Hugo Vezzetti
Historia cultural, historia de las ideas e historia de la
vida privada
Es sabido que lo "privado"
tiene diversas significaciones. La cosmovisin burguesa moderna lo opone a los
poderes del estado: lo privado se funda ante todo en el "inters" que
emana de la primaca del individuo y
sus libertades, constitudo en actor fundamental de la escena social; en ese
sentido el inters privado funda la sociedad civil como opuesta al estado. Otra
acepcin de lo privado lo opone a lo pblico
y, en ese sentido, se separa y se distingue de ese espacio comn de accin y,
sobre todo, de manifestacin y exposicin
en el espacio social. Ahora bien, es claro que puede haber modos diversos de
entender esas zonas retiradas de la escena abierta y expuesta de la vida
colectiva. El concepto de lo privado que interesa destacar para el presente
trabajo parte de aquello que, en principio, no se exhibe ni se muestra, y se
corresponde con una dimensin de repliegue en la intimidad que encuentra una
raz fundamental en la vida de los afectos, en los vnculos primarios de la
vida familiar y en el despliegue de la vida amorosa. El mbito ntimo, entonces, incluye tanto el orden de la vida familiar
y domstica como la esfera de los afectos y es un espacio que, ante todo, se
define por la separacin y, aun, la oposicin al mundo del trabajo, de la
poltica y la vida social. Freud vea en el acto sexual el prototipo de la
situacin humana que funda la privacidad
y que rechaza la socialidad propia del grupo social extenso.
Ahora bien, si puede hablarse de historias de la vida privada, en el
sentido mencionado, es porque se admite que las conductas, los afectos y
deseos, las fantasas y representaciones que pueblan el mundo personal, no
responden a una naturaleza humana ms o menos invariable, sino que cambian y se
transforman en el tiempo, as como cambian, en la vida social, las tcnicas de
produccion, las instituciones polticas o las formas en el arte. Imediatamente se
advierte una dificultad de base. En efecto, si lo privado ntimo es lo que no
se exhibe y, en general se corresponde con los componentes secretos de la existencia personal dnde encontrar fuentes
accesibles, registros confiables y contrastables de una dimensin de la
experiencia personal ms o menos intransferible? Y, sobre todo cmo evitar que
la primera persona del historiador (y sus propios hbitos y fantasmas privados)
adquieran un papel decisivo en la configuracin de los sentidos de esa
experiencia? En fin, si hoy tiende a admitirse que en toda escritura histrica
hay una dimensin de narracin que no puede excluir el punto de vista del
narrador, pocos gneros como el de la vida privada, cuando se refieren a un
mundo ms o menos cercano y familiar al del historiador, se prestan a la
superposicin de la historia con el autoanlisis y la autobiografa.
Es claro que es posible (y es lo que
generalmente se hace) explorar el corpus de ideas, representaciones y valores
que, en un perodo y en un grupo dado, se refieren a los tpicos de la
intimidad: afectos y emociones, sexualidad, vinculos primarios, incluso
fantasas y aspiraciones. Pero es igualmente claro que si lo que se busca
rescatar es la experiencia personal en su dimensin ms singular, es decir, si
se trata de aprehender una "historia vivida" antes que una serie de
acontecimientos o un conjunto de significaciones establecidas, hay en esa
historia algo de irrepetible e inalcanzable. En efecto, no puede sino
incursionar en sus "objetos" desde el testimonio nico de los sujetos
involucrados, a partir de relatos que descubren su sentido al mismo tiempo que
se cuentan. No es el psicoanlisis, ms propiamente la situacin de la cura la
que proporciona a nuestro tiempo el paradigma de una historia absorbida
(interminablemente dice Freud) en la captura de lo ms singular de la
existencia propia? Como sea, la empresa misma de un examen de la privacidad,
que se ha constituido en un giro innovador en la historiografa contempornea,
no puede separarse en nuestro tiempo de las aventuras del freudismo proyectado,
ms all del divn, sobre las complejidades de la vida personal y colectiva.
Foucault se preguntaba (y proyectaba
al futuro un extraamiento irnico) por esa extraa pasin de nuestro tiempo
que nos impulsa a asociar el saber y la confesin en una voluntad de verdad que
no se reduce a la verificacin objetiva y que slo puede ser el resultado de un
descubrimiento en el que el propio sujeto se pone en juego y se transforma.
Pero tambin podra decirse, desde la ptica de una disciplina histrica que
debe ampliar conjuntamente sus objetos y sus fuentes, que en los registros
diversos de la prctica de los psicoanalistas, en sus anotaciones, historiales
y grabaciones (la mayor parte de lo cual no se ha publicado ni se publicar)
reside lo que probablemente sea el mayor acervo de fuentes histricas sobre la
vida de nuestro tiempo, en el terreno de la subjetividad personal, a la vez que
un material insustituble para estudiar la formacin propiamente cultural de
esa experiencia de la intimidad.
En sntesis: slo es posible un
estudio indirecto de los temas marcados por la privacidad y no hay interioridad
que no comunique con los marcos colectivos de formacin de una experiencia; y
en la experiencia contempornea de la vida ntima la implantacin cultural del
psicoanlisis parece haber jugado un papel esencial. En efecto, la disciplina
freudiana parece ofrecer para nuestra inteleccin un horizonte de
significaciones difcilmente superable: la primaca y las determinaciones de lo
inconsciente, el peso de la infancia y los vnculos tempranos, las figuraciones
interminables de los lugares de padre y la madre, en fin, el dominio del pasado
y del recuerdo en las formaciones del deseo y los disfraces y desvos de la
represin.
A partir de aqu, se abre la
cuestin del encuentro posible de los saberes del psicoanlisis con el gnero
de la historia de la vida privada. La historia de las ideas y de las
representaciones culturales, trabajando con fuentes discursivas diversas
(literarias, ensaysticas, mdico-cientficas, periodsticas) y con narraciones
autobiogrficas y memorias, ha producido un volumen considerable de
descripciones y anlisis que se refieren a zonas replegadas de vida individual
y familiar. Frente a esa produccin, ms de una vez ha sido planteada la
pregunta por la eficacia de las ideas y representaciones en la formacin y
transformacin de costumbres y actitudes. Por ejemplo, hasta qu punto el
imaginario amoroso de la novela sentimental, ampliamente desplegada en los aos
veinte, impactaba en un sentido formativo en la vida ertica de sus lectoras?
No es fcil aportar una respuesta definitiva acerca de las complejas relaciones
entre la dimensin imaginaria y el orden de los hbitos y las conductas manifiestas.
Seguramente, no hay un modalidad nica en esa relacin entre los tpicos de la
literatura amorosa y los comportamientos habituales. Si, en general, puede
pensarse que permanecan separados, entre la formacin imaginaria, globalmente
esttica, y las constricciones de la vida cotidiana; en otros, es posible que
alimentaran reclamos y conflictos, generalmente del lado de la mujer, que
aparece como el sujeto consumidor por excelencia de esa literatura. En todo
caso, puede suponerse que alimentaban una mayor -o distinta- complejidad y
conflictividad en la vida de pareja.
En lneas generales, se admite que
una historia de las "mentalidades" y la subjetividad no responden a
la misma temporalidad que la historia social o la historia poltica. En la historia
de la familia, la pareja o la vida ertica se trata de un tiempo lento,
repetitivo, propiamente resistente a
la innovacin que puede contemporneamente imponerse en el discurso o las
ideas. Si esto es as, es preciso ser prudente frente al discurso o la
sensibilidad del cambio, all donde tiende a presentarse como una revolucin en
las costumbres y las actitudes privadas. Si se piensa en el tpico de la
"revolucin sexual" de los 50 y los 60, que parece arrasar en un
perodo breve las pautas propias de la moral sexual y las prcticas de las
parejas, no puede evadirse una consideracin de lo que se sita ms all de los
cambios manifiestos. Y si el psicoanlisis tiene razn, si es en el pasado, la
infancia y la memoria donde reside la raz bsica de la vida ertica, la
constatacin de los cambios manifiestos en las costumbres plantea, antes que un
giro que rompe con el pasado, la indicacin de un espacio irreductible de
conflicto entre el presente de las nuevas actitudes y conductas y el peso de
una memoria conformadora de la sexualidad ms conservadora y reacia a las
innovaciones. En ese sentido, los historiales psicoanliticos (si algunas vez
estuvieran disponibles para un estudio histrico-cultural) ofreceran ms de
una ilustracin de esas resistencias y de los desajustes entre la conformacin
de una sexualidad construda desde el pasado infantil y los cambios manifiestos
del discurso y las prcticas culturales.
Pero, entonces, hay que admitir un
fondo inmodificable, universal (tal como lo quera Freud) por detrs de las
variaciones manifiestas? En todo caso, entre una representacin ahistrica de
la vida amorosa (de la que los psicoanalistas no se privan y que motiv en el
pasado las polmicas con la antropologa cultural) y la visin simplificada que
la reduce a ser simple eco e "interiorizacin" de los cambios
culturales, hay un ancho campo para un anlisis dispuesto a admitir que se
trata, siempre, de un terreno caracterizado por una transaccin, una
"formacin de compromiso" en la que el peso de lo menos modificable
del pasado encuentra los modos de mantenerse en el mismo movimiento en el que
los cambios imponen nuevas significaciones. Se trata, entonces, de una historia
de continuidades y de transformaciones, aun cuando el relato tienda a destacar
lo que cambia, dado que no hay historia sino de lo que cambia.
Admitamos que las representaciones y
las formas de la vida familiar constituyen un componente bsico fundamental de
la mentalidad de una poca. No slo por el lugar mismo de la familia en la
construccin del entramado social, sino porque es en el mbito de los vnculos
primarios donde se forman, siempre
conflictivamente, los patrones de la vida afectiva y sexual junto con las bases
de la moralidad, tanto de la que se despliega en la vida de relacin como la
que se esconde en las experiencias ms recnditas. Ahora bien, es claro que una
historia de la familia enfrenta un campo de problemas complejo y, en principio,
diversificado entre la institucin
situada de cara a la comunidad (y sobre la cual, en nuestra poca se despliegan
diversas estrategias pblicas de presin y "normalizacin": escuela,
dispositivo mdico y psicolgico, polticas estatales, discurso de los medios)
y el reducto replegado sobre una intimidad
que destaca la importancia (y la legitimidad) de los deseos, los afectos y la
libertad de opcin y realizacin personal. Basta pensar en el modo como en
nuestro tiempo han quedado deslegitimados los "matrimonios de
conveniencia" y se ha entronizado al amor sexual como un ingrediente
fundamental en la formacin y preservacin de la pareja matrimonial.
