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La problemtica de la sujecin social Una lectura de Michel Foucault.* Juan Anselmo Leguizamn |
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...une srie smantique
qui partant du radical argif *swed, fait natre les termes
grecs idios, tes, thos. (...) Dune part *swe
implique lappartenance un groupe de siens propres, de lautre
il spcialise le soi comme individualit. (...) Ici se dgage la
notion de soi, du rflechi. Cest lexpression dont use la
personne pour se dlimiter comme individu et pour renvoyer a soi-mme.
Mais en mme temps cette subjectivit snonce comme appartenance.
La notion de *swe ne se limite pas la personne mme, elle
pose lorigine un groupe troit comme ferm autour de soi.
[1]
Abreviaturas HL Historia de la locura en
la poca clsica NC El nacimiento de la clnica PC Las palabras y las cosas VC Vigilar y castigar VS La voluntad de saber UP El uso de los placeres GE Sobre la genealoga de
la tica DE Dits et crits SE La sociedad cortesana (Norbert Elias) I. Lectura Cuando se desarrolla una lectura de la obra
de Michel Foucault, podemos tener una idea vaga acerca de qu temticas
se tratarn. A partir de la difusin coloquial de sus planteos, el
lector universitario recoge de odas ciertas prenociones extradas
sintticamente de la obra de Foucault. El impacto acadmico ha dejado
ciertamente sedimentos en los pasillos y dems espacios intermedios
de la academia occidental. Entre Marx, Weber, Hegel, Nietzsche, Parsons,
Gramsci, Bajtn, Adorno y tantos otros ya clsicos del pensamiento
y los estudios sociales, la obra de Michel Foucault es un elemento
relevante en lo que podemos llamar una sociologa de la cultura y/o
el anlisis cultural. Por ello, as como sucede con los mencionados,
toda una serie de remisiones, citas y alusiones se imponen rutinariamente
en las variadas disciplinas humanas o sociales. Ello evidentemente
si es que no se ensean directamente sus obras, pero queremos decir
que hay circulacin general, social y cultural extra ctedra.
De esta manera, cuando nos enfrentamos a la lectura de Michel Foucault
algo ya se conoce sobre los temas, la manera de tratarlos y sus posiciones
crticas acerca de ellos. Sin embargo, entrar y recorrer una obra
puede ser una experiencia muy diferente a la de seguir un encadenamiento
de rumores tericos. Emergen nuevas facetas y problematizaciones. La obra de Michel Foucault se concentra en
torno a problematizaciones para utilizar un trmino suyo hacia fines
de los 70s- que van dejando su rastro sin unificarse y hacer sistema
en una teora general. Lenguaje y literatura, poder, saber y sujeto,
son elementos que a manera de claves de lectura orientan su estudio.
No elabor una teora poltica ni estableci qu haba que hacer,
cosas que le piden algunos de sus crticos polticos o los militantes
(engags) ms expectantes. Tampoco respondi a la figura de
intelectual general que marca fundados horizontes de cambio y sin
embargo puso como sea la figura del intelectual especfico con
la exigencia de hacer el anlisis pormenorizado digamos por nuestra
parte: historizado y contextuado- de cada situacin particular y en
su tiempo. En cuanto a la sistematicidad teortica/fragmentacin de
su obra, pues habr de aparecer en ciertas lecturas de su obra
y correra por cuenta de quienes se han servido de sus trabajos. Incluso
la caracterizacin de Foucault de su propio proyecto es discutida
por sus lectores y es relevada por otros modos de organizarla y otros
nfasis especiales
[2]
. En la lectura de Foucault como, por otra
parte, quiz suceda con cualquier lectura- el mismo lector muestra,
se confronta y experimenta sus propios perfiles e inflexiones polticas,
filosficas, disciplinarias, etc. Pero utilizar una sugerente cita de Pierre
Hadot: (...) y el error de muchos intrpretes de
Aristteles ha sido olvidar que eran cuadernos de clase e imaginar
que se trataba de manuales o de tratados sistemticos destinados a
ofrecer la exposicin completa de una doctrina sistemtica; se extraaron
entonces de las inconsecuencias, de las contradicciones incluso que
encontraban entre un escrito y otro. (...) Cada curso corresponde
a distintas condiciones, a una problemtica determinada; tiene
su unidad interna, pero su contenido nocional no se corresponde exactamente
con el de otros cursos. Artistteles, por otra parte, no aspira en
absoluto a proponer un sistema completo de realidad: lo que
quiere es formar a sus alumnos para que utilicen lo mtodos correctos
de la lgica, en las ciencias de la naturaleza, en la moral. I. Dring
describe esplndidamente el mtodo aristotlico del siguiente modo:
El proceder de Aristteles se caracteriza por estar siempre discutiendo
un problema. Cada resultado importante es casi siempre respuesta
a una pregunta planteada de un modo muy determinado (...) Lo verdaderamene
interesante en Aristteles es la disposicin de los problemas,
no sus respuestas. Su mtodo de investigacin consiste en aproximarse
a un problema, a una serie de problemas, plantendolo siempre bajo
un ngulo nuevo. (...) Bien mirado vemos que, en todos los casos,
la respuesta depende fielmente del modo con arreglo al cual el problema
fue planteado. (Es el) tipo de inconsecuencia (que) puede comprenderse
como el resultado natural del mtodo utilizado (itlicas
mas)
[3]
. Y esto lleva a una crtica de las problemticas
y de las problematizaciones mismas. Estableciendo que Foucault no
sea algo como un sustancial aristotlico, queda sin embargo la interesante
adecuacin de lo que aqu se dice para tenerlo en cuenta respecto
de la obra de Foucault. Mencionemos la importancia que tienen sus
Cursos publicados y tomemos la obra de Foucault como un curso
y la relevancia que tienen en su trabajo los modos de plantear(se)
un interrogante o un problema, el mtodo para analizarlo, la manera
de percibirlo tanto para los dominios o temas que l enfoca, como
para estudiar al mismo Foucault. Si intentamos un panormica de las obras se
asemeja a la imagen de una malla nudosa no homognea. Consideremos
que R. Chartier organiza la obra de Foucault como
arquitectura; el analista estructural M. Serres destaca un
modelo geomtrico de Historia de la locura, y D. Eribon enfatiza
en sus metforas geolgicas y espaciales
[4]
; la imagen de la malla quiz remite a una
geometra plana prxima a lo cartogrfico de G. Deleuze
[5]
. En todo caso, ello permite un tipo de lectura
que puede llevar a diferentes derivaciones en tanto cada libro expone
una serie de fuentes, una modalidad de trabajo con ellas y el desarrollo
de un conjunto de proposiciones tal que, si las deducimos del balance
o las tomamos aisladas, daran lugar a imaginar varios libros posibles
desde uno solo. Este es un perfil productivo general, de cada trabajo
de Foucault, en sus varios aspectos. As, el libro La voluntad
de saber es la discusin, planteamiento de una problemtica y
un modo de analizarla; lo tomamos aqu como punto de partida para
hacer algunas indicaciones sobre la problematizacin de la dimensin
social de los modos de sujecin (mode dassujettissement). II. Zonas
de la historia Si bien Michel Foucault se ocup con minuciosidad
del cuerpo (Vigilar y castigar, La voluntad de saber)
como superficie de inscripcin de tecnologas del poder, por medio
de modelos y focos de disciplinamiento y constitucin de sujetos
-operantes en dispositivos y tcnicas especficas clnicas, disciplinarias,
institucionales y prcticas sociales- l mismo no se ocup de algo
como la clase social. Mejor dicho, la vinculacin entre cuerpo
y clase no es tan central como la vinculacin entre saberes-cuerpo
(como en El nacimiento de la clnica. Arqueologa de la mirada
mdica), poder-cuerpo (como Vigilar y castigar),
poder-saberes-cuerpo y sujeto (La voluntad de saber)
o en el esquema general de su obra: saber-poder-sujeto.
Sin embargo, la dimensin sociolgica y cultural est presente; en
principio tenemos que, en una mirada de correlaciones que organizan
una transformacin, se vinculan tanto discursos filosficos, literarios
y saberes mdicos como prcticas sociales y percepciones morales (Historia
de la locura en la poca clsica). Este funcionamiento sin director
de la historia de toda una configuracin social produce el efecto
de recontextualizacin del solo discurso autosuficiente y progresivo
de las ciencias humanas y sus patologas. La correlacin entre individuo patolgico y
cuerpo social es temprana en la obra de Foucault, es ella misma
la que vincula Historia de la locura con Historia de la
sexualidad. El procedimiento interpretativo analtico (interpretive
analytics
[6]
) de Foucault es similar en ambos trabajos,
por los recursos utilizados: literatura, saberes, tcnicas, percepciones,
institucionalizaciones; y por las apuestas sostenidas: encierro-liberacin
(de los locos), represin-liberacin (de la sexualidad) versus
reorganizacin de las percepciones, prcticas y saberes. Pero lo
que vara es el nfasis en el poder y sus tecnologas (VS) respecto
de una nueva emergencia, socio-moral y clnica (HL). Notablemente
ambas obras se tocan en: tender hacia la psiquiatra, psicologa y
clnica moderna (HL) o proponer una geneloga del psicoanlisis va
las tcnicas de confesin y examen (VS). En una obra va y en la otra
vuelve de nuevo, pero por otro camino. Habra que considerar el punto
de El nacimiento de la clnica para articular mejor la mirada-escucha,
nuevas patologas, poder y cuerpo social. Pero al menos sirva para
indicar la complejidad de las trayectorias de Foucault. Decamos que no se ocup de la clase pero
arguimos que este rasgo perteneciente a una sociologa est
aludido, asordinado y filtrado por la referencia a las prcticas
sociales, cdigos morales, instituciones y saberes legtimos. Por
ejemplo, su lnea de poderes o de visibilidad de lo social esta ubicada
desde el derecho, el soberano y los discursos e instituciones legtimas
de la sociedad: medicina, psicologa, cdigos jurdicos, decretos
y disposiciones del Estado, manuales de polica, tratados de pedagoga,
instituciones y prcticas religiosas, filosofa y obras literarias;
como saberes que articulan prcticas y prcticas que actualizan saberes
e instituciones, establecen modalidades especficas de actividad social.
