Las promesas del psicoanlisis
en la cultura de masas

Hugo Vezzetti


 

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Historia cultural, historia de las ideas e historia de la vida privada

Es sabido que lo "privado" tiene diversas significaciones. La cosmovisin burguesa moderna lo opone a los poderes del estado: lo privado se funda ante todo en el "inters" que emana de la primaca del individuo y sus libertades, constitudo en actor fundamental de la escena social; en ese sentido el inters privado funda la sociedad civil como opuesta al estado. Otra acepcin de lo privado lo opone a lo pblico y, en ese sentido, se separa y se distingue de ese espacio comn de accin y, sobre todo, de manifestacin y exposicin en el espacio social. Ahora bien, es claro que puede haber modos diversos de entender esas zonas retiradas de la escena abierta y expuesta de la vida colectiva. El concepto de lo privado que interesa destacar para el presente trabajo parte de aquello que, en principio, no se exhibe ni se muestra, y se corresponde con una dimensin de repliegue en la intimidad que encuentra una raz fundamental en la vida de los afectos, en los vnculos primarios de la vida familiar y en el despliegue de la vida amorosa. El mbito ntimo, entonces, incluye tanto el orden de la vida familiar y domstica como la esfera de los afectos y es un espacio que, ante todo, se define por la separacin y, aun, la oposicin al mundo del trabajo, de la poltica y la vida social. Freud vea en el acto sexual el prototipo de la situacin humana que funda la privacidad y que rechaza la socialidad propia del grupo social extenso.

Ahora bien, si puede hablarse de historias de la vida privada, en el sentido mencionado, es porque se admite que las conductas, los afectos y deseos, las fantasas y representaciones que pueblan el mundo personal, no responden a una naturaleza humana ms o menos invariable, sino que cambian y se transforman en el tiempo, as como cambian, en la vida social, las tcnicas de produccion, las instituciones polticas o las formas en el arte. Imediatamente se advierte una dificultad de base. En efecto, si lo privado ntimo es lo que no se exhibe y, en general se corresponde con los componentes secretos de la existencia personal dnde encontrar fuentes accesibles, registros confiables y contrastables de una dimensin de la experiencia personal ms o menos intransferible? Y, sobre todo cmo evitar que la primera persona del historiador (y sus propios hbitos y fantasmas privados) adquieran un papel decisivo en la configuracin de los sentidos de esa experiencia? En fin, si hoy tiende a admitirse que en toda escritura histrica hay una dimensin de narracin que no puede excluir el punto de vista del narrador, pocos gneros como el de la vida privada, cuando se refieren a un mundo ms o menos cercano y familiar al del historiador, se prestan a la superposicin de la historia con el autoanlisis y la autobiografa.

Es claro que es posible (y es lo que generalmente se hace) explorar el corpus de ideas, representaciones y valores que, en un perodo y en un grupo dado, se refieren a los tpicos de la intimidad: afectos y emociones, sexualidad, vinculos primarios, incluso fantasas y aspiraciones. Pero es igualmente claro que si lo que se busca rescatar es la experiencia personal en su dimensin ms singular, es decir, si se trata de aprehender una "historia vivida" antes que una serie de acontecimientos o un conjunto de significaciones establecidas, hay en esa historia algo de irrepetible e inalcanzable. En efecto, no puede sino incursionar en sus "objetos" desde el testimonio nico de los sujetos involucrados, a partir de relatos que descubren su sentido al mismo tiempo que se cuentan. No es el psicoanlisis, ms propiamente la situacin de la cura la que proporciona a nuestro tiempo el paradigma de una historia absorbida (interminablemente dice Freud) en la captura de lo ms singular de la existencia propia? Como sea, la empresa misma de un examen de la privacidad, que se ha constituido en un giro innovador en la historiografa contempornea, no puede separarse en nuestro tiempo de las aventuras del freudismo proyectado, ms all del divn, sobre las complejidades de la vida personal y colectiva.

 

Foucault se preguntaba (y proyectaba al futuro un extraamiento irnico) por esa extraa pasin de nuestro tiempo que nos impulsa a asociar el saber y la confesin en una voluntad de verdad que no se reduce a la verificacin objetiva y que slo puede ser el resultado de un descubrimiento en el que el propio sujeto se pone en juego y se transforma. Pero tambin podra decirse, desde la ptica de una disciplina histrica que debe ampliar conjuntamente sus objetos y sus fuentes, que en los registros diversos de la prctica de los psicoanalistas, en sus anotaciones, historiales y grabaciones (la mayor parte de lo cual no se ha publicado ni se publicar) reside lo que probablemente sea el mayor acervo de fuentes histricas sobre la vida de nuestro tiempo, en el terreno de la subjetividad personal, a la vez que un material insustituble para estudiar la formacin propiamente cultural de esa experiencia de la intimidad.

En sntesis: slo es posible un estudio indirecto de los temas marcados por la privacidad y no hay interioridad que no comunique con los marcos colectivos de formacin de una experiencia; y en la experiencia contempornea de la vida ntima la implantacin cultural del psicoanlisis parece haber jugado un papel esencial. En efecto, la disciplina freudiana parece ofrecer para nuestra inteleccin un horizonte de significaciones difcilmente superable: la primaca y las determinaciones de lo inconsciente, el peso de la infancia y los vnculos tempranos, las figuraciones interminables de los lugares de padre y la madre, en fin, el dominio del pasado y del recuerdo en las formaciones del deseo y los disfraces y desvos de la represin.

A partir de aqu, se abre la cuestin del encuentro posible de los saberes del psicoanlisis con el gnero de la historia de la vida privada. La historia de las ideas y de las representaciones culturales, trabajando con fuentes discursivas diversas (literarias, ensaysticas, mdico-cientficas, periodsticas) y con narraciones autobiogrficas y memorias, ha producido un volumen considerable de descripciones y anlisis que se refieren a zonas replegadas de vida individual y familiar. Frente a esa produccin, ms de una vez ha sido planteada la pregunta por la eficacia de las ideas y representaciones en la formacin y transformacin de costumbres y actitudes. Por ejemplo, hasta qu punto el imaginario amoroso de la novela sentimental, ampliamente desplegada en los aos veinte, impactaba en un sentido formativo en la vida ertica de sus lectoras? No es fcil aportar una respuesta definitiva acerca de las complejas relaciones entre la dimensin imaginaria y el orden de los hbitos y las conductas manifiestas. Seguramente, no hay un modalidad nica en esa relacin entre los tpicos de la literatura amorosa y los comportamientos habituales. Si, en general, puede pensarse que permanecan separados, entre la formacin imaginaria, globalmente esttica, y las constricciones de la vida cotidiana; en otros, es posible que alimentaran reclamos y conflictos, generalmente del lado de la mujer, que aparece como el sujeto consumidor por excelencia de esa literatura. En todo caso, puede suponerse que alimentaban una mayor -o distinta- complejidad y conflictividad en la vida de pareja.

 

En lneas generales, se admite que una historia de las "mentalidades" y la subjetividad no responden a la misma temporalidad que la historia social o la historia poltica. En la historia de la familia, la pareja o la vida ertica se trata de un tiempo lento, repetitivo, propiamente resistente a la innovacin que puede contemporneamente imponerse en el discurso o las ideas. Si esto es as, es preciso ser prudente frente al discurso o la sensibilidad del cambio, all donde tiende a presentarse como una revolucin en las costumbres y las actitudes privadas. Si se piensa en el tpico de la "revolucin sexual" de los 50 y los 60, que parece arrasar en un perodo breve las pautas propias de la moral sexual y las prcticas de las parejas, no puede evadirse una consideracin de lo que se sita ms all de los cambios manifiestos. Y si el psicoanlisis tiene razn, si es en el pasado, la infancia y la memoria donde reside la raz bsica de la vida ertica, la constatacin de los cambios manifiestos en las costumbres plantea, antes que un giro que rompe con el pasado, la indicacin de un espacio irreductible de conflicto entre el presente de las nuevas actitudes y conductas y el peso de una memoria conformadora de la sexualidad ms conservadora y reacia a las innovaciones. En ese sentido, los historiales psicoanliticos (si algunas vez estuvieran disponibles para un estudio histrico-cultural) ofreceran ms de una ilustracin de esas resistencias y de los desajustes entre la conformacin de una sexualidad construda desde el pasado infantil y los cambios manifiestos del discurso y las prcticas culturales.

Pero, entonces, hay que admitir un fondo inmodificable, universal (tal como lo quera Freud) por detrs de las variaciones manifiestas? En todo caso, entre una representacin ahistrica de la vida amorosa (de la que los psicoanalistas no se privan y que motiv en el pasado las polmicas con la antropologa cultural) y la visin simplificada que la reduce a ser simple eco e "interiorizacin" de los cambios culturales, hay un ancho campo para un anlisis dispuesto a admitir que se trata, siempre, de un terreno caracterizado por una transaccin, una "formacin de compromiso" en la que el peso de lo menos modificable del pasado encuentra los modos de mantenerse en el mismo movimiento en el que los cambios imponen nuevas significaciones. Se trata, entonces, de una historia de continuidades y de transformaciones, aun cuando el relato tienda a destacar lo que cambia, dado que no hay historia sino de lo que cambia.

 

Admitamos que las representaciones y las formas de la vida familiar constituyen un componente bsico fundamental de la mentalidad de una poca. No slo por el lugar mismo de la familia en la construccin del entramado social, sino porque es en el mbito de los vnculos primarios donde se forman, siempre conflictivamente, los patrones de la vida afectiva y sexual junto con las bases de la moralidad, tanto de la que se despliega en la vida de relacin como la que se esconde en las experiencias ms recnditas. Ahora bien, es claro que una historia de la familia enfrenta un campo de problemas complejo y, en principio, diversificado entre la institucin situada de cara a la comunidad (y sobre la cual, en nuestra poca se despliegan diversas estrategias pblicas de presin y "normalizacin": escuela, dispositivo mdico y psicolgico, polticas estatales, discurso de los medios) y el reducto replegado sobre una intimidad que destaca la importancia (y la legitimidad) de los deseos, los afectos y la libertad de opcin y realizacin personal. Basta pensar en el modo como en nuestro tiempo han quedado deslegitimados los "matrimonios de conveniencia" y se ha entronizado al amor sexual como un ingrediente fundamental en la formacin y preservacin de la pareja matrimonial.

