PLATAFORMA:
treinta aos despus.
Hacia
la identidad del PSICOANLISIS ARGENTINO
Juan
Carlos Volnovich
A la memoria de
Fany Baremblitt de Salzberg
Jos Bleger
Manuel Braslavsky
Diego Gracia Reinoso
Marie Langer
Rosa Mitnik
Alberto Pargeament
INTRODUCCION
Hace
ms de treinta aos un grupo pequeo de analistas aceptamos el desafo de hacer
camino, al andar por un espacio no transitado y con rumbo incierto. Las huellas
que dejamos, cambiaron de manera definitiva el rumbo del psicoanlisis
argentino.
Hace
casi treinta aos, Plataforma 1
hizo pblica su separacin de la Asociacin Psicoanaltica Internacional y de
la APA, su filial Argentina. Nos disponamos, entonces "a ser y hacer
otros psicoanalistas". Mas "verdaderos". "Desde aqu en ms
(decamos entonces) el psicoanlisis no es la Institucin Psicoanaltica
Oficial. El psicoanlisis es donde los psicoanalistas sean, entendiendo el
'ser' como una definicin clara que no pasa por el campo de una ciencia aislada
y aislante, sino por el de una ciencia comprometida con las mltiples
realidades que pretende estudiar y transformar"2.
Cumplimos
con nuestro destino y, hoy en da, como era inevitable, somos "otros"
analistas.
Pero, cmo somos? Realmente somos tan "otros"? Mas an: seguimos
todos siendo psicoanalistas? Podemos hablar de "nosotros" como de
una totalidad, aludir a una identidad que nos agrupe?
En
un artculo publicado despus de su muerte (y de dudosa fidelidad al texto
original), Jos Bleger nos condenaba: "Eligen la poltica. Abandonan el
psicoanlisis" 3, frase que me persigui como un anatema.
Estaba claro: la Asociacin Psicoanaltica era EL psicoanlisis, todo el
psicoanlisis. Separarse de la Asociacin era, entonces, sinnimo de romper con
el psicoanlisis.
No.
No lo hicimos. Seguimos siendo psicoanalistas. Nos quedamos fuera de la
organizacin, pero dentro de la institucin 4.
Y empezamos a recorrer el camino de la historia para llegar, ahora, a
conmemorar los treinta aos de aquella gesta que nos invita a reflexionar -a
pensarla desde nuestra acuciante actualidad con toda nuestra potencialidad
crtica. Pensar sobre las contradicciones productivas que tuvo, sobre sus logros
y sus prdidas, sobre sus promesas y sus perversiones.
Pero
"conmemorar" no necesariamente significa hacerle concesiones al
recuerdo que nos pretende "excombatientes que aoran sus pocas de
gloria"5: tentacin de quedar cautivados, aferrados
a un "narcisismo nostlgico"6.
Para
disponernos a "conmemorar" es necesario empezar por reconocer que
tanto el olvido como la memoria nos son necesarios pero que el horror a
quedarnos fijados en el pasado no tiene porqu obligarnos a renegar de nuestra
Historia. No es deseable alimentar el silencio -quedarnos callados para hacerle
el juego al olvido, a esa consagracin neoliberal que todo lo destie- cuando
el ocultamiento se apodera del ayer y nos despoja de nuestro patrimonio. No
podemos -o no deberamos renegar de nuestra Historia. No deberamos aceptar
que Plataforma quede inscripto apenas como un "s, ya lo s...pero
an as". Renegacin donde a los que protagonizamos esa aventura se nos
presente como momias de un museo coagulado en el tiempo. Tal parece ser que
"conmemorar" nos da la posibilidad de recuperar algo de la memoria
colectiva. An, la memoria de las derrotas.
Entonces:
cmo "conmemorar"?
Alejado
del narcisismo nostlgico, distante del cnico jubileo posmoderno, slo me
queda construir un abordaje que refleje algo de la infinita complejidad en la
que me encuentro, psicoanalista, a treinta aos de Plataforma.
"Conmemorar", subordinado a ciertos imperativos que me llevan a ser
consecuente con los principios bsicos enunciados en la plataforma de Plataforma,
pero sin eludir el conflicto entre fidelidades y traiciones cruzadas, que puede
llevar a imponerme el triste papel de seguir cuestionando 7 lo mismo desde entonces.
Tal
vez, todo se reduzca a descubrir cul es la ruptura que me permita afirmar una
posicin inclaudicable. O, dicho de otra manera: en el contexto actual tiene
sentido seguir cuestionando?8 Y si ese
"cuestionar" ya no es vigente en qu se ha transformado?
Si
hace treinta aos cuestionbamos el psicoanlisis de la institucin oficial (y
la abandonbamos), hoy, consecuentes, deberamos cuestionar el psicoanlisis
de la institucin imaginaria y, lisa y llanamente, abandonar la practica del
psicoanlisis como profesin liberal?9.
S
entonces cuestionbamos al psicoanlisis disciplinario, hoy deberamos marcar
el "acontecimiento"10 con el
anuncio de nuestra adhesin a un psicoanlisis indisciplinado; psicoanlisis
ampliado, fecundado por otros saberes, corrido del inconsciente freudiano al
inconsciente maqunico, esquizoanaltico, como lo sugieren Deleuze y Guattari?
O seguiremos -inquietos, pero convencionales reclamando para nosotros el
psicoanlisis de la clnica. El de la clnica ampliada al psicodrama, a los
grupos; el de la clnica del traumatismo para los Derechos Humanos, el
psicoanlisis en las instituciones asistenciales para los pobres y en la
Universidad para todo el mundo?
Para
empezar puedo afirmar que no se trata de seguir cuestionando, ni de contraponer
"nuestro" psicoanlisis al psicoanlisis de "ellos", los de
la A.P.A. Los mltiples entrecruzamientos dejaron atrs, hace tiempo, esas
antinomias. Tengo la conviccin que, hoy en da, el problema ya no consiste en
descubrir como "nosotros", los psicoanalistas que al irnos elegimos
un camino alternativo al de la institucin oficial 11, hemos cumplido bien, mal, tarde, a medias
nuestro proyecto. Proyecto de construir un paradigma alternativo capaz de ser
confrontado, contrastado, con el modelo de la A.P.A. La historia de estos
treinta aos ha querido que los mltiples entrecruzamientos, infinidad de
atravesamientos que caracterizaron la expansin catica de nuestra disciplina,
tornen imposible y vuelvan innecesaria la tarea de interrogarnos sobre las
diferencias y/o las semejanzas que existen entre un psicoanalista de Plataforma
y un psicoanalista de la A.P.A.12 Esto sera,
caer en una simplificacin insostenible.
Deca
que "conmemorar" los treinta aos de Plataforma nos invita a
reflexionar a pensar la historia desde nuestra acuciante actualidad con toda
nuestra potencialidad crtica. Este ensayo incluye algunas ideas, no
sistematizadas, acerca de la pertinencia -y de la impertinencia de proponer a Plataforma
como aporte significativo a la identidad del psicoanlisis argentino y su
relacin con el psicoanlisis global. Tratar, por lo tanto, sobre la dialctica
del fragmento y la totalidad.
POSMODERNIDAD
Y PSICOANALISIS
A
quin se acerque hoy en da al psicoanlisis de Buenos Aires le ser difcil
disimular el asombro ante tamao despliegue: un psicoanlisis plural domina el
cuadro. Psicoanlisis multifactico, atomizado, multiplicado hasta atravesar
toda la trama de la cultura; difundido a lo largo y ancho de la escala social,
irreverente ante los lmites de clase. Un anlisis ampliado, expandido,
elemento esencial en la estrategia particular de numerosos profesionales de la
salud, infiltrando la psicologa de la educacin y de las relaciones
familiares, desbordando en la psicologa toda que se basa en l para
ratificarlo, para criticarlo, para contradecirlo. Para todo, menos para hacer
caso omiso de l. Si algn autoritarismo padece es un autoritarismo liberal que
permite desarrollar las ms diversas orientaciones para imponer una misma
condicin del orden: infinidad de parroquias para una misma iglesia. La jerga
psicoanaltica se ha convertido en lenguaje coloquial, en cdigo privilegiado
para reflexionar sobre la propia existencia. El psicoanlisis -que antes era de
consulta es ahora consumido a domicilio, presencia insoslayable en los medios
de comunicacin de masas.