Si bien pueden ser caracterizados como focos de funcionamiento dispersos
pero encadenados (VS 115), estos elementos varios remiten en cualquier
caso al espacio de lo legtimo/legitimado o en vas
de estabilizacin en una sociedad y en una cultura por un perodo
usualmente extenso en las obras de Foucault. Estas historias arqueolgicas y genealgicas
son por ello configuradas por segmentos de material historizado correspondientes
a la gran historia o grandes nudos del occidente europeo moderno.
La historia del presente de Michel Foucault
[7]
tiene por objeto interrogar cmo llegamos
a ser lo que somos. Es decir: no se trata de reconstruir un pasado
en su ajena plenitud ni de buscar la historia pica de los logros
de la civilizacin, ni las sucesivas encarnaciones de la Idea; ms
bien la historia del presente tiene su punto de partida en una problematizacin
contempornea: un discurso omnipresente, una curiosidad, un desajuste,
una celebracin demasiado ruidosa respecto de algo o un nuevo modo
de intervencin sobre el individuo. As se buscar cmo ha sido posible
decir y pensar esto y aquello, hacer esto, fundar y sostener determinada
institucionalidad; e indagarlo sin recurrir a la sancin metafsica
que habra producido este modo de decir, pensar y organizar la vida
en una sociedad. Por ello, toma la historia de los grandes logros
pero por el lado de sus grises archivos, haciendo correlaciones
originales, tomndola en sus zcalos, pequeos gestos, rutinas y horas
poco heroicas. Revisa escrupuloso sus derivaciones, negociaciones
oscuras y enunciados con firmas de segunda lnea. S, gran historia,
pero tambin reconociendo, y obligando a incorporarle sus propias
zonas de sordidez y bajas inversiones. Digamos: sobre la amplia episteme
de todo un perodo histrico y sobre lo humano, demasiado humano
de las sciences humaines.
[8]
Revisemos los ttulos mismos para otorgarles
todo su peso social; que nos indiquen a qu zonas dirige su trabajo: a) Historia de la locura en la poca clsica;
que digamos, incluye El nacimiento del asilo. b) El nacimiento de la clnica. Arqueologa
de la mirada mdica. c) Las palabras y las cosas. Una arqueologa
de la ciencias humanas. d) La arqueologa del saber. e) Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisin. f) Historia de la sexualidad. I: La voluntad
de saber; II. El uso de los
placeres; III. El cuidado de s. Por ejemplo: los leprosos, locos y vagabundos
no entran en escena hasta que comienzan a entrar en la historia institucional
de los reordenamientos hospitalarios del Estado y el nacimiento del
asilo; los enfermos en tanto hay el discurso clnico (bajo la mirada
clnica); los conscriptos en tanto la institucin militar y los nios
entrando las escuelas y bajo la pedagoga; las nuevas patologas sexuales
entrando en la penetrante relacin de las tcnicas de confesin y
examen. Por eso estas figuras toman peso y cuerpo slo en estos
umbrales de su constitucin. Porque es de este lado
que trabaja Foucault, sin hacer tampoco estudios histricos de casos
sino reunindolos en los registros, y destacando alguno solo a ttulo
de muestra. Es decir, en Foucault no se trata de la historia
el annimo libertino ingls que publica el diario My secret life;
no es la historia de ese aldeano de Lorena llamado Jouy, denunciado
a la polica e interrogado por los mdicos por jugar el juego de
la perversin con una pequea (VS 43); tampoco es la historia de
los encerrados en el Hpital Gnral y los asilos en el siglo XVIII;
sino la historia de la locura y la figura del loco que surgir
en el siglo XVIII, o la historia de la conminacin a hablar del sexo,
la implantacin perversa, de la sexualidad. Hay en Foucault una
fuerte preocupacin por la emergencia de una percepcin moral, jurdica,
mdica y social de la locura, que se organiza en prcticas y polticas
concretas. Estudia un funcionamiento de los saberes, extenso en
sus correlaciones histricas heterogneas, pero a la vez especificado
en prcticas, tcnicas y disposiciones. Por eso a Foucault le es ajeno hablar de algo
como la cultura popular, el mundo de lo popular o la cultura
plebeya como lo hace, por ejemplo, el historiador Edward P. Thompson
cuando busca con ello hacer una historia de la clase obrera inglesa
[9]
. Y est bastante lejos de investigar un
archivo para reconstruir algo como aqul cosmos, alimentado de remotas
tradiciones orales, del molinero de Carlo Ginzburg
[10]
. Detengmonos en ello. En el historiador ingls
podemos hallar otro tipo de umbrales dado que sus estudios
se concentran en perodos crticos para los plebeyos ingleses, justamente
cuando comienza la revolucin industrial y se avecinan cambios fundamentales
en los modos de vida: el paso a clase obrera. Sin embargo indaga,
digamos, la consistencia de esa cultura durante ese profundo avatar
y adems muy interesado hacia atrs (cultura plebeya). En este
sentido es innovador siendo marxista. Luego, Carlo Ginzburg, en el prefacio de su
libro, dedica a Michel Foucault la dura crtica de hacer un populismo
negro por el tratamiento mistificante de Moi, Pierre Rivire,
ayant... que es un anlisis de M. Foucault sobre el archivo judicial
del un tal Pierre Rivire. Ginzburg le reprocha haber transformado
al declarante de este proceso judicial en un ser mtico, fuera de
la cultura, vagando por los bosques, sin tomarse el trabajo de seguirlo
concretamente en su historia y singularidad. Se comprende que para
un archivista intenso, escrupuloso sabueso y rastreador denso -como
demostr serlo Ginzburg en la obra citada- el umbral foucaultiano,
con sus remisiones alusivas a ese inarticulado espacio de lo Otro,
le resulten del todo impertinentes. Elaboremos una diferencia puntual:
as como el cosmos de Menocchio (C. Ginzburg) estara armado por
su particular modo de leer ciertos libros de poca, que se compone
a la vez con trazas de tradiciones orales; en Foucault hallamos el
gesto cartesiano que se traiciona por una sedimentacin de la
cultura clsica
[11]
. Pero claro: uno es un singular molinero
del Friuli (Italia) condenado por la Inquisicin en el siglo XVI,
y el otro es el filsofo francs del siglo XVII, hito y portal
de una nueva era en el pensamiento de Occidente. Los
historiadores Thompson y Ginzburg trabajan sobre terrenos sociales
y culturales que se diferencian del devenir del Estado, la poltica
y sus instituciones -incluso muy originalmente respecto de la historia
marxista cannica en el caso de Thompson. Considerados desde
un punto de vista conflictivo y diferenciado del orden social
estos autores as se diferencian de una histoire des mentalits
-postulada como epocal y transclasista- porque dirigen sus investigaciones
hacia una zona social y cultural determinada. Y relacionado con ello,
el trabajo de Michel Foucault tampoco resulta transclasista pues dirige
su mirada hacia otra zona diferenciada de la cultura. Por eso
Foucault suele inscribirse en los debates propios de esta zona,
por ejemplo: con la filosofa social y/o poltica moderna, las historias
oficiales de las ciencias humanas, las instituciones sociales establecidas
y dems estrategias o focos intermedios de intervencin
social. Remitimos tambin, por ejemplo, a la emergencia
de la recoleccin del folclore en el perodo romntico europeo
[12]
. Puesto que lo popular no existe sin el
reverso de lo culto, por nuestra parte, desde un enfoque similar
a La voluntad de saber podemos apostar al anlisis de una probable
invencin de la cultura popular en la poca clsica. En esta lnea
de reflexin se situaran los trabajos del historiador Michel de Certeau
[13]
y una exigencia crtica del socilogo Pierre
Bourdieu: deshacerse del concepto de cultura popular. Ahora bien, podramos decir que Foucault no
describe rasgos o zonas de una cultura ya perdidas ni ofrece investigaciones
consistentes del pasado -y otro ejemplo puede ser el medioevo de
Jacques Le Goff
[14]
. Foucault no es estrictamente un historiador
entre ellos pues no habla del pasado ms que en su forma presente,
o mejor dicho: todo lo que hay de pasado en este presente; un pasado
que es relevante en tanto ha hecho de este presente lo que es en
ciertos aspectos y tratado con un mtodo particular
[15]
. Evidentemente estamos remarcando la tarea
del genealogista. En tanto arqueologa de los saberes en Foucault
podemos argir dos dimensiones: a) que es relevante aproximarnos a
la historia de las epistemes por su impacto crtico en la misma
historia de los saberes ya constituida; y que b) comparativamente,
la arqueologa sera el lado ms clsicamente histrico de
Foucault en el sentido de que all nos ofrece panoramas tales como
la episteme de la semejanza (PC)- que en un perodo organizaron
el campo de los saberes legtimos pero ya no lo hacen ms
[16]
. Sin embargo, para
volver a nuestra cuestin, debemos decir que desde el umbral foucaultiano
se esboza siempre el campo de lo que abandona: a) ese Otro mundo diferente
de la cultura, institucionalidad y saberes modernos; b) que histricamente
suele coincidir con el Renacimiento; y c) que puede aparecer aludido
como lo Otro inapropiable -en el arte y en oscuras prcticas inconcebibles.
Por ejemplo: las figuras del delirio visionario, la trgica locura
del Mundo y el docto loco del Renacimiento (HL) juegan la parte contrastante
en la obra, para luego pasar a lo que nos ocupa: la locura en la
poca clsica. En forma similar funcionan: las extraas curaciones
al principio de El nacimiento de la clnica; el abominable
suplicio inicial en Vigilar y castigar, la hipocresa victoriana
y represiva en La voluntad de saber. Contra esos fondos se
levanta la obra de la poca clsica y por consiguiente la del mismo
Foucault, que la persigue en sus juegos de verdad, saber y poder. Pero en el caso
de La voluntad de saber, en Nosotros, los victorianos (VS
9), Foucault se posiciona sin embargo en la figura de los victorianos.
