El ombligo del sueo. Freud

y los dilemas de la interpretacin

Dr. Mario C. Casalla


 

 

 

 

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Hay libros que terminan imponindose a sus propios autores y aun al rechazo de sus primeros lectores. Vencen las resistencias de ambos y se siguen editando y leyendo. No son muchos, es cierto, pero los hay y generalmente terminan convertidos en 'clsicos'. Lo cual por cierto no garantiza demasiado, ni en cuanto a su comprensin profunda, ni al uso y abuso de citas que de ellos se hacen.

Die Traumdeutung es uno de ellos. Sin dudas que, como decididamente lo quiso Freud, es un clsico del siglo XX y sus aportes al pensamiento contemporneo superan largamente el horizonte de su propia disciplina (la psicopatologa). Ms an, no se lo comprende cabalmente sino en el mbito de una nueva que en l mismo queda precisamente constituida: el Psicoanlisis. Resulta entonces a la vez, hijo y uno e los padres de su propio tiempo, de nuestro tiempo. En cualquier caso una referencia inexcusable.

Es tambin como dijimos, una de las obras que terminan imponindose al rechazo de su primer pblico y a las prevenciones ulteriores de su propio autor. Porque no se trat entonces ni de un xito de libreras, ni de un libro definitivo en el opus freudiano. Entre la primera edicin (1900) y la segunda pasaron nueve largos aos de silencio (al parecer en los seis primeros apenas se vendieron 350 ejemplares). Tanto es as que en el "Prlogo a la Segunda Edicin" (1908) Freud -inocultablemente molesto- no agradece a nadie y slo expresa su "reconocimiento hacia esos vastos crculos de personas cultas y vidas de saber", que al parecer fueron los que muy lentamente agotaron la primera edicin. A sus colegas los psiquiatras y a los "filsofos de profesin" nada, a no ser palos y reproches.

Tan indignado estaba que en un "Apndice de 1909", despus de sealar que no se haba tomado el trabajo de leer "la bibliografa aparecida entre la primera publicacin de este libro la segunda edicin", dice con todas las letras (y furia incontenible por lo visto): "Si en la ciencia existiera un derecho a la revancha (sic), tendra yo plena justificacin para desdear a mi vez la bibliografa posterior a la aparicin de mi libro[1]. Recin en un "Apndice de 1914", se nota que la disposicin de los especialistas ha cambiado y que la obra "ya no es descuidada en la literatura". Casi una dcada y media para ser reconocida y, de all en ms, permanentes polmicas y respuestas pasionales que la harn crecer incesantemente. Todas las ediciones en vida de Freud son "corregidas y aumentadas" y el aparato bibliogrfico que la respaldaba, pas de 80 ttulos en la Primera Edicin, a casi 500 en la Octava[2].

Es que La interpretacin de los sueos (en adelante LIS), es una "obra abierta" y en permanente -y por momentos desordenado- crecimiento. Otto Rank que le ayudaba en la confeccin de las Bibliografas, de pronto ingresa dentro de ella como una suerte de "autor invitado". Desde la Cuarta a la Sptima Edicin alemana (o sea de 1914 a 1922), se publican al final del Captulo VI, dos ensayos suyos que en la Octava ya desaparecen. Otro invitado era W. Fliess -aunque esta vez desde afuera del corpus propiamente dicho- ya que durante los cinco largos aos de maduracin y maceracin de la obra, Freud le remita a su amigo con regularidad las pruebas para su crtica, y consideran los historiadores que aqul ejerci gran influencia en la forma definitiva que adopt el libro editado.

Como si ese crecimiento y apertura permanentes no fueran suficientes, esta "obra abierta" se reeditaba la mayora de las veces con las advertencias de su propio autor, acerca de que ya no representaba su pensamiento actualizado en la materia[3]. Singular reconocimiento -a pesar de todo- de la atraccin y el respeto que LIS ejerca sobre l. Es que como lo reconociera muy grficamente -en el "Prlogo a la Tercera Edicin Inglesa, revisada", de 1931-: "Un insight como ste no nos cabe en suerte sino una sola vez en la vida". Golpe de suerte -y no de 'gracia'- que Freud no olvidara jams. Am a este libro, casi como a ningn otro.

Y no slo se trata de una obra abierta, sino tambin postdatada. Pequea pero significativa "trampa" que el autor se permite, "para que apareciera como del nuevo siglo"[4]. Tanto era la esperanza que el entonces joven mdico judo viens -como muchos otros de sus contemporneos- tena en l. La historia de su primer tercio -que llegara a presenciar- se encargara de desilusionarlo amargamente.

Sin embargo, an en medio de todo ello, LiS no dej de crecer y multiplicarse, as como sus ideas centrales fueron ulteriormente perfeccionadas y desarrolladas. Aqul inicial golpe de suerte, se volvi una tcnica y una teora de la interpretacin que an no cesa de sugerirnos cosas.

Sobre ese campo hermenutico, del que el Psicoanlisis participa por derecho propio y tradicin histrica desde 1900, quisiramos aqu sealar algo.

 

 

1. Freud frente a los paradigmas cientficos de su poca.

 

El Psicoanlisis no se inscribe precisamente en una tradicin continuista dentro de la historia de la psiquiatra y de la psicologa, sino de ruptura (ontolgica y epistemolgica) con aqullas[5]. Emerge maldito por la ciencia oficial de su poca y continuar as por mucho tiempo. De aqu que Freud prematuramente retirado de la actividad de laboratorio y de la vida acadmica universitaria- se preocupara inicialmente tanto por defender como cientfico lo que vena elucubrando en materia de psicopatologa. Todava pesaban en su valoracin del saber, los duros cnones aprendidos en los cinco aos recientes (1876-1881) como investigador del entonces clebre Instituto de Fisiologa de Viena, bajo la direccin de Ernest Brcke, el principal representante en esa ciudad de la escuela mecanicista de Helmholtz. Casualmente el perodo de elaboracin y maduracin de LIS es a partir de 1881 cuando apremiado por necesidades econmicas, segn l mismo cuenta- se doctora en Medicina y comienza a ejercer la profesin en su consultorio privado, ponindose as en contacto con la clnica. Esta se encontraba entonces dominada, a su vez, por un paradigma netamente biologista en lo que hace a la comprensin y tratamiento de las denominadas enfermedades mentales.

 

a.                       Situacin de la Psiquiatra en la dcada de 1880.

 

La tnica clnica de la poca la daba la psiquiatra kraepeliana, condensada en el Compendium publicado por Emile Kraepelin (1856-1926) en 1853 y permanentemente ampliado y reeditado. Muy consultado por los profesionales, puede considerarse la primera sntesis amplia de la psiquiatra moderna. Su edicin original constaba de 400 pginas y la novena -publicada en 1927- ya alcanzaba las 2425. Tal cual lo advierten Henry Ey y Ch. Brisset, "Desde su constitucin, la Psiquiatra, siguiendo el gran movimiento de la ciencia anatomoclnica, a comienzos del siglo XIX, se lanz a la bsqueda de las entidades (...) una bsqueda nosogrfica de especies mrbidas y la tarea principal de todos los grandes clnicos fue la de describir cuadros clnicos y evoluciones tpicas"[6]. Estamos en la "era de las entidades anatomoclnicas" y sta alcanza su apogeo entre 1890 y 1910, en Alemania y con la obra de Kraepelin. Un clima cientfico que directamente rodeaba la labor del joven Freud.

Tal cual lo seala tambin Reuben Fine, el estilo de esa psiquiatra kraepeliana era "su insistencia en unas netas categoras diagnsticas (...), su presupuesto en una causacin orgnica (de la que en esa poca no haba pruebas) y su sentimiento de impotencia teraputica"[7]. Sin embargo, bueno es hacer notar que en esto Kraepelin segua las lneas de Wilhelm Griesinger (1817-1868), en cuya obra Patologa mental y terapia (publicada en 1845) se formulaba el famoso acerto: "Las afecciones mentales son afecciones cerebrales". Principio que compona de "centro firme" del paradigma psiquitrico de la poca (en terminologa de Lakatos) y a partir del cual se comenzaba a trabajar[8]. Por tanto quedaba relegado o minimizado todo intercambio desde la Psiquiatra con la Filosofa o la Psicologa, ya que la tarea se centrara de aqu en ms en la patologa cerebral orgnica[9]. En sntesis que, como bien lo seala el mismo Fine: "...en 1880 la Psiquiatra era una disciplina mdica que no ofreca una comprensin real de la actividad mental ni tcnicas efectivas para tratarla y si la situacin cambi e manera radical en el siglo pasado, la mayor parte del mrito se debe atribuir al Psicoanlisis"[10].