Esta
"inteligencia psicoanaltica de masas" 13
muestra una de las caras de la paradoja: la prdida de especificidad, la
masificacin, la banalizacin. La otra, un cuerpo terico riguroso,
sofisticado, difcil.
Desacralizado,
divulgado, vulgarizado, algo ha cambiado. Un reconocimiento social de tal
magnitud no puede darse sin una profunda transformacin en la naturaleza de su
objeto.
Esta
diseminacin posmoderna? de nuestra disciplina, el respeto por las
diferencias, la descentralizacin democratizadora, coexiste junto a las formas
ms concentradas de acumulacin de poder y centralizacin transnacional. As
es: somos testigos de un proceso por el cual los sectores hegemnicos controlan
el psicoanlisis y monopolizan los bienes simblicos como nunca antes lo haban
podido hacer. La homogeneizacin de la cultura psicoanaltica aportada por los
medios coexiste con la diversificacin extrema de pequeos universos
simblicos. Diversidad que est al servicio de la fragmentacin; nueva forma de
segmentacin de pblicos que implica toda una reorganizacin del mercado
simblico con entrecruzamientos muy complejos. Esta segmentacin de pblicos
-paradjicamente uniformados por un discurso homogneo va fomentando, tambin,
una atomizacin indetenible del conjunto de la comunidad cientfica; comunidad
cientfica que cada vez encuentra ms obstculos para identificarse, para
solidarizarse, para recuperar la conciencia de totalidad y reorganizarse en
consecuencia.
La coexistencia plural deviene, as, en un peligro. Tiende a ignorar lo que nos
une o puede unirnos. El relativismo fomenta el aislamiento cuando nos disuade
de hacer el esfuerzo para aproximarnos al "otro" y aprender de l
(an, de lo que no nos gusta de l). Cada parroquia lacaniana, por ejemplo,
ignora lo que ocurre en la otra vecina, pero no lo que pasa en Pars.14
LA HISTORIA
Fue en "El Porvenir de una
Ilusin"15 donde Freud pronostic que llegara el
momento (este, el nuestro, es "el momento") en que la humanidad iba a
ser testigo de como la racionalidad occidental -las ciencias ocuparan el
lugar de las ilusiones religiosas: las iran desplazando. En pocas palabras,
como la verdad y la razn iran pertrechando al ser humano de un saber que -al
liberarlo de la naturaleza le permitiran resignar su dependencia de las
ilusiones msticas.
Freud opuso a la religin, la ciencia y, de
esa manera, enfrent la razn a la irracionalidad, la verdad al error y a las
mentiras. Freud, que en "El Porvenir de una Ilusin" tema que el
psicoanlisis acabe vencido por la religin, mal podra haber sospechado que
sera como una religin que el psicoanlisis alcanzara el xito, y que su
triunfo -tal vez no por casualidad tendra su sede en la Argentina.
El psicoanlisis, as, comenz siendo "la gesta de un
singular pionero"16 y continu siendo una secta.
Es con el advenimiento de la modernidad tarda 17
que se transform en iglesia 18.
En efecto, nada se opone a caracterizar a la institucin psicoanaltica como
sectaria en el largo perodo que va desde su gestacin, hasta el momento de
expansin ampliada, cuando se transform en iglesia. A pesar de las pocas
coincidencias que haba entre Freud y el pequeo grupo de discpulos que lo
rodeaba -a pesar de las diferencias que hubo en el origen de
"nuestro" psicoanlisis entre una Marie Langer y un Angel Garma o un
Enrique Pichon Riviere, por ejemplo lo que todos tenan en comn era su
posicin estructural de sectarios, es decir la sorprendente similitud con que
reaccionaban ante la oposicin externa y la hereja interna. En virtud de su
estructura exclusiva, la secta psicoanaltica sustent un cdigo moral y tico
opuesto al que afirmaba el resto de la sociedad. Como en toda secta, para
defenderse de los ataques reales o imaginarios del "afuera", los
psicoanalistas organizados centripetamente en la Asociacin Psicoanaltica
Internacional y en su filial argentina, necesitaban vigilar y controlar de manera
integral la personalidad de sus miembros. La obligatoriedad del anlisis
individual por el que tenan -y an tienen que atravesar los candidatos a
miembros de la secta; la obligacin de analizarse con Miembros Didactas -esto
es, psicoanalistas que pertenecen a la cpula de la pirmide jerrquica
garantizaba, as, la pureza e incondicionalidad de sus miembros. Pero el
fundamento de la secta psicoanaltica fue la adhesin y la lealtad
inclaudicable a la doctrina, a los principios tericos del grupo y a los
intereses de la institucin.
As creci y as se desarroll el
psicoanlisis como secta, con un cuerpo terico original y sofisticado, capaz
de subvertir a los saberes consagrados y amenazando estallar los propios
lmites de lo que hasta el momento se consideraba "ciencia". El
psicoanlisis creci y se desarroll hasta convertirse en iglesia, alternando
un modelo organizativo que reforzaba, a veces, su carcter religioso,
salvacionista y redentor; otras, su carcter cientificista y casi siempre, una
vocacin aristocratizante.
En la Argentina, el Grupo Plataforma -que se separ en 1971 de la
Asociacin Psicoanaltica oficial jug un papel fundamental en la ruptura del
sectarismo, en el inicio del expansionismo psicoanaltico y en la enunciacin
de una nueva tica 19.
Deca que Freud pronostic, a principios del siglo, que llegara el momento en
que la racionalidad occidental -las ciencias ocuparan el lugar de las
ilusiones religiosas 20. Pues bien, Freud se equivoc en su
profeca. Se equivoc porqu en la sociedad cambi lo que se entenda por
modernidad. Abandonamos el evolucionismo que esperaba la solucin de los
problemas sociales por la simple secularizacin de las prcticas. Hoy concebimos
-por lo menos en Amrica Latina una articulacin mucho ms compleja entre las
tradiciones religiosas y las modernidades. El espacio de la cultura actual
alberga un pastiche 21 heterogneo donde se superponen mltiples
lgicas del desarrollo, donde coexisten varios modelos de modernidad,
desiguales y, a veces, contradictorios.
Plataforma oper la transformacin de la secta en iglesia. Dio inicio a
la etapa final del monopolio de la Asociacin Psicoanaltica Argentina. Abri
el campo a un proyecto de expansin disciplinario. Inaugur el reino de la
diversidad. En ltima instancia, anunci el auge lacaniano.
La obra de Lacan, formidable relectura de la
obra de Freud se convirti, en parte, en la recuperacin de un espacio
protegido, refugio inmejorable para el ejercicio de esa noble profesin de
librepensador; logr postularse como una micro cultura de resistencia, opuesta
a la devastacin intelectual y tica del despotismo y el terrorismo de Estado.
El discurso lacaniano se expandi en la
Argentina como misin jesutica pero mal haramos, esta vez, en reducirlo al
claro ejemplo de un barroco transplantado. Este discurso furioso, impugnador y
nuevo, ha prendido en las mrgenes crticas y violentas de una gran superficie,
espacio excntrico, borde para un neobarroco sudamericano de origen ya que el
discurso lacaniano subvierte el orden instituido como la elipsis de Kepler
rompe y descentra el perfecto crculo de Galileo. De ah su xito en la
creacin de un espacio para la superabundancia y el desperdicio. Porque el
discurso lacaniano, ese exceso neobarroco, amenaza, juzga, parodia la economa
burguesa basada en la administracin tacaa o, como suele decirse, racional de
bienes. Contrariamente al lenguaje comunicativo, econmico, austero, reducido a
su funcionalidad (lenguaje destinado a servir de vehculo a una informacin),
la jerga lacaniana se complace en el suplemento y en la desmesura. Es justo
all donde confluye con la identidad de la cultura latinoamericana a la que,
generosamente, se suma.