Es evidente que desde los aos veinte, por lo menos, se producen cambios palpables en las ideas y representaciones sobre el amor, la pareja y la vida familiar. Es claro que esos cambios se acompaan de transformaciones en la vida y la conducta familiar que tienen como condicin los cambios en la sociedad: G.Germani hablaba, refirindose a la Argentina moderna, de la "transicin", desde una sociedad tradicional a una sociedad urbana y de masas en un sentido que aluda a la vez a la dimensin "objetiva" y "subjetiva" de esos cambios. Y contrariando la visin simple de un conjunto que se transformaba armnicamente, admita desajustes y retrasos: las nuevas formas familiares convivan conflictivamente con formas ms tradicionales del autoritarismo patriarcal y las formas de subordinacin de la mujer en la familia. Ahora bien, en ese ciclo modernizador aparece cierta exhibicin paradjica de los tpicos de la "intimidad" (del erotismo y la vida sentimental) situados en el centro de un inters extendido: literatura sexolgica, novela sentimental, presencia en los medios y, en especial, en el nuevo tipo de publicaciones que se dirigen explcitamente al pblico femenino. En algunos de esas publicaciones lo ms personal viene a ser objeto de una confesin pblica en algunos medios de comunicacin, una exposicin incitada por el dispositivo del consultorio epistolar dirigido por un consejero que se presentaba como psicoanalista.

La funcin del mdico consejero que se diriga a la familia, en particular a las madres, mediante folletos (como el Libro de las madres de Gregorio Aroz Alfaro) y desde los medios de comunicacin, para prevenir males fsicos y, a veces, morales, haba formado parte en la Argentina, desde principios de siglo, de las tareas del higienista. Me interesa explorar un conjunto de transformaciones que acompaan la instalacin de una figura popular de psicoanalista en un lugar que en parte reemplaza al del higienista y en parte inaugura, del lado del experto, un nuevo polo de enunciacin y recepcin de un discurso de la intimidad sentimental. Al mismo tiempo, y sobre todo, me interesa destacar la aparicin de un sujeto de enunciacin distinto: el de los lectores (generalmente lectoras) que hacan escuchar sus demandas o el relato de sus sueos. Se destaca as la emergencia de un yo sentimental que se sostiene en un rgimen de verdad que ya no es el de las funciones naturales o las obligaciones sociales y morales (que fundaban la legitimidad del discurso higienista, desde la exterioridad de la ciencia), sino el de las razones de los afectos y la verdad del corazn. Sin embargo, como se ver, no se trata de un cambio brusco sino de un desplazamiento que incluye transacciones y mezclas entre lo viejo y lo nuevo. En todo caso, ms que el imaginario de la vida sentimental, cambian las condiciones de enunciacin de un orden de la pasin que expone una interioridad habitualmente escondida; y aun sostenida en los mismos tpicos, produce una narracin verdadera, que slo puede confesarse en primera persona. De modo que, paradojicamente, las peripecias de la intimidad se revelan (y de algn modo se legitiman) a travs de esa exposicin pblica que pone en evidencia que en la confesin tambin opera una construccin social o, ms bien, que combina la construccin social y la individualizacin, la uniformidad y la singularidad personal.

 

El consultorio del psicoanalista en el diario Crtica

Una de las vas de la expansin de un psicoanlisis popular, integrado a la cultura de masas, ha sido la incorporacin periodstica del "consultorio del psicoanalista", una seccin en la que se responde a relatos personales o pedidos de consejo del pblico. Y aun cuando algunas de las cartas no provinieran del pblico sino de redactores de las propias publicaciones, aportan un material ilustrativo acerca de los tpicos y los problemas en los que comenzaba a difundirse la intervencin posible de cierto saber del freudismo. El primer consultorio de ese tipo aparece en Jornada el diario de Helvio Botana que reemplaz a Crtica cuando ste fue clausurado por la dictadura de Uriburu en 1931. Psicoanlisis por Freudiano se llama la seccin, publicada desde agosto de 1931 hasta comienzos de 1932, durante unos siete meses, cuando el diario tena una tirada diaria de alrededor de 300.000 ejemplares. Luego de su detencin Botana y su mujer abandonan el pas en agosto de 1931, es decir pocos das despus de la aparicin de Jornada. De modo que esa incorporacin del freudismo se produce en momentos en que no es Botana quien est al frente del diario; y en un momento en el cual, ante la persecucin sufrida, el peridico opta por ocuparse menos de la poltica nacional y por aumentar el espacio dedicado a otras secciones de inters general, notas de color y deportes. Durante los meses en que tuvo cabida en el diario, la seccin ocupaba un lugar destacado; al principio era semanal y abarcaba cuatro columnas, sin un lugar fijo, aunque a veces ocupaba la primera plana del diario; luego se public quincenalmente y se redujo a dos columnas. Finalmente, Freudiano desaparece en febrero de 1932 cuando Botana retoma la direccin y el diario vuelve a llamarse Crtica.

Es decir que si bien el proyecto general del diario, sobre todo su disposicin a reflejar temas del mundo moderno, aportan el contexto para esa incorporacin del psicoanlisis, el consultorio epistolar aparece en el preciso momento en que la poltica queda relagada y coincide con la incorporacin de notas dirigidas a lo que en principio podran considerarse interereses "privados", distanciado de la esfera pblica y poltica. Y cuando Botana retoma la direccin y reintroduce la poltica, en el primer nmero de la segunda poca, clausurado el consultorio de psicoanlisis, el diario se ocupa del caso Lugones (hijo) el jefe policial a cargo de interrogatorios y torturas durante la dictadura de Uriburu apelando a la psiquiatra tradicional, en un "estudio clnico", realizado por un profesor de la Facultad. La vieja psiquiatra de la herencia y la degeneracin reemplazaba esa divulgacin del freudismo que, por unos pocos meses, haba encontrado un espacio y un pblico.

El psicoanlisis es presentado, en agosto de 1931, como la "moderna ciencia de interpretacin de fenmenos del alma" y, lo ms importante, queda sobre todo asociado a la interpretacin de los sueos. De modo que la seccin anuncia que responder las consultas que reciba y solicita que le enven relatos de sueos. Al mismo tiempo, incluye notas de divulgacin que se ocupan de una presentacin del psicoanlisis desde el punto de vista de su inters general y sus efectos posibles sobre la vida cotidiana: conflictos mnimos, malestares, actos fallidos. El psicoanlisis aparece, por una parte, como un dispositivo de autoconocimiento capaz de sacar a la luz deseos reprimidos, de revelar cierta interioridad oscura y ciertos rasgos ocultos del propio yo; y en ese sentido, la interpretacin de los sueos es promovida a la posicin de un camino directo para el conocimiento de una zona de misterio "que todos llevamos dentro", en la medida en que los sueos son "la manifestacin del subconsciente en libertad". En principio, la visin popular del sueo promovida por el peridico viene a coincidir con la concepcin romntica de un inconsciente activo e impulsivo.

Por otra parte, ese acceso personal a travs del periodismo de masas reemplaza la experiencia del anlisis personal, de modo que la consulta por carta (y el acceso por parte del pblico a las consultas y los "anlisis" publicados) se ofrece como una primera versin de un psicoanlisis popular y puede pensarse que aporta una cierta versin vulgar y corriente de lo que puede esperarse del especialista. Y si el psicoanlisis entra en el diario, una de las primeras cosas que se consigna es que se trata de despertar en el pblico un inters que ya se estaba manifestando en Europa y EE.UU.; es decir, se trata de actualizar y modernizar una zona de curiosidades y demandas del pblico que iba en una direccin semejante a la extensa difusin del freudismo que se produjo desde los aos 20. Una expresin muy influyente de esa recepcin popular de un psicoanlisis para todo pblico fue la biografa que Stefan Zweig dedic a Freud y que se public en Buenos Aires en 1933. En ella el maestro viens era presentado como un profeta del mundo contemporneo y su obra representaba una revolucin de las costumbres y los valores que vena a socavar la moral del disimulo, el rechazo del cuerpo y el aplastamiento del instinto. Para la visin progresista de Zweig el freudismo ofreca los fundamentos de una nueva moral sexual fundada en la sinceridad, la camaradera de los sexos y la integracin de la tradicin racional ilustrada con un incremento de las libertades pulsionales. Es claro que la visin ofrecida por Jornada resulta bastante ms eclctica y moderada en comparacin con esa caracterizacin ntida de Freud como un reformador moral que viene a liquidar la moral cultural tradicional. En todo caso, el perfil del profeta moral parece menos acusado que el del cientfico, el consejero mdico y, sobre todo, el descifrador de los misterios que se esconden en el fondo del alma humana y que los sueos traen a la luz.

Veamos como responde el psicoanalista de Jornada al relato del sueo de una lectora que se identifica como Autora, de Capital:

So que haba sufrido un accidente de automvil pero se encontr de pronto paseando del brazo con un joven al que hace mucho tiempo no v. Dice que a dicho joven lo conoci en oportunidad de haber sufrido l un accidente que la oblig a hospedarse en su casa.

Su sueo ha realizado el deseo subconsciente de ver otra vez al joven aquel de quien est usted enamorada. El accidente de su auto es el que medi para conocerlo. Su imaginacin ha vuelto sobre el mismo.

Usted desea ver al joven otra vez pero sin que l sepa nada. Que est enamorada de l lo demuestra al ser usted la que sufre el accidente. Por ser correspondida, usted sera capaz de cualquier sacrificio. Pero es usted casada. El sacrificio al que su sueo disfraz de accidente no vale la pena, Aurora, de ejecutarlo. La mejor manera de disipar los malos pensamientos es ponerlos en evidencia. Est segura que desde hoy no volver a soar con accidentes de autos"

Del lado de la lectora, parece claro que existe cierta condicin de insatisfaccin, la bsqueda de una revelacin de s que parece ser correlativa de ciertas aspiraciones de cambio individual cuyas claves deben buscarse en ese reducto mximo de interioridad que es el sueo. Por otra parte, ms que las nociones o el argumento del drama amoroso, lo que aparece como novedoso es la posicin de autoexposicin de su deseo: lo ms personal se implanta en el discurso cultural justamente cuando se hace pblico y se confiesa al universo de los lectores.