Es evidente que desde los aos
veinte, por lo menos, se producen cambios palpables en las ideas y
representaciones sobre el amor, la pareja y la vida familiar. Es claro que esos
cambios se acompaan de transformaciones en la vida y la conducta familiar que
tienen como condicin los cambios en la sociedad: G.Germani hablaba,
refirindose a la Argentina moderna, de la "transicin", desde una
sociedad tradicional a una sociedad urbana y de masas en un sentido que aluda
a la vez a la dimensin "objetiva" y "subjetiva" de esos
cambios. Y contrariando la visin simple de un conjunto que se transformaba
armnicamente, admita desajustes y retrasos: las nuevas formas familiares
convivan conflictivamente con formas ms tradicionales del autoritarismo
patriarcal y las formas de subordinacin de la mujer en la familia. Ahora bien,
en ese ciclo modernizador aparece cierta exhibicin paradjica de los tpicos
de la "intimidad" (del erotismo y la vida sentimental) situados en el
centro de un inters extendido: literatura sexolgica, novela sentimental,
presencia en los medios y, en especial, en el nuevo tipo de publicaciones que
se dirigen explcitamente al pblico femenino. En algunos de esas publicaciones
lo ms personal viene a ser objeto de una confesin
pblica en algunos medios de comunicacin, una exposicin incitada por el
dispositivo del consultorio epistolar
dirigido por un consejero que se presentaba como psicoanalista.
La funcin del mdico consejero que
se diriga a la familia, en particular a las madres, mediante folletos (como el Libro de las madres de Gregorio Aroz Alfaro) y desde los medios de
comunicacin, para prevenir males fsicos y, a veces, morales, haba formado
parte en la Argentina, desde principios de siglo, de las tareas del higienista.
Me interesa explorar un conjunto de transformaciones que acompaan la
instalacin de una figura popular de psicoanalista en un lugar que en parte
reemplaza al del higienista y en parte inaugura, del lado del experto, un
nuevo polo de enunciacin y recepcin de un discurso de la intimidad
sentimental. Al mismo tiempo, y sobre todo, me interesa destacar la aparicin
de un sujeto de enunciacin distinto: el de los lectores (generalmente lectoras)
que hacan escuchar sus demandas o el relato de sus sueos. Se destaca as la
emergencia de un yo sentimental que
se sostiene en un rgimen de verdad que ya no es el de las funciones naturales
o las obligaciones sociales y morales (que fundaban la legitimidad del discurso
higienista, desde la exterioridad de la ciencia),
sino el de las razones de los afectos y la verdad del corazn. Sin embargo,
como se ver, no se trata de un cambio brusco sino de un desplazamiento que
incluye transacciones y mezclas entre lo viejo y lo nuevo. En todo caso, ms
que el imaginario de la vida sentimental, cambian las condiciones de
enunciacin de un orden de la pasin
que expone una interioridad habitualmente escondida; y aun sostenida en los
mismos tpicos, produce una narracin
verdadera, que slo puede confesarse en primera persona. De modo que,
paradojicamente, las peripecias de la intimidad se revelan (y de algn modo se
legitiman) a travs de esa exposicin pblica que pone en evidencia que en la confesin tambin opera una construccin
social o, ms bien, que combina la construccin social y la individualizacin,
la uniformidad y la singularidad personal.
El consultorio del psicoanalista en el diario Crtica
Una de las vas de la expansin de
un psicoanlisis popular, integrado a
la cultura de masas, ha sido la incorporacin periodstica del
"consultorio del psicoanalista", una seccin en la que se responde a
relatos personales o pedidos de consejo del pblico. Y aun cuando algunas de
las cartas no provinieran del pblico sino de redactores de las propias
publicaciones, aportan un material ilustrativo acerca de los tpicos y los
problemas en los que comenzaba a difundirse la intervencin posible de cierto
saber del freudismo. El primer consultorio de ese tipo aparece en Jornada el diario de Helvio Botana que
reemplaz a Crtica cuando ste fue
clausurado por la dictadura de Uriburu en 1931. Psicoanlisis por Freudiano se llama la seccin, publicada desde
agosto de 1931 hasta comienzos de 1932, durante unos siete meses, cuando el
diario tena una tirada diaria de alrededor de 300.000 ejemplares. Luego de su
detencin Botana y su mujer abandonan el pas en agosto de 1931, es decir pocos
das despus de la aparicin de Jornada.
De modo que esa incorporacin del freudismo se produce en momentos en que no es
Botana quien est al frente del diario; y en un momento en el cual, ante la
persecucin sufrida, el peridico opta por ocuparse menos de la poltica
nacional y por aumentar el espacio dedicado a otras secciones de inters
general, notas de color y deportes. Durante los meses en que tuvo cabida en el
diario, la seccin ocupaba un lugar destacado; al principio era semanal y
abarcaba cuatro columnas, sin un lugar fijo, aunque a veces ocupaba la primera
plana del diario; luego se public quincenalmente y se redujo a dos columnas.
Finalmente, Freudiano desaparece en febrero de 1932 cuando Botana retoma la
direccin y el diario vuelve a llamarse Crtica.
Es
decir que si bien el proyecto general del diario, sobre todo su disposicin a
reflejar temas del mundo moderno, aportan el contexto para esa incorporacin
del psicoanlisis, el consultorio epistolar aparece en el preciso momento en
que la poltica queda relagada y coincide con la incorporacin de notas
dirigidas a lo que en principio podran considerarse interereses
"privados", distanciado de la esfera pblica y poltica. Y cuando
Botana retoma la direccin y reintroduce la poltica, en el primer nmero de la
segunda poca, clausurado el consultorio de psicoanlisis, el diario se ocupa
del caso Lugones (hijo) el jefe policial a cargo de interrogatorios y torturas
durante la dictadura de Uriburu apelando a la psiquiatra tradicional, en un
"estudio clnico", realizado por un profesor de la Facultad. La vieja
psiquiatra de la herencia y la degeneracin reemplazaba esa divulgacin del
freudismo que, por unos pocos meses, haba encontrado un espacio y un pblico.
El psicoanlisis es presentado, en
agosto de 1931, como la "moderna ciencia de interpretacin de fenmenos
del alma" y, lo ms importante, queda sobre todo asociado a la
interpretacin de los sueos. De modo que la seccin anuncia que responder las
consultas que reciba y solicita que le enven relatos de sueos. Al mismo
tiempo, incluye notas de divulgacin que se ocupan de una presentacin del
psicoanlisis desde el punto de vista de su inters general y sus efectos
posibles sobre la vida cotidiana: conflictos mnimos, malestares, actos
fallidos. El psicoanlisis aparece, por una parte, como un dispositivo de autoconocimiento
capaz de sacar a la luz deseos reprimidos, de revelar cierta interioridad
oscura y ciertos rasgos ocultos del propio yo; y en ese sentido, la
interpretacin de los sueos es promovida a la posicin de un camino directo
para el conocimiento de una zona de misterio "que todos llevamos
dentro", en la medida en que los sueos son "la manifestacin del
subconsciente en libertad". En principio, la visin popular del sueo
promovida por el peridico viene a coincidir con la concepcin romntica de un
inconsciente activo e impulsivo.
Por
otra parte, ese acceso personal a travs del periodismo de masas reemplaza la
experiencia del anlisis personal, de modo que la consulta por carta (y el
acceso por parte del pblico a las consultas y los "anlisis" publicados)
se ofrece como una primera versin de un psicoanlisis
popular y puede pensarse que aporta una cierta versin vulgar y corriente
de lo que puede esperarse del especialista. Y si el psicoanlisis entra en el
diario, una de las primeras cosas que se consigna es que se trata de despertar
en el pblico un inters que ya se estaba manifestando en Europa y EE.UU.; es
decir, se trata de actualizar y modernizar una zona de curiosidades y demandas
del pblico que iba en una direccin semejante a la extensa difusin del
freudismo que se produjo desde los aos 20. Una expresin muy influyente de
esa recepcin popular de un psicoanlisis para todo pblico fue la biografa
que Stefan Zweig dedic a Freud y que se public en Buenos Aires en 1933. En
ella el maestro viens era presentado como un profeta del mundo contemporneo y
su obra representaba una revolucin de las costumbres y los valores que vena a
socavar la moral del disimulo, el rechazo del cuerpo y el aplastamiento del
instinto. Para la visin progresista de Zweig el freudismo ofreca los
fundamentos de una nueva moral sexual fundada en la sinceridad, la camaradera
de los sexos y la integracin de la tradicin racional ilustrada con un
incremento de las libertades pulsionales. Es claro que la visin ofrecida por Jornada resulta bastante ms eclctica y
moderada en comparacin con esa caracterizacin ntida de Freud como un
reformador moral que viene a liquidar la moral cultural tradicional. En todo
caso, el perfil del profeta moral parece menos acusado que el del cientfico,
el consejero mdico y, sobre todo, el descifrador de los misterios que se
esconden en el fondo del alma humana y que los sueos traen a la luz.
Veamos como responde el
psicoanalista de Jornada al relato
del sueo de una lectora que se identifica como Autora, de Capital:
So que haba sufrido un accidente de
automvil pero se encontr de pronto paseando del brazo con un joven al que
hace mucho tiempo no v. Dice que a dicho joven lo conoci en oportunidad de
haber sufrido l un accidente que la oblig a hospedarse en su casa.
Su sueo ha realizado el deseo subconsciente de ver otra vez al
joven aquel de quien est usted enamorada. El accidente de su auto es el que
medi para conocerlo. Su imaginacin ha vuelto sobre el mismo.
Usted desea ver al joven otra vez pero sin que l sepa nada. Que
est enamorada de l lo demuestra al ser usted la que sufre el accidente. Por
ser correspondida, usted sera capaz de cualquier sacrificio. Pero es usted
casada. El sacrificio al que su sueo disfraz de accidente no vale la pena,
Aurora, de ejecutarlo. La mejor manera de disipar los malos pensamientos es
ponerlos en evidencia. Est segura que desde hoy no volver a soar con
accidentes de autos"
Del lado de la lectora, parece claro
que existe cierta condicin de insatisfaccin, la bsqueda de una revelacin de
s que parece ser correlativa de ciertas aspiraciones de cambio individual
cuyas claves deben buscarse en ese reducto mximo de interioridad que es el
sueo. Por otra parte, ms que las nociones o el argumento del drama amoroso,
lo que aparece como novedoso es la posicin
de autoexposicin de su deseo: lo ms personal se implanta en el discurso
cultural justamente cuando se hace pblico y se confiesa al universo de los
lectores.
