych a propsito de la visita de algunos psicoanalistas franceses y las formas organizativas que se daban los locales con respecto a los metropolitanos.

36.    Al hablar de la produccin cultural europea, hay que tener en cuenta que lo mejor de Europa se ha hecho en Europa contra Europa. Es decir: contra los sectores ms reaccionarios y "establecidos" de la cultura central.

37.    Magistralmente ejemplificada por Baremblitt, Gregorio: Lacantrocas. Hcitec. Sao Paulo. 1991.

38.    El neobarroquismo como identidad del psicoanlisis argentino (y latinoamericano) sera tema de un prolongado ensayo que no me atrevo ms que a insinuar, aqu. Remito a:

Lacan, J: Del Barroco El seminario 20. An. Paidos. Barcelona. 1975.

Deleuze, G: El pliegue Op.cit.

Lezama Lima, J: La curiosidad barroca. En, Confluencias. Editorial Letras Cubanas. La Habana. 1988.

Carpentier, A: Lo barroco y lo real maravilloso En, Ensayos. Editorial Letras Cubanas. La Habana. 1984.

Barroco, ms que un estilo, es una suerte de pulsin creadora que, ciclicamente, vuelve a traves de la historia.

Existe en Amrica Latina un espritu barroco como constante que de ningn modo puede circunscribirse, ni clausurarse, con el movimiento esttico nacido en el siglo XVII.

Al Popol Vuh, a Jos de Churriguera, a la gran hazaa del quecha Kondor, al prodigio del Aleijadinho, a Sor Juana Ins de la Cruz, a Rmulo Gallegos, Jos Mart y Ruben Daro, a Leopoldo Lugones, se le suma, como contribucin a la identidad neobarroca de la cultura latinoamericana, el psicoanlisis lacaniano.
Sarduy, Severo: Ensayos generales sobre el barroco. Fondo de Cultura Econmico. Bs.As. 1987.

El neobarroquismo, ms que un (neo)estilo, es la norma permanente de la cultura latinoamericana. A diferencia del barroco, el neobarroco refleja estructuralmente la inarmona, la ruptura de la homogeneidad, la desaparicin del logos como absoluto, la crisis del concepto de "falta"y de "carencia" como fundamento epistmico.

39.    Ms all de las traducciones simultneas es necesario recordar que cuando una palabra se transfiere a un contexto ajeno, pierde sentido pero cobra relieve su autntico significado "original".

"La pgina de perfeccin, la pgina de la que ninguna palabra puede ser alterada sin dao, es la ms precaria de todas.

Inversamente, la pgina que tiene vocacin de inmortalidad puede atravesar el fuego de las erratas, de las versiones aproximativas, de las distradas lecturas, de las incomprensiones, sin dejar el alma en la prueba. El Quijote gana pstumas batallas contra sus traductores y sobrevive a toda descuidada versin." Borges, Jorge Luis: La supersticiosa tica del lector. En, Pginas Escogidas. Casa de las Amricas. 1988.

40.    Baremblitt, Gregorio: Op.Cit.

41.    Bleichmar, S: Revista Zona Ergena. Bs. As. 1991:8.

42.    Chiarvetti, S: Aportes y deudas de las ciencias sociales en salud. En III y IV Jornadas de Atencin Primaria en Salud. Bs. As. 1990.