Del lado del psicoanalista de masas, es claro que lo que se ofrece es una amalgama entre el descifrador que posee la clave de interpretacin de los smbolos (y las asociaciones) y el confesor que con su consejo respalda la moral del matrimonio y vuelve a poner las cosas en su lugar. Pero es importante considerar que la conclusin moralista que retrotrae el problema al registro de las obligaciones conyugales no cancela la otra funcin que admite la verdad de un amor que irrumpe ms all de las convenciones y las conveniencias. Finalmente, en la figuracin disfrazada del amor adltero pueden verse los signos de cierta crisis de las representaciones tradicionales de la institucin familiar como aparato de obligaciones; es decir, una irrupcin, del lado de la mujer, de un malestar amoroso que es, al mismo tiempo, un signo de una aspiracin de cambio, en fin, un anhelo de libertad amorosa (que no siempre, hay que suponer, quedaba reducido a la escena del sueo o las fantasas) que se separa de los deberes de la vida conyugal y domstica. En este punto, en todo caso, los Ensayos sobre el amor de Jos Ingenieros (que tuvieron una gran difusin en los 20), que no mencionaban al psicoanlisis, contribuyeron a legitimar el derecho de amar como contrario a la domesticidad, un derecho que era a la vez una afirmacin de la libertad individual y de la fuerza de las tendencias sexuales de base instintiva.

La seccin, entonces, era la vez un "consultorio" que estableca un dilogo peculiar con sus lectores (generalmente lectoras) a partir del relato de los sueos y un foro de divulgacin del psicoanlisis, presentado como "la ciencia del 'porqu', aplicada a las manifestaciones del espritu". Es claro que involucra al alma ms que al cuerpo; en todo caso, las manifestaciones ocultas del alma, como una ciencia de los secretos del yo. Y el acento no est puesto en la patologa, ya que el psicoanlisis, viene a decir "Freudiano", es un va de indagacin y una terapia del hombre y la mujer corrientes. Un sustento destacable del inters que despierta reside justamente en que se trata de la difusin de una psicologa desmedicalizada, separada de la patologa y de las tradiciones del manicomio. En ese sentido, el psicoanlisis se presenta, sobre todo, como una prctica de narracin de s mismo, ligada a ciertos procedimientos de lenguaje; de modo que si bien est revestido de la legitimidad de las ciencias, se ofrece como una medicina sin medicamentos y casi sin mdicos. El sueo proporciona un terreno apto para esas dos dimensiones de la seccin (la del consultorio de casos y la de la exposicin divulgadora) en la medida en que responde a un relato personal (que slo "Freudiano" recibe porque no se publica) y es un terreno ejemplar para revelar esa otra dimensin del yo que debe ser explicada. El autor conoce la teora freudiana del sueo como expresin de "deseos que no han podido ser satisfechos durante el estado de vigilia" y de la "represin" como un censura establecida sobre los actos "de carcter sexual". Esa exposicin sirve de introduccin para las lecciones divulgadoras acerca de nociones psicoanalticas, pero tambin (en un sentido ms cercano a la divulgacin mdica) nociones de la psiquiatra y la criminologa.

Ahora bien, un rasgo destacado del dispositivo epistolar, instalado en un peridico que se dirige a decenas de miles de lectores, es que hace posible la expresin de la individualidad en medio de la masa annima. En ese sentido, el caso de la expansin cultural del psicoanlisis muestra que las formas de implantacin de la cultura de masas no conducen simplemente al borramiento del yo en la muchedumbre annima. En las nuevas condiciones sociales y culturales, la relacin entre el individuo y la colectividad no puede ser pensada con los esquemas conceptuales simples que haban impulsado, desde Le Bon a Ortega y Gassett, el fantasma de las masas como un factor de degradacin brbara de la sociedad tradicional. Ms aun, esa demanda de exposicin personal responde en verdad a un dispositivo que promete a la masa una va para salir del anonimato a travs de la exposicin del yo profundo que se expresa en el sueo. En verdad hay que decir que esa demanda ha sido generada a partir de una oferta integrada como un resorte central del moderno periodismo de masas: extraer a algunos pocos de la masa para convertirlos en protagonistas exhibidos en los medios. Y la expansin del psicoanlisis pop en la sociedad de los seres annimos no puede separarse de los alcances de esa promesa: el saber y el procedimiento por el cual se alcanza a poseer un yo ntimo en el mismo movimiento por el que se busca conocerlo y confesarlo.

"Freudiano" como firma de autor probablemente esconde ms de una pluma. En ocasiones es un descifrador que elude las formas tpicas de la ilustracin mdica, en otras es un consejero bastante tradicional o un mdico en funcin divulgadora. Lo ms importante, en todo caso, es esa incitacin a la bsqueda de una verdad que reside en los fondos del yo y que requiere de condiciones especiales de relajamiento de los controles de la razn. De all el estmulo a exponer sin disimulos sueos, conflictos, fantasas y la exhortacin a escribir francamente y sin temor a las palabras que se emplean. Pero el apego a cierta "regla" psicoanaltica termina all; las respuestas a las consultas imparten toda clase de consejos sobre decisiones personales y actitudes ante los dems, cuando no se inclinan directamente por una recomendacin de tratamiento.

En ciertos casos, desde la posicin tpica del psiquiatra divulgador, las notas toman a la familia (sobre todo a la madre) como objeto de intervencin esclarecedora y preventiva. Y los problemas de la infancia en particular ofrecen la ocasin para diversos consejos. Por ejemplo, en "Qu le responder a mi hijo?" (22/8/31) la respuesta aborda dos problemas conectados: por una parte, la curiosidad sexual infantil pone a prueba la actitud adulta frente a la sexualidad; al mismo tiempo, sirve para reiterar que las etapas y las experiencias de la niez son determinantes en la formacin de la personalidad del adulto. El tema de la disciplina y los castigos a los nios merece varias notas, en las que siempre se insiste en que no debe pegarse a los hijos, sobre todo porque las "huellas" en la mente de los nios no se borran nunca. En el mismo sentido, hay varias notas de divulgacin y profilaxis psicolgica dirigidas a las madres, las maestras y a quienes educan a nios y jvenes. Ahora bien, tanto la centralidad de la infancia como la apelacin a la responsabilidad de los padres sobre la salud psquica y la educacin moral de los nios constituan tpicos centrales de la tradicin mdica higienista, y en ese terreno "Freudiano" no ofrece nada nuevo. En todo caso, si la expansin del psicoanlisis en la cultura modifica (sin cancelarlas) las representaciones sociales sobre la salud de la infancia, es porque viene a alterar la trama de significaciones que permitan pensar la relacin entre el nio y el adulto. La importancia concedida a las "experiencias infantiles" en la formacin de la personalidad sita, de algn modo, la verdad psicolgica del adulto en el nio que fue y que, en lo profundo, nunca dejar de ser. Y entre las promesas del psicoanlisis popular figura, en lugar destacado, el camino posible de una reintegracin del nio, es decir de las pulsiones y la memoria de los afectos primarios.

Entre el discurso tradicional sobre la familia y las nuevas formulaciones que invocan a Freud se establecen variadas transacciones. Puede decirse, retomando la oposicin que Ingenieros haba establecido entre amor y domesticidad, que en cuanto emergen las representaciones de la unidad familiar y su cortejo de obligaciones, el psicoanalista de Jornada reencuentra el lugar de enunciacin, apenas modernizado, del viejo higienista. En cambio, cuando dominan las peripecias de la vida amorosa y los desordenes de la pulsin sexual, ofrece diversas fisonomas: a veces es un consejero sentimental, de rasgos ms bien tradicionales, en otros ofrece un perfil ms atpico. Por ejemplo, una nota sobre el complejo de Edipo y su papel en la vida amorosa viene a proclamar directamente que el "inquietante Edipo" ha reemplazado a Cupido en su funcin de eleccin del objeto amoroso ("Edipo versus Cupido", 26/8/31). Al lado, entonces de intervenciones moralistas y tranquilizadoras para la moral matrimonional, el vocabulario psicoanaltico (por ejemplo, las referencias al narcisismo y al Edipo), viene a establecer que el amor sexual constituye un territorio que escapa al control de la razn y el clculo; y correlativamente a destacar el papel del psicoanalista como aqul que posee el saber y las claves de acceso a ese territorio desconocido. Finalmente, como consejero, Freudiano tiende a devolver una visin optimista de los problemas que se le plantean y generalmente ofrece una esperanza a los amores contrariados o a los conflictos afectivos, en general en el marco de las convenciones morales.

El pblico, entonces como ahora, tiene inclinacin por ciertas formas simplificadas del autodiagnstico psicolgico y a ello responde la seccin (en ms de una nota) con la exposicin de las "constituciones psicopticas, o sea la ubicacin prefijada en una grilla de clasificacin, que pretende responder a la pregunta: "Qu soy yo?". Como sea, la visin que ofrece de la psiquiatra contiene una mezcla de ideas renovadoras y enfoques tradicionales, aunque, en general, tiende a enfatizar el papel de los componentes psquicos en desmedro de la visin apegada a las tesis biolgicas y hereditaristas. Es claro que seccin no responde a la difusin de la psiquiatra establecida en las ctedras y los hospicios. En una nota titulada "Psiquiatra y Psicoanlisis", por ejemplo, contrasta la psiquiatra pre-freudiana y la post-freudiana: mientras que la primera se dedica a clasificar e internar a los alienados", la psiquiatra psicoanaltica investiga los "por qu", previene y busca los orgenes. Y el alejamiento de la psiquiatra manicomial es explcito en el relieve que alcanza el tema moderno de las neurosis, definidas, adems como un fracaso de adaptacin". En la misma direccin, en una nota sobre la delincuencia es claro el cambio de enfoque con respecto a la visin de la criminologa positivista: en todo delicuente hay una historia que data de la niez.