Comienza su obra ya desde la sociedad victoriana, un mundo
bien diferenciado de la plebe, donde se ha producido y opera la
hiptesis represiva que Foucault trata de recusar. Aqu hay un interesante
desplazamiento sociolgico-cultural: la historia de la sexualidad
se inicia ya puesta en un plano de lo social no ser ya lo Otro mltiple,
perdido y ajeno a la sociedad moderna. Pues entendemos que en la frmula
sociedad victoriana, lo de sociedad tiene el sentido de sociedad
distinguida, letrada, civilizada, mundana y citadina corresponde
al sentido de la seccin sociedad de los peridicos actuales.
La hiptesis represiva (VS 25) que Foucault trata de recusar se
ha producido y funciona, en principio, en un mismo plano, grupo,
sector o clase. Quiz algo aproximado a una mirada en clave
etnolgica e histrica de Foucault se halle en su artculo Mdicins,
juges et sorciers au XVIIe sicle (1969)
[17]
. Pero all tambin el tema tomar fuerza
segn las cambiantes relaciones entre cuatro figuras -mdicos, jueces,
brujos y clrigos- de considerable poder institucional: de poder performativo
de acto, palabra y sentencia, que organizan la trama de relaciones
mviles frente al fenmeno de los posesos y la prctica del
exorcismo
[18]
. III. Dispositivos
de saber / poder La voluntad de saber es el subttulo del tomo I de la serie de
tres libros bajo Historia de la sexualidad. Pero considerando las
modificaciones de su plan de publicacin, los giros y ampliaciones
que ha tomado el mismo proyecto, preferimos usar el subttulo. Los
libros que completan la serie son El uso de los placeres (tomo
II) y El cuidado de s (tomo III). Estos dos ltimos estn
ms vinculados entre s por su temtica: el gobierno de s, la tcnicas
del s-mismo en las escuelas filosficas griegas y romanas; por su
colocacin en un segmento histrico: antigedad y antigedad tarda;
e incluso por su estilo de escritura. En cambio La voluntad de
saber trabaja sobre otra temtica y perodo: la emergencia entre
fines del siglo XVIII y el siglo XIX del moderno dispositivo de sexualidad;
y otro estilo de escritura: muy vigoroso, tonificado por una tensin
crtica constante, en combate con ciertas tesis sobre la sexualidad
vigentes en su contemporaneidad. Notablemente La voluntad de saber
es una propuesta de trabajo, un lanzamiento de proyecto. Su carga
es intensa pues se escribe como siendo la entrada o el inicio de una
empresa genealgica crtica. Entonces, se comprende que no ahorre
en las varias maneras de caracterizar su apuesta, exponer las
posibles objeciones y de afirmarla con estrategias metodolgicas,
prevenciones y llamados de atencin. As, lo que resta en esta bsqueda
de la Historia de la sexualidad sera el libro intermedio que cubrira
tan inmensa periodizacin: es el libro sobre el cristianismo (GE
149) alternativamente denominado La carne y el cuerpo (VS 29)
o Las confesiones de la carne (GE 133) y otro que se habra
llamado Le pouvoir de la verit -que retomara el tema de la
tortura y confesin, practicada a los esclavos, en el derecho griego
y romano imperial (VS 75)
[19]
. Estos libros de ligazn entre La voluntad
de saber moderna y la antigedad griega y romana (El uso de
los placeres y El cuidado de s) por lo que consta no
fueron escritos o no son publicables s habra cuadernos sobre las
confesiones de la carne. Aun as, se pueden rastrear los temas en
los ingentes textos de lo Cursos dictados por Michel Foucault
en el Collge de France. Lo que remarcaremos aqu es que el texto La
voluntad de saber tiene la suficiente sustancia como para ser
algo ms que la enunciacin fundada de un proyecto de estudio. De
qu se trata en esta serie de estudios? De transcribir como historia
la fbula de las Joyas indiscretas (VS 95)
[20]
. La serie de estudios que Foucault aqu
refiere es la serie imaginada de Historia de la sexualidad o
la serie de estudios que realiz para escribir La voluntad de saber?
Pensamos que la opcin correcta es la primera, Foucault se refiere
a la serie que va a emprender, y con ste libro como su tomo primero.
Sin embargo, nosotros optaremos por la segunda. No se trata de contradecir
por nada, sino de afirmar que, dado el recorrido archivstico, literario,
de libros de pastoral y textos clnicos, este libro es un libro-apuesta
que ya ha planteado las conclusiones que pretende buscar prximamente:
ya nos est diciendo qu es lo que encontr, cmo lo articula y organiza
y cul es la apreciacin crtica del genealogista. En este sentido,
se trata nicamente de considerar que La voluntad de saber
es un texto concluso, tenso pero afirmado. Dice lo que tiene para
decir y el trabajo en gran parte est hecho. Por eso, luego Foucault
se hunde en otras direcciones durante los aos siguientes, que lleva
a los dos tomos siguientes, a otras pocas y otras voces muy diferentes.
Sucede, a nuestro parecer, que su unidad como texto es dinmica y
enrgica por el debate concomitante en el que se funda; es una escritura
que se sabe desafiante, especialmente para el campo acadmico-cultural
del momento. Pero ello no le resta firmeza y eficacia a las herramientas
analticas ni a los enunciados all expuestos. Por ello lo consideramos
por la frmula de Deleuze y del mismo Foucault, que es hacer y tomar
la teora como caja de herramientas. Pero entremos por una rendija abierta por los
victorianos en La voluntad de saber de Michel Foucault; un
paso marginal como tema si se quiere, pero activo como un rastro
asordinado y longitudinal (por
defecto, quiz) en la obra de Foucault: la cuestin de un cuerpo
de clase y agreguemos, mirada como sujecin de clase. En este texto la empresa consiste en hacer
una economa poltica de una voluntad de saber sobre el sexo; su
puesta en discurso y los intereses estratgicos que lo sostienen.
A contrapelo de la hiptesis represiva del poder sobre la sexualidad,
habra una incitacin creciente a hablar sobre el sexo, pero para
volcarse en la proliferacin de sexualidades en los registros clnicos
(patologas) y en discursos pedaggicos que llevarn adelante intervenciones,
a travs de tcnicas especficas, cuya forma les viene dada histricamente
de las tcnicas de confesin y examen. Se establece que la verdad
del sujeto se halla en el sexo y que esa verdad regulada sobre
el sexo se produce mediante la relacin entre la autoridad experta
que escucha-examina y quien confiesa las minuciosidades de sus ansias
y placeres. Este dispositivo de sexualidad funciona en
trminos de poder productivo y positivo y no debe ser concebido
ni como represin, ideologa, ni como oposicin global entre dominadores
y dominados: Ms bien hay que suponer relaciones de fuerza
mltiples que se forman y actan en aparatos de produccin, las familias,
los grupos restringidos y las instituciones, sirven de soporte a amplios
efectos de escisin que recorren el conjunto del cuerpo social. (...)
Estas relaciones forman entonces una lnea de fuerza general que atraviesa
los enfrentamientos locales y los vincula; de rechazo, por supuesto,
estos ltimos proceden sobre aqullos a redistribuciones, alineamientos,
homogeneizaciones, arreglos en serie, establecimientos de convergencia.
Las grandes dominaciones son los efectos hegemnicos sostenidos continuamente
por la intensidad de todos estos enfrentamientos. (VS 115). Es esta una imagen dinmica de un combate perpetuo;
avanzadas parciales, repliegues, resistencias puntuales y reorganizaciones.
Estrategias y tcticas, digamos que ampliamente distribuidas por
el cuerpo social y su historia social. Los dispositivos especficos
de saber y poder respecto de la sexualidad alcanzan tal coherencia,
eficacia de poder y productividad en el saber -y por ello una relativa
autonoma- por cuatro grandes estrategias del siglo XIX: 1) Histerizacin del cuerpo de la mujer:
triple proceso segn el cual el cuerpo de la mujer fue analizado calificado
y descalificado- como cuerpo saturado de sexualidad; es medicalizado
y puesto en relacin orgnica con el cuerpo social (por su fecundidad
regulada), el espacio familiar (sustancial y funcional) y la vida
de los nios (responsabilidad biolgico-moral). La Madre con su reverso,
la mujer nerviosa, es la figura de esta histerizacin. 2) Pedagogizacin del sexo del nio:
definidos como seres sexuales liminares, se afirma que los nios podran
entregarse a actividades sexuales y siendo esto a la vez natural
y contra natura tiene peligros fsicos, morales, individuales y
colectivos. Batalla contra el onanismo, que en Occidente dura dos
siglos. 3) La nueva caza de las sexualidades perifricas
produce una incorporacin de las perversiones y una nueva
especificacin de los individuos. Se constituyen nuevas especies,
que al modo de una entomologa de la perversin la psiquiatra del
s. XIX bautiza: exhibicionistas (Lasgue), fetichistas (Binet), zofilos
y zooerastas (Kraft-Ebing), automonosexualistas (Rohleder). La mecnica
del poder que persigue a toda esa disparidad no pretende suprimirla
sino dndole una realidad analtica, visible y permanente, la hunde
en los cuerpos, las desliza bajo las conductas, la convierte en principio
de clasificacin y de inteligibilidad, la constituye en razn de ser
y orden natural del desorden (VS 57). Se torna dominante una nueva especificacin
sexual de los individuos, caso ejemplar: el nacimiento del homosexual
en el artculo de Westphal del Archiv fr Neurologie (1870)
sobre las sensaciones sexuales contrarias, donde surge como categora
mdica, psicolgica y psiquitrica. Si el autor de la sodoma era
antes un sujeto jurdico, este personaje tiene ahora un pasado y
una infancia, un carcter y una forma de vida; asimismo una morfologa,
con una anatoma discreta y quiz misteriosa fisiologa.(...) Nada
de lo que l es in toto escapa a su sexualidad (VS 56). Es la psiquiatrizacin del placer perverso:
el instinto sexual fue aislado como instinto biolgico y psquico
autnomo; se hizo el anlisis clnico de todas las formas de anomalas
que pudiera afectarlo; se le prest el papel de normalizacin y patologizacin
de la conducta entera; por ltimo se busc la tecnologa correctiva
de dichas anomalas. 4) Socializacin de las conductas procreadoras:
por medidas sociales y fiscales sobre la fecundidad de las parejas,
en razn de una responzabilizacin por el cuerpo social entero.