Del lado del psicoanalista de
masas, es claro que lo que se ofrece es una amalgama entre el descifrador que
posee la clave de interpretacin de los smbolos (y las asociaciones) y el
confesor que con su consejo respalda la moral del matrimonio y vuelve a poner
las cosas en su lugar. Pero es importante considerar que la conclusin
moralista que retrotrae el problema al registro de las obligaciones conyugales
no cancela la otra funcin que admite la verdad de un amor que irrumpe ms
all de las convenciones y las conveniencias. Finalmente, en la figuracin
disfrazada del amor adltero pueden verse los signos de cierta crisis de las
representaciones tradicionales de la institucin familiar como aparato de
obligaciones; es decir, una irrupcin, del lado de la mujer, de un malestar
amoroso que es, al mismo tiempo, un signo de una aspiracin de cambio, en fin,
un anhelo de libertad amorosa (que no siempre, hay que suponer, quedaba
reducido a la escena del sueo o las fantasas) que se separa de los deberes de
la vida conyugal y domstica. En este punto, en todo caso, los Ensayos sobre el amor de Jos Ingenieros (que tuvieron una gran
difusin en los 20), que no mencionaban al psicoanlisis, contribuyeron a
legitimar el derecho de amar como contrario a la domesticidad, un derecho que era a la vez una afirmacin de la
libertad individual y de la fuerza de las tendencias sexuales de base
instintiva.
La seccin, entonces, era la vez un
"consultorio" que estableca un dilogo peculiar con sus lectores
(generalmente lectoras) a partir del relato de los sueos y un foro de
divulgacin del psicoanlisis, presentado como "la ciencia del 'porqu',
aplicada a las manifestaciones del espritu". Es claro que involucra al
alma ms que al cuerpo; en todo caso, las manifestaciones ocultas del alma,
como una ciencia de los secretos del yo.
Y el acento no est puesto en la patologa, ya que el psicoanlisis, viene a
decir "Freudiano", es un va de indagacin y una terapia del hombre y
la mujer corrientes. Un sustento destacable del inters que despierta reside
justamente en que se trata de la difusin de una psicologa desmedicalizada, separada de la
patologa y de las tradiciones del manicomio. En ese sentido, el psicoanlisis
se presenta, sobre todo, como una prctica
de narracin de s mismo, ligada a ciertos procedimientos de lenguaje; de
modo que si bien est revestido de la legitimidad de las ciencias, se ofrece
como una medicina sin medicamentos y casi sin mdicos. El sueo proporciona un
terreno apto para esas dos dimensiones de la seccin (la del consultorio de casos y la de la exposicin divulgadora)
en la medida en que responde a un relato personal (que slo
"Freudiano" recibe porque no se publica) y es un terreno ejemplar
para revelar esa otra dimensin del yo que debe ser explicada. El autor conoce
la teora freudiana del sueo como expresin de "deseos que no han podido
ser satisfechos durante el estado de vigilia" y de la
"represin" como un censura establecida sobre los actos "de
carcter sexual". Esa exposicin sirve de introduccin para las lecciones
divulgadoras acerca de nociones psicoanalticas, pero tambin (en un sentido
ms cercano a la divulgacin mdica) nociones de la psiquiatra y la
criminologa.
Ahora bien, un rasgo destacado del
dispositivo epistolar, instalado en un peridico que se dirige a decenas de
miles de lectores, es que hace posible la expresin de la individualidad en
medio de la masa annima. En ese sentido, el caso de la expansin cultural del
psicoanlisis muestra que las formas de implantacin de la cultura de masas no
conducen simplemente al borramiento del yo en la muchedumbre annima. En las
nuevas condiciones sociales y culturales, la relacin entre el individuo y la
colectividad no puede ser pensada con los esquemas conceptuales simples que
haban impulsado, desde Le Bon a Ortega y Gassett, el fantasma de las masas como un factor de degradacin
brbara de la sociedad tradicional. Ms aun, esa demanda de exposicin personal
responde en verdad a un dispositivo que promete
a la masa una va para salir del anonimato a travs de la exposicin del yo profundo que se expresa en el sueo.
En verdad hay que decir que esa demanda ha sido generada a partir de una oferta integrada como un resorte central
del moderno periodismo de masas: extraer a algunos pocos de la masa para
convertirlos en protagonistas exhibidos en los medios. Y la expansin del
psicoanlisis pop en la sociedad de los seres annimos no puede separarse de
los alcances de esa promesa: el saber y el procedimiento por el cual se alcanza
a poseer un yo ntimo en el mismo movimiento por el que se busca conocerlo y
confesarlo.
"Freudiano" como firma de
autor probablemente esconde ms de una
pluma. En ocasiones es un descifrador que elude las formas tpicas de la
ilustracin mdica, en otras es un consejero bastante tradicional o un mdico
en funcin divulgadora. Lo ms importante, en todo caso, es esa incitacin a la
bsqueda de una verdad que reside en los fondos del yo y que requiere de
condiciones especiales de relajamiento de los controles de la razn. De all el
estmulo a exponer sin disimulos sueos, conflictos, fantasas y la exhortacin
a escribir francamente y sin temor a las palabras que se emplean. Pero el apego
a cierta "regla" psicoanaltica termina all; las respuestas a las
consultas imparten toda clase de consejos sobre decisiones personales y
actitudes ante los dems, cuando no se inclinan directamente por una
recomendacin de tratamiento.
En ciertos casos, desde la posicin
tpica del psiquiatra divulgador, las notas toman a la familia (sobre todo a la
madre) como objeto de intervencin esclarecedora y preventiva. Y los problemas
de la infancia en particular ofrecen la ocasin para diversos consejos. Por
ejemplo, en "Qu le responder a mi hijo?" (22/8/31) la respuesta aborda
dos problemas conectados: por una parte, la curiosidad sexual infantil pone a
prueba la actitud adulta frente a la sexualidad; al mismo tiempo, sirve para
reiterar que las etapas y las experiencias de la niez son determinantes en la
formacin de la personalidad del adulto. El tema de la disciplina y los
castigos a los nios merece varias notas, en las que siempre se insiste en que
no debe pegarse a los hijos, sobre todo
porque las "huellas" en la mente de los nios no se borran nunca. En
el mismo sentido, hay varias notas de divulgacin y profilaxis psicolgica
dirigidas a las madres, las maestras y a quienes educan a nios y jvenes.
Ahora bien, tanto la centralidad de la infancia como la apelacin a la
responsabilidad de los padres sobre la salud psquica y la educacin moral de
los nios constituan tpicos centrales de la tradicin mdica higienista, y en
ese terreno "Freudiano" no ofrece nada nuevo. En todo caso, si la
expansin del psicoanlisis en la cultura modifica (sin cancelarlas) las representaciones
sociales sobre la salud de la infancia, es porque viene a alterar la trama de
significaciones que permitan pensar la relacin entre el nio y el adulto. La
importancia concedida a las "experiencias infantiles" en la formacin
de la personalidad sita, de algn modo, la verdad psicolgica del adulto en el
nio que fue y que, en lo profundo, nunca dejar de ser. Y entre las promesas
del psicoanlisis popular figura, en lugar destacado, el camino posible de una reintegracin del nio, es decir de las
pulsiones y la memoria de los afectos primarios.
Entre el discurso tradicional sobre
la familia y las nuevas formulaciones que invocan a Freud se establecen
variadas transacciones. Puede decirse, retomando la oposicin que Ingenieros
haba establecido entre amor y domesticidad, que en cuanto emergen las
representaciones de la unidad familiar y su cortejo de obligaciones, el
psicoanalista de Jornada reencuentra
el lugar de enunciacin, apenas modernizado, del viejo higienista. En cambio,
cuando dominan las peripecias de la vida amorosa y los desordenes de la pulsin
sexual, ofrece diversas fisonomas: a veces es un consejero sentimental, de
rasgos ms bien tradicionales, en otros ofrece un perfil ms atpico. Por
ejemplo, una nota sobre el complejo de Edipo y su papel en la vida amorosa
viene a proclamar directamente que el "inquietante Edipo" ha
reemplazado a Cupido en su funcin de eleccin del objeto amoroso ("Edipo
versus Cupido", 26/8/31). Al lado, entonces de intervenciones moralistas y
tranquilizadoras para la moral matrimonional, el vocabulario psicoanaltico
(por ejemplo, las referencias al narcisismo y al Edipo), viene a establecer que
el amor sexual constituye un territorio que escapa al control de la razn y el
clculo; y correlativamente a destacar el papel del psicoanalista como aqul
que posee el saber y las claves de acceso a ese territorio desconocido.
Finalmente, como consejero, Freudiano tiende a devolver una visin optimista
de los problemas que se le plantean y generalmente ofrece una esperanza a los
amores contrariados o a los conflictos afectivos, en general en el marco de las
convenciones morales.
El pblico, entonces como ahora,
tiene inclinacin por ciertas formas simplificadas del autodiagnstico
psicolgico y a ello responde la seccin (en ms de una nota) con la exposicin
de las "constituciones psicopticas, o sea la ubicacin prefijada en una
grilla de clasificacin, que pretende responder a la pregunta: "Qu soy
yo?". Como sea, la visin que ofrece de la psiquiatra contiene una mezcla
de ideas renovadoras y enfoques tradicionales, aunque, en general, tiende a
enfatizar el papel de los componentes psquicos en desmedro de la visin
apegada a las tesis biolgicas y hereditaristas. Es claro que seccin no
responde a la difusin de la psiquiatra establecida en las ctedras y los
hospicios. En una nota titulada "Psiquiatra y Psicoanlisis", por
ejemplo, contrasta la psiquiatra pre-freudiana y la post-freudiana: mientras
que la primera se dedica a clasificar e internar a los alienados", la
psiquiatra psicoanaltica investiga los "por qu", previene y
busca los orgenes. Y el alejamiento de la psiquiatra manicomial es explcito
en el relieve que alcanza el tema moderno de las neurosis, definidas, adems como un fracaso de adaptacin".
En la misma direccin, en una nota sobre la delincuencia es claro el cambio de
enfoque con respecto a la visin de la criminologa positivista: en todo
delicuente hay una historia que data de la niez.
