Isabel I, Lady Macbeth, Eva Peron

Hugo Vezzetti


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Marie Langer construye, inadvertidamente, una serie de dos trminos, de Eva Pern a Isabel I, en su exploracin de figuras femeninas que son a la vez estriles y ms "fuertes" que los hombres de su tiempo. Y lo hace en el marco de una de las creaciones mayores del primer psicoanlisis argentino: la constitucin de un dominio de pensamiento y de investigacin sobre los problemas de la maternidad.

 

Isabel I

Isabel I es la nica hija de Enrique VIII y Ana Bolena y su destino, en el relato de M.Langer, se cumple en una crnica desgraciada de mujeres que sucumben en el cumplimiento de sus funciones reproductivas.[1]

[ El universo de la culpa jugado exclusivamente en el registro de las "deidades maternas".

"La mujer quiere tener un hijo por una necesidad biolgica y lo quiere tener por mltiples causas psicolgicas. Pero una de stas ser siempre demostrar que ella es buena, intacta y libre de culpa" (p.25)].

La primera en la lista de las sacrificadas por su fracaso materno es Catalina de Aragn, repudiada por Enrique porque no fue capaz de darle un hijo varn; di a luz a una nia, Mara, y fuera de ella slo tuvo hijos muertos. El destino de Ana Bolena fue, como es sabido, aun peor. Luego del nacimiento de Isabel qued nuevamente embarazada y abort el hijo varn que poda salvarla, el mismo da en que se celebraban los funerales de Catalina, a quien haba suplantado en el trono y en la alcoba real. Luego termin ejecutada, acusada de adulterio e incesto con su hermano, cuando Isabel tena dos aos y ocho meses. Enrique tuvo un hijo con Juana Seymour, la tercera esposa, muerta en el parto; repudi a la cuarta e hizo ejecutar a la quinta. Finalmente, Catalina Parr fue la ltima de las seis mujeres del rey y una suerte de segunda madre para Isabel. Convertida en reina madre durante el breve reinado del nico hijo de Enrique, muri tambin despus de un parto.

La narracin histrica transmitida por Langer est animada, entonces, por el hlito de la tragedia en un universo dominado por la centralidad de las funciones maternas. El drama contina con el fracaso de Mara, la hija de la Catalina de Aragn, quien fue reina antes que Isabel; se cas con Felipe de Espaa (como su madre) e impuls el retorno de Inglaterra al catolicismo. Haba reintegrado el reino a la fe catlica y esperaba el hijo que sera la manifestacin del beneplcito divino. Sometida a una verdadera ordala, el resultado fue un fracaso: en dos oportunidades tuvo falsos embarazos. Una compleja trama de fantasmas e identificaciones cruzadas con su madre, Catalina, y con Ana Bolena ‑la "madre mala" vengativa‑ ambas muertas casi simultneamente, interpreta Langer, interfieron con su proyectada maternidad:

[ "Catalina, la buena, haba perdido el trono por no tener otra descendencia que ella o hijos muertos. Ana, la mala, por no haber llegado al final de su embarazo. Ella, estril, iba a caer vctima de complots e intrigas. La solucin, absurda en un plano racional pero que le daba un tiempo ms de respiro y seguridad, era un embarazo interminable que negara la culpa y mantuviera las esperanzas" (40). Enferma y abandonada por su esposo Mara reconoci a Isabel como su heredera y muri poco despus. Isabel, ahora reina, parece haber extrado algunas enseanzas de los fracasos de su antecesora: va a reestablecer la religin anglicana (que simbolizaba la unin de sus padres) y nunca va a casarse. Sin embargo, se enamora dos veces y dos veces est a punto de ceder al destino matrimonial que fue la perdicin de las mujeres que pueblan esa trama. La primera, a poco de ocupar el trono, fracasa porque la esposa de su enamorado, Robert Dudley, se quita la vida: otra mujer en su camino que encuentra una muerte anticipada, de la que ella se siente responsable. Despus de eso, afirma nuestra psicoanalista, Isabel acenta su identificacin con su padre y reina como un hombre.

