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La
enfermedad como infortunio de la imaginacin (La
medicina psicosomtica) Jean Starobinski |
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Una nueva medicina? No, por cierto. El trmino acuado
recientemente, est ahora de moda, pero nos perderamos si tratsemos
de enumerar las fuentes, los antecedentes, las prefiguraciones. Si
se entiende por psicosomtica una medicina
cuya finalidad es curar el cuerpo a travs del psiquismo, y que
considera todo aquello que constituye la personalidad del enfermo,
es ms fcil decir lo que no ha sido medicina psicosomtica que lo
que s lo ha sido. No lo han sido, las tcnicas de la magia
simptica[1] (tal y como la practicaban
los pueblos primitivos, y tal y como subsiste
en numerosas supersticiones europeas) que pretende actuar a
distancia, a espaldas del paciente, o al menos sin su participacin.
El mago, en este tipo de prctica, considera la enfermedad
en cuanto tercero indeseable
que es posible conjurar o expulsar, por medio de una intervencin
sobre un simulacro del enfermo, o por una sustancia que ste absorbe
o toca sin ser prevenido. Es muy sorprendente que una actitud exactamente
anloga caracterice a la medicina cientfica moderna, cuando se sujeta
estrictamente a sus presupuestos mecanicistas y fsicoqumicos:
no es la persona del enfermo lo que se considera, sino un proceso en el interior del mismo. All donde la medicina mgica vea
un ser, un espritu o un demonio, la medicina mecanicista ve una cadena de sucesos fisiolgicos asociados
por causas constantes; pero la consecuencia sigue siendo idntica:
para obtener la curacin se acta sin colaboracin del sujeto, se
incide sobre la enfermedad por una accin que no se deja perturbar
por la personalidad del enfermo y por el aspecto subjetivo del sufrimiento.[2] Accin directa, sobre el
mal, pero que no afecta, sino indirectamente, al enfermo. Para l
es una situacin de pura pasividad: es un paciente
en cuyo interior se ha producido
el mal, es totalmente irresponsable de ello, y no est enfermo sino
porque uno de sus rganos se ha convertido en el soporte de un proceso
patgeno determinado por leyes impersonales. Y el tratamiento, como
la enfermedad, ser simplemente algo sufrido. Pero todo cambia desde el momento en que la enfermedad
se considera como un comportamiento;
entonces se asocia ntimamente a la persona del enfermo y a su historia,
se enraza en su voluntad (su mala voluntad), en su conciencia y en
su inconsciente. Estamos en el dominio de lo psicosomtico. A decir
verdad, una definicin de este gnero sigue siendo excesivamente general
y permite incluir en ella las teoras ms diversas y contradictorias:
a tantas doctrinas psicolgicas, tantas medicinas psicosomticas diferentes.
Podramos tambin incluir las concepciones
espiritualistas (Christian Science, curas de almas) que, sin embargo, no tienen ningn
derecho a hacerse pasar por doctrinas
mdicas mientras descuiden el cuerpo para afirmar la preponderancia
del alma (y avistamos aqu esa escapatoria, siempre posible, que consiste en no reconocer
la enfermedad, ya sea volviendo a la espalda, ya sea negndole toda
realidad. En el otro extremo, se pueden asociar doctrinas cientficas
muy cercanas a la reflexologa
pavloviana, atentas a discernir, entre las causas de la enfermedad,
aquellas que son neurgenas (o psicgenas),
inducidas indirectamente por estmulos procedentes del mundo exterior
que afectan a las reacciones psico-vegetativas
del individuo. De un lado, una actitud casi exclusivamente moral y
religiosa; de otra parte, una fisiopatologa positivista que, ansiosa
de someter la vida a las leyes del mecanismo, trata de pensar la totalidad
orgnica y la interdependencia de los hechos biolgicos, dndoles
por sede los procesos integrativos del sistema nervioso... Es importante distinguir y precisar, antes de cualquier
discusin sobre medicina psicosomtica. Es tambin importante recordar,
por encima de Freud, de sus discpulos y enemigos, aquello que en
el pensamiento occidental nos predispone a comprender esta reciente
tendencia de la medicina. La tradicin filosfica, fuente de la tradicin mdica,
contina, incluso a menudo, relacionada con sta ltima. La ms evidente
es la tradicin estoica, cuya influencia en el Renacimiento y en el
siglo XVII, impone y propaga la interpretacin moral de la enfermedad.
Pasiones y enfermedades estn profundamente emparentadas: las pasiones
son enfermedades del alma, como las enfermedades son pasiones del
cuerpo, prolongndose unas a otras, suscitndose unas a otras. Se
ha llegado hasta a imaginar una patografa que describa de manera
concordante los males corporales y los vicios del alma. El desorden
instantneo y fugitivo que cada emocin provoca en nuestro cuerpo
prefigura la alteracin duradera y crnica que corresponde a los
vicios instalados permanentemente en nuestra alma: si la vergenza
hace enrojecer, si el miedo hace palidecer, si la clera acelera el
pulso, no debemos admitir que la ambicin ha producido fiebres agudas
y frenticas; la envidia amarillez e insomnio,
y de la pereza provienen las letargias,
las parlisis y la apata?,[3] etc. (Todo ello sigue vivo
al nivel de creencias de las mujeres simples: la teraputica es entonces
invariablemente cordial).