Socializacin mdica en virtud del valor patgeno, para el individuo
y la especie, prestado a la prctica del control de los nacimientos. Matriz operativa, de intervencin: las tcnicas de confesin y examen por medio
de las cuales -y a travs de expertos mdicos, psiquiatras, pedagogos,
curas y pastores- se rige la produccin de discurso verdico sobre
el sexo. Elemento tctico clave: sera la familia que habindose constituido
en el anterior dispositivo de alianza y sus reglas, es lentamente
infiltrada y reorganizada por el dispositivo de sexualidad: la familia
se satura de sexualidad, se psiquiatrizan y psicologizan los vnculos
y demanda expertos que hacen proliferar el discurso sobre el sexo,
previenen, dirigen y medicalizan. Focos de actividad: pastoral y penitencia en el Occidente cristiano,
colegios del siglo XVIII, movimiento filantrpico alemn, literatura
libertina, anlisis y contabilidad del sexo, polica del sexo que
reglamenta y ordena el sexo mediante discursos tiles y pblicos,
economa poltica de la poblacin; medicina: enfermedades de los nervios,
psiquiatra: etiologa sexual de las enfermedades mentales y perversiones,
jurisdicciones penales de pequeos hechos; toda una serie de controles
sociales a fin de proteger, prevenir, sealando peligros por todas
partes, llamando la atencin, exigiendo diagnsticos, amontonando
informes, organizando teraputicas. Se constituye as un: ...dispositivo histrico: no una realidad
por debajo de la que se ejerceran difciles apresamientos, sino una
gran red superficial donde la estimulacin de los cuerpos, la intensificacin
de los placeres, la incitacin al discurso, la formacin de los conocimientos,
el refuerzo de los controles y las resistencias se encadenan unos
a otros segn grandes estrategias de saber y poder. (VS 129). Ahora detallemos del captulo El dispositivo
de sexualidad, pto. 4- Periodizacin: ...(hay que) dudar de la homogeneidad del
proceso en todos los niveles de la sociedad y en todas las clases;
no existi una poltica sexual unitaria (...) al parecer, el dispositivo
de sexualidad no fue erigido como principio de limitacin del placer
de los dems por parte de lo que era tradicional denominar las clases
dirigentes. Parece ms bien que lo ensayaron sobre s mismas. (VS
149) (...) el hombre adulto, joven, que no posea
sino su fuerza para vivir, debera ser el primer blanco de una sujecin
destinada a desplazar las energas disponibles desde el placer intil
hacia el trabajo obligatorio. (...) Al contrario, las tcnicas ms
rigurosas se formaron y, sobre todo, se aplicaron en primer lugar
y con ms intensidad en las clases econmicamente privilegiadas y
polticamente dirigentes. La direccin de la conciencia, el examen
de s, toda la larga elaboracin de los pecados de la carne, la localizacin
escrupulosa de la concupiscencia fueron otros tantos procedimientos
sutiles que no podan ser accesibles ms que a los grupos restringidos.
El mtodo penitencial de Alfonso de Liguori,
las reglas propuestas a los metodistas por Wesley, les aseguraron,
es cierto, una difusin ms amplia; pero al precio de una considerable
simplificacin. (...) fue en primer trmino en la familia burguesa
o artistocrtica donde se problematiz la sexualidad de nios y
adolescentes; donde se medicaliz la sexualidad femenina; y donde
se alert sobre la posible patologa del sexo, la urgente necesidad
de vigilarlo y de inventar una tecnologa racional de correccin.(VS
146). De esa mujer ociosa habitante del lmite
entre lo mundano y su rol familiar y que sufra de vapores- a
la mujer nerviosa resulta que damos con la figura de la mujer histrica.
Por su lado, el nio onanista dilapidador tampoco era precisamente
el: (...) nio del pueblo, futuro obrero, a quien
habra sido necesario inculcarle las disciplinas del cuerpo; era el
colegial, el jovencito rodeado de sirvientes, preceptores y gobernantas,
y que corra el riesgo de comprometer menos su fuerza fsica que capacidades
intelectuales, un deber moral y la obligacin de conservar para su
familia y su clase una descendencia sana. (VS 147). Todo ello es calificado como autoafirmacin
de clase antes que sometimiento del otro: (...) la clase que se volva hegemnica en
el siglo XVIII (...) a partir de mediados del siglo XVIII hay que
verla empeada en proveerse de una sexualidad y constituirse a partir
de un cuerpo especfico, un cuerpo de clase, dotado de una salud,
una higiene, una descendencia, una raza (VS 150-1). Hay que sospechar en ello la autoafirmacin
de una clase ms que el avasallamiento de otra: una defensa, una proteccin,
un refuerzo y una exaltacin que luego fueron al precio de diferentes
transformaciones- extendidos a los dems como medio de control econmico
y sujecin poltica. En relacin con la difusin de este dispositivo
de sexualidad por el cuerpo social entero, con diferentes instrumentos
judiciales y/o mdicos en distintos sectores, las que Foucault denomina
capas populares resistieron bastante tiempo, por estar sujetas a
un dispositivo de alianzas que valora: a) matrimonio legtimo y
fecundidad, b) exclusin de uniones cosanguneas y prescripciones
de endogamia social y local. Los mecanismos de sexualizacin penetraron
lentamente estas capas, sin duda en tres etapas sucesivas (...) a
propsito de los problemas de natalidad, cuando a fines del siglo
XVIII se descubri que el arte de engaar a la naturaleza
no era privilegio de citadinos y libertinos, sino conocido
y practicado por quienes, cercanos a la naturaleza, deberan sentir
por tal arte ms repugnancia que los dems. (...) cuando la organizacin
de la familia cannica, alrededor de 1830, pareci un instrumento
de control poltico y regulacin econmica indispensable para la sujecin
del proletariado urbano: la gran campaa en pro de la moralizacin
de las clases pobres. (...) Finalmente cuando a fines del siglo XIX
se desarroll el control judicial y mdico de las perversiones, en
nombre de una proteccin general de la sociedad y de la raza. (VS
148). Hay que volver a formulaciones desacreditadas
desde hace mucho; hay que decir que existe una sexualidad burguesa,
que existen sexualidades de clase. O ms bien que la sexualidad es
originaria e histricamente burguesa y que induce, en sus desplazamientos
sucesivos y transposiciones, efectos de clase de carcter especfico.
(VS 154-5). Queremos destacar primero lo siguiente, la
aparicin posible de:
a)
una sociologa de la sexualidad: que pone
en perspectiva el origen social de los saberes y prcticas. Por los
cuerpos sexualizados -atravesados por los discursos proliferantes
sobre el oscuro secreto del placer, la jurisprudencia de las perversiones,
una medicina del sexo- se elabora la verdad del sujeto con pretensiones
de valor trascendente pues tiene apoyo en los ultimtums cientficos
de la autoridad mdico-moral, pero socialmente posicionado. Es decir,
sean las sociedades occidentales modernas, las transformaciones culturales
no van desligadas de la organizacin social especfica donde surgen
y sobre la cual operan en principio. La alusin simplificada de Foucault
a la burguesa -digamos por nuestra parte las clases instruidas
en los logros de Occidente- y las capas populares -que rechazan
segn Foucault toda esa cosa de la sexualidad como algo que no les
concierne- marca la asuncin de que el orden social est dividido
socialmente y desajustado culturalmente; que el juego perpetuo y no
igualitario de las relaciones de poder, de las temporalidades, tradiciones
y espacios merecen estudios detallados an partiendo del reconocimiento
simple y abstracto de una divisin binaria.
b)
una etnologa de la sexualidad: apuntara
a etnologizar lo social al estudiar las formas culturales de esos
saberes y prcticas. La vinculacin sexo-cuerpo trabajando con el
dispositivo de alianzas y el dispositivo de sexualidad ya sea
paralela, conjuntamente, o invirtindose uno sobre otro -como argumenta
Foucault a propsito del psicologizar o psiquiatrizar los vnculos
de alianza (VS 134-38). As, arriesguemos una hiptesis general: que
si el paso de naturaleza a cultura se articula por el tab
del incesto en los grupos humanos -incluso como una segunda
naturaleza en las capas populares, esos modernos naturales-
quiz el arte de engaar a la naturaleza en tanto tcnicas contraconceptivas
sea un tercer paso hacia la cultura. Este tercer paso de naturaleza
a cultura sera uno impensado desde la mirada etnocntrica burguesa,
que todo lo articula por medio de saberes correctivos legtimos, consonantes
con una moralidad, y le resulta difcil reconocer otros modos culturales
-y Foucault dice artes como si tuvieran un estatuto diferente de
los saberes- de operar sobre la reproduccin.
c)
una historia de la sexualidad moderna: el
emprendimiento foucaultiano que comienza por afirmar la modernidad
de este dispositivo y establece la apuesta del anlisis genealgico. Releemos al inicio
del artculo Mdicins, juges et sorciers au sicle XVIIe
sicle: Les ethnologues
savent bien que la mdicine peut tre analyse dans son fonctionnement
social: cette analyse ne porte pas seulement sur le personnage mdical
avec sa puissance, ses secrets, ses menaces et ses prescriptions,
avec la force dinquitude quil dtient- mais plus largement sur
les formes de sa pratique et sur les objets mdicaliser. Chaque
culture dfinit dune faon qui lui est particulire le domaine des
souffrances, des anomalies, des dviances, des perturbations fonctionnelles,
des troubles de conduite qui relvent de la mdicine, suscitent son
intervention et appellent de sa part una pratique specifie. la
limite, il ny a pas de domaine qui appartienne de plein droit et
universellement a la mdicine. (...) En fait, si on
veut que lhistoire des sciences ou des ides accde plus de rigueur
et puisse sarticuler sur dautres disciplines comme la sociologie
ou lhistoire conomique, il faut sans doute dplacer son domaine
traditionnel et ses mthodes. Il faut essayer sans quon puisse videmment
y parvenir tout fait- dethnologiser le regard que nous portons
sur nos propres conaissances : saisir non seulement la manire dont
le savoir scientifique est utilis, mais la faon dont sont dlimits,
les domaines quil matrise, la faon aussi dont les objets se forment
et sont scands les concepts. Il faut restituer dans une formation
sociale densemble ltablissement dun savoir -entendu comme lspace
de choses connatre, la somme de connaissances effectives, les instruments
matriels ou thoriques qui lassurent. (DE 753-4) Seguidamente en este artculo Foucault desarrolla
como ejemplo su investigacin de Historia de la locura en la poca
clsica, donde hace el anlisis de la manera en que sociedad
europea redefina, del siglo XVI al XIX los lmites de de la locura
(ib.). Es en esta obra donde Foucault se vuelve igualmente
etnlogo, dado que se propone hacer una historia no de lo que define
la identidad de una cultura, sino de lo que sta excluye, de su exterior:
una historia de los lmites
[21]
. Que existan sexualidades de clase y que esto
sea volver a formulaciones desacreditadas aparece como provocacin
en el contexto intelectual contemporneo, cuando la nocin misma de
clase parece insuficiente y reductora para dar cuenta de lo social.