El segundo enamoramiento, a los 45 aos, con un hombre que puede ser su hijo, se frusta por razones de Estado. Algo del orden de la maternidad sobrevuela esa relacin frustrada, sea porque fue la ltima oportunidad de ser madre, sea porque el amado ocupe el lugar del hijo que nunca tuvo. Finalmente, otra mujer, Mara Estuardo, muere ejecutada por voluntad de Isabel quien repite as, interpreta nuestra psicoanalista, en una identificacin con su padre implacable, el gesto que envi a su madre al patbulo. Mara Estuardo representara la figura de su madre, frtil y cargada de sexualidad, especula Langer, y aunque no lo dice explcitamente, es claro que la construccin de esta tragedia femenina, abierta por el asesinato de una mujer ‑Ana Bolena‑ que fracasa en su funcin materna regia, se cierra por repeticin: Ana es sentenciada y ejecutada nuevamente, pero esta vez la madre muerta ha dejado su heredero. E Isabel va a nombrar a Jacobo, el hijo de Mara Estuardo como su sucesor en el trono. Antes haba hecho ejecutar al conde de Essex, su favorito.

Aqu se cierra la construccin de Langer, quien no atribuye a la designacin del hijo de Mara Estuardo como sucesor otra significacin que la habitual: logr la unin de Inglaterra y Escocia bajo la religin anglicana. Y aqu empieza, como veremos, la de Freud. Pero antes, cabe interrogar la visin de la maternidad que sostiene el relato psicoanaltico de Marie Langer. Al pasar consigna que Isabel es como Palas Atenea; no tena padres o ms bien slo uno: el rey a quien se fue pareciendo cada vez ms fsicamente. Pero, qu papel jugaba esa identificacin a un padre que fracasaba una y otra vez en su voluntad de fundar un linaje? Marie Langer no se aventura mucho en esa direccin; en todo caso interpreta el reinado exitoso y prudente de Isabel (salvo en las ejecuciones de Mara Estuardo y del conde de Essex) como una derivacin de la "renuncia": "Gracias a su renuncia [a la descendencia] y al deseo de reparacin, rein con capacidad de hombre como reina virgen" (p.51). Pero si esto es as, la cuestin de la filiacin ocupara un lugar mucho ms central que el que resulta de esta historia reiterada de madres llevadas al sacrificio.

("Cinco mujeres desgraciadas en su fin influyeron sobre Isabel y la obligaron a renunciar al amor y a la maternidad", p.50). En trminos puramente hipotticos (no tengo intenciones de sumarme a la tarea imposible de un psicoanlisis de la reina Isabel) cabra explorar las circunstancias en las que Isabel, designando ella a su sucesor, elude la ley de la filiacin por va paterna y, finalmente, triunfa sobre el padre sin someterse a una maternidad natural (y sin ceder a la presin de sus consejeros) que diluira esa posicin de poder nico y no compartido.

La eleccin de no casarse y reinar sola puede ser interpretada como una renuncia unicamente si se presupone una cierta orientacin natural del deseo femenino. Esa era la idea de Marie Langer, y tambin la de Freud con su famosa equivalencia pene-hijo. Ahora bien, elegir ser soberana absoluta, como su padre, puede suponer menos una renuncia que una afirmacin de una pulsin de poder que habra sido la condicin, en todo caso, de eludir el destino de la serie de mujeres desgraciadas en el ejercicio de su maternidad.

 

Lady Macbeth

Tambin Freud se ocup de Isabel I en relacin con la esterilidad. En una carta a Lytton Strachey, en 1928, revela una razn poderosa de ese inters por "la reina estril": supone que es ella la que inspir a Shakespeare el personaje de Lady Macbeth. La identificacin entre ambas, especula Freud, debi ser evidente para el pblico que escuchaba en la obra "La reina ha muerto" y poco antes haba vivido la muerte de Isabel; pero lo que interesa centralmente a Freud, puede decirse, es ms la obra literaria que el referente histrico. Shakespeare, "el gran psiclogo" le ofrece una exploracin del universo de la culpa; ha tomado los remordimientos de Isabel (por las ejecuciones de Essex y de Mara Estuardo) y en su elaboracin dramtica desdobl a Isabel en los dos personajes complementarios del drama: Macbeth y Lady Macbeth.[2]