Por encima de la explicacin
fisiolgica de los estoicos, que ven en la desarmona
del alma la causa de una alteracin en la circulacin del neuma vital
y el origen de un desequilibrio de la crasis, la idea de la continuidad
de pasin y la enfermedad merece ser conservada No est ya en juego
la teora de la neurosis de conversin
cuando encontramos en Sneca: Affectus frequentes contemptique morbum faciunt...? En trminos modernos podramos traducirlo como: Movimientos afectivos reiterados
y reprimidos provocan la enfermedad. Este texto no ha pasado desapercibido
para Burton, que lo cita y comenta
(junto a otros centenares), en la Anatomy of Melancholy, cuya intensa influencia sobre el pensamiento
ingls del siglo XVII y XVIII es bien conocida. Es intil, por otra
parte, recordar la funcin que Montaigne
atribuye a la fuerza de la imaginacin,[4] o citar las pginas en las
que se aconseja no fingir el enfermo[5]: la anticipacin imaginaria
de la enfermedad produce la
enfermedad, la instala dentro de nosotros de una forma, a veces, indeleble. La tradicin cristiana,
por su parte, invitaba a identificar pecado y enfermedad. Basta con
referirse al texto paulino y darle el sentido ms literal: Por el
pecado la muerte ha entrado en el mundo. Frase a la que se ha dado
en todos los tiempos una interpretacin carnal; as pues ninguna
medicina puede traer la curacin, sino nicamente la fe y la gracia.
La psiquiatra en cuanto ciencia mdica no
ha existido sino a partir del momento relativamente tardo en que
se ha reconocido que los locos eran gente con el cerebro enfermo,
y no posesos conmovidos por el espritu del mal". En el momento en que la medicina cientfica tomaba impulso,
confiada en los mtodos anatmicos y fisiolgicos, deba sentirse
inclinada, en busca de una mayor claridad, a deshacerse de toda la
terminologa equvoca, y repudiar los vocablos que una larga tradicin
haba enriquecido con significaciones morales.[6] El ideal de la medicina del
siglo XIX fue constituir cuadros mrbidos en un lenguaje puramente
descriptivo, sirvindose, en la medida de lo posible, de trminos
provenientes de las ciencias exactas, y esforzndose en cada caso
en traducir los fenmenos observados a trminos cuantitativos. De
este modo, la medicina moderna rompa con la vieja antropologa
y con la psicologa moral que no haba dejado de acosar al vocabulario
mdico... Basta de temperamento,
de melancola y de flema; basta de confusin entre humores
y costumbres, basta de tipologa caracterial
mezclada con nosografa; se ironiza sobre las viejas enfermedades-pasiones
como el frenes o la apata; no se sabe ya qu hacer con las constituciones-caracteres, se deja a los
novelistas la descripcin del bilioso, del sanguneo, del flemtico;
la expresin temperamento nervioso continuar sin embargo siendo
til a los mdicos por largo tiempo. Es usted muy nervioso ser
la frmula corts de anunciar a alguien que no est enfermo, y que
nicamente necesita buenas palabras y sedantes ligeros.[7] Pero como esta ciencia no poda todava explicar todos
los fenmenos, y como frecuentemente era an incapaz de atribuir substrato
anatmico a buen nmero de afecciones, los mdicos adoptaban diversas
actitudes respecto a las confusas molestias de que se quejaban a menudo
los pacientes, y sobre las que no podan aplicar ningn diagnstico
preciso: algunos, confiados en la ciencia, esperaban reducir ms adelante,
con ayuda de mtodos ms perfeccionados, los enigmas frente a los
que su saber segua resultando inexperto; otros, desesperando de poder
llegar a encontrar alguna lesin objetiva en el origen de dichos estados
imprecisos, les atribuan un estatuto distinto al de las afecciones
orgnicas propiamente dichas y hablaban de neurosis, de desorden o alteracin funcional,
y les negaban el derecho a ser verdaderas enfermedades. La funcin
del psiquismo y la subjetividad eran invocadas nicamente en el momento
en que la explicacin puramente mecanicista o fisiolgica resultaba
imposible. Neurtico o neuroptico eran calificativos que
se aplicaban, con matiz peyorativo, a todas las perturbaciones que
era preciso atribuir, como ltimo recurso, a desequilibrio nervioso,
a una oscura mala voluntad por parte del enfermo, y con demasiada
frecuencia, se vea apresuradamente en ello una simulacin una
pantomima. De ah el carcter deshonroso conferido entonces a estas
enfermedades: el enfermo no era ya un verdadero paciente, comenzaba a presentarse como el agente de sus males. En
un mundo que hace del trabajo su ms alto valor social, elegir estar
enfermo, elegir la enfermedad, es sustraerse al deber del trabajo,
es buscar refugio en la enfermedad. Al definir como neuropticas
tales palpitaciones, tales temblores, tales diarreas, la medicina
cientfica rehusaba la responsabilidad de su tratamiento y devolva
los pacientes a su casa (si eran pobres) o a las estaciones termales
(si tenan dinero); los neurticos eran mantenidos a distancia, repudiado
a ese no mans land
que separa los dominios exactos de la verdadera medicina y de la verdadera
psiquiatra: eran enfermedades fantasmas, enfermedades imaginarias, porque la medicina seria no consegua imaginarlas. Estas afecciones para-mdicas
podan ser relegadas a tratamientos para-mdicos. A enfermedad poco
seria, tratamiento poco serio. El neurpata necesita, naturalmente,
del charlatn, del magnetizador, del sugestionador... Sin duda, el mdico serio no desconoca la importancia
del factor psquico en la gnesis y evolucin de las enfermedades,
pero esta importancia era accesoria, sobreaadida, lateral. Era recomendable
consagrarle cierta atencin, pero al margen del examen clnico propiamente
dicho: y, bien entendido, adems del tratamiento realmente especfico