Por su parte en materia de Neurologa, esta rama de la Medicina alcanzaba su primer florecimiento en el siglo XIX. Jean Charcot (1867-1936), uno de sus precursores, era considerado por Freud como maestro. Ms an, cuando ste inicia sus trabajos en la dcada de 1880, el sistema nervioso ya se conoca en sus aspectos esenciales. Tanto es as que autores contemporneos como R. Herrnstein y E. Boring, acotan que Freud model sus primeras ideas sobre la "regresin" siguiendo los lineamientos de la "disolucin", segn era propuesta por el neurlogo Hughlings Jackson (1835-1911). Segn ste las "enfermedades nerviosas" se producen por un proceso que altera el desarrollo evolutivo general que organiza al sistema en su totalidad (principio que denomina con el trmino "disolucin")[11].

A su vez H. Ellenberg -en su muy perspicaz trabajo The Discovery of Unconscious de 1970- apunta otro dato de inters en la relacin de Freud con la psiquiatra de su tiempo: la existencia junto a esa psiquiatra acadmica -y muy denostada por sta- de otra lnea menos ortodoxa, que supo aqul aprovechar tangencialmente. Una psiquiatra ms innovadora y menos "estamentista", que postulaba la hipnosis como camino hacia el inconsciente (de aqu su vinculacin con Charcot); que elaboraba una incipiente teora de la "personalidad"; que adopta la nocin de "energa mental", en reemplazo de ese "fluido desconocido" al que era comn apelar para explicar la patognesis de las enfermedades nerviosas y que comienza a prestarle especial atencin a la relacin mdico/paciente [12].

Seguramente influenciado por la existencia de esta otra lnea psiquitrica, pero sobretodo basado en su propia experiencia clnica y de investigacin terica, Freud rechaza lenta pero sostenidamente y desde sus primeros trabajos, aquella psiquiatra kraepeliana de cuo ntamente biologista. Lo que viene a cuestionar de ella es precisamente esa "era de las entidades" en que se encontraba enfrascada dicha psiquiatra. En primer lugar, rechaza la reduccin de la enfermedad mental a "enfermedades cerebrales", destacando por el contrario la importancia del psiquismo. En segundo lugar, relativiza ese enfoque esttico de las "entidades" reemplazndolo - como veremos ya en LIS- por la dinmica de la actividad psquica en la formacin de los cuadros clnicos. En tercer lugar -y esto ser fundamental para los desarrollos futuros de su teora- potencia la idea de inconsciente, como nuevo modelo desde el cual explicar la enfermedad y el propio transcurrir profundo de la vida psquica. Por ltimo, tratar de revertir aquella impotencia teraputica propia del modelo kraepeliano afirmando que -dado que la enfermedad mental no es "natural"- bajo ciertas condiciones y tratamientos se puede curar. Idea que alienta alguna esperanza para el paciente, por sobre el mero tratamiento y alivio de los sntomas.

A partir de estas distinciones iniciales, el naciente psicoanlisis comienza a distanciarse de la psiquiatra y slo mucho ms tarde y parcialmente, se restablecer el dilogo roto.

 

b. Situacin de la Psicologa en 1880.

 

Por aquellos aos la Psicologa era sobretodo fisiologa de los sentidos y guiada por el mtodo experimental, se desenvolva como un captulo ms de la fisiologa experimental. En 1873 Wilhelm Wundt (1832-1920) publicaba sus Principios de psicologa fisiolgica, que corola un camino en esa direccin fisiologista. Se trataba de experimentos que pudieran medirse (tipo, estmulo/respuesta) y extraer de ellos conclusiones estadsticas y presuntamente "objetivas". As tratada, la vida psquica quedaba reducida a lo real verificable y slo era tal lo que pudiera medirse. Objetividad, verificabilidad y mensurabilidad, eran los ideales cientficos de esta autodenominada "nueva psicologa", en la cual el mtodo reemplazaba a los problemas propiamente dichos y la dinmica propia de la actividad psquica, era reducida a sus manifestaciones externas. Por cierto que el naciente Psicoanlisis quedara excluido de este tipo de cientificidad y resultar anatemizado por los psiclogos fisiolgico-experimentales[13]. El valor que Freud otorgaba a lo "inconsciente" y su nocin de lo psquico como una actividad estructurante, no se compadeca con esta psicologa dado que la cuestionaban en su centro firme.

Sin embargo Freud tena un trato intelectual frecuente con aquella psicologa cientfica y algunas de sus nociones tuvieron importancia en su propia obra. Los historiadores Melvin Marx y William Hillix en su obra Sistemas y teoras psicolgicas contemporneas (1973)- destacan esas relaciones y algunas presuntas influencias sobre aqul joven Freud, que vale la pena recordar aqu. Por ejemplo estos autores -para quines la escuela asociacionista de los siglos XVIII y XIX, fue la primera en postular una estructura abarcadora de conceptos para entender el desarrollo de la vida psquica: la complejidad de sta surgira de asociaciones aprendidas de sensaciones e ideas simples- recuerda que dos importantes representantes de esta corriente fueron contemporneos de Freud, quien adems conoca sus investigaciones: Hermann Ebbinghaus (1850-1909) e Ivan Pavlov (1849-1936)[14]. A su vez Reuben Fine tambin sostiene desde la historia de la psicologa- que el decisivo descubrimiento de la asociacin libre fue producto directo de esta escuela asociacionista[15]. Aunque esto ltimo debera ser matizado, recordando la propia prctica clnica de Freud con la hipnosis.

Tambin se recuerda la relacin de Freud con la escuela mecanicista de Helmholtz (1821-1894), cuyo principal representante en Viena era Ernest Brcke (1819-1892), bajo cuya direccin l mismo se inici en la investigacin cientfica, precisamente en el Instituto de Fisiologa que aqul diriga en la ciudad. En ese Instituto trabajar durante cinco aos sobre histologa del sistema nervioso (1877-1882) y de este lustro de investigacin neurolgica junto a Brcke, surgir su trabajo La estructura de los elementos del sistema nervioso (1884) en el que sostiene la tesis -adelantndose as a la teora de las neuronas de Waldeyer (1891)- de la unidad morfolgica y fisiolgica de las clulas y las fibras nerviosas. Con anterioridad su actividad cientfica estuvo centrada en la anatoma comparada, en la que cosech tambin un relativo xito, ya que se le reconoce la confirmacin emprica de la existencia de testculos en la anguila macho.

En el Instituto de Fisiologa de Viena tambin conocer a Joseph Breuer, quien en 1883 pone en su conocimiento el caso Anna O., una paciente histrica a quien desde tres aos atrs vena tratando con el "mtodo catrtico"; inicindose as una fructfera colaboracin cientfica, que se interrumpir en 1895 cuando Breuer desacuerde con la concepcin freudiana del origen sexual de las neurosis.

Volviendo a su relacin con Helmholtz, se seala que una de las ideas de esa corriente mecanicista que habra influido en Freud, es la de la determinacin por s mismo de todo organismo viviente y no viviente, a partir de su propia energa. Por su parte los ya citados Marx y Hillin afirman: Es posible que cierto grado de familiaridad con el concepto de Helmholtz sobre la inferencia inconsciente, empleado para describir cmo llegamos a conclusiones de la percepcin en ausencia de procesos cognitivos verificables, pueda haber servido para sealar a Freud, de un modo ms directo, la importancia de los procesos inconscientes. Tambin recuerdan estos dos historiadores la admiracin que el propio Freud declaraba tener por Gustav Fechner (1801-1887), sealando que El inters de Freud por la intensidad de la estimulacin, la energa mental y el concepto topogrfico de la mente, se relaciona con el trabajo previo de Fechner[16].

Por cierto que todos estos puntos de contacto entre Freud y las escuelas psicolgicas de la poca no pueden ignorarse ni minimizarse (sobretodo en este perodo de gestacin de LIS), pero no lo es menos que la opcin concreta que Freud har por lo psicolgico, ser hecha a partir de la crtica (y posterior ruptura) con el paradigma fisiologista y biologista que animaba a esta disciplina a fines del siglo XIX. Si bien Freud postular a la Psicologa como el nuevo campo desde dnde abordar los fenmenos de la actividad psquica, no se tratar ya de una psicologa sierva de la psiquiatra kraepeliana, ni reducida a mera fisiologa de los sentidos por el uso privilegiado del mtodo experimental. Esa dspota que (lo) llama a la distancia como alguna vez confesar- es una psicologa s, pero de un orden por completo diferente.

Psicologa contorneada a su vez por otros saberes e inquietudes culturales que tambin golpeaban a la puerta del joven mdico viens. Vasta cultura general y expreso afn de saber que lo colocarn siempre en relacin con otros campos epistemolgicos. Tal el caso de la Antropologa y de la Filosofa, que conviene recordar aunque ms no sea sumariamente.

Represe al respecto en el evolucionismo de Charles Darwin (1809-1882). Sabido es que Freud ley y discuti detenidamente las tesis darwinistas con sus compaeros del Instituto de Fisiologa y del hospital donde curs su carrera mdica. No poda ser de otra manera, porque la teora de la evolucin revolucion el saber de la poca y es considerada como una de las doctrinas cientficas ms importantes del siglo XIX. El citado Reuben Fine seala tratando de establecer puentes entre Freud y esa teora- que Buena parte de los presupuestos rectores e ideas del psicoanlisis estn directamente tomados de la teora de la evolucin, por ejemplo, el desarrollo, el proceso de cambio y los conceptos de fijacin y regresin. Quizs la calificacin de tomados directamente sea excesiva, pero sin dudas que existe una relacin evidente y cierto aire de familia entre la teora darwiniana de la evolucin y el naciente psicoanlisis. No es casual entonces la cantidad de enemigos comunes que ambos cosecharon en la sociedad y en la comunidad cientfica de la poca.