Es Lady Macbeth, entonces, ms que Isabel I, la que resulta colocada en el centro de esas operaciones de interpretacin y teorizacin que Freud desplegaba a menudo a partir del saber que reconoca en la creacin literaria. En realidad, se haba ocupado ms extensamente del personaje de Shakespeare varios aos antes.[3] Lady Macbeth representa para Freud un caso ejemplar de "los que fracasan cuando triunfan". En efecto, como explicar el derrumbe de Lady Macbeth precisamente cuando sus ambiciones de poder aparecan colmadas?

Aqu Freud interpone un desvo a la situacin contempornea a la obra: la coronacin de Jacobo como sucesor de Isabel, es decir del hijo de Mara Estuardo. La reina estril, propone el maestro viens, habra resultado finalmente derrotada por su odiada rival por la sola potencia de la fecundidad. Curiosa interpretacin freudiana que parece poner a la funcin natural de la maternidad por encima de la filiacin simblica que Isabel instituye eligiendo a su sucesor. Ese "testimonio de la maldicin de la esterilidad y de la bendicin de una generacin continuada" viene a ser, para Freud, el conflicto que ordena la trama de Macbeth.

Es cierto que en este punto de la "construccin" ofrecida por Freud el eje se desplaza a la cuestin del linaje, es decir de la descendencia exigida centralmente por la ley del padre. En efecto, de acuerdo con la profeca de las Parcas, Macbeth sera rey pero no lo seran sus hijos; en cambio, Banquo no alcanzara la corona pero sus hijos seran reyes. Y el curso ulterior de los acontecimientos parece acentuar el paralelo con Isabel y Mara Estuardo: la reina imposibilitada de procrear un heredero habra asesinado a su rival as como Macbeth lo hace con Banquo. Freud no sigue explorando ese paralelo que lo hubiera obligado a enfrentarse con un hecho que no encaja con su tesis de "la maldicin de la esterilidad": Isabel elige a su sucesor y unge al hijo de su rival, algo que es muy distinto de la derrota y muerte de Macbeth a manos de quien va a sustituirlo.

Leda la decisin de Isabel en trminos de racionalidad poltica es claro que logra unificar Inglaterra y Escocia y extender la unidad religiosa anglicana. Leda en terminos de la dramtica personal ("edpica", podra decirse) de la relacin con Mara Estuardo, puede decirse que al ungir a su hijo establece, retroactivamente, un particular vnculo amoroso y de alianza entre ellas: la procreacin imaginaria de un hijo de dos reinas sin participacin de varn. En cualquier caso, el juicio sobre la derrota de la estril frente a la frtil slo puede sostenerse a partir de un postulado bsico que imponga la preeminencia de la maternidad como valor natural en la realizacin existencial de la mujer.

Pero el asesinato de Banquo, muestra, para Freud, que el tema central de la obra no se agota en la ambicin personal, sino que se proyecta a la continuidad de su linaje: "fundar una dinasta" es algo que pone en juego la posicin y la relacin al padre y en ese punto la posicin de Lady Macbeth es inseparable de la de Macbeth. El sentido de la tragedia estara recorrido por la reiteracin de esa relacin: el primer asesinato, de Duncan, sita un parricidio en el origen de la tragedia. Las muertes que siguen reiteran esa relacin dominante: ha matado a Banquo porque no pudo hacerlo con su hijo y en cuanto a Macduff, mat los hijos porque no pudo matar al padre. Finalmente la figura del vengador, Macduff, es el hijo de Duncan que no naci de su madre sino que fue extrado de sus entraas.

A diferencia de esa versin cerrada de la rivalidad por la fecundidad entre Isabel y Mara Estuardo, el desplazamiento al drama shakespeareno le permite a Freud colocarse en el terreno que mejor conoce. La esterilidad de Lady Macbeth sostendra, en esa trama, el castigo por los crmenes contra la reproduccin y el linaje, formas derivadas, finalmente, de una matriz originaria: el parricidio. Y si el desmoranamiento de Lady Macbeth viene como consecuencia de su esterilidad culpable es porque en el origen hay un crimen contra el padre como polo fundador de una descendencia legtima.