y cientfico, un buen mdico no se olvida nunca de apoyar la moral
de su enfermo. No era una cuestin de ciencia, sino ms bien de sabidura mdica, tradicin psicolgica
heredada al margen de los libros y de los cursos de Facultad, asentada
en general sobre la religin y los cdigos sociales. Los mdicos hablaban
de ello, a la hora del puro, cuando la duea de la casa les peda
confidencias sobre su rica experiencia humana. (Precisamente se
trata aqu de experiencia humana, locucin donde la palabra experiencia
adquiere un sentido casi diametralmente opuesto al que tiene cuando
se habla de experiencia cientfica). Recibir confesiones, tranquilizar,
calmar, reconciliar, tal era tambin, facultativamente, la tarea del
mdico, y ello era lo que hacia posible admitir que al margen de sus
tcnicas cientficas, la medicina pudiera ser considerada como una
tica o un arte. Pero este aspecto no
tcnico es completamente ocasional: lo esencial sigue siendo la
relacin impersonal de la ciencia mdica con la enfermedad, es decir,
la relacin que une el saber objetivante a un proceso natural objetivado. (Adems, el mdico
debe ser, a los ojos del enfermo, aquel que ve el lado inaccesible
de las cosas: casi siempre, el enfermo desea que al misterio de una
enfermedad incomprensible responda el misterio de un tratamiento incomprensible).
La intervencin de un contacto afectivo de sujeto a sujeto, de un
vnculo personal de mdico a enfermo, es sntoma de una limitacin
de la ciencia, en un mundo en donde todava no son utilizables todas
las posibilidades existentes para la prctica y el saber racional. El carcter radicalmente negativo de la nocin de neurosis
no fue desconocido por los autores de finales del siglo XIX. Axenfeld escriba: Se ha fundado la totalidad de las neurosis
en una concepcin negativa; esta concepcin naci el da en que la anatoma patolgica, explicando las
enfermedades por alteraciones de rganos, se encontr paralizada frente
a cierto nmero de estados mrbidos cuya razn desconoca. En cualquier
caso, la tarea de la medicina cientfica era sustituir esta concepcin
negativa, y abandonar la explicacin por la neurosis para pasar a
la explicacin positiva por la anatoma y la fisiologa patolgicas:
localizacin autptica e histlogica,
explicacin qumica, etc. Lo consigui muy a menudo, y la nocin de
neurosis (es decir, de enfermedad sin causa objetable), no ha dejado
de disminuir. As, una tras otra, afecciones como la enfermedad de
Parkinson, la enfermedad de Graves-Basedow,
la corea y la epilepsia, dejaron de pasar por neurosis y se vieron
atribuir substratos orgnicos o humorales irrefutables. Sabemos que
la histeria resisti a la investigacin anatmica: y lleg Freud... Desde Freud, desde Pavlov,
desde las investigaciones sobre las funciones del diencfalo,
el papel del psiquismo ha dejado de considerarse como algo aparte:
sea cual sea el mtodo de anlisis que se aplique, se impone como
un elemento central. Lo que ahora puede parecer como una inversin de actitud,
una revolucin anti-copernicana, el colocar
de nuevo la vida psicolgica en el centro de los fenmenos vitales,
no corresponde, sin embargo, a ningn cambio repentino de opinin:
slo son nuevas actitudes deterministas, destinadas a anexar el dominio
de las neurosis, que pareca sustraerse, en principio, a todo pensamiento
causal. El psicoanlisis no hace sino establecer la existencia objetiva
de hechos que la ciencia ms prudente de sus predecesores declaraba
inobjetivables. Omitiendo la exigencia localizadora,
renunciando a la descripcin anatmica, a la verificacin fsico-qumica,
la doctrina freudiana pretende permanecer fiel al principio determinista:
lo consigue al tratar a la subjetividad como un objeto de historia
natural, proclamando al mismo tiempo su originalidad especfica y
su irreductibilidad a los mtodos numricos. Al precio de esta transformacin de la actitud mdica,
las alteraciones vagas y los desordenes que parecan constituir
un campo extra-mdico, sern en adelante competencias de la medicina
de
una nueva medicina: as pierde la neurosis su carcter negativo y
sale de la categora de las no-enfermedades; definida en trminos
de energa psquica (instintos, pulsiones, tendencias, complejos,
etc.), puesta en relacin con el pasado vivido, nacida de conflictos
con la familia o la sociedad, la neurosis recibe valor de objeto cientfico,
y es, en lo sucesivo, merecedora de un verdadero tratamiento,
y no ya de consejos o influencias vagas. No es posible constituir
una ciencia determinista de lo psquico sin esta objetivacin o
esta cosificacin de los hechos psicolgicos. Tal vez la neurosis
sea una enfermedad imaginaria, pero todo cambia si se considera a
la imaginacin como una cosa o una energa natural. Freud, al proponer
nociones como la de smbolo, libido, censura y represin, les confiere
propiedades a un tiempo lingsticas, sustanciales y dinmicas. En
lo sucesivo el diagnstico y el tratamiento de las neurosis requieren
una tcnica; sta, aunque no sea idntica a la de los cardilogos
o los endocrinlogos, no deja de presentar
todos los rasgos de tal: especializacin, limitacin, aspiracin
a la infalibilidad, o, al menos, a alguna clase de regularidad estadstica. Es notorio que una gran disputa contina abierta entre
psicoanalistas y neurlogos, para quienes lo psquico no se objetiva
ms que en trminos de anatoma y de fsico-qumica. Hay que renunciar
a toda la morfologa celular, a toda la bioqumica?[8] Es posible encontrar explicaciones
satisfactorias dando nicamente valor de objeto a los complejos y
a las pulsiones, sin interesarse ya por esos objetos biolgicos que
son el cerebro y el sistema nervioso, sus clulas, su metabolismo,
su excitabilidad, su actividad elctrica, sus haces de asociacin?