En cuanto a los conocimientos filosficos de Freud que no debe medirse slo por la cita expresa de autores en su obra escrita- bstenos aqu recordar dos casos: Leibniz y Schopenhauer. El concepto leibniziano de monadaloga, al parecer sirvi para el abandono de esa inicial postura mecanicista que ms arriba hemos sealado y para la adopcin de una perspectiva ms dinmica en su concepcin de lo real. Particularmente atractiva para su propio trabajo, le result aquella teora de las mnadas entendidas como centros de energa que se automueven. Esto a la vez favorecido por su asistencia a las conferencias vienesas de Frantz Brentano (1838-1917), en las que el maestro pona el acento ms en la idea de actividad que en la de elemento (de paso, otro fuerte acicate intelectual para rechazar los presupuestos epistemolgicos de la psiquiatra kraepeliana y su privilegio de las entidades). La idea brentaniana de acto y su correlativa acerca de la intencionalidad de la conciencia, resultaron de fundamental importancia en la poca, para pasar de una psicologa del contenido (Wundt), a otra del acto, quebrando a la vez aqul paradigma fisiologista o elementarista en Psicologa[17]. En cuanto a Schopenhauer, Freud reconoci explcitamente que la idea de represin y la de resistencia contra el reconocimiento de lo reprimido, ya estaban en este filsofo; aunque tambin aclar que al momento de sus propias formulaciones todava no lo haba ledo.

Para completar este brevsimo panorama de las relaciones de Freud con la Filosofa tal cual conviene a un trabajo de esta naturaleza- agrguense las vastas y pormenorizadas lecturas que aqul tena de la mitologa clsica, as como su asidua frecuentacin del romanticismo alemn, dentro del cual Goethe ocupaba un lugar muy especial. Tanto que Freud atribua a la lectura pblica del fragmento La Naturaleza, su decisin de iniciar la carrera de Medicina .

 

2. El giro hacia la hermenutica de los sueos.

 

Su problemtico dilogo con esos paradigmas cientficos vigentes, colocaba a Freud en una situacin dilemtica muy similar a la que el joven Nietzsche mantuvo poco antes con la filologa y la filosofa, Marx con la economa clsica y Kierkegaard con la teologa oficial. Violentas tempestades, amores y odios recprocos, encuentros y desencuentros sucesivos y una previsible ruptura final, cuando lo nuevo que emerga en sus pensamientos ya no ser expresado en los trminos y valores de la ciencia de la poca[18].

Precisamente LIS es el nombre propio de esa ruptura freudiana, consumada en 1900 pero precedida de una serie de sntomas que la venan anunciando y explicitando[19]. En ella se concreta un punto de no retorno que obliga a duplicar la apuesta, para que aqul golpe de suerte no se transforme en golpe de gracia. Salto al abismo (Ab-grund) que l mismo ha creado.

Comprndase entonces que proponer la interpretacin de los sueos como tcnica para el tratamiento de las enfermedades mentales en un marco preponderantemente positivista y mecanicista- no era por cierto lo cientficamente correcto. Sin embargo aqu est el nudo de la propuesta freudiana: la interpretacin, la hermenutica.

En LIS Freud parte de una definicin propia de este concepto, que dice: interpretar un sueo significa indicar su sentido ; precisando de inmediato que ello implica poder, sustituirlo por algo que se inserte como eslabn de pleno derecho, con igual ttulo que los dems, en el encadenamiento de nuestras acciones anmicas. Y saba muy bien que esto lo contrapona irremediablemente con las teoras cientficas sobre los sueos(que) no dejan espacio alguno al eventual problema de su interpretacin (OC, IV, 118).

Por esto la primera cuestin consistir en jerarquizar, tanto el campo hermenutico, como la tcnica para recorrerlo. Y aqu viene su eleccin de confrontar con la tradicin histrica de la hermenutica, para desde all fundamentar una perspectiva propia. Y si bien sus consideraciones estn primordialmente referidas al material onrico, sin embargo de ellas pueden extraerse interpretando, a su vez- su propia teora de la interpretacin, lo cual es aqu nuestro inters especfico.

Lo primero ser deslindarse de lo que denomina las formas anaggica y simblica de la interpretacin; es decir de consideraciones exgenas al propio campo hermenutico, para quienes la clave interpretativa es ubicada fuera de l[20]. Segn estas posturas interpretar sera, o bien remitir el material onrico a lo espiritual que ste representara (anagoga, del griego, ngo : conducir hacia lo alto); o bien, remitirnos a otra cosa o cuestin que vendra a explicar el sueo, a darnos su secreto (simblica). Ni lo uno, ni lo otro, ya que: El sueo es una formacin plena de sentido", que no requiere en consecuencia explicaciones exgenas de ninguna naturaleza (ni de va superior, ni inferior u oculta). Interpretar es, por el contrario, recorrer el sentido, sin sustituciones y segn una gramtica nsita en el propio campo hermenutico. La interpretacin no es entonces para Freud una tarea metafsica, sino una lgica del sentido y como tal se inscribe dentro de ese campo problemtico que despus de la enorme totalizacin hegeliana- dio origen a la denominada escuela de la sospecha. Comprensin malvola del signo que ya no se inscribe totalmente en el discurso ilustrado moderno, sino en el acontecimiento (Ereignis) de su consumacin, es decir de su agotamiento y a la vez de su superacin. Paradjica situacin que desde mediados del siglo XIX modela lo propiamente "contemporneo", siempre ms amplio que el presente inmediato. Tiempo inter-medio sobre el cul estamos.[21]

El segundo rechazo freudiano -relacionado tambin con la distincin anterior- es a lo que denomina la "interpretacin abstracta" (aqulla que el soante da de su propio sueo) y apuesta, en cambio, a favor de una "interpretacin concreta" (la que hace el experto, el hermeneuta, al descartar lo evidente y dirigirse "al material deslizado debajo". (Cf. OC, V, 518). O sea que, topolgicamente hablando, interpretar es profundizar (y no "elevar") y esto es una habilidad (aret) propia de quien se ejercita en una tcnica (tkne) y no improvisaciones de un lego, ni mucho menos un recurso literario. Por esto mismo es que se afirma, "Nadie tiene derecho a esperar que la interpretacin de los sueos le caiga del cielo", sino que por el contrario, "es preciso ejercitarse".

Ahora bien, el concepto de "tcnica" que supone la teora freudiana de la interpretacin no se corresponde -estrictamente hablando- con la nocin racional moderna de aqul trmino, sino que debemos pensar la tcnica todava como tkne, con todas las resonancias griegas de este trmino, que por cierto no se agotan en ser un mero "procedimiento", dispositivo o artificio prctico, al estilo de la ciencia moderna[22].

La tercera prevencin freudiana es contra lo que denomina la "interpretacin de un solo golpe", alentando en cambio -la ms humilde pero efectiva- "interpretacin fraccionada del sueo" (cf. OC, V, 517). O sea que, frente a aquello que ya Hegel le criticaba a Schelling (el "instalarse de un pistoletazo en lo Absoluto", en vez de seguir pacientemente su deriva dialctica), Freud propone la laboriosa modestia de volver una y otra vez, uno y otro da, sobre el vasto contenido del sueo. Precisamente porque el sueo "es un vasto trabajo de condensacin" (OC, IV, 287), al que hay que descomprimir, desenvolver (deconstruir, diramos hoy); una "urdimbre", lo llama tambin Freud (OC, V, 519), que debe ser recorrida con enorme paciencia y tenacidad hermenutica[23]. Y esto porque "la interpretacin e los sueos no termina cuando tiene en sus manos una interpretacin completa, una interpretacin plena de sentido, coherente y que de razn de todos los elementos del contenido el sueo". Al contrario, desconfiemos de estas "interpretaciones completas"!, ya que "para el mismo sueo es posible que haya otra, una sobreinterpretacin que se le escap" (OC, V, 517).

Es as que, con esta idea de la interpretacin fraccionada y en urdimbre, Freud se inscribe de manera ms amplia, dentro de aquella tradicin filosfica que entender la hermenutica como tarea (siempre abierta e inconclusa), como camino (va), antes que como refugio; como entretejido prcticamente inagotable, antes que como sistema o modelo cerrado y autosuficiente. La interpretacin no desembocar as en una "verdad" (en el sentido latino de una veritas, de una "adecuacin entre el intelecto y la cosa"), sino que verdadero ser el rspido y contradictorio camino de la propia manifestacin/ocultamiento del ente (la verdad, una vez ms pensada a la griega, como altheia, como desolcultamiento de la cosa, ms siempre precario y amenazado por el olvido). De aqu que la interpretacin, cierta y posible, no nos instale de un solo golpe en lo Absoluto sino que, fraccionada y por escorzos, nos aproxima a lo que ya desde Aristteles se consider que advena "de mltiples maneras al brillo del aparecer"; eso que luego impropiamente condensaremos en la palabra "ser" (ousa).