Sin embargo, hay algo que no encaja en la impecable argumentacin freudiana, y que el creador del psicoanlisis, como de costumbre, no quiere eludir. La historia transcurre aproximadamente en una semana, de modo que el plazo es demasiado breve como para que la ausencia de descendencia de Macbeth pueda constituirse en un elemento de peso. Freud intenta defender la verosimilitud de su construccin por la va de recordar que Shakespeare ha tomado el tema de una crnica anterior en la que transcurren diez aos, sin descendencia, entre el ascenso de Macbeth al trono y los asesinatos en serie. Pero, finalmente, concluye Freud, si entre el primer crimen y la locura melanclica de Lady Macbeth slo transcurren unos das, no hay una explicacin convincente para ese derrumbe.

En todo caso, especula el creador del psicoanlisis, el dramaturgo ha dividido en dos a un personaje nico y los Macbeth resultan ser las partes complementarias de un solo carcter: Macbeth muestra inicialmente rastros de culpa, mientras ella se muestra decidida e implacable, pero luego es Lady Macbeth y no el rey la que cae en la locura y el delirio, de un modo que hace pensar que la culpa y el remordimiento simplemente se han trasladado de uno a la otra; si se los toma como un sujeto nico se tornaran inteligibles las formas del proceso psicopatolgico. Pero con esa unificacin queda eludida la posicin peculiar de la reina y la interpretacin se orienta hacia el terreno freudiano bien conocido del parricidio ejecutado por un hijo varn. No intento proseguir por esa va. Me basta el boceto apuntado acerca del tratamiento por Freud de la esterilidad, desplazado entre la exploracin del territorio materno y la instauracin de la ley del padre, es decir, duplicado entre la tesis histrica favorable a la fertilidad triunfante de Mara Estuardo como valor materno primario y la interpretacin del drama literario que recoloca la problemtica en el universo de la culpa derivada del asesinato de padre.

 

Eva Pern

Eva Pern, dice Marie Langer, sostuvo hasta su muerte a un "dolo con pies de barro", a saber, el General Pern. Pero el camino que la llev a esa proposicin es ms importante que la tesis histrica misma que, por otra parte, no era original en el momento en el que la formul. Con "El mito del nio asado", luego extendido hasta abarcar "otros mitos sobre Eva Pern", nuestra psicoanalista incursiona en un cruce con la antropologa, en este caso el anlisis de mitos y leyendas. Al mismo tiempo, ese trabajo, escrito en dos tiempos, es un ejemplo casi nico de psicoanlisis poltico surgido de ese ncleo de pioneros de la disciplina freudiana que se caracteriz, hasta fines de los sesentas, por un estricto resguardo apoliticista. La primera versin, de 1950, gira en torno de la categora kleiniana de la "madre mala" y con algunas pocas modificaciones se integr bajo ese ttulo a Maternidad y sexo; la segunda, publicada en 1957, se extiende sobre un anlisis de se y de otros "mitos" alrededor de la figura de Eva Pern. Recin aqu revela lo que, segn la autora, tena presente ya en su primer trabajo pero que no pudo publicar por las condiciones represivas de lo que llama la "dictadura de Pern".[4]

Hacia 1949 se haba difundido una historia siniestra por la ciudad, que todos tomaban por verdica aunque nadie poda precisar su origen. Una sirvienta queda a cargo de un nio pequeo cuando sus padres salen de noche; cuando regresan la muchacha los recibe ceremoniosamente, vestida con el traje de novia de su patrona y les anuncia una sorpresa en el comedor. All se encuentran, en medio de una mesa puesta con el mayor esmero, a su hijo asado servido en una fuente. El relato es en realidad muy antiguo pero Langer lo toma como un "mito moderno", segn una expresin que recoge de un libro de Marie Bonaparte sobre los "mitos de guerra".