Sin embargo, al menos en el plano terico, nada excluye la posibilidad
de una conexin entre la interpretacin psicoanaltica de la neurosis
y el pensamiento de los fisilogos fieles a los mtodos experimentales
clsicos conexin
que ya anticipa la comn profesin de fe determinista: el uso comn
del mtodo de los test
constituye tambin un buen testimonio. La medicina psicosomtica, tal y como la vemos definirse
en las publicaciones americana, intenta alcanzar esta conexin; menciona
a Freud, pero tambin a Watson y a los recientes
descubrimientos de la endocrinologa; a veces consulta al electroencefalgrafo...
Se muestra, pues, prudentemente eclctica: el psicoanlisis no debe
ser el nico recurso teraputico; slo se aplicar despus de haber
eliminado correctamente cualquier otra posibilidad de diagnstico
y de tratamiento; algunos creen en la eficacia de un tratamiento mdico
y psicoanaltico combinado. Esta medicina, ansiosa de eficacia practica,
no trata de conseguir una coherencia dogmtica; sealar sus lagunas
tericas ser tarea muy sencilla. Las distintas escuelas estn muy divididas. Muchos, como
Franz Alexander, se mantienen fieles a la
enseanza de Freud en lo que concierne al tratamiento psicolgico,
aun considerando, mucho ms que los freudianos de Europa, el condicionamiento
hereditario y endcrino, y la influencia
de las contingencias somticas sobre la vida psquica. Cuando las
circunstancias lo requieren, ponen en prctica tratamientos acelerados
que rompen con la tradicin ortodoxa. Otras escuelas se apoyan ms
en la reflexologa y en las adquisiciones
de la ciencia de las neurosis experimentales desarrolladas en animales[9]. Solo aceptan a Freud para
traducirlo de inmediato al lenguaje de Pavlov,
de Cannon o de Sherrington. A sus ojos,
la formulacin adecuada de los fenmenos fisiolgicos consistira
en el aislamiento de un cierto nmero de dualidades estmulo-respuesta, y ms adelante en la demostracin de su forma
de coordinacin e integracin, que una contraexperiencia
podra eventualmente desintegrar. La neurosis se presenta entonces
como una alteracin de la adaptacin, pero la adaptacin es cuestin
de reflejos condicionados. Ello obliga, por descontado, a conceder
importancia a la respuesta del ser vivo al mundo exterior, pero slo
despus de haber reducido el medio a no ser sino un haz de estmulos
y el ser vivo a no ser sino una mquina de respuestas. La novedad de las ideas de Alexander[10] no reside en su interpretacin
de los problemas psicolgicos, pues sigue la tradicin psicoanaltica
sin intentar modificar los conceptos fundamentales. Lo que en su aportacin
hay de notablemente original es la aplicacin del mtodo psicoanaltico
a las manifestaciones somticas de la neurosis; es el anlisis del
papel que juega el psiquismo en el terreno especfico de la medicina
interna y ese campo incierto el desorden funcional que queda mal definido respecto al campo preciso de las lesiones. Su afirmacin fundamental es la necesidad de practicar
una medicina atenta a la totalidad de los fenmenos. Ser pues necesario
coordinar los distintos mtodos de examen y tratamiento, situar el
factor psicolgico en sus relaciones con los factores somticos, renunciar
a buscar una nica causa para cada afeccin: las enfermedades siempre
estn sobredeterminadas. El psiquismo, ciertamente, no es el nico
en intervenir, pero nunca est ausente. Esta afirmacin, escribe
Alexander en otra obra, es vlida incluso para enfermedades infecciosas
tan especficas como la tuberculosis. Junto a la contaminacin por
el bacilo de Koch, la falta de resistencia
del organismo es un factor etiolgico de idntica importancia en esta
enfermedad. La resistencia depende del estado emocional del enfermo.
Utilizamos la expresin psicosomtica como un concepto metodolgico;
es un tipo de actitud en medicina; el estudio y tratamiento simultneo
de los factores psicolgicos somticos en sus correlaciones mutuas.