Ms all de esa diversidad temtica el inters predominante es por la divulgacin del psicoanlisis. El diario publica una entrevista realizada al profesor francs George Dumas, quien haba dictado conferencias en Buenos Aires en esos das (25/8/31). Y pese a que Dumas es, sobre todo, un psiclogo muy destacado y autor de una obra monumental en la materia, la entrevista trata exclusivamente de la disciplina creada por Freud. Lo ms destacado es el reconocimiento del impacto del psicoanlisis en la sociedad y su "importancia para la masa popular", como "una especie de nuevo sistema moral". Y es claro que el freudismo (en una direccin concordante con la biografa citada de Stefan Zweig) es concebido como un saber adecuado para la reforma colectiva, en particular por la aplicacin posible a la reforma de la educacin infantil. La proyeccin del psicoanlisis a la transformacin educativa, nuevamente, se sostiene en la importancia de la primera infancia para la futura salud psquica, que es el ncleo que queda destacado de las tesis freudianas sobre el desarrollo psicosexual. Y es notable que en el dilogo con Dumas la iniciativa de publicar una seccin periodstica dedicada al psicoanlisis sea concebida como el correlato de una obligacin de la sociedad: "el pueblo est en el deber de conocerse a s mismo", afirma el profesor parisino y es en nombre de un ideal ilustrado de conocimiento extendido que encuentra su justificacin la empresa de llevar la ciencia a las masas.

Otras notas ofrecen un cambio de registro y se inclinan hacia una crtica social antimoderna: el problema contemporneo residira en un estado de neurosis colectiva que deriva de las modalidades del trabajo industrial y la vida de las ciudades. Como contraste, ofrece una visin idealizada (y muy vieja en la tradicin del higienismo mdico y psiquitrico) de las virtudes del campo y las labores de la tierra. Pero, en todo caso, si domina en los textos una intencin moral, lo menos que puede decirse es que coexisten marcos valorativos divergentes. Es claro, como se vio, que domina una visin tradicional en el tratamiento del tema matrimonial; y sin embargo, en las representaciones sobre el amor emerge aqu y all cierta reivindicacin del "deseo natural" y el instinto, de un modo que no coincide con el consejo moralista que simplemente propondra contrariar las inclinaciones pulsionales; aunque a menudo termina recomendando la consulta al mdico. Dentro de la mezcla resultante, lo ms destacable es que el amor, ensea Freudiano (y en esto es bastante fiel al maestro viens) es el prototipo de la felicidad y no se ajusta fcilmente a las convenciones: es evidente que quien escribe bajo esa firma ha ledo El malestar en la cultura ("La felicidad a travs del amor", 14/11/31).

Finalmente, si algo ensea la seccin del diario de Botana es que la fuerza del instinto y de los poderes misteriosos del inconsciente deben ser reconocidos y respetados. No se trata de recomendar el autodominio o la fuerza de voluntad para ahogar sntomas o rarezas:

"Casi todos se creen capaces de gobernarse a s mismos. Suponen que basta con la cacareada fuerza de voluntad para imponerse a los males sin saber que la voluntad ahoga manifestaciones que son benficas porque significan la solucin de un conflicto".

Lo mejor, recomienda, es consultar con un mdico que sepa (y si no sabe, agrega, se dar cuenta por los resultados) (12/9/31). En todo caso, la seccin expone la conviccin general de que la conformacin sexual propia no es casi modificable. En uno de los pocos casos de sexo masculino que consulta por problemas (no especificados) que involucran la identidad sexual, Freudiano acta como un psicoanalista salvaje y le seala, sin muchos miramientos, que se angustia ante el temor a la prdida de sus atributos viriles" y que posee un "temperamento feminoide" ("El tiempo le dir", 12/9/31) Aunque no siempre emerge, cuando lo hace, el consultor que responde como un psicoanalista salvaje (que se diferencia del consejero sentimental o el higienista divulgador) establece al parecer la va ms clara y efectiva de recepcin y difusin de un freudismo distinguible de las formas conocidas del consejo mdico o sentimiental.

Finalmente, como se vi, la seccin desaparece repentinamente con el retorno de Botana, cuando el diario vuelve a llamarse Crtica. Y desde comienzos de febrero de 1932 aparece una seccin de "Espiritismo, Ocultismo y Teosofa" que, podra decirse, viene a reemplazar la cuota de misterio antes ofrecida por la interpretacin de los sueos. El redactor de la seccin destaca la seriedad cientfica de esos estudios del mismo modo que lo haba hecho antes con la disciplina freudiana. Pero el foco de curiosidad se ha desplazado desde el instinto y la vida ertica al conocimiento de la vida y, sobre todo, la comunicacin psquica ms all de la muerte. El reemplazo del psicoanlisis por el espiritismo (ms all de las circunstancias de esa decisin que, muy probablemente tienen que ver con las preferencias personales de Botana y su esposa) supone un relegamiento del individuo y una exaltacin de una experiencia del misterio y el sentido que se orienta en otra direccin: ya no la separacin y la singularidad de los impulsos y deseos individuales sino la unidad y la comunicacin con un orden de totalidad csmico-espiritual

 

El psicoanalista de Viva Cien aos

Hacia los 40 la figura del psicoanalista ha alcanzado una visibilidad social mucho ms extendida que la de la comunidad de especialistas nucleada en torno de la Asociacin Psicoanaltica Argentina, creada en 1942. Desde aproximadamente 1935 y por espacio de ms de una dcada la serie popular Freud al alcance de todos, firmada por el Dr. Gmez Nerea fue publicada por la editorial Tor y vendi decenas de miles de ejemplares. Y cuando Freud muri, en 1939, el espacio que la prensa y diversas publicaciones dedicaron al acontecimiento mostraba que la figura del creador del psicoanlisis era unnimemente reconocida como uno de los grandes personajes del siglo XX.

A pocos aos de la aparicin del consultorio en el diario de Botana, la revista Viva Cien aos incluye una seccin semejante en la presentacin aunque ofrece el perfil de un psicoanalista muy diferente. Desde sus comienzos se presenta como la revista popular de la salud y se publica desde noviembre de 1934 hasta finales 1949; es decir que responde a un proyecto de divulgacin y difusin de largo alcance que se mantiene por espacio de muchos aos, algo que contrasta con la efmera irrupcin del psicoanalista en el diario de Botana. Segn el testimonio de Arturo Leon Lpez, su creador y director, alcanzaba una tirada de unos 30.000 ejemplares y se promocionaba con carteles callejeros; estaba asociada, por otra parte, a una "Librera de la salud" y una coleccin de publicaciones de divulgacin, higiene y consejo mdico.

Viva Cien aos es bsicamente una revista de higiene, y ofrece para nuestro tema una orientacin dirigida a la vida de la familia y las complejidades de la pareja en el matrimonio moderno. Por una parte, hay una medicina de la familia, en la tradicin de las intervenciones higienistas, que difunde los viejos temas de la prevencin de la enfermedad, en particular las enfermedades infantiles y las enfermedades sociales: tuberculosis, venreas, alcoholismo. Puede decirse que uno de sus postulados bsicos sostiene la centralidad de la familia como sostn, como sujeto fundamental, de la salud y la moral colectivas. Concomitantemente, las cuestiones de la pareja matrimonial son encaradas sobre todo con un enfoque eugensico, es decir, una atencin destacada a las consecuencias de la herencia en la descendencia, de un modo que subordina las cuestiones de la sexualidad a los fines de la reproduccin. Hasta aqu no habra casi nada nuevo y el marco general acenta la visin del matrimono y la familia como un sistema de obligaciones: hacia los descendientes y la especie y hacia la sociedad, la salud de la raza y la grandeza de la nacin.

 

Sin embargo, en la medida en que la revista coloca los temas de los que se ocupa bajo la empresa de favorecer una salud integral, es decir fsica, emocional y moral, hay espacio para una consideracin que incluye otras cuestiones, que dan cuenta de ciertos cambios en las representaciones de los individuos integrantes del grupo familiar. Y en la medida en que se trata de mejorar la existencia de las personas, la cuestin de felicidad entra a jugar como un valor que excede los marcos tradicionales, puramente utilitarios, del saber mdico. En principio, debe reconocer la importancia de la vida de los afectos y admitir que hay "malestares" que dependen de anhelos y demandas que no responden a la lgica de la salud corporal. Supone igualmente un creciente reconocimiento de conflictos que empiezan a llamarse "psicolgicos" y que incitan a tomar en consideracin el tema de la personalidad. "Tener una personalidad" sana, equilibrada y, sobre todo, autoafirmada es no slo el correlato sino la condicin de la salud del cuerpo.

De modo que frente al esquema de la medicina social que pona el nfasis en la salud colectiva, en la especie o la familia como organismo natural (y que estaba bien presente en la revista), emerge con alguna fuerza el tema del individuo y sus rasgos nicos. Es claro, en un sentido, que esa apelacin a la psicologa mantiene una visin naturalista, en la medida en que comienza por concebir a la "personalidad" (que sera lo ms propio del individuo) como una extensin de un cuerpo activo y saludable. Algo que resulta particularmente evidente en la aplicacin a las nuevas representaciones de la mujer (que constitua el pblico mayoritario de la revista), y que se refieren al cuidado del cuerpo, la belleza fsica, incluso algunas armas de "seduccin", como condicin de una personalidad autnoma, activa y exitosa.

Vale la pena sealar que en esos aos el cuerpo como objeto de saber y de intervencin mdicas emerge como un territorio atravesado por conflictos y significaciones que rompen con la visin mecanicista y objetivante de la medicina positivista. La medicina "cientfica" construy una visin utilitaria del cuerpo como instrumento, es decir capacidad de trabajo, fuerza productiva entendida como energa pero tambin como habilidad y aptitudes especficas: es el cuerpo disciplinado en las prcticas de la fbrica y el cuartel del que se ha ocupado Michel Foucault; pero tambin es el cuerpo de la orientacin profesional, uno de los mbitos de constitucin de una psicologa prctica que empieza a desplegarse por esos aos y que tiene su lugar en la revista. Paralelamente, emerge (en un proceso de larga duracin) un cuerpo expresivo, que es sujeto antes que objeto, el cuerpo de la exhibicin, la belleza y la seduccin y que se constituye en un ncleo firme de la identidad personal. Por otra parte, esos cambios en las representaciones del cuerpo coinciden con un perodo de crisis relativa de la medicina tradicional y con el nacimiento de las cuestiones psicosomticas y los debates sobre la psicoterapia y la psicologa mdica.