Contra el imperativo del homo faber que nos
pretende ser-para-el-trabajo, el discurso lacaniano ms que trabajo es juego,
prdida, desperdicio, placer, transgresin de lo utilitario; transgresin de
ese nivel denotativo, directo y "natural" del lenguaje que est,
siempre, en cumplimiento de su funcin de consumo y acumulacin. All donde se
trate de malgastar, dilapidar, derrochar lenguaje en funcin del placer -en esa
ertica retrica del erotismo triunfa el discurso elidente del psicoanlisis
lacaniano.
Fue as como una multitud de jvenes
analistas fascinados por el estilo barroco de Lacan se lanzaron -cual ejrcito
de templarios a invadir los espacios pblicos.
Qu mandato cumplen?
Cul es su misin?
Tal parece ser que asumen el trabajo de
sostener un escenario simblico donde llevar a cabo las transgresiones al
discurso autoritario, siempre dentro de las instituciones que neutralizan su
accin y anulan su eficacia para que no perturben el orden general de la
sociedad.
Cul sera, entonces, el lmite de estas
innovaciones psicoanalticas en el seno de un sistema de salud reaccionario y
represor? Hasta que punto no son incorporadas y cooptadas estas irreverencias,
estas herejas, fundadas en sacrilegios rituales? Cmo hacer para que no
queden reducidas a la condicin de desacralizaciones sacralizantes, prcticas
que slo escandalizan a los creyentes?
HACIA LA IDENTIDAD DE "NUESTRO"
PSICOANLISIS
En los comienzos de la dcada del 70 Plataforma parti de la A.P.A. con
un discurso psicoanaltico que no exclua el marxismo y que -en algunos casos
(solo algunos)- unido al peronismo triunfante, denunciaba el neocolonialismo
cultural pretendiendo un psicoanlisis "nacional y popular". Hoy en
da me sera imposible sostener esa propuesta. No es que ignore los efectos del
colonialismo y del neocolonialismo cultural que, por supuesto, incluye al
psicoanlisis sino porque la universalidad de la ciencia y la fragmentacin de
la realidad proponen un cuadro de situacin mucho ms complejo.
No obstante, creo
que sigue teniendo sentido oponer un frente a la dispersin y a la
fragmentacin que nos debilita, la que nos impide reconocernos en nuestra
produccin original; la que hace obstculo para que podamos registrar nuestra
identidad. En definitiva, tiene sentido resignarnos, "ser" -estar-
psicoanalistas argentinos.
La crisis de los metarrelatos, de los discursos totalizadores, no tiene porqu
impedirnos pensar en proyectos que permitan reunir experiencias dispersas,
trabajos diseminados. No tiene porqu impedir el encuentro -"el buen
encuentro" que nos ayude a descubrirnos en nuestras diferencias.
El posmodernismo
como norma cultural hegemnica del capitalismo tardo 22 introdujo la
idea de la sociedad fragmentada, desagregada, individualista y parcializada.
Pero una cosa es la descripcin de nuestra segmentada realidad y otra, muy
distinta, la celebracin cnica de esa situacin y la descalificacin de todo
intento por pensar de nuevo la totalidad. La totalidad sigue existiendo, solo
que de una manera diferente a la que pudimos pensar hace treinta aos. Tanto
existe la totalidad, como existen las transnacionales y los medios que ejercen
su influencia de manera global. Solo que ahora, parecera, la totalidad existe
unicamente para ellos.
Repensar los grandes discursos totalizadores significa despojarnos de la
ingenuidad de entonces, resignar una concepcin de la Historia que nos vea a
los psicoanalistas luchando contra el Imperialismo, comprometidos con el
proletariado triunfante 23. Significa abandonar la utopa de una Patria
Grande Bolivariana que nos convocaba a todos para la unidad latinoamericana
detrs de un solo objetivo y con una misma lengua. Hoy en da -justamente por
la razones que impone la democratizacin de nuestras sociedades y no porque as
lo quiere una cultura posmoderna pienso que es bueno agudizar esas
diferencias, aceptar la descentralizacin, reconocer la diversidad. Pero, al
mismo tiempo, es necesario juntarnos y darnos la posibilidad de volver a pensar
la unidad. No soldarnos, pero s solidarizarnos. Hacer estallar las cpsulas
que nos impiden reonocernos. Desactivar el dogmatismo que nos aisla. Recuperar
o gestar, en definitiva, nuestra identidad. Identidad de psicoanalistas
argentinos, latinoamericanos. Lugar desde donde volver a pensar la realidad
integralmente, con posmodernismo includo.
La identidad posmoderna de un psicoanalista argentino se construye con
fragmentos, con ideales libertarios como los de Plataforma, con influencias
transnacionales como las de la I.P.A. , de la E.O.L. o Convergencia, con restos
de la represin que dejaron los aos de plomo. Es, en todo caso, el resultado
de un proceso mucho ms complejo y contradictorio que el que pudiera pensarse
para un psicoanalista que se form en un lugar, en un tiempo histrico
determinados. Complejsimo proceso del que emerge un cuerpo desdibujado que
poco tiene que ver con la afirmacin tradicional de valores basados en su
carcter localista. Poco tiene de "autctono" y mucho menos de ser
todos iguales al modelo.
La bsqueda de una identidad para los psicoanalistas argentinos elude la
intencin de postular un modelo extico, extravagante, digno de ser visitado o
mostrado como fenmeno tpico "venido de Indias". Lo escencial de
un psicoanalista argentino, por ejemplo, no est dado por haber transitado por
un perodo histrico determinado, en un lugar determinado. Menos an por la
aceptacin -como modelo de identificacin de ciertas figuras carismticas que
an nos quedan de las "pocas de gloria" 24 y que vendran a
llenar el vaco de poder que se gener por la propia fragmentacin y
multiplicacin de las pirmides institucionales que la posmodernidad impuso.
El proyecto de Plataforma,
las viejas utopas, se inscriben en la memoria colectiva y su recuperacin se
torna ineludible para garantizar el presente y el futuro. Sin embargo no
propongo, aqu, rescatar los relatos paradigmticos de los 70 para completar lo
interrumpido o ponerlos nuevamente en vigencia. S, reelaborar las viejas
utopas y garantizar la continuidad real en este presente que es otro, muy
distinto de aquel en cuyo seno aparecieron.
La tradicin
verdadera es la que ha ido cambiando. No la que permanece inalterable, ligada a
la nostalgia. Ser consecuente con los viejos ideales -apostar a la identidad de
los psicoanalistas argentinos supone reconocer en los titubeos y
contradicciones de las nuevas generaciones de psicoanalistas informales, el
lugar posible de esa produccin original. Tal vez es all donde se encuentre el
grmen de la verdadera identidad, en la produccin asistemtica, desprolija,
"ilegal" de los psicoanalistas informales 25. Y no solo all.
Debemos, tambin, perseguir la originalidad de la cultura psicoanaltica en el
proceso de apropiacin masiva, en el consumo y la refuncionalizacin del
psicoanlisis que les llega a las masas. Qu psicoanlisis consumen los
"sectores populares" y cmo se apropian de l? Cmo asumen, incorporan
y elaboran los "sectores populares", los "consejos"
psicoanalticos que inundan los medios? Cul es la recepcin, en ltima
instancia, del discurso psicoanaltico? Entender este proceso puede aclarar
algo sobre la pertinencia o impertinencia de los proyectos psicoanalticos
asistenciales, de las polticas de formacin y reproduccin de agentes, de las
estrategias universitarias y del futuro de las teoras implicadas 26.
Entender este
proceso puede, tambin, ayudarnos a derrumbar mitos sobre las necesidades de
los "sectores populares" y las caractersticas de
"aplicacin" del psicoanlisis. .
Entonces, tiene sentido buscar un perfil particular, una contribucin
especfica, del psicoanlisis argentino?