Lo que "es", ciertamente y como lo quiere la ciencia. Pero no ya entonces reducido a lo que est "ante los ojos" o "a la mano", sino como la fugaz presencia, amenazada siempre desde una raigal y inextirpable ausencia. Juego ontolgico de la "verdad", que deberemos tener muy en cuenta al considerar, ms adelante, su metfora sobre el "ombligo el sueo".

Y tambin por todo esto, Freud rechaza la idea de la interpretacin como un "descifrado". Precisamente, porque interpretar no es remitir los signos a equivalencias fijas, en una suerte de "traduccin puramente mecnica", tipo Libro de los Sueos, cartas u horscopos (cf. OC, IV, 118/119). As como tambin habr de rechazar la idea de una "interpretacin simblica", aqu presentada como la sustitucin incorrecta de un sueo (tomado como un todo), por otro de contenido simple y anlogo (tal como Jos interpret, en el relato bblico, el sueo el Faran sobre los siete aos de vacas gordas y flacas). Esto porque, es bueno reiterarlo, interpretar no es remplazar, ni traducir mecnicamente, sino recorrer con paciencia y humildad hermenutica, "una formacin plena de sentido"[24].

Podramos seguir expurgando mucho ms las nociones de interpretacin que Freud ensaya en LIS, pero vasta a nuestro propsito con las consignadas hasta aqu. A travs de ellas podemos resumir ahora su comprensin bsica de la tarea hermenutica y la forma como sta lo ubica dentro de una larga tradicin filosfica. Dicho ahora por la positiva, interpretar para Freud es: a) recorrer, segn su propia lgica, una formacin plena de sentido; b) un deslizamiento hacia abajo, a partir de las sospechosas manifestaciones visibles; c) una ardua tcnica (tkne) con requerimientos especficos y puntuales peligros a sortear; y d) una tarea siempre abierta e inacabada que, en cuanto tal, implica un cierto camino de aproximacin a la verdad (altheia).

En esto consiste, fundamentalmente, el mtodo propuesto en LIS, como va regia hacia lo inconsciente: la hermenutica. No es poca cosa por cierto y esto explica, tanto la alegra por ese insight que se da una sola vez en la vida, as como aquella carta al infaltable Fliess (posterior al sueo de Irma), en la que bromeando propone que en la casa de tal revelacin, debiera colocarse una placa con la inscripcin: "El 24 de julio de 1895, el secreto de los sueos, fue revelado al Dr. Sigmund Freud". Imposible no recordar a Descartes y su clebre "revelacin" (o sueo?) junto a la estufa[25].

Si as fuera, una "revelacin" (la de la duda metdica) habra servido de base a la constitucin del sujeto moderno (el ego cogito) y la otra - casi tres siglos despus- a su lgica sospecha y a su consecuente deconstruccin. Vaivenes extremos del programa ilustrado, en el cual la tensin de la cuerda unen a Descartes y a Freud.

 

3. El ombligo del sueo: "final" de la interpretacin.

 

No suele prestarse la debida atencin hermenutica al epgrafe latino que Freud puso debajo del ttulo de LIS. Este dice: Flectere si nequo superos, Acheronta movebo; verso de Virgilio cuya traduccin usual reza: Si no puedo inclinar a los Poderes Superiores, mover las Regiones Infernales(Eneida, VII, 312).

Por las siempre invalorables y precisas referencias histricas de J. Strachey, nos enteramos que Freud en carta a Werner Achelis del 30 de enero de 1927- confiesa haber tomado la cita del socialista alemn Ferdinand Lasalle (1825-1864), proponindole a su vez como traduccin (con sentido) de Acheronta movebo, la de remover el mundo subterrneo, agregando: En mi caso, pretend meramente destacar con l lo ms importante de la dinmica del sueo. El deseo rechazado por instancias mentales superiores (el deseo onrico reprimido) remueve el mundo mental subterrneo (inconsciente) para ser odo. Agregando a continuacin una significativa advertencia, bajo la forma de una pregunta retrica: Qu puede usted encontrar de prometeico en esto? (cf. OC, IV, 17, nota 1).

O sea que tal epgrafe latino, no slo no es un recurso literario ms para vestir la obra en su portada, sino que condensa segn Freud- la propuesta original de ella. Esto es, la metfora virgiliana acerca de la lucha entre Poderes Superiores y Regiones Infernales, debe ser leda como la dinmica del deseo, su rechazo (superior, consciente) y su consecuente trabajo subterrneo (inferior, inconsciente). Palabras todas stas que no deben a su vez pensarse jerrquicamente, ni en lucha redentora entre s (prometeica), ni mucho menos como rebelin o revancha, ni como descarte, sino como mbitos (topos) diferentes y, a la vez (subterrneamente) conectados. Segundo plano al cual el hombre puede acceder y en cuyas sombras al menos como reflejo fugaz- se entrev el sol enceguecedor del primero. Metfora tambin con una larga historia dentro del pensamiento de Occidente.Cmo no recordar por ejemplo la caverna platnica?, aunque por cierto en Freud completamente desligada de la carga tica y ontolgica que esos lugares tienen para Platn (cf. Repblica, libro VII).

Reconocimiento por lo dems de la finitud humana que funda, a su vez, una consecuente humildad gnoseolgica (no le es dado al finito, conocerlo todo), de la cual el Psicoanlisis es una curiosa muestra contempornea; una rara avis dentro de ciencias que pretenden conocerlo todo, sino hoy, maana, y en funcin de un progreso constante.

Todo, no puede ser conocido y esto no slo por un lmite propio del hombre, sino porque como deca el viejo Herclito: La fysis gusta ocultarse y contra ese juego de ocultamiento/desocultamiento de la Fysis, contra ese deseo superior, nada puede el Logos. Antes bien, la sigue y gustosamente tambin.

La interpretacin sigue al deseo, dnde y hasta adnde esto es posible: en la tierra y sus diferentes capas y hasta el ombligo, lugar donde el sueo anuda con el inextirpable misterio. Lo dems est vedado al intrprete y al hombre; pesa sobre esto otro un lmite inexpugnable (que paradjicamente, incita a su vez una curiosidad humana tan imperiosa como reiteradamente frustrada). Drama que evoca aquel desgarramiento kantiano entre fenmeno y cosa-en-s (numeno), insoluble en trminos gnoseolgicos, pero habilitante de una va prctica (y no ya pura) para la razn. Imposibilidad, es cierto, de fundar la metafsica (el deseo del Ser) como ciencia en sentido estricto, pero a la vez reconocimiento de la dignidad de ese Deseo y de aqulla como disposicin natural del hombre[26].

Este juego entre lo superior (mental) y lo inferior (pulsional), le permite a su vez a Freud establecer en LIS una relacin posible entre el psicoanlisis y la creacin potica (piesis). Lo hace al describir su propio camino en la senda de la interpretacin de los sueos y recordando a Federico Schiller, a quien llama nuestro gran poeta-filsofo (cf. OC, IV, 123/124). Schiller le aconsejaba a su amigo Krner -quien se quejaba de su propia falta de productividad literaria- el retiro de la guardia de las puertas del entendimiento, ya que ste coaccionaba la imaginacin, impidindose as la espontaneidad potica.

No otra cosa se cumple para Freud en la hermenutica de los sueos. Para interpretar el relato que de un sueo hace el paciente, es necesario bajar la censura que pesa sobre ese mismo relato. Si en poesa era necesario retirar la guardia pretoriana del entendimiento sobre la imaginacin, aqu es necesario vencer la resistencia que pesa sobre ciertas representaciones involuntarias (no deseadas por el narrador, dado su contenido inquietante y problemtico) y favorecer el que se hagan voluntarias.

As, interpretar es abrirse a lo que adviene, aun en su incomprensin y fragmentariedad, desconfiando de toda totalidad cerrada y autosuficiente. Es un acto, al mismo tiempo, de libertad y de liberacin de los sentidos, del cuerpo todo. Una escucha donde el intrprete parafraseando a otro poeta esta vez al mexicano Octavio Paz- bien podra advertirle a su interlocutor: No lo que dices/ lo que callas es lo que dices. Y eso es precisamente el imposible que se le pide: lo que queda callado en el decir, lo que se da a decir en lo hablado y al mismo tiempo en l queda censurado. Oquedad de la palabra que se hace ombligo atado a lo inaccesible. Final de la interpretacin que es, a un tiempo, final de la palabra. En consecuencia, no muerte sino apertura al misterio. No fracaso, sino emerger de nuestra muy humana finitud.

Freud saba muy bien que los sueos se asientan en lo no conocido al menos por nosotros, sus intrpretes- y que por eso, llegar all era llegar a ese punto cero que metafricamente llam el ombligo del sueo. Instante en que es preciso a menudo dejar un lugar en sombras, porque de ah arranca una madeja de pensamientos onricos que no se dejan desenredar (OC, V, 519). Ellos, que no nosotros. Al igual que a la fysis del viejo Herclito, a los sueos les gusta ocultarse. Y contra ese gusto, nada puede nuestra voluntad racional de conocimiento progresivo y constante.