Ahora bien, para el discurso dominante en Viva Cien aos, los malestares del cuerpo (inhibiciones, fealdades y deficiencias por desidia o ignorancia) son enfrentados ante todo como una lucha por la conquista del carcter. La seccin "Consltenos" (que es el antecedente directo de la seccin de psicoanlisis, que aparece ms adelante) recibe las inquietudes y malestares de un pblico (mayormente femenino) que ofrece sntomas que casi siempre son del orden de la timidez, las inhibiciones, los miedos y la depresin. En todo caso, el cortejo de los sufrimientos contenidos en esas cartas ofrece la imagen en negativo de los ideales de salud y equilibrio psquicos promovidos por la revista; y el "psicoanalista" de Viva Cien aos ofrece sus consejos, siempre en la misma direccin: educar y fortalecer el carcter. En su significacin moral ms tradicional, el carcter alude a un moldeamiento del yo consagrado al deber (y al honor) a travs del sacrificio y, sobre todo, el autocontrol y, en ese sentido no se propone una consideracin psicolgica de la individualidad. Pero en la medida en que los redactores de la revista incorporan la temtica de la personalidad, es claro que el acento se desplaza de la moral a la psicologa, es decir a una identidad que se funda en el yo profundo, en los impulsos y anhelos que constituiran el ncleo de la individualidad.

Desde febrero de 1941 (vol.X n.10) se incluye la seccin fija Un conflicto espiritual resuelto por el psicoanalista; y el primer caso se refiere a los escrpulos de un novio ante una mujer tres aos mayor que l. La siguiente edicin incluye un subttulo suficientemente ilustrativo: "para vencer la timidez", algo que coincide, por otra parte, con varias notas referidas al problema de las depresiones. El psicoanalista de Viva Cien aos es un consejero que sabe todo y que confa (a diferencia de "Freudiano") en la fuerza de la voluntad y en el valor vital general de una posicin activa frente a la existencia. Ahora bien, el tema de la formacin del carcter individual como un polo activo, autnomo, creativo incluso, en la lucha con el medio no era ajeno a la concepcin de una psicologa de base positivista. Jos Ingenieros, en sus Principios de Psicologa haba expuesto un sistema de psicologa evolucionista en el que la nocin de personalidad individual ocupaba un lugar muy destacado. En ese sentido, el esquema conceptual de los redactores de Viva Cien aos mantiene una filiacin naturalista evolucionista que remitira, finalmente, a la funcin del individuo en la "lucha por la vida". Pero la psicologa biolgica conceba la formacin del carcter (expresin de la personalidad) como el resultado una afirmacin activa frente al medio social, cuyo paradigma, en todo caso, se encontraba en la funcin, mayormente masculina, de la transformacin de la naturaleza; como tal, no se ocupaba de la familia. Puede verse la exposicin mayor de una psicologa del carcter en El hombre mediocre donde no hay ninguna mencin del papel de la familia y la crianza en su formacin.

Ahora bien, en la medida que el carcter (y no los sueos o los impulsos erticos) constityen el tema mayor de la psicologa popular expuesta en la revista, puede pensarse con cierto fundamento que la inclusin del psicoanlisis es un equvoco y una atribucin indebida; en ese sentido, puede pensarse que los consejos impartidos en nombre del psicoanalista (ni siquiera salvaje) tienen poco que ver con la obra de Freud. Y sin embargo, si se atiende a las condiciones culturales de esa recepcin popular no puede desconocerse lo que all se revela en cuanto a los cambios en las representaciones sociales de la familia y, sobre todo, a esa focalizacin y repliegue sobre el grupo primario, algo que responde indudablemente a un ciclo de duracin ms larga. En todo caso, en cuanto se examinan las condiciones culturales de la implantacin de un psicoanlisis plebeyo, salta a la vista que la historia de la familia moderna y el repliegue sobre el tringulo primario padre-madre-hijo constituye un captulo ineludible de la historia de la recepcin amplia de los nuevos saberes sobre el inconsciente y la sexualidad. Una historia cultural del freudismo encuentra sus condiciones (en el largo plazo) en los cambios en la familia, en particular en el surgimiento de nuevos tpicos, supuerpuestos y no necesariamente armnicos: crisis de la posicin tradicional de la mujer, psicologizacin de las prcticas de la crianza y la formacin del carcter y, ms en general, de las funciones educativas de la familia. De ser un grupo natural y sede de la reproduccin concebida bajo los principios de la herencia biolgica (que responden a la especie y la raza) la familia pasa a ser concebida (y en alguna medida reconstituda) como grupo afectivo y un espacio primariamente educativo. Dicho brevemente, en ese ciclo de transformaciones que van de la familia eugensica a la familia psicolgica hay que buscar las condiciones ms generales de una popularizacin inicial de psicoanlisis, el que, por otra parte, adquiere la significacin y el valor propios de la nueva psicologa. Aun cuando en la revista la temtica psicolgica no es la predominante, parece claro que la cuestin de la "psicoterapia" y su eficacia aparece, ante todo, por la va de los pedidos de aclaracin y consejo de parte del pblico lector. En ese sentido, lo ms destacado, en esa implantacin extensa del nombre de Freud y de su disciplina, es el privilegio de los poderes de la voluntad. El psicoanlisis, en esta versin que lo concibe como la base de una psicologa moral, se difunde especialmente como una psicologa prctica que se diferencia claramente tanto de las representaciones de la medicina mental y el "mdico de locos" como de los desarrollos de la psicologa acadmica que ofreca poco inters desde el punto de vista de los problemas y demandas de la gente.

Ese carcter prctico, es decir el psicoanlisis como saber y como tcnica aplicable sobre uno mismo, es lo que lo diferencia nitidamente de los usos habituales de la medicina mental o la psicologa educativa. Al mismo tiempo, es claro que en la revista los usos del psicoanlisis as concebido (y la atencin dedicada a la psicoterapia en general) impulsan la idea y el valor de una "autoeducacin psquica", un movimiento de conquista de s mismo que combina la autodisciplina y la afirmacin individual. Y la importancia de la infancia (un tema caracterstico del saber promovido por el freudismo) radica precisamente en que es el perodo de la vida en el que se forma el carcter y se fijan los rasgos psquicos y morales del invididuo. En todo caso, antes que como una disciplina de conocimiento, lo que se extiende es el modelo de una tecnologa del yo (para usar un trmino de Michel Foucault), all radica su perfil caracterstico y su atractivo en una revista mdica: se trata de un procedimiento que otorga al sujeto sufriente un lugar activo al menos en la iniciativa de exponer sus padecimientos.

Ahora bien, una referencia muy habitual se refiere al "complejo de inferioridad" de Alfred Adler, de modo que este psicoanalista nunca se presentara como freudiano. Y claramente, los tpicos predominantes no se refieren al amor o la sexualidad sino a los modos de vencer la depresin. En esa "revista popular de la salud", el psicoanalista no desentona respecto del conjunto de los temas: la importancia de la salud fsica y el cuidado del cuerpo es una primera condicin para vencer el espectro de las depresiones.

Veamos algunos ejemplos de los consejos del psicoanalista de Viva Cien aos, en los que puede advertirse que, en general, responde a pequeas crisis de las relaciones del mbito de la intimidad, particularmente familiar. A una lectora que describe una vida montona, de provincia, y expresa sus aspiraciones a probar una nueva vida en otro lugar, el psicoanalista le aconseja "ver la belleza a su alrededor" (XIV, n.8, 20/1/43). Situado en la posicin de un confesor laico, ante todo transmite una confianza bsica en la fuerza espiritual que reside en cada consultante y lo hace capaz de vencer los conflictos por la fuerza de su voluntad. Es claro que se trata de un discurso moral sostenido en valores genricamente conservadores, aunque, paralelamente, incorpora una flexin moderno en la exaltacin de un yo activo y autnomo capaz de vencer los obstculos exteriores tanto como las restricciones interiores. Ese es el sentido de la gran campaa para derrotar la timidez. Finalmente, ese desplazamiento hacia la interioridad no cancela sino que se superpone (y establece diversas combinaciones) con la visin naturalista del higienismo. Por ejemplo, frente a la pregunta ""Deben tener descendencia los matrimonios?", la respuesta destaca (como la revista en su conjunto) el valor de la vida, las obligaciones para con la especie y la defensa de la familia y la reproduccin. Y en cuanto a las "alteraciones de la vida sexual": se trata de reunir el tratamiento glandular con el de las motivaciones presentes en el "subconsciente", dado que, se afirma, los mtodos psicolgicos ayudan a "liberar la libido", etc. (XIX, n.4, 10/5/45).

El mismo grupo responsable de Viva Cien aos edita la revista Hijo Mo desde 1936. En este caso, el mbito general de la puericultura ofrece un marco para los problemas que convocan al saber (o el "consejo") de esa figura nueva del psiclogo (que es representado corrientemente como psicoanalista) en su papel divulgador. Y si bien los problemas de la niez son conocidos desde antes, el mismo desplazamiento hacia la psicologa contribuye a destacar ciertos temas que van a quedar includos, por mucho tiempo, en el gnero de la divulgacin psicolgica: crianza y formacin inicial; pubertad y adolescencia, educacin sexual.

 

El psicoanlisis y la imaginacin amorosa: Idilio

A la luz de lo expuesto, parece claro que si hacia los '60 se hace visible una transformacin bastante extensa de las representaciones de la subjetividad "ntima" (en los lazos afectivos de la vida familiar, los vnculos con los hijos y las vicisitudes de la vida amorosa) esos cambios requieren ser colocados en la perspectiva de una "duracin" ms larga, que se remonta, por lo menos, a las primeras dcadas del siglo y que, en todo caso, exhibe sus consecuencias en esa presencia del psicoanalista en los medios de comunicacin. En el caso de los nuevos discursos sobre la sexualidad en la pareja, por ejemplo, la expansin del gnero sexolgico se remonta, por lo menos, a los '20 y viene a mostrar probablemente cambios en las costumbres sexuales que son bastante anteriores.