Doctrina abierta, pragmtica que admite de antemano una pluralidad
de actitudes, y que exige se tengan simultneamente en cuenta la serie
de causas orgnicas y la serie de causas psicolgicas. Este punto de partida es, desde luego, prudente; si existe
doctrina, empieza por presentarse como un liberalismo y un pluralismo:
nadie puede disgustarse. Unicamente, y en
el marco de la interpretacin de las relaciones del psiquismo y
de la vida somtica, este liberalismo se traducir en vacilaciones
y contradicciones de cierta importancia: contradicciones que no coartan
en absoluto al autor. Una muestra para juicio: Alexander distingue la nocin
del sntoma de conversin (que Freud haba propuesto para explicar
las alteraciones sensorio-motoras de los histricos) y la nocin de
neurosis de rgano: Ahora podemos determinar
la diferencia entre un sntoma de conversin y un tipo de neurosis
de rgano. Un sntoma de conversin
es la expresin simblica de un contenido psicolgico con una
carga emocional. Su fin es la descarga de esta tensin emocional.
Se traduce al sistema neuro-muscular voluntario o sensorio-perceptivo cuya funcin
original es expresar y liberar las tensiones emocionales. Una neurosis
de rgano no tiene por finalidad expresar una emocin, sino que es
una respuesta fisiolgica de los rganos viscerales a un retorno constante
o peridico de los estados emocionales. Por ejemplo, el aumento de
la presin sangunea provocado por la clera no calma la clera...
Es una adaptacin fsica al nivel de organismo, que se produce cuando
este espera encontrar algn obstculo... La nica semejanza entre
los sntomas de conversin histrica y las respuestas vegetativas
a las emociones reside en el hecho de que ambas son respuestas a estmulos
psquicos.[11] Se
habla aqu el lenguaje de la fisiologa?.
Lo parece a primera vista: se afirma la diferencia entre dos campos
objetivamente distintos, el de la musculatura estriada (y la inervacin
voluntaria) y el de las vsceras de musculatura lisa que slo responden
a la inervacin vegetativa. Tambin podemos considerar las ideas te
tensin emocional y de descarga como nociones fisiolgicas, aunque
resulte difcil verificar positivamente la aseveracin de que la tensin
emocional queda liberada en el fenmeno de la conversin, mientras que no lo sera
en la neurosis de rgano: es esta una ficcin explicativa que recurre
a la imagen dinmica de la tensin y de la distensin para atribuirse
seriedad cientfica. El lenguaje psicoanaltico est en gran medida
conformado por esta especie de metforas seudo-fsicas: todo va bien
mientras el espritu crtico se mantenga vigilante y reconozca el
valor metafrico del lenguaje utilizado... Pero hay una contradiccin
absoluta entre el mtodo que autoriza a hablar de expresin simblica en un caso, y el que
evoca la respuesta fisiolgica
en otro. Lo
que se puede reprochar a Alexander no es el recurrir a dos mtodos
tan diferentes, no es limitar inexplicablemente el campo de accin
de uno y otro, reservando a uno el terreno de la conversin y al
otro el de la neurosis de rgano. En realidad, cada uno de los
dos mtodos se puede aplicar a la totalidad de los fenmenos: cada
uno puede perseguir su investigacin a travs de todos los campos.
Si hay que pensar en trminos de respuesta fisiolgica, no hay manera de saber que el principio de
explicacin sera vlido en el campo vegetativo y quedara detenido
en el umbral del sistema neuromuscular voluntario.
Sin duda este ltimo sector es de ms dificil
aproximacin para el fisilogo, pero sin embargo no tiene porqu estarle
prohibido; es posible registrar corrientes de accin, medir atrofias,
determinar umbrales de excitabilidad, etc. Desde luego, una tal interpretacin
hace del organismo un nudo de acontecimientos mecnicos y desconoce
toda motivacin vivida. Los fenmenos biolgicos son hasta tal punto
sufridos pasivamente, que
ni siquiera queda sujeto
en quien puedan producirse. El sujeto, su conciencia, sus actividades
psquicas, no son sino esa serie de respuestas fisiolgicas en tercera
persona (segn la expresin de Politzer
y de Merleau-Ponty). Contra tal mtodo
se puede objetar lo que se quiera por ejemplo, decir
que construye una figura
ficticia del ser vivo, pero que no apresa su verdadera esencia pero al menos es un mtodo coherente, y merece ser utilizado
lo ms posible. Quienes lo han empleado han descubierto centros, vas de excitacin,
montajes nerviosos y qumicos,
estimulaciones humorales, etc. Han desarrollado
un modelo de organismo,
y lo han tomado como punto de referencia en una prctica eficaz. Por
lo que se refiere a la motricidad voluntaria, a la emocin misma y
a sus alteraciones, nada les sustrae, en principio, a una explicacin
anloga, por la que cada fenmeno se asienta enteramente sobre la
causa que lo produce y carece de otro sentido que el de representar
un eslabn en una serie causal perfectamente ligada. En
contraposicin, si se admite un valor expresivo
de la enfermedad, no es posible detenerse en la histeria; habr que interrogar a cada infeccin incluso a aquellas que parecen ser puros accidentes qu sentido tiene en la situacin actual del enfermo y qu lugar
ocupa en su biografa. En este caso, ya no nos encontramos ante una
sucesin de procesos fisiolgicos, sino ante un sujeto que se expresa
en su cuerpo y por su cuerpo. Y si podemos considerar los fenmenos
histricos (crisis motrices, parlisis, alteraciones de la sensibilidad)
como una descarga expresiva, nada puede impedirnos llegar ms lejos,
y tratar de ver en los desrdenes orgnicos funcionales verdaderos
comportamientos expresivos:
una gesticulacin o una mmica interior incapaces de alcanzar el mundo
de las significaciones abiertas que nos unen a los dems hombres;
una especie de lengua de
las enfermedades, que instala en el organismo, y en su detrimento,
las tensiones emocionales que el individuo sano orientara hacia
el exterior. La emocin se habla
a un nivel regresivo, no slo anterior al nivel lingstico, sino
tambin anterior al universo de los signos expresivos que una fisonoma
puede ofrecer a otro. En ltimo trmino, la enfermedad constituye
una conducta de fracaso, un gesto cuya significacin profunda es autodestructiva;
el gesto se devora a si mismo, el signo, en un primer momento simple
desorden, se convierte poco a poco en lesin del rgano elegido como
sede de la significacin; su horizonte ltimo es la muerte. Aqu el
signo, al contrario de los gestos que realizamos en el universo social,
no trasciende al cuerpo, sino que es absorbido por l, gastando la
energa en s mismo; encarnndose, oculta su valor de signo bajo el
aspecto de sufrimiento y de fatalidad. El sujeto se expresa y no sabe
que se expresa; su libertad se convierte inmediatamente en destino.