Ms all de esa diversidad temtica
el inters predominante es por la divulgacin del psicoanlisis. El diario
publica una entrevista realizada al profesor francs George Dumas, quien haba
dictado conferencias en Buenos Aires en esos das (25/8/31). Y pese a que Dumas
es, sobre todo, un psiclogo muy destacado y autor de una obra monumental en la
materia, la entrevista trata exclusivamente de la disciplina creada por Freud.
Lo ms destacado es el reconocimiento del impacto del psicoanlisis en la
sociedad y su "importancia para la masa popular", como "una
especie de nuevo sistema moral". Y es claro que el freudismo (en una
direccin concordante con la biografa citada de Stefan Zweig) es concebido
como un saber adecuado para la reforma colectiva, en particular por la aplicacin
posible a la reforma de la educacin infantil. La proyeccin del psicoanlisis
a la transformacin educativa, nuevamente, se sostiene en la importancia de la
primera infancia para la futura salud psquica, que es el ncleo que queda
destacado de las tesis freudianas sobre el desarrollo psicosexual. Y es notable
que en el dilogo con Dumas la iniciativa de publicar una seccin periodstica
dedicada al psicoanlisis sea concebida como el correlato de una obligacin de
la sociedad: "el pueblo est en el deber de conocerse a s mismo",
afirma el profesor parisino y es en nombre de un ideal ilustrado de
conocimiento extendido que encuentra su justificacin la empresa de llevar la
ciencia a las masas.
Otras notas ofrecen un cambio de
registro y se inclinan hacia una crtica social antimoderna: el problema
contemporneo residira en un estado de neurosis colectiva que deriva de las
modalidades del trabajo industrial y la vida de las ciudades. Como contraste,
ofrece una visin idealizada (y muy vieja en la tradicin del higienismo mdico
y psiquitrico) de las virtudes del campo y las labores de la tierra. Pero, en
todo caso, si domina en los textos una intencin moral, lo menos que puede decirse es que coexisten marcos
valorativos divergentes. Es claro, como se vio, que domina una visin
tradicional en el tratamiento del tema matrimonial; y sin embargo, en las
representaciones sobre el amor emerge aqu y all cierta reivindicacin del "deseo natural" y
el instinto, de un modo que no coincide con el consejo moralista que simplemente
propondra contrariar las inclinaciones pulsionales; aunque a menudo termina
recomendando la consulta al mdico. Dentro de la mezcla resultante, lo ms
destacable es que el amor, ensea Freudiano (y en esto es bastante fiel al
maestro viens) es el prototipo de la felicidad y no se ajusta fcilmente a las
convenciones: es evidente que quien escribe bajo esa firma ha ledo El malestar en la cultura ("La
felicidad a travs del amor", 14/11/31).
Finalmente,
si algo ensea la seccin del diario de Botana es que la fuerza del instinto y
de los poderes misteriosos del inconsciente deben ser reconocidos y
respetados. No se trata de recomendar el autodominio o la fuerza de voluntad para ahogar sntomas o rarezas:
"Casi todos se creen capaces de
gobernarse a s mismos. Suponen que basta con la cacareada fuerza de voluntad
para imponerse a los males sin saber que la voluntad ahoga manifestaciones que
son benficas porque significan la solucin de un conflicto".
Lo mejor,
recomienda, es consultar con un mdico que sepa (y si no sabe, agrega, se dar
cuenta por los resultados) (12/9/31). En todo caso, la seccin expone la
conviccin general de que la conformacin sexual propia no es casi modificable.
En uno de los pocos casos de sexo masculino que consulta por problemas (no
especificados) que involucran la identidad sexual, Freudiano acta como un psicoanalista salvaje y le seala, sin
muchos miramientos, que se angustia ante el temor a la prdida de sus atributos
viriles" y que posee un "temperamento feminoide" ("El
tiempo le dir", 12/9/31) Aunque no siempre emerge, cuando lo hace, el
consultor que responde como un psicoanalista salvaje (que se diferencia del
consejero sentimental o el higienista divulgador) establece al parecer la va
ms clara y efectiva de recepcin y difusin de un freudismo distinguible de
las formas conocidas del consejo mdico o sentimiental.
Finalmente,
como se vi, la seccin desaparece repentinamente con el retorno de Botana,
cuando el diario vuelve a llamarse Crtica.
Y desde comienzos de febrero de 1932 aparece una seccin de "Espiritismo,
Ocultismo y Teosofa" que, podra decirse, viene a reemplazar la cuota de misterio antes ofrecida por la
interpretacin de los sueos. El redactor de la seccin destaca la seriedad
cientfica de esos estudios del mismo modo que lo haba hecho antes con la
disciplina freudiana. Pero el foco de curiosidad se ha desplazado desde el
instinto y la vida ertica al conocimiento de la vida y, sobre todo, la
comunicacin psquica ms all de la muerte. El reemplazo del psicoanlisis por
el espiritismo (ms all de las circunstancias de esa decisin que, muy
probablemente tienen que ver con las preferencias personales de Botana y su
esposa) supone un relegamiento del
individuo y una exaltacin de una experiencia del misterio y el sentido que
se orienta en otra direccin: ya no la separacin y la singularidad de los
impulsos y deseos individuales sino la unidad
y la comunicacin con un orden de totalidad csmico-espiritual
El
psicoanalista de Viva Cien aos
Hacia
los 40 la figura del psicoanalista ha alcanzado una visibilidad social mucho
ms extendida que la de la comunidad de especialistas nucleada en torno de la
Asociacin Psicoanaltica Argentina, creada en 1942. Desde aproximadamente 1935
y por espacio de ms de una dcada la serie popular Freud al alcance de todos, firmada por el Dr. Gmez Nerea fue
publicada por la editorial Tor y vendi decenas de miles de ejemplares. Y
cuando Freud muri, en 1939, el espacio que la prensa y diversas publicaciones
dedicaron al acontecimiento mostraba que la figura del creador del
psicoanlisis era unnimemente reconocida como uno de los grandes personajes
del siglo XX.
A pocos aos de la aparicin del
consultorio en el diario de Botana, la revista Viva Cien aos incluye una seccin semejante en la presentacin
aunque ofrece el perfil de un psicoanalista muy diferente. Desde sus comienzos
se presenta como la
revista popular de la salud y se publica desde noviembre de 1934 hasta finales
1949; es decir que responde a un proyecto de divulgacin y difusin de largo
alcance que se mantiene por espacio de muchos aos, algo que contrasta con la
efmera irrupcin del psicoanalista en el diario de Botana. Segn el testimonio
de Arturo Leon Lpez, su creador y director, alcanzaba una tirada de unos
30.000 ejemplares y se promocionaba con carteles callejeros; estaba asociada,
por otra parte, a una "Librera de la salud" y una coleccin de
publicaciones de divulgacin, higiene y consejo mdico.
Viva Cien aos es bsicamente una revista de higiene, y ofrece para nuestro tema
una orientacin dirigida a la vida de la familia y las complejidades de la
pareja en el matrimonio moderno. Por una parte, hay una medicina de la familia, en la tradicin de las intervenciones
higienistas, que difunde los viejos temas de la prevencin de la enfermedad, en
particular las enfermedades infantiles y las enfermedades sociales:
tuberculosis, venreas, alcoholismo. Puede decirse que uno de sus postulados
bsicos sostiene la centralidad de la familia como sostn, como sujeto
fundamental, de la salud y la moral colectivas. Concomitantemente, las
cuestiones de la pareja matrimonial son encaradas sobre todo con un enfoque eugensico, es decir, una atencin
destacada a las consecuencias de la herencia en la descendencia, de un modo que
subordina las cuestiones de la sexualidad a los fines de la reproduccin. Hasta
aqu no habra casi nada nuevo y el marco general acenta la visin del
matrimono y la familia como un sistema de
obligaciones: hacia los descendientes y la especie y hacia la sociedad, la
salud de la raza y la grandeza de la nacin.
Sin
embargo, en la medida en que la revista coloca los temas de los que se ocupa
bajo la empresa de favorecer una salud
integral, es decir fsica, emocional y moral, hay espacio para una
consideracin que incluye otras cuestiones, que dan cuenta de ciertos cambios
en las representaciones de los individuos
integrantes del grupo familiar. Y en la medida en que se trata de mejorar la
existencia de las personas, la cuestin de felicidad
entra a jugar como un valor que excede los marcos tradicionales, puramente
utilitarios, del saber mdico. En principio, debe reconocer la importancia de
la vida de los afectos y admitir que hay "malestares" que dependen de
anhelos y demandas que no responden a la lgica de la salud corporal. Supone
igualmente un creciente reconocimiento de conflictos que empiezan a llamarse
"psicolgicos" y que incitan a tomar en consideracin el tema de la personalidad. "Tener una
personalidad" sana, equilibrada y, sobre todo, autoafirmada es no slo el
correlato sino la condicin de la salud del cuerpo.
De
modo que frente al esquema de la medicina social que pona el nfasis en la
salud colectiva, en la especie o la familia como organismo natural (y que
estaba bien presente en la revista), emerge con alguna fuerza el tema del individuo y sus rasgos nicos. Es claro,
en un sentido, que esa apelacin a la psicologa mantiene una visin naturalista, en la medida en que
comienza por concebir a la "personalidad" (que sera lo ms propio
del individuo) como una extensin de un cuerpo activo y saludable. Algo que
resulta particularmente evidente en la aplicacin a las nuevas representaciones
de la mujer (que constitua el pblico mayoritario de la revista), y que se
refieren al cuidado del cuerpo, la belleza fsica, incluso algunas armas de
"seduccin", como condicin de una personalidad autnoma, activa y
exitosa.
Vale
la pena sealar que en esos aos el cuerpo
como objeto de saber y de intervencin mdicas emerge como un territorio
atravesado por conflictos y significaciones que rompen con la visin
mecanicista y objetivante de la medicina positivista. La medicina
"cientfica" construy una visin utilitaria del cuerpo como
instrumento, es decir capacidad de trabajo,
fuerza productiva entendida como energa pero tambin como habilidad y
aptitudes especficas: es el cuerpo disciplinado en las prcticas de la fbrica
y el cuartel del que se ha ocupado Michel Foucault; pero tambin es el cuerpo
de la orientacin profesional, uno de
los mbitos de constitucin de una psicologa prctica que empieza a
desplegarse por esos aos y que tiene su lugar en la revista. Paralelamente,
emerge (en un proceso de larga duracin) un cuerpo
expresivo, que es sujeto antes que objeto, el cuerpo de la exhibicin, la
belleza y la seduccin y que se constituye en un ncleo firme de la identidad
personal. Por otra parte, esos cambios en las representaciones del cuerpo
coinciden con un perodo de crisis relativa de la medicina tradicional y con el
nacimiento de las cuestiones psicosomticas
y los debates sobre la psicoterapia y la psicologa mdica.