De modo que el impacto del freudismo sobre las representaciones de la vida pulsional y el imaginario familiar y ertico y, ms en general sobre esa peculiar representacin de la intimidad en el inconscientes que son los sueos y las fantasas, se sita en un proceso ms largo y propiamente cultural. Hacia finales de los 40, como se vio, Freud y el psicoanlisis haban alcanzado una implantacin extendida en la cultura de Buenos Aires. Y si se quiere buscar un indicador de la popularidad del psicoanalista como hroe moderno en el que se reunen el mdico y el sacerdote, el sabio y el detective del alma humana, vale la pena recordar al personaje de la historieta: "Daro Malbrn, psicoanalista" (que se presentaba como "la primera historieta semidocumental de Amrica") publicada en la revista Aventuras, desde aproximadamente 1948. El protagonista es un mdico que adems de atender pacientes con un encuadre ms o menos psicoanaltico (incluyendo el divn) utiliza la hipnosis. Pero al mismo tiempo responde al perfil del detective que colabora con la polica en la aclaracin y resolucin de crmenes diversos; y su conocimiento de los caminos al inconsciente juega un papel determinante en el descubrimiento de los mviles. En lneas generales, las tramas revelan el impacto del cine de Hollywood, algo que se corresponde, por otra parte, con el contenido general de la revista que inclua en cada nmero una pelcula adaptada al formato de historieta. Ms precisamente, la ilustracin de los sueos est inspirada en la clebre escenografa que Dal habia elaborado para Spellbound de Hitchcock, en 1945 (que en la Argentina se conoci como Cuntame tu vida). En todo caso, las aventuras de Daro Malbrn revelan indirectamente el peso que la cinematografa norteamericana tuvo en la popularizacin del psicoanlisis en la Argentina y en el mundo.

 

En 1948 la editorial Abril de Buenos Aires inicia la publicacin de la revista Idilio; presentada como "una revista juvenil y femenina", inclua como una novedad relatos sentimentales bajo la forma de fotonovelas (inicialmente traducidas de Italia); tambin publicaba notas concebidas segun el estereotipo de las revistas del corazn: historias de amor, peripecias sentimentales de las estrellas de cine, consejos y remedios siempre referidos a la constelacin de problemas de la belleza personal y los pequeos dramas (o felicidades) de la vida amorosa.

La mujer de Idilio es a la vez parecida y diferente de la de Viva Cien aos. En principio, el mundo femenino de la revista popular de la salud giraba alrededor de los deberes de la maternidad y las exigencias de la vida conyugal, si bien lo haca con la intencin de modernizar tales funciones de un modo que reconoca en ellas la dimensin (tradicionalmente relegada) de los componentes psquicos afectivos y ciertas aspiraciones a la felicidad individual. La mujer de Idilio, en cambio, parece vivir slo en la esfera de los afectos y, sobre todo, de la magia y la aventura del amor; en ese sentido, la revista responde sobre todo a esa dimensin imaginaria (compensatoria, si se quiere) en la que casi no hay lugar para las obligaciones. Pero, al mismo tiempo, expande y profundiza esa imagen de un ser entregado a la fuerza de las emociones. En la hiperafectividad, en su condicin bsicamente emocional (que no se opone a cierta inteligencia basada en la intuicin y el instinto) radica a la vez su debilidad y su fuerza, en todo caso su naturalerza radicalmente diferente de la del varn.

Ahora bien, desde el primer nmero, del 26 de octubre de 1948, la revista inclua (en un lugar muy destacado) la seccin "El psicoanlisis le ayudar", a cargo del "Profesor Richard Rest". Y en la presentacin se ofreca una enumeracin significativa de los tpicos en los que el psicoanlisis popularizado buscaba impactar en la comprensin (y la autocomprensin) de la vida personal:

"La felicidad en el amor, el xito en el trabajo, la alegra y el afecto en la familia y en la amistad, es decir el fracaso o el xito en la vida dependen sobre todo de nosotros mismos, de nuestro carcter".

Y ms adelante:

"..cuntas veces confundimos el destino con algo que est en nosotros mismos pensamientos, sentimientos, de lo que no nos damos cuenta y que sin embargo nos impulsa a pensar, sentir y obrar de determinado modo? El psicoanlisis nos brinda el camino para conocernos a nosotros mismos, para descubrir aquellos complejos que, ocultos en lo ms profundo de nuestra alma, son la verdadera causa de nuestra infelicidad".

Por una parte, los "temas" (amor, familia, trabajo, amistad) cubren casi completamente las reas en las que se desplegara, en la visin del autor de la presentacin, una existencia personal orientada al logro de la felicidad; y tratndose de una revista dirigida a la mujer, es claro que ese imaginario de felicidad individual se separa de las obligaciones del orden domstico. En segundo lugar, es claro que aun cuando la ayuda del psicoanlisis apunta a la revelacin y la expresin de lo ms ntimo e intransferible (expuesto en el sueo, en los recuerdos infantiles y las fantasas ms frecuentes), la felicidad en cuestin no es un estado interior y no se separa de cierto valor de "xito" que debe medirse en resultados socialmente tangibles: noviazgo y matrimonio, amistades, desempeo laboral. La incitacin que inaugura la seccin est dirigida explcitamente al pblico femenino:

"Queremos ayudarle a conocerse a s misma, a fortalecer su alma, a resolver sus problemas, a responder a sus dudas, a vencer sus complejos y a superarse".

En ese sentido, ofrece una ayuda personalizada, una atencin a la individualidad que sin embargo no queda librada a la expresin espontnea en la medida en que las cartas de las lectoras deben responder a un cuestionario bastante extenso que inquiere sobre los primeros recuerdos infantiles, las caractersticas de padres y hermanos, deseos y aspiraciones infantiles, diversiones y amistades, fantasas, recuerdos feos y lindos, vida amorosa y, finalmente, los sueos: el ms frecuente, el que ha causado mayor impresin y el ltimo. La seccin ofrece, entonces, un encuadre de apariencia cientfica (asimilable a lo que la psicologa clnica postulara para una situacin hipottica de entrevista, pero con un acento puesto en nociones psicoanalticas) y contribuye indudablemente a presentar al psicoanlisis como el paradigma de una psicologa clnica cientfica.

Al mismo tiempo, esa apelacin a lo ms personal adquiere un valor ejemplar que justifica la publicidad dada a la respuesta, dado que el elenco de cuestiones sometidas a interpretacin y consejo (y que giran mayoritariamente sobre la vida sentimental, pero tambin sobre desajustes diversos de la vida familiar y laboral) resultan bastante representativas de los temas que poblaban la imaginacin de las lectoras: dudas acerca de la propia capacidad de amar o acerca del amor que se recibe, dudas acerca de la propia estabilidad o madurez, confesiones diversas acerca de carencias afectivas en la niez o la juventud, inseguridades, pensamientos o acciones incomprensibles, pequeos fracasos.

Ahora bien, si el tpico amoroso evoca inmediatamente el universo de la novela sentimental, hay algunos rasgos propios que merecen ser destacados. Por una parte, esa justificacin que introduce el modelo de un conocimiento cientfico de la subjetividad, algo que viene resaltado por la incorporacin del cuestionario y por la inclusin, a partir del nmero 2, de un pequeo recuadro titulado "Definiciones de la Psicologa". A lo largo de los primeros nmeros se ofrecen definiciones de diferentes conceptos

(inconsciente, represin, masoquismo, sadismo, exhibicionismo, complejo, proyeccin, ambivalencia, afectividad, sublimacin, sueos tpicos, yo, super-yo, ello, empata, hipocondra, sugestin, fobia) que provienen, mayormente, del vocabulario del psicoanlisis. Pero quiz la diferencia ms importante resida en la cercana de las lectoras con esas "heroinas" de carne y hueso: las que contestaban el cuestionario y pedan consejo de alguna manera representaban los problemas y los fantasmas presentes en la masa annima que no escriba. Y en el relato de las pequeas historias de vida y los dramas privados remitidos a la seccin (que conocemos slo a travs de las respuestas del "Profesor") se enuncian estilos y modos de representacin, rasgos de una renovada narrativa psicolgica de alcance popular, que pareca aportar ciertos esquemas de significacin para los pequeos dramas de la vida emocional en la pareja y los vnculos primarios.

Ahora bien, bajo el disfraz del Profesor Richard Rest se ocultaban Gino Germani y Enrique Butelman. Germani era un socilogo y psiclogo social nacido en Italia que haba emigrado muy joven a Buenos Aires; desde finales de los 50 ser una figura central de la fundacin acadmica de la sociologa en nuestro pas. En cuanto a Butelman, formado en filosofa y psicologa, cumplir un papel destacado en los comienzos de la carrera de psicologa en la Universidad de Buenos Aires; por los aos de su colaboracin en Idilio era ya uno de los creadores y responsables de la Editorial Paids. Por otra parte, la revista inclua en cada nmero un sueo ilustrado por un fotomontaje realizado por Grete Stern, fotgrafa y artista alemana emigrada, que ha sido reconocida por su obra como una gran creadora de las artes fotogrficas. Las condiciones y las circunstancias de ese encuentro inusual de Germani y Butelman con Grete Stern en esa revista ofrecen un caso ilustrativo de las relaciones novedosas que en esos aos mantenan ciertos intelectuales y artistas con zonas de la cultura popular o con el periodismo masivo. Es claro que para los tres se trataba de un modo de ganarse la vida, pero mientras que Grete Stern (en una actitud que en su caso no era despreocupacin sino ms bien un rasgo vanguardista) no tena reparos en firmar con su propio nombre, Germani y Butelman (confundidos bajo el pseudnimo comn de Richard Rest) seguramente preferan no aparecer vinculados al gnero, poco prestigiado, de las revistas del corazn.