La historia es examinada y analizada en sus diversas variantes y puesta en relacin con otras similares tomadas de la mitologa o recogidas en su consultorio. Pero lo importante es que trabaja sobre ella en dos direcciones. Por una parte, es la ocasin de un extenso tratamiento de las tesis de Melanie Klein acerca de las imagos maternas. Bsicamente, la sirvienta representa una imagen rebajada de la "madre mala", construda en el mundo fantasmtico de las relaciones infantiles primarias en el marco del "Edipo temprano". Y todas las variantes de relatos que insisten en la situacin de un hijo vctima de la agresividad oral de su madre remiten a un conflicto primordial: la voracidad de los impulsos destructivos del infante ‑inseparables del amor insaciable, la dependencia y la posesividad excluyente‑ hacia esa figura que lo gratifica y lo frustra. Ese es el "crimen primitivo", que se juega en la dramtica de las relaciones objetales con las imagos maternas, y que viene a ser la rectificacin kleiniana, en la versin de Marie Langer, del mito originario del asesinato del padre propuesto por Freud. Y la proyeccin del hambre agresiva sobre las representaciones primarias del objeto primordial retorna bajo la figura siniestra de la madre criminal.

Pero hay otra direccin del anlisis del relato del nio asado, que est sealado y queda sin tratar en esa primera versin. Langer presenta a los "mitos modernos", siguiendo a Marie Bonaparte, como formaciones que "sirven para elaborar en forma disfrazada situaciones de angustia colectiva y los conflictos subyacentes". La psicoanalista francesa se haba ocupado de historias que circulaban durante la guerra y en ese caso las condiciones colectivas subyacentes resultaban, en principio, fcilmente identificables Cual poda ser el contexto colectivo que enmarcaba ese pequeo mito en las condiciones de Buenos Aires en 1949? Recin en 1957 se expone, y a la vez se ampla, ese anlisis en direccin a una exploracin, enteramente novedosa, de la dimensin poltica de los mitos sociales, algo que slo se hizo posible despus del golpe institucional ocurrido en 1955. En efecto, el tema central del examen ya no es la "madre mala" sino Eva Pern y el deslizamiento es significativo de una posicin intelectual e ideolgica frente al rgimen peronista y al papel que Evita cumpla en l. Segn cuenta nuestra psicoanalista, la asociacin del relato del nio asado con el momento poltico y la figura de la primera dama, no estaba presente en su anlisis inicial, sino que surgi en el curso de una "acalorada discusin" en la APA, en la que ella manifestaba sus dudas y el resto, Arnaldo Rascovsky en particular, insista en indagar ese relato en el contexto de "la dictadura de Eva Pern, madre todopoderosa y desptica que dominaba a todos" (p.95).

En esa brusca reinterpretacin, Marie Langer encuentra el impulso para extender su anlisis de un modo que revela, por un lado, su disposicin a hacer pblico lo que el crculo psicoanaltico habitualmente eluda, el cruce del psicoanlisis con la poltica. A la vez, aunque parece claro que no simpatiza con el personaje analizado, busca una posicin equidistante al tratar de situar su punto de mira en lo que comparten tanto los adoradores como los difamadores de Evita. Su figura y su trayectoria pblica, como "pantalla de proyeccin", poda simultneamente contener a la sirvienta, de extraccin social humilde, dispuesta a cuidar y servir y a la imago siniestra de la madre que devora a sus hijos.

Las dos imgenes opuestas de Evita instaladas en la escena poltica, la contradiccin aparentemente irresoluble entre la santa y la perversa amoral, vienen a ordenarse en el enfoque langeriano en tanto se corresponden con las dos caras de la imago primaria. Detrs de la idealizacin extrema de sus fieles que difunden el relato del nio asado se esconde la versin terrorfica, que exponen sin saberlo; en cuanto a sus enemigos, si podan expresar sin disfraces la leyenda negra sobre Eva Pern no era menos cierto que, en lo latente, repriman la contrafigura correspondiente a la madre dadora y omnipotente. Esa versin siniestra incluy, recuerda Langer, un rumor propalado, cuando Eva Pern ya estaba enferma, que muestra una afinidad notable con la historia de la sirvienta asesina; Evita necesitaba sangre joven que le era procurada en los hospitales, razn por la cual los nios y jvenes que se atendan en ellos corran un riesgo mortal. "Pecho inagotable" que todo lo da o "boca insaciable" que devora y succiona, la angustia primaria habra operado como un sustento comn de los chistes polticos ‑que se referan explcitamente a la esposa del presidente‑ y de los pequeos mitos relativos a la madre mala.