Ahora
bien, para el discurso dominante en Viva
Cien aos, los malestares del cuerpo (inhibiciones, fealdades y
deficiencias por desidia o ignorancia) son enfrentados ante todo como una lucha
por la conquista del carcter. La
seccin "Consltenos" (que es el antecedente directo de la seccin de
psicoanlisis, que aparece ms adelante) recibe las inquietudes y malestares de
un pblico (mayormente femenino) que ofrece sntomas que casi siempre son del
orden de la timidez, las inhibiciones, los miedos y la depresin. En todo caso,
el cortejo de los sufrimientos contenidos en esas cartas ofrece la imagen en
negativo de los ideales de salud y equilibrio psquicos promovidos por la
revista; y el "psicoanalista" de Viva
Cien aos ofrece sus consejos, siempre en la misma direccin: educar y fortalecer el carcter. En su
significacin moral ms tradicional, el carcter
alude a un moldeamiento del yo consagrado al deber (y al honor) a travs del sacrificio y, sobre todo, el
autocontrol y, en ese sentido no se propone una consideracin psicolgica de la
individualidad. Pero en la medida en que los redactores de la revista
incorporan la temtica de la personalidad,
es claro que el acento se desplaza de la moral a la psicologa, es decir a una
identidad que se funda en el yo profundo, en los impulsos y anhelos que
constituiran el ncleo de la individualidad.
Desde
febrero de 1941 (vol.X n.10) se incluye la seccin fija Un conflicto espiritual resuelto por el psicoanalista; y el primer
caso se refiere a los escrpulos de un novio ante una mujer tres aos mayor que
l. La siguiente edicin incluye un subttulo suficientemente ilustrativo:
"para vencer la timidez", algo que coincide, por otra parte, con
varias notas referidas al problema de las depresiones. El psicoanalista de Viva Cien aos es un consejero que sabe
todo y que confa (a diferencia de "Freudiano") en la fuerza de la
voluntad y en el valor vital general de una posicin activa frente a la
existencia. Ahora bien, el tema de la formacin del carcter individual como un
polo activo, autnomo, creativo incluso, en la lucha con el medio no era ajeno a la concepcin de
una psicologa de base positivista. Jos Ingenieros, en sus Principios de Psicologa haba expuesto
un sistema de psicologa evolucionista en el que la nocin de personalidad
individual ocupaba un lugar muy destacado. En ese sentido, el esquema
conceptual de los redactores de Viva Cien
aos mantiene una filiacin naturalista evolucionista que remitira,
finalmente, a la funcin del individuo en la "lucha por la vida".
Pero la psicologa biolgica conceba la formacin del carcter (expresin de
la personalidad) como el resultado una afirmacin activa frente al medio
social, cuyo paradigma, en todo caso, se encontraba en la funcin, mayormente
masculina, de la transformacin de la naturaleza; como tal, no se ocupaba de la
familia. Puede verse la exposicin mayor de una psicologa del carcter en El
hombre mediocre donde no hay ninguna mencin del papel de la familia y la
crianza en su formacin.
Ahora
bien, en la medida que el carcter (y
no los sueos o los impulsos erticos) constityen el tema mayor de la
psicologa popular expuesta en la revista, puede pensarse con cierto fundamento
que la inclusin del psicoanlisis es un equvoco y una atribucin indebida; en
ese sentido, puede pensarse que los consejos impartidos en nombre del
psicoanalista (ni siquiera salvaje) tienen poco que ver con la obra de Freud.
Y sin embargo, si se atiende a las condiciones culturales de esa recepcin
popular no puede desconocerse lo que all se revela en cuanto a los cambios en
las representaciones sociales de la familia y, sobre todo, a esa focalizacin y
repliegue sobre el grupo primario, algo que responde indudablemente a un
ciclo de duracin ms larga. En todo caso, en cuanto se examinan las
condiciones culturales de la implantacin de un psicoanlisis plebeyo, salta a la vista que la historia de la familia
moderna y el repliegue sobre el tringulo primario padre-madre-hijo constituye
un captulo ineludible de la historia de la recepcin amplia de los nuevos
saberes sobre el inconsciente y la
sexualidad. Una historia cultural del freudismo encuentra sus condiciones (en
el largo plazo) en los cambios en la familia, en particular en el surgimiento
de nuevos tpicos, supuerpuestos y no necesariamente armnicos: crisis de la
posicin tradicional de la mujer, psicologizacin de las prcticas de la
crianza y la formacin del carcter y, ms en general, de las funciones
educativas de la familia. De ser un grupo natural y sede de la reproduccin
concebida bajo los principios de la herencia biolgica (que responden a la
especie y la raza) la familia pasa a ser concebida (y en alguna medida
reconstituda) como grupo afectivo y un espacio primariamente educativo. Dicho
brevemente, en ese ciclo de transformaciones que van de la familia eugensica a la familia
psicolgica hay que buscar las condiciones ms generales de una
popularizacin inicial de psicoanlisis, el que, por otra parte, adquiere la
significacin y el valor propios de la nueva
psicologa. Aun cuando en la revista la temtica psicolgica no es la
predominante, parece claro que la cuestin de la "psicoterapia" y su
eficacia aparece, ante todo, por la va de los pedidos de aclaracin y consejo
de parte del pblico lector. En ese sentido, lo ms destacado, en esa
implantacin extensa del nombre de Freud y de su disciplina, es el privilegio
de los poderes de la voluntad. El psicoanlisis, en esta versin que lo concibe
como la base de una psicologa moral, se difunde especialmente como una psicologa prctica que se diferencia
claramente tanto de las representaciones de la medicina mental y el
"mdico de locos" como de los desarrollos de la psicologa acadmica
que ofreca poco inters desde el punto de vista de los problemas y demandas de
la gente.
Ese
carcter prctico, es decir el psicoanlisis como saber y como tcnica
aplicable sobre uno mismo, es lo que lo diferencia nitidamente de los usos
habituales de la medicina mental o la psicologa educativa. Al mismo tiempo, es
claro que en la revista los usos del
psicoanlisis as concebido (y la atencin dedicada a la psicoterapia en general) impulsan la idea y el valor de una
"autoeducacin psquica", un movimiento de conquista de s mismo que
combina la autodisciplina y la afirmacin individual. Y la importancia de la infancia (un tema caracterstico del
saber promovido por el freudismo) radica precisamente en que es el perodo de
la vida en el que se forma el carcter y se fijan los rasgos psquicos y
morales del invididuo. En todo caso, antes que como una disciplina de
conocimiento, lo que se extiende es el modelo de una tecnologa del yo (para usar un trmino de Michel Foucault), all
radica su perfil caracterstico y su atractivo en una revista mdica: se trata
de un procedimiento que otorga al sujeto sufriente un lugar activo al menos en
la iniciativa de exponer sus padecimientos.
Ahora
bien, una referencia muy habitual se refiere al "complejo de
inferioridad" de Alfred Adler, de modo que este psicoanalista nunca se
presentara como freudiano. Y
claramente, los tpicos predominantes no se refieren al amor o la sexualidad
sino a los modos de vencer la depresin. En esa "revista popular de la
salud", el psicoanalista no desentona respecto del conjunto de los temas:
la importancia de la salud fsica y el cuidado del cuerpo es una primera
condicin para vencer el espectro de las depresiones.
Veamos
algunos ejemplos de los consejos del psicoanalista de Viva Cien aos, en los que puede advertirse que, en general,
responde a pequeas crisis de las relaciones del mbito de la intimidad,
particularmente familiar. A una lectora que describe una vida montona, de provincia,
y expresa sus aspiraciones a probar una nueva vida en otro lugar, el
psicoanalista le aconseja "ver la belleza a su alrededor" (XIV, n.8,
20/1/43). Situado en la posicin de un confesor laico, ante todo transmite una
confianza bsica en la fuerza espiritual que reside en cada consultante y lo
hace capaz de vencer los conflictos por la fuerza de su voluntad. Es claro que
se trata de un discurso moral sostenido en valores genricamente conservadores,
aunque, paralelamente, incorpora una flexin moderno en la exaltacin de un yo
activo y autnomo capaz de vencer los obstculos exteriores tanto como las
restricciones interiores. Ese es el
sentido de la gran campaa para derrotar la timidez. Finalmente, ese
desplazamiento hacia la interioridad no cancela sino que se superpone (y
establece diversas combinaciones) con la visin naturalista del higienismo. Por
ejemplo, frente a la pregunta ""Deben tener descendencia los
matrimonios?", la respuesta destaca (como la revista en su conjunto) el
valor de la vida, las obligaciones para con la especie y la defensa de la
familia y la reproduccin. Y en cuanto a las "alteraciones de la vida
sexual": se trata de reunir el tratamiento glandular con el de las
motivaciones presentes en el "subconsciente", dado que, se afirma,
los mtodos psicolgicos ayudan a "liberar la libido", etc. (XIX,
n.4, 10/5/45).
El
mismo grupo responsable de Viva Cien aos
edita la revista Hijo Mo desde
1936. En este caso, el mbito general de la puericultura
ofrece un marco para los problemas que convocan al saber (o el
"consejo") de esa figura nueva del psiclogo (que es representado
corrientemente como psicoanalista) en
su papel divulgador. Y si bien los problemas de la niez son conocidos desde
antes, el mismo desplazamiento hacia la psicologa contribuye a destacar
ciertos temas que van a quedar includos, por mucho tiempo, en el gnero de la
divulgacin psicolgica: crianza y formacin inicial; pubertad y adolescencia,
educacin sexual.
El
psicoanlisis y la imaginacin amorosa: Idilio
A
la luz de lo expuesto, parece claro que si hacia los '60 se hace visible una
transformacin bastante extensa de las representaciones de la subjetividad
"ntima" (en los lazos afectivos de la vida familiar, los vnculos
con los hijos y las vicisitudes de la vida amorosa) esos cambios requieren ser
colocados en la perspectiva de una "duracin" ms larga, que se
remonta, por lo menos, a las primeras dcadas del siglo y que, en todo caso,
exhibe sus consecuencias en esa presencia del psicoanalista en los medios de
comunicacin. En el caso de los nuevos discursos sobre la sexualidad en la
pareja, por ejemplo, la expansin del gnero
sexolgico se remonta, por lo menos, a los '20 y viene a mostrar
probablemente cambios en las costumbres sexuales que son bastante anteriores.