 

En cada entrega, entonces, se inclua la interpretacin de un sueo (que estaba a cargo de Gino Germani) ilustrado por el fotomontaje, y se incluan las respuestas a las cartas de las lectoras que estaba a cargo de Butelman; en efecto, pueden apreciarse las diferencias de enfoque y de estilo entre las dos producciones. La seccin, que se mantuvi por muchos aos, segn el testimonio de Butelman, tuvo un gran xito. Las respuestas a las cartas casi siempre buscaban las claves del problema en la historia infantil y en muchas casos ofreca a partir de ella una sntesis que operaba como una "construccin" que daba sentido a las dificultades y los sntomas. Por ejemplo, en el caso de Pat, "Timidez excesiva ante el hombre que ama":

"El caso es sencillo a la luz de sus experiencias infantiles. Su infancia viose siempre ensombrecida por la figura de su abuelo, terrible tirano de la casa, que prohiba toda manifestacin de alegra.. Inconscientemente sigue usted a su abuelo; con otras palabras, formse en usted un complejo que, a travs de toda su vida, la hizo rehuir toda actividad regocijante.." (a.2, n.13, 18/1/49)

Por otra parte, las respuestas transmiten siempre aliento y tienden a reducir la gravedad de los problemas trados a la consulta; en general (la diferencia es muy clara respecto del "psicoanalista" de Viva Cien aos) el consejero tiende a promover una reduccin de los sentimientos de culpa frente a los propios deseos o conflictos. Ms bien permisivas frente a la expresin de la intimidad, las intervenciones exponen una moral tolerante, que admite y fomenta cierta expresin franca de la dimensin sexual en las fantasas y anhelos. En ese sentido, el valor de la sinceridad en la expresin de la propia vida interior es correlativa con los consejos que estimulan a seguir la propia vocacin, independizarse de los padres, revelarse incluso (discretamente) contra las convenciones. Por ejemplo:

"Usted se halla realmente enamorada de ese mismo hombre de quien dice con tanta seguridad que no le interesa; el simbolismo de su sueo es muy claro a este respecto. Las frutas del rbol estn maduras, muy maduras, a punto de caer; usted teme que caigan y la "ensucien". Su amor tambin est maduro, pero teme usted que la "ensucie". Deseche tales prejuicios. Ningn amor verdadero atenta contra la decencia, usted bien lo sabe, y la corriente de agua cristalina que en su sueno lava los frutos lo expresa maravillosamente bien" (a.1, n.2, 2/11/48).

Es claro que en ese punto el conjunto de la revista promueve los temas y las figuras de la mujer nueva, moderna, en busca de una identidad ms activa y emancipada; algo ha cambiado (y est cambiando) en las representaciones de la vida amorosa y las formas del cortejo y la relacon entre los sexos, en particular los jvenes.

Pero tambin se encuentran intervenciones ms normativas y prescriptivas. En muchos casos se responde simplemente: Ud. es una persona normal de un modo que apunta directamente a satisfacer la demanda directa de la consultante acerca de la "normalidad" de la propia conducta o del conflicto por el que consulta. Con el mismo propsito se incluyen en la revista diversos tests destinados a la autoexploracin de las aptitudes y la personalidad, algo que ha formado parte desde siempre de la psicologa popular. Cuando hay un problema real, por ejemplo, un defecto fsico, el consejo va en el sentido de sealar la bsqueda de la "compensacin", de modo que el registro de la "voluntad" no est ausente. En otros casos, el Prof. Rest expone esa mezcla ya conocida del psicoanalista salvaje con el moralista tradicional. Por ejemplo, le arroja a una lectora desprevenida una interpretacin que le seala una actitud de "protesta viril" al mismo tiempo que le recuerda que "la esencia de lo femenino" es la maternidad.

Si esa combinacin de divulgacin cientfica (sobre todo en las definiciones de trminos) con respuestas de sentido comn, esa mezcla de novedad y tradicionalismo, asemeja esas intervenciones a las del psicoanalista del diario Jornada, hay que tener en cuenta que en hay all una orientacin (y un lmite) establecido por una evaluacin anticipada de lo que ese pblico pareca capaz de absorber. Una lectora que est a punto de casarse suea que camina entre su padre y su novio, tomada de la mano de ambos. La significacin edpica se impone pero en trminos de una neutralizacin de la dimensin propiamente sexual: no quiere usted abandonarlo; cree que su matrimonio habr de apartarla por completo de su padre" (a.1, n.3, 9/11/48). El consejero interviene con la evidente intencin de apoyar y tranquilizar y por momentos respalda con la autoridad del experto una respuesta que, ante todo, descansa en el sentido comn; y en esa funcin le interesa menos la profundizacin de la interpretacin que los efectos buscados, aunque es dificil medir su eficacia. En consecuencia, el papel de la sexualidad (que, obviamente, no era desconocido por los autores) si bien no est ausente, queda en general atenuado y expuesto en trminos que ponen de relieve los conflictos y los pequeos dramas del universo de las afectos. Brevemente, un freudismo socialmente aceptable exiga que la dinmica de la sexualidad fuera traducida en una dramtica de los afectos.

En cuanto a la serie de las interpretaciones de los sueos ilustrados, se refieren siempre a sueos tpicos resueltos por un simbolismo general y fijados en un ttulo: el sueo de volar, de cada, de fracaso, de frutas, de puertas cerradas, de peligro, de vegetales. En principio, tanto la clave interpretativa como los consejos se separan de las significaciones que estn presentes en los fotomontajes de G. Stern, fuertemente crticos para los ideales femeninos tradicionales. Aunque se refiere siempre al sueo particular de una lectora, en todos los casos busca reducirlo al tipo general; de modo que finalmente lo que ofrece la serie es una especie de "clave de sueos que est mucho ms cerca de las creencias populares que de la investigacin psicoanaltica. Bsicamente, el inconsciente posee un saber (casi premonitorio en algunos casos) que se expresa, como un mensaje cifrado, en el sueo.

El "Profesor" despliega su saber mediente un desciframiento que es una traduccin exacta del signicado de acuerdo con un sistema de smbolos fijados de antemano, si bien ese significado queda asociado a algunas circunstancias de la vida de la soante. Y aunque el descifrador onrico, cita a Jung (a.1, n.10, 28/12/48) y el estilo de interpretacin simblica, que remite a formas tpicas propias de una inconsciente colectivo, posee alguna resonancia jungiana, no puede decirse que se base en un empleo mnimamente ajustado del pensamiento y el mtodo del discpulo disidente de Freud. En todo caso, tal como suceda en las respuestas a las cartas, la reduccin del sueo a formas abstractas y conflictos generales se asocia con la modalidad de respuesta que evitaba las aristas ms chocantes o conflictivas para las convenciones morales. El inconsciente aparece, en ese sentido, como un doble profundo que lo sabe todo y sus intervenciones lo muestran como un yo latente pragmtico ya que sus mensajes casi siempre se refieren a lo que la soante debe hacer o evitar. Y el psicoanalista viene a ser la exacta prolongacin de ese inconsciente pragmtico, orientado en todo caso a completar la eficacia del mensaje con el esclarecimiento y el consejo explcito. No hay lugar, entonces, para efectos crticos o ambigedades (las que estn mucho ms presentes en las imgenes de Grete Stern) dado que el encuadre cientfico y teraputico sirve, finalmente, a ese relieve del consejo, casi siempre sentimental, que se refiere a decisiones ms o menos inminentes. Estos rasgos corresponden a caractersticas propias de ese gnero de la psicologa popular que los consultorios epistolares contribuyeron a fundar y evidentemente los autores (que tenan conocimientos como para hacer otra cosa) slo se ajustaban a esa preceptiva. De modo que finalmente la funcin de divulgacin, que se cumpla sobre todo por la inclusin del diccionario breve de trminos, queda reducida a un lugar secundario y derivado respecto de la respuesta directa a la consulta.

 

A modo de conclusin

En la incorporacin del dispositivo de los "consultorios epistolares" y la difusin de un psicoanlisis popular, adecuado a las funciones del consejo psicolgico o sentimental, se intersectan condiciones, objetivos y motivaciones diversas. Entre la divulgacin, el periodismo de color y la narrativa sentimental, lo que se ofrece es una produccin discursiva que mezcla y superpone tpicos y registros. En sus aspectos menos novedoso se ofrece como consejo mdico e higiene mental, educacin familiar y vulgarizacin psicolgica y psiquitrica. Al mismo tiempo, se implanta como un saber que anuda una relacin estrecha, originaria podra decirse, con los malestares y las peripecias de la vida amorosa. Lo destacable, en esa direccin, es el surgimiento de las confesiones en torno de la felicidad ertica y la vida sexual, de un modo que, a menudo, introduce un enfoque distanciado de la concepcin mdico-social centrada en la higiene

del matrimonio y la familia.

El psicoanlisis, en ese marco, aparece sobre todo como un saber sobre el instinto y las fuerzas interiores que escapan al control de la razn y la moral convencional. En una de sus facetas, como ciencia de los sueos, se abre al territorio casi fantstico del yo profundo, un ncleo bsico de la personalidad dominado por los afectos y la fuerza de motivaciones que imponen una verdad propia, singular, que slo se revela en el curso de una narracin que compromete al sujeto. Es claro, por otra parte, que el componente mayor de esa reorientacin autoanaltica es la complejidad de las pulsiones amorosas y, en este sentido, el psicoanlisis se destaca como una moderna ciencia de la sexualidad y la vida ertica. Que la pasin del amor suscita un retraimiento sobre s, una interminable vuelta sobre el yo, ocupado por las ensoaciones referidas al objeto amado, es una vieja condicin particularmnte reconocida, por lo menos, desde el discurso moderno sobre el amor y las pasiones. Si, como es sabido, los sueos y la sexualidad quedaron reunidos en el nacimiento de la obra freudiana, no llama la atencin que en su expansin popular en Buenos Aires (como, por otra parte, en el resto de Occidente) el psicoanlisis se haya implantado sobre todo como ciencia y mtodo de interpretacin de la vida onrica y de esclarecimiento de la vida ertica.