Sin embargo, estimamos que Foucault dejara correr estas afirmaciones
clasistas para cuestionar -una vez ms- la estabilizacin dominante
de una figura del sujeto moderno y universal, por medio del conocimiento
libre y desinteresado sobre el sexo. Si Foucault hace esto con la
historizacin, tambin lo hace con su anclaje de clase, sobre todo
tratndose de los siglos XVIII y XIX. Forma parte -si bien aqu no
est tan desarrollada- de la empresa genealgico crtica. Para el
caso, Foucault nunca fue reconocido como marxista, pero habra que
estudiar detalladamente sus cuestionamientos a los marxistas y los
usos que l hace de Marx; seguramente no pasan por la teleologa del
historia, ni la ideologa, ni el potente hito de un Hombre Nuevo para
maana con su sexualidad al fin en su plenitud. Esto se rastrea en
la crtica que efecta a un tipo de causa poltica sexual, de la
militancia por la liberacin sexual como proyecto revolucionario,
y toda una prdica sexual que Foucault compara inesperadamente con
los franciscanos (VS 14). Si reunimos las sexualidades de clase con
la causa por la liberacin sexual que Foucault fustiga, puestas
en un plano de convergencia, porqu no decir que no hay clasistas
o marxistas- sino en la burguesa sea: la clase media que genera
proyectos revolucionarios y se dirige con conciencia y sexualidad
liberadas hacia el pueblo. De todas formas, estimamos que La
voluntad de saber es la primera vez que Foucault pone en foco
un anlisis situado endogmicamente en una clase, sector o grupo social:
se dirige en primer lugar a sus coetneos sociales, por decirlo
as, y no slo la generalidad que remite a la sociedad sapiente occidental,
las prcticas sociales y las instituciones. Una genealoga del
psicoanlisis que destella un socio-anlisis incipiente de la emergencia
histrica de un modo de sujecin en la burguesa contempornea?,
Auto-anlisis no psicologizado? Quedan los interrogantes abiertos.
De los materiales de cita que apuntamos, podemos desgajar las siguientes
lneas de progresin a partir de La voluntad de saber. IV.
Cuerpo, poblacin y bios Pero volvamos an a la pgina inicial aqulla
del artculo de 1969: Sans doute, la
mdicine daujourdhui est-elle devenue parfaitement consciente de
la relativit du normal et des variations considrables auxquelles
est soumis le seuil du pathologique: variations qui sont dues au savoir
mdical lui-mme, ses techniques dinvestigation et dintervention,
au degr de medicalisation dun pays, mais aussi aux normes de vie
de la population, son sytme de valeurs et ses seuils de sensibilit,
son rapport la mort, aux formes de travail qui lui sont prescrites,
en somme toute lorganisation conomique et sociale. La maladie,
finalement, cest, une poque donne et dans une societ donne,
ce qui se trouve pratiquement ou thoriquement- medicalis. (DE 753). Por la genealoga del bio-poder se conecta
con Vigilar y castigar; pues el poder sobre la vida se compone
con dos formas principales: procedimientos de poder caractersticos
de las disciplinas: anatomopoltica de cuerpo humano y
las intervenciones y controles reguladores: una biopoltica
de la poblacin. Foucault indica esta ltima dimensin del dispositivo
de sexualidad: Nuevo avatar de ese ascetismo burgus tantas
veces descrito a propsito de la Reforma, de la nueva tica del trabajo
y de la expansin del capitalismo?. Precisamente parece no tratarse
de un ascetismo o, en todo caso, de una renuncia al placer, de una
descalificacin de la carne, sino, por el contrario, de una intensificacin
del cuerpo, una problematizacin de la salud y sus condiciones de
funcionamiento; de nuevas tcnicas para maximizar la vida. Ms que
de una represin del sexo de las clases explotables, se trat del
cuerpo, del vigor, de la longevidad, de la progenitura y de la descendencia
de las clases dominantes. (VS 149). En este proceso Foucault se sirve de una forma
de transposicin de la aristocracia hacia la burguesa: una transposicin, en otras formas, de los
procedimientos utilizados por la nobleza para sealar y mantener su
distincin de casta; pues la aristocracia nobiliaria tambin haba
afirmado la especificidad de su cuerpo, pero a travs de la sangre,
es decir, por la antigedad de las ascendencias y el valor de las
alianzas; la burguesa, para darse un cuerpo mir en cambio hacia
la descendencia y la salud de su organismo. El sexo fue la sangre
de la burguesa. No es un juego de palabras: muchos de los temas propios
de las maneras de casta de la nobleza reaparecen en la burguesa del
siglo XIX, pero en forma de preceptos biolgicos, mdicos, eugensicos;
la preocupacin genealgica se volvi preocupacin por la herencia;
en los matrimonios se tomaron en cuenta no slo los imperativos econmicos
y reglas de homogeneidad social, no slo las promesas de la herencia
econmica sino las amenazas de la herencia biolgica; las familias
llevaban y escondan una especie de blasn invertido y sombro cuyos
cuartos infamantes eran las
enfermedades o las taras de la parentela. (...) Y de aqu mismo asciende hasta formular la
organizacin de un racismo de Estado en la forma de controlar y
gestionar la vida de las poblaciones para preservar el futuro biolgico
de la de la raza, de la nacin. Es decir, asistimos a la concatenacin
de hogar y nacin en un dispositivo de sexualidad de prevencin y
control por la amenaza de degeneracin. Salimos un momento del texto de Foucault y
sobre la cuestin del capital patolgico de la especie (VS 143)
en clave de una nacin, proponemos de nuestra parte, quiz
como un foco de actividad ms, el ejemplo histrico siguiente: Algn da encontraremos que el primer e ineludible
deber del buen ciudadano del tipo correcto es dejar tras l, tras
ella, su sangre en el mundo, y que no tenemos ningn derecho a permitir
la perpetuacin de los ciudadanos del tipo errneo. El gran problema
de la civilizacin es garantizar que los elementos valiosos de la
poblacin crezcan, en trminos relativos, con respecto a los menos
valiosos o perniciosos... El problema no podr resolverse a no ser
que le demos toda su importancia a la herencia... Deseo vivamente
que se impida del todo a las personas errneas aparearse; y cuando
su naturaleza maligna sea suficientemente flagrante, habra que hacer
esto: habra que esterilizar a los criminales y prohibir a los dbiles
mentales que dejen descendencia... habra que insistir en que las
personas que se apareasen fuesen las ms deseables. Es un discurso de Theodore Roosevelt, vigsimosexto
presidente de los Estados Unidos, a principios del siglo XX. Por el mismo perodo, en 1908, Alexandre Graham
Bell manifestaba: Hemos aprendido a aplicar las leyes de la
herencia para modificar y mejorar la raza de nuestros animales domsticos.
Podr disponerse de los conocimientos y la experiencia as adquiridos
para el hombre, de manera que l mismo pueda mejorar su propia especie? El movimiento eugensico estadounidense
[22]
-prcticamente borrado de los libros de
historia de los Estados Unidos- nace en 1890 tras la primera oleada
de inmigracin (irlandeses, judos, italianos y dems) y dura hasta
la Gran Depresin de los aos treinta. Se trata de un movimiento ideolgico
ilustrado compuesto por familias de abolengo y rango, profesores universitarios
y profesionales de clase media. Coincide con la aparicin de los barrios
miserables, los primeros sindicatos y luego el aislacionismo del temor
a los rojos, posterior a la primera guerra mundial. La clase alta vea en la eugenesia la explicacin
racional que poda avalar el derecho que tena al poder. En una poca
en que se saludaba a la ciencia como la pieza maestra de la grandeza
americana y la gua hacia su claro destino, la eugenesia ofreca una
explicacin cientfica de los problemas sociales y econmicos y una
manera cientfica de acercarse a la solucin.
[23]
En aquel perodo el fervor eugensico tom
la forma de un evangelismo secular: era el tema predilecto en aulas
universitarias, convenciones profesionales, estrados polticos, clubes
femeninos, asambleas de iglesias y revistas populares. Despus de
1910 se crearon sociedades eugensicas como la Sociedad Galton de
Nueva York, sociedades de educacin eugensica en Chicago, San Luis,
Madison (Wisconsin), Battle Creek (Michigan) y San Francisco. En 1913
se fund la Sociedad Eugensica, en 1922 el Comit Eugensico de los
Estados Unidos, luego Sociedad Eugensica Americana. Los genetistas
estaban alarmados por el declive de la calidad hereditaria del pueblo
americano. Margaret Sanger, clebre luchadora por el control de la
natalidad a principios del siglo, tambin estaba vivamente enrolada
en el discurso eugensico; y David Starr Jordan, vicepresidente
de los nacientes boy scouts de Amrica, crea que el programa
de su organizacin podra contribuir a educar al hombre nuevo eugensico. Actualmente, tambin todo el vocero de promesas
eugensicas de la biotecnologa se difunden y compran, en primer
lugar, en las clases dirigentes. Podemos apostar que sus ventajas
y beneficios se aplicarn en primer lugar sobre s mismos y no sobre
otros. Toda la historia de las mejoras en los modos de vida transporte,
entretenimiento, informatizacin- demuestra que primero ocurren en
los espacios sociales privilegiados y dirigentes. De hecho, la biotecnologa
es la unin heroica del ordenador con el anlisis y programacin de
la descendencia. En el encadenamiento del establishment cientfico
con la industria gentica
[24]
, el financiamiento de costosas investigaciones
y su regreso con intereses, hacen pensar tendencialmente en un posible
crculo bio-virtuoso de una nueva burguesa biolgica que enlaza
ciencia y buena sociedad como hecho y derecho. Una vez ms,
el mbito de lo jurdico se muestra desbordado por la inventiva de
esta sociedad. Porqu Foucault dej pendiente esta genealoga
del bio-poder? Quiz porque se aproximaba demasiado a una contemporaneidad
en que se inventaba realmente este biopoder, y esto tensaba su estudio
hacia una prospectiva ms que a una genealoga. Efectivamente
no lo sabemos. Pero tambin podra esbozarse otra razn cierta: que
en este caso ya no son las ciencias humanas las principales implicadas,
sino las ciencias naturales mismas, las epistemolgicamente
fuertes. Si bien Foucault las estudi al formular las epistemes
(PC), en este caso operaran intervenciones directas sobre la vida
humana: las ciencias naturales pasan a ser las ciencias tecnolgicas
de intervencin e invencin. Las nuevas protagonistas de
la eugenesia ya no dudosos preceptos biolgicos y la medicina del
sexo sino un conjunto de conocimientos con base cientfica a secas;
que fundan intervenciones ms o menos probables sobre el individuo
biolgico, por medio de tecnologas genticas que hacer soar con
humanidades ideales, perfectas e incorruptibles. Se inici
en la dispersa y risuea tarea de la ciruga esttica mdica.