Escondindose a s mismo su libertad de expresin el sentido de su
enfermedad, se coloca en situacin de
vctima... Siguiendo esta interpretacin llegara a creer que la muerte
no es un fenmeno natural, sino que todo hombre quiere oscuramente
su muerte. En realidad, la muerte es la contingencia con la que choca
nuestra libertad: la mayora de los hombres no mueren libremente.
No se puede considerar a la muerte excepcin hecha del suicidio como nuestra expresin, aun cuando nuestra expresin
sea la enfermedad. Es ms bien ese elemento oscuro que, en el interior
mismo de la expresin, se le resiste, aunque le sea necesario. La
enfermedad, expresin del sujeto vivo, indica la existencia de la
muerte como compaera de la vida. Bien
entendido que el signo, a diferencia de su funcin en el lenguaje
articulado, puede ser ahora polivalente: puede que, simultneamente,
encontremos en l una auto-punicin, una peticin de simpata, una
intencin simblica (dacin, retorno a la proteccin materna, etc.)
y el conjunto adoptar un sentido muy particular segn el contexto
biogrfico en que la enfermedad se presenta: fracasos profesionales,
exceso de responsabilidad, rivalidades, problemas conyugales... As
es, por otra parte, como procede F. Alexander en la mayor parte de
los anlisis que cita a ttulo de ejemplo. El principal objetivo es
poner de relieve la relacin expresiva entre una situacin emocional
y una neurosis de rgano; las respuestas fisiolgicas, la intervencin
del sistema neuro-vegetativo, slo se suscitan
a manera de vnculo y para establecer una relacin causal plausible
entre la realidad psicolgica y su signo orgnico. Alexander
llega muy lejos en esta direccin, mientras que otros (particularmente
F. Dunbar) se haban esforzado en relacionar algunas enfermedades
con constituciones psicofsicas
propensas, Alexander y sus colaboradores niegan esta hiptesis, que
reintroduca la antigua ciencia de los temperamentos; ellos intentan
demostrar una correspondencia especfica entre las constelaciones
dinmicas particulares y las manifestaciones somticas precisas:
...Es evidente que algunos microorganismos patgenos tienen una especfica
predileccin por ciertos rganos. Lo mismo sucede con algunos conflictos
que poseen una tendencia electiva para afectar a este o aquel rgano
interior. La clera inhibida parece tener una particular relacin
con el sistema cardiovascular. Las tendencias de dependencia, la necesidad
de proteccin, parecen tener una particular relacin con las funciones
de la nutricin. El deseo sexual y las tendencias de dependencia parecen
tener una influencia especfica sobre las funciones respiratorias.[12] Por tanto, lo ideal ser
discernir con claridad cada constelacin dinmica, individualizndola
y adscribindola a una categora bien determinada, y conseguir una
buena demostracin emprica del desorden visceral que la expresa.
Sin duda, confiesa Alexander, todava es difcil reconocer todas las
relaciones especficas. Cales son los factores psicosomticos especficos que hacen
que un individuo inhibido se vea afectado de hipertensin, otro de
artritis, y un tercero de jaquecas?.[13] Pero
de qu se trata exactamente? De una traduccin,
de una inscripcin, de la
emocin a nivel orgnico? De una consecuencia por va de transmisin
nerviosa o endocrina? En tal caso no hay manera de ver en qu momento
ni en qu lugar el sentido de una situacin vivida se convierte en
fluido nervioso y mediacin qumica. La explicacin por la fisiologa
no puede encajar nunca posiblemente con la explicacin por los valores
expresivos. No hay nada que permita asociar cientficamente una situacin de dependencia
a la hipersecrecin cida del estmago en caso de lcera. La frecuencia
emprica y estadsticas de las lceras en una situacin psicolgica
determinada podra aceptarse como prueba; pero, al menos, habra que
utilizar una nocin psicolgica menos vaga y menos general que la
de dependencia. Profundizando un poco, encontraremos en todo el mundo
una necesidad de dependencia y de proteccin; no hay nada de extraordinario
si esta tendencia est presente en muchos ulcerosos. La explicacin
corre peligro de no ser lo bastante especfica.