Y si el psicoanalista popular viene, en parte, a ocupar el lugar del viejo mdico higienista, puede decirse que lo ms importante es que promueve condiciones distintas del lado del consultante, en el sentido de esa posicin de autoindagacin, de narracin de s, de bsqueda de un depositario y una escucha para el drama ntimo puesto en palabras. Aun cuando la disposicin de los especialistas no sea particularmente receptiva para esas demandas, lo ms destacable, en todo caso, es ese mayor protagonismo del consultante (limitado por el diseo propio del dispositivo periodstico) que se distingue del rol ms bien pasivo del destinatario del discurso de la higiene mental. Pero es claro que no se trata de una ruptura ntida, no se produce una brusca desaparicin del viejo mdico sabio que aconseja desde un lugar de indiscutible autoridad: el psicoanalista pop nace dentro de la tradicin divulgadora y educativa del higienismo. En todo caso lo novedoso reside en que hace su camino entre el mdico higienista y el consejero sentimental, a menudo sostenido en los tpicos comunes de esos gneros, a veces introduciendo variaciones mnimas, sin revelaciones espectaculares. Y la primera innovacin, entonces, es que por esa superposicin con los tpicos del higienismo los problemas del corazn quedan legitimados y destacados. Parece claro, por otra parte, que las demandas recibidas dan cuenta de insatisfacciones y aspiraciones de cambio a nivel individual, relacionadas a situaciones de la vida ntima, sobre todo amorosa; tienen en comn un desplazamiento a la interioridad: el "yo" y sus componentes (deseos, anhelos, frustraciones) tiende a ser constitudo en un polo de referencia central en la significacin de la propia accin. En este terreno, se otorga un valor creciente a una idea expresiva de s mismo, a un cierto ideal de autenticidad que reside en las profundidades del alma: se trata de ser uno mismo, tener una personalidad propia, aportar un sello, una marca personal a lo que se hace y lo que se es. Y las cartas sostienen, en esta dimensin, una demanda de reconocimento que es del orden de la revelacin de s, incluso de lo misterioso o lo menos aceptable; algo que se pone particularmente en evidencia en el relato de los sueos. Al mismo tiempo, esa novedosa exploracin del mundo interno no conceba al yo de una sola manera; y no eluda una consideracin psicolgica de sus facetas utilitarias: el xito y la afirmacin frente a los dems; del "yo" ntimo al carcter exhibido se despliega una trama a la vez individual y social de relaciones y papeles, de temores y anhelos. El resultado es un espacio de identidad psicolgica atravesado por tensiones. De un lado, la formacin de la voluntad orientada al xito segn parmetros sociales; del otro, el despliegue expresivo, la revelacin de s mismo en las profundidades de un yo emocional en el que, sin embargo, no dejan de refractarse valores y aspiraciones de la socialidad burguesa.

Ahora bien, como ha sido sealado, esas demandas, que en principio fundan el gnero, nacen de un pblico bsicamente femenino, algo que es muy explcito en el caso de Idilio (que ofrece las fuentes ms extensas y ms prolongadas) ya que es una revista creada para la mujer. Se hace necesario, entonces, abordar las caractersticas y las condiciones de esa feminizacin de la consulta popular al psicoanalista. En principio, ese repliegue sobre la intimidad se refiere sobre todo a los rasgos (y aspiraciones) de un yo femenino que aparece volcado sobre el plano de una realizacin emocional "interna", de un modo que expone un perfil ms complejo de las ideas y autopercepciones de la mujer y su posicin en la familia y la sociedad. Parece evidente que interviene un proceso de ms largo alcance que pone en crisis los lugares y las representaciones tradicionales de la familia: ese movimiento de cambios en las significaciones de la familia y el individuo, el cuerpo, la sexualidad y la existencia afectiva, constituye el zcalo de esa implantacin de un freudismo popularizado que queda situado como un saber especfico (una versin a la vez moderna y eficaz de la vieja psicologa) y capaz de ofrecer alguna iluminaci sobre las crisis de la vida ntima.

Vale la pena destacar que la difusin de un psicoanlisis popular produce efectos que son, en principio, ambiguos; de modo que es preciso precaverse de la tentacin de atribuirle un sentido nico, sea en la direccin de la emancipacin, sea en la del disciplinamiento femeninos. En efecto, en las significaciones diversas que se anudan en las figuras de la mujer se reunen tanto lo viejo como lo nuevo de la popularizacin del freudismo. Y las significaciones tradicionales de las obligaciones domsticas (refugio afectivo del esposo, educacin primaria y crianza de los hijos) quedan extraamente superpuestas con las representaciones del infortunio amoroso y la matriz, en s misma poco novedosa, del consultorio sentimental. Es claro que, en una de sus facetas (y esto es explcito en el psicoanalista de Viva Cien aos) esa expansin hacia el pblico femenino se propone como una "higiene" psicolgica y moral que sera la exacta extensin de la medicina mental sobre los viejos problemas de la mujer en la familia, el matrimonio y las obligaciones de la crianza. Y sin embargo, no es seguro que los efectos de ese discurso, que al mismo tiempo destacaba la importancia del carcter y los afectos, fueran exactamente los buscados. Los usos del psicoanlisis plebeyo, en ese sentido, parecen operar efectos heterogneos, a partir de esas demandas diversas que en el mejor de los casos se extienden a una posicin de autoindagacin y enunciacin de s. Es claro que esa vuelta sobre s mismo puede referirse a diversos tpicos y experiencias, entre el ncleo de las obligaciones domsticas (que destacan el papel del saber psicoanaltico en la modernizacin de las funciones de crianza) y el de las aventuras del deseo amoroso. Al mismo tiempo, no puede desconocerse un uso que alimenta la inteligencia, que comienza por la implantacin de un vocabulario y promueve la obligacin (como deca George Dumas) de conocerse como una condicin del conocimiento y la accin eficaz en el mundo humano

Ahora bien, si el nacimiento de la familia psicolgica se corresponde con el estrechamiento sobre el tringulo bsico padre-madre-hijo, la intensificacin de los afectos y el relieve de la personalidad y los motivaciones individuales, el lugar del nio resulta fundamental. Y en el personaje infantil (que siempre encarna una promesa hacia su futuro de adulto), en su encarnacin moderna al menos, coexisten en tensin la criatura que debe ser disciplinada y coaccionada y el sujeto primario de deseo que encarna, simboliza podra decirse, ese yo profundo que busca revelarse en algunas de las confesiones dirigidas al consultorio epistolar. Es claro que entre las imgenes del nio y las figuras de mujer se trazan relaciones y equivalencias. El nio es el centro de una literatura sobre la crianza que, como es sabido, se constituy en una de las vas ms importantes de la recepcin y la difusin de la psicologa popular en Occidente. En ese sentido, cierto freudismo de masas encuentra su lugar en la ampliacin y la proliferacin de la clula bsica madre-hijo. Pero el infante es tambin el sostn de ese nio fabuloso, pequeo mito fundamental de la narrativa psicoanaltica sobre los vnculos tempranos, el Edipo, la castracin y todo lo dems: es el nio interno que pervive en el centro mismo del yo profundo. De modo que, como ha sido sealado por Christopher Lasch, si en la concepcin tradicional el nio era pensado desde el adulto, como el germen de un adulto, en la nueva cultura teraputica que el psicoanalisis contribuye a implantar en el mundo contemporneo, es el adulto el que tiende a ser concebido como un nio latente. Como sea, en la vieja asociacin de la madre al hijo las representaciones de la mujer reciben el peso de la hiperemocionalidad (la hiperpsicologicidad, podra decirse) que van a cargar el imaginario del deseo femenino, ms cerca de ese fondo infantil de pulsiones ms o menos ingobernables, que nunca queda del todo atrs, y que es el sostn ltimo de la identidad profunda del yo.

Brevemente, entonces, si hay un espacio de significacin para un inconsciente popular, reducto de pulsiones y deseos que giran en torno de la sexualidad, ese inconsciente es a la vez infantil y femenino. Y el rasgo distintivo del deslizamiento a la posicin femenina (que obviamente puede ser ocupada por un hombre) reside en el imaginario de la pasin amorosa, que encontrara su expresin plena en la sexualidad de la mujer. Por otra parte, tambin la literatura sexolgica (una de las vas fundamentales de recepcin del freudismo) se refiere al deseo sexual representacin de la pasin en su puro carcter, a la vez imaginario e ingobernable, que se impone sobre los lmites de lo real como un atributo de la mujer, puro sujeto de deseo y de imaginacin.

Finalmente, si ese lugar de demanda que revela el dispositivo del consultorio epistolar es decididamente femenino, en lo que no aparece (la vida social, el trabajo y la creciente exposicin de la mujer en lugares tradicionalmente masculinos) se pueden conjeturar las condiciones ms generales: la crisis de los lugares tradicionales. Y si diversas figuras de mujer (madre preocupada, novia perpleja o esposa en crisis, enamorada o soadora sentimental) dominan la recepcin popular del psicoanlisis, en los mismos tpicos coexisten los viejos temas (el mundo real de la mujer se reduce a los hijos y el hogar; su mundo imaginario se abre a la interminable ensoacin amorosa) con los signos, incipientes, de una posicin nueva en la pareja; algo que no puede separarse de los indicadores de creciente emancipacin social y de los cambios culturales que acompaan el nacimiento de las representaciones de la mujer moderna. La prensa (el propio diario Crtica), las nuevas revistas y, sobre todo, el cine de Hollywood cumplan en ese sentido un papel muy destacado en la implantacin cultural, de masas, de un nuevo estilo de feminidad.

 

En todo caso, esa feminizacin del consultante aparece como un rasgo estructural en la divulgacin popular desde los 30 a los 50 (aun cuando en algunos casos son hombres los que ofrecen su confesin) y ofrece un punto de mira importante para un anlisis del boom del psicoanlisis en la cultura que se producir en los 60; en especial a travs de la masiva presencia femenina en la carrera de psicologa. Y si hay que ver en esas confesiones y demandas, en las que afloraba el deseo tanto como la represin, los albores de la revolucinsexual en la Argentina, lo menos que puede decirse es que sus alcances parecen bastante mdicos. Finalmente, lo que las fuentes exploradas sacan a luz es la mezcla, la coexistencia de viejos y nuevos valores y actitudes. En todo caso, ese espacio de confluencia de las obligaciones hacia los hijos y el matrimonio, los malestares de la vida ertica y la escena de los impulsos inconsciente, se convierte en un terreno de manifestacin de una crisis cultural ms amplia que se extiende desde bastante antes y que seguir produciendo sus efectos hacia los aos 60.

 

 

 

Bibliografa

 

Fuente: 

Vezzetti Hugo: "Las promesas del psicoanlisis en la cultura de masas", en Historia de la vida privada en la Argentina, Buenos Aires, Taurus, 1999, tomo 3.