27
Para empezar a
responder debera poner en duda la imgen que tiende a mostrar
"nuestro" psicoanlisis como un eco diferido y deficiente del
psicoanlisis europeo. Despus, tener en cuenta la dificultad que surge al
descubrir la multiplicidad de paradigmas psicoanalticos que circulan en
nuestro medio y la mutacin permanente de los mismos. Ms an: Cmo definir el
perfil de una prctica, justamente (des)dibujada por la intensa interaccin con
la metrpoli?
No voy a caer en el feroz provincianismo de tomar a Europa como parmetro
-referencia nica para marcar las semejanzas o las diferencias que nos
constituyen, pero no estara de ms tener en cuenta como perciben los
protagonistas del psicoanlisis metropolitano nuestras relaciones entre el
psicoanlisis que propongo, por ahora, llamar tradicional y el psicoanlisis
actual.
Vctima de lo que algunos autores han definido como un modernismo exuberante
con una modernizacin deficiente, Amrica Latina se ha visto presionada por los
pases centrales (sobre todo en la economa y en la poltica), para que se
integre al desarrollo moderno. Siempre, por supuesto, en posicin de
subordinacin. No obstante, en la cultura -y pienso que tambin en
psicoanlisis prefieren -sino aquel mimtico, ecollico, que niega la
diferencia nuestro rostro ms tradicional. Esto se advierte en la mayora de
las publicaciones realizadas durante estos aos en Estados Unidos y en Europa.
Los argentinos hemos logrado entrar en el mercado editorial del Primer Mundo
pero no tanto por nuestra creatividad reciente sino por las obras consagradas,
representativas de nuestra "pasada" poca de gloria.
Tal parece ser que los europeos y los norteamericanos nos vuelven a descubrir.
As, en la obra de Enrique Pichon Riviere, en Simbiosis y Ambiguedad que
Jos Bleger escribi en 1968, en Maternidad y Sexo que Marie Langer
public en 1951, encuentran la ocasin para sorprenderse por nuestras
producciones especficas, por nuestras creaciones originales y por nuestras
contradicciones histricas. El inters que sucita Plataforma -parte de
cuya epopeya se plasm en los Cuestionamos entra dentro de esa curiosidad. No
cabe duda que esto responde a la intencin sincera de los psicoanalistas
metropolitanos de salir al encuentro de producciones distintas, guiados por
motivos que no solo tienen que ver, ahora, con el afan de conquistar nuevos
mercados, o con las ansias de dominio colonizador. Pero esta iniciativa que
admite prcticas diversas a las que habra que rescatar para estudiar y
revalorizar, corre el riesgo de reparar solo en lo aleatorio de las mismas.
Reparar solo en un pintoresquismo exterior que describe caractersticas
intercambiables para convalidar diferencias insalvables. Cuando el centro
descubre que hay varios psicoanlisis, y no uno solo, parecera que ha llegado
el momento de reconocer el fin de un ferreo monopolio, sea este imaginario o
real. De sbito resulta posible que haya otros; que en el propio centro haya
otros centros.
En realidad ese reconocimiento no descarta la permanencia de un poder
hegemnico sostenido, tambin, por las producciones alternativas pero, s as
fuera -s la hegemona cultural se hubiera perdido, s la soberbia y la
insolencia hubieran dejado paso a la humildad, a una creciente sensibilidad
hacia las diferencias y a una tolerancia a los "otros" esto no hace
otra cosa que anticipar el advenimiento del eclecticismo -por no mencionar el
tan pregonado pluralismo en el que se diluyen las identidades.
Sin embargo, de
lo que aqu se trata es de reflexionar sobre los lmites de ese reconocimiento
respetuoso a (nos)otros. Se trata aqu de reflexionar sobre cmo, de un
eurocentrismo implacable que nos ignoraba o nos conquistaba (pero que no nos
reconoca) se est pasando a esta democracia del contacto, a las maravillas de
la proximidad, a la aceptacin de una produccin perifrica en una suerte de
coexistencia pacfica y uniforme. "Vale todo" en el que un humanismo
democrtico se despliega para reverenciarse ante las iniciativas locales, las
identidades regionales, las particularidades convalidadas. En una palabra, lo
singular como annimo.
Se trata aqu de reflexionar, al fin, sobre cul es el momento en el que, por
un desliz, la aceptacin de las diferencias se reduce a la indiferencia.
Deca que hemos logrado entrar en el mercado editorial del Primer Mundo
fundamentalmente por las obras representativas de nuestra "pasada"
poca de gloria. Todo hara pensar que la ubicacin del psicoanlisis argentino
en el campo ampliado de la cultura mundial est avalado por la fuerza de su
historia, ms que por el torrente irrefrenable de su creatividad actual.
Sirve el
reconocimiento de esa Historia para fortalecer nuestra presencia, para disputar
un lugar y una legtima reflexin dentro de las teoras contemporneas?
Es que nuestra fortaleza reside solo en lo viejo, en lo tradicional, en la
salvaguarda del pasado?
PSICOANALISIS DEL CENTRO Y DE LA PERIFERIA
El psicoanlisis argentino es un producto traducido
y transculturado. La "traduccin" es el sistema de mediaciones 28 por va de la
cual Amrica Latina busc resolver, frecuentemente, la distancia entre el
centro y la perifera 29, entre el texto (la modernidad europeo-dominante)
y la lectura (la refuncionalizacin crtica de sus signos importados segn
cdigos locales).
Para cualquier periferia dependiente de los
circuitos de organizacin, distribucin y circulacin del psicoanlisis
metropolitano, el desafo terico es saber cmo interpretar la complejsima va
de la transferencia de conocimientos.
S se pretende seguir empleando la metfora de la traduccin, como imagen de la
operacin intelectual tpica de las elites psicoanalticas de nuestra
periferia respecto del centro, es necesario reconocer que suele ser todo el campo
el que opera como matriz de traduccin 30. Por precaria
que sea la existencia de ese campo, de ese contexto particular, es innegable
que funciona como escena de reelaboracin; como estructura reordenadora de los
modelos traducidos. Por eso no sera arriesgado suponer que la importacin de
un discurso moderno como el psicoanlisis, antes que desnacionalizador, haya
sido el responsable de aportar un impulso definitivo para nutrir el repertorio
simblico necesario para la construccin de la identidad nacional de
"nuestra" cultura. As, podramos afirmar que -an los psicoanalistas
locales adictos o ecollicos del psicoanlisis francs estn lejos de ser
meros imitadores de textos importados y, mucho menos, pueden ser acusados de
colonizar nuestra cultura 31.
No obstante, nada nos autoriza a pensar esta
importacin como sencilla e inocente. Una de sus complejidades se expresa en la
dificultad por apropiarse de la teora universal a sabiendas que forma sistema
con la normativa del centro. Cmo evitar, entonces, una rendicin
incondicional a las gramticas de autoridad del centro? Cmo aduearse de las
categoras tericas puestas en circulacin por las metrpolis sin que eso
signifique plegarse a las jerarquas del poder central?
En las ltimas dcadas, el poder psicoanaltico de la metrpoli ha
experimentado mltiples trastrocamientos de su eje y funcin bajo el registro
posmoderno del estallido (o des-centramiento) del centro como polaridad fija y
unitaria. De ah que el fenmeno de la transferencia de conocimientos se haya
visto, tambin, afectado por la ambigedad surgida ante la crisis de la
centralidad. La heterogeneidad, la fragmentacin y la atomizacin del discurso
central han tenido efectos en la periferia. Mientras el proyecto de la
modernidad domin en la cultura, el centro -en tanto origen y fundamento de
irradiacin psicoanaltica universaliz el paradigma dominante. La metrpoli
que irradiaba su luz de sabidura y conocimientos hacia una periferia sombreada
reserv, a las elites locales ilustradas, la tarea de administrar el Modelo
traducido y pontificar sobre los atrasos y avances referidos al mismo.