Ahora, las elucubraciones del maridaje entre saber-poder y los sueos
de una humanidad eugensicamente redimida entran por la puerta de
las ciencias de la vida
[25]
. Nueva episteme, nueva tecnologa,
nuevo dispositivo, nueva moralidad? Un segundo giro antropolgico?
Sobrehumano? Muy poco o an humano, demasiado humano? V. Modos
de sujecin (social) En la anatomopoltica del cuerpo humano,
en ese cuerpo como superficie de inscripcin de las disciplinas
no hay subjetividad todava; tampoco habra tal aspecto en
la biopoltica ni en el eugenismo por su anclaje estrictamente biolgico:
en este dominio las caractersticas de personalidad y ciertas facultades
como la inteligencia se derivan de una base gentica. Con Foucault
pasamos de organizar y jerarquizar las multiplicidades a disciplinar
los cuerpos, y de aqu a una biopoltica de las poblaciones. O
ms bien se presupone la edificacin de la subjetividad segn las
coacciones (disciplinas) de estructuras como el jercito o
escuela; o intervenciones del saber que extraen la verdad del sujeto
(sexualidad). Pero en La voluntad
de saber se esboza una posible entrada a la subjetivacin/sujecin,
cuando se postulan las sexualidades de clase y se agrega que: una de las formas primordiales de la conciencia
de clase es la afirmacin del cuerpo; al menos se fue el caso de
la burguesa del siglo XVIII. (...) ...se dot, en una afirmacin
poltica arrogante, de una sexualidad parlanchina que el proletariado
por mucho tiempo no quiso aceptar, ya que le era impuesta con fines
de sujecin. (VS 153-4) As es como sujecin, mode dassujettissement
y sujeto seran las palabras claves en lo que se tradujo como
modos de sujecin. Este vocabulario se establece entre los derroteros
de Foucault hacia El uso de los placeres y El cuidado de
s -Historia de la sexualidad I y II respectivamente.
Se trataba, en suma, de ver cmo, en las sociedades
occidentales modernas, se haba ido conformando una experiencia,
por la que los individuos iban reconocindose como sujetos de una
sexualidad, abierta a dominios de conocimientos muy diversos y articulada
con un sistema de reglas y restricciones. El proyecto era por lo tanto
el de una historia de la sexualidad como experiencia si entendemos
por experiencia la correlacin, dentro de una cultura, entre campos
del saber, tipos de normatividad y formas de subjetividad. (UP 7-8). Como en Historia de la locura en la poca
clsica aqu aparece retrabajada la nocin de experiencia en
una definicin que articula tres elementos, donde emerge la consideracin
de las formas de subjetividad. Habiendo hecho el anlisis de las
prcticas discursivas para seguir la formacin de los saberes
y el anlisis de las relaciones de poder y de sus tecnologas, ahora: En la obra biogrfica de Didier Eribon [26] se menciona la importancia relativa que habran tenido las investigaciones del historiador Paul Veyne en la reelaboracin de nuevas exigencias genealgicas en Foucault: ...me ayud constantemente en el transcurso de estos aos ... sera difcil circunscribir su influencia sobre estas pginas. (UP 11). En efecto, pensamos en las largas conversaciones entre ambos sobre la Antigedad romana, podran haber sido suscitadas muy directamente por los pasajes de La voluntad de saber como los ya citados aqu (cf. arriba) sobre la direccin de conciencia y el examen de s a propsito de las tcnicas de confesin en Wesley y Liguori.
A
travs de qu juegos de verdad se da el hombre a pensar su ser propio
cuando se percibe como loco, cuando se contempla como enfermo, cuando
se reflexiona como ser vivo, como ser hablante y como ser de trabajo,
cuando se juzga y se castiga en calidad de criminal, (...) cuando
se ha reconocido como hombre de deseo? (UP 10) Si
seguimos a Dreyfus y Rabinow, luego de la genealoga del individuo
moderno como objeto (as object) viene la genealoga
del individuo moderno como sujeto (as subject). Pero se vuelve
interesante que estas genealogas no sean necesariamente sucesivas
ni paralelas sino, digamos, arqueolgicas: se yuxtaponen y
cortan una a la otra. A
partir de la genealoga del individuo como sujeto se habilitara una
lectura en reversa de las objetivaciones -en la formacin de los
saberes, en las disciplinas y los dispositivos de poder- en clave
de subjetivacin, modo de sujecin, por el modo especfico
de relacin del individuo consigo mismo a travs de objetivaciones
institucionales y normalizadoras: jurdicas, mdicas, psicolgicas
y morales. Al indagar la genealoga del hombre de deseo Foucault
intenta pasar por detrs de la misma teora del deseo vigente, pues
sta ya se halla instalada en la problemtica moderna de la verdad
del deseo del sujeto. Y como empresa genealgica pues habr de continuar
hilando el rastro de hitos, a saber: los meticulosos rituales
de la confesin cristiana y, ms all todava, el uso de los placeres
-usage des plaisirs: chresis aprhodision- y el
cuidado de s -souci de soi: pimelia heautou- de los antiguos
estoicos.
[27]
Podemos
apreciar la magnitud de este proyecto solamente marcando ciertos rasgos:
a)
Que para los antiguos no existe algo como el yo individual
y psicolgico, el s-mismo antiguo no es un sujeto interno
(el verdadero, autntico): el alma de Scrates no es el individuo
psicolgico sino que es un daimon impersonal o suprapersonal
que mora en Scrates
[28]
.
b)
Que la ocupacin de s-mismo no es un escarbar una
verdad enterrada en el sujeto, sino una verdad que no mora en l.
c)
Se compone de ejercicios filosficos que no van
a dar a la forma de teoras sistemticas, sino a transformar integralmente
al practicante, pues a todo su mod o de vida, su relacin consigo
y tambin con la esposa, los jvenes, con el hogar, los asuntos de
la ciudad y la verdad -el universo, el cosmos, la naturaleza.
d)
Es un desprenderse de una existencia pasional, desordenada,
inflacionada de preocupaciones vanas, para mejorarse, salirse, en
un sentido liberarse de un s-mismo afectado por vaivenes pasionales
(pathos), para cambiar radicalmente el modo de vivir y pensar.
Tambin en trminos de un auto-afectarse para superarse a s-mismo
por medio de un trabajo sin-fin sobre s, que implica, por ejemplo,
el dominio de los placeres y las pasiones.
e)
Que el gobierno de s habilita integralmente para el
buen gobierno de los otros: el hogar, la ciudad.
f)
Que la relacin con la verdad no es religiosa ni cientfica
sino respecto del cosmos, el universo -posteriormente la razn
universal. Sobre la discusin entre Iscrates y el rey de Chipre, Nicocles,
comenta Foucault: la
regla de fidelidad no tiene nada que ver con la formulacin universal
de los estoicos: debo ser fiel a mi esposa porque soy un ser humano
y racional. En primer lugar porque soy el rey! Y se puede ver que
la manera en que la misma regla es aceptada por Nicocles y por los
estoicos es completamente diferente. Y esto es lo que llamo mode
dassujettissement, el segundo aspecto de la tica. (...) Los
estoicos pasan lentamente de la idea de una esttica de la existencia
a la idea de que debemos hacer tales y cuales cosas porque somos seres
racionales. (GE 145) En
su estructura de la interpetacin de la genealoga de la tica (Dreyfus
y Rabinow, GE 142) , Foucault establece los siguientes aspectos articulados
: tica:
Es el tipo de relacin que se debe tener con uno mismo (rapport
soi) y que determina cmo el individuo debera constituirse
en sujeto moral de sus propias acciones. 1-
Sustancia tica (substance thique) : No es siempre la misma
parte de nosotros, o de nuestro comportamiento, la que es relevante
para el juicio tico. Se trata del material que va a ser trabajado
por la tica, por ejemplo, los actos ligados al placer (aprhodisia)
en El uso de los placeres. 2-
Modo de subjetivacin/sujecin (mode dassujettissement): Es
la manera en que se incita o se invita a la gente a reconocer sus
obligaciones morales. Por ejemplo: es la ley divina que se ha revelado
en un texto? Es la ley natural, un orden cosmolgico, en cada caso
el mismo para cada ser viviente? Es una regla racional? Es el intento
de darle a la existencia la forma ms bella posible? 3-
Prctica de s: Qu debemos hacer, sea para moderar nuestros actos,
o para descifrar qu somos, o para erradicar nuestros deseos, o para
hacer uso de nuestro deseo sexual con el fin de lograr ciertos propsitos
como tener hijos, etc. toda esa elaboracin de nosotros mismos dirigida
a comportarnos ticamente. (...) lo que llamo la actividad autoformadora
o prctica de s (pratique de soi) o ascetismo (asctisme)
en un sentido muy amplio. 4-
Teleologa (tlologie): Se refiere a qu clase de ser aspiramos
cuando nos comportamos moralmente. Por ejemplo, si nos volveremos
puros, inmortales, libres, amos de nosotros mismos, etc. En
lo que llamamos moral est: a) el comportamiento efectivo de
las personas; b) estn los cdigos; y c) el tipo de relacin con uno
mismo, segn los cuatro aspectos antes mencionados. Bien,
quiz alguna lectura contempornea que experimenta un estado de desorientacin,
vaco existencial, o perplejidad creciente ante, digamos, una implacable
deconstruccin negativa de los valores, encuentre particularmente
atractivo seguir la genealoga foucaultiana hasta la piedra de los
antiguos, donde conocimiento y s-mismo vuelven a mostrar
sus lazos cruzados. Efectivamente, existe algo como una vibracin
contempornea en estos estudios: lo que llamaramos el efecto crtico
sobre el presente y en relacin con las obras anteriores de Foucault
(formacin de los saberes y tecnologas de poder). Registremos tres
pasajes relativos a esta actualidad: Este esfuerzo
sobre s es necesario, esta ambicin justa. Numerosos son aquellos
que se dejan absorber por entero en la poltica militante, en la preparacin
de la revolucin social. Pocos, muy pocos, aquellos que, para preparar
la revolucin, quieren tornarse dignos de ella.