De
modo que el impacto del freudismo sobre las representaciones de la vida
pulsional y el imaginario familiar y ertico y, ms en general sobre esa
peculiar representacin de la intimidad en el inconscientes que son los sueos
y las fantasas, se sita en un proceso ms largo y propiamente cultural. Hacia
finales de los 40, como se vio, Freud y el psicoanlisis haban alcanzado una
implantacin extendida en la cultura de Buenos Aires. Y si se quiere buscar un
indicador de la popularidad del psicoanalista
como hroe moderno en el que se reunen el mdico y el sacerdote, el sabio y el
detective del alma humana, vale la pena recordar al personaje de la historieta:
"Daro Malbrn, psicoanalista" (que se presentaba como "la
primera historieta semidocumental de Amrica") publicada en la revista Aventuras, desde aproximadamente 1948.
El protagonista es un mdico que adems de atender pacientes con un encuadre
ms o menos psicoanaltico (incluyendo el divn) utiliza la hipnosis. Pero al
mismo tiempo responde al perfil del detective que colabora con la polica en la
aclaracin y resolucin de crmenes diversos; y su conocimiento de los caminos
al inconsciente juega un papel determinante en el descubrimiento de los
mviles. En lneas generales, las tramas revelan el impacto del cine de
Hollywood, algo que se corresponde, por otra parte, con el contenido general de
la revista que inclua en cada nmero una pelcula adaptada al formato de
historieta. Ms precisamente, la ilustracin de los sueos est inspirada en la
clebre escenografa que Dal habia elaborado para Spellbound de Hitchcock, en 1945 (que en la Argentina se conoci
como Cuntame tu vida). En todo caso,
las aventuras de Daro Malbrn revelan indirectamente el peso que la
cinematografa norteamericana tuvo en la popularizacin del psicoanlisis en la
Argentina y en el mundo.
En
1948 la editorial Abril de Buenos Aires inicia la publicacin de la revista Idilio; presentada como "una
revista juvenil y femenina", inclua como una novedad relatos sentimentales
bajo la forma de fotonovelas (inicialmente traducidas de Italia); tambin
publicaba notas concebidas segun el estereotipo de las revistas del corazn: historias de amor, peripecias sentimentales
de las estrellas de cine, consejos y remedios siempre referidos a la
constelacin de problemas de la belleza personal y los pequeos dramas (o
felicidades) de la vida amorosa.
La
mujer de Idilio es a la vez parecida
y diferente de la de Viva Cien aos.
En principio, el mundo femenino de la revista popular de la salud giraba
alrededor de los deberes de la maternidad y las exigencias de la vida conyugal,
si bien lo haca con la intencin de modernizar tales funciones de un modo que
reconoca en ellas la dimensin (tradicionalmente relegada) de los componentes
psquicos afectivos y ciertas aspiraciones a la felicidad individual. La mujer
de Idilio, en cambio, parece vivir
slo en la esfera de los afectos y, sobre todo, de la magia y la aventura del
amor; en ese sentido, la revista responde sobre todo a esa dimensin imaginaria
(compensatoria, si se quiere) en la que casi no hay lugar para las
obligaciones. Pero, al mismo tiempo, expande y profundiza esa imagen de un ser
entregado a la fuerza de las emociones. En la hiperafectividad, en su condicin
bsicamente emocional (que no se opone a cierta inteligencia basada en la
intuicin y el instinto) radica a la vez su debilidad y su fuerza, en todo caso
su naturalerza radicalmente diferente de la del varn.
Ahora
bien, desde el primer nmero, del 26 de octubre de 1948, la revista inclua (en
un lugar muy destacado) la seccin
"El psicoanlisis le ayudar", a cargo del "Profesor
Richard Rest". Y en la presentacin se ofreca una enumeracin significativa
de los tpicos en los que el psicoanlisis popularizado buscaba impactar en la
comprensin (y la autocomprensin) de la vida personal:
"La
felicidad en el amor, el xito en el trabajo, la alegra y el afecto en la
familia y en la amistad, es decir el fracaso o el xito en la vida dependen
sobre todo de nosotros mismos, de nuestro carcter".
Y ms adelante:
"..cuntas veces
confundimos el destino con algo que est en nosotros mismos pensamientos,
sentimientos, de lo que no nos damos cuenta y que sin embargo nos impulsa a
pensar, sentir y obrar de determinado modo? El psicoanlisis nos brinda el
camino para conocernos a nosotros mismos, para descubrir aquellos complejos
que, ocultos en lo ms profundo de nuestra alma, son la verdadera causa de
nuestra infelicidad".
Por
una parte, los "temas" (amor, familia, trabajo, amistad) cubren casi
completamente las reas en las que se desplegara, en la visin del autor de la
presentacin, una existencia personal orientada al logro de la felicidad; y tratndose de una revista
dirigida a la mujer, es claro que ese imaginario de felicidad individual se
separa de las obligaciones del orden domstico. En segundo lugar, es claro que
aun cuando la ayuda del psicoanlisis apunta a la revelacin y la expresin de
lo ms ntimo e intransferible (expuesto en el sueo, en los recuerdos
infantiles y las fantasas ms frecuentes), la felicidad en cuestin no es un
estado interior y no se separa de cierto valor de "xito" que debe
medirse en resultados socialmente tangibles: noviazgo y matrimonio, amistades,
desempeo laboral. La incitacin que inaugura la seccin est dirigida
explcitamente al pblico femenino:
"Queremos ayudarle a
conocerse a s misma, a fortalecer su alma, a resolver sus problemas, a
responder a sus dudas, a vencer sus complejos y a superarse".
En
ese sentido, ofrece una ayuda personalizada, una atencin a la individualidad
que sin embargo no queda librada a la expresin espontnea en la medida en que
las cartas de las lectoras deben responder a un cuestionario bastante extenso
que inquiere sobre los primeros recuerdos infantiles, las caractersticas de
padres y hermanos, deseos y aspiraciones infantiles, diversiones y amistades,
fantasas, recuerdos feos y lindos, vida amorosa y, finalmente, los sueos: el ms frecuente, el que ha
causado mayor impresin y el ltimo. La seccin ofrece, entonces, un encuadre
de apariencia cientfica (asimilable a lo que la psicologa clnica postulara
para una situacin hipottica de entrevista, pero con un acento puesto en
nociones psicoanalticas) y contribuye indudablemente a presentar al
psicoanlisis como el paradigma de una psicologa clnica cientfica.
Al
mismo tiempo, esa apelacin a lo ms personal adquiere un valor ejemplar que
justifica la publicidad dada a la respuesta, dado que el elenco de cuestiones
sometidas a interpretacin y consejo (y que giran mayoritariamente sobre la
vida sentimental, pero tambin sobre desajustes diversos de la vida familiar y
laboral) resultan bastante representativas de los temas que poblaban la
imaginacin de las lectoras: dudas acerca de la propia capacidad de amar o
acerca del amor que se recibe, dudas acerca de la propia estabilidad o madurez,
confesiones diversas acerca de carencias afectivas en la niez o la juventud,
inseguridades, pensamientos o acciones incomprensibles, pequeos fracasos.
Ahora
bien, si el tpico amoroso evoca inmediatamente el universo de la novela sentimental, hay algunos rasgos
propios que merecen ser destacados. Por una parte, esa justificacin que
introduce el modelo de un conocimiento cientfico de la subjetividad, algo que
viene resaltado por la incorporacin del cuestionario y por la inclusin, a
partir del nmero 2, de un pequeo recuadro titulado "Definiciones de la
Psicologa". A lo largo de los primeros nmeros se ofrecen definiciones de
diferentes conceptos
(inconsciente, represin,
masoquismo, sadismo, exhibicionismo, complejo, proyeccin, ambivalencia,
afectividad, sublimacin, sueos tpicos, yo, super-yo, ello, empata,
hipocondra, sugestin, fobia) que provienen, mayormente, del vocabulario del
psicoanlisis. Pero quiz la diferencia ms importante resida en la cercana
de las lectoras con esas "heroinas" de carne y hueso: las que
contestaban el cuestionario y pedan consejo de alguna manera representaban los
problemas y los fantasmas presentes en la masa annima que no escriba. Y en el
relato de las pequeas historias de vida y los dramas privados remitidos a la
seccin (que conocemos slo a travs de las respuestas del
"Profesor") se enuncian estilos y modos de representacin, rasgos de
una renovada narrativa psicolgica de
alcance popular, que pareca aportar ciertos esquemas de significacin para los
pequeos dramas de la vida emocional en la pareja y los vnculos primarios.
Ahora
bien, bajo el disfraz del Profesor Richard Rest se ocultaban Gino Germani y
Enrique Butelman. Germani era un socilogo y psiclogo social nacido en Italia
que haba emigrado muy joven a Buenos Aires; desde finales de los 50 ser una
figura central de la fundacin acadmica de la sociologa en nuestro pas. En
cuanto a Butelman, formado en filosofa y psicologa, cumplir un papel
destacado en los comienzos de la carrera de psicologa en la Universidad de
Buenos Aires; por los aos de su colaboracin en Idilio era ya uno de los creadores y responsables de la Editorial
Paids. Por otra parte, la revista inclua en cada nmero un sueo ilustrado
por un fotomontaje realizado por Grete Stern, fotgrafa y artista alemana
emigrada, que ha sido reconocida por su obra como una gran creadora de las
artes fotogrficas. Las condiciones y las circunstancias de ese encuentro
inusual de Germani y Butelman con Grete Stern en esa revista ofrecen un caso
ilustrativo de las relaciones novedosas que en esos aos mantenan ciertos
intelectuales y artistas con zonas de la cultura popular o con el periodismo
masivo. Es claro que para los tres se trataba de un modo de ganarse la vida,
pero mientras que Grete Stern (en una actitud que en su caso no era
despreocupacin sino ms bien un rasgo vanguardista) no tena reparos en firmar
con su propio nombre, Germani y Butelman (confundidos bajo el pseudnimo comn
de Richard Rest) seguramente preferan no aparecer vinculados al gnero, poco
prestigiado, de las revistas del corazn.