Centro y periferia sellaron, as, su histrica
relacin de jerarqua y dependencia en la dupla original-copia que transcribe
el dogma de la colonizacin cultural: el original como sentido primero y nico
depositado en el centro, y la copia como reproduccin mimtica en lengua
subordinada. En el imaginario social de la modernidad, el peso del Modelo como
original -su valor como ncleo de la razn, la verdad y el poder descansa, por
supuesto, en la supremaca del origen como jerarqua fundacional.
Pero ocurre que con la prdida de la fe en los
absolutos de la racionalidad, el desmembramiento del centro de la modernidad,
algo empieza a cambiar en la periferia. Sera demasiado apresurado afirmar que
el derrumbe del fundamento (mono-eurocentrista) de una universalidad hasta
ahora fuera de sospecha, ayudara a liberar, finalmente, a la periferia de la
tirana del Modelo como ejemplaridad de sentido. Pero no es disparatado
preguntarse, Cmo se redefine la operacin de traducir para una lectura
perifrica, un texto que ya no es el texto nico y fundante de la modernidad
del centro, sino que ahora es el texto plural y diseminado de la posmodernidad
(del descentramiento)?
Es decir: Cmo se trata a un texto que en si mismo
rebate el supuesto de que los textos se rigen monolgicamente por una razn
duea de si misma y legitimadora de certezas?
S, pienso que tomar el texto posmoderno en la
positividad de su discontinuidad, en la precariedad de su sentido, en la
debilidad de su pensamiento, pudo haber sido til como recurso
antifundamentalista para la periferia. Una buena oportunidad para desalinearse
del Modelo.
El espacio cedido por la discontinuidad, la
fragmentariedad, la transitoriedad de los signos centrales invitara a que la
periferia los ocupe con un proyecto poscolonial de descolonizacin en la medida
que permita liberarse de la sujecin a las totalidades jerrquicas. Sin duda
que la profunda crtica al poder del saber nico en algo ayuda ya que la
diseminacin del sentido en cuanto multiplicidad y diversidad revoca el mito
originario de una voz cannica que basa su autoridad en la huella fundacional
del texto.
No obstante, hasta el polismico discurso lacaniano
-descuartizado por los disidentes en fragmentos que se pretenden a si mismos
fracciones totalizantes (y, porqu no, la teora derrideana de la
deconstruccin)- est expuesto a reapropiaciones monocntricas del concepto en
la medida que es fetichizada en la periferia como expresin catedrtica de la
incontrovertible superioridad de la cultura francesa. As, las teoras acerca
de la "muerte del autor" (Lacan, Foucault, Barthes) estn expuestas a
ser antologizadas por una tradicin de firmas con prestigio local que consagra
la exclusividad de los nombres y, sobre todo, el renombre. El mismsimo
discurso posmoderno que afirma la crisis de los metarrelatos puede sonar
para nosotros como metarrelato de la crisis si no se abre a la
heterogeneidad de lo mltiple-diferente. La exaltacin del respeto por las
diferencias, la pasin por la alteridad 32 que conduce la
tica del psicoanlisis, parece no tener la fuerza suficiente para clausurar la
conflictiva complejidad de eso "mltiple-diferente".
Ni la teora del "fragmento", ni la prctica de la
"fragmentareidad", ni mucho menos la idealizacin de lo efmero, son
ejercicios desdeterminados (indeterminados). Productos que puedan manipularse
con independencia de los condicionamientos materiales que regulan los juegos
del lenguaje administrados por el poder central. Estos condicionamientos
metropolitanos garantizan, por ejemplo, que la teora posmoderna del
"fragmento" se reciba en la periferia con todo el prestigio de su
previa consagracin en la metrpoli. Es como si, al final, las virtudes
antiautoritarias y antitotalitarias del discurso conservaran su carcter
desptico.
Hace un tiempo, Jacques Alain Miller 33 nos daba un buen
ejemplo de esto. Refirindose al futuro de la ciencia y aludiendo a la medicina
cuyos das estaban, para l, contados, deca: "Percibo, as, la estructura
del porvenir. Puedo anticiparlo, por un lado se desarrollarn los especialistas
de la estructura molecular. Por el otro, los psicoanalistas. Entre los dos,
nada. Este es el paisaje que se est dibujando".
Y, ms adelante, despus de afirmar que hay una sola prctica que podra
llamarse verdaderamente atea, y esta es el psicoanlisis, afirmaba: "No
debe pensarse que existe un imperialismo del psicoanlisis. El psicoanlisis
puede asumir sin problemas su lugar. Su reducido lugar. Pero all donde est lo
suyo, slo l reina. Es como el Dios de los judos, no es el Dios de todos,
pero all donde reina, reina solo."
Pues bien, he aqu una disciplina (en realidad es solo un fragmento, aunque
hegemnico, de una disciplina) que ilustra la autonoma relativa de un dominio
del saber con la metfora de la hegemona absoluta de una religin monotesta.
He aqu un saber que sume en la "nada" a quin no la profesa; y he
aqu un psicoanalista que profetiza el reinado universal de su deidad.
TRADUCCIONES.
TRANSCODIFICACION DEL DISCURSO PSICOANALTICO.
LADINO Y
NEOBARROCO
Dnde buscar la originalidad del discurso
psicoanaltico argentino?
Dnde intentar descubrirlo?
Arriesgo una respuesta: en las operaciones
terico-discursivas instrumentadas por la periferia no slo para construir
frases propias con un vocabulario y una sintaxis recibida sino, tambin, para
subvertir las interpretaciones codificadas por los pactos de lectura
hegemnica, desvindolos hacia resignificaciones locales tan rebuscadas,
barrocas -y hasta perversas como el propio giro posmoderno.
Desde siempre experto en las transcodificaciones del bricolage terico
(la construccin de modelos sobre la base de residuos o deshechos de otras
construcciones) el psicoanlisis local usa la "cita" del discurso
hegemnico para resignificar operaciones locales autodirigidas. Operaciones que
conquistan, a veces, la atencin del destinatario metropolitano porqu fingen
compartir su mismo vocabulario (la simulacin, la parodia, el reciclaje y la
apropiacin mimtica) para luego revertir sus trminos en una suerte de
contra-mmica. De ah que su ser ladino vertebre la identidad de
"nuestro" psicoanlisis.
La condicin de psicoanlisis ladino 34 debera hacernos
pensar que cuando los locales hablan el lenguaje de la metrpoli, solo
relativamente estn sacrificando su jerga local o traicionando su propia
produccin para rendirse al culto del mercado psicoanaltico hegemnico. Ms
bien parecera que la lectura perifrica desva las frmulas de origen hacia
cruces no programados por la semntica del centro. Cuando la periferia usa (y
abusa de) la mecnica posestructuralista de la "cita" para
desarticular los mitos del sentido indiviso e infinito, no es solo para romper,
a la manera de Derrida, con el artefacto filosfico de la totalidad metafsica.
La "cita" tambin nos sirve para desactivar la clausura eurocentrista
de una tradicin legitimada por autorreferencia y nos sirve para confrontarla a
contextos heterogneos que desequilibran su patrn monocultural.
Quiero creer que como periferia, cuando nos
prestamos a "jugar" un discurso de acuerdo a modelos y leyes
promulgadas por el centro, no ignoramos las trampas con que un poder
disciplinante y corporativo nos "explota" al tiempo que es incapaz de
cualquier solidaridad con nosotros 35. Se trata, ms
bien, de prestarnos a un dilogo con el centro; dilogo que viola las fronteras
del control metropolitano. Complicidad nuestra con las voces contra-hegemnicas
del centro, las que se interesan -democrtica y sinceramente en los otros de
lo Otro, en las diferencias de la Otredad 36.
Sera ingenuo quedarse con la evidencia y pensar
que cuando la periferia teatraliza la "copia" -la reproduccin, la
imitacin como herencia colonial, lo hace para mimetizarse con la esttica
posmoderna del simulacro. La periferia exagera el travestismo cultural de la
"copia" pero lo hace al mejor estilo de la stira latinoamericana del
Modelo a imitar (aunque el Modelo a imitar -el original sea la desacralizacin
de los modelos).