[29]
Y como los
poderes no se conforman con ser exteriores, sino que se introducen
en cada uno de nosotros, gracias a la filosofa todos nos encontramos
constantemente en conversaciones o negociaciones y en guerra de guerrillas
con nosotros mismos.
[30]
Lo que me
sorprende es que en la tica griega la gente se preocupaba mucho ms
por la conducta moral, su tica, sus relaciones consigo mismos y con
los dems que por los problemas religiosos. (...) Lo segundo es que
la tica no estaba relacionada con ningn sistema institucional o
al menos legal. (...) Lo tercero es que lo que les preocupaba era
constituir una especie de tica que era una esttica de la existencia.
(...) deberamos ligar la clase de relacin que uno tiene consigo
mismo a una actividad creativa. (...) Los recientes movimientos de
liberacin padecen del hecho de que no pueden encontrar ningn principio
sobre el cual fundar la elaboracin de una nueva tica. Necesitan
una tica, pero no pueden encontrar ninguna tica que no sea una fundada
en el as llamado conocimiento cientfico de lo que es el yo, de lo
que es el deseo, de lo que es el inconsciente, etc. Estoy sorprendido
por esta similitud de problemas. (GE, 133-4, 142). Pero inmediatamente
Foucault asevera que no acepta la palabra alternativa en relacin
con los antiguos: no se puede encontrar la solucin de un problema
en la solucin de otro problema propuesta en otro momento por otra
gente (GE, 134). Recordemos las palabras de Antonio Gramsci: con
el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad. Foucault
agrega: Quiero hacer
la genealoga de las problemticas, de las problmatiques.
Mi punto de vista no es que todo sea malo sino que todo es peligroso,
lo que no quiere decir exactamente lo mismo. Si todo es peligroso,
entonces siempre tenemos algo que hacer, por lo tanto, mi posicin
no lleva a la apata sino al hiperactivismo pesimista (GE 134). No
retorno al sujeto sino, en todo caso, apertura del sujeto en la
problematizacin tico-genealgica del s-mismo, que lleva a otro
modo de autoafectarse que se pretende irreducible a la mera normalizacin
institucional, la pura modelacin de los cuerpos por las disciplinas
o la sujecin a los dispositivos de poder (como la sexualidad).
Y este efecto se hace patente al desandar la historia de los modos
de sujecin en las objetivaciones de los saberes establecidos
y la moralizacin de la poblacin. Expone a otro modo de vivir y vivirse,
ocupndose de s-mismo pero en el mismo movimiento ocupndose de otros,
con otros, en relaciones que nada deben e incluso desbordan los espacios
y modos institucionalizados y preestablecidos de las relaciones sociales
[31]
. Este gnero de tica era solamente un
problema de eleccin personal... estaba reservada a muy pocas personas
entre la poblacin; la cuestin no era dar una regla de comportamiento
para todos. (GE 132). Eran prcticas de una lite de los estoicos,
por ejemplo. En fin, otros modos de relacin con la verdad, otros
juegos de verdad donde el cuidado de s adquiere una relevancia
notable, y es realizado en la lite griega y romana mediante la paideia
de maestros a jvenes discpulos, como una conversin a s,
para mejorarse.
Digamos
que, por otra parte, para los antiguos se trata de una tica masculina
segn el rol de los hombres, varones libres, en la ciudad. Existen
cambios sociolgicos que afectan a este rol y la forma de la tica,
como cuando desaparece la ciudad y cambia la manera en que (los hombres)
se podan reconocer como sujetos de comportamientos polticos y econmicos.
(...) cambia el mode dassujettissement cuando los estoicos
se reconocen como seres universales. (GE 148). Luego, con el cristianismo,
cambia toda esta tica pues: la sustancia tica ya no ser
los aphrodisia (placeres) sino el deseo, la concupiscencia,
la carne, etc.; el modo de sujecin ser la ley divina; respecto
de la prctica de s, el autoexamen toma la forma de autodesciframiento;
y el telos habr cambiado porque el fin es la inmortalidad,
la pureza, etc. (GE 148-9). Hay que tomar nota entonces de la lejana
que nos separa de este mundo y las transposiciones que han ocurrido,
histrica y etnolgicamente hablando. En efecto, si bien constituye
la tradicin occidental, es en verdad otra poca con su organizacin
social y cultura diferentes. Por eso Foucault deja de lado la oposicin
inicial del dispositivo de sexualidad frente a una ars erotica
oriental (La voluntad de saber) para seguir trabajando
sobre la tradicin occidental, que afirma la posibilidad de seguir
implicado en su ontologa de nosotros mismos (GE 142).
Entre
las invenciones culturales de la humanidad hay un tesoro de planes,
tcnicas, ideas, procedimientos, etc. que no pueden ser exactamente
reactivados, pero que al menos constituyen o ayudan a constituir un
cierto punto de vista que puede ser til como herramienta para analizar
qu sucede ahora y cambiarlo (GE 140).
VI.
Eplogo: la buena sociedad
Para
terminar daremos un brevsimo paso ms con Norbert Elias y la sociedad
cortesana de los siglos XVII y XVIII
[32]
, a los fines de esbozar una zona de densificacin
socio-histrica entre la nobleza y la burguesa, habiendo
adquirido la nocin de modos de sujecin de M. Foucault. Dice
Elias, en su propsito de entender los particulares ethos y
conductas de los cortesano-aristocrticos de la buena sociedad o
el monde cortesano:
La
racionalidad cortesana, si se nos permite llamarla as, no recibe
su carcter especfico, como la racionalidad cientfica, primariamente
en virtud de conocer y controlar relaciones naturales extrahumanas,
ni tampoco, como la profesional-burguesa, primariamente por razn
de la planificacin calculadora de la propia estrategia de conducta
en la lucha competitiva por las oportunidades econmicas de poder,
sino, como ya se ha visto, en primer lugar en virtud de la planificacin
calculadora de la propia estrategia respecto de las posibles ganancia
o prdida de oportunidades de status y prestigio, bajo la presin
de una incesante competicin por las oportunidades de poder de esta
ndole. (SC 126)
De acuerdo con esta estructura
...de ningn modo pacfica ...la sociedad cortesana recalcaba con
especial fuerza en sus hombres algunos aspectos distintos de los de
la sociedad burguesa-industrial. Mencionemos algunos:
1)
El arte de observar a los hombres ...la
autoobservacin: ...No se trata pues, aqu, como sucede en un
autoexamen hecho por motivos religiosos, de una inspeccin de lo interno,
ni de un ensimismarse como un ser solitario para probar y disciplinar
sus deseos ms recnditos segn la voluntad de Dios, sino de una observacin
de s mismo para adquirir una disciplina en el teatro social. (SC
142).
2)
El arte de la manipulacin de los hombres. (...)
3)
El control de los afectos: ...La competencia
de la vida cortesana obliga as a un control de los afectos a favor
de una conducta exactamente calculada y matizada en el trato de los
hombres. Aqu
notamos que, en lo que respecta al autoexamen, Elias lo contrasta
con su prctica en el cristianismo. A esta misma prctica, Foucault
la remonta hacia la Antigedad grecorromana, atravesando el cristianismo.
Aunque haya entre ellos registros completamente diferentes podemos
incorporar en esta lnea general estos aspectos que Elias denomina
autoobservacin, el control de los afectos y la manipulacin de los
hombres de la sociedad cortesana.
En
este sentido, para afirmar la pertinencia, resulta relevante que una
de las principales fuentes de estudio para Norbert Elias sean las
Memorias de St. Simon. Este es un texto que se parece a una
escritura de s, pero en los trminos del desempeo en el teatro
social cortesano; no cabe en la literatura del yo, o en todo caso
es un yo social corts; y, finalmente, se parece a un libro de preceptos
para lograr una conducta social afortunada. As St. Simon dejara
asentada una experiencia social, una objetivacin de habitus,
un modo de sujecin social:
Un hombre que
domina el juego de la corte es dueo de sus ademanes, de sus ojos
y de su semblante; ha de ser profundo, impenetrable; disimula las
malas intenciones, sonre a sus enemigos, controla su genio, disfraza
sus pasiones, contradice a su corazn, habla, acta, en contra de
sus sentimientos (St. Simon, SC 142-3) Entonces, uno se
da cuenta prosigue Elias- de que: ...algunas de
las basic personality characteristics o como se expresa a
veces- el espritu de los cortesanos resulta de la estructura social,
de la configuracin, del entramado de interdependencias que tales
hombres forman entre s. (SC 154).