Por eso es necesario proteger ese mbito de misterio de lo simblico, esa radical ambigedad semntica con la que el sueo nos pone en contacto fugaz. All hay un tesoro, un reservorio de sentido, que debe ser preservado. De aqu que la interpetacin en su bsqueda no "triunfa" segn los cnones epistemolgicos de la Ilustracin (saberlo todo), sino segn su propia medida: sospecharlo todo, saber algo y as seguir avanzando, en una media luz que si bien nunca nos permite identificar plenamente, s nos posibilita ir reconociendo cada vez mejor ( no mas, sino mejor).

Crculo hermenutico (no vicioso, sino virtuoso) donde el ser y la nada, el saber y la ignorancia, el hoy y el ayer, al penetrarse permiten -est claro- un cierto "progreso", a condicin de que a ste no se lo entienda lineal y acumulativamente, sino con aqullas caractersticas que la geometra le otorga a la figura del espiral: la de ser una curva plana que gira indefinidamente alrededor de un punto (que bien podramos aqu denominar ombligo), pero alejndose a su vez de ste constantemente. Alejamiento que se lleva a cabo de manera no caprichosa ni azarosa, sino como distancia variable segn una determinada ley (o sentido); ley en funcin de la cual se obtienen los diversos tipos de espiral posible (logartmica, hiperblica, de Arqumedes, etc).

Tal era el sentido profundo de la bsqueda hermenutica en Freud y en aquella incipiente tcnica psicoanaltica: la reiterada bsqueda de esa regla de distanciamiento que genera tanto la espiral como -en su variacin constante- las diferentes formas que sta puede ir adquiriendo. Frente a una psiquiatra que hacia fines del siglo XIX -y ante lo que se denominaba genricamente "afecciones mentales"- ya se haba acostumbrado a la impotencia teraputica y slo ofreca paliativos (no pocas veces crueles), el Psicoanlisis abra una esperanza y una posibilidad con su tcnica de interpretacin de los sueos. Tal su peculiar impronta "cientfica" y la voluntad explcita de su autor (un mdico): curar esas afecciones, o al menos atenderlas de un modo por completo diferente. Explcita voluntad teraputica que diferencia a la hermenutica psicoanaltica de la potica y de la filosfica[27].

Para ello era necesario llegar hasta el "ombligo", comprender con cierto detenimiento cmo desde all se generaba la espiral de las neurosis y las psicosis y cmo -bajo ciertas condiciones- era posible tratarlas y eventualmente curarlas. Esa va regia era la interpetacin de los sueos y el territorio donde -hasta cierto punto- ella permitira acercarnos llevara de aqu en ms el (equvoco, como no podra ser de otra manera!) nombre de Inconsciente.

 

4. La inscripcin freudiana en el pensamiento contemporneo.

 

Freud llamaba a su actividad un saber y reivindicaba la cientificidad del mismo, cada vez que lo defina o quera dar cuenta de l. Ms an, producida ya la ruptura con el paradigma psiquitrico de su poca y ms seguro entonces de s mismo y de su mtodo, consideraba al Psicoanlisis (en 1927) como una ciencia. Tanto es as que reclamaba para l un lugar "en la historia de la humanidad", similar a la teora heliocntrica de Galileo y al evolucionismo de Darwin. Tan seguro estaba, tanto del status cientfico del Psicoanlisis, como del carcter revolucionario de esta flamante disciplina [28].

Es cierto -como lo seala acertadamente Paul Ricoeur- que "la obra de Freud tiene el privilegio de revelar su designio ms vasto, que fue no slo renovar la psiquiatra, sino reinterpretar la totalidad de los productos psquicos que pertenecen al dominio de la cultura, desde el sueo a la religin, pasando por el arte y la moral. Es por esta razn que el Psicoanlisis pertenece a la cultura moderna; interpretando a la cultura es como la modifica; dndole un instrumento de reflexin es como la marca en forma perdurable" [29]. Desde su emerger en los comienzos de este siglo , el Psicoanlisis no slo ha alterado el paradigma de su disciplina respectiva, sino que participa activamente de ese movimiento intelectual post-hegeliano y detotalizador que -recordando a Foucault y al mismo Ricoeur- se denomina escuela de la sospecha. Toda una lnea de pensamiento y un programa intelectual contemporneo,que piensa a partir y contra la metafsica moderna de la subjetividad, ahora consumada (es decir, cumplida y por tanto en crisis) en la figura hegeliana del "Saber Absoluto". La identificacin hegeliana de la sustancia con el sujeto, de la realidad con la racionalidad y la perfecta coincidencia consigo mismo del cogito, muestran tanto el cenit de esa lnea ascendente que se inicia con Renato Descartes, como el comienzo de su declinacin. Lo contemporneo es el entretiempo de esa crisis y redefinicin de la subjetividad y aqu el Psicoanlisis encuentra su lugar de pertenencia y su inscripcin intelectual; inscripcin por cierto no pasiva, ya que desde su advenimiento -precisamente con la publicacin de LIS en la apertura del siglo pasado- conmueve y cuestiona el propio campo dentro del cual acta[30].

Sin embargo es necesario aclarar que esta inscripcin se efecta, aun cuando Freud no fuera un filsofo terico o un epistemlogo de su propia disciplina, lo cual es comprensible y muy explicable en el caso de autnticos creadores. Las "reflexiones" sobre lo que se hace suelen venir despus y no siempre de la mano de aquellos. Son contadas las ocasiones y los textos donde Freud realiza lo que hoy estrctamente denominaramos un discurso epistemolgico puro, o una reflexin sobre los conceptos fundamentales de su propio sistema o propuesta psicoanaltica. Acaso algo de esto se encuentre en la Introduccin Pulsiones y destino de las pulsiones, en El inters del Psicoanlisis y, fragmentariamente, en lo que se denomina su metapsicologa. Como vemos no es mucho en el conjunto el enorme opus freudiano. Al mismo tiempo, el lenguaje cientfico de la poca mediatiza y condiciona el nuevo mensaje que pretende hacernos llegar, tanto que muchas veces se tiene la sensacin confusa de cuando el "vino nuevo es vertido en odres viejos".

Paul-Laurent Assoun, atendiendo a esto, nos advierte con toda claridad que "El psicoanlisis naci como un benjamn, a la sombra de sus hermanas mayores: anatoma, fisiologa, fsica y qumica. En el espritu de Freud, nunca hubo intencin de crear de cabo a rabo su material terminolgico y conceptual. Resulta imposible volver vrgen al cerebro: por tanto todo saber analtico reflejar forzosamente en las estructuras y procedimientos concebidos por la ciencia de su tiempo y codificado en los modelos epistemolgicos de sus maestros. Freud jams transgredi la ley del Padre en el campo el saber"[31]. Sin embargo es tambin este autor quien nos advierte que "en el trazado de esta repeticin, se trama algo colosalmente indito (...) Freud no habla como dice. Esto significa que dice lo indito del inconsciente con una palabra que pertenece a otros".

Acaso esto mismo explica la presencia reiterada de la expresin vorlufig ("provisional"), generalmente antes de que introduzca alguna tesis o concepto nuevo en sus planteos. Porque precisamente lo nuevo, suele advenir en l como lo provisional; como lo operativa o tericamente necesario para explicar un concepto o un procedimiento especfico, pero que requerir de ulteriores y ms precisas fundamentaciones (a las que genricamente suele caracterizar como "metapsicolgicas"). En esto opera un poco con aquella lgica que suele atribursele al gran Alejandro: "yo ocupo el terreno, luego vendr mis abogados y dirn por qu".

Lo que el Psicoanlisis vendr -en el curso de esta larga historia- a poner en cuestin, sern precisamente ciertas nociones fundamentales sobre las que descansaba el patrimono filosfico y cientfico moderno, a saber en este caso especfico: la concepcin del sujeto, el estatuto de la verdad y el saber y el mtodo para acceder a su conocimiento. Sospechando de ellas, se inscribe en la gran hermenutica contempornea.

 

a.      Hacia una nueva concepcin del "sujeto".

 

Acaso la constitucin del hombre como "sujeto" -una compleja y relativamente reciente operacin cultural- haya que fecharla el 10 de noviembre de 1619, cuando Descartes nos cuenta haber recibido su clebre "revelacin" junto a la estufa de leos. Apareca all la tan anhelada "primera certeza", a partir de la cual era posible acometer la empresa del conocimiento cierto y de la verdad del mundo. Esta certeza es puesta en el cogito ( en el ego cogito) y, desde entonces, ese cogito cartesiano ha funcionado como categora epistemolgica (y ontolgica) fundamental para la ciencia y la filosofa modernas[32]. El cuestionamiento y la ruptura con esta categora de cogito cartesiano, con el sujeto en sentido moderno ( no ya el subjectum medieval , ni el hypokemenon griego), implica entonces una doble direccin: la puesta entre parntesis y la superacin (hasta donde esto fuese posible) de las categoras de la metafsica moderna de la subjetividad (de esa lnea Descartes/Hegel) y otro tanto, con respecto de las ciencias emprico-naturales que tienen a esa metafsica como su paradigma ontolgico.