Esa burla 37, esa
sobreactuacin del doblaje pardico como estratagema -como respuesta
estratgica al tradicional dficit de originales y originalidad que nos aqueja
(por otra parte, ms imaginario que real) permite afirmar la caracterstica neobarroca38 de nuestra identidad psicoanaltica. Identidad que
se liga a una cultura cuya tradicin ha reestilizado, siempre, la mscara como
retrica transcultural de la apropiacin; artificio para denunciar y ocultar,
carnavalescamente, lo propio.
EL AMPLIO
ESPECTRO DEL PSICOANLISIS ARGENTINO:
LOS MEDIOS
LAS ESCUELAS DE
PSICOLOGIA SOCIAL
LAS ASOCIACIONES
"OFICIALES"
LAS ESCUELAS
LACANIANAS
La oposicin
entre psicoanlisis de "divulgacin" y psicoanlisis "sofisticado",
la oposicin entre "culto" y "popular" ha dominado el
cuadro en este proceso de expansin disciplinaria que caracteriz estas tres
ltimas dcadas inauguradas por Plataforma.
Mientras el psicoanlisis "culto" conquistaba su lugar a partir de
emitir su discurso casi al mismo tiempo que en Pars y casi en la misma
longitud de onda 39 -mientras renegaba de sus orgenes kleinianos y
locales el psicoanlisis de "divulgacin" ganaba adeptos recurriendo
a simplificaciones y apoyndose en las propias tradiciones, Bleger, Pichon
Riviere, para el caso. En los extremos, mientras unos estudiaban talmdicamente
al ltimo Lacan -acumulando a su lado a Parmnides, a Gdel, a Kojeve, a Hegel,
a Heidegger, a Russel, y as sacaban su ganancia otros, difundan a
"nuestro" Pichon Riviere y abran infinidad de escuelas para
"manicuras, plomeros y cadetes de oficina" 40 cuando no
invadan la televisin con versiones "light" 41 y/o demaggicas
de un psicoanlisis anacrnico.
Pues bien:
defender la identidad de un psicoanlisis que contemple este amplsimo espectro
supone algunas aclaraciones.
La predileccin
por "nuestras" tradiciones (Pichon Riviere, por ejemplo) lleva a
concebir el desarrollo del psicoanlisis como la simple preservacin y
administracin de un patrimonio idealizado, que solo tiene en cuenta los
adelantos modernos (Lacan, para el caso) para ignorarlos, para rapiarlos, para
desvirtuarlos.
Los fundamentalistas, ya se sabe, eligen los bienes simblicos -el conjunto de
prcticas tradicionales que distinguen a una comunidad y los absolutizan
dogmticamente. En pocas palabras, tratan de rememorar el pasado y custodian
los bienes que lo evocan.
En el extremo
opuesto se hallan quienes absolutizan el proyecto que nos trajo la modernidad.
En un tiempo vieron en el modelo de una A.P.A. monoplica y kleiniana, su
camino y luego, con el "desarrollismo", cultivaron un romance
productivo en el Servicio de Psicopatologa del Policlnico de Lans que
diriga M. Goldemberg 42.
Pronto,
verdaderas ansias de estar al da con lo mejor que en el mundo se produca los
llev a Pars. All estaba Lacan. Pero no todos fueron a Pars. Meltzer, Bion,
Winnicott, porqu no, fueron otras voces escuchadas y consultadas.
Proponer el rescate de la identidad del psicoanlisis argentino supone,
justamente, cuestionar el divorcio entre el psicoanlisis de
"divulgacin" y el psicoanlisis "sofisticado". La
absolutizacin unilateral de una u otra de estas lneas deja de lado la
heterogeneidad multitemporal constitutiva de nuestra sociedad y la consiguiente
hibridacin cultural que nos determina. Oculta, adems, que la oposicin
principal no se da tanto entre "culto" y "popular", sino
que se da entre diversos circuitos comunicacionales a los que tienen acceso
desigual los diferentes sectores. Circuitos que crean regmenes de inclusin y
de exclusin que acentan ms que las diferencias, las desigualdades entre los
grupos de diversos recursos.
No es casual, entonces, que en esta tan mentada posmodernidad coexistan y
tengan un alto poder de convocatoria escuelas tradicionales (las escuelas de
Psicologa Social) y otras que representan la modernidad ms exaltada (las
escuelas lacanianas), dando la impresin de una fantstica abundancia en la que
las viejas jerarquas ya no existen.
Pues bien, las
viejas y las nuevas jerarquas, los viejos y los nuevos rdenes siguen
existiendo. Es ms, siguen dando muestra inequvoca de que todo se resume, en
ltima instancia, en la manera como las elites agencian y administran la
interseccin de diferentes temporalidades histricas y tratan de elaborar con
ellas un proyecto global.
Cuando la
transnacionalizacin de la economa y de la cultura nos sita en el cruce de
mltiples influencias, optar en forma excluyente entre dependencia o
nacionalismo, entre modernizacin europea o tradicionalismo local, es solo una
manera de simplificar la opaca densidad de nuestra realidad.
Tal vez,
deberamos conformarnos con mostrar la complejidad y tratar de explicar el modo
como las clases hegemnicas fundan y sostienen su posicin en los mecanismos
que les permiten reproducir la estructura social para garantizar su
continuidad. As, al situar al psicoanlisis en el conjunto de la formacin
social, es imposible eludir la certeza de que, al aceptar las diferencias, se
est convalidando una distribucin arbitraria y desigual de los bienes
simblicos.
CONCLUSIONES
Comenc
recordando que hace ms de treinta aos, un grupo pequeo de analistas
aceptamos el desafo de hacer camino, al andar por un espacio no transitado y
con rumbo incierto. Dije que las huellas que dejamos, cambiaron de manera
definitiva el rumbo del psicoanlisis argentino.
A lo largo de
este texto volqu, de manera poco rigurosa y desordenada, algunas ideas sobre
el devenir del psicoanlisis en la Argentina e insist en la necesidad de
reflexionar de manera crtica acerca de nuestra acuciante actualidad; necesidad
de pensar, en ltima instancia, sobre las contradicciones productivas que tuvo,
sobre sus logros y sus prdidas, sobre sus promesas y sus perversiones.
Anunci que, trabajando sobre la dialctica del fragmento y la totalidad, iba a
sostener a Plataforma como responsable de un aporte significativo a la
identidad del psicoanlisis argentino, ladino y neobarroco, y a su relacin con
el psicoanlisis global.
Terminar, entonces, apelando a continuar el camino inaugurado y a reconstruir
nuestra memoria histrica para poder as, ocupar el siglo que iniciamos con un
psicoanlisis ms maduro, que despliegue toda su potencialidad ante el desafo
de las otras disciplinas y que haga valer su propia capacidad para generar
nuevas ideas.
1. Plataforma produjo
dos hechos trascendentes: la renuncia a la A.P.A. de un grupo de miembros que
se desplegaban a lo largo de la pirmide jerrquica, y la autodisolucin del
grupo al ao de haber renunciado. No me atrevera a evaluar cul de las dos
"rupturas" ha sido ms significativa.
2.
Declaracin del Grupo Plataforma.
En Langer, Marie: Memoria, Historia y Dilogo Psicoanaltico. Folios
Ediciones. Mxico. 1981.
3.
Bleger, Jos: "La
Asociacin Psicoanaltica Argentina, el psicoanlisis y los psicoanalistas. En
Revista de Psicoanlisis: 1973:2. Buenos Aires.
4.
Institucin, en el
sentido que le da C. Castoriadis (Los dominios del hombre: las encrucijadas
del laberinto. Gedisa, Barcelona, 1988). "Magma de significaciones
imaginarias", concepto que trasciende el de organizacin en la medida que
no se agota en los aspectos formales, en los edificios. De lmites provisorios
y siempre expuestos a ser desplazados, la institucin es, al mismo tiempo,
contexto que nos incluye y texto que nos constituye.
5.
La imagen es de Marta De
Brassi.
6.
Villamor, Carlos:
"Angustia y coraje en tiempos de nostalgia y cinismo. En Desbordar.
1992:4. Buenos Aires.