En
cada entrega, entonces, se inclua la interpretacin de un sueo (que estaba
a cargo de Gino Germani) ilustrado por
el fotomontaje, y se incluan las respuestas a las cartas de las lectoras que
estaba a cargo de Butelman; en efecto, pueden apreciarse las diferencias de
enfoque y de estilo entre las dos producciones. La seccin, que se mantuvi por
muchos aos, segn el testimonio de Butelman, tuvo un gran xito. Las
respuestas a las cartas casi siempre buscaban las claves del problema en la
historia infantil y en muchas casos ofreca a partir de ella una sntesis que operaba
como una "construccin" que daba sentido a las dificultades y los
sntomas. Por ejemplo, en el caso de Pat, "Timidez excesiva ante el hombre
que ama":
"El caso es sencillo a la
luz de sus experiencias infantiles. Su infancia viose siempre ensombrecida por
la figura de su abuelo, terrible tirano de la casa, que prohiba toda
manifestacin de alegra.. Inconscientemente sigue usted a su abuelo; con otras
palabras, formse en usted un complejo que, a travs de toda su vida, la hizo
rehuir toda actividad regocijante.."
(a.2, n.13, 18/1/49)
Por otra parte,
las respuestas transmiten siempre aliento y tienden a reducir la gravedad de
los problemas trados a la consulta; en general (la diferencia es muy clara
respecto del "psicoanalista" de Viva
Cien aos) el consejero tiende a promover una reduccin de los sentimientos
de culpa frente a los propios deseos o conflictos. Ms bien permisivas frente a
la expresin de la intimidad, las intervenciones exponen una moral tolerante,
que admite y fomenta cierta expresin franca de la dimensin sexual en las
fantasas y anhelos. En ese sentido, el valor de la sinceridad en la expresin
de la propia vida interior es correlativa con los consejos que estimulan a
seguir la propia vocacin, independizarse de los padres, revelarse incluso
(discretamente) contra las convenciones. Por ejemplo:
"Usted se halla realmente enamorada de ese mismo hombre
de quien dice con tanta seguridad que no le interesa; el simbolismo de su sueo
es muy claro a este respecto. Las frutas del rbol estn maduras, muy maduras,
a punto de caer; usted teme que caigan y la "ensucien". Su amor
tambin est maduro, pero teme usted que la "ensucie". Deseche tales
prejuicios. Ningn amor verdadero atenta contra la decencia, usted bien lo
sabe, y la corriente de agua cristalina que en su sueno lava los frutos lo
expresa maravillosamente bien" (a.1, n.2, 2/11/48).
Es claro que en ese punto el
conjunto de la revista promueve los temas y las figuras de la mujer nueva, moderna, en busca de una
identidad ms activa y emancipada; algo ha cambiado (y est cambiando) en las
representaciones de la vida amorosa y las formas del cortejo y la relacon
entre los sexos, en particular los jvenes.
Pero
tambin se encuentran intervenciones ms normativas y prescriptivas. En muchos
casos se responde simplemente: Ud. es una persona normal de un modo que
apunta directamente a satisfacer la demanda directa de la consultante acerca de
la "normalidad" de la propia conducta o del conflicto por el que
consulta. Con el mismo propsito se incluyen en la revista diversos tests
destinados a la autoexploracin de las aptitudes y la personalidad, algo que ha
formado parte desde siempre de la psicologa popular. Cuando hay un problema
real, por ejemplo, un defecto fsico, el consejo va en el sentido de sealar la
bsqueda de la "compensacin", de modo que el registro de la
"voluntad" no est ausente. En otros casos, el Prof. Rest expone
esa mezcla ya conocida del psicoanalista salvaje con el moralista tradicional.
Por ejemplo, le arroja a una lectora desprevenida una interpretacin que le
seala una actitud de "protesta viril" al mismo tiempo que le
recuerda que "la esencia de lo femenino" es la maternidad.
Si
esa combinacin de divulgacin cientfica (sobre todo en las definiciones de
trminos) con respuestas de sentido comn, esa mezcla de novedad y
tradicionalismo, asemeja esas intervenciones a las del psicoanalista del diario
Jornada, hay que tener en cuenta que
en hay all una orientacin (y un lmite) establecido por una evaluacin
anticipada de lo que ese pblico pareca capaz de absorber. Una lectora que
est a punto de casarse suea que camina entre su padre y su novio, tomada de
la mano de ambos. La significacin edpica se impone pero en trminos de una
neutralizacin de la dimensin propiamente sexual: no quiere usted
abandonarlo; cree que su matrimonio habr de apartarla por completo de su
padre" (a.1, n.3, 9/11/48). El consejero interviene con la evidente
intencin de apoyar y tranquilizar y por momentos respalda con la autoridad del
experto una respuesta que, ante todo, descansa en el sentido comn; y en esa
funcin le interesa menos la profundizacin de la interpretacin que los
efectos buscados, aunque es dificil medir su eficacia. En consecuencia, el
papel de la sexualidad (que, obviamente, no era desconocido por los autores) si
bien no est ausente, queda en general atenuado y expuesto en trminos que
ponen de relieve los conflictos y los pequeos dramas del universo de las
afectos. Brevemente, un freudismo socialmente aceptable exiga que la dinmica
de la sexualidad fuera traducida en una dramtica
de los afectos.
En
cuanto a la serie de las interpretaciones de los sueos ilustrados, se refieren
siempre a sueos tpicos resueltos por un simbolismo general y fijados en un
ttulo: el sueo de volar, de cada, de fracaso, de frutas, de puertas cerradas, de peligro, de
vegetales. En principio, tanto la clave interpretativa como los consejos se
separan de las significaciones que estn presentes en los fotomontajes de G.
Stern, fuertemente crticos para los ideales femeninos tradicionales. Aunque se
refiere siempre al sueo particular de una lectora, en todos los casos busca
reducirlo al tipo general; de modo que finalmente lo que ofrece la serie es una
especie de "clave de sueos que est mucho ms cerca de las creencias
populares que de la investigacin psicoanaltica. Bsicamente, el inconsciente
posee un saber (casi premonitorio en algunos casos) que se expresa, como un
mensaje cifrado, en el sueo.
El
"Profesor" despliega su saber mediente un desciframiento que es una
traduccin exacta del signicado de acuerdo con un sistema de smbolos fijados
de antemano, si bien ese significado queda asociado a algunas circunstancias de
la vida de la soante. Y aunque el descifrador onrico, cita a Jung (a.1, n.10,
28/12/48) y el estilo de interpretacin simblica, que remite a formas tpicas
propias de una inconsciente colectivo,
posee alguna resonancia jungiana, no puede decirse que se base en un empleo
mnimamente ajustado del pensamiento y el mtodo del discpulo disidente de
Freud. En todo caso, tal como suceda en las respuestas a las cartas, la
reduccin del sueo a formas abstractas y conflictos generales se asocia con la
modalidad de respuesta que evitaba las aristas ms chocantes o conflictivas
para las convenciones morales. El inconsciente aparece, en ese sentido, como un
doble profundo que lo sabe todo y sus intervenciones lo muestran como un yo
latente pragmtico ya que sus
mensajes casi siempre se refieren a lo que la soante debe hacer o evitar. Y el
psicoanalista viene a ser la exacta prolongacin de ese inconsciente
pragmtico, orientado en todo caso a completar la eficacia del mensaje con el
esclarecimiento y el consejo explcito. No hay lugar, entonces, para efectos
crticos o ambigedades (las que estn mucho ms presentes en las imgenes de
Grete Stern) dado que el encuadre cientfico y teraputico sirve, finalmente, a
ese relieve del consejo, casi siempre
sentimental, que se refiere a decisiones ms o menos inminentes. Estos rasgos
corresponden a caractersticas propias de ese gnero de la psicologa popular que los consultorios
epistolares contribuyeron a fundar y evidentemente los autores (que tenan
conocimientos como para hacer otra cosa) slo se ajustaban a esa preceptiva. De
modo que finalmente la funcin de divulgacin, que se cumpla sobre todo por la
inclusin del diccionario breve de trminos, queda reducida a un lugar
secundario y derivado respecto de la respuesta directa a la consulta.
A
modo de conclusin
En
la incorporacin del dispositivo de los "consultorios epistolares" y
la difusin de un psicoanlisis popular, adecuado a las funciones del consejo
psicolgico o sentimental, se intersectan condiciones, objetivos y motivaciones
diversas. Entre la divulgacin, el periodismo de color y la narrativa
sentimental, lo que se ofrece es una produccin discursiva que mezcla y
superpone tpicos y registros. En sus aspectos menos novedoso se ofrece como
consejo mdico e higiene mental, educacin familiar y vulgarizacin psicolgica
y psiquitrica. Al mismo tiempo, se implanta como un saber que anuda una
relacin estrecha, originaria podra decirse, con los malestares y las
peripecias de la vida amorosa. Lo destacable, en esa direccin, es el surgimiento
de las confesiones en torno de la felicidad ertica y la vida sexual, de un
modo que, a menudo, introduce un enfoque distanciado de la concepcin
mdico-social centrada en la higiene
del matrimonio y la familia.
El
psicoanlisis, en ese marco, aparece sobre todo como un saber sobre el instinto
y las fuerzas interiores que escapan al control de la razn y la moral
convencional. En una de sus facetas, como ciencia
de los sueos, se abre al territorio casi fantstico del yo profundo, un
ncleo bsico de la personalidad dominado por los afectos y la fuerza de
motivaciones que imponen una verdad propia, singular, que slo se revela en el
curso de una narracin que compromete al sujeto. Es claro, por otra parte, que
el componente mayor de esa reorientacin autoanaltica es la complejidad de las
pulsiones amorosas y, en este sentido, el psicoanlisis se destaca como una
moderna ciencia de la sexualidad y la
vida ertica. Que la pasin del amor suscita un retraimiento sobre s, una
interminable vuelta sobre el yo, ocupado por las ensoaciones referidas al
objeto amado, es una vieja condicin particularmnte reconocida, por lo menos,
desde el discurso moderno sobre el amor y las pasiones. Si, como es sabido, los
sueos y la sexualidad quedaron reunidos en el nacimiento de la obra freudiana,
no llama la atencin que en su expansin popular en Buenos Aires (como, por
otra parte, en el resto de Occidente) el psicoanlisis se haya implantado sobre
todo como ciencia y mtodo de interpretacin de la vida onrica y de esclarecimiento
de la vida ertica.