La tarea freudiana se inscribe precisamente dentro de esta ltima direccin (a partir de su discurso crtico-deconstructivo de la psiquiatra kraepeliana y de la psicologa fisiologista), pero adems aporta a la otra tarea mayor de ataque a los principios en que reposa la metafsica moderna de la subjetividad. Y esto, insistimos, ms alla de sus propsitos inmediatos en el perodo que estamos considerando (1886-1900) y del lenguaje mediatizador de la poca, considerados ambos como sus lmites ms evidentes.

Lo que podemos considerar como el ncleo del aporte freudiano a la crtica de la subjetividad moderna -an por sobre esos lmites- es su ampliacin restrictiva del concepto de cogito. Ampliacin, en tanto incluir en l elementos hasta ahora desechados o poco significativos para la actividad considerada "racional" (el trabajo de los sueos y las fantasas); ms, restrictiva, en tanto producir -a la vez- una desidentificacin del "sujeto" con la "conciencia" y de sta con la "razn" (verdadera clave de bveda de aquella metafsica moderna de la subjetividad). Esta conciencia -desde LIS en adelante- ya no es el todo del sujeto, sino slo lo aparente, lo ms superficial y en cuanto tal remite a lo "inconsciente" ; convirtindose ste en el objeto terico de una nueva disciplina (el Psicoanlisis) y en el lugar (topos) privilegiado de bsqueda del sentido de aquella subjetividad. Topologa que, en el captulo sptimo de LIS, queda por primera vez planteada con imaginativa rigurosidad[33].

Por ello cuando -medio siglo despus y siguiendo a Freud- Jacques Lacan dice: "La nica funcin homognea de la conciencia es la captura imaginaria del yo por su reflejo especular y la funcin de desconocimiento que a ella permanece adherida"[34], lo que hace es inscribirse (profundizando y depurando a su vez el discurso freudiano), en aquella linea de redefinicin fundamental del cogito cartesiano. Partiendo ahora del paradigma lingistico, lo que har es mostrarnos que esa "escisin del sujeto" es el precio que hay que pagar por el acceso a lo "simblico" (lenguaje). La serie conceptual: Spaltung (grieta, hendidura) // Sutura // Sospecha, enumera el drama del sujeto y su constitucin. El primer trmino (Spaltung) menta la escisin que el sujeto delata en el campo del Psicoanlisis (entre su psiquismo mas intimo -lo inconsciente- y el sujeto del discurso conciente); el segundo trmino (Sutura), designa esa relacin de carencia entre lo simblico y lo real la cual, a su vez, obliga la sutura mediante "sustitutos" (tenant-lieu), los cuales no son sino el sujeto que falta en el discurso y es a su vez sustituido; finalmente, nace la sospecha porque -al ser nombrado- entra en escena el individuo pero con su yo escindido, entre el "yo" sujeto del enunciado (je) y el "yo" sujeto de la enunciacin (moi). Escisin que Lacan graficar diciendo: "El drama del sujeto en el verbo consiste en que experimenta su carencia de ser". Est, en realidad, donde no est. Drama del sujeto y lmite del lenguaje que ya sospechaba Nietzsche cuando nos adverta, en el crepsculo de su propia vida: "Nuestras vivencias autnticas no son en modo alguno charlatanas. No podran comunicarse si quisieran. Es que les falta la palabra. Las cosas para expresar las cuales tenemos palabras las hemos dejado ya tambin muy atrs. En todo hablar hay una pizca de desprecio. El lenguaje, parece, ha sido inventado slo para decir lo ordinario, mediano, comunicable"[35].

Sabedor de que cuestiones como estas hacen al fondo especulativo de la metafsica moderna, coloc Nietzsche esa afirmacin en un aforismo al que titul, "De una moral para sordomudos y otros filsofos".

 

b.     El nuevo estatuto del "saber" y de la "verdad".

 

Esta ampliacin restrictiva de la nocin de sujeto -que en la prctica implica su subversin y su desplazamiento - tendr implicancias inmediatas y fundamentales sobre los conceptos de saber y de verdad. En efecto, qu es ahora saber si aquella ignorancia originaria es el precio de nuestra propia constitucin como hombres ?; y cul es el lugar de la "verdad" en medio de aquella grieta que vanamente intgentamos suturar?. A la doble desidentificacin que hemos sealado en el caso del "sujeto" (la de quel con la conciencia y la de sta con la razn), le corresponde otra en este terreno epistemolgico: La desidentificacin entre "saber" y "verdad". Rota la ilusicn del sujeto racional moderno, ya no se puede sostener la mutua copertenencia del saber con la verdad. La verdad ya no puede jugarse en los trminos lgico-tradicionales de simple adecuacin entre el saber y la cosa; ni el saber es aquella construccin de lo "evidente" por si mismo, a partir de la racional y metdica cadena de "certezas". Ambas posibilidades requieren ahora -como condicin inexcusable- la presencia de un cogito al estilo del cartesiano y esto ya no es posible.

Sin embargo, como dijimos, Freud llamaba a su actividad un "saber" y reivindicaba la cientificidad del mismo. Y esto pudo bien ser as porque - a partir de aquel descentramiento del sujeto- lo que emerge es un nuevo "ncleo central" como objeto especfico del Psicoanlisis: el Inconsciente y un mtodo que tambin le es propio la Interpretacin. En cuanto al primero es claro y taxativo el rol que Freud le da como "objeto" del Psicoanlisis, en su breve ensayo de 1912, "Nota sobre el concepto de lo Inconsciente en Psicoanlisis" (invitado a escribir por la Sociedad de Investigaciones Psquicas de Londres). Su proposito es explcito, se propone "exponer con pocas palabras y con la mayor claridad posible el sentido que en el psicoanlisis y slo en el se atribuye al trmino inconsciente"[36]. Este "slo en l" habla a las claras acerca de cmo Freud vea las cosas ya hasta que punto el destino del Psicoanlisis establa ligado al desciframiento de lo Inconsciente. Despes de esclarecer los usos "descriptivo" y "dinmico" de este trmino, aborda el "sistemtico" - que califica como "el ms importante que el trmino inconsciente ha cobrado en el psicoanlisis"- y nos dice : "A falta de una expresin mejor y menos ambiga, damos el nombre de 'el inconsciente' al sistema que se da a conocer por el signo distintivo de ser inconscientes los procesos singulares que lo componene"[37]. Paradjico sistema de lo desconocido que, sin embargo, soporta al "saber". Acaso la sensacin de la radical ambigedad en el objeto que afloraba, llevara a Freud a decir aquello de "a falta de una expresin mejor y menos ambiga". Es que con el lenguaje dominante en la metaffsica moderna de la subjetividad (paradigma todava vigente), eso innominado que afloraba, slo poda llamarse provisionalmente "inconsciente". Y as se llam.

Aos mas tarde, en el captulo actual de esta secular historia en pro de la autoconstitucin del "saber" psicoanaltico, vendr Lacan a decir: "El inconsciente, a partir de Freud, es una cadena de significantes que en alguna parte, (en otra escena) se repite e insiste por interferir en los cortes que le brinda el discurso efectivo y la cogitacin que l informa (...) El incosciente es esa prate del discurso completo, en tanto que transindividual, que falta a la disposicin del sujeto para establecer la continuidad de su discurso consciente (...) El inconsciente es ese captulo de mi historia que esta sealado por un blanco u ocupado por una mentira: es el captulo censurado"[38].

En cuanto a la Interpretacin , sta no es sino el mtodo que se impone para una tal concepcin del saber y de la verdad. Si esta ltima ya no sobreviene al cogito -como lo pretenda Descartes- como lo "claro y distinto" (producto de una razn ordenada) y el "saber" no se mueve segn preceptos universales determinados de antemano, lo que resta es su inacabada bsqueda hermenutica (interpretativa) y esto imbrica an ms al psicoanlisis en la bsqueda de conjunto del pensamiento contemporneo. En su breve trabajo sobre "Nietzsche, Freud y Marx", Michel Foucault da argumentos slidos en esa direccin. Apunta que el cambio radical en el sentido de la interpretacin que se da en aquella segunda mitad del siglo XIX - donde los tres coinciden - est en que el hombre es ahora alcanzado por ese mismo sistema interpretativo.