(Llamo especfica a aquella explicacin que, rindiendo cuenta de un
fenmeno particular o de categora diferenciada
de fenmenos particulares sera inapropiada
para cualquier otra aplicacin que se tratara de hacer de ella: no
se ajustara a otros fenmenos, o por lo menos debera jugar, en tal
caso, combinada con otros factores). Es obligado sealar que las tendencias
y las constelaciones emocionales enumeradas por Alexander son muy
escasas. El repertorio de causas psquicas no est en proporcin directa
y unvoca con los efectos que se le atribuyen. Necesariamente debe
intervenir un factor de complicacin y diversificacin. A qu nivel?
Pero sobre todo se mantiene este hecho: a la fisiologa no le sirve
para nada la nocin de expresin; ha sido configurada con la finalidad
de poder prescindir de ella. Cuando Alexander, en su interpretacin
de algunas colitis, nos dice que el factor psicolgico reprimido
la gran necesidad de dar o
restituir se expresa a travs de la
diarrea, el sentido de la enfermedad se constituye por encima de
cualquier formulacin fisiolgica posible; la donacin
slo existe en un universo de relaciones entre conciencias humanas,
y no tiene ningn sentido ni traduccin posible al vocabulario de
las series causales mensurables... Es una actitud muy distinta la
que se adivina cuando Alexander afirma que los estudios fisiolgico
de los centros elevados del sistema nervioso central y los estudios
psicolgicos de la personalidad representan distintas caras de idnticos
fenmenos. Ms all del paralelismo psico-fsico se intuye la posibilidad de una actitud dialctica:
pasar de un punto de vista a otro, no desconocer nunca la existencia
de la otra cara, presentir a un tiempo la unidad original del ser
vivo, y la duplicidad irreductible de los
mtodos de aproximacin; saber que el aspecto psicolgico y el aspecto
fisiolgico pueden representarse uno a otro sin poder, sin
embargo, llegar a sustituirse uno a otro. Esta dialctica es la que
aceptaramos de mejor grado; y a ella recurren otros autores, y particularmente
V. von Weizsacker.[14] Pero el pensamiento de F.
Alexander nos ofrece ejemplo, ms que de un proceso dialctico, de
una especie de amalgama: el punto de vista psicolgico tiende a confundirse
con el punto de vista fisiolgico, o a encadenarse a l, segn los
casos. En general, todo sucede como si el punto de vista psicolgico
fuera utilizado para colmar las lagunas de la fisiologa y sustituir
provisionalmente a una ciencia demasiado difcil de conformar: representa
a falta de algo mejor, el
nico lenguaje adecuado. Todava es necesario en la actualidad y lo seguir siendo por mucho
tiempo sustituir la descripcin
psicolgica del complejo o de la constelacin dinmica a la ciencia
todava vacilante de los procesos nerviosos corticales; pero el fin
perseguido por Alexander es una ciencia realista de una sola pieza,
y en esta perspectiva, el mundo subjetivo de los hechos de conciencia
se le presenta como un mundo-reflejo, mientras que la realidad
en su esencia descansa, supuestamente en los hechos fisiolgicos:
Mientras que la fisiologa defina las funciones del sistema nervioso
central en trminos de espacio y tiempo, la psicologa lo hacia expresando
en trminos variados los fenmenos subjetivos,
no siendo estos ltimos sino el reflejo subjetivo de los procesos
fisiolgicos.[15] Pero,
si en lugar de no ser sino un reflejo de la vida orgnica, la subjetividad
representa la aparicin de un orden nuevo de estructuras, a la vez
completamente original y apoyado por el orden orgnico? Y si la dialctica
de lo fisiolgico y de lo expresivo no fuera un simple vaivn, sino
un movimiento progresivo? La cuestin merece ser planteada. Sabemos
que, al menos en sus principios, el psicoanlisis haca coincidir
el proceso de la curacin con el trnsito de lo inexpresado a la expresin.
Hay pues, a sus ojos, un orden propio de la expresin al que favorecer
activamente, que una psicologa estrictamente paralelista
justificara a duras penas. Respecto
a la teraputica se nos plantea un problema de gran inters: suponiendo
que una enfermedad responda a emociones que no pueden ser exteriorizadas
y libremente convertidas en actividad voluntaria,[16] suponiendo que exista represin
de energas psquicas, qu suceder cuando se conceda al enfermo
la posibilidad de orientar sus tendencias de otra forma? Es posible
que la exteriorizacin de sus tendencias le ponga en frontal desacuerdo
con la sociedad, y no le libre de una situacin de conflicto abierto.
En este caso la enfermedad puede ser un mal menor, un pacto
con la neurosis para hacerla ms o menos compatible con la necesidad
de una adaptacin al entorno. Es preferible, en efecto, que una
tendencia se satisfaga con una crisis de asma que por un acto que
la sociedad puede considerar como delito. Despus de haber liquidado
los sntomas somticos, la tarea ser la liquidacin de la neurosis
misma. La curacin solo puede producirse en varias etapas. Los sntomas
orgnicos, sea cual sea su origen, alivian frecuentemente las tendencias
inconscientes destructoras del yo: secundariamente sirven para expresar
esas tendencias. Los sntomas orgnicos pueden evitar al enfermo el
desencadenamiento, en el plano psicolgico, de sntomas ms graves.