Y
si el psicoanalista popular viene, en parte, a ocupar el lugar del viejo mdico
higienista, puede decirse que lo ms importante es que promueve condiciones
distintas del lado del consultante, en el sentido de esa posicin de
autoindagacin, de narracin de s, de bsqueda de un depositario y una escucha
para el drama ntimo puesto en palabras. Aun cuando la disposicin de los
especialistas no sea particularmente receptiva para esas demandas, lo ms
destacable, en todo caso, es ese mayor protagonismo del consultante (limitado
por el diseo propio del dispositivo periodstico) que se distingue del rol ms
bien pasivo del destinatario del discurso de la higiene mental. Pero es claro
que no se trata de una ruptura ntida, no se produce una brusca desaparicin
del viejo mdico sabio que aconseja desde un lugar de indiscutible autoridad:
el psicoanalista pop nace dentro de la tradicin divulgadora y educativa del
higienismo. En todo caso lo novedoso reside en que hace su camino entre el
mdico higienista y el consejero sentimental, a menudo sostenido en los tpicos
comunes de esos gneros, a veces introduciendo variaciones mnimas, sin
revelaciones espectaculares. Y la primera innovacin, entonces, es que por esa
superposicin con los tpicos del higienismo los problemas del corazn quedan
legitimados y destacados. Parece claro, por otra parte, que las demandas
recibidas dan cuenta de insatisfacciones y aspiraciones de cambio a nivel
individual, relacionadas a situaciones de la vida ntima, sobre todo amorosa;
tienen en comn un desplazamiento a la interioridad:
el "yo" y sus componentes (deseos, anhelos, frustraciones) tiende a
ser constitudo en un polo de referencia central en la significacin de la
propia accin. En este terreno, se otorga un valor creciente a una idea expresiva de s mismo, a un cierto ideal
de autenticidad que reside en las
profundidades del alma: se trata de ser uno mismo, tener una personalidad
propia, aportar un sello, una marca personal a lo que se hace y lo que se es. Y
las cartas sostienen, en esta dimensin, una demanda de reconocimento que es
del orden de la revelacin de s, incluso de lo misterioso o lo menos
aceptable; algo que se pone particularmente en evidencia en el relato de los
sueos. Al mismo tiempo, esa novedosa exploracin del mundo interno no conceba
al yo de una sola manera; y no eluda
una consideracin psicolgica de sus facetas utilitarias: el xito y la afirmacin frente a los dems; del
"yo" ntimo al carcter
exhibido se despliega una trama a la vez individual y social de relaciones y
papeles, de temores y anhelos. El resultado es un espacio de identidad
psicolgica atravesado por tensiones. De un lado, la formacin de la voluntad
orientada al xito segn parmetros sociales; del otro, el despliegue
expresivo, la revelacin de s mismo en las profundidades de un yo emocional en
el que, sin embargo, no dejan de refractarse valores y aspiraciones de la
socialidad burguesa.
Ahora
bien, como ha sido sealado, esas demandas, que en principio fundan el gnero, nacen de un pblico
bsicamente femenino, algo que es muy explcito en el caso de Idilio (que ofrece las fuentes ms
extensas y ms prolongadas) ya que es una revista creada para la mujer. Se hace
necesario, entonces, abordar las caractersticas y las condiciones de esa feminizacin de la consulta popular al
psicoanalista. En principio, ese repliegue sobre la intimidad se refiere sobre
todo a los rasgos (y aspiraciones) de un yo
femenino que aparece volcado sobre el plano de una realizacin emocional
"interna", de un modo que expone un perfil ms complejo de las ideas
y autopercepciones de la mujer y su posicin en la familia y la sociedad.
Parece evidente que interviene un proceso de ms largo alcance que pone en crisis
los lugares y las representaciones tradicionales de la familia: ese movimiento
de cambios en las significaciones de la familia y el individuo, el cuerpo, la
sexualidad y la existencia afectiva, constituye el zcalo de esa implantacin
de un freudismo popularizado que queda situado como un saber especfico (una
versin a la vez moderna y eficaz de la vieja psicologa) y capaz de ofrecer
alguna iluminaci sobre las crisis de la
vida ntima.
Vale
la pena destacar que la difusin de un psicoanlisis popular produce efectos
que son, en principio, ambiguos; de modo que es preciso precaverse de la
tentacin de atribuirle un sentido nico, sea en la direccin de la
emancipacin, sea en la del disciplinamiento femeninos. En efecto, en las
significaciones diversas que se anudan en las figuras de la mujer se reunen
tanto lo viejo como lo nuevo de la popularizacin del freudismo. Y las
significaciones tradicionales de las obligaciones domsticas (refugio afectivo
del esposo, educacin primaria y crianza de los hijos) quedan extraamente
superpuestas con las representaciones del infortunio amoroso y la matriz, en s
misma poco novedosa, del consultorio sentimental. Es claro que, en una de sus
facetas (y esto es explcito en el psicoanalista de Viva Cien aos) esa expansin hacia el pblico femenino se propone
como una "higiene" psicolgica y moral que sera la exacta extensin
de la medicina mental sobre los viejos problemas de la mujer en la familia, el
matrimonio y las obligaciones de la crianza. Y sin embargo, no es seguro que
los efectos de ese discurso, que al mismo tiempo destacaba la importancia del
carcter y los afectos, fueran exactamente los buscados. Los usos del psicoanlisis plebeyo, en ese
sentido, parecen operar efectos heterogneos, a partir de esas demandas
diversas que en el mejor de los casos se extienden a una posicin de
autoindagacin y enunciacin de s. Es claro que esa vuelta sobre s mismo
puede referirse a diversos tpicos y experiencias, entre el ncleo de las obligaciones domsticas (que destacan
el papel del saber psicoanaltico en la modernizacin de las funciones de
crianza) y el de las aventuras del deseo
amoroso. Al mismo tiempo, no puede desconocerse un uso que alimenta la
inteligencia, que comienza por la implantacin de un vocabulario y promueve la obligacin (como deca George Dumas) de
conocerse como una condicin del conocimiento y la accin eficaz en el mundo
humano
Ahora
bien, si el nacimiento de la familia
psicolgica se corresponde con el estrechamiento sobre el tringulo bsico
padre-madre-hijo, la intensificacin de los afectos y el relieve de la
personalidad y los motivaciones individuales, el lugar del nio resulta fundamental. Y en el personaje infantil (que siempre
encarna una promesa hacia su futuro de adulto), en su encarnacin moderna al
menos, coexisten en tensin la criatura que debe ser disciplinada y coaccionada
y el sujeto primario de deseo que
encarna, simboliza podra decirse, ese yo profundo que busca revelarse en
algunas de las confesiones dirigidas al consultorio epistolar. Es claro que
entre las imgenes del nio y las figuras de mujer se trazan relaciones y
equivalencias. El nio es el centro de una literatura sobre la crianza que,
como es sabido, se constituy en una de las vas ms importantes de la recepcin
y la difusin de la psicologa popular en Occidente. En ese sentido, cierto
freudismo de masas encuentra su lugar en la ampliacin y la proliferacin de la
clula bsica madre-hijo. Pero el infante es tambin el sostn de ese nio
fabuloso, pequeo mito fundamental de la narrativa psicoanaltica sobre los
vnculos tempranos, el Edipo, la castracin y todo lo dems: es el nio
interno que pervive en el centro mismo del yo profundo. De modo que, como ha
sido sealado por Christopher Lasch, si en la concepcin tradicional el nio
era pensado desde el adulto, como el germen de un adulto, en la nueva cultura teraputica que el psicoanalisis
contribuye a implantar en el mundo contemporneo, es el adulto el que tiende a
ser concebido como un nio latente. Como
sea, en la vieja asociacin de la madre al hijo las representaciones de la
mujer reciben el peso de la hiperemocionalidad (la hiperpsicologicidad, podra decirse) que van a cargar el imaginario
del deseo femenino, ms cerca de ese fondo infantil de pulsiones ms o menos
ingobernables, que nunca queda del todo atrs, y que es el sostn ltimo de la
identidad profunda del yo.
Brevemente,
entonces, si hay un espacio de significacin para un inconsciente popular, reducto de pulsiones y deseos que giran en
torno de la sexualidad, ese inconsciente es a la vez infantil y femenino. Y el
rasgo distintivo del deslizamiento a la posicin femenina (que obviamente puede
ser ocupada por un hombre) reside en el imaginario de la pasin amorosa, que
encontrara su expresin plena en la sexualidad de la mujer. Por otra parte,
tambin la literatura sexolgica (una de las vas fundamentales de recepcin
del freudismo) se refiere al deseo sexual representacin de la pasin en su
puro carcter, a la vez imaginario e ingobernable, que se impone sobre los
lmites de lo real como un atributo de la mujer, puro sujeto de deseo y de
imaginacin.
Finalmente,
si ese lugar de demanda que revela el dispositivo del consultorio epistolar es
decididamente femenino, en lo que no aparece (la vida social, el trabajo y la
creciente exposicin de la mujer en lugares tradicionalmente masculinos) se
pueden conjeturar las condiciones ms generales: la crisis de los lugares
tradicionales. Y si diversas figuras de mujer (madre preocupada, novia perpleja
o esposa en crisis, enamorada o soadora sentimental) dominan la recepcin
popular del psicoanlisis, en los mismos tpicos coexisten los viejos temas (el
mundo real de la mujer se reduce a los hijos y el hogar; su mundo imaginario se
abre a la interminable ensoacin amorosa) con los signos, incipientes, de una
posicin nueva en la pareja; algo que no puede separarse de los indicadores de
creciente emancipacin social y de los cambios culturales que acompaan el
nacimiento de las representaciones de la mujer
moderna. La prensa (el propio diario Crtica),
las nuevas revistas y, sobre todo, el cine de Hollywood cumplan en ese sentido
un papel muy destacado en la implantacin cultural, de masas, de un nuevo
estilo de feminidad.
En
todo caso, esa feminizacin del consultante aparece como un rasgo estructural
en la divulgacin popular desde los 30 a los 50 (aun cuando en algunos casos
son hombres los que ofrecen su confesin) y ofrece un punto de mira importante
para un anlisis del boom del psicoanlisis
en la cultura que se producir en los 60; en especial a travs de la masiva
presencia femenina en la carrera de psicologa. Y si hay que ver en esas
confesiones y demandas, en las que afloraba el deseo tanto como la represin,
los albores de la revolucinsexual en la Argentina, lo menos que puede
decirse es que sus alcances parecen bastante mdicos. Finalmente, lo que las
fuentes exploradas sacan a luz es la mezcla, la coexistencia de viejos y nuevos
valores y actitudes. En todo caso, ese espacio de confluencia de las
obligaciones hacia los hijos y el matrimonio,
los malestares de la vida ertica y la escena de los impulsos
inconsciente, se convierte en un terreno de manifestacin de una crisis
cultural ms amplia que se extiende desde bastante antes y que seguir
produciendo sus efectos hacia los aos 60.
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