Regularmente Elias
va desarrollando el contraste entre los cortesanos del ancien rgime
y los industriales o profesionales-burgueses, para quienes la coaccin
de las conductas por las interdependencias sociales se reformulan
profundamente. Habra que estudiar
la contraposicin o continuidad, en relacin con las elaboraciones
de Norbert Elias, de los conceptos interdependientes de hbitus
y campo social en Pierre Bourdieu. Quiz nos alejamos de M. Foucault,
pero si replanteamos de nuevo la problematizacin de los modos
de sujecin, objetivacin y subjetivacin, en relacin
con la vida en una sociedad y cultura; ms la composicin de la
desacreditada cuestin de las clases sociales (VS 154-5); y si
lo hacemos histricamente, ya habr que emprender nuevas problematizaciones
y an ms ampliadas sobre la forma de los sujetos histrico-sociales
y culturales. A continuacin,
se propone un cuadro comparativo con ciertos elementos tratados.
Santiago del Estero, enero 2001
* Instituto de Altos Estudios Sociales - Universidad Nacional
de General San Martn (IDAES-UNSAM), Maestra en Sociologa de la Cultura
y Anlisis Cultural Anlisis de la cultura I, Prof. Hugo Vezzetti. Monografa final
[1]
E. Benveniste, Le vocabulaire des institutions
indo-europennes, vol. I, d. de Minuit, Paris, 1969, pp. 321-333.
Citado en Francesco Paolo Adorno, Le style du philosophe. Foucault
et le dire-vrai, d. Kim, Paris, chap. V, n. 32. [2] Roger Chartier, El poder, el sujeto, la verdad. Foucault lector de Foucault, en Escribir las prcticas. Foucault, de Certeau, Marin. Buenos Aires, Manantial, pp. 101-127. Tambin cf. Patxi Lanceros: El proyecto general de Michel Foucault, en Revista de Filosofa, Universidad Complutense, Madrid, 1997. Para un desplazamiento de la temtica del poder en Foucault: ngel Gabilondo, Del discurso del poder al poder de los relatos, mimeo. [3] Pierre Hadot, Ejercicios espirituales y filosofa antigua. tudes Agustiniennes, Pars, 1981, p. 41 (trad. pref.- cap. I por Juan Manuel Fabre). Lo citado de I. Dring, Aristoteles, Heidelberg, p. 29, 33, 41, 226; y en la recopilacin colectiva: Aristoteles in der nueren Forschung. Darmstad, 1968, pp. 259, 247-248. [4] Michel Serres, La geometra de la locura, en La comunicacin, Buenos Aires, Almagesto. D. Eribon, sobre Descartes en Historia de la locura: Las metforas geolgicas abundan en el texto de Foucault, y aqu hay que dar a esta idea de una implicacin arcaica el sentido de una reinscripcin de la reflexin cartesiana en una capa geolgica ms profunda del suelo de la cultura clsica. Es a partir de esa sedimentacin arcaica, tal como se traiciona en el gesto cartesiano, como Foucault se propone hacer la arqueologa, en Didier Eribon, Michel Foucault y sus contemporneos, Buenos Aires, Nueva Visin, p. 139. [5] Gilles Deleuze, Foucault, Barcelona, Paids.
[6]
Hubert Dreyfus y Paul Rabinow, Michel
Foucault. Beyond structuralism and hermeneutics, University
of Chicago Press, p. 104. [7] Ibid., p. 118. [8] Citamos la tradicin francesa de ciencias humanas, lo que en otros mbitos pueden ser denominadas ciencias sociales. Sin embargo, es preciso hablar de ciencias humanas porque remite extensamente a las ciencias humanas tecnolgicas que operan una intervencin sobre los individuos, su psiquis, cuerpo y el cuerpo social. As se alude a la psiquiatra, psicologa, educacin, entrenamiento militar, clnica mdica, medicina del sexo del siglo XIX (VS 69). Salvo Las palabras y las cosas, su obra se diferencia de G. Bachelard, G. Canguilhem -y T. Kuhn- porque ellos trabajan sobre todo las ciencias epistemolgicamente firmes: las ciencias naturales. Por contraste, en la tradicin francesa, las ciencias humanas de epistemologa dudosa son aquellas que no lograron cruzar el umbral de aceptabilidad plena de su epistemologa. Es indicativo de esta diferenciacin cuando Foucault mismo en La voluntad de saber deslinda la fisiologa de la reproducin de la medicina del sexo, y caracteriza a esta ltima como pretendiendo beneficiarse de la verdad cientfica de aqulla. En su anlisis, la medicina de sexo era una ciencia subordinada en lo esencial a los imperativos de la moral cuyas divisiones reiter bajo los modos de la norma mdica(VS 67-8). [9] E.P. Thompson, La formacin de la clase obrera inglesa, Barcelona, Crtica; y Costumbres en comn, Barcelona, Crtica. [10] C. Ginzburg, El queso y los gusanos. EL cosmos segn un molinero del siglo XVI. Barcelona, Muchnik. [11] Didier Eribon, op.cit., p. 139. [12] Peter Burke, La cultura popular en la Europa moderna. Madrid, Alianza. [13] M. de Certeau, La belleza del muerto, en La cultura en plural. Buenos Aires, Nueva Visin. [14] Jacques Le Goff, Lo cotidiano y lo maravilloso en el Occidente medieval, Barcelona, Altaya. [15] Pierre Hadot, historiador especialista en filosofa antigua griega y romana, tambin apunt su crtica respecto de los estudios El uso de los placeres y El cuidado de s de Foucault. Le seala errores de interpretacin sobre la cultura antigua y la problematizacin del s-mismo. Hadot ha mencionado que los intereses del especialista pueden diferir de otros intereses -como los de Foucault- de orden filosficos y contemporneos. Sin embargo, P. Hadot sugiere que l mismo tambin tiene un inters contemporneo en la filosofa antigua y que son sus opciones filosficas las que lo separan de Foucault. Digamos: es el combate por la historia del presente entre el historiador y el genealogista. Michel Foucault y Pierre Hadot aparecen vinculados por sus citas cruzadas: primero, en la Introduccin de El uso de los placeres; y el artculo Reflexiones en torno a la nocin de cultivo de s mismo de Pierre Hadot (incluido en E. Balbier - G. Deleuze et. al., Michel Foucault, filsofo. Barcelona, Gedisa). El libro en cuestin es P. Hadot, Exercices spirituels et philosophie antique, tudes Agustiniennes, Paris 1981. [16] Un matiz sobre esto: seran saberes que no se organizan ms con forma legtima de ciencia, pero esto no significa que no continen vigentes en espacios sociales y culturales diferentes; por ejemplo, si pensamos que puede ser an vigente, pero en clave netamente etnolgica, algo aproximado a lo que Foucault llam una episteme de la semejanza (PC). De hecho, en historia de la psicologa, E. Gandolfo y H. Vezzetti argumentan que lo que hoy conocemos como las ciencias ocultas tenan su lgica en ese momento basada en algo como la episteme de la semejanza expuesta por Foucault (PC). Luego todo eso cambia fundamentalmente y la psicologa se desprende de su ala espiritista y del paradigma de la hipnosis. Si bien puede advertirse que quedan en gran medida activas, estas tradiciones o saberes son ciertamente recodificados y enfrentados a otros espacios del saber. E. Gandolfo y H. Vezzetti, curso Psicoterapia y psicopatologa en el siglo XIX . [17] Publicado en Mdicine de France, n 200, 1 trimestre 1969, pp. 121-128. Incluido en la compilacin Michel Foucault, Dits et crits. Pars, Gallimard, t. II, pp. 753-766. [18] C. Ginzburg trabaja estos temas de cerca y le resultan especialmente sensibles, cf. los ensayos reunidos en C. Ginzburg, Mitos, emblemas e indicios, Barcelona, Gedisa. Este artculo de Foucault es citado por Michel de Certeau, Historia y psicoanlisis, Mxico, Universidad Iberoamericana. [19] D. Eribon menciona adems otro libro del proyecto Historia de la sexualidad no publicado, sobre La Femme, la mre et lhystrique. D. Eribon, op cit., p. 159. [20] Se refiere una fbula de Diderot donde es un anillo maravilloso lo que hace hablar a los sexos. Ese "anillo" que "oculta su mecanismo" se quiere poner bajo anlisis. [21] D. Eribon, op. cit. [22] Jeremy Rifkin, El siglo de la biotecnologa. El comercio gentico y el nacimiento de un mundo feliz, Barcelona, Crtica/Marcombo (1998), pp. 118-126. [23] Rifkin, op.cit. [24] Actualmente Robert F. Curl, nobel de qumica, de la Universidad Rice declara: el siglo XX fue el siglo de la fsica y de la qumica. Pero es claro que el siglo que viene ser el de la biologa; algunas de las principales empresas son Amgen, Genzyme, Calgene, Mycogen, Myriad. J.Rifkin, op.cit, p. 31. [25] En la literatura, las referencias seran Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932) y en la actualidad la llamada novela de tesis de Michel Houllebecq, Las partculas elementales (1996); en esta novela el escritor francs menciona la obra de Michel Foucault como algo inservible, perteneciente al pasado de la especie. [26] D. Eribon, Michel Foucault, Barcelona, Anagrama. [27] Curiosamente Foucault habla poco de los epicreos. Y esto es tanto ms inesperado cuanto que en cierto sentido la tica epicrea es una tica sin normas, una tica autnoma, que no puede fundarse en la naturaleza, una tica que es producto del azar, una tica pues que parecera convenir perfectamente a la mentalidad moderna. La razn de este silencio est tal vez en el hecho de que es bastante difcil de integrar el hedonismo epicreo en el esquema general de uso de los placeres propuesto por Michel Foucault. P. Hadot, Reflexiones en torno a la nocin de cultivo de s mismo , en E. Balbier G. Deleuze et al., op cit. [28] P. Hadot, ibd. Resea de las discusiones. [29] G. Friedmann, El poder y la sabidura, Paris, 1970, p. 359. Citado en P. Hadot, Ejercicios espirituales... p. 4. [30] G. Deleuze, Conversaciones 1972-1990, Valencia, Pre-Textos. [31] Cfr. G. Deleuze, bid., Cap. III. Michel Foucault, p. 135; A. Gabilondo, Del discurso del poder al poder de los relatos, mimeo, y Ocpate de t mismo. Michel Foucault: la tica como prctica de la libertad, Archipilago n 25, otoo 1996. [32] Norbert Elias, La sociedad cortesana, Mxico, Fondo de Cultura Econmica. |