Y esto no es un cambio mas, sino una revolucin en la idea misma de "signo" y del modo de interpretar. El signo se mueve ahora en un nuevo espacio, "que podra llamarse de la profundidad , a condicin de no entender por ella la interioridad, sino por el contrario la exterioridad"; de donde esta interpretacin en "profundidad" (psicoanlisis, por ejemplo), lo que hace es restituir una "exterioridad" hasta ahora falsificada. La interpretacin como se advierte, subvierte la relacin exterior/interior. Por lo dems -como bien seala el mismo Foucault - "es una tarea infinita" ya que, a diferencia de lo sucesde con el cogito en la metafsica moderna de la subjetividad, no hay un "principio" que la detenga. Como sabemos, desde el advenimiento del Psicoanlisis, nada se explica por s mismo y slo desde s mismo. No hay nada absolutamente "primario", todo es ya interpretacin. La pretencin metafsica de un "fundamento ltimo" (que explica y no es explicado) es, en el mejor de los casos, una "ilusin". Relase con detenimiento aquella pgina de Nietzsche, "De cmo el 'mundo verdadero' acab convirtiendose en una fbula", y se tendr - en seis puntos - lo que queda de esa ilusin cuando se la somete al "martillo" (recordemos que tambin Nietzsche se llamaba a s mismo "psiclogo") [39].

Finalmente, hay una primaca de la interpretacin sobre el signo interpretado: la interpretacin crea sus propios signos. Mas an, eso que llamamos "signo" no es sino una interpretacin congelada ("una interpretacin que no se da por tal", dir Foucault), que se niega a reconocerse como tal. He aqu planteado el doloroso camino del trabajo psicoanaltico: moverse en el crculo hermenutico. Paul Ricoeur, que tambin ubica a esa tradicin freudiana dentro de la "escuela de la sospecha", muestra que lo que ella despeja es "un nuevo reinado de la verdad, no slo por medio de una critica destructora, sino mediante la invencin de un arte de interpretar ". As como Descartes pudo sobreponerse a la duda sobre la cosa por la evidencia de la consciencia (cogito ergo sun), "ellos triunfan de la duda sobre la consciencia por una excgesis del sentido. A partir de ellos, la comprensin es una hermenutica: buscar el sentido, en lo sucesivo, ya no es deletrear la consciencia del sentido, sino descifrar sus expresiones "[40]. En esta tarea de desenmascaramiento, el Psicoanlisis encuentra su lugar especfico en la historia de la Psicologa y su papel en el conjunto del pensamiento contemporneo.

Freud dio los primeros y fundamentales pasos en esa direccin. En carta a su esposa Marta del invierno de 1897, le deca: "No soy un genio y no comprendo como he podido desear serlo".

 

 

 



Notas:

 

 

[1] Freud, S. La interpretacin de los sueos, Amorrortu, Buenos Aires, 1979, Tomo IV de las Obras Completas (en adelante O.C), traduccin directa del alemn de Jos L. Etcheverry, pg. 115. En adelante citaremos segn esta versin castellana, que sigue el ordenamiento y anotaciones de la cannica inglesa Standard Edition (1958) y es la mejor traduccin disponible al momento en nuestra lengua. Tenemos no obstante a la vista el original alemn de las Gesammelte Werke (18 volmenes), Volmenes 1-17, Imago Publishing Co. , Londres, 1940-1952; volumen 18, S. Fischer Verlag, Francfort, 1968.

[2] En carta a Andr Bretn del 14 de diciembre de 1932, Freud le dice explcitamente que de las bibliografas se encargaba Otto Rank, a partir de la Tercera Edicin alemana (1911).

[3] Su "Prlogo a la Tercera Edicin" (1911) y a la Quinta (1918), son explcitos al respecto.

[4] Reconocimiento que Freud termina haciendo al pasar en 1932, en un segundo trabajo sobre J. Popper-Lynkeus (cf. O.C, XII, 203). Situacin luego vuelta a documentar con la publicacin de su Correspondencia con Fliess donde -en una carta del 5 de noviembre de 1899, numerada como 123- le dice a ste, "ayer finalmente apareci el libro". Es decir que el 4 de noviembre de 1899 LIS estaba en libreras, aunque con pie de imprenta 1900! Y ms an -segn deduce J. Strachey del estudio pormenorizado de esa Correspondencia- Freud "habra recibido dos ejemplares por anticipado quince das atrs, uno de los cuales le haba enviado a Fliess como regalo de cumpleaos" (cf. O.C, IV, 5).

Sobre esta Correspondencia Freud-Fliess, resulta tambin de inters el "Estudio Preliminar" de E. Kris, publicado en el volumen Los orgenes del Psicoanlisis, S. Rueda, Buenos Aires, 1956.

[5] Utilizamos los conceptos epistemolgicos continuidad, ruptura
y paradigma, en los sentidos bsicos que estos tienen por ejemplo- dentro de las obras de Th. Kuhn, La estructura de las revoluciones cientficas, FCE, Mxico, 1985 y La tensin esencial, FCE, Mxico, 1982; y en I. Lakatos, La metodologa de los programas de investigacin cientfica, Alianza, Madrid, 1983. Amn de la nocin de obstculo epistemolgico , tal como la trata Gaston Bachelard en su obra La formacin el espritu cientfico, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972.

[6] Ey, Henry (con la colaboracin de P. Bernard y Ch. Risset), Tratado de
Psiquiatra,
Toray-Masson, Barcelona, 1978, pg. 53.

[7] Fine, R. Historia del Psicoanlisis (dos volmenes), Paids, Buenos Aires,
1982, I, pg. 19.

[8] Tan "firme" era este centro, que todava algunos lo siguen invocando en
estos das. En febrero de 2000 el ministro de Sanidad de los EUU, David Satcher -en el marco de la multitudinaria reunin anual de la Asociacin Americana para el Avance de la Ciencia, realizada en Washington- afirm que "es preciso dejar de considerar a las enfermedades mentales como distintas de las fsicas, porque en los ltimos 25 aos la ciencia ha demostrado que los trastornos mentales tienen origen fsico". Los laboratorios medicinales, agradecidos por cierto, ante el festival qumico en pleno curso sobre el cerebro humano y sus conductas (la "generacin Prozac"). Al parecer el ttulo general de esa reunin ("La ciencia en un milenio incierto") no mellaba a la dura epidermis de la psiquiatra clsica, con la cual Freud ya discuta en 1890.

[9] Cf. la obra de K. Menninger y otros autores, The Vital Balance, Viking Press,
New York, 1963, pg. 454/456.

[10] Fine, R. op. cit. I, 22.

[11] Cf. Herrstein R. y Boring, E. A source book in the history of psychology,
Harvard Univ. Press, Cambridge, 1965, pg. 248.

[12] Cf. Ellenberg, H. The Discovery of Unconscious, Basic Book, New York, 1970.

[13] Cf. Murphy, G. Historical Introduction to Modern Psychology, Harcourt,
New York, 1972, pg.149.
Para esta relacin de Freud con la Psicologa de su tiempo, resulta tambin de inters la obra de P.L Assoun Introduccin a la epistemologa freudiana, Siglo XXI, Mxico, 1982.

[14] Cf. Marx, M y Hillix, W. Sistemas y teoras psicolgicos contemporneos,
Paids, Buenos Aires, 1983.

[15] Fine, R. op.cit., I, 16.

[16] Cf. Marx y Hillix, op.cit. pgs. 240 y 241 respectivamente.

[17] Al respecto resultan de sumo inters, el breve pero pionero artculo
-entre nosotros- de Luis F. Garca de Onrubia Psicologa Intencional, UBA, Fac de Fil y Letras, 1968, as como el captulo XI ("La reaccin globalista") en la obra ya citada de P. Bercherie Gnesis de los conceptos freudianos fundamentales. Sobre la relacin en general de Freud con la filosofa, puede consultarse la obra de P. L. Assoun, Freud, la filosofa y los filsofos, Paids, Barcelona, 1982 , especialmente la Segunda Parte.

[18] El ao de 1896 es clave al respecto: su comunicacin sobre la etiologa
sexual de la histeria, dirigida a la Sociedad de Psiquiatra y de Neurologa de Viena es recibida con un glido silencio. A partir de entonces decide no volver a intervenir ms en reuniones mdicas. Es tambin el ao en que muere su padre (Jakob Freud) y en que utiliza por primera vez la expresin "Psicoanlisis", en un artculo para la Revue Neurologique. Al siguiente, comenzar la redaccin de la Traumdeutung.

[19] Dos ejemplos muy claros de estos sntomas de ruptura con aqul
paradigma biolgico, pueden encontrarse en los trabajos previos a LIS, publicados como Las neuropsicosis de defensa (de 1894, ver OC, III, 47-61) y el Proyecto de una psicologa para neurlogos (de 1895, en OC, I, 339-389). En el primero de ellos nace explcitamente la teora de la neurosis como defensa ante "representaciones inconciliables" (originadas en "perturbaciones sexuales") y en el Proyecto -ledo con atencin- estn en grmen, el posterior "principio de Nirvana", la teora de la libido y la peculiar nocin freudiana de "pulsin" (Trieb).

[20] Tesis en su poca defendidas entre otros- por H. Silverer, con quien
Freud polemiza explcitamente (OC, IV, 518). Las obras de Silverer a las que Freud se refiere, estn consignadas en la Bibliografa anexa a LIS, cf. OC, IV, 697.