Por eso la mejora de los sntomas orgnicos plantea un nuevo problema
al yo: el de encontrar una salida para las tendencias que hasta entonces
se descargaban por medio del sntoma orgnico. No es nada raro ver,
en casos de colitis ulcerosa, aunque menos frecuentemente en las lceras
gstricas, cmo a la mejora del estado orgnico sucede una seria
agravacin de los sntomas psicolgicos.[17] Pero la cuestin resurge
y se transforma en un nuevo problema: el de las relaciones del individuo
con la sociedad. Por qu razn, y en virtud de que prescripcin procedente
de la cultura, de las instituciones o de los valores morales,
tal tendencia ha cambiado de orientacin incrustndose dolorosamente
en el universo oculto del cuerpo, en vez de exteriorizarse y afirmarse abiertamente? Son los
enfermos rebeldes clandestinos? El hombre civilizado normal acepta
cierto nmero de prohibiciones sin necesidad de ponerse enfermo. Los
desrdenes del cuerpo absorben y desvan una energa que hubiera sido
peligrosa para el orden de la comunidad? Evidentemente, es necesario
ahora que la psicologa se abra a una ciencia de lo poltico y de
lo social, o que, al menos, la antropologa mdica no olvide la naturaleza
social del hombre. Proponer un psicoanlisis sistemtico[18]
(para resolver los conflictos de base) puede llegar a ser una mistificacin,
si no se analizan, en su origen y en su ms amplio contexto, estos
conflictos que encarnan en nuestras enfermedades.[19] Notas:
[1] Es sabido que para J. G. Frazer, la magia simptica se subdivide en dos categoras:
magia imitativa y magia contagiosa (cf. The Magic Art and the
Evolution of
Kings, Londres, 1917, t. I, p. 52). Bajo otro punto de
vista, la magia requiere intensamente la atencin del paciente,
y sus xitos se apuntan habitualmente en la cuenta de las reacciones
psicosomticas: es el caso, especialmente, de la muerte vud.
El paciente (la vctima) siente en l una intrusin o una sustraccin
terribles. [2] Salvo que un momento dado (incluso despus
de largas investigaciones cuantitativas confiadas a los laboratorios)
el mdico y el enfermo estn, forzosamente, frente a frente, reunidos
tcitamente por su fe comn en una razn
cuyos lmites y poderes reconocen simultneamente. A ello se
suma, de mejor o peor grado, un aspecto de carisma sobre el que
se insiste a menudo: el mdico, por su mismo papel, constituye por
s solo una droga (Michael Baintt). Este
hecho ha sido notablemente puesto de relieve por Karl
Jaspers en Die
Idee des Artztes, Schweizerische Aertztezeitung, Berna, 3 de julio de 1953. [3] La Rochefoucauld,
Rflexions diverses, XII. [4] Montaigne, Essais, I, XXI. [5] Ibid, Essais, II, XXV. [6] Pero a menudo la medicina conserva nociones
cuya larga historia precientfica, mgica
y afectiva, desconoce: por ejemplo, la idea de infeccin estudiada
por O. Temkim. (An historical Analysis
of the concept of Infection, en Estudies in Intellectual History, The Johns Hopkings
Press, 1953). [7] Sealemos algunas supervivencias: en 1871,
haba todava mdicos capaces de creer que la nostalgia provoca directamente lesiones meningticas,
pulmonares y digestivas. Ver Jean Starobinski,
El concepto de nostalgia, Diogene,
num. 54, abril-junio de 1966, pp. 92-115. Otro ejemplo: en un libro
aparecido en 1828, el doctor R. Prus afirma
que el sistema nervioso se ve primera y principalmente afectado
por el cncer de estmago. La muerte de la seora de Mortsauf
ser la ilustracin literaria de esta teora. [8] Es sabido que los tranquilizantes, neuroplgicos, etc. Actan tambin al nivel del sistema enzimtico
de cierto nmero de zonas celulares del cerebro. [9] Es, particularmente, el caso de Horsley Gantt en U.S.A. [10] Franz Alexander, La Mdecine Psychosomatique, trad. Francesa de S. Horinson y E. Stern,
Paris, 1952. [11] Alexander, op. cit. [12] Alexander,
op. cit., p.41. [13] Alexander , op. cit., p. 143. [14] Ver en especial: Der Kranke Mensch, eine Einfhrung in die medizinische Anthropologie, K. I. Koheler
Verlag, Stuttgart. [15] F. Alexander, op.cit.,
p. 30. [ El subrayado es nuestro, J. S.] [16] Alexander, op. cit., p. 40. [17] Alexander, op. cit. [18] Ibid, p. 247. [19] Para un ms minucioso conocimiento de los
problemas aqu suscitados recomendamos la obra de Pierre Martin,
Michel de MUzan y Christian
David, L Investigation
psychosomatique, Paris, 1963. Starobinski, Jean: La relacin crtica. (Psicoanlisis y literatura), Madrid, Taurus, 1974. |