A pesar de que Marie Langer anuncia que no se propone escribir un anlisis poltico, incursiona en un examen de las representaciones sociales de la figura de Evita que implican un cambio de registro respecto de esa inicial presentacin divulgadora del kleinismo. En efecto, Eva Pern haba encarnado sucesivamente personajes diversos que alimentaron el imaginario social popular. Primero fue una moderna Cenicienta, la mujer de pueblo que encontraba su prncipe y se eleva hasta compartir el trono; luego fue Harun Al Raschid, movindose entre la masa y dispuesta a dar satisfaccin a los deseos de todos. Finalmente, afirma Langer, construy deliberadamente un "mito oficial", La razn de mi vida, que la presentaba como la madre buena idealizada, que no tiene hijos propios para ser una mediadora ms eficaz entre los anhelos de los seguidores y el poder del lder. Es la poca en que cambia su aspecto y adopta una apariencia sobria que contrasta con los rasgos de seduccin que le haban permitido, como a la Cenicienta, conquistar a un poderoso; ahora es la "dama de la esperanza", desprovista de erotismo, y se ofrece a sus seguidores como quien "por su sacrificio redime a su pueblo" (p.99).

La renuncia forzada a la vicepresidencia precipita la enfermedad mortal, afirma nuestra autora, en un todo de acuerdo con las convicciones que transmiten sus anlisis psicosomticos de los trastornos corporales asociados a la maternidad. En esta extensin de su estudio ya no trata de los mitos sobre Eva Peron sino de las condiciones inconscientes de su enfermedad y muerte, colocadas en el horizonte de un sntoma que es la vez individual y colectivo. Y aunque no lo enuncia con todas las letras, el marco de su interpretacin apunta a las circunstancias que frustran la consumacin de un fantasma de maternidad; si Evita no puede ser la madre institucional al lado de Pern, si, ms aun, la accin de los opositores que bloquearon su candidatura provoca una lesin irrecuperable a su lugar simblico primario y pleno, el desenlace la empuja al lugar de mrtir: es la "madre muerta" destinada al altar. El desenlace habra arrastrado a Pern, que perdi con la desaparicin de Evita la fuente de un poder sostenido en ese imaginario familiar en el que el lugar del padre se sostiene como una derivacin de la omnipotencia materna. Y en esa traduccin de un drama poltico colectivo a los trminos de un relato maravilloso dominado por una deidad materna, Marie Langer no slo excede los lmites de la vulgata kleiniana sino que produce uno de los trabajos ms notables de la literatura psicoanaltica argentina.

 

 

 

NOTAS:

 

[1] "Isabel I, reina de Inglaterra", Conferencia dada en la A.P.A. en setiembre de 1954, publicada en Rev.de Psicoanlisis, 1955, XII:2. Sigo la edicin includa en M.Langer, Fantasas eternas a la luz del psicoanlisis, Buenos Aires, Horm, 1966.

[2] E.Freud, L.Freud e I. Grubrich-Simitis (comp.), Sigmund Freud, Buenos Aires, Paids, 1979, p.249.

[3] Vase "Algunos tipos de carcter dilucidados por el trabajo psicoanaltico" (1916) Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu, 1979, t. 14.

[4] M.Langer, "El mito del 'nio asado'", Rev.de Psicoanalisis, 1950, VII, n3. "El nio asado y otros mitos sobre Eva Pern" (versin ampliada del artculo de 1940), en Fantasas eternas a la luz del psicoanlisis, Buenos Aires, Nova, 1957; 2 edicin: Horm, 1966, cito de acuerdo con esta ltima edicin.

 

 

Fuente:

Punto de Vista, n. 52, agosto 1995.