7. Cuestionamos I yII. Tal el ttulo de la compilacin que realizaron
Marie Langer y Armando Bauleo.
... Cuestionamos. Compilacin de Marie
Langer. Ed Bsqueda. Bs. As. 1987.
8. La permanente duda acerca de nuestras certezas, la
crtica constante a cualquier consagracin del saber, el anlisis de la
implicacin y de la sobreimplicacin, es parte inherente de la prctica
psicoanaltica. No obstante una posicin desvastadoramente crtica impedira
transmitir nada a los miembros de la comunidad cientfica. En definitiva
cuestionara su propia existencia. Remito a Safouan, Moustapha: La palabra o
la muerte. De la Flor. Bs As. 1994.
9. Tal como lo propone Gregorio Baremblitt en la
"Carta del Profesor Sigmund Freud para el libro 'Cuestionamos, veinte aos
despus'", que nunca fue editado ni publicado.
10. En el sentido de Deleuze, G: El pliegue.
Paidos. Buenos Aires. 1989.
11. Dudo al afirmar esto. Tal vez, ms que elegir un
camino alternativo al romper con la A.P.A., nos subordinamos al mandato de
extender el psicoanlisis y desarrollar una estrategia expansionista en el
campo ampliado de la cultura. En otras palabras: hasta que punto nuestra
renuncia no fue ms que una expulsin encubierta con un mandato preciso?;
mandato que iba en contra de la organizacin como secta pero a favor de la
institucin como iglesia.
12. Ignoro como trabaja un psicoanalista de la A.P.A.
si es que el tal psicoanalista existe. Ms bien tiendo a pensar en la
multiplicidad de individualidades imposibles de ser reducidas a un modelo. Por
otra parte, acepto que haber pertenecido al grupo Plataforma nos ha marcado de
manera insoslayable, pero nada me autoriza a pensar que los psicoanalistas de
Plataforma tengamos alguna caracterstica que nos diferencie en bloque, del
resto. Justamente, por haber sido marcados diferentemente. Plataforma no existe
ms que en el imaginario social.
13. Castel, Robert: La gestin de los riesgos.
Anagrama.Barcelona. 1984. Castel entiende por "inteligencia psicoanaltica
de masas" la transmutacin de una teora difcil y exigente en comn
denominador de todo un medio cultural.
14. Estamos africanizados. Quin haya viajado por el
frica sabe que para ir de un pas fronterizo a otro, a menudo es ms fcil
hacerlo va Europa. Uno de los graves problemas de la pluralidad y el respeto
por las diferencias es como esta conspira contra la integracin y la
comunicacin horizontal, contrastando con su conexin vertical -y, subalterna-
con Pars.
15. Freud, S: El porvenir de una ilusin. Ed Biblioteca
Nueva Madrid. 1948.
16. Baremblitt, Gregorio: La institucin del
psicoanlisis. Su panorama actual. Su crisis y su futuro. En Lo Grupal.
Ed. Bsqueda. Bs. As. 1983.
17. No voy a introducirme aqu en la oposicin
valorativa entre modernidad y posmodernidad. Tampoco quiero mantener mi
oposicin a quienes consideran que el psicoanlisis es el ltimo de los grandes
discursos emancipadores que aun no ha sido criticado verdaderamente. Remito, en
todo caso, a:
Volnovich, Juan Carlos: Psicoanlisis, Posmodernidad y Poltica. David y
Goliath. 20 Aniversario de CLACSO. Ao XVII. Nro. 52. Septiembre de 1987.
Volnovich, Juan Carlos: La Psychanalyse en Amerique Latine. En, Societ
Francaise. Nmero 23. Pars. 1987.
Volnovich,
Juan Carlos: Psicoanlisis de los 90. Re-vuelta a los 70. En. Revista Casa
de las Amricas. No 181. La Habana. Cuba.
1990.
Volnovich,
Juan Carlos: Psicoanlisis Argentino: 20 aos sin Plataforma. Nuevo Sur.
Volnovich, Juan Carlos: Psiquiatra Transcultural y Folklrica.
Volnovich, Juan Carlos: Neutralidad, compromiso, desencanto e implicacin de un
psicoanalista en las instituciones pblicas. En, Terapias. Bs. As. Ao
1:4. 1992.
18. Cuando digo "secta" lo hago entendiendo
por secta a un conjunto de personas que se han discriminado en el cuerpo de la
sociedad para formar un grupo limitado y exclusivo que rechaza las normas
inclusivas de la sociedad- y que proclaman la adhesin a un sistema de ideas,
de valores y de reglas de conducta.
A diferencia de las "iglesias" que acogen en su rebao tanto al santo
como al pecador, la secta est constituida, solamente por los puros. La secta
es exclusiva tanto como la iglesia es inclusiva.
Con
todo, con lo dicho no quisiera sumarme a las categoras weberianas que
tipifican y contrastan los modelos ideales de secta y de iglesia. Afirmaciones
que encuentran una ruptura -ms que una continuidad- entre estos dos modos de
organizacin y que, a veces, oponen las caractersticas especiales de la secta
a las de la iglesia. Si, coincidir con Lewis Coser (Las instituciones
voraces. Fondo de Cultura Econmico. Mxico. 1974) en la diferencia que
establece entre las sectas y las iglesias con las "instituciones
totales" que describi Erwing Goffman (Asylum. Anchor Books. Garden City.
N.Y. 1961).
19. Pavlovsky, Eduardo: El porvenir de nuestra ilusin
y la prctica ideolgico-poltica. En, Acto psicoteraputico II. tico. Bs.As.
1986.
20. Contra los pronsticos freudianos, comenzamos un
siglo y un milenio con una ciencia universal increblemente desarrollada, y las
religiones antes que desaparecer- van ganando adeptos. Van creciendo las
adhesiones irracionales, las sectas, las creencias, el amor a los dioses. Ms
aun: en el seno de las prcticas cientficas convencionales retornan las peores
consecuencias de la alienacin y el despotismo. Y, en el seno de los
movimientos religiosos, junto a una estructura francamente autoritaria,
aparecen, tambin, indicios democrticos, intenciones libertarias,
organizaciones autogestivas profundamente crticas. As, no son pocos los
autores que reconocen en algunas iglesias alternativas, ciertas iniciativas de
lo que seran nuevas formas de militancia, la inauguracin de espacios de poder
resistentes a los discursos totalitarios. Espacios que estaran, claro est,
siempre acotados por la interaccin contradictoria con las iglesias
hegemnicas.
21. "Pastiche" es un concepto que le debemos
a Thomas Mann (Doktor Faustus) quin, a su vez, lo tom de Adorno. Este
ltimo lo utiliz para aludir a las dos vas de expresionismo musical de
avanzada: la planificacin innovadora de Shoenberg con el dodecafonismo, y el
eclectisismo irracional de Stravisnky.
22. Jameson, F: El posmodernismo como norma cultural
hegemnica del capitalismo tardo. Revista Casa de las Amricas. La
Habana. Cuba.
23. Vezzetti, Hugo: texto para el libro "Cuestionamos,
veinte aos despus" que nunca fue editado ni publicado.
24. Si bien coincido con M. Saphouan (op.cit) cuando
afirma que "no existe sociedad humana que no descanse en la filiacin, es
decir en la inscripcin de sus miembros en un linaje paterno o materno"
(pag.105) -y esto no solo es vlido para la "sociedad humana" sino
tambin para la sociedad de psicoanalistas, "esa inscripcin se hace por
la intermediacin de un nombre, pero no hay necesidad alguna de que ese nombre
sea el del padre".
25. En realidad, no aludo aqu a la produccin o a la
reproduccin de psicoanalistas sino a la produccin y a la reproduccin de una
comunidad cientfica como sistema social, con las relaciones sociales que
establecen, con sus interacciones, y en cuyo seno los individuos desarrollan su
existencia no agenos a una masa crtica.
26. No es muy diferente lo que propona Guattari: poco
importa si las asociaciones, las escuelas psicoanalticas desaparecen y hasta
si la propia profesin de psicoanalista desaparece, siempre y cuando el
anlisis del inconsciente subsista como prctica y segn modalidades novedosas.