[21] La expresin "escuela de la sospecha" ha sido utilizada sucesivamente
por Paul Ricoeur (D' la interpretation. Essai sur Freud. Seuil, Pars, 1965) y por Michael Foucault ("Nietzsche, Freud, Marx", en AA.VV. Nietzsche, de Minuit, Pars, 1968). En cambio, lo de "consumacin" y "modernidad consumada", son expresiones nuestras, que comenzamos a utilizar a comienzos de la dcada del '90 como alternativa hermenutica y crtica a la generalizada (y equvoca) expresin "postmodernidad". Entre otros lugares, hemos establecido las novedades y las diferencias entre estas expresiones en nuestros trabajos "Sobre ideas e ideologas en medio de la crisis" y "El final de la historia en los tiempos de la modernidad consumada" (publicados ambos en Revista de Filosofa Latinoamericana y Ciencias Sociales, n 15/16 (1991) y n 18 (1993) respectivamente) y en "Hacia una modernidad light?. (en el volumen colectivo, El pensamiento en los umbrales el siglo XXI, Catlogos, Buenos Aires, 1994, pgs.207 a 213).

[22] Pensada a la griega la tkne , es un "producir y un engendrar"
absolutamente originales del hombre (raz, tek). Por eso, ms que un procedimiento prefijado o un determinado mtodo a seguir, es una habilidad, en el sentido de una virtud (aret). Aristteles la defina como un "hbito ordenado a la produccin [al emerger de algo] conforme al Logos" (cf. Etica, 1140 a). Es decir que -por su conformidad esencial con el Logos- tampoco se ha divorciado todava de la "teora" y devenido una mera "prctica". Al contrario la tkne originalmente entendida -y as resuena todava en LIS- est indisolublemente unida a la teora y a aquello que esta desea considerar y permitir emerger, desocultar. Ya que el verbo griego teorein -de donde deriva "teora"- significa a su vez, "mirar o ver algo", para poder as "contemplarlo y "considerarlo".

[23] Aconsejaba Freud al aprendiz de "intrprete", seguir fielmente con
aquella clusula que su admirado Claude Bernard haba impuesto en el Laboratorio de Fisiologa: "Trabajar como bestias"; desconfiando de todo repentismo y de toda improvisacin en el arte de la interpretacin.

[24] Para Freud esta "interpretacin simblica" y aquel "mtodo del
descifrado", son los dos recursos de que se vali "el mundo de los profanos" para interpretar los sueos (cf. OC, IV, 118). A ambos le pone su propio camino, que autobiogrficamente consigna en LIS (cf. OC, V, 122/123).

[25] Nos referimos a aquella noche del 10 al 11 de noviembre de 1619, en la
que Renato Descartes -en "cuarteles de invierno", en la pequea aldea Neuburg, cerca de Ulm- "no encontrando conversacin alguna que me divirtiera y no teniendo tampoco, por suerte, cuidados ni pasiones que me turbaran, permaneca todo el da encerrado junto a una estufa, con todo el ocio necesario para entregarme a mis pensamientos", y es as que encuentra el camino central de su mtodo: la duda y de all en ms los pasos necesarios para reconstruir la razn heredada. (cf. Descartes, R. Discurso del Mtodo, Segunda Parte). Estaba tan contento y agradecido por la "revelacin" -utiliza la misma palabra que Freud!- que promete de inmediato, y as lo cumple, ir en peregrinacin al santuario de la Virgen de Loreto y dar las gracias.

[26] Este drama a la vez gnoseolgico y existencial- lo ha planteado Heidegger
con toda profundidad en su obra de juventud Kant und das Problem der Metaphysik, Bonn, 1929 ( hay edicin castellana, Kant y el problema de la metafsica, traduccin de G.I. Roth, FCE, Mxico, 1954, especialmente en su Parte Cuarta). Por esto tan dramente criticada en su poca por la "ortodoxia kantiana" de Marburgo.

[27] No siempre se advierte con claridad esta diferencia bsica entre la
hermenutica psicoanaltica y las de otro tipo (literarias, poticas e incluso filosficas), producindose entonces confusiones y malentendidos que complican intilmente las cosas. La voluntad teraputica de aqulla -independientemente de que se concrete o no- le da un sello propio frente a otros ejercicios hermenuticos donde la comprensin y la interpretacin no estn necesaria ni primordialmente puestos en la direccin de la cura. Lo cual por cierto no establece jeraquas de ningn tipo, pero s diferencias apreciables que no deberan ser ignoradas ni minimizadas.

[28] Cf. la Parte Tercera de sus Conferencias de Introduccin al Psicoanlisis
("La teora de la libido y el narcisismo"), OC, XVI. Y en cuanto a la comparacin con Coprnico y Darwin, ver Assoun, P.L. Introduccin a la epistemologa freudiana, pgs. 187 a 207.

[29] Ricoeur, P. op.cit. Hay traduccin castellana como Freud, una
interpretacin de la cultura,
Siglo XXI, Buenos Aires, Mxico, 1970, pg. 8. (Ttulo que, dicho sea de paso, en nada concuerda con el original francs que citamos en nota 21 de este mismo trabajo). Los subrayados son nuestros.

[30] Hemos profundizado esta lnea intelectual de constitucin moderna
de la subjetividad, en nuestra obra El sujeto cartesiano. Historia de la psicologa en la modernidad, Fac de Psicologa/UBA, Buenos Aires, 1995. En cuanto al fenmeno de la consumacin de esa metafsica moderna de la subjetividad, lo hemos tratado -entre otros lugares- en nuestro artculo "El final de la historia en la modernidad consumada", en Revista de Filosofa Latinoamericana y Ciencias Sociales, n 18, Buenos Aies, 1993, pgs.
19 a 37.

[31] Assoun, P-L. Introduccin a la epistemologa freudiana, pg. 186. La cita
siguiente correspone tambin a esta pgina.

[32] Dejamos aqu solo planteada, la cuestin de hasta dnde es posible
atriburle a Descartes la fundacin de esto que luego se denominara "sujeto cartesiano", en tanto sinnimo total de sujeto racional y autosuficiente. Acaso el propio Descartes sea menos "cartesiano" de lo que se supone. La definicin de cogito que Descartes enuncia en la Segunda de sus Meditaciones Metafsicas (pargrafo 22, en la edicin francesa de AT), es tan amplia que no queda ese cogito original del todo inmerso en los contenidos pramente racionalistas que se le suponen. Adems, recurdese la necesidad todava de probar la existencia de Dios como paso previo a la del mundo exterior (Quinta Meditacin). En realidad la expresin "sujeto cartesiano" -en ese sentido estricto de sujeto pramente racional- quizs debiera aludir al que efectivamente se gesta a partir de Kant y culmina en la formidable totalizacin hegeliana. Es ese "sujeto hegeliano" el que s cumple con todo lo que hoy ponemos dentro de aqlla categora y el que el Psicoanlisis -desde Freud- no deja de "sospechar" y cuestionar. Hemos desarrollado este breve historia de nuestra obra El sujeto cartesiano, citada en la nota 30.

[33] Como ampliacin puede verse: Yaez Corts, R. Contribucin a una
epistemologa del psicoanlisis
, Amorrortu, Buenos Aires, 1983, especialmente pgs. 77 a 94. En cuanto a una descripcin ontolgica de esa metafsica moderna de la subjetividad, resulta de fundamental importancia el trabajo de Martin Heidegger "La poca de la imagen del mundo" (1938), includo en Caminos del bosque, Alianza, Madrid, 1995. Y para la relacin entre ciencia y filosofa en ese mismo paradigma moderno, conviene consultar la obra de E.A. Burtt, Los fundamentos metafsicos de la ciencia moderna, Sudamericana, Buenos Aires, 1960.

[34] Lacan, J. "Posicin del inconsciente", en Escritos II, Siglo XXI, Mxico, 1985,
pg. 808 y ss. En relacin con este tema del sujeto ver tambin de este autor "Del sujeto por fin cuestionado" ( I, pg. 219 y s.s.); "Subversin del sujeto y dialctica del deseo en el inconsciente freudiano" (II, pg. 773); "La metfora del sujeto" (II, pg. 867).

[35] Nietzsche, F. Crepsculo de los dolos. Alianza, Madrid, 1973. Pg. 103,
pargrafo 26.

[36] Freud, S. O.C. XII, 271. Como situacin histrica de este trabajo, ver la nota de
J. Strachey que lo encabeza (pg 268 y 269)

[37] Freud, S. Op. cit. pg. 277.

[38] Ver lacan , J. "Posicin del Inconsciente", edic. cit. En cuanto a las implicancias
epistemolgicas de esta subversin del sujeto, ver de este mismo autor "La ciencia y la verdad" (II, pg. 834).

[39] Nietzsche, F. Op.cit. pg. 51/52.

[40] Ricoeur, P. op. cit. pg. 33. Ver tambin de este mismo autor, Hermenutica y
Psicoanlisis
, La Aurora, Buenos Aires, 1984.

 

 

 


Fuente:

Publicado en: Revista de Filosofa Latinoamericana y Ciencias Sociales, n 22, Buenos Aires, 2000, pgs. 15 a 38