Pero, en este caso, no se tratara de un inconsciente de especialistas, sino de
un campo al cual cada uno pudiera tener acceso sin ncesidad de preparacin
alguna; territorio abierto por todos lados a las interacciones sociales y
econmicas, directamente ligado a las grandes corrientes histricas y, por
ende, no exclusivamente centrado en los conflictos de familia, en el Edipo.
Guattari aspiraba a que el anlisis del inconsciente devenga asunto de todos.
Pero, para eso, el psicoanlisis tendra que renovar su mtodo, diversificar su
abordaje, enriquecerse en el contacto con otros campos de la creacin. En
resmen: "hacer excatamente lo contrario de lo que el psicoanlisis oficial
hace".
Es
el inconsciente maqunico que corresponde al esquizoanlisis y que participa de
los ms diversos flujos y materiales. "La designacin de los individuos en
los puestos de produccin no solo depende de los medios de coercin o del
sistema de remuneracin monetaria. Depende, fundamentalmente, de las tcnicas
de modelizacin de los agenciamientos inconscientes operados por los
equipamientos sociales, por los medios de comunicacin de masas, por los
mtodos psicolgicos de adaptacin de cualquier tipo. Solo la recuperacin de
las mquinas tcnicas por las mquinas deseantes, lo que yo denomino una
'revolucin molecular', permitirn liberar a las masas de reproducir las
relaciones de dominacin". (Guattari,F: El inconsciente maqunico y la
Revolucin Molecular. Mxico. 1981)
27. Tiene sentido buscar la identidad cultural del
psicoanlisis argentino? En otras palabras: Existimos, nosotros? En Calibn,
(Revista Casa de las Amricas, 1971:68. La Habana, Cuba.) Roberto Fernnez
Retamar afirma que "poner en duda nuestra cultura es poner en duda nuestra
propia existencia".
28. Barbero, Jess Martn: De los medios a las
mediaciones. Editorial G. Gili. Barcelona. 1987.
29. El concepto de "centro y perifera" fue
introducido por Ral Prebisch en un estudio econmico que realiz para la CEPAL
, en 1949. Estos trminos tericos -centro, periferia- sugieren que en la
economa global existen dos tipos de pases y que las relaciones entre ellos se
caracterizan por una creciente desigualdad.
Por mi parte, adelanto que "europeo"no es sinnimo de central, tanto
como "argentino" no es sinnimo de perifrico. Da cuenta de esto el
hecho de que en los pases pobres hay ms ciudades "millonarias" que
en los pases ricos. (Samuel Chameki: "Un tercio de la humanidad vive en
tugurios. El Correo de la UNESCO. Junio de 1976.)
Subscribo,
adems, lo que afirma Remi Hess (Centro y Perifera. Ed Privat.
Toulouse). Me refiero a la manera en que los profesionales, los intelectuales,
aceptan por delegacin actualizar el centro en la periferia. Esta actualizacin
toma la forma de la gestin de equipamientos del poder central: la ocupacin de
los territorios del control social. Una casta de privilegiados controla, en
nombre del Estado, lo que debe ser enseado y los que debe ser omitido respecto
del saber social.
As,
queda claro que el poder central que en un principio era localizable en el
nivel nacional- se encuentra desplazado cada vez ms en el lejano nivel
supranacional. El poder central se ha vuelto perifrico al encontrar nuevos
lugares de concentracin de poder. As, existe la tendencia a organizar
bolsones de centralidad en la periferia; bolsones en los que se reedita el
poder desptico del centro.
30.
Altamirano, C. Sarlo,B: Literatura/Sociedad.
Hachette.
Buenos Aires, 1983.
31. Ricoeur, Paul: Appropiation.
Hermeneutics
and the Human Sciences Cambridge University Press. 1992.
32. Roustang, F.:La eficacia del psicoanlisis. Diarios
Clnicos. Bs.As. 1990.
33. Miller, J.A: Recorrido de Lacan. Ed Manantial. Bs.As.
34. El trmino "ladino"se usa en Amrica
Central -sur de Mxico- para referirse a los indios ms aculturados respecto de
la sociedad criolla dominante. Tambin se llama as a los mestizos que viven en
pueblos de indios. Constituyen un estrato social superior al resto. En
Argentina, la expresin adquiri un tono peyorativo que alude a la presunta
doblez de intenciones del gaucho (anagrama de "guacho": hijo sin
padre que lo reconozca).
Segn la Sapiens, Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana "dcese
del que habla con facilidad varios idiomas". Pero, tambin, "taimado,
sagaz, astuto".
35. Sergio Rodrquez denunci esta
"explotacin" en la Revista Psych a propsito de la visita de
algunos psicoanalistas franceses y las formas organizativas que se daban los
locales con respecto a los metropolitanos.
36. Al hablar de la produccin cultural europea, hay
que tener en cuenta que lo mejor de Europa se ha hecho en Europa contra Europa.
Es decir: contra los sectores ms reaccionarios y "establecidos" de
la cultura central.
37. Magistralmente ejemplificada por Baremblitt,
Gregorio: Lacantrocas. Hcitec. Sao Paulo. 1991.
38. El neobarroquismo como identidad del psicoanlisis
argentino (y latinoamericano) sera tema de un prolongado ensayo que no me
atrevo ms que a insinuar, aqu. Remito a:
Lacan,
J: Del Barroco El seminario 20. An. Paidos. Barcelona. 1975.
Deleuze,
G: El pliegue Op.cit.
Lezama
Lima, J: La curiosidad barroca. En, Confluencias. Editorial Letras
Cubanas. La Habana. 1988.
Carpentier,
A: Lo barroco y lo real maravilloso En, Ensayos. Editorial Letras
Cubanas. La Habana. 1984.
Barroco,
ms que un estilo, es una suerte de pulsin creadora que, ciclicamente, vuelve
a traves de la historia.
Existe
en Amrica Latina un espritu barroco como constante que de ningn modo puede
circunscribirse, ni clausurarse, con el movimiento esttico nacido en el siglo
XVII.
Al
Popol Vuh, a Jos de Churriguera, a la gran hazaa del quecha Kondor, al
prodigio del Aleijadinho, a Sor Juana Ins de la Cruz, a Rmulo Gallegos, Jos
Mart y Ruben Daro, a Leopoldo Lugones, se le suma, como contribucin a la
identidad neobarroca de la cultura latinoamericana, el psicoanlisis lacaniano.
Sarduy, Severo: Ensayos generales sobre el barroco. Fondo de Cultura
Econmico. Bs.As. 1987.
El
neobarroquismo, ms que un (neo)estilo, es la norma permanente de la cultura
latinoamericana. A diferencia del barroco, el neobarroco refleja
estructuralmente la inarmona, la ruptura de la homogeneidad, la desaparicin
del logos como absoluto, la crisis del concepto de "falta"y de
"carencia" como fundamento epistmico.
39. Ms all de las traducciones simultneas es
necesario recordar que cuando una palabra se transfiere a un contexto ajeno,
pierde sentido pero cobra relieve su autntico significado
"original".
"La
pgina de perfeccin, la pgina de la que ninguna palabra puede ser alterada
sin dao, es la ms precaria de todas.
Inversamente,
la pgina que tiene vocacin de inmortalidad puede atravesar el fuego de las
erratas, de las versiones aproximativas, de las distradas lecturas, de las
incomprensiones, sin dejar el alma en la prueba. El Quijote gana pstumas
batallas contra sus traductores y sobrevive a toda descuidada versin."
Borges, Jorge Luis: La supersticiosa tica del lector. En, Pginas Escogidas.
Casa de las Amricas. 1988.
40. Baremblitt, Gregorio: Op.Cit.
41. Bleichmar, S: Revista Zona Ergena. Bs. As. 1991:8.
42. Chiarvetti, S: Aportes y deudas de las ciencias
sociales en salud. En III y IV Jornadas de Atencin Primaria en Salud. Bs. As.
1990.